AGLI Recortes de Prensa   Viernes 22  Mayo  2020

El Gobierno utiliza al CNI como si fuera su Gestapo
OKDIARIO 22  Mayo 2020

A medida que el Gobierno se descompone, intensifica su control sobre los ciudadanos y aumenta su presión sobre los derechos y libertades de quienes protestan contra el socialcomunismo. Cuando la sociedad se levanta democráticamente contra sus gobernantes y se extiende la protesta, el poder se retrata. Es la prueba del algodón democrático. Y este que preside Pedro Sánchez está dando muestras de un talante peligroso. El Ejecutivo se ha tomado muy a pecho la protección de las viviendas de sus altos cargos durante las caceroladas ciudadanas de protesta. Hasta el extremo de que en el operativo diseñado por el Ministerio del Interior juega un papel fundamental la información aportada por el Centro Nacional de Inteligencia, que evalúa a diario la evolución de las caceroladas para determinar si es necesario reforzar los dispositivos policiales en las viviendas de los ministros, como ya ocurre en el chalet del vicepresidente Pablo Iglesias.

Fuentes de Interior revelan a OKDIARIO que el Gobierno ha encargado a un equipo operativo del CNI una completa «vigilancia» ante el aumento de protestas y caceroladas en las proximidades de las viviendas de altos cargos del Ejecutivo. El plan es anticiparse a convocatorias, detectar su origen y ‘objetivos’, identificar a cabecillas de las protestas y calibrarlas para poder diseñar un operativo acorde con el nivel de la ‘amenaza’. Una labor que se desarrolla principalmente en internet y en redes sociales. El papel del CNI en este operativo es insólito, toda vez que, en los cinco días de protestas frente a la vivienda de Iglesias, no se produjo incidente alguno, más allá de los ruidos que provocan los golpes contra el menaje de cocina que portan los manifestantes.

En el caso de las protestas frente a la casa de Iglesias, la Guardia Civil no advirtió peligro alguno y fue el ministro de Interior, Fernando Grande-Marlaska, quien tomó la decisión de blindar el chalé. Sorprende que el CNI, una de cuyas atribuciones es la de obtener, evaluar y difundir información para prevenir cualquier amenaza o peligro contra los intereses de España, se dedique a identificar a los portadores de cacerolas por si se presentan en las inmediaciones de las casas de los ministros.

El «¡Sánchez dimisión!» retumba en las caceroladas del madrileño Paseo de la Habana
Pelayo Barro okdiario 22  Mayo 2020

Nueva jornada de protestas y caceroladas, cada vez más multitudinarias, contra la gestión del Gobierno durante la crisis del coronavirus. Uno de los puntos más calientes de la indignación popular en Madrid se concentra en un tramo de apenas 150 metros del Paseo de la Habana, donde este jueves ha vuelto a retumbar el «¡Sánchez dimisión!».

Si el epicentro de las protestas y caceroladas contra el Gobierno hay que buscarlo en la calle Nuñez de Balboa, una de las imágenes más icónicas de la protesta puede encontrarse en el Paseo de La Habana. Aquí fue donde se desplegó el pasado sábado 12 de mayo una gran lona con un retrato de Sánchez y el lema ‘Un buen ciudadano (tachado con la palabra Gobierno) obedece». Una estampa de tintes distópicos acompañada por una lluvia de carteles desde los últimos pisos del edificio del que colgaba la lona. La fotografía se hizo viral y desde aquel día, el Paseo de la Habana se convirtió en uno los puntos neurálgicos de la protestas ciudadanas.

Este jueves se ha vuelto a repetir la manifestación en esta calle del distrito de Chamartín. Banderas de España enlutadas con crespones negros, cacerolas y gritos de «¡Gobierno dimisión! ¡Sánchez dimisión!» y «¡Libertad!», los mismos que suenan en otros puntos de la Comunidad de Madrid y cada vez en más lugares de España.

La presencia policial aquí es amplia. Agentes de las Unidades de Intervención Policial se sitúan cada diez metros en para evitar que los manifestantes entren a la carretera, lo que forma una gran cadena humana que recorre ambas aceras durante unos 100 metros. Los que separan los dos semáforos que la marcha recorre una y otra vez, encabezada por una gran bandera de España con el lema ‘Gobierno dimisión’.

La marcha rompe su monotono ‘tac tac’ de las cacerolas cada ciertos minutos, cuando suena a todo volumen el himno de España. Un vecino ha colocado dos grandes altavoces en su ventana y se ocupa de animar la marcha. Ni siquiera los policías pueden evitar darse la vuelta sorprendidos cuando suenan los primeros acordes de ese himno en el que se ha convertido el ‘Libre’ de Nino Bravo. Otro de los temas que suena en la protesta de Paseo de la Habana, que como todos los días ha sido clausurada por un minuto de silencio y un aplauso de varios minutos.

Pedro Sánchez no lo puede hacer peor
Opinión larazon 22  Mayo 2020

El sainete de la reforma laboral es la última demostración del oportunismo político de Pablo Iglesias, siempre atento a la hora de llevar a los socialistas al límite de sus contradicciones.

Las manoseadas expresiones «mando único», «coordinación», «estrategia conjunta», «unidad de acción», «cogobernanza» y otras del mismo cariz, que han sido el eje de la machacona propaganda gubernamental durante estos meses trágicos, adquieren un tono sarcástico ante el último vodevil representado por el Gobierno a cuenta de la aprobación de la quinta prórroga del estado de alarma. Vaya por delante, para tranquilidad de la opinión pública, si es que eso es posible, que el acuerdo resuelto entre el PSOE, Unidas Podemos y el partido de ETA lleva la firma de actores secundarios dentro de sus respectivas formaciones a quienes no parece que sea demasiado costoso, en términos políticos, desautorizar. Con ello, no queremos restar un ápice de importancia al suceso, pero sí aconsejar la salida más evidente para un Gobierno que, por los hechos, no es capaz de prever las consecuencias de sus decisiones.

Aunque, seguramente, al hablar de Gobierno, en genérico, estamos incurriendo en un error, puesto que la mayoría de los ministros que conforman el Gabinete, al menos los del ala socialista, desconocían un acuerdo que, por utilizar un adjetivo familiar al asunto, no podía ser más lesivo a los intereses generales de los españoles. Tal es así, que hasta la propia Adriana Lastra, la firmante por el PSOE, tuvo que matizar ayer el alcance del pacto, como si las palabras «derogación integral» se hubieran colado en el texto en un tonto despiste de su redactores. Y no es así. Lo que ha sucedido no es más que la deriva lógica del acuerdo de investidura que llevó a Pedro Sánchez a La Moncloa, que fue acordado con las formaciones más radicales del panorama político español, cuyos presupuestos ideológicos sólo entienden la acción de gobierno como instrumento, uno más, de un proceso objetivamente revolucionario que dinamite los basamentos de la actual democracia española, tanto en lo que se refiere al modelo económico y social, que es el de una Nación de corte occidental, como en lo que atañe a su integridad territorial.

Estos son los socios de Pedro Sánchez, de quienes depende parlamentariamente y cuyos objetivos políticos sólo coinciden en el utilitarismo de lo inmediato. Son, por supuesto, los socios que eligió el PSOE para encumbrar a su secretario general, por más que algunos destacados socialistas intenten transferir la responsabilidad a la oposición, como si hubieran sido empujados contra su voluntad a las malas compañías. No hay, pues, más novedad en esta situación de tira y afloja, de contorsionismo permanente, en la que se haya el presidente del Gobierno que la última demostración de oportunismo de su coaligado, Pablo Iglesias, siempre atento a la hora de llevar a los socialistas al límite de sus contradicciones.

Porque sabe perfectamente el líder de Unidas Podemos que la derogación integral de la actual legislación laboral son palabras mayores, como ha demostrado la fulminante reacción del sector empresarial, la críticas veladas de Bruselas y las claras advertencias de las agencias internacionales de calificación de la deuda española. La reforma laboral que impulsó el anterior Gobierno popular no sólo vino dada por la necesidad de hacer frente a la crisis financiera de 2008, sino que, a la postre, resultó providencial para el mercado de trabajo –salvó más de un millón y medio de empleos– y para la supervivencia y mejora de la competitividad de las empresas, hasta el punto que se dio la vuelta a la balanza comercial de nuestro país. De hecho, instrumentos como los ERTE no existirían sin esta legislación. Cualquier reforma de esta ley, que toca de lleno al tejido productivo español, exigiría reflexión, acuerdo y contexto, tres condiciones que, por lo visto en estos últimos días, no parecen hallarse entre las virtudes del actual Gobierno, que ya no lo puede hacer peor.

Distopía y libertad
Ana Velasco Vidal-Abarca Libertad Digital 22  Mayo 2020

Desde que vivimos agazapados tratando de defendernos de la enfermedad letal que nos acecha, el concepto de distopía ha cobrado fuerza y sentido. Todos los días hay alguien que lo menciona para describirlo como la pesadilla que por desgracia puede dejar de ser un sueño y convertirse en una realidad tenebrosa, en una hecatombe social.

Distopía es un término que alude a la representación ficticia de una sociedad futura de características negativas, causantes de la alienación humana. Y la alienación es la limitación o el condicionamiento de la personalidad impuestos al individuo o la colectividad por factores externos sociales, económicos o culturales. Exactamente lo que está ocurriendo en España, que se dirige a velocidad de crucero hacia ese escenario de sociedad sometida a un poder omnímodo cuyo fin no es otro que limitar la libertad individual con la excusa del factor externo de la pandemia. No importa que en otros países se esté afrontando el combate contra esta atroz epidemia con criterios estrictamente sanitarios y con el único fin de recuperar lo antes posible la normalidad, sin adjetivos. Aquí se decreta un estado de alarma, que en su inicio todas las fuerzas políticas apoyaron y que fue traicionado en su espíritu para empezar a construir esa sociedad alienada a la que aspiran unas fuerzas políticas minoritarias pero imbuidas de un ánimo profundamente autoritario.

El peligro que afrontamos no es solo sanitario, no es solo de quiebra económica. Es mucho más. Se trata de una amenaza real que pretende conducir a la sociedad española hacia un escenario de sumisión absoluta al poder, que ansía instaurar un nuevo régimen aprovechándose de las circunstancias excepcionales y terribles que nos envuelven. Pero el futuro no puede construirse sobre el quebranto de la libertad de las personas; de la pobreza no se sale repartiendo miseria. La prosperidad de los países la construyen día a día los individuos que los conforman, con su iniciativa, con su libre albedrío, asumiendo riesgos, asociándose con quien deseen, creando empresas, generando empleo y contribuyendo de una manera equilibrada al bien común. El Estado es fundamental e imprescindible, pero no para doblegar y someter a las personas sino para proporcionarles un marco seguro que les permita tener un futuro próspero, como individuos y como sociedad.

Todos estamos dispuestos a hacer sacrificios, sabemos que debemos hacerlos, y los estamos haciendo. Pero no podemos aceptar que un Gobierno desleal saque provecho de la terrible situación que estamos atravesando para acometer sus proyectos alienantes. No podemos aceptar que nos engañen y nos manipulen, que nos pidan que aplaudamos a los sanitarios mientras quien debe hacerlo no les proporciona los medios materiales precisos para garantizar su seguridad, ni podemos admitir que las decisiones arbitrarias disfrazadas con justificaciones técnicas se conviertan en rutina, ni que el porvenir que nos quieren ofrecer sea el de una sociedad dependiente y subvencionada, cada vez más pobre y menos libre. La distopía que nos aguarda escondida tras la pandemia puede ser pronto una realidad si nos resignamos, si no nos defendemos, si no somos capaces de elevar bien alto el estandarte bajo el cual todo tiene cobijo, el estandarte de la libertad.

Las diez debilidades de la economía española
Antonio Gallego cronicaglobal 22  Mayo 2020

Como es ampliamente conocido, el análisis DAFO de una empresa permite diseñar la estrategia en la que se basará para afrontar su futuro. Se trata de una fotografía a través de la cual se establecen las debilidades, amenazas, fortalezas y oportunidades de una organización. Un análisis interno y externo del entorno en el que se desarrolla la actividad para mejorar su rentabilidad, funcionamiento y posicionamiento en el mercado. Este análisis se puede aplicar a cualquier estructura y, por supuesto, también a un país. Vamos pues con un pequeño resumen --sólo selecciono 10 ítems-- de lo que yo creo que son las debilidades internas de España en estos tiempos de coronacrisis.

1. Importantes desequilibrios macroeconómicos de partida: iniciamos esta batalla contra la mayor crisis económica conocida con demasiado paro, déficit y deuda pública. No se aprovecharon los seis años de crecimiento económico por encima de la media europea para sanear las cuentas y ajustar el gasto público de una administración pública mastodóntica. Ahora tenemos poco colchón para hacerle frente a la crisis y necesitamos sí o sí de la ayuda europea para mantener los pilares fundamentales de nuestro estado del bienestar.

2. Gobierno populista y con poca experiencia: el Consejo de Ministros está formado por personas con poca experiencia profesional, escasa trayectoria de gestión pública, con limitada cintura política, con demasiados dogmas ideológicos muy escorados a posiciones de ultraizquierda y poco “savoir faire” en grandes negociaciones europeas. Las tensiones territoriales internas tampoco ayudarán a salir unidos de este trance.

3. Sectores estratégicos muy afectados: el turismo y la hostelería en general representan un porcentaje (directo e indirecto) muy elevado de nuestro PIB. Nuestra “gallina de los huevos de oro” sufrirá especialmente el impacto del confinamiento a nivel mundial a corto plazo y una crisis reputacional derivada de la nefasta imagen internacional proyectada por España por su mala gestión de la crisis humanitaria del Covid‐19.

4. Poco peso de la industria: nuestro país no ha logrado que la industria llegue al 20% del PIB (ahora representa un 16%) que la Unión Europea fijó como óptimo para este año 2020. Eso lastrará nuestro potencial exportador, innovador y la creación de empleo. Además, el tejido industrial español es especialmente vulnerable ante la crisis económica dada su estructura mayoritaria de micro pymes y su endeudamiento considerable.

5. Política fiscal poco competitiva: en España es alto el “esfuerzo fiscal” (algunos aún no se han enterado de que no es lo mismo que “presión fiscal” teórica). Los españoles tenemos que trabajar un promedio de 178 días al año para cumplir todas nuestras obligaciones con el fisco, es decir, la mitad del año trabajamos por y para el Estado. Resulta absurdo que PSOE y Podemos pretendan atornillar aún más al sector privado, auténtico motor económico del país, a pesar de esta enorme losa tributaria. El plan fiscal que necesita España es justo el contrario si pretende reactivar el consumo interno (ver curva de Laffer) y aumentar las inversiones empresariales.

6. Desequilibrio entre el sector público y privado. En plena crisis del coronavirus, España tendrá el sector público más sobredimensionado de la historia. El peso del estado sobre el PIB es elevadísimo (51,5% según las estimaciones gubernamentales y 10 puntos más que hace una década) y todo parece indicar que la coalición gobernante pretende que siga subiendo. No es sostenible que sólo el 35% de la población sostenga el pago de todos los sueldos y subsidios públicos. Actualmente hay más población inactiva (jubilados, estudiantes...) que ocupados del sector privado (asalariados y autónomos), mientras que los empleados que perciben un sueldo público superan al número de trabajadores por cuenta propia.

7. Elevados costes energéticos: los electrointensivos españoles requieren un suministro competitivo Este año, de nuevo, pagarán casi 20€/MWh más que alemanes y franceses, debiéndose en un 50% a la diferencia de precio en los mercados eléctricos y en un 50% a los costes regulados y las compensaciones existentes en cada país. Asuntos como las compensaciones del CO2 indirecto, la retribución del servicio de interrumpibilidad y compensaciones de los costes regulados (peaje de transporte y cargos de financiación de las renovables) son algunos temas que se deberían revisar.

8. Insuficiente I+D+I: debemos estimular y facilitar la inversión en innovación, desarrollo tecnológico y digitalización. La estrategia Europa 2020 fijaba el objetivo de llegar al 3% de inversión en I+D sobre el PIB. En España estamos en el 1,24%. Invertimos en actividades muy alejadas del mercado, sin efecto multiplicador ni capacidad de atracción de nuevas actividades ni de inversiones complementarias. Este hecho seguramente está muy relacionado con que de ese 1,24% del gasto en l+D sólo el 53% del mismo está financiado por las empresas. Estas cifras contrastan notoriamente con las de Alemania (3,0% de gasto en l+D sobre el PIB, 68% financiado por las empresas) y Francia (2,3% y 65%, respectivamente).

9. Formación: es necesario fomentar la cultura industrial dentro del sistema educativo español (muy alejado de la demanda de profesionales de las empresas). Además, hay que Impulsar una política de formación que incentive el talento y la formación a lo largo de toda la vida laboral. Debemos premiar a los grupos y profesores universitarios que transfieren tecnología en el entorno.

10. Demasiada burocracia y demasiada “volatilidad” jurídica: la regulación que deben cumplir las empresas y autónomos en nuestro país es injustificada, desproporcionada y discriminatoria. Hay demasiadas administraciones elaborando continuamente leyes diferentes y contradictorias, algo que atenta contra la necesaria unidad de mercado para ser eficientes y competitivos en un mundo global. Estas son nuestras principales debilidades internas, a mi humilde entender. No todo depende de la ayuda europea vía transferencia o préstamo. Aquí tenemos mucho por hacer y nuestros futuros acreedores lo saben.

Con cada día de gobierno de Sánchez la deuda pública se dispara 100 millones de euros
José María Rotellar Libertad Digital 22  Mayo 2020

Desde que gobierna Sánchez ha incrementado la deuda por persona en 1.432 euros. Sólo en el último mes lo ha hecho en 481 euros por español.

Sánchez no sabe gobernar -entendido como detentar el poder, no de gestionar, que a la vista está que no gestiona- si no es gastando lo que tiene y lo que no tiene, es decir, en este último caso, incurriendo en déficit y, por tanto, engordando la deuda pública que habremos de pagar en el futuro todos los españoles, legando una losa enorme a las generaciones futuras.

No se trata de que en estos momentos Sánchez haya interrumpido la disciplina presupuestaria debido a la crisis derivada del coronavirus. No, porque Sánchez, desde que llegó, no ha hecho otra cosa que incrementar una y otra vez el déficit sobre el objetivo fijado y aumentar, así, la deuda. De hecho, el déficit de 2019 lo elevó desde el 1,3% al que se había comprometido Rajoy al 2,82% con el que ha cerrado.

Eso son 18.273 millones de euros más de déficit y deuda que los que habría tenido de haber cumplido con el 1,3% el año pasado. Entonces no había crisis derivada del coronavirus, pero sí que hubo lo que el Gobierno llamó "viernes sociales", que incrementaron el gasto en casi 10.000 millones de euros con carácter previo a las elecciones de abril de 2019. Por tanto, el gusto de Sánchez por endeudar a los españoles es estructural, no coyuntural.

Siempre hemos dicho que aumentar el déficit y la deuda constituía un tremendo error, nocivo para la economía española y una señal muy mala para los mercados, al dar la sensación de que España no puede reducir su desequilibrio presupuestario o, lo que es peor, que el Gobierno no quiere, ya que no hace nada para reducirlo. Es más, si puede, anuncia medidas que lo incrementarán.

Y que era un error porque más déficit implica un mayor endeudamiento cada año, deuda que hemos de pagar entre todos los españoles y que se desliza, inmoralmente, a las generaciones futuras, a las que se deja atadas de pies y manos para que asuman los quebrantos de generaciones anteriores, que por no gestionar convenientemente les legaron una losa de endeudamiento de unas dimensiones preocupantes.

Por desgracia, muchos políticos, de cualquier ideología, tratan con naturalidad el hecho de que, ejercicio tras ejercicio, incurramos en déficit e incrementemos, así, la deuda. En la segunda mitad del siglo XX era común que, al estudiar Macroeconomía, así como Hacienda Pública o Política Fiscal, en la universidad se hablase directamente de déficit presupuestario en lugar de referirse al saldo presupuestario (que puede cerrar en superávit, equilibrio o déficit). Posteriormente, sólo durante un período breve de tiempo -desde el establecimiento de los objetivos de convergencia para entrar en la moneda única europea hasta la modificación del protocolo de déficit público excesivo en 2005- vimos defender en algunas ocasiones lo contrario. La disciplina europea fue importante para ello y en España, con el profesor Barea a la cabeza, había por primera vez un Gobierno -el del presidente Aznar- que se tomaba como un objetivo la reducción del gasto, la consecución del equilibrio presupuestario y, con ello, la disminución del endeudamiento. Después, -cuando los incumplimientos de Francia y Alemania hicieron relajar equivocadamente, en el citado 2005, las actuaciones cuando se entraba en el protocolo de déficit público excesivo-, volvió el déficit y, lo que es peor, se perdió la disciplina presupuestaria de manera estructural, dando por bueno el que las cuentas públicas cerrasen siempre con saldo negativo.

Y ahora Sánchez sigue igual. Se ha publicado los datos a marzo sobre la deuda de las administraciones públicas españolas y ha experimentado un fuerte incremento, ni más ni menos que de 22.473 millones de euros en el mes de marzo, un tercio de todo lo que Sánchez ha incrementado la deuda desde que llegó al Gobierno (66.906 millones de euros).

Si lo analizamos de forma diaria, cada día desde que gobierna Sánchez ha incrementado la deuda en 99,86 millones de euros, y en marzo ha añadido 725 millones de euros al día.

Eso hace que Sánchez esté incrementando la deuda pública con la que asfixia a cada español. Así, desde que gobierna, ha incrementado la deuda por persona en 1.432 euros. Sólo en el último mes lo ha hecho en 481 euros por español.

Y todo ello sin que todavía se hayan contabilizado en marzo las grandes emisiones de deuda pública del año, que, recordemos, ascenderá a alrededor de 130.000 millones de endeudamiento nuevo. Eso nos lleva a un endeudamiento que sobrepasará con mucho el 100% del PIB.

En definitiva, una cosa es que en estos momentos haya que afrontar la dura situación económica que se presenta, agravada por las decisiones de Sánchez en la gestión de la crisis del coronavirus, y otra que ese gasto se mantenga como estructural, porque, de ser así, perjudicará mucho a la economía española.

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Pactar con Bildu
EDITORIAL Libertad Digital 22  Mayo 2020

Que el PSOE llegara a un acuerdo con Bildu el mismo día en que unos proetarras atacaron el domicilio de la dirigente socialista vasca Idioa Mendía no añade más miseria a un pacto ya de por sí repulsivo, pero probablemente deja definitivamente claro el grado de indignidad en el que están dispuestos a hundirse Pedro Sánchez y su banda de dinamiteros del partido de los Múgica y los Pagaza.

Más allá del contenido que tenga el acuerdo –y del espectáculo grotesco que se ha generado tras su firma, con anuncios de rectificación... y de rectificación de la rectificación por parte de los firmantes–, lo sustancial es que hermana al PSOE con el partido de los albaceas de la organización terrorista ETA, con tanta sangre socialista orgullosamente derramada, que siguen vomitando su odio desde la sede de la soberanía nacional, a la que jamás se les debió permitir acceder.

Habrá quien se pregunté por qué Sánchez y su banda –nunca mejor dicho– han pagado un precio tan alto a cambio de una mera abstención que ni siquiera necesitaban para aprobar la prórroga del estado de alarma; pues bien, la más que probable respuesta es que se trata de un proyecto de gran calado que ya avanzó el condenado terrorista Arnaldo Otegi hace sólo unos meses: en enero, el bildutarra dijo que el Gobierno social-comunista abría una "ventana de oportunidad" para proceder a un cambio de "régimen". Y ETA derrotada...

El contenido del acuerdo es, como no podía ser de otra manera, extraordinariamente lesivo para España: derogar la reforma laboral sería un desastre en cualquier momento, pero más aún en mitad de una crisis en la que las empresas necesitarán de todos los mecanismos de flexibilidad a su alcance para evitar el cierre y salvar empleos. Por otro lado, concede una independencia fiscal de facto a los municipios del País Vasco y Navarra absolutamente intolerable y que no hace sino allanar el camino a los enemigos jurados de la unidad nacional, tanto en esas comunidades como en todas las que padecen el flagelo del nacionalismo.

En definitiva, tanto la forma como el contenido de este acuerdo son una prueba formidable de que el PSOE está dispuesto no sólo a sumergirse en el fango más nauseabundo con tal de mantener el poder, sino que, en su degeneración, no tiene el menor problema en arrastrar a España.

Pedro Sánchez, el piloto suicida
OKDIARIO 22  Mayo 2020

La decisión del PSOE de pactar con los proetarras de Bildu la derogación integral de la reforma laboral ha desatado una polémica de imprevisible magnitud. No sólo los agentes sociales, empresarios y sindicatos, han calificado el acuerdo de disparate, sino que la propia vicepresidenta económica, Nadia Calviño, lo ha calificado de «absurdo y contraproducente» al generar inseguridad jurídica en un momento crítico de la economía española. Pero más allá de lo indigno que resulta pactar con una formación heredera de una banda de asesinos y de lo letal que resultaría derogar la reforma laboral, lo sustancial en este momento es tratar de reflexionar sobre las razones de un acuerdo que, desde un punto de vista estratégico, no beneficia los intereses del PSOE y, por contra, abre de par en par la caja de los truenos en el seno de un Gobierno fraccionado, contradictorio y errático.

Es difícil de entender los motivos que han llevado a Pedro Sánchez a dar el visto bueno a un acuerdo que sólo renta a Bildu en vísperas de las elecciones vascas y supone una afrenta al PNV, uno de los apoyos más estables del Ejecutivo, amén de una humillación al resto de sus socios de investidura, a los que se les ocultó el pacto. Es un movimiento insensato, inexplicable, carente de lógica, salvo que Pedro Sánchez, sobrepasado por la situación, haya aceptado convertirse en presidente-títere y sea Pablo Iglesias el que ejerce el poder en un Ejecutivo descompuesto. Tal vez, Podemos haya logrado someter a un jefe del Ejecutivo que parece más un piloto suicida que un presidente del Gobierno.

La imagen que traslada Pedro Sánchez es lesiva para los intereses de España, porque sus bandazos reflejan una peligrosísima incapacidad para afrontar el reto de encauzar los problemas a los que se enfrenta la nación. En un momento en que España necesita más que nunca alguien que ejerza el liderazgo con sensatez y responsabilidad, Sánchez emerge como una marioneta en manos de la facción comunista de un Ejecutivo en el que las palabras de Nadia Calviño -«absurdo y contraproducente»- retratan con toda crudeza el estado de la situación.

Imposible continuar así
Editorial ABC 22  Mayo 2020

El continuo ejercicio de trilerismo político de Pedro Sánchez ha llegado a un punto insostenible que debería obligar a quienes lo sustentan en el poder a abandonarlo de inmediato. Y ya ni siquiera por ser un mentiroso compulsivo o un peligro para la democracia, sino por ese comportamiento moralmente atávico que le ha llevado a permitir que Otegui presumiese ayer de tener secuestrados a los españoles.

Sánchez es un lastre para la gestión pública. Todo en torno a él es un fraude, pero ha llegado un punto en el que la votación para perpetuar el estado de alarma, y su traición posterior a sus ministros, a los sindicatos, a los empresarios y a los ciudadanos, obliga a una reflexión ética a quienes le rodean para rectificar cuanto antes. Porque lo ocurrido les retrata como peleles a las órdenes de un irresponsable que está desguazando España. Retrata a Urkullu y al PNV por su cinismo y porque Sánchez ya le ha hecho media precampaña a Otegui. Pero sobre todo, porque queriendo ser el garante del empresariado y la gran industria vasca, ha quedado desautorizado y ninguneado por Sánchez, que además es su socio de gobierno en el País Vasco. Retrata a Arrimadas por una torpeza tan ingenua y egoísta que la inhabilita como referente del constitucionalismo. Y retrata a ministros como Grande-Marlaska, Margarita Robles o Nadia Calviño porque su prestigio profesional se agota entre contradicciones y ambiciones cada minuto que se sientan junto a Sánchez. Si Calviño hizo rectificar in extremis a Sánchez y ni siquiera fue informada de la maniobra con los proetarras y con Podemos para la derogación «íntegra» de la reforma laboral, debería dimitir. A su vez, si el PP aún albergaba alguna duda, ya sabe que Sánchez solo merece un «no» a cualquier trampa que plantee.

España sigue en estado de alarma luchando contra una pandemia que ha dejado casi 30.000 muertos. Probablemente no es el momento de una moción de censura, aunque fuese fallida, porque los españoles están exhaustos y asustados con una tragedia que sigue multiplicando sus efectos cada día. Pero Sánchez reúne méritos sobrados para ser apartado democráticamente del poder. No tendrá la valentía de someterse a una cuestión de confianza porque, en este proceso revisionista y vulnerador de los principios constitucionales, se siente cómodo en su papel de cooperador necesario de Iglesias, un guerracivilista sin escrúpulos capaz de convertir un drama social en su particular parque temático del odio. ¿Cómo es posible que Sánchez presuma de dirigir un «mando único», cuando un día es el PNV, otro ERC, otro Bildu, y siempre Iglesias, quien manda? España está en estas manos y, además, de modo innecesario porque Sánchez ni siquiera debía someterse a esta claudicación humillante e innecesaria, por simple aritmégtica parlamentaria, ante Bildu. En su extrema debilidad, solo merece lo que ayer le ocurrió: que tras el vapuleo de una crisis de Gobierno severa, Iglesias echase más gasolina al fuego apelando a indultar a los condenados por sedición en Cataluña.

Sánchez traiciona a las siglas que lidera, a los militantes asesinados por ETA y a los españoles que confiaron en que era un demócrata. No gobierna. Miente y se rodea de asesores opacos que pervierten la legalidad a capricho y utilizan las libertades como un argumento reversible para imponer criterios autoritarios. Silenciado el poder judicial, sometido el legislativo, y con partidos como Cs votando junto a Bildu para mantener a España alarmada, puede ser legítimo que Sánchez saque adelante sus votaciones. Pero esas votaciones se basan en una perversión moral, en un chantaje al sistema, y en una extorsión emocional de millones de españoles. Sánchez no tiene derecho a maltratar a los ciudadanos ni a dividir España en dos facciones radicalizadas, sometidas a un odio ideológico irracional. No tiene derecho a jugar con millones de empresarios, autónomos y trabajadores, ni con sus ilusiones, sus expectativas, sus negocios, sus sueldos y sus vidas, ni a generar más desconfianza internacional con sus desafueros. No tiene derecho a confinarnos sine die sin que los tribunales nos digan ya si es abusivo o no. Si es legal o no.

Sánchez se ha convertido en un incendiario al que resulta imposible descifrar porque nada de lo que hace parece ir en beneficio de los españoles. Su concepción del poder no solo va a condenar a la España económica a un retroceso de décadas en nivel de vida, sino que va a enterrar nuestro régimen de garantías con una excepcionalidad que hoy ya no tiene sentido. Es una lástima que las voces sensatas del PSOE se sumen a esta ofensa a los españoles. Y es una desgracia que la derecha sociológica siga fragmentada y anulándose a sí misma. Porque la consecuencia solo tiene un nombre: caos y desgobierno, mientras un etarra presume en prime time de cogobernar España. Delirante.

Sánchez, culpable de no gobernar
Editorial ABC 22  Mayo 2020

Pedro Sánchez volvió a lograr in extremis un aval parlamentario, el quinto, para imponer la prórroga del estado de alarma durante quince días más, aunque su pretensión inicial era un mes. La votación dejó tres evidencias: la primera, que el Gobierno va a seguir gobernando por decreto y restringiendo libertades con una pírrica mayoría; la segunda, que Sánchez ha resquebrajado su alianza de investidura con los separatistas; y la tercera, que en lo único en que no ha mentido es en que no tiene ningún plan para España. Sánchez no gobierna; solo gana tiempo. Sobrevive permitiendo que su Ejecutivo alimente el guerracivilismo, y solo lo consigue de la mano siempre oportunista del PNV, de Ciudadanos a costa de su descomposición interna, y del ambivalente tacticismo de Coalición Canaria. Más aún, Sánchez lo logró con la abstención de Bildu, a quien agradeció su voto pese a que los proetarras han amenazado de muerte a la presidenta del PSOE vasco arrojando pintura roja en su portal. Esa es la psicótica atmósfera en la que Sánchez gana sus votaciones. Que cada cual lo maquille como quiera, especialmente Ciudadanos y sus alambicadas contradicciones, pero si Sánchez sigue al mando de este caos es gracias a esos partidos. Sánchez goza de patente de corso para imponer todo por decreto, sin consenso con nadie, sin consultar con la oposición, sin acuerdo con las autonomías, y sin más «gobernanza» que la que impone su oscuro núcleo duro de Moncloa. Además, Sánchez advirtió de que solicitará al Congreso nuevas prórrogas de una alarma falsa que ha convertido a España en un estado de excepción. Pero ya no necesitamos la excepcionalidad de un mando ejecutivo abusivo que se ha dedicado a prohibir a los ciudadanos siquiera respirar. Se persigue la libertad de expresión, se perturba a ciudadanos por ejercer su derecho a manifestarse, se imponen horarios y restricciones de movimientos… Todo muy alejado de la democracia, ningún país europeo tiene aprobada una restricción de garantías tan drástica. Pero así Sánchez gobierna a capricho con manotazos de autocracia.

Por eso es un chantaje inasumible que Sánchez acuse al PP de «dimitir de su responsabilidad de salvar vidas». Que Sánchez invoque la salvación de vidas es un dramático sarcasmo porque además de lamentar la pérdida de casi 30.000 enfermos, ya hay personas empobrecidas hasta el hambre. Sánchez sonríe en su escaño y culpa a los demás mientras su Gobierno fomenta el odio ideológico enardeciendo a los populismos de uno y otro signo. Pero aquí hay colas crecientes de personas en busca de comida, cainismo en las calles, familiares que no pueden despedirse de sus muertos en condiciones, desempleados de pésimo pronóstico y, sobre todo, un abuso intolerable para coartar la libertad. Sí. Sánchez es culpable de no gobernar.

El problema se llama Pedro Sánchez
Editorial El Mundo 22  Mayo 2020

Cada vez que se siente acorralado, el hombre que ostenta actualmente la presidencia del Gobierno redobla el desafío y huye hacia adelante, dejando tras de sí un reguero de promesas rotas y aliados frustrados. Esta forma cesarista y arriscada de entender la política, sorda al acuerdo e incompatible con la confianza que debe saber inspirar cualquier gobernante en minoría, ya sería censurable en un regidor de pueblo, pues su arbitrariedad la pagarían todos los vecinos; en un presidente, el precio lo pagan 47 millones de españoles. A su angustia por la incertidumbre sanitaria y la devastación económica han de añadir los ciudadanos la demencial ineptitud y el agresivo radicalismo de la coalición dirigida por Pedro Sánchez y Pablo Iglesias: este Ejecutivo es parte fundamental del problema y no de la solución.

Algunos ingenuos quizá bienintencionados aún insisten en que el influjo perverso se limita a Iglesias y que, si se le aísla convenientemente, el PSOE podría aplicar su programa socialdemócrata en esta legislatura que en realidad la pandemia ya ha dinamitado. Pero los hechos son tozudos y demuestran que Sánchez no tiene otro proyecto político que su supervivencia personal, mientras que Iglesias obtiene cada día avances sensibles en su confesada estrategia de desmantelamiento de la democracia del 78, que él juzga amortizada. El plan de Podemos, sus alianzas simbióticas con el separatismo más destructivo -de ERC a Bildu-, es el que se está imponiendo a rebufo de la crisis del coronavirus mediante el chantaje de sus votos sobre un Sánchez entregado. Se entrega porque no tuvo ni tiene la valentía de explorar una alternativa moderada; porque prefiere recomponer la mayoría Frankenstein a cualquier precio para tratar de agotar el mandato con quienes se lo dieron.

Fue Sánchez quien eligió abrazarse al que le quitaba el sueño y es Sánchez, y no Lastra, quien le permite imponer su agenda antisistema a costa de cualquier socio constitucionalista -cuando cree necesario lavarse en Bildu la mano estrechada a Ciudadanos-, a costa del diálogo social con la patronal y hasta con los sindicatos -cuando acuerda la derogación íntegra de la reforma laboral con nocturnidad-, a costa de la negociación del rescate con Europa -cuando ningunea a Nadia Calviño-, a costa de la memoria de las víctimas de ETA -cuando blanquea a Otegi como interlocutor válido y hasta como socio de una hipotética coalición en el País Vasco- y a costa de la integridad territorial del Estado cuando suplica a Rufián la reanudación de sus conversaciones en el punto en que lo dejó la mesa extraparlamentaria separatista. Todo eso ya forma parte del equipaje político del nuevo PSOE por obra y gracia de Pedro Sánchez. Nada hay progresista en ese legado: solo el brutalismo narcisista de un aventurero sin escrúpulos que ha traicionado los últimos principios de un partido irreconocible, con el silencio cómplice de algunos ministros y el gemido impotente de algunos barones. A partir de este momento, Sánchez se cierra otras puertas y se condena a apurar hasta las heces la vía populista y separatista, en abierto desprecio del interés general de los españoles.

Pero además de su contenido iliberal, las formas del sanchismo resultan igualmente bochornosas. El último debate sobre la prórroga del estado de alarma sirvió a la exhibición de debilidad tanto como a la apología de la traición. Incapaz de honrar los acuerdos que suscribe por considerarlos ataduras a su voluntad de poder, el presidente ha prostituido el valor de su palabra a la vista de todos, ocultando el enjuague con Bildu para no malograr el apoyo de Cs y desairando al PNV con los herederos de ETA en un contexto preelectoral, mientras Calviño e Iglesias ventilan su duelo de autoridad al hilo de la rectificación o no del infame pacto. El espectáculo es inenarrable. El crédito de España ante el mundo se hunde. La seguridad jurídica se esfuma. La factura de la crisis se dispara. Y la recuperación, bajo semejante Gobierno, se pospone sine die.

Sánchez y sus apaños con Bildu: una ruina sobre la ruina que padece ya España
ESdiario 22  Mayo 2020

Un Gobierno sin rumbo y fracturado, en el peor momento en décadas, añade incertidumbre y daños a un drama nacional que ya no se puede permitir más desastres.

Si Adriana Lastra firmó con Podemos y Bildu la derogación íntegra de la reforma laboral sin leerse el documento, debe dimitir. Si se lo leyó y lo firmó sin pedir permiso a su jefe, debe dimitir también. Y si lo firmó, tenía el permiso de su jefe y luego se han tenido que desdecir viendo el incendio creado, tiene que dimitir igualmente. O ella o Pedro Sánchez.

Lo que no puede ser es que Moncloa y el PSOE monten este número, señalen como culpable a su portavoz parlamentaria y luego nadie pague la ronda. Si a una cajera del hipermercado no le cuadran las cuentas por 4 euros al final de día, la piden explicaciones y la despiden.

¿Y con millones de parados, millones de afectados por un ERTE y millones de empleados asustados por su futuro no pasa nada si se mete la pata en una cosa tan delicada como el empleo de los ciudadanos?

El problema de fondo es que España padece a un presidente que gestiona el país con el único criterio de anteponer su supervivencia a los intereses colectivos más elementales. De no estar la vicepresidenta económica Calviño de por medio, que es la gran referencia de Bruselas, este apaño con Otegi hubiera prosperado.

De este episodio podemos extraer varias conclusiones: con la economía en ruinas, estaba dispuesto a arruinarla más con tal de obtener el apoyo de Otegi. Y cuando el precio a pagar por ese bochorno era mayor que el beneficio de recular, ha reculado, echándole la culpa a una política que, con tal de seguir ahí, va a hacer siempre lo que le pidan.

Demoler el diálogo social, entregarse a Bildu, enfrentarse con Podemos y perder toda la credibilidad ante Europa es siempre un desastre. Pero hacerlo en pena crisis económica y sanitaria es, además, un abuso intolerable y un escándalo inadmisible.

Frankenstein se derrumba: el monstruo de Sánchez se ahoga en la pandemia
Antonio Martín Beaumont esdiario 22  Mayo 2020

El proyecto de Sánchez comienza y termina en él. Y ni con un paisaje infernal a su alrededor varía una hoja de ruta que esta vez no cuela: todo hace aguas a su alrededor.

Tras el reciente Comité de Política Territorial, el primero en más de dos años convocado por Pedro Sánchez, un barón socialista lamentaba: “La crisis se nos llevará a todos por delante”. Motivos no le faltan para sentirse sobresaltado.

Y eso que restaba por llegar el lío del acuerdo suscrito entre PSOE, UP y EH-Bildu para derogar íntegra la reforma laboral. Un pacto rectificado, al menos por parte socialista, unas horas después de hacerse público. El alcance de la derogación se rebajaba hasta dejarla en lo previsto en la investidura, esto es, la supresión de lo que el Gobierno presenta como "sus aspectos más lesivos".

En este suma y sigue del esperpento socialista, la abstención de los antiguos batasunos ante la quinta extensión del estado de alarma sería a cambio de nada. Increíble, desde luego. En realidad, la negociación se ocultó para evitar una espantada de Cs y del PNV.

Y se escamoteó a los Grupos Parlamentarios, a los agentes sociales e incluso a la mayor parte de los miembros del Consejo de Ministros, algunos tan implicados en estos temas como la vicepresidenta económica, Nadia Calviño -¿cuántos sapos será capaz de tragar antes de dar un portazo?-, o la titular de Trabajo, Yolanda Díaz. Ahora, las cosas se enredan más y el Gobierno echa la culpa del desaguisado a la portavoz socialista, Adriana Lastra. Nuestros políticos se comportan como adolescentes.

Si no estuviéramos ante una crisis como la que enfrenta España, hasta cabría tomarse a broma el vodevil de Sánchez para salvar esta nueva prórroga hasta el 7 de junio. Semejante guirigay únicamente puede explicarse por la fragilidad del presidente.

El líder socialista, dispuesto a buscar cualquier escapatoria con tal de alargar su estancia en La Moncloa, no tiene límites. Pero no se puede engañar a todos durante todo el tiempo. Ni a los españoles, ni a sus ministros, ni, en último término, a sus pretendidos aliados, por más que sean ocasionales e interesados. No creo que, pese a su proverbial optimismo, Sánchez no sea consciente de que la mayoría Frankenstein se tambalea bajo sus pies.

Las mascaradas
Visto lo visto, poco juego debería quedar ya. Ni siquiera acosado por la pandemia ha sido capaz de demostrar el secretario general del PSOE que puede hacer política de luces largas. La suya es la actitud de quien entiende el servicio público como mero juego de poder. Su proyecto es él mismo.

Sus apoyos, naturalmente, se miran el ombligo en vez de organizar un plan para agotar la legislatura. ¿Quién puede fiarse de Sánchez, alguien capaz de firmar cualquier cosa, esconder el acuerdo, anunciarlo y finalmente darlo por papel mojado?

El presidente tiene en este momento pocas salidas. Quizá la única sea someterse a una moción de confianza. Debe recontar sus apoyos para ver si son suficientes para afrontar los tiempos difíciles que vivimos. Porque seguir apoyado en mascaradas sólo contribuye a aumentar la tensión en el país y a disparar el descrédito de las instituciones.

Acuerdo Gobierno-Bildu
La violencia proetarra se dispara a cifras récord mientras Sánchez pacta con Bildu: 29 actos en mayo
Luz Sela okdiario 22  Mayo 2020

La violencia radical proetarra se recrudece mientras el Gobierno pacta con Bildu. En lo que llevamos de mes, se han registrado 29 actos de culto al terrorismo en el País Vasco, según el Observatorio del colectivo de víctimas, COVITE. Se trata, mayoritariamente, de actos de acoso y sabotaje en apoyo al preso de ETA Patxi Ruiz, en huelga de hambre, que han resucitado el fantasma de la ‘kale borroka’. Actos que la formación de Arnaldo Otegi, aliada del Ejecutivo socialcomunista, no ha condenado.

El Gobierno mantiene con Bildu una relación preferente desde hace meses, cuando los de Otegi, con cinco diputados, fueron rehabilitados por primera vez como interlocutores en las negociaciones de la investidura. Sin embargo, el acuerdo para la derogación de la reforma laboral -conocido este miércoles- supone un paso más en esas relaciones: es el primer pacto explícito entre el Ejecutivo de Pedro Sánchez y la formación proetarra.

Las conversaciones para ese pacto -por el que Bildu se abstuvo en la prórroga del estado de alarma- se han sucedido durante días, mientras en el País Vasco se disparaban los actos de violencia radical. Actos que están a punto de superar récords. Mayo podría convertirse en el peor mes desde que existen registros ya que, aún sin concluir, está a sólo tres de superar el más crítico hasta el momento: julio de 2018 -justo tras la llegada de Pedro Sánchez a La Moncloa-, cuando se contabilizaron 31.

Días de negociaciones
El acuerdo para la derogación de la reforma laboral, corregido por el PSOE apenas tres horas después de hacerse público, se fraguó tras varios días de negociaciones con el partido proetarra.

«Hemos estado negociando desde hace días, hemos estado puliendo los aspectos. Y hemos estado discutiendo también cuándo se hacía público. Y ahí había al final un punto de encuentro que era hacerlo público con posterioridad al pleno si eso facilitaba a unos la firma, desde luego no iba a ser obstáculo para nosotros», reveló el parlamentario Oskar Matute, en TVE.

Esto supone que PSOE, Podemos y Bildu han mantenido oculto durante días ese acuerdo, mientras el Gobierno negociaba con el resto de partidos la quinta prórroga del estado de alarma. Ciudadanos acabó dando su apoyo sin conocerlo.

Hasta ahora, Arnaldo Otegi, ya inmerso en la campaña de las autonómicas vascas de julio, ha evitado condenar los ataques que se suceden en la comunidad desde el pasado 11 de mayo. Se trata de una campaña dirigida por el colectivo Amnistía ta Askatasuna (ATA), que critica el camino seguido por Otegi y reclama una radicalización de las acciones. Los actos se iniciaron cuando Patxi Ruiz, preso de ETA expulsado de la banda y representante del sector duro, inició una huelga de hambre.

Ese hecho ha resucitado la campaña de acoso radical y violencia en el País Vasco, ante la que Otegi, y Sánchez, permanecen impasibles. Entre los actos de sabotaje se cuentan pintadas en las sedes del PNV y el PSOE, además de distintas concentraciones en varias localidades, aún en pleno confinamiento.

La violencia proetarra se dispara a cifras récord mientras Sánchez pacta con Bildu: 29 actos en mayo

Los radicales han colocado además en los últimos días a Idoia Mendia, líder de los socialistas vascos, como uno de sus objetivos. Han lanzado pintura roja en su vivienda familiar y octavillas con la palabra «asesina». Este miércoles, una caravana de coches con carteles en favor del etarra Ruiz se paseó también por delante de su domicilio. En las últimas horas, la portavoz de Bildu, Maddalen Iriarte, ha asegurado que la formación «no apoya este tipo de iniciativas» porque «se ha cruzado una línea». Sin embargo, la formación proetarra impidió acordar en el Parlamento Vasco una declaración institucional de condena.

Desde COVITE han acusado al PSOE de haber dado un paso más en el blanqueamiento a EH Bildu y de haber traicionado, otra vez, su propia palabra, después de que el pasado mes de junio Pedro Sánchez asegurara que «con Bildu no se acuerda nada».

«La izquierda abertzale se niega a condenar el terrorismo y la violencia como herramientas políticas y mantienen vivo el discurso totalitario, sectario y dogmático de ETA. Pactar con esta formación política debilita extremadamente nuestro Estado de Derecho democrático», denuncian.

Recuerdan que EH Bildu no condena los ataques proetarras. «Pactar con ellos precisamente esta semana es más humillante, indigno y peligroso que nunca porque legitima su posicionamiento antidemocrático», se lamentan desde el colectivo.

Sainete Sánchez-Bildu
Carlos Herrera ABC 22  Mayo 2020

Calificar como sainete el pasaje reciente del Gobierno de España se me antoja una forma excesivamente amable de describir la aberración política y parlamentaria que se desarrolló durante las últimas horas de anteayer y las primeras de ayer. La irresponsabilidad, el caos absoluto y la confrontación interna de los ministros que supuestamente trabajan por el orden de las cosas, por la organización de las normas con las que gobernarnos los españoles, llegó a la irracionalidad y la caricatura con la que, en ocasiones, se manejan los peores gabinetes del mundo. Pactar con Bildu, nada menos que con Bildu -herederos de los asesinos que han mantenido aterrorizados a los españoles durante algunas generaciones- el futuro de los trabajadores y las empresas

de nuestro país es un acto político absolutamente incalificable. Sólo un inconsciente, un irresponsable, un indeseable, un analfabeto perverso, puede ser capaz de algo así… sin necesitarlo, además. Ese es Pedro Sánchez, la maldición más manifiesta que le ha podido caer a la población española, un trilero de la peor especie que se alía con el primer diablo que aparece para mantenerse en el poder. Al precio que sea: nada menos que ceder a los herederos de ETA la política laboral de España en uno de los pasajes más delicados de nuestra historia, sin confiarse a nadie, sin consultar con sus supuestos socios, sin comunicar nada a sus ministros, poniendo en riesgo millones de empleos, engañando a los que acababan de pactar la prórroga del estado de alarma y arriesgando toda conciliación posible con los agentes sociales.

El desarrollo de los hechos se lo ha venido contando ABC. Pacto sorpresa con Bildu, rectificación nocturna corrigiendo algunos extremos literales de lo firmado y nueva rectificación de Iglesias reafirmando lo anterior y dando por bueno el acuerdo de derogación íntegra de la reforma laboral vigente. Cuando eso ocurre en el seno de un Ejecutivo racionalmente organizado, alguien suele ser sacrificado: quien se lanzó primero a la piscina, quien obligó a rectificar o quien llamó al orden no siendo el jefe del gabinete. La pregunta es quién será la víctima de este desaguisado, en el extraño caso de que exista un mínimo de coherencia en el seno de ese barrizal. Es muy posible que le quieran hacer cargar con el mochuelo a la portavoz socialista Adriana Lastra, pero que nadie se engañe: Lastra, que podrá ser lo que queramos que sea y seguramente tengamos razón, no encabeza una iniciativa así sin contar con los parabienes e indicaciones de Moncloa. Si Lastra firma con Bildu la derogación íntegra de la Reforma Laboral es porque alguien le dice que lo haga, no porque a ella se le ocurra. Podrá morder el polvo pero será injusto que lo haga.

Es probable que en las próximas horas se ponga en marcha la táctica de llenar de mierda el escenario para despistar la realidad e intentar que hablemos de otra cosa. Otra polémica es la mejor forma de enterrar una polémica incómoda. Pero aún así va a ser difícil que una pesadilla como la vivida en las últimas horas pase a ser un episodio más en el relato de insensateces de este Gobierno presidido por la maldición más calamitosa que haya podido llegar al poder ejecutivo en la historia de España. A nadie en su sano juicio se le ocurriría algo semejante: pactar con amigos de terroristas la derogación de una legislación laboral que ha permitido a España recuperar parte del empleo que destruyó otro gobierno socialista por el mal manejo de una crisis financiera, y hacerlo, además, sin texto alternativo, sin haber pactado con nadie y sin prever las consecuencias que va a provocar a millones de empleos puestos inmediatamente en riesgo. Quiero imaginar la cara que se les habrá quedado a los que han sido capaces de confiar en Sánchez hace apenas veinticuatro horas.

Guerra Civil 2.0
Manuel Marín ABC 22  Mayo 2020

Pedro Sánchez se ha metido en uno de esos líos extremos que siempre despiertan a cualquiera a una realidad desagradable: la de esa extraña sensación de pérdida de control y de carencia de autoridad cuando el poder que te conceden aquellos de quienes dependes se vuelve inestable e inseguro. Sánchez ha entrado en una fase de desorientación cuyo principal síntoma es el caos interno en su Gobierno. Es una fase de autodefensa suicida frente a todo y frente a todos, porque esa percepción de inmunidad política y superioridad moral que su entorno le fabricó desde su llegada a La Moncloa ha empezado a sucumbir frente a la mentira sistemática. Sánchez ha demostrado que no entiende de lealtades, de afinidades, de credibilidad… Hasta un terrorista convicto le quiso recordar ayer, en su indecencia, «el valor de la palabra dada». Este es el nivel.

La principal novedad es que una parte despechada y segundona del sanchismo ha dejado de ser sanchista, ahora que el PSOE ha dejado de ser socialista para convertirse en una sucursal ideológica de Podemos propiedad de Pablo Iglesias. De Sánchez se desconoce el detalle…, pero de sanchistas con acreditado ADN ya se sabe que sí duermen mal.

De Iglesias nunca se sabe bien si pretende dinamitar al Gobierno o apuntalarlo. En los días pares comparece como un sumiso vicepresidente que susurra constitucionalismo de quita y pon, con voz tenue, al oído de Sánchez. Y en los impares, amanece como el agresivo antisistema que incendia el poder olvidando que él es el poder. Son esos días en los que Iglesias simula por unas horas que no es un burgués de libro, y en los que se disfraza de revolucionario fetén correteando entre las mismas colas del hambre que promueve desde su despacho oficial. Cuando se aburre o los sondeos lo trituran, imposta la voz, recupera el aburrido juego de fascistas y antifascistas y humilla a Sánchez. Iglesias está encantado con su «guerra civil 2.0». En las calles, alentando el odio a una derecha sociológica en busca de su propio 15-M; y en La Moncloa, para debilitar a Sánchez y agrietar al PSOE.

El daño que Sánchez hace al PNV y al propio socialismo blanqueando a Bildu en la precampaña electoral desquició ayer a esos partidos. Son manotazos de ciego impulsivos, temerarios… miedosos incluso. A su vez, bastante tiene Ciudadanos con jugar a la ruleta rusa alentando desde el liberalismo una restricción de las libertades. Nadie dirá que Arrimadas no estaba avisada.

La duda aún no es saber quién arrojará desde la izquierda la primera piedra para lapidar a Sánchez. La duda es cómo evolucionan cinco millones de votos moderados pertenecientes a socialistas escarmentados, descreídos de Cs y eternos desanimados del PP que se fugaron tiempo atrás. Pero es evidente que en el magma subterráneo de España algo está cambiando antes de emerger a la superficie que está arrasando Iglesias con su «guerra civil 2.0». Sánchez cree tener patente de corso porque cree que nadie en la izquierda asumirá el desgaste de hundirle. Y de momento, ninguno va a ser la coartada de un abrupto final de la legislatura. Pero el salvoconducto ideológico se le agota. ERC ya fue el «cómplice» de la derecha en febrero de 2019 cuando tumbó los presupuestos de Sánchez y abocó a elecciones generales; el PDeCat sabe que Sánchez lo quiere hundir en Cataluña para gobernar con Esquerra; y el PNV sabe de sobra que el trilero de la bolita siempre miente. Hace tres meses Sánchez no habría caído en la trampa tendida por Iglesias con Bildu y otros mochileros del oportunismo. Hoy Sánchez empieza a estar aislado incluso dentro del PSOE.

El descubrimiento de un semáforo en español en Barcelona escandaliza a los 'comisaris' lingüísticos
Pablo Planas Libertad Digital 22  Mayo 2020

El Ayuntamiento de Colau promete que lo reemplazará en breve tras las presiones de la Plataforma per la Llengua y de Pilar Rahola
Uno de los semáforos amarillos característicos de Barcelona.

Conmoción y estupor entre los comisarios lingüísticos del separatismo. En la plaza Alfonso Comín de Barcelona hay un semáforo que muestra sus indicaciones en español 'Pulse el botón', 'espere verde', etc, etc... El descubrimiento soliviantó a la Plataforma per la Llengua, una entidad que recibe millones de euros de la Generalidad, los ayuntamientos y las diputaciones y cuya misión es erradicar el más leve rastro de español de la vida pública y privada de Cataluña.

Nada más detectar el intruso elemento del mobiliario urbano, la entidad emitió una alerta a través de Twitter en la que denunciaba que el Ayuntamiento "ignora el catalán en los nuevos semáforos de la ciudad" y apelaba directamente a Ada Colau: "Alcaldesa, exigimos que dé luz verde al catalán en las señales de tráfico".

La colaboradora de TV3 y editorialista de La Vanguardia Pilar Rahola se sumaba rauda a la denuncia y afirmaba en su cuenta de Twitter: "¿Y esto? Colau españoliza así los semáforos y vulnera la normativa". Los digitales nacionalistas se hacían eco también de la denuncia de la Plataforma.

Ante el escándalo tuitero, el Ayuntamiento no tardaba en dar explicaciones. El semáforo era una anomalía, pero no se trataba de que los nuevos semáforos fueran a tener las indicaciones en español. Lo que había ocurrido es que el semáforo español se instaló de urgencia días atrás porque un accidente había estropeado el original de la plaza y no había repuesto en catalán. Esta misma semana se colocará el recambio en catalán, ha prometido la administración municipal.


 


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