AGLI Recortes de Prensa   Sábado 23  Mayo  2020

Situación insostenible, movilización general
Carlos Dávila okdiario 23  Mayo 2020

Nunca un presidente del Gobierno fue tan indigno que como éste que padecemos. Nunca existió desde el felón Fernando VII, un mandatario parigual. ¿Qué hacer entonces? La Constitución de 1978 recoge un Artículo, el 102, que sitúa la responsabilidad del presidente del Gobierno en la Sala de lo Penal del Tribunal Supremo. Un epígrafe posterior, el segundo, se refiere a las posibles acusaciones “por traición o por cualquier delito contra la seguridad del Estado”, y plantea que “sólo puede ser presentada por iniciativa de la cuarta parte de los miembros del Gobierno”; es decir que 88 parlamentarios del Partido Popular y 50 de Vox por ejemplo, tendrían la posibilidad, en hipótesis, de ejercer este derecho. Pero este apartado pone dificultades serias a la iniciativa y deposita en la mayoría absoluta de la Cámara la revocación del presidente. Las cosas por ahí están complicadas. Este cronista, piensa que, como afirma el ex-presidente Aznar, Sánchez ha traspasado “todas las rayas rojas” en su actuación pública. Y, ¿qué rayas rojas son éstas? Se me ocurren una treintena, pero podemos quedarnos con una sola: su pertinacia en el engaño a todas las instituciones de la Nación, y sobre toda a una: al pueblo mismo que ya es consciente de que este embustero patológico ha engañado, sin ir más lejos al Parlamento, sede -es un tópico en este momento- de la soberanía nacional.

Pero, como reconocemos que el tránsito por esta vía es imposible salvo que la facción leninista del Parlamento, los veleteros diputados de Ciudadanos, y una decena más de representantes se sumaran a la acusación, no queda otra opción que la presión nacional para provocar la salida de este individuo de su cómoda mansión de La Moncloa. Para eso no existe mejor instrumento que el ejercicio del derecho de manifestación ahora mismo conculcado por las sucesivas prórrogas del Estado de Alarma que Sánchez, según informaciones socialistas de todo crédito, se propone alargar, lo menos, hasta el próximo 22 de junio. O incluso más. ¿Más, por qué, se dirá? Pues, porque sin forzar el Reglamento del Congreso, la venidera sesión para engordar la Alarma, se puede aplazar (y en eso están el de gurucillo y el resto de los fontaneros de la manipulación) hasta el 12 de junio. Añadan quince días más y nos situaremos en los estertores del mes. Ese el calendario tramposo que sigue Sánchez y su pernicioso harén de conmilitones.

O sea, que como el Parlamento no soluciona ninguna censura, tampoco la Moción porque se quedaría corta en la suma, lo único que puede dar al traste con la intención de Sánchez es la movilización general contra él y todo lo que él representa. Para intentar el recorrido por ese camino resulta imprescindible conseguir de nuevo que el derecho de reunión y manifestación esté vigente. Sánchez trabaja con un argumento manido y sospechosamente parcial: estos derechos ponen en peligro la remisión de la pandemia. Es al contrario porque resulta mucho más sencillo regular y ordenar (para eso están los servicios correspondientes) una manifestación legal que una concentración espontánea de las que ahora mismo pueblan nuestras ciudades. El “modelito fases” está fracasando rotundamente; en España ni se entiende en qué consisten, ni se respetan en absoluto. Además, la arbitrariedad y la inepcia con que está gobernando este proceso el dúo Illa-Marlaska está produciendo en la gente una fuerte irritación ya imposible de controlar. Por tanto, la calle como escenario de la protesta total contra Sánchez y su equipo del Frente Popular. El último episodio que estamos soportando desde el miércoles, debe interpretarse con la gota del hastío e irritación que se vive en España. El Gobierno, engañado también por Sánchez, está dividido, por lo menos, en tres mitades: una, los que conservan una cierta sensatez como Calviño y quizá, largando muy por arriba, Escrivá; otra, la de los rastreros y enchulecidos zalameros que pilota el simpático Ábalos; la tercera, la de los leninistas de Iglesias ya enfrentados radical e irremediablemente con todo lo que representa Calviño. Un Gobierno así es un lastre para una época de sangre, sudor y lágrimas como ésta que nos traído el maldito virus. Con estos caballos no se puede trotar, de modo que, si algunos de los decentes no se van con viento fresco a sus casas, se volverán a confundir con el grupo de Sánchez en el que no existe más que una sola obsesión: seguir viajando en coche oficial y no someterse a los dictados que nos va a mandar Bruselas. Es una situación insostenible para la cual sólo existe una triple receta: protesta generalizada y pacífica contra el sanchismo destructor, alianza del centro derecha para sacar a este individuo maléfico del poder, y en todo caso, porque no nos cabe más remedio, ponernos bajo el mando de los que verdaderamente saben, los hombres de blanco (los médicos) y los de negro (los economistas) españoles que son los únicos que conocen qué hacer con nosotros. Sánchez, un embustero pertinaz y sin escrúpulos, parece que esté siguiendo la pauta de Hitler, aquel dictador sin disfraz (éste nuestro sí que va embozado) que presumió así: “El pueblo siempre cae víctima de una gran mentira”. Sánchez.

Convivir con el virus para evitar la ruina
Editorial ABC 23  Mayo 2020

Confirmado ayer por Sanidad, el pase a la fase 1 de la Comunidad de Madrid, el área metropolitana de Barcelona y el grueso de Castilla y León cierra en todo el territorio nacional -en un proceso aún reversible- el episodio de un cierre del sector de los servicios cuyas secuelas van a marcar el futuro inmediato de España y de millones de trabajadores. Con muchas zonas de la península a punto de avanzar hasta la fase 2 y de ganarle aún más terreno al páramo comercial que deja tras de sí el confinamiento decretado por el Gobierno, la prudencia y el sentido común de la sociedad siguen siendo imprescindibles para evitar nuevos repuntes de la pandemia, con la que, sin embargo, habrá que aprender a convivir mientras se reactiva el motor de la economía. Los criterios que determinan el ritmo de la denominada «desescalada», como la identidad de quienes lo deciden, siguen siendo secretos. Así lo ha impuesto el Gobierno de la transparencia, el mismo que no quiso recomendar a la población el uso de mascarillas -precisamente cuando más necesarias resultaban para frenar el avance del Covid-19- por su falta de previsión para abastecerse de material de protección. Llegar tarde a la batalla planteada por el virus de Wuhan no solo ha causado miles de víctimas, sino que ha obligado a paralizar una economía cuyo crecimiento se ve ahora frenado por el exceso de cautela con que el Ejecutivo de Pedro Sánchez, camino de su «nueva normalidad», pretende subsanar los errores que ha acumulado desde el pasado invierno, cuando debió tomar todas las medidas de prevención con las que ahora sobreactúa para curarse en salud. El daño ya está hecho, pero aún puede ser peor si el Gobierno se empeña en obstaculizar el despegue económico con dogmas ideológicos e iniciativas sectarias que obstaculicen esa libertad de mercado que permite la generación de empleo y riqueza.

De los aplausos a las cacerolas
Fernando Díaz Villanueva. vozpopuli  23  Mayo 2020

Caceroladas, lo que se dice caceroladas contra el Gobierno, las hay desde el mes de abril, pero era algo muy minoritario, no pasaba de un gesto muy puntual por parte de gente politizada. En aquel momento el asunto tampoco podía ir mucho más allá, porque no se podía salir de casa a ninguna hora y nos encontrábamos en el punto álgido de la pandemia. Hacer sonar una cacerola desde el balcón podía resultar hasta de mal gusto con la hilera de muertos que se sumaba cada día a causa de la enfermedad. Pero eso no iba a durar siempre, la crisis sanitaria va a menos y desciende a diario tanto el número de contagios como el de fallecimientos. Se puede, además, salir de casa, incluso en las zonas del país que permanecen en fase cero. Entre 8 y 11 de la noche, la gente es libre para salir de casa y pasear a su gusto en un radio no superior a un kilómetro desde su domicilio.

Todo estaba dispuesto para que los vecindarios se encendiesen y el descontento popular encontrase una vía de escape. Tan sólo faltaba un disparador y ese apareció en el corazón mismo del Barrio de Salamanca durante la primera semana de mayo. Un grupo de vecinos salió a la calle para socializar con banderas de España y, ya de paso, mostrar su enfado contra el Gobierno. La cacerola, que hasta ese momento sólo había comparecido puntual y aisladamente, se convirtió en la tónica. Las fotografías que se hicieron los propios vecinos y que ellos mismos subieron a las redes sociales hicieron el resto.

El Internet que corre en paralelo a los grandes medios de comunicación embadurnados con dinero público durante los dos últimos meses empezó a bullir. Unos lo veían como un estallido necesario de indignación, otros como una muestra de insolidaridad, ya que ese barrio es uno de los más ricos de Madrid. En el puente de mando de Moncloa atisbaron una oportunidad y pusieron en marcha la máquina de picar carne. Bautizaron estos actos como “revuelta de los cayetanos” y cargaron sobre ellos con saña. Se trataba de unos privilegiados que querían ir de compras y que vivían ajenos a la tragedia que estaba enfrentando todo el país con su Gobierno a la cabeza.

Aquello se percibió en un primer momento como una campaña de imagen gratuita que el Barrio de Salamanca le regalaba a Pedro Sánchez, tan sólo había que apretar un poco más y tratar de que otros barrios “de derechas” como la Piovera, Aravaca, la Moraleja o Pozuelo saliesen en tromba a aporrear sus cacerolas. Era un sueño hecho realidad, la constatación definitiva de que esto es una lucha de clases, algo que, para un Gobierno con tantos comunistas en el Consejo de Ministros, sonaba a música celestial.

Barrios de clase obrera
Pero el embrujo se deshizo en cuestión de un par de días. Resultó que había “cayetanos” en prácticamente todos los barrios de la capital, incluidos los de acreditada tradición obrera como San Blas, Moratalaz o Carabanchel. Desde entonces, las cacerolas llevan días retumbando a lo largo y ancho de Madrid y toda su área metropolitana, donde el cabreo es doble porque el Gobierno ha castigado a la comunidad por razones políticas impidiendo por dos veces que pasase a la fase uno de la 'desescalada'. Un error nacido de la prepotencia de unos tipos que creen que van a estar ahí siempre y que no toleran la más mínima crítica. Sánchez, evidentemente, no sabía con quien se jugaba los cuartos.

Madrid no es ciudad propensa a obedecer. No es casual que en Madrid comenzase la rebelión contra las tropas napoleónicas en 1808; o que durante el siglo XIX se convirtiese en el objetivo prioritario de los carlistas, un objetivo que, por cierto, nunca consiguieron tomar; o que durante la guerra civil resistiese durante prácticamente toda la contienda con el ejército sublevado en la puerta para rendirse sólo cuando ya estaba todo perdido. Son demasiados siglos los que la Villa ha soportado los chuleos y desmanes de la Corte como para que los madrileños no hayamos desarrollado una suerte de reacción instintiva, automática, contra un poder que en Madrid se percibe cercano y asfixiante.

Así las cosas era previsible que esas caceroladas terminasen adquiriendo la forma de escraches, algo que sucedió esta misma semana. El más famoso de todos fue el que algunos vecinos de Galapagar hicieron frente al chalet de Pablo Iglesias. En España los escraches son legales siempre y cuando no medie una agresión o una amenaza expresa del tipo “como salgas de casa te abrimos la cabeza”. En Galapagar no se dado ninguno de los dos extremos así que los vecinos están en su derecho de cacerolear en la puerta del chalet todo el tiempo que deseen. Si es que logran acercarse, claro, porque Interior ha dispuesto una escolta desproporcionada con varias unidades de la Guardia Civil que se suman a la caseta con vigilancia 24 horas que se instaló hace un par de años.

Escrachar las viviendas particulares de los políticos es legal, pero también es de mal gusto. Los hijos de Pablo Iglesias no tienen culpa alguna de lo que haya hecho su padre, pero tampoco tenía culpa alguna la familia de Soraya Sáenz de Santamaría, Alberto Ruiz Gallardón o Cristina Cifuentes, por citar sólo a algunos de los políticos del PP, que fueron inmisericordemente escrachados frente a sus domicilios hace siete años. En aquel entonces, Iglesias defendía ardorosamente este tipo de protesta, la denominó en perfecta neolengua como 'jarabe democrático de los de abajo' y como “mecanismo democrático para que los responsables de la crisis sientan una mínima parte de sus consecuencias”.

Amenazas en La Sexta
A la vista está que se ha tenido que comer sus palabras pronunciadas hace no tanto tiempo, pero no se quiere dar por enterado. Horas después del escrache frente a su chalet señaló con el dedo en La Sexta advirtiendo que “mañana le puede suceder a Ayuso o a Espinosa de los Monteros”. Recordemos que este caballero es vicepresidente del Gobierno y se sienta en el CNI. Imaginemos por un momento que en 2013 Sáenz de Santamaría hubiese amenazado veladamente a Pérez Rubalcaba con enviar una turba vociferante a su casa para vengarse.

Es imposible de imaginar porque algo así era simplemente inconcebible. Un miembro del Gobierno de un país democrático no puede arrastrarse por el barro de esta manera. En el caso de que desee hacerlo porque el cuerpo se lo pide, debe salir inmediatamente del Gobierno y sólo entonces dar satisfacción a su espíritu tumultuario. Lo que no puede hacer bajo ningún concepto es amenazar a la oposición desde un despacho ministerial. Las protestas van a ir a más. Ahora se quejan, con razón, por el desastre sanitario que ha enterrado a casi 30.000 personas en dos meses. Mañana lo harán por la crisis económica y su corolario de desempleo y pobreza. No haría mal en poner su lengua a enfriar porque lo peor está por llegar.

Verdugos en el altar
Eduardo Goligorsky Libertad Digital 23  Mayo 2020

Provoca sonrojo la falta de rigor crítico que ha transformado la mayoría de los obituarios de Julio Anguita en ensayos hagiográficos. Periodistas que conservaban testimonios del odio visceral a la democracia burguesa –ya fuera de matriz liberal o socialdemócrata– que había impregnado la trayectoria política del califa rojo edulcoraron su biografía para presentarlo como un prodigio de virtudes cívicas. Habría bastado con recordar sucintamente las atrocidades que están inseparablemente asociadas a la ideología comunista que él profesaba con orgullo para desmitificar su figura, como ha hecho Carmelo Jordá ("Contra Julio Anguita", LD, 19/5).

Supuran las heridas
Afortunadamente, el voto de los ciudadanos españoles mantuvo a Anguita alejado del poder. Poder que convirtió a sus camaradas de la URSS, China y sus satélites en los verdugos de cien millones de seres humanos. Pero él nunca ocultó su admiración por esos verdugos, que elevaba a su altar, ni su predisposición a copiar sus recetas de barbarie dictatorial. Era comunista.

Es escalofriante, en este contexto, comprobar que el vicepresidente segundo del Reino de España, que sí goza de poder y lo emplea contra la Corona y el Estado de Derecho, no solo se jacta de ser discípulo de este dictador frustrado, sino de compartir con él el culto a los verdugos de su altar. A Pablo Iglesias todavía le supuran las heridas que le produjeron la caída del Muro de Berlín y la defunción del imperio soviético. Escribe en su despedida del camarada Anguita ("La sensibilidad y las agallas", LV, 17/5):

El segundo gran naufragio llegaba con la caída del muro de Berlín y el nuevo ecosistema geopolítico e ideológico posterior a la guerra fría. Muchos excomunistas españoles, del partido y del sindicato, transitaron dócilmente hacia la familia socialdemócrata y asumieron el modelo de construcción europeo de Maastricht.

El verdugo preferido
El verdugo que ocupa el lugar de preferencia en el altar de Pablo Iglesias, como este mismo ha confesado, es Vladímir Ílich Uliánov, Lenin. En el acto de presentación del libro colectivo 1917. La revolución rusa cien años después (Editorial Akal), Iglesias, que estuvo acompañado por el entonces vicepresidente de Bolivia, el marxista-leninista Álvaro García Linera, elogió "la capacidad de Vladímir Lenin de convertir lo imposible en real", y, según la crónica del diario El País (26/7/2017), ha ponderado el "genio bolchevique" que ha definido como "la llave política para abrir las puertas de la historia", por ser el mejor legado de la revolución rusa al "construir una teoría política para ganar". Una característica, ha defendido, que explica el temor de los conservadores a Lenin por demostrar que "la política puede ganar a la historia" al elaborar "una ciencia política para los de abajo más potente que la de los de arriba".

"Lenin es un genio de la conquista del poder político", ha abundado. (…) El líder de Podemos ha atribuido el temor anticomunista que todavía hoy existe a "la capacidad bolchevique para ganar y derrotar a enemigos imbatibles".

Esa cualidad de ser "la llave que abre puertas" y "producir orden" la ha extendido a los comunistas españoles que, durante la Guerra Civil, formaron "un ejército disciplinado para ganar la guerra", buscando alianzas internacionales y, a diferencia de los anarquistas, con su pragmatismo evitaron hacer la revolución. "Eso hace entender qué es el leninismo".

La dictadura anhelada
Pablo Iglesias no puede controlar su vicio de tergiversar la realidad, y cuando aborda el papel de los comunistas en la guerra incivil oculta que estos se subordinaron a los comisarios estalinistas soviéticos y de otras ramas de la Tercera Internacional, y fracturaron el bando republicano, donde proliferaron las purgas y las checas. Hasta la derrota final del fantasmagórico "ejército disciplinado". En lo que sí acierta es en la reivindicación del pragmatismo leninista como táctica para la implantación gradual de la dictadura anhelada. Este es el plan subversivo que él y sus cofrades aplican al pie de la letra con singular desparpajo.

Tres días después de abrazarse con el entreguista doctor Sánchez, Iglesias pidió paciencia a sus militantes (LV, 15/11/2019). "Los avances que más merecen la pena no se consiguen a la primera", los sermoneó. "El cielo se toma con perseverancia".

Nostálgico de los gulags
Y al infierno comunista también se baja paso a paso. El vicepresidente segundo hace gala de su beligerancia contra la unidad de España, contra la Monarquía parlamentaria constitucional, contra las sentencias judiciales que aíslan a los violentos y los sediciosos, contra las Fuerzas Armadas que protegen nuestra seguridad y nuestra soberanía, contra nuestra condición de ciudadanos libres e iguales, contra el derecho de propiedad y contra nuestra integración en la Unión Europea y en el mundo civilizado… ese vicepresidente segundo se ha colado, además, por la puerta falsa en los servicios de inteligencia, cuya función consiste en combatir los desafueros que él y su banda perpetran… y sí, es nada menos que el vicepresidente segundo del Gobierno de España quien rinde culto en su altar al verdugo Lenin.

Las tareas de desinfección post pandemia solo se completarán cuando los partidos constitucionalistas, la sociedad civil y las instituciones guardianas de la democracia sepulten en las alcantarillas de la política, de donde nunca debería haber salido, a este ensoberbecido matón nostálgico de los gulags.

La Ley de la Educación contra el talento
Pedro Gómez Carrizo elespanol 23  Mayo 2020

Existe un sesgo cognitivo denominado martillo de oro, cuya expresión más conocida se la debemos a Abraham Maslow —sí, el de la pirámide—, y que podemos formular así: "Si tu única herramienta es un martillo, tiendes a tratar cada problema como si fuera un clavo".

Es un concepto similar al de la expresión "deformación profesional", que describe la tendencia a ver las cosas desde el punto de vista de la propia profesión. Estos lentes u orejeras impiden tener una perspectiva más amplia y objetiva de las cosas, al desatender lo que queda fuera de su foco. Son, por lo tanto, unos lentes deformantes.

El juego de palabras deformación-formación profesional nos lleva al asunto de esta tribuna: el efecto perverso, deformante, que el foco de la pedagogía que inspira la Ley Celaá tiene sobre la formación académica y profesional de nuestro alumnado.

No es la ministra de Educación quien ha generado el problema. Los defectos de nuestro sistema educativo vienen de antiguo. Celaá se limita a profundizar en el error del modelo vigente, un paradigma pedagógico que desdeña el talento y se enfoca exclusivamente en el aprender a aprender, una vez aniquilado el paradigma de la transmisión de conocimientos.

Como suele suceder, el problema surge no tanto del principio en sí —sin duda "saber enseñar" es importante—, cuanto de la exagerada y dogmática aplicación de este principio. Quienes no conocen de cerca cómo ha evolucionado el sistema educativo es probable que no tengan noticia de hasta qué punto el "saber qué se enseña" es poco relevante en nuestras escuelas. Y esto es así no porque los profesores no sean lo bastante competentes en sus respectivas materias, sino porque no son ellos quienes ponen el foco de la educación, sino un complejo sistema de orientadores, pedagogos, psicopedagogos, asistentes sociales y tutorías fuertemente ideologizadas por la teoría pedagógica.

Combatir este paradigma es muy difícil; señalar sus carencias es como señalar que el emperador va desnudo. Lo es, en primer lugar, porque está blindado por la impenetrable barrera del buenismo. ¿Cómo ir en contra de iniciativas tan biensonantes y sobre el papel tan bondadosas como la de la "escuela inclusiva" o el "respeto a la diversidad"? Quien se aventura por esa senda se convierte en el malo que va contra lo bueno.

Si cuestiona que el juego sea la única metodología válida para el aprendizaje, será acusado de defender que la letra con sangre entra; y sandeces similares tendrá que oír si denuncia que la falta de autoridad tiene unos resultados perversos —para el alumno todavía más que para el docente—, o si defiende el valor del esfuerzo, de la disciplina o de la memoria.

Todos estos términos son sospechosos para el paradigma vigente. Todos suenan a reaccionario en los oídos de un pedagogo integrado. Además, este paradigma es sólidamente hegemónico en su campo. La ideología va por gremios, y antes hallaríamos a un Chicago Boy abierto a criticar el dogma neoliberal y atender las bondades de un Estado emprendedor, que a un orientador pedagógico dispuesto a admitir la menor grieta en el dogma de la escuela progresista.

De hecho, las pocas voces que apuntan a la necesidad de realizar cambios de orientación en nuestro sistema educativo son de pensadores que exceden en mucho el ámbito de la pedagogía, como Gregorio Luri o José Antonio Marina. Pero a pesar de la notoriedad de estos autores, sus sugerencias apenas llegan a influir en un sistema infestado de pedagogía equivocadamente progresista, porque este dogma inspira la ordenación educativa de principio a fin y la impregna por completo como la moral católica inspiraba e impregnaba la escuela del florido pensil.

Por supuesto, el problema no es que el dogma sea progresista, sino que lo sea equivocadamente, es decir, que arroje unos resultados contrarios a los apetecidos.

Un ejemplo de política contraproducente lo tenemos en la estrategia seguida por la escuela pública durante el confinamiento. Para evitar crear una brecha digital entre los alumnos con acceso y los alumnos sin acceso a internet, la directriz oficial ha sido no avanzar en materia y entretener a los alumnos con fichas modelo cuaderno de vacaciones.

Los centros privados y concertados, sin embargo, han proseguido con la programación, en su inmensa mayoría. ¿El resultado? Una vez más la educación pública, la principal vía de emancipación y movilidad social de los más desfavorecidos, degradada por el progresismo equivocado. La bienintencionada iniciativa tendente a no dejar descolgados a un puñado de alumnos —los pocos que no disponen ni siquiera de móvil—, se ha traducido en una brecha incomparablemente mayor entre todo el bloque público y el concertado.

Si la ley que lleva el nombre de la señora Isabel Celaá es una barbaridad, no es porque persiga "no dejar a ningún alumno atrás", sino porque trata de lograr ese loable objetivo haciendo que ningún alumno avance. Su propuesta no consigue ni la inclusión ni la equidad, pero sí logra, en cambio, aniquilar toda apuesta por la excelencia.

Decíamos que términos como esfuerzo, disciplina o memoria resultan sospechosos para la pedagogía progresista. O más que sospechosos, son vistos como algo que hay que combatir. Están marcados negativamente, como uno de esos dos polos que señalaba Jacques Derrida en sus pares de opuestos: el polo privilegiado por la tradición occidental que el pensamiento posmoderno busca reemplazar por su polo opuesto. La donación de títulos o los aprobados generales que tanta polvareda están levantando no son sino aspectos llamativos y superficiales de un problema de fondo mucho más grave.

En el modelo pedagógico de educación de-construida o des-mantelada, en términos derridianos, que abandera Celaá, la exigencia de rendimiento se asocia con el autoritarismo y la búsqueda del talento es considerada poco menos que un hábito fascista, o, para sus defensores más convencidos, casi una práctica eugenésica.

Esa animadversión hacia el talento tiene una importancia crucial. La apuesta por colocar la inclusividad como el eje obsesivo sobre el que gira todo el sistema supone poner el foco de la educación no en el talento, sino en su ausencia. Implica poner cabeza abajo el edificio de la educación.

Tener madera de estudiante es algo tratado con tanto recelo por la ministra de Educación, la señora Celaá, como ser emprendedor por la ministra de Trabajo, la señora Yolanda Díaz. Y buscar esa madera, para tallarla, algo que ha sido el principal impulso de la educación desde los tiempos de la Academia de Platón, es visto por la pedagogía progresista como un elitismo intolerable.

Hay que decir, para colmo, que el sistema también fracasa estrepitosamente en su apuesta por la inclusión. Después de haber sacrificado a este objetivo todo lo demás, el resultado es patético. Los recursos educativos que podrían destinarse al cultivo de la excelencia o, con más modestia, al trabajo para elevar la mediocridad, son desviados al objetivo principal y casi único de tratar la diversidad, pero la única diversidad que se atiende es la diversidad de los alumnos conflictivos o con dificultades de aprendizaje, y a pesar de ello, estos tampoco mejoran sus horizontes. Más bien son víctimas de una ficción que los perjudica.

La pedagogía progresista crea una burbuja donde la realidad es reemplazada en todo caso por la moral, y una moral muy determinada. En esa burbuja se incuban alumnos apenas preparados, o preparados fundamentalmente para ofenderse, y con una tolerancia a la frustración cercana a cero. Pero la realidad espera afuera.

Entiendo el desánimo de quienes traten de enmendar el nuevo proyecto de reforma de la ley de Educación. Para arreglar el estropicio sería necesario hacer una enmienda a la totalidad.

Empezamos hablando del martillo de oro. Un martillo de oro es un objeto vistoso, pero inútil, hecho con un material inadecuado para cumplir su función. Así sucede con la pedagogía que alienta esta nueva reforma: es el propio patrón de diseño el que está equivocado. La Ley Celaá viene a abundar en los errores más graves de nuestro sistema educativo; es una ley para perpetuar su fracaso.

*** Pedro Gómez Carrizo es editor y profesor.

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El episodio de la reforma laboral, mucho más que un despropósito
Daniel Lacalle elespanol 23  Mayo 2020

"Lies dripping off your mouth like dirt, lies in every step you walk, lies whispered sweetly in my ear, lies, how do I get out of here?" Mick Jagger.

Esta semana hemos presentado en Orfin (Observatorio de la Realidad Financiera) las perspectivas para la economía española. Las conclusiones del análisis del equipo de economistas de la catedra muestran que el Producto Interior Bruto (PIB) de España registraría, de media y con las estimaciones actuales de desconfinamiento, una caída del 13% a finales de 2020 con una recuperación muy pobre, del 3% en 2021.

La deuda pública subiría hasta el 122% del PIB a finales de este año, el nivel más alto en España desde 1900, después de la Guerra de Cuba y Filipinas. El promedio de paro en 2020 sería del 20,5% y en 2021 la tasa de paro se elevaría hasta el 22% por el fin del efecto contención de los ERTE. Esto significa que más del 40% de la fuerza laboral española estaría o en paro, cese de actividad o en desempleo temporal en el pico de la crisis.

Ante un desastre económico de semejante magnitud, en el que Bloomberg sitúa a España como uno de los países con peor desempeño en economía, desempleo y gestión de la pandemia y el cierre forzoso, el lector pensaría que el gobierno tomaría todas las medidas para fortalecer la confianza en nuestro país y reforzar la seguridad jurídica. Pues no.

El vergonzoso episodio generado por el acuerdo con EH Bildu, desmentido por WhatsApp a medianoche, reiterado al día siguiente por el vicepresidente segundo y, a cierre de este artículo, todavía sumergido en una confusión sin precedentes, tiene implicaciones muy importantes en la confianza en nuestro gobierno y, con ella, la del país.

La confianza se construye durante años, pero se destruye en muy poco tiempo. Con todas las críticas que se puedan hacer a la administración de Zapatero o Rajoy, no se puede negar que el objetivo constante de sus ministros y la acción de Gobierno siempre fue el de fortalecer la confianza en el país y recuperar el crédito. Este despropósito con la reforma laboral la dinamita.

Este nuevo episodio de asalto a la libertad de empresa y la seguridad jurídica demuestra la falta de confianza que genera el Gobierno, su falta de compromiso previo y su absoluta descoordinación. La combinación de arrogancia, sectarismo e ignorancia que perméa en casi todas las decisiones económicas del gobierno nos afectarán durante mucho tiempo.

Recordemos que el presidente del Gobierno y la ministra de Economía se reunieron en Davos y Nueva York con los principales inversores del mundo prometiendo por activa y por pasiva que no iban a derogar la reforma laboral, solo revisar algún pequeño término "menor". Anoche, uno de ellos me recordó en un mensaje la letra de la canción del álbum Some Girls de los Rolling Stones que ilustra este artículo. Muy triste.

Recordemos que es la Reforma Laboral de 2012, en su término VI, la que aumenta la flexibilidad en los ERTE (expediente de regulación temporal de empleo) y establece las bases de regulación de los ERTE como los conocemos al eliminar la autorización administrativa previa.

Si se hubiera mantenido el sistema anterior, los 3,4 millones de personas que hoy están en ERTE estarían hoy en su inmensa mayoría en paro. De hecho, a cierre de este artículo no se habrían podido tramitar casi ninguno de los ERTE por el oneroso y lento proceso administrativo que regía la tramitación antes de la Reforma Laboral.

Si no fuera por la Reforma Laboral que odian por sectarismo ideológico, el paro en España sería hoy cercano al 35%, según las estimaciones reflejadas por Adecco del impacto de ERTE en el mercado laboral de marzo y abril.

Si no fuera por la Reforma Laboral, las cifras de creación de empleo de 2018 y 2019 que ellos defienden como parte de su gestión, no se habrían dado. Una reforma que paró la sangría de empleo y ayudó a crear puestos de trabajo siendo el segundo país de la eurozona en creación de empleo fijo. El BBVA mostraba que si se hubiese aplicado la reforma laboral de 2012 desde 2008 España habría evitado dos millones de parados en la crisis anterior.

Este Gobierno, que se ha servido de la Reforma Laboral que demoniza para mitigar la mayor sangría de empleo de nuestra historia reciente, se lanza ahora a dinamitar todo el mecanismo regulador del mercado laboral justo cuando deberíamos estar poniendo todas las facilidades y seguridad para atraer empleo de cara a la recuperación.

Este Gobierno, cuyos miembros (de Podemos e Izquierda Unida) han usado la reforma laboral para reestructurar sus propias plantillas sin ningún remordimiento, ha usado todos los mecanismos de flexibilidad y agilidad que establecía dicha reforma para enfrentarse a esta crisis.

El problema no es que ahora venga el presidente (si se manifiesta) y diga que todo ha sido una especie de broma pesada, o que lo desmienta la ministra en aquellos medios de comunicación que puede utilizar para apagar este incendio.

El problema es que han mostrado que la seguridad jurídica e inversora es inexistente y está sujeta a los más disparatados tacticismos parlamentarios.

No es solo un problema de falta de concreción, fiabilidad y seguridad para aquellos que estén planteándose contratar a alguien sino para miles de parados.

El Gobierno acaba de dejar en limbo a decenas de miles de personas que podrían incorporarse al mercado laboral con la decisión del gobierno de dejar en suspenso la parte más importante del marco regulatorio del mercado laboral, la que garantiza un proceso rápido y ágil.

Adicionalmente, pone en peligro la recuperación del empleo ya que muchas empresas se encuentran ante el más que probable aumento exponencial del coste administrativo y legal de formalizar un contrato laboral. ¿Tomaría usted la decisión de contratar a alguien hoy cuando le están diciendo que los principales principios reguladores del mercado de trabajo en lo que tiene que ver con agilidad y flexibilidad están en cuestión diaria?

Incluso si Sánchez y Calviño hacen un esfuerzo de negar el episodio y recuperar la normalidad, el daño infligido a la seguridad jurídica es enorme y no solo afecta al mercado laboral.

¿Qué inversor o empresario va a sentir confianza ante la posibilidad de que se cambien todas las reglas del juego en unas horas dependiendo del tacticismo parlamentario del Gobierno?

Si un país donde el paro era ya uno de los mayores del mundo antes de la crisis pone en peligro la estabilidad y confianza para crear empleo… Imaginen ustedes el resto de los aspectos de la economía.

Urge recuperar el diálogo social y la cordura. Abandonar a Bildu y coordinar con las empresas y autónomos.

Sánchez: un irresponsable en La Moncloa
José María Rotellar okdiario 23  Mayo 2020

Pedro Sánchez no está capacitado para ejercer la presidencia del Gobierno. Su llegada a la presidencia a través de la moción de censura destructiva fue legal pero ilegítima, al apoyarse para ello en todos los partidos que quieren destrozar nuestro régimen constitucional actual, de Podemos a Bildu, pasando por ERC, JxCat y el siempre interesado PNV. Eso le permitió derrochar en los viernes electorales el dinero que España necesitaría ahora para paliar la crisis y, en su lugar, poder ganar las elecciones, y tras la repetición de los comicios, ser reelegido presidente; pero ni siquiera ya lo importante es eso, sino que carece de completa preparación, responsabilidad y sentido común para ejercer la jefatura del Gobierno.

Sánchez se encumbró políticamente como un producto del marketing y no ha dejado nunca de ser eso. Es un envoltorio que esconde un recipiente vacío de ideas, de racionalidad y de interés por el servicio y la prosperidad de los españoles. Para Sánchez todo empieza y termina en él y sus intereses. Tras llegar a la secretaría general del PSOE y ser expulsado por sus propios compañeros, volvió a la misma tras hacer una campaña extremista por el liderazgo del PSOE. Él sabía que al votar los militantes le venía bien esa pose, porque los afiliados de base de un partido político suelen ser siempre los que mantienen posiciones más extremas.

En ese camino de marketing e impostura fichó a Iván Redondo, un consultor político que lo mismo recomienda a Monago que haga un rap que le dice a Sánchez que se alíe con los filoetarras. Al sellar esa colaboración entre ambos, lo que se ha instalado en La Moncloa no es un Gobierno, sino un gabinete de mercadotecnia que toma las decisiones única y exclusivamente en función del beneficio propio. Es cierto que los políticos, según la teoría de la elección pública, buscan maximizar sus votos, y que, por tanto, sopesan mucho, en sus decisiones, la aceptación que las mismas pueden tener entre los ciudadanos, pero lo de Sánchez no es eso, sino que todo se limita a sus intereses.

Ese tándem introdujo a Podemos en el Gobierno con la esperanza de poder servirse de él sin que Iglesias consiguiese nada a cambio, salvo las carteras ministeriales del líder de Podemos y de Irene Montero, pero el comunista tiene su propio plan, que a lo mejor termina confluyendo con Redondo, porque un mercenario siempre está dispuesto a servir al mejor postor.

Todo ello ha hecho que Sánchez -que no tiene apenas experiencia laboral fuera de la política y que en ella no había gestionado nada antes de asumir la presidencia del Gobierno- fuese un presidente creado para la imagen, para vender promesas y adoptar medidas a golpe de talonario, en un exacerbamiento del buenismo de Zapatero. Ahí, Sánchez se gastó lo que tenía y lo que no tenía, pero vendía erigirse en defensor de los oprimidos, mientras jugaba a batallas perdidas ochenta años atrás y cerradas con la reconciliación nacional de la Constitución de 1978. El despliegue mediático de la exhumación de Franco fue otro truco de ilusionista con el que Sánchez trataba de vender su gestión.

Por tanto, él y su Gobierno estaban preparados para la imagen, pero no para gestionar. Tanto negaban la desaceleración que ellos mismos debieron de creérselo, sin tomar precauciones, de manera que, en cualquier caso, se habrían tenido que enfrentar a una crisis importante en el corto plazo, cuando se habría visto su incapacidad.

Con lo que no contaban es con que iban a tener que gestionar una situación como la derivada de la pandemia. Por eso, cuando llegó la trataron con la respuesta habitual de Sánchez, Redondo y su Gobierno: venta de imagen y anteposición del interés político particular al interés general. Por eso, no tomaron medidas suaves, como el cierre de fronteras con China en enero, que podrían haber mitigado mucho la expansión del virus en España; y por eso no compraron tampoco material sanitario. Por eso, porque su interés político mandaba, permitieron y alentaron la manifestación política del 8-M, en lugar de prohibirla al haber avanzado ya el contagio por su nula previsión anterior. Por eso, por anteponer la imagen y el interés partidista al interés general, se equivocaron, porque no están hechos para gestionar.

Esa incapacidad para la gestión y su obsesión por el marketing le ha llevado a Sánchez a hacer el ridículo con cada comparecencia; a cambiar de aliado cuando le place; a no decretar un luto oficial por tantos compatriotas que han muerto por la falta de previsión gubernamental; a pactar, finalmente, con el antiguo brazo político de ETA nada menos que la derogación de la reforma laboral que permite, entre otras cosas, que los 3,4 millones de personas afectadas por un ERTE’s tengan sólo una suspensión de empleo en lugar de un ERE, que conlleva extinción del contrato.

Una vez más, su respuesta es la del marketing: al oír a María Jesús Montero en su comparecencia tras el consejo de ministros, se ve que ya han dado la consigna de decir que el PP ha dejado sólo al Gobierno y que tiene la culpa de todo, como ya avanzó Simancas, al proclamar que si España tiene tantos muertos por coronavirus se debe a Madrid, y que si el PSOE pacta con Bildu es por culpa del PP. ¿Problemas en el Gobierno? Ninguno, según Montero, que, recordando la antigua canción infantil “Ahora, que vamos despacio…”, ha dicho que el Ejecutivo está “fuerte, cohesionado y unido”.

Si Zapatero era un inconsciente que pensaba que por querer mucho una cosa la iba a conseguir, Sánchez lo supera -y era difícil- al sumarle a la inconsciencia el carácter de un iluminado y el comportamiento de un irresponsable. A nadie se le ocurre no atajar antes y mejor la crisis sanitaria -de cuya enfermedad no tiene la culpa, pero sí de la dejadez en afrontarla y sus consecuencias-; a nadie se le ocurre paralizar por completo la economía y tratar de reabrirla tan lentamente, condenando a la ruina a tantos españoles; y a nadie se le ocurre meter en el Gobierno a los comunistas, pactar con los batasunos -Montero ha dicho que el Gobierno se preocupa de salvar vidas de los españoles; antes de eso y de pactar con Bildu, debería recordar cuántas vidas de españoles segaron los asesinos de ETA- y derogar la reforma laboral, que levantaría barreras a la contratación y sería letal en un momento como el actual, además de pegarle una patada a la UE al querer acabar con la reforma laboral de 2012 en un momento en el que la Unión le ha exigido reformas y orden en las cuentas públicas para darle transferencias no reembolsables.

Sánchez debería parar y darse cuenta de que no todo vale. La presidencia no puede seguir siendo su juguete con el que está destrozando a los españoles. Si tuviese algún mínimo sentido de la responsabilidad, debería presentar su renuncia a SM el Rey y dejar que otro socialista organizarse un Gobierno con las principales fuerzas constitucionales para marcar un horizonte de recuperación a ejecutar en dos o tres legislaturas. No lo hará y las consecuencias de ello y de su incompetencia las sufriremos todos los españoles, algunos de los cuales ya las han sufrido en sus carnes, ya sea con la pérdida de familiares o con las colas del hambre que han regresado a nuestro país de manera intensa por primera vez desde la postguerra.

“Sánchez y sus amigos de Bildu”

Francisco Marhuenda larazon 23  Mayo 2020

Durante décadas, ETA y sus sicarios abertzales hicieron todo lo posible por destruir la democracia española. Un reguero de sangre recorrió España durante décadas, porque los etarras asesinaron, hirieron, secuestraron y extorsionaron con el objetivo de doblegarnos. No lo consiguieron. Una parte minoritaria de la sociedad vasca les apoyaba mientras que otra, desgraciadamente, les consideraba unos «hijos» descarriados, aunque útiles. Arzalluz, el líder del PNV, dijo en 1991 que «no conozco de ningún pueblo que haya alcanzado su liberación sin que unos arreen y otros discutan. Unos sacuden el árbol, pero sin romperlo, para que caigan las nueces, y otros las recogen para repartirlas». El entorno de ETA se presentaba a las elecciones y conseguía presencia en el Congreso de los Diputados y el Parlamento Vasco, pero los partidos constitucionalistas, que pagaban con las vidas de sus militantes la defensa de la España constitucional, tenían muy claro que eran unos indeseables. González y Zapatero nunca hubieran firmado un pacto con Bildu como ha hecho Sánchez. Ha sido algo, simplemente, repugnante.

No hay que olvidar que Otegi, una de las figuras más siniestras de la política vasca, ha sido condenado por colaborar con ETA y es el líder de Bildu. En las bandas terroristas no solo están los que utilizan las pistolas y las bombas, sino, también, los que colaboran desde las instituciones públicas y otros ámbitos, como la universidad, en los fines de la organización criminal. Bildu está lleno de antiguos colaboradores y simpatizantes de la banda y por ello nunca ha condenado el terrorismo, porque sería como condenarse a sí mismos. La izquierda mediática se ha dedicado a estigmatizar a Vox desde su nacimiento y defendía que había que aplicarle un cordón sanitario cuando no tiene ningún origen sangriento o delictivo. La anomalía española es que el PSOE pueda hacer algo que es impensable en la UE como es pactar con los herederos del terrorismo. Y lo es, también, aliarse con los independentistas que quieren romper España. Es inimaginable que suceda algo parecido en Alemania, Francia, Italia, Austria, Holanda, Dinamarca, Suecia, Noruega, etc. Una cosa es que tengamos que aceptar, porque somos una gran democracia, que partidos como Bildu, JxCat o ERC sean legales y tengan representación parlamentaria y otra muy distinta es que se les legitime con pactos repugnantes como el que autorizó el presidente del Gobierno con los herederos políticos de ETA.

Ya estamos en la despeñada
Javier Somalo Libertad Digital 23  Mayo 2020

Con las mochilas sobrecargadas de fraudes, manipulaciones y mentiras, lo lógico es despeñarse y que la cordada completa caiga al vacío.

La derogación o no de la reforma laboral trae muchas miserias consigo. En época de vacas gordas sólo existen empresarios perversos, negreros ávidos de sangre proletaria que viven para hacer imposible una vida laboral digna. Y la corriente mayoritaria de opinión en los principales medios de comunicación secunda la protesta con todo el aparato doctrinario: el despido ha de ser carísimo para el criminal que lo promueve y siempre improcedente, el trabajo temporal es, además, inmoral y si hay demanda es porque el capitalismo la fabrica contra natura.

Pero cuando las vacas empiezan a enseñar las costillas y el espinazo, aparecen empresarios filántropos que no tienen más remedio que despedir, empresarios empáticos con el trabajador que son uno más en la plantilla pero que, con este terrible golpe de la pandemia, no encuentran manera de sobrevivir y, por doloroso que sea, la solución es... Posiblemente esos empresarios estén al frente de los mismos medios de comunicación que, con los prados verdes, ahorcaban en sus portadas a los que decían que un despido caro disuade la contratación y genera paro, dependencia y miseria. ¡Bastardos liberales! Pero ahora resulta que tienen un ERE en el cajón y con la doctrina de bosque de Sherwood que defendían se les cae encima la sede.

Y resulta también que la reforma laboral del PP, que era obra de Mefistófeles, cae como una bendición y ay de quien la toque ahora. Suerte que el monigote de Bildu se puede llevar las críticas. Pero no, no es cosa de Bildu, que hace lo que se espera de la yema política de un grupo terrorista y a nadie sorprende: es cosa del Gobierno y así lo aclara el vicepresidente Pablo Iglesias al decir que "lo firmado es lo pactado".

"Voy a ser cristalino. Se va a derogar íntegramente la reforma laboral. Firmado está. El pacto de ayer con EH Bildu lleva la firma de los tres portavoces de los grupos parlamentarios, luego cada partido puede decir y matizar lo que quiera".

Y entonces el diario El País saca los cañones de Navarone y dispara un editorial que hace añicos la escalinata de La Moncloa. Piden cabezas, por huecas que estén, y parece que la que más desean es una con coleta. Poca broma, según El País:

"Esta vez las cosas han ido demasiado lejos, y la única manera en la que podría contener la hemorragia política provocada por el acuerdo sobre la reforma laboral en un contexto impropio y con un socio inadecuado es depurando responsabilidades. De no hacerlo con urgencia, será el propio presidente Sánchez el que se arriesgue a perder toda cobertura…".

Ojo, que lo de "perder toda cobertura" es como cuando Vito proponía ofertas que no podrías rechazar. Se refiere a cobertura política y, por supuesto, a la mediática, cosa que en el caso de El País siempre ha sido redundante y objeto social. Porque se puede ir un poco lejos pero nunca "demasiado lejos" y los 28.000 muertos –a ver si un día nos enteramos de cuántos son– parecían tolerables y permitían sacudir a Ayuso –y no a Sánchez o a Illa o a Simón o a Iglesias– para intentar el asalto a los cielos políticos de Madrid, joya perdida. Pero la reforma que puede encarecer despidos en estas épocas tan crudas que nos ha tocado vivir… eso no. Eso es hemorrágico. Si lo sabrán.

El PSOE ha conseguido adormecer a la sociedad de tanto mentir y ya no es noticia hacer exactamente lo contrario de lo que se negó. Prueba de ello –una entre cientos– es que Carmen Calvo, unos meses antes de descubrir –"el otro día leyendo"– la línea recta y horizontal dejó escrito esto sobre las líneas rojas:

"No vamos a apoyar a Bildu. Para nosotros eso son líneas rojas y los socialistas, con nuestros defectos y virtudes, somos muy de fiar. Todo el mundo sabe a qué se puede atener con nosotros, cuales son nuestros principios y las líneas que no pasamos".

Cierto, todo el mundo lo sabe. Ya antes se dijo lo de no poder dormir o que Podemos sería un gobierno dentro del gobierno. Y esa capacidad narcótica de este Gobierno es la que le permite salvar una votación in extremis para seguir en la excepcionalidad escudándose en los muertos que al principio no quisieron evitar y después decir que el presidente de la CEOE, Antonio Garamendi, es un patriota fetén que "antepone siempre los intereses de España a cualquier otra cuestión, defendiendo siempre legítimamente los intereses empresariales", en atropelladas palabras de la ministra María Jesús Montero. Ni siquiera contemos con que esta vez Iglesias haga de notario revolucionario y deje en evidencia a su socio. O que sea tan "cristalino" como para dimitir tras su invocación del noble pacta sunt servanda. Si peligra la coleta, desaparecerá estratégicamente unas semanas o se dedicará a cazar fachas, como ya dijo en su día, aprovechando algún escándalo en las calles, debidamente propiciado.

"Desescalar", terminacho inventado por el Gobierno, ha sido toda la vida descender, acción contraria al ascenso que supone escalar y que entraña parecidos riesgos o más. Con las mochilas sobrecargadas de fraudes, manipulaciones y mentiras, lo lógico es despeñarse y que la cordada completa caiga al vacío. Creo que, aunque sea todavía en Fase Cero, es en lo que estamos.

Más allá de contrarreformas laborales fallidas, rentas vitales y agendas ecológicas, el día que se resuma con todos los datos y detalles lo que hizo el gabinete Iglesias-Sánchez frente a la pandemia –no ha de tardar– el Tribunal Supremo tendrá que cerrar por desistimiento o cumplir su labor y procesar a todo un Gobierno en un macrojuicio televisado, a ser posible desde algún recinto de IFEMA.

El sumario ya está escrito con pruebas irrefutables y con clarísimas deducciones de testimonio en vídeo. No fue inepcia, que también acompaña, sino prevaricación con resultado de muertes, experiencia nada nueva cuando el comunismo llega al poder aunque sea como invitado. Porque lo sabían todo hace mucho tiempo, lo ocultaron y por eso murió más gente. Eso sí que fue ir "demasiado lejos" aunque no le importara a muchos medios de comunicación porque no afectaba a sus balances.

El peor Gobierno de la historia… hasta dentro de unas horas
María Fuster okdiario 23  Mayo 2020

Digo que es el peor Gobierno de la historia pero lo digo con la boca pequeña, porque cada vez que pienso que no lo pueden hacer peor, me sorprenden superándose.

El juego de trileros de la portavoz Lastre esta semana para poder sacar adelante la prórroga del Estado de Alarma podría tacharse perfectamente como un simple engañabobos. Y lo digo especialmente por Ciudadanos, quien ha vuelto a caer en la trampa confirmando así que son la nueva marioneta del Gobierno.

No sé yo si esto lo hacen simplemente por ignorancia y torpeza o si responde a una estrategia electoral con la que pretenden robar votos al PSOE. En cualquier caso, creo que lo único que han conseguido es firmar su sentencia de muerte. La formación naranja, cada vez más tirando a rojo, ha quedado condenados a la desaparición perdiendo además a uno de sus mejores activos: Marcos de Quinto.

Por cierto, no me extraña que éste haya decidido salir huyendo. Habrá pensado: para quedarme aquí haciendo el ridículo, me vuelvo a lo mío, entro en un par de consejos de administración y además gano 10 veces más, económicamente y en tranquilidad. Sabia decisión querido Marcos.

De vergüenza ajena ha sido también el pacto que ha firmado la portavoz Lastre en nombre del gobierno socialcomunista con Bildu, los herederos de ETA. De vergüenza en primer en lugar por pactar algo con esa banda de indeseables, pero tramposo también por ocultárselo a más de la mitad del Consejo de Ministros (Calviño y alguno más están que trinan) y no contárselo a sus socios de investidura.

Y este pacto se produce la misma semana que en el Ayuntamiento de Bilbao PNV, PSE, PP y UP han firmado un comunicado condenando los ataques sufridos por parte de borrokas del concejal socialista Alfonso Gil y de su mujer Idoia Mendía, secretaria general del PSE. ¡Toma coherencia!

Este juego de trileros no le va a salir gratis a Sánchez. Es más, ha dejado el pacto de investidura en estado de descomposición.

El PNV está que trina, el propio Ortuzar ya le ha dicho hoy a Sánchez que su apoyo a este Gobierno está cada vez más lejos, que no se puede gobernar con todos en una especie de totum revolutum. No hay que olvidar que las elecciones vascas están a la vuelta de la esquina y de ahí la susceptibilidad del PNV. ¡Al final se van a arrepentir de haber dejado caer a Rajoy!

Por otro lado Rufián ha dicho literalmente que “han roto el espíritu de la investidura, quizás, de manera irremediable. ERC se rebela ante el pacto del Gobierno con Ciudadanos. Ven inaceptable que ambas formaciones estén firmando acuerdos paralelos con el Gobierno. Les han venido a dar un ultimátum: o la formación naranja o nosotros.

Por último, también han perdido el apoyo de Compromís, Joan Baldoví exige que se cumplan los pactos previos para seguir manteniendo diálogo con el Gobierno.

Pero si todas estas mentiras a sus socios de Gobierno les parecen poco, esta semana han reconocido sin pudor alguno otra mentira mucho más grave.

Nos mintieron a todos los españoles cuando nos dijeron que no era recomendable el uso de mascarillas. ¿Y por qué lo hicieron? Porque no fueron capaces de encontrar proveedores para poder distribuir dichas mascarillas. Ahora que las empresas privadas (supermercados, firmas de moda, etc.) sí que tienen oferta, imponen el uso de mascarillas a prácticamente toda la población, tanto en espacios cerrados como en los públicos (salvo que puedas mantener 2 metros de distancia, cosa cada vez más improbable). ¡Hay que tener poca vergüenza! ¡Es imposible ser más incompetente e irresponsable!

Sánchez y sus apaños con Bildu: una ruina sobre la ruina que padece ya España
ESdiario 23  Mayo 2020

Un Gobierno sin rumbo y fracturado, en el peor momento en décadas, añade incertidumbre y daños a un drama nacional que ya no se puede permitir más desastres.

Si Adriana Lastra firmó con Podemos y Bildu la derogación íntegra de la reforma laboral sin leerse el documento, debe dimitir. Si se lo leyó y lo firmó sin pedir permiso a su jefe, debe dimitir también. Y si lo firmó, tenía el permiso de su jefe y luego se han tenido que desdecir viendo el incendio creado, tiene que dimitir igualmente. O ella o Pedro Sánchez.

Lo que no puede ser es que Moncloa y el PSOE monten este número, señalen como culpable a su portavoz parlamentaria y luego nadie pague la ronda. Si a una cajera del hipermercado no le cuadran las cuentas por 4 euros al final de día, la piden explicaciones y la despiden.

¿Y con millones de parados, millones de afectados por un ERTE y millones de empleados asustados por su futuro no pasa nada si se mete la pata en una cosa tan delicada como el empleo de los ciudadanos?

El problema de fondo es que España padece a un presidente que gestiona el país con el único criterio de anteponer su supervivencia a los intereses colectivos más elementales. De no estar la vicepresidenta económica Calviño de por medio, que es la gran referencia de Bruselas, este apaño con Otegi hubiera prosperado.

De este episodio podemos extraer varias conclusiones: con la economía en ruinas, estaba dispuesto a arruinarla más con tal de obtener el apoyo de Otegi. Y cuando el precio a pagar por ese bochorno era mayor que el beneficio de recular, ha reculado, echándole la culpa a una política que, con tal de seguir ahí, va a hacer siempre lo que le pidan.

Demoler el diálogo social, entregarse a Bildu, enfrentarse con Podemos y perder toda la credibilidad ante Europa es siempre un desastre. Pero hacerlo en pena crisis económica y sanitaria es, además, un abuso intolerable y un escándalo inadmisible.

En fin, que el gobierno está en la cuerda floja es más que evidente. ¿Que Sánchez está dispuesto a hacer lo que haga falta para no caer al vacío? Otra obviedad. ¿Que tenemos el peor Gobierno de la historia? Sí, pero díganlo bajito porque el Gobierno y su gestión probablemente sea mañana todavía peor que el de hoy.

El socialismo, encantado con Otegui
Editorial ABC 23  Mayo 2020

El acuerdo alcanzado con Bildu por el Gobierno de Pablo Iglesias que preside Pedro Sánchez no ha sido un error de cálculo, como pretende hacernos creer ahora el PSOE, ni un pacto puntual para una sola votación parlamentaria. Que el socialismo alegue ahora, para justificarse, excusas tan peregrinas e infantiles como que apoyarse en Arnaldo Otegui es culpa del PP porque Pablo Casado no quiere prorrogar el estado de alarma es demostrativo de que han perdido el oremus y la dignidad. Solo a un Pedro Sánchez cegado por su ambición y desnortado por su incompetencia se le ocurre crear un argumentario para convencer a los españoles de que pactando con Bildu «se salvan vidas». Parece que a ministros como María Jesús Montero o José Luis Ábalos, o a dirigentes socialistas como Rafael Simancas, conviene recordarles la importancia de la memoria, de la ética del poder, y de la vida de todos aquellos socialistas asesinados por ETA.

La alianza con Bildu no es puntual, sino estratégica. Sánchez viene demostrando su falta de escrúpulos desde que permitió cerrar un pacto sólido con los proetarras para ganar la presidencia de Navarra, o ayuntamientos tan relevantes como el de Estella. ¡Qué pronto olvidó Sánchez su compromiso con el constitucionalismo abrazándose con su extorsionador, Pablo Iglesias, y a Otegui! El líder de Podemos es el primer vicepresidente de un Gobierno democrático que mantiene una relación fluida, constante, de amistad política y de compromiso ideológico con Otegui, lo cual es sinónimo de simpatizar con ETA. Eso es mucho más grave que cuando Zapatero definía a Otegui como un «hombre de paz». Hoy, este condenado por terrorismo sigue sin pedir perdón, sin desmarcarse de ETA, sin resarcir a las víctimas y sin renunciar a la violencia. El terrorismo, en todas sus formulaciones, es su vida y su pasado. Por eso es indigno que Sánchez blanquee a un criminal para garantizarse triunfos en el Congreso.

Iglesias está forzando a Sánchez a depender de Otegui, y el PSOE lo está aceptando con gusto y sin oposición real. No es una equivocación, sino una táctica meditada, aunque ello indigne al PNV -no siempre se puede ganar- y al propio socialismo vasco, al que Sánchez ha pisoteado con desprecio. Trapichear mayorías parlamentarias mientras nuevos borrokas atentan contra propiedades de dirigentes del PSE para exaltar a un etarra en huelga de hambre refleja dramáticamente quiénes son Sánchez e Iglesias. Es lógico que Otegui se crezca, y más lógico aún que Iglesias pretenda convertir a Sánchez en un pirómano, porque así debilita a los socialistas. Es incomprensible que el PSOE sea tan miope y esté renegando de tanta sangre derramada, a no ser que eso ocurra porque realmente Sánchez confíe más en Otegui, Iglesias y en sediciosos como Oriol Junqueras que en la Constitución y la democracia. Eso es lo peligroso.

Un Gobierno roto llevará a España al desastre
Editorial El Mundo 23  Mayo 2020

El pacto con Podemos y EH Bildu autorizado por Pedro Sánchez y firmado por Adriana Lastra a espaldas del Parlamento, de los partidos que apoyaron en el Congreso la prórroga del estado de alarma e incluso de la mayor parte del Consejo de Ministros demuestra que las pretensiones rupturistas del Gobierno de coalición representadas por Pablo Iglesias son incompatibles con la estabilidad necesaria para afrontar la profunda recesión económica a la que se enfrenta España, como consecuencia de los efectos de la pandemia. El pacto con los herederos de ETA para derogar la reforma laboral a cambio de su apoyo parlamentario -por si Cs y ERC decidían finalmente votar en contra- ha fracturado internamente el Gobierno, generando un poso de desolación y desconfianza con el presidente de los ministros de las áreas técnicas y económicas, que llevan semanas tejiendo cuidadosamente el diálogo social con empresarios y sindicatos.

Y es que han pasado solo 10 días desde que los agentes sociales llegaran a un acuerdo en Moncloa en defensa del empleo que, entre otras medidas, prolongaba los ERTE hasta después del estado de alarma, dando tranquilidad a los trabajadores afectados y garantías a empresarios y autónomos. No es de extrañar que el presidente de CEOE, Antonio Garamendi, haya dado por roto el diálogo con un Ejecutivo incapaz de mantener su palabra en una cuestión tan vital para todos los españoles, no sin antes alertar de las consecuencias que tendría derogar una ley que ha demostrado ser la herramienta más eficaz para reactivar el mercado laboral. Y hacerlo, además, por cuestiones ideológicas, creando un marco de inseguridad jurídica que podría llevar, dijo ayer en nuestras páginas, "a quitar la T de ERTE y pasar a ERE", esto es, a iniciar una escalada de despidos masivos en todos los sectores productivos.

La vicepresidenta Nadia Calviño ha intentado poner paños calientes para tranquilizar tanto a los agentes sociales como a Bruselas, que advirtió que llevar a cabo la medida sumiría a España en una crisis mayor de la prevista al minar la credibilidad del Gobierno ante nuestros socios comunitarios -que deben aprobar los planes de acceso a los fondos europeos- y frente a los acreedores e inversores internacionales, en un momento en el que es esencial recurrir a la financiación exterior para consolidar y mantener los cada vez mayores costes del Estado del bienestar. Solo una intervención personal de Sánchez reconociendo su error -porque es impensable que Lastra tomara la decisión sin consultarle-, rompiendo el acuerdo con Bildu -con quien se comprometió "veinte veces" en campaña a no pactar nunca- y desautorizando las brabuconerías de su vicepresidente -que lleva tiempo quitándole el sueño-, podrían enmendar la situación y no echar a perder los esfuerzos por lograr un marco estable que dé confianza a trabajadores, empresarios y a la UE.

Aun así, el Gobierno, en apenas cinco meses de legislatura, está roto. Y no tiene fácil recomposición. Se ha puesto en evidencia el error de meter en el Consejo de Ministros a un grupo como Podemos que no se ha cansado de repetir que su objetivo pasa por acabar con la Constitución de 1978 y romper la convivencia entre españoles. Hipotecar la continuidad del Gobierno a proetarras y separatistas no es sostenible para la cuarta economía de la Unión Europea.

Bildu, para romper el "régimen del 78"
Jorge Vilches elespanol 23  Mayo 2020

El sentido del pacto con EH-Bildu para derogar la reforma laboral es quebrar el espíritu de la democracia de la Constitución de 1978. Un sistema empieza a fallar no por sus instituciones, sino por los agentes políticos que le dan vida, que sostienen el ánimo de consenso y respeto al adversario, que aceptan la existencia y la victoria del otro. Ese conjunto es al que Ackerman llama "época fría", un tiempo marcado por la primacía del consenso sobre el conflicto.

Esto supone en buena lógica liberal que la democracia se entiende como un modelo para la resolución de problemas, no para su creación. En la lógica comunista y populista, el sistema democrático es un campo de batalla donde la exaltación de las diferencias, no de las coincidencias, es el motor de la vida pública. Es la vieja tradición marxista-leninista, esa versión hegeliana de la Historia como el resultado del enfrentamiento de contrarios en el que solo puede quedar uno.

El comunismo populista de Podemos entiende que la mejor forma de romper "el régimen del 78" es quebrando esa "época fría" y convertirla en "época caliente"; esto es, en un tiempo en el que el espíritu de concordia entre los grandes actores políticos y sociales no exista, cunda la desconfianza, y se haya perdido el respeto al adversario convirtiéndolo en enemigo. Para eso firman pactos con todos aquellos que están fuera del orden constitucional, para trasladar el consenso de un lado a otro, de los partidos de la Transición a los de la ruptura.

El pacto con EH-Bildu tiene ese sentido: llevar a los partidos constitucionalistas a un enfrentamiento irreconciliable. Y el PSOE ha caído en esa estrategia. Estos comunistas saben que una democracia liberal se asienta en un sistema de partidos de gobierno, y que rompiendo éste, se abre una oportunidad para derribar el régimen y crear otro. En eso está Podemos.

Sánchez conoce la estrategia podemita de ruptura. No en vano tolera y hasta colabora con el desprecio al Rey y al sistema autonómico. El problema para él, no para España, es que Iglesias acabe siendo el factótum y le arrincone. El presidente del Gobierno cree que a ese plan puede oponer con éxito su forma política, consistente en la posverdad y en la geometría variable y oculta para pactar con cualquiera. A esto añade con éxito la ingenuidad de alguno de los actores políticos, como la del Ciudadanos de Inés Arrimadas y Edmundo Bal.

Podemos se ha dedicado a blanquear a EH-Bildu desde que nació en 2014. Aceptó que el mundo batasuno tenía razón en las formas y en el fondo. Asumió como propio su discurso de desprecio a la Transición como prolongación del franquismo. Excusó la violencia, incluso el terrorismo, como respuesta política a la represión. Asimiló el derecho de autodeterminación como un ejercicio de democracia. Repudió los símbolos de España y el orden constitucional diciendo que no estaban adecuados a la realidad, y que son cosas de “fachas”. Alentó los pactos poselectorales con los filoetarras en el País Vasco y Navarra. Y todo esto lo acepta el PSOE de Sánchez.

El presidente del Gobierno cree que puede valerse de la estrategia de Podemos hasta cierto punto, que le sirve para sobrevivir, mantener la Moncloa, y arrinconar a la derecha. Su objetivo es lograr un remedo de Frente Popular con los comunistas y el nacionalismo de izquierdas, aunque sea independentista, que le asegure el poder territorial y la mayoría en el Congreso. Si para eso tiene que ceder lo hará, y además con gusto.

Sánchez sabe que mientras la derecha esté dividida no es peligrosa, pero que si se une podrá alentar el miedo al “fascismo”. Voces en la política y en la prensa no le faltan. Como tampoco una tropa de intelectuales orgánicos dedicados a extender y justificar esa política destructora de la convivencia solo por ambición personal de Sánchez y delirio totalitario de Iglesias.

El problema, por tanto, no es el PSOE, sino Pedro Sánchez. El partido socialista ya no existe salvo para servir a los intereses de su líder, y se pliega a cualquier opinión y orden suya. No hace falta más que ver el desprecio que hace a los líderes autonómicos del socialismo, o a los ministros del PSOE en el Gobierno. Nadia Calviño no tenía noticia alguna de la reforma laboral pactada con EH-Bildu por Adriana Lastra, una simple portavoz. Nadie pinta nada en el PSOE salvo Sánchez.

Víctimas de ETA y del coronavirus
Alberto García Reyes ABC 23  Mayo 2020

Nos está pasando como a un gitano de bastón y pañuelo al que camelo bien, un señor de la cabeza a los pies curtido en las penurias de la posguerra, pero siempre maqueado y oliendo a Agua Brava, que se tiró de cabeza en una olla de berza durante una reunión de cabales. El hombre, currista de los que siempre llevan una mata de romero en el ojal, estaba eufórico por el triunfo del Faraón que se festejaba en aquella mesa, así que cuando vio las generosas teleras que había, de miga blanca y espesa, se arrojó a navegar sobre ellas a la deriva por las profundidades del guiso, al que aún le bullían los calores como si los garbanzos fueran grumos de lava. Cuando se vino a dar cuenta, se había zampado la olla entera y los vapores le estaban saliendo por las orejas. Y en un ay musitado con los huesos de todo su cuerpo, sentenció mientras se abanicaba los reflujos que atravesaban su pecho: «¡Dios mío, no me mató el hambre y me va a matar la comida!».

A quienes no nos ha matado el virus nos va a matar la salud, que conservamos a cambio de miseria. Las colas en los comedores sociales en busca de un borbotón de lentejas son cada vez más angustiantes y, en muchos casos, han desaguado en la metáfora del ruido de las cacerolas vacías. El vicepresidente de la Comisión Europea, Valdis Dombrovskis, le ha pedido a España que actúe urgentemente contra la crisis y vaticina que seremos uno de los países que más ayuda necesitará. Pero mientras el estómago ibérico pide pan, el del Gobierno está liberando bilis para consumar su programa velado. No nos mató ETA y nos va a matar su blanqueo político. Ya estábamos amoratados por el conciliábulo navarro y por el palo que le dio a la dignidad de los españoles el discurso de Mertxe Aizpurua durante la investidura de Pedro Sánchez, a quien apoyó con frases como esta: «Ustedes son la única oportunidad del Estado para resolver la situación de Euskal Herria y Cataluña. Son el último tren hacia la última estación». El socialista está hoy en La Moncloa gracias a los herederos de las pistolas, con quienes avanza hacia la última estación de la democracia. Sánchez ha promovido un conato de legitimación social de los bilduetarras acordando en secreto la derogación de la reforma laboral de Rajoy. Los presentó como luchadores por los derechos de los trabajadores la misma noche que los borrokas ultrajaban la casa de la líder socialista vasca, Idoia Mendia. No importa que la medida suponga una hecatombe económica ni que la haya repudiado su vicepresidenta Calviño. El presidente está secuestrado por un copiloto que va decidiendo la ruta: paga para todos, censura, control de la televisión pública y del CNI, veto al turismo, persecución a los empresarios, la Justicia en manos del Ejecutivo, prohibiciones a mansalva, normas hasta para ducharse, maquillaje demoscópico a brochazos, colaboración con los separatistas... Ruina.

Si no nos mata la neumonía del coronavirus, nos matará la asfixia de la economía. Y si no acaba con nosotros la quiebra, nos dará la puntilla la pérdida de libertades. La propia Comisión Europea ha dicho ya que la gestión de España es un desastre que nos va a tener hipotecados hasta sabe Dios cuándo y a tenor de los acuerdos políticos tiendo a pensar que todo esto es aposta. Este caos es premeditado con el objetivo de anular nuestra capacidad crítica. Pero además nos maltrata como víctimas del coronavirus y como víctimas de ETA. Porque a este Gobierno sólo le importan los muertos del franquismo.

Aquel gitano currista lo bordó: España venció al subdesarrollo y va a ser derrotada por el «progreso».

El coste de satisfacer su ambición va a ser muy alto. Ya ha salido caro que desoyera las alertas internacionales ante el Covid-19 solo para celebrar su manifestación del 8-M y no molestar a los nacionalistas con el estado de alarma. Ahora está en la penúltima fase de romper el espíritu de conciliación sobre el que se asienta la democracia liberal. Es cierto que el camino lo inició Zapatero con su Pacto del Tinell que dejaba fuera del sistema al Partido Popular, pero Sánchez ha dado una vuelta de tuerca que puede ser definitiva.

*** Jorge Vilches es profesor de Historia del Pensamiento y de los Movimientos Sociales y Políticos en la Universidad Complutense.

Iglesias asume el mando y F.Simón comete una felonía política.
“La confianza de los inocentes es la más útil herramienta del mentiroso” Stephen King
Miguel Massanet diariosigloxxi 23  Mayo 2020

Sí señores, como estaba anunciado y nada que no se pudiera esperar, conociendo al señor Pablo Iglesias y su forma de actuar, y teniendo en cuenta que el señor presidente, Pedro Sánchez, siempre actúa, no por una reflexión meditada o por los intereses de España y de los españoles, sino que improvisando, intuyendo, reaccionando primariamente ante un obstáculo que surja y, en la mayoría de ocasiones, guiado por su instinto de supervivencia, que es el que le ha guiado a través de toda su carrera política.

Ya se veía venir desde hace tiempo y quedó confirmado, cuando en las elecciones del pasado mes de noviembre de 1959l, apenas conocidos los resultados de las votaciones de unos comicios que dejaron un panorama político, basado en la atomización del voto de los ciudadanos, que comprometía el conseguir una mayoría suficiente para poder formar gobierno y, ante semejante panorama, el señor Pedro Sánchez no dudo un instante en echarse en los brazos del líder de Podemos, señor Pablo Iglesias, un político que, pese a los resultados adversos obtenido por la formación que él lidera, encontró el bálsamo curativo de sus males cuando, inesperadamente, se vio ensalzado a las más altas instancias al recibir el “placer”, para formar parte del gobierno de Pedro Sánchez quien, apenas unos días antes, declaraba que nunca llegaría a formar tándem con Iglesias, al que consideraba como un peligro para sus descansos nocturnos. Evidentemente que Sánchez ni siquiera tuvo que pagar las treinta monedas para vender España al comunismo, como recibió Judas Iscariote para vender a Cristo, porque la persona a la que escogió para conseguir el poder, estaba tan ansiosa de formar parte del Gobierno que, poco le faltó para arrodillarse ante su “benefactor” para besarle los pies, por haberle salvado de la repulsa que, seguramente, hubiera recibido de sus propios compadres comunistas bolivarianos por el fracaso electoral.

Pero ya se sabe que no hay nada peor que darle mando a un ambicioso sin escrúpulos y convencido de que nació para salvar al mundo de las “garra” del capitalismo que, cuando lo juzga un comunista, es lo peor que le puede suceder a un país. Claro que las mayores miserias, situaciones de pobreza, inanición, opresión sobre los ciudadanos y privación de sus derechos, históricamente siempre se han dado en aquellas naciones sobre las cuales se ha instalado el yugo del comunismo estalinista y no, precisamente, han sido consecuencia de aquellas naciones en las que se ha dado, libertad a sus ciudadanos para trabajar, comerciar, ejercer libremente su albedrío, tener un gobierno democrático y, por encima de todo, sometido a la voluntad de los ciudadanos y no viceversa. Seguramente, y esto sucede frecuentemente a los ilusos que se creen superdotados, que desprecian la inteligencia de los demás o que valoran tanto su inteligencia, que son incapaces de pensar que alguien pueda igualarlos o superarlos.

Y aquí tenemos el caso del señor Sánchez, el presidente del gobierno de la nación española, un personaje de poca entidad personal, de una gran egolatría, especialmente dotado para mentir, rectificar, engañar, manipular y actuar con una gran malicia cuando se trata de perjudicar a sus adversarios políticos, a los que él, en su fuero interno, tiene como enemigos a los que hay que eliminar, utilizando los medios que fueren, sean legales, ilegales, éticos o deshonestos pues, para este personaje que nos gobierna, el fin justifica los medios si es que, con ellos, se obtienen los resultados apetecidos. Claro que, cuando no se reconocen las limitaciones y se sobrevaloran los méritos, suele suceder que, en muchas ocasiones, al creerse que se domina la situación y que se disponen de los medios para controlar a aquellas personas que, potencialmente, están en condiciones de sobrepasarse en las atribuciones que se les han concedido; puede suceder que, como dice Platón: “El que no desee ser engañado, procure no engañar” , pretendiendo tener el control de la situación resulte que, el que lo tenga de verdad sea aquel a quien se crea dirigir. Bien, pues este señor Iglesias, vicepresidente segundo del gobierno, no se ha cortado en absoluto afirmando que la firma del documento por los tres partidos que lo han hecho, garantizaba que la reforma laboral que llevó a cabo el PP, vaya a ser derogada “en su totalidad” y así, con toda la cara y sin que tenga la decencia de haber consultado a los agentes sociales que debieran conocerlo de antemano, se han encontrado ante el anuncio de un hecho consumado. Una muestra de lo que nos espera en manos de este nuevo Frente Popular, que parece que el señor Iglesias ya da por instaurado.

Y hoy precisamente, hemos tenido noticia de que el PSOE, Podemos y Bildu han firmado un documento, prescindiendo del resto de partidos, en el que se comprometen a abolir íntegramente la reforma laboral de Rajoy que, como de todos es sabido, se llevó a cabo, a instancias de la UE, como condición para poder conceder a las Cajas en dificultades cuarenta mil millones de euros para evitar el desmoronamiento del sistema financiero español. Aparte de que esta reforma ha sido la base de la recuperación de la nación, de la disminución durante los últimos años (no los dos en los que el PSOE ha estado gobernando) de una parte importante del desempleo y del resurgimiento de muchas empresas que pudieron adecuar sus plantillas a sus necesidades, lo que les ha permitido resurgir y ser competitivas en la actualidad. Y, cuando hablamos de actualidad, no nos referimos, por supuesto, a lo que el señor Sánchez, califica como “nueva actualidad” que, lejos de lo que él quiere dar a entender como una nueva situación económica, social y financiera mejor, más justa, más favorable a la economía de los españoles y beneficiosa para toda España; lo que los expertos de todo el mundo pronostican y, especialmente, para el caso de nuestra nación, es que nos esperan años de grandes problemas, de apretarse los cinturones, de numerosos percances en el sector industrial ( se habla de la posibilidad de que más de 300.000 empresas se vean obligadas a abandonar su actividad) y de un retroceso doloroso en el nivel de vida de los españoles.

Por lo visto se trata de darles más protagonismo a los sindicatos (aquellos que fueron precisamente los que llevaron a muchas empresas a tener que cerrar); a volver a darles preferencia a los convenios sectoriales o nacionales por encima de los de empresa ( algo que puede llegar a provocar que muchas pequeñas empresas no puedan seguir el ritmo de las grandes multinacionales, al no disponer de los medios ni la potencia económica que les permite a éstas pagar salarios más elevados y disponer de ayudas sociales para sus trabajadores, que están lejos de poder ser asumidas por las industrias o comercios más pequeños y con menos personal. Pero, seguramente, lo que más va a perjudicar a los empresarios será que, las facilidades para adaptar las plantillas a la situación económica de las empresas, para evitar el tener que cerrarlas, van a desaparecer para regresar a una situación anterior en la que las dificultades legales para poder regular la plantilla obligaban a muchas empresas a tener que dejar la actividad.

Pero tenemos que comentar un hecho que, si no fuera porque ya estamos curados de espantos y nos hemos acostumbrado a que, cada día, pase algo nuevo de que admirarnos, algo incomprensible que suceda en una nación civilizada, como es la nuestra, y en esta ocasión a cargo de un señor que, por lo visto, nos ha estado tomando el pelo a todos los españoles, presentándose como un científico encargado de trasmitir al pueblo las noticias del coronavirus, las precauciones que eran necesarias aplicar, las incidencias relativas a la propagación del virus y las muertes producidas por sus efectos. El señor Fernando Simón, máximo responsable del aspecto sanitario y supuestamente una autoridad en la materia, ha declarado públicamente que cuando, durante las primeras etapas del Covid 19 en España, se manifestaba como poco partidario de que el pueblo llevase mascarillas protectoras para evitar el contagio, no es que fuera cierto sino que, como ha reconocido, lo que sucedía era que en España no había suficientes mascarillas para que toda la ciudadanía pudiera protegerse contra el virus mediante su uso. ¿Qué dirían de ello Hipócrates y los demás grande científicos y médicos que le sucedieron? ¿Es posible que un representante del Gobierno pueda cometer un engaño semejante, cuando el Estado se muestra incapaz de enfrentarse a una pandemia mortal por carecer de los medios más elementales para proteger a sus ciudadanos?

¿Cómo es posible que este Gobierno pida lealtad a los ciudadanos, a los partidos políticos y a la nación entera, cuando ha basado toda su estrategia contra el coronavirus en una gran falsedad, una felonía inadmisible que debiera de comportar la dimisión inmediata del señor Simón, del ministro de Sanidad, señor Illa y de todos aquellos que han sido cómplices de este engaño colectivo, perpetrado en perjuicio de la ciudadanía?

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, no podemos evitar que, a medida que trascurren los meses, que estos señores que nos gobiernan van perdiendo el miedo a la reacción ciudadana y que la parte más extrema de la izquierda, representada por el señor Iglesias y todos aquellos que le apoyan, parece que cada día va adquiriendo más protagonismo y que su influencia en el Gobierno se hace más evidente, mientras que los ministros que parecen más sensatos, menos extremistas y más razonables da la sensación de que van perdiendo la batalla para evitar que, finalmente, se imponga un nuevo Frente Popular que, como todos sabemos, fue el que tomó el mando de la nación una vez que los resultados de las elecciones de febrero de 1936 culminaron con el caos ciudadano que llevó a la sublevación del día 18 de julio. No sabemos si la paciencia de aquellos españoles, que no comparten las ideas bolcheviques de Podemos, estarán dispuestos a seguir aguantando pacíficamente y sin protestar, que lo que resta de la España tradicional, democrática y, por supuesto, amiga del orden y la paz, acabe en manos de los representantes en España del señor Maduro de la república venezolana. Y es que aquí, por lo que se ve, ya no quedará más que el “argumentum baculium”. Por desgracia parece ser el único medio de que, esta gentuza, entre en razón.


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