AGLI Recortes de Prensa   Lunes 25  Mayo  2020

La izquierda, la Nación y su bandera
EDITORIAL Libertad Digital 25  Mayo 2020

Para hacerla verdaderamente suya, la izquierda primero tiene que reconciliarse con la propia idea de España, que tanto parece repugnarle.

La izquierda política y su brazo mediático han tocado a rebato por el éxito de las movilizaciones convocadas por Vox este sábado, bastante peculiares por la necesidad de cumplir con los mandatos del estado de alarma. Decenas de miles de personas tomaron con sus vehículos arterias destacadas de numerosas ciudades en protesta por la calamitosa gestión que de la crisis del coronavirus viene haciendo el Gobierno social-comunista, que ha terminado de hundirse en la miseria moral con sus pactos con los albaceas de la organización terrorista ETA.

Sin vergüenza ni sentido del ridículo, la izquierda político-mediática ha acusado a Vox y a las decenas de miles de personas que se movilizaron el sábado de apropiarse de la bandera de España y de convertirla en un símbolo sectario.

No. Vox no se está apropiando de la bandera de todos... a la que no dejan de ningunear o despreciar los de siempre, los que ahora ponen el grito en el cielo. Vox no impide a nadie utilizarla, hacerla suya. Vox no tiene la culpa de que jamás la utilicen los que se envuelven en las banderas de las distintas autonomías, o en las de los regímenes criminales que devastan Cuba y Venezuela; ni de que incluso pretendan deslegitimarla comparándola desfavorablemente con la de la II República. Vox, en definitiva, no tiene la culpa de que el vicepresidente del Gobierno, Pablo Iglesias, que ha llegado a exhibir en público la bandera de la URSS, jamás haya mostrado vinculación emocional con la bandera nacional, por no hablar del Himno, al que llegó a tachar de "cutre pachanga fachosa".

La izquierda hipócrita hasta la indecencia tiene muy fácil evitar que Vox se apropie de la bandera de todos. Sólo tiene que hacerla suya. Pero no como el farsante de Pedro Sánchez, que sólo se acuerda de ella y hasta de la palabra España cuando se lo advierte, por puro electoralismo, su semejante Iván Redondo. Ese abominable oportunismo es el que revuelve a tantos españoles de bien, que luego ven al patriota Sánchez perpetrar una moción de censura y mantenerse en el poder de la mano de enemigos declarados de España como los nacionalistas catalanes golpistas y los albaceas de la organización terrorista ETA.

Para hacerla verdaderamente suya, la izquierda primero tiene que reconciliarse con la propia idea de España, que tanto parece repugnarle. Y gobernar pensando en lo mejor para la Nación, que desde luego no pasa por rendirla ante quienes pretenden dinamitarla.

No hay argumento que valga
Jesús Laínz Libertad Digital 25  Mayo 2020

Hoy le propongo un experimento científico, malicioso lector.

Escoja a un izquierdista amigo suyo, el que más razonable le parezca, e infórmele de que ha estado usted en las manifestaciones de estos días contra el Gobierno. Le dirá, torciendo el morro, que la catástrofe sanitaria no ha sido culpa suya, sino de las comunidades autónomas gobernadas por la derecha.

Suponiendo –lo que es mucho suponer– que su amigo le permita comenzar a explicarle su error, no le dejará terminar sus frases y redondeará su argumentación con la muletilla, tan contagiosa como el maldito virus, de que la culpa es de la derecha por sus recortes.

Tendrá usted bastantes dificultades en hacerle escuchar los numerosos datos con los que podría demostrarle que los recortes, tanto en sanidad como en tantas otras materias, los han realizado por igual los Gobiernos de derechas y los de izquierdas, tanto nacionales como regionales. Además, dispone usted de un argumento mucho más contundente todavía: ¿con cuántos cientos de hospitales nuevos, con cuántos miles de profesionales, con cuántas decenas de miles de habitaciones individuales, con cuántos cientos de miles de aparatos y recursos de todo tipo podría contar hoy la sanidad española –ésa que se ha demostrado que, por falta de medios, no está entre las mejores del mundo– si durante los últimos cuarenta años no se hubiesen tirado cientos de miles de millones de euros por la cloaca del Estado de las Autonomías en forma de diecisiete parlamentitos, diecisiete gobiernitos, miles de cargos políticos, asesores, enchufados, chupópteros, inmersiones lingüísticas, bobadas identitarias, embajaditas y cien mil chiringuitos inútiles? Y, sin embargo, de la izquierda –al igual que de la derecha, por supuesto, puesto que ambas han vivido a cuerpo de rey a costa del bolsillo de todos los españoles– jamás ha salido una sola sílaba de crítica al ruinoso Estado de las Autonomías. ¡Cuántos parásitos se quedarían en paro si dejara de existir! Pero, eso sí, ahora se les llena la boca con los recortes.

Antes de terminar la conversación con su amigo izquierdista, coméntele cuánta gente de toda condición ha participado con usted en las protestas. Su amigo izquierdista le responderá que eso no es cierto, que sólo han ido los pijos del barrio de Salamanca, puesto que, como todo el mundo sabe, a la derecha la votan los banqueros, los marqueses, los obispos y los almirantes y a la izquierda el honrado pueblo trabajador. Y si usted le demuestra, en el improbable supuesto de que consiga hacerse oír, que hay millones de trabajadores y parados que votan a la derecha y millones de rentistas, aristócratas de viejo y nuevo cuño, profesionales, artistas y otras gentes acomodadas que votan a la izquierda, cambiará instantáneamente su respuesta y le dirá que eso es porque a la derecha la votan los ignorantes y a la izquierda la gente inteligente y formada.

No pierda su tiempo y su saliva, razonable lector. No hay nada que hacer. No hay argumento ni dato que valga. La izquierda es una secta fanática, irracional y destructiva.

España en quiebra, las quiebras del Estado y… «la paga de mañana»
Antonio García Fuentes Periodista Digital 25  Mayo 2020

Las quiebras en España, vienen de lejos; y siempre, por el mal gobierno del momento, los derroches y guerras absurdas, temerarias, terribles, e incluso destructoras del propio pueblo español. Pero el irresponsable del momento, llegaba a tales extremos, por cuanto él no pagaría nada, el que paga siempre es el pueblo, y al que de verdad carga para un largo futuro la quiebra, es a ese pueblo, el que sufrirá bajo el peso de la misma, todo tipo de calamidades, la mayoría de ellas, evitables, si de verdad se hubiese administrado bien y para sostener a ese pueblo que con su trabajo, es el creador de toda riqueza. El resto siempre fueron parásitos a mantener a la fuerza.

Que España está hoy en quiebra, no hay nada más que leer las noticias económicas referente a ello y en los tres meses últimos, azotados por el maldito “virus chino”; al que quieren cargar con todo el peso económico actual; y no, la quiebra viene de antes, si bien hoy “los inútiles que gobiernan”, le dan “la puntilla y aún siguen”.

Veamos “algunas quiebras anteriores” y las que entenderemos bien, si analizamos los motivos que a ellas llegaron, e incluso la sangre, sudor y lágrimas, que el inocente pueblo tuvo que pagar, antes, durante y después de las mismas, o sea, más o menos como hoy”.

“La primera vez, paradójicamente, se produjo en un periodo de plena expansión, durante el Siglo de Oro. Felipe II recibió en 1556 de su padre, el emperador Carlos V, un imperio donde no se ponía el sol, con una floreciente Castilla y con las grandes reservas de metales preciosos procedentes del Nuevo Mundo. A pesar de este reluciente patrimonio, la herencia venía envenenada por una deuda de 20 millones de ducados que don Carlos contrajo principalmente al adquirir el título de emperador. Solo un año después de su llegada al trono, Felipe II se vio obligado a proclamar la primera bancarrota de las arcas españolas, un hecho que se repitió en dos ocasiones durante su reinado (en 1575 y 1596, concretamente). Las guerras y los gastos (también los malgastos) que conlleva un inmenso imperio llevaron a Castilla a soportar grandes cargas impositivas, amén de una alta inflación y de una grave crisis.

Al final de su reinado, en 1598, mientras la inflación hundía en la miseria a Castilla, su sucesor, Felipe III, heredaba tres frentes abiertos y una deuda que quintuplicaba la inicial. En 1607, España volvía a proclamar la bancarrota, el mismo año en que se hundía la familia Fugger, los prestamistas que habían ayudado a Carlos V a alcanzar el título de emperador, quizás por su exceso de confianza en la deuda española. A lo largo del XVII, las arcas españolas se declararon en bancarrota otras dos veces. Con la llegada de los Borbones, a principios del siglo XVIII, las finanzas nacionales emprendieron un proceso de modernización, lo que no impidió nuevos problemas en las décadas venideras”.

“El terrible siglo XIX: La guerra con la Francia revolucionaria acarreó nuevas deudas para una decadente España, que comenzó de una manera un tanto precaria un desastroso siglo en el que la bancarrota sería una constante en la vida del país, siendo declarada hasta en seis ocasiones. Guerras, pronunciamientos, pérdida de las colonias y un constante retraso en la Revolución Industrial llevaron a la economía del país a un estado ruinoso, que agravó la fiebre del ferrocarril”.

A finales del siglo 19 y principios del veinte, es Vicente Blasco Ibáñez es el que afirma, en algunas de sus obras; que “los ingresos que tiene España, los consumen en gran parte de los mismos, el rey y sus “casas”, la Iglesia Católica y el Ejército. ¿El pueblo? Pues imagine el lector… “una inmensidad de mendigos pidiendo para comer”. Lo que luego va a llevar a la terrible “guerra civil” de 1936-1939; aunque la verdad es que España, lleva ya un siglo de “guerras civiles”.

“Salvados de la bancarrota: Aun siendo menos ajetreado que el anterior, en el siglo XX, España tampoco vivió tranquila. La corona española sufrió el dolor de la pérdida de Cuba, Filipinas, Puerto Rico y otras islas del Pacífico; en el ocaso del siglo XIX. Asimismo, diversos conflictos en el exterior y, sobre todo, la terrible Guerra Civil, agotaron también los recursos del país. Sin embargo, a pesar de estos contratiempos y con el fantasma de la deuda extendiendo el terror, España no se declaró en bancarrota.

Sí es cierto que al terminar la Guerra Civil, Franco sólo reconoció las deudas contraídas por el bando Nacional, por lo que dejó sin sufragar las reclamaciones de los países que ayudaron económicamente a la República. Llegaron entonces los tiempos de la autarquía y del “gasógeno”. Con el país agotado y con los posibles aliados del régimen derrotados en la Segunda Guerra Mundial, España se vio sumida en una terrible penuria que la situó, una vez más, en la cuerda floja. El pacto con los norteamericanos por la cesión de bases, etc. vendría a abrir nuevas puertas. En 1957, con el modelo totalmente agotado y con la bancarrota acechando, Franco dio un giro a su Gobierno, incluyendo a los tecnócratas del Opus Dei, que sembraron las bases del crecimiento español de los años 60…. “Y en esos tres o cuatro quinquenios y sobre la base de un pueblo trabajando duro dentro y fuera de España, y “aguantando lo que sólo sabemos los que lo tuvimos que aguantar”.

Y ayudados por el Turismo, se llega a la muy rica España que existe cuando muere Franco. ¿Después? Pues los desastres de siempre y a la quiebra actual”… “Y como siempre nadie es responsable de lo que ocurre en España”¿Qué ha pasado de nuevo aquí? ¡Que lo escriban los historiadores para nuestros descendientes, lo que a nosotros, nos va a importar, no dos, sino tres “cojoness”. ¡¡Qué razón tenía el Cancíller de Hierro cuando sentenció lo que ocurría en España!! Y lo que no repito hoy (ver mis artículos publicados, en mi Web) Aunque aquí, “nunca nada sirve para nada; España sigue maldita” y como siempre, expoliada por bandidos y ladrones e infinidad de sanguijuelas insaciables, por lo que superan a éstas, las que una vez saciadas, “dejan de chupar sangre”.

En el consejo de ministros de mañana, dicen que van a aprobar una paga mínima, pero ya España no tiene dinero para ello, por tanto… INGRESO MÍNIMO: Eso es algo así como, “Tomad hijos míos un poco de pan y algo para acompañarlo”; y no penséis que os hemos arruinado adrede, para luego daros la limosna para que nos lo agradezcáis. Pero sabed que aún esa limosna la vais a pagar vosotros, a través de la inmensa deuda pública que os dejamos no solo a vosotros, sino también a varias generaciones de vuestros descendientes. Amén.

Antonio García Fuentes
(Escritor y filósofo)
www.jaen-ciudad.es (aquí mucho más) y
http://www.bubok.es/autores/GarciaFuentes

La España loca
Pedro de Tena Libertad Digital 25  Mayo 2020

Unamuno hablaba de la España loca, loca de dolor, loca de vergüenza, loca de desesperanza e incluso loca de remordimiento. Sí, la España constitucional y convivencial derivada de una dictadura histórica ha degenerado de una manera tan evidente que hoy apenas es posible en las familias, en los grupos de amigos o colegas, en los trabajos o en los bares hablar de política sin desembocar en enfrentamientos bien serios. Parecía que la experiencia histórica iba a hacer surgir lo que se ha llamado la tercera España, democrática, abierta y respetuosa, pero al final lo que está emergiendo es una caricatura de las dos Españas que se enfrentaron a muerte en la peor guerra jamás conocida por esta nación.

Todavía hay quien cree que esta tercera España es posible. Hasta antes de la pandemia del coronavirus y su gestión sectaria y partidista por parte de un Gobierno sin escrúpulos, yo mismo sentía esa inclinación bienintencionada. Ya no me queda duda alguna de que, como ya ha subrayado Jaime Mayor Oreja, el nuevo Frente Popular es un proyecto decidido que se encamina a la elaboración de una nueva Constitución que pretenderá que media España o más muera a manos de la otra media o menos.

Eso de que va a ser posible recuperar la reconciliación, el diálogo y el respeto mutuo de todos los españoles no es más que una fantasía. Si cuando uno no quiere dos no discuten, cuando uno sí quiere la bronca es inevitable. A lo largo de todos estos años que sucedieron a la Constitución de 1978, se han perpetrado ataques continuos a los principios y valores democráticos por parte, sobre todo, de los partidos políticos y sus apéndices sociales. En realidad, los partidos se han hecho con todo el espacio político y los dineros públicos. No hay vida política posible al margen de unos partidos cuyos fines han sido, sobre todo en el caso de la izquierda, aunque no exclusivamente, apoderarse de los resortes del Estado de Derecho, sembrarlo de peones y durmientes e ir imponiendo paulatinamente el nuevo proyecto izquierdista.

Algunos creen que esta estrategia de demolición de la Transición ha empezado en 2004, con la infame manipulación del mayor atentado terrorista de Europa en el Madrid del 11-M y el triunfo del nuevo PSOE de Rodríguez Zapatero. No. En realidad, el proyecto democrático de 1978 fue dinamitado suavemente desde el principio por los partidos separatistas y por los dos partidos de la izquierda española, sobre todo desde el PSOE. Los partidos de centro-derecha han procurado a veces hacer lo mismo en las zonas que han gobernado, ignorando que su fuerza es la sociedad civil libre y la cultura de la ética y de la libertad. Han sido incapaces de contener la estrategia de penetración del Estado y la sociedad elaborada, ya abiertamente y claramente, desde la nueva izquierda social-comunista que nos gobierna con el apoyo coyuntural de los separatismos que saben que sus oportunidades dependen de tal gobierno y su futuro proyecto constitucional.

Los andaluces saben bien en qué consiste tal proyecto porque sufrieron casi 37 años de ocupación ideológica y política de las instituciones básicas de la convivencia, desde las escuelas a las universidades, desde la sanidad a las asociaciones, desde los sindicatos a las patronales, desde las cajas de ahorros a la administración pública y a los medios de comunicación… Es tal modelo el que permitirá la hegemonía total de una izquierda sectaria simulando una democracia en el que el papel de la oposición consentida y limitada sea meramente de exhibición publicitaria. Las dictaduras ya no molan, como dice el tiranuelo de Galapagar, así que el modelo del socialismo andaluz, que es primo hermano del bolivariano o el mexicano del PRI, es el que conviene.

Esto es lo que está en marcha desde 1982, y donde se ha podido se ha consumado. Y los compañeros de este viaje, los separatismos conservadores, sufrirán un destino que ya se verá. ¿Para qué servirán si dejan de ser útiles en este diseño operativo? Lamentablemente, cuando el centro-derecha ha gobernado, no ha dañado los ejes de esta carreta o incluso los ha engrasado.

Pero ya no hay salida. Con el coronavirus se ha hecho evidente para casi todos que aquí hay una estrategia general de ocupación del Estado y las instituciones para dar a luz una nueva Constitución, que garantice no ya la convivencia democrática en un marco de libertades propio de un Estado de derecho único y unido, sino la supremacía definitiva de los partidos de izquierda.

Eso de convivir, proponer, dialogar, razonar, someterse a falsación las ideas, el bien común, la verdad como exigencia, educar en respeto y libertad, la separación de poderes y demás valores y modos democráticos… es el pasado, a menos que la España que no quiere ese futuro, hoy loca, partida, desnortada e inútil, converja en otro frente.

Sí, necesitamos un frente democrático y nacional capaz de recuperar a los ciudadanos para otro proyecto constitucional que continúe y asegure el proyecto reconciliador de 1978, que ha terminado siendo víctima de un desarrollo malsano. No hay más camino y no hay terceras vías. Para ello necesitamos al Rey, a otro Adolfo Suárez y a esta España loca que tiene que dejar de estarlo. No será sencillo, pero como le dice el perro al hueso, "tú eres duro, pero yo no tengo otra cosa que hacer".

Proceso penal y cambio de Gobierno
Adrián Dupuy Libertad Digital 25  Mayo 2020

Con todo esto, hemos conocido la admirable capacidad y entrega de los médicos y sanitarios, de las Fuerzas Armadas y de seguridad del Estado, de los religiosos, todos capaces de trabajar sin descanso, aun a costa de su propia salud, en favor del bien común. También hemos comprobado la absoluta falta de capacidad de gestión de un Gobierno de ineptos arrogantes, que a todo está llegando tarde y mal. Y así luce España en el mundo, ninguneada políticamente, engañada en los mercados, y con la mayor tasa de muertes y la mayor tasa de sanitarios infectados. Y eso sólo con los datos oficiales.

El Centro Europeo para el Control y Prevención de Enfermedades envió el 2 de marzo un informe a todos los Estados miembros de la Unión Europea (UE) titulado Evaluación rápida del riesgo: brote de la nueva enfermedad por coronavirus 2019 (covid-19): mayor transmisión a nivel mundial. Quinta actualización. El informe pedía a todos los Gobiernos de la UE que dictaran "medidas de distanciamiento social individual" y les instaba a "considerar la cancelación de las concentraciones masivas en casos excepcionales" donde hubiera existido algún contagio local de coronavirus. El informe también pedía a los Gobiernos que recomendaran a sus ciudadanos "evitar acudir a actos multitudinarios", como medida preventiva.

Está reconocido que la decisión de autorizar las manifestaciones del 8-M fue del Consejo de Ministros, al que, en su reunión de 3 de marzo de 2020, se sometió un Informe actualizado sobre la situación de la epidemia por el nuevo coronavirus (Wuhan, China), actuaciones y protocolos de salud pública a nivel nacional. Vayan, por favor, a la web del Gobierno.

No sé por qué ese informe del Ministerio de Sanidad todavía no se ha hecho público, y por qué no lo han pedido los partidos políticos o el propio Tribunal Supremo... Si, a 3 de marzo, ese informe no hacía caso a los expertos europeos y no recomendaba evitar las manifestaciones multitudinarias… sería un despropósito y una temeridad. Pero si esas "actuaciones o protocolos de salud pública" del Ministerio de Sanidad sí recomendaban el distanciamiento social y, en contra de esa recomendación, el Gobierno autorizó las manifestaciones, el escándalo sería mayúsculo y la responsabilidad penal, inevitable.

Es sabido que la Administración sanitaria tiene, frente a los ciudadanos, la "posición de garante" de la prevención de las enfermedades, porque así lo establece la Ley (art 6.1.3 LGS). Además, el artículo 11 del Código Penal –pido disculpas por citarlo casi literal, pero es literosuficiente– castiga la comisión por omisión cuando se produce un resultado que no se ha evitado al infringirse un especial deber jurídico del autor (una posición de garante), o crearse una ocasión de riesgo con una acción u omisión precedente. En tal caso, el resultado se imputa al autor, incluso por omisión imprudente.

Aunque nos hemos autoconvencido de que ahora no era momento de hablar de ello, muchos manifestantes del 8-M han muerto por el contagio padecido durante unas manifestaciones autorizadas por el Gobierno que Europa estaba recomendando que no se celebraran para evitar la propagación de la enfermedad. (Lo de "millones de vidas rotas" que utilizó en el Congreso la diputada Álvarez de Toledo es un educado eufemismo. Es más preciso "miles de muertes"). Fiscalía debería denunciar y el Tribunal Supremo, a quien corresponde la competencia por su condición de aforados, debería admitir a trámite las denuncias que se han interpuesto, y pedir que se investigue qué decía ese informe, qué se conocía entonces del coronavirus y quién impuso la decisión de autorizar las manifestaciones. Se acaba de presentar una querella contra el Gobierno en nombre de 3.000 fallecidos. El Tribunal Supremo será celoso de no caer en "sesgo de retrospectiva", como pedía Sánchez, pero también espero que sea celoso de instruirse adecuadamente y aplicar la ley y su propia jurisprudencia.

En la STS 7857/2011 (ponente Granados) se analizó "la intervención del Derecho penal frente a la transmisión o contagio de las enfermedades infecciosas en general y de las de transmisión sexual en particular". Aquel caso se refería a un delito de lesiones por contagio de sida, pero lo que allí se concluyó para revocar la absolución e imponer una condena penal resulta perfectamente aplicable a este caso de contagio de coronavirus por imprudencia.

Como fundamento de la condena, en esa sentencia se concluyó que, aunque fuera cierto que el delito específico de propagación maliciosa de enfermedades del art. 348 bis había sido suprimido y derogado por la reforma del Código Penal de 1995, ello no podía ser determinante de la absolución, porque el tipo básico del delito de lesiones corporales admite cualquier medio o procedimiento de causar una lesión que menoscabe la integridad corporal o la salud física o mental de una persona, por lo que también se integra en la conducta típica el contagio o transmisión de una enfermedad a otra persona, sea cual fuere su naturaleza, redacción que se mantiene en los vigentes artículos 147 y 149 del Código Penal, lo que permite incluir los contagios dolosos o imprudentes del sida como constitutivos de lesiones dolosas graves en el artículo 149, y si son imprudentes en el artículo 152, ambos del Código Penal.

Y esto que vale para el delito de lesiones, con más razón vale para el delito de homicidio imprudente causado por contagio conforme al artículo 142 CP.

Es evidente la gravedad de la situación (y las disputas con un Podemos desaforado) y la necesidad de un Gobierno de concentración. Y tengo una ensoñación quizá fruto del confinamiento, pero no me resisto a exponerla. El Tribunal Supremo admite a trámite la querella contra Sánchez y sus ministros en un procedimiento por una imprudencia que ha provocado cientos de muertos, al permitir las manifestaciones del 8-M en contra de las recomendaciones e informes previamente recibidos de Europa y del propio Ministerio de Sanidad. Todos los investigados dimiten. El PSOE forma Gobierno con sus más sensatos (que los tiene, aunque muy callados) y pacta con el PP un Gobierno de concentración que afronte con sensatez el sacarnos de la inevitable crisis económica y financiera a la que estamos abocados. Nos libramos de Sánchez, Iglesias, Montero, Montero, Calvo, Ávalos, Marlaska y el resto de incompetentes... Estoy soñando…. Pero así debería ser.

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Illa miente en su prevención del Covid-19
Editorial larazon 25  Mayo 2020

A lo largo de la crisis sanitaria provocada por el coronavirus, la estrategia de Pedro Sánchez se ha basado en que la pandemia ha sobrepasado a todo el mundo, que nadie podía prever sus letal capacidad de contagio y, por lo tanto, de mortandad. Es decir, que el Gobierno no es responsable de nada de lo que está sucediendo, ni del diagnóstico epidemiológico, ni del fiasco continuado en adquisición de material sanitario, ni, por supuesto, del número de muertos. Sin embargo, Sánchez ha sido incapaz de explicar por qué España es el segundo país –después de Bélgica– en número de muertos por habitantes, si es cierto que el Covid-19 ha golpeado a todos por igual. En las comparecencias televisivas del presidente del Gobierno y de sus ministros se ha ocultado que los casi 28.000 muertos se produjeron una vez comprendieron que la epidemia se había desatado sin control, perdiendo un tiempo crucial: basta recordar que el estado de Alarma se decretó cuando se habían producido 7.340 fallecidos (Alemania tiene ahora 8.366). Pero por más estrategia de comunicación que diseñen los especialistas, siempre basada en imponer un «relato» –sea verdad o mentira–, los hechos se imponen con su tozuda contundencia.

No es cierto que el Gobierno fuese asaltado por una epidemia sin tener conocimiento de ella, porque encima de la mesa del ministro de Sanidad, Salvador Illa, tenía un informe titulado «Procedimiento de actuación frente a casos de infección por el nuevo coronavirus (2019-nCoV)», al que no le dio mucha importancia. Illa tomó posesión del cargo el 13 de enero y once días más tarde el Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias (Ccaes), que dirige el doctor Fernando Simón, publicó dicho documento, en el que se alertaba de las medias que debían tomarse, en necesidades de material médico y de protección de personal sanitario: en la actualidad hay 51.090 contagiados en el sector. España es el país con más trabajadores de la Sanidad infectados –el 20% del total–, mientras que en Italia es el 10% y en EEUU el 3%. Estamos hablando de que el 24 de enero el ministro de Sanidad disponía de un informe redactado por el centro encargado de las alertas sanitarias, aunque se tardaron dos meses, hasta el 28 de marzo, para que el Gobierno decretara el confinamiento de la población y seis días más tarde el estado de Alarma. En estos dos meses, se hizo caso omiso a las recomendaciones del informe, se celebraron actos multitudinarios patrocinados por el Ejecutivo, como la manifestación del 8-M, y no se tomó ninguna media, excepto vagas recomendaciones y elucubraciones sobre si se trataba de una gripe estacionaria. Tal era la evidencia del informe firmado Simón, que el 30 de marzo fue borrado de la web del Ministerio de Sanidad. No se trata de un informe impreciso, sino con medidas concretas para paliar el avance del coronavirus: seguimiento de personas con síntomas de infecciones respiratorias o con una sintomatología concreta, mantener bajo control cualquier persona que hubiese viajado a Wuhan en los 14 días previos al inicio de los síntomas, incluso la notificación de manera urgente los casos investigados. Illa no supo valorar esta información porque él llegó al Ministerio de Sanidad como cuota de los socialistas catalanes para participar en la mesa de negociación con la Generalitat para dar una salida política al «conflicto».

Sánchez no tiene más objetivo que impedir que esta crisis manche su mandato en La Moncloa y esa ha sido su máxima preocupación en sus monocordes apariciones televisivas. Contrarrestar la mentira es difícil cuanto ésta actúa con normalidad y se administra con acendrado cinismo, pero en una democracia, si no queremos que también se pervierta, los responsables públicos deben dar cuenta de sus actos. Es, por lo tanto, el momento de que Salvador Illa comparezca en el Congreso y explique por qué no se tuvo en cuenta las recomendaciones de un informe de su propio Ministerio.

Los irresponsables efectos de derogar la reforma laboral
José María Rotellar Libertad Digital 25  Mayo 2020

El pacto con EH-Bildu para derogar íntegramente la reforma laboral fulminaría 1 millón de empleos en 5 años.

Sánchez lleva a España hacia el abismo sin importarle nada más que su intento de supervivencia política personal. Iván Redondo y él sólo entienden la ostentación del poder como elemento de marketing con el que captar votos y perpetuarse en el cargo. Para ello, lo mismo introducen a los comunistas en el Gobierno, cuando cinco minutos antes decían que les quitaba el sueño, por boca de Sánchez, que trazan un acuerdo con los que fueron el brazo político de la banda asesina ETA, que tanto daño ha hecho y que tantas vidas ha segado en España.

Además, para acrecentar el horror, lo que han pactado con los filoetarras y con el grupo parlamentario de los comunistas es derogar íntegramente la reforma laboral. El PSOE ha tenido que dar marcha atrás ante el plante de Calviño, que sabe lo catastrófico que sería para el mercado laboral español, especialmente con la gran recesión actual que padecemos, además de complicar la negociación con Bruselas para obtener fondos no reembolsables, pues la UE exige que se realicen más reformas y se cuadren las cuentas, no que se deroguen las buenas reformas existentes y que se incremente el gasto estructural.

Iglesias y Otegui han corrido a decir que el pacto está firmado y que, por tanto, ha de derogarse la reforma por completo. ¿Qué hará Sánchez? Cualquier cosa que crea que le beneficia, con lo que no debería extrañarnos que sacrificase a Calviño y terminase por aceptar el cumplimiento de ese pacto vergonzoso que firmaron los socialistas.

De ser así, el efecto sería contraproducente para la economía y el empleo, empezando por el hecho de que los ERTE pasarían a ser, posiblemente, ERES, y se levantarían barreras a la contratación que impedirían que las personas que han perdido su empleo puedan recobrarlo de manera rápida. Ahondaría en la catástrofe laboral que el cierre productivo y la mala gestión en la reapertura aplicadas por Sánchez está produciendo.

Contrarreforma laboral
De llevar a cabo la contrarreforma, aunque sólo lo hiciese parcialmente -que está por ver que no lo haga íntegramente, tal y como firmaron- lo hará tocando los puntos esenciales, como los siguientes:

Revertir la actual prevalencia del convenio de empresa sobre el convenio sectorial.
Legislar para instaurar de nuevo la duración ilimitada de los convenios colectivos (ultraactividad).
Obligación de que las empresas subcontratistas apliquen convenio de la empresa principal.
Obligación de registrar la jornada diaria de los trabajadores.
Se volverá a poner una carga administrativa muy fuerte a todas las empresas y se eliminará la flexibilidad que necesitan las pymes y autónomos en esta materia.
Brecha salarial y planes de igualdad, que no deberían regularse por RDL sin un acuerdo amplio previo en la mesa de dialogo social.

La contrarreforma provocaría los siguientes efectos:
Introduciría rigidez en la contratación.
Incrementaría costes en la contratación.
Disminuiría, con lo anterior, las oportunidades en el mercado de trabajo.

Esto, de suceder, tendrá un impacto negativo en la economía, debido a que esos mayores costes provocarían una disminución de la contratación, que, junto a un empeoramiento de las expectativas de los agentes económicos, debido a las políticas económicas equivocadas de Sánchez, y al efecto de otra de esas políticas, el salario mínimo, dibujarían un panorama laboral sombrío en caso de aplicarse esta contrarreforma, máxime en estos duros momentos por los que atraviesa la economía española.

Los beneficios de la reforma laboral
Sólo el efecto de la reforma de 2012, impulsó de manera directa entre 2012 y 2018 la creación de 800.000 empleos, como se puede comprobar en los cuadros siguientes del profesor Dr. Cortiñas, de la UNED (que recogen los datos reales del empleo en términos de Contabilidad Nacional, y la estimación del comportamiento que habría tenido el empleo de no haberse llevado a cabo la reforma de laboral de 2012), que con el efecto indirecto por mejora del entorno económico y expectativas se amplió hasta casi 3 millones de nuevos puestos de trabajo según el dato de afiliados a la Seguridad Social.

1 millón de empleos menos en 5 años
Ahora, de aprobarse la derogación, sucederá a la inversa. Cada año, así, dejarían de crearse más de 100.000 puestos de trabajo que sí podrían generarse de mantenerse la reforma laboral sin derogar, provocado por una pérdida anual de alrededor de 2 décimas de PIB y una merma adicional de un millón de puestos de trabajo en un período de cinco años, que incrementarían, así, el desempleo, ya abultado de por sí con la recesión actual.

Por tanto, si al final Sánchez cumple con el nocivo pacto firmado con Bildu, provocará que la economía caiga un punto más y que se pierdan un millón de puestos de trabajo adicionales en el próximo quinquenio. Es una medida sin sentido, salvo que lo que se pretendiese fuese empobrecer más a España.

Veredicto contra el Gobierno
Editorial ABC 25  Mayo 2020

Pedro Sánchez tenía razones para dedicar la conferencia con los presidentes autonómicos de ayer domingo a dar buenas noticias, aunque estuvieran trufadas de contradicción y voluntarismo. Sólo el 26 por ciento de los españoles respaldan ya su gestión de la pandemia, según los resultados de la encuesta de GAD3 que hoy publica ABC. Es el menor apoyo recibido desde la declaración del estado de alarma, muy por detrás del que reciben los empresarios, los medios de comunicación -aunque estos sufren también un fuerte retroceso- y los gobiernos autonómicos. Sánchez y su Gobierno son conscientes de que la opinión pública los está acorralando por la acumulación de errores, torpezas y negligencias en la acción de gobierno de estos meses. Lo que al principio del estado de alarma pudo disculparse en aras de una unidad social y política en torno a las autoridades, hoy es un estado de crítica que desborda al Ejecutivo. El episodio del pacto con Bildu es el retrato fiel de un Gobierno desesperado.

Sánchez quiso ayer recuperar el afecto social y comunicó a los presidentes autónomicos anuncios que demuestran que el presidente del Gobierno duda de la inteligencia de los españoles y deja sin efecto, cuantas veces sean necesarias, su propio discurso sobre el estado de alarma. Lo que el miércoles pasado era una nueva pórroga inaplazable en toda su extensión, ahora ha dejado de serlo, hasta el extremo de que, según Sánchez, habrá comunidades autónomas que dejarán pronto de estar en alarma «en los próximos días». No hubo referencia esta vez a la opinión «de los expertos», ni datos que respaldaran ese súbito optimismo. Lo importante para Sánchez era coger oxígeno ante una opinión pública que se va decantando por un veredicto de responsabilidad política contra el Gobierno del PSOE y Unidas Podemos. En tal tesitura, al presidente Sánchez no podía faltarle el fútbol, ni el turismo, zarandeado este último por la ineptitud del ministro de Consumo, Alberto Garzón, y por la absurda iniciativa de encerrar en cuarentena a los turistas que lleguen a España. No es extraño que la ministra francesa de Transición Ecológica, Élisabeth Borne, desaconsejara ayer a sus compatriotas venir a España de vacaciones. Se ha perdido la cuenta de los ministros torpes de este Gobierno que merecen ser cesados de forma inmediata.

Esta salida de Sánchez a la desesperada es también un intento para superar el fracaso de su ataque al PP para justificar el precio pagado a EH Bildu por la abstención de los proetarras. Decir que este pacto fue inevitable por el voto negativo de los populares a la prórroga de la alarma, cuando ya estaba asegurado el voto del PNV y Cs, es, además de una inmoralidad, una cobardía de Sánchez. No se extrañen en La Moncloa del rechazo que provocan.

Crisis del coronavirus
Sánchez gastó 17,8 millones en altos cargos y ‘dedazos’ en el peor mes de paro de la historia
Luz Sela okdiario 25  Mayo 2020

Las nóminas de los altos cargos y ‘dedazos’ del Gobierno socialcomunista de PSOE y Podemos supusieron para las arcas públicas un gasto de 17,8 millones en marzo, el peor mes de la historia del paro y cuando 302.265 personas perdieron su trabajo por la crisis pandémica del coronavirus.

Según el informe mensual de la Intervención General del Estado (IGAE), sólo en ese mes el Estado pagó 11.915.000 a los altos cargos del Ejecutivo (desde ministros a responsables de organismos públicos) y 5.946.000 al personal eventual.

El Gobierno de Pedro Sánchez es, con 22 carteras, uno de los más extensos de la democracia, sólo por detrás del de Adolfo Suárez en 1980. Además bate récords de vicepresidencias, con cuatro. Y ello conlleva todo un despliegue de altos cargos. Un ‘séquito’ en el que destacan los asesores de cada uno de los departamentos ministeriales.

Los socios de Gobierno ya evidenciaron que el estado de alarma no impide una reorganización ministerial aunque ello engorde aún más los puestos de la Administración.

El pasado 28 de abril, con el país sumido en la parálisis, el Consejo de Ministros aprobó varias modificaciones, disparando el número de cargos.

En concreto, se crearon hasta 11 nuevas direcciones generales, una dirección general y otra nueva división. Además, el Gobierno eximió del requisito de ser funcionario a un director general y al responsable de un organismo.

Enchufes
Esta última circunstancia no es menor. El Ejecutivo de Sánchez también lidera el dudoso podium de enchufes de altos cargos, al eximirles del requisito de ser funcionarios.

La Ley de Organización y Funcionamiento de la Administración General del Estado, de 1997 obliga a que los directores generales sean nombrados, a propuesta del titular del correspondiente departamento, «entre funcionarios de carrera del Estado, de las comunidades autónomas o de las entidades locales, a los que se exija para su ingreso el título de doctor, licenciado, ingeniero, arquitecto o equivalente». Únicamente se contemplan excepciones justificadas siempre por «las características específicas de las funciones» de la correspondiente dirección general. Es decir, casos puntuales y excepcionalmente motivados.

Sin embargo, el Gobierno de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias ha convertido esa excepción en norma para eximir del requisito de ser funcionario a una veintena de directores generales, colocando así a sus afines. Entre ellos, el presidente del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), José Félix Tezanos, o varios directores generales integrados en el Ministerio de derechos sociales de Pablo Iglesias.

Algunos de esos nombramientos fueron especialmente controvertidos, como el del responsable de Derechos de los Animales, departamento de nueva creación bajo las órdenes de Podemos y que gestiona Sergio Antonio García Torres, un activo animalista y portavoz de Podemos Animalista a nivel estatal, que criticó que el hombre se «el único mamífero que le roba la leche a otra especie».

También el Ministerio de Igualdad, en manos de Irene Montero, se saltó esa exigencia con el pretexto de fichar a «personas que aúnen suficiente experiencia en el sector privado y organizaciones representativas y de la sociedad civil», como fue el caso de la histórica dirigente del movimiento LGTBI, Boti García, nombrada directora general de Diversidad Sexual.

En la misma situación está la directora del Instituto de la Mujer, Beatriz Gimeno, activista LGTBI y diputada de Podemos en la Asamblea de Madrid, que, según publicó este periódico, animaba, en una entrada en su blog, a penetrar analmente a los hombres para alcanzar la igualdad.

Tampoco se consideró el requisito para nombrar a la directora del nstituto de la Juventud (INJUVE). La elegida fue María Teresa Pérez, periodista de 26 años que colaboró con los programas Fort Apache y Otra Vuelta de Tuerka, dirigidos y presentados por Pablo Iglesias y Juan Carlos Monedero.

En la última tanda de contrataciones, se ha eliminado el requisito para nombra al nuevo director general de Ordenación del Juego, ex coordinador general de Ezker Batua. Tampoco se exige para el responsable del Instituto para la Transición Justa.

Sánchez y el diablo
Al pacto con los bilduetarras habrá que contraponer una alianza del centro-derecha por la libertad y por España
Isabel San Sebastián ABC 25  Mayo 2020

En el caso de EH-Bildu, la expresión «pactar con el diablo» adquiere un sentido literal que corresponde exactamente a lo que ha hecho Pedro Sánchez. Pactar con el diablo entendido como sinónimo de abyección, de inmoralidad, de la más absoluta vileza. Pactar con los representantes y herederos de ETA. Pactar con quienes señalaron víctimas a los pistoleros, les brindan coartadas ideológicas y jamás han condenado sus crímenes o amenazas. Pactar con la peor escoria de nuestra fauna política. La formación conducida por el terrorista Arnaldo Otegui es legal, sí, pese a no reunir los requisitos indispensables en una democracia, porque ese blanqueamiento fue el precio que pagó Zapatero a cambio de que su brazo armado nos perdonara la vida. El Tribunal Supremo había acreditado sobradamente su vinculación con la banda asesina, pero el entonces líder socialista obtuvo otro veredicto del Constitucional a fin de consumar su infame «proceso». Un proceso fruto de la cobardía, unida a un revanchismo enfermizo, cuyas consecuencias empezamos a entrever en toda su crudeza.

El jefe del Gobierno ha pactado con el diablo encarnado políticamente en Bildu porque esa cópula encaja a la perfección en el esquema de su asociación con comunistas y separatistas. No tenía necesidad alguna de abrazarse a quienes tienen las manos manchadas de sangre. Mucho antes de firmar el documento de la vergüenza que acredita su traición, el PSOE contaba con el respaldo de Ciudadanos para sacar adelante la votación de un estado de alarma de dudosa necesidad en términos de salud pública y que el presidente ha utilizado para laminar las garantías que nos brinda el Estado de Derecho. La teoría del «mal menor» esgrimida como justificación de esa ignominia constituye por tanto un burdo engaño, no solo porque EH Bildu es en sí misma el mal, sino porque la prórroga anhelada por Sánchez para seguir ejerciendo de tirano estaba garantizada con el «sí» de los naranjas. La consigna lanzada en paralelo por la factoría Lastra, consistente en culpar al PP, resulta tan insultante para cualquier inteligencia que no merece ser comentada.

Sánchez avanza a paso firme en el proyecto de liquidación del régimen constitucional que conocemos y aprovecha esta terrible pandemia para embarcar en él con luz y taquígrafos a quien tuvo un papel protagonista en su gestación, aunque haya permanecido en la sombra por lo escandaloso de su presencia. Se nos intenta hacer creer que es cosa de Pablo Iglesias, que en realidad es el socio de Podemos quien alimenta la relación con la serpiente venenosa, cuando lo cierto es que el vínculo del socialismo con los bilduetarras viene de lejos. Tras las elecciones autonómicas se tradujo en la formación de un gobierno de perdedores en Navarra, abocada a su absorción por el País Vasco, y allí bien pudiera manifestarse en la expulsión del PNV del poder que ha ejercido en las últimas décadas y su sustitución por una coalición semejante. De momento, independentistas de derechas e izquierdas se disputan ante sus respectivos electorados el título de chantajista mayor del jefe del Ejecutivo español, quien paga su supervivencia con nuestro dinero y soberanía. Solo hay un modo de frenar esta deriva, y es echándolo de La Moncloa. Es posible que nos ayude la Unión Europea imponiendo al inevitable rescate económico unas condiciones que rompan el tándem Sánchez-Iglesias y obliguen a convocar elecciones. Si es así, al pacto con el diablo habrá que contraponer una alianza del centro-derecha por la libertad y por España, salvando las diferencias que sea preciso salvar. Tal vez sea ésa nuestra última oportunidad.

¿Sánchez o España?
José Félix Pérez-Orive Carcelleres ABC 25  Mayo 2020

Puede que recuerden aquello de: «Haremos lo que haga falta, donde haga falta y cuándo haga falta». Repetirlo acaso sea el más refinado de los castigos, toda vez que, dos meses después de los 100.000 millones de euros prometidos, el Gobierno solo había desembolsado 16.000. Estamos, pues, ante una lucha desigual: el coronavirus es mucho coronavirus y el nuestro, poco gobierno.

Nuestro presidente ha pasado de negar la pandemia a vivir de ella, ha migrado de federalista contumaz a jacobino impenitente y si el 8-M fue un libertario suicida ahora es un ultraconservador fingidamente consternado. La gestión de Gobierno, en una crisis como esta, debería haber tenido mucho de implicación personal, pues las realidades más desagradables, como las de las

residencias de ancianos, son difíciles de evaluar desde la placidez de Galapagar o detrás de una mampara en La Moncloa. El Gobierno no es como el ejército que responde a unos automatismos sobre el terreno. Cuando al general Eisenhower le nombraron presidente de los Estados Unidos, expresaba su extrañeza de que daba una orden y no pasaba nada.

Sánchez ha establecido un sistema autoritario que le permite ocultar muchas cosas, pero no todas. Por ejemplo, el envejecimiento de su gobierno, muy encanecido por haber sido seleccionado más por su impacto mediático que por sus competencias. Resulta fácil concluir que lo que hemos presenciado ha sido la escasa valía de esos administradores para prever la pandemia, proteger nuestra salud, negociar con proveedores, organizar las reaperturas de los negocios y preparar la vuelta al colegio. Tuvo que ser un virus letal, con cara de asteroide purulento, el que denunciara estas carencias de gestión en cada etapa del proceso; o, como diría un castizo: «Oiga, es que no dieron ni una».

La finalidad de un gobierno no es ser de derechas o de izquierdas: su finalidad es ser responsable. La nueva situación obligaba al presidente a cambios inmediatos de ministros para adaptarse al nuevo escenario, algo que no hizo. Sánchez siempre prefirió el descaro de la propaganda a la sinceridad de los reflejos, y le fallaron los reflejos. Hay una síntesis irrebatible que valora su gestión: «Récord de víctimas por millón de habitantes de todo el mundo». Por dicha razón, su deseo homérico de resistir carece de fundamento; tiene además en contra un frente inculpador de sanitarios, que contagiados por el acopio de material defectuoso, han sacrificado sus vidas por los enfermos. Mientras que Sánchez iba forrado de Guerra de las Galaxias para visitar la SEAT e Iglesias mantenía la distancia social a kilómetros del contagio o las colas del hambre, Su Majestad el Rey Felipe VI, Cáritas, oenegés, empresas, políticos y ciudadanos de todas la ideologías, visitaban los hospitales y organizaban los bancos de comida.

Al presidente, con su sempiterna faz de incomprendido, le urge quitarse «los muertos de encima» o un rebrote atribuible a las caceroladas. La ambición de Sánchez desde joven anduvo por delante de su talento y para cubrir esa brecha, ha recurrido a todo tipo de engaños, plagios y trastiendas. Al pacto de La Moncloa, le ha seguido el de Reconstrucción, luego el de la Cogobernanza y por último el de la Reforma Laboral con Bildu. Por ello, cualquier observador neutral tiene la mortificante sensación de que Sánchez vive al día. El problema de vivir así es que exige corromper a mucha gente para lograrlo: personas que le amañen las encuestas, censuren las preguntas, hagan la vista gorda con una manifestación contagiosa, cambien la calificación de un delito, le favorezcan en los telediarios, calumnien a una adversaria, acuerden de espaldas al Consejo de Ministros... Lo desmoralizador, como en la fábula, es que cuando dice la verdad ni los suyos lo perciben. Desengañémonos: España con ese estilo extraviado no va a ninguna parte. La historia enseña que para ser un buen presidente se necesitan conocimientos, señorío y otros valores.

La nueva comisión parlamentaria es un artificio más para intentar compartir con la oposición el estigma del rescate europeo. La habilidad más acreditada de Sánchez es identificar al pardillo que haga de Cirineo y cargue con su cruz. Claro que, por otro lado, ha dicho que vamos a recibir un pastón de Europa sin condiciones: es su forma de incensarse, como cuando nos vendió sus éxitos con Gibraltar. Ese dinero cubre el problema sanitario y el del desempleo. Calderilla en relación con lo que necesitaremos para financiar la reconstrucción.

Para abordar ese nuevo tiempo, tendría que cambiar de gobierno ya: a) cesar a los ministros «achicharrados»: Iglesias, su pareja, y la vicepresidenta Calvo, que con su imprudencia fueron desencadenantes de la tragedia del 8-M; b) librarse de los «apócrifos», esa decena de ministros inéditos, afortunadamente contingentes, que parecen estar en cuarentena desde su nombramiento, pero que incrementan el gasto estructural para justificar su existencia; c) cuestionar o despedir en cada caso, con un atento oficio a los «aseados» aquellos que, a pesar de sus esfuerzos, han llegado pronto a su nivel de incompetencia: Illa, Marlaska, Ábalos, Celaá y Álvarez y d) contar sin duda con los «aprovechables»: Robles, Planas, Calviño, Escrivá y Maroto, que en momentos difíciles han demostrado su eficacia y carácter.

¿Y por quién los sustituimos?, preguntó Luis XIV a Colbert, primer organizador de un gobierno moderno. A lo que este contestó que por hombres de negocios. Mas si la administración no se parece al ejército, como señalaba Eisenhower, tampoco se asemeja a una sociedad anónima, y los ejecutivos se tornarían burócratas en poco tiempo. Unos headhunters, quizá, en cambio, encontrarán buenos ministros dentro de la élite de nuestros funcionarios. Gordon Brown al relevar a Tony Blair dijo: «I am ready to serve» (estoy preparado para servir). Para afrontar lo que nos viene, precisamos gente con conocimientos, pero sobre todo con ideología de servicio.

El que no tiene vocación de servir es Iglesias, él quiere dictar. En Europa, después de sus declaraciones impertinentes al «Financial Times» y otras provocaciones varias, piensan que es un «Rasputín» que da lecciones de todo y no responde de nada, que salmodia las bondades de la inseguridad jurídica y desprecia a la Unión. Claro que si este caballero va así de inmune por la vida, la Unión Europea podría pedir adhesiones más fervientes. Sánchez, entonces, tendría que consensuar con la oposición, sin Podemos, o anunciar comicios cuando la ley lo permita.

Se puede desear tanto un gobierno de coalición, como la búsqueda de gobernantes idóneos, y ambas cosas son compatibles; pero la presión ambiental por los presupuestos quizá resulte insalvable y obligue a celebrar elecciones en 2021. Elecciones en las que al analizar los infortunios habidos en materia de economía, empleo y libertades, la pugna ya no será entre partidos, sino entre España y Sánchez, y lo probable es que pierda Sánchez.
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José Félix Pérez-Orive Carcelleres es abogado

Todos al hoyo
Luis Herrero Libertad Digital 25  Mayo 2020

No hay ejercicio más frustrante que el de atender a la retórica de los actores de la política. El periodismo es una actividad inevitablemente encadenada a esa condena. Si prescindiéramos de la parte declarativa de las informaciones al uso, los medios de comunicación nos quedaríamos sin casi nada que contar. Todo pende de los entrecomillados. Fulano ha dicho. Esa suele ser la cuestión: lo que hayan dicho Fulano o Mengana. No importa que sepamos de antemano que sus palabras no tienen ningún valor. La experiencia nos dicta que antes o después serán ignoradas, desmentidas, olvidadas o traicionadas. A pesar de eso, su consumo diario es obligatorio e inevitable. Y si ese ejercicio de escuchar o leer lo que más pronto que tarde será arrastrado por el viento no es del todo estéril se debe, precisamente, al carácter recriminatorio que encierra la contradicción entre lo que se dice y lo que se hace.

Nada hay más vergonzoso y demoledor que un repaso a la hemeroteca. Último ejemplo: "si quiere se lo digo cinco veces o veinte: con Bildu no vamos a pactar. Con Bildu, se lo repito, no vamos a pactar" (Pedro Sánchez, hace 11 meses). Ejemplos como esos hay a miríadas. La política suele ser una apología del deshonor. Establecida esa premisa, entenderán ustedes que cualquier análisis fundado sobre la última afirmación retórica del gobernante de turno está condenado al error. Si hubiera sido cierto, pongo por caso, que a Pedro Sánchez le preocupaba que pudiéramos dormir bien, la coalición PSOE-Podemos no hubiera existido. Pero existe. Y seguirá existiendo, o no, independientemente de lo que diga el presidente del Gobierno. Lo que dice y lo que piensa suelen ser cosas contradictorias. De aquel hombre del no es no solo queda su odio a la derecha.

Según su tesis, explicada el sábado en televisión, la estabilidad del gabinete no corre peligro y la legislatura durará cuatro años. El mundo es rosa: no hay grietas en el consejo de ministros, no se han roto los puentes con la patronal, el partido es una balsa de aceite y su capacidad negociadora con los partidos responsables de la Oposición —que naturalmente solo son aquellos que están dispuestos a echarle una mano— permitirá la aprobación de una sexta prórroga del Estado de alarma en caso de que sea necesaria. Ya. Y luego vendrá una brisa misteriosa desde el país de la magia, acabará con el virus de las narices y todos volveremos a abrazarnos como si lo de estos meses hubiera sido un mal sueño. No se lo cree ni él. El voluntarismo no resuelve los problemas, como el optimismo zapateril no solucionaba las crisis económicas. Las cosas son como son, independientemente de cómo se cuenten.

La estabilidad gubernamental no existe por ninguna parte. El Consejo de ministros no está dividido en dos, sino en tres. La parte podemita quiere llenar su despensa argumental para cuando venga el divorcio que impondrá la política de ajustes que decrete Bruselas. Iglesias quiere ser recordado, para capitalizar ese rol ante las urnas futuras, como el defensor de los desfavorecidos. La parte sanchista pretende demorar el divorcio inevitable todo lo posible, aunque esa dilación temporal agrave los términos de la calamidad económica, para que el Gobierno no se quede sin apoyos y tenga que dimitir. La parte calviñista, por último, lo que busca es la aplicación más temprana posible de las medidas que demanda el tratamiento adecuado de la enfermedad que padecemos. A Calviño, gracias a Dios, las soflamas ideológicas le importan menos. Gato blanco, gato negro, lo importante es que cace ratones.

En condiciones normales no daría un duro por el triunfo de las tesis de la ministra de Economía. Los técnicos siempre han podido menos que los políticos. Pero no estamos en condiciones normales. Sánchez sabe que su voz también es la de Bruselas. La de Merkel y Macron. La de los administradores del fondo de rescate que tiene que ayudarnos a salir de la sima. Lo que está por dilucidar, en la cumbre europea del miércoles 27, es si el rescate europeo se producirá a modo de préstamo o de subvención a fondo perdido. Pero en todo caso, con mutualización de la deuda o sin ella, lo que ya está decidido es que cualquiera de las dos modalidades estará supeditada a políticas de austeridad, recortes y reducción del gasto público que Podemos no secundará en ningún caso. Sánchez tiene que elegir: o Pablo Iglesias o Ursula von der Leyen. Y cuanto más tarde en deshojar la margarita, más profundo será el hoyo del que tengamos que salir. Menuda cabronada.

Catalunya ya es Cataluña
Miquel Giménez. vozpopuli  25  Mayo 2020

Al menos lo es para los encargados de atraer al turismo del resto de España. La de cosas que vamos a ver

Los españoles ya no somos ni bestias taradas, ni ñordos, ni fascistas ni colonos ocupantes de Cataluña, gobernada por una padilla de orates que, cosas de la vida, ahora entonan cantos de sirena más falsos que un euro con la cara de Falete para atraer turistas del resto de la nación. Hay que ser cínicos. Hay que carecer de vergüenza. Hay que ser tontos, tontos de toda tontería, tontos de remate, tontos de las posaderas, pensando que, después de pasarse años escupiendo en la cara del resto de españoles, van a venir a Cataluña en tropel a gastarse el dinero.

Detrás de ese anuncio promocional subyace la gran, la enorme mentira del separatismo catalán. Han depurado convenientemente de esteladas, lazos amarillos y pancartas en favor de los “presos políticos” el paisaje que muestran. Nos hablan de que la felicidad es estar unidos. Y expresan el deseo de que vuelvan esos que algún día vinieron porque, textual, Cataluña es mejor con ellos. Precioso. ¿Saben que no verán en esa promoción institucional? A los CDR, cóctel molotov en mano, cortando carreteras, invadiendo el aeropuerto de El Prat o cortando a diario la Meridiana; ni ayuntamientos con la estelada colgando del balcón de la casa consistorial; no aparecen las playas plagadas de cruces amarillas ni las calles barcelonesas con los contenedores ardiendo y el suelo alfombrado de adoquines; no verán la fachada del Palau de la Generalitat, donde hay una pancarta que reivindica la libertad de expresión sin que Torra se haya dignado colgar un simple crespón negro; no verán, en fin, en ese mirífico anuncio, digno de la más obscena propaganda goebbeliana, a señoronas de Sarriá chillando, con la vena del cuello a punto de estallar, que ho tornaràn afer, lo volverán a hacer.

La pela es la pela y Cataluña hace años que está en bancarrota, dependiendo del Estado, del FLA, para poder pagar nóminas. Artur Mas dejó las arcas públicas de la Generalitat secas, de ahí que los bonos que emite sean considerados basura. Y hay que hacer caja como sea. Los que, según Junqueras, tenían más que ver con los franceses que con el resto de españoles, los destinados a ser la Dinamarca del sur, los que eran como Israel, mientras los españoles eran árabes, los supremos, los mejores, los que se mantenían tossudament alçats, tozudamente alzados, ahora mendigan a un señor de Vitigudino o a un familia de Almonte que vengan a pasar sus vacaciones. Hace falta carecer de la más mínima brizna de moral para atreverse a tanto.

Pero, incluso cuando pretenden disimular su dentadura de lobo bajo la piel de cordero amable y hospitalario se les nota la ideología totalitaria. Creen buenamente que el turismo español vendrá masivamente como nunca lo ha hecho. ¿Saben por qué? Porque están convencidos de que somos imbéciles. Siguen en sus trece, solo que ahora les conviene mostrar una cara amable que no se cree ni el más ingenuo. Esta campaña para atraer al turismo nacional lo confirma. Están plenamente convencidos, en su estupidez ilimitada, de que la gente va a continuar viniendo como si nada porque, a ver, ¿dónde van a estar mejor que aquí, entre la súper raza catalana?

Igual que hacía el Tercer Reich con sus folletos de turismo, piensan que lo único que pueden suscitar en los pobres españoles, tan Untermenschen ellos, tan ágrafos, tan poca cosa, tan desestructurados -como definió Jordi Pujol al hombre andaluz- es admiración, pasmo y envidia. Ante tanta desvergüenza propongo hacer un contra-anuncio en el que, además de mostrar lo que se nos hurta de la realidad catalana, aparezcan personas como Juan Carlos Girauta, Enric Millo, Albert Boadella, el juez Llarena, Inés Arrimadas o Cayetana Álvarez de Toledo explicando cómo han sido asediados, perseguidos, insultados, amenazados, vejados, atacados; que salgan los propietarios de bares y restaurantes intimidados por los CDR a manifestarse públicamente como lo que son, catalanes y españoles; que salgan las hijas e hijos de los guardias civiles de Sant Andreu de la Barca; que hablen los propietarios de los comercios denunciados por no rotular en catalán; que aparezcan las imágenes de sedes de partidos constitucionalistas con pintadas amenazantes o ensuciados con mierda.

Que digan lo que piensan los periodistas de medios nacionales que han sido agredidos por desempeñar su trabajo en esas manifestaciones tan pacíficas de la ACN al grito de “prensa española manipuladora” o que se expresen los que han tenido que irse de Cataluña por no poder soportar la presión del separatismo al ir a comprar, en el trabajo, paseando por la calle.

Sería mucho más ajustado a la realidad que la Disneylandia que nos presentan, un paraíso idílico en el que todo está bien, es bonito, limpio y ordenado. Ajustado y terrible.
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