AGLI Recortes de Prensa   Lunes 1 Junio  2020

Por qué Nissan no será la última en irse
Diego Barceló Larran Libertad Digital 1  Junio 2020

Las decisiones de Pedro Sánchez han ido en una dirección clara: incrementar los costes de producción.

Toda decisión en materia económica de un gobierno necesita un tiempo para desplegar su impacto. Además, los continuos anuncios y declaraciones de los gobernantes van moldeando la confianza y las expectativas de quienes tienen que tomar las decisiones de inversión.

Desde que llegó a La Moncloa, las decisiones de Pedro Sánchez han ido en una dirección clara: incrementar los costes de producción (diésel, tasa Google, tasa Tobin, etc.) y, en especial, los costes laborales (el salario mínimo subió un 30% en dos años, bases máximas de cotización, etc.).

Esas decisiones se tomaron cuando la productividad laboral media crecía débilmente. Como es natural, al haber hecho lo opuesto de lo que se necesitaba, la productividad comenzó a descender. La productividad acumula siete trimestres consecutivos en descenso, algo que no ocurría desde 2006 (en aquella época, la caída de la productividad se financiaba con deuda, hasta que la burbuja estalló).

Que la productividad caiga significa que hace falta más gente para producir lo mismo, algo propio de una empresa en crisis. Ese coste extra podría compensarse con menores impuestos, por ejemplo. Pero ocurre lo contrario: el coste laboral total por trabajador, una vez descontada la inflación, lleva dos trimestres creciendo 1,5% interanual, que es la mayor subida en diez años.

Si consideramos al mismo tiempo la productividad y los costes laborales tenemos el coste laboral por unidad (CLU) producida. Como ambos componentes aumentan, el CLU también. En el cuarto trimestre de 2019, el CLU se incrementó 1,9% interanual, el mayor aumento en 15 años.

Ahora hablemos de las expectativas y la confianza. El discurso contrario a los empresarios se ha agudizado desde la entrada del comunismo en el gobierno de España. Desde hace meses, miembros del gobierno hablan continuamente de derogar por completo la reforma laboral, de aumentar mucho más los impuestos, de nacionalizar empresas "estratégicas" y de crear un gran banco público, entre otras cosas.

El gobierno aceleró el aumento del gasto público (antes de la pandemia ya crecía al mayor ritmo en nueve años) y no cumplió la meta de déficit fiscal en 2018 ni en 2019. La misma persona que como cabeza de la AIReF defendía la sostenibilidad de las cuentas públicas, ahora, como ministro de Seguridad Social, accede a implementar una renta básica que añadirá unos 3.000 millones de euros a un déficit fiscal que superará largamente los 100.000 millones este año (además de significar un paso adelante en la agenda bolivariana).

Todos estos son ejemplos de por qué, ya al final del año pasado, la confianza entre los consumidores era la menor en seis años y tanto en la industria como en los servicios era la más baja en cinco años.

Si tenemos en cuenta todo lo anterior (vamos mal e iremos a peor), no nos puede sorprender que Nissan haya decidido cerrar su fábrica de Cataluña. Más allá de los problemas particulares de la empresa y el sector, España ha perdido atractivo para la inversión. Ese es el verdadero problema.

Por eso, en lugar de pelear porque esa empresa revierta su decisión, gobierno y sindicatos deberían centrarse en evitar que otras sigan el mismo camino. ¿Cómo? Haciendo lo contrario de lo que han hecho hasta ahora. Si España fuera un lugar acogedor para las empresas y una multinacional decidiera irse, surgirían otras inversiones que crearían los empleos necesarios para reabsorber a los parados. Hoy, la realidad es exactamente la opuesta. Por eso la conclusión lógica es que Nissan no será la última en irse.

Así murieron las víctimas del FRAP, banda terrorista en la que militó el padre de Pablo Iglesias, Javier Iglesias
Disparos a quemarropa, apuñalamientos, asesinatos en la puerta del domicilio. El FRAP fue un grupo terrorista sanguinario y sin escrúpulos.
Nuria Richart Libertad Digital 1  Junio 2020

¿Usted repartiría propaganda de un grupo terrorista? El padre de Pablo Iglesias, Francisco Javier Iglesias sí, en el FRAP (Frente Revolucionario Antifascista y Patriota). Un primer paso podría ser una condena pública por parte de ambos de los crímenes de esa organización terrorista. Pero no, todo lo contrario, el vicepresidente del gobierno presume de las filias de su progenitor. En septiembre de 2018 el propio Pedro Sánchez prohibió un acto de homenaje al FRAP por considerarlo "enaltecimiento del terrorismo".

Seis, o al menos cinco, son las víctimas mortales de esta grupo terrorista que estuvo operativo en España durante los últimos años de la dictadura franquista. Brazo armado del PCE (m-l), marxista-leninista, su corte ideológico anticapitalista y de "violencia de clases" fue similar al de otros tantos grupos guerrilleros de mediados de los años 70 afines al comunismo primigenio como, por ejemplo, los argentinos Montoneros o el Partido Comunista de Perú, Sendero Luminoso.

El grupo armado en el que militó Javier Iglesias Peláez se fundó en París en 1971 al parecer en un piso del dramaturgo Arthur Miller. La constitución formal fue dos años más tarde. Su presidente, el socialista Julio Álvarez del Vayo, fue Comisario General de Guerra a partir del 1936 y en sus memorias Francisco Largo Caballero lo califica de "agente comunista", es decir, impuesto por Moscú. Los referentes del FRAP fueron el mayor criminal de todos los tiempos, Mao Tse-Tung y el dictador totalitario albanés Enver Halil Hoxha. El FRAP obtenía armas y dinero de atracos a mano armada, como Stalin.

Los integrantes del PCE (m-l), respaldo político del FRAP, despreciaban al PCE de Santiago Carrillo al que tildaban de "revisionista" y "oportunista" y, por supuesto, todo lo que sonara a reconciliación, transición y democracia, incluida la monarquía de Juan Carlos I. ¿Les suena? Pablo Iglesias recoge esta herencia ideológica en un obituario que dedicó a Santiago Carrillo en septiembre de 2012:

En su vivienda madrileña, un piso humilde cerca de Conde de Casal, comprobé que Santiago era lo que yo siempre consideré un comunista "de derechas"... Créanme si les digo que siendo hijo de un militante del FRAP y habiendo militado donde milité, tiene su mérito admirar a Carrillo.

Javier Iglesias fue encarcelado en abril del año 1973 (estuvo en prisión hasta junio) por repartir propaganda de la manifestación del 1 de mayo en la que caería la primera víctima del PRAP, Juan Antonio Fernández Gutiérrez, un policía de 21 años. Como todas las víctimas del comunismo el olvido es su pesada lápida. Así fueron sus asesinatos.

Juan Antonio Fernández Gutiérrez, subinspector de segunda del Cuerpo General de Policía. Fue apuñalado en el costado a la altura del corazón en una emboscada en las inmediaciones de la plaza de Antón Martín de Madrid el 1 de mayo de 1973. Eran las ocho de la tarde. Tras el ataque el subinspector pudo refugiarse en un portal y al parecer le dijo a un compañero, "me han dado. Me estoy ahogando". Moría a los pocos minutos de ingresar en la Ciudad Sanitaria Provincial Francisco Franco. Tenía 21 años y estudiaba segundo curso de Medicina, estaba soltero y había nacido en León. La noticia del diario Ya del 2 de mayo recogida por la Fundación Juan March decía:

Unos ochenta o cien manifestantes, que portaban banderas rojas y daban gritos y consignas de corte subversivo, atrajeron la atención de varios inspectores de Policía, los cuales acudieron con la intención de dispersarlos. Los funcionarios cayeron, al parecer, en una emboscada, pues se dio a la fuga el grupo que perseguían, apareciendo otro, que los manifestantes suelen denominar "piquete de defensa" y que siempre va armado. En esta ocasión, ese "piquete de defensa" llevaba barras de hierro y cuchillos de monte; algunos habían atado, a modo de bayoneta, el cuchillo en una de las terminales de la barra. La convocatoria para estos actos subversivos realizada con abundante lanzamiento de propaganda desde hace varias jornadas por el Partido Comunista, las Comisiones Obreras y el Frente Revolucionarlo Antifascista Patriota (F. R. A. P.), de clara ideología maoísta. El funcionarlo fue derribado al suelo y apuñalado con saña. Recibió varias cuchilladas, una de ellas mortal por necesidad.

Lucio Rodríguez Martín. 23 años. Asesinado el 14 de julio de 1975 en Madrid. Eran las diez de la noche y el agente de la Policía Armada había acabado su turno de vigilancia en las oficinas de las líneas aéreas Iberia, en el número 14 de la calle Alenza. Llevaba 20 minutos esperando el relevo de su compañero cuando un Seat 127, robado esa misma tarde en la calle Pez Volador, en el barrio de La Estrella, estacionó al lado de su posición. De él se bajaron dos de los tres terroristas. Aprovecharon que el policía les dio la espalda para abrir fuego. Al parecer la primera bala de un revólver Cádix calibre 22 largo falló y al volverse hacia ellos lo acribillaron con hasta ocho disparos en la cabeza, el cuello, el hombro, el brazo y el abdomen. El policía falleció en el Hospital Central de la Cruz Roja. Natural de Villaluenga, Toledo, planeaba casarse con su novia en dos meses. Contaba el diario ABC del martes 15 de julio de 1975:

Lucio había estado el domingo en Villaluenga a ver a sus familiares y a su novia, María del Carmen Rodríguez, de diecisiete años, a la que dio la fatal noticia de la muerte Germán (uno de los cinco hermanos de la víctima). Lucio había comido con sus padres y por la tarde, con su novia, vio la película Río Bravo. Ayer por la mañana regresó a Madrid. La noticia del atentado le fue dada a los padres de Lucio por la Guardia Civil de Villaluenga sobre las once de la noche.

Juan Ruiz Muñoz. 49 años. Miembro de la Policía Armada también tiroteado por la espalda por dos terroristas del FRAP. El asesinato fue el 14 de septiembre de 1975 en Barcelona cuando regresaba a casa. Juan, casado con Luisa Gil Antón, tenía la costumbre de comprarle a su hija de seis años, Luisa Isabel, al salir del trabajo churros y patatas fritas. Según declararon los testigos al diario La Vanguardia, los terroristas conocían las costumbres de la víctima porque estuvieron hasta media hora merodeando por el lugar. La Vanguardia publicó el martes 16 de septiembre de 1975:
asesinato-frap-juan-ruiz-munoz.jpg

Este final de verano se revistió anteayer domingo, de tintes trágicos, al consumarse el vandálico asesinato del policía armada Juan Ruiz Muñoz, de cuarenta y nueve años, próxima ya su jubilación, cuando se dirigía a primera hora de la tarde a su casa tras haber comprado unos paquetes de churros y patatas fritas para su única hija, de seis años de edad. Los viles asesinos, que llevaban merodeando por el lugar de la agresión desde una media hora antes de perpetrarse ésta, parece que conocían las costumbres de su víctima, a la que atacaron alevosamente con varios disparos de pistola y remataron con varios golpes de navaja. Este suceso, que llenó de consternación a toda la ciudad cuando fue difundido a través de la radio y la televisión, forma parte de la cadena de hechos delictivos que, de un tiempo a esta parte han sido organizados por grupos terroristas que reciben auxilio desde el extranjero, con el objeto de quebrantar la paz de nuestro país y siempre contando con la posible impunidad que creen que puede otorgarles las previstas manifestaciones de protesta contra las enérgicas medidas que toda España pidió y que quedaron plasmadas en la Ley Antiterrorismo, ley que una vez más esperamos que caiga con todo su rigor contra los autores de la cobarde acción.

Antonio Pose Rodríguez. El asesinato de este teniente de la guardia civil de 49 años fue a la luz del día y en la puerta de su domicilio, en un tercer piso de la calle Villavaliente, colonia Virgen del Rosario, barrio del Batán. Su mujer, Adolfina Corrales Fernández, y la madre de ésta oyeron una detonación y se asomaron a la ventana. Estaban esperando a que Antonio llegara a comer, eran las dos y media de la tarde. Lo que su esposa vio fue el cadáver de su marido tendido en la acera. Un niño de 12 años presenció el tiroteo. Los tres terroristas asesinaron al guardia civil a quemarropa con una escopeta de cañones recortados y luego huyeron por un paso subterráneo mientras lanzaban propaganda del FRAP. Antonio Pose fue trasladado al Hospital Militar Gómez Ulla, donde solo pudo certificarse la muerte. Había nacido en Almonacid de Zorita (Guadalajara). Era 16 de agosto del año 1975. Cuenta la web benemeritaaldia.org

El día 16 de agosto de 1975 el integrante del FRAP Ramón García Sanz compró dos cajas de cartuchos del calibre 12, dirigiéndose con otros de los terroristas integrantes del comando, Manuel Cañaveras de Gracia, a una vaguada cercana a la carretera de Fuencarral a El Pardo, para probar la escopeta contra un árbol. Sobre las dos y media, uno de los integrantes del comando terrorista dio una voz de "ahí viene" al ver que llegaba el teniente de la Guardia Civil Pose Rodríguez. Cuando apareció el automóvil, y estando fuera del mismo el citado teniente, Proenza hizo la señal convenida y García Sanz sacó la escopeta y cuando el teniente Pose se encontraba a unos dos metros de distancia de su domicilio, sin posibilidad de defensa, le disparó un solo tiro que le alcanzó en el lado izquierdo del pecho produciéndole heridas gravísimas en pulmón y corazón, a consecuencia de las cuales falleció de forma instantánea.

Diego del Río Martín, del Cuerpo de Policía Armada y de Tráfico, fue asesinado en Barcelona un mes después, el 29 de septiembre de 1975, con 25 años de edad. No eran las nueve de la mañana cuando cinco miembros del comando terrorista se presentaron en la pagaduría de la Residencia de la Seguridad Social Francisco Franco de Barcelona. Los asesinos, que se hicieron pasar por clientes que hacían cola vestidos con batas blancas y mascarillas, de buenas a primeras abrieron fuego con pistolas y metralletas contra Diego del Río y un compañero. Al parecer los terroristas consiguieron hacerse con un botín de 21 millones de pesetas. El compañero de Del Río, Enrique Camacho Jiménez, consiguió sobrevivir. Diego, natural de Algeciras, estaba casado y era padre de un niño de un año. Algunas fuentes aseguran que sus asesinos pertenecían al FRAP y otras apuntan al GRAPO. Dice el blog, Historia de la Policía Nacional:

Diego del Río Martín recibió cinco impactos de bala en el estomago y un sexto en la cabeza. El funcionario de Policía fue trasladado al Hospital Militar donde fallecería. Sería la última víctima de los siniestros FRAP, que dos días después se verían reemplazados por otra banda mafiosa y extorsionadora de asesinos marxistas y antiespañoles, el GRAPO (Grupos Revolucionarios Antifascistas Primero de Octubre).

Las víctimas mortales del FRAP figuran en el Mapa del Terror de COVITE, Colectivo de Víctimas del Terrorismo presidido por Consuelo Ordóñez.

******************* Sección "bilingüe" ***********************

Sánchez el oportunista está encantado con Iglesias el liberticida
EDITORIAL Libertad Digital 1  Junio 2020

A Sánchez le conviene la política confrontacional que practica su vicepresidente indeseable para desviar el foco de su calamitosa gestión de la crisis del coronavirus.

Nada hay de original en la manera de hacer política de los comunistas podemarras. Incrustados en el Gobierno gracias a Pedro Sánchez, Pablo Iglesias y sus secuaces se comportan como los criminales que están devastando Venezuela, pues también ellos pretenden arramblar con la democracia liberal e imponer una nueva normalidad al más puro estilo bolivariano.

Así las cosas, no hay que cometer el error de atribuir las acusaciones de Iglesias hacia la oposición a una mera salida de tono en el fragor de un debate parlamentario. Al contrario, la acusación de golpismo contra los demócratas es un clásico en la política venezolana desde que el golpista Hugo Chávez se hizo con el poder. Acusaciones que anunciaban feroces represiones.

El ataque furibundo del liberticida Pablo Iglesias en la Comisión para la Reconstrucción Social y Económica hizo que el portavoz de Vox en la misma, Iván Espinosa de los Monteros, abandonara la sesión, en un gesto de elemental respeto a las instituciones prostituidas por Iglesias que deberían haber secundado los representantes de PP y Ciudadanos.

Pablo Iglesias no hubiera pasado de ser un revolucionario por cuenta ajena de tres al cuarto, un capo friki de un movimiento ideológico aberrante mimado por la indecentemente hipócrita izquierda mediática, si el infame Pedro Sánchez no le hubiera empotrado en el Gobierno. Un infame Sánchez aupado por golpistas en ejercicio que no sólo no le ha afeado su repulsiva proyección (es Iglesias el enemigo jurado del orden constitucional, no Espinosa de los Monteros), sino que la ha justificado. Porque parece que Sánchez está incapacitado para no cometer las peores bajezas.

A Sánchez le conviene la política confrontacional que practica su vicepresidente indeseable para desviar el foco de su calamitosa gestión de la crisis del coronavirus y de escándalos como los protagonizados por el execrable Fernando Grande-Marlaska, en guerra abierta contra una Guardia Civil a la que quieren convertir en policía política. Sánchez es una auténtica amenaza para la salud, la seguridad y la libertad de los españoles, y su Gobierno una calamidad que va a provocar daños de muy difícil reparación.

Moción a España
Editorial larazon 1  Junio 2020

Pedro Sánchez cumple dos años en la Presidencia que ganó después de una moción de censura contra el Ejecutivo del PP cimentada en una mayoría frankenstein de extrema izquierda, separatistas y soberanistas y propulsada por una sentencia irregular sobre la primera época del caso Gürtel con el membrete del juez De Prada, luego apartado. Su mandato nació contaminado por varios pecados de origen, el fundamental fue que esgrimió la mentira como razón política desde el mismo discurso como aspirante, y la ha convertido en una rasgo indeleble de su ejecutoria. La mendacidad endémica lleva aparejada la desconfianza y el descrédito, pero por incomprensible que parezca nunca ha sido interpretada como un baldón por el presidente, lo que retrata además su carácter y su personalidad.

El balance de este periodo está marcado por un antes y un después de la pandemia, al menos en cuanto a graduar los efectos del proyecto con que Sánchez desembarcó en La Moncloa, que no su naturaleza. Ningún gobierno esperaba un catástrofe sanitaria y económica global, pero cada uno ha reaccionado con dispar eficacia con resultados verificables. En estas mismas páginas hemos denunciado de forma reiterada la gestión de la alianza socialcomunista Sánchez-Iglesias que ha conducido irremediablemente a que España figure entre los países más damnificados por el contagio y encabece la nómina de estados con más muertos por millón de habitantes y de sanitarios infectados del mundo. El dato, demoledor, representa una censura indefendible contra la actuación de cualquier gobierno, por mucho que escondan los fallecidos entre las bambalinas de la propaganda y la narración de un éxito vergonzante. En el debe hay que consignar además la nefasta labor en la adquisición de material protector, de los test y los EPI «falsos», las compras infladas fuera de mercado, los contratos opacos y todo ello encubierto por un rodillo de oscurantismo injustificable en un régimen de libertades. Pero si la terapia a la crisis de salud ha resultado calamitosa, la que se nos avecina con la económica de una España empobrecida y precaria, multiplica la preocupación. Mientras agonizan sectores clave como el turismo y la automoción a la espera de planes fantasmales, se fía todo a Europa y a un endeudamiento galopante sobre otro ya congénito en virtud de dinámicas confiscatorias alérgicas a la responsabilidad fiscal y al equilibrio.

Hablábamos al principio de los pecados originales de Sánchez, y de la falacia como narrativa. Pero por encima de cualquier otra prueba de cargo, está el alma del proyecto. Pudo elegir la moderación y la centralidad, en sintonía con el sentir de una mayoría de la sociedad, pero escogió la radicalidad a lomos de la amoralidad y un matrimonio de conveniencia con aquel que le quitaba el sueño. Sus aliados son las principales amenazas de la convivencia y el bienestar y los más fieros enemigos de los derechos consagrados en la Constitución. Ayer, en su última prédica televisiva, despreció de nuevo el valor de la verdad cuando habló de concordia y unidad para encarar el futuro y añadir después que excluía de sus contactos a los principales partidos de la oposición. Optó por mercadear los votos de los batasunos, de ERC y el PNV con el fin de asegurarse otra prórroga del estado de alarma. La unidad es una quimera. Sánchez e Iglesias se han afanado en sacrificarla en el altar de la polarización y el revanchismo con una estrategia de hostilidad y provocación con el vicepresidente de ariete, y bendecida por el presidente. El líder socialista amenazó hace unos días con el caos, pero ese lo enarbola un gobierno radical parapetado en la excepcionalidad, en pos de una democracia decadente con derechos confinados al albur de una voluntad despótica. España no es hoy más fuerte, entre otras cosas porque nos faltan miles de los nuestros, ni se puede sentir que la libertad esté garantizada cuando se socava el sistema desde la misma mesa del consejo de ministros y se irradia toxicidad. Aquella moción de hace dos años lo fue en realidad contra el país.

La provocación
Luis Herrero Libertad Digital 1  Junio 2020

Iglesias es uno de esos cínicos pirómanos con cara de no haber roto nunca un plato que después de tirar la cerilla acusa a los demás de iniciar el fuego.

Sánchez vuelve donde solía. El pacto con ERC ha devuelto a la vida a Frankenstein y su resurrección nos aboca de nuevo a más de lo de siempre: guerra de bloques a guantazo limpio. Iglesias se ha salido con la suya. Primero necesitaba hacernos creer que se estaba fraguando un frente común de poderes fácticos con el único propósito de derrocar al Gobierno. Políticos cainitas, jueces reaccionarios, empresarios avariciosos, medios de comunicación financiados por el Ibex y militares retrógrados conspiran en secreto para fulminar a la izquierda y entregarle las llaves del poder a la derecha.

Después de eso había que convencer a la gente de que la creciente crispación de la vida política forma parte del plan conspirativo. De esa forma, la culpa del envilecimiento de la vida pública, que cada vez es más tabernaria y barriobajera, pasa a ser responsabilidad exclusiva de la oposición, cuya bancada está atestada de marquesas amargadas que aporrean sus cacerolas con cucharas de plata, golpistas de salón que no se atreven a subirse a la grupa del caballo de Pavía y manifestantes vocingleros que blanden airadamente sus palos de golf.

En el oficio de tirar la piedra y esconder la mano, Iglesias es todo un artista. No importa que él amenace con escarchar a los escrachadores de su chalet en Galapagar, o que mente a los padres de sus adversarios antes de que ellos menten a los suyos, o que acuse al PP de alentar la insubordinación de la Guardia Civil, o que acuse a Vox de tener sueños húmedos con asonadas militares. Al final, el matón, el maleducado, el zascandil y el pendenciero acaba siendo siempre el contrario. Iglesias es uno de esos cínicos pirómanos con cara de no haber roto nunca un plato que después de haber tirado la cerilla acusa a los demás de iniciar el fuego. Nada le gusta más que sacar de sus casillas al enemigo político para provocar en él una respuesta indignada y presentarla como un rebuzno.

Probablemente no lo conseguiría sin la complicidad del PSOE, pero lo cierto es que el PSOE, o por lo menos el sanchismo, sigue la estela del líder podemita sin pestañear. He leído en muchos sitios que la sustitución de ERC por Ciudadanos, en las últimas escaramuzas parlamentarias, se vivió con alivio en un sector del partido. Pero Iglesias no podía consentir que ese cambio de parejas se consolidara para siempre. Tras la aprobación de la quinta prórroga al estado de alarma, el mensaje triunfalista de Edmundo Bal de que habían conseguido apartar a los socialistas de la senda de los apoyos independentistas provocó en Iglesias un amago de cólico miserere.

No podía consentir que uno de los partidos del bloque de la derecha estropeara su plan. Tenía que convencer a todos los socios de Frankenstein de que la derecha —toda la derecha: la política, la mediática, la financiera, la judicial y la uniformada— estaban poniendo en marcha un complot para volver a la España de los recortes y del 155. Que Ciudadanos se saliera del guión le estropeaba el discurso. Por eso maniobró con tanta presteza para que Bildu dejara a los chicos de Arrimadas con el culo al aire.

Luego, la campaña por la excarcelación de los presos del procés, la negociación bajo cuerda para fijar la fecha de la próxima reunión de la mesa de diálogo y la exhibición de pulseras republicanas en la muñeca de Irene Montero allanaron el camino para que Oriol Junqueras, el hijo pródigo del pacto de investidura, volviera a la casa del padre. Ahora, por fin, cada oveja vuelve a estar con su pareja.

No sé si Ciudadanos apoyará o no la sexta prórroga. El sentido de su voto vuelve a ser irrelevante. Lo que sí sé es que el discurso de que ha atraído a Sánchez a la senda del divorcio con los independentistas ya no se sostiene y que si le brinda su apoyo le costará horrores no aparecer como el estrambote de la banda frankenstiniana que ha decidido refugiarse en la misma trinchera, por orden de Iglesias, para resistir la embestida de la presunta conspiración de la derecha cainita.

De lo que se trata es de hacer imposible que haya espacio para el entendimiento transversal entre socialistas y populares cuando llegue el momento de aplicar las recetas económicas que imponga Bruselas a cambio de la ayuda económica de la Unión Europea. Podemos no quiere ser prescindible. Por eso la crispación es el clima que le conviene. Cuanto más enconada sea la contienda PP-PSOE menos probable será el acuerdo. Que me perdone Cayetana pero yo, en esto, estoy de acuerdo con Feijoo: "Ningún compañero de mi partido o de otros partidos de la oposición debe entrar al señuelo del Gobierno para crispar, provocar y perder los papeles". A veces es preferible dejarse aconsejar por el viejo refrán de centrista pastelero: verlas venir, dejarlas pasar, y si te mean, decir que llueve.

Cesiones que dañan al Estado
Editorial El Mundo 1  Junio 2020

Sánchez recurre a los separatistas para perpetuar el estado de alarma con una sexta prórroga

El presidente del Gobierno confirmó ayer, tras una nueva vieoconferencia de presidentes, que pedirá al Congreso autorización para la sexta prórroga del estado de alarma. Tras ceder a las exigencias de los separatistas, Sánchez se ha garantizado el apoyo para extender un recurso que le procura unos poderes especiales. En lugar de finiquitar esta anomalía constitucional, sustituyendo la alarma por la legislación ordinaria que garantiza la preservación del control epidemiológico, sigue decidido a prolongar al máximo un marco legal que cercena derechos fundamentales como el de circulación. No cabe esperar ya un gesto de responsabilidad por parte del Gobierno socialcomunista, refractario desde el principio -por cálculo partidista- a asumir un plan b a la legislación de emergencia. Pero sí hay que consignar el giro, uno más de Sánchez, al pactar esta prórroga con sus socios de investidura. La vuelta al redil de la moción de censura, de la que hoy se cumplen dos años, descoloca a Ciudadanos, que se abrió a apoyar la alarma en las dos últimas votaciones. La formación que lidera Inés Arrimadas tendrá que sopesar si sigue confiando en un presidente sin palabra y decidido a mantener su hoja de ruta al lado de la izquierda radical y populista, los golpistas del procés y los herederos de ETA.

La prolongación del estado de alarma, avanzada ya la desescalada, no responde a criterios técnicos o científicos, sino al ansia del Gobierno de perpetuar este instrumento. Es evidente que los datos relativos a la pandemia se han relajado de forma clara. Por tanto, lo preceptivo es pilotar un regreso, gradual y ágil, a la normalidad. No solo para restaurar una contexto institucional ordinario, sino para coadyuvar en la recuperación económica. No obstante, resulta verdaderamente nocivo para los intereses generales que Sánchez siga echado en brazos de quienes no tienen mayor horizonte que destruir la nación. Con el PNV ha acordado traspasar la gestión del ingreso mínimo vital al País Vasco y Navarra. Así, ratifica a los nacionalistas vascos como interlocutores del Gobierno foral, lo que resulta inadmisible. Ante ERC ha cedido en volver en julio a la mesa bilateral y extraparlamentaria con la Generalitat, además de dejar en manos de las comunidades la fase final hasta culminar en el 21 de junio, cuando los españoles recuperen la libertad de moverse por todo el territorio nacional.

Sánchez, que en una semana ha mutado de la "cogobernanza" a prometer la "gobernanza absoluta" a las CCAA, ha convertido la desescalada en una subasta autonómica, consintiendo privilegios y provocando la razonable queja de presidentes como Díaz Ayuso o Moreno Bonilla. El Estado sale muy debilitado de este cambalache. Y todo para extender la alarma, una herramienta que ya es prescindible, y para satisfacción política y personal del propio Sánchez. Pésimo bagaje mientras el país se hunde.
 

“España, rehén de los independentistas”
España ha afrontado la mayor crisis desde la posguerra con un gabinete débil y formado, en parte, por políticos inexpertos
Francisco Marhuenda larazon 1  Junio 2020

Se cumple el segundo aniversario de la moción de censura que acabó abruptamente con el gobierno de Rajoy. La presión política y mediática hizo imposible que el PNV se abstuviera, ya que el PP era muy impopular entre los votantes nacionalistas y la mancha de la corrupción impedía apoyar su continuidad cuando acababa, además, de aprobarle los presupuestos. Fue todo absurdo. El entonces presidente del Gobierno no quiso dimitir a pesar del compromiso de los dirigentes del PNV de apoyar a un candidato de su partido que no estuviera afectado por el pasado.

La frase metida con calzador en la sentencia y que justificó la moción de censura fue un auténtico despropósito. Lo único que quería la izquierda política, mediática y judicial era tumbar al gobierno. Hoy dirían derrocar, porque siempre valoran la política como si se tratara de una de esas películas estadounidenses de serie B, donde los buenos son muy buenos y los malos, por supuesto, muy malos. La política española es así de simplona. La consecuencia de todo ello es que España ha afrontado la mayor crisis desde la posguerra con un gabinete débil y formado, en parte, por políticos inexpertos.

El Gobierno de coalición entre Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, porque el resto de sus miembros no cuentan, ni siquiera tiene mayoría absoluta en las Cámaras, por lo que depende de los independentistas. No puede ser más frágil. Está sometido a un soez mercadeo, como nunca se había visto, para conseguir los apoyos con el fin de prorrogar un estado de alarma que es innecesario.

Ha tenido el amparo de Ciudadanos que emerge como el tonto útil de este vodevil, pero como están muy contentos con su papel de comodín hay que dejar que sigan instalados en su estéril felicidad. A pesar de la permanente tomadura de pelo perseveran por este camino mientras Marlaska fulmina al coronel Pérez de los Cobos y crea una enorme crisis en la Guardia Civil.

Por su parte, Sánchez pacta con Bildu y con el independentismo y con quien le convenga a la vez que la complaciente Arrimadas cree estar recuperando el tiempo perdido. La realidad es que España está en manos de los independentistas y radicales, que saben muy bien cuál es su fuerza y le marcan el paso a Sánchez. No me olvido de Iglesias que está, como es lógico, muy contento con estos aliados porque son sus amigos.

Los sucios trapos de Iglesias
Isabel San Sebastián ABC 1  Junio 2020

Las tácticas de Pablo Iglesias son burdas, rastreras, contrarias en fondo y forma al sentido de la palabra «democracia», repugnantes en términos éticos e indignas de un servidor público, pero útiles para alcanzar la meta que persigue con ahínco este Gobierno: liquidar el régimen del 78, abolir de facto la Constitución fruto de aquel consenso, empezando por las libertades consagradas en su articulado, y alumbrar una España irreconocible, más pobre, más dividida, más débil y más enfrentada. Una España sin Rey y sin Ley común, de taifas gobernadas por caudillos locales, ciudadanos sujetos al alpiste estatal, votantes cautivos, empresas expulsadas o controladas, jueces dependientes del poder político, cuerpos y fuerzas de seguridad subyugados y medios de comunicación sometidos, donde establecer «sine die» su tiranía encubierta; ésa que están ensayando con tanto éxito como impunidad aprovechando una epidemia atroz para perpetuar el estado de alarma.

El vicepresidente es la cara más fea del Gabinete, pero no es un verso suelto. Antes al contrario, constituye un pilar esencial de la estructura levantada por Pedro Sánchez en su afán de consolidar la poltrona. Si hasta su investidura le quitaba el sueño (o al menos eso decía tratando de pescar en los caladeros socialdemócratas) ahora saca el máximo partido de un reparto de papeles consistente en reservarse el de hombre de Estado, moderado, dialogante, templado y seductor, cediendo a su número dos el de matón de discoteca, que Iglesias desempeña con gusto pues le va como anillo al dedo. Está en su naturaleza de chekista nacido a destiempo, en su ideología comunista, en su mentor, Hugo Chávez, en sus referentes políticos, encabezados por Marx o Lenin, y en su proyecto de «tomar el cielo al asalto» y «convertir lo imposible en real», siguiendo las enseñanzas de los revolucionarios a quienes venera. El totalitarismo es su credo. La intimidación, su herramienta. Así como la mentira es el arma favorita de Sánchez, las suyas son el amedrentamiento y la provocación. Atrás quedó la época en la que recorría los platós de televisión fingiendo ser un tipo cordial, mientras utilizaba las redes sociales para pedir a sus seguidores munición comprometedora contra sus interlocutores. Ya no intenta parecer simpático. Ahora asoma sin pudor la patita de extrema izquierda, amenaza a diputados rivales desde la tribuna del Congreso y embarra el campo de juego con cortinas de fango hediondo, viendo con delectación cómo la oposición en pleno embiste a pedir de boca los sucios trapos que pone ante ella.

¡Pobre España, huérfana de alternativa ante este tándem liberticida carente de frenos o escrúpulos! Mientras el peón que han colocado en Interior desmonta pieza a pieza la cúpula de la Guardia Civil, con el claro empeño de minar la obediencia del Cuerpo a la legalidad vigente; mientras su comisaria en la Fiscalía General amordaza a los fiscales; mientras la Abogacía del Estado se transforma en abogacía del Gobierno y azote de jueces independientes; mientras avanza a gran velocidad el proceso de liquidación de las instituciones democráticas, tanto el PP como Vox entran al capote del provocador podemita y se olvidan de lo importante para seguir, como principiantes, los señuelos que les arroja. Así, el debate público gira en torno a marquesas, padres, grupos terroristas disueltos o inexistentes intenciones golpistas, en lugar de centrarse en el pacto de la vergüenza con Bildu, el ataque a la Guardia Civil, el arresto domiciliario masivo que emboca ya su sexta prórroga o lo que más aterra al Ejecutivo: los cerca de cuarenta mil muertos achacables a su negligencia en la gestión del coronavirus. Y la oposición, a por uvas.

La matanza de los hechos con ráfagas de palabras
Pedro de Tena Libertad Digital 1  Junio 2020

Cuando Miguel Hernández, un día de febrero de 1939, volvía del frente, donde luchaba en el Batallón del Talento, Primera Brigada Móvil de Choque, 11ª División adscrita al Quinto Regimiento, se le ocurrió ir al palacio de los marqueses Heredia-Spínola. Allí, en la calle Marqués del Duero, 7 se había instalado la sede de la Alianza de Intelectuales Antifascistas, dirigida por los comunistas y alimentada por ingenuos compañeros de viaje que iban desde María Zambrano a Octavio Paz.

Allí era donde iba el poeta de Orihuela a recoger su correspondencia. Cuando vio el clima de lujo, comida (Alberti cuenta que se disfrazaban con trajes nobiliarios del ajuar de la mansión, y se supo que él mismo se disfrazaba de domador de circo "quimérico") y festejo que reinaba en ese cortijo urbano de la retaguardia dijo aquello tan conocido de "Aquí hay mucha puta y mucho hijo de puta", y lo escribió en una pizarra. María Teresa León le dio una bofetada que, según algunos, lo tiró al suelo, porque, dijo luego, había insultado a las mujeres.

¿Por qué le dio la bofetada? En mi opinión, porque Hernández no se plegó a la corrupción del lenguaje, corrupción absolutamente necesaria para que los hechos reales sean ignorados y la realidad toda pueda ser negada y rebautizada por la propaganda. Aquel poeta alicantino no podía comprender que la verdad horrible de una guerra fuera vivida de manera inicua por quienes disfrutaban durante la tragedia. Al contrario, el 16 de enero de 1937, Hernández escribió su indignación ante el comportamiento de sus amigos de la Alianza:

Cuando depende de España entera que las vidas derramadas, que se están derramando y que se van a derramar no sean siembra en páramo baldío, veo, siento con pesadumbre y cólera ciudades de retaguardia ajenas, ajenas por completo, a pesar de sus aparatos de carteles y sus carteleros de propaganda, a la terrible verdad que nos circunda. Dentro de ellas apenas hay otras cosas que no sean carne de carnaval, fingimiento de problemas importantes, burocracia, problemillas, torpezas y mezquindades que hacen apretar los dientes y el alma.

Esta última semana, en pleno sufrimiento nacional por la pandemia, hemos vivido de una forma especialmente intensa cómo es de cruenta la guerra de las palabras y cómo la atiza este Gobierno social-comunista, unido a sus otros socios separatistas, que igualmente le siguen en la tarea. El caso más notorio es que el hijo de un terrorista se encabrite por que alguien le diga que es el hijo de un terrorista. También hemos tenido que escuchar que ha sido el PP de Madrid el que ha causado la gravedad de la pandemia, como antes escuchamos que era Isabel Ayuso la responsable de los muertos por covid-19 en las residencias de ancianos, que son competencia de Pablo Iglesias.

Sembrar la duda y extender la calumnia, que algo quedará entre los más ignorantes, es una de las tareas fundamentales de esta guerra. Se trata de cubrir las mentiras, errores y yo creo que criminales actuaciones de un Gobierno sectario, y demonizar al Madrid de PP y Cs. Por ahora. Ya que inoportunamente un juzgado ha abierto actuaciones por presuntos delitos del Gobierno Sánchez, es preciso que los hechos no se conozcan, que si no hay más remedio se desvirtúen y que si se puede se renombren. Peor para los hechos.

En ese camino de distorsión, llamar "nuevo derecho social" al ingreso mínimo vital es hasta cachondo en un tipo que hubiera cabreado a Miguel Hernández, antes de ser abofeteado por la proletaria de Galapagar, Irene Montero. En muchas comunidades ya existía, bajo diferentes denominaciones. Habla de democracia y de España, pero en realidad nunca ha sido demócrata (ahora no mola hablar de la dictadura chavista que desea ni mola exponer su idea de la España sin, sin Cataluña, País Vasco ni Galicia).

Por eso, los asesinos de España sólo fueron los franquistas, nadie más, ni siquiera los terroristas de ETA y Terra Lliure, y el nuevo golpismo de España tiene que residir en Vox, porque los separatistas catalanes, apoyados por comunistas y comprendidos por los socialistas, no dieron golpe alguno, como tampoco es golpe el que el Gobierno social-comunista propina cuando asalta los puestos de mando de la fuerza militar y policial.

Para matar los hechos hay que disparar con palabras. Apréndase. Resístase.

Los trabajadores no hablan catalán
Guillem Bota cronicaglobal 1  Junio 2020

Si hace unas semanas se lamentaban los oyentes de Catalunya Ràdio de que todas las trabajadoras de las residencias geriátricas entrevistadas hablaban en castellano, ahora ha sucedido lo propio con los obreros --pronto ex obreros-- de Nissan. En una y otra ocasión, las redes sociales se han llenado de catalanes de bien, que se ofendían porque la totalidad de personas entrevistadas se expresaban en castellano, lo cual constituye un atentado a la lengua catalana, a la misma Cataluña y quien sabe si a todos nuestros ancestros. Han descubierto horrorizados que las mujeres de la limpieza y los obreros de cadena de montaje hablan en castellano, aunque en realidad, la cosa va mucho más allá. Lo que acabarán descubriendo con el tiempo es algo que yo tengo muy sabido: en Cataluña sólo trabajan los castellanoparlantes. Los catalanes de pura cepa no dan un palo al agua.

Se entiende el enfado de los oyentes. Ha de ser duro constatar una y otra vez que los trabajadores hablan castellano. Que quien habla catalán se dedica a la política o a vivir de ella en cualquiera de sus vertientes, como mucho es funcionario. Tanto denostar a los andaluces con el tópico de que se pasan el día en la taberna, para al final resultar que la tan cacareada laboriosidad de los catalanes era una patraña, y que aquí los únicos que producen hablan castellano.

Va a ser que el solo hecho de hablar catalán inhabilita alguna enzima que tiene que ver con doblar la espalda. Yo mismo, que me expreso normalmente en catalán, a la hora de escribir artículos lo hago en castellano. Si no, no hay manera, oiga. Intento escribir en catalán y al segundo párrafo ya me entran ganas de tumbarme en el sofá, salir a tomar una cerveza o ir al cine. Ya sé que existen escritores en catalán, pero eso es porque están subvencionados, y cuando hay dinero fácil de por medio, no hay enzima que le inhabilite nada a un catalán. El mismo Aznar reconocía que hablaba catalán en la intimidad, es decir, en cuanto llegaba a casa después de su jornada laboral, para aparcar cualquier tentación de llevarse trabajo al hogar.

A nadie puede extrañar que los obreros y trabajadores que salen por la tele, hablen castellano. Qué van a hablar, si no, por algo son trabajadores. Lo raro sería que apareciera en pantalla un trabajador hablando catalán, eso sí sería noticia, aunque yo me malfiaría: los más probable es que fuera un actor, puesto ahí por la Generalitat para dar la impresión de que también hay trabajadores catalanes.

¿Por qué no trabajan los catalanes? Ya se ha dicho que hay una razón biológica, pero aún así, podrían pasarse al castellano para laburar, igual que --insisto para que quede clara mi buena voluntad-- hago yo al escribir. Creo que es por falta de ganas. Para qué va a ensuciarse las manos un catalán apretando tuercas, para qué se va a tapar a nariz para cambiarle el pañal a un viejo, para qué, en fin se va a levantar a las seis de la mañana, va a coger el metro, y se va a pasar ocho horas en el tajo, si desde hace tiempo le están diciendo que forma parte de una raza superior. Cómo no se le van a ir las ganas, creyéndose como se cree por encima de los demás.

El problema de la inmersión lingüística no es sólo que ampute derechos a no pocos ciudadanos, sino que está consiguiendo que, poco a poco, cada vez haya más gente que habla catalán. O sea, más gente que no trabaja. No es extraño que la antaño laboriosa Cataluña esté cayendo en picado en todos los índices de actividad industrial. Faltan trabajadores, falta gente que crea en el esfuerzo para labrarse un futuro. Faltan más castellanoparlantes o esto se hunde.

El FRAP, la organización terrorista que asesinó a cinco policías de forma salvaje a finales del Franquismo
El PCE (m-l) o, lo que es lo mismo, el Partido Comunista de España (marxista-leninista), nació así para impulsar la lucha radical y retornar el proceso revolucionario que se vio interrumpido por la Guerra Civil
César Cervera ABC 1  Junio 2020

Una de las características típicas de la izquierda española es el gran número de partidos, familias, facciones y escisiones que se han producido en sus filas a lo largo de la historia. Al igual que el chiste de los Monty Python en «La vida de Brian», donde un grupo de opositores a los romanos ya no saben si son del Frente del pueblo judaico, del Frente Popular de Judea o del Frente Judaico Popular, en la izquierda, particularmente la española, a veces ha resultado un galimatías seguir la trayectoria de cada una de las siglas.

Un grupo terrorista enfrentado a Carrillo
En la década de los años sesenta del pasado siglo, se produjo una escisión clave en el Partido Comunista de España (PCE) tras la decisión de su líder, Santiago Carrillo, de apostar por una política de reconciliación para poner un final pacífico al Franquismo y, si fuera necesario, colaborar con elementos del régimen para este objetivo. Los comunistas que desconfiaban de la «vía pacífica» y rechazaban la política interclasista de esta reconciliación nacional se escindieron, entre 1963 y 1968, en tres nuevas organizaciones que se presentaron como los verdaderos «partidos de vanguardia» de la izquierda españa, si bien desde el PCE se los criticó como partidos «pro-chinos» debido al papel que jugó Mao para impulsar su creación.

Frente a lo que calificaban como un «monstruoso aparato terrorista» en manos del Franquismo, el PCE (m-l) justificaban el uso de la «violencia de autodefensa» a través de distintas acciones.

Los tres nuevos grupos fueron el Grupo Unidad (llamado posteriormente Partido Comunista de España internacional), la Organización de Marxistas Leninistas Españoles y el PCE (m-l). Aunque cada facción tenía sus peculiaridades ideológicas, todos coincidían en su crítica a los partidos comunistas oficiales y en su llamamiento a retornar a la pureza comunista de tiempos pasados.

El PCE (m-l) o, lo que es lo mismo, el Partido Comunista de España (marxista-leninista), nació así para impulsar la lucha radical y retornar el proceso revolucionario que se vio interrumpido por la Guerra Civil. Esta facción comunista, que abogaba porque la URSS regresara a las líneas maestras de Stalin, no contemplaba, como el resto de partidos comunistas españoles, la violencia como una posibilidad o un instrumento teórico, sino que la consideraba una «necesidad ineluctable» para alcanzar sus metas. Frente a lo que calificaban como un «monstruoso aparato terrorista» en manos del Franquismo, el PCE (m-l) justificaban el uso de la «violencia de autodefensa» a través de distintas acciones cada vez más sangrientas.

Contra Franco y el imperialismo
En base a estas razones, el PCE (m-l) creó junto a otros grupos disidentes el Frente Revolucionario Antifascista y Patriota (FRAP) para llevar a cabo sus acciones terroristas contra elementos del régimen y dotar a los pueblos de España de «un instrumento unitario de lucha antifranquista». En una reunión celebrada el 23 de enero de 1971, en un piso de París propiedad del dramaturgo estadounidense Arthur Miller, se concretaron los seis puntos programáticos en los que se basaría el FRAP:

-Derrocar la dictadura fascista y expulsar al imperialismo estadounidense de España mediante la lucha revolucionaria.
-Establecimiento de una República Popular y Federativa que garantice las libertades democráticas y los derechos para las minorías nacionales.

-Nacionalización de los bienes monopolísticos y confiscación de los bienes de la oligarquía.
-Profunda reforma agraria sobre la base de la confiscación de los grandes latifundios.

-Liquidación de los restos del imperialismo español.
-Fundación de un Ejército al servicio del pueblo.

Sin embargo, la constitución formal del FRAP no tuvo lugar hasta dos años después en una Conferencia Nacional celebrada en París en la que Julio Álvarez del Vayo, ministro del PSOE de Largo Caballero durante la Guerra Civil, fue elegido su presidente y se ratificaron sus puntos programáticos. En los cinco años que este grupo terrorista estuvo activo, llevó a cabo acciones de «guerrilla urbana» y protagonizó varios enfrentamiento de cuerpo a cuerpo con las Fuerzas de Orden Público (FOP) franquistas.

La mejor defensa es un sangriento ataque
El grupo se involucró en acciones de protesta clásicas como las manifestaciones, las huelgas, el reparto de propaganda, pero también exploró vías más agresivas como el lanzamiento de cócteles molotov a sucursales bancarias, el robo de armas, las agresiones a personas vinculadas a la autoridad y la confiscación de propiedades.

Conforme se produjo un aumento de la movilización social y la conflictividad laboral, el FRAP fue elevando su apuesta por la violencia. En 1973, el PCE (m-l) consideró que era el momento de que el FRAP abrazara por completo la lucha armada.

Durante la manifestación de ese año del Primero de Mayo en Madrid, un grupo de «autodefensa» del FRAP emboscó en las cercanías de la Estación de Atocha a miembros de las FOP con un resultado de una veintena de agentes heridos por armas blancas y un agente de la Policía muerto. El fallecido era un joven llamado Juan Antonio Fernández Gutiérrez que recibió una puñalada en el hemitórax izquierdo, a la altura del corazón.

El FRAP reivindicó el ataque como la respuesta de «la violencia revolucionaria a la violencia fascista» y el origen de «una justicia popular que empieza ya a organizarse en toda España». A pesar de que una operación policial a gran escala acabó con un gran número de detenidos, el grupo marxista leninista continuó operando en los siguientes años y, a propósito de la primera hospitalización de Franco en 1974, dio otro paso hacia una fase superior de lucha. La posibilidad de que una revolución naciera con el final de la dictadura franquista alentó los ánimos en las filas de los comunistas más radicales y les impulsó a matar a más agentes.

La rama militar del FRAP, que carecía de militares especializados y tenía unas armas muy precarias, dirigió sus ataques contra todos los «agentes de uniforme», lo que se traducía en atentar contra los policías, guardias civiles y miembros del ejército que, indiferentemente de su ideología o su posición en el escalafón, se pusieran a tiro. Con objeto de abastecerse, el grupo realizó numerosos asaltos a bancos, multinacionales de maquinaria de impresión y hasta a algún furgón de traslado de dinero.

Coincidiendo con un aumento de los atentados de ETA, el FRAP desarrolló en 1975 una campaña terrorista en Madrid, Barcelona y Valencia con un resultado de tres muertes (los policías Lucio Rodríguez y Juan Ruiz Muñoz y el teniente de la Guardia Civil Antonio Pose) y cuatro heridos algunos de gravedad (dos de la Policía Armada, un Guardia Civil y un soldado norteamericano que fue herido en una pierna cuando venía de una sala de fiestas).

Las víctimas fueron atacadas cuando se encontraban fuera de servicio, aisladas o en labores totalmente ajenas a cuestiones políticas. Así fue el caso del agente Lucio Rodríguez, de 23 años, que no llevaba ni un año en el cuerpo cuando fue disparado por la espalda mientras prestaba servicio de vigilancia en la puerta de las oficinas de Iberia en Madrid. Atacar los intereses turísticos españoles, que tantos réditos daba a la economía del país, era otro de sus objetivos en su campaña por debilitar al Franquismo.

La apuesta por el conflicto
Las fuerzas policiales respondieron a estos atentados con centenares de detenciones de militantes comunistas y la condena a pena de muerte de ocho miembros del FRAP, de los cuales tres serían fusilados junto a varios terroristas etarras en la madrugada del 27 de septiembre de 1975. La elevada cifra de condenados a muerte ese año, algo desconocida desde el final de la Guerra Civil, despertó una oleada de presiones internacionales para evitar los últimos coletazos de la dictadura.

Ojo por ojo y todos ciegos. Como respuesta a los últimos fusilamientos del Franquismo, el FRAP ordenó dos días después un atraco armado la pagaduría de la Residencia Sanitaria Valle de Hebrón de Barcelona. Los terroristas, que se encontraban mezclados entre el personal de la residencia, abrieron fuego con pistolas y metralletas contra una pareja de Policías Armados que se encontraban allí de vigilancia. Diego del Río Martín, de 25 años falleció durante el tiroteo, mientras que su compañero Enrique Camacho Jiménez pudo reponerse de las heridas de bala a pesar de su gravedad. El grupo se hizo con un botín de 21 millones de pesetas que empleó en seguir con sus actividades violentas.

Cuando a la muerte de Franco la posibilidad de una revolución parecía descartada por la gran mayoría de la población española, incluido el PCE oficial, la apuesta terrorista por la cultura del conflicto, extraída por el FRAP de la Guerra Civil, tuvo que retroceder frente a la apuesta por la cultura del consenso. El FRAP se opuso al proceso de reconciliación iniciado en la Transición y continuó apoyando acciones de protesta y cometiendo pequeños delitos. Entre 1976 y 1978 su actividad fue cayendo en la intrascendencia.

Con todo, resulta difícil determinar cuándo abandonó el FRAP definitivamente las armas y si estuvo involucrado en alguna de las muchas acciones violentas que ocurrieron durante la Transición, donde los Grupos de Resistencia Antifascista Primero de Octubre (GRAPO) tomaron el testigo en cuanto a violencia de izquierda. Cuando el 12 de julio 1979 el hotel Corona de Aragón se incendió causando la muerte de 78 personas y dejando 113 heridas, algunos dedos señalaron a que se trataba de una acción del grupo terrorista leninista debido a que muchos de los huéspedes fallecidos estaban de alguna manera vinculados a la Academia General Militar de Zaragoza.

Tanto Radio Zaragoza como el periódico «El Heraldo» recibieron llamadas ese día en las que supuestos representantes de ETA y el Frente Revolucionario Antifascista y Patriótico reivindicaban el ataque. Cuarenta y un años después no se ha podido demostrar la implicación de ninguno de estos grupos, ni tampoco del GRAPO, otro de los sospechosos habituales por aquel periodo.

La muerte del guardia de seguridad Jesús Argudo Cano, producida en Zaragoza el 2 de mayo de 1980, también fue atribuida al FRAP e incluso la Asociación de Víctimas del Terrorismo así lo señala hoy. Sin embargo, los miembros del FRAP siempre lo han negado en base a que el grupo terrorista ya estaba completamente inactivo en esas fechas.

Tribunales
Piden hasta 18 años de prisión para radicales por dar una paliza a simpatizantes de Vox
GERMÁN GONZÁLEZ El Mundo 30 Mayo 2020

Los acusados causaron disturbios en una protesta contra el partido de Abascal en Barcelona convocada por Arran, la Plataforma Antifascista y los CDR

"Actos de barbarie". Así califica la Fiscalía contra delitos de Odio y Discriminación, que coordina el fiscal Miguel Ángel Aguilar, la actuación de nueve personas durante una protesta convocada por Arran, vinculada a la CUP; Plataforma Antifascista y grupos de CDR, contra un acto de Vox en Barcelona en marzo de 2019. Según el escrito del Ministerio Público los acusados dieron una paliza a dos manifestantes del partido de Santiago Abascal provocándoles numerosas lesiones, destrozaron mobiliario urbano por valor de más de 4.000 euros y lanzaron objetos contra la Mossos d'Esquadra. Además a uno de ellos lo acusan de un delito de ultrajes a la bandera por quemar una española y por llevar una porra extensible ya que es una arma prohibida.

El fiscal reclama que los procesados sean condenados a penas de entre ocho y 18 años de cárcel, la prohibición de acudir a protestas durante cinco años e indemnizar con más de 17.000 euros a los dos simpatizantes de Vox lesionados, a un agente de los Mossos d'Esquadra agredido y al Ayuntamiento de Barcelona por los daños causados en el mobiliario urbano. Los acusa de los delitos de desórdenes públicos, lesiones, tenencia ilícita de armas, ultraje a España y también atentado a la autoridad, por haber lanzado supuestamente botellas de vidrio, cohetes y material de construcción contra la línea policial que les impedía acercarse al mitin de Vox.

La acusación señala que los procesados formaban parte del grupo de 300 personas que participaban en una protesta convocada por Arran, la Plataforma Antifascista y grupos de CDR contra la celebración de un acto de Vox en Montjuïc hace más de un año. El fiscal indica que estos manifestantes se "autodenominan como antifascistas" y llevaban "pancartas con el lema "no pasarán" y "apaguemos la vox del fascismo", muchos de ellos ocultando su rostro total o parcialmente con tapabocas o pasamontañas para impedir o dificultar su identificación".

Dentro de estos manifestantes había un grupo que ejercía "funciones de liderazgo" en la protesta, entre los que se encontraban los acusados y varios menores de edad, que cortaron el tráfico. La Fiscalía señala que entonces emprendieron una "acción vandálica descontrolada", con una "clara actitud beligerante y agresiva" hacia los agentes desplegados para impedir que se acercasen al acto de Vox y por eso se hicieron con "piezas de pavimento, peanas de cemento, vallas metálicas, palés de madera y contenedores", a los que prendieron fuego en la calle, al tiempo que rompían grandes piezas de hormigón y ladrillos para tener material con el que atacar a la policía.

El Ministerio Público los acusa de presuntamente lanzar contra los Mossos fragmentos de material de construcción, huevos, botellas de vidrio, señales de tráfico y "otros objetos peligrosos" mientras uno de ellos prendía fuego a una bandera de España "como expresión gráfica de su voluntad de ofender a la nación". Además otras personas presentes en la protesta que no pudieron ser identificados lanzaron además tres cohetes "entre aplausos y pitidos de aprobación" de los concentrados contra la policía.

El escrito señala que los acusados "continuaron con las barricadas, empujaron contenedores y lanzaron objetos contundentes contra las unidades policiales presentes, llegando a prender una hoguera a modo de barricada frente a la misma línea policial a la que arrojaron señales de tráfico que arrancaron, material de obra, palés de madera para incrementar su combustión". Además, apunta a que "la línea policial recibió la orden de avanzar para ganar la zona en obras y conseguir que los acusados dejaran de hacer lanzamientos de material así como poder sofocar el fuego que quemaba la barricada" por lo que los concentrados comenzaron retrroceder para montar una nueva barricada y seguir tirando objetos.

La Fiscalía mantiene que desde esta última barricada los manifestantes vieron a dos personas que iban al acto de Vox y que llevaban camisetas con lemas exigiendo la derogación de la ley de violencia de género, por lo que empezaron a insultarlos y amenazarlos. Entonces, un grupo de estos concentrados, algunos con la cara cubierta entre los que estaban cinco de los procesados portando uno de ellos una porra extensible, fueron "en una auténtica masa de acoso" hacia los simpatizantes de Vox y aprovechando la "ventaja que les confería su superioridad numérica" les dieron una paliza.

Señala que los acusados rociaron a una de las víctimas con un espray que le dejó sin visión, mientras otro le propinaba porrazos con una defensa extensible que llevaba. Por su parte, al otro simpatizante le dieron hasta que quedó en el suelo y allí continuaron pegándole patadas y puñetazos en la cabeza y el cuerpo, hasta que llegó la policía.

"Estos actos de barbarie además pusieron en peligro la integridad física de los numerosos agentes de orden público que tuvieron que intervenir para sofocar los graves disturbios y preservar la ciudadanía, la propiedad privada y el mobiliario urbano aunque, afortunadamente, gracias a los equipos de protección y al uso del material antidisturbios que portaban ningún policía resultó herido como consecuencia de los mismos" señala el fiscal quien detalla que los acusados actuaron contra las víctimas "simplemente escogidas por su rechazo a las personas que no piensan como ellos" por lo que les atribuye el agravante de discriminación ideológica.


Recortes de Prensa   Página Inicial