AGLI Recortes de Prensa   Jueves 4  Junio  2020

"¡Viva el 8-M!": España, a merced de un sociópata
EDITORIAL Libertad Digital 4  Junio 2020

El "¡Viva el 8-M!" entonado por Sánchez es propio de un sociópata dispuesto a cualquier coste con tal de dar rienda suelta a sus delirios ideológicos.

Lamentablemente, no le faltaba razón al portavoz de ERC, Gabriel Rufíán, al jactarse de que Ciudadanos se ha "comido" la mesa de diálogo entre el Gobierno y los golpistas catalanes, conditio sine qua non para que estos respaldaran la sexta prórroga del estado de alarma, tras confirmarse el voto afirmativo de Cs a la misma. Y es que ya era una mala excusa por parte de la formación naranja justificar sus anteriores respaldos al ruinoso y liberticida estado de alarma presentando su apoyo como una forma de romper los vínculos del Gobierno con los golpistas. Pero que, una vez desaparecido el espejismo, se haya prestado a seguir actuando de tonto útil ya no solo del Gobierno social-comunista de Sánchez e Iglesias y de los nacionalistas vascos sino de ERC revela algo mucho peor que la "paciencia bíblica" que el portavoz de Cs, Edmundo Bal, ha reconocido tener con el Ejecutivo: que los de Arrimadas no aprenden de sus errores y creen, erróneamente, que son sus votantes los que tienen una paciencia con sus representantes digna del santo Job.

Con todo, no fue el triste y suicida papelón de Ciudadanos lo peor de la sesión parlamentaria de este miércoles, sino las escandalosas declaraciones del presidente del Gobierno en el tenso debate suscitado en torno al juicio por el 8-M, el informe de la Guardia Civil presentado a la juez Rodríguez Medel y la ominosa destitución del coronel Pérez de los Cobos por cumplir con su deber. Y es que Pedro Sánchez, cual sociópata dispuesto a cualquier cosa con tal de dar rienda suelta a sus delirios ideológicos, no ha tenido mayor ocurrencia que entonar un "¡Viva el 8-M!".

Dada la cantidad de personas que pudieron contagiarse o contagiar el coronavirus en esas manifestaciones feministas –entre ellas, las ministras Carmen Calvo, Carolina Darias e Irene Montero, así como la esposa y la madre del propio Sánchez–, la demencial proclama del presidente es tanto como entonar un "¡Viva el contagio!" o, como ha señalado Santiago Abascal, un "¡Viva la muerte!".

Pero es que además la intolerable fanfarronada de Sánchez entra en contradicción con la artera excusa con la que, más que disculparse, trató de justificar en su día que la prohibición de las manifestaciones y el estado de alarma no se hubieran decretado antes sino después del 8-M. Apelando al llamado "sesgo de retrospectiva" –consistente, según él mismo explicó, "en que, una vez conoce el desenlace de un evento, la gente tiende a pensar que se podía haber previsto ese desenlace anticipadamente"–, el descalificable jefe del Gobierno aseguró: "Es obvio que, con lo que sabemos hoy, el mundo no hubiera actuado de la misma forma".

Pues bien, ahora que sí se sabe que la pandemia ha causado en España centenares de miles de contagios y, como mínimo, 30.000 muertos, al presidente del Gobierno no se le ocurre otra cosa que reivindicar las manifestaciones multitudinarias del 8-M, objetivamente propagadoras del virus; todo para tapar el hecho, denunciado ante la juez y confirmado por el informe de la Guardia Civil, de que el Ejecutivo ya disponía el 2 de marzo de un informe enviado por el Centro Europeo para el Control y Prevención de Enfermedades donde se pedía a todos los Gobiernos de la UE que dictaran "medidas de distanciamiento social individual" y se les instaba a considerar la "cancelación de las concentraciones masivas".

No hay mejor prueba de que el Gobierno prefirió poner en riego a la población antes que renunciar a las manifestaciones concebidas para dar cobertura propagandística a su bodrio legislativo del 'sólo sí es sí' que ese monstruoso "¡Viva el 8-M!" del indigno sujeto que preside el Gobierno de España.

El Gobierno borra las huellas del delito
OKDIARIO 4  Junio 2020

Dos informes de situación diarios sobre la evolución del coronavirus han desaparecido de los archivos de acceso público del Ministerio de Sanidad. Casualmente, son los que corresponden a los días 14 y 15 de marzo y llevan los números 44 y 45, justo los que constatan el estallido de contagios tras el período de incubación del virus por el 8-M. Hagan la prueba: accedan a la web de Sanidad, busquen el informe y se encontrarán con un explícito «Lo sentimos, no se encuentra la página que ha solicitado».

OKDIARIO muestra hoy los informes borrados de la web: el 15 de marzo, el incremento de contagios es de 2.000, justo siete días después del 8-M. El informe del 14 de marzo, extrañamente, no detalló el apartado de «nuevos casos», que sí aparecían en días anteriores. OKDIARIO ha hecho el cálculo de restar del total acumulado los contagios de días previos. El 14 de marzo se registró una escalada de 1.519 casos.

No es de extrañar que el Gobierno haya borrado los informes. Se trata de las últimas irregularidades en los documentos clave que necesita la juez Rodríguez Medel. Y eso sin tener en cuenta que los informes del 8 y 9 de marzo no fueron elaborados por el Ministerio de Sanidad, sino por Presidencia del Gobierno. Por algo será.

OKDIARIO ha repasado, uno a uno, todos los informes de situación elaborados a lo largo de la crisis del coronavirus. Y justo en los días clave para analizar judicial y penalmente si el Gobierno tuvo conocimiento de un estallido de contagios previo al 8-M que le debería haber llevado a desconvocar la manifestación feminista de aquella jornada, es donde los informes del Ministerio de Sanidad se cortan. Otra casualidad.

Hay que recordar que Pedro Sánchez aseguró siempre que la escalada de contagios de coronavirus no se supo hasta pasado el 8-M. Miente, porque los archivos de las Comunidades, jornada a jornada, demuestran que en vísperas de la manifestación feminista la escalada de contagios era brutal.

¿Qué pretende el Ejecutivo socialcomunista? Está muy claro: borrar las huellas del delito

La guerra ha terminado
Amando de Miguel Libertad Digital 4  Junio 2020

Se manejó con soltura la imagen bélica de la pandemia del virus chino. Nada menos que las arcanas "autoridades sanitarias" se aprestaron a la "lucha contra el coronavirus". (Lo de corona, un genérico, era una forma de confesar que no se sabía lo que era). Se diseñó un "mando único" para dirigir la batalla, que ha costado más víctimas que todos los demás desastres después de la Guerra Civil y sus consecuencias. Por cierto, la expresión ‘mando único’, con resonancias estalinistas, se empleó mucho durante la guerra civil del 36, tanto en uno como en otro bando. Esconde una querencia autoritaria. Por otra parte, siempre que en política se habla de "unidad" o de "único" o "unificado" es que algo acaba disgregándose.

Pues bien, la extraña "guerra" está a punto de concluir. No vamos a celebrar un día del armisticio, pues el enemigo seguirá ahí latente durante bastante tiempo. Pero van a finalizar las magnas operaciones sanitarias. En las guerras convencionales suelen hacer grandes fortunas los avispados que trafican con los avituallamientos de las tropas. Esta del virus chino también ha sido la ocasión para el lucro desproporcionado de los mercaderes de mascarillas y otros adminículos profilácticos. Sigue sin explicarse por qué la industria española no logró fabricar ese tipo de artefactos, de sencilla tecnología, con un ritmo de marchas forzadas.

La guerra del virus chino ha ido una invasión por sorpresa, que ha desarticulado la economía mundial más que ningún otro acontecimiento de la historia contemporánea. La posguerra va a ser especialmente dura, y más todavía para España, cuya economía se basa en las exportaciones, singularmente el turismo y los automóviles. Por desgracia, son ramos cuya autoridad definitiva reside en otros países.

Persiste un factor difícil de interpretar. ¿Cómo es que, habiendo sido tan desastrosa la dirección de la guerra por el Gobierno español, no ha surgido un espíritu más decidido y general de rebelión política? Bien es verdad que se anuncian algunas demandas judiciales contra la campaña llevada a cabo por las misteriosas "autoridades sanitarias". Seguramente habrá que esperar movimientos de mayor amplitud. No se olvide el magnífico precedente de la II Guerra Mundial en el Reino Unido. El premier Winston Churchill derrotó a los nazis alemanes, bien que con la ayuda norteamericana. Nada más terminar la guerra, Churchill se enfrentó a unas elecciones y las perdió. Claro que el Reino Unido es el exponente de una democracia establecida con una tradición secular. No es razonable pensar que al presidente Sánchez le vayan a dar el Premio Nobel de Literatura o de Economía.

En el caso español, la guerra vírica ha servido para que el Gobierno refine todavía más las técnicas de propaganda. Así pues, la satrapía que nos gobierna se refuerza con tal ejercicio. La profecía de Orwell se queda chiquita ante el mundo que nos aguarda de atosigante vigilancia continua.

La insoportable vileza de un cobarde moral
OKDIARIO 4  Junio 2020

La declaración, nada velada por cierto, hecha por el presidente del Gobierno según la cual la destitución del coronel Pérez de los Cobos se enmarca dentro de una remodelación del Ministerio de Interior para evitar una «Policía patriótica» -expresión patentada por Pablo Iglesias- es de una gravedad tal que podría decirse que el Ejecutivo socialista ha alcanzado la cumbre de la indecencia moral.

La «Policía patriótica», según la teoría conspiranoica del líder de Podemos y que ahora hace suya Pedro Sánchez, se refiere a la supuesta presencia de grupos policiales al servicio de la derecha y en contra del Gobierno. Es decir, elementos golpistas dentro de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. Que la destitución de Pérez de los Cobos se enmarque, según la falsaria declaración de Sánchez, en los intentos del Gobierno de limpiar la Guardia Civil de esa supuesta «Policía patriótica» significa acusar a un coronel de la Guardia Civil de impecable trayectoria de un delito gravísimo. No cabe mayor indecencia ni mayor ignominia.

El presidente del Gobierno de España acusando a sectores de la Benemérita de estar promoviendo una suerte de golpe de Estado. Y todo para cubrir a un ministro de Interior, Fernando Grande Marlaska, que se ha revelado como un mentiroso contumaz, un conspicuo cercenador de derechos y libertades y ya veremos si un prevaricador.

La vileza de Pedro Sánchez, capaz de mancillar el buen nombre de la Guardia Civil y verter a chorros su sectarismo sobre una institución que ha hecho del honor y del patriotismo su bandera, es insoportable. Lo que ha hecho el jefe del Ejecutivo es abyecto, de una bajeza ética sin precedentes. Extender sombras de sospecha sobre la actuación del Instituto Armado es propio de un desalmado sin escrúpulos, de un irresponsable cuyo único objetivo es perpetuarse en el poder degradando hasta la náusea las instituciones del Estado.

A Pérez de los Cobos corresponderá defenderse como crea conveniente de la bajuna insinuación de presidente. Pero desde un punto de vista estrictamente político, lo que ha Sánchez no tiene perdón. El socialcomunismo ha cruzado un peligrosísimo umbral: ha acusado a la mismísima Guardia Civil de incumplir su papel de garante de las libertades y convertirse en una «Policía patriótica» al servicio de espurios intereses.

Sánchez. por si quedaban dudas, se ha retratado: es un cobarde moral

Marlaska y… ¡Viva el 8M!: el descaro de un presidente debilitado
Antonio Martín Beaumont esdiario  4  Junio 2020

Pedro Sánchez reivindicó el "pecado original" de la pandemia, con una actitud insólita con el panorama que sufre España. Pero tiene una hoja de ruta y es ésta.

Pedro Sánchez se las prometía felices. Creía haber logrado la cuadratura del círculo. Tenía en su mano a Cs, el respaldo del PNV y la abstención de ERC para la sexta y última extensión del estado de alarma. Pese a titubeos pasajeros, la mayoría Frankenstein que le aupó a La Moncloa había sido zurcida. Pero, ya se sabe, a perro flaco todo son pulgas. Y la debilidad de este Gobierno cada día es más palpable. Así que en su camino de éxtasis volvió a cruzarse Fernando Grande-Marlaska.

El ministro del Interior no deja de tropezar consigo mismo buscando explicarse sobre la destitución del coronel Diego Pérez de los Cobos. El entorno presidencial había previsto que el suflé de la escandalera bajase tan rápido como había subido.

Pero las cosas se complicaron –y de qué manera– cuando el cese quedó definitivamente vinculado (vía nota interna de la directora general de la Guardia Civil, María Gámez) a la negativa del hasta entonces jefe de la comandancia en Madrid a entregar la investigación judicial sobre el 8M. Una injerencia “de manual” del Gobierno en el poder judicial.

Ante la tormenta que se le había venido encima, el presidente, genio y figura, sacó pecho y desde la tribuna del Congreso de los Diputados exigió al resto de fuerzas políticas que repudiasen el odio y la provocación. Y no contento con ello, aludiendo a la manifestación feminista que había motivado el informe de la Benemérita, dejó retumbando el hemiciclo con un “¡Viva el 8 de marzo!”.

Marlaska, el buen juez que vendió su alma al diablo político de Sánchez

Así, con descaro, provocando, reivindicó el que para buena parte de los españoles es el “pecado original” de este Gobierno: haber priorizado la ideología sobre la salud. Con los efectos conocidos: propagación de la pandemia hasta ser uno de los países con mayor proporción de muertos, el confinamiento de la población más estricto del mundo y el caos económico. Tan soberbio está Sánchez, que no duda siquiera en desafiar a la Justicia, cuya independencia pretende cercar.

El presidente ha puesto límites al escenario. La consigna gubernamental, extensible a la facción de Unidas Podemos, pasa por un respaldo férreo a Marlaska. Oficialmente, hay “confianza ciega” en el titular del Interior: “No hay grietas”, se dice.

Entre bambalinas, sin embargo, baja enteros. El muro de contención impuesto es insuficiente para ocultar el desconcierto. Los cambios de versión del ministro y sus explicaciones contradictorias con tantísimos puntos débiles agrandan la inquietud en los despachos monclovitas.

En el propio equipo de Sánchez, ante el temor a quedar enquistados en su purga en la Guardia Civil con el ambiente cada vez más caldeado, las aguas están revueltas. Marlaska se ha adentrado en un inquietante jardín con el presidente a su lado. Por más que su especialidad sea la supervivencia.

La credibilidad
Con todo, el líder socialista siempre tiene a mano el botón del control. De ahí que, aunque su núcleo duro transmita apoyo total al titular de Interior, en ningún momento se haya escuchado una palabra de más para respaldar a la directora general de la Benemérita.

Con la orden de caída de Pérez de los Cobos firmada de su puño y letra, bien puede ser ella la “carnaza” inicial que se eche a quienes piden dimisiones ante el escándalo. La exigencia ética de un miembro del Gobierno debería ser siempre muy alta y, precisamente por ello, quien tiene en su mano una cartera tan rigurosa como la de Interior jamás debería ser una persona con la credibilidad en entredicho. Pero, los antecedentes obligan a pensar que el presidente va a defender al ministro como gato panza arriba.

Marlaska, retrato de un mentiroso
OKDIARIO 4  Junio 2020

La prueba del nueve de que Fernando-Grande Marlaska sigue subido a lomos de la mentira es que su excusa inicial para negar la evidencia de su purga al coronel Pérez de los Cobos -una reorganización interna- se desmonta con la información que ofrece OKDIARIO. Al menos diez coroneles rechazaron sustituir al compañero injustamente destituido. Si fuera cierto que Marlaska prescindió del coronel Pérez de los Cobos por una mera cuestión de reorganización, no habría tardado más de una semana en encontrar sustituto.

Interior ha confirmado que el teniente coronel David Blanes asumirá la jefatura de la Comandancia de Madrid, pero lo cierto es que antes de encontrar un candidato que quisiera asumir dicho cargo se sondeó a un nutrido ramillete de coroneles que hicieron llegar su negativa al Ministerio. Está claro que Marlaska miente. Y lo hace con una obscenidad rayana en la impudicia. ¿Alguien va a creerse que si todo responde a un simple movimiento de reestructuración de equipos se procede, con nocturnidad y alevosía, a destituir a un coronel de la Guardia Civil sin tener ya sustituto? Desde el 25 de mayo, día que se conoció la destitución de Pérez de los Cobos, Interior ha tratado de cubrir su puesto, pero no ha sido hasta 10 días después cuando se ha cerrado el relevo.

Que diez coroneles de la Guardia Civil hayan dicho «no» a Marlaska refleja el clima de indignación existente en los altos mandos de la Benemérita por el comportamiento indecente del ministro. Marlaska ha intentado desacreditar con falsedades manifiestas la recta actitud de un coronel que se negó a incumplir la ley. Pérez de los Cobos fue fulminado, precisamente, por la decisión de un ministro, juez por más señas, que pretendió que un militar desobedeciera un mandato judicial. No es de extrañar que los compañeros del coronel purgado hayan rechazado el cargo que ocupaba Pérez de los Cobos. El patriotismo y el honor de la Benemérita no casan con la mentira.

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El Gobierno es responsable
Editorial larazon 4  Junio 2020

La posición en la que las últimas decisiones decisiones del Gobierno ha dejado a la Guardia Civil es insostenible. Afecta a la credibilidad de un cuerpo con absoluta lealtad al orden constitucional y defensa de las instituciones democráticas. Es necesario, por lo tanto, que se asuman responsabilidades cuanto antes y se reconduzca una situación que afecta a una parte fundamental de nuestras Fuerzas de Seguridad.

La directora de la Guardia Civil, María Gámez, ha admitido por escrito que el coronel al mando de la comandancia de Madrid, Diego Pérez de los Cobos, fue cesado por no comunicar a sus mandos superiores las diligencias judiciales sobre el 8-M, tal y como establece la ley y la magistrada que abrió el caso exigió. Así se revela en un documento interno firmado por Gámez y dirigido al secretario de Estado de Seguridad, por “no informar del desarrollo de investigaciones y actuaciones de la Guardia Civil, en el marco operativo y de Policía Judicial, con fines de conocimiento”.

Es decir, el coronel Pérez de los Cobos cumplió con su obligación, aunque la investigación reclamada por la titular del Juzgado número 51 de Madrid considerase impropio realizar actos masivos, como la manifestación del 8-M y otros similares. Es decir, el Poder Judicial no puede supeditarse a los intereses de un Gobierno encerrado por su debilidad política.

El ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, cesó a Pérez de los Cobos por “pérdida de confianza”, aunque ocultó que el coronel de la Guardia Civil había cumplido con su obligación. Su fulminante destitución, que se produjo inmediatamente después de que Gámez conociese el informe judicial, invalida sus argumentos. La supuesta “reestructuración” de su “equipo” y su “proyecto”, tal y como anunció Grande-Marlaska, no coincide con los hechos desencadenados.

La situación es especialmente grave porque el ministro del Interior mintió y mintió la directora de la Benemérita. No puede estar al frente de un cuerpo que antepone la lealtad constitucional a cualquier otro interés una persona que no defiende lo fundamental de esta institución. No hay más salida: ambos deben presentar su dimisión y esta debe ser aceptada por un Pedro Sánchez que ha causado un crisis innecesaria en la Guardia Civil. No todo vale. Las instituciones del Estado no pueden estar al servicio del Gobierno, ni ser manejadas como meros apéndices de un poder político sostenido por partidos anticonstitucionales.

Bastante destrozo ha hecho el coronavirus en nuestra sociedad, como para que el Gobierno maltrate de esta manera a un cuerpo ejemplar con el apoyo necesario de las fuerzas independentistas, ERC y Bildu, y la maquinaria propagandista de Podemos. España no se puede permitir un deterioro institucional de este calibre.

El grito destructivo de Sánchez
Agapito Maestre Libertad Digital 4  Junio 2020

Abascal está aguantando con naturalidad el carácter destructivo de Sánchez. Fue el único que se atrevió a decirle no tengo miedo sino una alternativa.

Dos asuntos destacaré del debate político de este miércoles en el Congreso de los Diputados. Los dos tuvieron que ver con Santiago Abascal. Es normal que el protagonismo del debate de la mañana sobre la prórroga del estado de alarma girase en torno a su intervención. Quizá el segundo de esos temas, defendido únicamente por Vox, convierta pronto a Abascal en un líder de Estado; me refiero a la nueva ficción de Sánchez-Iglesias para mantenerse en el poder que hará época en los próximos meses: renta mínima y justicia social.

La primera cuestión estaba a la vista de todos: la utilización terrible de Sánchez del tercer principio de la propaganda nazi. Abascal lo vio con claridad y argumentó con autoridad moral contra Sánchez. Denunció con precisión política que la reivindicación del 8-M, es decir, alentar las macromanifestaciones de ese día sabiendo el peligro que corría la población de infectarse por el coronavirus, por parte de Sánchez es una prueba decisiva del autoritarismo de este Gobierno social-comunista. Además, Abascal mostró con delicadeza que Sánchez no es sólo un buen conocedor de los métodos nazis de propaganda, sino que los utiliza en España con extraordinario éxito en los medios de comunicación. Sánchez hizo un uso, impropio de un demócrata, según se desprende de la intervención de Abascal, del principio de transposición del ministro de Ilustración Pública y Propaganda de Hitler, el terrible Goebbels: cargar sobre el adversario los propios errores o defectos, respondiendo al ataque con el ataque. "Si no puedes negar las malas noticias, inventa otras que distraigan".

La intervención de Abascal me hizo recordar una obviedad: el Gobierno negó la amenaza de pandemia, alertada por la OMS el 30 de enero, demorando el decreto de estado de alarma al 14 marzo. Tres datos siguen siendo incontestables:

1. La OMS alertó del riesgo de pandemia global el 30 de enero e instó a los Estados a tomar medidas.

2. El ministro de Universidades reconoció el 21 de marzo que el Gobierno era consciente del riesgo al menos desde el 2 de febrero.

3. A pesar de lo anterior, el director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias bendijo la macromanifestación del 8-M.

En fin, la pregunta que se deriva de esos hechos es obvia: ¿cuántos muertos podríamos habernos evitado en España de haber aprovechado esos 45 días?

Pero, sobre todo, Abascal hizo una aportación científica decisiva para el futuro de España: la renta mínima vital, aprobada días atrás en el Parlamento sin el voto de Vox, es la maquinaria de guerra de Sánchez-Iglesias para destruir la principal riqueza de España, a saber, la voluntad de esfuerzo y trabajo de los españoles, aparte de tener un efecto llamada para que lleguen miles de desempleados de otros países. La renta mínima es el precedente, dijo Abascal, de la cartilla de racionamiento. ¡Podría ser!

Sí, este miércoles Vox fue la excepción de un panorama político pervertido por el grito histérico de un Gobierno autoritario: "Todo por la justicia social". La cuestión de la justicia social, como tantas otras, en manos de Sánchez-Iglesias se convierte en su contrario bárbaro. Las épocas de desesperación, como en la que entramos, son plataformas ideales para que los Gobiernos populistas degraden hasta la mera retórica cuestiones otrora respetables, como la idea de justicia social.

Lo terrible es que todos los partidos políticos, salvo Vox, se han rendido y entregado al grito del histrión Sánchez a favor de la renta mínima y la justicia social. Sólo Vox se ha levantado, como si se tratara de un seguidor de Hayek, contra el Gobierno.

Abascal está aguantando con naturalidad el carácter destructivo de Sánchez. Fue coherente. Fue el único que se atrevió a decirle no tengo miedo sino una alternativa para liderar el Gobierno.

¿Para qué quiere Pedro Sánchez tener poderes excepcionales tanto tiempo?
ESdiario 4  Junio 2020

Entre el Estado de Alarma y el verano, la democracia española quedará congelada durante seis meses y un presidente que debe muchas explicaciones tendrá más poder que nunca.

El Congreso aprobó, con los votos por activa o por pasiva de PSOE, Podemos, Ciudadanos, PNV y ERC, prolongar por sexta vez el Estado de Alarma para sumir a España en el cautiverio más longevo del mundo, donde también se encabeza la terrible estadística de mortandad.

Pero no conviene llamarse a engaño: lo que ayer se aprobó no es una medida sanitaria, sino el permiso a Pedro Sánchez para extender sus poderes excepcionales hasta septiembre, de un modo u otro: desde marzo hasta después del verano, la democracia plena en España va a estar hibernada.

Para eso vale la sexta prórroga del Estado de Alarma. No para prevenir una emergencia sanitaria que, cuando era inminente, se ignoró. Solo hace falta salir a la calle para constatar que los límites y las precauciones son mínimas. O solo hay que escucharle al Gobierno decir que, en unos días, cada Comunidad Autónoma gestionará la epidemia como le parezca oportuno.

Todo el poder
¿Para qué entonces prolongar los poderes excepcionales de un presidente que falló con estrépito en la prevención y ahora usa su pandemia para gobernar como si el Estado de Derecho estuviera subordinado en su totalidad a las decisiones e intereses del Gobierno?

Sánchez solo quiere que la sociedad empalme el fin del confinamiento con las vacaciones del verano. Y quiere, también, que se olvide de qué ha pasado y por qué y esta tragedia parezca un accidente meteorológico fortuito. Y quiere, por último, terminar de colonizar hasta el último rincón del Estado: el CIS, RTVE, la Guardia Civil, la Fiscalía General o el Poder Judicial.

Eso es lo que han apoyado, para sacar además su beneficio, Bildu o ERC. Y también Ciudadanos, que no puede estar denunciando en las horas pares los abusos de Sánchez y en las impares aprobando con él las herramientas que le permiten perpetuarlos.

El presidente no dio ayer ninguna explicación de nada. Ninguna autocrítica. Ningún consenso. Se limitó a exponer su agenda ideológica, esa “nueva normalidad” que ahora pretende regular por decreto, y a decir bien alto “Viva el 8M” con 43.000 cadáveres de cuerpo presente, parece una osadía. Cuando no un desprecio a los hechos y a las personas.

Una acusación que deshonra a Pedro Sánchez
Editorial El Mundo 4  Junio 2020

Pedro Sánchez, dispuesto a deslegitimar las instituciones con tal de seguir aferrado al poder, no dudó en lanzar una gravísima acusación contra la Guardia Civil, al insinuar su deslealtad con el Estado por estar trabajando al servicio de intereses espurios.

Conocido de antemano el mercadeo de votos de Sánchez con los nacionalistas para aprobar la última prórroga del estado de alarma a cambio de nuevos privilegios forales para el PNV y de la reanudación con ERC de la mesa extraparlamentaria en la que se negocia la independencia de Cataluña, la sesión de control de ayer en el Congreso solo tenía el interés de ver con cuál de las diferentes versiones sobre la destitución de Pérez de los Cobos se quedaba Sánchez para defender a su ministro de Interior. Por eso, supuso una sorpresa comprobar que no utilizó ninguna de las cuatro explicaciones inventadas por Grande-Marlaska para ocultar una purga sobre la que tendrá que responder judicialmente, después de que el coronel de la Guardia Civil haya anunciado que recurrirá su cese por "ilegal" e "injusto". Pedro Sánchez, dispuesto a deslegitimar las instituciones democráticas con tal de seguir aferrado al poder, no dudó en lanzar una gravísima acusación contra la Guardia Civil, al insinuar su deslealtad con el Estado por estar trabajando al servicio de intereses espurios.

En una ofensiva sin precedentes de un presidente del Gobierno al instituto armado, uno de los pilares de las fuerzas de seguridad nacionales, Pedro Sánchez, justificó la destitución de Pérez de los Cobos por formar parte de una operación mayor encaminada a "destapar" a una supuesta "policía patriótica" puesta en marcha por el PP cuando estaba en el poder para "ocultar sus vergüenzas". Se trata de una acusación que supone una inaceptable deshonra para un coronel de una impecable trayectoria y de una extensa hoja de servicios como Pérez de los Cobos y por extensión para un cuerpo que se ha caracterizado siempre por su defensa de la seguridad de todos los españoles desde la más estricta legalidad. Con su ataque, además, Sánchez coloca en una difícil situación a David Blanes, el oficial que sustituirá a Pérez de los Cobos -destinado a tareas burocráticas-, después de que muchos otros se hayan negado a aceptar el ofrecimiento del ministro de Interior.

Finalmente, con este inmerecido agravio, el presidente del Gobierno demuestra su temor a que la autorización de la manifestación del 8-M -desoyendo las alertas sanitarias de la OMS-, se convierta en su talón de Aquiles. La propia directora general de la Guardia Civil reconoció que el fulminante cese de Pérez de los Cobos se produjo por su negativa a violar la ley e informar al ministro sobre la investigación que lleva a cabo la magistrada Rodríguez-Medel, en la que ya está imputado el delegado del Gobierno. De ahí que Sánchez presentase ayer como modélica su gestión de la crisis, pretendiendo, aun a costa del prestigio y del honor de la Guardia Civil, ocultar su negligencia.

La mentira ejemplar
Sánchez está abriendo un nuevo debate más allá del alcance de la libertad y de la excepcionalidad como modo de paralizar una nación: el del elogio de la mentira y la perversión de la ejemplaridad
Manuel Marín ABC 4  Junio 2020

Viva el 8 de marzo. Viva la dependencia judicial. Vivan el intervencionismo, la intromisión y la injerencia en cada rincón de la cocina del Estado. Viva Marlaska. Y viva el estado de alarma. Este compendio de vivas —único resumen posible de la comparecencia de Pedro Sánchez— conduce a pensar que se abstrae de la realidad. Confunde las evidencias con invenciones para tratar de reconstruirla a su medida y por eso presume de gestión. Primera lección de su «manual» del resistente: si te equivocas, que no lo parezca; si te equivocas mucho, que lo parezca menos; y si te equivocas en todo, convéncete de lo contrario mintiendo. Solo así, con una sobredosis de falsa autoestima, harás creer a los demás que se equivocan.

Sin embargo, los «viva» de Sánchez solo reivindican un error. Son el elogio sobreactuado de un pecado original —el 8-M— capaz de arrastrar a España hasta un estado de alarma sin fecha de caducidad definitiva. Sánchez ha elaborado un delirante discurso de la euforia post-Covid para sustentar una entelequia y fabricar a base de pequeñas mentiras sostenibles una gigante mentira insostenible.

Tras la maniobra de Sánchez se esconde una opresiva concepción del poder y una meditada desmembración de la democracia, según la cual quedan justificados el abuso de poder, las purgas en las fuerzas de seguridad, el ninguneo a las cámaras legislativas, el control a distancia del poder judicial y el engaño masivo. Sánchez es un mochilero del Parlamento incapaz de saber con qué partido dormirá cada noche de votación. Y si para dormir caliente debe instrumentalizar cualquier causa noble, lo hace sin rubor: apropiarse del feminismo, ideologizar un virus, retener a la población, perpetuar la gobernabilidad por decreto… o defender la mentira con compulsión, como si no fuese un vicio antidemocrático, sino un arma legítima de destrucción masiva.

Sánchez está abriendo un nuevo debate más allá del alcance de la libertad y de la excepcionalidad como modo de paralizar una nación: el del elogio de la mentira y la perversión de la ejemplaridad. Nadie duda de que los políticos mienten. Incluso, se podía aceptar socialmente como un mal menor de vista gorda mientras el sistema funcionase. Lo punible no era mentir, sino ser sorprendido en la mentira. Sin embargo, hoy Sánchez está consiguiendo que hasta eso sea un mérito del mentiroso. Más aún, ha descubierto que es posible culpar a la derecha de las mentiras de la izquierda sin que nadie le penalice, porque son mentiras ejemplares. Una gozada.

Marlaska ha mentido en sede parlamentaria, e Irene Montero en televisión achacando las ausencias del 8-M a la lluvia en Madrid. Sin embargo, para Sánchez son los otros héroes del Covid, los rehenes de un nuevo fascismo, las víctimas de otra «policía patriótica»... Pronto habrá aplausos también para ellos en los balcones, mientras rige otro decreto sin derogación prevista, sin letra pequeña conocida, y sin más virtud que su redacción opaca en algún sótano de Moncloa. La verdad deja de cotizar. Tanto, que la ciudadanía, más temerosa del virus y de su estabilidad que de la putrefacción de su democracia, lo empieza a asumir con una sumisa «nueva» normalidad.

Viva el 8 de marzo
Pablo Planas Libertad Digital 4  Junio 2020

Con más de cuarenta y tres mil muertos, Pedro Sánchez no ha tenido el más mínimo reparo en lanzar un viva que es una agresión en toda regla a quienes lo han perdido todo.

Con más de cuarenta y tres mil muertos sobre la mesa de un Gobierno negligente que reaccionó tarde y mal ante la epidemia del coronavirus, el presidente de esa banda ha dicho en el Congreso que "viva el 8 de marzo". Con setecientos mil parados más que en mayo del año pasado, Pedro Sánchez no ha tenido el más mínimo reparo en lanzar un viva que es una agresión en toda regla a quienes lo han perdido todo, seres queridos, ahorros, pequeñas empresas y empleos. Después de una purga indecente y criminal en la Guardia Civil, ese presidente ha ahuecado el pecho en el atril para proferir ese viva, una ofensa a los muertos. Y en pleno luto oficial, el luto que declaró cuando le salió del níspero.

Que viva el 8 de marzo, sí. Y que se investigue hasta el final. Si es que se puede y el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, no se carga a más guardias civiles por negarse a informar a sus superiores políticos sobre las investigaciones de sus subordinados. Viva el 8 de marzo y viva Marlaska, que no debe dimitir porque la culpa es de Rajoy. Y si no de Franco. Rápido, hay que ilegalizar la Fundación Francisco Franco y desenterrar a sus víctimas de las cunetas, claman hoy mismo desde la izquierda los mismos que no quieren saber nada de los muertos del coronavirus. Viva el 8 de marzo y muera la Guardia Civil, que es de lo que se trata y lo que exigen los separatistas, los proetarras y los podemitas.

Sin freno y sin recato, el ministro del Interior miente como un poseso, miente sin parar, miente más que habla y arrasa con su sola presencia la separación de poderes. Y la reacción de Sánchez es decir bien alto y bien claro que viva el 8 de marzo. Sí, el 8 de marzo de la ministra jo, tía, el 8 de marzo de Carmen Calvo y las mujeres a las que les iba la vida en ello, el 8 de marzo del hijo de Simón, ese 8 de marzo cuya única excusa es ya que Vox también celebró un mitin multitudinario.

Viva el 8 de marzo ha dicho Sánchez, un hombre que se echó a llorar a moco tendido en público cuando le echaron de su propio partido y tuvo que dejar el escaño, en octubre de 2016, y ha sido incapaz de mostrar la más mínima emoción durante estas semanas de muerte y confinamiento presididas por su fatua y peligrosa incompetencia. Viva el 8 de marzo, sí. Y los proveedores e intermediarios de mascarillas falsas. Y los asilos convertidos en pudrideros. Y el triaje en los hospitales. Y el médico Simón y sus cuentas de la vieja porque, total, qué más dará dos mil muertos arriba o abajo. Que viva el 8 de marzo, claro. Y que muera España.
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HA ENFADADO A SU BASE ELECTORAL
Por qué Inés Arrimadas está cavando la tumba de Ciudadanos.
Julio Ariza rebelionenlagranja 4  Junio 2020

Es muy probable que lleve meses recibiendo llamadas de las grandes compañías financieras españolas, de los lobbies empresariales, de las influyentes fundaciones dependientes de unas y de otros. Mucha gente demasiado importante llevará mucho tiempo convenciendo a Inés para que dé el giro que ya ha dado a Cs, y se prepare para ser el recambio de los actuales socios de gobierno. Vana pretensión. El dinero, el statu quo, es siempre cobarde y adolece de esa ceguera congénita de quien tiene tanto que perder que se niega a verlo y prefiere imaginar “soluciones alternativas inteligentes” que nunca existen porque sencillamente son imposibles. El dinero no tiene olfato para la política. Chamberlain (el statu quo) se equivocó frente a Churchill (las convicciones) y el appeasement demostró ser un inmenso error que fortaleció a Hitler. El pragmatismo de los negocios ha dado el mismo resultado con China: ha hecho fuerte al dragón, ahora ya indomable. Lo mismo ocurrirá con el frente popular si no se construye una alternativa política y social sólida frente a él.

En el caso de Inés Arrimadas, su nueva estrategia de pactar con Pedro Sánchez para ir preparando un nuevo escenario a la espera de la hipotética ruptura del presidente con sus actuales socios, es un completo error -además de suicidio- para Ciudadanos. Es un completo error porque resulta del todo imposible pactar con Pedro Sánchez sin estar pactando al mismo tiempo con la ERC, Junts per Cat, PNV y Bildu. Cuando se apoya la prórroga del estado de alarma, se apoya un paquete completo de gobierno (parte del cual es oculto) en el que no se puede elegir. Por eso, inmediatamente después de haber logrado el apoyo de Cs, Sánchez anunció su pacto con Bildu para derogar la reforma laboral. De nada sirvió el appeasement de Cs, salvo para fortalecer ese pacto con los batasunos y, de paso, hacer el ridículo. Tampoco la jugarreta de Sánchez con Bildu ha servido para que Cs reconsidere su posición, lo cual es muy llamativo e indica que Arrimadas ha tomado la decisión de unir su partido al proyecto de Pedro Sánchez. Cuando Inés Arrimadas pacta con Sánchez está pactando con aquellos que hacen posible la existencia del propio Sánchez; es decir, los que piden la independencia del País Vasco y de Cataluña, los condenados por el procés y los que socavan las libertades en Cataluña, en el País Vasco y en el resto de España.

Todo lo cual, además de ser un inmenso error político, es un suicidio irremediable para la propia formación naranja. Cs tenía dos opciones: tener entidad propia, ideología y proyecto, que es lo que les llevó al éxito en Cataluña e inicialmente en España, o definirse en el panorama político como un partido bisagra en función de la oportunidad. Esta segunda opción es la que acaba de escoger Inés Arrimadas, de manera que cuando en el futuro alguien vote a ciudadanos no sabrá bien lo que vota (más allá del puro oportunismo). Ahora, en el Congreso de los Diputados la bisagra se inclina a la izquierda. Pero pactar en España con Pedro Sánchez, apostar por el sueño imposible de moderar a la bestia, y al mismo tiempo pactar con el PP y VOX en Madrid y Andalucía no solo supone renunciar a tener una mínima identidad política (más allá de configurarse como un partido oportunista) sino que es un contra factual.

Cs no puede ser el partido que se preste siempre a la ciega estrategia del statu quo, la misma que tomó la imperdonable decisión de terminar con el gobierno del PP pensando que nunca llegaría el frente popular. Ahora, asustados, piden a Inés que centre a Pedro Sánchez, cuando es imposible centrar a quien ha decidido convertirse en el piloto de una nueva transición: Estado confederal, sociedad de izquierdas medio disuelta en el caldo de la globalización y el nuevo orden mundial. El proyecto político de Pedro Sánchez es el frente popular. No manda Pablo Iglesias. Manda Pedro Sánchez. El establishment, con su ceguera temerosa, no quiere verlo: sueña con un PSOE imposible que ha dejado de existir y cuyos líderes o están jubilados o están ganando un capital a cambio del silencio y ya no pintan nada. Sueñan con que los medios de comunicación afines al cambio de régimen (casi todos) al final entren en razón. Pero no. Unos y otros, los nuevos dirigentes del PSOE y los medios de izquierdas, han hecho de este cambio de régimen la razón de su existencia política y mediática: sin él, no son nada.

Inés Arrimadas ha enfadado a su base electoral, que se siente profundamente traicionada: si algo no podían imaginar sus votantes es que Cs acabara soportando con su apoyo el derrumbamiento del régimen constitucional y el surgimiento de un nuevo régimen protagonizado por Bildu, ERC, Junts per Cat y Podemos. Hace tiempo que Inés solo habla con la gente importante y poderosa y ha dejado de escuchar el rumor de las calles. Su error político de bulto demuestra que no está a la altura, que adolece de la necesaria entidad política e ideológica y que es el producto de un espejismo electoral. Su decisión de convertir a Cs en el aliado del frente popular para tomar Madrid es un suicidio político sin retorno porque la lucha por el poder no perdona nunca la vida a los tontos útiles.

Y sí: el statu quo, que ha llevado a Inés al precipicio, está utilizando a Cs en beneficio propio. Ganar tiempo, preparar un nuevo ambiente y que Pedro Sánchez sepa que cuenta con ellos en el futuro.
 

Un tipo innoble nos tiene secuestrados
Carlos Dávila okdiario 4  Junio 2020

Esta nueva prórroga del Estado de Alarma no es tal; es un auténtico secuestro político. O ¿de qué otra manera se puede llamar un presunto confinamiento que, con “cero” muertos oficiales, impide viajar, por ejemplo, de Madrid a Guadalajara, cincuenta kilómetros aproximados de distancia? Sánchez, un tipo innoble, necesita el secuestro político a que nos tiene sometidos para seguir vigilándonos, para machacarnos con decretos que nos aligeran la cartera. Es un secuestro político que, como afirman dos políticos de la oposición (un dirigente actual del PP y otro que recientemente se ha fugado del colaboracionista Ciudadano) “está realizado por un tipo sin escrúpulos”, “un cochino” le dice uno de los dos. Seremos bondadosos: se supone que se refiere a la tercera, cuarta y quinta acepciones que fija para el término “cochino” la Real Academia España y que parecen pensadas para el Gobierno del embustero Sánchez y de su socio del “golpicomunista” Iglesias.

Reza la tercera acepción: “Sucio, desaseado o asqueroso”. Elijan los lectores su adjetivo preferido; quizá el último sea el más adecuado. La segunda acepción se refiere al individuo (o individua, ¡por Dios, no me cuelguen más de lo necesario las feministas enragès!) “despreciable, miserable o ruin”. En este caso, puede ser “despreciable” el calificativo más idóneo. Y, en tercer lugar, la RAE, ya casi de rondón incluye dos prácticos sinónimos: “grosero o indecente”. Escojan también el vocablo que más se ajusta al escándalo que han protagonizado los social comunistas en esta última prórroga del cansino “Estado de alarma” del que aún continuamos presos.

Sánchez ha protagonizado la enésima pirueta en modo embuste, diciendo, con el mayor de los desahogos, que “esta será la última prórroga”. Otra etapa más del secuestro con el que nos tiene confinados. ¡Cómo miente este sujeto! Cuando solicitó la tercera ya quiso embaucar a la concurrencia parlamentaria con que esa era “la definitiva”; falso, llegó la cuarta. Pero es que el 16 de mayó volvió a subirse al sitial de portavoz para, con faz de humilde víctima del maldito virus, asegurar que “esta va a ser la última”. Mentira: ya estamos cumpliendo la sexta. Dentro de nada, cien días de secuestro. Por eso de entrada, les aviso: no se fíen de él, puede que, en quince días, ahíto artificialmente de un dolor que no le acompaña, regrese y pida una “última” que naturalmente le votará Ciudadanos, no sin antes llamarle de todo menos bonito. Esta falsedad seguramente que merecerá por parte de todos ustedes esta nota: indecente, que fue por cierto la tronante voz que utilizó Sánchez en un debate para señalar al pobre y despistado Rajoy. Que nadie se mese pues los cabellos cuando ahora se recupera la expresión para depositarla en la mochila de insultos del aún presidente.

En esta postrera tesitura, Sánchez ha insistido en mentir a todos, tirios y troyanos: desde luego al público en general y más concretamente a su incomprensible socio: los marginales resistentes de Ciudadanos. Empiezo por lo más pequeño: en la negociación que la convaleciente Carmen Calvo ha llevado con dos personajes muy desconocidos de los naranjitas, Carlos Cuadrado, el contable de Rivera que no puede volver por Brasil, y Edmundo Bal, que un día se caerá del guindo y se quedará hecho trizas, ésta les ha prometido una desescalada con movilidad idéntica para todas las regiones. ¡Más mentira! Solo los “gizon”, los hombres, y las “emakumeem”, mujeres, también los “haurrak”, vascos podrán salir y entrar de sus casas como mejor les venga en gana, o sea, viajar incluso “al Sur”, Vitoria y más abajo aún, como retrataba el entrañable Kepa Errejalde en los interminables “Ocho apellidos vascos”. Solo ellos los que han sido liberados del secuestro sanchista, los demás seguiremos pendientes de lo que el insufrible dúo Illa-Abalos determine. Es decir que, para su nuevo voto a favor, Sánchez le ha vendido a la primípara Arrimadas un chicharro de ocho días. Otro embuste.

Y no es el principal. Este Gobierno de Sánchez y Marlaska, cogido finalmente con el carrito de los helados, ha ingeniado una respuesta propia de carotas irredentos destinada a supuestos imbéciles, el resto de los españoles, para, mintiendo de nuevo, asegurar que él, ministro del Interior, no exigió al coronel Pérez de los Cobos información alguna sobre el documento que para la juez Rodríguez-Medel trabajaba la Guardia Civil. Otra falsedad; personalmente no por ahí no paso: mal está que este par de sujetos nos falsifiquen la realidad durante el secuestro, pero, como denunciaría el clásico de todos nuestros inveterados chascarrillos: “No me echen el aliento en el cuello”. Ya verán con el tiempo, después del largo y cálido verano que se nos avecina, todo será de otra manera para ustedes, los gobernantes del Frente Popular; sus mentiras ya están recogidas en forma de demandas y querellas en varios tribunales, van más de cuarenta. Aún llegarán más, otras, a mogollón. Me dice un abogado del bufete Cuatrecasas, no tan alejado nunca del poder, que la injerencia de Markasa en las labores de la Policía Judicial que dirigía el citado coronel, puede que no tenga demasiado recorrido judicial porque el hecho de que el documento susodicho no haya sido obtenido por vías legales, puede ayudar al abogado de Marlaska a obtener de un tribunal la sentencia del “esto no da para más”. Habrá que verlo.

Hay un precedente: el Gobierno de Felipe González se fue de rositas de sus negros dineros de Filesa y de los crímenes del Gal. Pero aquel PSOE perdió todo su crédito popular y se fue al garete en las urnas. ¡Quiera la Providencia que en este caso ocurra igual! Ya nadie cree a estos gobernantes, hasta el punto de que, por ejemplo, ni siquiera los empresarios de la CEOE se molestan en contestar a la falsa propaganda de Moncloa: “Hemos recuperado las relaciones con los empresarios”. Otra mentira. La CEOE solo se sienta con los advenedizos del mercader Redondo en una mesa sencillamente técnica para hablar de qué se hace con los ERTES a final de este mes. Para nada más.

Escribiendo como escribo secuestrado por este presidente que tanto se merece la calificación antedicha, termino con una cita culta, ustedes disimulen: “La mayor parte de ellos son marranos…pues los marranos son seres que nada cierto sostienen, ni en nada cierto creen”. Lutero hablaba así de un papa, el valenciano Alejandro VI, ejemplo de todas las maldades que en el mundo puedan existir. Era más que el jefe de la Iglesia Católica, el jefe de los marranos, de los cochinos que le servían. Parece que el ayer fuera hoy.


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