AGLI Recortes de Prensa   Lunes 8  Junio  2020

Gobierno y golpismo: infamias y proyecciones
EDITORIAL Libertad Digital 8 Junio 2020

"Ni una perorata sin su infamia": este es el lema que debería presidir los mítines televisados que Pedro Sánchez asesta a la ciudadanía cada fin de semana, pues no hay ocasión en que no utilice esas comparecencias para hacer propaganda sentimentaloide de la peor estofa, desinformar, minar la credibilidad de las instituciones y socavar el Estado de Derecho.

Este domingo el objetivo fue Guardia Civil, a la que el Ejecutivo social-comunista ha puesto en la diana por su negativa a delinquir para satisfacer los deseos del indigno titular de Interior, Fernando Grande-Marlaska. Sánchez tenía la oportunidad de reparar en alguna medida el daño causado por el ministro liberticida desmarcándose, aunque fuera solo en términos retóricos, de sus manejos, así como de las chulerías infames de los partidos que lo mantienen en la Moncloa, que la semana pasada se volcaron en demonizar a los guardias civiles que no dejan corromper, y muy especialmente al coronel Pérez de los Cobos, purgado por Marlaska.

Lejos de ello, Sánchez hizo gala de su sectarismo intoxicador y vino a decir que la Benemérita elabora informes cargados de intencionalidad política; asimismo, sin vergüenza pidió que se respetase la confidencialidad de los mismos. Esto último resulta especialmente insultante, pues precisamente por velar por la confidencialidad de los informes judiciales es por lo que se ha defenestrado a Pérez de los Cobos, al que los golpistas catalanes odian con saña.

En el colmo de la mendacidad, Sánchez dio pábulo al exabrupto de su ministro comunista Alberto Garzón, impresentable revolucionario por cuenta ajena que ha llegado a hablar de tendencias golpistas en el seno del Instituto Armado.

Estas acusaciones de golpismo no son más que proyecciones por parte de la banda de Pablo Iglesias, vicepresidente segundo del Gobierno por obra y gracia de Pedro Sánchez. El Ejecutivo social-comunista agita estos espantajos tan ominosos para tratar de desviar la atención de sus responsabilidades por los estragos causados por el coronavirus en España, que ya empiezan a dilucidarse en el ámbito judicial.

Un Gobierno copado por émulos de golpistas como Hugo Chávez acusando de golpismo a la oposición y a las Fuerzas de Seguridad del Estado: a quién pretende engañar este hatajo de enemigos de la libertad aupados por golpistas y proterroristas. Qué hora más negra está viviendo España.

Cada decisión de Sánchez, un conflicto
Editorial larazon 8 Junio 2020

Aunque viene siendo una constante en la gestión gubernamental de la pandemia los cambios de criterio y las rectificaciones, algunas clamorosas y dictadas, simplemente, como el uso de las mascarillas, para hacer virtud de la necesidad, ayer los presidentes autonómicos se encontraron con una nueva mudanza a costa del reparto de los 16.000 millones de euros del fondo no reembolsable destinado a paliar los daños más urgentes provocados por la infección. Si, hasta ahora, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, había establecido como principio el grado de afectación por la epidemia sufrido por cada comunidad autónoma, lo que, a primera vista, parecía bastante razonable, ayer se decidió que primara el criterio poblacional, cuestión que supone un cambio estratégico de fondo.

Más aún, cuando el Ejecutivo ha decidido retraer 2.000 millones del dinero comprometido para hacer inversiones en el campo de la Educación, medida, sin duda, loable, pero que nada tiene que ver con los fines anunciados. No se trata de entrar en el estéril capítulo de los agravios territoriales, puesto que, como reconoció el propio Sánchez, las finanzas públicas son las que son y dan para lo que dan, sino de reclamar una política coherente con la emergencia que vive España que, no lo olvidemos, es de origen sanitario, por más que haya acabado por trastornar todos los presupuestos económicos. En este sentido, si los gastos en Sanidad incurridos por las comunidades en la lucha contra la pandemia se diluyen por el número de habitantes, es evidente que Castilla-La Mancha, Castilla y León, Cataluña, La Rioja y Madrid van a verse perjudicadas con respecto a regiones como Andalucía o la Comunidad Valenciana, que se vieron menos castigadas por la infección.

Así se lo hicieron notar varios presidentes autonómicos al jefe del Ejecutivo, sin que éste, al parecer, se aviniera a dar una explicación razonable. Fue significativa la contundencia del presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García Page, no sólo porque se trata de un correligionario de Sánchez, sino porque expresó la perplejidad de quien ha tenido que hacer un sobreesfuerzo notable en la inversión sanitaria, porcentualmente en parangón con Madrid o Cataluña, y que, ahora, se ve castigado por el enésimo cambio de criterio. Y, por supuesto, nadie pone en duda que haya que mejorar las inversiones en materia educativa, aunque la OCDE señala el caso español como uno de los que más invierte en la enseñanza pública y menos rendimientos obtiene, pero no parece que sea a costa de retraer los fondos de Sanidad, especialmente, cuando desde el Gobierno no se deja de advertir de que la epidemia del coronavirus no está vencida y, además, se corre el riesgo de un rebrote general para el próximo otoño. No está en nuestro ánimo especular, pero no queremos dejar de recordar que Unidas Podemos, el partido aliado con el PSOE, ha presentado varios proyectos para «reforzar» la educación pública, con profesores de apoyo de carácter marcadamente ideológico, que supondrían un aumento del gasto.

Es cierto que los 16.000 millones de euros que están en juego apenas son un dique de arena frente a la marea de la pandemia, pero, cuando menos, ayudarían a las comunidades a pagar lo invertido y a preparar el sistema sanitario para eventuales problemas. Con todo, como señalábamos al principio, lo peor es la sensación que crece entre la opinión pública española de que la improvisación, a caballo de una propaganda asfixiante al servicio del Gobierno, es el eje que ha marcado la gestión de La Moncloa a lo largo de toda esta tragedia. Y que cada decisión de Pedro Sánchez acaba por generar un conflicto. Dado que, esta vez, la denuncia proviene de alguien que forma parte de las filas socialistas, como Emiliano Garcia Page, es de esperar que Sánchez no despache el asunto con el socorrido «son cosas de fascistas».

Reestructurar la economía y reajustar el déficit
Resulta crucial que, por un lado, estimulemos el ahorro para acelerar la reestructuración de la economía real y, por otro, reajustemos a medio plazo nuestro saldo presupuestario
Juan Ramón Rallo elconfidencial 8 Junio 2020

Con el inicio de la desescalada y el progresivo levantamiento de las restricciones del estado de alarma, sin que por ahora estemos experimentando un rebrote en el número de infecciones, la recuperación económica echa a andar, algo que ha quedado bien patente en las cifras de empleo del mes de mayo. Como ya explicamos en su momento, la recuperación tendrá dos etapas: una primera etapa de reactivación y una segunda etapa de reestructuración; eso y no otra cosa es la famosa 'V asimétrica'.

La reactivación es el periodo en el que una parte de la economía vuelve a ponerse en marcha conforme las restricciones sanitarias se van levantando: aquellas empresas que hayan sobrevivido al periodo de hibernación y que puedan adaptarse con facilidad a la 'nueva normalidad' volverán a funcionar a pleno (o casi pleno) rendimiento, elevando consiguientemente el PIB y el empleo durante los próximos trimestres.

La reestructuración, en cambio, es la etapa posterior, en la que nos tocará digerir las auténticas heridas de esta crisis: habrá empresas que no serán capaces de reactivarse durante los próximos meses o bien porque se habrán descapitalizado durante el estado de alarma —de modo que carecerán del colchón financiero necesario para poder desarrollar sus operaciones— o bien porque los patrones de demanda de los ciudadanos se habrán modificado lo suficiente durante esa 'nueva normalidad' como para volver no rentables sus modelos de negocio.

Así pues, para avanzar rápidamente por la etapa de reestructuración (o "reconstrucción", como les gusta denominarla a nuestros políticos), necesitaremos de un importante incremento de la inversión que permita recapitalizar las compañías descapitalizadas y reemplazar las empresas que han devenido no rentables. Y para que aumente la inversión, necesitamos dos elementos: por un lado, oportunidades de ganancia (las cuales serán descubiertas descentralizadamente por muchos empresarios, pero que en todo caso podrían verse impulsadas con una liberalización de nuestra economía); por otro, ahorro (pues, en última instancia, toda inversión viene sufragada por una restricción del consumo de algún agente económico).

Si disponemos de ahorro pero no de oportunidades de ganancia, este se canalizará a activos improductivos pero de bajo riesgo—como la deuda pública: de ahí el clima de tipos de interés negativos de los últimos años—; si disponemos de oportunidades de ganancia pero no de ahorro, estas quedarán inexplotadas por falta de combustible para emprender las inversiones rentables.

A su vez, el ahorro que necesitamos puede venir de dentro del país, tanto del sector público como del privado, o de fuera del país (ahorro exterior: por ejemplo, las transferencias de la Unión Europea no dejan de ser ahorro forzoso de contribuyentes extranjeros).

El ahorro privado interior, sin embargo, puede verse obstaculizado por la gestación de ahorro público interior —reducción del déficit público—: si el Estado pretende desarrollar su consolidación presupuestaria aumentando la fiscalidad al ahorro, tendremos más ahorro público a costa de un menor ahorro privado, es decir, no contaremos con mayor ahorro agregado.

Por eso, y como tuve la ocasión de manifestar este pasado viernes, en la Comisión para la Reconstrucción Social y Económica, la etapa de reestructuración ha de estar presidida por dos principios fundamentales: primero, centrar el ajuste presupuestario en la reducción del gasto público (recordemos que, en general, la consolidación presupuestaria por el lado de los desembolsos es mucho menos gravosa que la aplicado por el lado de los ingresos); segundo, si hay subidas de impuestos —y, por desgracia, parece bastante inevitable que las termine habiendo—, que esos sablazos fiscales no penalicen el ahorro privado (recordemos que la recaudación española por impuestos sobre el capital es de las más altas de Europa y que, según la OCDE, el tipo marginal efectivo sobre el ahorro ya resulta confiscatorio en nuestro país).

Es más, en la medida de lo posible —si conseguimos abrir espacio fiscal suficiente para ello—, deberíamos tratar de bonificar el ahorro: eliminando el impuesto al patrimonio, introduciendo una exención fiscal para las plusvalías generadas en el largo plazo o limitando el impuesto sobre sociedades a los beneficios distribuidos y no a los reinvertidos (modelo estonio).

En definitiva, resulta crucial que, por un lado, estimulemos el ahorro para acelerar la reestructuración de la economía real y, por otro, que reajustemos a medio plazo nuestro saldo presupuestario. Y para compatibilizar ambos objetivos, solo queda centrar el ajuste en el lado de los gastos evitando en todo caso las subidas de impuestos contra el ahorro.

Inmunidad política
La pandemia no deja impacto político. Y Sánchez se permite blasonar de la pobreza sobre la que asienta su clientelismo
Ignacio Camacho ABC 8 Junio 2020

Cuarentena mil muertos, tres meses de encierro general, una economía hundida y una cascada de mentiras después, la pandemia no ha dejado en España impacto político. Apenas leves retoques de una foto fija. Sí, sube el PP, baja Vox y los demás experimentan ligeros decrementos o incrementos pero los bloques ideológicos no se mueven más que a través de vasos comunicantes internos. Y no es una encuesta-tarot de Tezanos; el brujo Michavila sabe lo que publica y además coincide con otros estudios de opinión independientes. La realidad sociológica del voto no está en los grupos de Whatsapp o de Facebook, que proyectan un espejismo de afinidades compartidas; está en las muestras segmentadas con métodos estadísticos profesionales. Y aunque de todos modos da igual porque no va a haber elecciones pronto por mucho que cierta derecha las pida en la calle, esa realidad refleja que el conjunto de los españoles no pasa factura de la catástrofe. Que los ciclos electorales son largos y estables y el actual todavía no acusa un desgaste relevante.

La estrategia de la división, la de las trincheras sectarias, funciona. El país se ha alineado en tres bandos marmóreos -izquierda, derecha y nacionalistas/separatistas- e impermeables. El voto bascula en el interior de cada uno pero hacia afuera apenas registra trasvases, y esa estanqueidad favorece a Sánchez porque cuenta con dos de los tres segmentos para su alianza Frankenstein. Los ciudadanos no están ciegos ni sordos: saben que miente, lo acusan de ocultar o maquillar las cifras de fallecimientos, se ríen de las consignas del estrambótico portavoz Simón, censuran que el Gobierno autorizase el 8-M y lo responsabilizan del caos de los test, las mascarillas y la gestión sanitaria. Todo eso está también en los sondeos. Pero no es suficiente para que cambien de decisión electoral porque la mayoría decide por criterios de identidad autodefinida. El gran éxito del poder consiste en haber logrado atribuirse el marbete imbatible de progresista y fabricar con él un anticuerpo de inmunidad política. Aunque el precio sea envolver a la nación en una atmósfera tóxica de enfrentamiento cainita.

El resto lo hace el clientelismo. Ayer presumió en la tele de que casi la mitad de la población se ha interesado por el ingreso mínimo. Un presidente que blasona de la pobreza de su país se descalifica sin paliativos pero él se siente blindado por el halo benéfico del proteccionismo. Aquel socialdemócrata de libro que fue Olof Palme solía decir que su misión era acabar con los pobres de Suecia, no con los ricos. Aquí, el Gobierno redentor promete freír a los creadores de prosperidad en la sartén del Fisco. La nueva normalidad: economía subvencionada, veladores para el turismo, impuestos a todo lo que se mueva y empleo cautivo.

Rara España, donde el progreso consiste en quedarse quieto. Aunque sea sobre una pila de muertos.

La fortaleza imaginaria
Luis Herrero Libertad Digital 8 Junio 2020

El Gobierno está gastándose un pastón, más de cinco millones de euros, en una campaña propagandística espeluznante. Haber visto hace unos días el mismo camisón publicitario en las portadas en todos los diarios del país, con la rúbrica del Gobierno de España a pie de página, pone los pelos como escarpias. Parecía el trailer de la distopía a la que Sánchez quiere conducirnos: uniformidad informativa y subordinación a las consignas oficiales. Todos los borregos adocenados en el mismo redil. El lema de la campaña es igualmente escalofriante: "Salimos más fuertes" rezaba —y reza todavía— la inserción financiada con dinero público por el jerarca de La Moncloa. No concibo una provocación intelectual más aviesa.

Individualmente, ¿quién sale más fuerte? ¿Las personas que han perdido a sus seres queridos? ¿Los trabajadores que se han quedado sin empleo? ¿Los que temen quedarse sin él? ¿Los empresarios aún no saben si podrán reflotar su pequeño negocio? ¿Quienes ya saben a ciencia cierta que no podrán hacerlo? ¿Los pacientes que soportan las secuelas del virus? ¿Los sanitarios que se han enfrentado a él sin equipos de protección adecuados y pagan ahora la factura del estrés? ¿El 95 por ciento de no infectados que se saben carne de cañón ante el eventual rebrote de otoño? Que alguien me diga, por favor, qué individuos tienen razones objetivas para pensar que son más fuertes ahora que hace cuatro meses.

Probablemente, el vocero monclovita de turno me replicaría que la campaña gubernamental no hace referencia a la fortaleza individual con que salimos de la pandemia, sino a la robustez social que hemos desarrollado durante la amenaza. Ahora somos más fuertes como país, como grupo, como sociedad. Si ese fuera el argumentario, la provocación pasaría a ser aterradora. Para empezar, porque es metafísicamente imposible que la debilidad de las partes se traduzca en la fortaleza del todo. Si cada uno de los individuos que forman una comunidad se sienten más vulnerables, la sociedad que los agrupa no puede ser más robusta. Por lo demás, que las murallas del país están más escuchimizadas es algo patente.

Lo reconocen, tal vez sin querer, los mandamases del Gobierno. Iglesias viene alertando desde hace tiempo de la amenaza en ciernes de una asonada militar auspiciada por el apoyo de políticos cainitas, jueces reaccionarios, empresarios avariciosos, medios de comunicación financiados por el Ibex y militares retrógrados. Sánchez, por su parte, afirma que hay que limpiar las fosas sépticas del ministerio del Interior de bacterias que contaminan la higiene de la Guardia Civil y la policía. ¿Acaso esas referencias describen el cuadro clínico de un Estado más fuerte? Si la democracia corre peligro y los guardianes de la ley están levantiscos, ¿de qué fortaleza hablamos?

Los datos de la gestión sanitaria de la pandemia son de suspenso, la evaluación de las magnitudes económicas apuntan a la inexorabilidad del rescate, el encanallamiento del debate público va a más cada día, la polarización social se agudiza, la división de poderes se prostituye, la mentira se apodera del discurso oficial, el parlamento se convierte en una fábrica de decretos, los contrapoderes institucionales se atiborran de clientelismo gubernamental, la acción del Gobierno cimbrea entre rectificaciones constantes y los enemigos de la idea de España celebran con cava la vuelta inminente a la mesa de la autodeterminación. Suma y sigue. ¿Alguien me puede decir, por favor, de qué fortaleza hablamos?

Sólo un estúpido o un loco se atrevería a decir, creyéndoselo de verdad, que salimos más fuertes. El episodio Pérez de los Cobos compendia a la perfección las pautas de conducta que imperan en el sanchismo: abuso de poder, burla de la ley, venganza, intimidación y mentira. Sánchez ha dejado claro que está dispuesto a hacer cualquier cosa para preservar la imagen de su Gobierno, aunque sea obligando a los servidores del Estado a que hagan algo ilegal, y que convertirá la cabeza de los insumisos en badajos de campanas de advertencia para que todo el mundo sepa cuál es el precio de la desobediencia. Y si le pillan, por supuesto, negará los hechos como un cobarde. ¿Salimos más fuertes? A otro perro con ese hueso, Sánchez. Salimos —si salimos— bastante más jodidos.

Provocación como inquietante sello político de Iglesias
Editorial El Mundo 8 Junio 2020

Uno de los rasgos que caracteriza a los líderes populistas es la provocación. Porque con gestos, acciones y decisiones desafiantes desvían la atención para esconder los errores de gestiones desastrosas y, a la vez, refuerzan una estrategia polarizadora de la sociedad que al menos durante un tiempo permite a políticos mediocres encastillarse en la fortaleza de su castillo de naipes ya que los discursos radicales y de odio apuntalan una dicotomía que les sirve para mantener prietas sus filas. Las provocaciones en política son, por lo tanto, muy peligrosas. Yno digamos ya si se ejercen desde la misma nave de mandos del Estado, el Consejo de Ministros. De ahí que resulte tan alarmante la renovación de la dirección estatal de Podemos. En un movimiento tan obsceno como provocador, muy del gusto de las vanguardias leninistas, Pablo Iglesias ha colocado como portavoz del partido a Isa Serra, quien recientemente fue condenada a 19 meses de prisión e inhabilitación para ejercer cargos públicos por un delito de atentado contra la Policía y un delito de daños. La Justicia concluyó que la hoy diputada morada en la Asamblea de Madrid profirió toda clase de insultos e improperios contra una agente -"cocainómana, hija de puta, que te follas a todos los policías, tu hijo debería pegarte un tiro"- antes de dar empujones y lanzar objetos contundentes contra varios policías durante la ejecución de un desahucio en 2014.

No queda ahí la provocación del vicepresidente. También ha premiado con ascensos al cuestionado ex Jemad Julio Rodríguez y a Jaume Asens, lo más parecido a un caballo de troya del independentismo en las filas del ya de por sí filonacionalista Podemos. En el caso de Asens estamos ante una figura que ha demostrado de sobra una absoluta deslealtad hacia España y centra su afán en deslegitimar nuestro Estado de derecho. Especialmente graves fueron sus descalificaciones a la sentencia del Tribunal Supremo sobre el 1-O, poniendo en solfa las garantías democráticas y la independencia judicial. "Hoy es contra los independentistas, mañana puede ser contra cualquiera", declaró haciendo los coros a los mismos golpistas, aunque ello no le impidió poco después ser uno de los protagonistas de la foto del abrazo con el que Sánchez e Iglesias sellaron su acuerdo exprés para colonizar Moncloa.

Esto es lo extraordinariamente peligroso. Personas que rechazan la legitimidad del sistema copan un partido que hoy está cogobernando la nación. Y no hablemos ya de las soflamas de regeneración democrática que llevaban hace no tanto a Iglesias a exigir a cualquier político imputado la inmediata dimisión. Eso solo valía para las tertulias que le hicieron famoso, claro. Hoy a sus condenados los premia con cargos.

Muera la muerte: Sánchez debe dimitir
Miguel del Pino Libertad Digital 8 Junio 2020

Instantes después de afirmar que se sentía objeto de provocaciones por parte de sus adversarios políticos, el presidente del Gobierno lanzaba ante los parlamentarios que votarían acto seguido sobre una nueva prórroga del llamado estado de alarma un sorprendente órdago a la grande: "¡Viva el ocho de marzo!"

A lo largo de los terribles meses en los que el Sars Cov 2 se ha ensañado con nosotros, hemos escuchado por parte de los portavoces del Gobierno toda clase de invocaciones a la ciencia y a los científicos, fueran estos reales o imaginarios, pero en cualquier caso mayoritariamente anónimos; repetidamente se ha jurado el nombre de la ciencia en vano, ahora sí vamos a aplicar el método científico para tratar de valorar la exclamación del presidente.

El método científico se basa en la experimentación de una hipótesis para que los resultados la descarten o la conviertan en verdad probada; La manifestación feminista del ocho de marzo, así como el resto de los actos masivos que se celebraron ese día ofrece un marco muy apropiado para valorar los resultados en relación con el peligro de propagación del virus, peligro gravísimo del que nuestro Gobierno ya había sido informado.

Numerosas participantes en la manifestación feminista situadas en las dos primeras filas de la misma resultaron infectadas, dato que se hizo público y notorio al tratarse de personas muy conocidas, varias ministras entre ellas; dado que no es verosímil que se produjera una concentración de carga vírica exclusivamente en la cabecera, cabe admitir como cierto que fue ocurriendo igual a lo largo y a lo ancho de toda la manifestación, lo que arrojaría unas cifras de miles de manifestantes infectados por el virus.

Más aún, dado que las participantes en la cabecera debían haber tenido información previa del riesgo como prueba el empleo de guantes por parte de las más significadas, y la consigna "no se puede besar" que repetían sin cesar, no parece temerario suponer que en el resto de la concentración el número de infectadas fuera todavía más elevado en porcentaje.

En definitiva: las concentraciones del ocho de marzo acarrearon dramáticas consecuencias con elevadísimo número de infectados y, entre ellos, un inasumible número de fallecimientos. Quienes decidieron mantener las convocatorias a pesar de haber tenido aviso previo por parte de las autoridades sanitarias internacionales tendrán que soportar el peso de su decisión, probablemente ante los tribunales de justicia.

Sólo los expertos en temas jurídicos pueden valorar, y en estos momentos muchos lo están haciendo, si la actuación de nuestros responsables sanitarios implica responsabilidades administrativas o penales; la cuestión moral salta a la vista de todos los ciudadanos y produce vergüenza, evidentemente a quien la tenga.

El presidente del Gobierno encuadró su insólito "¡viva el ocho de marzo!" En una sucesión de mantras ideológicos entre los que no podía faltar la supuesta emergencia climática, para él "esa sí que es una verdadera emergencia", exhibiendo un sectarismo que conduce a la inmolación de miles de ciudadanos cuyas trayectorias en la lucha por la democracia pueden calificarse de ejemplares.

No es extraño que la oposición reaccionara con incredulidad negándose a creer lo que estaba escuchando, porque hablamos de muertos, de familiares destrozados, de sanitarios inmolados, de ciudadanos enclaustrados y den un país encaminado al desastre económico más grande que nunca hayamos conocido.

Santiago Abascal cayó en la tentación de recordar la famosa frase del general Millán Astray en su polémica con Miguel de Unamuno ¡Viva la muerte! El líder de Vox la precedió de ¡Viva la enfermedad! como valoración de lo que Sánchez acababa de lanzar contra el Parlamento y contra la razón. La comparación, aunque parecía inevitable no es ni mucho menos ajustada a la realidad.

Porque Millán Astray, un general mucho mejor formado de como se le quiere hoy presentar, pronunció la frase en pleno tiempo de guerra y en el seno de una discusión acalorada con el filósofo, poseedores ambos de un carácter duro como el pedernal. No lo hizo en frío ante todo un Parlamento, como el presidente del Gobierno actual.

Como bien afirma el profesor Hernández Pacheco el "¡Viva la muerte!" de Millán Astray respondía a una filosofía que se había desarrollado entre buena parte de la juventud europea tras el final de la Gran Guerra; una filosofía entroncada con los principios de Heidegger que dio en llamarse tanatofilia y que hacía referencia a una muerte redentora y dignificante, es decir, a una muerte heroica, como la del soldado que salva con su sacrificio la vida de sus compatriotas más débiles o amenazados.

Ninguno de estos supuestos encaja en las exposiciones del presidente del Gobierno Pedro Sánchez: la muerte de tantos ciudadanos, especialmente la de los ancianos, que debían haber sido objeto de los cuidados más esmerados, se ha reducido a la sordidez por el tratamiento que han recibido

Algunos miembros del Gobierno de Sánchez-Iglesias o Iglesias-Sánchez parecen ya abocados a responder ante los tribunales pero francamente, a Sánchez no lo imaginábamos compartiendo tales vicisitudes, hasta el momento de su exclamación ¡Viva el ocho de marzo!; ahora sí, ahora entendemos que "el pez ha muerto por la boca" porque no cabe mayor declaración de complacencia y de refrendo a unos actos que necesariamente han de ser vistos y valorados por los tribunales de justicia.

Propongamos una prueba muy simple: convoque el presidente una rueda de prensa con presencia de un grupo de mujeres que compartan una condición, la de ser esposas o hijas de víctimas mortales de la epidemia y repita su ¡Viva el ocho de marzo! mirándolas a los ojos, seguramente la respuesta será muy diferente a la ovación que recibió por parte de sus palmeros parlamentarios.

Y por dignidad dimita, está obligado moralmente a hacerlo. La memoria de los fallecidos por la pésima gestión de un Gobierno del que es el señor Sánchez máximo responsable, así lo exige.

Y a lo mejor así le resultaría más suave la carga que le reserva la Historia.

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Sánchez pone en riesgo la Seguridad Social y las pensiones
José María Rotellar Libertad Digital 8 Junio 2020

Las medidas de incremento de salario mínimo, artificiales, sólo provocan destrucción de empleo, que tensa el gasto y disminuye los ingresos.

Sánchez está poniendo en riesgo la Seguridad Social y las pensiones al menos por cinco motivos:

Eliminó el factor de sostenibilidad de las pensiones, indexándolas, de nuevo, al IPC, que provocará un incremento insostenible de dicho gasto, y aparcó su reforma en el marco del Pacto de Toledo, reforma que es esencial para garantizar la viabilidad de las pensiones. Fedea calculó hace unos meses que de revalorizarse las pensiones por el IPC,el incremento estructural de gasto de aquí a 2030-2035 será de 30.000 millones de euros.

Las medidas de incremento de salario mínimo, artificiales, sólo provocan destrucción de empleo, que tensa el gasto y disminuye los ingresos, tanto los de IRPF e impuestos indirectos (por menores transacciones debido al empobrecimiento de la población) como los de las cotizaciones a la Seguridad Social. Dicha barrera siempre es perjudicial para la economía y el empleo, pero especialmente en momentos de caída intensa de la actividad, como los actuales. Frente a este elemento nocivo para el empleo, la fundación Civismo y diversos economistas han pedido que se suspenda temporalmente el salario mínimo para que no perjudique más a la economía.

El cierre productivo decretado en marzo, con motivo del estado de alarma, y la lentitud de la reapertura, que pone contra las cuerdas a los comercios, la hostelería, el ocio y el turismo y que puede enviar definitivamente a más de dos millones de personas al desempleo, adicionales a los parados ya generados por la crisis del coronavirus. Todo esto, tensará las cuentas de la Seguridad Social, tanto por mayor gasto como por menores ingresos.

La derogación de la reforma laboral, compromiso firmado con Podemos y con Bildu, que introducirá rigidez en el mercado de trabajo y acabará con las contrataciones y acelerará la destrucción de empleo y, con ello, empeorará el saldo de la Seguridad Social.

La implantación del llamado Ingreso Mínimo Vital (IMV), que no sólo constituye un desincentivo al trabajo, extirpa al individuo la capacidad para valerse por sí mismo y puede convertirse en un nicho de voto clientelar cautivo, sino que, además, carga con una losa extra al déficit de la Seguridad Social, que estima El Gobierno en un gasto adicional de 3.000 millones, pero que puede crecer si la economía se mantiene un largo tiempo en niveles muy bajos de empleo. Por supuesto, no se puede dejar a la intemperie a las personas que se encuentren en una extrema necesidad, pero el establecer este ingreso mínimo vital no es la mejor manera de atender ese problema. Puede articularse algún subsidio de desempleo, como ya se hizo en el pasado con la prestación de 400 euros para quienes agotasen el plazo máximo del subsidio de desempleo, o eliminar el cómputo de consumo del período de prestación empleado a lo largo del presente año como consecuencia del coronavirus, o incluso aplicar la idea de Friedman de un impuesto negativo sobre la renta, pero no generar un subsidio permanente que ni la economía española se puede permitir, porque no tiene recursos para ello, ni es positivo, pues pese a que se exija estar en búsqueda de empleo, es muy complicado demostrar que una persona no lo hace, habida cuenta de lo mal que funcionan los servicios de empleo públicos cuando se trata de encontrarle a alguien un puesto de trabajo. Y pese a que se prevé que no pierda la prestación un beneficiario que encuentre un puesto de trabajo, deberá estar muy tasado el espacio temporal para no caer en la picaresca.

Todo ello, introduce una bomba de relojería en las cuentas de la Seguridad Social. El sistema acumula ya una deuda de más de 55.000 millones de euros a cierre de 2019, con un incremento de la misma a razón de entre 12.000 millones y 14.000 millones de euros anuales, con un aumento de casi 30.000 millones de deuda desde el último trimestre completo de Gobierno del PP.

Así, con Sánchez la deuda de la Seguridad Social se ha incrementado en 27.661 millones, un incremento mayor en 298 millones que la deuda que tenía la Seguridad Social en el ITR-2018. Es más, con los nuevos préstamos adicionales solicitados en 2020, que suman 45.000 millones de euros, el endeudamiento se elevará exponencialmente en cuanto se publiquen dichos datos.

La tensión del mayor gasto antes del IMV ya es evidente. De hecho, hay poco más de 18,5 millones de afiliados a la Seguridad Social y casi 9,8 millones de pensiones.

Es más, si medimos la relación entre afiliados y pensionistas -hay menos pensionistas que pensiones, ya que algunos pensionistas son beneficiarios de más de una pensión- vemos, con preocupación, cómo se deteriora dicho cociente, de manera que cada vez hay menos ocupados que pueden contribuir para garantizar a los pensionistas su pensión. Con los últimos datos de afiliación de mayo dicho cociente ha subido, pero no es más que un mero espejismo, ya que recoge el triste y brutal impacto que el coronavirus ha tenido entre nuestros mayores, con la pérdida de 46.789 pensiones y de 41.829 pensionistas al comparar los datos de mayo de este año con los de diciembre del año pasado.

Solo esa terrible pérdida por fallecimiento es lo que eleva el ratio de manera artificial, del 2,31 de diciembre de 2019 a 2,39 en mayo de 2020, unido al hecho, también artificial en sí, de que dentro de los afiliados se contabilizan también quienes están dados de alta pero sin empleo. Sin embargo, si todos esos pensionistas no hubiesen fallecido por el virus y sólo tuviésemos en cuenta los afiliados que tienen un puesto de trabajo, nos encontraríamos con que ese cociente descendería casi a 2, al bajar hasta 2,10, debido a la pérdida de 677.460 afiliados por destrucción de empleo.

Este último dato nos sirve para ver la tendencia: los afiliados desempleados, si consumen toda su prestación que los mantiene asimilados a estar dados de alta, dejarán de ser afiliados, además de que la parte que ingresa la empresa a la Seguridad Social no existe en su caso procedente de una entidad privada; por otra parte, el número de pensionistas sigue creciendo si asimilamos este lamentable hecho de pérdida de vidas humanas derivado del virus, de forma que la tendencia sigue siendo de aumento de pensionistas, cuyas pensiones el Gobierno está poniendo en riesgo con sus medidas.

Esa tendencia creciente de pensiones lo puso de manifiesto hace unos meses el Banco de España: publicó un informe sobre Envejecimiento y pensiones que muestra también los problemas que tiene el sistema. En ese informe, señala que el escenario demográfico demanda reformas de calado para reforzar la sostenibilidad social y financiera del sistema público de pensiones, debido al progresivo envejecimiento poblacional. Así, se está produciendo un aumento muy significativo en pensiones contributivas, que es lo que ha deteriorado rápidamente el saldo de la Seguridad Social. Es más, el 44% del total del déficit de las AAPP se produjo por la diferencia negativa entre cotizaciones y pensiones contributivas.

Y si hablamos de cotizantes que puedan soportar, con sus cotizaciones, el gasto en pensiones, no debemos olvidar que una buena parte de esos cotizantes son empleados públicos, con lo que toda la aportación de los mismos termina saliendo del gasto público, de manera que el déficit sólo se cambia de casilla, pero no se enjuga.

De esta forma, podemos observar cómo sólo hay poco más de 12 millones de ocupados en el sector privado para pagar, con sus impuestos y cotizaciones, los sueldos de empleados públicos, pensionistas y perceptores de prestaciones públicas -desempleo, especialmente-, que suman, entre todos, casi 19 millones de personas. Es decir, hay 1,57 personas que perciben un ingreso del sector público por cada una que lo percibe del sector privado, que son las que nutren con dinero neto -vía impuestos- al sector público.

Sin embargo, en lugar de afrontar el problema y garantizar, con reformas, la viabilidad del sistema de pensiones y aplicar una política económica ortodoxa, Sánchez tensa más la Seguridad Social con medidas como las del Ingreso Mínimo Vital y una política económica que está destruyendo el tejido productivo y el empleo. Ésa es la realidad, como muestran los datos.

¿Y qué otra puede ser una Policía sino patriótica?
Pedro de Tena Libertad Digital 8 Junio 2020

Enmarañados como estamos en una manipulación sistemática de las conciencias, a veces no reparamos en que los intoxicadores profesionales de la propaganda y la agitación, dos aspectos de la ofensiva totalitaria que los bolcheviques distinguieron, cometen el error de desvelar sus verdaderas intenciones a la multitud indiferenciada a la que dirigen sus mensajes. Entonces se vienen a la cabeza Goebbels o Lenin, que tanto da, y sus reglas para la infección ideológica y moral de las mentes.

Considerar perverso y denunciable que una policía sea "patriótica" ha sido un error del bloque exterminador de la idea de nación que componen la cúpula actual del PSOE, Podemos y los separatistas, porque implica la existencia de otra policía no patriótica. Es una grave equivocación que, como es costumbre, ha sido desaprovechada por los partidos del centro-derecha. Y lo es porque desvela cuál es el desprecio que sienten por el patriotismo, incluso y tal vez sobre todo por el constitucional.

En realidad, se referían a una supuesta policía al servicio de la derecha, o del golpismo e incluso, 45 años después, del franquismo y la imaginaria extrema derecha. Pero al renombrar la realidad, una de las claves del método totalitario de la propaganda, la renombraron con el término de "policía patriótica".

Sí, es un error porque se trata de que las masas nunca puedan saber qué es verdad o mentira en los contenidos que se les suministran sistemática y concienzudamente desde todas las cajas de resonancia de que se dispongan. Es más, se trata de convencer a la población de que, en general, todo lo que dice un enemigo es mentira a priori, mientras que la verdad reside siempre en quien administra la propaganda, negra (de fuentes falsas), gris (dudosas) o blanca (datos oficiales pero manipulados).

Pero si una supuesta policía de índole golpista o al servicio de las derechas es patriótica, es que la patria, la nación, es algo propio de los liberales, los conservadores y la extrema derecha, el enemigo unificado. Pero adviértase que si tal policía patriótica es porquería de cloaca, un grupo perverso y antidemocrático al servicio de los fachas, los duros y los suaves, ¿cómo se nombrará a la policía deseada? ¿No patriótica?

En efecto, he aquí el quid de la cuestión. Como en el caso de Cataluña, el objetivo de todos estos destructores de la idea de patria o de nación no es hacer una policía al servicio de toda España. Se trata de construir una policía, y pronto todas las fuerzas armadas, al servicio exclusivo de los partidos que gobiernan. En el golpe de Estado separatista se comprobó cómo los Mossos no estaban al servicio de toda Cataluña, sino sólo a los pies de los independentistas y sus aliados, tapados o descubiertos. Ese objetivo, al margen de todo espíritu constitucional, fue trazado desde su fundación porque no se trataba de democracia, en la que ninguno cree, sino de dominación y conquista del poder.

Ahora se trata de dividir, de romper, de escindir las fuerzas de seguridad del Estado señalando a quienes defienden el orden constitucional y el Estado de Derecho como "patrióticos" y dejando entrever que la policía ideal de estos ángeles exterminadores de la España reconciliada y compartida no sería otra cosa que una policía de los suyos. Pero ¿qué otra cosa pueden ser una Policía Nacional, una Guardia Civil, unas Fuerzas Armadas, unos jueces, unos profesores, unos sanitarios, unos funcionarios sino patrióticos, al servicio de toda la Nación y su Estado de Derecho, gobierne quien gobierne?

Los propagandistas habituales han metido la pata y al propio Sánchez le ha salido del alma el acto fallido de calificar de "patrióticos" a quienes no comparten sus ideas ni sus intentos de manipulación. Con ello ha desvelado que su idea de fuerzas armadas y del Estado en general, exige que todos los que forman parte de sus engranajes estén sólo al servicio de los partidos que lo han hecho presidente, no de toda la nación. Ese es un principio golpista y antidemocrático. En la Constitución de 1978, la que se quiere derruir, una policía solo puede ser patriótica. ¿Qué si no, señores Sánchez y Marlaska?

Sánchez bajo el síndrome de Zapatero
Pablo Sebastián republica 8 Junio 2020

Lo que tiene que hacer Pedro Sánchez es gobernar para todos y cada uno de los españoles y no solo para él. Pero eso no lo entiende ni le interesa y ayer, por segunda vez, nos dijo que ‘virus’ significa ‘veneno’ y volvió con la cantinela de acusar a la Oposición de inocular veneno y confrontación.

Que es exactamente lo que ha hecho su Gobierno con los casos de Bildu, Marlaska, el 8-M y la Mesa catalana y el golpe de Estado que jalean sus Ministros de Podemos, que son además los que apoyan el golpe catalán.

El presidente en su última homilía, ahora dominicales, hace llamamientos a la unidad política mientras su vicepresidenta Calvo pide estabilidad. Y, tras hacer trampas con los dados ‘cargados’ para el reparto de 16.000 millones a las autonomías para favorecer a ‘los suyos’, Sánchez empieza a hacer sus cábalas sobre la Comisión del Congreso para la reconstrucción económica del país.

Pero sin delimitar el objetivo de sus Presupuestos y su pretendida paz social de cara a un otoño caliente que se aproxima y que el sábado reconoció con temor Pablo Iglesias, porque la avalancha del paro y la ruina llegarán antes que las ayudas de la UE.

Y lo de las manifestaciones motorizadas de Vox con banderas españolas y las manifestaciones de ayer en España por el crimen de George Floyd en USA, van a ser una broma comparadas con las manifestaciones que van a florecer como setas en este país en el otoño próximo y de todo cariz: social, político, económico, empresarial, autonómico y cultural. Y todas ellas frente a un Gobierno ‘de izquierdas’.

Si Sánchez no abandona él presidencialismo autoritario que practica desde la soberbia y la mentira, la calle se le incendiará en contra del Gobierno y Sánchez entrará en el síndrome de Zapatero. Un siniestro y desastroso presidente que negó la crisis financiera de 2008 y arruinó el país, que abrió tumbas para romper la reconciliación nacional de la transición, lideró la crisis de Cataluña con un Estatuto inconstitucional y llevó al PSOE a la derrota.

Sánchez sigue sus pasos atacando, con Podemos, la Transición, pactando con el soberanismo vasco y catalán (prepara los indultos a los golpistas), paseando la momia de Franco como talismán electoral (no le funcionó), y anunciando, en plena crisis económica internacional, medidas drásticas que empeorarán la economía y el empleo como son los nuevos impuestos, las nacionalizaciones y la derogación íntegra de la reforma laboral.

Cuando lo que tenia que hacer Sánchez es bajar los impuestos como incentivos para reactivar el turismo, la automoción, la construcción, la restauración y el comercio si quiere mantener los empleos y crear nuevos puestos de trabajo.

Además, con sus amenazas fiscales y confiscatorias, ya está propiciando una fuga masiva de capitales a otros países de la UE y puede que grandes, medianas y pequeñas empresas españolas coloquen su domicilio social fuera de nuestras fronteras.

Y si piensa Sánchez que la UE dará créditos y ayudas con los ojos cerrados se va a equivocar. Los hombres que vendrán de Bruselas puede que no se vistan de negro pero se vestirán de gris marengo y controlarán el gasto y los proyectos en los que se piensa invertir.

Y si quien manda en la política económica del Gobierno es el vicepresidente Iglesias y no la vicepresidenta Calviño las inversiones extranjeras, salvo los fondos buitres, no llegarán. Y menos si la estabilidad del Gobierno depende de ERC y Sánchez lejos de unir el país mantiene su discurso del odio en pos de la confrontación nacional.

Sánchez está entrando en el síndrome de Zapatero y se puede equivocar en lo político, económico, social y territorial. Y si no hay unidad tampoco habrá estabilidad y en ese caso tampoco ‘confianza en España’, ni crecimiento económico y social y el mapa electoral como en 2011 cambiará.

Y si además de todo ello Sánchez pretende controlar la Justicia, la Fiscalía, la Abogacía del Estado, los grandes medios, y el Parlamento y les da alas al separatismo catalán, entonces a la crisis económica habrá añadido la crisis institucional. Cuidado, pues, con el manejo de ‘el veneno’ porque también infecta al que lo pretende inocular.
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