AGLI Recortes de Prensa   Lunes 13  Julio  2020

Elecciones País Vasco 2020
Vox entra en el Parlamento vasco por primera vez en la historia con su candidata por Álava
Raquel Tejero okdiario 13 Julio 2020

Vox ha logrado por primera vez en su historia entrar en el Parlamento vasco. Gracias a los 4.722 votos cosechados en Álava, la candidata Amaya Martínez ocupará un escaño en la primera representación que el partido de Santiago Abascal consigue en la Cámara de la región.

Martínez se licenció en Ciencias de la Información por la Universidad del País Vasco aunque ha desarrollado su carrera en el ámbito del comercio. Madre de una enfermera es también dueña de una armería que regenta con su marido. Ahora se convertirá en la primera representante vasca del partido y seguirá la estela que comenzó con la entrada de los 12 diputados en el Parlamento andaluz que la formación consiguió en diciembre de 2018.

Las encuestas y los sondeos de este domingo dejaban en duda la entrada de la formación en los parlamentos vasco y gallego aunque apuntaban a que la posibilidad residía en la alavesa finalmente elegida.

El que ha sido director de campaña de las elecciones vascas y gallegas, Ignacio Garriga, ha valorado el resultado como un «éxito sin precedentes» y ha apuntado que «se acabó el silencio». «El resultado lo podemos catalogar como una heroicidad que es igual de importante como todo el esfuerzo que han realizado los simpatizantes y apoderados”, ha apuntado. Además, ha resaltado los múltiples incidentes por los que ha atravesado el partido durante la campaña y que Garriga cree que han provocado unas elecciones «que no han sido libres ni democráticas».

Respecto al resultado en las elecciones gallegas ha asegurado que «no se debe perder la esperanza porque los gallegos están representados en el Congreso de los Diputados» por Vox.

El recuento electoral lo han vivido en la sede del partido el presidente de Vox, Santiago Abascal; el eurodiputado Hermann Terstch y otros dirigentes como Garriga. La diputada Macarena Olona ha permanecido en Vitoria para esperar los resultados junto a los candidatos. «El día que comenzó el cambio en el País Vasco. Estamos dentro. Y detrás de Amaya estaremos toda la familia de Vox para servir a los vascos», ha publicado Olona en su cuenta de Twitter.

«No han sido democráticas»
El presidente de Vox, Santiago Abascal, ha agradecido «a todos los que se han comprometido con el partido en unas circunstancias de extraordinaria dificultad y violencia contra el partido», ha comenzado su valoración.

El presidente de la formación considera que «Vox se ha visto envuelto en la polémica» durante la campaña, «no por su culpa sino por los encapuchados» que han acudido a intentar boicotear sus actos. Además ha recordado que Vox ha denunciado al director de Correos al que ha catalogado de «sicario» por haber «provocado que la propaganda de Vox no haya llegado a las casas de los vascos y los gallegos».

Por otro lado ha resaltado el mal resultado electoral de Podemos que también ha considerado una victoria para ellos: «Mientras Vox entra en un parlamento en el que no estaba representado, Podemos sale de dos parlamentos donde sí tenía representación».

Múltiples incidentes
Vox ha denunciado a través de las redes sociales varios incidentes durante la jornada electoral. Un ejemplo de ello apuntan que se ha vivido en Galdacano (Vizcaya) donde aseguran que un radical ha propinado un puñetazo a un apoderado que ha denunciado el incidente en la comisaría.

Además, afirman que en un colegio electoral de Bilbao alguien ha arrojado las papeletas del partido a la basura y en Guipúzcoa las cabinas han impedido la privacidad del voto a los ciudadanos.

Baja participación
Las elecciones al Parlamento vasco han registrado este domingo una participación del 52,8 % de los ciudadanos llamados a las urnas, lo que supone el mínimo histórico de todos los comicios autonómicos celebrados hasta ahora en aquella región española.

La inusual celebración de las elecciones en pleno periodo estival y, sobre todo, la pandemia de la covid-19 han podido provocar la caída de la participación que se ha situado por debajo de la más baja registrada hasta ahora, el año 1994 cuando votó el 59,69 % del censo.

En comparación con las elecciones de hace cuatro años, la participación ha caído más de 7 puntos, 7,2 concretamente. En 2016 la participación fue del 60,02 %, cifra que fue la tercera más baja después de la de 1994 y la de 1980.

Esta caída de la participación ha sido mayor en Vizcaya, de 8,5 puntos, ya que se ha quedado en el 51,9 %, seguida de la de Álava, del 8,1 puntos, ya que se ha quedado en el 51,6 %, y menor en Guipúzcoa al quedarse en el 54,4 %, 4,9 puntos menos.

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Ortega Smith llama «separatista» a Feijoo
El secretario general de Vox carga contra el Presidente de la Xunta tras los malos resultados de su formación
LA VOZ 13 Julio 2020

El secretario general de Vox, Javier Ortega Smith, ha declarado que la subida del BNG en Galicia se deba a que «Feijoo les ha comprado el discurso» y ha asegurado que su formación «no piensa dar un paso atrás» y continuará peleando por la comunidad.

La formación de Santiago Abascal no ha conseguido representación parlamentaria en los comicios gallegos con poco más de un 2 % de los votos, unos 26.000.

«¿Por qué el BNG, un partido separatista, amigo de los proetarras y de los golpistas catalanes tiene tanta fuerza?, ¿por qué ha conseguido triplicar su resultado y absorber a los comunistas de Podemos? No es por sus méritos ni por lo que haya hecho, es porque alguien ha puesto el abono durante estos años», ha afirmado Ortega Smith, refiriéndose a Alberto Núñez Feijoo.

Según el dirigente de extrema derecha, Feijoo ha puesto «el caldo de cultivo» asumiendo «las políticas más radicales de la izquierda» como «la imposición de la ideología de género, la educación sexual a menores de tres años o las políticas LGTB» y ha asumido «el discurso separatista de que Galicia es una nación sin Estado».

Ortega Smith ha declarado que los gallegos prefieren «los originales a las copias» y por eso el BNG ha obtenido tanta fuerza.

En cuanto a sus resultados, el secretario general de Vox ha agradecido a los candidatos, a los afiliados y a los apoderados y ha alabado «su valentía» a la hora de defender un proyecto político que ha sido siempre, según Ortega Smith, «silenciado y estigmatizado».

También ha agradecido a sus votantes y a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado por protegerles de «las amenazas y los insultos».

«No ha habido unas elecciones libres ni democráticas. Esto no es la excusa del mal perdedor. Esto es la realidad de quienes hemos tenido que soportar en todos nuestros actos los insultos, las amenazas y tener que hacer nuestros actos rodeados de antidisturbios y con un silencio mediático apabullante», ha expresado.

Según Ortega Smith los mismos que les han querido silenciar los han querido «señalar como culpables», diciendo que iban «a provocar».

«¿Cómo a provocar? Veníamos a ejercer nuestro derecho democrático de la libertad de participación política. Por querer participar en las elecciones nos han machacado literalmente», ha declarado.

Sin embargo, Ortega Smith ha añadido que el proyecto de Vox es «una carrera de fondo que empezó tan solo hace 6 años» y que tienen «absoluta esperanza y confianza» en el futuro.

«No crean ni por asomo que no haber sacado representación en las elecciones autonómicas, en las que hemos trabajado duro, nos va a desanimar lo más mínimo», ha asegurado Ortega Smith, que ha apuntado a que en el Congreso de los Diputados hay 52 diputados nacionales que «defienden Galicia».

Horizontes de gangrena
La nación está hecha trizas: mutada en una sopa de letras
Gabriel Albiac ABC 13 Julio 2020

Hay un Gobierno español, aplastado por la responsabilidad moral de cuarenta mil muertos (ni siquiera se nos permite saber la cifra exacta), en buena parte debidos a su pasmosa incompetencia. Hay una administración golpista en Cataluña, a la cual, tras el fracaso de su golpe de Estado, se ha otorgado el privilegio de administrar la cárcel -o no cárcel- de sus camaradas condenados por el Supremo. En el País Vasco, un Estado paralelo, el PNV, vende, con habilidad largamente afilada en décadas de regateo, sus favores a un Gobierno español al cual perdona la vida a cambio de privilegios fiscales que el resto de la nación paga. En Andalucía, una irregularidad imprevista rompió los cuarenta años, no ya de corrupción,
sencillamente de saqueo: y es recompensada con el lógico bombardeo inmisericorde desde La Moncloa. Madrid -ayuntamiento como comunidad- vive sometida a un estrangulamiento que busca propiciar el retorno de la devastadora banda de Carmena…

Sí, las elecciones autonómicas de ayer, en el País Vasco y en Galicia, cobraban su crucial significado en el panorama amplio de una descomposición nacional. Descomposición política, económica, moral sobre todo.

No se esperaban sorpresas. No las hubo. En las vascongadas, el PNV impera apoyado en Bildu. Es merito suyo haber ido configurando una identificación Partido-Estado que hubiera levantado la envidia de los teóricos totalitarios. Y es culpa de los sucesivos gobiernos españoles haber hallado cómodo comprarse al contado al PNV. Ni siquiera precisan, los de Ajuria Enea, lanzarse ahora a la aventura de un golpe de Estado a la catalana: sin necesidad de heroísmos gestuales, lo tienen ya todo. Por si acaso, y como cautela básica, arrancarán las competencias de prisiones que han permitido a Torra reírse de la sentencia del Supremo. Y seguirán chantajeando a todos cuantos precisen de su voto.

En Galicia, Feijóo asienta un dominio para cuya estabilidad no hay demasiados precedentes. ¿Intentará, desde ahí, el salto a Madrid? No es verosímil. El hombre del Partido Popular gallego parece demasiado inteligente para no percibir el riesgo que entrañaría una tal pirueta en el vacío. Desde la continuidad gallega, sus bazas para mover la escena política española son mucho más sólidas que cualquier aventura fuera de su territorio.

Al cabo, los triunfos de Feijóo en la comunidad gallega y del PNV en la vasca congelan el mapa de la gangrenada política española. La nación está hecha trizas: mutada en una sopa de letras autonómica sin visos de poder ser armonizada. Cada comunidad exhibe intereses antagónicos a los de las demás y, sobre todo, a los de la nación. Y el Gobierno central es, en Madrid, dos gobiernos. De los cuales, el ayer triturado por las urnas, Podemos, oscila entre la delincuencia y el caudillismo caribeño: y pasa a ser un peso muerto para Sánchez.

Es el triste espectáculo de un país sobre cuyos dirigentes pesa la responsabilidad moral de cuarenta mil muertos. Hasta su cifra exacta nos ocultan.

Sánchez e Iglesias son una fábrica de independentistas
OKDIARIO 13 Julio 2020

Vistos los resultados de Galicia y el País Vasco, la conclusión es que el socialcomunismo del PSOE y de Podemos -de Pedro Sánchez y de Pablo Iglesias- es una fábrica de independentistas. En Galicia, el BNG ‘sorpasa’ de manera clarísima y contundente al PSOE, al que aventaja en 5 escaños y literalmente engulle a Podemos, que de tener 14 escaños pasa a convertirse en una fuerza extraparlamentaria. Es decir, que el socialcomunismo y su alianza con las fuerzas separatistas se ha convertido en una catapulta para las formaciones independentistas. El BNG sube de forma exponencial en Galicia, mientras el PSOE se mantiene plano, con unos resultados discretísimos, al tiempo que la formación morada se pega uno de esos batacazos que se estudian en las facultades de Ciencias Políticas.

Lo mismo cabe decir de los resultados del País Vasco: el PSOE obtiene 10 escaños, uno más que en 2016, y Podemos pierde 5, al pasar de 11 a 6. ¿Quién se beneficia de la caída del socialcomunismo? Pues evidentemente, Bildu, la formación proetarra, que gana 4 escaños. Los herederos de ETA son los grandes beneficiados del derrumbe de la formación de Pablo Iglesias. Es lo que tiene que Podemos y Bildu se parezcan como dos gotas de agua.

Las elecciones autonómicas gallegas y vascas han supuesto el primer examen al Gobierno socialcomunista de Pedro Sánchez. El balance que cabe hacer, a tenor de los resultados, es que los devaneos constantes del Ejecutivo con las fuerzas independentistas que mantienen a Sánchez en La Moncloa son altamente lesivos para los intereses de España y de los españoles, pero extraordinariamente rentables para los separatistas. La prueba en Galicia es el BNG; en el País Vasco, Bildu.

La aproximación creciente de Pablo Iglesias a las formaciones independentistas, con la anuencia de Pedro Sánchez, ha terminado por engordar a quienes no se sienten concernidos con el marco constitucional y se declaran abiertamente enemigos de España, que son los que ganan.

Moraleja: cada día que el tándem Sánchez/Iglesias permanezca en La Moncloa, las fuerzas independentistas estarán de enhorabuena.

La noche del gran batacazo de Iglesias
Pablo Molina  Libertad Digital 13 Julio 2020

El dato más significativo de las elecciones regionales gallegas y vascas es el tremendo descalabro de Podemos, que pierde casi la mitad de los escaños que tenía en el Parlamento de Álava y desaparece de la Cámara gallega, donde era tercera fuerza política, empatado a 14 escaños con la segunda, el PSOE.

En ambos casos, los principales beneficiarios de la debacle del movimiento chavista han sido los partidos separatistas de izquierdas (BNG y EH-Bildu), que experimentan un fuerte avance en escaños y muy especialmente en el caso de los nacionalistas gallegos, que ganan 13 diputados y se convierten en la segunda fuerza regional.

Núñez Feijóo amplió anoche en un escaño su resultado anterior y se hizo con su cuarta mayoría absoluta, lo que lo consagra como el hombre fuerte del Partido Popular y el barón con más peso en las estructuras centrales de la formación liberal-conservadora. Su victoria es incontestable y su mérito personal también está fuera de duda, dado el carácter personalista de una campaña en la que, intencionadamente, se han escondido las siglas del PP.

Urkullu, por su parte, mejora los resultados que ya tenía y se queda a siete diputados de la mayoría absoluta, lo que le permitiría seguir cómodamente gobernando el País Vasco con el PSOE a cambio de entregarle su apoyo en el Parlamento de la Nación. La aritmética parlamentaria de la Cámara vasca permite también un tripartito de Bildu, PSOE y Podemos, al modo del que en su día ensayaron los socialistas en Cataluña, aunque se trate de una posibilidad ciertamente remota, no por los escrúpulos de Sánchez a pactar con el brazo político de la ETA –ya lo ha hecho en Navarra y en el Congreso de los Diputados–, sino porque esa coalición fortalecería a un Iglesias devastado por el tremendo varapalo que acaba de recibir.

La enfermedad moral de la sociedad vasca, que ya parece irrecuperable, se pone de manifiesto en la subida importante de los herederos políticos de la banda terrorista, mientras la obtención por Vox de un diputado en Álava es presentada como una amenaza a la democracia que hay que combatir. A eso ha llegado el País Vasco, a celebrar el éxito electoral de los que aplaudían a los torturadores de Ortega Lara y a considerar una amenaza fascista la obtención de un escaño por el partido que el exfuncionario de prisiones contribuyó a fundar.

Las dos elecciones tienen, qué duda cabe, efectos importantes en la política nacional. El más destacado es, sin duda, el castigo brutal que ha recibido Iglesias, un comunista de la peor especie que ya solo podrá seguir mangoneando su partido con el pretexto de que lo ha llevado a tocar el poder.

La peor noticia para Moncloa
Las cesiones del PSOE al nacionalismo premian al PNV, Bildu y el BNG, y Sanchez no gana votos del drama de Podemo
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Manuel Marín ABC 13 Julio 2020

La cuarta victoria por incontestable mayoría absoluta de Alberto Núñez Feijóo no solo demuestra la fortaleza de su marca personal en Galicia y el afianzamiento del voto tradicional al centro-derecha frente a la dispersión de los partidos de izquierda y nacionalistas, que se presentaron fragmentados en una decena de alternativas; esa victoria reafirma también la tendencia de drástico retroceso iniciada en las elecciones municipales de mayo del año pasado por Podemos y las llamadas «mareas» populistas, y la rehabilitación de un voto nacionalista reunificado en el BNG, que anoche hundió al Partido Socialista. En el País Vasco, el escenario de gobernación tampoco cambiará. Pero necesariamente sí tendrá que hacerlo la estrategia del constitucionalismo, el verdadero damnificado de estos comicios con tintes dramáticos para el PP y Ciudadanos. Estas son las

Fracasa el constitucionalismo en el País Vasco
En el País Vasco, el nacionalismo se apuntó un triunfo global incontestable refrendado por los socialistas para dar un apoyo imprescindible al PNV. La noticia más alarmante es la relevante caída del «voto constitucionalista» que encarnaba la alianza entre el PP y Ciudadanos, toda vez que el PSE excluyó de su campaña cualquier defensa de la Carta Magna para adquirir el perfil más soberanista posible. La colaboración entre el PNV y el PSE -cada vez más alejado de una defensa nítida del constitucionalismo clásico- está asegurada.

¿Otra alianza Ciudadanos-PP en Cataluña?
Por eso, este fallido ensayo de laboratorio en el centro-derecha no nacionalista aboca al constitucionalismo a tener, por primera vez en décadas, una presencia residual en el Parlamento de Vitoria. La fragmentación de parte del antiguo voto del PP, la inquietante desmotivación en su electorado, y la pérdida de votantes a favor de Vox abocan a Casado, pero también a Inés Arrimadas, a una profunda revisión en sus estrategias, especialmente si tuviesen en mente recuperar un proyecto similar cuando Joaquim Torra convoque elecciones en Cataluña.

Refuerzo agridulce para la dirección del PP
El triunfo de Feijóo vuelve a representar el éxito de la moderación en el discurso político frente a la agresividad o la crispación. El electorado de la derecha gallega tiene un perfil muy definido en ese sentido y una lealtad de voto acreditada con los años. Al PP parece no afectarle sustancialmente el desgaste del poder. Es la única Comunidad donde Ciudadanos y Vox continúan sin representación parlamentaria, y eso es achacable a la personalísima gestión que hace el candidato del PP de todas sus campañas. Sin embargo, la mayoría absoluta de anoche también tranquiliza a Pablo Casado y a la dirección nacional del PP en la medida en que la pérdida de la mayoría absoluta por un solo escaño o un puñado de votos, unida al fracaso previsto en el País Vasco, habría reabierto disensiones internas en Génova y habría forzado a Casado reorientar su estrategia: respecto a Ciudadanos, respecto a Vox, pero sobre todo respecto al PSOE. De cualquier modo, el PP tiene una compleja tarea en el País Vasco. Un partido con vocación de gobernar España, pero con una presencia raquítica en esa autonomía o en Cataluña, tiene muy difícil vencer en unas elecciones generales.

Sánchez empieza a experimentar desgaste
La noche resultó ciertamente negativa para los socialistas. A Sánchez le bastaba con dos premisas: continuar condicionando la gobernabilidad del PNV en el País Vasco y no ser superado por el Bloque Nacionalista en Galicia. Objetivamente, el socialismo no aspiraba a más objetivos porque eso le permitiría argumentar que no ha sufrido desgaste alguno por su gestión del coronavirus. Además, Sánchez verá reforzado el vínculo con el PNV en el Congreso de los Diputados, donde sigue siendo un partido esencial para que la legislatura no naufrague. Sánchez ha conseguido el logro -milagroso- de que Podemos, Ciudadanos y el PNV lo sostengan durante el periodo más complejo de nuestra democracia, con tres meses de estado de alarma. Ahora, los resultados en el País Vasco encauzan esa alianza, en la medida en que para el PSOE, Esquerra Republicana ha dejado de ser un partido fiable.

Sin embargo, el socialismo en Galicia tiene motivos para acometer una profunda autocrítica y una reestructuración a fondo porque es notorio que la motivación de su electorado se resiente más y más en cada proceso electoral. La pérdida del liderazgo de la oposición a manos del BNG -un partido que concurre, por ejemplo, a las elecciones europeas con Bildu y ERC, es un varapalo para Sánchez. Relativizar estos resultados o atribuirlos a la endeblez de su candidato no será creíble en todas las corrientes -por silentes que estén aún- del PSOE.

Castigo a la coalición de Moncloa
En términos generales, y más allá de que se trate de resultados autonómicos, una primera lectura en clave nacional demuestra un castigo innegable a la coalición de gobierno entre Pedro Sánchez y Pablo Iglesias. El primero, por sufrir una debacle en Galicia y por recuperar una mínima cantidad de voto en el País Vasco. El segundo, porque demuestra que la fractura interna de Podemos durante los dos últimos años, la guerra civil en la extrema izquierda gallega, y las purgas emprendidas por Pablo Iglesias, han condenado a ese partido. El «éxito» de Sánchez e Iglesias ha consistido en premiar a los nacionalismos y no obtener rédito alguno.

La «revolución» extremista de Iglesias naufraga
Podemos y sus marcas pierden un fuelle social que Iglesias no logra rentabilizar con su pretendido «perfil social» en Moncloa. Su mensaje «revolucionario» y regenerador desde la extrema izquierda ha dejado de ser creíble. Empieza a asociársele con un partido burgués, asimilado a cualquier otra formación tradicional de la izquierda y, lo que es peor, la movilización, su principal patrimonio hasta ahora, ha dejado de surtir efecto. Lo ocurrido anoche es una pésima noticia para Iglesias, pero también para Sánchez, incapaz de recuperar para el PSOE ni un solo voto de Podemos en Galicia, y muy poco porcentaje del trasvase de voto que se ha producido en el País Vasco. Allí, el voto fugado de Podemos se instala mayoritariamente en Bildu y en la abstención.

Fracaso clamoroso del gobierno social-comunista
EDITORIAL  Libertad Digital 13 Julio 2020

Tanto Feijóo como Urkullu han logrado en las elecciones gallegas y vascas los triunfos holgados que las encuestas auguraban. El candidato del PP en Galicia, de hecho, ha obtenido un resultado espectacular: cuarta mayoría absoluta, con varios diputados de margen y rozando el 50% de voto. El del PNV ha mejorado sus resultados, si bien una coalición improbable de Bildu, PSOE y Podemos podría arrebatarle el poder.

Sin embargo, tanto esto como el éxito de Feijóo entran en lo esperado, así que lo más noticioso y lo más relevante políticamente es el pésimo resultado que han logrado los dos partidos que sostienen el gobierno de coalición social-comunista.

En el caso de Podemos el descalabro es dramático: los de Pablo Iglesias han pasado de 14 diputados a cero en Galicia, un desplome que se ha visto en pocas ocasiones; mientras que en el País Vasco se dejan cinco de los once diputados que tenían y pierde más de la mitad de votos.

Pero el resultado no es mucho más halagüeño para el PSOE: mientras su socio de gobierno cae a plomo, las marcas regionales del partido de Pedro Sánchez no sólo no recuperan nada del voto que había ido a la formación morada, sino que se limitan a repetir el peor resultado de su historia en Galicia, donde se ve relegado a la tercera posición por detrás del BNG y a una distancia muy notable de los nacionalistas gallegos, de los que los separan más de 50.000 votos.; y en el País Vasco no repiten, pero sólo ganan un escaño respecto a un resultado que también había sido su suelo.

Y esto con Pedro Sánchez en Moncloa y con la mayor concentración propagandística de medios serviles a mayor gloria de la causa gubernamental. Pero ni aún así.

Los pactos no amansan a los nacionalismos
La conclusión inmediata que se puede extraer de esta doble debacle es que la gestión de este Gobierno ha recibido su primera refutación en las urnas, el triunfalismo propagandista que ha lucido el Ejecutivo se ha dado de bruces con una realidad que, en dos comunidades muy diferentes, les ha puesto en su verdadero sitio: un suspenso clamoroso.

El segundo análisis que cabe extraer de este resultado es que la connivencia con el nacionalismo no sirve para moderarlo en sus exigencias y en su fuerza electoral sino que, al contrario, con el blanqueamiento de los partidos más radicalmente separatistas sólo se logra inflarlos electoralmente.

Así, en Galicia el BNG ha absorbido todo el voto perdido por Podemos y nada más y nada menos que triplica su resultado electoral; mientras que en el País Vasco, por su parte, Bildu gana tres diputados y repite su mejor resultado histórico, lo que por cierto es un claro indicativo de la enfermedad moral que sufre una parte muy importante de la sociedad vasca.

Mal resultado del PP, escaño heroico de Vox
En ese contexto el resultado electoral del PP en la comunidad vasca sólo puede entenderse como un fracaso que deja herida de gravedad una fórmula, la suma PP-Cs, que ha sido más bien una resta. Tras este resultado esta coalición parece algo de otro tiempo político.

Y hay que decir también quizá por las servidumbres a las que obligan ese tipo de pactos la campaña de populares y naranjas ha carecido de la consistencia que probablemente reclamaba la ocasión: era un mal momento para esa moderación que sí podía funcionar en Galicia, pero no en el territorio casi dramático del País Vasco.

Además, el resultado de los populares aún se ve más comprometido por el éxito de Vox, que ha logrado un único escaño, pero en unas circunstancias aún más difíciles y que le dan un valor extraordinario. Los de Abascal, lo han logrado a pesar de una campaña en la que han sufrido el boicot de casi todos los medios, la persecución de los violentos y hasta las canalladas de Correos.

Vox era el enemigo de todos los que se presentaban en el País Vasco y su diputado sólo recalca el tremendo fracaso del gobierno social-comunista, que en su primer examen electoral ha logrado un enorme fracaso.

Hablamos demasiado en español
José García Domínguez  Libertad Digital 13 Julio 2020

La consejera de lo que la Generalitat tiene por cultura, una señora muy puesta y arreglada cuyo nombre tampoco recuerdo hoy, acaba de deponer en la tribuna del Parlament que allí se habla demasiado en español, asunto que, según parece, le causa algún que otro trastorno intestinal. De los peronistas decía Borges que no son buenos ni malos, sino simplemente incorregibles. Y con los catalanistas pasa una cosa parecida, porque da igual que se digan de derechas o de izquierdas, que en el fondo es lo de menos. Pues lo que en verdad retrata a los catalanistas es lo muy pesados que consiguen ser siempre. Más que pesados, pesadísimos. Los catalanistas encarnan la genuina quintaesencia ontológica de la pesadez. Nadie sabe lo que es aguantar un coñazo insufrible hasta el día aciago en el que un nacionalista catalán se le acerca con afán de evangelizarlo en la única fe nacional verdadera. Yo, que los tuve que padecer desde bien niño, no creo que haya nada en el mundo más definitivamente pesado que un catalanista.

Así, la señora esa, que creo que es de una comarca de Gerona o por ahí, nos vino a repetir por millonésima vez la cantinela cansina de la lengua propia, que es la buena y fetén, y la lengua impropia, que es la de los colonos de Cornellà y las chachas de Pedralbes. No se cansan nunca de repetir la misma matraca. Nunca. Jamás. Nos vencerán por puro agotamiento. Por lo demás, la salud gástrica de la consejera no corre un peligro mayor a estas horas, más bien todo lo contrario. Y es que poco castellano, muy poco, van a tener que padecer sus delicados tímpanos a partir del próximo otoño. Tras la heroica huida rumbo a Madrid en busca de mejores puestos de trabajo de la plana mayor de Ciudadanos, el partido al que procede reconocer que rompió el tabú que prohibía usar la lengua del servicio en el hemiciclo doméstico, el PSC, que ya se apresta a ocupar sus escaños, volverá a reimplantar por la vía de los hechos consumados la pax vernácula pujoliana. Contraiga el vientre consejera, que ya queda menos.

Feijóo, el antídoto perfecto contra el socialcomunismo
OKDIARIO 13 Julio 2020

Lo de Alberto Núñez Feijóo es, sencillamente extraordinario. Sus 41 escaños -igualando su mejor resultado desde que es presidente de la Xunta de Galicia- tienen un mérito indudable. Capaz de dejar sin espacio a cualquier otra formación de centro derecha -Cs y Vox son testimoniales-, se ha convertido en un muro para la izquierda socialcomunista e independentista. Su triunfo ha sido aplastante, rotundo -cercano al 50 por ciento de los votos- y viene a confirmar que la gestión eficaz, su galleguismo de vocación netamente constitucionalista y la moderación en las formas son señas de identidad que conducen al éxito absoluto. Su logro, en un escenario político convulso y fraccionado, es un ejemplo a seguir.

Núñez Feijóo es la prueba de que el mejor antídoto contra el sectarismo ideológico de la izquierda socialcomunista y del independentismo es gestionar con rigor y coherencia, para desnudar así los argumentos demagógicos y populistas de sus adversarios. Lo ha hecho desde que llegó a la presidencia de Galicia y los votantes han vuelto a avalar en las urnas su forma eficaz y serena de gobernar. Desde que llegó a la presidencia de la Xunta, todos los intentos de la izquierda por articular una mayoría que le echara del poder han sido un fracaso. Y eso tiene un enorme mérito.

Sus números son incuestionables y hablan por sí solos. No hay un presidente autonómico en España que haya revalidado su mayoría absoluta obteniendo casi la mitad del total de los votos. Por cuarta vez consecutiva, Feijóo ha conseguido aunar casi todo el voto del centro derecha en torno a su figura para triturar de forma sucesiva cualquier intento de las izquierdas de arrojarle del poder. Feijóo acrecienta su mayoría absoluta y coloca a la izquierda gallega ante el espejo de su impotencia. A Pablo Iglesias, sin ir más lejos, lo ha hecho añicos, lo ha despellejado políticamente. Núñez Feijóo, en suma, es el antídoto perfecto contra el socialcomunismo y el separatismo.

Feijóo se crece en medio del repunte del soberanismo
Editorial El Mundo 13 Julio 2020

Las elecciones en Galicia y País Vasco no han arrojado demasiadas sorpresas, según lo previsto por la mayoría de las encuestas, pero han generado una profunda sensación de alarma por el fuerte repunte del voto nacionalista en ambas comunidades. Una realidad que confirma el triunfo de las tesis rupturistas por encima del proyecto de integración común que simboliza nuestra Constitución. Especialmente preocupante es el caso de Euskadi, donde, entre PNV y EH Bildu, las dos fuerzas soberanistas a ambos lados del espectro ideológico, acaparan casi un 70% de los votos. Por contra, el más que loable empeño de PP y Cs por mantener la dignidad constitucional no ha sido recompensado. La coalición liderada por Iturgaiz no solo no ha logrado sumar nuevos escaños a los nueve obtenidos en 2016, sino que ha restado, quedándose sólo con cinco representantes en la cámara vasca, augurando un fracaso similar en las elecciones catalanas de otoño, lo que obliga a ambos partidos a repensar su estrategia común.

Pero también en Galicia ha renacido el galleguismo radical del BNG, que vuelve a ser la segunda fuerza política, pasando de seis a 19 escaños, a costa del voto desencantado de los morados (que pierden sus 14 diputados de 2016 y desaparecen como fuerza política) y de un PSOE que se mantiene sin saber aprovechar el eficaz aparato propagandístico montado desde Moncloa. De poco le servirá este éxito al BNG para su empeño por repetir el nefasto gobierno de coalición de 2005, ya que Alberto Núñez Feijóo ha arrasado en las urnas y gobernará con una cómoda mayoría absoluta de 42 escaños (uno más que en 2016) por cuarta vez consecutiva. Feijóo obtuvo este domingo el respaldo de la mayoría de los gallegos, que han premiado la coherencia política del PP durante las últimas tres legislaturas, su buen hacer en la administración autonómica y la excelente gestión de la crisis sanitaria, aunando en torno a su persona el voto del centro derecha y dejando sin espacio político ni a Cs ni a Vox.

Iñigo Urkullu, por su parte, demuestra que el PNV es una fuerza invencible en el País Vasco. Los electores no le han pasado factura ni por la deficiente gestión de la pandemia, ni por el derrumbe del vertedero de Zaldívar, ni por el caso Alfredo de Miguel, número dos del partido en Álava condenado en 2019 a 13 años de prisión por dirigir la mayor trama corrupta en la reciente historia de la comunidad. Urkullu no solo vuelve a ganar las elecciones, sino que incrementa la distancia con su seguidores, pasando de los 27 escaños logrados en 2016 a los 31. Nunca nadie ha conseguido en Euskadi una mayoría absoluta para poder gobernar en solitario, por lo que Urkullu tendrá que formar su tercer gobierno estable apelando de nuevo al apoyo del PSOE, cuya líder, Idoia Mendia -que suma un escaño más a los 9 que tenía en 2016- se comprometió durante la campaña a no formar una alianza junto a los herederos de ETA (que logran su mejor resultado histórico con 22 escaños y se consolidan como segunda fuerza política) y la marca de Unidas Podemos en Euskadi, que sufre un duro correctivo bajando de 11 a seis escaños. Y es que, sin duda, el partido que registra un mayor desplome, tanto en Galicia como en el País Vasco, es Unidas Podemos, que paga caro la arrogancia de su líder nacional, Pablo Iglesias, la negligencia del Gobierno, del que forma parte como vicepresidente, en la gestión de la crisis sanitaria, el reciente caso Dina, en el que, además, ha adoptado una actitud paternalista y machista, y la división interna en ambas comunidades, especialmente en Galicia, donde las mareas tampoco consiguen representación.

Vox, finalmente, ha logrado poner un pie en la cámara vasca al obtener un escaño por Álava, pero demuestra la escasa repercusión de su proyecto en una comunidad que ha demostrado ser mayoritariamente nacionalista, y cuya sociedad parece haber olvidado ya alternativas constitucionalistas como la que representaron en su momento Mayor Oreja y Nicolás Redondo Terreros.

Sigue perdiendo España. sigue otro separatista disfrazado
Nota del Editor 13 Julio 2020

Con la sartén por el mango se pueden dan buenos golpes, pero en Galicia sigue el mismo nacionalismo que expulsa a cualquier ciudadano que no pase por el aro de la lengua regional. La ducha selectiva del dinero, permite comandar a los medios que influyen en una sociedad adormecida.

Las inadmisibles zanjas abiertas a Vox, desde Correos a Interior, la falta de libertad en muchos lugares donde imperan los fiiloterroristas, justificaban la anulación de la convocatoria. Si no hay libertad, no se puede votar en libertad. Esto no es una democracia, es una basura donde la seguridad jurídica no existe, la seguridad ciudadana tampoco.

Galicia y País Vasco muestran a Iglesias la puerta de salida
OKDIARIO 13 Julio 2020

El resultado de las elecciones gallegas y vascas ha venido a confirmar el hundimiento de Podemos, cuyo líder, Pablo Iglesias, es el gran derrotado de una noche electoral que, sin duda, acelera el proceso de descomposición en el que está inmerso la formación populista de extrema izquierda. Para que se hagan una idea del derrumbe de Podemos, dos datos: en Galicia desaparece del mapa político, al no llegar al 5 por ciento de los votos en ninguna de las cuatro circunscripciones. Hace cuatro años, Podemos, bajo la marca de En Marea, obtuvo 14 asientos en el Parlamento gallego; ahora es una fuerza extraparlamentaria.

En el País Vasco, Podemos pierde la mitad de sus escaños, al pasar de 11 a 6, un batacazo de proporciones considerables que confirma el deterioro acelerado de un partido que cogobierna España. Por decirlo de una manera muy clara: Galicia y País Vasco le han enseñado a Iglesias la puerta de salida.

Galicia y País Vasco eran dos de los territorios donde Podemos tenía más fortaleza, lo que demuestra el estado de derrumbe de una formación que ha sido fagocitada por un líder despótico que es el paradigma del sectarismo más recalcitrante. Pablo Iglesias será vicepresidente segundo del Gobierno, pero su ocaso es evidente. Ha arrastrado a su partido hacia la más absoluta insignificancia en Galicia y en el País Vasco. Los votantes gallegos y vascos le han tomado la matrícula al secretario general de Podemos, cuya visión totalitaria del poder y sus maneras tiránicas han merecido el rechazo y desprecio general del electorado.

Que Pablo Iglesias sea el gran derrotado de los comicios autonómicos es una muy buena noticia para la democracia española, si bien el derrumbe de Podemos ha servido para catapultar a las formaciones independentistas -BNG en Galicia y Bildu en el País Vasco-. El varapalo a Iglesias es de tal magnitud que si fuera un demócrata estaría a estas horas presentado su renuncia como secretario general de Podemos. Como no lo es, en las próximas horas encontrará alguna excusa para seguir aferrado al poder.

Batacazo de Pablo Iglesias: pierde los 14 escaños en Galicia y se desploma en el País Vasco
Podemos se desintegra y pierde voto masivamente en favor de nacionalistas y separatistas como BNG y Bildu
Segundo Sanz okdiario 13 Julio 2020

Podemos y sus confluencias han experimentado en las elecciones vascas y gallegas del 12-J un gran batacazo, que refleja el nivel de desintegración que la formación de Pablo Iglesias está registrando en el mapa territorial, perdiendo voto masivamente en favor de las fuerzas nacionalistas y separatistas, principalmente BNG y los proetarras de Bildu. Además, el partido morado ha pagado las guerras internas en las mareas y su concurrencia dentro de sopas de siglas. Además, también ha fracasado a la hora de hacer valer en Galicia y País Vasco su presencia en el Gobierno de España.

Las urnas han pasado factura en sendas comunidades al partido de Pablo Iglesias, que empezó la noche con 25 diputados y la terminó con sólo 6 actas. Un descalabro de 19 parlamentarios y más de 300.000 votos. Y ello, con el líder podemita centrando los focos en los últimos días de la campaña por la investigación judicial de la tarjeta de móvil que retuvo a su ex asesora Dina Bousselham y por llamar a «naturalizar» el «insulto» a los profesionales de la prensa.

La candidatura Galicia en Común-Anova Mareas, la coalición de Podemos, Esquerda Unida, Anova, Marea Atlántica y Compostela Aberta, ha sufrido el mayor de los varapalos al no lograr siquiera representación. De igual modo, la plancha de Elkarrekin Podemos-IU ha quedado muy lejos de los números obtenidos en los comicios de hace cuatro años, al caer de 11 a 6 diputados. El vicepresidente segundo del Gobierno y ministro de Derechos Sociales y Agenda 2030 se desplazó tanto a Galicia como País Vasco para apoyar sobre el terreno a sus candidatos a la Xunta y la Lehendakaritza, Antón Gómez-Reino y Miren Gorrotxategi, respectivamente.

En Galicia, donde la ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, también se implicó en la campaña, Podemos y sus confluencias apenas han superado los 50.ooo votos, pasando así de segunda a cuarta fuerza por detrás del BNG, la gran sorpresa de la noche con 19 diputados (13 más que en 2016), y el PSOE, que únicamente ha ganado un escaño, pasando de 14 a 15 actas. Los socialistas de Pedro Sánchez, al igual que en el País Vasco, tampoco han capitalizado aquí el voto descontento con el partido de Iglesias y sus alianzas gallegas, que ha emigrado fundamentalmente al BNG.

Hace cuatro años, la candidatura de En Marea liderada por Luís Villares relegó a los socialistas a la tercera. Entonces, la plancha de los morados obtuvo 19,06% de los votos y 14 escaños, sumando más de 270.000 papeletas. Sin embargo, para esta cita no hubo reedición de la coalición de En Marea y el grueso de la misma concurrió dentro de la coalición ‘Marea Galeguista’, junto a Compromiso por Galicia y el Partigo Galeguista, con el propósito de disputar el voto nacionalista al BNG y a la propia Galicia en Comú-Anova Mareas.

El BNG se rehace
Ahora, el BNG de Ana Pontón ha sabido rehacerse hasta el punto de convertirse en segunda fuerza, con un 23% de los votos. Y ello, adoptando un discurso no tan centrado en cuestiones identitarias, sino en políticas sociales, lo que le ha permitido no sólo arañar votos a Podemos y sus confluencias sino también a los socialistas de Gonzalo Caballero.

De otro lado, en el País Vasco, Elkarrekin Podemos-IU ha registrado una representación de 6 escaños en el Parlamento del País Vasco, cinco menos que en 2016 (un 8% de los votos). Hace cuatro años, esta candidatura, que estaba liderada por Pilar Zabala y que comprendía también a los ecologistas de Equo —esta vez se presentaron por separado—, fue tercera fuerza con 11 escaños (un 14,86% de los sufragios) y más de 157.000 papeletas.

El desplome de la formación de Iglesias ha sido aquí mayúsculo y, al igual que ha ocurrido en el País Vasco, su caída ha alimentado el crecimiento de los proetarras de EH Bildu, que han sacado partido a su oposición al Gobierno de PSOE-Podemos a nivel nacional.

Pese a que la mayoría de las encuestas siempre reflejaron una caída de Elkarrekin Podemos-IU, en cambio, el CIS del socialista José Félix Tezanos le dio un resultado positivo, con 11-12 escaños y un 14,9% de los votos. En este contexto, la candidatura de Gorrotxategi había puesto sus esperanzas en no bajar de la barrera de los 10 escaños.

Caso Dina-Iglesias
En esta campaña, el vicepresidente segundo del Gobierno ha vuelto a presentarse como víctima de las «cloacas» para tapar que la investigación de la pieza de Tándem sobre el móvil de su ex asesora avanza en su contra, en lo que ya es el caso Dina-Iglesias. Tras la pérdida de su condición de perjudicado, han sido múltiples las informaciones que en los últimos días y en base al chat interno del antiguo equipo jurídico de Podemos han apuntado a una connivencia entre los abogados del partido y los fiscales de la causa para beneficiar a los morados y perjudicar a OKDIARIO.

De hecho, el pasado viernes se conoció que la Fiscalía de Madrid ha abierto una investigación penal al fiscal anticorrupción Ignacio Stampa por un presunto delito de revelación de secretos en relación con el contenido del citado chat privado del equipo de letrados de Podemos. Las diligencias se incoaron el miércoles a raíz de una denuncia presentada por Vox en la Fiscalía Anticorrupción contra Iglesias, Bousselham, la abogada podemita Marta Flor y el fiscal Stampa.


 


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