AGLI Recortes de Prensa   Martes 21  Julio  2020

El horizonte económico al despertar de la anestesia
José María Rotellar okdiario 21 Julio 2020

En estos tiempos convulsos que vivimos desde que el virus se extendió y su infección fue declarada pandemia, nos encontramos con el inmenso dolor por los fallecidos, vidas que ya nunca recuperaremos, el respeto por la enfermedad y la zozobra económica que nos invade como consecuencia de las duras medidas que fueron decretadas que paralizaron la actividad económica.

El Gobierno -a lomos de muchos medios de comunicación- pretendieron desviar la atención sobre la situación con arengas del presidente del Ejecutivo, comparecencias interminables donde alguien le dijo que tenía que parecerse a Churchill, envolverse en un lenguaje metafóricamente bélico y mostrar un espíritu paternalista hacia los españoles. Unido a esas soflamas interminables de cada sábado o domingo -en ocasiones, ambos días- se unían las comparecencias permanentes de ministros, altos cargos y altos mandos militares, donde los vaivenes fueron continuos, muchas intervenciones poco oportunas y la rectificación una constante.

Como colofón a un plan de reactivación por fases, que ellos llaman “desescalada”, hacia lo que bautizan como “nueva normalidad”, cuando lo que necesitamos es la normalidad de siempre, sin adjetivos, el Gobierno lanzó un eslogan más, donde, con al menos treinta mil muertos, dijo que salimos más fuertes de la crisis, cuando ni estamos más fuertes -miles de compatriotas fallecidos y una economía hundida- ni salimos de ninguna crisis, pues la sanitaria estará presente en mayor o menor medida hasta que se logre mitigar con un medicamento o una vacuna y la económica puede que no haya hecho nada más que comenzar.

Paralelamente, e incidiendo en el plano económico, laboral y empresarial, emitió una serie de anuncios que tardó en poner en marcha y de manera dosificada -los avales-, que tardó en pagar -los ERTE-, que arruinan a las empresas -la no condonación de impuestos-, que pueden condenar a muchas pymes al cierre -la prohibición de despedir y el impedimento a reestructurar la plantilla tras salir de un ERTE- y que generan inseguridad e incertidumbre -como el pacto firmado por el PSOE, Podemos y el antiguo brazo político de ETA para derogar la reforma laboral-. Todo bastante mal gestionado, donde Calviño e incluso María Jesús Montero -al fin y al cabo, la ministra de Hacienda ha gestionado la consejería del ramo en Andalucía y sabe que el populismo tiene un corto recorrido, incompatible con la gestión- no terminan de lograr imponer una cierta ortodoxia frente al ala podemita del Gobierno.

Todo ello, hace que muchos países europeos desconfíen no de España, sino del actual Gobierno español, por el hecho de que tiene en su seno a cinco ministros comunistas que crean inseguridad jurídica e incertidumbre en muchos ámbitos y, sin duda, especialmente en el económico. Esto está haciendo muy complicado recibir fondos de la Unión Europea y exigir unas condiciones de cumplimiento que se ve difícil que un Ejecutivo con comunistas en su interior asuma, pese a que por el bien de la economía española y del puesto de trabajo de cientos de miles de españoles debería hacer.

Pues bien, entre el encierro al que llamaron confinamiento, el miedo introducido a los españoles con el virus -lógico terror después de la pésima gestión del Gobierno de Sánchez, que motivó el colapso de la sanidad, elemento que elevó exponencialmente el número de fallecidos, por precaria atención, y que ha dejado en el recuerdo de los españoles un auténtico pánico-, y la refriega por los fondos europeos, junto con el recuento al minuto por parte de los medios de comunicación de los nuevos contagios -a los que llaman rebrotes, cuando, realmente, no son tales, sino contagios como los de antes, que nunca ha dejado de haber-, y la temporada vacacional -extraña, pero vacacional-, no nos están dejando ver del todo el horizonte económico que parece esperarnos y que en buena parte ya vivimos, al actuar como una potente anestesia que no deja ver con claridad el presente y el futuro.

No hace falta nada más que darse una vuelta por Madrid, por ejemplo, para constatar el derrumbe económico que ha comenzado. A modo de muestra, si una persona recorre el breve espacio existente entre la confluencia de la madrileña calle Princesa con la de Alberto Aguilera y la de la propia Princesa con Rodríguez San Pedro, en la acera de los pares hay al menos seis o siete locales que han cerrado, bien de comercio, bien de hostelería. Ese triste panorama se repite en muchas calles de la capital de España. Y si eso sucede en Madrid, motor económico nacional, qué no sucederá en otros lugares.

Junto a ello, esforzados hosteleros que han abierto y a los que las cuentas no les cuadran entre las restricciones, el miedo y el éxodo veraniego de la ciudad, más vacía que cualquier otro mes de julio, algunos de los cuales han abierto y se han visto obligados a cerrar ante la inviabilidad económica. Muchos otros, expectantes para abrir en septiembre con la esperanza de poder retomar un ritmo de actividad que les permita ir regresando a sus números, aunque con un inmenso interrogante, pues el trabajo a distancia, la reticencia a ir a comer fuera de casa y la merma de renta disponible y el incremento del ahorro por motivo precaución, restan posibilidades a dichos negocios.

Mientras tanto, cientos de miles de nuevos parados y otros tantos afectados por ERTE sin reincorporar, así como una gran cantidad de los reincorporados, no saben si podrán encontrar un nuevo puesto de trabajo, retomar el que tienen suspendido o mantener al que han vuelto, respectivamente.

Todo ello, no lo percibimos todavía en toda su intensidad, pero, desgraciadamente, aparece. Cada día desde el decreto de cierre de actividad en marzo, y también desde el inicio de la reapertura, se ven más carteles en los que se indica que un local “se vende” o “se alquila” o que un negocio “se liquida” o “se traspasa”. En las últimas semanas, el incremento de dichos letreros ha sido muy importante.

Vengan fondos o no de la UE, pidan o no condiciones a los mismos, el Gobierno debe iniciar cuanto antes un plan ambicioso de reformas que genere expectativas positivas a inversores y consumidores, para poder asentar los cimientos de una recuperación sólida, rápida, fuerte y sostenible. Debe flexibilizar el mercado laboral, profundizando en ese sentido en la reforma laboral; debe poner orden en las finanzas públicas, eliminando todo gasto no necesario, reformar el sistema de pensiones para garantizar su viabilidad -si no se hace nada, corren riesgo las pensiones- y debe dar seguridad jurídica a los agentes económicos, al tiempo que debería pensar en reducir el impuesto de sociedades para atraer inversiones productivas con las que generar actividad económica y puestos de trabajo.

Si el PSOE no puede hacer eso con Podemos en el Gobierno, debería prescindir de él y buscar un pacto de Estado con el PP. Es más, si para ese pacto de Estado con el principal partido de la oposición y con otros partidos constitucionalistas, el PSOE ha de prescindir de Sánchez porque se enroca y no admite cambiar el rumbo de la política económica, los socialistas deberían buscar a otro socialista para encabezar el Gobierno, porque España no puede permitirse ahora ni frivolidades ni populismos irresponsables. Es preciso aplicar una política económica ortodoxa -socialdemócrata o liberal, pero ortodoxa- y estabilizar la situación.

Si no se hace, ese panorama sombrío que la anestesia actual antes mencionada no deja ver, se intensificará y consolidará y el drama social puede cobrar unas dimensiones nunca antes conocidas, al menos desde la Guerra. Está en la mano del Gobierno que, al despertar de esa anestesia, el horizonte económico sea duro pero viable o que sea catastrófico.

La verdad de Europa: se acabó el despilfarro y se imponen las reformas
ESdiario 21 Julio 2020

No hay regalos de Europa. España tendrá que recortar el gasto y hacer reformas, y deben ser ambos en la Administración Pública, no a los ciudadanos ni en la economía real.

Seguramente Pedro Sánchez querrá comparecer pronto en el Congreso para explicar el Plan de Reconstrucción aprobado esta madrugada por la Unión Europea, y todo ello tras negarse a dar ninguna explicación previa ni fijar fecha para ofrecerlas en sede parlamentaria.

Y lo hará para intentar colgarse una medalla por lo que él mismo ha definido, con torpeza, como nuevo "Plan Marshall", apelando a un episodio trágico de la historia europea, tras la Segunda Guerra Mundial, del que poco se debería presumir: Porque retrotrae a un drama, refleja la destrucción del bienestar y rememora la situación en que quedaron algunos países entonces, como ahora España.

Los 750.000 millones previstos finalmente ni serán a fondo perdido ni tampoco incondicionales, en contra del relato sanchista que sus altavoces llevan esparciendo semanas y que ahora, con matices, seguirán difundiendo en el mismo tono épico utilizado por el presidente esta madrugada desde Bruselas.

Las cuentas no le salen a Sánchez en Europa: habrá intervención y pocos regalos

Es una gran cantidad que dará algo de tiempo a España, pero viene marcada sin duda por la perspectiva "frugal" de Holanda: la mitad de los 140.000 a los que aspira el Gobierno serán vía crédito a devolver. Y de la otra mitad a fondo perdido, un 50% deberá ser aportado a su vez por España para cubrir su cuota de los presupuestos europeos.

Dado que el déficit anual previsto ya es equivalente en la práctica a esos 140.000 millones, es obvio que el rescate europeo -eso es, aunque lo llamen de otra forma- obligará a implementar profundar reformas y a renunciar a algunos desvaríos como la supresión de la reforma laboral.

Y es aquí donde el debate nacional ha de ser intenso para que las reformas necesarias en la Administración Pública no se pospongan y sustituyan por un mero recorte en las prestaciones y servicios a los ciudadanos y una subida fiscal inaceptable.

Reformas, no recortes ni más impuestos
El dinero europeo es finalista, para planes concretos, y estará fiscalizado e intervenido por los representantes de los 27 socios de la Unión. La manera de que sea útil, en fin, es que el Gobierno no lo intente dedicar a mantener el Bienestar del Estado, que es lo que a menudo ocurre cuando se dice estar consolidando el Estado de Bienestar.

Hasta ahora, el cinturón siempre se lo han ajustado las familias, los trabajadores y las empresas. Ahora le toca a la Administración, que nunca sufre ERES ni renuncia a subidas salariales ni deja de estar poblada de infinitos organismos duplicados e innecesarios cuyo sostenimiento se antepone, siempre, al cuidado de la economía real, al bolsillo del contribuyente y a las expectativas de progreso de la sociedad en su conjunto.

Sánchez fue a por lana a Bruselas y salió trasquilado
OKDIARIO 21 Julio 2020

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, se ha hartado estos meses de decir que España conseguiría gratis y sin ninguna condición una cantidad ingente de millones en ayudas directas de la UE. Las cuentas de la lechera del jefe del Ejecutivo partían del hecho de que habría un fondo de ayudas de medio billón de euros, de los que a España le corresponderían 77.000 millones, el 15,4% del total. Se fue a Bruselas sin ningún plan convencido de que, al final, volvería a casa con los objetivos conseguidos, sin reparar en que ni su Gobierno ni sus políticas inspiran la mínima confianza.

La cumbre de la UE ha servido para comprobar que Sánchez es un iluso y un holgazán y que sus planes han saltado por los aires. La resistencia de los denominados países frugales, encabezados por Holanda, han arruinado las expectativas del jefe del Ejecutivo, que en el mejor de los casos habrá de contentarse con 5.000 millones de euros menos de los que pensaba. Y sujetos al visto bueno del resto de socios en función de que España haga los deberes. Todo un baño de realidad para un presidente que, como mejor argumento para convencer a las naciones que no estaban dispuestas a participar de la fiesta con barra libre que pretendía el Gobierno español, les pidió que tuvieran capacidad de «enfatizar». O sea, en lugar de ir a Bruselas con un plan meditado y consensuado con el PP, se presentó en la capital comunitaria con el único recurso de su retórica hueca. Y así le ha ido a España: de 77.000 millones en ayudas directas, nada. Un total de 72.700 y condicionad0s a un plan estricto de reformas. Y el resto, hasta los 140.000 millones (como mínimo) que se necesitan, créditos que habrá que devolver religiosamente.

Sánchez ya sabe que en la UE sus políticas económicas serán observadas minuciosamente con lupa, de modo que eso de gastar alegremente se ha acabado. A ver cómo se le dice a Pablo Iglesias y a ver que dice su vicepresidente segundo. La que se nos viene encima es de aúpa. Sánchez fue a por lana y salió trasquilado. Lo malo es que serán los españoles quienes paguen los platos rotos de la infame gestión del Gobierno socialcomunista.

El "freno de emergencia", clave para la condicionalidad: así quieren controlar a Sánchez desde Europa
Así son los mecanismos diseñados por el Consejo Europeo para que el "rescate" de España sea estricto y evitar que se repita la "tragedia griega".
Diego Sánchez de la Cruz  Libertad Digital 21 Julio 2020

La experiencia de la pasada crisis económica y financiera exacerbó las diferencias políticas en el seno de la Unión Europea. Aunque la recuperación y el crecimiento experimentado en los últimos años parecía haber contribuido a limar asperezas, lo cierto es que los veintisiete socios de Bruselas siguen más lejos de lo que podría parecer.

Hay consenso de cara a desbloquear un gran fondo de reactivación económica. Los mandatarios de la UE debaten una nueva propuesta para crear un fondo de recuperación post-Covid de 750.000 millones de euros, de los cuales 390.000 millones serían subvenciones a fondo perdido y el resto préstamos. Frente al bloque, liderado por Austria y Holanda pero también conformado por Dinamarca, Finlandia y Suecia, emergen los países mediterráneos que reclaman condiciones más ventajosas, con España e Italia como principales referentes.

Así funciona el "freno de emergencia"
¿Cómo se articularían las medidas condicionadas? Los planes de "rescate" adoptados hace ahora diez años para evitar el colapso de Grecia, Irlanda o Portugal son un buen ejemplo de lo que en el Norte de Europa no están dispuestos a repetir. Es cierto que el Tigre Celta y nuestros vecinos lusos manejaron los fondos con disciplina y responsabilidad, pero el descalabro heleno fue tan notable y provocó tal desgaste que nadie en Europa se plantea un fondo de reactivación similar a aquellos paquetes de ayudas.

A falta de definir qué parte del plan quedará sujeta a condicionalidad (se estudian 390.000 millones), otro de los aspectos clave es definir cómo se articularía dicha revisión. De momento, hay un primer mecanismo novedoso encima de la mesa: el "freno de emergencia".

La propuesta sale del Consejo Europeo, que ha concebido dicho mecanismo como un procedimiento que podría activar cualquier país de la Unión Europea preocupado por los gastos de otro socio comunitario. De esta manera, si en España o Italia se anunciasen aumentos de gasto incompatibles con la devolución de los créditos o si se retrasasen las medidas pactadas con Bruselas, la activación del "freno de emergencia" haría que el "rescate" quedase suspendido durante un periodo de tres días en el que los países cuestionados deberían rendir cuentas y, si fuese necesario, replegar sus medidas de política económica para ofrecer las garantías esperadas por sus socios.

En paralelo, los tecnócratas de la Comisión Europea volverán a jugar un papel vital. Se les considera un árbitro imparcial, de modo que serán a menudo quienes juzguen hasta qué punto se están cumpliendo los acuerdos pactados para desbloquear los fondos. Volveremos, pues, a ver cómo los "hombres de negro" desembarcan en España y supervisan las cuentas y las decisiones económicas de un gobierno de izquierdas, aunque esta vez no solo del PSOE sino también de Podemos.

Los frugales ganan en un acuerdo bueno para España
Daniel Lacalle El Espanol 21 Julio 2020

Los líderes de la Unión Europea han firmado un acuerdo que demuestra que, a pesar de las críticas, Europa responde y lo hace de manera responsable.

El pacto alcanzado, como ya adelantamos en esta columna, tendrá condicionalidad, estará sujeto a reformas estructurales, tiene una menor cuantía de subvenciones y además incorpora una cláusula de control (veto) por parte de los estados miembros.

No sólo es positivo por su cuantía y por estar sujeto a reformas y condiciones. Lo es porque es un muro de contención que evita las contrarreformas de la izquierda radical, gracias al llamado 'freno de emergencia'.

El acuerdo de 750.000 millones de euros es importante, pero no debemos fiar la recuperación de la Unión Europea a este programa. Ya tenemos las experiencias del Plan de Crecimiento de 2009 y del Plan Juncker. Ambos tuvieron una bajísima efectividad a la hora de aumentar el PIB. La clave de este plan es que fortalece el club comunitario y ayuda a salir de la crisis, pero no lo garantiza.

Las subvenciones se han reducido a 390.000 millones de euros desde los 500.000 inicialmente anunciados, mientras que la parte de préstamo sube en 110.000 millones de euros hasta los 360.000 millones.

Estos préstamos baratos se pagarán en un periodo amplio, a devolver entre 2027 y 2058. En realidad, es como una emisión de deuda perpetua y el coste será bajo por estar soportado por la Comisión Europea.

El plan debe ser aprobado por el Parlamento Europeo y los parlamentos de los estados miembros, pero se considera un paso diplomático que tendrá pocos escollos.

El acuerdo de 750.000 millones de euros es importante, pero no debemos fiar la recuperación de la Unión Europea a este programa.

La deuda que emita la Unió Europea se repagará en el presupuesto comunitario hasta 2058, creando una especie de “eurobono” con condicionalidad y compromiso.

El gran problema para el crecimiento de Europa es que se impongan nuevos escollos fiscales para financiar parte de esta deuda, incluidos nuevos impuestos indirectos a los usuarios vía plástico o la tecnología.

Ahora bien, el plan supone un aumento enorme del gasto de la Unión Europea y ata a los países al proyecto europeo con una combinación de créditos a largo plazo y compromisos ineludibles. El gasto sube al 2,6% del PIB anual desde el 1,2% anterior.

De esta manera la Unión Europea se asegura el cumplimiento de las reformas en los países con mayores desequilibrios y, a la vez, el compromiso con el proyecto europeo de los mal llamados frugales.

Otro factor importante es que no es para el sector público. La mayor parte del dinero está destinado a proyectos del sector privado, por lo que no es un regalo para esconder déficit ni gasto político.

El 70% de las subvenciones se darán entre 2021 y 2022. El 30% en 2023, sujetas a condicionalidad. Es decir, a reformas estructurales y con posibilidad de aplicar el freno de emergencia.

Para recibir el dinero habrá que presentar proyectos serios, rentables y que fortalezcan la competitividad. No son cheques en blanco para cualquier cosa.

Grecia es la más beneficiada, con un 12% de su PIB en subvenciones durante cuatro años. España logra el 6% e Italia un 4%.

El 70% de las subvenciones se darán entre 2021 y 2022. El 30% en 2023, sujetas a condicionalidad.

Eso significa que las reformas y los ajustes son inevitables, ya que el total de subvenciones para el sector público que reciba España en cuatro años no llega a cubrir una quinta parte del déficit de 2020.

El Consejo Europeo monitorizará las ayudas y su utilización. Tendrán que ser aprobadas por mayoría cualificada. Los pagos serán aprobados por mayoría en el Comité Económico y Financiero, y podrán recibir el veto de uno o más estados miembros si se duda del uso apropiado de los fondos.

El Plan de Recuperación de la Unión Europea no va a ser una panacea ni va a aumentar el crecimiento potencial. Tiene muchos elementos difusos. Lo importante es que disipa el fantasma de las contrarreformas y que perfila una unión entre países miembros centrada en la responsabilidad crediticia y la prudencia. Esperemos que funcione.

La UE acierta a corto y arriesga a largo plazo
Enrique Feás. vozpopuli  21 Julio 2020

Podemos celebrar que tenemos un acuerdo presupuestario y, además, fondos para impulsar la recuperación financiados con deuda común y que ahora debemos aprovechar

Las cumbres europeas que fracasan, rara vez lo hacen después de varios días de negociaciones. Suelen hacerlo al principio, cuando parece evidente que no hay margen para el acuerdo, porque las divergencias de fondo son excesivas.

En este caso, no era así. Nadie negaba la importancia de un impulso fiscal conjunto europeo, con un componente importante de transferencias para evitar un endeudamiento excesivo de los Estados miembros, con fondos condicionados a la realización de inversiones en los sectores digital y medioambiental y a la realización de reformas estructurales para fortalecer la economía y un compromiso de sostenibilidad de finanzas a medio plazo (a corto habría sido un suicidio económico). Y, lo que es más importante, nadie discutía que este impulso conjunto se financiaría con una emisión de deuda europea, algo realmente novedoso y que supone un salto considerable en el proceso de integración. Las grandes divergencias con los países mal llamados frugales se derivaban, fundamentalmente, del importe total del esfuerzo y su relación con la negociación del resto del presupuesto comunitario para el período 2021-2027, la proporción entre subvenciones y préstamos y la forma de controlar el uso de los fondos.

Al final, tras largas y tensas negociaciones, los Estados miembros han acordado que el Plan de Recuperación para Europa, conocido como UE de Nueva Generación (Next Generation EU), mantendrá su importe previsto de 750.000 millones de euros, aunque con una composición bastante distinta. Por el lado positivo, se ha incrementado el Mecanismo de Recuperación y Resiliencia, destinado a financiar la recuperación mediante la inversión en proyectos digitales y medioambientales, con un ligero aumento de las transferencias de 310.000 a 312.500 millones y un considerable aumento de los préstamos, que pasan de 250.000 a 360.000 millones.

A cambio, el resto de las transferencias del Plan de Recuperación desaparecen. Los gastos enMercado Único, Innovación y Digitalización se reducen en casi 60.000 millones, con fuertes recortes en los fondos para investigación del programa Horizon Europe (de 13.500 a 5.000 millones) y en las garantías de InvestEU (de 30.300 a 5.600 millones, en gran parte destinadas a inversiones estratégicas), y con la desaparición del Instrumento de Apoyo a la Solvencia, que pretendía apoyar inversiones en capital de empresas solventes en sectores estratégicos para compensar las distorsiones que las ayudas de Estado de los países con mayor margen fiscal (en especial, Alemania) están provocando en el mercado único.

También se ha producido un fuerte recorte en la parte del Plan destinada a facilitar en términos sociales la transición medioambiental, con fuertes recortes en el segundo pilar de la PAC (desarrollo regional) y un desplome de 30.000 millones a sólo 10.000 del denominado Fondo de Transición Justa para regiones e industrias obligadas a la descarbonización. La apuesta por la autonomía sanitaria también ha sufrido un duro golpe, con la supresión del denominado Programa de Salud (que inicialmente constaba de 7.700 millones), así como el apoyo a países terceros, con la eliminación de los 15.500 millones del Plan destinados a programas de vecindad, desarrollo y ayuda humanitaria, que se cubrirán sólo con el presupuesto ordinario.

Apuesta y sacrificio
En resumen, podemos decir dos cosas. En primer lugar, que la Unión Europea ha decidido garantizar la recuperación económica a través de los programas de inversión en digitalización y medio ambiente y reformas estructurales que refuercen las economías de los Estado miembros y las hagan más resistentes para el futuro (a través del Mecanismo de Recuperación y Resiliencia), con un control bastante estricto de los fondos pero sin vetos individuales. Y, en segundo lugar, que por el camino ha sacrificado su ambición en el ámbito de la investigación conjunta, la autonomía estratégica y sanitaria europea (cuyos programas han sido fuertemente recortados o suprimidos), los mecanismos compensatorios de las distorsiones de las ayudas de Estado (con la supresión del Instrumento de Apoyo a la Solvencia) y los mecanismos de compensación social de la transición ecológica (con el recorte del Fondo de Transición Justa). Es decir, ha apostado por la recuperación a corto plazo a costa de sacrificar parte de su potencial a medio y largo plazo.

Dicho esto, podemos estar contentos. Los recortes en investigación del programa Horizon o en el Fondo de Transición Justa (o incluso en cooperación al desarrollo) son seguramente un error, pero, por lo que respecta a otros fondos, puestos a hacer recortes a corto plazo, tiene sentido apostar por fortalecer las economías nacionales antes que por la autonomía estratégica industrial o sanitaria europea. No porque no sea necesaria (de hecho es imprescindible), sino porque el uso de los fondos destinados a salvar empresas o a promover cadenas de valor en sectores estratégicos tenían ventajas e inconvenientes, y su uso podía haber sido un éxito o un fracaso. Lo que habría sido un fracaso garantizado es recortar de forma drástica las transferencias a los países más perjudicados por la crisis: las consecuencias económicas, financieras y políticas de esa decisión habrían sido aún más peligrosas para el futuro de la Unión Europea. Además, gracias a eso, el presupuesto general europeo para el período 2021-2027 (en el Marco Financiero Plurianual) ha podido mantenerse cerca de los 1,1 billones de euros.

Existen aún muchos riesgos e incertidumbres para el futuro, pero al menos hoy podemos celebrar que tenemos un acuerdo presupuestario y, además, fondos para impulsar la recuperación (no tan elevados como querríamos, pero importantes al fin y al cabo) financiados con deuda común y que ahora debemos aprovechar. Y, sobre todo, podemos constatar que la Unión Europea, más allá de las diferentes visiones de sus Estados miembros o de su mayor o menor generosidad individual, en un mundo cada vez más nacionalista y polarizado aún es capaz de encontrar soluciones conjuntas para problemas conjuntos. No es poca cosa.

Ineptocracia

Guadalupe Sánchez. vozpopuli  21 Julio 2020

La hegemonía de la ineptocracia es la causa de que nadie, absolutamente nadie de este Gobierno, haya dimitido, haya presentado su dimisión o haya sido cesado

Nos gobierna una banda de mediocres. Tenemos un ejecutivo que no sólo demuestra ineptitud en el desempeño de sus funciones, sino que además la fomenta, alardea de ella y hasta la recompensa. Quienes no han producido ni van a producir nada porque sólo conocen la política como modus vivendihan convertido las instituciones españolas en su particular chiringuito, en el que, además, está reservado el derecho de admisión. El mérito está vedado y para justificar el nepotismo y el enchufe se degrada y ridiculiza el emprendimiento.

Se me cae el alma a los pies cuando escucho argumentar, desde postulados supuestamente liberales, que el mérito es una barrera en el camino hacia la igualdad y que la meritocracia es generadora de brechas varias, ya sean de género o de clase. No, señores, eso es una burda mentira: el mérito no es el origen de la desigualdad, sino la consecuencia del triunfo de la igualdad ante la ley. Y es que el igualitarismo y la igualdad no son la misma cosa. El primero aboga por anular cualquier diferencia material, ya sea económica o social, mientras que el segundo propugna suprimir la diferencia legal. Y no se trata de una mera sutileza o matiz, pues mientras que las políticas igualitaristas han demostrado ser un arma generadora de pobreza masiva, las políticas de igualdad son las que han permitido prosperar a las sociedades occidentales mediante el reconocimiento de la singularidad de sus individuos.

Que nadie me venga con eso de que la igualdad tiene una vertiente material, que ya lo sé. Pero ésta lo que pretende evitar es que los ciudadanos no puedan alcanzar metas formativas o laborales por falta de medios, no el crear puestos para que sean ocupados por personas que carecen de las aptitudes necesarias primando la visibilidad de no se qué colectivo por encima de la capacidad y el mérito.

Bufones y juglares
Usar las políticas igualitarias como pretexto para colocar a los afines y asentar redes clientelares ha llevado a que nos gobierne un señor cuyo currículum laboral es una broma de mal gusto y cuyo único mérito es aferrarse al poder sin apartar la mirada del espejo que le devuelve su propio reflejo. Un presidente que se refiere a sí mismo como “Mi Persona” y ha convertido la Moncloa y la red institucional creada en torno a ella, incluida la televisión publica, en un conglomerado de bufones leales y juglares que glosan sus andanzas. En fin.

Como se podrán imaginar, nadie con este perfil puede rodearse de personas de valía o, al menos, que hagan ostentación de la misma. Nadie puede destacar ni sobresalir so pena de ser condenado al ostracismo. Sólo gozan de minutos ante las cámaras y micrófonos aquellos que, con su inanidad, confieren a Sánchez un perfil cuasi churchilliano. Por eso Su Persona está encantado con sus ministros podemitas o con aupar a gente como Lastra. Aunque justo es decir que ni de Iglesias ni de Montero se puede predicar precisamente la virtud de la lealtad, su falta de juicio y su tendencia al chabacanismo pueril compensan el cuasi analfabetismo funcional de Sánchez. Y el de muchos de sus ministros y ministras.

La ineptocracia en la que estamos inmersos es la que explica que los estudios sitúen a España como el país occidental que peor ha gestionado la pandemia. Que las cifras oficiales de fallecidos por covid-19 no se las crea nadie y disten muchísimo de las reales. Que la inseguridad jurídica y económica forme parte del día a día de los españoles. Que España bata récord de parados. Que el responsable epidemiológico del Gobierno recomiende a sus compatriotas no veranear fuera de su comunidad autónoma mientras él se va a surfear a las playas portuguesas. Pero, sobre todo la hegemonía de la ineptocracia es la causa de que a pesar de todo esto nadie, absolutamente nadie de este Gobierno, haya dimitido, haya presentado su dimisión o haya sido cesado. Y que sus votantes y adláteres, lejos de recriminárselo, busquen ahora responsabilidades en el norte de Europa. Qué buenos vasallos, si tuvieran buen señor.

Un Estado fallido
La Administración es un monstruo ineficiente
Pedro García Cuartango ABC 21 Julio 2020

Todavía es pronto para hacer un balance de la crisis provocada por la pandemia, pero una de las conclusiones que ya se pueden sacar es la debilidad de nuestro Estado y el mal funcionamiento de la Administraciones Públicas, sobrepasadas desde que el Gobierno decretó el estado de alarma.

Creíamos que, tras más de cuatro décadas de desarrollo democrático, habíamos conseguido una importante mejora de los servicios públicos y de la atención a los ciudadanos por parte del aparato administrativo del Estado. Pero esa impresión era un espejismo porque a lo largo de estos últimos cuatro meses hemos podido constatar fallos e ineficiencias más propios del Tercer Mundo que de una democracia moderna.

La gestión de la pandemia ha proporcionado un verdadero recital de errores, empezando por la incapacidad del Gobierno para prever las dimensiones de la amenaza que suponía el virus. Se reaccionó tarde y mal y faltaron mascarillas, test, respiradores y camas hospitalarias. Pronto quedó en evidencia que el eslogan de que teníamos el mejor sistema sanitario del mundo era pura propaganda. Solamente el esfuerzo individual de los médicos, las enfermeras y el personal sanitario contribuyó a paliar la magnitud del drama.

Mientras este colectivo hacía un esfuerzo a veces heroico, cientos de miles de funcionarios se quedaron en sus casas, mientras las sedes de los organismos del Estado permanecían cerradas. Trámites como solicitar la jubilación, obtener un certificado de defunción o cobrar el salario en un ERTE se volvían imposibles. Las puertas estaban cerradas y nadie se ponía al teléfono.

Este país ha sobrevivido sin la Administración Central del Estado, que, con la excusa de un teletrabajo imaginario, ha estado de vacaciones desde mediados de marzo. Y, mientras millones de trabajadores se veían obligados a acogerse a un ERTE, un alto porcentaje de empleados públicos -no todos- ha seguido cobrando sin hacer nada.

Cada uno que saque sus conclusiones, pero lo cierto es que la inamovilidad y los privilegios de los funcionarios son un anacronismo inaceptable. El pasado domingo, me contaba el secretario de un pueblo de Galicia que los cinco funcionarios municipales se habían negado a trabajar durante la pandemia, mientras todos los contratados acudían diariamente a sus puestos.

En la Seguridad Social de Miranda de Ebro, los funcionarios me indicaron que ni estaban allí para facilitar las gestiones ni tampoco para informar. Me instaron a dirigirme por correo a ese organismo. Así lo hice y obtuve en dos ocasiones una respuesta muy sencilla: que no podían contestar a mis preguntas. Sin atención telefónica, sin cita previa, sin posibilidad de consultar por escrito y con una web con insolubles problemas informáticos. Así funciona la Seguridad Social.

Sencillamente la Administración es un monstruo ineficiente, desconectado de la realidad y con un muro tecnológico disuasorio. Ya lo decía Willy Brandt: todo tiene solución en esta vida salvo la muerte y la burocracia.

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La cláusula del acuerdo que no quiere ni ver Pedro Sánchez
Luis F. Quintero  Libertad Digital 21 Julio 2020

Si algo hay que destacar del acuerdo alcanzado por la UE es la condicionalidad impuesta, contraria a los planes de Podemos y PSOE.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha desplegado todos sus encantos y ha empleado todos los eufemismos a su disposición para vender como "histórico" e importantísimo el acuerdo alcanzado en la UE. Pasaban las 5:30 de la madrugada de este martes cuando los países de la Unión anunciaban que habían llegado a un acuerdo y, finalmente, se imponían las tesis de los países del norte, los llamados "frugales", como Suecia, Holanda o Austria. El paquete total de ayudas se queda en 750.000 millones de euros de los que 390.000 millones irán a fondo perdido. Una cantidad, esta última, que inicialmente era de 500.000, tal y como pedían países como España. Sin embargo, uno de los puntos más importantes es el que habla de la condicionalidad.

Sánchez ha peleado para conseguir el dinero sin condiciones. Obtener de los socios de la Unión un paquete de ayuda millonario sin tener que hacer reformas que comprometieran su pacto con Podemos. Y no ha podido ser. Pese a que en rueda de prensa para hablar del "histórico" acuerdo, del "nuevo plan Marshall", Sánchez se afanaba en decir que ningún país tendrá capacidad de veto, lo cierto es que el acuerdo sí recoge una condición inapelable: aquellos que soliciten ayudas deberán diseñar planes que se ajusten a las recomendaciones de reforma de la Comisión Europea. Si no lo hacen o no cumplen, perderán los fondos.

Así lo recoge la última propuesta debatida en el seno de la UE y que finalmente ha visto la luz. En ese texto se recoge textualmente:

"La Comisión evaluará los planes de recuperación y resiliencia en un plazo de dos meses a partir de la sumisión. Los criterios de coherencia con las recomendaciones específicas de cada país, así como fortalecer el potencial de crecimiento, la creación de empleo y la resiliencia económica y social de el Estado miembro necesitará la puntuación más alta de la evaluación." (...) "La evaluación positiva de las solicitudes de pago estará sujeta al cumplimiento satisfactorio de los hitos y objetivos relevantes."

Es decir, que las medidas que deberá adoptar el Ejecutivo español en materia laboral no sólo no pueden basarse en derogar la reforma laboral de 2012, sino que tendrá que presentar una reforma que profundice en las medidas de aquella reforma, y que iba dirigida a flexibilizar el mercado laboral español. Por otro lado, tendrá que volver a la ortodoxia presupuestaria y a la disciplina fiscal, reduciendo el gasto improductivo. De no ser así, primero el Consejo Europeo y después la Comisión Europea solicitará, debatirá y ejecutará la congelación de las ayudas.

Esta condición, que constituye el aspecto clave del acuerdo alcanzado la pasada madrugada, ha sido suavizada por parte de Pedro Sánchez quien ha insistido en que ningún país tendrá capacidad de veto como tradicionalmente se entiende ésta. Sin embargo, la condicionalidad impuesta sí obligará a España a tomar una dirección en materia económica diametralmente opuesta a la pauta marcada por Iglesias y los suyos.

En definitiva, España tendrá que presentar propuestas de reforma en el mercado laboral en la dirección de restar más poder a los sindicatos, favorecer los acuerdos entre empleado y empleador por encima de los convenios sectoriales, flexibilizar y abaratar las condiciones de despido, etc, y olvidarse de derogar la reforma de 2012, tal y como se comprometió el Gobierno de PSOE y Podemos con Bildu en el Congreso.

En materia de pensiones el Gobierno tendrá que presentar propuestas en la línea de la última reforma presentada por el Gobierno de Mariano Rajoy basada en el "índice de revalorización de las pensiones" que trataba de hacer compatible el avance en poder adquisitivo con la sostenibilidad de un sistema ya de por sí quebrado. En materia de gasto público, Sánchez e Iglesias tendrán que olvidarse de medidas improductivas dedicadas a alimentar caladeros de votos.

Frugales, PIGS y otros cuentos
La guinda amarga de sufrir a los peores gestores de la pandemia resulta ya desesperante
Juan Carlos Girauta ABC 21 Julio 2020

Oigo por ahí que Holanda nos odia y que en Europa odian a Holanda. Veo por ahí que se ha impuesto el mote de «los frugales» para Países Bajos, escandinavos y austriacos. Los Frugales habría funcionado como nombre de banda de rock en los ochenta. Huelo por ahí, con perdón, el pedo que Josep Pla comparaba con el nacionalismo («a todo el mundo le huele mal menos al que se lo tira»). Sí, un inesperado e hilarante arrebato de patrioterismo conmueve los arrabales mediáticos de la izquierda. Con la calidad interpretativa que cabe esperar, enarbolan la rojigualda, venciendo su aprensión, los dispuestos a reconocer cualquier nación con tal de que no sea España, con tal de que merme a España.

Saboreo por ahí un dulzor vano, como de chuche, con el bochornoso espectáculo sanchista, cuyo único objetivo es sacudirse preventivamente el coste político de unas reformas inevitables. Con el tacto no me viene nada.

«Los Frugales» es más decoroso que «Los PIGS», aunque reconozco que Los Cerdos también habría causado su impacto como nombre de banda ochentera. Una cosa es cierta: lo de la cigarra y la hormiga aplicado a sur y norte de Europa ya cansa. Como León Felipe, sé todos los cuentos. Prefiero la historia verdadera de una España llena de hormiguitas laboriosas dispuestas a ahorrar para el invierno, pero condenadas, a diferencia de otros países con tantas cigarras y tantas hormigas como el nuestro, a un estructura rígida y dual del mercado laboral. La condena es tan implacable que, cuando por fin se hace algo para flexibilizar lo anquilosado, al PSOE no se le ocurre otra cosa que pactar ¡con Bildu! la completa derogación de esa reforma medio buena. Por mor de la severa condena, cada vez que llega una crisis nos plantamos en índices de paro escalofriantes. Índices que doblan por sistema la media europea. El empecinamiento en burocracias paralizantes y la asfixiante hojarasca normativa de un Estado compuesto que no acaba de definirse (pues tarde o temprano se necesitan los votos nacionalistas), hacen el resto. La guinda amarga de sufrir a los peores gestores de la pandemia resulta ya desesperante.

Parece casi seguro que Sánchez tendrá que acometer, le guste o no, reformas tan temidas como necesarias. Él que quería un billón y medio de euros en subvenciones para «el Sur», a no devolver y a no explicar. Nanay. El gasto público se verá sometido a controles incompatibles con el dadivoso neo peronismo de sus socios. Y las pensiones no se van a librar de reformas similares a las que en su día acometió el grupo Los Frugales. Queda por ver si el teatrillo patriotero de estos días le sirve de algo al Gobierno y el personal culpa de todo a la UE, a sus reglas en la toma de decisiones. Y si Iglesias también le da la vuelta a esto con algún referéndum interno, u otro truco de magia, dado que el fin supremo del chavismo es mandar sin más, no soltar el poder una vez se alcanza.
 


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