AGLI Recortes de Prensa   Domingo 26  Julio  2020

Una España menos cigarra y más hormiga
Jesús Cacho. vozpopuli 26 Julio 2020

Nada menos que 140.000 millones, de los cuales 72.700 llegarán en forma de ayudas a fondo perdido. Una cantidad increíble de dinero. Una lluvia de millones convertida quizá en la última oportunidad en mucho tiempo que va a tener España para recuperar aliento y volver a situarse en el grupo de las economías más ricas del mundo. El último tren al que subirnos en marcha y desde el que frenar nuestra caída en la irrelevancia y el empobrecimiento, senda en la que llevamos ya tiempo instalados, con riesgo incluso de pérdida de esas libertades tan escasamente disfrutadas a lo largo de los siglos. Con más de 45.000 muertos provocados por la pandemia, España se apresta a vivir la peor crisis económica y social de su reciente historia, con guarismos de PIB, tasa de paro y deuda pública aterradores.

Una crisis que nos coge con las defensas muy bajas, tras haber gastado lo mejor de nuestras energías en superar la de 2008 y sin que desde finales de 2013 se haya acometido una sola reforma de fondo, digo más, con las dos únicas emprendidas por el Gobierno Rajoy, laboral y pensiones, desnaturalizadas por el Gobierno Sánchez. Un país que creciendo por encima del 3% durante años ha sido incapaz de embridar déficit público y paro lacerante. Unas cuentas públicas con un desequilibrio presupuestario crónico, urgidas todos los años a pedir prestados cerca de 40.000 millones solo para mantener en marcha la maquinaria del Estado asistencial. Con una clase política depauperada, carente de esa dignidad, llámenle patriotismo democrático, que consiste en decirle la pura verdad a la gente de la calle, darle la mala noticia de que no hay economía que soporte tanta deuda y que deberá acostumbrarse a hacer más con menos, porque el dinero, como la cigüeña, no viene de París. Y un español tipo cada vez más infantilizado, más atraído por los cantos de sirena de un estatismo atroz, que reclama más y mejores servicios, más sanidad, más educación, más pensiones, más ingreso mínimo vital, más todo gratis total, en una orgía reivindicativa tan desvergonzada como extenuante ante la cual esa cobarde clase política no solo no se planta, sino que se dedica a darle gusto al gatillo del gasto a más y mejor. Y el que venga atrás que arree, que se trata de ganar elecciones.

Un país que se creyó rico gracias al ladrillo y al dinero gratis y al que el estallido de la burbuja despertó del sueño para plantarle, abatido y silente, ante el desfile de la desindustrialización, la pérdida de competitividad, el desempleo permanente, la falta de inversión en I+D, el aumento constante del gasto y el descontrol de las variables macroeconómicas. La continua expansión del estado del bienestar acapara todos los recursos y encadena déficit tras déficit, sin que quepa pensar en asuntos relativos a productividad, inversión o innovación. El Estado elefantiásico gasta más y mejor para asegurar la paz social a costa de capar la capacidad de crecimiento y la creación de riqueza y empleo. Empresa y empresario son vistos como bichos raros a los que literalmente hay que brear a insultos y freír a impuestos. La situación se ha descontrolado con la llegada a Moncloa de un Gobierno de izquierda radical empeñado más en poner en marcha una agenda ideológica que incluye el desmoche de la Constitución del 78 que en asegurar riqueza y empleo. Un Gobierno dispuesto a darle el golpe de gracia definitivo al crecimiento mediante la subida generalizada de impuestos.

España se halla en un punto crítico, sin margen para el error. Sin posibilidad de marcha atrás. Los efectos de una pandemia cuya erradicación, todavía pendiente, ha exigido enclaustrar a la población y parar la economía, han sido tan devastadores que Pedro Sánchez y su séquito se dieron pronto cuenta que la única posibilidad de sobrevivir a la enfermedad y seguir en el machito consistía en reclamar la solidaridad de la UE, pedir auxilio a los socios comunitarios para volver a reflotar un país embarrancado en los bajíos de una crisis terminal de deuda. De la tortuosa cumbre de Bruselas del pasado fin de semana salió la decisión de la Comisión Europea (CE) de endeudarse en el mercado de capitales en 750.000 millones, dinero que cederá a ese fondo de recuperación (“Next Generation EU”) encargado de transferirlo a los Estados miembros para financiar programas concretos de inversión de duración limitada, cuya presentación deberá efectuarse antes del 31 de diciembre de 2023, proyectos que van a estar sometidos a severas condiciones de elegibilidad y condicionalidad, y a un control estricto en su ejecución no solo por parte de la CE, sino del Consejo y de los propios Estados miembros. Del señor Rutte de turno.

Bueno para España, malo para Sánchez
Aunque lejos de las pretensiones iniciales de Giuseppe Conte, presidente italiano, que aspiraba a mutualizar deuda en cantidades astronómicas, o en su caso a emitir deuda perpetua, un tren al que se subió un Sánchez sin iniciativa propia alguna, el español volvió a Madrid con los 140.000 millones citados en la mochila, una cantidad impresionante de dinero que debería servir de catapulta modernizadora de nuestro aparato productivo. Un buen acuerdo para España y un mal trago para Sánchez. Un regalo envenenado para el Gobierno PSOE-Podemos, porque no está de más recordar que los resultados de la cumbre suponen un radical correctivo, una enmienda a la totalidad del programa de la coalición que en enero pasado le llevó a la presidencia, circunstancia que ahora le obliga a suscribir un nuevo acuerdo de legislatura sobre el papel mojado de aquellos compromisos.

Sin tiempo que perder. El ejecutivo español está obligado a presentar a lo largo de 2021 y 2022 proyectos de inversión equivalentes al 70% de aquellos 140.000 millones (el 30% restante durante 2023), planes con fecha de ejecución limitada, diciembre de 2026, como el cobro de los últimos reembolsos. En el ruedo ibérico existe cierta expectación por ver cómo Sánchez y su equipo presentan proyectos bastantes con calidad y credibilidad suficiente para pasar los filtros de Bruselas. El problema de Sánchez ya no es Pablo Iglesias, un personaje amortizado, teórico jefe de un partido sin votantes, ni su señora esposa. Nuestros Ceaucescu harán lo que sea menester, incluso disfrazarse de lagarteras en el consejo de ministros, con tal de seguir enchufados a un grifo que todos los meses proporciona a la ilustre pareja entre 15.000 y 20.000 euros. Ni siquiera lo es ya el nacionalismo vasco y, en particular, el independentismo catalán, de cuyo apoyo Sánchez depende para seguir en Moncloa.

El problema de Sánchez, evidente desde la moción de censura, sigue siendo Sánchez. Caben pocas dudas de que esta podría ser una ocasión pintiparada para consagrarse como el mejor presidente de la democracia. Está en su mano. Es sencillo. Solo hace falta altura de miras y cierto sentido de Estado. Y la voluntad de gobernar para todos los españoles y no solo para la mitad. Se lo dijo Mark Rutte a la cara cuando lo visitó en La Haya: “Busquen la solución dentro de España”. Es decir, no gasten más de lo que ingresan, controlen el déficit, reduzcan deuda, paren la bola de nieve de las pensiones sin ceder a la demagogia partidaria, flexibilicen el mercado laboral y no toquen la reforma Rajoy, reduzcan la presión fiscal sobre empresas y trabajadores para facilitar la creación de empleo, alienten el emprendimiento, liberalicen sectores, aborden una reforma de la administración para hacer más con menos, atrévanse a meterle mano a un Estado autonómico que ha mostrado todas sus ineficiencias con la pandemia, liquiden privilegios, cierren cacicatos sindicales como el de RTVE o políticos (TV3), y tantas otras cosas.

No lo va a hacer porque no está en su naturaleza. Cada decisión sedicentemente liberalizadora que adopte para cumplir con Bruselas deberá ser compensada con carnaza populista para satisfacción de sus bases. Pero esa “canción del verano” que este año conforman cambio climático y digitalización difícilmente conseguirá engañar a una Comisión, a un Consejo y a unos Ruttes que reclaman a nuestro país la adopción de medidas para aumentar la potencialidad del crecimiento, la reducción drástica del paro y la mejora sustancial de la eficacia del gasto social. Gastar no es reconstruir. Salir del socavón que se nos viene encima implicará, a partir de 2021, aplicar severas medidas de ajuste para recortar déficit y reducir deuda. En suma, liberar corsés para que la economía pueda crecer y crecer con fuerza, única religión a la que los españoles deben rendir pleitesía en aras a acabar con las desigualdades sin el piadoso recurso a la caridad, pública o privada.

Cambio económico y cultural
Cambio económico y cambio, también, cultural. Movilización de los resortes morales de un país obligado a trabajar más y exigir menos, a valorar responsabilidad individual y esfuerzo. A construir una España menos cigarra y más hormiga. Hacer reformas para enviar señalas claras a los mercados financieros de que España es un cliente solvente. Los 140.000 millones aludidos son, aunque importantes, poca cosa comparada con las necesidades de financiación –deuda nueva y renovaciones- de la economía española para el periodo 2021-2026, que solo para el próximo año oscilarán entre los 300.000 y los 330.000 millones (en torno al 25% del PIB). Asumiendo que el BCE pueda quedarse con 120.000 millones de las nuevas emisiones y que ingresemos la parte alícuota que la bendita solidaridad que los Rutte, el “holandés valiente”, y sus frugales nos han concedido (pongamos que otros 25.000), España se verá obligada a pedir prestados una cantidad superior a los 150.000 millones. Perseverar en la línea ideológica que sustenta el Gobierno de Pedro & Pablo, insistiendo en primar la redistribución sobre la producción y la protección social sobre la innovación, el gasto desbocado sobre cualquier estrategia de recuperación coherente, no parece la mejor forma de convencer a esos mercados de la solvencia futura del Reino de España y su capacidad para devolver los préstamos.

Cuentan en Holanda que el pasado fin de semana Mark Rutte llevó a Angela Merkel “al borde de la desesperación” con su negativa, al final vencida, a dar dinero en forma de subvenciones a los alegres chicos del “Club Med”. Pedro Sánchez puede estar llevando a España a la desesperación de un endiablado callejón sin salida. El Gobierno más inadecuado en el peor momento del país. Como el resto de socios comunitarios, España acaba de entregar en Bruselas una nueva porción de su soberanía para someterse a los dictados de ese imperio burocrático denominado UE. Nuestros PGE han pasado a ser pieza de un engranaje global, parte de un puzzle obligado a encajar como un guante en la senda de la armonización fiscal comunitaria que viene. Ya no hay espacio para travesuras bolivarianas. ¿Cómo enfrentar un contrasentido semejante en el marco ideológico y mental de un Gobierno social comunista? ¿Por dónde le estallarán las costuras al bello Sánchez? ¿Cuándo? La solución al enredo no puede demorarse mucho. Cuestión de meses. Mientras se desvela la incógnita, insistir en la fatalidad que para España supondría desaprovechar la última oportunidad de incorporarse al pelotón de las economías más desarrolladas de la Unión por falta de estrategia, coraje político e impulso reformista. Estamos ante un cruce de caminos que conduce a la condenación o a la gloria.

Cenizas tras los aplausos
Alejo Vidal-Quadras. vozpopuli 26 Julio 2020

Los dos montajes de la claque, primero ministerial y luego parlamentaria, que el equipo de comunicación de Pedro Sánchez le han preparado para presentar su regreso del reciente Consejo Europeo como el de un gran triunfo no cabe duda de que han sido muy efectistas. Sin embargo, al igual que hay serias dudas de que escribiera en su día la tesis doctoral que le elevó al máximo rango académico, tampoco está claro que esta vez el supuesto campeón de la justa celebrada en Bruselas sepa lo que ha firmado. Luis Garicano ha difundido una foto en Twitter en la que se ve a Sánchez sentado a una mesa con Merkel, Macron, Costa y Conte. Todos tiene ante sí hojas con notas menos nuestro Presidente, que mira al vacío sin un solo papel en que apoyarse. Una imagen de lo más elocuente. ¿Para qué necesita disponer de contenidos que discutir quién es pura superficie? La posición de 'escucha activa' significa eso: cómo no tengo nada que decir, me callo y poso, que ya se preocupará Iván Redondo de vender el resultado, sea cual sea, como un rotundo éxito.

Desde una perspectiva comunitaria, el acuerdo para la recuperación económica cerrado por los Veintisiete incluye elementos preocupantes y veremos cómo se lo toma el Parlamento. En primer lugar, incluye significativos recortes en programas europeos como transición climática e investigación, cuya tasa de retorno es muy superior a la que puedan tener los proyectos nacionales sustentados por el instrumento extraordinario pactado. En segundo, desvincula por completo el presupuesto del cumplimiento de los Tratados en lo que se refiere a imperio de la ley, libertades fundamentales y calidad democrática. En otras palabras, que Viktor Orban se ha salido con la suya y parece que Merkel le ha prometido que Hungría va a quedar libre del procedimiento que tiene abierto en virtud del artículo siete. Y en tercero, los famosos “cheques” compensatorios que reciben los contribuyentes netos han sido notablemente incrementados. Así, el holandés ha pasado de 1570 millones de euros a 1920 y el austríaco se ha doblado hasta los 565 millones. Si no querías caldo, dos tazas.

Condicionalidad severa
Si se recuerda que la propuesta inicial de Sánchez, que coincidía curiosamente con la lanzada por George Soros, era de un billón y medio de euros en deuda perpetua y la cosa ha quedado en 750.000 millones, 390.000 en transferencias directas y 360.000 en créditos, todo ello sujeto a una severa condicionalidad, la ovación al gran líder invicto podría haber sido algo matizada.

Los Estados Miembros “frugales”, de racionalidad fría, austera honradez y tradición luterana, no han conseguido su propósito de tener poder de veto sobre las ayudas a los meridionales, proclives al dispendio y laxamente católicos, porque la humillación hubiera sido excesiva y todo tiene un límite, pero sí han logrado implantar un mecanismo que se le parece bastante. Cualquier país puede solicitar que un desembolso sea discutido por el Consejo y que mientras dura su examen el pago quede paralizado. No es difícil imaginar las consecuencias de semejante posibilidad en manos de Holanda, Austria, Suecia, Dinamarca y Finlandia.

Lo que los exultantes ministros y ministras del PSOE y de UP jaleaban jadeantes de júbilo en La Moncloa era el final de los Presupuestos del Estado que han negociado y con ello de su programa de Gobierno completo. Si Pablo Iglesias cree que Sánchez puede volver a la Rue de la Loi a por el dinero del plan de recuperación que corresponde a España con la derogación de la reforma laboral del PP, la indexación de las pensiones al IPC, las nóminas públicas infladas, el IVA reducido que disfrutamos y una subida confiscatoria de imposición directa bajo el brazo y que semejante gavilla de dislates será recibida con el mismo alborozo que desbordó la bancada socialista-podemita en el hemiciclo de la Carrera de San Jerónimo, va listo.

La socialdemocracia europea septentrional está formada por gente sensata a la que la simple presencia de Pablo Iglesias en la sala del Consejo les produce erisipela. Un individuo que está al servicio de dos de los dos mayores enemigos de Europa, la narcodictadura venezolana y la teocracia iraní, y que colabora con entusiasmo con ambos en la destrucción de España, no es el compañero ideal para relacionarse amistosamente con los Gobiernos de Berlín, Amsterdam, Copenhage, Estocolmo, Viena y Helsinki y Sánchez pronto se dará cuenta cuando empiece a concretar los términos de aplicación del acuerdo para la recuperación. Se las promete muy felices con los 70.000 millones que nos han correspondido en transferencias y los 60.000 en créditos, pero en Bruselas le están esperando y ya puede empezar a pensar en cambiar de aliados si quiere tocar caliente. Tras los aplausos que le han llenado la cabeza de pájaros, viene la realidad que se la cubrirá de cenizas.

A este ritmo, con 72.000 millones no tenemos ni para empezar
OKDIARIO 26 Julio 2020

Pedro Sánchez ha vuelto de Bruselas eufórico, aunque las ayudas vengan con todo un manual de condiciones. Los 72.000 millones logrados tras durísimas negociaciones son un balón de oxígeno para una economía maltrecha como la española. Ya venía renqueando antes de las crisis sanitaria, pero la pandemia le ha dado la puntilla. Lo malo es que esos 72.000 millones de euros se antojan pocos para el destrozo de nuestras cuentas públicas. Los informes de Hacienda a los que ha tenido acceso OKDIARIO admiten ya el fuerte impacto de la crisis del coronavirus en la recaudación de los grandes impuestos nacionales: los ingresos por el IRPF, Sociedades, IVA e Impuestos Especiales se han hundido un 30%.

El resultado es una pérdida de 10.341 millones en sólo dos meses -abril y mayo-, porque en marzo conseguimos salvar los muebles. Según las bases de datos de la Agencia Tributaria, en abril la recaudación fue de 18.942 millones de euros, frente a los 26.448 millones que se recaudaron en el mismo mes de 2019. Una caída de un 28,4% por ciento de la recaudación. En mayo, las cosas han ido un poco peor y la recaudación, respecto al mismo periodo del año anterior, cayó un 31,8%. El agujero en esos dos meses es de 10.341 millones de euros menos.

Lo malo es que el final del estado de alarma -aunque evidentemente han mejorado las cosas- no ha venido aparejado del repunte económico esperado, de forma que ese agujero de 10.341 millones va a crecer y mucho. No ayuda el hecho de que los rebrotes estén limitando la recuperación de muchos negocios, especialmente en el sector del turismo. Eso sin tener en cuenta el deterioro de la recaudación fiscal en las distintas Comunidades Autónomas, que ha caído en porcentajes similares al de la recaudación nacional. Si le añadimos el multimillonario coste que para las arcas públicas están teniendo los ERTE, los 72.000 millones que han desatado la euforia del presidente del Gobierno, van a durar menos que un caramelo a la puerta de un colegio.

Mienten como bellacos. El gobierno nos toma por auténticos imbéciles
Sí, dinero para España, pero con un rosario de condiciones que se nos ha querido hurtar a los españoles por quienes nos hurtan la verdad
Miguel Massanet diariosigloxxi  26 Julio 2020

Cuando aparecen las tres “raptoras de almas”, nuestras particulares Arpías ubicadas en el ejecutivo del señor Sánchez, las sucesoras socialistas de aquellas que tuvieron por misión perseguir y acosar a Fineo, rey de Tracia, al que hostigaban quitándole los alimentos que se le ofrecían y, todo aquello que no podían arrebatárselo, lo contaminaban con sus excrementos. Estas reencarnaciones mitológicas virtuales, adaptadas a la modernidad, tienen sus propios y adelantados métodos de incordiar, sus refinadas técnicas de engaño y sus particulares sistemas de trabajar la opinión pública para magnificar hechos, despojarlos de todo aquello que pudiera desmerecerlos y presentarlos, hiperbólicamente sazonados, para admiración y éxtasis de todos aquellos que han decidido dejar de pensar por su cuenta, acogerse al pensamiento único que ya se les da sazonado y confiar su futuro en manos de quienes, sistemáticamente, han ido fracasando en todos sus intentos de poner en marcha la economía socio-comunista dirigida de todas aquellas naciones que tuvieron, y han tenido, la desgracia de caer en sus manos.

Es conveniente no apresurarse ante una noticia de un alcance tan determinante como ha sido la ayuda que se le ha concedido por Europa, a España, para que se puedan a empezar a restañar las heridas recibidas por nuestra economía, como consecuencia del Covid 19, que tan devastadores efectos ha tenido y sigue teniendo en nuestra nación; no sólo por causa de la pandemia, sino por las evidencias carencias del Gobierno y de quienes lo han venido aconsejando en la prevención de los efectos del virus, que no solamente infravaloraron la epidemia, sino también por la serie de actuaciones y disposiciones legales que, al amparo de la situación de alarma, han intentado colarnos de matute, todos estos políticos variopintos que no sólo pretendieron engañar a los europeos, sino que todavía siguen convencidos de que también lo han conseguido con la ciudadanía española.

Y hemos sido prudentes y pacientes, para llegar a averiguar qué es lo que se nos ha escondido respeto a esta asombrosa cantidad de recursos, 140.0000 millones de euros dada, supuestamente, “de bóvilis, bóbilis”, según nuestros gobernantes pero que, como sucede con este gobierno experto en obviar las partes más dolorosas y poco explicables de los pactos que concierta, de modo que sólo nos enteremos de lo que resulta un beneficio para nuestra nación, dejando oculta la parte que se nos exige, demanda, impone y condiciona la UE, para que la porción dosificada y convenientemente indexada de cada partida que se entregue, deba de ajustarse fielmente al destino que previamente se le asignó. Empecemos porque España va a tener que presentar un plan nacional de “recuperación y resilencia” que incluya las reformas en inversiones a ejecutar con el dinero europeo, cuya aprobación dependerá, en última instancia, de la Comisión Europea. ¿Nos habían explicado las señoras ministras algo semejante? No, evidentemente que no.

Y ¿qué pasaría si se produjeran desviaciones graves respeto a los objetivos señalados?, pues que cualquier estado miembro podría activar el llamado “freno de emergencia” paralizando, inmediatamente, el desembolso de fondos asignados, ¿tiene esta condición algo que ver con la apariencia que se nos ha querido vender de que el Ejecutivo va a tener la facultad de distribuir el dinero a su antojo? Evidentemente que no. Pero Europa, la UE, es un ente supranacional que actúa con corrección, no ordena, no impone, pero sí aconseja. Cuando aconseja lleva implícita, en lo que se podrían entender como buenas maneras, la advertencia subliminal de que si no se siguen los consejos amistosos es muy posible que sus maneras sufran una brusca transformación. Creemos que el ministro de economía griego, el indómito e inhibido señor Varufakis, tuvo que aprender, a costa de su propio orgullo, lo que significaba enfrentarse e la CE y su jefe, el señor Tsipras, tuvo que tragar sapos y poner a toda Grecia en situación de revista si quería que se le prolongaran los créditos que había amenazado con dejar de pagar. Seguramente que este envalentonado y, cada vez más hombre menguante, señor Pablo Iglesias, en esta ocasión se habrá dado cuenta de que sus excentricidades, pachotadas y diatribas, ante los señores de Bruselas no tienen el menor efecto y que, si tiene algún aprecio por España, cosa que dudamos, es posible que lo mejor que pudiera hacer por ella sería desaparecer de la escena política, para siempre. No lo hará, porque el señor “marqués de Galapagar” sabe que su única esperanza es permanecer, como una sanguijuela parásita, chupándole la sangre de su protector, Pedro Sánchez.

Sin embargo, no es tanto lo que deba hacer el Gobierno español para que se le sigan dando inyecciones de solvencia, sino que más bien se trata de lo que debe evitar hacer, lo que le estará vetado, lo que puede llegar a resultar tabú para sus aspiraciones de convertir “el maná” que va a conseguir de la UE en una hucha particular, en la que pueda meter mano cada vez que lo necesite para llevar a cabo alguna de sus ocurrencias de tipo político, como el seguir creando esta manada de mil asesores que se ha procurado o cuando piense en subvencionar a los colectivos feministas o concederle subvenciones a sus amigos del partido, para que pongan en marcha alguna de estas empresas públicas de las que andamos tan sobrados y que se ha demostrado que sólo sirven para mantener a una serie de paniaguados con los que, el actual Gobierno, tiene compromisos por pasados “servicios prestado a la causa socialista”.

Como en el espacio del que disponemos no tenemos suficiente para ampliar la serie de condiciones que se nos han impuesto nos limitaremos a enunciar algunas de ellas: austeridad (el fuerte aumento del gasto público va contra las directrices de Bruselas. Se recomienda que no supere un 0’9% anual); Bruselas no ve con buenos ojos derogar la reforma laboral del2012 (¿Por qué las ministras se han empeñado en afirmar que la van a derogar, si saben que esto no lo va a admitir Europa, que sigue pidiendo más reformas?); Bruselas ve con preocupación la poca eficacia de las políticas activas del Gobierno en materia laboral; aumento de productividad, según la comisión europea España sigue teniendo la productividad por debajo de la media de la UE; salario mínimo, uno de los caballos de batalla de los comunistas bolivarianos de Unidas Podemos, Europa estima que si las subidas no van ligadas con más productividad, criticando que hoy en día el salario mínimo ronda el 60% de la mediana de los ingresos mensuales brutos de los trabajadores a tiempo completo; sostenibilidad de las pensiones, un tema sobre el que Europa muestra su preocupación de que se derogue la reforma del 2013, pensando que pudiera haber u aumento de pensiones con empeoramiento de la equidad generacional; subir el IVA es para la UE, juntamente con subir la tributación directa (especialmente está en contra de los IVA reducidos que impiden que se recaude lo necesario), IRPF y los impuestos sobre el ahorro y sobre ciertos sectores como la banca y las tecnológicas; todo ello complementado con medidas para fomentar el nacimiento y desarrollo de empresas y el de persistir en la unidad de mercado.

¿Estamos de acuerdo en que el margen que parece que se atribuye nuestro ejecutivo, respeto a lo que considera que va a tener que depender de Europa, excede con mucho de lo que se deduce de la serie de “recomendaciones” que hemos enumerado, aunque fuere someramente? Queda en evidencia que, la UE, no va a permitir que, esta cantidad ingente de millones de euros de que se nos va a dotar, se convierta en una bolsa de resistencia para el comunismo que nos ha venido de Venezuela y en un paraíso para el derroche previsto por el gobierno de Pedro Sánchez, entendiéndose como la facultad de meter las manos en un montón de dinero, al estío del Tío Gilito de los sobrinos de Donald, en el que poder practicar todas sus ideas de despilfarro no productivo, en detrimento de la cultura del trabajo, del esfuerzo, del mérito individual, del reconocimiento a la inteligencia y de todas aquellas facultades que hacen que, una persona, no sea una rémora para el país y sí sea un valor sólido que contribuya a enriquecerlo y prestigiarlo.

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, tenemos la sensación íntima de que hemos empezado, en España, a entrar en una especie de circo romano, en el que se vos van presentando diversos espectáculos para tenernos entretenidos, de forma que se nos intenta hacer creer que los leones son conejos y las luchas de gladiadores son incruentas, porque las lanzas y las espadas son sólo de goma. Pero los muertos existen, los cristianos son devorados, y los energúmenos que gritan pidiendo la muerte de los caídos en la arena, se siguen escuchando, estentóreamente, destrozando nuestros tímpanos. Y otra frase del inconmensurable Nietzsche: “La política es el campo de trabajo de ciertas mentes mediocres”

Del voluntarismo a la realidad
Lorenzo Bernaldo de Quirós El Espanol 26 Julio 2020

La configuración final del Fondo Europeo de Recuperación es buena para España porque no lo es para el Gobierno. La bondad no estriba en el montante de las ayudas, que es insuficiente para abordar las necesidades del sector público en los próximos años, porque el BCE seguirá siendo la pieza básica para financiarlo, sino en las restricciones que impone a la política económica gubernamental.

En este contexto, la recepción a modo de Triunfo romano proporcionada a su presidente por el Consejo de Ministros y las proclamas de victoria ante los bárbaros del norte lanzadas a lo largo y ancho de Hispania recuerdan más al miles gloriosus (soldado fanfarrón) de Plauto que a una composición épica.

La meta gubernamental de crear un instrumento financiado con deuda mutualizada o perpetua no se ha materializado como tampoco lo ha hecho la composición de aquel; se ha reducido de manera significativa el montante de transferencias y aumentado el de préstamos.

Al mismo tiempo, la ausencia de condicionalidad para la obtención de las ayudas, principal objetivo del Ejecutivo español ha sido rechazada. Se ha introducido un mecanismo de control y supervisión que dificulta de manera extraordinaria la puesta en marcha de gran parte de las medidas acordadas por el PSOE y Unidas Podemos en su acuerdo programático, plasmado en la gloriosa Coalición Progresista.

La obtención y el uso de los recursos disponibles para España está sujeto a una triple condicionalidad: primera, el envío a la Comisión de un programa de reformas ajustado a las recomendaciones específicas de ésta que dejan de ser una declaración de principios para ser imperativas; segunda, la aprobación por mayoría cualificada del susodicho plan por el Consejo Europeo y tercera, cualquier Estado miembro puede paralizar los pagos al Estado demandante de ellos si considera que no cumple lo comprometido. Para liberar aquellos, el CE deberá examinar y decidir si la petición del país disconforme está justificada y decidirlo en un plazo máximo de tres meses.

Es razonable ser escéptico sobre la efectividad de esos sistemas de control, pero no cabe minusvalorar su potencialidad. Sus parlamentos nacionales van a exigir a los gobiernos frugales un control exhaustivo de la finalidad y el uso de las ayudas; la Comisión tiene un soporte del que antes carecía para que sus recomendaciones se cumplan; la propia UE sufriría una severa pérdida reputacional ante los mercados de capitales si permitiese un empleo laxo de los 750 mil millones de euros que les va a demandar para cubrir el Fondo de Recuperación.

Los hombres de negro no han reaparecido en la escena, pero se ha producido de hecho una intervención tácita de los Estados que recibirán mayores recursos a causa de su indisciplina presupuestaria y de no haber acometido las reformas estructurales precisas. Esta afirmación se ve fortalecida por un hecho adicional: las ayudas no se desembolsan de una sola vez, sino con “cuenta gotas” durante cuatro años. No será pues fácil o tan fácil como antes eludir la disciplina.

Dicho eso, la asistencia proporcionada por la UE no sirve para aminorar el gravísimo deterioro de las cuentas públicas españolas en el corto-medio plazo ni siquiera con la asistencia del BCE. Tanto si el Gabinete se ve forzado a aplicar reformas contrarias a su ideario como si recorta algo el gasto público, extremo dudoso, subirá los impuestos a los sospechosos habituales: los ricos, segmento de geometría variable según la conveniencia del Gobierno, y las empresas. Europa puede hacer mucho pero no convertir a la fe de la ortodoxia y de las reformas a quien no cree en ellas. Este siempre intentará burlarlas o reducir su alcance.

El marco institucional del Fondo de Recuperación tiene claras implicaciones para España. Los Planes de Estabilidad y de Reformas enviados por el Gobierno a Bruselas fueron cuestionados en el plano macro y microeconómico. La eliminación de los índices correctores en las pensiones, la pretensión de derogar la reforma laboral, la ineficacia de las ayudas sociales etc. recibieron una severa crítica. Ante este panorama, la coalición social-podemita se enfrenta a un dilema: perder su alma o perder el dinero de la UE. La misma situación de ZP en 2010.

En última instancia, la principal virtualidad de los criterios establecidos por la UE para suministrar las ayudas es negativa; esto es, disminuye la dimensión del daño que puede hacer este Gobierno.

“La república bolivariana plurinacional de España”
Iglesias es hijo del comunismo y de su concepción centralista, por lo que ese reconocimiento de la plurinacionalidad es lo mismo que hicieron Lenin y Stalin para consolidar su poder criminal
Francisco Marhuenda La Razon 26 Julio 2020

Pablo Iglesias quiere la Tercera República. Nada que nos tenga que sorprender en su peculiar «spanish revolution», que por el momento es una versión cañí y pretenciosa a lo Torrente de la Revolución Francesa, la Rusa e incluso la bolivariana del golpista Chávez y su bufón Maduro, que es tan hortera que debe dormir con el chándal. Es posible que lo haga para poder salir corriendo del Palacio de Miraflores si le expulsan de su corrupto narcogobierno.

Las «revoluciones» hispanoamericanas son hijas del caudillismo corrupto que se instaló en los antiguos virreinatos españoles donde los hijos de la nobleza y la burguesía traicionaron a su patria para dar rienda suelta a su ambición. A Bolívar y al resto de traidores que sirvieron, consciente o inconscientemente, a los intereses políticos y económicos de Inglaterra, que además así se vengó del apoyo español a la independencia de Estados Unidos, no les importaba la población indígena. Esos próceres de la independencia idealizados por Podemos y los revolucionarios de salón eran soberbios, arrogantes y displicentes, que se sentían muy orgullosos de su privilegiada condición social.

Las clases medias y altas promueven las revoluciones políticas que se acaban convirtiendo en un horror. Es lo que sucedió en la Segunda República y la Guerra Civil. Los políticos que tanto admiran los pijoprogres de la izquierda española también se sentían unos revolucionarios y fueron un fracaso, aunque ahora quieran reescribir la Historia. Ahora sabemos que Iglesias quiere una república plurinacional y augura que se abrirá paso en España a medio o largo plazo.

A esto se une el tópico de que los jóvenes no entienden que seamos una monarquía y que no se vote al jefe del Estado. Por supuesto, es evidente su superioridad moral e intelectual frente a esos lerdos de la izquierda sueca, noruega, holandesa, danesa, británica o japonesa que no tienen ni idea. No hay duda de que se trata de países que cuentan con una democracia de baja calidad y deberíamos expandir, como quería Lenin, la «spanish revolution» por el mundo.

El dictador comunista es una figura muy admirada por nuestros airados jóvenes revolucionarios. Este miembro de la pequeña nobleza zarista fue un genocida sin escrúpulos, aunque le superaría el camarada Stalin. Los comunistas se dedicaron a robar, violar, incendiar, torturar y asesinar a todos los «enemigos» de la revolución. No hay que olvidar que «enemigo» era un concepto tan arbitrario como caprichoso. Por supuesto no establecieron la igualdad, la libertad y la fraternidad, sino que los camaradas del partido vivieron con todos los lujos posibles. Fue uno de los mayores sistemas criminales de la Historia. La obsesión de Lenin por extender la revolución y adoctrinar a la sociedad radicalizaría la Europa de entreguerras.

Lenin quería «liberar» a Polonia del catolicismo, la nobleza y la burguesía, para luego hacerlo con Alemania e ir exportando su modelo corrupto y criminal al conjunto de Europa. No lo consiguió. El ejército rojo de Tujachevski fue derrotado en 1920 en la batalla de Varsovia por el mariscal Pilsudski, que impidió que Polonia cayera, como parecía inevitable, en manos de los bolcheviques. Los polacos dieron una lección al mundo y consiguieron garantizar su independencia.

Lo que Polonia ha sufrido por la voracidad de sus vecinos explica su carácter indomable mientras que su profundo anticomunismo es el resultado de haber sufrido durante décadas a los comunistas y la URSS. El este de Europa está vacunado de esa «enfermedad» mientras que en el sur todavía goza de un cierto reconocimiento porque, afortunadamente, nunca habían conseguido el gobierno. Grecia ya pasó la enfermedad con el pijo rico de Tsipras. No hay nada mejor que ser hijo de millonario para sentirse muy unido al pueblo y las clases trabajadoras. Por cierto, ninguno de estos comunistas elige vivir en un modesto apartamento como Mark Rutte, el primer ministro holandés, sino que prefieren mansiones y palacios.

Somos unos acomplejados
EDUARDO INDA okdiario 26 Julio 2020

Aluciné anteayer cuando mi amigo Ángel me pasó por whatsApp la respuesta que había enviado el Área de Opinión del más influyente periódico económico del universo, el neoyorquino The Wall Street Journal (WSJ), tras la carta que 280 de sus periodistas habían suscrito criticándoles por no sucumbir a la denominada Cultura de la Cancelación. Que no es otra cosa que la demonización de todos aquellos personajes públicos que han cometido algún error o no son políticamente correctos, en resumidas cuentas, de todos aquellos que no siguen a pies juntillas la dictadura del pensamiento único progre. También se ha utilizado para matar civilmente con razón a famosos que han cometido delitos abyectos, caso del tan repugnante como famosísimo Jeffrey Epstein. Pero mayormente se emplea para poner fuera de juego a quienes no comulgan con la verdad oficial de esa progresía mundial que maneja como nadie el diablo hecho persona, George Soros, el especulador que arruinó a los británicos en 1992 al ganar mil y pico millones de libras tumbando la moneda británica en los mercados. El autodenominado “filántropo” que, entre bambalinas, de la mano de su demoniaca Fundación Open Society, mueve los hilos contra la democracia liberal que impera en Occidente con un único fin: arruinar países para quedárselos a precio de ganga. Ojo a las narices que le echa el editor de Opinión del WSJ aun a sabiendas de que tener razón no le librará del linchamiento en esa plaza pública que es Internet y de que hasta el tato exigirá su cabeza:

UNA NOTA A LOS LECTORES
Estas páginas no sucumbirán ante la presión de la Cultura de la Cancelación.

Esta semana hemos sido gratificados por el ferviente apoyo de los lectores después de que 280 de nuestros colegas del WSJ firmasen (y algunos filtrasen) una carta a nuestro editor criticando las páginas de Opinión. Pero el apoyo a menudo ha venido acompañado de la preocupación de que la carta nos haga cambiar nuestros principios y contenidos. En ese aspecto, pueden estar tranquilos.

Por corporativismo, no responderemos de facto a ninguno de los firmantes de la carta. Su ansiedad no es nuestra responsabilidad en ningún caso. Los signatarios reportan a los editores de las noticias u otras partes del negocio y hay que recordar que los departamentos de Noticias y Opinión operan con trabajadores y editores diferentes. Ambos informan al editor, Almar Latour. Esta separación nos permite perseguir noticias e informar a nuestros lectores con juicio propio.

Era probablemente inevitable que la ola de la Cultura de la Cancelación progresista llegase al diario, como ha hecho en casi todas las instituciones culturales, empresariales, académicas y periodísticas. Pero nosotros no somos The New York Times. La mayoría de nuestros reporteros intenta cubrir las noticias justamente y de manera equidistante, nuestras páginas de Opinión ofrecen una alternativa a la visión progresista y uniforme que domina casi todos los medios de comunicación actuales.

Mientras que nuestros accionistas nos permitan el privilegio de seguir así, las páginas de Opinión seguirán publicando a colaboradores que digan lo que piensan dentro de la tradición del discurso razonado. Estas columnas continuarán promoviendo los ideales del libre albedrío de las personas y el libre mercado, los cuales son más importantes que nunca en lo que es una cultura de creciente conformidad progresista e intolerancia.

La Cultura de la Cancelación echó a andar en 2015 pero se ha hecho mundialmente famosa en las últimas semanas a raíz del salvaje asesinato del afroamericano George Floyd a manos del policía blanco Derek Chauvin, que aprisionó su cuello contra el suelo con la pierna durante 8 minutos y 46 segundos. Ocho minutos y 46 segundos en los que la víctima advirtió que no podía respirar no menos de 30 veces. Lo que empezó siendo una iniciativa en principio loable por la muerte del vecino de Minneapolis ha acabado degenerando en la modita de derribar, pintar o vandalizar estatuas de los padres fundadores de esa democracia por antonomasia que son los Estados Unidos, Washington y Jefferson principialmente, o en el colmo de la paradoja, las que recuerdan a Abraham Lincoln, ¡el presidente que abolió la esclavitud! Igualmente alucinantes son los ataques a estatuas dedicadas al político más grande de todos los tiempos, Sir Winston Churchill, el hombre que de la mano de Eisenhower derrotó al satán nazi. O sea, un demócrata con todas las letras, mejor dicho, un DEMÓCRATA en mayúsculas.

Sin embargo, el que más veces ha visto caer al suelo su figura no es otro que Cristóbal Colón, el empleado de los Reyes Católicos que descubrió América y que más que un conquistador se desempeñó como un explorador. Su primera proeza, que le hace merecedor de una y mil estatuas, consistió en una cosa que como todo el mundo adivinará es menor: atravesar el Océano Atlántico hace 528 años, que se dice pronto. Este genovés para la historia dio el banderazo de salida a la gesta de modernizar civilizaciones como la azteca o la inca que, entre otras lindezas, practicaban la antropofagia, que es como se llama elegantemente al canibalismo, o la aberrante pederastia.

El caso es acabar con el statu quo, ya sean símbolos nacionales, morales o intelectuales, para imponer el fascismo de izquierdas. Intentar interpretar hechos de hace cinco siglos con criterios de hoy es una descontextualización, una imbecilidad como otra cualquiera, básicamente, porque borrar nuestra historia no reforma el presente ni mucho menos altera el pasado. Por esa regla de tres habría que dinamitar las pirámides, puesto que se levantaron con mano de obra esclava; Machu Pichu o la Casa Blanca, porque ocurrió tres cuartos de lo mismo; el Coliseo Romano, porque en él se tiraba ad bestias a los cristianos a los leones; o incluso la mismísima basílica de San Pedro en el Vaticano, porque cuando se erigió, la Inquisición hacía de las suyas en toda Europa en general y en España muy en particular.

Lo que subyace en el fondo de toda esta preocupante coyuntura es la dictadura de lo políticamente correcto en el mundo, que no siempre, ni mucho menos, es lo políticamente correcto. Un virus cultural-filosófico-político-intelectual que ha llegado a España, espero que no para quedarse, por obra y gracia de esos medios de comunicación que en nuestro país sufren el mayor desequilibrio izquierda/derecha de todo el mundo occidental (80%-20%). Matizo: extrema izquierda/centroderecha. No está de más tener permanentemente presente que la inmensa mayoría de los medios de izquierda está en manos podemitas, mientras los de derechas están todos alineados con el PP o con lo que queda de Ciudadanos y prácticamente ninguno, salvo Intereconomía, con Vox. Que el 80% de esa opinión publicada, que antes o después termina siendo la opinión pública, sea cortijo de la extrema izquierda nos debería invitar a reflexionar como nación y como democracia.

El problema es que el gran partido de la oposición, que es por otra parte el que mejor ha gobernado proverbialmente este ingobernable país, padece una tara en el ADN que le lleva a acabar aceptando las ideas del oponente… ¡y encima pidiendo perdón por haber osado pensar lo contrario! Ha ocurrido con la aberrante Ley de Memoria Histórica, que olvida el nada insignificante hecho de que la Guerra Civil fue una guerra de malos contra malos; con los impuestos; con ETA y más concretamente con esa excarcelación de ese Bolinaga al que Satanás tenga en su gloria; con la Educación en comunidades autónomas como Cataluña, País Vasco, Comunidad Valenciana o Baleares, donde no sólo se enseña a odiar a España sino que se prohíbe a los padres elegir la lengua vehicular; con esa política de publicidad institucional —costumbre que habría que abolir— en la que se premia a los medios enemigos y se castiga a los amigos; con esa inmigración ilegal que nos trae entre otros el barco Open Arms financiado por Soros; e incluso con la crítica a un Gobierno que ostenta el récord mundial en muertos per cápita por Covid-19 y que en estos momentos acumula ya más rebrotes que ningún otro lugar del planeta excepción hecha de la Rusia putiniana.

Uno de los paradigmas de la complejitis de la derecha oficial española, cosa bien distinta es la derecha real, lo padecimos en OKDIARIO en carne propia. Cuando hará cosa de un año nos facilitaron las fotos del despachazo del delincuente Iglesias en el Congreso de los Diputados, las publicamos, como es nuestro deber y como haríamos con cualquier otro megalomaniaco que despilfarra con cargo a nuestros impuestos. La Asociación de Periodistas Parlamentarios salió al quite como si les fuera la vida en ello pidiendo la expulsión del periodista firmante de la noticia, Segundo Sanz, tal y como había planteado el ahora vicepresidente segundo del Gobierno. La Mesa se reunió con una celeridad inusitada para hacer realidad los deseos del macho alfalfa. Cuál sería nuestra sorpresa cuando certificamos que la tarjeta roja a Segundo Sanz fue secundada por la popular Ana Pastor y su correligionario Adolfo Suárez, que manchó con este episodio la memoria de su gran padre. Afortunadamente, el pensamiento único no ha llegado al Tribunal Supremo, que en una resolución a favor de la libertad de expresión revocó de cabo a rabo la decisión de la Mesa y nos devolvió al lugar del que nunca deberíamos haber salido.

Otra prueba del algodón la tenemos con el caso Villarejo. Cuando hará cosa de un año el quinqui de Pablo Iglesias pidió que me echasen de todas las tertulias en las que participo —sólo le faltó exigir la hoguera para mí—, la izquierda mediática y política le jaleó. La derecha calló con esa cobardía que se ha convertido en la marca de la casa. El chepudo secretario general de Podemos basó la campaña de las generales de abril en la “implicación de Inda en la organización criminal de Villarejo”. Nuestro único delito consistió en haber publicado en 2016 el chat de la cúpula morada en el que su ultramachista caudillo aseguraba que le encantaría azotar a “Mariló Montero hasta que sangre”. Ahora que se ha demostrado que nosotros obramos profesionalmente, que él mintió al juez y fabricó delitos contra mí, el centroderecha calla como callaba la mayor parte de la sociedad alemana durante los peores años del nazismo o como miró durante décadas hacia otro lado la sociedad civil catalana durante la aparentemente democrática y en el fondo totalitaria era pujoliana. Tampoco dijeron ni mu cuando este marzo, en el lapso de 48 horas, apenas una semana antes de decretarse el estado de alarma, Iglesias e Irene Montero reclamaron golfamente la cárcel para mí.

Basta ya de buenismo y de tontismo. Cada vez que llega la izquierda al poder se carga lo hecho por la derecha, sea bueno, malo o regular. Cuando es la derecha quien regresa a Moncloa mantiene todas las decisiones anteriores por muy bestias o antidemocráticas que sean. No me gusta Donald Trump porque es populista y porque sus buenas decisiones, especialmente en materia económica con los mejores resultados en empleo de la historia y el mayor crecimiento en 20 años, quedan eclipsadas por sus payasadas, sus tics chulescos y su permanente conflicto de intereses. Pero me quedo con un pasaje del discurso que pronunció a las faldas del Monte Rushmore el pasado 4 de julio:

—En las escuelas, en las redacciones de los medios, incluso en las salas de juntas de las empresas, existe un nuevo tipo de fascismo de extrema izquierda que exige lealtad absoluta. Si no hablas su idioma, acatas sus rituales, recitas sus lemas y obedeces sus mandamientos, serás censurado, desterrado, incluido en la lista negra, perseguido y castigado—.

La verdad es la verdad, la diga Donald Trump o su porquero. Liberémonos de una vez de la complejitis. Que ya va siendo hora. Que como decía el ahora mancillado Winston Churchill, la democracia liberal “es el peor sistema de Gobierno, exceptuando todos los demás”. Defendámosla con la fuerza de la razón antes de que los apóstoles de la razón de la fuerza acaben con ella. Más allá de la obvia lucha contra la pandemia, ése debería ser nuestro reto para la próxima temporada.

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«Pedro, con Zapatero empezó todo»
Se cumplen veinte años del congreso federal del PSOE que venció Rodríguez Zapatero, y su apego por el separatismo, el revisionismo histórico, o la superación de la Constitución son hoy la inspiración de Sánchez
Manuel Marín ABC 26 Julio 2020

El mes de julio del año 2000 fue crucial para que el PSOE diera un salto cualitativo en sus casi 140 años de historia. Se cumplen ya dos décadas de la celebración del congreso federal que permitió al PSOE revisar –y alterar significativamente- el guión programático e ideológico de un partido conjurado para dar por enterrado el «felipismo» tras casi treinta años como única referencia del socialismo.

Pero, sobre todo, se conjuró para someterse a una profunda reinvención orgánica y a una refundación anímica en vista de que la «sucesión ordenada» de Felipe González había sido un fracaso. Algunos resortes internos del partido estaban oxidados y el PSOE afrontaba su primera crisis de liderazgo en democracia, derivada de una lógica obsolescencia programada, del desgaste de materiales –y corrupción- tras trece años de Gobierno, y de una suerte de rutina apática que aburguesó al socialismo hasta sumirlo en una endeblez irreversible.

«Renovadores», «guerristas» y «baronías»
A finales de los años noventa, el PP gobernaba por primera vez en democracia y el PSOE se desangraba en pugnas intestinas entre «renovadores» y «guerristas». Incluso, algunos «barones» regionales habían acaparado inmensas cuotas de poder interno en la estructura del partido. Dominaban sus distintas federaciones autonómicas a capricho haciendo buena la máxima pronunciada años antes por Alfonso Guerra: «el que se mueva no sale en la foto». Tan férreo empezó a ser el control orgánico de las federaciones en los feudos donde el PSOE era invencible, que sus presiones y desafíos terminaron debilitando la figura del secretario general del partido en Ferraz.

Tras González, el PSOE se adentró en un vacío insostenible. Joaquín Almunia nunca tuvo el apoyo real de las bases y cuadros medios del partido, y la reorientación ideológica se convirtió en una exigencia inexcusable porque sería la coartada con la que combatir al PP de José María Aznar y recuperar La Moncloa. Y en ese vacío emergió un angustioso, casi agónico, congreso federal del PSOE diseñado a priori a la medida del triunfo de José Bono, por entonces un referente de los barones «renovadores», presidente de Castilla-La Mancha durante varios mandatos, y apuesta continuista del «aparato» del partido.

Una madrugada tumbó la candidatura de Bono
Junto a él, compitieron un desconocido diputado por León, José Luis Rodríguez Zapatero; la «guerrista» y exministra Matilde Fernández; y una dirigente vasca del PSE, Rosa Díez, que con los años terminaría renunciando a su militancia en el PSOE y fundando UpyD. Todo parecía predeterminado para que Bono diese un paseo triunfal por el Palacio de Congresos de Ifema en aquel caluroso fin de semana madrileño de julio. Pero el PSOE, fiel a su tradición lastrada de brotes cainitas y pugnas intestinas, de repartos de poder en la Ejecutiva y en el Comité Federal y, sobre todo, fiel a esa pulsión de negociaciones sin final durante madrugadas eternas, alteró drásticamente el cuaderno de bitácora previsto.

«Nueva Vía» de Zapatero al estilo de Tony Blair
Bono concurrió con menos apoyos de los que había previsto inicialmente entre los más de 2.000 compromisarios. Díez y Fernández sabían de antemano que sus opciones eran mínimas, pero a un cónclave socialista se sabe cómo y cuándo se entra, pero nunca cómo ni cuándo se sale. Aun así, se apartaron de la batalla y no concurrieron a las votaciones definitivas. Quedaba José Luis Rodríguez Zapatero, un parlamentario aparentemente inocuo y sin apenas experiencia ni representatividad en el Congreso, que estratégicamente buscó inspiración en la socialdemocracia británica de Tony Blair, y se presentó como aglutinador en el PSOE de una corriente denominada «Nueva Vía». Una idea similar a la «tercera vía» que pacificó a la izquierda del Reino Unido y que en España suponía un punto medio en la encarnizada batalla que libraban «guerristas» y «renovadores».

En cuestión de horas, Zapatero empezó a ganar adeptos entre algunas federaciones «guerristas» y acérrimas detractoras de Bono; pero también entre algunas autonomías más «innovadoras» que «renovadoras». Zapatero se hizo acompañar de jóvenes dirigentes sin apenas trayectoria orgánica, pero capaces de demostrar inteligentes dosis de negociación para «levantar» un congreso en el que habían apostado todo su patrimonio político a todo o nada: José Blanco, Jesús Caldera, Juan Fernando López Aguilar, Trinidad Jiménez… Zapatero, toda una sorpresa para el socialismo, humilló a Bono por solo nueve votos. Nueve votos que cambiaron el destino de un PSOE que solo tardó días en hacer una sobresaliente ostentación de desmarque radical del felipismo.

El PSOE de Sánchez discute el modelo de Estado
Hoy, el PSOE de Pedro Sánchez se parece mucho más al de Rodríguez Zapatero que al de González. Se cumple en este caso aquel aserto que hizo famoso el futbolista Piqué en una expresión despreciativa hacia la plantilla del Real Madrid por una fiesta que celebraron sus jugadores junto a un conocido artista, Kevin Roldán. «Gracias Kevin, contigo empezó todo», dijo Piqué celebrando un título fallido para los madridistas. Hoy, el PSOE de Sánchez es un calco cuidadosamente milimétrico del zapaterismo… porque, en efecto, con Zapatero empezó todo.

El giro ideológico del partido fue drástico… Tanto, que hoy aún Felipe González y miembros de la llamada «vieja guardia» socialista se escandalizan por los excesos cometidos por la actual dirección socialista en materia de pactos con el separatismo o con Bildu; por el sectarismo del revisionismo histórico; por la fractura ideologizada de la sociedad; y especialmente por la deriva territorial del PSOE y las dudas sobre su «modelo de España» para favorecer al separatismo.

La «zeja» y el «cordón sanitario»
No tardó Zapatero en imprimir un nuevo estilo cosmético al PSOE, muy al uso de las novedosas técnicas de la mercadotecnia política y de la propaganda publicitaria de hace dos décadas. No se trataba solo del diseño de un nuevo modo de control –omnímodo- de las estructuras del partido, con una ejecutiva diseñada a su medida para aminorar cualquier crítica interna, sino de construir un candidato que plantase cara a la progresiva crisis de la socialdemocracia en toda Europa, y que en España combatiese con nuevos argumentos la inédita mayoría absoluta de la que ya disponía José María Aznar.

Así, José Luis Rodríguez Zapatero dejó de serlo para convertirse en «ZP», un reclamo publicitario que el PSOE rentabilizó con más éxito del que jamás calcularon los creadores de la «marca». Para crear un «cordón sanitario» que aislase a la derecha –una expresión típica de aquel PSOE que Sánchez ha aplicado con más crudeza aún-, Zapatero buscó amparo incluso en el «mundo de la cultura» como icono de un progresismo excluyente. Incluso, llegaron a acuñar un simple símbolo conjunto, un dedo sobre una ceja, «la zeja de ZP», como contraseña de un compromiso ideológico común frente a la derecha. La mercadotecnia también fue esencial para Zapatero en el diseño de una «España social», agnóstica y anticlerical, «defensora de las libertades y los derechos civiles»… y Sánchez se ha limitado solo a perfeccionar esa técnica.

Guiño constante al separatismo
Todo en la estrategia de aquel PSOE de hace veinte años estaba trufado por la simbología. Imperaba lo visual. Se trataba de emitir potentes mensajes gestuales con profundo contenido político para desmarcarse de esa rutina protocolaria que ahogaba al PSOE como líder de la oposición. Por eso Zapatero se mantuvo sentado al paso de la bandera norteamericana durante uno de los desfiles de la Fiesta Nacional…

Las ráfagas de radicalidad alternaban con una humildad aparente y con la intransigente autoridad interna con la que pronto controló al PSOE sin mayores concesiones a los críticos. Fueron cuatro años, de 2000 a 2004, en los que Zapatero levantó un nuevo andamiaje para el PSOE, que después completó cuando ganó las elecciones generales de marzo de 2004, tras la sacudida emocional de los atentados del 11-M y la brutal campaña de última hora orquestada por el PSOE para tumbar al PP.

«Indulto» a ERC, el BNG… e incluso a Bildu
El almacén de ideas de Zapatero era idéntico a las que hoy está desarrollando Pedro Sánchez, convertido en una extensión de aquel ZP, promotor implacable de una ingeniería social pronto retratada como doctrinaria y revanchista, y de un revisionismo histórico viciado de guerra-civilismo. Con la coartada del federalismo como esencia del PSOE, Zapatero alimentó el «alma soberanista» del partido, especialmente en Cataluña y el País Vasco, y no solo empezó a forjar acuerdos con tradicionales partidos nacionalistas como el PNV o la extinta CiU, sino que «indultó» a partidos radicales, anti-constitucionalistas y emergentes como ERC o el BNG, con quienes llegó a conformar gobiernos en Cataluña y Galicia.

Zapatero creó la coartada ideológica para que los españoles asumieran que debía ser imprescindible abordar un proceso de revisión constitucional para dar por caducado el concepto de «nación» española porque era «discutido y discutible». Abogó, como Sánchez ahora, por la superación de los consensos de la Transición; por el federalismo como «fase ulterior» de un régimen autonómico superado ya por el chantaje del secesionismo; avaló una reforma estatutaria en Cataluña luego declarada inconstitucional por el TC y reinterpretada en muchos de sus artículos; y consintió al lendakari vasco, Juan José Ibarretxe, tramitar un proyecto de separación institucional del País Vasco de España, aunque fuese solo para tumbarlo después en el Congreso. No era mera simbología. Zapatero tenía un proyecto revisionista y fue el primero en dudar de la consistencia y vigencia de nuestro sistema constitucional.

Otegi, ese «hombre de paz» para aquel PSOE
Pero ante todo, Zapatero no solo se propuso acometer una política exterior alejada de los consensos y la colaboración con Estados Unidos, o una política interior subordinada al independentismo-nacionalismo-soberanismo en sus múltiples fórmulas y acepciones. También negoció una «tregua» con ETA que causó estrépito en la «vieja guardia» del PSOE y provocó escándalos en los Tribunales como el «chivatazo» policial a miembros de la banda terrorista. Incluso llegó a tildar a Arnaldo Otegi de «hombre de paz» mientras sectores de aquel PSOE impulsaban la re-legalización de los partidos herederos de Herri Batasuna como condición previa al final de los atentados.

El primer sanchista… y el último zapaterista vivo
Hoy, el mimetismo de Sánchez con Zapatero es prácticamente absoluto, incluso en materia económica: subida de impuestos, aumento del déficit, inflamación masiva de la deuda, el gasto público por bandera… Y todo, con un añadido: es el propio expresidente quien ahora –hace veinte años era lógicamente imposible- defiende a ultranza a Podemos y quien jalea a Sánchez y al Gobierno de coalición con el populismo de extrema izquierda. De hecho, Zapatero no es solo el verdadero artífice de la alianza entre Sánchez y Pablo Iglesias, con los cuales ha mediado durante meses. Es algo más: sigue siendo el inspirador de un «neo-socialismo» idéntico al que él pondría en marcha si de nuevo fuese, como hace ahora veinte años, elegido secretario general del PSOE. De facto, Zapatero es el primer sanchista, y Sánchez el último zapaterista vivo.

Memoria histórica
Además de lo de hace 80 años sería útil recordar lo próximo

Luis Ventoso ABC 26 Julio 2020

Hace 25 años, en la mañana del sorteo de la Lotería de Navidad, hacía un día desapacible en León, gris y de lluvia. Pero para Luciano Cortizo Alonso, de 44 años, era una jornada de ilusión, porque arrancaba su permiso navideño. Luciano había nacido en A Rúa, en Orense, pero llevaba media vida en León y estaba satisfecho allí. Comandante de Artillería, destinado en el cuartel de El Ferral, residía en unas viviendas militares del centro junto a su mujer, Margarita, una abogada, y sus dos hijos, Beatriz, de 18 años, y Alejandro de 17. A la una y veinticinco de la tarde se subió a su coche, un Ford Orion, junto a su primogénita. Solo circularon 150 metros. El coche portaba en los bajos una bomba de dos kilos de cloratita, activable con el movimiento del vehículo. Estalló a la altura de un semáforo de la calle Ramón y Cajal. La zona de pasajeros del Ford se volatilizó y el resto del coche quedó como un amasijo de lata despachurrada. Luciano murió al instante. Bajo una manta sobre el asfalto húmedo se ocultó su cuerpo, decapitado por la bomba. Beatriz sufrió heridas muy graves: perdió el bazo, sufrió daños en las piernas y una de sus manos arrastra secuelas perennes. El atentado lo ejecutó Sergio Polo, terrorista de ETA, banda que en los últimos once días había matado a otras siete personas. La orden de asesinar a Luciano la impartió María Soledad Iparraguirre, alias Anboto, guipuzcoana, hija de un etarra y jefa de los comandos de asesinos de la banda.

Anboto, hoy de 59 años, fue detenida en el sur de Francia en 2004, donde llevaba una bucólica vida rural con su pareja, Mikel Antza, jefe de ETA. Tras cumplir quince años allí por pertenencia a organización criminal, los franceses la deportaron a España el año pasado. El viernes fue condenada en la Audiencia Nacional a 122 años de cárcel por el asesinado de Luciano Cortizo y a indemnizar con 802.000 euros a su viuda e hijos. En 1996, cuando detuvieron al asesino de Luciano, se encontró entre sus posesiones una carta de Anboto, que entre bromas macabras lo apremiaba a ejecutar rápido el atentado de León: «A ver si algo hace BOUMM», porque «a veces al enemigo se le aparece la Virgen».

ETA se disolvió derrotada por la Policía española. Su vertiente política, Batasuna, ilegalizada en su día como parte de la banda, fundó una nueva marca: Bildu. Nunca han condenado el brutal reguero de muertes, mutilaciones y secuestros y auspician homenajes a los sicarios que salen de la cárcel. En las últimas elecciones autonómicas ha sido la opción de 248.688 vascos. Doblaron en votos al PSE; con 21 diputados, tres de ellos expresos etarras. Vivimos en un país bipolar, donde mientras se condena a 122 años de cárcel a una exjefa etarra, Bildu ya es tratado por el PSOE como un partido perfectamente respetable.

La semana pasada condenaron en Hamburgo a un exnazi de 93 años por crímenes contra lo judíos. Lógicamente, los partidos de esa ideología están prohibidos en Alemania. Aquí se estila otra filosofía: una amnesia acelerada que oculta una tristísima carcoma moral. Memoria histórica forzosa para hechos de hace 80 años y desmemoria obligatoria para los crímenes -y los socios de los criminales- de hace 25.
 


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