AGLI Recortes de Prensa   Martes 28  Julio  2020

Las 8 medidas que debe implementar Sánchez para evitar un 'otoño negro'
El Instituto de Estudios Económicos, think tank asociado a CEOE, propone medidas para evitar el desplome definitivo de la economía.
Diego Sánchez de la Cruz  Libertad Digital 28 Julio 2020

Con más de cuarenta años de trayectoria, el Instituto de Estudios Económicos es el decano de los think tanks españoles.

Tradicionalmente vinculado a CEOE, el laboratorio de ideas presidido por Íñigo Fernández de Mesa y dirigido por Gregorio Izquierdo acaba de publicar un documento de propuestas orientado a suavizar la caída de la producción económica que se viene observando desde hace meses.

En primer lugar, desde el IEE piden "profundizar en las medidas adoptadas y mantenerlas durante la reactivación". En términos interanuales han desaparecido casi 76.000 empresas, lo que supone un descenso del 5,6%, si bien esta cifra podría ser mucho mayor a finales de año. El think tank recuerda que las actuaciones de liquidez con avales ICO son vitales para evitar la sangría. Tales operaciones han permitido hasta julio un total de 663.995 operaciones de refinanciación, valoradas en 85.150 millones de euros. En la misma línea van los ERTE, vitales para sostener el empleo y evitar un colapso del mercado laboral que no solo tendría graves consecuencias económicas, sino también sociales.

En segundo lugar, el Instituto aboga por "crear un clima favorable a la actividad empresarial como motor de prosperidad". El think tank publicó recientemente un informe que sitúa a España a la cola de la OCDE en libertad de empresa. A esto hay que sumarle el discurso anticapitalista que promueven distintos ministros del Ejecutivo, especialmente los vinculados con Podemos. Mejorar el marco de política económica y ponerle una alfombra roja a las empresas que generan empleo y riqueza permitiría abandonar tal situación y ayudaría a consolidar un entorno generador de confianza y favorable al crecimiento, lo que aceleraría y fortalecería la recuperación.

En tercer lugar, el centro de estudios pide "no olvidar la consolidación presupuestaria" y añade que la misma "debe abordarse por el lado de la eficiencia y la contención del gasto". Un informe reciente de la entidad que preside Íñigo Fernández de Mesa encontró que España tiene un 14% menos de eficiencia en el gasto público que el promedio de países de la OCDE, de modo que es posible financiar un mismo volumen de recursos públicos con unos desembolsos mucho menores. A esto habría que sumarle las auditorías del gasto público realizadas por la AIReF y que han puesto en la diana más de 30.000 millones desembolsados anualmente en concepto de subvenciones y gasto asimilado.

En cuarto lugar, desde el Instituto de Estudios Económicos piden "no subir impuestos en un contexto en el que tal agenda fiscal sería especialmente contraproducente". La organización dirigida por Gregorio Izquierdo ha demostrado que, aunque la presión fiscal puede parecer menor al promedio europeo, tal diferencial es mucho menor en comparación con la OCDE y, de hecho, se esfuma al ajustar los datos para tener en cuenta la renta por habitante o el peso de la economía sumergida. Además, el Índice de Competitividad Fiscal muestra que el sistema impositivo español es un 8% más gravoso que el promedio europeo y un 16% peor en el caso específico del Impuesto de Sociedades. Según la organización, "intentar cerrar la brecha de recaudación con Europa mediante subidas normativas de impuestos de hasta seis puntos sobre el PIB podría provocar una contracción de la actividad de hasta 10 puntos de PIB y una destrucción del orden de 2 millones de empleos".

En quinto lugar, el IEE va un paso más allá y centra el tiro en la posibilidad de aprobar rebajas fiscales puntuales en algunos tributos. Tal es el camino explorado por Alemania, Austria, Bélgica, Bulgaria, Estados Unidos, Grecia, Italia o Reino Unido, donde se han introducido mejoras en algunos impuestos, bien de forma generalizada, bien de manera específica en algunos sectores de actividad especialmente afectados por la pandemia.

En sexto lugar, el think tank pone el foco en transmitir confianza y certidumbre la resto del mundo, para evitar un colapso de la inversión foránea y favorecer la entrada de capital en España. La amenaza latente de posibles repliegues de la reforma laboral de 2012 es, quizá, el asunto que más preocupa en este sentido, tal y como quedó claro en las negociaciones del plan de "rescate" acordado a nivel europeo.

En séptimo lugar, la entidad propone una agenda regulatoria centrada en favorecer la innovación, la digitalización y la modernización económica, amén de recuperar la unidad de mercado. Ya que el margen de actuación es limitado por la vía fiscal, el laboratorio de ideas sugiere que al menos se reduzcan las trabas que limitan la actividad económica, especialmente en campos vitales para la adaptación a la economía post-coronavirus.

En octavo y último lugar, el Instituto de Estudios Económicos pide "utilizar los fondos de ayuda europeos con responsabilidad, transparencia y eficiencia en la asignación de los recursos". En este sentido, reclama "proyectos viables, con visión de largo plazo y orientados en sus principales hitos por una visión empresarial". Cabe recordar que España es el segundo país que peor ha gestionado los fondos europeos del periodo 2014-2020, de modo que urge un cambio notable en este frente.

El timo de Sánchez: España pagará a la UE en cuotas anuales los 72.000 millones de los que alardea Moncloa
Carlos Cuesta okdiario 28 Julio 2020

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, recibió el aplauso de su séquito de ministros palmeros tras ser rescatado por Europa en sólo seis meses de Gobierno. Pero el rescate económico, que incluye un supuesto pago a España de 72.700 millones de euros en cinco años -entre 2021 y 2025- tiene más letra pequeña: desde este año y hasta 2025, España tendrá que ir devolviendo casi milimétricamente esos 72.000 millones en concepto de aportación a la UE anual.

Las últimas exigencias de Bruselas obligan a España a realizar una aportación anual de 11.950 millones para financiar el Presupuesto de la UE, lo que significa que, hasta 2025, habremos tenido que devolver 71.700 millones de euros. El saldo final del fondo recibido será, por lo tanto, de 1.000 millones de euros de aquí a 2025: 166,6 millones por año.

Cada día que pasa se van descubriendo más trucos ocultos tras el supuesto “hito histórico” que vendieron a la opinión pública Pedro Sánchez y Pablo Iglesias. Según ellos, el logro histórico consistía en un rescate multimillonario sin condiciones a España.

La primera explicación que se dio oficialmente a la opinión pública apuntaba a que el rescate financiero para evitar la quiebra de España era de 140.000 millones de euros. Pero, lo cierto es que esa cifra se divide en dos partidas: una primera de 72.600 millones de euros en ayudas directas -dinero, contante y sonante, en teoría-; y el resto en créditos para financiar proyectos: créditos que tienen que devolverse y con proyectos que debe pagar cada país.

Pero, además, los 72.600 millones, realmente son de ida y vuelta, porque coinciden con el dinero que debe remitir cada año España a las instituciones europeas para costear los gastos de funcionamiento de cada ejercicio plasmados en los Presupuestos de la UE.

Una ayuda de ida y vuelta
Hay que recordar que la negociación del marco presupuestario de la UE para el período 2021-2027 alumbró ya las proyecciones de reparto de los gastos comunitarios por parte de la Comisión Europea. Y esas cifras recogen un pago anual de España de 11.950 millones de euros.

Si ese volumen se multiplica por el número de años que España va a tener que esperar hasta poder obtener la totalidad de los 72.600 millones de euros, sale el triste resultado de que habremos tenido que pagar cerca de 71.700 millones en concepto de aportaciones a la UE. Dicho de otra manera: que la práctica totalidad de lo recibido –si es que se acaba recibiendo– volverá a las arcas comunitarios por lo que debemos pagar como contribuyentes de la UE –y eso sí que es seguro que deberemos pagarlo–.

Todo ello es así, sin tener en cuenta que Europa ya ha empezado a recortarnos pagos en otras partidas. Los agricultores han sufrido ya un primer rejonazo en la PAC en la última cumbre de la UE. Mientras Pedro Sánchez e Iglesias definían el fondo de recuperación de la UE para afrontar las consecuencias de la crisis del coronavirus como «histórico», se olvidaban de citar como también histórico el ‘juego de trileros’ con la PAC: según la patronal ASAJA, España podría perder cerca de 5.000 millones de euros de fondos agrícolas de la Unión Europea como consecuencia del acuerdo alcanzado en la cumbre europea.

Dicho de otra manera, de los 72.600 millones que percibirá el país en subvenciones a fondo perdido en realidad cerca de 5.000 millones -ASAJA estima más de 4.700- se le habrán quitado por la puerta de atrás a España, concretamente a los agricultores.

Indignación con la PAC
El presidente de ASAJA, Pedro Barato, opina que el recorte de los fondos de la PAC «es un golpe para la agricultura española, y los agricultores y ganaderos no se merecen este trato tras su comportamiento durante la pandemia y el reconocimiento social que han recibido».

Esta patronal de agricultores explica que «los fondos destinados a la agricultura se recortarán en un 10% pasando de 383.000 millones de euros a 343.900, un recorte que equivale a perder un año entero de pagos directos de la PAC en España».

«Pese a que el presidente del Gobierno defendió que no aceptaría un presupuesto inferior al actual, la realidad es que el recorte es más que evidente y Pedro Sanchez habla de resultado exitoso y de acuerdo histórico cuando los agricultores y ganaderos van a perder cerca de 5.000 millones de euros durante el nuevo periodo», criticó Pedro Barato.

Exactamente, los fondos destinados a Agricultura (del capítulo 3 del Presupuesto bajo el epígrafe Recursos Naturales y Medioambiente) se recortarán en un 10% en el periodo 2021-2027 en comparación con el actual marco presupuestario 2014-2020, pasando de los 383.000 millones de euros a 343.990 millones en el nuevo periodo para toda la UE-27.

Esto representa un ajuste de casi 39.000 millones de euros en la UE-27 en el periodo, de los cuales 27.500 millones correspondieran a pagos directos y medidas de mercado y 11.350 millones en recortes en Desarrollo Rural.

Los recortes de la UE a los agricultores serían de un 9,6% en pagos directos y ayudas de mercado y del 11% en Desarrollo Rural, en precios constantes de 2018, que es como las instituciones europeas diseñan sus presupuestos. Sin embargo, el ministro de Agricultura, Luis Planas, hace otro cálculo a precios corrientes para vender que no hay ningún recorte.

Además, si en los Fondos de la Recuperación Next Generation UE se iba a destinar una pequeña partida de 15.000 millones de euros al Desarrollo Rural, finalmente este epígrafe de las Cuentas durante las negociaciones ha quedado reducida a la mitad. Ya sólo será de 7.500 millones de euros. Es decir, apenas el 1% del citado Fondo de Recuperación.

Sin tener cálculos definitivos de reparto por países, pero contabilizando el peso de España en los fondos agrícolas de la UE (más del 13% en primer pilar y un 8,5% en Desarrollo Rural), los agricultores españoles podrían llegar a perder más de 4.740 millones de euros en el periodo, el equivalente a un año entero de pagos directos de la PAC.

No salen las cuentas
El auxilio europeo no cubre el agujero creado por la inoperancia de Sánchez ante el Covid
Ana I. Sánchez ABC 28 Julio 2020

El Gobierno socialista calla mucho más de lo que dice acerca de las ayudas de Bruselas. Pedro Sánchez ha vendido el paquete de auxilio como la panacea que hará desaparecer los males financieros del país pero las cuentas no salen ni haciéndolas una ni mil veces. Nuestros socios van a facilitarnos unos 140.000 millones de euros, cuando las casas de análisis más solventes cifran en 200.000 millones el agujero provocado por la pandemia. Ya para empezar, faltan 60.000 millones que el Ejecutivo socialista no ha dicho de dónde va a sacar.

No es lo único que se guardan Pedro Sánchez y Pablo Iglesias. Las deseadas ayudas llegarán pero no será mañana, ni pasado, ni siquiera dentro de seis meses. Hasta el segundo semestre del año que viene no empezarán a emitirse las transferencias y los préstamos ya que ahora mismo solo existe un acuerdo político. Por delante queda el arduo trabajo de desarrollar legalmente el mecanismo, así como la condicionalidad que llevará aparejada. Una tarea que no será ni rápida ni sencilla. Sánchez ha vuelto a España asegurando que no habrá vigilancia y Mark Rutte regresó a Países Bajos sosteniendo todo lo contrario. Así pues, la pugna sobre la letra pequeña puede ser tan titánica como fue la de la letra grande. Y, además, debe aprobarse el nuevo presupuesto europeo. Casi nada.

España, por tanto, no verá ni un euro este año y cerrará el ejercicio con un déficit de 130.000 millones -el 12 por ciento-. Podrá hacerlo sin reprimendas europeas porque la Comisión ha dejado a un lado los rigores del Pacto de Estabilidad, pero eso no le quita ni un ápice de gravedad a la cifra. Veremos, además, si Sánchez no acaba pidiendo un segundo rescate en otoño a través del SURE, el instrumento de préstamos creado por Ursula von der Leyen para ayudar a financiar los ERTEs, ante la proliferación de los rebrotes.

El maná europeo tampoco llegará de golpe. Las previsiones que maneja la Comisión pasan por enviar las ayudas en tramos separados de manera que nuestro país reciba una inyección a fondo perdido de unos 24.000 millones de euros el año que viene, y el resto de plazos en 2022. Dado que el Banco de España calcula que el déficit ascenderá a 90.000 millones en 2021, pueden ustedes echar la cuenta y anotar cómodamente unos 66.000 millones de números rojos el próximo año. España tendrá déficit durante los próximos veinte años más o menos.

La coalición no está por la labor de meter tijera en el gasto público, reformar la Administración y acabar de una vez con los solapamientos para paliar el agujero, que es lo que debería hacer. Todo lo contrario. Quiere presentar unos Presupuestos continuistas en el gasto. Este plan solo deja un camino para cuadrar las cifras: una subida masiva de impuestos, desde el IRPF al IVA pasando por el de Sociedades. El plan podemita de buscar la convergencia fiscal con Europa trae bajo el brazo las mismas tasas que si viviéramos en Países Bajos pero sin los sueldos y las ayudas que se cobran allí.

No hace falta discurrir mucho para atisbar el empobrecimiento que esta ecuación provocará en la clase trabajadora de hoy y en las generaciones venideras. El legado de Pedro y Pablo a los jóvenes va a ser aciago: una deuda espectacular a los pies de una crisis climática y en medio de un «shock» demográfico. Reciclando aquella famosa frase de Alfonso Guerra en 1982, Sánchez e Iglesias dejarán a España «que no la va a reconocer ni la madre que la parió», en este caso, por la ruina que van a dejar. Solo así salen las cuentas.

La insensatez de Simón condena a muerte al sector turístico
OKDIARIO 28 Julio 2020

Al director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias, Fernando Simón, le parece bien que naciones como Gran Bretaña o Bélgica recomienden a sus ciudadanos que no vengan a España, «porque es un riesgo que nos quitan» y «estas decisiones nos ayudan». Si se trataba de acabar definitivamente con las esperanzas del sector turístico, Simón lo ha conseguido. El mensaje que se lanza al exterior es que Londres y Bruselas han hecho lo correcto cuando han decretado medidas restrictivas al turismo de sus ciudadanos, de modo que, a partir de ahora, otras naciones podrán hacer lo mismo. Fernando Simón, mientras el Gobierno trataba a la desesperada de convencer al Reino Unido de que Canarias y Baleares quedarán fuera de sus medidas, daba la puntilla al sector con unas declaraciones que constituyen un acto doloso de irresponsabilidad.

2,8 millones de puestos de trabajo dependen del motor del turismo, que representa un 14,6 %de nuestro PIB. Pues bien: sale en rueda de prensa un señor que presume de científico y que en su día negó la existencia misma de un riesgo de propagación masiva del coronavirus y, en lugar de defender la tesis de que hay comunidades con una tasa de contagios muy inferior a la del Reino Unido o Bélgica, defiende la postura británica y belga y se permite el lujo de asegurar que lo que han decidido «desincentiva» y «es un riesgo que nos quitan».

Fernando Simón, el riesgo eres tú, porque tus declaraciones van a arruinar definitivamente las expectativas de un sector que ha cumplido con las recomendaciones del Gobierno a rajatabla. Después de lo oído en rueda de prensa, a este Gobierno incompetente hasta la náusea habría que pedirle daños y perjuicios por contribuir a la ruina de España. Simón es un irresponsable que debería ser destituido de inmediato y Pedro Sánchez y su Ejecutivo socialcomunista son un peligro público.

Poco más cabe decir: estamos gobernados por ineptos que están condenado a España y a los españoles a un futuro cada vez más negro.

La economía no resiste otro cierre de la actividad
José María Rotellar okdiario 28 Julio 2020

La gestión global de la pandemia está dejando mucho que desear en todo el mundo, con contadas excepciones. Ahora, dentro de ese desastre generalizado, en España nos empeñamos en hacerlo peor que en el resto de países. Todos los gobiernos debían haber adoptado medidas ágiles, como el cierre de fronteras con China en enero, para impedir una propagación tan virulenta y rápida de la enfermedad y evitar que la sanidad colapsase, pero no se hizo. A cambio, se recurrió a una medida medieval, el encierro -llamado erróneamente confinamiento, que es, realmente, otra cosa-, con la confianza de que el virus se marchase cuando nos permitiesen abrir la puerta de nuestras casas.

En España, todavía fue peor, pues el empeño para llegar a la manifestación del ocho de marzo provocó un descontrol aún mayor y una sanidad muy desbordada. Ese desbordamiento fue el que probablemente ha hecho que en nuestro país el número de fallecimientos se haya multiplicado por cinco o por seis. Es verdad que una sola muerte es una pena tremenda, pues cada vida es irreemplazable, pero se habría podido evitar un desastre mayor, como el que hemos vivido. Debido a esta circunstancia, la población está lógicamente, atemorizada.

Los políticos deberían hablar claro y contarle a la población toda la verdad, para que pudiesen ser extremadamente prudentes en sus comportamientos, con el objetivo de ni contagiar ni verse contagiados, pero para que con toda esa prudencia mencionada pudiesen ir recobrando su vida normal. Es cierto que es un virus que se contagia con bastante facilidad, pero los políticos deberían dejar claro un conjunto de cuestiones: en primer lugar, hay que cumplir a rajatabla las medidas de prevención, sin bajar la guardia, pero sin temor. En segundo lugar, aunque cada muerte es una persona perdida y es insustituible, con todo el respeto hacia cada fallecido, podemos ver que el virus contagia pero que la mortalidad sobre el total de la población no es tan alto como al principio parecía que podría ser. Así, los tristemente casi 700.000 fallecidos en todo el mundo representan el 0,009% de la población mundial, que es de 7.594 millones de personas, al igual que nuestros 50.000 compatriotas a los que horriblemente ha matado el coronavirus son el 0,1% de la población. En tercer lugar, que mientras exista el virus habrá riesgo de contagio -incluso con vacuna, como sucede con la gripe-, pero que si cumplimos con las medidas personales de prudencia podremos tratarlo en el sistema sanitario, que es uno de los mejores del mundo, ahora que conocemos, además, mejor el comportamiento del virus y con la próxima llegada de vacunas y fármacos, sin necesidad de cerrar de nuevo la economía, que sería la puntilla para toda nuestra estructura económica.

Sin embargo, los políticos se han lanzado a una carrera desenfrenada por ver quién idea la mayor ocurrencia para presentarse ante la población como el que más y mejor luchó contra el virus, sin medir todas las consecuencias para la población que ello puede desatar. Comenzó el Gobierno de la nación con un estado de alarma prolongado sin justificación, negándose a emplear otra normativa, cuya reforma habría permitido un mejor control sin suspender derechos fundamentales, y un hundimiento de la economía provocado por decreto gubernamental derivado de no haber actuado a tiempo con medidas mucho más suaves. Es decir, una auténtica catástrofe de gestión por parte del Gobierno de Sánchez. Y ahora que la competencia la ejercen, con las competencias que tienen, las regiones, nos encontramos con elementos perturbadores, como el mero hecho de que no sabemos bien cómo es de obligatorio el uso de la mascarilla según nos encontremos en una región u otra. Eso, junto a otras cuestiones, genera inseguridad jurídica.

Es más, los políticos deben procurar tener todo preparado para poder atender a los enfermos que puedan producirse y recordar activamente que no hay que relajar las medidas personales de prudencia frente a la enfermedad, pero no deben dar la sensación permanente de que se va a volver a cerrar la economía, porque eso sí que genera inseguridad e incertidumbre, de manera que muchas personas van a suspender viajes a España o los propios españoles cancelarán sus vacaciones ante esta inseguridad, las inversiones se retrasarán o no llegarán nunca y el comercio y, especialmente, la hostelería, se derrumbarán si se les imponen nuevas restricciones.

Esta semana vamos a conocer la EPA y el PIB, ambos del segundo trimestre, donde podremos contemplar la primera magnitud del desastre económico. Los políticos deberían ser conscientes de que si empujan con sus decisiones a un segundo cierre económico o a generar desconfianza, puede ser muy negativo para nuestra estructura económica. La inmensa mayoría de ellos no saben lo que es enfrentarse al día a día de una actividad privada, ya sea por cuenta propia o por cuenta ajena, porque o llevan toda su vida en política o proceden de cuerpos funcionariales. Tampoco constatan en su entorno laboral el deterioro del empleo, porque su espacio de trabajo está formado por empleados públicos, que tienen garantizado su puesto de trabajo. Por su parte, muchos medios de comunicación se recrean en la contabilización de cada caso que se produce de infectados por coronavirus. Es comprensible que se informe, pero con rigor, porque una cosa es estar informados y no restar ni importancia ni prudencia ante la situación y otra contribuir a un estado de pánico irreversible.

Por ello, antes de hacer manifestaciones asegurando que se cerrarán todas las actividades necesarias, los políticos deberían pensarlo dos veces y buscar soluciones eficientes menos duras. Lo mismo deberían hacer muchos medios de comunicación a la hora de tratar las noticias. Un titular que retuerza la realidad puede generar un daño tremendo. Si no lo hacen unos y otros, si no lo hacemos todos, el drama social que se desprenderá de la crisis económica será mucho peor que el del coronavirus, con cientos de miles de familias en la ruina, porque en un entorno de pobreza habrá menos recursos para todos los servicios, empezando por la sanidad, con lo que la atención será peor y, por tanto, el número de fallecimientos por todo tipo de enfermedades será mayor. Estamos a tiempo de evitarlo, con toda la prudencia del mundo, con una disciplina estricta de comportamiento personal, pero sin paralizarnos.

El mejor homenaje que podemos hacerles a todas las personas que han fallecido por coronavirus es no olvidarlas nunca, dedicarles nuestras oraciones y mantener en pie nuestra sociedad, que ellos, una inmensa mayoría de personas mayores, contribuyeron a levantar de la nada y que nos brindaron. Ese titánico esfuerzo que hicieron no puede perderse por falta de arrojo actual. Ellos vivieron una guerra, una postguerra, muchas enfermedades propias de una sociedad menos avanzada y muchas restricciones y penurias, pero con su coraje sacaron adelante a España y nos dejaron una sociedad moderna y avanzada. Nosotros hemos de continuar esa labor, con toda la prudencia y con toda la valentía.

Un país apestado
Pablo Planas  Libertad Digital 28 Julio 2020

El turismo, la primera industria del país, se hunde. Las alertas y cuarentenas de Reino Unido, Francia, Bélgica y Noruega sobre los viajes a España y los viajeros procedentes de España amenazan los tibios indicios de recuperación y pueden lastrar la economía durante mucho más tiempo del previsto. Las predicciones son catastróficas. Se sustentan en la anulación de reservas y la cancelación de vuelos. El sector agoniza.

Ahora mismo, la impresión generalizada en buena parte de Europa es que España es un destino mucho menos recomendable que el mercado húmedo de Wuhan. De hecho, el dudoso informe de la Universidad Autónoma de Barcelona sobre la presencia del coronavirus en las aguas fecales de la capital catalana en la primavera de 2019 es uno de los argumentos de la dictadura china para desviar la atención sobre sus responsabilidades.

Y en circunstancias tan complejas para nuestro país brilla por su ausencia el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, el mismo que se ha atribuido toda clase de méritos en la lucha contra el coronavirus. Sin ir más lejos, llegó a cifrar en 450.000 las personas arrebatadas de las garras de la muerte debido a la presunta rapidez y supuesta eficacia de sus medidas.

Mientras la Gran Bretaña da la puntilla al turismo, la ministra de Exteriores, Arancha González Laya, otorga a Gibraltar el estatus que no le corresponde en una reunión bilateral con Fabián Picardo que ha puesto de relieve la mayúscula incompetencia de un Gobierno capaz de mandar a su titular de Exteriores de visita oficial por el interior de España.

Resulta como mínimo chocante que Sánchez no haya dado señales de vida inteligente respecto a los rebrotes y el turismo ahora que tocaría explotar los pretendidos aciertos de su gestión en las semanas y meses pasados. Ocurre que ya no le sigue la corriente ni el diario El País, que por fin ha dado en admitir que los muertos por el coronavirus son muchos más de los que dice el Gobierno y que, en consecuencia, los portavoces del Gobierno han mentido a la ciudadanía durante meses. Y aún lo hacen.

La mayor amenaza para el turismo
Editorial  Libertad Digital 28 Julio 2020

El surgimiento de brotes del coronavirus en todo el territorio nacional no era, como afirma el Gobierno, algo inevitable, sino una consecuencia directa de la ominosa incompetencia de Sánchez, Iglesias y compañía.

La imposición de una cuarentena en el Reino Unido a todos los viajeros procedentes de España es un mazazo al sector turístico, una de las mayores fortalezas de la economía nacional y componente fundamental del PIB. La decisión de Londres supone un varapalo tremendo no sólo por la importancia del turismo británico –el principal mercado emisor de turistas a nuestro país–, sino porque puede desatar una espiral de respuestas similares por parte de otros países.

Así lo destacan las agencias de viajes, que han manifestado su honda preocupación por las consecuencias de la medida adoptada por el Gabinete Johnson, justo cuando se iniciaba la –lenta– recuperación del sector tras el largo confinamiento impuesto por el Gobierno Sánchez.

Pero la decisión de las autoridades británicas no era inconcebible, habida cuenta del desbarajuste provocado por la indolente incapacidad del Gobierno social-comunista y por su falta de fiscalización de y coordinación con las autoridades regionales y locales, que ha tenido como consecuencia un notable empeoramiento de la situación sanitaria en buena parte del país; por ejemplo, en la Cataluña del liberticida Quim Torra, aún más incompetente que Sánchez, que ha convertido una región eminentemente turística en un foco incontrolado que ha hecho saltar las alarmas incluso en Francia.

El surgimiento de brotes del coronavirus en todo el territorio nacional no era, como afirma el Gobierno, algo inevitable, sino una consecuencia directa de la ominosa incompetencia de Sánchez, Iglesias y compañía. Así, el aeropuerto de Barajas, principal vía de entrada de viajeros a España, se ha convertido bajo el mando del ministro Ábalos en un verdadero coladero de personas contagiadas que luego provocan nuevos focos en sus lugares de destino, como han denunciado algunas autonomías.

España es de nuevo el país europeo que peor está lidiando con la pandemia, hasta el punto de que la sustituta del descalificable Fernando Simón al frente del organismo de las alertas sanitarias ya advierte de que podemos estar ante el inicio de una segunda oleada de covid-19, cuyas consecuencias pueden ser auténticamente devastadoras.

Y mientras todo esto sucede, los ministros social-comunistas se aplauden a sí mismos y encumbran al inepto Sánchez a los altares de los grandes estadistas por haberles mantenido en la poltrona y haber salvado el carguito a la legión de paniaguados que han empotrado en el Presupuesto. Esa es la única habilidad reconocida de Sánchez y sus palmeros, la del nepotismo a gran escala, aun a costa de la seguridad y aun la mera supervivencia de millones de españoles.

El Gobierno que fracasó una vez volverá a hacerlo
Editorial El Mundo 28 Julio 2020

El Ejecutivo está obligado a liderar una estrategia que permita minimizar el riesgo y, de esta forma, facilitar la reactivación económica.

SERÍA imperdonable que en un país tan golpeado por la pandemia como España, la situación volviera a descontrolarse hasta el punto de desembocar en una segunda oleada. Sería imperdonable, pero no imposible en un país hundido en la parálisis por la inhibición del Gobierno -que ha pasado de aferrarse al estado de alarma a lavarse las manos- y la inoperancia de algunas comunidades autónomas, como Cataluña, a la hora de mitigar los contagios. Resulta descorazonador que ni el elevado número de víctimas -camino de las 50.000-, ni la presión hospitalaria ni el daño enorme infligido a la economía hayan disuadido a las administraciones, empezando por el Gobierno, de una conducta negligente que conduce inexorablemente, de nuevo, al desastre.

Por un lado, el Gobierno de Sánchez da la impresión de haberse desentendido de la gestión de una pandemia que amenaza con llevarse por delante la ya de por sí castigada economía española. La cuarentena impuesta por Reino Unido a los viajeros desde España, que viene precedido de una dejación de funciones de Exteriores tanto a escala diplomática como en materia de comunicación, puede dar la puntilla para las aerolíneas y el turismo. Este sector, que aglutina el 12,5% del PIB, se arriesga a sufrir pérdidas superiores al rescate financiero en la anterior crisis. A ello se une la erosión en los mercados -como quedó en evidencia con las pérdidas de ayer del Ibex: Iberia se dejó un 9% y Meliá, un 7%- y el golpe a la reputación internacional de España. El fracaso gubernamental en lo que Moncloa bautizó como nueva normalidad resulta especialmente lesivo teniendo en cuenta la experiencia traumática de la primera ola del coronavirus, que se saldó con una emergencia sanitaria sin precedentes y un frenazo en seco de la producción y del consumo. La vuelta a este escenario constituiría un mazazo letal para una sociedad hastiada y exhausta.

Al margen de la pésima labor de mandatarios como Torra, quien ayer anunció otro confinamiento en Cataluña si los brotes persisten, el Ejecutivo está abandonando a su suerte a las CCAA, desoyendo a presidentes como Ayuso o el presidente socialista de Canarias, que exigen PCR en origen, y despreciando la mano tendida por el PP para articular una legislación alternativa al estado de alarma. Casado se ha ofrecido a apoyar modificaciones normativas en leyes como la orgánica de Sanidad de 1986, la de Medidas Especiales en materia de Salud Pública y la que regula la jurisdicción contencioso-administrativa. Urge que Sánchez abandone el tancredismo. El dilema entre economía y salud es falso. El Gobierno está obligado a liderar una estrategia que permita minimizar el riesgo y, de esta forma, facilitar la reactivación económica.

Casado y la 'leal oposición'
EDITORIAL  Libertad Digital 28 Julio 2020

El rebrote de covid-19 en toda España ya ha producido un daño tremendo al turismo, uno de los motores de la economía nacional. La improvisación del Gobierno del socialista Pedro Sánchez y el comunista Pablo Iglesias, la incapacidad de los ministros para gestionar sus respectivas áreas y unos dirigentes autonómicos como los de Cataluña, espeluznantemente incompetentes, han vuelto a hacer saltar todas las alarmas y puesto a España en el disparadero internacional.

Así las cosas, el Partido Popular reunió este lunes a su comité de seguimiento de la pandemia y se ofreció al Gobierno social-comunista para la adopción de una serie de medidas que los populares consideran imprescindibles para paliar los estragos del coronavirus. Se trata de un plan B que incluye propuestas en los ámbitos legislativo, económico y sanitario para, por ejemplo, poder efectuar confinamientos o cierres selectivos sin necesidad de recurrir al estado de alarma. Según Pablo Casado, se trata de "un plan alternativo al cierre económico ruinoso de todo un país y al confinamiento, que ha causado estragos en salud mental, salud física y en economía en todos los hogares españoles".

Lo primero que cabe preguntarse es qué pretende el PP ofreciéndose de esta manera a Sánchez e Iglesias para compartir con ellos la responsabilidad de una ruina que, a estas alturas, resulta prácticamente inevitable. Sánchez ha despreciado siempre todas las ofertas de pacto del PP porque lo que quiere es gobernar con la extrema izquierda con apoyo del separatismo, sin excluir a los herederos de la banda terrorista ETA. Frente a esta realidad incontestable, todas las apelaciones a la forja de grandes acuerdos por parte del Gobierno no son más que estratagemas para poner a su servicio al principal partido de la oposición; estratagemas que, al parecer, son muy del gusto de los dirigentes del PP.

La gestión de la pandemia por parte de Sánchez, a pesar de haber resultado desastrosa, está siendo utilizada por el Gobierno para fortalecer su imagen al socaire de la aprobación de la macroayuda económica de la UE. A Sánchez solo le falta que el principal partido de la oposición le rinda pleitesía ofreciéndole un pacto que, para colmo, seguramente acabará despreciando, como ha hecho siempre con las propuestas del PP.

Inasequible al desaliento, Pablo Casado sigue tratando de aparecer como político de altura que colabora en momentos de dificultad con el Ejecutivo, pero la oposición al Gobierno social-comunista ha de rendir lealtad al pueblo español, no a los responsables de su ruina, que para colmo están incursos en un proceso liberticida de cambio de régimen.

Los populares sólo pueden perder. Y España, también.

La perdedora perfecta
Ignacio Camacho ABC 28 Julio 2020

Si un populista inglés de derechas, una especie de Jesús Gil pijo y educado en Eton, se cruza con un narcisista español de izquierdas, que falseó una tesis a los doce años de haber terminado la carrera, sólo puede salir un chiste de esos de nacionalidades… o un absoluto desastre. Ha ocurrido lo segundo. Johnson, que negó la pandemia hasta que el virus le alcanzó de lleno, ha apuntado hacia España para sacudirse responsabilidades mientras Sánchez se miraba al espejo regodeándose con los años de mandato que le quedan por delante. Lo malo de sobrestimar el ego propio es que siempre hay alguien que lo tiene más grande. Ninguno de los dos gobernantes acumula motivos para presumir de su gestión de la catástrofe, pero el británico ha sido más rápido a la hora de señalar culpables y le ha lanzado al ya agonizante sector turístico hispano una pedrada en el escaparate. Lo tenía fácil: sólo debía buscar un país que superase al suyo en tasa de letalidad por millón de habitantes.

Resulta que el Gobierno de la propaganda sólo la hacía de puertas para dentro. El presidente se quedó satisfecho de su faceta de telepredicador dominguero y confió en el poder de un gigantesco aparato publicitario a máximo rendimiento. Pero, ay, se le olvidó que los éxitos, por ficticios que sean, hay que venderlos también en el extranjero. En Gran Bretaña, por ejemplo, cuyos visitantes no votan aquí pero se dejan cada año casi nueve mil millones de euros y suponen para la primera industria nacional un contingente estratégico. A eso se le llama diplomacia económica y, sí, era la materia del doctorado que le dieron por copiar, sin leérselos, fragmentos enteritos de libros ajenos.

También era, y sigue siendo, un asunto de Estado, cuya competencia no puede delegar en las autonomías como el mando sanitario. Se supone que corresponde a la ministra de Exteriores, presunta experta, encargarse de ese trabajo. Sucede sin embargo que la cuarentena del Reino Unido a sus turistas la pilló con el paso cambiado: en la víspera estaba ocupada haciéndose la obsequiosa con el gibraltareño Picardo. El Peñón como eterna, recurrente serpiente de verano. De entre todos los modos posibles de hacer el ridículo eligió así uno de los más ingratos, justo el que añadía un plus de desdén al agravio y convertía la decisión de Londres en una bofetada a dos manos.

La desorientación gubernamental ha hecho de España la perdedora perfecta de un mercado darwinista en feroz competencia. El Ejecutivo se ha desinvolucrado de toda estrategia de salud pública, y en economía lo fía todo a la ayuda europea, que acabará utilizada como un mecanismo de subvenciones directas. En la batalla de la imagen externa ni está ni se le espera. Y el gran Simón, oráculo de la ciencia, se felicita de la deserción inglesa porque le quita un problema. Cráneo previlegiao, que diría Valle, cómo no nos habríamos dado cuenta.

Fernando Simón, vergüenza nacional
ESdiario 28 Julio 2020

El portavoz del Gobierno que más ha mentido a la ciudadanía y más negligencias ha maquillado remata su trayectoria con un desprecio al turismo unas horas después de volver de la playa.

Fernando Simón despreció el impacto de la caída del turismo en la ya degradada economía española, solazándose del plantón del Reino Unido en plena temporada estival. Que lo diga en pleno rebrote, con cientos de contagio por toda España con apariencia descontrolada, desecha el carácter sanitario de su afirmación, que solo tendría sentido en un escenario de control de la epidemia.

Si al menos estuviéramos en cifras contenidas, podría entenderse de un portavoz sanitario que agradeciera la reducción de turistas que sin duda elevan el riesgo. Pero en el actual, en el que España parece correr como pollo sin cabeza hacia una segunda oleada, resulta indecente que nadie se congratule de un fenómeno que genera pobreza sin procurar a cambio un claro beneficio en materia de salud pública.

La frivolidad de Fernando Simón no es nueva, y ha ido acompañada desde el principio de la crisis de una flagrante negligencia y de una ristra de mentiras que aún hoy sostiene sin pestañear. Fue él quien, pese a tener todas las alertas internacionales a su disposición, despreció la alarma y llegó a afirmar que en España solo habría casos aislados.

Cadena de mentiras
Y quien rechazó el uso de mascarillas, animó en marzo a participar en eventos multitudinarios, falseó la mortalidad española al equipararla con la media europea y, finalmente, escondió a 17.000 víctimas mortales sacándolas del recuento oficial. Simón tiene apariencia de médico, pero ha sido y es ante todo un portavoz político que legitima o fabrica coartadas para un Gobierno superado e incompetente.

España es el país con más muertos por Covid-19 del mundo; y uno de los dos con peores efectos económicos en términos de destrucción de empleo, hundimiento del PIB y empobrecimiento general del país. Porque el coronavirus es un fenómeno global, pero sus consecuencias son locales y su magnitud depende la gestión doméstica en cada país.

Las pruebas de que el Gobierno conoció e ignoró las alarmas por coronavirus
Y la del nuestro ha sido y es un desastre por el que nadie paga el precio político, y tal vez judicial, que sin duda debería abonarse. Es inadmisible que Pedro Sánchez se aplauda a sí mismo para camuflar su estrepitoso desastre; pero es indecente que el portavoz de todo ello siga siendo la misma persona que le acompañó en todos los errores.

Que Simón se permita aplaudir la ausencia de turistas ingleses, mientras él mismo ha estado de vacaciones, añade al estropicio general una sensación de impunidad y falta de respeto a la ciudadanía ciertamente indignantes.

Y que algunos se hagan camisetas con su rostro y le propongan para premios de toda laya, confirma el sectarismo vigente en la sociedad española. Nadie con un mínimo apego a la verdad y la justicia puede respaldar a un portavoz infame cuya dimisión debiera ser unánimemente exigida.

El nacionalismo lastra Cataluña
Editorial La Razon 28 Julio 2020

La Comunidad de Madrid se consolida como la primera potencia económica de España, por delante de Cataluña, según los últimos datos hechos públicos por el Instituto Nacional de Estadística (INE) referidos a 2019, que confirma la tendencia apuntada el año anterior por la revisión de la Contabilidad Regional, cuando se produjo el «sorpasso» madrileño, con un PIB que supone el 19,3 por ciento del total de España. Es más, mientras Madrid registró la segunda mayor tasa de crecimiento, por detrás de Navarra, el Principado descendió al puesto décimo, por debajo de la media nacional. En PIB per cápita, Madrid también ocupa el primer puesto, seguida del País Vasco, Navarra y Cataluña.

Sin despreciar en absoluto el efecto arrastre que supone albergar a la capital de la Nación, comodín argumental al que siempre recurren los políticos nacionalistas catalanes para justificarse, lo cierto es que la diferente evolución social y política de los que, a la postre, son los principales motores económicos de España sólo podía conducir a este desenlace, que, entre otras cuestiones, pone de manifiesto que las ideologías no son inocuas, sino que marcan sensiblemente el progreso de los pueblos. Con un factor añadido para el caso catalán, como es que la deriva nacionalista de la última década ha supuesto una dispersión de esfuerzos, ciertamente estériles, que han impedido a sus ciudadanos aprovechar en toda su potencia la reciente ola de crecimiento. Asusta pensar en las consecuencias a medio plazo que puede traer para Cataluña la presente crisis del coronavirus, con unos gobernantes autonómicos inmersos en sus pugnas internas y, al parecer, más preocupados por mantener viva la llama del proceso de autodeterminación que en solucionar los crecientes problemas estructurales de la región.

Y, pese a la cultura de la queja, absurdo que se ha instalado en buena parte de una sociedad que, de siempre, ha sido un referente para el resto de los españoles del progreso, el empeño y el buen hacer, Cataluña se ha convertido en la comunidad que exige un mayor esfuerzo fiscal a sus ciudadanos, que más impuestos propios tiene y que más altos gravámenes aplica a los tramos estatales cedidos, con el inevitable efecto disuasorio sobre las inversiones productivas y el reclutamiento de nuevos talentos. A la mayor presión fiscal, cuyo emblema son los impuestos de sucesión, hay que añadir una burocracia desmesurada, concebida para replicar exactamente las instituciones estatales, que no sólo condiciona el libre funcionamiento de los mercados, sino, también, alimenta los instrumentos más variopintos del programa político, social y cultural del nacionalismo.

Por contra, la Comunidad de Madrid presenta los índices de presión fiscal más bajos de todas las regiones españolas, ha hecho los mayores progresos en la liberalización de su economía y en la atracción de capitales foráneos, y, culturalmente hablando, se ha convertido en el referente nacional. Detrás de este éxito hay, como hemos señalado anteriormente, un insoslayable componente ideológico, el que ha representando las políticas de los gobiernos del Partido Popular durante las últimas décadas. Por supuesto, Madrid tiene mucho camino por recorrer y muchas deficiencias que corregir. La pandemia, que ha golpeado con inusitada fuerza a la región, ha puesto dramáticamente de manifiesto algunas de ellas, especialmente en el campo de la Sanidad. Pero ya están en marcha los proyectos necesarios para que, a poco que el virus conceda una tregua, el sistema sanitario reciba los refuerzos que precisa. Cataluña tiene que reaccionar en un sentido opuesto al que le han llevado las políticas de los partidos nacionalistas, que, y es lo más grave, han tenido tensionada gratuitamente a la sociedad durante tres largos años. De ser así, volverá a encabezar lo mejor de España.

******************* Sección "bilingüe" ***********************
España, récord mundial de manipulación de las cifras del coronavirus

OKDIARIO 28 Julio 2020

No hay Gobierno en el mundo que haya manipulado con tanto desahogo -y lo siga haciendo- las estadísticas con la cifra de contagios y muertes del coronavirus como el Ejecutivo socialcomunista que preside Pedro Sánchez. Lo ha hecho desde el primer minuto de la pandemia. El último ejemplo de la manipulación de los datos diarios de nuevos contagios ha llegado en pleno rebrote. OKDIARIO tiene las pruebas del engaño.

Desde el 1 de julio y hasta el 26 de este mes, el Ministerio de Sanidad ha reconocido diariamente un total de 15,53 casos de contagio por cien mil habitantes. Eso es lo que el Gobierno ha comunicado a nivel nacional, pero los datos que facilita a la OMS y a la agencia de control de enfermedades de la UE no tienen nada que ver. El Ejecutivo socialcomunista reconoce ante estos dos organismos internacionales una cifra de contagios de 49,23 casos por cien mil habitantes. O sea, más del triple.

De este modo, ya es imposible que instituciones y organismos mundiales sepan a qué atenerse. España presenta cifras distintas según se trate de las que anuncie el Gobierno, las Comunidades o las que el propio Ejecutivo nacional ofrece al exterior.

El Ministerio de Sanidad ha comunicado la mitad de los casos de contagio por coronavirus que la Generalitat de Cataluña desde el inicio del mes de julio y hasta mitad de mes. Desde el 1 de julio y hasta el día 17, la Generalitat había reconocido 10.133 nuevos contagios, mientras que el Departamento de Salvador Illa sólo ha admitido 5.723 casos en esa comunidad autónoma. Ahora bien, los datos que el Ministerio de Sanidad reconoce en España no se parecen en nada a los que reconoce en el exterior, un galimatías que se ha traducido en que las estadísticas de España no infunden confianza alguna ni dentro ni fuera de nuestras fronteras.

Es más, entre esos días -1 a 17 de julio-, ni una sola jornada los datos del Ministerio de Sanidad guardan relación alguna con los facilitados por la comunidad catalana y el resto de territorios autonómicos. Los del Gobierno de Sánchez siempre son mejores, pero cuando se comunican a la OMS las cifras de contagios se multiplican. Somos el hazmerreír del mundo. Sencillamente vergonzoso.


 


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