AGLI Recortes de Prensa   Viernes 31  Julio  2020

La UE desnuda las mentiras del Gobierno: faltan 20.000 muertos
OKDIARIO 31 Julio 2020

Eurostat, la Oficina Europea de Estadística que surte de datos a la Comisión Europea, ha colocado a España al frente de las naciones cuyas estadísticas oficiales en relación al número de fallecidos por el Covid se alejan más de la cruda realidad. O sea, que la UE apunta a que lo que dice el Ministerio de Sanidad se queda corto, pues faltan alrededor de 20.000 muertos. Según Eurostat, las víctimas mortales son 48.500, mientras que el Departamento de Salvador Illa solo reconoce 28.441. De este modo, España ostenta el tristísimo récord de muertos a causa de la pandemia en la UE, por delante de Italia con 44.900, Francia con 27.800, Alemania con 11.300, Holanda con 9.500 y Bélgica con 8.850.

En ninguna nación de la UE, la diferencia entre muertos oficiales y muertos reales es tan elevada como en España, por mucho que el Gobierno socialcomunista se empeñe en justificarse con el argumento de que todos los países siguen los mismos procedimientos de recuento. Es, sencillamente, mentira, porque en ningún otro país han desaparecido de las estadísticas los fallecidos en las residencias de ancianos, que tristemente constituyen el grueso de víctimas mortales. Hay que recordar que Fernando Simón llegó a cometer la indecencia de afirmar que la diferencia existente entre los muertos confirmados por Covid y los muertos de los registros o del Sistema de Monitorización de la Mortalidad Diaria (MoMo) se podía deber a «accidentes de tráfico». Eso cuando España estaba en cuarentena y la circulación de vehículos estaba en mínimos históricos.

Y ya que hablamos del MoMo, Navarra y Castilla-La Mancha , según este sistema de medición diaria de fallecidos, son las comunidades con mayor incremento de mortalidad por el Covid. El Gobierno socialcomunista acusó a la Comunidad de Madrid de Isabel Díaz Ayuso de ser la culpable de los muertos en las residencias, pero la realidad demuestra que fueron dos territorios gobernados por el PSOE donde la pandemia resultó más letal.

La UE retrata al Gobierno de Pedro Sánchez y desnuda sus mentiras. Podría decirse que nunca la falsedad sistemática de un Ejecutivo resultó tan obscena y tan siniestra.

Cuando la mentira te convierte en candidato a ministro
Jaime Manuel González Martínez okdiario 31 Julio 2020

Al final, tal como anticipó OKDIARIO el pasado 11 de mayo, se ha conocido la verdad: no había comité de expertos y el paso a la siguiente fase de la desescalada no se realizó con criterios técnicos, sino políticos. Pedro Sánchez castigó a la Comunidad de Madrid por cuestiones meramente partidistas. Colaborador necesario de las mentiras del Ejecutivo socialcomunista, el coordinador de Alertas, Fernando Simón, llegó a decir en su día que no facilitaría los nombres del supuesto comité de expertos «para que trabajaran en libertad y sin presiones».

En el colmo del cinismo, Simón añadió que «yo creo que lo que mejor podemos hacer es que hagan su trabajo correctamente y de la forma más independiente posible». No se puede tener más cara que la de este tipo que pronosticó que en España no habría más de cuatro o cinco casos de coronavirus y que lleva cinco meses subido a lomos de la falsedad más descarada.

Ha sido el propio Gobierno el que ha tenido que reconocer que ese comité de expertos no existió jamás y que en realidad quienes tomaban la decisión de que una Comunidad pasara o o no de fase eran los altos cargos del Ministerio de Sanidad. Era mentira el comité y era mentira lo que dijo Fernando Simón, que en cualquier país serio del mundo habría sido destituido de inmediato por faltar a la verdad de manera reiteradamente obscena. Sin embargo, Simón -que hace días asestó una puñalada al sector turístico español al agradecer a Gran Bretaña su decisión de poner en cuarentena a los británicos que regresaran a su país procedentes de España- sigue en el cargo y, como hemos informado, cuenta con posibilidades serias de ser ministro de Sanidad si el actual titular, Salvador Illa, es designado candidato del PSC a las elecciones catalanas.

En esta etapa negra de la historia de España que nos está tocando vivir, la mentira es un mérito para llegar a ser ministro. Tiene su lógica: si el mayor mentiroso es Pedro Sánchez, quienes emulen al jefe llegarán alto. Por eso, la carrera política de Fernando Simón es claramente ascendente.

Moción a favor de Sánchez
Entiendo que las estrategias de partido son las que son, pero a esta no le veo ningún beneficio más que comprometer al PP
Carlos Herrera ABC 31 Julio 2020

Que sí, que sí, que ya lo sé, que Vox tiene todo el derecho a presentar una moción de censura para sustituir a Pedro Sánchez en la presidencia del Gobierno. Que yo ya sé que cualquiera resultaría mejor gestor que este cuentista patológico. Que tiene los diputados necesarios y está en plazo exacto y todo ese tejemaneje imprescindible también lo sé. Pero sé más cosas y no estaría de más que también las supiesen los votantes de la formación de Abascal.

Primera: que esta moción, en realidad, no va contra Sánchez, sino contra Casado. La formación derechista sabe que sobre el ámbito político en el que se mueven ellos, el PP y hasta puede que lo que quede de Ciudadanos, revolotea una pregunta que se hacen muchos votantes de esas formaciones: ¿tiene utilidad votar a Vox? Indudablemente, para los más cafeteros de la derecha creará una suerte de desorientación que el PP no vote afirmativamente la defenestración de Sánchez, y en ese convencimiento está la esperanza de Vox de comerle terreno a los populares en momentos en los que las encuestas no les son favorables. Un poco de veneno en el electorado popular siempre les será útil.

Segunda: la moción es meramente retórica, instrumental. Por supuesto no saldrá adelante y lo único que permitirá es una innegable visibilidad del líder de la formación que la interpone pero, a su vez, una indudable realimentación al objeto de su invectiva.

Tercera: Nunca se ha visto en otra así Pedro Sánchez. No me lo digan que ya lo sé: el tipo que lleva mintiendo desde que obtuvo su acta de concejal se merece un pequeño episodio parlamentario en el que se enfrente a sus embustes. De acuerdo. El último de sus engaños: no existía el famoso Comité de Expertos, era una maniobra de despiste, todo se resumía en Fernando Simón y sus secretarios. Pero aún así y con la bochornosa panoplia de los aplausos aborregados de sus ministros y parlamentarios, Sánchez podrá desarrollar su mejor papel: el de víctima. Qué más quiere un presidente «progresista» que ser objeto de la inquina de lo que él insiste en llamar «La Ultraderecha». Le regalan el papel de hombre centrado que resulta objeto de las iras de los envalentonados enemigos de la concordia y la convivencia. No se ha visto en otra.

Cuarta: el momento de presentar la moción se verá adornado con el otoño más pavoroso que se recuerda. Los independentistas catalanes echarán espuma por la boca por la vuelta a prisión de sus héroes delincuentes, pero eso no será óbice para que desdeñen la pretensión de Vox. El paro alcanzará cifras delirantes y el rebrote de la Covid, por más que no preocupe ahora al surfista Simón, complicará mucho el desarrollo natural de las cosas. La inestabilidad se presume cósmica. Vox tendrá que aguantar que le reprochen que dedique sus energías a malgastar munición de fogueo: porque eso será la moción, no fuego de artillería, sino fuego de artificio.

Y Quinta: recuerden lo que dijimos de la moción de censura que presentó el cantamañanas de Pablo Iglesias contra el gobierno de Rajoy. Le sirvió para recibir algún que otro tarascazo, pero no le hizo más líder ni le reportó votos del partido socialista, que es lo que esperaba. No le supuso un espaldarazo en ningún tipo de encuestas, ni siquiera en las del pastelero Tezanos.

Entiendo que las estrategias de partido son las que son, y que revertir momentos delicados requieren decisiones arriesgadas, pero a esta no le veo ningún beneficio más que comprometer al PP y complacer al indeseable inquilino de La Moncloa.

Recuerdo como si fuera ahora la reacción de Felipe González cuando supo de la moción que le presentaba Hernández Mancha: «Lo he incluido en el capítulo de “varios”». Y como tal quedó.

Apariciones y desapariciones
Nota del Editor 31 Julio 2020

Entre los creyentes, las apariciones tienen un efecto seráfico, y entre los españoles, las desapariciones (comunistas, filoterroristas, separatistas, PSOE y PP) serían un milagro.

Esperar que el PP haga algo, con la experiencia de su traición durante más de cuarenta años, está fuera de toda lógica y la única alternativa es Vox.

Los de Vox no son tontos
Vicente Torres Periodista Digital 31 Julio 2020

Bastó que Abascal anunciara la presentación de una moción de censura en septiembre para suscitar todo tipo de comentarios, e incluso el recochineo de Sánchez. Pero no debería reírse tanto este felón redomado, puesto que todos los parlamentarios de Vox que han intervenido en el Congreso o en el Senado han demostrado que son más inteligentes que él.

Este detalle, el de brillantez de los diputados de este partido, debería haber bastado para examinar el asunto con más atención.

En estos tiempos que corren, los vagos y los malintencionados lo resuelven todo poniendo etiquetas, y a Vox le caído la de extrema derecha, que no le corresponde, aunque alguno de sus miembros sí lo parezca. Ya lo he dicho otras veces, creo que Vox es nacionalista al estilo británico o francés. «Un francés, primero es francés y luego lo que sea», este modo de pensar, referido a España es el que le atribuyo a Vox.

El anuncio anticipado de la moción de censura puede deberse al deseo de aprovechar una ocasión única y estar disfrutando de ella desde el momento del anuncio. Porque las circunstancias del otoño no van a ser las mismas de ahora, y en esa ocasión a Sánchez se le van a incrustar como puñales esas vacaciones de lujo que se dispone a disfrutar, con el dinero de los españoles, mientras muchos de ellos se van a la ruina.

Hay que recordar que en septiembre de 2011 Zapatero era un zombi, porque estaba muerto políticamente. Lo que hace ahora no es política y es posible que este otoño la policía de Estados Unidos dicte orden de busca y captura contra él y unos cuantos más.

Pero, sobre todo, este otoño llega la hora de la verdad para Sánchez, ninguno de cuyos socios es de fiar, porque ha de decidir dónde aplica los recortes y qué aumento de impuestos ordena.

Y entonces resonará fuerte la voz de Vox diciendo que hay que suprimir los chiringuitos. Eso también lo llevaba el PP en su programa. Digo que sonará fuerte porque la escucharán todos los afectados, funcionarios, pensionistas…

Puede que pierda la votación, pero el debate lo ganará.

Moción de esperanza
Santiago Navajas  Libertad Digital 31 Julio 2020

¿Qué otra cosa nos queda sino la esperanza de que haya alguien que se atreva a desafiar el abismo?

Es interesante tácticamente la moción de censura que ha anunciado Vox contra la gestión de Pedro Sánchez y, de paso, a la oposición del PP y Ciudadanos. ¿Cabe la posibilidad de que a raíz de ella se convierta Santiago Abascal en el líder electoral de la derecha? ¿Y de que, de paso, Sánchez termine por barrer a Iglesias? La cuestión no es tanto por qué Vox presenta una moción de censura sino por qué no la presenta el PP.

Una moción de censura cabe perderla en el presente pero ganarla en el futuro. La democracia parlamentaria es un sistema dinámico, no una foto fija. Y un referéndum permanente en el que no importan sólo los números sino las razones y los valores. Sánchez tiene todos los números pero ni rastro de razones, no digamos valores. Una moción de censura funciona de facto como una enmienda moral a la totalidad. Y en España hemos vivido pocas debacles gubernamentales como la actual. Aplausos incluidos de unos diputados reducidos a palmeros y de unos ministros convertidos en mariachis. Todo ello a mayor gloria de Iván Redondo, esa mezcla del cinismo propagandístico de Goebbels y el almíbar sentimental de Frank Capra.

Por otro lado, el PP y Vox juegan estrategias diferentes. El partido de Casado se ha acostumbrado no tanto a ganar sino a aprovechar que pierda el PSOE. Vox, que disputa al PP el liderazgo en la derecha, tiene que seguir una táctica a contrapelo de la del PP, no pasiva sino activa e ignorando la politología ortodoxa y a casi todo el establishment mediático.

No simpatizo con Vox ni en el fondo ni en la forma, pero aplaudo su atrevimiento al desafiar ciertas convenciones establecidas del statu quo político y social. Que haya una derecha conservadora, por otro lado, equilibra el descompensadísimo panorama político español, en el que ser de ultraderecha se asimila a ser heredero de Adolf Hitler mientras que ser de extrema izquierda se contempla como una combinación de Nelson Mandela y Meryl Streep. Algo así como Javier Bardem.

La democracia liberal consiste fundamentalmente en poder cambiar el Gobierno sin derramamiento de sangre, decía Popper. Pero debe ser algo más: poder cambiar de paradigma filosófico, de marco de discusión conceptual, a través del Parlamento, la Academia y las tribunas periodísticas. El hecho es que cambian los Gobiernos pero las ideas permanecen, siempre escoradas a la izquierda. Vox y Podemos han venido a ampliar el rango de la discusión. Paradójicamente, si por ambos partidos fuera la libertad de expresión se reduciría y la esfera de derechos se estrecharía. Pero también hacen objeciones correctas, aunque por las razones equivocadas, como la crítica a la metástasis del sistema autonómico por parte del partido de Santiago Abascal o la regeneración constitucional que necesita la Monarquía por parte de los de Pablo Iglesias.

En el caso de la moción de censura, el atrevimiento de Vox es el enésimo revulsivo para que el PP salga del letargo ideológico en el que está sumido tras años de rajoyismo, de silenciamiento de los intelectuales, de tecnocracia roma y de corrupción dentro y fuera del partido, con unos políticos más interesados en hacer contactos profesionales que en librar la batalla de las ideas y unos tertulianos afines que parecen congelarse fuera de la zona de confort del núcleo irradiador de La Sexta. Vivimos una reedición en forma de farsa del pacto entre Cánovas y Sagasta para el reparto del poder, solo que dicho reparto no es simétrico, ya que el PP hace simplemente de correa de transmisión del motor de leyes y conceptos que impone el PSOE, el cual gobierna de iure cuando está en el Gobierno y de facto cuando está en la oposición.

La moción de censura se perderá, como también Felipe González se estrelló contra la mayoría de Adolfo Suárez en el año 1980, aunque le sirvió al dirigente socialista para lanzarse como líder de la nación. El objetivo de dichas mociones no es tanto ganar como revelar que un proyecto político gubernamental está agonizando y cabe esperanza de una alternativa. 45.000 muertos después, millones de desempleados, hipotecados de por vida a la UE y con un Gobierno cuyo único programa es la mentira, porque tiene no tiene votantes racionales sino creyentes fideístas, ¿qué otra cosa nos queda sino la esperanza de que haya alguien que se atreva a desafiar el abismo?

Simón en los infiernos
El sueldo del señor Simón no se verá afectado. El de millones de españoles se verá sólo destruido
Gabriel Albiac ABC 31 Julio 2020

La metáfora tiene su origen en el libro VI de la Eneida. «Es fácil descender a los Infiernos...», acaba de anunciar la Sibila. Pero advierte al héroe virgiliano de que eso es sólo el anticipo de la auténtica tragedia: reponerse de una caída que arraigó en la tiniebla de lo irreversible. «Debes saber, tú, nacido de la sangre / de los dioses, troyano Anquisíada, / que es fácil la bajada al Averno: / de noche y de día está abierta la puerta del negro Dite; / pero dar marcha atrás y escapar a las auras del cielo, / ésta es la empresa, ésta la fatiga».

Hemos vivido una caída de ya más de cuatro meses. Pero caer es sencillo. Los sedantes no faltan para hacernos insensibles al dolor incluso de ese derrumbe. De esos sedantes ha hecho uso obsceno el poder vigente en España. No hay asombro en ello. Para un mando populista, todos los medios de consolidar la jefatura del líder están permitidos. ¿Mentir? Mentir es el más elemental de todos ellos. Los de Iglesias nunca ocultaron su visión de la política como una artesanía del «relato»: porque lo que construye subjetividad -y, con ella, obediencia- no es la realidad nunca de lo que pueda haber sucedido; construye subjetividad el «mito», que es la palabra griega que dice lo que nosotros llamamos «narración», o, con el tópico acuñado por la banda de sacamuelas, «relato». Guy Debord profetizó este triste mundo de los sinvergüenzas, en el cual las escenografías desplazarían lo real y blindarían así nuestra condición de siervos. Pero Debord anunciaba eso con horror. Los trileros de ahora lo juzgan paraíso. Para ellos.

Llega el verano, que es el tiempo ilusorio de nuestras fingidas fugas del cotidiano infierno: la promesa repetida de paraíso, cuyo cúmulo de fantasías nunca será cumplido, por supuesto, pero que permite, al menos, soñarlas. Planificar el paraíso es el único paraíso que, al fin, posee un animal de tiempo y medios tan precarios como los nuestros. Y, al menos, en ese ensueño hacemos presentes nuestros deseos. ¿Insatisfechos? Eso carece de importancia: el deseo se proyecta siempre sobre un imposible; dibujar en nuestras mentes el plano de nuestras limitaciones, de nuestras carencias, nos da -no es poco- la fuerza de hacer rodar la ironía sobre nosotros mismos. «Soñé el paraíso y desperté bajo una sombrilla apretujada entre gordos, gordas y criaturas chillonas». La risa es siempre curativa: sobre todo la risa que proyectamos sobre nuestro espejo.

Es esa proyección fallida la que no va a tener espacio imaginario sobre el cual fingirse este verano. Todos sabíamos, al cabo de los meses de pandemia, que no habría, esta vez, verano que mereciese tal nombre. Tras escuchar al señor Simón vejar a los viajeros ingleses, belgas, franceses y alemanes -esto es, a los clientes de cuyo consumo turístico vive España-, sabemos además que no es sólo el verano lo que hemos perdido: el señor Simón -aún no destituido por las autoridades- ha condenado a muerte a la economía española a partir de este otoño. El simpático derrumbe del negocio turístico, que tanto regocija al histriónico representante del Gobierno en cosas de pandemia, no sólo hunde el área vital de la economía española que son agencias de viaje, hoteles, bares, restaurantes...; arruina a todas las actividades que surten a ese inmenso sector. El puesto y el sueldo del señor Simón, eso sí, no se verá afectado. El de millones de españoles se verá sólo destruido.

«Es fácil descender a los infiernos». ¿Salir de allí? Si te llamas Simón, es facilísimo.

******************* Sección "bilingüe" ***********************¡Socorro, gestionan los independentistas!
Teresa Giménez Barbat okdiario 31 Julio 2020

¿Se acuerdan de lo de la gente “más preparada”? La excelencia en todos los ámbitos, políticos, sociales, económicos y de gestión, ha sido puntal en las peticiones de principio de los nacionalistas. Formaba parte del propio mito de la superioridad catalana. Las bravatas más recientes, con sus golpes alfa en el pecho y alardeos presuntuosos, se dieron durante el confinamiento por causa del coronavirus: en una Cataluña independiente le hubiéramos dado una lección a España por lo bien que nos hubiéramos salido de la pandemia. Las cosas se pusieron tan mal como en otros sitios porque, con el estado de alarma, “nos habían quitado las competencias”. Bien, la prueba del algodón ya la tienen: la devolución de las competencias autonómicas, como quien devuelve una sartén al rojo y ya os apañaréis, por parte del gobierno central no ha llevado a una explosión de buen hacer y de inteligencia natural aplicada sino a un desastre pinchado en un palo. El fin del mando único y esa devolución no sirvió para que el Govern mostrara una mayor coordinación con las comarcas. Ni siquiera mano izquierda: cuando decidió confinar el Segrià, en Lérida, no consultó a los ediles de la zona, que se amotinaron. Y en el área metropolitana no fue mejor: no informó a Nuria Marín, la alcaldesa de Hospitalet de Llobregat, por ejemplo.

¿Qué otra cosa podríamos tener con este gobierno (del de España, hablamos otro rato) de activistas mochileros? ¡Si sólo saben hablar de sus fantasías! Lo primero que han hecho al salir de la cárcel los políticos enchironados por juguetear con golpes de estado es decir que van a volver a las andadas. Las declaraciones de Junqueras (“soy bueno, soy honrado, soy” … ¿un inútil?) son para hundirse en la miseria. Un amigo mío acaba de pasarme un vídeo donde se muestra un encadenamiento de locales cerrados en la antes comercial y bastante selecta (¡Calzados Álvarez!) Plaza de Gala Placídia. Hasta con sus grafitis en las persianas indicando que no es de un día. Sólo quedan bares y comercios de pan. Vamos a tener pan por un tubo, no da para más.

Sí, la gestión de la pandemia ha sido previsible: dime de lo que presumes y te diré de lo que careces. Pero yo tenía un poquito de esperanza: aquí hay gente buena, ¿dónde está? Cataluña puede dar mucho más, Barcelona puede dar mucho más. Qué daño ha hecho la histeria de masas que ha producido el martilleo inclemente del secesionismo ubicuo, por tierra, mar, aire y medios de comunicación: esto ya no lo quiere nadie. Y la maquinaria de propaganda sigue engrasada. Así, seguiremos hundiéndonos.

Algún día tendremos que saber por qué el president Torra prescindió de su comité de científicos para combatir el Covid-19 y confió sólo en las instrucciones de Protecció Civil, dependiente del Departamento de Interior. Es un organismo compuesto principalmente de cargos políticos. Recordemos que Torra anunció el fichaje de Oriol Mitjà, experto en enfermedades infecciosas, para asesorarle y al final se le rebotó (en Twitter, Mitjà expresó su «decepción» con el Govern usando expresiones fuertes como «componenda de idiotas»).

Pero su caso no fue el único en este proyecto de incorporación de lo que algunos denominaron «ciencia catalana», que nunca se formalizó (igual que en el Gobierno de España el suyo). La dirección de la Agencia de Salud Pública estuvo dos meses vacante tras la dimisión de Joan Guix hasta que el director gerente del Institut Català de la Salut, Josep Maria Argimon, aceptó compatibilizar ambos cargos. Muy excelentes y nos pilla el toro. Los independentistas nunca pueden creer que las cosas no saldrán como imaginan. «Las autoridades sanitarias pensaron que tendríamos una pausa del virus en verano, aunque no sé en qué datos se basaron», explicó Álex Arenas, matemático que supuestamente se incorporaba al comité de sabios, al Financial Times. Como siempre, la realidad no es como los separatistas imaginan.

No queremos ser héroes
Sergio Fidalgo okdiario 31 Julio 2020

Millones de catalanes y vascos no secesionistas no queremos ser héroes. Solo queremos ser ciudadanos de pleno derecho en nuestra nación, un país democrático que se llama España. Pero no podemos, porque en Cataluña o el País Vasco tenemos que elegir entre ser héroes, o ser silentes. Hemos de escoger entre luchar contra el totalitarismo separatista de Puigdemont, Junqueras, Urkullu o Otegi, o en ponernos de perfil para evitar problemas con el vecino de JxCAT, el cuñado de la CUP, el casero del PNV o el jefe de tu oficina que es de ERC.

Muchos catalanes, y vascos, no secesionistas nos sentimos solos, porque los sucesivos Gobiernos de España no se han tomado en serio el desafío que el secesionismo lleva preparando contra nuestra democracia. Unos dejando hacer, y otros pactando durante años con los nacionalistas. Buena parte del territorio catalán y vasco son zonas hostiles para todos aquellos que quieran reivindicar que nuestro país es un Estado de derecho, en el que se han de respetar las leyes de las que nos hemos dotado todos los españoles. En la Cataluña de los lazos amarillos, que es más del setenta por ciento del territorio de esta comunidad autónoma, alzar la voz contra la estelada y reivindicar la rojigualda significa pagar un alto precio. De entrada, el desprecio de tus convencinos y la muerte civil. Y lo mismo en amplias zonas de Vizcaya o Guipúzcoa.

Eso obliga a aquellos catalanes y vascos que, por dignidad, quieren defender sus derechos civiles, a convertirse en héroes. Aquellos que combaten el separatismo para no acabar siendo ciudadanos de segunda, han de seguir un camino lleno de baches y dificultades. Y en una democracia nadie ha de ser un héroe. El totalitarismo separatista debería ser combatido por el Estado de derecho, por todos los poderes de un país que han de velar por la igualdad y el bienestar de todos los españoles. No por ciudadanos que se juegan el tipo ante los abusos de los nacionalistas.

Por desgracia, esto no es así. Mientras la Generalitat de Cataluña, o el gobierno autonómico vasco, trabajan para crear ciudadanos de primera, y ciudadanos de segunda, nadie les planta cara y les responde desde la Administración General del Estado. La presencia del Gobierno de España en estas dos comunidades es cada vez menor, y los aparatos de propaganda de PNV, JxCAT, Bildu o ERC están consiguiendo que todo lo que suene a “España” sea para muchos vascos y catalanes lo mismo que “dictatorial”.

A Torra, cuyos comentarios despreciativos hacia los millones de catalanes no secesionistas le invalidarían para ejercer cualquier cargo público, no hay que recibirle. Hay que combatirle democráticamente. No hay que intentar atemperarlo, se le ha de exigir que cumpla las leyes. No hay que darle más dinero sin control, lo que hay que hacer es evitar que malgaste dinero público en propaganda separatista. Y lo mismo con los “sensatos” del PNV y los “rehabilitados” de Bildu.

Por desgracia, lo que aquí decimos no es solo un problema de País Vasco y Cataluña. Otras regiones como Navarra, Aragón, Baleares o la Comunidad Valenciana corren el mismo peligro. Y como nos descuidemos, también Galicia. Lo que debería ser una prioridad nacional se evita afrontar con seriedad y decisión para no “molestar” a una miríada de partidos de profunda raíz antidemocrática. Y lo que debería hacer el Estado, lo acaban haciendo un puñado de “héroes” que nunca quisieron serlo, porque lo único que buscan es ser ciudadanos libres e iguales de su país. Un país llamado España al que no quieren ver roto y convertido en media docena de dictaduras regionales gobernadas por nacionalistas.

La asignatura pendiente del Estado
Antonio Robles  Libertad Digital 31 Julio 2020

Sin un proyecto de Estado, España como nación de ciudadanos libres e iguales está a un paso de la ruina.

La política en España se ha convertido en una lucha marrullera entre gañanes con un horizonte limitado a sus intereses personales, de partido o de campanario. Falta altura moral para datar los problemas de esa baja política que precede y genera la carcoma de la alta política, y que erosiona o fortalece las soluciones de Estado.

Estamos tan aturdidos por las zancadillas de la lucha partidista diaria que no vemos el bosque. De hecho, si esta columna, o cualquiera de las otras muchas que saldrán hoy en otros medios, no se para a comentar los últimos zarpazos que se han dado los padres de la patria se despreciará por estar fuera de la realidad; cuando no pararse un instante a pensar lo que nos pasa como sociedad, como Estado, es lo que nos impide liberarnos de tanta casquería y de tanto zascandil.

Sostenía Nicolás Redondo en la presentación de Equidistantes exquisitos el pasado lunes en Madrid, aludiendo a Zapatero como responsable de su abandono de la política:

Yo abandoné la actividad política por los impedimentos que se nos impusieron a los socialistas vascos en nuestra política de acción conjunta con el PP contra el terrorismo etarra y la negligente y dudosa combatividad del nacionalismo institucional, representado por el PNV de Arzallus e Ibarretxe. Tal vez, relacionado con el expresidente y Maragall, tenga interés constatar cómo cuestiones de índole menor, en este caso la necesidad de hacer oposición a un todopoderoso PP, llevó a Zapatero y a Maragall a proponer un nuevo estatuto de autonomía (...) vemos la desproporción entre la política partidaria y la política de Estado, la política pequeña y la política con mayúsculas, la política de los pícaros y la gran política; diferencias que ellos no supieron establecer ni ver.

Esta reflexión sosegada de las causas de lo que nos pasa como sociedad cada vez más crispada nos debería persuadir de que, sin un proyecto de Estado, España como nación de ciudadanos libres e iguales está a un paso de la ruina.

Todos los campanarios de España tienen un proyecto étnico, identitario, lingüístico, simbólico, y un enemigo para referenciar sus desgracias, la propia nación, el Estado que justifica su existencia y garantiza sus derechos. El único que carece de esa fuerza magnética para mantener unido lo diferente es el propio Estado. Un país de necios, una nación sin autoestima, que ni siquiera repara en la responsabilidad de su propia ruina. Hasta uno de sus vicepresidentes sostenía el martes sin despeinarse que no entraba a valorar "la calidad jurídica de una decisión judicial", aunque "políticamente", barruntó, la "suspensión de la semilibertad de los presos independentistas es una mala noticia" para los que defienden el diálogo en Cataluña y "afrontar el conflicto en el marco legal vigente".

¿Qué pretende? ¿Que las decisiones judiciales se dicten en función de las decisiones políticas, y, más concretamente, las suyas? ¿No tiene bastante con debilitar la soberanía del Estado frente a los delincuentes que la quieren socavar, que además lo hace mediante la destrucción de la separación de poderes? ¿En esto ha quedado su crítica compartida con los nacionalistas contra la "judicialización de la política"? ¿En proponer la politización de la Justicia?

Cuando un Estado ha llegado a estas perversiones democráticas en nombre del diálogo democrático, está cerca de su ruina. Pero, precisamente por ello, podría estarlo de su solución. Vuelvo a Nicolás Redondo. Hay que alzar la vista, desembarazarnos de la maleza de la pequeña política y atrevernos a diseñar un proyecto de Estado para Cataluña y el País Vasco y, si no nos damos prisa, también para Galicia. Un proyecto de Estado liderado por los dos grandes partidos nacionales. A grandes males, grandes remedios. A empecinadas diferencias partidistas, intereses soberanos. Como el bien común.

El Parlamento, sede lamentable de la bufonada socialista
​El TS, el que dictó la sentencia en la que se condenaba a la cárcel a todos estos señores injustamente excarcelados, ha revisado la decisión del Juez de vigilancia que concedió el tercer grado a todos los condenados por delitos por actos de sedición y ha decidido
Miguel Massanet diariosigloxxi 31 Julio 2020

El peloteo organizado por el PSOE para encubrir el fracaso del señor Pedro Sánchez en la gestión de la pandemia y de la propia economía española, no es más que el canto del cisne de una política errónea, que no tiene otra salida más que su dimisión como presidente del Gobierno.

Podríamos decir que, gracias a la señora Merkel que, por lo visto, le ha tomado cariño a nuestro señor Sánchez, nuestro presidente ha conseguido el apoyo pecuniario de Europa, pese a que se ha callado las condiciones bajo las cuales vamos a percibir el apoyo económico que se nos ha concedido, que nada tienen que ver con las declaraciones de algunos ministros de su gabinete que siguen insistiendo en que no se ha pagado ningún precio ni se ha aceptado ninguna condición por el dinero que se nos ha prestado ni por el que vamos a recibir a fondo perdido que, sin duda, va a estar sometido a una férrea vigilancia por los países que se han venido oponiendo a que se concediera la ayuda gratis et amore como, entre otros, está Holanda, con su belicoso primer ministro, que es evidente que no van a actuar como convidados de piedra si observan alguna desviación en cuanto al destino preasignado a los fondos que se entregan a España, condicionados a un destino prefijado. Es evidente que la señora Merkel ya no es aquella dama de hierro que ponía firmes a toda Europa y que, últimamente, quizá por su mala salud, ya no tiene la influencia ni la autoridad para imponer a los países más rebeldes el cumplimiento de sus condiciones para que consiguieran aquellos créditos que solicitaban.

Y es que la canciller alemana ya debería saber que Sánchez está llevando a cabo una política que no llevará a nuestra nación más que hacia su autodestrucción y, con grandes posibilidades de que se pueda convertir en una cabeza de puente, en la CE, de este nuevo comunismo bolivariano que no sabemos si, con la colaboración de Iglesias o sin ella, parece que quiere implantar en nuestra nación como único recurso para asegurarse el mantenerse en el poder, mediante una dictadura al estilo de la del señor Maduro, en Venezuela, algo que, evidentemente no podría conseguir si, tal como se van desarrollando los acontecimientos y la perspectiva económica de crisis que ya se nos va anunciando, con el añadido de unos cálculos fallidos con respecto a la evolución de la crisis del coronavirus, que es evidente que no va por los derroteros que los “sabios” que aconsejaron a nuestros gobernantes, incluido a este científico, Fernando Simón, que se nos presentó como el gran “pope” que iba a conducir la lucha contra una pandemia; nos venían augurando como de poca importancia y sin que representara un peligro verdadero para la ciudadanía española; si es que ahora, ante los nuevos acontecimientos a los que deberemos enfrentarnos, este recalcitrante virus, pese al calor bochornoso por el que estamos pasando parece, no solamente más brioso, sino que ha adelantado la fecha en el que se presumía que volvería a renacer, dándoles en las narices a todos aquellos presuntuosos que, sin saber nada, decidieron apoyar al Gobierno que, evidentemente, todavía estaba más ignorante que ellos, ante un desafío que no quisieron afrontar en el momento oportuno y que, cuando no tuvieron más remedio que hacerlo, ya los muertos no cabían en los tanatorios. Si habláramos de un partido de fútbol es evidente que, en estos momentos, el Covid 19 estaría ganando por goleada al equipo de “sabios” que han estado dirigiendo, en España, la lucha contra la pandemia.

Aplausos a manta, ovaciones de las huestes socialistas en el Parlamento dirigidos a su líder que, con rostro de circunstancias los agradecía sin que se le cayera la cara de vergüenza de tener que recurrir a semejantes trucos, evidentemente preparados de antemano, para intentar contrarrestar su fracaso, no solamente en cuanto al resultado de sus negociaciones europeas, donde no ha conseguido que se le dieran las ayudas correspondientes a la parte de fondo perdido sin condiciones, para que él pudiera distribuirlas a su antojo, sino que sus relaciones con Pablo Iglesias siguen tensas debido a la situación evidentemente inestable del líder comunista, asediado por la Justicia que amenaza con ponerle en graves aprietos por diversas cuestiones que le afectan directamente y que no van a contribuir a mejorar su imagen, ya bastante deteriorada, ante aquellos españoles que tuvieron la debilidad de votarlo, cada vez menos si tenemos que atender a lo que vienen anunciando las encuestas y a los resultados obtenido por Podemos en Galicia y el País Vasco.

Y en este contexto no podemos de dejar de pensar en el problema catalán, otro de los puntos flojos de la política del PSOE que, por necesidades de la mayoría parlamentaria, se ve precisado a hacer encaje de bolillos para tener contentos al separatismo catalán y, a la vez, intentar no dejarse arrastrar a una negociación, la famosa mesa de diálogo, en la que lo único que puede hacer es tener que ir cediendo parcelas de soberanía nacional, ante las ávidas fauces de los tiburones nacionalistas que, pese a sus disensiones internas entre todos ellos ( cada uno quiere mantener una situación de privilegio respecto a los demás) no dejan de mantener una actitud bastante unificada, cuando se trata de seguir exigiendo al gobierno central que vaya dando pasos en orden una negociación de la que, evidentemente, no puede salir lo que los separatistas desean, pero que no se puede negar que algo siempre van sacando, aunque no sea lo que ellos desearían conseguir.

Sin embargo, no por inesperado, no por lo raro que nos pudiera parecer a los que hemos perdido toda esperanza de que se acabe con estos nacionalismos que tanto daño están haciendo a España, hemos recibido como un hecho de justicia, una decisión que nos reconcilia con determinados sectores de la Justicia y como reparación a una decisión evidentemente absurda, fuera de lugar y con carácter de prevaricación, emitida por parte del juez penitenciario que decidió poner en libertad a todos los condenados por sedición, pertenecientes a los que maquinaron toda aquella movida del referéndum de octubre del 2018, que consiguieron con la colaboración de la Generalitat y de Instituciones Penitenciaria de Cataluña, la infamia de poner en el tercer grado a una serie de delincuentes sin que ninguno de ellos manifestara el más mínimo arrepentimiento por los delitos cometidos, antes bien, el señor Cuixart, tan pronto estuvo en la calle, ya se reafirmó en su intención de seguir luchando por la causa nacionalista. Y el líder de ERC, señor Junqueras, no desaprovechó la ocasión para acudir ante la TV catalana para reafirmarse en su ideología nacionalista.

El TS, el que dictó la sentencia en la que se condenaba a la cárcel a todos estos señores injustamente excarcelados, ha revisado la decisión del Juez de vigilancia que concedió el tercer grado a todos los condenados por delitos por actos de sedición y ha decidido, por unanimidad, que todos los beneficiarios por el tercer grado penitenciario regresaran a sus encierros, en las respetivas prisiones en las que venían cumpliendo sus condenas. Y vean ustedes lo curioso, la prensa catalana con rara unanimidad y el resto de medios de comunicaciones catalanes se han alzado todos contra la decisión del TS, criticándola, como si estos señores no hubieran cometido el delito por el que fueron condenados y, en base a una supuesta reconciliación que los separatistas sitúan por encima de la Ley, acusan al Gobierno ( que en este aspecto no tiene ninguna competencia) de que el TS haya decidido que la puesta en libertad de los delincuentes se había hecho en fraude de Ley y, en consecuencia, se debían reponer a la situación anterior a la resolución del Juez de vigilancia penitenciaria.

Resulta algo increíble esta rara forma de argumentar de los nacionalistas catalanes, que se atribuyen estar por encima de las leyes del país, en virtud de un presunto derecho a una independencia que no tiene base alguna, ni histórica ni legalmente, en la que fundamentarse y que no dejan de intentar poner en el lado equivocado a los que defienden la Constitución, la unidad de la nación española, la españolidad de la comunidad catalana y el hecho, incontrovertible de que, ni tan siquiera entre la minoría representada por los catalanes. dentro de la nación española, existe una mayoría que pudiera atribuirse el ser más numerosa que la minoría que reclama la separación de Cataluña de España.

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, queremos hacer hincapié en la necesidad de que, los españoles partidarios de que España siga siendo una sola nación y de que la minoría comunista, que parece que va consiguiendo un apoyo importante en los órganos de gobierno de la nación, cuando es evidente de que van perdiendo peso específico como partido de izquierdas en España, deje de ocupar un lugar que evidentemente no le corresponde dada la caída que está experimentando en cuanto a su base votante y del deber de todo español, que se vea afectado por los cambios que, últimamente, se van produciendo en las instituciones, los organismo autónomos, los ayuntamientos etc., en cuanto a la cultura cristiana base de nuestra civilización, la pretensión de anular la moral y la ética que heredamos de nuestros padres y este sentimiento intolerante antirreligioso, pese a que España, como hemos repetido infinidad de veces, no en un país laico por decisión constitucional, sino una nación aconfesional en la que todas las religiones tienen cabida, mientras no violen las leyes estatales. No parece que nuestros gobernantes y partidos de izquierdas entiendan que su actitud de ataque constante a todas las instituciones religiosas, especialmente a las católicas, no tiene base alguna en la que poder fundamentarse y que, en consecuencia, debieran evitar entrometerse en este aspecto de las libertades individuales que permite a todo español ejercer la religión que estime oportuno.

Un universitario catalán denuncia al profesor que llama "Estado fascista" a España en sus clases
El joven Àlex Serra ha remitido una queja a la Universidad Autónoma de Barcelona por haber sido víctima de una "discriminación ideológica".
Marcos Ondarra El Espanol 31 Julio 2020

En el primer día de clase, Jaume Munich advirtió a sus alumnos de Derecho Internacional Público en la Universidad Autónoma de Barcelona de que en sus lecciones no se hablaría de España, sino del "Estado fascista español".

Conforme avanzaba la lección, los improperios hacia las posiciones más constitucionalistas se sucedían. El profesor habló de Ciudadanos como un partido "fascista y de extrema derecha" y calificó a sus votantes como "inútiles". Además, aseguró que "aunque les joda a los subnormales de los fachas, España no es una nación y Cataluña es una nación oprimida".

Al finalizar la clase, el alumno Àlex Serra se aproximó al docente para dialogar con él. "Me acerqué a él en privado, para no montar un espectáculo, y le dije que su clase me había parecido violenta, que me había sentido ofendido y le pedí que de ahí en adelante no insultara más", cuenta el joven en conversación con EL ESPAÑOL.

- ¿Y qué le respondió el profesor?
- Me dijo que estaba tratando de censurarle y que mi actitud era peor que la de los franquistas.

Al día siguiente, lejos de tener en consideración la petición del alumno, Jaume Munich le insultó delante de toda la clase. "Me dijo que era una persona patética", cuenta Serra a este medio. Todo por formar parte de la entidad joven y constitucionalista S'ha Acabat!, que había presentado diversos escritos ante la Junta Electoral en defensa de la neutralidad de la UAB.

Estos escritos tuvieron como consecuencia la retirada de murales independentistas y lazos amarillos, uno de los cuales se encontraba dentro del despacho del profesor Munich.

Tras aquel señalamiento público, el joven vicepresidente de S’ha Acabat! dirigió un escrito al Decano de la Facultad de Derecho denunciando la situación que vivía en el aula. "Los vi preocupados por la situación y tomaron muchas notas, hasta la resolución. Llamaron al profesor, él reconoció los hechos y le pidieron prudencia en adelante. Nada más", relata el joven, que lamenta que el asunto finalmente "quedó en nada".

Este martes, el dirigente de S’ha Acabat! ha denunciado la situación remitiendo una queja al Equipo de Gobierno de la Universidad. En el escrito, Àlex Serra emplaza a la Rectora a una reunión para exponerle con detalle lo sucedido y solicitar "medidas para que en el futuro los grupos en que imparta clase el profesor Munich no sufran una presión similar". Por último, ha instado al Equipo de Gobierno de la UAB a valorar la apertura de un expediente informativo o sancionador en relación con los sucesos descritos.

- ¿Por qué no denunció antes los hechos?
- Quiero tener un futuro. Ya es bastante difícil ser constitucionalista y miembro de S'ha Acabat! en la Universidad. No quería que mis calificaciones se vieran afectadas.

El profesor
Àlex Serra describe a su profesor de Derecho Internacional Público como "un radical separatista". Entre sus reflexiones, recuerda cuando dijo en el aula que "la ONU es un grupo que integra a panchitos, moros y negros para parecer progres".

Pero Serra no es el único en denunciar este tipo de apreciaciones, poco propias de un docente universitario. En Docsity, una red social de estudiantes en la que se comparten documentos y experiencias académicas, supuestos exalumnos de Munich en la Universidad Autónoma de Barcelona comparten algunas vivencias llamativas que involucran al profesor separatista.

En la sección "frases míticas y consejos de Jaume Munich" los usuarios recogen algunas de sus reflexiones: "La ONU es un chiringuito donde se reúnen de vez en cuando. ¿Y cómo pensáis que cierran los acuerdos? Como se ha hecho toda la vida: con un poco de farlopa, cubatas y putas".

"Es uno de los peores profesores que he tenido en mi vida", relata un exalumno, que prosigue: "Como persona es un impresentable y un mal educado. Utiliza expresiones como negrito, chinito o morito".

Exalumnos del profesor de Derecho Internacional Público aseguran también que se refiere a la Constitución como "la Prostitución", a los miembros de PSC y PP como "hijos de puta" y a los militantes de Ciudadanos como "falangistas".

Universidad Autónoma de Barcelona
No se trata del primer caso de discriminación denunciado por la asociación S'ha Acabat! en la Universidad Autónoma de Barcelona. El pasado mes de diciembre, la plataforma constitucionalista de jóvenes denunció una agresión en el campus, cuando una docena de personas encapuchadas -nueve de ellos armados con palos- intentaron agredirles.

Los miembros de la entidad estuvieron rodeados durante casi tres horas. En este tiempo, los radicales separatistas les lanzaron huevos, harina y bolsas llenas de heces.

Este mismo año, Àlex Serra sufrió en sus carnes otro episodio violento. "Todos los días recibo insultos, pero un día estaba en la biblioteca, salí a merendar y habían colgado en la puerta un cartel que decía 'Fuera fascistas de nuestras aulas'", recuerda.

- ¿Es difícil ser constitucionalista en la Universidad Autónoma de Barcelona?
- El clima es asfixiante. La gente nos llama valientes, pero no lo somos. Simplemente tenemos un compromiso con la libertad.

- ¿Y se siente amparado por la institución?
- Vulneran constantemente nuestros derechos. Los tribunales lo dicen. Margarita Arboix -rectora de la Universidad Autónoma de Barcelona- no mueve un dedo por nosotros. Como alumno que ha sido insultado y vejado, esperaría que la rectora me apoyara.
 


 


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