AGLI Recortes de Prensa   Sábado 1 Agosto  2020

PERTINENTE Y OPORTUNA
Cuatro razones que justifican la moción de censura
Julio Ariza  rebelionenlagranja 30 1 Agosto 2020

Ya sabemos que la moción de censura en España es, a la vez que un instrumento constitucional para promover la sustitución de un gobierno por otro, un instrumento de castigo parlamentario y de desgaste político del gobierno. Hay un lugar común entre los periodistas, los medios de comunicación y los analistas políticos según el cual los debates se ganan al día siguiente de ser celebrados, en función de lo que recojan y digan los medios de comunicación, lo cual es tanto como decir que da lo mismo lo que ocurra en el debate porque lo que permanece en la opinión publica es los que dicen los medios, debidamente regados por el poder. Cuando la opinión de los medios es prácticamente unánime, uno debe comenzar a sospechar. Esta mañana la práctica totalidad de los medios de comunicación de España, en todas sus variantes, radio, prensa escrita, digitales, televisiones, han amanecido con las distintas variables de un mismo mensaje: la moción de censura presentada por VOX es un error. Para unos, es una manera de salvar a Sánchez, de darle oxígeno, de perpetuarle en el poder (no explican bien por qué); para otros, es un instrumento para debilitar a Casado; para los de más allá, no se puede presentar una moción en diferido; y para otros, en fin, es una pirotecnia de un partido marginal con ganas de protagonismo.

Mi opinión es contraria a todas las anteriores. Primero, por coherencia personal (yo pedí en un artículo formado el 20 de abril de este mismo año la presentación de una moción de censura, y nadie aún ha respondido a las graves razones constitucionales que expliqué allí); segundo, porque los partidos políticos españoles se comportan cada vez más como lo hacían las familias del régimen (se podían mover, incluso discrepar, pero no demasiado); y tercero, porque nosotros estamos dispuestos a seguir siendo libres y a opinar discrepando de raíz de esa especie de unanimismo básico que se ha instalado en España.

En mi opinión la moción de censura de VOX es pertinente, oportuna y está más que justificada, al menos por las siguientes razones:

1.- Con su presentación, es la primera vez, desde que este infame gobierno accedió al poder, que la derecha española le arrebata la iniciativa política a la izquierda. En política, marcar la agenda es el principio del éxito. Si hoy todos los medios hablan de la moción de censura (es decir, de la iniciativa de VOX) y no de lo bueno que es Pedro Sánchez (que era la agenda mediática del gobierno) es que, en este punto, la izquierda va a rebufo, no en cabeza. VOX marca el rumbo a seguir. Es enormemente positivo para la salud democrática de nuestro país que la derecha comience a arrebatarle a la izquierda la iniciativa política. Es decisivo.

2.- En España se viven dos realidades, la realidad virtual de los medios y de la clase política y la realidad real de la calle. Yo no voy a erigirme en portavoz de nadie (mucho menos del pueblo español o de la derecha española), pero sí creo honestamente (por lo que nos comentan los oyentes, lectores y telespectadores, además de muchas personas en la calle) que parte muy importante del centro derecha sociológico, es decir, las bases ciudadanas de Cs, PP y VOX, están literalmente desesperadas con las políticas de este gobierno infame, y estoy convencido de que ante la iniciativa de la moción de censura mucha gente ha pensado “por fin alguien hace algo”.

3.- Este gobierno es letal para la democracia española, para las libertades de sus ciudadanos, para la economía y para el estado de bienestar, y además su vicepresidente es un ser de alto riesgo vinculado a oscuros intereses y financiaciones internacionales. Este gobierno ha metido a las instituciones del Estado, comenzando por la Corona y siguiendo por la Fiscalía, la Justicia, la Guardia Civil o la Abogacía del Estado en una crisis sin precedentes. Se habla incluso de una crisis constituyente (lo hizo el Ministro de Justicia en el Congreso de los Diputados) y se prepara un referéndum monarquía/república mientras se destruye la convivencia constitucional (aquella ejemplar concordia entre españoles ha sido dinamitada), se recuperan los odios de la guerra civil, se falsea la historia y se hace de la revancha la principal bandera del gobierno. Con este gobierno el país se desangra, además, en el modelo territorial. Con este gobierno los españoles vamos de cabeza a la ruina económica: ¿hay que recordar que se acaban de destruir, en un trimestre, un millón de puestos de trabajo, que el PIB cae en picado un 27% según la previsión del Banco de España, que la actividad económica ha perdido 82.000 millones de euros, que no se ha sabido defender la industria turística española (la primera del mundo y primera industria nacional), que tampoco se ha sabido defender la indsutria del automóvil ni los intereses del campo español en la UE? ¿Hay que recordar que este gobierno ha llevado a cabo la peor gestión de la pandemia en el mundo, que ha ocultado 27.000 muertos, que ha dejado morir a los viejos abandonados en las residencias, que ha aprovechado la declaración traumática (a todas luces inconstitucional) del estado de alarma, prorrogado ad eternum, para hacer tropelías como colar al peligroso Iglesias en el CNI? La lista se haría interminable, y queda para los historiadores. Razones objetivas, pues, no parecen faltar para la moción de censura. Si todo esto no la justifica, ¿que tiene que pasar en España para plantear una moción de censura contra un gobierno?

4.- La cuarta razón es que el principal partido de la oposición tiene que despertar. Pablo Casado no puede caer preso de intereses territoriales, legítimos, pero ajenos a su cometido. El PP tiene que espabilar. El centro político no consiste en que hacer una oposición amable y cómoda al poder; no cuando este poder esta destruyendo el país para tres generaciones. El centro político tiene sus propios tiempos, y acertar en el tiempo es parte de su éxito; si no se acierta, el centro se diluye. La torpeza de Teodoro García Egea de rechazar de plano la moción de censura es una más. ¿No habría sido mejor, quizás, dejar al gobierno en la incertidumbre hasta septiembre y negociar en agosto con VOX las condiciones de esa moción? ¿Por qué el PP se cierra a un gran pacto nacional del centro derecha, del que la moción de censura habría sido la primera gran escenificacion?

¿Por qué a le niega a la gran mayoría de los españoles, la base social del centro y de la derecha, una oportunidad?

Una Europa desunida ahonda en su unidad
Florentino Portero  Libertad Digital 1 Agosto 2020

Poner las cuentas en orden y orientar nuestro modelo hacia las exigencias de un nuevo tiempo son las condiciones sin las cuales el edificio no se podrá mantener en pie.

No parece haber discusión sobre la importancia del reciente acuerdo del Consejo Europeo sobre el Plan de Reconstrucción. Es indudablemente un hito en el proceso de integración del Viejo Continente. Sin embargo, pasados unos días conviene que seamos capaces de ir más allá del análisis de las maniobras diplomáticas previas y de lo finalmente acordado. Precisamente porque estamos viviendo momentos históricos es importante que seamos capaces de entender cómo hemos llegado a este punto y qué consecuencias van a tener para el conjunto de los Estados miembros.

Como ya ocurrió en otros momentos de su historia, sólo una crisis fue capaz de convencer a los Estados miembros de dar un significativo salto adelante. No fueron la utopía, los ideales, los valores tantas veces citados en el discurso oficial, sino el miedo a que el colapso de dos de sus Estados más poblados, víctimas de la nueva crisis económica provocada por el covid-19 y de la mala gestión de sus respectivos Gobiernos, arrastrase tras de sí a la propia Unión. El convencimiento de la magnitud de la crisis los llevó a aceptar la emisión de deuda por parte de la Comisión y la canalización de una cantidad extraordinaria de fondos –como subvenciones y créditos– a los Estados más necesitados. El Marco Presupuestario que tiene que aprobar el Parlamento Europeo antes de fin de año tendrá que tratar de compaginar el salto a una economía verde, los retos de la IV Revolución Industrial, una defensa europea… con una estrategia de recuperación económica inevitablemente ambiciosa. No lo tendrá fácil.

El segundo elemento característico del Plan de Reconstrucción es la desconfianza. La Eurozona requiere para su supervivencia de la asunción de unos criterios comunes en la gestión de las haciendas nacionales. Si bien una única política fiscal parece lejana, sin una fiscalidad coordinada el euro sería inviable. Los Gobiernos de Italia y España, dos economías relevantes en el conjunto de la Eurozona, han hecho gala en los años pasados de una actitud tan irresponsable como inmadura, desaprovechando los días de bonanza para poner la casa en orden. El déficit se ha cronificado, abocando a esas sociedades a sufrir las consecuencias inevitables de vivir por encima de sus capacidades. Los que sí hicieron sus deberes, con el coste que ello conllevaba, tienen toda la razón para desconfiar de quienes hacen gala de desafiar los acuerdos y tratar de vivir a costa de los demás. Para muchos europeos, españoles e italianos más que cigarras parecen garrapatas dispuestas a sorber sus ahorros. El resultado ha sido la aprobación de un conjunto de mecanismos para garantizar el buen uso de esos fondos, que tendrán que pagar el conjunto de los europeos. El dinero no está garantizado si no se siguen las instrucciones al pie de la letra.

La desconfianza lleva a la incertidumbre sobre la viabilidad de un futuro en común. Si sociedades como la italiana o la española están dispuestas a seguir viviendo por encima de sus posibilidades, si no asumen un correcto equilibrio entre derechos y deberes, ¿qué futuro le espera a la Unión? De ahí la voluntad, explícita en los acuerdos, de forzar a aquellos países remisos a poner sus cuentas en orden, realizar las reformas estructurales necesarias y orientar sus economías a los retos de la IV Revolución Industrial. Es, de manera inequívoca, un ejercicio de despotismo ilustrado, poco respetuoso con la voluntad libremente expresada por los votantes…, pero o logramos la necesaria cohesión fiscal o la Unión se enfrentará a una crisis existencial.

Los Estados miembros han aprendido de la Gran Recesión y del Brexit que la época que emerge exige de nosotros mayor unidad. El tamaño cuenta y ninguno de los Estados miembros, ni siquiera Alemania, puede hacer frente a las nuevas circunstancias en soledad. Sin embargo, es comprensible que el euroescepticismo crezca entre nosotros, no porque el proceso carezca de sentido sino porque algunos Estados miembros actúan de manera irresponsable, poniendo en peligro el bienestar general. Siempre ha habido resistencias al proceso, derivadas del sentimiento de tribu, del provincialismo, del miedo al cambio, o de diferencias culturales. Si ahora esas resistencias están creciendo se debe tanto al vértigo que produce un cambio de época como a la comprensibles dudas e irritación que provocan algunos comportamientos.

La Unión es el resultado de un proceso que hunde sus raíces en el período de entreguerras y que puso las bases políticas y económicas para que Europa viviera el período de mayor prosperidad, libertad y justicia social conocido. Ese mundo ya es historia. En esta nueva época la Unión debería ser el fundamento de nuestra adaptación, para seguir manteniendo y desarrollando esos logros. Poner las cuentas en orden y orientar nuestro modelo hacia las exigencias de un nuevo tiempo son las condiciones sin las cuales el edificio no se podrá mantener en pie. Aun así, no será suficiente. Habrá que dotar de un renovado espíritu al proceso, pero de eso nos ocuparemos en otra ocasión.

Una situación económica insostenible
José María Rotellar okdiario 1 Agosto 2020

Tras conocer los datos del PIB del IITR-2020, debemos realizar todos una profunda reflexión, pues el hundimiento económico es de unas proporciones muy preocupantes, no sólo por la caída abrupta de la actividad y del empleo, sino por la composición de dicha caída y las malas expectativas que se presentan en el horizonte.

Son datos desastrosos, que confirman el abrupto hundimiento de la actividad económica y del empleo en el IITR-2020, tras el cierre productivo decretado en marzo. Así, el PIB cae un 18,5% en el segundo trimestre de 2020, frente a la caída del 5,2% del ITR-2020 y al crecimiento del 0,4% del IVTR-2019. En tasa interanual cae un 22,1% frente a la caída del 4,1 del ITR-2020 y al crecimiento interanual del 1,8% del IVTR-2019.

Por su parte, la demanda nacional se hunde, con una contribución negativa al PIB interanual de 19,2 puntos, cuando aportaba 1,3 puntos positivos en el IVTR-2019. Y si hablamos del empleo (en términos de horas trabajadas), cae un 21,4% trimestral y un 24,8% interanual, con descenso de más de un 40% en el empleo de comercio, turismo y hostelería.

Y es que el consumo de los hogares y la inversión se desploman, lo que denota malas expectativas por falta de confianza y pérdida de poder adquisitivo. Hay miedo y hay inseguridad, que generan un retraimiento tanto en el consumo como en la inversión, de manera que la actividad cae a plomo y, con ello, el empleo.

Por su parte, se hunden Industria, Construcción y Servicios, y dentro de este último, especialmente, el comercio, hostelería, turismo y actividades recreativas, donde cae un 40%.

No por anunciado estremece menos. Todos los indicadores económicos y laborales parciales que íbamos conociendo durante este período indicaban la importancia de la caída económica, pero no por esperado deja de ser impactante y preocupante, especialmente preocupante no ya sólo por el descenso vertiginoso de la economía que muestran los datos, sino por la mala perspectiva que se presenta en el horizonte.

Vengan fondos o no de la UE, pidan o no condiciones a los mismos, el Gobierno debe iniciar cuanto antes un plan ambicioso de reformas que genere expectativas positivas a inversores y consumidores, para poder asentar los cimientos de una recuperación sólida, rápida, fuerte y sostenible. Debe flexibilizar el mercado laboral, profundizando en ese sentido en la reforma laboral; debe poner orden en las finanzas públicas, eliminando todo gasto no necesario, reformar el sistema de pensiones para garantizar su viabilidad -si no se hace nada, corren riesgo las pensiones- y debe dar seguridad jurídica a los agentes económicos, al tiempo que debería pensar en reducir el impuesto de sociedades para atraer inversiones productivas con las que generar actividad económica y puestos de trabajo.

Aquí no debería tomarse ninguna decisión por una mera cuestión política o electoral, sino sólo y estrictamente por motivos sanitarios y económicos. El problema no es que la economía se haya abierto muy pronto, sino que no se han tomado ninguna de las medidas de control necesarias. Todavía estamos a tiempo de evitar un desastre económico que puede ser peor que el sanitario. Cada muerte es una persona perdida y es insustituible, y, con todo el respeto hacia cada fallecido, podemos ver que el virus contagia pero que la mortalidad sobre el total de la población, siendo terrible, no es tan alto como al principio parecía que podría ser. Así, los tristemente casi 700.000 fallecidos en todo el mundo representan el 0,009% de la población mundial, que es de 7.594 millones de personas, al igual que nuestros 50.000 compatriotas a los que horriblemente ha matado el coronavirus son el 0,1% de la población. ¿Quiere esto decir que haya que bajar la guardia o que no sea lamentable el número de vidas perdido? Para nada: hay que redoblar la prudencia y hay que lamentar cada día cada una de las personas que ha matado esta cruel enfermedad, pero eso es compatible con el coraje de volver a resurgir, de no hundirnos económicamente por miedo, de no condenar a cientos de miles de personas a la ruina, porque si vamos a la miseria habrá más muertes por todo tipo de enfermedades, con lo que la situación será todavía peor. Ya hay 1.148.800 hogares con todos sus miembros activos en paro. Esto es dramático.

Estamos a tiempo de evitarlo: o se corrige decididamente el rumbo, se toman de una vez todas las medidas preventivas necesarias, como test y rastreadores, y se abre del todo la economía, sin lanzar dudas constantes sobre posibles cierres productivos o restricciones, o la situación humana, económica, social y sanitaria serán dramáticas y la EPA y el PIB de este segundo trimestre serán sólo el preámbulo del desastre.

Si no se hace nada que corrija, por tanto, la actual situación, ese panorama sombrío que la anestesia actual no deja ver, se intensificará y consolidará y el drama social puede cobrar unas dimensiones nunca antes conocidas, al menos desde la Guerra. Está en la mano del Gobierno que, al despertar de esa anestesia, el horizonte económico sea duro pero viable o que sea catastrófico.

La economía sí se queda atrás
Editorial ABC 1 Agosto 2020

Sin un plan sensato de recuperación, ni siquiera los fondos cedidos por los socios comunitarios van a ser suficientes para tapar el agujero que se abre en la economía española

Los datos sobre el desastre económico que está provocando la pandemia de Covid-19 son ya demoledores. En todo el mundo, la pandemia ha supuesto una debacle sin precedentes, consecuencia de las medidas adoptadas para contener la propagación de la enfermedad, con un efecto perverso en la vida de todas las sociedades, obligadas a optar entre preservar vidas humanas y proteger la economía. Sin embargo, las estadísticas demuestran que en el caso español se ha producido una gestión tan desatinada que ha batido, a la vez, los registros en ambos campos: en el descalabro de la economía -con una caída del 18,5 por ciento del PIB en el segundo trimestre- y en el índice porcentual de mortalidad. Si el numero de fallecidos en España no es formalmente el más elevado de Europa se debe a que el Gobierno excluye de sus registros a buena parte de los fallecidos, a pesar de las evidencias documentales. La economía, en cambio, no se puede maquillar con tanta facilidad.

Lo sucedido con esta inesperada pandemia ha afectado de forma equivalente a casi todo el mundo, pero existe ya la perspectiva suficiente para apreciar que la gestión del Gobierno español ha sido sistemáticamente una de las peores si se compara con los datos de los países de nuestro entorno. Ni siquiera Italia ha salido tan mal parada de la pandemia. Ninguna economía ha sufrido tanto como la española, cuyo relevante sector servicios, paralizado durante meses y aún en jaque, ha inclinado la balanza.

Los aplausos con los que los miembros del Gobierno y los integrantes de la bancada socialista recibieron a Pedro Sánchez a su vuelta del último Consejo Europeo resuenan como un sarcasmo, incluso ofensivo. Lo que alababan entonces era una política que, del estado de alarma a la «hibernación» de la economía, ha dejado nuestras cuentas en el peor estado conocido en tiempos de paz. Ajeno a cualquier plan reformista, con la mirada aún puesta en una subida de impuestos y en el mantenimiento del gasto, ya insostenible, el presidente del Ejecutivo repite un programa de supuesta reactivación que descansa sobre la abstracción de la transición energética, la digitalización, la inclusión social y el feminismo. No hay medidas concretas, ni planes de recuperación ni objetivos de reconstrucción. El cheque que Pedro Sánchez trajo de Bruselas no puede entenderse como un éxito de su gestión, sino, al contrario, como el reconocimiento expreso de su fracaso y de la necesidad de que España sea rescatada. Ni siquiera esos fondos cedidos por los socios comunitarios van a ser suficientes para tapar el agujero que se abre en la economía española. Sin un plan de recuperación, pactado con las empresas y sin cesiones a los dogmas ideológicos, será imposible que la economía española salga a flote. Las palabras ya no bastan. Son los números, inasumibles, los que mandan.

El drama es lo que puede estar por llegar
José María Rotellar  Libertad Digital 1 Agosto 2020

El PIB del segundo trimestre es sólo el preámbulo de lo que está por llegar si el Gobierno sigue paralizando la actividad productiva.

Se han publicado los datos de avance de la Contabilidad Nacional Trimestral (CNTR) referentes, al segundo trimestre del año. Los resultados no pueden ser más preocupantes. Son datos desastrosos, que sólo son el triste preámbulo de lo que está por llegar si el Gobierno sigue paralizando toda la actividad productiva. Con ser pésimos datos, el drama es lo que puede estar por llegar si no se reacciona claramente y se empieza a infundir, desde la prudencia con la enfermedad y sin bajar la guardia, tranquilidad, confianza y necesidad de coraje para, desde un intenso trabajo, salir de esta terrible situación.

Los datos muestran que el PIB cae un 18,5% en el segundo trimestre de 2020, frente a la caída del 5,2% del trimestre anterior. Lejos queda el crecimiento trimestral del 0,5% que recibió Sánchez al llegar al Gobierno.

Si lo medimos en tasa interanual, entonces cae un 22,1% frente a la caída del 4,1 del primer trimestre de este año y al crecimiento interanual del 1,8% del cuarto trimestre del año pasado. Al mismo tiempo, la demanda nacional se hunde, con una contribución negativa al PIB interanual de 19,2 puntos, cuando aportaba 1,3 puntos positivos en el cuarto trimestre de 2019, mientras que el empleo -en horas trabajadas- cae un 21,4% trimestral.

Si analizamos los datos en términos trimestrales, tanto desde el enfoque de la demanda como de la oferta, la caída es generalizada en la práctica totalidad de los agentes económicos, salvo el gasto público, cuyo incremento suaviza algo la caída del PIB, y en el lado de la oferta, la agricultira.
PIB intertrimestral

El PIB intertrimestral cae un 18,5% frente a la caída del 5,2% del trimestre anterior.

Demanda:
El consumo de los hogares cae un 21,2%.
La Formación Bruta de Capital Fijo (la inversión) cae un 22,3%:
La inversión en vivienda y construcción cae un 25%.
La inversión en maquinaria y bienes de equipo cae un 25,8%.
La demanda nacional cae un 16,6%.
Las exportaciones caen un 33,5%.
Las importaciones caen también un 28,8%.

Sujeta algo el PIB el incremento del gasto público en un 0,4%.

Por el lado de la oferta, y con excepción de la agricultura, también caen todos los sectores, con inusitada fuera las ramas de comercio, transporte, hostelería y ocio:

Oferta:
La agricultura crece un 4,4%.
La industria cae un 18,5%.
La construcción cae un 24,1%.
Los servicios caen un 19,1%:
El comercio, transporte y hostelería caen un 40,4%.
Las actividades profesionales, científicas y técnicas caen un 28,2%.
Las actividades recreativas caen un 33,9%.

PIB interanual
El PIB interanual también cae y lo hace un cae un 22,1% frente a la caída del 4,1 del primer trimestre de este año y al crecimiento interanual del 1,8% del cuarto trimestre de 2019. Cuando Sánchez llegó al Gobierno mediante la moción de censura, el PIB interanual crecía un 2,3%, con lo que ya se producía un deterioro claro de la actividad económica -que Sánchez negaba- antes del coronavirus.

Demanda:
El consumo de los hogares cae un 25,7%.
La Formación Bruta de Capital Fijo (la inversión) cae un 26,8%:
La inversión en vivienda y construcción cae un 30,9%.
La inversión en maquinaria y bienes de equipo cae un 30,7%.
La demanda nacional es negativa en 19,2 puntos.
Las exportaciones caen un 38,6%.
Las importaciones caen también un 33,1%.

Sujeta algo el PIB el incremento de gasto público, que sube un 3,5%.

Oferta:
La agricultura crece un 74%.
La industria cae un 23,8%.
La construcción cae un 29,9%.
Los servicios caen un 22%:
El comercio, transporte y hostelería caen un 46,4%.
Las actividades profesionales, científicas y técnicas caen un 31,8%.
Las actividades recreativas caen un 39,5%.

Rentas:
La remuneración de asalariados cae un 13,1% interanual, 15,7 puntos peor que el trimestre anterior (sobe todo, por la bajada de un 16,4% del número de asalariados.

El excedente bruto de explotación cae un 26% interanual.

Empleo (en horas trabajadas):
Los ocupados caen un 24,8% interanual:

Agricultura: -9,3%.
Industria: -20,9%.
Construcción: -32,2%.
Servicios: -25,5%:
Comercio, transporte y hostelería: -40,8%.
Actividades artísticas y recreativas: -38,5%.

En tasa trimestral el empleo (en horas trabajadas) cae un 21,4%.

Por su parte, la productividad: cae un 4,4% interanual y el coste laboral unitario crece un 8,7% interanual, elementos que no facilitan una recuperación más rápida y fuerte, pues la perjudicarán con la menor eficiencia y el incremento de costes que de ellos se derivan.

O el Gobierno se centra, de una vez por todas, en gestionar eficientemente, o si sigue con con el "prueba y error" y la pasividad, que generan desconfianza e incertidumbre, nos puede llevar a la hecatombe, de la que el avance de la contabilidad nacional trimestral sólo sería un anticipo. Confiemos en que se lo tomen en serio y rectifiquen.

España, la peor recesión y la recuperación más pobre
Daniel Lacalle El Espanol 1 Agosto 2020

“I got myself a Cadillac but I can't afford the gasoline”. Bon Scott.

Un aplauso. El descalabro de la economía española no tiene precedentes, es el peor de las economías desarrolladas y uno de los peores del mundo.

El PIB del segundo trimestre se desplomaba un 18,5% mucho peor que el 9,5% de Estados Unidos, y también peor que el 12,4% de Italia. Es una caída mayor que la media de la eurozona (-12,1%) y la media de la UE-27 (-11,9%).

El esfuerzo del gobierno se centra en decirnos que debemos olvidar estas desastrosas cifras, el millón de empleos destruidos, las 140.000 empresas cerradas, y centrarnos en la recuperación.

En los próximos meses vamos a recibir un torrente de propaganda sobre la recuperación centrado en dos mensajes: 1) “Esto le está pasando a todo el mundo”. Falso, nuestra caída es peor, con más paro y recuperación más lenta, y 2) “Me lo debéis todo”. Cualquier dato positivo será gracias al Gobierno y cualquier dato negativo, culpa de cualquier enemigo externo. ¿Recuerdan el subterfugio de “la crisis financiera internacional” cuando el Gobierno destruía más empleo que todo el resto de la Eurozona junta?

Pues bien, los datos de recuperación son, también, peores que los de las economías comparables.

Si analizamos el índice de actividad diaria que publica Bloomberg a partir de los datos de alta frecuencia, la recuperación de España ya era la peor de la Eurozona y además se ha estancado en julio. La temporada turística es parte del problema, pero ni de lejos el único factor.

Si analizamos la tabla de indicadores adelantados que publica el Ministerio de Economía, el consumo de energía eléctrica en junio sigue en negativo, y el indicador de confianza industrial (-12,7) cae en julio. La inmensa mayoría de los indicadores de confianza, ventas y consumo están en contracción en la tabla publicada el 30 de julio.

Jessica Hinds, en Capital Economics ya advierte desde hace tiempo que la economía española es la que más cae de la eurozona y también la que se recupera peor y de manera más lenta.

Las constantes amenazas de enormes subidas de impuestos ya suponen un impacto devastador en la recuperación de la inversión. La caída en formación bruta de capital según estimaciones de consenso se concentraría entre septiembre y diciembre, y podría alcanzar un desplome del 22% según S&P Ratings.

El Gobierno sigue empeñado en subir los impuestos porque “hay que recaudar más”. Y solo lleva al país a la recesión, a recuperarse peor y destruir ingresos fiscales futuros hundiendo las bases imponibles.

Las subidas de impuestos al trabajo de 2018 y 2019 ni ayudaron a recaudar más ni reducen el desplome de ingresos. ¿Subir impuestos para recaudar más? La subida de impuestos al trabajo ha llevado a que la destrucción de empleo sea mayor y ¿saben cual es el impuesto donde más cae la recaudación? Exacto. El IRPF. Según las cifras de Contabilidad Nacional, el Impuesto Sobre la Renta de las Personas Físicas cayó un 28,7% (lean esta información en Invertia). Toma “éxito” de las subidas de impuestos para “recaudar más”, un millón de empleos destruidos y una caída de 28,7% de ingresos, muy superior a la caída porcentual del PIB y del número de afiliados.

La realidad de las subidas de impuestos que hemos sufrido desde la salida de la anterior crisis es que ni se reduce la deuda en época de crecimiento, porque el sector público gasta mucho más de lo que se ingresa, y se debilita la economía de una manera mucho mayor en recesión.

El Gobierno se vanagloria de haber lanzado enormes paquetes de apoyo a empresas y autónomos pero la realidad es que, además de ser el Gobierno de la eurozona que menos apoyos ha anunciado, ha dejado abandonado a todo el sector productivo.

Los famosos avales anunciados solo permiten a las empresas endeudarse para pagar impuestos en el futuro, los ERTE solo parchean y esconden el drama de pérdidas, quiebras y cierres al que se enfrentan las empresas.

Se ha abandonado al sector turístico con la desescalada más incompetente (y ese “comité de expertos” inexistente), generando desconfianza en nuestros países socios con datos equívocos y mala gestión, se ha abandonado al automóvil, a los exportadores, a los agricultores (que además se encuentran con 5.000 millones de euros menos de la PAC mientras el gobierno se aplaude a sí mismo) y a los autónomos, que siguen sufriendo las altas cuotas y los desorbitados recargos cuando se retrasan en el pago de impuestos.

El sector privado no pide favores al sector público, pide que no le expolien más y le pongan más escollos todavía y le recuerda que todo ese endeudamiento y gasto que están anunciando se hace exclusivamente gracias a los ingresos del sector privado. Sin empresas no hay sector público.

Un Gobierno que se equivocó diciendo que la crisis no iba a tener impacto, que se equivocó en expectativas de caída de producción, empleo, déficit e ingresos, tiene que reconocerlo, empezar ya a escuchar a los agentes económicos y creadores de empleo y dejar de empecinarse en mantener una política económica y fiscal extractiva.

Cuando se ovaciona a la miseria
Editorial La Razon 1 Agosto 2020

Los índices adelantados como las previsiones de la totalidad de los gabinetes de estudios de entidades nacionales e internacionales habían previsto un más que severo impacto de la pandemia en la riqueza nacional, en línea con un fenómeno de carácter global. Pero las cifras de la contabilidad nacional, que publicó ayer el Instituto Nacional de Estadística (INE), retrataron un escenario casi inabordable de colapso dramático, desconocido para nuestro país en la historia contemporánea y casi con seguridad en tiempos de paz. Todas las variables de la actividad nacional ofrecieron un balance dantesco, inherente a la práctica paralización en seco de un Estado. Aunque con posterioridad repasaremos algunos de los parámetros de este caos, cuesta entender cómo en esta coyuntura que, sin duda, el Gobierno no podía ni debía ignorar, el presidente y su corte de aduladores parlamentarios ofrecieron la teatralización patética y bochornosa de una ovación cerrada de ofrenda a un líder que presentó su presunta victoria europea sobre los rescoldos de una economía calcinada con millones de ciudadanos y sus familias condenados a un horizonte de pobreza y necesidad. Pedro Sánchez y quienes lo jalearon sabían que las risas, los abrazos y los aplausos en esa bancada socialcomunista a reventar contra todo criterio sanitario y racional resonaron sobre una España cuyo PIB se desplomó el 18,5% en el segundo trimestre del año respecto del primero y el 22% en términos interanuales, lo que significó perder todo lo ganado desde 2002.

En cualquiera de los casos, el mayor batacazo de toda la serie histórica, una recesión técnica con visos de depresión. Los palmetazos en la espalda de los ministros y los diputados de la izquierda pasaron como si tal cosa sobre la realidad de que nuestro país encabeza la nómina de los retrocesos en toda Europa, con el doble que la media comunitaria, y muy alejado de países como Alemania (-11,7%), Bélgica (-14,5%) e incluso Italia (-17,3%) y Francia (-19%) en cifras interanuales, sin que un solo responsable tuviera el coraje de ofrecer a los españoles una explicación mínimamente digna sobre por qué fuimos los peores del mundo frente al coronavirus, y lo somos ahora ante los rebrotes y la economía. Todo lo contrario. El discurso de Pedro Sánchez es que la recuperación ha comenzado. Aún ayer, en medio de la España en recesión, no se apartó de ese guión vergonzoso. Ese lo peor ha pasado, que repitieron las terminales gubernamentales, representa un eslogan indigno en un escenario en el que el consumo se contrajo un 21%; la inversión, el 22%; el comercio, el 40%; las exportaciones, el 33%; los servicios, el 22%; la industria, el 23,8%; la construcción, el 29,9%, la renta familiar, el 13% y la de las empresas, el 26%.

O también para un país líder en desempleo, con un 40% de paro juvenil, y en el que las personas sin puesto de trabajo o con subsidio público son más que las empleadas. Ante esta coyuntura apocalíptica, Sánchez aprovechó la Conferencia de Presidentes de ayer para parapetarse en la ayuda europea como la panacea contra esta crisis de la que eludió su dimensión catastrófica y para hacerse fuerte en su carácter mesiánico como el gran salvador que logró los milagrosos fondos de reconstrucción que él también obtuvo y que gestionará directa y calculadamente sin cogobernanza que valga. Como desde hace meses, ni una palabra concreta ni una acción específica para reactivar la actividad, nada que se aparte de la propaganda, la imagen y el abrazo. Nada conocemos de las reformas pendientes ni de cómo articulará la colaboración con el sector privado y estimulará la reactivación y la creación de empleo. Solo que el dinero se centrará en la transición digital y la ecológica, la igualdad de género y la cohesión social, los mantras de una retórica oportunista, pero no de una economía sólida y pujante. Necesitamos respuestas rápidas y eficaces que no pueden aguardar ni encomendarse únicamente a una financiación europea, que tardará. España debe hacer su parte, preguntarse por qué nuestra economía responde tan mal ante cualquier adversidad, reparar esos desequilibrios que nos lastran y actuar con decisión en todos los terrenos y con todos los activos públicos y privados.

Sánchez se corona en TV
Jimmy Giménez-Arnau okdiario 1 Agosto 2020

Pedro Piqueras invitó a su tocayo Sánchez a T5 para que se definiera sobre la Monarquía. El maniquí de La Moncloa entró al trapo y, tras envolver en amnesia al comunista Iglesias, dijo auténticas maravillas de Felipe VI. El amo del PSOE declaró ser un constitucionalista sin fisuras, un sincero defensor de la institución regia. Piqueras propició que Sánchez se coronara como el corso Bonaparte, cuando se erigió en emperador. Vuelve la imagen, aunque nadie crea que Sánchez sea un monárquico de ley, entre otras razones, porque ni él mismo sabe qué es. Mitad oportunista, mitad diletante, inepto total para resolver cualquier cuestión seria, ya que sólo ansía el poder, se agarra como un náufrago a su balsa, siendo esa balsa la monarquía parlamentaria, que la Unión Europea tiene en alta estima. Sin Felipe en el trono, no habría rescate, ni préstamos. De ahí que Sánchez alabe al Rey y pase mucho, mientras trata asuntos refinados, de su insignificante lacayo bolchevique, que urde traiciones contra la Corona.

Hurguemos en el negocio con la lucidez que lo hace Diego Barceló: “La UE quiere convertir a Sánchez en el nuevo Tsipras y a Iglesias, en Varufakis. La ayuda europea busca evitar que esta crisis derive en un nuevo desborde social que aliente el avance del comunismo y del euroescepticismo en España y la propia UE. Con la “zanahoria” de los recursos prometidos, comenzará un juego delicado, que apunta a convertir a Sánchez en otro Tsipras (un izquierdista que se avino a hacer las reformas exigidas) y a Iglesias en la copia de Varufakis (un comunista que pasó, del gobierno, a la irrelevancia). Tal vez eso festejaba Sánchez, con ministros palmeros vitoreándole: la coartada perfecta para librarse de Iglesias”. La hiena ya no es bien vista en el palacio del cisne. Hoy, a dicho depredador se le exige, para acceder a La Moncloa, un certificado de vacunas. Sánchez ya no soporta su hedor, ni los mil inconvenientes que causa.

Pero la hiena sigue en sus trece: infamar al monarca y comprometer, siempre que pueda, al presidente del Gobierno. Mal bicho se agenció Sánchez para alargar la legislatura, por no hablar de otras amistades peligrosas: Otegi, Rufián, Torra y demás lunáticos. Como el déficit del Estado se quintuplicó en el primer semestre y al multiplicarse el número de contagiados y muertos, debido a la absurda y muy nefasta gestión sanitaria en la que Illa y Simón no pudieron superar el rigor de los CIS de Tezanos, España está donde está. Después de hundir el sector turístico y lograr que los autónomos desaparecieran del mapa económico, este Gobierno ha decidido tomarse unas muy merecidas vacaciones, por no haber hecho nada constructivo. Destrozar un país entero, agota las pilas y exige reponer fuerzas antes de que el otoño nos sorprenda con un estallido social.

La subasta de los fondos europeos en San Millán de la Cogolla no va a arreglar el futuro. La OCU ha avisado a los contribuyentes que les espera un sablazo fiscal. Sánchez llegó para quedarse, para robarnos a todos. Se coronó emperador en T-5, ante Pedro Piqueras, después de untarle vaselina al Rey, pues sin Felipe VI, como jefe del Estado, la UE no suelta un duro (quiero decir, un euro). Así que Iglesias se puede ir a su dacha de nuevo rico hortera, a tomar mucho por donde amargan los pepinos.

Sánchez y su Gobierno: además de incapaces, mentirosos patológicos
María Fuster okdiario 1 Agosto 2020

El pasado 28 de julio el Consejo de Transparencia publicaba que, y cito literalmente, “no existe ningún comité de expertos encargado de la evaluación de la situación sanitaria de las comunidades autónomas y que decida las provincias o territorios que pueden avanzar en el proceso de desescalada del confinamiento». Esta respuesta viene firmada ni más ni menos que por Pilar Aparicio, la directora general de Salud Pública, en nombre del Ministerio de Sanidad.

Esta afirmación se produce como respuesta a la queja presentada por el Partido Popular ante el Defensor del Pueblo por la reiterada negativa de Sánchez, Illa, Montero y Simón a desvelar el nombre de los expertos que componían el consejo asesor que ayudaría al Gobierno a decidir qué comunidades pasaban de fase, cuándo y las condiciones concretas (recordemos que sobre la marcha se inventaron fases intermedias).

Esta confirmación por parte del Ministerio de Sanidad de la NO existencia del famoso comité de expertos demuestra 2 sospechas que teníamos muchos españoles.

La primera, que el criterio para permitir a las comunidades autónomas pasar de fase en la desescalada fue absolutamente arbitrario. Los que alzábamos la voz diciendo que Madrid lloraba de impotencia por el castigo político al que nos estaba sometiendo el Gobierno socialcomunista teníamos toda la razón. Se ha demostrado que el sátrapa de Sánchez quería callar las críticas de Ayuso y Almeida a su gestión y obvió los indicadores que probaban que Madrid estaba preparada para pasar de fase y subrogó el inicio de la recuperación económica de la región a sus propios intereses políticos. Espero y confío en que cuando nos toque volver a votar, los madrileños no olvidemos este trato discriminatorio y vejatorio al que nos han sometido Sánchez e Iglesias.

La segunda, que además de tener un Gobierno torpe, cero resolutivo e incapaz de generar consensos, éstos no saben decir 2 verdades seguidas. La mayoría de los miembros del Gobierno aludieron al inexistente comité de expertos en numerosísimas ocasiones para justificar la desigual desescalada del confinamiento entre las distintas comunidades autónomas. Es tan grave la manera en la que nos han estado tomando el pelo a los españoles, como preocupante es la capacidad de inventiva de Sánchez. Durante el “Aló Presidente” del 16 de mayo, Pedrito el Fantasioso llegó a decir: “semanalmente se reúne el comité científico y de expertos en el que además tengo el honor participar y escuchar a gente que sabe mucho de estos temas (…) y sí tengo que decirle que tomamos nota de todo y se levantan actas y lógicamente serán públicas porque el Gobierno siempre ha primado la transparencia informativa, como venimos haciendo desde el inicio de la pandemia”.

¡TOMA YA! ¿Se puede tener menos vergüenza? ¿Dónde están esas actas de las reuniones semanales de comité de expertos “imaginario”? ¿Nos las va a traer esta noche el ratoncito Pérez o tendremos que esperar a que lleguen los Reyes Magos?

En fin, les pido a los españoles lo mismo que espero de los madrileños: que no nos olvidemos que en los momentos más duros, cuando morían miles de españoles al día, los enfermos recibían una atención en ocasiones precarias por la saturación de los hospitales o nuestros mayores se morían en las residencias, cuando nuestro personal sanitario se jugaba la vida por cumplir con su trabajo, Sánchez, Illa, Simón y compañía nos tenían abandonados.

Que no se nos olvide que decidieron centrarse más en el relato con el que justificar su nefasta gestión, que en trabajar y dialogar con la oposición para minimizar el impacto del Covid-19 en nuestro país.

Que no se nos olvide que Sánchez e Iglesias son unos mentirosos patológicos que han estado tomándonos el pelo con historias para no dormir, porque sí, al menos a mí sí me quita el sueño que este gobierno mediocre sea quién gestione mi querida España en uno de sus momentos más delicados.

Conviene que haya miedo
Javier Somalo  Libertad Digital 1 Agosto 2020

La izquierda española necesita irregularidad y caos para llegar al poder con el único propósito –quizá ya inconsciente– de seguir provocándolos.

El 13 de febrero de 2008, durante una entrevista de Iñaki Gabilondo a José Luis Rodríguez Zapatero en la cadena Cuatro, se pudo escuchar está conversación cuando los micrófonos deberían estar cerrados:

- Gabilondo: ¿Qué pinta tienen los sondeos que tenéis?
- Zapatero: Bien…
- Gabilondo: Sin problemas…
- Zapatero: Lo que pasa es que lo que nos conviene es que haya tensión

Doce años después –se dice pronto– queda más que acreditado que la izquierda española necesita irregularidad y caos para llegar al poder con el único propósito –quizá ya inconsciente– de seguir provocándolos. Lo vimos tras los atentados del 11-M o en una moción de censura, con la excusa espuria de la corrupción, que generó alianzas con los que poco antes perpetraron un golpe de Estado y con un partido extraído del Palacio de Miraflores.

Pocas cosas hemos vivido en los últimos tiempos tan irregulares, desconocidas y amenazantes como la pandemia por el coronavirus y España ha tenido que ser uno de los países más golpeado por culpa de la siniestra gestión gubernamental. Lejos quedan los aplausos que también ayudaban a contar los días entre cuatro paredes, sin alegría, sin familia y con miedo, siempre con miedo. El miedo a lo desconocido, a la falta de información, al contraste entre la realidad y los mensajes oficiales. La ausencia de liderazgo ante una tragedia también produce miedo y, pronto, dependencia.

Hubo un "comité de expertos", capitaneado por el doctor Simón, que nunca se dio a conocer. Cuando ese comité se formó –si es que ha existido o ha hecho algo– España ya llegaba tarde a todo porque había que salvar actos políticos de reafirmación como el del 8-M. Sólo por eso. Aunque nadie se contagiara en aquellas manifestaciones, fue el dique que impidió actuar a tiempo con la alarmante información de la que se disponía. En los meses de la muerte –45.000 reconoce hasta El País para poder seguir vendiendo algún periódico– los periodistas preguntaban sobre la composición de ese comité obteniendo sólo silencio o evasivas. ¿Por qué? Quizá porque nunca hubo expertos de verdad, más allá de los que salvaban vidas o morían al hacerlo en los hospitales. Si de verdad hubo expertos en ese comité alguno habría reivindicado su esfuerzo y quizá habría dimitido por una cuestión lógica de honor y prestigio profesional. Pero ni expertos, ni comité. Sólo miedo.

Ahora sabemos que en la famosa y horrísona "desescalada" ni siquiera estuvo en funciones el comité fantasma. Ya andaban en otras cosas, en sus cosas, si es que –insisto– alguna vez ha habido realmente un equipo cualificado de profesionales coordinado por el Gobierno. Hoy sabemos que las fases del estado de alarma las decidía Salvador Illa, un licenciado en Filosofía que aspira a presidir la Generalidad, o quizá la República catalana, según propicie el desorden calculado. ¿Hay expertos para los rebrotes que vuelven a confinar a muchos y atemorizan a todos? De momento, sólo hay veladas amenazas de confinamiento y crecientes cifras de contagios sin demasiada explicación.

El beach boy Simón suspiró de alivio cuando los países emisores de turismo hacia España cerraron la persiana. Una preocupación menos. Él, tan asiduo a las olas de contagios, ya había surfeado otras en Portugal, sin mascarilla, y hasta se sorprendió de que le reconocieran. Ese es nuestro experto conocido, un tipo que se sacude la responsabilidad y que se alegraría de que quebraran todas las compañías automovilísticas del mundo para acabar con los accidentes de tráfico… como esos que podrían justificar los 20.000 muertos que faltan en las cuentas, que se atrevió a decirlo. Si criticamos a los jóvenes de 20 años por divertirse a medias y muchos de ellos con mascarillas, no olvidemos nunca al beach boy de moto, chupa y tabla de surf porque debería cargar con las culpas de todos cada día.

El miedo a morir o a perder a un ser querido, el pánico a revivir la angustia del confinamiento, a tocar una puerta, a pulsar una botón o a subirse a un autobús vuelve a paralizar un país sin necesidad de estado de alarma. Pedro Sánchez es el único que de veras ha cambiado de fase al apartarse del dolor para fingir ser un estadista europeo sin tiempo para atender a caprichos autonómicos. Que se peleen las comunidades entre ellas, que ya están El País y el resto de sóviets de prensa para decidir de forma inapelable si la peor es Ayuso, o quizá Feijóo o tal vez Moreno Bonilla. Que compitan a ver quién confina más o menos, a ver quién cierra más bares por fuera. Sánchez ya sólo recibe el eco de sus aplausos por meternos, además, en la peor crisis económica posible. Que cierren otros para que el desastre que ya ha llegado sea, en todo caso, compartido.

España sale peor parada en todos los sentidos que Italia, Alemania o Francia donde el virus también golpeó con fuerza. Ahora al desgarro por la pérdida de vidas se une el récord de un batacazo económico sin precedentes y la razón no es que Nueva York, Madrid, Teherán y Pekín estén en línea recta, como dijo Carmen Calvo al descubrir un mapa, sino la incapacidad para la gestión económica y la probada inutilidad para manejar situaciones de emergencia a favor de los ciudadanos.

Pero Sánchez y sólo Sánchez –a lo peor, con ayuda de Iglesias– será el que reparta los fondos críticos a una España rota, sin turismo y con miedo. Y así será como compongan el nuevo mapa de favores y agravios hasta que sientan la tentación del decreto o, si la cosa se tuerce, de un nuevo estado de alarma.

Quizá por eso ya no hay comité de expertos, porque tendrían que explicarnos con detalle que, pese al riesgo y a las precauciones debidas, las oleadas y los rebrotes van a ser habituales durante un tiempo, que los contagios no están colapsando las UCI de momento y que los prometedores avances en las vacunas podrían convertirse en remedio antes del invierno. Eso sí, también tendrían que decirnos por qué España siempre se queda fuera en la compra o reserva de esos remedios. La última explicación que nos dieron fue que "el mercado está loco" y que las "gangas" no funcionan.

Cambiar el miedo por la esperanza no es buen negocio para un gobierno de extrema izquierda que subsiste generando dependencia y dejando volar la amenaza de un futuro peor. Cualquier venezolano de bien sabrá explicarnos cómo se afianzó Hugo Chávez en el poder gracias a la excepcionalidad posterior a las inundaciones de Vargas, en diciembre de 1999. Ahora Sánchez e Iglesias reparten los fondos en la ruina y esperan a que la oposición –ultraderecha toda– se desmarque de la lealtad debida al Gobierno, salvo que ese gobierno sea del PP y muera un perro por ébola.

Sin miedo, con esperanza y con todas las precauciones que dicta el sentido común –que son muchas y duras– hay que decir ‘no’ a este Frente que sólo piensa en seguir gobernando en un páramo absolutamente dependiente del Estado, sin negocios prósperos y poblado por generaciones atemorizadas con la nariz aplastada y las orejas de soplillo.

Lo dicho: "Lo que pasa es que lo que nos conviene es que haya tensión". O miedo.

¿Cuántas mentiras más soportará este país?
Carlos Dávila okdiario 1 Agosto 2020

La última contiene altas dosis de desvergüenza. Resulta que de marzo a aquí el Gobierno se ha venido pertrechando en una falaz “Comisión de científicos” para justificar y avalar todas sus medidas en la pandemia. Desde las técnicas a las económicas y políticas. En todo este tiempo se ha negado a publicar los apellidos de los supuestos integrantes de esta Comisión. Les cuento algo al respecto: también durante todos meses he insistido en preguntar a los expertos, básicamente epidemiólogos, virólogos y neumólogos, con los que en ha contacto para saber del desarrollo de la enfermedad, si ellos conocían a alguno de estos científicos citados siempre por el Gobierno, desde el propio presidente, al ministro Illa y terminando por el depauperado Simón. Nadie me pudo nunca aportar un solo apellido. Por ejemplo: el doctor Rubén Moreno que, en los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos en Bethesda, inició junto con Craig Venter y Mark Adams (¡casi nada a babor!), el proyecto histórico del “Primer Directorio del Genoma Humano”, que fue presidente del Instituto Nacional de la Salud sustituyendo a Núñez Feijóo,y que está en primera línea de fuego contra el COVID, me dijo un día: “De los científicos de Sánchez nadie sabe nada y es raro, porque en el ámbito de la Ciencia española todos nos conocemos”.

¿Cómo los iban a conocer si no existían? Ni estaban, ni se les esperaba, sólo figuraban en la retorcida mente de Sánchez que se inventó esta fechoría y, no contento con utilizarla, como lo hizo, para su mayor honra y gloria: “No nos salimos un milímetro de lo que nos dicen los científicos”, ordenó que un sobrepasado filósofo, Salvador Illa, que de la Sanidad no sabía otra cosa que la existencia, eso sí, del Hospital de San Pablo de Barcelona, y un técnico, Simón, que ha querido ser el doctor Cousteau de la divulgación virológica, le siguieran en sus menciones a su Hipercomisión, una pandilla de ignotos expertos que nunca, nunca, se reunieron para formular siquiera consejos fundamentales en la lucha contra la pandemia. Las sucesivas e inacabables charlas sabatinas y dominicales del presidente del Gobierno y, por ende, sus pertinaces estados de alarma, siempre se justificaron de acuerdo con la opinión de esa tribu inexistente sobre la que montó Sánchez toda una campaña de manipulación e intoxicación general. “Lo han dicho los científicos” reconocía el personal confinado y eso, únicamente eso, le mantenía, nos mantenía poco menos que secuestrado en sus casas. Es decir: una auténtica agresión a la libertad, articulada sobre el embuste de unos sabios que cuidaban aparentemente de nuestra salud.

Ahora, sin despeinarse, con una caradura que ni la de los participante cualquier “reality”, el Ministerio de Sanidad, ha reconocido que, efectivamente, ni tenían Comisión Científica que amparase sus decisiones, ni tampoco la habían utilizado para acrisolar sus decisiones. ¡Hombre, claro! Desde luego en el mundo de la política occidental no se conoce caso igual: ¿qué dirá ahora ese paniaguado comunista, director de la OMS, que se ha pasado medio año lamiendo la estrategia antivirus de Sánchez y su Gobierno? ¿Les pedirá cuentas? Pues naturalmente que no, el abisinio de apellido impronunciable es un figura tragándose las trolas de China y ésta española le resultará tan familia como excusable. Por tanto, el problema es nuestro, doméstico. ¿Hasta cuándo seguirá soportando este país las mentiras del doctor Pedro Sánchez? Esta es la enésima pero no será última, pero un embuste de esta trascendencia merece especial atención. Sánchez se ha mofado meses y meses de un país aterrorizado que, por primera en su historia, se confinaba ovejunamente en sus domicilios porque ello era imprescindible para salvar sus vidas. “Lo dicen los científicos”, nos repetíamos todos, mientras el Gobierno ocultaba, con enorme desparpajo, la identidad de los tales expertos. Hay mentiras imperdonables, pero cuando éstas afectan directamente al mantenimiento de la salud, las mentiras no se denominan así: se llaman agresiones, atentados contra la integridad biológica de los individuos, también de su libertad. No hay por dónde coger este caso. Y lo peor es que tampoco en esta ocasión, las reiteradas mentiras de este personaje al que se le reconoce próximo a la psicopatología narcista, tendrán consecuencias. Por lo pronto, sus medios han vuelto a ocultar la descomunal bola, y los partidos de la oposición, ya con el Parlamento de la súbdita Batet clausurado, no han cosechado éxito alguno en la denunciar del abuso social perpetrado por Sánchez. Soy (debo hablar en primera persona) enormemente pesimista sobre la reacción del pueblo español a esta nueva embestida. Casi como el citado director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, España lo tolera todo. Somos incorregibles. Entonces no nos quejemos.

Sánchez responde de Iglesias
Emilio Campmany  Libertad Digital 1 Agosto 2020

Es evidente que Sánchez no eligió a las personas designadas para ocupar las carteras cedidas a Podemos. Pero eso no quita para que sea responsable de haberlas nombrado, entre otras cosas, porque fue él quien en efecto las nombró. Sin embargo, es evidente que, desde el principio, Sánchez se ha sacudido toda responsabilidad de lo que hiciera Iglesias o cualquiera de los suyos desde sus ministerios cuando pudiera tener una lectura negativa. Al contrario, no ha tenido empacho en apuntarse tantos de lo que fuera siquiera en apariencia positivo, aunque la iniciativa correspondiera obviamente a Podemos. Ocurrió así por ejemplo con la subida del salario mínimo.

Hoy, Podemos y su máximo dirigente se encuentran envueltos en una maraña de procesos judiciales y acusaciones de corrupción tintadas de casposo machismo que hablan de financiación ilegal, desvío de dinero público y dependencia de los intereses de potencias extranjeras. Sánchez está encantado con la situación porque son cosas que debilitan al que, siendo su socio, también es su rival político, y cree que todos estos baldones que están cayendo sobre Podemos no sólo no manchan al PSOE, sino que le dan brillo.

Es posible que sea así. Debe de serlo cuando los medios de comunicación, incluidos los supuestamente hostiles, tratan los escándalos de Iglesias como si nada tuvieran que ver con Sánchez. Pero no debería serlo. Una cosa es que el líder de un partido tenga muchas explicaciones que dar y otra muy distinta que el que tenga que darlas sea un miembro del Gabinete. Aunque sea de otro partido, la responsabilidad de que este señor, por llamarlo de alguna manera, sea vicepresidente del Gobierno del Reino de España es de su presidente, Pedro Sánchez. Sus atribuciones no se limitan a nombrarlo en su momento, sino que alcanzan al hecho de mantenerlo, ya que en su poder está el removerlo a su arbitrio, tal y como establece nuestra Constitución. Mucho más cuando tan deseable destitución no obliga necesariamente al presidente a deshacer la coalición, que está suscrita con otro partido y no con una persona, y cuando además, en última instancia, siempre podría suscribir otra igualmente estable con otro partido.

Insistiendo Sánchez en mantener a Iglesias en su Gobierno, se hace responsable, lo quiera o no, de los desmanes cometidos por su vicepresidente. Que la oposición no haga nada o casi nada para ilustrarlo y que los medios prescindan de esa evidencia no evita que la responsabilidad exista y que tarde o temprano tenga el presidente que asumirla, quizá cuando ya una destitución no baste para cepillarse el barro de los tejemanejes de Iglesias.

Marlaska, medalla de hojalata al deshonor
OKDIARIO 1 Agosto 2020

Grande-Marlaska, por aquello de no molestar demasiado a los independentistas, se negó a conceder las medallas que merecían los integrantes de la operación Ícaro, el contingente de Policía Nacional enviado a Cataluña para contener el estallido de violencia desatado por los separatistas tras la sentencia del Tribunal Supremo que condenó a los golpistas catalanes.

Marlaska fue tan cicatero en la concesión de las medallas que los sindicatos policiales llevaron el asunto a la Audiencia Nacional, que ahora le ha metido al ministro un meneo judicial de los que hacen época. Cómo será que la sentencia concluye que «la Administración demandada ha incurrido en la vulneración del derecho que motivó la interposición del recurso», de modo que desde el sindicato policial CEP ya ha pedido que se abra otra convocatoria extraordinaria «para los compañeros que no fueron condecorados en febrero».

Este sindicato decidió llevar la causa a la Audiencia Nacional para denunciar que la Dirección General de Policía (DGP) se había saltado su propio procedimiento de tramitación de medallas, que requiere consulta a los sindicatos, no sólo por transparencia, sino para que los policías que se hubiesen quedado fuera de las propuestas pudieran ser tenidos en cuenta.

La Audiencia Nacional le ha dado la razón y abre la puerta a que el Ministerio tenga que cumplir con el trámite de audiencia y, por lo tanto, a que se amplíe el número de condecoraciones a los policías integrantes de la Operación Ícaro.

Pero vayamos al momento en que se produjeron los hechos: el separatismo presionó a Marlaska para que rebajara todo lo posible el número de distinciones a los miembros de la Operación Ícaro. Y Sánchez y Marlaska aceptaron el chantaje independentista concediendo un número limitado de condecoraciones. Las hubo, sí, pero excluyendo a un gran número de efectivos policiales que desempeñaron un papel heroico en aquellos días en que los independentistas convirtieron las calles de Barcelona en un infierno.

Lo que ha hecho ahora la Audiencia Nacional es sacarle los colores al ministro del Interior, que ha recibido una metafórica medalla de hojalata a la cobardía y el deshonor.


******************* Sección "bilingüe" ***********************
El nacionalismo es incompatible con la equidad

Editorial El Mundo 1 Agosto 2020

La cumbre autonómica celebrada ayer en San Millán de la Cogolla, cuyo propósito era coordinar una respuesta unitaria a los crecientes rebrotes que ponen en grave riesgo el inicio de la recuperación, empezó con una refutación de su propio objetivo. El Gobierno buscaba dar una imagen de armonía, pero ese intento propagandístico se ha estrellado con el privilegio bilateral pactado en secreto por el PNV y con el absentismo desafiante de Torra, incapaz de asumir su responsabilidad ni cuando se trata de la salud de los catalanes. Felipe VI presidió la apertura de la reunión de presidentes, y para Torra es más importante no coincidir en una foto con el Jefe del Estado que atender las necesidades de los catalanes.

Sánchez quería vender unidad, pero el lehendakari Urkullu solo accedió a participar tras haber arrancado a Sánchez un acuerdo privilegiado sobre el objetivo de déficit para Euskadi del 2,6% -unos 1.700 millones de euros- y la capacidad de endeudamiento en los mercados internacionales. Es cierto que el País Vasco constitucionalmente no forma parte del régimen fiscal general y, en consecuencia, sus límites de deuda y déficit son pactados con el Ejecutivo. Pero eso no significa que no reclamemos transparencia ni que debamos acostumbrarnos a la consagración rutinaria de la desigualdad en virtud de la proverbial capacidad de chantaje del PNV. Y menos en tiempos de recesión, cuando los más ricos -siguiendo el discurso oficial del Gobierno- deberían ser los que más contribuyan en lugar de recibir un beneficio añadido. Que Urkullu y Sánchez pacten al margen condiciones ventajosas para una comunidad rica delata la precariedad parlamentaria y contradice el principio socialista de la igualdad, además de constituir el enésimo ejemplo de opacidad negociadora del sanchismo.

En cuanto a Torra, su consejera Meritxell Budó -la misma que afirmó que una Cataluña independiente habría tenido menos muertos- se ha apresurado a exigir la celebración de otra reunión bilateral para reclamar los 30.000 millones que, en opinión de la Generalitat, le corresponden a Cataluña del total de 140.000 millones de los fondos europeos. Cunde así el ejemplo asimétrico: igual que en la gestión sanitaria cada autonomía se ha visto obligada a hacer la guerra por su cuenta por el abandono del Gobierno, ahora cada cual puja en la subasta del maná europeo mirando por su interés. Con el propósito retórico de evitar agravios territoriales, Sánchez anunció que se reserva personalmente el reparto territorial de esos fondos. Su problema es que la premisa para trazar una estrategia nacional equitativa pasa por evitar pactos con quienes no creen en la unidad de España. Sánchez no puede exigir solidaridad a los socios europeos y al mismo tiempo perdonarles el egoísmo a sus socios domésticos por la sola razón de que necesita sus votos para gobernar y por su sectaria negativa a hablar con el PP.

Sánchez paga a catalanes y vascos a costa de esquilmar al resto de españoles
OKDIARIO 1 Agosto 2020

La Conferencia de Presidentes Autonómicos ha servido para comprobar cómo el Gobierno socialcomunista de Pedro Sánchez hace primar sus intereses partidistas sobre el interés nacional. La presencia a última hora del lendakari Íñigo Urkullu hacía presagiar que el Ejecutivo y el PNV habían llegado a un acuerdo para permitir al País Vasco 2.000 millones más de deuda pública -a costa de todos los españoles- y ampliar la senda del déficit hasta otros 1.700 millones, a costa del resto de territorios, salvo Cataluña, que también sacará una tajada especial. De modo que la permanencia de Pedo Sánchez en La Moncloa se traduce en que dos comunidades -País Vasco y Cataluña, vitales para la supervivencia política del presidente del Gobierno- se llevarán las porciones más grandes del reparto. Al final, unos podrán gastar más y el resto, menos. Un agravio rayano en la indecencia que demuestra hasta qué punto Sánchez es un tahúr que mercadea de forma innoble con los recursos de todos.

Si el País Vasco Vasco puede tener un déficit del 2,6% -lo que significa que puede gastar más- y Cataluña, a través de una fórmula distinta, más o menos lo mismo, comunidades como Madrid o Andalucía tendrán que hacer un soberbio esfuerzo de contención del gasto para que las cuentas del Estado cuadren y cumplan con las exigencias de Bruselas. Pero como los fondos son limitados y País Vasco y Cataluña van a salir claramente ganando, el resto de territorios saldrá claramente perdiendo. Habrá territorios de primera -los más desleales con el marco constitucional- y territorios de segunda, lo que significa que Sánchez, para seguir en La Moncloa, será el causante de que la desigualdad entre españoles alcance cotas nunca vistas.

Lo peor es que Sánchez va a condenar a territorios como Madrid y Andalucía -donde gobierna el PP- para satisfacer las exigencias de los nacionalistas vascos y los independentistas catalanes. Es decir, Sánchez paga a vascos y catalanes el precio de su apoyo esquilmando al resto de territorios.
 

El Gobierno y los gobiernillos
Ramón de España Cronica Global 1 Agosto 2020

A veces tengo la impresión de que el Estado autonómico es un apaño (o un paripé) que todos hacemos como que respetamos y nos tomamos en serio, pero que en el fondo nos parece un disparate carísimo inventado para satisfacer a los separatistas, una gente que, como su nombre, indica, nunca está satisfecha con formar parte de España. Tengo un amigo que desarrolló casi toda su vida profesional trabajando para un gobierno autónomo y todos los comentarios que le oí hasta su jubilación oscilaban entre la ironía y el sarcasmo. Lo llamaba “el gobiernín” y se encargaba del área de publicaciones. Como el consejero de cultura, fuese de derechas o de izquierdas, era siempre un tarugo, a mi amigo lo dejaban en paz y podía editar lo que le venía en gana (incluyendo algunas joyas que obran en mi poder por mor de su generosidad). No le he preguntado a mi antiguo colega de la facultad de periodismo de Bellaterra su opinión sobre la reunión de ayer entre el presidente del Gobierno español y los de los diferentes gobiernines autonómicos, pero me la puedo imaginar y coincide con la mía: un paripé, otro más, para aparentar que al presidente español le importa lo que piensan sus homólogos (ja, ja, ja) regionales, desplazados todos a San Millán de la Cogolla con la intención de ver qué pillan para su terruño de los millones que nos va a soltar la Unión Europea para afrontar la ruina inducida por el coronavirus: uno de los grandes logros del sistema autonómico --además de fomentar el caciquismo y la corrupción de proximidad, como bien sabemos los catalanes-- ha consistido en sacralizar la insolidaridad y el egoísmo como grandes valores que deben distinguir a un presidente regional. Del más independentista al más español, todos deben comportarse como si le hicieran un favor a la comunidad manteniendo su región dentro de ella. Y todos deben volver a su pueblo asegurando que han arañado de la capital todo lo que han podido. Es más, algunos se aseguran de que eso suceda antes del encuentro, como el mandamás vasco, Íñigo Urkullu, que amagó con no presentarse al cónclave si Sánchez no le aumentaba el techo de déficit por teléfono: es lo bueno de tratar con los vascos, que no engañan y siempre sabes que con ellos todo se arregla con dinero.

Con según qué catalanes las cosas se complican. Mi presidente autonómico (mejor dicho, el inepto que interpreta ese papel por delegación de un orate huido de la justicia), Quim Torra, no fue a la reunión aduciendo unas excusas inverosímiles: que se le necesitaba en Cataluña para afrontar los rebrotes de la pandemia (nadie lo necesita para eso ni para nada, ¡pobres de nosotros como así fuera!), que él no se hace fotos que no sirven para solucionar los problemas de Cataluña (¡con su dimisión inmediata solucionaría, por lo menos, un problema de Cataluña!) o que no quería dignificar con su augusta presencia la figura del rey Felipe VI (cuando la aparición de Torra en cualquier acto, aunque se trate del Aplec del Cargol, lo envilece irremediablemente). El subtexto de Torra es: menos reuniones multitudinarias, Pedro, y más encuentros bilaterales de tú a tú, de nación milenaria a nación no menos milenaria, de vuelve la burra al trigo, a ver cuándo organizamos otro referéndum de independencia y cómo está lo mío.

Yo diría que con el sistema autonómico pasa algo parecido a lo que ocurre con la monarquía: más vale no tocarlo mientras no se estropee del todo. Why mend it if it´s not broken? (¿Para qué arreglarlo si no está roto?), como dicen los anglosajones. Está abollado, sí, como la monarquía. Podríamos enviar ambas instituciones al carajo y marcarnos una república federal con gobernadores en vez de presidentes que no presiden una mierda, pero --llámenme pusilánime--, creo que casi es mejor dejar las cosas como están. En España, las dos repúblicas vividas acabaron como el rosario de la aurora. Y la estructura federal requiere una lealtad a la nación común que los separatistas son incapaces de asumir. Sigamos, pues, como hasta ahora, sobornando a los del PNV y metiendo en el trullo a los posconvergentes. Y celebrando reuniones como la de ayer: todo el mundo sabe que no sirven para nada, que de ahí saldrá lo que más le convenga al presidente español para seguir guardando sillón, que el PNV ya ha pillado cacho y que el berrinche de Torra le importa un rábano a todo el mundo (y que le va a salir barba esperando la reunión bilateral con Sánchez).

Gran cónclave autonómico de San Millán de la Cogolla con breve presencia real: el enésimo acto del vodevil español contemporáneo en el que unos mindundis juegan a creerse relevantes y el que corta el bacalao les deja hacerse la ilusión de que existen, pues nunca se sabe cuando los puede necesitar para eternizarse en el cargo, que es en lo único que piensa. Como espectáculo, reconozcámoslo, el régimen del 78 no es gran cosa, pero las ideas que corren por ahí para acabar con él dan más miedo que un nublado. Por lo menos, a mí. ¡Viva el rey, viva el sistema autonómico y, sobre todo, vivan las vacaciones veraniegas que hoy comienzan para la mayoría de los españoles!

La Justicia, ‘kaput’
Eduardo Goligorsky  Libertad Digital 1 Agosto 2020

La Justicia no está 'kaput'. La sociedad civil y la Monarquía parlamentaria tampoco. Ha llegado la hora de que den pruebas contundentes de su vitalidad.

La palabra alemana kaput, que significa ‘destrucción’ o ‘final violento’, estuvo muy de moda en los países de lengua española desde los años 1930 hasta el final de la Segunda Guerra Mundial y aun después. Aparecía en novelas, cómics y películas, casi siempre en boca de sicarios nazis. La rescato porque me parece que es la más apropiada para retratar la prepotencia atrabiliaria con que la fracción comunista del Gobierno y la quinta columna secesionista que ocupa cuatro provincias del territorio peninsular arremeten contra las instituciones del Reino de España, con la intención explícita de borrarlo del mapa de naciones civilizadas y reducirlo a un mosaico de satrapías, étnicas en unos casos y bolcheviques en otros.

Delincuentes agremiados
Es lógico que, en un país regido por el imperio de las leyes, la Justicia sea la encargada de levantar barreras contra las tropelías de los delincuentes. Y también lo es que, cuando están en condiciones de agremiarse para salvaguardar su impunidad, los delincuentes decreten que los magistrados son enemigos que han abusado de ellos. Es lo que hicieron en la década de 1970, cuando, aprovechando la amnistía de los presos del franquismo, los allegados de los delincuentes comunes organizaron la campaña "Los presos a la calle", para que los facinerosos también se beneficiaran del clima de libertad.

Ahora son los camaradas de los condenados por delitos probados de sedición, malversación y desobediencia quienes han engendrado un movimiento cuya consigna podría ser "La Justicia, kaput", poniendo en entredicho los valores de la sociedad organizada. Valores cuya inviolabilidad está garantizada por las leyes. El reclutador de subversivos y presidente putativo de la Generalitat Quim Torra le ha reprochado al cardenal Juan José Omella, arzobispo de Barcelona y presidente de la Conferencia Episcopal Española, que haya convocado una misa en homenaje a las víctimas del covid-19 en lugar de sumarse a esta ola de beligerancia contra la Justicia que lo cuenta a él entre sus cabecillas (LV, 27/7).

Campeona del autoodio
Y la agitadora Pilar Rahola confirma su fama de experta en el arte de sembrar las semillas de la difamación contra quienes custodian la integridad del país donde nació, se (mal)educó y prosperó desorbitadamente, y con el que debería haber contraído una deuda de gratitud por la benevolencia con que toleró su patológica hispanofobia. Escribe esta campeona del autoodio ("El gobierno de los jueces", LV, 22/7):

Solo habría que recordar al insigne Lesmes, en sus propias palabras, para saber que, por encima del objetivo primordial de impartir justicia, su rol principal es el de defender la unidad de España. (…) Es así como, en cuestiones de la sagrada unidad de España, y, especialmente, con respecto al conflicto catalán, el comportamiento de la justicia ha tenido más peso político que la misma política, hasta el punto de que ha sido el ámbito judicial el que ha obturado vías de solución y ha marcado el relato, los tiempos, las condiciones y el sentido de la represión.

"La Justicia, kaput", repite el nuevo coro de delincuentes agremiados.

Desguace tribal
Los teóricos clásicos del anarquismo (y muchos modernos catecúmenos de la doctrina leninista-podemita), abrazados a la falacia de que "la propiedad es un robo", despotricaban (y despotrican) contra los jueces que defendían y defienden el derecho de propiedad con las leyes en la mano. Hoy los protegidos de estas almas piadosas son los okupas narcotraficantes.

Y los partidarios del desguace tribal de España estigmatizan con la misma visceralidad a los magistrados que aplican el Código Penal para asegurar el cumplimiento del texto constitucional. Los acusan de practicar la venganza porque los devuelven a la cárcel de donde salieron usufructuando privilegios fraudulentos. La Justicia, kaput, vociferan. Ni se arrepienten ni se rehabilitan. Se jactan de que volverán a hacerlo. Y extorsionan impúdicamente al Gobierno de los felones, rufianes y lenines para arrancarle el indulto o la amnistía.

Represión justa
Los alzados hacen hincapié, en todas sus jeremiadas, en el argumento de que quienes defendemos la unidad de España actuamos guiados una motivación política. Por supuesto que es así. La defensa de la unidad de España se encuadra en el ámbito político y no en el esotérico o el teológico, y lleva implícitos el respeto patriótico a la Constitución y las leyes, la elección de los gobernantes en comicios democráticos, la convivencia entre ciudadanos libres e iguales y la protección de los derechos humanos. Todos estos valores políticos están vigentes en Alemania, Estados Unidos, Francia, Reino Unido, Suecia, Dinamarca, y demás repúblicas y monarquías de nuestro entorno civilizado.

No menos justa es la represión por motivos políticos. Nuestro Tribunal Supremo, aunque riguroso, es mucho menos drástico que el de Nuremberg (clamorosamente parcial pero ejemplar), que castigó con la pena capital a los máximos representantes de una ideología política perversa fundada sobre la supremacía racial. Sí, la supremacía racial. ¿Les suena a los discriminados por las aristocracias catalana y vasca? Todavía hoy la legislación de la libérrima Alemania es implacable con los delitos políticos de apología del racismo y el comunismo, que fueron su némesis en tiempos de Hitler y de la colonización soviética.

Un discurso muy actual
Por todo ello son muy actuales los pasajes del discurso que Abraham Lincoln pronunció al asumir la presidencia de Estados Unidos, del cual Alejandro Blanco Faraudo reprodujo fragmentos en "El proceso y Abraham Lincoln" (LV, 21/8/2017):

Inició recordando que ese día había jurado respetar la Constitución, la cual establece que la Unión de los Estados ha de ser perpetua y se pregunta: "¿Puede anular el pacto una de las partes sin el consentimiento de las demás? (…) Se sigue que ningún Estado puede separarse legalmente de la Unión por su propia iniciativa y que todos los acuerdos en este sentido son nulos. (…) La Unión es inquebrantable y no ahorraré esfuerzos para que se cumpla la ley. (…) Seamos francos: la separación implica la anarquía".

A diferencia del prócer liberal Lincoln -cuya imagen mancillan los antisistema del Black Lives Matter–, los gobernantes de España reniegan sin vergüenza de su juramento de lealtad a la Constitución y se internan por el camino de la separación plurinacional que implica la anarquía. Vamos a pararlos. La Justicia no está kaput. La sociedad civil y las instituciones que apuntalan la Monarquía parlamentaria tampoco lo están. Ha llegado la hora de que den pruebas contundentes de su vitalidad, sin apartarse un ápice de la ley.

PS: Pobre cardenal Omella. Nació en Cretas, provincia de Teruel, y durante su prolongada carrera eclesiástica se lo ha conocido por su nombre: Juan José Omella y Omella. Pero desde que fue designado arzobispo de Barcelona ya ni siquiera es dueño de su identidad. La prensa de matriz catalana, desde La Vanguardia hasta Ara, pasando por El Nacional, lo ha convertido en Joan Josep Omella, aunque en El Periódico encontré un mestizado Juan Josep Omella. ¡No se deje manosear por la chusma cismática, cardenal, y exija que lo llamen por su nombre verdadero, con el que lo bautizaron donde nació y con el que aparece en el resto de la prensa española e internacional!

El pasado de Otegui no se puede borrar
Editorial ABC 1 Agosto 2020

Como en tantas otras ocasiones, y de nuevo al dictado de la Justicia de Estrasburgo, el Tribunal Supremo ha anulado la sentencia por la que en 2012 condenó a Arnaldo Otegui y otros miembros del entramado proetarra por un delito de pertenencia a organización terrorista. Un comentario de la magistrada Ángela Murillo, que en un caso anterior dijo a Otegui que «ya sabía yo que no me iba a responder a esta pregunta», forzó su recusación y la dejó marcada para volver a sentarse en un tribunal y juzgarlo. Bien fundamentada, impecable en su argumentación, aquella sentencia de 2012, ya anulada, estaba lastrada por el pecado original de Murillo, un torpe comentario personal que el cabecilla de Bildu ha sabido explotar para quitarse de encima la pena que le fue impuesta, que incluía la inhabilitación. Arnaldo Otegui se libera así de su última condena, pero no de un historial delictivo que desde finales de los años setenta lo sitúa en el entramado de ETA, banda para la que ejerció como secuestrador y, más tarde, como ideólogo del pacto de Estella y del proceso de blanqueado de la filial política de la banda. Nada ha cambiado.

Las celebraciones con que Bildu ha festejado la reciente salida de la cárcel de Josu Ternera, uno de los peores carniceros de la historia de ETA, son suficientes para documentar qué significa Bildu y cuáles son sus objetivos, diseñados por Otegui. La anulación de una condena judicial, la última de un largo periplo por los tribunales y las cárceles, no convierte al jefe de Bildu en el hombre de paz que un día sedujo a José Luis Rodríguez Zapatero y que ahora contribuye a sostener al Gobierno. Pactar con Otegui es tanto como ignorar el legado de su banda y sus antecedentes personales, imborrables para sus víctimas y la democracia española.

Strassbourg
Nota del Editor 1 Agosto 2020

El tribunal europeo de derechos humanos ha demostrado en numerosas ocasiones que no es un tribunal sino una merienda de negros (sin ánimo de insultar a los negros) y cualquier estado decente debería abstenerse de aportar fondos y menos aún aceptar los dictados de un puñado de tipos a quienes les importa un comino los derechos humanos de las personas humanas y se dedican a defender a las personas inhumanas. Pero tenemos un tribunal supremo que calificó el ataque de los separatistas catalanes como una ensoñación, así que a seguir llorando.

El castellano es la lengua propia de la mayoría de los catalanes
El español es el idioma más hablado entre los jóvenes de Cataluña, si bien las diferencias de uso con respecto del catalán desaparecen a partir de los 50 años
Gerard Mateo Cronica Global 1 Agosto 2020

La consellera de Cultura, Mariàngela Vilallonga, además de defender la existencia de la “raza catalana” y de reprender a TV3 por lo que considera un uso excesivo del español en sus emisiones, también defiende que el “catalán es la lengua propia de Cataluña”, dejando el castellano al nivel de idiomas como el urdú. La realidad, sin embargo, es que la lengua de Cervantes es la mayoritaria entre los catalanes.

Esta afirmación se extrae del Baròmetre d'Opinió Política de julio del Centre d'Estudis d'Opinió (CEO) de la Generalitat. A la pregunta de qué lengua considera como propia, son mayoría los catalanes --en este caso, “ciudadanos que viven en Cataluña”, según el Govern-- que responden que el castellano (45,4%), por delante de quienes eligen el catalán (40,9%) y a mucha distancia de aquellos que mencionan las dos por igual (11,7%).

El castellano, primera opción
Una proporción similar siguen las respuestas a la pregunta sobre cuál es la lengua habitual de los encuestados: el castellano (45%) se sitúa en primer lugar, por delante del catalán (40,2%), mientras que una porción de la muestra habla las dos indistintamente (13,2%).

Las diferencias aumentan cuando se pregunta a los ciudadanos sobre el idioma que hablaron primero, en casa, cuando eran niños: el español (56,9%) suma más síes que el catalán (36,3%).

El catalán predomina entre los mayores de 50 años

Más en detalle, el último sondeo, para el que se entrevistó a 2.000 personas entre el 25 de junio y el 23 de julio, constata que las respuestas de hombres y mujeres son parecidas en proporción. Pero varían en función del año de nacimiento. De este modo, las diferencias en el uso de estas lenguas y la asunción como propias son escasas en la población que supera los 50 años en adelante. Sin embargo, los más jóvenes eligen el castellano.

Lengua propia / Edad 18-24 25-34 35-49 50-64 +65
Catalán 32,7% 35,9% 39,7% 43,3% 44,7%
Castellano 45,5% 47,4% 45,5% 43,3% 46,2%

Por ejemplo, el castellano es la lengua habitual para el 60,9% de los jóvenes con edades comprendidas entre 18 y 24 años, por el 26,9% que responden que emplean el catalán. La distancia se reduce en el siguiente segmento, hasta 34 años, donde el español obtiene el 46,2% de las respuestas, por el 36,3% del catalán. A partir de ahí, la diferencia es cada vez más pequeña, llegando la lengua de Pompeu Fabra a imponerse a partir de los 50 años en adelante.

Lengua habitual / Edad 18-24 25-34 35-49 50-64 +65
Catalán 26,9% 36,3% 38,9% 42,7% 45,2%
Castellano 60,9% 46,2% 43,0% 42,3% 44,7%

Dime a quién votas y te diré en qué hablas
También se puede analizar el informe a través de la ideología de los encuestados. En este punto, casi nueve de cada diez votantes (88,6%) del PP usan el castellano de manera habitual, por el 78,8% de los que eligen a Ciudadanos, y el 72,3% de los que optan por el PSC. Asimismo, entre quienes prefieren a los comunes el 56,3% emplea más el español, mientras que el porcentaje se reduce entre los simpatizantes de ERC (24,5%), la CUP (20%) y JxCat (10,4%).

De forma necesaria, las tornas se invierten en el uso del catalán como lengua habitual. Aquí lideran los votantes de JxCat (82,7%), por delante de los electores de la CUP (66,3%), de ERC (61,6%), de los comunes (21,5%), del PSC (14,5%), de Ciudadanos (10,6%) y del PP (2,9%). Asimismo, es evidente que el apoyo a la independencia de Cataluña es mayoritario entre quienes hablan esta lengua y muy inferior entre los castellanoparlantes.

Jaume Munich, el profesor de la UAB que insulta a los alumnos por españoles y constitucionalistas
El vicepresidente de la asociación estudiantil S'ha acabat denuncia a un profesor de Derecho Internacional por sus insultos en clase.
Pablo Planas  Libertad Digital 1 Agosto 2020

El "Estado fascista español", el "Tribunal Prostitucional", "España no es una nación por mucho que los subnormales de los fachas lo digan", Cataluña es una nación oprimida", "los votantes de Ciudadanos son unos inútiles". Estas son algunas de las perlas que vierte en clase el profesor Jaume Munich, titular de Derecho Internacional Público de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB).

El vicepresidente de la entidad estudiantil constitucional S'ha acabat, Àlex Serra, ha denunciado públicamente el sesgo y la instrumentalización de las clases de este profesor y ha pedido una reunión con la rectora de la UAB, harto de que las instancias intermedias de la Universidad disculpen el comportamiento de Munich aduciendo la libertad de expresión y de cátedra.

Al comienzo del semestre, el profesor dejó muy claro cómo serían sus clases. Nada más empezar dijo que se referiría a España como el "Estado fascista español" y añadió que España no era una nación, a diferencia de Cataluña. Bajo ese marco referencial, siguió con insultos a los partidos no nacionalistas, a sus votantes y a quienes se declarasen españoles o constitucionalistas.

El alumno Àlex Serra pidió la palabra par mostrar su rechazo, ante lo cual y en las clases siguientes Munich tachó a su alumno de "patético" por formar parte de la entidad que había presentado diversos escritos ante la Junta Electoral en pro de la neutralidad de la UAB y que se saldaron con la retirada de murales independentistas y lazos amarillos, uno de los cuales se encontraba en el despacho del profesor.

Dado el tenor de los hechos, el alumno envió una nota al decano de la Facultad de Derecho, Enric Fossas, cuyo equipo se puso en contacto con Munich. El profesor se disculpó "por algunas de las afirmaciones de tono más grosero y ofensivo y admitió que no se debían haber expresado de ninguna manera", reza la respuesta del decanato al alumno. También aseguró que no tendrían en cuenta las discrepancias con el estudiante a la hora de puntuar la asignatura. "A partir de aquí —continúa la nota del decanato—, el doctor Munich reivindicó su derecho a utilizar expresiones como 'el Estado fascista español' o bien proferir expresiones como 'fachas' o 'fascistas' para calificar a algunos partidos españoles. En todo caso quiso subrayar que las expresiones más contundentes las dirigía contra los partidos políticos y no contra las personas simpatizantes o militantes".

Al decanato le parecieron estupendas las excusas de Munich, por lo que se limitó a pedirle "prudencia" y a recordarle que la relación profesor-alumno no es una relación entre iguales, "sobre todo antes de la evaluación".

Represalia tras la queja
En otro escrito dirigido a la rectora, el alumno amplia la denuncia y afirma: "Al día siguiente (de enviar el escrito al decanato), 13 de febrero, el Dr. Jaume Munich, en clase, preguntó si estaba el alumno con el que había hablado al final de la clase anterior. Le dije que sí y a partir de ahí, ante toda la clase, manifestó su enfado ante lo que él consideraba un intento de censura por mi parte. En su larga intervención no ahorró descalificativos hacia Ciudadanos, hacia las personas que no compartían su ideología nacionalista, hacia España. De ahí pasó a otros temas. Vinculó mi persona a los escritos dirigidos a la administración electoral con el fin de conseguir la neutralidad de la UAB en período electoral y se quejó de que como consecuencia de tales escritos él hubiera tenido que retirar un lazo amarillo de su despacho. Cuando pude intervenir brevemente, puesto que me cortaba constantemente le manifesté que no me arrepentía de haber participado en la consecución de una UAB más neutral y que, al revés, me sentía orgulloso de ello; a lo que él replicó –repito, ante toda la clase— que yo era patético".

El alumno, Àlex Serra, decidió esperar a la conclusión del semestre para elevar su protesta a la rectora, Margarita Arboix. Quería así evitar nuevos insultos y represalias por parte del docente. Ahoa, acabado el curso, reclama que se adopten las medidas necesarias para que no se repitan las actuaciones de Munich y que se valore la posibilidad de abrir un expediente informativo y/o sancionador.
 


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