AGLI Recortes de Prensa   Domingo 2  Agosto  2020

Bienvenidos a la gran crisis
Lorenzo Bernaldo de Quirós El Espanol 2 Agosto 2020

La contracción de la economía española en el segundo trimestre del año, un 18,5%, no sorprende a nadie como tampoco que España haya liderado la caída del PIB en los países de la UE y de la Eurozona. Sufrió el shock derivado del Covid-19 en plena fase de desaceleración y con unas condiciones macro y microeconómicas de una extraordinaria debilidad.

A partir de ahí, la mala gestión de la crisis sanitaria realizada por el gobierno y la política desplegada para afrontar sus efectos económicos hacían inevitable un desplome como el que se ha registrado, que otorga a España un desagradable liderazgo continental.

En este contexto, las declaraciones de la Secretaria de Estado de Economía de que se percibe una “reactivación” suponen un ejercicio de humor… negro. Es inimaginable que una economía que ha estado cerrada casi en su totalidad durante tres meses no experimente una mínima reanimación cuando se abre. Esto sería un imposible estadístico, algo tan sorprendente como la cuantificación presidencial de los 140 mM de euros que percibirá España del Fondo Europeo de Recuperación (FdR) en un 60% del PIB.

A estas alturas, aunque tenga un atractivo morboso, carece de interés debatir si la actividad caerá este ejercicio un 12, un 13, un 14 o un 15%. Cualquiera de esas magnitudes es una catástrofe y no tiene precedentes desde 1936, el año del comienzo de la guerra civil. Lo relevante es cómo, cuándo y con qué intensidad se producirá la recuperación. Aunque el arte de la profecía no goza de una extraordinaria precisión en la ciencia lúgubre, sí es posible establecer o aventurar cual será la tendencia.

Salvo un cambio radical en la estrategia gubernamental no existe posibilidad de superar esta recesión con rapidez. El consumo privado no tiene opción alguna de revitalizarse con el brutal aumento del desempleo en curso, con el descenso de la renta disponible y de la riqueza financiera e inmobiliaria de los hogares unida a su alto endeudamiento. La inversión tampoco lo hará ante la destrucción en marcha del tejido empresarial, la debilidad de la demanda y las negras perspectivas a corto-medio plazo; las empresas no invertirán, bastante tienen con luchar por la supervivencia.

Este negativo panorama se agudiza por la desconfianza-incertidumbre generada por una programación económica que parece diseñada para agravar el impacto de la crisis y prolongar su duración. Se han incrementado las rigideces preexistentes cuando se necesitaba flexibilidad; se ha ignorado el shock de oferta causando un daño estructural que tardará mucho en restaurarse en pro de sostener una demanda que se ha hundido.

Ni una sola iniciativa gubernamental ha ido en la dirección correcta. El éxito de los ERTEs es haberse convertido en una forma de paro encubierto para un volumen importante de sus beneficiarios. Es difícil encontrar un gobierno que se haya equivocado tanto, persista entusiasta en el error y parezca dispuesto a profundizar en él.

En paralelo, España se enfrenta a una tesitura presupuestaria diabólica. Las necesidades de financiación y de refinanciación del Tesoro se situarán este año y el próximo entre los 300 y los 350 m.M. de euros. Las ayudas europeas no podrán destinarse a ese fin y las compras de deuda soberana realizadas por el BCE, unos 120-130 m.M. de euros este año no bastan ni bastarán el próximo, caso de mantenerse en sus actuales niveles, para satisfacer aquellas.

¿El mercado estará dispuesto a financiar al Estado sin un plan de consolidación fiscal creíble? Y, en ese caso, ¿a qué precio? ¿Cuándo los bonos españoles van a competir con los emitidos por la UE para dotar el FdR?

Salvo que la UE obligue a introducir un plan de consolidación presupuestaria y de reformas estructurales, la economía española se instalará en la crisis y tardará mucho tiempo en salir de ella. Esto no es una cuestión ideológica, sino de puro manual. Sin una estrategia macro de estabilización, basada en el recorte del gasto, y sin políticas de oferta que restauren los incentivos para crecer y crear empleo es imposible superar una situación como la actual. Es la repetición, agravada, de la tesitura a la que se enfrentó España en 2010: una combinación explosiva de recesión con riesgo de crisis fiscal.

Un Gobierno elefantiásico
Editorial El Mundo 2 Agosto 2020

El Gobierno que venía a regenerar la vida pública copa la Administración con un récord de altos cargos

El Gobierno que llegó al poder, tras desalojar al PP, de la mano de la bandera de la regeneración, se muestra incapaz de dar ejemplo. Al organigrama ministerial creado por Pedro Sánchez, con 22 carteras además de Presidencia, se une una estructura en los puestos de libre de designación que no se compadece ni con las promesas de regeneración que Sánchez agitaba antes de aterrizar en La Moncloa ni con la situación de crisis aguda que atraviesa la economía española y, por ende, las cuentas del Estado. Tal como reveló EL MUNDO, la coalición PSOE-Podemos lleva a récord los altos cargos de un Gobierno con 732. El número de altos cargos en activo a 31 de diciembre de 2019 era de 666. Sólo seis meses después, el cómputo se ha elevado en 66 personas, según un informe que la Secretaría de Estado de Política Territorial y Función Pública ha elevado al Congreso de los Diputados sobre el cumplimiento por parte de los titulares de los puestos incluidos en su ámbito de aplicación, de las obligaciones de declarar.

No hay precedentes de una estructura en la Administración General del Estado con un volumen tan abultado como en la actual legislatura. Mariano Rajoy abandonó la Presidencia del Gobierno el 31 de mayo de 2018 dejando un total de 671 altos cargos. Ese mismo año, la cifra ya se incrementó. En sólo siete meses, el Ejecutivo socialista, que presentó la moción de censura, cerró 2018 con un total de 707 altos cargos. Hace un año, en junio de 2019, con un Ejecutivo en funciones, la cifra se situó en 684. Esta escalada revela que al Gobierno de coalición entre PSOE yPodemos, pese a la retórica empleada para advertir de los efectos de la pandemia del coronavirus, le trae sin cuidado el aumento del gasto asociado al diseño de una Administración de proporciones elefantiásicas. No hay ninguna razón de carácter político, y mucho menos si se atienden a criterios de operatividad, que justifique un aumento tan acusado del número de altos cargos. La única razón que puede explicar este despropósito es la necesidad que tiene el PSOE de contentar a su socio de coalición, la formación que lidera Pablo Iglesias, y la ambición demostrada por ambos partidos de instrumentalizar la administración con intereses partidistas, anteponiendo el carnet de afiliación a la competencia profesional a la hora de designar los cargos discrecionales o los puestos en las empresas públicas. Lamentable y bochornoso ejemplo de derroche justo cuando más necesita el erario apretarse el cinturón ante una recesión sin precedentes.

El fantasma de la Gran Depresión
Pedro Schwartz ABC 2 Agosto 2020

Angustiados por los efectos económicos de la pandemia, muchos vuelven la vista a la Gran Depresión de los años treinta. Principalmente se trata de ver qué lecciones podemos sacar del New Deal o «Nuevo Contrato Social» de Roosevelt para salir de la grave situación en la que nos encontramos. Siento gran simpatía por Roosevelt, pues consiguió que los Estados Unidos encabezaran la alianza de las democracias contra los mortales enemigos de la libertad, hasta vencerlos. Sin embargo, la política económica que aplicó para rescatar a su país de la Gran Depresión estuvo plagada de errores. Lo último que debemos hacer es inspirarnos en ella.

El folclore de la izquierda estatista da por sentado que el New Deal fue un milagroso programa que permitió rescatar a los Estados Unidos de la sima económica y social en la que habían caído. Se suele decir que el presidente americano aplicó las teorías de Keynes. Pura leyenda. Roosevelt ocupó la Presidencia en marzo de 1933. La Teoría general de Keynes no se publicó hasta marzo del 36. Entre los dos había coincidencias, pero no mutua influencia. Ambos creían que el remedio de la recesión era más obra pública y menos comercio exterior. Los dos fueron incapaces de ver las posibilidades de una política monetaria más expansiva. Además, no hubo milagro: en 1937-38 intervino una segunda recesión y Roosevelt tuvo que dar marcha atrás, especialmente en su política de salarios altos y fomento de grandes monopolios. Hubo que esperar a 1941 y al esfuerzo del rearme en la preparación de la II Guerra Mundial para que la economía americana volviera por sus fueros. En suma, la depresión duró diez años.

La depresión se había iniciado bajo el anterior presidente, el republicano Hoover, un ingeniero falto de instinto para lo económico: sólo sabía aplicar medidas intervencionistas. El índice Dow Jones, que había alcanzado en septiembre de 1929 los 381 puntos, se desplomó tras la semana del «martes negro» -el 29 de octubre de 1929- hasta colocarse en el 50 al llegar el traspaso de poderes. La economía real también se despeñó bajo su mandato: en 1933, la producción de Estados Unidos se había reducido nada menos que en un 30 por ciento respecto del nivel anterior a la crisis. El empleo sufrió una caída semejante: mientras en julio de 1927 el paro era sólo del 3,3%, en 1933 alcanzó el 23 por ciento; y a lo largo de todo el decenio de 1930, se mantuvo, con una brevísima excepción, por encima del 15 por ciento -y no había seguro de desempleo.

Lo que nadie supo ver, como luego mostraron Milton Friedman y Ana Schwartz en 1961, es que la Reserva Federal tuvo gran parte de la culpa: su falta de respuesta ante las quiebras de bancos llevó a la desaparición de depósitos y la consiguiente contracción de la cantidad de dinero en más de un tercio en los últimos tres años y medio de la presidencia de Hoover.

La figura de Roosevelt.
Roosevelt entró en la Casa Blanca en marzo de 1933. El nuevo presidente, amplia sonrisa seductora, boquilla de fumador apuntando hacia el cielo, ilusionista que escamoteaba su silla de ruedas, era un maestro de la retórica política, especialmente en la intimidad de sus charlas semanales por la radio. Ofreció un New Deal al pueblo americano. Durante los primeros «cien días» de su mandato (otra expresión de su cosecha) volcó sobre el país un turbión de medidas, continuando a lo grande lo que pusiera en marcha Hoover. Recortó aún más la oferta monetaria, decretando una semana de vacaciones bancarias. Mantuvo el arancel Hawley-Smoot de 1930, salvajemente proteccionista e intentó suavizarlo con tratados de comercio, que tanto enmarañan los intercambios. Creó la faraónica Tennesee Valley Authority, cuyo objeto era represar los ríos de esa inmensa cuenca fluvial para producir electricidad subvencionada y transformar la agricultura de siete estados sureños -una triste historia bien contada por Amity Shlaes-. Creó una Seguridad Social cuyas pensiones y servicios de salud están hoy virtualmente quebrados. Invadió la actividad hipotecaria del crédito y, durante su tercera presidencia, creó la reaseguradora Fannie Mae, que finalmente quebró en 2008. Con la «National Industrial Recovery Act» buscó reducir la competencia fomentando grandes trust industriales, imponiendo el salario mínimo y extendiendo el sindicalismo. ¿Les suena?

El populista Roosevelt escondía un centralizador irredimible: expansión del poder de la Presidencia, destrucción de los frenos y contrapesos de la Constitución, castración del Tribunal Supremo, animadversión a la empresa privada, pasión por las obras públicas, empujón de precios y salarios al alza). No es de extrañar la admiración que sintieron los New Dealers por Mussolini. Nuestros izquierdistas de hoy se reconocerán en Roosevelt como en un espejo

En conclusión: ahora debemos hacer todo menos imitar a Roosevelt. Aparte de ayudar temporalmente a quienes han perdido su trabajo o ven en peligro su empresa, deberíamos reaccionar reduciendo impuestos, dando pasos hacia el equilibrio presupuestario, ahondando en la reforma laboral, iniciando la capitalización de las pensiones y todo lo que exige el reconocer que, tras la pandemia, somos más pobres y hemos de poner manos a la obra.
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Pedro Schwartz es académico de número de la real de ciencias morales y políticas

La pirámide de mercedes
Amando de Miguel LD 2 Agosto 2020

Nunca en la historia contemporánea española el Gobierno ha sido tan poderoso como hoy.

En mi lejana época de estudiante universitario fue todo un descubrimiento La crisis del Estado, el texto que daba Manuel Fraga en su curso. Las clases eran una cascada de citas en varios idiomas, que el maestro ni siquiera traducía. Por fin, después de más de medio siglo de continuas lecturas, se me aparece claro lo que pueda ser esa evanescente realidad del Estado.

La gente del común confunde Estado con Gobierno, y no anda descaminada. Hay Estado donde se muestra un Gobierno dispuesto a decretar las órdenes pertinentes para beneficiar a los que llama "ciudadanos", aunque siempre a unos más que a otros. De esa forma, el Gobierno se muestra como el gran dispensador de sueldos, mercedes, cargos, sinecuras, prebendas, privilegios, ayudas, subvenciones. Es decir, se convierte en el gran administrador de los dineros públicos, incluidos los que pide prestados. Así pues, la política se traduce en una gran rebatiña de los distintos intereses sociales para conseguir la parte más ventajosa posible del reparto del presupuesto público.

No hay más que ver el ejemplo de las empresas multinacionales (realmente de pocas naciones) asentadas en España, con frecuencia asociadas a otras autóctonas, auxiliares o dependientes. Solo se quedan en la Piel de Toro si el Gobierno les concede todo tipo de facilidades laborales y fiscales. En cuanto ven en peligro tales privilegios, mueven a sus trabajadores bien entrenados sindicalmente para protestar y exigir que el contribuyente español incremente la dádiva que recibe la empresa. No es broma, los contribuyentes españoles deben pagar una parte del coste de un automóvil que adquieren los compradores y, por tanto, benefician a los fabricantes. Es solo una ilustración que nadie discute, pero hay muchas más.

Los recursos públicos son limitadísimos (tanto que el Gobierno tiene que recurrir continuamente a interminables préstamos). Por tanto, lo interesante es la feroz competencia que se establece por parte de los muchos pedigüeños. Ahí reside el secreto del poder. Ciertas empresas, asociaciones y demás entidades de influencia logran beneficiarse más que otras del reparto. Para ello se valen de etiquetas plausibles, como, por ejemplo, las "luchadoras contra la violencia de género" o las asociaciones de productores de la más diversa índole. El ideal es que los pedigüeños logren tener alguna poltrona en el Consejo de Ministros. Es una especie de Consejo de Administración del Producto Interior Bruto, o mejor, del sistema de gastarlo. Sus reuniones son legalmente secretas.

Se comprenderá ahora el júbilo general que logra producir la eventual llegada de ese maná superlativo que son los fondos europeos para la reconstrucción nacional. Es una consecuencia de la pandemia del virus chino, pero no hay mal que por bien no venga. Son muchos los españoles que esperan sacar tajada, como sucedió en su día con los fondos europeos para promocionar el empleo o construir autopistas. Sirvieron sobre todo para lubricar bien los mecanismos de los partidos, los sindicatos y las patronales. Importó poco que la tasa de desempleo apenas descendiera: a la larga aumentó todavía más.

Bien, el Estado ha sido así testigo, en la España contemporánea, de sucesivos cambios de régimen. Lo realmente nuevo es que nunca en la historia contemporánea española el Gobierno ha sido tan poderoso como hoy en su faceta primate de dispensador de mercedes. Nunca ha sido tan profuso el fichero de altos cargos, no solo en el Estado central, sino en las mal llamadas ‘autonomías’.

La hecatombe económica que se nos echa encima, provocada por el maldito virus chino, supone una oportunidad de oro para que el funcionamiento de la economía y la sociedad descansen más que nunca en el Estado. Quien más quien menos necesita la ayuda pública para seguir produciendo, para asegurar las vacaciones o para seguir vivo. Es evidente que la ingente factura se tiene que pagar con una creciente deuda pública y más impuestos; es decir, con más Estado. Se entenderá ahora que gobiernen las izquierdas. Son hoy las grandes derrochadoras del dinero de los contribuyentes.

hasta junio de 2020
Las administraciones frenan el cierre de organismos públicos pese al aumento del déficit
Carlos Ribagorda okdiario 2 Agosto 2020

Las administraciones provinciales y locales -ayuntamientos, cabildos, diputaciones, mancomunidades…- han frenado el cierre de organismos y entes públicos en lo que llevamos de año, evitando así un importante ahorro de costes, pese al incremento del déficit y el desplome histórico del PIB. A 30 de junio, y según los datos del Ministerio de Hacienda conocidos este viernes, en España quedan 17.214 entidades adscritas a estas administraciones, apenas 20 menos que a 31 de diciembre de 2019.

De estas entidades, Hacienda distingue entre lo que son entes principales y otros dependientes, como fundaciones, asociaciones o consorcios, más ‘prescindibles’. Teniendo en cuenta éstas últimas, el número de entes dependientes de las corporaciones locales a 30 de junio es de 4.229, sólo 22 menos que a cierre de 2019. Barcelona, cuya alcaldesa es Ada Colau, es la ciudad que más entes tiene, con 50, seguida de Sevilla.

Esto significa que el ritmo de desaparición de organismos públicos provinciales y locales se ha reducido en lo que llevamos de año, pese al incremento del déficit público provocado por el coronavirus. En los seis primeros meses han dejado de estar adscritos a las administraciones locales un 0,5% de los entes, porcentaje que en el conjunto sería -al mismo ritmo- de un 1%. En 2019 este porcentaje fue del 2,4% -111 en número-, un 2,2% en 2018 -105- y en 2017, un 1,8% -89-. En 2016 se redujeron un 3,2% -158- y en 2015, un 5,2% -273-.

Según refleja el informe de Hacienda, «Barcelona, Sevilla y Reus son los ayuntamientos con más entidades dependientes, con 50, 37 y 24 respectivamente. Entre las Diputaciones Provinciales, Cabildos y Consejos Insulares, los que cuentan con más entes dependientes con el Cabildo Insular de Tenerife con 41 y la Diputación Foral de Vizcaya con 35, mientras que de la Diputación Provincial de Soria tan sólo depende una entidad».

Rajoy
El número de entidades dependientes de ayuntamientos y diputaciones ha ido creciendo desde 1996 hasta alcanzar su máximo en 2009, con 6.391. Desde entonces se ha ido reduciendo lentamente y todavía existen más que en 1996.

Cuando llegó Mariano Rajoy al poder, en enero de 2012, puso en marcha una política de cierre de estos organismos públicos como parte de su política de reducción de costes para hacer frente a la crisis anterior. Rajoy llegó al Gobierno con un déficit de más del 9%, lo que le obligó a tomar esta decisión para agilizar la estructura pública y eliminar gastos. Fundaciones, empresas públicas y asociaciones fueron su objetivo.

La llegada al poder de Pedro Sánchez ha mantenido de momento esta política, hasta este primer semestre del año. De hecho, en el primer trimestre del año estaban registradas dos entidades más que a cierre de 2019, el primer incremento en años.

La reducción de estas entidades se antoja básica en estos momentos, cuando de nuevo el déficit público se ha vuelto a disparar. Hasta junio, el descuadre de las cuentas se ha multiplicado por cinco y supera ya el 4,3%. La previsión de los organismos nacionales e internacionales, y del propio Gobierno, es que aumente por encima del 10%, cifra superior a la máxima de la crisis anterior, en 2011.

El Gobierno de Sánchez es un peligro para la salud pública
OKDIARIO 2 Agosto 2020

En el mes de junio, el Ministerio de Sanidad anunció a bombo y platillo la creación de una reserva nacional estratégica de material sanitario. Se trataba de hacer acopio de mascarillas, test, medicinas y respiradores con capacidad suficiente para suministrar al sistema de salud «durante dos meses». La idea parecía buena: para evitar que España volviera a las andadas y no se produjera un escenario de desabastecimiento generalizado como el registrado durante los momentos más críticos de la pandemia, el Ejecutivo socialcomunista se volvía, por fin, previsor. Muchos pensaron en ese momento que el Gobierno había aprendido de sus errores pasados y que la reserva nacional estratégica de material sanitario era una enmienda a la totalidad de su anterior gestión.

Pero no. La lentitud en el proceso de adquisición y problemas diversos con las empresas suministradoras extranjeras (algo recurrente desde el comienzo de la pandemia) han provocado que en plena oleada de rebrotes la capacidad de esta reserva esté muy por debajo de lo comprometido por el Ejecutivo de Sánchez. No lo dice OKDIARIO, sino el mismísimo ministro de Sanidad, Salvador Illa, quien en su comparecencia parlamentaria del pasado jueves admitió que esa reserva tan sólo cubría «el 25% del consumo declarado por las a autonomías durante dos meses». Hagan la cuenta: si la reserva inicial daba para 8 semanas, una cuarta parte de la reserva da para 2. Es decir, que corremos de nuevo un riesgo cierto de desabastecimiento.

Por eso, el Consejo Interterritorial de Salud ha instado a las comunidades a que mantengan abiertos procesos de compra de material para que adquieran sus propias reservas estratégicas. Esto es, que se busquen la vida. Todo después de que el megacontrato de Sanidad de 2.009 millones de euros impusiera unas condiciones que dejaban fuera a las empresas españolas del sector sanitario. O sea, con las empresas suministradoras extranjeras hay problemas de todo tipo y a las empresas españolas se las excluía. Por eso, se ha tenido que paralizar el megacontrato y volver a empezar.

Mientras, el tiempo sigue corriendo, el material sanitario se agota y el Gobierno sigue dando muestras de su recurrente incompetencia.

Sánchez se identifica ahora con La Pasionaria y Alberti
Federico Jiménez Losantos LD 2 Agosto 2020

El presidente del Gobierno ha despedido el curso parlamentario con un saludo histórico a dos comunistas cuyo comportamiento cívico fue tan criminal como el de otros muchos, pero que, redimidos por la Transición, han quedado como "comunistas buenos": Rafael Alberti y La Pasionaria.

En realidad, Sánchez rindió tributo al PCE para atacar a los enemigos del comunismo, que él acierta sin querer cuando lo identifica con el FRAP del padre de Iglesias que reivindica su hijo para luego acusar a Cayetana de injuriarlo por decir lo que él decía. El FRAP o el GRAPO, no el PCE de la Transición, es el referente comunista histórico de Podemos, IU y el PCE actual, cuyo Secretario General es Enrique Santiago, abogado de las FARC narcoterroristas en La Habana. Este Santiago es el que elogia el asesinato de toda la familia del Zar por Lenin y dice que, según fuera la ocasión, él haría lo mismo con nuestros reyes y, suponemos, las infantas. Pues bien, a ese paladín de la libertad dedicó estos párrafos el presidente del Gobierno:

Dedicado al abogado de las FARC
"El secretario general del Partido Comunista me va a permitir hacer una referencia a la contribución del Partido Comunista. Aquí ha habido algún grupo que ha denigrado, ha estigmatizado, digamos que arrastrado injustamente por el suelo la contribución a la democracia, a la prosperidad, y a la Constitución del 78 del Partido Comunista de España. (Aplausos. El señor Santiago Romero hace gestos de agradecimiento puesto en pie).

Desde luego, yo me siento más cerca de la España que soñaban Alberti, La Pasionaria y otros muchos comunistas (rumores), sí, otros muchos comunistas, que contribuyeron a la democracia en este país, a la paz, a la convivencia y la concordia. Y finalmente, en una semana como ésta, que ha fallecido un Secretario General del Partido Comunista como Paco Frutos, quiero que mis palabras también reivindiquen la memoria de un Secretario General del Partido Comunista de España. (Aplausos)"

Si un Secretario General del PCE no merece los elogios de Sánchez, es Frutos, que era enemigo de la alianza del partido con el separatismo y fue a las grandes manifestaciones de Barcelona contra el Golpe de Estado. Pero este necio infinito llamado Sánchez no vacila en elogiar a un muerto para insultarlo al compararlo con los vivos. Inútil sería explicarle que si lo que quiere es elogiar a un Secretario General del PCE, hay que distinguir.

El primero, Pérez Solís, era un pistolero bilbaíno que acabó en las filas franquistas; al segundo, Bullejos, lo echó Moscú para colocar al trío José Díaz-Pasionaria-Jesús Hernández, otro pistolero bilbaíno, que asaltó un periódico, quiso matar a Indalecio Prieto y era conocido, como Pérez Solís, por ser el típico "comunista de las tres P: Partido, Pistolas y Putas". Y tal vez a José Díaz lo mataron los suyos en Moscú. Ojo con el elogio.

"El último secretario general" llamó Iglesias a Carrillo en el artículo en que se proclamaba textualmente hijo de un militante del FRAP". Que, por cierto, es lo que se negó a leer, después mandó borrar y ahora está entre corchetes, como algo delictivo, Meritxell Batet del Libro de Sesiones de las Cortes, de forma obscenamente falsaria y rabiosamente anticonstitucional. Así deberá ratificarlo el Tribunal Constitucional cuando reciba la demanda de Cayetana en defensa de su derecho a decir la verdad. Por cierto, sin el apoyo de su partido, que, en cambio, se arrodilla ante el árbol de Guernica, monumento histórico a la trola mohosa y liberticida de los fueros vascos. Lo malo es que decir Carrillo es decir "Paracuellos", la única "España que soñaron" y, además, hicieron realidad La Pasionaria y Alberti: la genocida.

"La Pasionaria", rastrera sicaria de Stalin
Pero es que, además, Ibárruri, simple figurón comunista, fue una de las más rastreras publicistas de Stalin, el mayor genocida de la Humanidad antes de Mao. Siempre estuvo ligada a los servicios soviéticos (v. Santiago Carrillo y Ángel Maestro, "Dolores Ibárruri Pasionaria" Ed. B. 2004) y entre sus hazañas nada soñadas sino muy reales en defensa de la Libertad cabe citar los elogios a la destrucción y reparto de Polonia entre su Stalin y su Hitler. Desde el pacto Molotov-Ribentropp, Alemania dejó de ser nazi para los comunistas, y nadie tan servil a las consignas como La Pasionaria.

El 18 de febrero de 1940 escribe en "España Popular" un artículo titulado "La socialdemocracia y la actual guerra imperialista", en el que el único imperialismo es el "anglofrancés"; y dice que Polonia es "un estado creado artificialmente por el tratado de Versalles (…) un conglomerado de pueblos donde los polacos no estaban (sic) más que en un 60 por ciento." Ni siquiera se plantea cuántos rusos había en la URSS después de absorber, tras el pacto con Hitler, a muchos millones más, del Báltico al Mar Negro. Lo suyo es la exclamación, la tamborrada después de la consigna, y ahí va:

"¡La Polonia de ayer, cárcel de pueblos, república de campos de concentración, de gobernantes traidores a su pueblo, que estaba constituida a la imagen de la democracia de los Blum y Citrine! La socialdemocracia llora sobre la pérdida de Polonia porque el imperialismo ha perdido un punto de apoyo contra la Unión Soviética, contra la Patria del Proletariado. Llora la pérdida de Polonia porque los ucranianos, bielorrusos, trece millones de seres humanos han conquistado la libertad."
(Gregorio Morán "Grandeza y miseria del Partido Comunista de España 1939-1985", Planeta. 1986. p 32.)

Esa es la única libertad con que soñó siempre Ibárruri: la de Stalin. Pero si Sánchez no fuera ilimitadamente ignorante, oceánicamente lerdo, sabría además que Pasionaria se desentendió por completo de la suerte de los niños y exiliados españoles en Moscú, que vivió regiamente, vecina y amiga de Caridad Mercader, madre de Ramón y cómplice en el asesinato de Trotski, junto a Margarita Nelken y otros españoles de Stalin en México. Según cuenta Maestro fue ella la que consiguió a Ramón, tras salir de la cárcel mejicana, la dacha y otras prebendas de Héroe de la Unión Soviética. Su libro es anterior al de Luis Mercader, "Ramón Mercader, mi hermano". Espasa 1990, donde cuenta que fue envenenado con el polonio de un reloj de oro que le regalaron al poner su nombre en oro sobre mármol en la sede del KGB, la Lubianka, donde pusieron la Cheka Lenin y Derzhinski. Está enterrado junto a Kim Philby. Para Sánchez otro "soñador" de la libertad.

Cuando Alberti fue "El burro explosivo"
Cuando Alberti se convirtió en rapsoda de Stalin, todo el genio poético de su juventud se fue al garete. "Marinero en tierra" o "Sobre los Ángeles" son los logros -juanramoniano y surrealista, respectivamente- de una trayectoria que él mismo rebajó a la publicidad de la violencia con "El burro explosivo" y en la guerra civil, con la sección de prensa "¡A paseo!", donde señalaba como asesinables a los artistas que no les caían bien a él o a su pareja María Teresa León. Ella le dedicó una crema titulada "Menesteos, marinero de Abril". Él correspondió cruelmente a la cursilada metiéndola en un psiquiátrico para liarse con una joven previuda al volver a España.

Lo vi una vez, en Barcelona, cuando llegó de Roma y fue candidato del PCE en las elecciones de 1977. Llevaba un traje de tela vaquera con solapas muy anchas y una cabellera blanca tan cuidada que, según Cardín, en las Ramblas parecía una loca mejicana que aborreciera la jubilación. Sus andanzas criminales en la guerra civil pueden seguirse en "Las armas y las letras" de Andrés Trapiello (Destino. 2019). Sus loas a Stalin son infinitas e infinitamente olvidables, salvo que Sánchez nos obligue a recordárselas.

Pero lo más infame de ese elogio al comunismo de las FARC y de la Guerra Civil, que es el de los socios de Sánchez, es que se disfrace del PCE de la Transición, que hizo lo que se niega a hacer Sánchez: pactar con la derecha. Mejor: con el franquismo, a cuyo líder, tras cuarenta años muerto, sacó de la fosa como hubiera hecho Stalin. La Pasionaria y Alberti fueron los diputados que formaron la primera Mesa de Edad de Las Cortes, porque no los vetaron las derechas, mayoritarias en la cámara. Al revés: quisieron, unos y otros, subrayar la reconciliación nacional, política del PCE en los 60 a la que se opusieron a tiros y bombas los otros comunistas, los del FRAP y la ETA, padres en muchos sentidos y socios hoy de este Gobierno, a cuyo presidente le gustan las ovaciones del servicio como al mismísimo Stalin. Por sus modelos y costumbres los conoceréis.

Spain is out
Jorge Mestre okdiario 2 Agosto 2020

Nunca antes un nombramiento de la persona al frente del Ministerio de Asuntos Exteriores había malogrado tanto y tan rápido la reputación de España en el exterior como el de la actual ministra, Arancha González Laya. Todavía recuerdo como en las primeras horas de su designación, allá por el mes de enero, cuando incluso exministros del PP como García Margallo, Ana Palacio o Josep Piqué acogieron con satisfacción la noticia. Se llegó a decir que por su experiencia era el perfil idóneo para la defensa de los intereses económicos de España en el escenario internacional. Seis meses después, y a los hechos me remito, no ha habido ni una sola contribución positiva de la ministra. Todo puede resumirse en una palabra: inanidad.

El veto del gobierno británico y de decenas de países desde dentro y fuera de Europa al sector turístico, que va a causar catastróficas pérdidas, es el espolón de proa del fracaso de la diplomacia española con González Laya al frente. Es incomprensible que, en las actuales circunstancias del coronavirus, con las alertas existentes desde el Departamento de Seguridad Nacional, con la supuesta información que llega desde las embajadas o con sólo leer los periódicos o ver la BBC no hubiese un plan de contingencia trazado para evitar las cuarentenas a todos los ciudadanos llegados desde nuestro territorio, así como las prohibiciones de viaje.

Hay responsables públicos que saben anticiparse a los problemas, que son capaces de preverlos y que, sin hacer ruido, se mueven con astucia hasta conseguir evitarlos. Por el contrario, hay dirigentes que asisten impasibles, indolentes y pasivos a la ola del tsunami que se avecina, esperando que a ellos no les arrastre, bien porque creen que no va con ellos, o bien porque la embriaguez de frenesí de una noticia halagüeña les amojama. La pérdida del prestigio de la imagen de España como destino turístico no es una cuestión puramente del Ministerio de Industria, Comercio y Turismo. La defensa de un sector que representa más del 12% del PIB y da trabajo a casi tres millones de personas es una cuestión de interés nacional y, por tanto, el Ministerio de Asuntos Exteriores tenía que haber trabajado anticipándose a los escenarios posibles y a sus diferentes consecuencias. ¿Para qué nos sirve también un secretario de Estado como Miguel Muñiz al frente de lo que llaman España Global si no sabe defender los intereses estratégicos españoles en el mercado internacional?

De temeraria podría calificarse la política del Gobierno. Las pruebas son innumerables. Ocurrió con la salida de Nissan de la planta de Barcelona y la probable pérdida de 25.000 puestos de trabajo que se vislumbraba desde hacía meses pero que la diplomacia económica del Ministerio de Exteriores no hizo nada por evitarlo, más allá de una foto en Davos hace unos meses; se produjo también con el ridículo de la candidatura de Nadia Calviño a presidir el Eurogrupo y que suponía engrasar la maquinaria diplomática en Bruselas y otras capitales europeas, o la propia de González Laya, que quiso postularse para dirigir la OMC pero que ante la falta de apoyos fuera de España prefirió no verse luego excluida; así como en las relaciones con vecinos o aliados: EEUU nos ignoró, Holanda nos humilló, Suecia nos dio la puntilla y Turquía nos desautorizó.

El panorama es desolador. Ni hemos estado a la altura de lo que se espera de una potencia mediana como España, ni nada indica que vaya a mejorar. La campaña de verano para el turismo está perdida y la economía se hundirá aún más en el tercer trimestre. Todo ello es fruto del mal que aqueja a los gobernantes cortoplacistas, que se ponen tan beodos de entusiasmo cuando superan una curva que luego son incapaces de ver la siguiente. Acaban por estrellarse.

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Moción de censura: ¿hambre para hoy y pan para mañana?
Alejo Vidal-Quadras. vozpopuli  2 Agosto 2020

El anuncio por parte de Vox de una moción de censura contra el Gobierno de Pedro Sánchez condenada al fracaso ha sido acogido con júbilo rayano en el recochineo en las filas del PSOE y de UP y con preocupación en las del PP. Prácticamente todos los analistas lo han interpretado como un problema para Pablo Casado y una ventaja para el inquilino de La Moncloa. Este ataque directo al Ejecutivo socialista-comunista, se ha dicho y escrito, reforzará a la coalición gobernante, permitirá a Iván Redondo seguir asustando a su infantilizado electorado con el ogro de la ultra-derecha, polarizará aún más la política española, ahondará en la división de la oposición y, en todo caso, dará ánimos a las huestes de Santiago Abascal, que andan últimamente algo alicaídas, en detrimento electoral del PP, cosa que le viene muy bien al Gobierno.

Sin embargo, como suele suceder en la vida pública, los acontecimientos tienen primeras, segundas y hasta terceras lecturas y unos efectos fácilmente predecibles a corto plazo y otros más misteriosos a largo. Recuérdese, si no, la absurda decisión de Inés Arrimadas, cuando tras ganar las elecciones autonómicas de 2017, renunció a presentar su candidatura a la presidencia de la Generalitat con el débil argumento de que no podía ganar la investidura. Esta incomprensible muestra de pusilanimidad le hizo perder una ocasión de oro de fortalecer su liderazgo, presentar ante los catalanes una alternativa sólida y creíble al pensamiento único nacionalista e insuflar autoestima y moral de victoria a la Cataluña constitucionalista. Este grave fallo y su posterior traslado a Madrid han malogrado por completo aquella gran hazaña y Ciudadanos, hoy primera fuerza en el Parlament, será con suerte la cuarta dentro de pocos meses.

Los estrategas de Vox saben perfectamente que se quedarán solos en esta batalla y que su derrota en el hemiciclo del Congreso será completa. Por tanto, su intención va mucho más allá del último trimestre de 2020 y está operación aparentemente suicida mira hacia adelante y espera recoger sus frutos en los próximos años. Son varios los propósitos que encierra esta maniobra. El primero es mostrar que existe una España distinta a la que actualmente se debate entre la ruina y la fragmentación y que Vox la tiene bien estructurada en sus ideas y en su programa. El segundo es llevar al ánimo de los votantes del PP, de Ciudadanos e incluso de los del PSOE que no aprueban el aventurerismo irresponsable de Sánchez, que todos estos partidos forman parte con diferentes grados y matices del mismo esquema globalista, colectivista, LGTBI, anómico, relativista y multiculturalista y que este camino conduce al desastre.

Sólo Vox, les dirá Abascal desde la tribuna, televisado en directo a todo el país, ofrece una salida de este pantano viscoso y garantiza la unidad nacional, la prosperidad, el Imperio de la ley, la solidez de la institución familiar, la libertad de educación, una fiscalidad no confiscatoria, la seguridad de las fronteras y el final de la partitocracia corrupta y divisiva. Y el tercero es de estilo. Frente a los restantes grupos que hacen una oposición de pacotilla, paralizados por la corrección política, Vox se enfrenta a la totalidad del hemiciclo sin complejos demostrando así que le sobran los redaños de los que otros carecen.

Por supuesto, se trata de un movimiento arriesgado porque de lo sublime a lo ridículo hay un breve paso. Lo que está concebido para ser Cartagena de Indias en 1741 puede acabar siendo Rocroi en 1643. También forma parte de la personalidad de Vox el plantearse desafíos en principio insuperables en sintonía con su visión antropológica general y de la Historia de España en particular. Este enfoque rebosante de coraje a lo Cid Campeador puede atraer, si Abascal acierta en el tono y el contenido de su discurso, a amplios sectores de la sociedad española, hartos de de una clase política marrullera, huidiza, incoherente y mentirosa.

Un órdago muy osado
El planteamiento de Vox está claro: el sistema político e institucional de 1978 en manos de los partidos que lo han manejado a lo largo de las últimas cuatro décadas nos ha arrastrado a la descomposición y al fracaso. Es necesaria su reforma profunda y una revisión a fondo de sus supuestos. Todo lo que no sea este cambio radical de perspectiva representa una pérdida de tiempo y la inevitabilidad de la catástrofe. Con esta moción de censura arroja sobre el tapete verde de la democracia un órdago muy osado que puede desembocar a lo largo de la partida subsiguiente en el desplume de los demás jugadores o en la bancarrota propia.

Al fin y al cabo, se han preguntado en la cúpula de Vox, si lo que nos proponemos ha tenido éxito en Hungría, en Polonia y en Estados Unidos, ¿por qué no en España? El futuro nos dará la respuesta y sabremos si este salto en paracaídas en territorio enemigo es una temeridad insensata o una intuición genial. No parece descabellado pensar que sus urdidores y protagonistas tampoco lo saben. Lo que sí está claro es que les gusta jugar fuerte.

Generalitat de Cataluña
Torra dio 1,3 millones a una entidad que se encarga de traducir al catalán los nombres de las cigarras
Raquel Tejero okldiario 2 Agosto 2020

El presidente de la Generalitat, Quim Torra, ha gastado 1.311.275 euros para financiar el centro de terminología de lengua catalana creado por el Govern. Estos fondos fueron destinados, entre otros asuntos, a elaborar un informe para traducir las distintas especies de cigarras.

El TERMCAT es el encargado de producir nuevos términos en catalán a través de adaptaciones de las palabras en su lengua de origen. De esta manera, Torra puede dar un paso más en sus ansias de desterrar el español a favor de la instauración del catalán en cada ámbito de la vida.

El centro ha publicado su memoria del año 2019 donde recoge todas las iniciativas llevadas a cabo y anota otros detalles como la financiación. Es en este punto donde reconocen que el Departamento de Cultura catalán les ha dotado de más de 1,3 millones de euros. A pesar de que el presupuesto no ha aumentado respecto al ciclo anterior, la cifra no deja de ser asombrosa sobre todo si se analiza el trabajo llevado a cabo por el TERMCAT.

Estudio sobre las cigarras
Un ejemplo de los trabajos elaborados por la entidad en 2019 data del mes de julio y se trata de un estudio sobre las denominaciones en catalán de las especies y subespecies de cigarras que se pueden encontrar en Cataluña y en zonas geográficas cercanas.

Este departamento financiado con dinero público tiene como misión, según su propia página web, «coordinar la actividad de terminología en catalán, a través de la prestación de servicios de calidad, la creación de productos de terminología y la normalización de los neologismos, para garantizar la disponibilidad de la terminología catalana en todos los sectores de conocimiento».

En este caso, el TERMCAT tradujo los nombres de los insectos para poder usar el catalán a la hora de hablar de las cigarras «con los correspondientes nombres científicos». Los nombres catalanes fueron fijados por una ‘Comisión para la Nomenclatura Catalana’ de la especie, constituida por varios especialistas catalanes, tal y como informó OKDIARIO.

La infografía recogía 19 especies y subespecies de cigarras, tales como la cigarra sangrienta, que denominó como ‘bruñidora ala-roja’; la ‘cigadella alacurta’ o la ‘cigalella menuda’. Además , en la mayoría de los casos, se incluía una terminología adaptada al valenciano.

«Rock es rock»
El TERMCAT de Torra ha realizado estudios anteriores y continuados sobre otros aspectos como la música, para buscar los términos más adaptados para traducir del español al catalán y donde el flamenco, por ejemplo, pasa a llamarse ‘flamenc’.

En otros términos, las traducciones no tuvieron tanto éxito y dio como resultado conversiones tan poco necesarias como el rock por «rock», el jazz por «jazz» y el metal por «metal». La imposibilidad de traducción de dichas palabras no frenó a la entidad que no dudó en incluir los términos dentro de sus ‘diccionarios’. Además, llama la atención la facilidad con la que el TERMCAT modifica palabras en español pero le cuesta más hacerlo con terminología anglosajona.

Obsesión por el catalán
La obsesión de Torra por la expansión del catalán provocó en su momento una gran polémica al descubrirse que el Govern infiltró espías en los colegios para saber en qué medida se hablaba o no la lengua de la comunidad autónoma.

Fue la Plataforma per la Lengua, autodenominada la ONG del catalán, la que reconoció en un informe que se había llevado a cabo tal práctica encaminada a elaborar un informe posterior.

La nota de prensa elaborada por la propia organización aseguraba que el estudio se había llevado a cabo en el recreo y en las aulas. Esto significa que sus ‘confidentes’ se encontraban dentro de las aulas y en el patio de los colegios para detectar quienes no hablaban catalán.
 


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