AGLI Recortes de Prensa   Viernes 7 Agosto  2020

El miedo crece y el Gobierno, de perfil
ABC 7 Agosto 2020

El Gobierno vasco, el primero en ser exonerado del cumplimiento de fases de superación del virus y el más privilegiado por el Gobierno de Sánchez en la desescalada, anunció ayer que esa autonomía está ya inmersa en una segunda ola de la pandemia. La situación socio-sanitaria y los contagios en el País Vasco empiezan a ser más que preocupantes, igual que ocurre en otras comunidades, como Cataluña o Aragón. Distintas autonomías observan cómo sus ambulatorios se sobrecargan, con el riesgo añadido que suponen la euforia típica del ocio en periodo estival y la irresponsabilidad de ciudadanos que incumplen las normas elementales para evitar contagios. De hecho, la Consejería vasca de Sanidad ha admitido de forma fehaciente lo que no ha reconocido aún el Gobierno de Sánchez, y es su miedo real a que la respuesta al coronavirus vuelva a descontrolarse. Autonomías como Galicia ya han recurrido a regular la identificación de miles de visitantes, y poco a poco el miedo se extiende por España. Los infectados vuelven a contarse por miles, las hospitalizaciones por cientos, y los nuevos focos de contagio se han convertido en una amenaza. Y en este contexto, donde España vuelve a ser considerada un peligro para algunos países de Europa que imponen restricciones severas para nuestros nacionales, el presidente se marcha de vacaciones negando la evidencia de que podemos situarnos ante otro colapso. El descontrol de miles de temporeros llegados a España que se rebelan contra cualquier imposición de confinamiento preventivo es solo la punta del iceberg. Ojalá no sea así, pero el riesgo comienza a ser notable.

Sánchez ha pasado de presentarse como un controlador exclusivo de todo, como un rastreador universal y providencial del virus en su «indispensable» estado de alarma, a desentenderse por completo, declinando cualquier responsabilidad en las autonomías. Y todo ello, sin aprobar una sola norma que aclare cualquier disyuntiva interpretativa de la ley que pueda producirse. Sánchez pasó los tres meses de alarma sostenido sobre una operación de mercadotecnia política jamás vista en democracia. Todo giraba en torno a su figura, y de ahí el diseño de esas comparecencias televisivas interminables. Sus «aló presidente» sin respuesta a las preguntas que se le formulaban, y las comparecencias sistemáticas de sus «expertos», se convirtieron en un mantra propagandístico para encubrir sus errores o para ocultar la verdad a la ciudadanía. Este Gobierno ha tardado cinco meses en admitir que la cifra de muertos supera los 40.000 y eso no es baladí. En cambio, todo en La Moncloa son teatrales aplausos de ministros sumisos. Sánchez, ahora de vacaciones, no va a cejar en su empeño de convertir nuestro país en un paraíso de la agitación y la propaganda, aunque el miedo crezca por días.

EL ESTADO: ¿Quién trabaja y quién vive sin trabajar?
Antonio García Fuentes Periodista Digital 7 Agosto 2020

Generalmente han sido siempre los políticos los que han destruido los Estados, sean monarquías o repúblicas; como pasó con el Imperio Romano, que de “una pasó a la otra”, hasta que fue destruido, no por “los bárbaros extranjeros”, como nos han dicho los historiadores idiotas, sino por “los bárbaros del imperio romano que en base a crear una insostenible burocracia de enchufados y parásitos, acabaron comiéndose todo el Imperio, hasta arruinarlo totalmente”. Y ya lo anticipó con tiempo uno de sus emperadores, que públicamente manifestó, “Ya somos más los contribuidos que los contribuyentes”; lo dijo “Caracalla” y está en la Historia.

Así pues; cuando una administración política y del tipo que sea, sobrepasa el volumen que puede soportar un Estado, es esa clase “parasitaria”, la que acaba con el mismo; que es lo que está ocurriendo hoy mismo en España, donde cada vez trabaja menos gente y por el contrario, cada vez hay más, que viven del contribuyente; en especial “los ejércitos de la política y sus enchufados o nepotes cuyo peso ya es insoportable”; y ni quieren reconocerlo y menos, se prestan a aligerar peso al que de verdad, trabaja y produce en este, o en otro cualquier país.

¿Y quién trabaja y produce en cualquier país o Estado político? Simplemente mire en su alrededor y véalo usted mismo, no se necesita mucha inteligencia para hacer un somero balance de la situación, que si la detecta localmente, simplemente piense que ella se multiplica y con creces, a medida que se pudieran ver hasta los más altos niveles. Ya lo escribí hace muchos años, en un cuento, que fue publicado primeramente en mi libro de ensayo, “España aquí y ahora” (primera edición en 1984 y la segunda en 1985: ambas agotadas hace mucho tiempo, y como es un libro “muy duro” y muy crítico, nadie ha dicho de editarlo, puesto que “no interesa”); en dicho libro, uno de sus capítulos, se titula, “Los canarios del emperador”; y allí se muestra y razona, el cómo de un país próspero se llega a la ruina máxima, simplemente por una descontrolada administración política, que llena de parásitos al país, que acaba sin fondos para continuar.

Y no se piense en que la solución viene de “los grandes” (salvo la de un gobierno que de verdad, analice la economía y fomente los medios que de verdad producen los recursos que mantienen al país). Los que generalmente hoy se conocen como “grandes”; son grandes monopolios, multinacionales y conglomerados así, que con la connivencia o clara complicidad, del gobierno y sus miembros, conjuntamente lo que hacen es explotar al resto de la más canallesca forma que podamos imaginar.

Observen como muestra de lo que digo, el que muchos de los antes gobernantes políticos, al terminar su mandato, pasan a engrosar las plantillas de los conglomerados económicos antes mentados, que los acogen, asignándoles puestos importantes con pagas asombrosas; lo que al más tonto o lerdo del mundo, le dice bien a las claras, “que les están pagando favores y concesiones con enormes beneficios, que les gestionaron cuando estaban en el sillón de ministro o incluso de jefe de gobierno”.

Sencillamente, “en este muy material mundo, nadie da nada a cambio de nada” y si como en estos casos, imaginativamente, dan “diez”, vete a saber, los “cientos o miles de cantidades iguales, que recibieron en su momento, en el que seguro, ya prometieron lo que hoy recibe, el que no es otra cosa, que un traidor, que ha robado a su propio pueblo. Hoy en la asquerosa política y en general, estas “cosas” las consideran “totalmente normales”.

Por todo lo antes dicho, la riqueza real y consistente con que cuenta un país, viene generalmente, del pequeño que es capaz de trabajar y producir a costa de “su propio pellejo”, dedicando incontables horas a sacar adelante su negocio, sea éste, “el cuidar y criar ganado, conseguir frutos de la tierra, o del mar, comerciar en los mil tipos de comercio que conocemos y en los incontables talleres y oficios, que ocupan millares y millares, de probos trabajadores de ambos sexos; y que de verdad, son los que acumulan el capital sano, que luego malgasta, roba o malversa, una nube de políticos, que en su vida no hicieron otra cosa, que vivir del trabajo de los demás.

Y esta “es la marcha” de un mundo, siempre sobrado de ladrones y parásitos; y falto de, verdaderos elementos positivos y productores de todo lo que de verdad es necesario para la buena marcha de un país, del tipo que sea.

Antonio García Fuentes
(Escritor y filósofo)
www.jaen-ciudad.es (aquí mucho más) y
http://www.bubok.es/autores/GarciaFuentes

El psicópata de la Moncloa
Emilio Campmany  Libertad Digital 7 Agosto 2020

De año en año, durante la canícula, sale la noticia de que un incendio fue provocado por uno de los que estaba encargado de sofocarlos. Son personas a las que el deseo de ser útiles les lleva a ocasionar artificialmente la desgracia que les han confiado paliar cuando ésta no termina de desencadenarse espontáneamente. Es el caso de Sánchez. Después de escandalizar a media España exiliando al rey emérito, habiendo aquí tantos políticos con muchos más merecimientos para ser tan severamente castigados, ahora viene con la manguera a apagar el fuego. "Sánchez zanja ante Iglesias y sus ministros el debate sobre la Corona"; "El líder del PSOE llama a la militancia a defender ‘toda la Constitución’, incluida la Monarquía". Para creerle tendría que explicar por qué su ministro de Justicia habló de "crisis constituyente" y su jefe de gabinete de "reforma constitucional"; además de los disparates que dice su vicepresidente, que sigue siéndolo tan sólo por voluntad del bombero pirómano.

Claro, que es posible que el presidente padezca una enfermedad mental mucho más exótica y que es conocida como el síndrome de Munchausen por poderes. Estos enfermos provocan artificialmente malestar en las personas que tienen que cuidar, normalmente sus hijos, para poder justificar luego los cuidados que ansían prestar. Sería una tara más que añadir a las muchas que ya padece: la mitomanía –que es la afección que sufre el mentiroso patológico–, el narcisismo y por supuesto la egolatría. A eso hay que añadir otros trastornos de la personalidad que no están todavía reconocidos como enfermedades, por ejemplo la titulopatía –o el impulso de atribuirse títulos que no se tiene derecho a ostentar– y la mentecatez obsesivo-compulsiva, que afecta al tonto que se empeña en hacer a todas horas ostensible su dolencia.

Hay, sin embargo, una última patología que añadir, probablemente la más grave, que no se había revelado del todo hasta ahora y a la que es difícil encuadrar en una enfermedad conocida. Nuestro presidente padece, además de todas las alteraciones anteriores, un afán de ensañamiento psicópata con las víctimas de sus acciones políticas. Algo de eso ya se percibió cuando se empeñó en desenterrar a Franco desafiando todas las leyes humanas y divinas. Ahora, sin embargo, los síntomas son más evidentes por ser el damnificado una persona viva. De ninguna otra manera cabe interpretar que Sánchez, al día siguiente de haber echado de España a Juan Carlos I, se haya ido a veranear a La Mareta, la extraordinaria villa que nuestro rey donó a Patrimonio Nacional tras haberla recibido como obsequio del rey de Jordania. Así que quien nos gobierna no es tanto un desnortado y un chisgarabís de tres al cuarto, sino más bien una enciclopedia andante de enfermedades psiquiátricas reunidas en una sola persona que sería el paciente ideal de cualquier profesional argentino. Y pensar que pasa por ser el más sensato del Gobierno... Es a éste al que pertenecen las manos en las que estamos. Si con él no se va España al garete, será porque los independentistas catalanes y vascos son unos zopencos y los comunistas de Podemos unos tarugos de cuidado.

¿Qué hacen Sánchez y su Gobierno en la playa en plena segunda oleada?
ESdiario 7 Agosto 2020

Con más de mil contagios diarios, Pedro Sánchez no puede estar de vacaciones y su Gobierno no puede permanecer al margen de una gestión entregada a las Comunidades.

Con más de mil contagios confirmados a diario, España vuelve a estar en cifras similares a las de abril y su sistema sanitario se sumerge de nuevo en una presión asistencial que, en aquellas fechas, desbordó su capacidad e hizo que muchos enfermos de coronavirus murieran.

La diferencia, sin duda crucial, es que el paciente de ahora tiene una edad inferior, lo que hace que la patología tengan un impacto menor: en los tramos superiores, y especialmente a partir de los 80, la letalidad del Covid es terrible. Pero no significa que entre los 18 y los 50 no sea también apreciable, por mucho que en ese segmento poblacional el impacto sea inferior.

Parece evidente que, en contra de lo dicho por el portavoz Fernando Simón, estamos ya en una segunda oleada, matizada por el perfil de los enfermos y el mayor conocimiento de la patología. Pero agravada, también, por la sensación de inmunidad que absurdamente parece extenderse en todos los rincones de España y en especial entre los más jóvenes.

Resulta obvio que el ocio nocturno y la actitud de los menos vulnerables al virus están siendo determinantes en la reactivación de los contagios, cuyo número anticipa un mes de septiembre terrible cuando se disipe una tregua vacacional que se concede una parte de la ciudadanía pero no, desde luego, el Covid.

Pero también es palmario que, ante ese paisaje, el propio Gobierno alimenta los comportamientos menos tolerables con su estrambótica actitud, simbolizada en la imagen del propio presidente, Pedro Sánchez, yéndose de vacaciones a la playa.

No resulta sencillo transmitir la necesidad de contención y cuidado cuando el jefe del Ejecutivo es el primero en normalizar lo anormal, marchándose de Moncloa en plena emergencia sanitaria. Nadie discute el derecho a descanso de cualquier servidor público, pero hay excepciones como ésta que no admiten duda.

¿En la playa?
Porque mientras Sánchez está en Lanzarote y su Gobierno desaparecido, se resucita una imagen parecida a la del comienzo de una pandemia que tuvo, por su parte, la peor gestión del mundo, saldada con la mayor mortalidad y la ruina más agravada.

En este contexto y con esos antecedentes, dejar a Comunidades Autónomas y Ayuntamientos al frente de las decisiones, es un claro error que bordea la negligencia y anticipa, tal vez, otro horror insoportable. Y no está España para permitirse otra caída de la que difícilmente se levantaría.

Cortarse la coleta
Un virus adolescente que corroe nuestra política
Luis Ventoso ABC 7 Agosto 2020

España sufre lo que para cualquier observador semeja una segunda ola del coronavirus (excepto para Simón, que al igual que a comienzos de marzo no acaba de verlo). Además, hace solo siete días se supo que nuestro PIB había caído un 18,5%, el peor dato de la UE. Nos azotan cifras espeluznantes de paro, un desempleo juvenil de inframundo, colas del hambre en los comedores sociales y miles de ertes todavía pendientes de pago. Por último, el país está inmerso en una controversia institucional por la discutida decisión de desalojar al Rey Juan Carlos de la Zarzuela, donde residía desde 1962. En este contexto, Pablo Manuel Iglesias Turrión, vicepresidente del Gobierno, pareja de una ministra con la que tiene tres hijos, mayor de edad de 41 años, tenía algo muy relevante que comunicar a los españoles a través de sus redes: ha subido a Instagram la importante noticia de que se ha recortado la coleta, según explica debido a «la ola de calor» y porque sus churumbeles le tiraban de la pelambrera en las joviales tardes de la dacha de Galapagar.

En efecto: es inimaginable que un vicepresidente de Macron, Boris o Merkel se dedique a hacer posaditos de instagramer para mostrar al respetable cómo se ha retocado el pelo. Pero es que en otros países todavía no se ha colado en sus gobiernos el virus de la política adolescente. España disfruta hoy de tres ministros de Podemos cuya actividad operativa tiende a cero: el esotérico Manuel Castells, en perenne estado de fliping new age; Alberto Garzón, que cuando más acierta es cuando no hace nada; e Irene Montero, perejil de todas las polémicas, al frente de un ministerio de juguete con el insólito cometido de predicar el asco universal a los hombres, más que la necesaria igualdad de sexos. El propio Iglesias puede ser añadido al clan de los floreros. La única vez que anunció que se situaba al frente de algo concreto y urgente -el problema de las residencias de ancianos en la primera ola del covid- aquello acabó en inacción absoluta y tragedia. Su principal tarea, amén de peinarse en Instagram, consiste en intrigar, insultar a la oposición, intentar salir ileso del escándalo de la tarjeta sexual chamuscada y fantasear con una república para la que no le salen las cuentas en el Parlamento.

Podemos y Sánchez discrepan públicamente a costa de la monarquía. Algunos observadores fabulan con que las tiranteces podrían acabar en ruptura de la coalición. Pierdan toda esperanza. El currículum laboral de Irene antes de llegar a ministra tuvo su único hito en un año como cajera en una tienda de electrodomésticos. Pablo, con toda su carcasa oratoria y teatral, era un profesor eventual, activista antiglobalización y empleado a ratos de la fundación CEPS (el embrión de Podemos que cobró del chavismo). Irene y Pablo nunca imaginaron los emolumentos que hoy perciben. Viajan en berlina oficial, los escolta la Guardia Civil, gozan de cancha mediática absoluta y pisan moqueta de alcurnia. No se irán de ahí ni aunque la UE los obligue a aplicar todos los recortes «ustericidas» del catálogo, porque están donde nunca soñaron, mucho más allá de su umbral de competencia.

La estabilidad social-comunista
Francisco Marhuenda. La Razon 7 Agosto 2020

Hay gente en el centro derecha que se hace ilusiones pensando que el gobierno social-comunista se romperá. No entiendo muy bien esta obcecación conociendo a sus protagonistas. Es tanto lo que los une que no creo que exista nada que pueda poner punto final a esta alianza. Es evidente que no es amor, sino puro interés, que es el pegamento más sólido del mundo. Es verdad que el tiempo pasa muy rápido en política y olvidamos que no hace tanto expresaban públicamente su antipatía. No hay más que recordar que Sánchez aseguraba que no podría dormir si Iglesias estaba en el Gobierno y ahora es un hombre feliz con un sueño muy plácido desde que le tiene a su lado. Hay que añadir que siendo los escaños parlamentarios muy importantes, lo más valioso es que Podemos no agita las calles. No es difícil imaginar qué sucedería si estuviera en la oposición. Marx escribió que «la religión es el opio del pueblo» y se equivocaba porque realmente es el comunismo.

Lenin y Stalin son dos de los mayores criminales de la Historia y consiguieron dominar, manipular y controlar a su pueblo hasta el extremo de que llegaron a ser amados. Es cierto que parece increíble, pero es la realidad. En estos tiempos modernos y en el marco de la UE, el comunismo se ha travestido de lobo a cordero, aunque no ha perdido su alma, sino que la tiene adormecida. En la Nueva Política lo único importante es alcanzar el poder y disfrutar de sus privilegios. Por ello, no hay que ser un lince para entender que Iglesias, Montero, Castells, Díaz y Garzón no piensan abandonar el Gobierno, pero además han creado una estructura clientelar donde centenares de sus seguidores viven felices en la Nueva Normalidad que es abrazar el sistema. Sus antepasados bolcheviques tuvieron más suerte y el gobierno provisional de Lvov y Kerenski sólo les duró cuatro meses. El antaño revolucionario Iglesias, quien escribía que la socialdemocracia europea había traicionado a la clase trabajadora, necesita seguir en el gobierno para completar un relato. La ruptura le dejaría en una situación poco airosa y aunque tiene muchas vidas políticas no creo que sean siete como los gatos. No importan las disensiones, a veces más ficticias que reales, con el PSOE, los líos de Podemos o la grave crisis económica, porque el matrimonio de Pedro y Pablo es más sólido de lo que parece.


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El Gobierno Frankenstein no está hecho para gobernar
Juan Francisco Martín Seco Republica 7 Agosto 2020

Por si cabía alguna duda acerca de la debacle económica que iba a sufrir el sector turístico español, la cuarentena impuesta por el Reino Unido a los viajeros que provengan de España la ha despejado totalmente. Hay quien dice que la postura británica obedece a motivos económicos, su afán por fortalecer el turismo nacional; otros afirman que hay razones políticas, Gibraltar. Es posible, y también lo es que la medida haya sido improvisada y muy desconcertante para todos, incluyendo los propios ingleses. Pero todos esos argumentos palidecen cuando vemos que otros países: Noruega, Bélgica, Francia, Alemania, Holanda, Austria, hasta Túnez, han tomado medidas si no iguales, al menos similares.

Desde luego algo ha fallado en nuestro país en la lucha contra la epidemia, y algo no funciona en la diplomacia española. El Gobierno, aunque lo pretenda, no se puede lavar las manos. Lo más llamativo han sido los bandazos. En marzo, en una semana, se pasó de afirmar que en España no había ningún problema y permitir manifestaciones y actos masivos de todo tipo a encerrar a toda la población en casa durante tres meses.

El Gobierno decidió imponer el mando único, lo que a todo el mundo le pareció lógico, teniendo en cuenta la grave situación que se avecinaba. De hecho, creo recordar que la primera prórroga del estado de alarma se aprobó en el Congreso casi por unanimidad. En las crisis, los problemas se multiplican cuando el Estado está troceado en diecisiete centros de decisión. Parecía evidente, y ahora se demuestra, que no caben los comportamientos estancos. Las situaciones sanitarias de Cataluña o Aragón están influyendo negativamente en las economías de Baleares, Canarias o Benidorm. No se les puede pedir a los países extranjeros que distingan entre regiones o localidades. Algunos lo hacen, pero es comprensible que otros muchos no entiendan nuestro tinglado autonómico.

El problema, sin embargo, surgió tan pronto como se comprobó que el Estado estaba desnudo, y que no había posibilidad de mando único o este devenía caótico. Un ministerio de Sanidad vaciado de competencias desde hacía no se sabe cuántos años y un Gobierno Frankenstein que no estaba hecho para gestionar, sino para la representación. Y representación fue lo que hizo, montando a diario ruedas de prensa con entorchados y todo, y cuantos más entorchados mejor. Todo a mayor gloria del Gobierno y de su presidente. Homilías continuas de los ministros, de la portavoz, e incluso de Pedro Sánchez, llenas de contradicciones, rectificaciones y justificaciones. Las cifras que se facilitaban periódicamente eran un caos, un conglomerado anárquico lleno de contradicciones y que resultaban increíbles. Y no tuvieron ningún pudor en mentir, desaconsejando la mascarilla, que más tarde impondrían como obligatoria, por el único motivo de carecer de suministro.

A pesar de haberse instalado el estado de alarma y de tener el Gobierno central todas las competencias, cada Comunidad en la mayoría de las ocasiones tuvo que apañarse como pudo y por su cuenta, especialmente en un espacio difícil y poco asequible para ellas, el de los mercados internacionales de artículos sanitarios tensionados en esos momentos por la pandemia. Es más, a la hora de la gestión el Gobierno central se convirtió a menudo en un estorbo porque quería y no podía. Era impotente pero no abandonaba la prepotencia. Buscaba el apoyo -más que el apoyo la sumisión de las demás fuerzas políticas-, pero sin pactar nada, simple adhesión a lo previamente aprobado por el Gobierno.

El Gobierno central, aun cuando el estado de alarma le concedía el mando único y todas las facultades, a la hora de las responsabilidades no dudó en quitarse de en medio y atribuir a las Autonomías los muchos errores, fallos y equivocaciones que se produjeron. Incluso la culpa se le adjudicó al PP desde el instante en el que esta formación política no quiso aprobar la cuarta renovación del estado de alarma y se negó a dar un cheque en blanco al Gobierno, ya que este en ningún momento negociaba, ni tan siquiera adelantaba lo que iba hacer.

Tras una desescalada llena de contradicciones y arbitrariedades, que quisieron hacernos creer que estaba regida por criterios científicos y que ahora nos enteramos, aunque lo sospechábamos desde siempre, que el comité de expertos no existía, es decir, que las decisiones obedecían en el mejor de los casos a motivaciones políticas, cuando no a meras ocurrencias, nos hemos adentrado en lo que llaman “nueva normalidad”, que da la impresión de que se traduce tan solo en anarquía y desconcierto. Continúa sin existir ningún plan B, a pesar de las promesas que el Gobierno hizo a Ciudadanos, a los que una vez más les han tomado el pelo y parece que van a continuar tomándoselo, mientras imperen en ese partido los vientos que provienen del grupo parlamentario europeo.

La nueva normalidad ha venido a significar que cada Autonomía haga lo que pueda y quiera, sometidas tan solo a diferentes jueces, que, en muchas ocasiones, como no puede ser de otra forma, mantienen criterios legales dispares. El Gobierno central ha desaparecido. Se ha pasado del todo a la nada. De encontrar policías en cada esquina, dispuestos a multar por si con el perro se andaba más de la cuenta, o si se salía a comprar exclusivamente una barra de pan o si la mujer y el marido viajaban en el mismo automóvil, a la pasividad más absoluta ante botellones, fiestas nocturnas o aglomeraciones en las playas, focos indudables de rebrotes y que pretenden que los solucionen los ayuntamientos con la mermada policía municipal, si es que existe.

La inmigración continúa siendo una competencia del Ejecutivo central y, sin embargo, las delegaciones del gobierno quieren inhibirse en el caso de los inmigrantes ilegales contagiados. Se niegan a adoptar controles efectivos en aeropuertos, puertos y estaciones ferroviarias, y el servicio diplomático, por su parte, ha mostrado estos días su total inoperancia.

El problema del Gobierno Frankenstein es que no sabe o no puede gobernar. Como la cucaracha de la canción, no puede caminar. Está hecho para la representación, pero no para la gestión. Y así resulta que se encuentra presto a montar con los agentes sociales todo un espectáculo tendente a anunciar a bombo y platillo determinadas ventajas económicas y laborales, pero posteriormente le resulta imposible implementarlas y gestionarlas.

Son muchos los trabajadores sujetos a ERTE que tras varios meses aún no han cobrado y los que lo han hecho ha sido con mucho retraso. El Servicio Público de Empleo Estatal se ha visto colapsado, los funcionarios amenazados y en las oficinas públicas se han producido frecuentes alborotos, ocasionados por una multitud de trabajadores, que se encontraban de la noche a la mañana sin ningún recurso económico, y arrojados a la cola de los comedores benéficos a lo que no estaban acostumbrados. Los teléfonos no contestaban y los que al final tenían suerte y obtenían cita era para dentro de varios meses. Todavía son muchos los que esperan al mes de septiembre para cobrar. Más grave es, si cabe, el hecho de que los que en este momento tienen la desgracia de perder el empleo estén recibiendo cita para apuntarse al paro en octubre, con lo que no comenzarán a recibir la prestación por desempleo hasta por lo menos noviembre.

Eso sí, el Gobierno tenía mucha prisa en anunciar con clarines y trompetas la aprobación del ingreso mínimo vital que ha logrado colapsar también la Seguridad Social. Hoy no es posible realizar ninguna gestión sobre pensiones. Con un diseño excesivamente alambicado y engorroso, que va a ser difícil de gestionar, el ingreso mínimo vital presenta aspectos sumamente discutibles, que merecerían un artículo completo. Por la manía de este Gobierno de vender la mercancía cuanto antes, su elaboración ha sido sumamente apresurada, y la palabra que más se repite en el texto es “reglamentariamente”. De manera que muchos aspectos quedan pendientes de un desarrollo posterior que vaya usted a saber cuándo se va a realizar, con lo que en la actualidad estas partes estos aspectos serán inaplicables o de dudosa interpretación.

Dado su diseño, existe la impresión de que apenas va a surtir efecto precisamente sobre los que más van a necesitarlo, aquellos que quedarán en paro como resultado de la crisis económica que acompaña a la pandemia. Es posible que se hubiesen logrado mejores resultados centrando los recursos en gestionar adecuadamente el seguro de desempleo y en ampliar su cobertura incluyendo a todos aquellos colectivos a los que ahora no llega. Bien es verdad que este camino no hubiera resultado tan atractivo y efectista como ha sido el de poder exhibir con toda la parafernalia la creación de una prestación universal para los ciudadanos en situación de vulnerabilidad.

Curiosamente, quizás a los que más vaya afectar -por lo menos a corto plazo- va a ser a aquellos que ya estaban recibiendo una prestación similar o parecida de las Comunidades Autónomas, pero ello ni siquiera servirá para homogeneizar el caos que hay actualmente en estas ayudas de muy diferente cuantía, ya que la estatal se añadirá a estas como un mínimo a completar y la cuantía final quedará en manos de cada una de las Autonomías.

No, el Gobierno Frankenstein no está hecho para gobernar. Cuando Pedro Sánchez en mayo de 2018 presentó la moción de censura y estuvo dispuesto a ganarla con ochenta y cinco diputados debería haber sido consciente de ello. En nuestra legislación las mociones de censura son constructivas (Vox tendría que tenerlo ahora en cuenta). Lo que quiere decir que su finalidad no puede ser exclusivamente repudiar al anterior gobierno, ni siquiera elegir sin más uno nuevo, sino uno que sea capaz de gobernar, y era evidente, como muy pronto se demostró, que las fuerzas concitadas en aquella moción de censura solo coincidían en el deseo de desalojar a Rajoy del Ejecutivo. Bien es verdad que todo esto no creo que le importase mucho a Pedro Sánchez. Lo único que entonces le interesaba era alcanzar como fuese el colchón de la Moncloa. No obstante, por más esfuerzos que hizo; por más cesiones que realizó, y por más mercedes que otorgó, no tuvo más remedio que convocar unas nuevas elecciones después de poco más de año y medio de desatinos.

Sánchez debería haber aprendido la lección y no haber pretendido construir por segunda vez un gobierno Frankenstein. No obstante, su ansia de poder ha sido siempre más fuerte que cualquier planteamiento racional. Así, a finales de 2019 conseguía recabar las complicidades necesarias (incluyendo a regionalistas, nacionalistas, independentistas, golpistas y hasta a pro etarras) para ser nombrado presidente de gobierno. Pero ese mismo batiburrillo (gobierno más Frankenstein que nunca) no le garantizaba que pudiera gobernar, al menos adecuada y democráticamente, y sobre todo sin hacer cesiones continuas a nacionalistas y regionalistas.

Poco después de su investidura se vio sorprendido por la pandemia y la subsiguiente crisis económica de las que sin duda él y su Gobierno no son culpables, pero difícilmente pueden eludir toda responsabilidad en el hecho de que nuestro país esté a la cabeza en el número de muertos por cien mil habitantes; de que nuestra economía se haya desmoronado en mucha mayor medida que la del resto de los países europeos o de que tengamos la mayor tasa de desempleo de toda la Unión Europea. Pedro Sánchez huye de toda esta realidad, a la que llama el pasado, para fijarse exclusivamente en ese espejismo que él mismo se ha construido, el maná que viene de Europa. Por eso el otro día, con todo lo que está cayendo, pretendió que la reunión con los presidentes de las Comunidades, convertida una vez más en espectáculo con monarca incluido, se centrase fundamentalmente sobre los recursos europeos y su reparto, utilizándolos como reclamo para la Unión.

El Gobierno Frankenstein no puede gobernar. De ahí que Pedro Sánchez, el hombre del “no es no”, exija ahora la ayuda de la oposición, pero esa incapacidad que era cosa conocida, debería haberla tenido en cuenta cuando presentó la moción de censura y más tarde a los dos años, al pretender la investidura. En el fondo, no quiere la ayuda para gobernar. Solo para aprobar los presupuestos. La aprobación de los presupuestos es otro acto de representación, que, a pesar de lo que muchos creen, ya que le otorgan un carácter taumatúrgico, tiene poco que ver con la gobernanza. Lo que en realidad desea Pedro Sánchez es que todo el mundo esté pillado en la trampa y que nadie pueda criticarle, censurarle o cuestionar lo que hace.

El otro día en el debate del Congreso afirmó tajantemente que la legislatura sería larga y fructífera. Larga, no hay duda. He dicho desde el primer día que con presupuestos o sin presupuestos durará cuatro años. No hay nadie que pueda obligarle a abandonar la Moncloa. ¿Fructífera? Lo que pretende decir es que quiere que todo el mundo esté obligado a afirmar que lo es (esa es la ayuda que exige) aunque España se esté derrumbando. Una vez más, el “parecer” por encima del “ser”.

www.martinseco.es

Publican el informe que avergüenza a Lastra: el PSOE es el partido más moroso
M.B esdiario 7 Agosto 2020

Cuando en septiembre el Gobierno llame a la austeridad y a la subida de impuestos, sobre muchos españoles planeará un documento que retrata a la clase política y sus privilegios.

Los partidos políticos españoles son unos morosos. Y difícilmente podrá Pedro Sánchez exigir sacrificios a los ciudadanos si no empieza por si mismo. El PSOE la formación política más morosa de España. Y un informe deja en muy mal lugar a su número dos, la jefa de facto en Ferraz, Adriana Lastra.

Los partidos políticos acumulaban mas de 183 millones en deudas al inicio de 2017 siendo el PSOE, el PP y el PNV las tres organizaciones más endeudadas, según el último informe del Tribunal de Cuentas sobre la contabilidad de las formaciones políticas.

En concreto, el Informe de Fiscalización de los Estados Contables de los partidos y las aportaciones percibidas por las fundaciones y demás entidades vinculadas o dependientes de ellos cifra en 180,47 millones de euros la deuda de los partidos con entidades de crédito, la mayoría de los cuales corresponden a hipotecas (92,55 millones).

El partido que dirigen Sánchez y Lastra lidera esta lista negra. El PSOE debe 70,11 millones, un 56% de su balance. El PP es el segundo (36,21 millones, un 35%) y el PNV tercero (17,59 millones, el 14%).

Justo detrás, en aparecían el PSC (los socialistas de Miquel Iceta adeudan 12,26 millones, 56,39%) Izquierda Unida (11,91 millones, 56,11%) , Iniciativa per Catalunya-Verds (11,62 millones, 117,32%), la antigua Convergència (11,26 millones, 74,17%), Ciudadanos (6,13 millones, 32,81%), el BNG (1,54 millones, 98,36%) y Podemos (1,29 millones, 7,88%), aunque, en su caso no tenía deudas bancarias sino únicamente con terceros.

Las fundaciones del PSOE, también en el disparadero
También registraban un balance negativo tres de las 49 fundaciones vinculadas a partidos políticos fiscalizadas por el Tribunal de Cuentas, destacando por su importancia cuantitativa la Fundación Pablo Iglesias y la Fundación Ideas para el Progreso, ambas cercanas al PSOE.

La Pablo Iglesias, que ahora preside el secretario de Coordinación Territorial y de las Relaciones entre el PSOE y el Gobierno, Santos Cerdán, contaba con un patrimonio neto negativo de 1,53 millones de euros. En 2017 había recibido aportaciones y donaciones por 357.550 euros y 623.240 euros en subvenciones.

De su lado, la ya extinta fundación Ideas para el Progreso, cerró 2016 con un balance negativo de 343.276,83 euros, sólo había recibido 2.000 euros de aportaciones y ninguna subvención.

Terroristas CDR ‘no fichados’ participaron en el asalto del Tsunami a El Prat tras la sentencia del 1-O
Teresa Gómez okdiario 7 Agosto 2020

Un miembro de los llamados comités de defensa por la república (CDR), Esther García, que acaba de ser imputada en la Audiencia Nacional por un delito de terrorismo, «participó de manera activa en la ocupación y bloqueo» en el aeropuerto de El Prat (Barcelona) el día que se conoció la sentencia condenatoria del 1-O. Así se desprende de un nuevo sumario incorporado a la causa que investiga el juez Manuel García-Castellón, al que ha tenido acceso OKDIARIO.

Un informe clasificado como «confidencial» elaborado por la Unidad de Información de la Guardia Civil en Cataluña detalla los seguimientos realizados a cuatro miembros de los CDR que no fueron detenidos el 23 de septiembre del pasado año, cuando la Guardia Civil detuvo a 9 personas que preparaban actos violentos con explosivos para el día «D» (en el que se conocería la sentencia del procés dictada por el Tribunal Supremo). Sin embargo, estos miembros, aunque no fueron imputados en la Operación Judas, también formaban parte del llamado ‘equipo de respuesta táctica’ (ERT), grupo radical y clandestino.

Los agentes se vieron obligados a precipitar las detenciones y realizar entradas y registros en los domicilios porque de las conversaciones telefónicas interceptadas dedujeron que el grupo podía pasar a la acción de forma inminente. Esto provocó que otros que estaban siendo investigados no fueran detenidos porque en ese momento no existían pruebas suficientes que acreditasen su participación en los hechos delictivos objeto de la investigación.

La Audiencia Nacional envió a prisión a siete de ellos –Eduard Garzón, Xavier Buigas i Llobet, Germinal Tomás Aubeso, Jordi Ros Solá, Xavier Duch Palau, Ferrán Solis y Alexis Codina– que ingresaron en el centro penitenciario de Soto del Real. Otros dos (Clara Borrero y David Budria) quedaron en libertad.

Pero las investigaciones realizadas por los agentes del Servicio de Información, que habían comenzado un año antes, no cesaron. Los investigadores interceptaron las llamadas de otros cuatro implicados: Esther García, Queralt Casoliva (segunda teniente de alcalde de la CUP en el Ayuntamiento de Sentmenat en Barcelona), Rafael Joaquín Delgado y Sonia Pascual. El nuevo informe de la Guardia Civil incorporado a la causa CDR refleja las actuaciones de estos cuatro últimos en los planes terroristas que preparaba este grupo radical.

Nuevo informe
Esther García desempeñaba un papel de coordinadora entre los diferentes grupos de los CDR y tenía una gran vinculación con el «núcleo productor» de explosivos formado por Jordi Ros, Alexis Codina y Germinal Tomás Aubeso. Estos manejaron material para fabricar la Termita. Los experimentos se realizaron en un «laboratorio clandestino» ubicado en la casa de Alexis Codina.

En las llamadas interceptadas por la Guardia Civil, Esther manifiesta a un compañero –tras la detención de los 9 CDR– que está preocupada porque sabe que la próxima «en caer será ella» porque se había dejado unos apuntes en el «laboratorio clandestino» en una de las visitas realizadas para constatar los avances en los preparativos. Pero no ha sido hasta junio, tras finalizar el estado de alarma, cuando el juez García-Castellón la ha imputado en la causa por su presunta pertenencia a organización terrorista.

El 14 de octubre, el mismo día en el que se publicó el fallo que condenó a los líderes independentistas por delitos de sedición y malversación, se originaron revueltas en Cataluña que generaron el caos. Ese día la plataforma ‘Tsunami democratic’ –también investigada en la Audiencia Nacional– organizó la ocupación del aeropuerto de El Prat, cancelándose por este motivo un total de 110 vuelos. Durante dicha ocupación se produjeron ataques y lanzamiento de objetos a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado desplegados en la zona, lo que obligó a realizar cargas contra los manifestantes.

Durante esa jornada, «Esther se desplazó hasta el recinto aeroportuario donde, como se desprende de las conversaciones interceptadas, participó activamente en la ocupación y bloqueo del aeropuerto», según detalla el nuevo informe incorporado a la causa.

«A través de los posicionamientos de su teléfono móvil se ha obtenido que a las 16:00 horas se encontraba en la Terminal 2 (T2) del aeropuerto, localizándose en las horas siguientes en la T1, siendo el último posicionamiento en la citada instalación a las 21:48 horas. Durante las horas en que la investigada participa en las acciones de bloqueo y paralización de ese recinto aeroportuario, a través de sus conversaciones, se denota una intervención activa en las mismas, dirigiendo los movimientos de algunos de los participantes en función de las necesidades de la manifestación y mostrando desdén a la llegada de las fuerzas policiales», exponen los agentes en el informe.

La teniente alcalde de la CUP, Queralt Casoliva, le avisó de que «estaban subiendo las BRIMOS» en alusión a la Brigada Móvil del Cuerpo de Mossos d’Esquadra y Esther le respondió: «Que suban, que suban, que aquí estamos bajando un cojón de gente más lo que viene detrás, rio se ve a la gente, es que no se ve».

Otro miembro, Rafael Molina, le advirtió: «Nos están dando hostias», poniendo de relieve que se encontraba en la zona del aeropuerto donde se produjeron los incidentes más graves. Esther le contestó que se encontraba la Terminal 1 y que consiguieron romper los cordones policiales, comentando además que habían encontrado una entrada segura por la que estaban accediendo miles de personas. «¿Lo oyes?, son miles de estudiantes, están aquí Gina, Rafa, Sergio, Olga, todos…», señala Esther que conocía a los estudiantes que durante esos días se concentraron originando el caos en Cataluña.

Del posicionamiento de su teléfono móvil y de las conversaciones telefónicas intervenidas los agentes concluyen que Esther participó de manera activa en los incidentes acaecidos durante esos días en Cataluña. Añaden que también participó en la concentración organizada en las proximidades de la sede de la Delegación del Gobierno en Barcelona.


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