AGLI Recortes de Prensa   Domingo 9 Agosto  2020

Sánchez e Iglesias, ¿quién acabará con quién?
Alejo Vidal-Quadras. vozpopuli 9 Agosto 2020

Se puede vivir instalado en la contradicción, incluso en el absurdo y, de hecho, este extraño fenómeno no es infrecuente en política. No hay español, empezando por los que han perpetrado tal dislate, que no esté de acuerdo en que un Gobierno de coalición de un partido cohesionado de ámbito nacional comprometido con el orden constitucional liberal de 1978 -si hemos de creer que Sánchez por una vez ha dicho lo que piensa- con otro formado por un conglomerado confuso y volátil de tribus de extrema izquierda populista que aspira a destruirlo para reemplazarlo por otro de corte comunista e intención totalitaria, es misión condenada al fracaso.

Si a este contrasentido de base, añadimos que la estabilidad parlamentaria de tal engendro está garantizada por formaciones cuyo objetivo prioritario y confeso es liquidar la Nación cuya defensa y preservación se supone debe ser la tarea primordial del Ejecutivo al que sostienen, tenemos todos los elementos para concluir que a los ojos del mundo civilizado España es percibida como un manicomio curiosamente integrado en la UE y en la OTAN y con 26.400 euros de renta per capita el año pasado. Si se celebrase una Eurovisión de la extravagancia, tendríamos muchas papeletas para proclamarnos ganadores.

Es evidente que semejante barbaridad ha sido fruto de varias circunstancias que se han conjugado para posibilitarla: un presidente que tiene como norma de vida el aventurerismo sin contaminación de escrúpulo alguno, un vicepresidente segundo especialista precisamente en cabalgar contradicciones y con el nivel moral de una víbora cascabel, un joven e impetuoso líder de una fuerza emergente de centro que se embriagó de su propia fotogenia y creyó que La Moncloa le abriría sin más sus puertas rendida a su atractivo, una militancia socialista aquejada de un ataque de rupturismo irresponsable y una oposición liberal-conservadora acomodaticia y pusilánime dirigida por un indolente sin ideología y una tecnócrata ambiciosa con la emotividad de un bivalvo que la llevaron a la fragmentación y al hundimiento electoral. En cuanto a las causas remotas de nuestras desgracias presentes, son de gran calado y ya las he comentado abundantemente en otras ocasiones.

La incoherencia puede ser embridada, sin duda, pero no indefinidamente. Aunque Sánchez se llena la boca de la solidez y vocación de permanencia de su alianza con lo peor del hemiciclo del Congreso, es evidente que, desde el mismo instante del arranque de este apareamiento imposible, ha sido consciente de su fragilidad. Efectivamente, los signos de que el invento no va a durar mucho empiezan a proliferar. Los airados reproches de Podemos a su socio mayor por su marginación en el asunto del desplazamiento del Rey Emérito a otras latitudes acompañados de una petición de comparecencia de Carmen Calvo para que explique la operación (un Gobierno que se autointerpela, notable innovación); la irritación provocada en las filas moradas al producirse el anuncio por parte del veraneante en La Mareta del aplazamiento de las subidas de impuestos tan deseadas por las ansias confiscatorias de Iglesias; la decepción causada por el serio tropiezo de la titular de Economía en Bruselas, clara demostración de que hay compañías que limitan mucho el recorrido en Europa; la dura condicionalidad que se avecina asociada al acceso a los tan necesarios 140.000 millones comunitarios, que han convertido el programa firmado para sellar la coalición en papel mojado, especialmente la derogación de la tan denostada por los chavistas reforma laboral del PP; la creciente impaciencia e incomodidad de los ministros sensatos, Escrivá, Planas, Calviño, Robles, por verse obligados a aguantar cada semana lo que juzgan como una suma de incompetencia, amateurismo, ignorancia y frivolidad de sus compañeros bolivarianos de Gabinete y, en definitiva, la obvia inviabilidad de un Gobierno que, más que de coalición de dos partes complementarias, es de yuxtaposición de dos conjuntos disjuntos y escasamente compatibles.

Romper la baraja
La incógnita, que no tardará mucho en despejarse, es si Iglesias aguantará la larga lista de incumplimientos ante sus electores y de humillaciones que le aguardan con tal de seguir como vicepresidente de un Gobierno en el que contará muy poco, a lo que se añadirá su colapso en las urnas en las próximas generales, como han presagiado los recientes comicios autonómicos gallegos y vascos, o romperá la baraja precipitando el fin de la legislatura para salvar los votos que aún le quedan. Sánchez, el otro implicado en este juego de espadas flamígeras, tendrá que decidir si expulsa a Podemos del edén materializado en el BOE e intenta articular una nueva mayoría escorada a estribor o disuelve las Cámaras y se lanza a reforzar sus huestes parlamentarias.

La situación ha alcanzado un punto en el que la apuesta es si Iglesias acabará con Sánchez antes de que éste le apuñale o, por el contrario, será el presunto doctor el que le propine un puntapié hacia las tinieblas exteriores. Dicen que su relación personal es excelente y que departen con frecuencia y gran confianza. Dadas las características de los dos personajes, es bastante probable que se profesen mutuo afecto mientras preparan sus respectivas ejecuciones. Al fin y al cabo, ambos consideran el bien y el mal, la verdad y la mentira, la lealtad y la traición y la honradez y la indecencia conceptos discutidos, difusos y discutibles.

Dos pájaros de un voto
Nota del Editor 9 Agosto 2020

En vez de conseguir abatir dos pájaros de un tiro, tenemos que conseguir desprendernos de dos pajarracos de un voto (para no errar el tiro, hay que votar a Vox).. Antes de que podamos llegar a depositar la nula papeleta, nos espera una ardua presencia en la calle y la moción de censura en el parlamento. Estan destrozando España y la gente esperando la inyección en vena de la propaganda comunista. No se puede estar rodeados de gente más irresponsable.

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Nadie para los pies a Torra
EDITORIAL  Libertad Digital 9 Agosto 2020

La sesión de este viernes en la cámara de los horrores catalana es la enésima confirmación de que el golpe de Estado sigue su curso.

Espectáculo inenarrable en el Parlamento regional de Cataluña, cámara que los grupos separatistas han convertido en el epicentro de la degradación política. El deterioro viene de lejos, cuando los partidos independentistas decidieron convertir el llamado Parlament en el ariete del golpe de Estado. Desde entonces, ya en tiempos de Artur Mas, la cámara no es más que un instrumento al servicio de los delirios separatistas.

El último episodio del serial ha sido el pleno forzado por el supremacista Quim Torra para reprobar la Monarquía. No ha sido una sesión más de soflamas y pronunciamientos tan simbólicos como baldíos. El propio Torra, así como los portavoces de ERC –Sergi Sabrià–, Junts per Catalunya –Albert Batet–, Catalunya en Comú-Podem –Jéssica Albiach– y CUP –Natalia Sànchez–, ha dado por descontado no sólo que Juan Carlos I habría incurrido en prácticas corruptas, sino que también el Felipe VI habría caído en ellas.

Así de fácil es difamar en ese Parlamento, donde anidan todas las mentiras del separatismo. No es que se haya dado por descontado que el emérito se ha fugado de España, falsedad que los separatistas y los podemitas repiten sin cesar como buenos discípulos de Goebbels, sino que por elevación se acusa al Jefe del Estado de corrupto y al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, de cómplice de una escapada. Insultar al Rey y verter toda clase de infamias sobre la Corona sale gratis en el Parlament. Igual que insultar al resto de los españoles. Barra libre para las lecciones de moralidad pública de los representantes políticos de la familia Pujol y el tres por ciento, herederos de los chorizos convergentes que cada año cambian de siglas. Gozan de una impunidad absoluta, amparados por la inacción de la Justicia y la comprensión de socialistas y podemitas.

En cualquier otro país democrático sería impensable que una institución del Estado se dedicara a arremeter contra el propio Estado, pero aquí todo vale y está permitido, incluido que un personaje como Torra, inhabilitado por desobediencia por el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña (TSJC), campe a sus anchas a la espera de que el Tribunal Supremo decida sobre su recurso. Y mientras tanto, el propio Torra se chotea del TS a cuenta del fallo de un juez de Bruselas que considera que el alto tribunal español no es competente para pedir la extradición de un golpista refugiado en Bélgica.

La sesión de este viernes en la cámara de los horrores catalana es la enésima confirmación de que el golpe de Estado sigue su curso. Torra pide la abdicación del Rey y avisa de que las próximas elecciones autonómicas en Cataluña serán, en realidad, un referéndum: monarquía o independencia.

Torra está crecido. Nadie le para los pies. Su gestión de la emergencia sanitaria es un desastre, las cifras económicas catalanas son peores que las del conjunto de España, se han anulado las becas comedor mientras se gastan cantidades ingentes de dinero en propaganda y ‘embajadas’, y resulta que el ‘Parlament’ se reúne para hablar de la Monarquía. Es la Cataluña presa del separatismo en estado puro. El odio a España y los españoles en su máxima expresión.

Putrefacción nacionalista catalana
Josep Maria Cusí Navarro Cronica Global 9 Agosto 2020

La decadencia del nacionalismo catalán es constante y creciente, tanto a nivel reputacional, como de gestión.

A nivel reputacional la caída es en picado. Empezando por su verdadero originador, un Jordi Pujol que pasó de muy honorable a muy impresentable y cuya familia, con él al frente, el juez De la Mata de la Audiencia Nacional ha calificado de “organización criminal”. Luego está su delfín, Artur Mas, president indisociable del escándalo de las comisiones del 3% en la adjudicación de obra pública en Cataluña, corrupta práctica que Pasqual Maragall dejó caer en el Parlamento de Cataluña y que negó Mas, mintiendo así al pueblo catalán, pues el tiempo ha demostrado que tal oscuro vicio efectivamente existió en la extinta -por corrupta, fraccionada y quebrada- CiU.

La cosa va a peor con su sucesor, Carles Puigdemont, quien ha despreciado los sentimientos de muchísimos catalanes para decepción y desazón de éstos vendiéndoles una república catalana que luego se demostró que no tenía la seria intención de llevar a cabo por no haber puesto los mimbres para ello, y haciendo un ridículo internacional desproclamó a los minutos de proclamarla, tras lo cual cobardemente huyó de la justicia española para vivir acomodadamente en Bélgica cual prófugo permanente. Y para colmo, Puigdemont, en otra clara muestra de su paradójico -pues vende lo contrario- desprecio a Cataluña y a los catalanes, designó a dedo como su sucesor a un Quim Torra que, sin ningún género de dudas, el tiempo ha demostrado es con creces el peor president de la Generalitat de Cataluña de la historia, hecho que se esfuerza a diario en demostrar en el ejercicio de un cargo -para el que, por cierto, está inhabilitado- actuando siempre con un marcado sectarismo por omitir a aproximadamente la mitad de los catalanes que no pensamos como él, mostrando explícitamente un nauseabundo doble rasero, pues lo que dice contra el rey emérito se lo calla respecto a Jordi Pujol y su familia o respecto del prófugo Puigdemont, y cuya palmaria vocación por omitir las leyes y los pronunciamientos de los tribunales han llevado al máximo desprestigio a la institución que representa y preside.

Pero es que adicionalmente a una pésima reputación se une una pésima y negligente gestión que hacen en la dirección de Cataluña. Tanto insistir Torra en recuperar la competencia de sanidad por creer que lo haría mejor que el Gobierno central, resulta que ahora que tiene dicha competencia con la manifiestamente incompetente Alba Vergés al frente, está mucho peor Cataluña que cualquier otra comunidad autónoma de España. Y encima no se le ocurre otra cosa que, tras un lamentablemente alto número de catalanes muertos por el Covid-19, disparar la tributación en Cataluña por el Impuesto sobre Sucesiones, irrefutable e intolerable falta de sensibilidad pues además de evitar muertes, encarece el coste de las mismas para los familiares en beneficio de sus arcas autonómicas. Y para más inri Torra ha osado no presentarse a la reunión de presidentes autonómicos celebrada el pasado 31 de julio en La Rioja, donde se discutía nada más y nada menos que el reparto entre las 17 comunidades autónomas de la parte que corresponde a España del fondo de rescate europeo, como si Cataluña no necesitase el dinero cuando es la CC.AA. más afectada en términos de caída de ingresos por turismo, por ser la que lideraba dicho sector y no haber generado tranquilidad y confianza con tanto rebrote de Covid-19 por culpa de la incompetente Alba Vergés.

La combinación de chorizos e irresponsables es una Cataluña donde hosteleros y restauradores de Lleida pierden hoy por hoy dos millones de euros al día, los barceloneses vivimos pseudoconfinados de nuevo en nuestras casas conteniendo el gasto en ocio y los turistas cancelan sus viajes a una Cataluña que era la comunidad autónoma más visitada de España. Aterrados unos y otros por el descontrol y negligencia en la gestión de la pandemia, creando todo lo anterior un perjuicio económico de incalculable magnitud que con el tiempo que iremos notando y sufriendo.

Ni Madrid nos roba, ni Madrid es muerte, como infundada e irresponsablemente han dicho independentistas catalanes. Quienes roban son políticos corruptos que se saltan las leyes y que tienen cuentas en Andorra no declaradas con millones de euros ilegalmente obtenidos, que encima tienen las narices de asfixiarnos a impuestos autonómicos, ya de por sí más altos que en casi todas las restantes comunidades autónomas, y que permiten intolerables números de contagiados y muertos a causa de su dejadez, ineptitud y falta de previsión.

Cuando la Ley está para saltársela y los tribunales para ser desobedecidos, cuando prima la bandera a salvar vidas humanas, cuando el engaño ya no hay como disfrazarlo y cuando la corrupción es enorme y la falta de sensibilidad es total, no importa el juego de siglas utilizado, CiU, PDeCAT, Junts per Catalunya, Crida Nacional per la República o Junts (hilarante nombre este último, pues nunca estuvieron los miembros de esa formación más separados de ERC y PDeCAT) pues quiero pensar que hasta el más incondicional independentista tiene que hacer una mínima reflexión de si quiere seguir apoyando a los políticos que están actualmente al frente de Cataluña.

Suerte que las elecciones autonómicas están a la vuelta de la esquina, pues a todo cerdo le llega su San Martín, y espero que por un momento recuperemos los catalanes ese seny que tuvimos y del que hicimos gala y no sigamos abonando en tierra estéril apoyando a gente de la que avergonzarse y que están saqueando nuestros bolsillos para llenar los suyos mientras no velan debidamente ni por nuestra salud, ni por el bien de nuestras empresas y negocios, ni por el progreso sino por individualismos que han llevado a Cataluña a dejar de ser la líder para pasar a serlo la Comunidad de Madrid y al paso que vamos hasta la de Valencia nos pasará por delante si no alteramos nuestro rumbo con políticos responsables al frente de la Generalitat, lo cual ahora mismo no es predicable de ninguno de los partidos nacionalistas catalanes, pues los que no están fugados están inhabilitados o están encarcelados.

El nacionalismo catalán está en irrefutable decadencia hasta alcanzar un nivel ya de putrefacción y lo paradójico es que sus líderes han sido, con su constante ilegal y mal hacer, quienes se han cavado su propia tumba.

¿Por qué Barcelona se ha quedado atrás?
Roger Senserrich. vozpopuli  9 Agosto 2020

Es difícil mirar el erial en que se ha convertido la vida cultural barcelonesa y no preguntarse sobre sus efectos en lo que solía ser la ciudad más abierta, cosmopolita y vital del país

La historia que nos contábamos los catalanes a nosotros mismos era la siguiente.

En España había dos ciudades que contaban, Madrid y Barcelona. Madrid era la capital política del país, y era ante todo una ciudad muy española. Abierta, sí, acogedora, sí, pero era una ciudad que miraba sólo a España y en la que todo el mundo pensaba en su pueblo, en el rincón de España al que se iría de vacaciones a ver su familia. Barcelona era la capital económica del país, y era una ciudad europea. Era una ciudad que miraba al norte y al este, un puerto, un centro de ideas y tendencias, de modas e innovación. Era la ciudad cosmopolita, innovadora, la capital del diseño, estética y modernidad.

Esta historia, durante mucho tiempo, resultaba ser cierta. Barcelona era más rica, más próspera, más innovadora. Era la ciudad que crecía más rápido, la que atraía más talento, el lugar donde los mejores intelectuales, escritores y artistas del país buscaban inspiración y refugio. La ciudad era la capital de la industria editorial en castellano de todo el planeta, vibrante, vital, llena de vida.

Todo empezó con las olimpiadas
En algún momento en los últimos 30 años, sin embargo, esta historia dejó de ser cierta.

El cambio fue sutil, lento, y progresivo, difícilmente perceptible para barceloneses y madrileños. Empezó alrededor de las olimpiadas, quizás un poco antes, quizás un poco después. Al principio fueron cosas pequeñas y en apariencia poco importantes, como cuando la generación de escritores del último franquismo (Montalbán, Marsé, Mendoza…) no parecieron tener un recambio generacional claro. Siguió con cosas como la vida nocturna, cuando el Madrid de la movida resultó ser más petardo, descarado y enloquecido que el cada vez más opresivo esteticismo preolímpico. Siguió después, cuando la vida cultural barcelonesa empezó a depender cada vez más de subvenciones, mientras que la madrileña florecía incluso bajo la dirección de unos ayuntamientos cada vez más casposos.

A partir de los noventa, a los cambios simbólicos se le añadió la constatación que no era una cosa de vidilla urbana, sino que la Ciudad Condal se estaba quedando decididamente atrás. Madrid siguió creciendo en población; Cataluña y Barcelona se estancaron y empezaron a perder peso respecto al resto del país. Madrid empezó a crear empleo más deprisa que Barcelona, atraer a más universitarios, invertir más en I+D. El PIB por cápita de Madrid alcanzó y luego superó al barcelonés, y la distancia ha seguido aumentando. Madrid ha sido quien ha cogido el tren del crecimiento, mientras que Barcelona era cada vez más provinciana.

Esto no tenía por qué ser así. En 1990, cualquier observador internacional hubiera dicho que, si había una ciudad con un brillante futuro, esta era Barcelona. Cataluña había prosperado durante el franquismo, a pesar de tener nula representación o poder político. Con las olimpiadas a punto de anunciar al mundo el potencial de la ciudad, un grado de autonomía política enorme para invertir en su futuro y la Unión Europea a tiro de piedra, Barcelona parecía estar a punto de entrar en una nueva era dorada.

¿Qué ha sucedido? Los nacionalistas catalanes insistirán que la culpa del fracaso de Barcelona en estas tres últimas décadas es de Madrid y su insidioso centralismo. El Gobierno central y el IBEX empujan al dinero a invertir en Madrid y ningunear Cataluña, y gastan en infraestructuras allí todo lo que se le niega a Barcelona.

Lo que no explican, sin embargo, es por qué cuando Madrid tenía todo el poder político centralizado y controlaba el 100% del gasto público durante el franquismo, Barcelona crecía más que Madrid, mientras que ahora, cuando la Generalitat controla más de la mitad del gasto, Madrid crece más que Barcelona. La idea de que en Madrid no los escuchan es un poco absurda, cuando los nacionalistas catalanes fueron apoyos claves de varios gobiernos en Madrid durante 15 de los últimos 30 años (1993-2000 y 2004-2012). La excusa del expolio fiscal es igualmente absurda, ya que Madrid tiene un déficit fiscal aún más negativo que Cataluña (y eso si asumimos que los déficits fiscales tienen sentido). Incluso el tan manido tema de gasto de infraestructuras resulta ser falso, ya que Cataluña es la comunidad qué más inversiones ha recibido desde 1985 (Madrid es la tercera).

Cohesión social
La respuesta, entonces, debe estar en otra parte. Andrés Rodríguez-Pose, de la London School of Economics, y Daniel Hardyacaban de publicar un artículo donde dan una respuesta interesante a esta divergencia entre ambas ciudades. La tesis central es que, a partir de principios de los noventa, o quizás un poco antes, Barcelona y Madrid sufren una serie de cambios sociales e institucionales que disminuyen la cohesión social y el grado de confianza interpersonal en Barcelona, pero en cambio lo aumentan en Madrid.

Para Madrid, el final del franquismo constituye el quitarse una losa de encima. El estatalismo oficialista del franquismo, el conservadurismo de las autoridades y la falta de vida asociativa habían hecho de Madrid un sitio bastante torpe y provinciano. La democracia hizo que Madrid dejara de ser una ciudad sólo de funcionarios con un Gobierno monolítico obsesionado con el orden y pasara a tener alcaldes extraordinariamente permisivos (y citan explícitamente a Tierno Galván) y gobiernos autonómicos más obsesionados con construir líneas de metro que otra cosa.

La élites y el poder político
La historia de la Barcelona post-franquista, sin embargo, va en dirección contraria. El asociacionismo militante y la rabiosa vida cultural que existía a espaldas del régimen pasó a tener un Gobierno y un Ayuntamiento detrás. Los fuertes vínculos sociales salidos de los intentos de promoción de la cultura catalana para todos en oposición al gobierno pasan a ser políticas culturales hechas desde las instituciones. Las élites empresariales, culturales e intelectuales dejan de actuar fuera de las instituciones a luchar por controlarlas.

Esto no debería ser un problema si los políticos e instituciones son capaces de dejar que la sociedad civil se mantenga activa a base de no meterse donde no les llaman, pero esto no es lo que vimos en Barcelona. La prioridad de la Generalitat fue el fer país (hacer país) y el debate sobre la catalanidad de la vida cultural, asociativa y empresarial centró la vida política barcelonesa. Las relaciones del Ayuntamiento con el Gobierno autonómico han sido casi siempre tóxicas, cuando no hostiles, y la participación cívica, en vez de la alegre anarquía madrileña, se ha convertido en una política de bloques lingüísticos y culturales. La creciente polarización política ha hecho el resto.

El resultado ha sido un cambio considerable en el nivel de confianza no sólo en las instituciones, sino en la misma sociedad. Cuando se le pregunta a gente de Madrid y Cataluña si creen que uno puede confiar en la mayoría de la gente, más del doble de madrileños que de catalanes responden de manera afirmativa. Sabemos (y hay mucha literatura sobre el tema) que el poder confiar en otros está íntimamente relacionado con la capacidad de innovar de una economía y de adaptarse a cambios. La balcanización institucional y política catalana han hecho de Barcelona una ciudad cada vez más desconfiada, y por lo tanto, cada vez menos innovadora, menos optimista.

El estudio, todo hay que decirlo, tiene algunas limitaciones importantes. Es una explicación cultural y cualitativa, y no tenemos datos claros que demuestren que la cadena causal de instituciones hiperactivas y polarización política y social creciente sea tan clara. Aun así, es difícil mirar el erial en que se ha convertido la vida cultural barcelonesa y la interminable parálisis política en el Parlament y no preguntarse sobre sus efectos en lo que solía ser la ciudad más abierta, cosmopolita y vital del país.

La verdad, dudo mucho de que la culpa sea de Madrid.

“Presos políticos”: la perversión del lenguaje
Víctimas del terrorismo se quejan de que a los reclusos terroristas se les dé esta denominación
J.M. Zuloaga. Madrid La Razon 9 Agosto 2020

Uno de los asuntos que más irritan a las víctimas en particular, y a la mayoría de los españoles en general, es la utilización del término “presos políticos” para referirse a los reclusos que cumplen condena por haber cometido delitos de carácter terrorista.

El antiguo entorno proetarra, cada vez más envalentonado (COVITE denunciaba recientemente el aumento exponencial de los actos protagonizados por estos individuos), habla, con toda impunidad, de “presos políticos” para referirse a los individuos que forman parte de la peor organización delictiva que ha conocido España.

Todo ello forma parte de la estrategia de “blanqueo” de ETA y su siniestra historia. Documentales, actos de todo tipo, perversión del lenguaje...al final va a resultar que los cuatro decenios de terrorismo que ha sufrido nuestro país a cargo de la banda no han existido, son una especie de lapsus, algo que pasó, sí, pero que era consecuencia de la “terrible represión” que sufría el “pueblo trabajador vasco”, según han comentado a LA RAZÓN varias víctimas.

La finalidad es la de transmitir a la opinión pública que si los criminales están en la cárcel es por mantener unas ideas políticas distintas de las del régimen de turno, y no por haber asesinado a cientos de personas, mujeres y niños incluidos.

Colocar un coche bomba en unos grandes almacenes o contra un acuartelamiento en el que vivían decenas de familias completas, era un acto político de protesta y no un terrible crimen.

Con esos mismos argumentos, los que les apoyan desde el exterior negocian para estos presos una serie de planes con el fin de que su estancia en la cárcel sea lo más placentera y lo más breve posible.

Las víctimas asisten atónitas e indignadas a traslados, excarcelaciones y otros beneficios para etarras en lo que, según denuncian, es el pago por el apoyo que EhBildu prestó al PSOE para que gobierne a nivel estatal y Navarra.

Hace 35 años, con mucho esfuerzo, se logró cambiar el lenguaje que había impuesto ETA y se les empezó a llamar por su nombre: terroristas, asesinos, criminales. Los atentados y asesinatos eran eso y no “acciones”. Y ETA, una siniestra banda de delincuentes y no una organización revolucionaria vasca.

Ahora, tratan de que se vuelva al pasado y el término “presos políticos” lo cuelan siempre que pueden.

En la historia del terrorismo etarra hubo, sí, políticos: los asesinados por sus pistoleros: Ordóñez, Buesa, Múgica y tantos otros. Cabe el consuelo que el de Giménez Abad, el presidente del PP de Aragón, está a punto de resolverse y condenados sus todavía presuntos autores.

La hija de un asesinado por ETA: «Cada etarra que sale de la cárcel es un golpe a las víctimas»
Pelayo Barro okdiario 9 Agosto 2020

La vida del teniente coronel Pedro Antonio Blanco se apagó el viernes 21 de enero del 2000 cuando pasaban ocho minutos de las ocho de la mañana. Tenía 47 años, estaba casado y era padre de dos menores. Un comando de ETA accionó en ese momento el detonador adosado a los 20 kilogramos de dinamita que habían escondido en un Renault Clio rojo, aparcado discretamente la noche anterior frente a un complejo de viviendas militares de la calle Pizarra (Madrid). La deflagración lanzó su cuerpo a más de una decena de metros. Murió al instante. Otro de los objetivos de ese atentado, un general del Ejército de Tierra, salvó la vida gracias a un atasco.

Entre los terroristas del ‘Comando Madrid’ que ejecutaron aquel brutal asesinato, que puso fin a la tregua trampa de 1998, estaba Iván Apaolaza. La pasada semana fue acercado por el Ministerio del Interior de la cárcel de Granada a la de Logroño. Es el octavo etarra con delitos de sangre al que el Gobierno de Pedro Sánchez le aplica el fin de la política de dispersión. Sólo ha cumplido 12 años de los 123 a los que fue condenado en 2015.

Almudena Blanco, la hija del teniente coronel Blanco, tenía 16 años aquel 21 de enero. Ni a ella ni a su familia les consta que el asesino de su padre se haya arrepentido o haya pedido perdón alguno, requisito indispensable para el acercamiento.

PREGUNTA: ¿Cómo encaja vuestra familia la noticia de este acercamiento?
RESPUESTA: A mí me dio muchísima rabia. Más que tristeza, me enfadé muchísimo. Me dolió. Cuando me lo dijo nuestra abogada yo lo pasé fatal. Nunca pensé que iba a sufrirlo así. Un sentimiento de injusticia tremendo. De incredulidad. Como si nos hubiera vuelto a tocar vivir aquello.

P: ¿Apaolaza ha enviado en estos años alguna muestra de arrepentimiento o perdón?
R: Para nada. Yo personalmente no lo quiero ni oír. No lo quiero tener cerca. Ni un mensaje, ni una carta… Principalmente porque no me lo creo. El arrepentimiento es algo personal y del interior de la persona. Un terrorista hace un paripé, un papel, para conseguir un beneficio. En este caso es un acercamiento a su casa. Por mucho que a mí me llegara una carta de esa persona, no sé si la leería. Quizás por curiosidad. Me sonaría a discurso vacío. No nos ha llegado de él nada y esperamos que no llegue.

P: Para poder acogerse al acercamiento, los etarras deben rellenar un formulario para confirmar su arrepentimiento. ¿Para pedir perdón es suficiente un papel?
R: Suena a chiste. Yo no lo sabía, me enteré el otro día. Me lo explicó mi madre. Es una broma. Apto o no apto, como el examen de conducir. Es un insulto a las víctimas y hacia la sociedad. Es un paripé, un papel donde marcas una casilla. Eso no es arrepentimiento, es puro teatro. No vale para nada.

P: ¿Se ha puesto el Ministerio del Interior en contacto con ustedes para informarles del acercamiento?
R: A mi madre la llamó la directora de la Oficina de Ayuda a las Víctimas del Terrorismo y le explicó lo que había. Que la política penitenciaria es así. Nosotros siempre estamos enterados de si hay algún cambio de régimen penitenciario de los miembros del comando que asesinó a mi padre. Para ella es un papelón, llamar a alguien y decirle «oye mira, como la política penitenciaria dice esto, pues os ha tocado». Nosotros agradecemos personalmente que nos haya llamado. En frío siempre suena feo y mal. Y duele. No lo aceptas, pero lo asimilas.

P: ¿Qué le parece que durante el mandato de Sánchez cerca de 80 etarras hayan visto mejoradas sus condiciones carcelarias?
R: Cuando yo oigo una noticia de un acercamiento, me acuerdo de cuando secuestraron y asesinaron a Miguel Ángel Blanco. Yo era muy joven, tenía apenas 13 años. Pero recuerdo que la exigencia de ETA era que acercaran presos a las cárceles. Sé que el Gobierno de Aznar entonces, la familia de Miguel Ángel -lo sé de buena tinta- se negó. No se puede ceder al chantaje. Parece que no ha servido para nada el asesinato de Miguel Ángel, ni el de mi padre ni el de tantos otros. Ahora los terroristas tienen unos beneficios penitenciarios que no los va a tener cualquier otro asesino. ¿La sociedad española aceptaría que el asesino de Diana Quer tuviese algún beneficio penitenciario? No, ninguno.

P: Se está poniendo fin a la dispersión.
R: Dispersar a los presos era una medida especial para los etarras. Es un delincuente especial, distinto a cualquier preso común. Necesitan castigos diferentes, para mí más duros. Que hagan esto seguramente viene dado por las promesas del PSOE a Bildu y el PNV. Lo sabemos todos, es la realidad. Para mi familia es como una derrota más.

P: ¿Les duele que ya casi no se hable de esto?
R: La sociedad española hace como que no le suena, como si hubiera pasado hace un siglo. A mí, personalmente, es lo que más me molesta. Nadie sale a la calle contra esta política penitenciaria. He recibido muchísimos mensajes apoyándonos, sé que están de nuestra parte. Pero parece que ETA no importa, que las víctimas no importan. Hasta hace sólo diez años estaban asesinando. Parece que importa más el tema del franquismo y la Guerra Civil. El terrorismo ya no importa.

P: ETA anunció su disolución, pero cada vez que sale un etarra a la calle es recibido con una fiesta. ¿Se está reescribiendo la historia en el País Vasco?
R: Se está dulcificando, blanqueando. Blanquear es hacer algo liviano, fácil de tragar. Yo creo que debería ser obligatorio estudiar la historia de ETA en los colegios. El otro día oí a un político decir que los héroes de un país deberían ser recordados y venerados. Cada una de las víctimas de ETA es un héroe en su casa y debería serlo para el país. No se les recuerda, no se les hacen los homenajes que hoy se les hacen a los etarras. ETA, más que disolverse, ha dejado de matar. Ni colabora con la Justicia, ni ha entregado las armas. Salen de la cárcel y les tratan como héroes. Es un golpe más a las víctimas. Y la sociedad española está dormida. Al final nos sentimos un poco solos, «qué pesadas las víctimas…».

P: ¿Qué siente cuando ve a un partido como Bildu, hoy muleta del PSOE en el poder, mandando abrazos públicos al etarra Josu Ternera?
R: Cuando lo leí sentí rabia. Impotencia por no poder cambiarlo. ¿Cómo puede haber gente que todavía se trague esto? ¿Cómo es eso de que no tenían nada que ver con ETA? Son unos hipócritas.

El atentado en el que ETA mató al teniente coronel Pedro Antonio Blanco, en el año 2000.
P: Hace 20 años del asesinato de su padre. ¿Cómo vivió una niña de apenas 16 años una situación tan dura?
R: Tuve la mala suerte de escuchar la explosión. Vivíamos muy cerca de donde fue el atentado. Yo me fui al colegio, porque no sabíamos que era mi padre. Pensábamos que iba en autobús. Nunca nos dijo que iba en coche oficial, yo creo que para protegernos. Para que no tuviéramos miedo. Entonces yo estaba acostumbrada a cierta presión, mirar los bajos del coche con una linterna, que mi padre se bajara sólo al garaje a arrancar el coche y esperar un rato. O si entraba un paquete raro en casa nos mandaban a la calle a jugar. Yo lo veía normal, porque había pasado toda la vida. Desde que nací viví así.

P: Se fue al colegio sin saber nada…
R: Me puse el uniforme y me fui al colegio. Con cierto susto y preocupación. Tenía amigos cuyos padres, también militares, vivían más cerca de la zona del atentado. Yo llamé a casa, pero los primeros momentos son muy complicados. Me fueron a recoger al cole y cuando llegué a casa vi a todo el mundo. Muchos compañeros de mi padre, mi madre, mis abuelos. Yo le decía a mi madre «¡pero vámonos al hospital, que papá estará sólo y estará asustado!». Ella me miró y me hizo un gesto -niega con la cabeza- y yo ya entendí. Desde ese momento me metí en un bucle, como si estuviese viendo una película. No iba conmigo. Para una familia anónima normal, verse de pronto en el centro de tanta prensa, el presidente del Gobierno, todos los ministros, salvas de honor. A los dos días, cuando habían pasado los actos, el funeral de Estado, comencé a darme cuenta. Y ahí es cuando lloras. Y lloras y lloras.

P: Muchas víctimas de ETA coinciden en que una de las cosas más duras de los años siguientes son las pesadillas.
R: Sé que hay muchas víctimas que han tenido pesadillas. Yo tuve durante mucho tiempo un sueño recurrente. Que era todo mentira. Me despertaba con la sensación de que mi padre estaba en casa, con nosotros. Que en realidad se había ido a una misión del Ejército y había vuelto. Cuando aparecía, yo me enfadaba y le decía «¿pero cómo nos has hecho esto?». Era un sueño que duró muchísimos años. Y también, a partir de ello, no soporto los ruidos fuertes. Por ejemplo petardos o fuegos artificiales. Temblaba cuando los oía. Luego eso va suavizándose, pero sigo sin soportarlos.

P: ¿Cómo le explica una madre a sus hijos el porqué de que no hayan podido conocer a su abuelo?
R: El pequeño tiene 3 años, le enseñamos fotos de su abuelo pero aún no se entera. El mayor ya tiene casi 11, y al principio le dijimos que el abuelo se había muerto de una enfermedad. El año pasado el Ayuntamiento de Madrid le puso una placa a mi padre en el lugar del atentado. Yo quería que mi hijo Mario fuera al homenaje, pero tenía que explicarle antes quién era su abuelo. Que era militar, y los militares representan a España. Y cómo ETA iba contra todo lo que representa España. Él en el colegio contó lo de la placa, contó quién era su abuelo, pero creo que no llega a entender del todo la gravedad de aquello. Sabe que su abuelo se murió de forma diferente que los abuelos de los demás, de una manera desgarradora. Va a todos los homenajes. Creo que se siente orgulloso. Yo le hablo muchísimo de él, porque a mi padre le encantaban los niños y le hubiera encantado ser abuelo. Le cuento anécdotas. Le digo «uy si el abuelo te pillara con los codos encima de la mesa». Le intento hacer cercana la figura de su abuelo. Creo que lo lleva dentro.

P: Su madre se quedó viuda, sacó adelante a dos niños y ha estado muy cerca del colectivo de víctimas todos estos años. ¿Qué ha aprendido de ella?
R: Para mí siempre ha sido el ejemplo a seguir. Recuerdo cuando fuimos al funeral y nos dijo «a papá no le hubiera gustado que montásemos ningún número». Nada de histerismo, de escenas. Con todo su dolor, nos dijo «debemos estar en nuestro sitio, por papá». No nos ha permitido nunca dejarnos llevar por la rabia, por el odio, hacer tonterías. Yo he aprendido de ella que odiar no vale para nada, que sólo te hace daño a ti. Mi madre no odia a nadie, mi madre quería justicia y que nosotros creciéramos tranquilos. Y lo hemos conseguido gracias a ella. Conozco casos que no han podido superarlo porque no han tenido a quién agarrarse. Yo me agarré a ella.

P: Al asesino de su padre le cayeron 123 años de condena. Le acaban de acercar al País Vasco al cumplir sólo 12 años. ¿Sale barato matar en España?
R: Estoy a favor de la cadena perpetua. Me parece que debería estar implantado para casos de terrorismo, violaciones, pederastia, de asesinatos complicados. No puedo entender que Iván Apaolaza, que era muy joven cuando cometió el atentado, cuando salga de la cárcel todavía tendrá un tiempo de vida importante. Va a vivir. Yo voy a saber que él va a estar en su casa, en su pueblo, yéndose a tomar sus cañitas a la errikotaberna, o lo que haga. A mí me hierve la sangre. Este tipo de delitos deberían ser penados con la cárcel de por vida. Esta gente no se va a reinsertar nunca en la sociedad, van a seguir pensando igual siempre. Están envenenados desde pequeños, se han criado en eso. Es una manera de vivir. Yo no creo que tenga solución, no creo en la reinserción de esta gente.

P: Si se encontrase delante del asesino de su padre, ¿qué le diría?
R: Alguna vez lo he pensado, porque hay víctimas que lo han hecho. Que han comido con ellos incluso. Yo no soy capaz. No tengo ganas ni interés en conocer a estas personas. Yo para ellos soy un número más, y ellos para mí no. Ellos para mí tienen más importancia de la que yo tengo para ellos. No es un de igual a igual. Sólo me une a ellos una cosa, que para ellos no significó nada y para mí todo. ¿Qué les voy yo a decir? No me saldría nada. Ojalá pudiera entender a otras víctimas, que lo respeto totalmente, pero yo no podría. Tampoco creo que él tenga interés en sentarse conmigo. No veo ni sus fotos en internet, las de ninguno de ellos. Vivo más tranquila así.


 


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