AGLI Recortes de Prensa   Lunes 17  Agosto  2020

El derrumbe del sector turístico
José María Rotellar  Libertad Digital 17 Agosto 2020

La economía española está siendo fuertemente zarandeada por la crisis económica derivada del coronavirus. La ausencia de medidas tempranas, como el cierre de fronteras con China a finales de enero y con Italia en febrero, junto con otras medidas más leves, se podría haber evitado el recurso a la solución medieval que adoptó el Gobierno -también otros gobiernos, pero el nuestro especialmente-, que ha hundido la economía.

Ni hubo un plan preventivo, ni hubo un plan sanitario, ni lo ha habido ni hay económico. Tanto decir que no iban a dejar a nadie atrás y todos vamos a estar detrás, porque es a la economía española a la que están dejando rezagada. El virus no se iba a ir de un día para otro por decreto, pero también es verdad que aunque el número de contagios ha vuelto a aumentar -puede que por hacer ahora más pruebas, entre otras razones-, de momento está siendo más leve, y con una tasa de mortalidad sobre contagiados que es casi la centésima parte que cuando se produjo el encierro.

Sin embargo, el Gobierno sigue sin hablar claro, y ha delegado todo a las CCAA, a las que ha dejado a su suerte y que están creando normativas distintas, que genera tal confusión que contribuye a incrementar el pánico, el desasosiego y el hundimiento económico, con ocurrencias continuas más basadas en la propaganda que en la eficiencia.

Todo ello, hace que la economía se esté resintiendo mucho, entre las restricciones, el pánico que incrementan las decisiones sin rumbo de las administraciones y la ausencia de un liderazgo en la gestión que diga la verdad, que no es otra que no hay que bajar la guardia, hay que proteger a los grupos de riesgo, pero el resto debe volver a impulsar, con más esfuerzo si cabe, su actividad y, con ello, el empleo.

Con todas las restricciones establecidas, un sector que se resiente mucho es el turismo, que es una de las ramas de actividad económica principales en España. Son tantas las restricciones impuestas que, lógicamente, los clientes cancelan sus reservas, pues para estar a disgusto o ser anotados en listas de dudoso carácter constitucional, simplemente prefieren quedarse en sus casas, unido al pánico que desde las administraciones y desde muchos medios de comunicación se está alimentando.

Luego, las administraciones se sorprenderán de que el PIB caiga casi un 20% o de que el empleo se destruya a borbotones, y clamarán por la precaria situación en la que van a quedar muchas familias, muchos ciudadanos, pero esa situación la habrán creado dichas administraciones, con su incompetencia. Lo único que harán entonces las distintas administraciones es pedir más dinero para gastar más, pero no atajar, verdaderamente el problema. Es lo que han hecho hasta ahora: el Gobierno pedirle dinero a la UE y las CCAA al Gobierno, mientras éste pugna por ver quién se gasta el remanente de los ayuntamientos, si éstos o el Ejecutivo, cuando el dinero es de los ciudadanos, que no tienen ni arte ni parte en todo este desastre.

Con todo este caos de incompetencia creado, el turismo es, como decimos, una de esas ramas de actividad afectadas, terriblemente afectadas. Así, las pernoctaciones sufrieron un descenso del 70,5% en el primer semestre de este año comparado con el mismo semestre del año anterior. Si analizamos junio, en tasa interanual la caída es de un 95,1%.

Si lo segmentamos por residencia, podemos comprobar cómo el descenso interanual de pernoctaciones entre los residentes en España es de un 87%, mientras que las de los no residentes caen un 98,8%.

Eso se traduce en una drástica caída de la ocupación de las plazas ofertadas, con sólo un 18,8% del total y con un 20,4% en fin de semana.

Eso equivale a un descenso interanual en las plazas hoteleras ofertadas de un 71,5% en total y de un 71,9% en fin de semana.

Todo ello, ha originado una caída del precio de los hoteles de un 11,07% interanual, que en el caso de los hoteles de cinco y cuatro estrellas supone una caída del 25,52% y del 9,83% interanual, respectivamente.

Eso hace que la rentabilidad del sector hotelero se haya hundido. De ese modo, su facturación media diaria por habitación ocupada en junio cae un 37,8% interanual, mientras que el ingreso medio diario por habitación disponible desciende un 80,6% interanual.

En definitiva, la mala gestión y la poca claridad de las medidas que se adoptan, que generan confusión y pánico, hacen que los consumidores y las empresas no sepan a qué atenerse y eso provoca el hundimiento de la economía, como el ejemplo que hemos visto en el sector turístico, tan esencial para nuestra economía. O se rectifica de inmediato o las administraciones, con su equivocada política nos van a provocar una larga y dura crisis, con millones de desempleados durante largo tiempo.

Corruptelas podemitas
Juan Manuel de Prada ABC 17 Agosto 2020

Donoso Cortés explica brillantemente la superioridad de las escuelas socialistas sobre las escuelas liberales: mientras las segundas son escépticas, materialistas, incluso desganadamente cínicas, las primeras están poseídas por una teología de índole prometeica -Donoso la califica de «satánica»-, con su característico afán de «asaltar los cielos». Y, en efecto, las escuelas liberales, una vez alcanzado el poder, acaban engendrando lo que San Agustín llamaba «el tedio de la virtud», que cristaliza en una casta moralmente «fatigada» que acaba sucumbiendo a las corruptelas. Las escuelas socialistas, por el contrario, pueden sucumbir a estas mismas corruptelas, pero nunca reniegan de su teología prometeica; o, si se prefiere, de su fanatismo orgulloso.

Esta superioridad de las escuelas socialistas se percibe incluso en sus avatares más rastreros. Así, por ejemplo, en los casos de corrupción -casi siempre casposos, o entreverados de episodios sicalípticos- que afloran en el negociado llamado Podemos. La teología errónea de las escuelas socialistas comienza por negar el dogma del pecado original; de este modo, conciben la idea petulante y grotesca de que ellos pertenecen a una raza de «hombres puros». Este delirio de las escuelas socialistas tiene el mismo desenlace archisabido que el puritanismo religioso: 1) El puritano, creyéndose más fuerte y virtuoso que el resto de los mortales, se dedica a execrar a los hombres débiles que sucumben a la tentación (recordemos la rabia espumajeante con que los podemitas anatemizaban a los corruptos peperos); y 2) El puritano termina por sucumbir (incluso con mayor entusiasmo), a la misma tentación, pero como no puede reconocerlo, convierte su debilidad en virtud y su degeneración en una nueva forma de santidad.

Para lograr plenamente este birlibirloque no debe olvidarse que la levadura teológica de las escuelas socialistas es el resentimiento, encumbrado -como advirtiese Unamuno-a la categoría de virtud cívica. Esta pasión del resentimiento forma el meollo constitutivo del negociado llamado Podemos, fundado por hombres por lo general de cierta valía intelectual que calcinaron su juventud en el empeño de medrar en el ámbito académico. Pero todo su empeño resultó vano; y tras fracasar una y otra vez en el asalto a las cátedras por culpa -así lo percibirían ellos- de una casta de carcamales que les taponaban el paso, desarrollaron la conciencia de que habían sido privados de lo que se les debía (honores académicos, sueldos opíparos, becarias solícitas, etcétera). Su posterior y fulgurante ascenso político les permitió resarcirse con creces; pero este «asalto a los cielos» al fin consumado (que, como hemos comprobado, consistía en «asaltar las poltronas» y adherirse a ellas con fervor de lapas) no ha curado en ellos la llaga del resentimiento, que sólo puede curar la gracia divina, sino que la ha enconado y vuelto purulenta. Así, los podemitas, cuando se corrompen, lo hacen con conciencia de estar tomando aquello de lo que antes fueron privados injustamente; así la corrupción (que para las escuelas liberales es un pecadillo vergonzante) se convierte en un acto de elemental justicia y en un resarcimiento debido, que además sus adeptos perciben como una recompensa merecida por personas admirables. Pues, para las escuelas socialistas, nadie hay tan admirable como quien sabe vestir su resentimiento de virtud cívica. Aquí también las escuelas socialistas se prueban superiores a las liberales, cuyos adeptos pueden seguir votando a los corruptos de su negociado, pero con la humillada certeza de estar aupando ladrones por puro sectarismo ideológico; mientras que los adeptos de las escuelas socialistas votan a los corruptos de su negociado con emocionado orgullo.

La ‘sociedad civil’ se debe movilizar
Pablo Sebastián Republica 17 Agosto 2020

Son millones de españoles los ya han perdido mucho -algunos todo- en esta crisis sanitaria y económica que asola el mundo y que en Europa se cebó en España de especial manera hasta alcanzar récords de muertes, contagios y destrucción de los empleos y las empresas y que, en este fantasmal otoño que se acerca, nos amenaza con ir a más y a peor.

En tan grave situación nacional resulta penoso y alarmante ver a nuestra clase política -políticos sin clase- intentando sacar ventajas del desastre, imponer remedios marcados por la ideología, o por el nacionalismo ciego que tan bien definió el presidente François Mitterrand cuando declaró: ‘el nacionalismo es la guerra’.

Y lo mismo pasa con los populismos extremos de la derecha y la izquierda que utilizan el malestar y la desesperación de la gente para, en el nombre de Dios o del Diablo, buscar espacios de poder con el enfrentamiento entre los españoles.

Todo esto, que suele ser así en tiempos de una cierta normalidad y no solo en España, se agudiza y empeora en estos momentos en los que vamos a abordar la segunda parte del drama de la gran crisis sin que apreciemos en el horizonte una respuesta política y solidaria de generosa y abierta unidad nacional.

Les pide el Presidente Sánchez a los líderes de la Oposición que ‘arrimen el hombro’ a su proyecto político y a su mayor gloria. Es él quien debería de arrimarse a la oposición. Y, en vez de tantas teleconferencias con los líderes europeos y autonómicos y darse una importancia que no tiene, es Sánchez quien debería, con las manos tendidas, acercarse a los demás, haciendo sitio a todo el mundo y buscando acuerdos sin ideología y con humanidad.

¿Cuántos hospitales y empresas en ruina ha visitado Pedro Sánchez y que y cuantas residencias de ancianos ha visitado su vicepresidente de Asuntos Sociales, Pablo Iglesias?

Y preguntas similares pueden hacerse también a políticos de la Oposición. ¿Cuántas explotaciones agrícolas que necesitan la mano de obra extranjera, de personas que viven hacinadas y en condiciones infrahumanas visitaron Pablo Casado o Santiago Abascal, el tanto que desprecia, desde su falso cristianismo, a la inmigración.

Si estuviéramos en vísperas de unas elecciones generales es muy probable que el triunfador absoluto de esos comicios sería el partido de la abstención, en justa respuesta a una clase política que parece no saber lo que ocurre en España y lo que está por llegar.

Y si imposible resulta imaginar en estos momento un gobierno de unidad nacional, como el que necesita España, a lo mejor no estaría nada mal un gran consenso sobre los Presupuestos del Estado, el paro, la recuperación de las empresas, el regreso a las aulas y la sanidad.

Los españoles tenemos que seguir y salir adelante con o sin la clase política que nos gobierna o nos quiere gobernar. Y hacen falta que líderes sociales y medios de comunicación eleven el discurso de la unidad con igual respeto y solemnidad con los que se celebró el funeral de Estado por las víctimas de la epidemia.

Este país y su clase política no pueden seguir así porque en la batalla de la política, en este tiempo, no puede haber vencedores y vencidos, porque los verdaderos vencidos son los ciudadanos de a pie que han perdido todo y a los que en este otoño se pueden sumar algunos millones más.

Tenemos que hacer algo nuevo y distinto a lo que hemos vivido meses atrás. La iniciativa les corresponde a los políticos pero la Sociedad Civil también se debería de movilizar.

Vox es la sociedad civil
Nota del Editor 17 Agosto 2020

Aquí la culpa no es de Vox ni de Abascal, la culpa es del Dr Cum Fraude y sus quates, a quienes Rajoy dejó la alfombra para subir al poder, forrarse y destrozar España. La inmigración es una cosa y el asalto a España es otra. Como si no tuviéramos problemas suficientemente graves y numerosos como para abrir las puertas de par en par o mirar a otro lado cuando nos invaden. La sociedad civil lleva cuarenta años sufriendo la mas devastadora tomadura de pelo que jamás pudiera imaginarse. La sociedad se puso al lado de las víctimas del terrorismo y el PP puso  buen empeño en desartivarla. La sociedad vió en la Puerta del Sol el inicio de un cambio y ya vemos en que ha quedado. La socidad ha tratado de defender sus derechos constitucionales y ahora hay traductores en el senado.

La Unión salta por los aires
Primo González Republica 17 Agosto 2020

A medida que pasan las semanas y se desarrollan los acontecimientos relacionados con la pandemia, crece la sensación de que la crisis económica derivada del coronavirus es la mayor amenaza que ha vivido en toda su existencia la Unión Europea.

Las fronteras que con tanto esfuerzo se han ido suprimiendo entre los Estados miembros de la UE a lo largo de estos años para poner rumbo a un proyecto idílico de Unión, vemos como día a día se están reconstruyendo, se levantan más muros, se amplían las restricciones al movimiento de personas entre países mientras sectores enteros, el del turismo como ejemplo más típico y de mayor impacto, alcanzan recortes inimaginables hace apenas unos meses. Toda la maquinaria burocrática y política que se ha ido implementando en Europa durante estos últimos años empieza a resultar inservible o, cuando menos, aparece en estos momentos sometida a un estado suspensivo mientras muchos proyectos pergeñados en los últimos años para profundizar en los avances hacia una unión plena han entrado en fase de parálisis y corren el riesgo de no entrar en funcionamiento.

Las medidas de ruptura de fronteras son casi diarias, ya que cada vez aumenta de forma considerable el porcentaje de europeos que no puede desplazarse a otros países la Unión. La Unión Europea está saltando por los aires casi a diario, víctima de las restricciones: ingleses que no pueden desplazarse a casi ningún punto de España, zonas de España que aparecen vetadas para ciudadanos de algunos países europeos como Alemania…

La idea de una Unión Europea que se debería parecer cada vez más a un espacio común se va difuminando cada día. Ya apenas se oye hablar de una Unión Bancaria, utopía que tiene poco sentido cuando hay millones de ciudadanos de algunos países que no pueden desplazarse a otros Estados miembros de la Unión.

La circulación de mercancías fue el principal componente de la Unión Europea, un proyecto inicialmente aduanero pero que poco a poco se fue extendiendo hacia ámbitos más ambiciosos, como los movimientos de personas o de capitales. La creación del euro como moneda única fue en alguna medida la culminación de un proyecto de unidad al que le faltaban todavía algunas piezas para culminar su integración y unidad plena. Pero desde hace unas semanas, todos estos proyectos se están frenando y en algunos casos dando marcha atrás de forma fulminante.

El caso más flagrante es el del turismo, no tanto por el número de personas al que afecta la libertad de movimientos y de desplazamiento en busca de espacios de ocio, sino porque se trata de un sector que ha edificado una arquitectura compleja y de amplias ramificaciones estables, en torno a la cual se desarrolla la actividad de subsectores tan importantes como la industria del ocio, la hostelería, la restauración, las redes de transporte especializadas o la implementación de espacios naturales que se ofrecen para el disfrute de millones de ciudadanos. El nivel de empleo de todas estas actividades llega a representar en países como España más del 20% de la población ocupada.

El estado de paralización en los movimientos de población que se está implantando de forma gradual en todos los países de la UE a causa de la lucha contra la pandemia, con especial énfasis en aquellos que como España se han especializado en su desarrollo e impulso, constituye una amenaza muy seria para el proyecto europeo. Tan seria que si no se revierte en el plazo de unos meses, podría llevar al traste al mismo proyecto europeo.

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La vara de medir la corrupción de Cs
Editorial La Razon 17 Agosto 2020

El dilema del centro político es pensar que esa posición se encuentra en el centro geométrico, o en la indefinición que no compromete ni con derecha ni con izquierda. El único partido que se denominó como tal, la UCD de Adolfo Suárez, y que sigue siendo una referencia en la brújula política española, se caracterizó por su espíritu reformista, por partir de principios pragmáticos de mejorar la vida de los españolas sin mucha artillería ideológica y procurar crear un espacio común para todos. De lo que podemos derivar que tanto PP como PSOE han tenido momentos centristas, incluso que éstos han coincidido con su periodos más productivos y de más éxito. La debacle de Cs ha sido interpretada por los dirigentes que han sobrevivido por la pérdida de esta posición centrista, pero entendiendo que ésta consistía en oscilar tácticamente entre PP y PSOE cuando le conviniese.

Si Albert Rivera no estaba dispuesto a investir a Pedro Sánchez porque consideraba al grupo dirigente socialista poco menos que una «banda», el golpe de timón de Inés Arrimadas y del portavoz parlamentario, Edmundo Bal, ha consistido en ofrecerse como socio del Gobierno. El argumento es, sin duda, de peso: impedir que dependa de partidos independentistas, instigadores de un golpe contra la legalidad democrática y enemigos confesos de la unidad territorial. Sin embargo, Sánchez era plenamente consciente de esto recibiendo el apoyo de partidos como ERC y EH Bildu, y que su dependencia podría tener consecuencias para la estabilidad del país. Pero no lo tuvo el cuenta: en ningún momento buscó un pacto con partidos constitucionalistas, ni ensayó un acercamiento sincero y leal. Ha preferido demonizar al PP, considerarlo como una fuerza poco menos que antidemocrática, sin valorar su peso electoral y parlamentario, despreciando a su líder y sin tenerlo en cuenta, como se ha visto recientemente en cuestiones de Estado, como la marcha de Don Juan Carlos de España. Es una estrategia nefasta para la estabilidad del país, aunque le asegure el monocultivo clásico de la izquierda. El giro al centro de Cs consiste en apoyar los Presupuestos Generales del Estado (PGE), con el objetivo, por un lado, de intentar que sean unas cuentas viables en el contexto exigido por la UE y, por otro, impedir la insana dependencia del Gobierno de los independentistas. Ahora bien, hay un factor que el partido de Arrimadas debería explicar con más precisión, dado que uno de los miembros de la coalición de gobierno, Podemos, tiene abierto un caso de supuesta corrupción en su financiación, algo que no es menor y merece ser explicado. Cs aplicó una exigencia máxima en su apoyo al PP cuando éste se vio salpicado por casos de financiación ilegal, partiendo del principio de que no aceptaría ningún tipo de corrupción. Es un principio ejemplar. Pero debería explicar cómo acepta apoyar unos PGE con un partido como Podemos, ahora en el punto de mira de varias investigaciones judiciales. Debería explicarlo porque, además, el paso que ha dado Cs al negociar con el Gobierno las cuentas es bueno para la estabilidad política. Podemos rechaza que los naranja participen, pero lo hace bajo un principio absolutamente irreal: ellos abogan por una «república plurinacional».

Está claro que lo que toca ahora no es negociar los presupuestos poniendo encima de la mesa nada menos que el modelo de Estado, algo que piden Iglesias e independentistas, sino tener unas cuentas que se ciñan al gasto, realistas, acorde con el parón que va a sufrir nuestra economía. Entendemos que Cs negocie con el Gobierno por sentido de Estado en este momento tan complejo, al margen de la presencia de un partido tan tóxico como Podemos, pero debería explicarlo. ¿O es que hay una doble vara de medir la corrupción?

Atentados a los que no siguió la unidad
Editorial El Mundo 17 Agosto 2020

La utilización del independentismo anticipó lo que sería el 'procés'.

Se cumplen hoy tres años de los atentados yihadistas en Las Ramblas de Barcelona y Cambrils (Tarragona) que nos golpearon brutalmente a todos. Los ataques, que dejaron 16 víctimas mortales, nos sacaron del modo más violento de cierto ensimismamiento en el país, que volcaba su tiempo y sus esfuerzos en estériles debates identitarios a los que nos arrastraba el independentismo catalán, orillando los asuntos que de verdad importan a la ciudadanía, la protegen y la hacen avanzar. El zarpazo terrorista nos situó ante las vulnerabilidades que tenemos como sociedad, pero también sacó a la luz las deficiencias en materia de seguridad, de control de centros de adoctrinamiento islamista y de cooperación entre las policías del Estado, en un contexto en el que al secesionismo solo parecía ocuparle el procés.

Tras tres años de investigación, el caso está a punto de llegar a juicio. Los tres únicos supervivientes de la célula terrorista se sentarán en el banquillo pero, para decepción de los familiares de las víctimas, no serán procesados por asesinato, lo que no solo tendrá repercusiones simbólicas en la sentencia, sino que podría cerrar la puerta a indemnizaciones. Un nuevo mazazo para unas víctimas que, tras perder a sus seres queridos, también han tenido que soportar ser objeto de una indecente utilización por parte del independentismo, que no dudó en su día en extender teorías conspiranoicas sobre una hipotética complicidad del CNI e Interior con los terroristas, con tal de socavar las estructuras del Estado.

Por desgracia, casi desde el primer minuto, en plena conmoción nacional, desde la Generalitat se hizo una utilización descarnada de los atentados que, con el tiempo, puede verse como la primera página de lo que sería todo el procés, el alocado deslizamiento del independentismo por el tobogán golpista que ha representado el mayor desafío para la democracia española. Así, el Gobierno que lideraba Carles Puigdemont enseguida aprovechó el trágico episodio para trasladar la imagen de que no necesitaba para nada al Gobierno español. Terribles, sobre todo por las consecuencias, fueron el arrinconamiento y las zancadillas a la Guardia Civil y la Policía Nacional, que apenas pudieron cooperar con los Mossos en el esclarecimiento de los hechos. Torra intentó vender como exitosa la operación antiterrorista de la consellería de Interior, mientras se empezaban a esparcir insidias sobre el CNI y los órganos del Estado, con el objetivo de reforzar un sentimiento independentista casi en vísperas del 1-O. No faltó siquiera una campaña propagandística que convirtió en gran héroe al mayor de los Mossos, Trapero, quien luego tendría un papel tan decisivo en la mascarada de referéndum. Aunque la mayor indecencia se vivió en la manifestación contra el terrorismo de Barcelona, en la que organizaciones secesionistas organizaron una encerrona al Rey, abucheado como si se tratara de una marcha contra la Monarquía y no contra los asesinos. De aquellos polvos...

Cabe, por último, subrayar que aunque los problemas más gordos -caso del coronavirus- tapen otros, España, como el resto de Europa, sigue en el nivel 4 de alerta antiterrorista. La lacra yihadista sigue siendo una preocupación que requiere tanta atención como esfuerzos.
 


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