AGLI Recortes de Prensa   Miércoles 19  Agosto  2020

Situación financiera insostenible
Editorial ABC 19 Agosto 2020

El aumento desbocado de la deuda pública (que ha marcado un máximo histórico en junio) es un síntoma inequívoco de que el Estado está en una situación financiera insostenible. La parálisis de la economía a causa de la pandemia del Covid-19 no solo ha supuesto la ruina de muchas empresas sino que también ha cortado en seco los ingresos fiscales y aunque no se puede decir que el Gobierno haya sido de los más activos en tomar medidas para paliar los efectos de la crisis, el aumento del gasto de las administraciones conlleva necesariamente la búsqueda de financiación externa. Y si todavía las condiciones del mercado siguen siendo excepcionalmente favorables gracias a la intervención del Banco Central Europeo, hay que tener en cuenta que ese dinero tendrá que ser devuelto tarde o temprano y sus intereses devengados, para lo que será necesario hacer ajustes en el gasto público. No hace falta ser doctor en economía para saberlo.

El fondo que se ha aprobado en la Unión Europea será de una inestimable ayuda (causa escalofríos pensar que España tuviera que hacer frente en solitario a esta catástrofe), pero no será suficiente ni de lejos para enderezar la situación. En el mejor de los casos tenemos por delante una década -otra- de esfuerzo para poder llegar, no ya al objetivo de rebajar la deuda al 60 por ciento del PIB, que es lo que requiere el Pacto de Estabilidad, que eso es algo actualmente imposible, sino siquiera para recuperar medianamente el grado de endeudamiento que teníamos antes de la crisis del Covid-19, que ya era demasiado elevado. Los cálculos del Banco de España que prevén que llegaremos al 120% del PIB nos situan más cerca de Grecia que de los demás países.

Evidentemente, cualquier ensoñación en materia económica construida a partir del pacto de coalición entre Pedro Sánchez y Pablo Iglesias queda completamente invalidada por la aplastante realidad. Uno y otro pueden seguir soñando con su combate irredento contra la austeridad, pero eso no cambiará la realidad. En estos momentos España necesitaría un Gobierno capaz de entender lo que está pasando y de afrontar las auténticas reformas que nos permitan superar esta hecatombe. El manido eslogan de no dejar a nadie atrás puede transformarse en la receta para que todo el país se quede relegado, si se mantiene el rumbo actual, o en un rumbo hacia un camino razonable para que todos tengamos un futuro. En todo caso, el aumento desbocado de la deuda es un indicativo -y no el primero- de que el programa económico de este Gobierno es inviable y menos aún si Sánchez se empeña en seguir dependiendo de la rémora que representa Podemos, con su carga ideológica irracional y contraproducente.

deuda
Sánchez aumenta la deuda del Estado en cuatro meses más que los fondos que recibirá ‘gratis’ de Bruselas
Carlos Ribagorda okdiario 19 Agosto 2020

Pedro Sánchez, presidente del Gobierno, ha disparado la deuda del Estado -sin contar Seguridad Social, regiones ni ayuntamientos- en 89.825 millones de euros en cuatro meses, desde el inicio de la pandemia hasta el 30 de junio. La cifra es superior a los 72.700 millones que recibirá España en varios años en transferencias del Fondo de Reconstrucción acordado por Bruselas en julio, por el que Sánchez fue recibido con aplausos en el primer Consejo de Ministros posterior al pacto.

De acuerdo con los datos del Banco de España, en febrero la deuda del Estado era de 1,063 billones de euros. Cuatro meses después, a 30 de junio, se había disparado a 1,153 billones, los citados 89.825 millones de euros. De esta forma, en cuatro meses Sánchez se ha ‘comido’ toda la ayuda directa que va a recibir de Bruselas -está pendiente de aprobación en el Parlamento europeo y, posteriormente, en los parlamentos nacionales-.

Además, la deuda del Estado va a seguir elevándose en los próximos meses porque el Gobierno va a seguir emitiendo letras del Tesoro y bonos del Estado para hacer frente a los gastos derivados de la pandemia, como prestaciones para desempleados, ERTE y aplazamientos de pagos de impuestos para las empresas.

Según las estimaciones del Banco de España, en el escenario más moderado de caída del PIB por la crisis del covid-19, la ratio de deuda pública se elevará en torno al 115% del PIB, mientras que en el más adverso podría superar el 120%. Actualmente se encuentra ligeramente por encima del 100% del PIB.

En el conjunto de las administraciones públicas, incluida Seguridad Social, regiones y ayuntamientos, la deuda pública en junio ha vuelto a romper récords y se ha situado en máximos históricos, hasta casi 1,29 billones de euros.

El hecho de que en cuatro meses se haya dilapidado ya todo el dinero ‘gratis’ que puede recibir España de Europa implica que esas ayudas, aunque importantes, no van a ser la solución a todos los problemas económicos del país. Porque, como ha recordado en una entrevista en este diario Elvira Rodríguez, vicesecretaria económica del PP, esos fondos no se pueden dedicar a pagar gastos corrientes sino que deben destinarse a proyectos concretos que deben ser aprobados por los socios.

La ministra de Hacienda y portavoz del Gobierno, María Jesús Montero, señaló hace unos días que enviaría al Congreso en septiembre un «inédito» techo de gasto -paso previo para elaborar los Presupuestos Generales el Estado- porque se incluirían ya los primeros fondos de la UE.

Junio de 2018-junio 2020
En los dos años que lleva Sánchez al frente del Gobierno, juró su cargo a principios de junio de 2018 tras ganar la moción de censura a Mariano Rajoy con el apoyo del PNV y ERC, la deuda sólo de la Administración central ha aumentado en 142.598 millones de euros, un 14%.

Se da la circunstancia de que el líder del PSOE utilizó el incremento de la deuda durante la anterior crisis para castigar a Rajoy y tratar de manchar la imagen del PP de buen gestor de las cuentas públicas. Rajoy, que como Sánchez ahora tuvo que gestionar una dura y más duradera crisis económica, aumentó la deuda en los siete años que estuvo en el Gobierno en 292.106 millones -desde diciembre de 2011 a mayo de 2018-. Además, Rajoy no contó con la ayuda de Europa en forma de dinero a fondo perdido, como ahora, de algo más de 72.000 millones.

La realidad se le ha dado la vuelta al presidente del Gobierno y al PSOE, que ven ahora como la deuda se dispara por la crisis económica. La Seguridad Social acumula ya necesidades de 68.850 millones a cierre de junio, un incremento del 25% en sólo dos meses debido a los préstamos que le ha dado el Estado para pagar las pensiones y la extra de verano. La ‘hucha de las pensiones’, utilizada en gran parte por Rajoy, está en mínimos tras ‘tirar’ de ella Sánchez.

La Deuda Pública, disparada
Primo González Republica 19 Agosto 2020

En apenas seis meses, la Deuda Pública total española ha aumentado en 102.000 millones de euros. Las cifras son a veces poco expresivas pero un cierto escalofrío recorre el cuerpo de cualquier analista que le ponga a trabajar a su cerebro cuando estas cifras se comparan con fenómenos reales. Lo cierto es que el sector público español ha gastado 102.000 millones de euros más de lo que ha ingresado en apenas seis meses y que este desfase ha tenido que cubrirlo acudiendo a los mercados de deuda, es decir, pidiendo dinero prestado, buena parte en los mercados internacionales, recurriendo a inversores externos.

La Deuda Pública española se ha visto espoleada durante estos meses por el disparado gasto público, lanzado por las necesidades de luchar contra los efectos del coronavirus. Queda bastante camino por recorrer, según todas las apariencias, ya que el balance de daños sigue en aumento. Hemos conocido este martes las cifras que anticipan el impacto previsible en el sector turístico, el de mayor impacto en nuestra economía ya que se trata del principal motor del crecimiento, particularmente en estos meses de verano.

El escenario que manejan los expertos apunta hacia un impacto negativo este temporada del orden de los 134.000 millones de euros y un recorte de algo más de 2 millones de empleos. De todas las economías europeas, en especial de las grandes, España puede resultar la más dañada en estos meses mientras Alemania muestra ya señales de vigorosa recuperación. Pero en el caso español, el desacierto en el control de los efectos de la pandemia ha ido acentuando los impactos económicos negativos, reflejados en el creciente porcentaje de actividades económicas que son objeto de cierre o de limitación, desde la industria hotelera hasta el sector del ocio nocturno o la restauración.

Todas estas limitaciones a la actividad económica generan costes y terminan por afectar al gasto público y a la postre al desequilibrio de las cuentas del Estado y del conjunto del sector público. La escalada de la Deuda Pública, según los datos que acabamos de conocer de finales de junio, ha alcanzado ya los 1.289.905 millones de euros, un máximo histórico que supera el valor anual de la producción del país.

Equivale, en efecto, a alrededor del 110% del PIB. Terminamos el año 2019 con un nivel de déficit del 95,5% del PIB, que ya se podía considerar un nivel excesivo para nuestras posibilidades. Las previsiones que se manejaron a principios de año apuntaban a un déficit para el año 2020 del orden del 94,6% del PIB, es decir, un ligero recorte respecto al cierre del pasado año.

Pero la realidad se ha quedado a mucha distancia de las expectativas, ya que ahora el horizonte parece conducirnos a un nivel de déficit del orden del 115,5% del PIB para finales del año en curso, sin que se pueda vislumbrar el momento en el que se empiece a doblegar esta curva, es decir, el momento a partir del cual la economía (PIB) empiece a crecer más que el nivel de endeudamiento público y el porcentaje de Deuda Pública sobre PIB vuelva a situarse por debajo del 100%.

Por fortuna, nos encontramos con un aliado no previsto, los tipos de interés negativos que están facilitando hasta extremos impensables la financiación de la exagerada Deuda Pública a la que ha llegado el país. Pero los tipos de interés negativos no van a durar mucho tiempo. Habrá que estar preparados para afrontar esa nueva etapa que nos espera a la vuelta de la esquina, cuando nuestros financiadores estén dispuestos a seguir prestando dinero solo si reciben un tipo de interés razonable. Para afrontar esa situación, la austeridad que nos espera dejará minúscula la de los años pasados.

¿Moción de censura? Sí, gracias
Luis Asúa. vozpopuli  19 Agosto 2020

El proyecto de Abascal es por ahora ideológico. Busca despertar a la sociedad de esa obsesión por el consenso que nos paraliza

El anuncio de Santiago Abascal de proponer una moción de censura para pedir responsabilidades al gobierno de Pedro Sánchez es lo mínimo que se le puede exigir a la oposición. Los españoles estamos desconcertados por mucha razones, y una de ellas es la falta de información. Un buen debate ayudaría a conseguir algo de higiene democrática y ciudadana.

La catástrofe provocada por nuestro actual Gobierno no tiene paliativos. No hay un solo ministerio que se libre del suspenso o que al menos pretenda estar trabajando en ello. No hay propuestas y a estas alturas no sabemos nada de nuestro futuro inmediato. Ni siquiera nos informan, y de nuestro presidente lo único que sabemos es que se ha tomado unas vacaciones, por supuesto a costa de los mejores resorts del Estado, que sólo pueden calificarse de bochornosas dada la crisis que estamos viviendo.

Sánchez debería de estar trabajando y, sobre todo, explicando por qué tenemos las peores cifras de covid del planeta, pero no existe el más mínimo atisbo de que él o alguien aparentemente solvente vaya a hacerlo. Urge, al menos, saber qué ha pasado para no cometer los mismos errores. Es de puro sentido común.

No existe un plan de reconstrucción de nuestra economía, aunque tengamos también en eso los peores indicadores. Sólo se han hecho planes, y muy escasos, para el automóvil y el turismo pero con los resultados que todos conocemos. A estas alturas no hay un plan para que nuestros estudiantes puedan volver a los colegios o a las universidades. Para el resto de los sectores especialmente golpeados por la crisis, como la hostelería, el transporte o la cultura, ni se sabe ni se espera propuesta alguna.

Este Gobierno tiene una capacidad insólita para generar división. Cuando más unidos deberíamos de estar, nuestra sociedad se polariza más que nunca. Nuestras modélicas autoridades han conseguido dividir hasta los ayuntamientos. Un país hecho pedazos no es lo mejor para enfrentarnos a lo que se nos viene encima, y ante esto sólo caben dos opciones: seguir jugando al '¡tú la llevas!' o ir a por todas.

Gasto y despilfarro
El PP tiene un concepto geográfico de la política española, y en esto copia a la izquierda. Identifica 'bolsas' de votos y va adecuando los mensajes y los candidatos a los diferentes objetivos. Hoy esta esencia táctica del PP la hemos visto en el forcejeo interno provocado para echar a Cayetana Álvarez de Toledo de su puesto de portavoz. Seguramente alguno o alguna -los y las de siempre- le estará susurrando a Casado al oído aquello de: "Pablo, tú que no eres alto funcionario, no tienes bagaje de gestión. Debes de dar imagen de moderación y solvencia. Acuérdate de que en España el poder te llega, no se conquista. Moderación y gestión debe de ser tu lema”.

A Vox todo lo anterior le importa un bledo. Y no por frivolidad, sino porque el consenso (neo) socialdemócrata está agotado. Habría que indagar en profundidad de dónde viene la prosperidad de los españoles. Con un sistema económico basado en PYMES y autónomos y uno social donde los pilares son la familia y la clase media, dudo mucho que los excesos regulatorios, el gasto y la deuda pública desbocados, el despilfarro autonómico, la sensibilidad de género y medioambiental y demás etcéteras de la agenda 'progre' no sean más un lastre que un acicate para nuestro sistema social y económico. La referencia a la España que madruga es muy expresiva.

El proyecto de Abascal y compañía es por ahora ideológico. Buscan despertar a la población de esa obsesión por el consenso que nos atenaza, tan bien resumido por Rocío Monasterio cuando proclamó que "la izquierda pone las ideas, el centro las sostiene y la derecha las gestiona". Con casi cuatro millones de españoles que les apoyan y les han convertido en la tercera fuerza política nacional. La moción de censura que proponen es completamente coherente con su proyecto político.

A Vox le gusta la épica y se aplican el viejo proverbio “Ladran, luego cabalgamos…”. Y cuando se cabalga por terrenos libres a veces, muchas veces, se van reuniendo más jinetes, en este caso diputados, que ante la catástrofe nacional que estamos viviendo puede que hagan un examen de conciencia, asuman su responsabilidad personal hacia sus electores y nos libren con su voto de un Gobierno que no está ni mucho menos a la altura de los tiempos que le ha tocado vivir.

(Artículo elaborado en colaboración con Jorge Fernández Sastrón, empresario)

Okupas del Estado
José Manuel Sánchez Fornet okdiario 19 Agosto 2020

Si el presidente de gobierno en Portugal, Francia, Italia, Alemania, Países Bajos, Suecia y otras democracias occidentales hicieran lo que hace Pedro Sánchez, sus ciudadanos los despedían del cargo. Todos ellos veranean sin privilegios como ciudadanos de clase media con su coche y su dinero. El presidente español va a palacios públicos en avión oficial, tiene servicio doméstico, cocineros, médicos, helicópteros, cientos de policías y coches que pagamos todos. Las prácticas españolas, por inmorales, son inaceptables en democracias europeas.

Esto no ha comenzado con Pedro Sánchez. Es así desde la llegada de esta democracia de baja calidad que casi no merece el nombre. Si su mujer viaja a Madrid a la universidad puede ir y volver en el avión del Estado, “okupado” por políticos y corruptos en la dictadura y en esta partidocracia, porque en esas prácticas nada ha cambiado. La mujer del presidente imparte másteres exigiendo a sus alumnos titulación que ella nunca alcanzó, lo que no es ilegal. Que los patrocinen varios ministerios sí es inmoral. El terrorismo fue la excusa perfecta, por seguridad, para aislarse de la gente y vivir en palacios como maharajás entre millones de pobres. Viven como potentados con nuestro dinero, nadando en el lujo, la pompa y el boato sin sonrojarse de vergüenza. Al revés, postureando.

Todos los presidentes del gobierno y partidos políticos son responsables. No la Monarquía, que no gobierna. Lo que cuesta al país la casta política y pagamos la ciudadanía es un latrocinio permanente durante 40 años. El primero que consideró que al ser elegido podía comportarse como en la dictadura fue Felipe González, que veraneó en el yate “Azor” de Franco. A partir de ahí todo fue dispendio, derroche, prácticas corruptas que por habituales y falta de crítica se convirtieron en normales. Es inmoral y puede ser prevaricación, malversación, cohecho y corrupción. El presidente del Gobierno no debe veranear con todos los gastos pagados en dependencias del Estado, ni tener decenas de personas y cientos de miembros de seguridad a su servicio mientras la gente en peligro llama al 091, 092, o 062 y no acude nadie por falta de efectivos.

Casado, príncipe de los mediocres
Emilio Campmany  Libertad Digital 19 Agosto 2020

Se enumeran muchas razones para explicar la destitución de Cayetana Álvarez de Toledo. Iba por su cuenta, los barones lo han exigido, era necesario para dar el giro a la moderación que las circunstancias exigen, se opondría al pacto para la renovación del Consejo General del Poder Judicial. Todo eso será verdad, pero, por encima de todas ellas, hay una razón mucho más determinante. Casado ha destituido a Cayetana Álvarez de Toledo por ser brillante. Que haya sido Feijóo, el que lloró no poder aspirar a presidir su partido por los muertos que guarda en el armario, o Teodoro García Egea, verde de envidia, los que presionaron a Casado para que la destituyera o que haya sido decisión del propio Casado, del que bien se sabe cómo acabó la carrera, es lo de menos. Todos son un saco de grisura. No es nada malo. Somos muchos los que lo somos porque la gente brillante no abunda. Y no pasa nada por que el presidente del PP también lo sea, si supiera rodearse de talento. Pero para este viaje de ida y vuelta al marianismo hubiera bastado Soraya Sáenz de Santamaría, que, siendo tan rajoyista como Casado, al menos sí es bastante más brillante que él.

Las personas ascendidas en la misma jugada corroboran este triunfo de la vulgaridad. De Cuca Gamarra alaban su perfil de moderación y capacidad de gestión, esas virtudes tan marianistas. Podrían incluso haber dicho, para tranquilizar a los más recelosos, que en realidad es una socialista que, a diferencia de los que militan en el PSOE, sabe gestionar. Porque, como en la época de Rajoy, da la impresión de que ser de derechas es en el PP un estigma intolerable que inhabilita fulminantemente para ostentar cualquier cargo. De Ana Pastor ya sabemos que todos sus méritos son ser amiga personal de Rajoy y haber colocado nepotismo mediante a Fernando Simón al frente de Emergencias Sanitarias.

Sin embargo, mi sospecha acerca de la existencia de una conjura de mediocres podría quedar desacreditada al encontrarse entre los ascendidos José Luis Martínez Almeida, que, como Cayetana, es un tipo de brillantez contrastada. Es cierto, pero hay que tener en cuenta que al alcalde de Madrid, a pesar de tener una personalidad sobresaliente, lo que le hace alejarse del perfil de quienes triunfan en el marianismo, le adorna una virtud muy apreciada en este PP y en el de Rajoy, la de tener por norma incumplir sus promesas electorales, que es lo que ha hecho de modo flagrante con Madrid Central. Es un mérito que compensa por ahora el estar tan alejado de la mediocridad que gobierna Génova. No obstante, deberá llevarse cuidado y, si quiere seguir ascendiendo, tendrá que ocultar celosamente sus cualidades y evitar a toda costa batallar ideológicamente con socialistas y comunistas, no vaya a ser que ni siquiera la bondad de incumplir los compromisos con el electorado le baste para librarse de la próxima carnicería de inteligencia que emprenda esa medianía que es Casado.

Contra la pandemia
Amando de Miguel  Libertad Digital 19 Agosto 2020

Hace un par de meses, después de la ordalía del confinamiento general, el Gobierno impuso el ucase de la "nueva normalidad". Era algo así como la "nueva política económica" de los soviéticos de antaño. Son eutrapelias que permiten a los gerifaltes seguir mandando.

El hecho de la "nueva normalidad" se desbarata porque en España empiezan a proliferar los brotes o rebrotes del condenado virus. Algo así como las setas en el otoño lluvioso. Primero fueron media docenica; ahora se acercan al millar. Se recuerda el chiste del pobre africano: el hombre no se sabía negro, era solo un lunar. Empieza a preocupar en España el municipio que se halla exento de brotes.

Mientras tanto, las homilías científicas del doctor Simón sirven de consuelo a los teleadictos afligidos. Ahora ha refinado el invento y ha dado en oficiar una conferencia de prensa en la que no se oyen las preguntas de los ocultos periodistas. Solo se percibe bien el audio del doctor Simón. Aun así, nos quedamos atónitos. El doctor Simón reconoce el "aparente incremento de contagios". Supongo que emplea el "aparente" en el sentido inglés de ‘evidente, notorio’, no el de ‘adecuado, aceptable o conveniente’. Esto es lo que tiene ser cosmopolita. También nos dice el galeno que los brotes no son, propiamente, una segunda ola de la pandemia en España, pues no ha llegado la "transmisión comunitaria". Ignoro lo que quiere decir. ¿Hay una transmisión no comunitaria? El incontinente doctor se felicita del "trabajo excelente en el control de los brotes". Lo que no explica es por qué, entonces, crece el número de brotes.

Lo más significativo de esta segunda ola de la epidemia en España es que afecta también a los jóvenes, y quién sabe si no se ampliará a los infantes. Dentro de unas semanas se abrirán los centros de enseñanza. ¿Acudirán los alumnos? ¿Qué sucederá si surgen brotes de la epidemia en algunos colegios o universidades?

Por si fuera poca cosa lo del virus de China, ahora en Sevilla se nos alarma con lo del virus del Nilo. Supongo que algún refitolero dirá que ese marbete es también xenófobo.

Después de seis meses de epidemia en España, las autoridades sanitarias decretan una nueva prohibición: fumar en la calle, en las terrazas. Bien, se eliminará el tabaco y todo el mundo irá enmascarado. Pero los contagios no remiten.

Mi intuición me dice que el secreto no está en la mascarilla o el tabaco, sino en el impulso gregario. Simplemente, a los españoles nos gusta estar próximos a otras personas; a poder ser, muchas. Esa es la principal razón por la que la incidencia del virus chino afecta, especialmente, a Cataluña, Madrid y País Vasco, las tres regiones más densas. Luego, se añaden multitudes ocasionales por todas partes: temporeros, botellones, inmigrantes ilegales, fiestas y reuniones de todo tipo.

Frente a los hechos, se impone la propaganda. En esto, el Gobierno ha llegado al cenit de la sabiduría política. Anoto estas declaraciones de los que mandan: "España goza del mejor sistema sanitario del mundo" (o uno de los mejores); "Hemos derrotado al virus" (con ocasión del final del estado de alarma, la primera ola); "Tenemos que convivir con el virus" (para justificar la temida apertura del curso escolar): "Los brotes están controlados" (aunque su número aumenta); "Los hospitales no están saturados" (ante la amenaza de la segunda o la tercera ola); "Por primera vez en nuestra democracia hemos decidido adoptar medidas coordinadas en materia de salud pública". Las ideologías son el sustituto de la realidad. Eso es lo que quiere decir propaganda.

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La culpa es de Cayetana
Santiago Navajas  Libertad Digital 19 Agosto 2020

Cabría preguntarse qué hacía una chica como ella en un partido como ese.

Comentó Cayetana Álvarez de Toledo que uno de los motivos de su destitución es que Pablo Casado no cree que sea el momento de emprender la batalla cultural. Lo que quiere decir el líder supremo del PP es que su partido no es para gente con ideología, sino para aquellos cuyas preocupaciones más altas en la vida son la contabilidad de lunes a viernes y el golf los fines de semana (en el caso de Teodoro García Egea, el lanzamiento de huesos de aceituna, que viene a ser un deporte similar). O, dicho de otro modo, para personas que consideran que la odontología es mucho más importante que la deontología. Todo sea dicho sin acritud hacia contables, golfistas y dentistas.

Si hay que reprocharle a alguien la destitución de la hasta ahora portavoz del PP es a ella misma. Su paso por el Partido Popular ha sido la crónica de una muerte anunciada, rememorando a García Márquez; porque cabría preguntarse qué hacía una chica como ella en un partido como ese, tomándole prestado el título a una película a Fernando Colomo. Siguiendo con títulos célebres, podemos inferir sin mucha dificultad que el futuro de Cayetana Álvarez de Toledo en el PP se resume en el de otra película, esta vez de Agustín Díaz Yanes: Nadie hablará de nosotras cuando hayamos muerto. Y casi mejor que no hablen, porque, con el cadáver político de Cayetana Álvarez de Toledo aún caliente, el director de La Razón le dedica un artículo en el que lo más suave que le llama es "desleal".

Pero, dirán ustedes, ¿qué es eso de la "batalla cultural"? Nimiedades para la plana mayor del Partido Popular. Por ejemplo, sería luchar para que volviese a defenderse la presunción de inocencia anulada por la Ley de Violencia de Género; conseguir que la educación en español sea un derecho efectivo para todos los españoles; que el feminismo no esté secuestrado por unas radicales de izquierda y su política de cuotas, victimismos y discriminaciones positivas; que la lengua española no sea maltratada sistemáticamente desde las instituciones públicas, que imponen autoritariamente el patético lenguaje inclusivo; que el Poder Judicial sea realmente independiente y no una merienda de negros politicastros; y que el mérito y el conocimiento sean los ejes de un sistema educativo ilustrado, no el adoctrinamiento y la justicia social de la pedagogía progre.

La batalla cultural se resume en el lema "Libres e Iguales" que repite Cayetana Álvarez de Toledo. Lo cual, en la España dominada culturalmente por nacionalistas y socialistas, es como mentar la horca en casa del ahorcado, el 8-2 en los alrededores del Nou Camp, la isla de Epstein en la Convención Demócrata y el FRAP en Galapagar.

Decía Kierkegaard: "Existen dos maneras de ser engañados: una es creer lo que no es verdad, la otra es negarse a aceptar lo que sí es cierto". No olviden que el primer dogma de la izquierda sobre la batalla cultural es negar que exista la batalla cultural.

El PP jamás va a dar dicha batalla contra los dogmas ideológicos de la izquierda identitaria porque los ha asumido como propios. Baste recordar que votó a favor de la Ley para la Promoción de la Igualdad de Género propuesta por el PSOE en Andalucía, una aberración jurídica, una monstruosidad liberticida. Para mostrarse más beligerante en cuestión de principios morales y políticos, a la ‘élite’ de la derecha le tendrían que importar la cultura, la libertad de expresión y la autonomía intelectual. Pero la relación sado-masoquista entre la izquierda y la derecha españolas es uno de los espectáculos más fascinantes de la política internacional. Cuanto más azota, humilla y arrastra la izquierda a los del PP –y ahora también a Ciudadanos–, más suplican que no es suficiente. Lo llaman ‘moderación’.

Cayetana Álvarez de Toledo se negó a que la bancada socialista-podemita y los medios de comunicación izquierdistas la azotaran hasta hacerla sangrar y les respondió recordándoles sus innumerables crímenes políticos: de la Segunda República, que traicionaron, a la Transición, que casi consiguieron hacer naufragar, pasando por su complicidad con todo tipo de terroristas, de los que lanzan bombas o de los que escriben libros. Por todo ello, jamás la perdonarán. Cayetana Álvarez de Toledo es detestada por la izquierda porque, como liberal que es, y a diferencia de conservadores y demócrata-cristianos, no ha cedido un ápice en las cuestiones básicas sobre libertades, cultura y Estado de Derecho.

La culpa de su destitución la tiene, por tanto, la propia Cayetana Álvarez de Toledo, porque no inclina la cerviz ante los dogmas que el núcleo irradiante de la izquierda pretende imponer en todos los ámbitos de la sociedad, de la judicatura al sistema educativo, pasando por la propia lengua española. En España, la derecha ha asumido que para llegar a las poltronas ha de convertirse en una copia de la izquierda, así que prefiere quemar sus libros de Hayek y Chesterton antes que arriesgarse a perder sus piscinas y sus pistas de pádel. La derecha pasa de este modo de cobarde a sumisa. Paradójicamente, se han quedado todavía más relajados con la destitución de Cayetana Álvarez de Toledo los periodistas pastueños conservadores y la plana mayor del PP que Pablo Iglesias, Carmen Calvo y El País juntos. ¡Qué hembra! Sería ideal para interpretar a Lou Andreas Salomé dándole con la fusta a Nietzsche.

Advierte Nick Cave que "la negativa de la cultura de la cancelación a comprometerse con ideas incómodas tiene un efecto asfixiante en el alma creativa de una sociedad". Con la destitución de la incómoda Cayetana Álvarez de Toledo, el PP ha impuesto la asfixia a la creatividad, la autocensura al arrojo, el silencio de los corderos a la complejidad del debate. Nunca ganarán el poder, aunque es posible que Pablo Casado algún día llegue a la Moncloa.

Rendirse con armas y bagajes
Miquel Giménez. vozpopuli  19 Agosto 2020

Es lo que ha hecho Casado al cesar a Cayetana Álvarez de Toledo. Y no sé si es consciente de ello

Cuando veía a Cayetana en su escaño del Congreso siempre me acordaba aquellos versos de Heine que rezan Die schönste Jungfrau sitzet dort oben wunderbar! lo que traducido, más o menos, significa “La damisela más encantadora está sentada allí arriba, tan hermosa”. A lo mejor muchos dirán que ni es encantadora ni damisela ni hermosa. Cosas de la envidia, supongo, porque lo cierto es que a Cayetana la han envidiado propios y extraños. Que podemitas, separatas y social parásitos le tuvieran inquina es de todo punto comprensible. Cayetana era un potente espejo ante el cual se reflejaba su grotesca figura de sapo fangoso y lleno de verrugas, su monstruosa vileza y su mendacidad perversa. Pero que haya sido entre los que ella creía que eran los suyos donde haya suscitado mayores reconcomes, mayores iras, mayores rabietas, en suma, es digno de estudiar.

Para hacerlo habrá que aclarar un par de cosas. En primer lugar, Cayetana jamás fue un verso libre dentro del espectro liberal-conservador, al contrario, los que son unos versos libres –malísimos, por cierto– son quienes se empeñan en seguir la nefasta senda del sorayismo que no conduce a nada. Cayetana representa en nuestro país lo que en Gran Bretaña podría ser una perfecta líder del partido Tory, culta, elegante, directa, ideológicamente sin complejos ni autocensuras y, sobre todo, patriota. Que en España el principal partido de la oposición considere todo eso como un ataque a la autoridad de su líder ha de preocuparnos a todos los demócratas.

Otro aspecto, y no el menor, es que Cayetana ha defendido la batalla cultual contra la pseudo izquierda, dictadora de lo que se puede o no decir en los medios, en la cultura, en historia, en feminismo, en ecología o en educación, por no extenderme. La hegemonía del pensamiento políticamente correcto, que suele ser intelectualmente estúpido, ha sido desafiada por Álvarez de Toledo con energía y, lo que es mejor, con solidez argumental. Entiendo que en cualquiera de los partidos existentes a día de hoy en nuestra nación hablar de debate cultural sea poco menos que hacerlo de la inmortalidad del cangrejo. Están tan acostumbrados a hacerlo de comisiones, reparto de cargos, componendas, puñaladas traperas y otras minucias que les es físicamente imposible hablar de algo con un nivel medianamente intelectual. Aquí no se debate, pero no es por falta de ganas, sino por falta de materia gris, de reflexión, de ideas, de capacidad dialéctica. Cayetana, igual que pasó con Juan Carlos Girauta, hablan un lenguaje que resulta poco menos que incomprensible a los secretarios de organización. No les entienden, no saben a qué atenerse con estos personajes que aspiran a servir y no a colocar a su primo de concejal en Matalascabrillas del Duque.

Ante esa imposibilidad de entendimiento, no hay arreglo posible. Sabíamos que lo de Cayetana no sería para siempre, y así lo ha demostrado la lógica implacable de una partidocracia culpable en buena parte de la postración en la que se ve sumida nuestra sociedad. Entiéndaseme bien, no creo que Pablo Casado sea un mal tipo, al contrario. Pero es un político conservador al uso del PP en los últimos años, un ejemplo de cómo empiezas con buenas palabras y acabas siendo suplantado en tu escaño por el bolso de un Bruto – o Bruta - cualquiera. No creo que sea consciente, aunque muchos opinen que existe una estrategia para formar un gobierno o lograr un acuerdo con Sánchez. Qué ilusos. Sánchez no pactará jamás en serio salvo con su propio ego, con Su Mismidad. El jefe de aquella banda que tanto le echaron en cara a Rivera cuando los definió así, certeramente, no consentirá un PP alternativo. Solo le interesa uno políticamente correcto, que opine que Vox es casi peor que los nazis pero, en cambio, que mire con sonrisa indulgente a los de Bildu, que se someta a sus métodos, que emita los mismos mensajes narcóticos y funestos como ya ha hecho Arrimadas. Así podrá decir que lo suyo es transversal y toda esa sarta de horteradas pijoprogres que oímos a diario en los medios de comunicación serviles y persas.

Para llegar a eso, el okupa de la Moncloa necesitaba sacarse de encima a Rivera, a Girauta, a Cayetana. Y ya lo ha logrado. Si eso no es una rendición con armas y bagajes del centro derecha español en toda le regla, ya me dirán ustedes qué carajo es. Aunque quizás, reflexionando, sea algo mucho peor. Suicidio


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