AGLI Recortes de Prensa   Sábado 22  Agosto  2020

Pablo e Irene, turistas incultos
Jimmy Giménez-Arnau okdiario 22 Agosto 2020

A la hiena y su chorva se les atragantó la fabada. ¿Qué hacían Pablo e Irene, con 15 escoltas, en una aldea astur de 20 vecinos, la tierra de Don Pelayo? Muy poco sabe tal par de turistas incultos de la historia de España para tomarse unas inmerecidas vacaciones en una región donde, los que odian a nuestra Nación, son mal recibidos. ¿De qué se quejan estos ignorantes turistas, de que un anónimo pinte en el asfalto “coletas, rata”, invitándoles a irse por donde vinieron? ¿No fue Pablo quien propuso naturalizar el insulto para poder degradar a la Monarquía? Los lugareños no quieren trato con estos nuevos ricos incoherentes y zarrapastrosos, prefieren que se larguen a mitigar sus cuitas a su dacha bolchevique. Si Don Pelayo, el primer monarca del reino de Asturias, renaciera y detectara que esta gente andaba de veraneo en sus dominios les metería un oso en la cama.

Como bien dice Amy, A.S., “la pintada, “coletas, rata” la hicieron las huestes de lameculos de Podemos, con tal de desviar la atención de su podrida Caja B”. Existe otro dato bien curioso, que no justifica la polémica. La escolta policial, los 15 agentes que acompañaron y blindaron a los turistas en Felgueras, no comunicaron ningún delito de acoso o amenazas en el parte que entregaron cuando volvieron a Madrid. Tampoco la Guardia Civil denotó ningún indicio de peligro. Así que los turistas, antes de digerir la fabada, el chorizo, la morcilla y el arroz con leche, tuvieron que empaquetar y salir pitando. Hay gente dada a las fake news, como los Iglesias-Montero. Tras hacer el mayor ridículo, se inventa persecuciones pueblerinas.

Mientras este par de turistas de tres al cuarto es corrido de Asturias, el presidente Sánchez va de abucheo en abucheo. Ahora se entiende que el Gobierno esté obligado a aplaudirles cada vez que los ve. Ni uno, ni otros, sirven para nada Hay que animarlos.

La pandemia triplica los rebrotes, la economía se hunde más aún y ellos siguen de vacaciones.

Tiempos de reflexión
Juan Antonio Sagardoy Bengoechea ABC 22 Agosto 2020

En estos días vacacionales se presenta una oportunidad magnífica para reflexionar haciendo un alto en el devenir de nuestra vida diaria con sus múltiples avatares y siempre dominada por las prisas. Los descansos, si van acompañados de una renovada actividad de pensamiento, dan unos espléndidos resultados tanto en el pensamiento como en las realizaciones vitales. Si cada día hiciéramos el propósito de no dejarnos llevar por la corriente y ser nosotros dueños de nuestro tiempo seríamos mucho más eficaces en nuestro ser y más felices en nuestro vivir. Se trata de crecer por dentro.

En este tiempo de reflexión quiero traer a colación alguna consideración sobre España y nuestra convivencia. Voy a referirme de un modo muy general a nuestros problemas económicos, políticos y sociales.

En el campo de la política el tema clave radica en la amenaza del separatismo. El País Vasco y Cataluña son dos regiones que de modo permanente y con distintas intensidades plantean como opción política fundamental en el futuro su separación de España y la consecución de su independencia. En la Transición se diseñó el Estado de las Autonomías que, de un modo global, podríamos decir que ha dado unos resultados positivos. Sin embargo, creo que el problema del separatismo, al cabo de 40 años, no se ha resuelto satisfactoriamente, especialmente en Cataluña, donde tiene rebrotes preocupantes.

Hay que lograr, con el entendimiento de los políticos autonómicos y los nacionales, unas cotas de autonomía que no lleven a la separación, sino a la unidad diferenciada. De cualquier forma, el separatismo sigue siendo un problema en nuestro panorama político que debe resolverse de alguna forma para no estar permanentemente bajo su chantaje. El tema tiene la suficiente entidad e importancia como para estar en un lugar muy destacado en la agenda del gobierno de turno. Debe lograrse una ordenación y, de alguna forma, la integración de las políticas autonómicas con la política nacional, pues de lo contrario sufriría la eficiencia económica y la configuración política de España.

En el terreno económico hay grandes nubarrones a los que hay que estar muy atentos para que no descarguen una tormenta muy perjudicial para la buena marcha de la economía. No soy economista, y por tanto no voy a dar ninguna receta o consejo técnico, sino que como hombre de la calle pienso que tenemos el gran hándicap de que nuestro sector productivo fundamental es el de los servicios -sector que tiene un componente coyuntural muy importante- y, además, al necesitar mucha mano de obra, cuando vienen los tiempos críticos la incidencia en el empleo es muy alta. Aunque se han producido avances importantes, resulta fundamental que logremos una potenciación de la industria y del conocimiento para lograr una mayor riqueza y estabilidad, no solo en lo económico, sino también en lo referente al empleo que, por definición, es mucho más estable en estos sectores que en el de los servicios.

En este campo económico no puede dejar de anotarse la necesidad de que se controle férreamente el gasto público. Controlarlo no sólo en su cuantía, sino también en su destino. El gasto social es muy loable, pero tiene dos puntos que deben considerarse: por un lado, que el gasto sea en muy buena parte un gasto productivo y no de consumo, para que pueda generar riqueza la inversión realizada; y por otro, que la partida destinada a la inmigración sea controlada cuidadosamente de modo que el gasto social no se concentre de modo excesivo en la atención social de los inmigrantes, cuando los españoles pueden estar igual o más necesitados.

En el terreno laboral creo que sería muy acertado potenciar lo que podríamos denominar las tres «efes»: facilidades por parte del Gobierno, con una legislación que anime y facilite la gestión empresarial; una formación intensa de los trabajadores, y flexibilidad para las empresas. Los gobiernos cumplen un papel fundamental tanto en el establecimiento de las reglas del juego (legislación) como en su papel arbitral a lo largo de los procesos productivos. La legislación laboral siempre tendrá el papel fundamental de proteger a la persona y a los intereses de los trabajadores, pero con una visión global del proceso, de modo que los empresarios no sean vistos como enemigos de los trabajadores, sino como copartícipes del proceso productivo. Hoy nuestra legislación laboral es equiparable a la europea -con algunas matizaciones- pero es fundamental que no tome el camino de un proteccionismo excesivo, que al final produce efectos contrarios a los deseados. El gobierno de turno -de algún modo- tiene que asumir un papel de imparcialidad en el mercado laboral, sin caer en posiciones partidistas, huyendo tanto de un liberalismo injusto como de una socialización ineficaz. En definitiva, que el gobierno empuje y anime, y no lo contrario.

Nuestra legislación laboral -como he dicho antes- es, a grandes rasgos, homologable a las europeas, por lo que no sería nada aconsejable, pues lo pagaremos caro, el derogar la reforma laboral de 2012, que ha dado muy buenos resultados. Que haya que hacer algún cambio fruto de la experiencia de estos años sería positivo, sin duda alguna, pero la derogación de la reforma, creo, de modo objetivo, que sería un desacierto con un coste muy alto. Si ponemos el foco en los trabajadores, creo que una de las fundamentales tareas que hay que poner en marcha es la formación, que resulta fundamental para los propios trabajadores, y desde luego para todo el sistema productivo. Y no sólo me refiero a la formación en general, sino también, y específicamente, a la profesional. Una sociedad con trabajadores sin formación o con una escasa formación está abocada a la ruina económica y social.

En lo que se refiere a las empresas, yo creo que su principal y permanente demanda es la flexibilidad de la legislación, de modo que en función de las circunstancias (tan cambiantes a lo largo del tiempo) las leyes puedan adaptarse a dichos cambios y el empresario no estar sometido a un cuadro rígido normativo que en muchas ocasiones es ineficaz o incluso una rémora para una buena y mejor producción de bienes y servicios. Es frecuente la equiparación de la flexibilidad con el poder decisorio unilateral del empresario. Pero esto no es así. Y digo que no es así porque lo que sensatamente hay que poner en práctica es que ante los cambios -organizativos, económicos, técnicos e incluso sociales-, las normas no permanezcan ajenas a dichos cambios, sino que se adapten de alguna forma a ellos, y que en el proceso concreto de producción, el empresario, con la colaboración de los trabajadores, pueda adaptar las normas a los nuevos escenarios.

En el terreno social, hay que estar muy atentos a la evolución que pueda sufrir la situación actual, puesto que un deterioro de la economía personal y familiar puede traer efectos muy negativos para una buena convivencia.

En definitiva, por parte de los gobiernos, facilidad para una buena, ágil y eficaz producción; para los trabajadores, una sólida y permanente formación general y profesional, y para las empresas, flexibilidad en su labor de gestión.
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Juan Antonio Sagardoy Bengoechea es Académico de Número de la Real de Jurisprudencia y Legislación

Optimización y autonomías
Nota del Editor  22 Agosto 2020

A ver si hay suerte y los socios europeos se despiertan y se dan cuenta de que el problema de Europa es España y el de España con las autonomías.

En tiempos de tormenta no hay que hacer mudanza o algo así dice el refrán, pero la optimización de los recursos, propios y ajemos, debe ser una tarea permanente. Las autonomías son y han sido un disparate, cada día nos hunden más en la miseria y más doloroso resultará librarnos del engendro.

La pintada y el escandaloso victimismo de Podemos y su Máximo Líder, escrachador de pro
EDITORIAL  Libertad Digital 22 Agosto 2020

Quienes menos motivos tienen, más asumen el papel de víctimas.

Pudiera parecer que la familia Iglesias-Montero está sometida a una presión infernal, dado el tenor de las informaciones de no pocos medios a raíz de la aparición de una pintada que decía "Coletas, rata" en una carretera pretendidamente próxima a la casa donde pasaban unos días de vacaciones el vicepresidente segundo y la ministra de Igualdad junto a sus hijos.

Pablo Iglesias se ha quejado con amargura tartufesca en Twitter: "No hay derecho a que mis hijos tengan que sufrir las consecuencias del compromiso y las tareas políticas de sus padres, pero hay millares de niños en situaciones mucho más vulnerables. No va conmigo el victimismo". No irá con él, pero sí con los principales dirigentes de su partido, que no han dudado en acusar a los jueces y a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado de permitir que se acose a su Máximo Líder y a sus allegados con total impunidad. Así, mientras Iglesias se deshace en elogios a sus escoltas, sus subordinados tratan de configurar un marco informativo en el que la Guardia Civil y la Policía Nacional son responsables de una supuesta falta de protección judicial y policial de la que serían víctimas Iglesias y Montero.

La técnica es tan vieja como conocida. El entorno de Iglesias se aprovecha de una pintada para denunciar que la familia vive un tormento en vacaciones, el vicepresidente dice que no hay derecho a que sus hijos sufran las consecuencias del "compromiso" de sus padres y acto seguido recuerda: "Lo que hace a nuestra familia la extrema derecha y ciertos medios es grave, pero hay que poner cada cosa en su contexto. Hay gente que ha pagado con su libertad, con su vida o con torturas defender sus ideas y hacer política. No es nuestro caso".

Mientras tanto, otros "ciertos medios" engordan la bola y dan por sentado que Iglesias y Montero han tenido que cancelar sus vacaciones en Asturias porque corría peligro no sólo su integridad física, sino la de sus hijos. Ni siquiera hay una denuncia. No se ha remitido atestado alguno a la Fiscalía para investigar la autoría de la pintada. Claro que poco podría hacer la Fiscalía con una triste pintada.

Sin embargo, la operación mediática ha salido perfecta. Durante unos días las informaciones sobre las irregularidades financieras y la caja B de Podemos han pasado a un segundo plano, oscurecidas por el episodio vacacional de los Iglesias-Montero. A costa de trivializar la violencia que sí han sufrido y sufren jueces, fiscales, agentes de la Guardia Civil y de la Policía Nacional, dirigentes políticos y militantes de otros partidos, así como sus familias, en el País Vasco y en Cataluña, Podemos ha logrado extender una cortina de humo sobre la investigación judicial que pesa sobre el partido y parte de su cúpula.

Es de reseñar la enorme potencia mediática de Podemos, capaz de alterar el curso informativo con una pintada y convertirla en una amenaza de primer orden contra una familia que por otra parte dispone de una amplia protección policial, tanto en sus desplazamientos como en sus lugares de residencia. El contraste con las amenazas silenciadas que sufren otros políticos es casi pornográfico.

También arrojan un notable contraste las reacciones ante la pintada y las producidas cuando una diputada de Vox recibió una pedrada en la cabeza (Echenique llegó a hablar de ketchup), o cuando mujeres del PP y de Ciudadanos como Cristina Cifuentes, Cayetana Álvarez de Toledo, Begoña Villacís o Inés Arrimadas han sufrido ataques, insultos, zarandeos, escupitajos y empujones que determinadas formaciones, separatistas y la extrema izquierda, han calificado de "libertad de expresión", mientras el PSOE guardaba un ‘respetuoso’ silencio.

Cualquier agresión que sufriera un dirigente o militante de Podemos debería y sería duramente condenada por todos los partidos a los que Podemos considera derecha extrema, de Vox a Ciudadanos pasando por el PP. Y por todos los medios a los que Podemos tiene declarada una guerra sin cuartel, que persigue indisimuladamente el cierre de tales medios. Otra cosa de momento es lo que está ocurriendo con Pablo Iglesias –escrachador de pro en sus tiempos de profesor universitario–, porque ni la pintada ni las imágenes de quienes protestan delante de su chalet en Galapagar tienen nada que ver con los procedimientos importados por Podemos, y que calificaban de "jarabe democrático" cuando los aplicaban sin reparos a los demás. No hay más que ver las imágenes del acoso callejero a Cristina Cifuentes. O las pintadas con amenazas de muerte contra el juez Llarena en Cataluña, las dianas con el nombre de Santiago Abascal o el asedio a Cayetana Álvarez de Toledo en la Universidad Autónoma de Barcelona, por citar sólo unos ejemplos, para darse cuenta de la distancia entre la pintada sufrida por Iglesias y los calvarios padecidos por otros personajes públicos.

Nadie se merece ser hostigado por sus ideas políticas. Por tanto, harían bien en Podemos en rechazar ese activismo político que justifica y practica los escraches, esa manera de entender la política que considera natural que Vox, Ciudadanos o el PP no puedan celebrar actos en determinadas partes de España sin protección policial. Todavía se está a la espera de una condena enfática por parte de Podemos de todos esos hechos. Lo que ha ocurrido por el momento es que quienes menos motivos tienen, más asumen el papel de víctimas.

Sánchez debe volver al mando único
Editorial  La Razon 22 Agosto 2020

La dejación del Ejecutivo, trasladando la carga a los ejecutivos autonómicos, deja al descubierto la falta, no sólo de un «plan B», sino de cualquier estrategia digna de ese nombre para luchar contra la pandemia»

De todos los datos alarmantes sobre la progresión de la pandemia del coronavirus en España no es, precisamente, menor el alto número de infecciones registradas entre el personal sanitario, que Sanidad ha cifrado en casi cinco mil, entre el 11 de mayo y el pasado 12 de agosto. Si entre profesionales a quienes se supone una mayor concienciación del peligro se producen tales repuntes, es fácil colegir qué puede ocurrir en nuestro país a medida que la población recobre la actividad laboral y reanude el curso escolar. De hecho, comunidades como el País Vasco se encuentran ya técnicamente bajo las condiciones de una segunda oleada de Covid-19, sin que las medidas de prevención adoptadas por el Ejecutivo autónomo de Vitoria hayan surgido el efecto deseado. Lo mismo reza para la Comunidad de Madrid y la de Cataluña, en las que se suceden la aparición de nuevos brotes en los mismos barrios y localidades que ya se encontraron entre los más afectados durante la primera ola de la pandemia.

Si a esta realidad innegable, que apenas empieza a ser reconocida por los responsables de Sanidad, se une la confusión legislativa de las decisiones que, a su leal saber y entender, han ido adoptando los distintos gobiernos autonómicos, algunas rechazadas por jueces y magistrados por atentar contra derechos fundamentales o no estar suficientemente motivadas –como ha hecho, ayer, un tribunal de Madrid, sin ir más lejos–, parece legítimo preguntarse qué hace el Gobierno de la nación y, sobre todo, porque la mayoría de sus miembros, incluido, por supuesto, su presidente, Pedro Sánchez, mantenían sus programas de vacaciones veraniegas, hasta ayer mismo, cuando el clamor en la opinión pública empezaba a ser ensordecedor, en lugar de afrontar su responsabilidad. Que el director de emergencias sanitarias, Fernando Simón, haya solicitado la ayuda de los «influencers», en reconocimiento tácito de la pérdida de la autoridad de su Departamento, dice más de lo extraordinario de la situación que todos los argumentos que podamos añadir. El panorama, pues, presenta tintes muy obscuros para los meses inmediatos, cuando, además, se espera la llegada de la habitual temporada de gripe.

Es cierto, venimos insistiendo en ello, que una parte, y no pequeña, de la batalla contra el coronavirus descansa sobre la responsabilidad individual de los ciudadanos, pero, también, lo es que corresponde al Gobierno la dirección técnica, política y científica de la misma, y que el fracaso palmario que obtuvo con su primer gabinete de coordinación y mando unificado puede explicar su absentismo actual, pero en ningún caso justificarlo. El virus, simplemente, no se ha comportado en los meses de verano como había pronosticado el optimista análisis gubernamental y la dejación del Ejecutivo, trasladando la carga a los ejecutivos autonómicos, deja al descubierto la falta, no sólo de un «plan B», sino de cualquier estrategia digna de ese nombre.

Y ya casi no queda tiempo. Como se ha demostrado en aquellos países donde ha comenzado el curso escolar, como en Alemania, los colegios e institutos se convierten muy a su pesar en puntos de expansión de los contagios, sin que sirva de mucho consuelo que el descenso de la edad media de los afectados haya reducido la letalidad del virus, puesto que es una situación que puede cambiar a medida que se extienda la infección. Es hora de que el Gobierno de Pedro Sánchez, aprendiendo de sus errores pasados, ponga en marcha un Centro de Mando unificado, a ser posible con la inclusión de verdaderos expertos independientes, y dicte las medidas que sean necesarias, a nivel nacional por muy dolorosas que puedan ser para el conjunto de la sociedad. Aunque sólo sea porque nadie puede garantizar que el Covid-19 no vuelva por su fueros, como en los terribles meses de marzo y abril pasados.

El Dr Cum Fraude debe volver al hoyo
Nota del Editor 22 Agosto 2020

Que los hobbit me perdonen por proponer que al Dr Cum Fraude lo envien a uno de sus hoyos, resultan demasiado superficiales, mejor enviarlo a las fábricas de monstruos del ojo, a ver si arden todos y se desintegra el anillo maligno que en el dedo del Dr Cum Fraude le proporciona el poder para desahacer España.

No estoy soñando, sigo apoyando a Vox que es la única via para evitar que España desaparezca.

El riesgo de contagiarse de coronavirus en España multiplica por cuatro la media de Europa
Luz Sela okdiario 22 Agosto 2020

La incidencia acumulada de coronavirus está disparada en España. Y el dato destaca aún más si se compara con otros países europeos. La cifra, 149,75 casos por cada 100.000 habitantes, nos sitúa a distancia de otros países que, en la primera fase de la pandemia, se vieron especialmente golpeados. En Italia, por ejemplo, apenas es de 10,5 infecciones por 100.000 habitantes.

El país transalpino encendió las alarmas sobre la llegada del coronavirus a Europa, pero ha demostrado ser más eficaz en la contención de la pandemia. Mientras España acumula 386.054 casos totales, Italia anota 256.118. Sólo nos supera Rusia, con 942.106 contagios en el contador global, aunque la incidencia acumulada es tres veces inferior a la española, de 45 casos por 100.000 habitantes.

En relación a ese indicador, a España le sigue Rumanía, con una incidencia de 73,6 casos por cada 100.000 habitantes. Francia, por ejemplo, tiene 51; Alemania, 17,7 y Portugal, 25,7, según los últimos datos aportados por el Ministerio de Sanidad, este viernes.

3.650 nuevos casos
El departamento de Salvador Illa ha informado de 3.650 nuevos casos de Covid-19, un leve ascenso frente a los 3.349 de ayer. De los 3.650 nuevos casos, 303 se han registrado en Andalucía, 342 en Aragón, 40 en Asturias, 149 en Canarias, 92 en Castilla-La Mancha, 121 en Castilla y León, seis en Ceuta, 172 en Cataluña, 99 en Comunidad Valenciana, 68 en Extremadura, 182 en Galicia, 1.199 en Madrid, 26 en Murcia, 98 en Navarra, 685 en País Vasco y 68 en La Rioja. Cantabria y Melilla no han aportado datos este viernes

En la última semana, han fallecido 125 personas con prueba diagnóstica de Covid-19 confirmada, en comparación con las 122 notificadas este jueves por el Ministerio. Así, la cifra global de muertos en lo que llevamos de pandemia se sitúa en 28.838, 25 más que ayer de acuerdo con las estadísticas oficiales. Los cálculos que cada día ofrece OKDIARIO elevan esta cifra a 42.829.

De las 125 muertes, 10 se han producido en Andalucía, 40 en Aragón, dos en Baleares, tres en Canarias, una en Cantabria, cuatro en Castilla y León, diez en Cataluña, cinco en Comunidad Valenciana, dos en Extremadura, tres en Galicia, 42 en Madrid, dos en Murcia y una en La Rioja.

Inacción del Gobierno
Los rebrotes se suceden por todo el territorio ante la inacción del Gobierno. Este viernes se conocía que Pedro Sánchez ya se encuentra en La Moncloa, para seguir la evolución de la pandemia. Sánchez se cogió vacaciones el 4 de agosto y, pese a la gravedad de las cifras, no ha interrumpido en este tiempo su periodo de relax. Según La Moncloa, tampoco lo ha hecho ahora. El regreso estaba previsto para este mismo viernes, según fuentes gubernamentales.

En apenas tres días, el mensaje del Gobierno ha cambiado desde un escenario controlado a una pandemia desbaratada.

Este jueves, el director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias, Fernando Simón, alertaba de que el coronavirus estaba «fuera de control» en algunas zonas. Simón avisó que podía estar ocurriendo una transmisión comunitaria importante. «Que nadie se confunda, las cosas no van bien», advirtió.

El Ejecutivo no prevé cambiar de estrategia. Deriva la responsabilidad de la gestión a las comunidades autónomas y no prevé, al menos de momento, tomar el mando de la situación ni tampoco habilitar una reforma legal que dotase de más capacidad a los mismos territorios para acometer medidas drásticas.

El único plan anti-brotes del Gobierno fue aprobado el pasado 13 de julio, cuando la pandemia atravesaba una situación radicalmente distinta. Ese plan establece únicamente las líneas generales de actuación y delega en el Ejecutivo un papel de coordinador de las políticas, preservando las competencias autonómicas.
<a href="http://www.libertadidioma.com/20200820.htm">
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La tara de Podemos
Eduardo Goligorsky  Libertad Digital 22 Agosto 2020

A por los enemigos de España y de nuestra civilización, siempre por la vía legal y jamás por la del escrache que ellos importaron de sus metrópolis bananeras.

Es evidente que el Poder Judicial del Reino de España desempeña el papel que le asigna el Estado de Derecho cuando vigila que los ciudadanos cumplan, individual y colectivamente, con la legalidad vigente, sancionándolos si se apartan de ella. Jueces y fiscales han actuado y actúan, con mayor o menor diligencia pero actúan, como lo demuestra el hecho de que existe una larga lista de personajes públicos, de diversos estratos sociales y filiación política, que están en la cárcel o en vísperas de entrar en ella.

Cóctel de ideologías totalitarias
Ahora le toca el turno de ser investigado a Podemos, un partido que se gestó en el vientre voraz de las dictaduras latinoamericanas y se nutrió con un cóctel de ideologías totalitarias. Un partido cuya cúpula reclama para sí la misma inmunidad de la que disfrutan los narcodictadores que lo patrocinan.

Los delitos que le atribuyen sus acusadores son los mismos por los que han sido sancionados casi todos los partidos del arco parlamentario español, que pueden resumirse bajo el rótulo de financiación ilegal. Sin embargo, aquí es donde creo que nos equivocamos cuando no ponemos más énfasis en otras culpas, que son las que convierten a Podemos y su corte de los milagros en un caso aparte más punible.

Felicitémonos, por supuesto, de que la Justicia cumpla con su misión de barrer de los establos de Augías del Estado todas las tropas de parásitos corruptos que se cuelan en ellos, cualquiera sea su denominación de origen. Pero hay que tomar en consideración las diferencias de fondo.

Marcha atrás guerracivilista
Rodrigo Rato, Iñaki Urdangarin, Manuel Chaves, José Antonio Griñán y muchos de su misma catadura actuaron movidos por intereses espurios y están pagando por ello. Pero no se alzaron contra el ordenamiento constitucional ni manifestaron su intención de participar en un plan subversivo tramado para convertir a sus conciudadanos en vasallos de una satrapía chavista.

El caso de los cabecillas de Podemos es totalmente distinto. Proclaman a los cuatro vientos que su fin último consiste, por un lado, en anular los resultados del plebiscito que puso los cimientos de la Transición hacia la democracia y, por otro, en derrocar la Monarquía parlamentaria que nos garantizó más de cuarenta años de paz y bienestar. Todo ello pasándose la Constitución por el arco del triunfo, para provocar una marcha atrás guerracivilista que nos devuelva al corral de las checas y los comisarios políticos, ayer soviéticos y hoy cubanos o venezolanos.

Lo tremendo es que, mientras dura la investigación judicial por presuntos delitos económicos, estos perdularios que en la teoría y en la práctica dan pruebas de su vocación involucionista y su odio a la España liberal e ilustrada, forman parte del Gobierno, donde se atrincheraron después de jurar o prometer, con el colmo de la desvergüenza, lealtad al Rey y a la Constitución.

Guillotinas y paredones
Seamos justos: los disconformes podrían propiciar la implantación de un régimen republicano a su gusto sin renegar de este juramento o promesa. Bastaría que se ciñeran al cumplimiento puntilloso de los artículos de esa misma Constitución que estipulan cuáles son los trámites parlamentarios y las mayorías cualificadas indispensables para realizar cualquier cambio, incluido el de la monarquía por la república. Pero los muy brutos prefieren aplicar las tácticas aviesas aprendidas de sus tutores revolucionarios, que se criaron profesando el culto a guillotinas y paredones.

Aquí los tenemos, al vicepresidente segundo y su pelotón de ministros, ministras y legisladores obedientes, aturdiéndonos con patrañas demagógicas mientras sabotean, desde dentro, el andamiaje sobre el que descansan la seguridad, la salud, la convivencia, la prosperidad, la solidaridad y las libertades de los españoles en el marco de la Unión Europea.

Traición a la patria
Un trabajo de zapa en el que no están solos. Se han compinchado con las metástasis secesionistas étnicas, que no solo se declaran ajenas a España sino que buscan difamarla y perjudicarla por todos los medios. Aliarse con ellas es peor que lucrar con la corrupción económica. Es incurrir en traición a la patria. Incluso a la patria republicana que prometen implantar. Se burlan los sedicentes pragmáticos de ERC: "No se trata de proclamar la república española sino la catalana" (Isabel Garcia Pagan, LV, 16/8). Y el energúmeno Pere Aragonès, de rancio abolengo franquista y hoy socio complaciente de los mercenarios del 3%, se asoma de su charca tribal para pedir con obsceno desparpajo la abdicación de un monarca ejemplar: Felipe VI, rey de todos los españoles.

Sumemos a estos rufianes la caterva de seguidores del orate prófugo Carles Puigdemont y los matones bilduetarras impenitentes y tendremos el panorama completo de la Operación Retorno a las Barricadas del No Pasarán 1936. Apadrinada por José Luis Rodríguez Zapatero y Pedro Sánchez.
 


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