AGLI Recortes de Prensa   Miércoles 26  Agosto  2020

Sálvese quien pueda
EDITORIAL Libertad Digital 26 Agosto 2020

La gigantesca maquinaria propagandística que dirige desde La Moncloa el ínclito Iván Redondo con el duopoio televisivo como gran altavoz pregonaba el pasado viernes que Pedro Sánchez interrumpía sus vacaciones (cuando en realidad sólo adelantó en unas horas el regreso que ya tenía previsto) para salvarnos, otra vez, del virus. No en vano, Sánchez ya "salvó 450.000 vidas", según la factoría Redondo de fake news. Había pues cierta expectación ante los anuncios que podría hacer el presidente del Gobierno en medio de la creciente sensación de caos e impotencia con la que los españoles ven como cada autonomía hace la guerra por su cuenta mientras los contagios crecen de forma exponencial. Sin embargo, Sánchez se ha limitado a anunciar algo ya anunciado hace más de un mes por la ministra Margarita Robles, la participación del ejército para formar equipos de rastreadores. Pero la realidad es que un mes después y durante estas últimas semanas de rebrotes no se ha sabido nada de esos rastreadores, cuando más necesarios eran.

Lo cierto es que la comparecencia de Pedro Sánchez este martes no supone más que la constatación palmaria de que su prioridad no es articular una política eficaz contra el coronavirus, que exige un plan nacional y una mínima coordinación que palíe el desbarajuste ocasionado por el disparatado sistema autonómico, ni hacer frente a la catástrofe económica en la que ya estamos inmersos, sino servirse de la tragedia para perpetuarse en el poder. Y ha encontrado en las CCAA la coartada perfecta para eludir su responsabilidad, incluso derivando en ellas la posibilidad de decretar un nuevo estado de alarma (en contra del que era su discurso en primavera en la que utilizó el Estado de alarma para someter a la oposición y maniatar el Congreso de los Diputados, sede de la soberanía nacional).

Ahora Sánchez sólo tiene que cruzarse de brazos y esperar que los presidentes autonómicos se cuezan en su propia salsa, como culpables del desastre y disparar con sus cañones mediáticos a aquellos que le resulten más incomodos para su proyecto de poder. Especialmente la Comunidad de Madrid, que junto a la Corona conforman el principal y prácticamente único foco de resistencia institucional y constitucional al cambio de régimen que pretende con ahínco el gobierno social comunista. Una vez cobrada por Sánchez e Iglesias la cabeza de Cayetana Álvarez de Toledo, que les ha servido Pablo Casado en bandeja de plata, en una renuncia del PP a su obligación de hacer oposición y representar a sus votantes para esperar, al más puro estilo rajoyesco, a heredar el poder, aún a costa de un empobrecimiento sin precedentes de toda la nación.

Por si fuera poco y si nadie lo remedia, todo apunta a que la oposición seguirá siendo incapaz de articular una estrategia común, única forma posible de desbancar a los socialcomunistas del poder, y en las próximas fechas veremos como la moción de censura presentada por Vox se convierte en una nueva batallita entre los partidos del centro-derecha para el disfrute de Sánchez, Iglesias y su ejército de palmeros mediáticos.

Prima el interés político de Sánchez
Editorial La razon 26 Agosto 2020

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y en este punto hay que darle la razón a Pablo Casado, se ha quitado del foco principal de la opinión pública ante lo que ya se dibuja en el horizonte como una segunda oleada de la pandemia, cuyas consecuencias son fáciles de imaginar. No es sólo la transferencia de la responsabilidad en las decisiones de mayor calado a los gobiernos autonómicos lo que deberíamos destacar, sino el hecho de que el jefe del Ejecutivo dé a entender que la titularidad de la Sanidad y la Educación ya no pertenecen al Estado, lo que no es cierto en modo alguno, puesto que lo único que está transferido es la administración de esas competencias.

Aunque por otros motivos que sólo podemos intuir, que el líder de la formación morada y vicepresidente segundo del Gobierno, Pablo Iglesias, reprochara a su compañera de Gabinete, Isabel Celaá, la falta de liderazgo del Ministerio de Educación a la hora de abordar un regreso a las aulas en seguridad demuestra que está calando la percepción social de que Sánchez se escabulle a la hora de tomar decisiones ante una situación compleja, que, tras la experiencia adquirida, no podrá camuflarse con demostraciones de optimismo, puros gestos voluntaristas, como hizo ayer Sánchez en su comparecencia tras el Consejo de Ministros. Porque ni habíamos vencido al virus ni, por supuesto, la sociedad española ha salido más fuerte de la prueba. Que el jefe del Ejecutivo recurriera a una predicciones sin evaluar de la Airef, a las que la propia institución independiente no concede valor, para anunciar que la economía española volverá a crecer con fuerza al final de año, no sólo es tirar de realismo mágico, sino que obvia del discurso los datos que sí están contrastados. Por ejemplo, que sólo 125.000 de los tres millones de autónomos han recibido las prestaciones por cese de actividad, empujando al resto al inevitable cierre de sus negocios, o que el fracaso de la temporada de verano augura un otoño catastrófico para el mercado laboral.

Sin duda, no hay que pecar de angelismos, en toda esta peripecia lo que prima es el interés político del presidente, que no es otro que asegurarse la permanencia en La Moncloa. De ahí, entre otras razones, la transferencia por la vía de los hechos a las comunidades autónomas de potestades sobre los derechos ciudadanos de los que sólo es titular el conjunto de la soberanía nacional, que, por un lado, satisfacen las aspiraciones de los partidos nacionalistas e independentistas vascos y catalanes, y, por otro, desactivan la oposición de los gobiernos del PP, a quienes no se ofrece otras alternativas. Que la decisión gubernamental presenta aristas jurídicas y constitucionales es tan evidente como lo demuestran las diferencias de criterio que se están dando en el seno de la Magistratura a la hora de decidir sobre la legitimidad de las restricciones a las libertades ciudadanas acordadas por las distintas administraciones.

Con todo, lo peor es que el presidente Sánchez pretende que, en aras de una supuesta lealtad institucional que, como denunció Pablo Casado, no parece que sea la práctica que mejor define a su Gobierno, los partidos de la oposición, especialmente el PP, se avengan a aprobarle los Presupuestos Generales del Estado, sin que medie un acuerdo político, en este caso de Estado. Todo lo más, se trataría de una pose sin mayor recorrido, puesto que detrás de toda la puesta en escena de ayer subyace una estrategia evidente. La que busca asegurarse la actual mayoría parlamentaria, con la extrema izquierda –a quien ayer salvó de tener que dar explicaciones sobre sus irregularidades contables– y los partidos nacionalistas, para sacar adelante las cuentas públicas. Es un riesgo que Pedro Sánchez está dispuesto a correr conscientemente y que explica el ninguneo hacia los populares.

La coalición de acero
Emilio Campmany Libertad Digital 26 Agosto 2020

Choca que el PSOE no quiera romper la coalición con Podemos, un partido bajo sospecha de graves irregularidades en su financiación y con su líder pendiente de una condena penal por el caso Dilma. Los borrones de un partido del Gobierno manchan a todo el Gobierno. Pero, el PSOE prefiere seguir así porque la única alternativa, dada la insuficiencia de Ciudadanos y el secesionismo de buena parte del nacionalismo, es la gran coalición con el PP. Y ninguno de los dos grandes partidos la quiere porque ambos desean seguir siendo a los ojos de los españoles la alternativa del otro. Casado prefiere esperar pacientemente a que el Gobierno caiga devorado por la crisis de la pandemia. Y Sánchez, con tal de seguir siendo presidente del Gobierno, puede aguantar sin problemas todo lo que venga mientras la oposición no lo asocie a los tejemanejes de Iglesias.

Y eso es lo que hace la oposición. Ciudadanos negocia con Sánchez decretos de alarma y presupuestos y el PP finge que lo que tiene enfrente es un corriente gobierno de izquierdas al que le toca ordinariamente oponerse. Ambos cierran los ojos al muy relevante hecho de que parte del mismo está integrado por comunistas enemigos de la democracia que comparten muchas de las aspiraciones de los separatistas. Incluso Vox pone su granito de arena en el apuntalamiento de la ficción tratando por igual al PSOE y a Podemos cuando socialistas y comunistas están muy lejos, o al menos deberían estarlo, de ser lo mismo.

Así que todos los partidos de ámbito nacional están interesados en fingir que Podemos no tiene nada que ver con el Gobierno. El PSOE porque así los escándalos de Iglesias dejan de afectarle y encima perjudicarán a Podemos, hoy aliado de circunstancias, cuando vuelva a haber una llamada a las urnas. Ciudadanos porque le permite adquirir relevancia como apoyo exterior del Gobierno a cambio de cierta aparente moderación en lo que se va aprobando. El PP porque así puede hacer como si todo fuera igual que siempre y Casado sólo tuviera que esperar a pasar en la oposición los años que estuvieron Felipe González, Aznar, Zapatero, Rajoy o Sánchez para finalmente llegar a la Moncloa. Y a Vox porque le da la ocasión de significarse como único partido realmente opositor a toda la izquierda.

Siendo como es éste un país que vive de ficciones, la de que el Gobierno es consecuencia de una coalición de socialdemócratas moderados con progresistas algo más escorados a la izquierda cuela sin dificultad. El único que protesta es Vox, pero para meterlos a todos en el mismo saco adoptando una postura fácilmente cuestionable porque niega a toda la izquierda, sin hacer distingos, la legitimidad para gobernar. Y de esa manera, burla burlando, ahí tenemos a los comunistas gobernando España sin que nadie con poder tenga interés en que dejen de hacerlo antes de que nos ocurra alguna desgracia del estilo de las que han caído sobre Venezuela.

El divorcio de Casado
Pedro de Tena Libertad Digital 26 Agosto 2020

Para muchos es ya evidente que Casado, Pablo Casado, ha dado los primeros pasos para consumar un divorcio político de gran envergadura e imprevisibles consecuencias. Pero, ¿de qué y de quiénes quiere divorciarse el presidente del PP? Es de suponer, porque otra cosa sería ridícula, que el político entero y no pusilánime, el que ansía disponer del poder necesario para conseguir un fin, debe ser como el gran jugador de ajedrez, capaz de anticipar mentalmente muchas jugadas y respuestas posibles en su estrategia de victoria. Pero el juego de los escaques se agota con el triunfo o la derrota. En la política, el éxito electoral es siempre para hacer algo.

Lo primero que se viene a la cabeza es que Pablo Casado ha iniciado los trámites para divorciarse de sí mismo. Se erigió como referente moral y político de un centro derecha sitiado por una oligarquía interna que impedía la emergencia del talento, la integridad ética y la dignidad civil de una militancia de base considerada desde tiempo ha como una "mayoría natural" que pertenece por derecho al PP. Compitió para vencer a todo aquel aparato, en buena medida corrupto y políticamente inútil. De hecho, la campaña que se hizo en su contra desde los herederos del rajoyismo fue de las más sucias y miserables que se han conocido.

Fue Casado, y nadie más, quien decidió, tras su premio inesperado en las primarias, todos los cambios, todos los argumentos, todas las tácticas, todos los fines. Por ejemplo, el nombramiento de Cayetana Álvarez de Toledo fue su decisión contra la estructura oligárquica que ahora avanza de nuevo en el seno de los populares. Como antes, como siempre, para ascender por la escala de mando, vuelve a ser más necesaria la sumisión que la valía y el silencio que la libertad. Si ese nombramiento fue un error, fue su error. Lo que ha ocurrido es que Casado ha dado un paso firme en la dirección del divorcio del sí mismo que era antes de acceder a la presidencia del PP. Si quieres conocer a Fulanito, dale un mandito, se dice por el Sur.

Pero Casado además ha emprendido el proceso de su divorcio contra esa siempre incierta España cansada de estar gobernada por una pandilla de desalmados incapaces de entender, tras una terrible Guerra Civil, que la democracia en España sólo ha sido posible gracias a una Transición donde todos, menos los separatistas, fueron generosos, unos más y otros menos, y en la que se fijaron unas reglas de juego que todos se comprometieron – algunos artera y tramposamente -, a respetar bajo la bandera constitucional común.

Contra un anacrónico socialcomunismo que vuelve a las andadas republicanas y para el que el fin, el poder absoluto, justifica todos los medios, sólo se alza esta España constitucional, moderada y reformista crecientemente desmoralizada por la división interna, por las piruetas absurdas de sus dirigentes y por la indefensión de su personalidad nacional, sus libertades y su bienestar en cada vez más regiones de España. La pandemia del coronavirus ha demostrado con creces que algo huele a podrido en esta nación.

Frente a aquel PP que logró un poder inmenso con la mayoría más abrumadora de toda la historia reciente en 2011 y que no hizo absolutamente nada por dar voz, lealtad y presencia pública a esta España, Pablo Casado era la esperanza del renacimiento del valor, de la decencia, del talento y de la reforma interna de un partido infectado por la corrupción y la cobardía intelectual. Pero ahora va y aparece tramitando su divorcio de esta España atónita que lo esperaba precisamente en dos aspectos decisivos que le darían finalidad legítima a un triunfo político: que en su seno caben todos los valiosos y valientes en libertad y que es preciso que la España noble que ni mata, ni roba ni miente ni infringe las normas ni abjura de sí misma consiga respeto y reconocimiento.

Desde enero de este año, el PP ha subido, no bajado, en las encuestas. Veremos a partir de ahora que Casado despacha el divorcio de sí mismo. Si derruye los diques que impedían su desagüe hacia Vox, Ciudadanos y la abstención, pues sea. La España democrática, cabal y abierta no va a desaparecer ni a rendirse. Buscará otros cauces para defenderse del socialcomunismo sin escrúpulos y la contumaz oligarquía partidista que rige el centro derecha.

Porque ahora, dígame, señor Casado: Gobernar, ¿para qué?

Sánchez, como Pilatos
Editorial ABC 26 Agosto 2020

El presidente del Gobierno vuelca toda la responsabilidad del combate de los rebrotes en las comunidades y convierte en legal lo que en primavera era imposible y además ilegal. Al parecer, ha vuelto de vacaciones para mirar

El presidente del Gobierno hizo ayer toda una declaración de intenciones para intentar no asumir más desgaste ni responsabilidades en la gestión de los rebrotes del coronavirus después de unas vacaciones de indolencia absoluta. Sánchez no tiene entre sus planes decretar un nuevo periodo de estado de alarma y por eso hizo una finta no exenta de cinismo descargando en las comunidades cualquier responsabilidad. A partir de ahora, si una autonomía considera inmanejable la crisis, podrá solicitar al Gobierno la declaración de la alarma en un territorio específico, de modo que nadie podrá decir que es La Moncloa quien hace un uso abusivo de esa excepcionalidad. De este modo, Sánchez se lava las manos, atribuye a los Ejecutivos autonómicos cualquier culpa en lo que pueda ocurrir, y se libera de negociar en el Congreso cualquier prórroga de una alarma que objetivamente le ha hecho mucho daño.

España es de nuevo el país europeo con mayor tasa de contagio, pero ahora Sánchez pretende sacudirse de encima cualquier responsabilidad, lejanos los tiempos en los que se ufanaba de liderar el mando único frente a la crisis. Le sigue faltando liderazgo y coraje político para afrontar la mayor crisis a la que se enfrentará España en décadas. La misma falta de liderazgo, por cierto, que ayer le achacó Podemos en el inicio del curso escolar. A veces parece que Podemos no está en el Gobierno, pero la defensa explícita que el líder socialista hizo ayer de Iglesias demuestra que sí lo está, y por tanto este partido es tan responsable como el PSOE del caos que se avecina en los colegios.

El cinismo de Sánchez es notorio toda vez que pese a que sus promesas de reformas legales para combatir la pandemia eran un compromiso público, no ha habilitado legalmente a ninguna autonomía a tomar decisiones en este sentido. Si ahora hubiese una restricción de libertades en cualquier lugar de España, los responsables serían los presidentes autonómicos, y no él. Lo que antes era ilegal, ahora es repentinamente legal, y todo ello sin modificar una sola norma. Le basta poner como excusa que «España es un estado casi federal», la última trampa/falacia en la que guarecerse. Trampa en algún caso peligrosa pues supone ceder el mando único en Cataluña a Torra, que acaba de proclamar que «antes que la pandemia está la independencia».

Además, La Moncloa recurre ahora al Ejército ofreciendo 2.000 militares a las autonomías como «rastreadores» del virus. No es que la medida no sea útil, que lo será, sino que resulta chocante en alguien que hace unos años apelaba a la supresión del Ministerio de Defensa. Hoy, la realidad le abofetea. En definitiva, Sánchez sigue sin responder a las preguntas elementales de la prensa, continúa sin hacer público el número real de fallecidos, y sobrevive en su realidad virtual cuando España se agota en sí misma al borde del miedo y de una depresión económica inédita.

Sánchez, coronado
Ramón Pérez-Maura ABC 26 Agosto 2020

¿Recuerdan el 12 de octubre de 2018 en el Palacio Real? Era la celebración de la Hispanidad y los Reyes concedían la habitual audiencia a una representación de la sociedad encabezada -como es lógico- por el presidente del Gobierno que, después de saludar a los Reyes y acompañado por su mujer, se situó al lado de Sus Majestades a recibir el saludo del resto de los invitados. Le tocó a Alfredo Martínez, director de protocolo de la Casa de S. M. el Rey, el ingrato papel de ir a decir a Sánchez que no podía estar allí. Y encima después le echaron la culpa al departamento de Martínez del error cometido por el matrimonio Sánchez, probablemente porque ni él ni ella nunca se había molestado en mirar -con provecho- en televisión un acto semejante de los Reyes y concluir cuál era el lugar del jefe del Gobierno. Muchas ganas de llegar a serlo, pero ninguna de aprender lo que conlleva. O sí.

Ayer vivimos algo todavía más sibilino. La reaparición en carne mortal del presidente del Gobierno ante los medios de comunicación se hizo -como es habitual- con una rueda de prensa en la que la imagen de televisión provenía de una fuente de imagen institucional. No había más tiro de cámara que el que ofrecía la señal que proporciona La Moncloa. Y cuando hablaba Sánchez, aparecía con el escudo de España tras él y la Corona que prima en el escudo -hay tres- justo sobre su cabeza. Coronándolo. De entrada no le di más importancia, hasta que, según avanzaba su tediosa exposición mi acompañante -una joven que ha tenido inclinaciones podemitas y a la que Equo ofreció ser candidata al Congreso- me dijo: «¿Te has dado cuenta que es como un discurso de Navidad del Rey? Unos principios muy bonitos, pero no dice por qué no ha hecho nada teniendo él el poder de hacerlo que el Rey no tiene». Qué gran verdad. Sánchez no sólo se corona. Es que emplea un formato de discurso que no es el del presidente del Gobierno, es el del Rey -al que él sólo llama el jefe del Estado, para equipararse lo más posible y hacer menos violento su ulterior derrocamiento.

Creo que lo más relevante del discurso de ayer de Sánchez fue el que, como si fuera el Rey, habló de lo que tiene que hacer su Gobierno. Pero como su Gobierno es él mismo, endilgó todo a las comunidades autónomas. Su gestión de la pandemia está dando los peores resultados de Occidente, así que ahora, como un monarca constitucional, encarga resolver el problema a sus subordinados, que resultan ser los presidentes de las diecisiete autonomías. Los mismos a los que desposeyó de competencias en la primera fase de la pandemia. Especialmente sabrosa fue su propuesta de poner el Ejército a disposición de las comunidades autónomas. Pero, ¿no lo estaba ya? ¿O es que quiere decir que ahora si envía un batallón, un regimiento o incluso una brigada a hacer seguimiento de infectados en Cataluña va a quedar a las órdenes de Quim Torra? Por que si siguen a las órdenes de Margarita Robles no entiendo cuál es exactamente la novedad…

El resumen de la resurrección política de Sánchez tras tres semanas de vacaciones -que cuestionó enumerando una patética lista de teleconferencias en su mayoría irrelevantes para las víctimas del Covid- es que reclamó unidad política frente al coronavirus. Se me saltan las lágrimas ante su llamamiento. Luchar juntos frente al Covid-19 y no discutir sobre lo que se hace. Sucede que España lo está haciendo peor que nadie y que si los partidos de la oposición no cuestionaran lo que está pasando y lo que se está haciendo para combatirlo, serán igual de culpables que este Gobierno incompetente. Qué larguísimo va a ser este otoño que ya está en puertas.

Sánchez renuncia a su obligación de gobernar
Editorial El Mundo 26 Agosto 2020

En un ejercicio de absoluta irresponsabilidad institucional que evidencia la nula visión de Estado y la falta de compromiso de Pedro Sánchez para combatir la que él mismo denominó como «la peor crisis sanitaria del siglo», el presidente del Gobierno renunció ayer a ejercer las funciones de coordinación y liderazgo político en la respuesta a la segunda oleada de la pandemia, que ha convertido a España en el país más afectado de toda Europa en cuanto al número de nuevos contagios. De nada han servido las demandas de la mayor parte de las comunidades autonómicas, que llevan semanas exigiendo al Gobierno que articule un catálogo de medidas y protocolos homogéneos que sirva de orientación general y sea de aplicación obligada en todo el territorio.

Pero una vez más, el virus ha ido por delante del Ejecutivo, que en este caso no puede alegar desconocimiento. El 23 de julio, mientras Fernando Simón practicaba surf en Portugal, la doctora María José Sierra comparecía en Moncloa para advertir sobre la gravedad de la situación: "Puede que sea ya una segunda oleada, eso es lo de menos. Lo de más es seguir lo que está pasando, ver dónde hay que tomar medidas [y] tomarlas de forma precoz". Sus palabras, sin embargo, fueron ignoradas por un Gobierno que optó por irse de vacaciones, perdiendo un tiempo precioso en el que podría haberse preparado para no caer en los mismos errores que en marzo. Acabado el estado de alarma, que en muchos momentos parecía un estado de excepción encubierto, el Gobierno se desentendió de todo y delegó sus obligaciones a las CCAA, algo que ratificó ayer encubriendo su dejación de funciones bajo la apariencia de una "cogobernanza" que no es sino un caos administrativo y sanitario de imprevisibles consecuencias económicas, ya que las comunidades carecen de la cobertura legal necesaria para ejecutar medidas tan aparentemente sencillas como la prohibición de fumar en las terrazas. Negándose a utilizar la ley General Sanitaria, la de Protección Civil y la de Seguridad Nacional, Sánchez tuvo la ocurrencia de proponer que sea cada autonomía la que solicite el estado de alarma en su territorio, echando mano de una excepcionalidad constitucional de difícil aplicación, ya que tendría que pasar por el Parlamento.

No cabe duda de que Sánchez ha querido, por un lado, evitar el desgaste que supone la gestión de la crisis, traspasándosela a las consejerías autonómicas de Sanidad; no disgustar con un nuevo mando único a su socios nacionalistas del País Vasco y Cataluña, de los que depende para aprobar los Presupuestos; y finalmente, invocando la unidad de todas las fuerzas políticas, garantizarse que el PP pacte la renovación de los cargos institucionales -sobre todo los judiciales- y se comprometa con unos Presupuestos «de país» que llevarán, con toda seguridad, la impronta de Unidas Podemos.

No es la primera vez que Sánchez antepone sus intereses particulares a los generales, pero solo un político sin escrúpulos es capaz de lavarse las manos en una crisis que amenaza la salud y la vida de tantos españoles.

... ¡Y lo votan!
Luis Ventoso ABC 26 Agosto 2020

El 14 de marzo, Sánchez se invistió de poderes especiales, casi autocráticos, suspendió derechos fundamentales, retiró el mando a las comunidades y encerró a la población mediante lo que definió jactándose como «las medidas más drásticas de Europa». El 21 de junio, tras 98 días de mando apabullante del Gobierno y ocupación de la televisión en un ejercicio de propaganda insólito, Sánchez se echó a un lado, traspasó el problema sanitario a las comunidades y proclamó que el virus había sido «derrotado». Fin de la epidemia. Como balance, llegó a alardear de que su gestión había «salvado 450.000 vidas», aunque todavía es incapaz de decirnos la cifra real de muertos (ayer le preguntaron y no contestó).

Hoy España es el país europeo con más contagios. Entre los días 15 y el 22 de este mes, una media de 152 infecciones por cien mil habitantes, frente a 54 de la vecina Francia, 53 de Bélgica y 21 del Reino Unido. España es también el país desarrollado que ha sufrido una mayor caída del PIB con la epidemia. En el segundo trimestre del año ha perdido el 18,5 % de su riqueza nacional. Este lunes, la UE concedió 81.400 millones a quince países para ayudas a desempleados. España por sí sola recibió 21.300. ¿Buena noticia? Sí y no. El Gobierno lo vende como un éxito. Pero el importe del rescate evidencia la extrema gravedad de nuestra crisis. Por último, la inhibición del Gobierno ante a algo tan trascendente como el inicio del curso ha suscitado quejas clamorosas. Sánchez y su ministra se han lavado las manos y hasta sus socios de Podemos los critican por ello.

Pero regresó Sánchez, bronceado tras casi quince días de tumbona en plena escalada del Covid, y anunció tres cosas: que ofrece dos mil soldados para hacer rastreos y que potenciará una aplicación móvil -dos iniciativas que pudo haber puesto en marcha hace ya tres meses-, y que las comunidades podrán declarar estados de alarma regionales. Lo cual es incongruente con que durante cuatro meses nos predicó que era imprescindible concederle a él poderes especiales mediante un estado de alarma estatal. En economía, destacó el «buen hacer de la vicepresidenta Calviño» (con el mayor descalabro de la OCDE debió ser un ejercicio de humor negro). Sobre las causas de nuestro récord de contagios, lo achacó «al ocio nocturno y las reuniones familiares». Si es así, ¿por qué no tomaron medidas? De cara a los presupuestos, «debemos apartar las luchas partidistas y hacer unos presupuestos de país» (dicho por el presidente más sectario de nuestra democracia). Sobre la vuelta al colegio, alardeó de que su Gobierno ha dado una lección de previsión (risas en off). Preguntado sobre si cesaría a un ministro podemita si es imputado, el gran regenerador que echó a Rajoy en nombre de la lucha contra la corrupción hizo mutis y reiteró su apoyo total a Iglesias.

Ateniéndonos a los datos resulta indiscutible que estamos ante un incompetente de palabra de hojalata. Pero si hubiese elecciones mañana probablemente las ganaría. Con una oposición dividida y en baja forma y las televisiones plegadas a la izquierda seguirá ahí hasta que -por desgracia- el paro nos devore. Entre ruina y «progresismo» muchos todavía eligen lo segundo.

******************* Sección "bilingüe" ***********************

El Gobierno evita actuar contra el acoso proetarra a la Guardia Civil en Alsasua
Luz Sela okdiario 26 Agosto 2020

El Gobierno no ha hecho aún ningún gesto para intentar evitar la celebración del día del odio contra la Guardia Civil en Alsasua, el ‘Ospa Eguna’, que tendrá lugar este sábado en la localidad navarra. La cita, promovida por los proetarras, es un ataque contra las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, con actos que suponen una exaltación de la violencia y humillación, sobre todo, hacia la Guardia Civil.

Este año, la celebración se hace además eco de la pandemia, con un lema en el que sus promotores consideran que el virus es la Benemérita. En el cartel anunciador aparece un agente con cuerpo de gremlin y una foto de Franco, además de una olla a presión.

Pese a las reclamaciones de los colectivos de la Guardia Civil, la suspensión de esta cita no parece probable. Desde Jucil se anuncia que remitirán una carta al Ministerio del Interior, en la que instarán al departamento de Grande-Marlaska a tomar medidas. Tampoco se ha iniciado ningún trámite desde la delegación del Gobierno o desde el propio Ejecutivo foral, que preside la socialista María Chivite.

El año pasado, la Audiencia Nacional rechazó prohibir esta celebración al considerar que no existían antecedentes de delitos en anteriores ediciones que justificasen la suspensión de derechos fundamentales, como el de manifestación.

El auto sí ordenaba remitir oficio al departamento de Interior del Gobierno de Navarra y a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado para que evitasen la comisión de posibles delitos de enaltecimiento, justificación del terrorismo o humillación de las víctimas, entre otros. Un informe de la Fiscalía de la Audiencia Nacional advertía en cambio que este tipo de actos reproduce «el objetivo táctico» de ETA de expulsar a Policía y Guardia Civil del País Vasco y Navarra.

«Estos ataques públicos al Cuerpo de la Guardia Civil como uno de los estamentos más duramente castigados por la acción criminal de la organización terrorista ETA conlleva además un envilecimiento y un humillación contra las víctimas de dicha organización», destacaba el Ministerio Público.

Por su parte, la asociación Dignidad y Justicia ha presentado una denuncia en los juzgados de Pamplona en la que insta a prohibir el acto.

Consideran que «no se trata de un acto aislado, sino de una dinámica que se celebra cada verano en diferentes pueblos de las comunidades autónomas de Navarra y el País Vasco, cuya finalidad no es otra que injuriar gravemente, ridiculizar, desprestigiar, acosar y generar un ambiente de presión sobre un determinado colectivo, como son los miembros de la Guardia Civil, generando un clima de terror entre los miembros allí destinados hasta conseguir su aislamiento social”
 


Recortes de Prensa   Página Inicial