AGLI Recortes de Prensa   Jueves 27  Agosto  2020

Educación: la peor mentira del Gobierno de las mentiras
EDITORIAL Libertad Digital  27 Agosto 2020

Entre los mantras propagandísticos que exhibe este Gobierno cuando hace gala de su "progresismo", su preocupación por la educación es uno de los recurrentes: ellos sí que cuidan la educación y por los niños y no los gobiernos de la derecha que los abandonan a su suerte y sólo cuidan la privada de los ricos., nos dicen mientras, paradójicamente, llevan a sus propios hijos a centros privados.

La realidad, como siempre, es exactamente la contraria: el único interés por la educación que tiene el gobierno de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias es, como en todo lo demás, usarla como un arma arrojadiza en la batalla política del día a día.

La mejor demostración de esto es cómo están tratando el Ejecutivo y sus terminales el inicio del que quizá sea el curso más complicado de nuestro sistema educativo desde, al menos, la Guerra Civil.

Para empezar, la más que incompetente ministra Celaá no ha sido capaz de tener un plan común para todas las autonomías más de 150 días después de las clases se interrumpieran abruptamente con el estado de alarma. Ni durante el propio estado de alarma, por supuesto, ni en los dos meses desde finales de junio hasta ahora Celaá ha tenido tiempo de reunirse con sus homólogos autonómicos y trazar las líneas maestras de una política que ahora más que nunca tiene que ser de Estado, aunque las competencias de gestión -ojo, sólo las de gestión- estén traspasadas a las comunidades y aunque en cada región, según sus circunstancias y su situación epidémica, ese plan se hubiese podido y debido adaptar.

En el colmo del desprecio Celaá convoca una reunión a una semana de que empiecen las clases y Pedro Sánchez pospone a septiembre, ya con el curso en marcha, su propio encuentro para tratar el tema con los presidentes de las 17 autonomías. No se puede hacer más evidente el desinterés, la falta de responsabilidad y el intento, en esto como en todo lo demás, de hacer dejación de una política que, como decimos, es siempre y debía ser ahora más que nunca de Estado.

Pero si esto no es bastante el Gobierno no se conforma con no hacer, sino que trata de impedir que los demás hagan: cuando la opinión pública, el sector educativo y las familias se encontraban ya en un comprensible estado de ansiedad ante la falta de información Celaá e Illa trataron de frenar la presentación del plan de la Comunidad de Madrid. Es un escándalo mayúsculo, una vergüenza y una irresponsabilidad descomunal que les deja en evidencia cómo lo que son: agentes políticos de saldo de su partido y no ministros del Gobierno de España.

La culminación a todo esto no hay que buscarla en el Gobierno o en el PSOE, pero está terriblemente cerca: en sus terminales sindicales que ya han convocado una huelga para boicotear el inicio del curso sólo en Madrid y sólo en Madrid. Como bien ha explicado en esRadio el presidente del sindicato ANPE, el mayoritario en la educación, es evidente que "una huelga no es la solución" y que "lo único que contribuiría es a agravar el problema". Es precisamente lo que pretenden tanto este gobierno felón como esos sindicalistas que deberían tener prohibida su entrada a un centro educativo: hacer más grande el problema político a costa de la educación de niños y jóvenes.

Pero es que por mucho que se les llene la boca con consignas a este Gobierno la educación de nuestros hijos y nietos le da exactamente lo mismo, como todo aquello que no sea su propia supervivencia política, a la que está dispuestos a sacrificar no sólo el presente, sino también el futuro del país.

¡No quiero gobernar!
Agapito Maestre Libertad Digital 27 Agosto 2020

Un presidente del Gobierno que renuncia explícitamente a gobernar debería marcharse, dimitir o ser denunciado por alta tración a la nación.

Desaparecida la política de España, analicemos la última consigna de la propagada gubernamental: "No quiero gobernar". Es la nueva fórmula del presidente del Gobierno. Cuesta creerlo, pero así es. "No quiero gobernar" dijo Sánchez en la rueda de prensa del pasado martes. Ésta fue la primera gran medida del primer Consejo de Gobierno después de las vacaciones. Ha pasado del aquí solo mando yo, y nadie más que yo, a no querer mandar. Parece algo insólito, pero quizá sea algo real y muy sólito tratándose de un gobierno de aventureros, de gente sin escrúpulos políticos ni morales, pues que la doctrina que los ha llevado al poder, a saber, "no puede gobernar un partido que alguno de sus miembros esté imputado", no se le aplican a ellos mismos. Insólita o solita, demencial o ridícula, allá cada cual con su criterio para calificar o descalificar la nueva fórmula del gobierno social-comunista, pero la consigna está ahí. Es algo real; nadie negará que Sánchez ha dicho, y cientos de medios de comunicación han repicado,"no quiero gobernar".

La cosa es dura, tremenda y esperpéntica pero tan cierta como que el vicepresidente del Gobierno no se aplica el principio que llevó a su partido al poder: ni quiere comparecer ante los medios para explicar que su partido está imputado ni dimite de su cargo por esa imputación. Es comprensible que la opinión pública esté estupefacta y aturdida ante una declaración de ese calibre: "No quiero gobernar". También me hago cargo del general atontamiento de los medios de comunicación, pues que no es fácil escuchar a un presidente, a alguien con mucho poder, decir que renuncia a ejercerlo; aunque algunos medios le han llamado a Sánchez irresponsable, y otros cobardes, por su actitud "pilatesca" y nihilista, aún no he leído en ningún sitio, medio escrito o hablado, algo elemental, a saber, un presidente del Gobierno que renuncia explícitamente a gobernar debería marcharse, dimitir, y si no lo hiciera, alguien con más autoridad política que este cronista, debería denunciarlo por alta traición a la nación, o quizá por locura, en los Tribunales Internacionales.

Cuesta entender la decisión del aún presidente del Gobierno, sobre todo, si se tiene en cuenta que ha descendido a dar detalles de su atrabiliaria e incomprensible actitud. Sí, Sánchez nos ha especificado que no quiere gobernar sobre la primera preocupación de los españoles. Es una cuestión, dicho sea de paso, nada baladí. Se trata de la vida y la muerte de los ciudadanos. Es sobre lo único que hay consenso nacional: la epidemia de la Covid-19 se lleva a cualquiera por delante sin distinguir entre ricos y pobres, entre tontos y sabios, y, además, el bicho nada sabe de diferencias entre "comunidades autónomas, regiones y nacionalidades". Pues bien, para una vez que hay consenso nacional, sale el presidente del Gobierno y nos comunica que no quiere ejercer de presidente del Gobierno. Su poder lo delega no se sabe muy bien en quién ni en qué, pero él ha dejado meridianamente claro que no quiere gobernar para resolver el problema que más preocupa a los españoles.

En fin, entre Sánchez, que no quiere gobernar, un vicepresidente del Gobierno, que no sólo no se aplica su doctrina sino que desautoriza el poder de la justicia, y una Oposición, más preocupada por el tacticismo electoral que por la vida de la nación, me parece que la Comisión de la UE podría plantearse muy en serio a quién y cómo entregar el dinero para combatir las crisis sanitaria, económica y, ahora, política que están destrozando el país.

Ni brotes verdes ni recuperación en "V": España se hunde como la peor economía de la OCDE
La caída del PIB de España dobla la caída media de los países de la OCDE y se hunde con el mayor desplome del PIB de las economías desarrolladas.
Libre Mercado  Libertad Digital 27 Agosto 2020

El producto interior bruto (PIB) de los países de la OCDE anotó en el segundo trimestre una caída sin precedentes del 9,8 % como consecuencia de la pandemia, muy por encima del descenso del 2,3 % registrado en el primer trimestre de 2009, en el pico de la crisis financiera.

Se trata de la mayor caída experimentada por los integrantes de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), según subrayó hoy esta en un comunicado donde precisó que la estimación es provisional. De enero a marzo, el PIB en la OCDE había caído un 1,8% respecto al trimestre anterior, donde subió un 0,2 %.

El retroceso en este segundo trimestre fue especialmente pronunciado en las siete principales economías del mundo (G7): en Reino Unido retrocedió un 20,4 % y en Francia, uno de los países que aplicaron medidas de confinamiento más estrictas, un 13,8 %.

El PIB del resto del G7 también se situó a la baja, con descensos del 12,4 % en Italia, del 12 % en Canadá, del 9,7 % en Alemania, del 9,5 % en Estados Unidos y del 7,8 % en Japón, país donde las medidas para afrontar la epidemia de la covid-19 fueron menos duras que en Europa o en Norteamérica.

En el primer trimestre, las caídas habían rondado el 5 % en Francia (-5,9 %) e Italia (-5,4 %), el 2 % en Reino Unido (-2,2 %), Alemania (-2 %) y Canadá (-2,1 %) y habían sido contenidas en Estados Unidos (-1,3 %) y Japón (-0,6 %).

En la misma línea se situaron la zona euro en su conjunto (-12,1 %) y la Unión Europea (-11,7 %), que en el trimestre anterior habían registrado descensos respectivos del 3,6 y del 3,2 %. Del G20, cuyo PIB de enero a marzo cayó un 3,5 %, no se ofrecieron datos de este segundo trimestre.
El cómputo del primer semestres

Si hacemos un simple ejercicio de sumar los retrocesos del primer y segundo trimestre para ver el balance de lo que va de año con los datos del primer semestre el balance no puede ser más elocuente para la economía española. Nuestro país no sólo es el que peor saldo de contagios y muertes tiene por cada 100.000 habitantes por el impacto de la pandemia, sino que además es la economía que peor impacto ha tenido en el PIB de las economías desarrolladas.

La caída del PIB de España en el primer semestre, entre enero y junio ha sido del 22,7%, Le sigue de cerca el Reino unido con una caída del 22,1% y algo más de lejos Francia con el 18,9%. Países como Alemania o Austria, sin embargo, se sitúan con caídas del PIB del 11,5% en el valor de la caída media de todos los países de la OCDE. España dobla prácticamente esta caída.

Los datos de caída del PIB unido a la destrucción de tejido productivo y de empleo, que mantiene a un cuarto de las empresas españolas en quiebra técnica y a prácticamente un cuarto de la población activa sin poder trabajar, preocupan y justifican advertencias como la que ha hecho este miércoles el Banco de España urgiendo a implementar más medidas preventivas que ayuden a frenar los contagios y eviten un nuevo cerrojazo a la actividad que nuestras cuentas no podrían soportar.

La comparación con otras economías, que han demostrado un extraordinario acierto a la hora de frenar la pandemia es insultante. Corea del Sur ha caído un 4,6% en el primer semestre. Países como Noruega, Lituania o Finlandia se han dejado entre un 6,7 y un 5%. Japón caía un 8,4% y Estados Unidos un 10,6%, balances mucho menores en los seis primeros meses del año que España. ¿Cuál ha sido la clave? Una detección muy temprana, generalización de las mascarillas desde el primer momento y, gracias a esto, una economía que se ha mantenido en funcionamiento, aunque fuera a menor ritmo que en una situación de normalidad, al mismo tiempo que se controlaba la pandemia.

Ni "brotes verdes" ni recuperación en "V"
De nuevo, los datos oficiales y la comparativa con otros países colocan a España a la cola en gestión económica y sanitaria de la crisis del coronavirus y alejan esos mensajes que desde el Ejecutivo de Pedro Sánchez insisten en lanzar sobre la supuesta fortaleza de la hipotética recuperación que habría empezado a partir de junio. Nadia Calviño pronosticó una "recuperación en V", que iba a ser muy vigorosa a partir del final del estado de alarma, y que después calificó de "asimétrica", cuando pasado el estado de alarma el motor económico no terminaba de arrancar. Por su parte, José Luis Escrivá, el ministro de Inclusión y Seguridad Social, destacó que se veían brotes verdes en la economía. Es evidente que el regreso a la actividad, el fin de la obligatoriedad de mantener los negocios cerrados, ha reflejado en los datos macroeconómicos un repunte de la actividad. El problema es que la comparativa interanual de esta actividad certifica un hundimiento sin precedentes de nuestra economía que queda reflejado en la comparativa internacional de nuestras cuentas.

Por si fuera poco, en el horizonte los mensajes que nos llegan es de incertidumbre ante la vuelta al colegio, o si las comunidades autónomas tendrán que solicitar el estado de alarma o debería ser el Gobierno central quien lo imponga en todo el territorio nacional. No parece que este escenario permita ver brotes verdes en el corto o medio plazo, y mucho menos una recuperación en "V".

El Gobierno más ausente
Editorial ABC 27 Agosto 2020

El cúmulo de naderías con las que Pedro Sánchez se presentó a la opinión pública después de sus vacaciones, y solo tras un clima general de opinión pública desfavorable por su indolencia y falta de liderazgo frente a la pandemia, demuestra hasta qué punto la inactividad del Gobierno está intoxicándolo todo. A las puertas del clásico reinicio del curso político, el Gobierno está paralizado y bloqueado. Solo emite sus conocidas señales de propaganda y demagogia, y resulta escandalosa su capacidad para descargar responsabilidades en otros, en este caso las autonomías. España tiene un Gobierno pasivo y desaparecido, y solo la mentira le motiva para seguir gobernando.

Ministros tan representativos del «sanchismo» como Carmen Calvo o José Luis Ábalos están ausentes, y solo resurgen de vez en vez para promover proyectos políticos revanchistas que no son una prioridad contra la crisis que está asolando a España. Margarita Robles emerge como la ministra discordante, Irene Montero, como estrella de las revistas del corazón, y Alberto Garzón, inédito en una cartera de Consumo que jamás debió de dejar de ser una mera dirección general, solo habla para arremeter contra el sistema constitucional. El ministro de Justicia, fallido en cualquier gestión, solo compite con Fernando Grande-Marlaska, quemado desde el inicio de la crisis del coronavirus por su sectarismo e incapacidad para gestionar un departamento tan relevante. En Universidades, Manuel Castells no parece saber aún que es ministro y los rectores se siente por él abandonados. «Nos está dejando solos en la vuelta a clase», afirman, y reclaman un protocolo que actualice el último, comunicado hace tres meses. Rutilantes cargos de cuota como Darias o González Laya son irrelevantes a todos los efectos. En Turismo, no hay en Europa una ministra tan desorientada como Maroto, y en Hacienda o Economía, Montero y Calviño siguen manipulando los datos para atisbar brotes verdes inexistentes. En Ciencia, Duque es un perfecto desconocido en situación insostenible, y en Trabajo, Díaz ha hecho del engaño su día a día... La evaluación de cada cartera se resume en un despropósito que obliga a preguntarse para qué necesita el presidente del Gobierno más de una veintena de ministros en plena recesión.

Sánchez miente a sabiendas, y pese a ello la sociedad no parece capaz de reaccionar. El miedo a una nueva fase trágica de la pandemia empieza a ser notable. Respecto al desplome económico, sobran las palabras y basta con que cada español se palpe el bolsillo. Pero en este clima, Sánchez aún sonríe con la prepotencia de quien sigue presumiendo de liderar una legislatura larga en lugar de asumir que España agoniza bajo su mando.

Un okupa en La Moncloa
Isabel San Sebastián ABC 27 Agosto 2020

Pedro Sánchez ocupa legalmente su despacho de La Moncloa, sí. Lo mismo que millares de okupas dispersos por todo el país, que habitan viviendas ajenas sin tener derecho a ello al amparo de una ley injusta cuyo único propósito es proteger ese desafuero.

Tal como esos okupas fuerzan la entrada y luego cambian la llave, Sánchez llegó hasta su poltrona presidencial por la vía lateral de una moción de censura acordada con separatistas declaradamente antiespañoles, comunistas enemigos de la Constitución y herederos de ETA, destinada, se nos dijo, a desterrar la corrupción del Gobierno de España. Ahora cobija en su gabinete al líder de un partido imputado por varios delitos relacionados con esa lacra, a quien ha encumbrado hasta la Vicepresidencia pese a que durante meses nos juró que le quitaba el sueño. Ahora impide con los votos socialistas que el Congreso investigue las cuentas de Podemos, en línea con su socio, Pablo Iglesias, quien se niega a dar la cara en sede parlamentaria pese a que la Justicia ve indicios claros de irregularidades en el manejo de sus fondos. O sea, de corrupción, con todas las letras. Una vez alcanzado el poder, los medios para mantenerse en él carecen ya de importancia. La cerradura ha sido cambiada y los okupas políticos se atrincheran en él, con el mismo descaro chulesco que exhiben muchos de esos parásitos cuando los legítimos propietarios de las casas okupadas les conminan a marcharse. En el caso del que hablamos, la propietaria del local es la ciudadanía, engañada con mentiras sin cuento en las elecciones que siguieron a esa patada en la puerta. Mentiras no solo impunes, sino enormemente rentables, toda vez que nuestra democracia está indefensa ante ellas. Ni la ley castiga al mentiroso que promete en vano, sabiendo que no cumplirá, ni existen mecanismos automáticos de defenestración del embustero. Solo cabe esperar cuatro años hasta las siguientes elecciones o bien recurrir a la mencionada censura, sabiendo, empero, que con la actual configuración de nuestro Parlamento ésta implica aceptar la compañía de indeseables o bien asumir de saque que la iniciativa acabará en fracaso. O sea, que el fulero estará largo tiempo calentito y bajo techo, al igual que los okupas, mientras los auténticos dueños del edificio democrático quedan a la intemperie, pagando de su bolsillo los gastos de comunidad y el estropicio resultante.

Y es que si el uso y disfrute del poder entraña privilegios tales como la utilización del Falcon o la residencia oficial de Doñana, también supone obligaciones que nuestro distinguido okupa no está dispuesto a cumplir. La primera de ellas es gobernar. Dirigir. Asumir las responsabilidades inherentes a su cargo. Algo que Sánchez rechaza con creciente desvergüenza. No contento con marcharse de vacaciones en pleno rebrote del Covid y permanecer ausente mientras la pandemia se cebaba con nosotros, ahora se lava las manos y descarga en las autonomías la tarea de hacerle frente, cada cual según su entender. El Estado ya no se encarna en él, como cuando ignorando la muerte de más de cuarenta mil compatriotas se hizo aplaudir por su corte de aduladores a sueldo después de proclamar solemne que «habíamos derrotado al virus» y «salíamos más fuertes». El Estado ahora son las comunidades autónomas, en quienes delega la misión de tomar decisiones impopulares. Ellas son el burladero tras el cual oculta su impotencia, su cobardía, su inepcia y su inutilidad. Nosotros, los ciudadanos, hacemos el papel de rehenes, «paganos» de esta siniestra comedia.

El deber de dignificar el diálogo
Editorial La razon  27 Agosto 2020

El presidente del Gobierno ha recuperado para su agenda oficial los encuentros con la oposición. Será el próximo 2 de septiembre. Primero, con el líder del PP, Pablo Casado, y posteriormente, con la máxima dirigente de Ciudadanos, Inés Arrimadas. El propósito oficial de las reuniones que sirven como antesala del arranque del curso político es, según el propio Pedro Sánchez, afrontar la pandemia del coronavirus y la renovación pendiente de órganos constitucionales cuyos plazos expiraron hace demasiado tiempo. Esta ronda no estaría revestida de mayor relevancia que una cita política común en cualquier democracia asentada, dentro de los usos de la cortesía y la cooperación partidaria, si no fuera porque la etapa dirigida por el actual inquilino de La Moncloa se ha caracterizado por incumplir prácticamente todos los códigos relacionados con la transparencia, el diálogo y la búsqueda de acuerdos con los partidos que representan la alternancia.

En realidad, Sánchez ha apadrinado un modelo de gobernanza, sin parangón en los otros regímenes parlamentarios homologables, que ha girado en torno al eje de mandar al ostracismo al Partido Popular y someterlo a la incomunicación con el establecimiento de una suerte de cordón sanitario de autor en el que los contactos con Pablo Casado quedaron postergados. La cronología en este asunto retrata singularmente a quien tenía y tiene, como hizo ayer, la responsabilidad de promover esa fluida comunicación con quien lidera a la segunda bancada principal del hemiciclo. La última vez que se reunieron de forma presencial fue el pasado 18 de febrero. Con posterioridad, hubo un contacto telemático y, desde hace más de tres meses, Sánchez no encontró el momento ni la oportunidad de levantar ni una vez el teléfono. Este estrategia de arrinconamiento, que viene aderezada por el discurso sobre el obstruccionismo del PP y el latiguillo de que Casado se oponía a todo, sólo puede responder a un propósito de desgastar al adversario endosando el estigma de que no arrimó el hombro en los peores tiempos del país pese a la permanente mano tendida del presidente, que era el soniquete que repetía en todas sus intervenciones. La verdad es que Sánchez no movió un dedo para escuchar a la oposición porque lo que quería, y nos tememos que aún lo desea, era la adhesión o la sumisión a su liderazgo y de paso eliminar de la ecuación electoral a los populares y con ello a la alternativa. En este convencimiento de empujar extramuros de la institucionalidad a la oposición en una democracia liberal y representativa hay rasgos degradantes y empobrecedores del sistema. Para mayor escarnio, ese sucedáneo de divide y vencerás, en este caso, relega y doblegarás, se ha practicado en los meses más críticos y trágicos de la historia democrática.

Cabe preguntarse y sospechar que si no se aproximó a la oposición entonces, por qué lo hará ahora. El presidente ha decidido mover pieza en ese escaparate magnífico de gestos y propaganda que es su política. En pleno rebrote, y cuando ha dado la espantada en la gestión de la crisis para que los gobiernos regionales carguen con la factura, que será costosísima. Sánchez tendrá su foto con Casado, pero la experiencia nos dicta que no habrá nada más. Aunque debería. Hasta la fecha, las reuniones de los líderes han resultado territorio yermo, sin fruto alguno ni de contenido y ni siquiera de una mejoría en el clima y la comunicación. España necesita, claro, grandes acuerdos, pero se antoja imposible con un Gobierno que ha declinado el liderazgo, ha optado por sestear y ha priorizado blindar sus alianzas con los auténticos enemigos del régimen constitucional. Ojalá, el presidente decidiera dar el volantazo que los españoles necesitan y demandan y abordar la terapia frente a la crisis desde la lealtad con quienes representan a millones de españoles, y que el bien común desdeñara intereses menores y tacticismos arteros. Visto los antecedentes, es obligado ser escépticos cuando no pesimistas sobre la posibilidad de que Sánchez dignifique el diálogo con Casado.

El deber exige conseguir la desaparición del Dr Cum Fraude
Nota del Editor  27 Agosto 2020

Vamos a aplicar paños calientes para el virus corona y habrá muchos despistados contentos.
Vamos a dejar al Dr Cum Fraude seguir con sus tropelías y seguirá habiendo muchos despistados y algunos miserables contentos.

Hay que apoyar a Vox para impedir que el Dr. Cum Fraude siga destrozando lo que queda de  España.

La pérdida de Constantinopla
«El contrapunto a la toma de Constantinopla fue la de Granada en 1492. No sería malo que, en nuestros días, el portazo de Santa Sofía reciba la respuesta, pacífica pero firme, de hacer olvidar cualquier veleidad islamizante contra la Catedral de Córdoba»
Serafín Fanjul ABC  27 Agosto 2020

El 29 de mayo de 1453 el sultán otomano Mehmet II toma Constantinopla al asalto. Luego caerán los últimos focos de resistencia griega: Atenas (1456), Mistra (1460), Trebisonda (1461). La primera acción del déspota turco es entrarse a caballo hasta Santa Sofía (la Sagrada Sabiduría), tomar posesión de la misma y anunciar que, de inmediato, se convertiría en mezquita. Como prueba y constancia, un imán subió al púlpito y gritó la shahada o profesión de fe islámica («No hay más Dios que Allah y Mahoma es su Enviado»). En el pillaje y matanza que acompañaron a la conquista murieron el cónsul catalán, Pere Juliá, junto a varios compatriotas, así como don Francisco de Toledo, que se decía primo del emperador, Constantino Paleólogo, y a cuyo lado pereció combatiendo en la defensa de la muralla. Ardieron las grandes bibliotecas de templos y monasterios y durante el saqueo, atroz, los turcos se ensañaron en el escarnio de crucifijos e imágenes, una vez robada la pedrería que portasen.

En realidad, los conquistadores no hicieron nada fuera de lo esperable, a tenor de las ideas circulantes en el imaginario musulmán: «Las iglesias [en Constantinopla] son también sucias y no hay nada bueno en ellas», sentencia el tangerino Ibn Battuta en el curso de su visita a la ciudad en 1334. Su desdén por Santa Sofía es tanto que llega a declarar no haberse molestado en visitarla: «No describiré más que la parte exterior, pues no la he visto por dentro», aunque no deja de fijarse en banalidades folclóricas como «No dejan entrar a nadie que no se arrodille ante la gran cruz que tienen allí. Pretenden que es lo que queda del madero donde fue crucificado el hombre que se parecía a Jesús». [Según Corán III-55, Jesús fue reemplazado por un doble].

Desde el principio, el sultán quiso sentar las bases de relación con sus futuros súbditos griegos ortodoxos -en la actualidad, menos del 1% de la población de Turquía-, una vez amainaron saqueos y asesinatos. En los distritos que se rindieron sin combatir se aplicó la modalidad jurídica sulh, impuesta desde los comienzos del islam: la constitución de una Millet, una comunidad tolerada que mantuviera una cierta autonomía interna, como se había hecho en al-Andalus, pero sumisa globalmente ante los poderes islámicos, en el pago de tributos, en las prohibiciones indumentarias, restauración de edificios, toque de campanas, portar armas, montar a caballo en ciudad habitada por musulmanes y, por supuesto, en la rígida -y peligrosa, si se contravenía- separación de las mujeres musulmanas de los cristianos. Para dirigir y controlar tal comunidad Mehmet designó patriarca al monje Jorge Scholarios Gennadio (feroz antiunionista con la Iglesia romana), entregándole la iglesia de los Santos Apóstoles como su sede, pero al año siguiente Gennadio, por las coacciones de los musulmanes vecinos la abandonó y se trasladó al monasterio de Pammacaristos, en el barrio de Fanar, que continuó siendo sede patriarcal hasta 1586, cuando Murad III dispuso que también se convirtiera en mezquita, suerte que corrieron casi todos los templos cristianos de la urbe. En el siglo XVIII, sólo subsistían tres reductos ortodoxos: Santa María de los Mongoles, San Demetrio Canavou y San Jorge de los Cipreses.

De nada había servido que en 1451, dos años antes de la toma de Constantinopla, el sultán hubiera jurado, sobre el Corán y ante los embajadores bizantinos, que respetaría la integridad de Bizancio y sus territorios. Paralelamente, hoy en día se proclama la chistosa Alianza de Civilizaciones y a continuación se recupera para el culto islámico el edificio que Atatürk convirtiera en museo, poco enterado, al parecer, el padrecito de los turcos de qué clase de país tenía debajo, cambiando la realidad por sus sueños laicos y modernizadores. Y quienes hemos tenido la suerte de contemplar Santa Sofía en su estado de mero monumento antes de la reocupación islámica, podemos darnos por bien pagados: los destrozos no tardarán en llegar y, de momento, ya se está aplicando la incompatibilidad de imágenes cristianas con culto musulmán. Algo que desconocen (literalmente) tantos «teólogos» aficionados que rondan en la tropa de la progresía hispana cuando proponen, sin saber de lo que hablan, que la catedral de Córdoba, antigua mezquita, se transmute en templo multirreligioso, arbitrismo fácil de pergeñar para quien carece de creencia religiosa alguna.

Pese a todo lo anterior, debemos estar agradecidos a Erdogan: caretas fuera y vuelta al siglo XV, cuando fray Juan de Segovia, como fray Hernando de Talavera y cuantos les siguieron en tal vía, fracasaban en los intentos de aproximación dialogante al islam. Con su patada al tenderete Erdogan liquida la gloriosa Alianza de Civilizaciones (con el sabroso y retórico chiringuito de Moratinos colgado de la brocha), las piruetas de la diplomacia vaticana para convencernos de que los tigres son vegetarianos y las hueras invocaciones al ecumenismo de tanto diálogo islamo-cristiano, de tanto congreso, de tanto viaje turístico. Y entérense de una vez: los primeros que no admitirían una catedral-mezquita de Córdoba multiusos serían los musulmanes. Y tendrían razón, desde su punto de vista: o todo, o nada.

Sin embargo, la situación de la Europa actual recuerda en algún sentido la del siglo XV respecto a Constantinopla, los turcos y la necesidad de ayudar en serio a que no desapareciese el imperio romano de Oriente y con él la cristiandad oriental -en estos instantes en riesgo de exterminio total-, felices los príncipes europeos con que otro -Tamorlán- les resolviese el problema atacando a los turcos desde el este en 1400, o con las declaraciones protocolarias de amor y concordia que dirigía Mehmet II desde su entronización. Lo resume bien Steven Runciman: «...ningún soberano occidental se inquietaba por tener que salir de nuevo a luchar contra los turcos. Era más agradable creer que no había necesidad de ello».

El contrapunto a la toma de Constantinopla fue la de Granada en 1492. No sería malo que, en nuestros días, el portazo de Santa Sofía reciba la respuesta, pacífica pero firme, de hacer olvidar cualquier veleidad islamizante contra la Catedral de Córdoba.
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Serafín Fanjul es numerario de la Real Academia de la Historia. Emérito de la Universidad San Pablo-CEU

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El galimatías de un botarate
Carlos Dávila okdiario 27 Agosto 2020

Esta vez me remito no al Diccionario de la RAE, sino al magisterio del profesor Pancracio Celdrán, que define el vocablo “botarate” de este jaez: “Sujeto informal, inmaduro y caprichoso de quien no conviene fiarse”. A estas alturas, ya sabrán a quien me refiero. Pedro Sánchez ha regresado de las más largas vacaciones que haya tenido nunca en España un presidente del Gobierno, y ha organizado un clamoroso galimatías con los estados de alarma regionales que tiene una sola ventaja: no hay cristiano que lo aplique. Sobre el asueto de los presidentes les cuento la respuesta que Adolfo Suárez perpetró para unos periodistas al regreso de su merecido descanso: “Más de diez días o es vicio o es que ya no eres presidente”. Pues Sánchez aún lo es, y en su enésimo mitin que su gurucillo Redondo le ha preparado, ha ofrecido, en plan “vean ustedes como soy de concesivo” un marrón envuelto en celofán: “Si ustedes lo quieren yo les vendo la alarma”. Como un trilero. Nada más escuchar esta oferta, recordé un texto antológico de Néstor Luján que refería la consulta entre un médico y su paciente: “Un cirujano bastante atrevido y graciosete él, le preguntó a un pobre hombre desdichado de todas las enfermedades posibles: “¿La pierna se la corto yo o le doy a usted el hacha?”. El citado se quedó en blanco: y es que no entendió la humorada.

Pues bien: siguiendo con el citado traumatólogo y su desgraciado paciente, como ese mismo cirujano le había comunicado a su enfermo un par de meses atrás que “su pierna está para subirse a los altos de la Catedral” (a la Santiago para el caso) y como, además, le dijo: “Yo ahora me voy un mes de vacaciones porque hemos derrotado a su gangrena”, el sufrido paciente, algo más que irritado, le contestó: “¿Sabe que le digo? Pues que por ahora me quedo con mi pierna, no vaya a ser que con su sapiencia me termine cortando la cadera”. Este cuento -digo- no es un ejemplo que me haya venido al bies; pertenece a una recopilación de sucedidos de los cincuenta que recogió en su momento Néstor Luján, uno de los pocos sabios que en España hubo en la última porción del Siglo XX. O sea, Sánchez les ha vendido el hacha a los jefes regionales y además las ha venido a decir: “Y yo aprobaré su decisión”. Los conminados ya le están respondiendo. El primero, por vía oficiosa, ha sido el Gobierno catalán del estrafalario Torra, que en el ‘Diari de Girona’ (ese que recoge la información de España en el capítulo de ‘Extranjero’) ha comunicado que no tiene la menor intención de hacerse con el endoso o marrón que les han enviado desde el odiado “Madrit”.

Las autonomías se le van a revolver y los partidos más, aunque Sánchez reciba, con su mayor candor artificial, a la oposición, para intentar que el PP y Vox traguen con la “revolución institucional” que él pretende realizar y que no es otra que convertir al Constitucional, al Supremo y a todo quisque en simples franquicias de su mayoría en el Parlamento. Sobre el PP están cayendo, según noticias fidedignas, toda serie de presiones para que se avenga, sobre todo, a cambiar los cromos del Constitucional por los del Supremo. En realidad, Sánchez, ilustrado por el fiel Conde Pumpido, sabe que en el Tribunal que interpreta nuestra Norma Suprema, no tiene nada que rascar hasta dentro de dos años porque con los nuevos magistrados seguiría estando en minoría en la sede de Domenico Scarlatti. Otra cosa, es el Poder Judicial; allí por ahora Sánchez tiene todas las de perder, sobre todo con su conmilitón presuntamente falsificador Iglesias. Por eso precisa una revolución que ni a él, ni más ciertamente a Iglesias, les siente en el banquillo.

Para su galimatías general necesita encharcar el campo para que, al final, nadie descubra una verdad en esta España atolondrada. Tiene seguro (el PP también, Vox creo que no, y Ciudadanos no importa lo que crea) que este botarate va a seguir hasta el fin de esta legislatura y por eso él se ocupa de que triunfe su programa de “destrozos Sánchez”. Su Gobierno no se tiene en pie, y las últimas promesas de recuperación que está haciendo tan frívolamente, no se las cree nadie, lo cual a él le trae exactamente por un higa. Cuanto más barro, más m….. cubra el país, más vencerá el galimatías en que conscientemente nos ha introducido. El es un botarate a sueldo de todos nosotros para el que parece pintiparado este quinteto de Leandro Fernández de Moratín. “A los botarates/ que te ayudan en tus obras/ no los mimes ni los trates: Tú te bastas y te sobras/ para escribir disparates”.

¿Para qué sirve Sánchez?
Pablo Planas Libertad Digital  27 Agosto 2020

El desparpajo con el que le resbala todo es alucinante, todo un espectáculo que nos dirige a la pregunta de que para qué sirve el presidente.

Tras regresar de vacaciones más moreno que el negro de whatsapp ese pedazo de presidente del Gobierno ha venido a declarar que los caciques de las diecisiete tribus podrán declarar el estado de alarma en sus reservas cuando y como les rote, con el aval de los dos partidos que sustentan al Gobierno y porque España es un Estado "cuasi federal". No hay en todo el solar hispánico un tipo más desahogado y satisfecho de sí mismo, más chulángano y baladrón. Pelotas de plomo le llaman, por su jeta, el Fraudillo, etcétera, etcétera.

Resulta que primero se advierte de que hay que homogeneizar el regreso a las aulas porque no puede ser que en cada Comunidad se haga lo que le salga del níspero al conselleiro de turno y luego se avisa de que no habrá un estado de alarma, sino diecisiete, a gusto de cada gobiernillo, porque para eso ostentan las competencias de sanidad y educación.

Pedro Sánchez es un fenómeno en el arte del trile y está meridiano que no piensa asumir ni un ápice de responsabilidad en el desastre que se avecina en los colegios e institutos en particular y con la epidemia en general. El Gobierno y las Autonomías han llegado tarde al comienzo del curso, han dejado para el final la principal asignatura de septiembre, como los malos estudiantes, y ahora se encuentran con que no hay tiempo material para contratar al personal que hace falta para desdoblar las clases y reducir el número de alumnos por aula. El caos va a ser colosal y lo único que está claro es que Sánchez no se quiere comer el marrón.

El presidente que nombró un mando único para afrontar el coronavirus en marzo se desentiende ahora de la pandemia y sus consecuencias porque es consciente de su asombrosa incompetencia y de la de quienes le rodean. De ahí que se ponga de perfil y atribuya a los presidentes autonómicos la responsabilidad de hacer frente a la que se nos viene encima. El desparpajo con el que le resbala todo es verdaderamente alucinante, todo un espectáculo que nos dirige a la pregunta de que para qué sirve el presidente del Gobierno.

Ni él ni su vicepandemias Iglesias tienen la más mínima noción de la vergüenza. De ahí que el primero luzca el bronce sin tapujos y el segundo se queje de que le acosan mientras en la Seguridad Social sólo se han aprobado seis mil solicitudes del Ingreso Mínimo Vital. Seis mil de un total de 750.000 peticiones. Seis mil frente a las 850.000 familias que se iban a beneficiar de la mayor conquista social de la historia de la democracia en España según dijo el líder de Unidas Pamemas. Pero de eso, ni palabra. Como de las cuentas del partido. Eso sí, han removido Roma con Santiago para desmentir que la primera dama de Galapagar tenga un Rolex. Vaya tela.

Así se discrimina el español en Cataluña

La inmensa mayoría de los rótulos, carteles, señales, placas, folletos y documentos de la Generalitat y los ayuntamientos de la comunidad utilizan únicamente el catalán
Alejandro Tercero Cronica Global  27 Agosto 2020

La discriminación de los castellanohablanes en Cataluña es una anomalía que denuncian de forma recurrente ciudadanos y entidades defensoras del bilingüismo. Esta circunstancia es especialmente destacable en las administraciones públicas, principalmente en la Generalitat, las diputaciones provinciales y las entidades locales.

Una de esas entidades, Hablamos Español, ha realizado una rigurosa recopilación de estos casos --también los que afectan a otras CCAA con más de una lengua oficial, como el País Vasco, Galicia, Comunidad Valenciana y Baleares-- y los ha presentado en un extenso informe fotográfico de más de 400 páginas. A continuación, se recogen las situaciones más relevantes de exclusión del castellano en Cataluña.

Administración educativa
La ausencia del español en la administración educativa catalana es casi total. Así se constata en los murales y tablones de anuncios de las escuelas, institutos y universidades públicas, en las que el catalán es --casi siempre-- la única lengua utilizada. Lo mismo ocurre en los rótulos informativos fijos --tanto de acceso a las clases, horarios y similares o en los de emergencias-- y en los carteles de avisos y actividades.

La documentación para padres y alumnos sigue el mismo criterio. El castellano se ignora de forma sistemática en cuestionarios, circulares, certificados, etc. El informe constata que incluso las pintadas en las paredes de los edificios educativos acostumbran a ser monolingües en catalán.

Sedes de las consejerías
Otro ámbito público en el que el español está casi desaparecido es el de las sedes de las consejerías de la Generalitat y sus oficinas dependientes. La cartelería fija y temporal se muestra exclusivamente en catalán.

También ocurre lo mismo con los documentos emitidos por los departamentos, que habitualmente utilizan solo el catalán.

Ámbito sanitario
Hospitales públicos y centros de atención primaria tampoco se libran de la discriminación lingüística que, de forma sistemática, sufren los castellanohablantes en Cataluña.

La ausencia del castellano no solo se produce en los rótulos, sino que también alcanza a la mayoría de los informes médicos y la tarjeta sanitaria.

Ayuntamientos y diputaciones
En los ayuntamientos y diputaciones catalanas casi toda la cartelería está rotulada exclusivamente en catalán, ya sean letreros fijos o pancartas correspondientes a todo tipo de campañas.

También los avisos, documentos, apps y placas de las calles olvidan el castellano.

Señalización viaria
Las señales de tráfico son otro de los campos en los que el castellano está proscrito en Cataluña.

Salvo en contadísimas excepciones, todas las rotulaciones municipales también están escritas únicamente en catalán.

Medio ambiente
El español suele estar desaparecido en todas las indicaciones medioambientales​ en Cataluña. Así ocurre normalmente en los contenedores de reciclaje de residuos.

Tampoco se acostumbra a ver una palabra en castellano en los folletos de recogida de cartones, en las señales de las zonas de bajas emisiones, en los carteles de campañas medioambientales o en las indicaciones de los espacios naturales.

Estado de alarma
Ni siquiera la declaración del estado de alarma a causa del coronavirus ha supuesto una tregua en la política lingüística discriminatoria respecto a los castellanohablantes que aplican las administraciones públicas en Cataluña.

La inmensa mayoría de la cartelería, folletos, avisos y rotulaciones por parte de la Generalitat y de los ayuntamientos para advertir de los riesgos del Covid-19 también se ofrecen únicamente en catalán.

Atropello lingüístico en San Sebastián
Editorial El Mundo  27 Agosto 2020

El arrinconamiento del castellano en nuestro país está alcanzado cotas intolerables. Sobre todo porque se está perpetrando desde instituciones públicas. La penúltima fechoría está germinando en el Ayuntamiento de San Sebastián, donde, como publicamos hoy, el Plan General de Euskera elaborado por el PNV busca eliminar el castellano del "paisaje lingüístico" de la ciudad, destino habitual de turistas y trabajadores de otras comunidades. Las estrategias lingüísticas, propias de los nacionalismos excluyentes, amenazan desde hace años no solo con marginar el idioma común de todos los españoles, sino con cercenar los derechos y limitar las oportunidades de los ciudadanos, sometiéndolos a una discriminación flagrante en varios aspectos de su vida pero, sobre todo, en el laboral. Así lo evidencia, por ejemplo, que se quiera imponer exclusivamente el euskera como el idioma que deba utilizarse para trabajar en el Ayuntamiento o en los comercios, ya que aquellos empresarios que rotulen sus locales en ambos idiomas recibirán una subvención sustancialmente menor.

El rodillo nacionalista cuenta en el País Vasco con la complicidad del PSOE, y en el resto de España con la inacción de un Gobierno incapaz de evitar un atropello a la Constitución, que en su Artículo 3 especifica que todos los españoles tienen el "deber" de conocer el español y el "derecho" a usarlo.

Día de los inocentes
Nota del Editor 27 Agosto 2020

Pues eso, como si hubieramos estado durmierdo los ultimos cuarenta años, mientras las autonosuyas cometían todo tipo de tropelías contra los español hablantes y el tc (con minúsculas) nos apuñañaba.

La única esperanza es que Vox siga adelante y consiga, con el apoyo de Vds, el mío ya lo tienen, eliminar este monstruo que nos destroza: el tinglado autonómico.

 


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