AGLI Recortes de Prensa   Lunes 31 Agosto  2020

Los datos económicos cuya realidad se ignora
José María Rotellar Libertad Digital 31 Agosto 2020

Nos encontramos inmersos en dos epidemias diferentes, aunque una provoque la otra: la del coronavirus y la de la ineficiencia en la gestión

Lamentablemente, nos encontramos inmersos en dos epidemias diferentes, aunque una provoque la otra: la del coronavirus y la de la ineficiencia en la gestión de la doble crisis surgida de la enfermedad, que no son otras que la crisis sanitaria y la crisis económica.

El Gobierno no tomó ninguna medida, ni preventiva ni temprana, cuando se supo que este nuevo virus estaba provocando un número considerable de fallecimientos en China. Prefirió ignorar lo sucedido y no cerrar fronteras con el país donde surgió el coronavirus. Tras los contagios en Italia, tampoco hizo nada, y llegó a decir, por boca de Fernando Simón, que o no habría contagios en España o serían muy pocos. Una vez que comenzaron a producirse casos en nuestro país, el Gobierno subrayaba que se trataba de casos importados, no de lo que técnicamente llaman transmisión comunitaria.

Tras ello, el Gobierno siguió sin tomar ninguna medida suave que hubiese evitado el colapso sanitario e incentivó la asistencia a la manifestación del ocho de marzo, manifestaciones celebradas en España donde se podía ver pancartas que rezaban "el machismo mata más que el coronavirus" o "el patriarcado es la pandemia y no el coronavirus".

Una vez pasó el citado día, entonces, el Gobierno cambió de orientación en cuanto a la pandemia y aplicó en España las más duras medidas de cierre prácticamente completo de la actividad productiva y decretó el encierro de los ciudadanos en sus casas, suspendiendo libertades fundamentales.

Responsable de la crisis económica
Es decir, el Gobierno no sólo no tomó medidas tempranas para evitar la expansión del contagio, sino que, además, cuando decretó el estado de alarma introdujo en nuestro país la segunda crisis, la económica, que está adquiriendo una profundidad como nunca antes habíamos visto. Enseguida trató de sacar una batería de medidas, entre los ERTE, las líneas de financiación y el aplazamiento de impuestos, pero muy insuficientes para sostener las empresas en pie que con sus medidas comenzaban a llevar a la ruina. Los ERTE se tramitaron lentamente y se pagaron más tardíamente todavía; las líneas de financiación fueron más una propaganda que una realidad durante mucho tiempo, las movilizaron en lotes parciales y no inyectaron fondos suficientes para asegurar la continuidad empresarial de muchas empresas, que se vieron obligadas a cerrar ante la asfixia financiera. En cuanto a los impuestos, aplazarlos no era la solución, sino condonarlos por ese período, pues cuando venza el plazo extra será una losa para todas las empresas.

Ante esta situación, el Gobierno, dentro de su propaganda, ha llegado a felicitarse por pagar casi seis millones de prestaciones por desempleo, como si eso fuese un dato positivo, y ha introducido la paga del ingreso mínimo vital, que apuesta por una sociedad subvencionada, domesticada y clientelar antes que por una sociedad dinámica, ágil y que se esfuerza, y ni siquiera ha sabido gestionar diligentemente dicho ingreso mínimo.

Posteriormente, se ha lavado las manos, desistiendo de sus responsabilidades y dejando a las regiones desnortadas, sin elementos jurídicos para poder actuar, que lleva a que se trate la crisis sanitaria con diecisiete normativas distintas. Lo único que ha hecho ha sido ofrecer tarde rastreadores del ejército y asegurar que el Gobierno y su minoría mayoritaria de coalición apoyarán el estado de alarma que una comunidad autónoma pida para su región, ya sea para toda la comunidad o para parte de ella, tras habernos tenido el presidente Sánchez cien días abusando del estado de alarma, de la suspensión de nuestras libertades y hundiendo más la actividad económica y el empleo cada día que pasaba.

La gravedad de la crisis
Entre tanto, el Gobierno bien parece ignorar, bien parece ocultar, la gravedad de la crisis económica en la que hemos entrado. Todos los indicadores económicos y laborales se derrumban y sólo se empeñan en vender que la recuperación será rápida, con la concesión de lo que ellos han venido en llamar "uve asimétrica", mientras alardean de los 72.700 millones de fondos no reembolsables que la Unión Europea ha concedido a España sometidos a condiciones, y con los que Sánchez ha anunciado que impulsará proyectos medioambientales y de alguna otra índole que no son los más urgentes ahora mismo para que los españoles no terminen de perder su prosperidad.

¿No se dan cuenta de la terrible situación en la que nos encontramos? Si el Gobierno no se da cuenta, las CCAA deben decirlo bien claro: nos enfrentamos a una durísima crisis económica, como nunca antes se había producido, sin margen de maniobra en la política fiscal, pues la deuda supera a mitad de año el 115% del PIB, y con la actividad económica en vertiginosa caída, dado que muchas empresas han cerrado y muchos cientos de miles de puestos de trabajo se han perdido.

Si hacemos un repaso, podemos observar que la profundidad de la crisis es enorme. Los datos económicos son clamorosos, y ese clamor es el del horror del derrumbe económico que se está produciendo, con una pérdida gigante de prosperidad, que puede costar muchos años en recobrar.

Así, en el último año la creación de empresas ha descendido un 55,9%, la cifra de negocios de la industria cae un 33,1% y el sector servicios desciende un 33,6%.

En cuanto al turismo, una de nuestras principales ramas de actividad de la economía española, que supone el 6,5% de nuestra economía de manera directa, al menos el 12% de forma indirecta y más del 20% si se le añade todo el efecto sobre el comercio y toda la hostelería, las pernoctaciones de turistas se hunden un 73,4%, las pernoctaciones de turistas extranjeros caen un 85,7%, la ocupación hotelera cae un 50% y se queda en un 35,6% de las plazas ofertadas y su ingreso medio diario retrocede un 56,8%.

¿Cómo no va a caer el turismo si el Gobierno no ha hecho nada, salvo generar inseguridad y miedo con sus decisiones? ¿Cómo no van a dejar de venir los turistas extranjeros si no se ha trabajado para crear confianza y recuperarlos?

Los datos que evidencian el desastre
Adicionalmente, la inversión extranjera disminuye un 64,2%; el PIB desciende un 22,1%; el número de parados va camino de los cinco millones -al incluir al millón de inactivos que no podían buscar trabajo durante el encierro-; queda un millón de personas en ERTE que no sabe qué va a ser de su futuro; hay 132.093 empresas menos que hace un año, según los códigos de cuenta de cotización de la Seguridad Social; y la deuda se dispara en junio por encima del 115%, hasta alcanzar el 115,22% del PIB.

Y eso sólo es el negativo de la película, porque la fotografía que nos revelan esos datos es el de miles de personas sin recursos, arruinadas, haciendo cola, como decía antes, para que les entreguen una bolsa de comida porque han agotado todos sus recursos, y muchísimos negocios cerrados para siempre, con multitud de locales con carteles de "se vende", "se alquila", "se liquida" o "se traspasa" en todas las ciudades de España. ¿Acaso nadie se da cuenta del drama humano que se está generando?

Asistimos perplejos a una actitud irresponsable en la vertiente económica por parte de la mayoría de las administraciones públicas e incluso de muchos medios de comunicación, siendo el mayor responsable y el que ha generado esta horrible situación, por su incapacidad y su forma de actuar, el Gobierno de la nación. No se dan cuenta -o no quieren darse- de que la crisis económica que se inició de manera inducida por el cierre productivo, que ahondó la intensa ralentización que ya sufríamos, va a llevar a la economía y, con ello, al empleo, al abismo.

Se ha envuelto única y exclusivamente en la bandera sanitaria, como si a quienes recordamos que hay un aspecto económico tan importante como el sanitario nos diese igual la salud de las personas. Todo lo contrario: precisamente, porque valoramos la salud, la prosperidad y el mantenimiento de servicios esenciales, recordamos que hay que tener cabeza en esta crisis de doble vertiente -sanitaria y económica- porque de lo contrario no sólo no resolveremos la sanitaria, sino que el hundimiento económico será profundo, tendremos menos recursos para los servicios esenciales, como la sanidad, con lo que se podrá atender peor cualquier dolencia y aumentarán las muertes por todo tipo de enfermedad, al tiempo que se incrementarán los casos de patologías de enfermedades psiquiátricas y del sistema circulatorio, por las depresiones y por la tensión ante un escenario realmente adverso donde se pueden producir miles de cierres de empresas y perder, así, millones de puestos de trabajo.

Es una irresponsabilidad manifiesta tratar de tapar todo con la pandemia, para anestesiar a la sociedad. ¿Qué le dicen al millón de personas que ya en marzo perdieron su puesto de trabajo? ¿Y al millón que permanece sujeto a un ERTE y que puede que pase a engrosar definitivamente las listas del paro? ¿A los autónomos que han perdido todo y han acumulado deudas porque se les ha obligado a cerrar? ¿A los jóvenes que pueden perder su futuro si no se les forma bien debido al cierre educativo presencial y que pueden tener problemas para encontrar un puesto de trabajo si por la pésima gestión de la crisis ésta se alarga una década? ¿Qué les van a decir a los pensionistas si la acumulación de endeudamiento público crece tanto que se hace insostenible el mantenimiento del nivel de gasto en las cuentas públicas y obligan a recortar las pensiones? ¿Les van a decir que después de toda una vida de sacrificio y trabajo todo ha sido una monumental estafa? ¿Creen, de verdad, que repitiendo muchos mensajes propagandísticos, como "salimos más fuertes", "unidos paramos este virus" o cosas por el estilo, van a mitigar esa dramática situación? ¿Con eso van a poder comer las miles de familias que ya empiezan a agolparse en las mencionadas colas del hambre, que ya han vuelto, desgraciadamente a España?

¿Por qué nadie cuenta la verdad? ¿Por qué nadie se fija en la situación económica que se está generando y que nos adentra en lo desconocido por la intensidad del dolor y drama que puede ocasionar de seguir así, restringiéndola? No se trata de negar la pandemia, que existe y cuyo virus puede provocar la muerte, como desgraciadamente hemos visto que sucedió con miles de compatriotas, tristemente fallecidos. Se trata de tomar medidas ágiles que habrían impedido el colapso sanitario, que es lo que realmente motivó que la mortalidad por este virus se multiplicase por cinco o por seis, por no poder dar una buena atención y por ser un virus nuevo, sobre el que no se sabía muy bien cómo actuar sanitariamente. ¿Por qué no se dice que el número de fallecidos en el mundo es del 0,01% de toda la población mundial, el de infectados un 0,33% y en España el número de fallecidos, aun siendo más alto que a nivel mundial, es del 0,061% de la población española, y el de contagiados es del 0,93%?

¿Por qué no se cuenta que aunque el número medio diario de contagios en España es mayor -desde que terminó el estado de alarma hasta ahora- al que había desde el primer caso en España hasta el fin del estado de alarma, el número medio diario de fallecidos ahora sólo es del entorno del 5% del que había durante aquel período de primavera?

No es que los fallecidos no importen: cada vida que se pierde es un tesoro irrecuperable y ellos y sus familiares han sufrido, además, en muchos casos, el abandono y el olvido, cuando no ocultación en las estadísticas, por parte del Gobierno, pero las cifras, a nivel macro, hay que darlas agregadas y en términos relativos antes de infundir el pánico en una población que, lógicamente, responde aterrada con el pasado reciente de la nefasta gestión realizada.

Ante esto, ¿qué proponen? ¿Cerrar todo de nuevo? ¿Qué garantía tiene eso de que se va a frenar el número de contagios? El encierro se decretó el catorce de marzo, y durante más de un mes siguieron subiendo contagios y fallecidos, con lo que pese a pasar más de catorce días desde el inicio del estado de alarma y estar todos encerrados, el virus proseguía con su infección exponencial. Adicionalmente, cuando el Gobierno permitió salir a pasear o hacer deporte por franjas horarias, la población coincidía mayoritariamente en los mismos momentos, y sin mascarilla -el Ejecutivo entonces ni siquiera la recomendaba- y los contagios descendían entonces. ¿No se dan cuenta de que es una enfermedad que, como todo virus, es imposible de impedir su transmisión, aunque se logre mitigar? Claro que mata más que la gripe, puesto que no tenemos vacuna ni tratamiento y se está aprendiendo a combatir la enfermedad por prueba y error, como tantas veces en medicina, pero algo ya se ha ido aprendiendo en todos estos meses en cuanto a su tratamiento. Y cuando haya vacuna y mientras exista el virus seguirá habiendo contagios y, lamentablemente, muertes, porque de la gripe tenemos vacuna todos los años, y año tras año hay enfermos de gripe y también, tristemente, vidas que se pierden por dicha enfermedad.

No se ha de bajar la guardia mientras no tengamos vacuna, por supuesto, ni negar la evidencia de la enfermedad, pero no se puede infundir un pánico terrible en la población, encerrarnos, ignorar el derrumbe económico que tenemos encima y arruinar la economía y provocar, con ello, un drama peor que el del virus. Nadie habla de proteger a los grupos de riesgo -proteger, que no encerrar, que puede provocar a los mayores otras enfermedades más graves- y que el resto siga, con prudencia, su vida normal, para que la actividad económica y laboral se recupere. No hay ni convicción ni arrojo para liderar a la sociedad, que es lo que hace falta, y no empezar a responsabilizar a los ciudadanos, como se está empezando a hacer, de los nuevos contagios. Irresponsables siempre hay, pero la población, mayoritariamente, está siguiendo las instrucciones al pie de la letra, con lo que no se puede responsabilizar al conjunto de ciudadanos de los contagios.

Si el Gobierno sigue ignorando la gravísima situación económica en la que nos encontramos, si no lidera unas actuaciones a nivel nacional que conduzcan, desde la prudencia y sin bajar la guardia, a hacer posible una completa reactivación de la economía, sobre la base de la generación de certidumbre, confianza y seguridad, entonces nos encontraremos demasiado tarde prácticamente en una depresión económica de la que podemos tardar largos y duros años en salir.

Las grandes mentiras de las que la izquierda está tratando de convencerte con la excusa del coronavirus
Carmelo Jordá Libertad Digital 31 Agosto 2020

Buena parte de las cosas que según la izquierda "tenemos que aprender de la epidemia" son mentiras o están muy lejos de haber sido demostradas.

Como hace con cualquier acontecimiento, por trágico o afortunado que sea, la izquierda política y mediática ha tratado de aprovecharse de la pandemia del coronavirus para dar un salto de gigante en su agenda ideológica.

No debería sorprendernos, si bien en este caso la campaña propagandística ha sido aún más brutal de lo habitual y, sobre todo, en pocas ocasiones los lemas y los discursos se han alejado tanto de la realidad como en los últimos meses.

Así, prácticamente todas las conclusiones que han sacado los políticos y los pseudopensadores de izquierdas y en base a las cuales están intentando apuntalar nuevos desarrollos legislativos son o bien exageraciones o, en la mayor parte de los casos, grotescas mentiras.

Vamos a repasar algunas de esas afirmaciones según las cuales "la epidemia del coronavirus demuestra" cosas que, en realidad, están muy lejos de haber sido demostradas.

"El éxito del Estado" y "la necesidad de lo público"
Una de las afirmaciones que están escuchando con muchísima frecuencia es que la epidemia ha demostrado que son necesarios estados fuertes con un gran sector público para hacer frente a estas eventualidades.

Lo cierto es que no hay una relación empírica demostrable entre el tamaño del Estado y el éxito que se haya tenido a la hora de afrontar una pandemia que, conviene no olvidarlo, tuvo su origen en China, la mayor dictadura totalitaria del mundo en el que nada escapa al control del Estado.

Del mismo modo, la respuesta del sector público ha estado muy lejos de ser tan eficaz como se pretende hacernos creer en estas circunstancias. En España, por ejemplo, la sanidad pública -que supone un 70% del gasto y un 66% de las camas- se ha visto completamente desbordada y ha demostrado que no estaba en absoluto preparada para algo así y que no era, por desgracia, "la mejor sanidad del mundo" como tanto se nos ha dicho.

Otro aspecto de la gestión pública que nos da una medida del éxito de 'lo público' en España está siendo la del sistema educativo: actuando tarde mal y con lo que parece una notable temeridad, la educación está demostrando que le resulta más que difícil adaptarse a una situación nueva y que probablemente no va a ser capaz de mantener su nivel -ya bastante lamentable- a través de la pandemia.

Es cierto que la presión sobre el sector sanitario ha sido brutal y el problema de la educación es endiablado, pero esa presión también ha sido muy importante -obviamente, a otro nivel- en otros sectores casi al 100% privados, especialmente el de la elaboración, transporte y comercialización de alimentos y otros bienes de primera necesidad.

El resultado, ese sí, ha sido completamente impecable: no sólo no ha faltado de nada en las tiendas y los supermercados sino que estos comercios se adaptaron a la nueva situación con una velocidad sorprendente.

Curiosamente, al menos en España la institución estatal que sí ha dado una respuesta rápida y eficaz a todo aquello que se le ha pedido ha sido una que habitualmente no cuenta con el aprecio de la izquierda: las Fuerzas Armadas, que se desplegó con extraordinaria rapidez y ha sido parte esencial de alguno de los logros más relevantes alcanzados durante la epidemia, como la puesta en marcha en dos días del hospital de IFEMA en Madrid. Hecha esa excepción, lo cierto es que 'lo público' no ha respondido a la crisis del coronavirus mejor que 'lo privado' sino más bien al contrario.

"No podemos seguir tratando así el planeta"
Una de las mentiras más burdas que se está promocionando en los medios y otros ámbitos es vincular la epidemia con un supuesto maltrato a La Tierra. Es una táctica habitual del ecologismo más radical: 'humanizar' al planeta como si fuese un ente con vida propia, capacidad de decisión y que puede dar una respuesta ante la pretendida agresión de los humanos.

Es un buen argumento para películas como El incidente de M. Night Shyamalan, pero más allá de la ficción cinematográfica es, por supuesto, completamente falso, puro pensamiento mágico y primitivista.

Pero, además, vincular una crisis sanitaria de este tipo a problemas medioambientales es de una estupidez supina: las epidemias han existido siempre, fuese cual fuese el estado de la naturaleza y la relación de la humanidad con su entorno. De, hecho, la que podría ser considerada la epidemia por antonomasia, la medieval peste negra, diezmó la población europea siglos antes de la industrialización y en un mundo mucho más "natural" que el actual.

"La epidemia demuestra el fracaso del sistema capitalista"
Otra relación completamente descabellada es la que pretende unir la expansión del coronavirus al sistema capitalista. Hay muchas verdades objetivas que demuestran que esta es una falacia mayúscula, pero la primera nos haría volver a China, el lugar en el que estalló y desde el que se esparció la enfermedad y que es la mayor dictadura comunista del planeta.

Otros vinculan la expansión del virus con la globalización y el comercio mundial, que a su vez entienden como rasgos del sistema capitalista, lo que no es estrictamente cierto. Es cierto que el ritmo y la cantidad de los viajes han ayudado a expandir la enfermedad con rapidez, pero esto no es algo exclusivo del sistema capitalista: si recordamos de nuevo lo ocurrido en el siglo XIV la peste acabó esparciéndose igualmente por casi todo el mundo conocido a través de unas rutas comerciales mucho menos concurridas que las actuales. La diferencia es que, por supuesto, lo hizo más lentamente.

El capitalismo y las empresas, por el contrario, están siendo una parte importantísima de la lucha contra la enfermedad: desde las que proveen el material sanitario que es necesario para cuidar a los enfermos, hasta las que son capaces de transportarlo en horas de una parte a otra del mundo.

Por último, no olvidemos que también están siendo las empresas -y no los estados- las que están logrando avances muy importantes de cara a que podamos disponer de una vacuna en un tiempo absolutamente récord: detrás de todos los proyectos que han logrado un avance significativo hay grandes compañías, incluso la vacuna que se va a empezar a ensayar en España y que el ministro Illa anunciaba como si la hubiese inventado él es en realidad el proyecto de una empresa, Janssen, filial de la multinacional Johnson&Johnson.

"Siempre hay que hacer caso de los científicos"
Uno de las grandes fracasados de la epidemia ha sido la ciencia o, por decirlo de una forma más exacta, la función de la ciencia de advertirnos de la magnitud de lo que iba a ocurrir si no se tomaban las medidas que, evidentemente, no se tomaron.

En el momento en que más necesarios eran, los organismos científicos no han logrado que políticos, medios de comunicación o ciudadanos hayamos sido conscientes de la gravedad de la epidemia hasta que ésta había estallado e, incluso entonces, las recomendaciones y consejos que venían avalados por su carácter "científico" en no pocas ocasiones eran erróneos y casi siempre contradictorios.

En España el rostro de ese fracaso de la ciencia es, obviamente, el de Fernando Simón, en teoría un científico él mismo -en la práctica ya hemos visto que es sólo un político en el peor sentido del término- y desde luego asesorado por múltiples científicos, pero incapaz de prever la crisis o de recomendar en el momento en el que eran más necesarias medidas como el uso de mascarillas.

No obstante, quizá el papel de Simón ha sido especialmente lamentable, pero hay que reconocer que en general los científicos y las organizaciones presuntamente científicas no han estado a la altura: lo ocurrido en otros países o la turbia actuación de la OMS son muestras de ello.

Del mismo modo, aunque no sean estrictamente científicos también hay que reseñar cómo los divulgadores también han fracasado en la inmensa mayoría de los casos a la hora de analizar lo que estaba ocurriendo, su gravedad y las medidas más adecuadas para hacer frente a la epidemia. De hecho, han sido por lo general periodistas o analistas no especializados los que han alertado desde los medios o las redes sociales… mientras eran vilipendiados con una superioridad moral y una soberbia descomunales por aquellos que debían haber cumplido con ese papel.

Probablemente la razón de ambos desastres es, precisamente, que otras consideraciones, principalmente políticas, han primado por encima de los datos científicos y los hechos. En cierto sentido aquí entroncaríamos también con el primer punto del artículo: esto también es en parte un fracaso de 'lo público'.

Finalmente, lo que hemos vivido en este campo desde principios de año es un aviso a navegantes muy interesante para otras cuestiones que tratan de imponerse apelando a un 'dogma científico' que habitualmente está mal interpretado, que en no pocas ocasiones está vinculado a otros intereses y qué, finalmente, como vemos, no siempre acierta. Y sí, estoy pensando en el cambio climático.

"Sólo debes hacer caso a las fuentes oficiales"
En cierto modo relacionado con el punto anterior está otra de las grandes mentiras que se han esforzado mucho en difundir desde el poder y desde la izquierda: que la verdad sólo es accesible desde fuentes oficiales, sólo papá Estado nos dice qué es cierto y qué es falso y, ya puestos, lo que es bueno y malo.

En España de nuevo esa campaña ha sido especialmente dura y se ha visto aderezada con toda la propaganda gubernamental que trataba de descalificar como 'bulo' todo aquello que no fuese la 'verdad oficial'.

Bien, es cierto que internet y las redes sociales no andan faltos de bulos, pero no lo es menos que las cuatro personas que más han mentido durante esta epidemia han sido Pedro Sánchez, Salvador Illa, Pablo Iglesias y el ya mencionado Fernando Simón. La realidad ha sido que el ciudadano medio ha tenido que acudir a cualquier otra fuente -los pocos medios de información libres o las redes sociales- para poder enterarse de lo que de verdad estaba ocurriendo y también para saber qué medidas de protección debía tomar.

Esta sí que es, de hecho, una de las cosas que hemos aprendido gracias al coronavirus: la información oficial no existe, sólo es propaganda.

El amargo cáliz
Carlos Mármol Cronica Global 31 Agosto 2020

España está hecha un Getsemaní. Hay un gobierno, pero no gobierna. Existe un Estado, pero todas sus instituciones, sin excepción, gozan de un profundo descrédito ganado a pulso. La pandemia ha regresado sin haberse ido, la situación económica general es devastadora, las administraciones –all of them– no son capaces de asistir a los ciudadanos, abandonados a su suerte. Los viejos se mueren en los asilos y la sanidad y la educación están en pie de guerra; la primera, por falta de medios, y la segunda porque no entiende que no puede continuar funcionando como antes. Con este panorama, importa muy poco el porvenir del cayetanismo –la prueba más evidente de la dislocación del PP–, la moción de censura (inútil) de Vox, las vacaciones interruptus del célebre dúo Iglesias&Montero, revolucionarios con piscina, o las disensiones sobre los presupuestos entre el Podemos maoísta y el neocesarismo del PSOE.

Que Europa nos siga prestando dinero, aunque nos mire cada vez con más preocupación y recelo, entra dentro de la categoría del milagro: lo lógico es que no nos hiciera ni caso. Somos un país imposible, además de inviable. En Cataluña se viven unas vísperas electorales marcadas por la competición –a vida o muerte– entre las marcas independentistas, los abertzales vascos se han convertido en actores relevantes en términos parlamentarios y ni los unos, ni los otros, muestran la más mínima solidaridad con quienes han perdido a sus familiares, el sustento y el presente. Todo se ha vuelto un teatrillo infame.

En un país devastado donde la ley no se respeta, no ha hecho falta discutir una reforma constitucional –y mucho menos votarla– para que cambie de facto el modelo de Estado. Los hechos consumados han terminado por imponerse sobre la letra escrita. Vivimos en un país asimétrico, desigual e injusto que cada día se empobrece más y camina raudo en dirección a su pretérito. Nada importa. Ver a la Moncloa ofrecer a las autonomías un confinamiento a la carta para atajar la segunda ola del coronavirus y hablar de cogobernanza –término que no figura en nuestra Carta Magna– debería mover al escándalo. Pues nada.

El Gobierno central negó la pandemia conociendo su peligro y decidió darla por cerrada políticamente tras la cumbre de Bruselas, despreciando olímpicamente la realidad. Con esta decisión cree haberse librado del desgaste de tener que gestionar este infinito holocausto –eso es, en el fondo, lo que vivimos desde el mes de febrero– y traslada la responsabilidad a diecisiete autonomías tan contradictorias como inútiles. Tras meses de defender unas competencias que legalmente no tienen, ni son capaces de ejercer, rechazan solicitar confinamientos parciales en sus territorios, aunque la gravedad de los contagios –parte de ellos terminarán convirtiéndose en muertes– así lo recomiende.

Las razones son meridianas: cualquier demanda de este tenor implicaría asumir su fracaso y, al cabo, alimentar el debate sobre su necesidad. Ninguna de las tribus políticas que mandan en las Españas desean esta discusión. Evidenciaría que son innecesarias. Por eso prefieren tolerar el contagio antes que reconocer que no saben cómo manejar la situación. Cuarenta años después de su creación, las autonomías muestran su verdadera faz: son repúblicas indígenas en las que las castas regionales abrevan en nombre de patrias ficticias que no existen. A los padres del Estado autonómico habría que ponerles un monumento eterno en agradecimiento por este colosal desastre. El cáliz que nuestros políticos nos ofrecen en este instante tan crítico no es que sea amargo. Es que es directamente veneno. Servido a la rusa, por supuesto.

Entre el chantaje y la propaganda
Editorial El Mundo 31 Agosto 2020

Desde el mismo momento en que decidió optar por la extrema izquierda en lugar de mirar al centro reformista, Pedro Sánchez es consciente de que en Unidas Podemos tiene un socio que le puede garantizar cierta estabilidad -entre otras razones porque Pablo Iglesias se juega en el envite su supervivencia política-, pero también que tendrá que pagar un desgaste de imagen para mantener el frágil equilibrio parlamentario. Y es que no es fácil poner en marcha un mesa de diálogo con los independentistas -que preparan una reedición del 1-O desde Waterloo- a la vez que presentarse como el garante institucional del constitucionalismo. Como tampoco lo es comprometerse con la UE a respetar el techo de gasto y mantener la senda del déficit prometiendo al día siguiente a sus socios de coalición unos presupuestos expansivos, con especial atención a las partidas sociales, y un aumento de la presión fiscal a las empresas.

Y es en esta última tesitura en la que se encuentra ahora el presidente del Gobierno, para cuya resolución pretende echar mano de las armas que mejor sabe utilizar: la propaganda, la desinformación y el chantaje. A la primera de ellas responde el encuentro que mantendrá hoy con los principales representantes del empresariado español. No es el primer acto en el que Sánchez pide la colaboración de las empresas del Ibex para escenificar una deseable sintonía que no es tal, pero cuya foto tranquilizará a inversores extranjeros y a nuestros socios comunitarios. También, servirá para presionar a Pablo Casado -al que pedirá algún tipo de apoyo en caso de que le fuera necesario- y enviar un mensaje a sus socios de Gobierno. No en vano, el lema del acto de hoy lleva el expresivo título de España puede, algo que resulta sarcástico en un Gobierno que fracasó en la gestión de la pandemia, con trágicos resultados, y parece empeñado en cometer ahora los mimos errores. Es cierto que tanto Sánchez como Iglesias defienden que el Gobierno habla con una sola voz, por eso los mensajes contradictorios enviados este fin de semana parecen responder a una calculada estrategia de la confusión. Si el viernes Isabel Serra y Rafael Mayoral amenazaron con boicotear los Presupuestos si se negociaban con Ciudadanos, al día siguiente el partido morado filtró a sus centrales mediáticas que no vetaría la participación de Arrimadas si se cumpliesen algunas condiciones.

Porque la continuidad de Sánchez se cifra en la elaboración de unos Presupuestos propios y realistas. No por cuestiones ideológicas, como demuestran los dos años que lleva gobernando sin reparos con los de Rajoy. Sino porque es la condición que le ha puesto Bruselas para dar cauce a las ayudas prometidas. Y esa es la principal carta que jugará el líder socialista para mantenerse en el poder. Por eso se reservó la gestión de las ayudas -sin atender a las demandas autonómicas-, para poder utilizarlas como chantaje. Fiel a su estilo, prometerá a las empresas el balón de oxígeno que necesitan para hacer frente a la crisis. Y a los sindicatos -con quienes se reúne el martes y el viernes-, ventajas en la ley del teletrabajo y una ampliación de los ERTEs hasta diciembre. A Podemos le garantizará su cuota de poder y al PP le acusará de no tener visión de Estado. Redondo.

Sánchez, sin plan para España
Editorial ABC 31 Agosto 2020

Mientras no haya un pacto con el PP por unos presupuestos ajustados a la realidad, todo cuanto haga Sánchez no será más que una carrera de supervivencia

Pedro Sánchez se ha topado a la vuelta de sus vacaciones con un país sumido en la confusión social, política y económica por su incapacidad para liderarlo. Entre la broma de mal gusto del estado de alarma «a la carta», por un lado, y la declaración en rebeldía de sus ministros responsables del sistema educativo y universitario, por otro, el comienzo de curso para Sánchez está siendo un fracaso del que pretende salir con una estrategia de ruido con poco contenido. La amenaza de Unidas Podemos para el caso de que pacte con Ciudadanos los Presupuestos Generales del Estado es el umbral de las reuniones sin agenda que hoy comienza el presidente del Gobierno con empresarios, sociedad civil y partidos políticos. Como la peonza, Sánchez se mueve pero no avanza, porque gira sobre el eje inamovible de un gobierno de coalición incompatible con una política de pactos y reformas de banda ancha y gran calado, que son las que necesita España para encajar las ayudas europeas en un plan creíble de acción de gobierno. Mientras Sánchez se empeñe en tener a Unidas Podemos de socio de coalición, de Gobierno y de confianza, sus reuniones de esta semana son un burdo ejercicio de marketing político para salvar su maltrecha imagen de gobernante desganado.

Ahora mismo, Sánchez busca cómplices en su desgobierno y chivos expiatorios para su fracaso. El mensaje de que Pablo Casado se enroca en el «no» está ya en imprenta, tanto como la adulación a Ciudadanos, como partido muy dialogante y, como se vio en las prórrogas finales del estado de alarma, poco exigente en el cumplimiento de los compromisos. Por su parte, la relación con sindicatos y empresarios seguirá anclada en el señuelo -o chantaje- de las ayudas europeas, pero, sin acuerdos políticos y económicos, la caja de necesidades -ERTE, ingreso mínimo vital, pensiones, desempleo- acabará comiéndose hasta el último euro procedente de Bruselas y el problema de cómo mantener la economía española a flote seguirá vigente.

El presidente del Gobierno está aplazando cuanto puede el momento de reconocer que la crisis económica es de tal envergadura que su socio comunista no le sirve y es un lastre para asumir las condiciones de la ayuda europea. Mientras no haya un pacto con el PP por unos Presupuestos Generales del Estado ajustados a la realidad, todo cuanto haga Sánchez, cuya voluntad de pacto es nula, no será más que una carrera de supervivencia, saltando de Ciudadanos a Unidas Podemos, y viceversa, tantas veces como estos partidos se lo permitan, hasta que, como a Rodríguez Zapatero, la realidad de la crisis se haga insoportable. Y entonces, será tarde para medidas que, ahora, pueden ser eficaces y menos drásticas que dentro de unos meses.

El plan de España, de los españoles: deshacerse de Sánchez
Nota del Editor 31 Agosto 2020

El Dr Cum Fraude tiene que desaparecer, habiendo antes pasado por caja para devolver lo afanado y por chirona para pagar las penas que se ha ganado a pulso. Pretender llegar a algún acuerdo con tipos de esta calaña es una locura, un suicidio.

La farsa presupuestaria de Podemos
El Gobierno está en la fase de creación de la coartada y de «aggiornamento» de la excusa, mientras Podemos, Ciudadanos y PNV exaltan su dignidad y Sánchez estigmatiza al PP aun siendo consciente de que ni necesita ni quiere a Pablo Casado para aprobar sus Presupuestos
Manuel Marín ABC 31 Agosto 2020

Iglesias alimenta su perfil antimonárquico como elemento diferenciador de su socio Sánchez

La escenificación planteada en los últimos días por Podemos, como advertencia a Pedro Sánchez de que la continuidad de la legislatura pende de un suspiro, tiene más de impostura de que de realidad. Pablo Iglesias, como acostumbra cada vez que le acucian los problemas, ha puesto en marcha una inmensa mascarada. Su ofensiva de agosto contra la Monarquía tenía el límite prefijado que Sánchez le consintió. Ni un metro más. Su capacidad para rentabilizar como un mérito propio la aprobación del ingreso mínimo vital se ha topado con la cruel realidad de que su diseño improvisado carecía de un presupuesto real para canalizar esas ayudas. Y su conflictiva relación con los Juzgados que investigan diversas irregularidades de Podemos no le ha convertido en la víctima que pretendía ser. Iglesias ha perdido swing.

Por eso, recurre a munición de más calibre con el aviso al PSOE -matizado con el paso de las horas- de que si Sánchez pacta con Ciudadanos los Presupuestos Generales del Estado, no contará con los votos de Podemos. Siendo una coacción correctamente escenificada y preocupante para sectores de la izquierda, en cambio no ha inquietado en lo más mínimo a buena parte del Gobierno, acostumbrado ya a estos faroles de mueca sobreactuada y a que Iglesias practique más la yenka que la gobernabilidad.

A la imagen del PP
Sánchez puede no tener aún atados los Presupuestos. Pero casi. Septiembre servirá para que otros partidos se hagan los ofendidos, presenten propuestas de máximos con amenaza de ruptura, planteen exigencias irreversibles… y todo, con grandilocuencia expresiva y sobreactuación gestual. Cuanto más maquillaje a las intenciones, mejor. Esos partidos que cortejan a Sánchez -más que Sánchez a ellos- se harán los dignos con tesis irrenunciables, sacarán a pasear sus principios, exagerarán en su negativa para que nadie pueda tildarles de traidores a su causa -comunista en el caso de Podemos, liberal en el de Ciudadanos, y nacionalista en el del PNV-, y cada uno simulará haber triunfado si el acuerdo definitivo se cierra.

Ninguno habrá renunciado a nada, y sostendrán que Sánchez se ha plegado. Pero la inédita paradoja para España es que, por estricta prescripción europea, por simple imposición del sentido común en plena recesión, esos presupuestos se parecerán más a cualquiera de los que pudiera diseñar el PP que a la icónica demagogia de unas cuentas izquierdistas.

La crisis de egos
El Gobierno está en la fase de creación de la coartada y de aggiornamento de la excusa, mientras Podemos, Ciudadanos y PNV exaltan su dignidad y Sánchez estigmatiza al PP aun siendo consciente de que ni necesita ni quiere a Pablo Casado para aprobar sus Presupuestos. En eso Iglesias tiene razón. En La Moncloa no hay una crisis política al uso por la sencilla razón de que Sánchez depende de Iglesias y viceversa. Es una interdependencia simbiótica que mantiene aún blindada la coalición. Por eso, la fractura interna del Gobierno -que existe y crece- no se basa en una crisis política provocada por contradicciones o disensiones programáticas. Iglesias es capaz de rectificarse a sí mismo sin sonrojo en cualquier mitin o en una entrevista. No. Se basa en una pugna de egos en crisis de identidad ante el temor de que una -¿inminente?- crisis de gobierno golpee irreversiblemente el poder de Iglesias. De ahí las amenazas, y no de interpretaciones divergentes sobre cómo ha de ser el reparto de fondos del rescate europeo, o de cómo debe enfocarse el gasto publico para afrontar la recuperación.

Esa es la farsa argumentativa con la que Podemos oculta su angustia por que Sánchez pacte con Ciudadanos, o pueda negociar con el PP al menos su abstención en partidas presupuestarias determinantes. La preocupación de Iglesias por que Sánchez ensaye un puñetazo al hígado de los ministros de Podemos en una eventual remodelación de su Gobierno es razonable. Porque esa teoría empieza a ser mucho más que un rumor.

Incoherencia con el PNV
Así, la lógica del farol que ha planteado Iglesias amenazando con vetar los presupuestos de Sánchez por criterios ideológicos falla. Basta una sola pregunta para desmontar la pantomima. ¿Qué problema puede tener Podemos con Ciudadanos, salvo el de mantener las apariencias con un discurso de supuesta dureza y un indisimulado chantaje al PSOE? ¿Qué problema de coherencia ideológica puede alegar Iglesias respecto a Ciudadanos mientras sí acepta pactar esos mismos presupuestos con el PNV, un partido tan conservador como el más conservador de la derecha europea? El virtuosismo de Sánchez en su progresiva estrategia para desorientar a Iglesias y desmontar el andamiaje de Podemos en la izquierda electoral mejora con los meses. Es evidente que esa recurrente estética de plañidera ha dejado de rentarle a Iglesias y que sus amenazas resultan cada vez menos creíbles en el PSOE

En cualquier caso, Sánchez necesita extender su red de apoyos parlamentarios para no vivir al límite de la extenuación cada votación. Y para diseñar su propia coartada, precisa de una remodelación de gobierno… no solo por citerios de imagen para reducir el Ejecutivo más sobredimensionado de Europa, sino por una mínima autoexigencia de mejorar su capacidad de gestión ante Europa. Las imposiciones de Bruselas no se satisfacen con propaganda. En España, la teatralidad aún le es útil, pero en Europa la magia demagógica de Moncloa no cuela. Y de eso, Iglesias es consciente. Por eso, la aparente tensión «política» entre Sánchez e Iglesias tiene mucho de artificial y de tacticismo. Solo se dirimen carteras y cuotas de poder interno e influencia, pero no la gobernabilidad porque el uno depende del otro y eso permanecera inalterable.

Mayoría deshilachada
El inicio del curso parte así de dos bases incuestionables: la legislatura sigue dependiendo de Podemos porque el PP no va a rescatar a Sánchez de su propia coalición, y porque Iglesias tiene a mano el botón rojo para activar nuevas elecciones generales; y a su vez Sánchez empieza a asumir que la ruptura del separatismo catalán no le permitirá gobernar el resto de legislatura de la mano de su mayoría de la investidura. De momento, y hasta que se celebren elecciones en Cataluña, ERC no está en disposición de garantizar nada a Sánchez, salvo su rechazo a los presupuestos.

La Fundación Francisco Franco fía su pervivencia a un recurso de Vox ante el Tribunal Constitucional
Su presidente, Juan Chicharro, confía en que Santiago Abascal impugne la decisión del Gobierno, que busca ilegalizar esta estructura.
Marcos Ondarra El español 31 Agosto 2020

El Gobierno de Pedro Sánchez trabaja actualmente en un nuevo proyecto de Ley de Memoria Histórica, que ampliará la norma aprobada por el expresidente socialista José Luis Rodríguez Zapatero en 2007. La idea del Ejecutivo, según la vicepresidenta primera Carmen Calvo, es que el documento comience su tramitación parlamentaria este otoño.

Este texto -además de la creación de fondos para reabrir fosas o el lanzamiento de un banco de ADN para las víctimas del franquismo- recoge la ilegalización de la Fundación Francisco Franco. Según ha podido saber EL ESPAÑOL, la dirección de esta estructura fía su supervivencia a que Vox "presente un recurso de inconstitucionalidad ante el Tribunal Constitucional".

El propio presidente de la Fundación, el general Juan Chicharro, reconoce en conversación con este diario, su "confianza" en que los de Santiago Abascal den la batalla a su favor tanto en el Parlamento como en los tribunales.

"En principio no debería preocuparnos. Con arreglo a la Constitución española es imposible que se nos ilegalice, aunque con este Gobierno socialcomunista todo puede ocurrir", reitera Chicharro. Una opinión similar a la que vertía cuando Moncloa anunció su intención de exhumar al dictador, algo que terminó ocurriendo.

"Además, esa Ley de Memoria debe seguir un trámite parlamentario", prosigue Chicharro, que confiesa: "Ahí cabría esperar que, como es inconstitucional, Vox presentara un recurso". "Nadie puede, con arreglo a la Constitución, hacernos pensar distinto de como pensamos", zanja este militar en la reserva otrora ayudante del Rey Juan Carlos.

Estructura y financiación
La Fundación Nacional Francisco Franco (FNFF) fue constituida el 8 de octubre de 1976, apenas un año después de la muerte del dictador. La organización dispone de personalidad jurídica como institución cultural.

Fue proyectada por 226 fundadores para "difundir y promover el estudio y conocimiento sobre la vida, el pensamiento, el legado y la obra de Francisco Franco Bahamonde, en su dimensión humana, militar y política, así como sobre las realizaciones de los años de su mandato como Jefe del Estado Español, Capitán General y Generalísimo de los Ejércitos". Así lo reflejan sus estatutos.

Actualmente, según afirma su presidente Juan Chicharro, "la Fundación se financia exclusivamente con las cuotas de los afiliados". Recibió su última subvención con el Gobierno de José María Aznar, en 2003, por la digitalización y microfilmación de su archivo documental.

Su presidente ejecutivo es Juan Chicharro Ortega. Está dirigida por un Patronato de entre 40 y 50 miembros, y cuenta con unos 1.500 socios. Su presupuesto anual ronda los 100.000 euros. Lo conforman las donaciones particulares, los beneficios del merchandising y los derechos de algunos libros publicados. La estructura radica en una vivienda cercana al Santiago Bernabéu y el personal contratado no supera las cinco personas.

Cuatro décadas después de su creación, el Gobierno de España promueve ahora su ilegalización. Para impedirlo, la fundación se aferra a Vox.

¿Qué pasaría con el archivo?
El principal activo de la fundación es el Archivo de Francisco Franco, que contiene unos 33.000 legajos que representan la práctica totalidad de la documentación que pasó por las manos del dictador: correspondencia con otros jefes de Estado, informes confidenciales, borradores de leyes con anotaciones manuscritas, etc.

Una de las grandes incógnitas es qué sucedería con todos esos documentos en caso de ilegalizarse la fundación. "Es un archivo privado, no lo pueden robar", alega el general Chicharro, que recuerda que tienen "un convenio con el Ministerio de Cultura en virtud del cual los contenidos del archivo pueden ser visitados por quien quiera".

-¿Han denegado alguna vez el acceso al archivo?
-Podríamos, pero jamás lo hemos hecho.

La Fundación Francisco Franco está regida por el Sistema Español de Archivos, según prevé el artículo 66 de la Ley 16/1985, de 25 de junio, del Patrimonio Histórico Español. Es, por tanto, un Archivo Privado de accesibilidad pública. En este sentido, tal y como recoge el artículo 105-B de la Constitución, cualquier ciudadano puede acceder a su contenido. "Nosotros nos encargamos de su mantenimiento", defienden desde la fundación.

Esta documentación estuvo durante años en las manos de la familia del dictador y de la fundación, hasta que en 2003 llegaron a un acuerdo con el Gobierno de José María Aznar para la realización de copias microfilmadas que ahora se encuentran en el Centro Documental de la Memoria Histórica de Salamanca. Cobraron 150.000 euros por la digitalización de las copias.

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¿Quién defiende a la Guardia Civil?
¿Habría consentido Marlaska una manifestación como la de Alsasua dirigida contra el colectivo gay?
Isabel San Sebastián ABC 31 Agosto 2020

Hay que acumular mucha bilis ideológica en la mente para escupir el chorro de odio que cayó sobre Alsasua el sábado. Semejante vomitona solo puede proceder de quien ha sido amamantado con ponzoña de serpiente en casa, en la escuela, en la parroquia y en la taberna, hasta ser convencido de que pegar un tiro en la nuca a un uniformado o poner una bomba lapa en el coche de un concejal constituye una gesta heroica en la lucha del pueblo vasco. Si no empuñan las armas es sencillamente porque no se atreven, pero justifican todos y cada uno de los asesinatos de ETA. Los celebran. A sus ojos, la Guardia Civil es el enemigo que se enfrentó con éxito a la organización que ellos no perciben como criminal, sino como valiente vanguardia de un «movimiento de liberación». Por eso detestan a la Benemérita tanto como la temen. La Guardia Civil es la «mala» de un relato tergiversado en el que los asesinos desempeñan el papel de «buenos». Eso es lo que les han enseñado y con arreglo a ese adoctrinamiento participan en ese infame «día del adiós» dedicado a humillar con total impunidad al Cuerpo, condenado a soportar las burlas atado de pies y manos. La conducta de esa chusma resulta tan repugnante como fácil de entender. Mucho más incomprensible y de infinita mayor gravedad es el cúmulo de complicidades que han hecho posible la perpetración de este desafuero.

Lo ocurrido en la pequeña localidad navarra es fruto de una indignidad compartida. La de los organizadores, desde luego, pero más aún la de cuantas autoridades estaban obligadas a impedir semejante exhibición obscena, empezando por el alcalde, representante de Geroa Bai (marca local del PNV), cuya bajeza ha llegado al extremo de equiparar esa siniestra parada a una concentración en memoria de las víctimas. Si ascendemos a partir de él en la pirámide del poder, no hay un responsable público que escape a la ignominia de lavarse ostensiblemente las manos. Únicamente la oposición ha repudiado esta afrenta a quienes se dejaron más de cuatrocientas vidas en el combate contra el terrorismo. En las filas de la izquierda y en las del separatismo la reacción ha oscilado entre la complicidad y el silencio.

Imaginemos que, en lugar de dirigirse contra la Guardia Civil, los disfraces destinados a ridiculizar a sus miembros, la cartelería insultante, los ladridos y demás parafernalia empleada en el aquelarre hubiese puesto en la diana, por ejemplo, al colectivo gay. ¿Lo habría consentido el ministro del Interior, Marlaska, responsable de los casi cien mil agentes que integran la Institución? Supongamos que las señaladas hubiesen sido las mujeres. ¿Algún miembro del gobierno autonómico o central habría permanecido al margen? ¿Qué no habríamos oído decir a Irene Montero, muda ante esta agresión acaso porque comparta la admiración por la banda que en su día expresó públicamente su pareja? ¿Y hasta dónde habría llegado la voz de la presidenta Chivite, a quien los organizadores de esta farsa regalaron la poltrona que hoy deshonra callando? En cuanto a la Justicia, no ya ciega sino sorda ante el clamor de los acosados, cuesta creer que sea cierto tal ejercicio de ingratitud preñada de cobardía. ¿Habrían tolerado jueces y fiscales de la Audiencia Nacional que inmigrantes, gentes de color o cualquier otro chivo expiatorio habitual en las sociedades enfermas fueran tratados en Alsasua como lo han sido los guardias civiles a quienes deben la protección que reciben? Lo dudo. Tratándose de la Benemérita, en cambio, miran hacia otro lado. ¿No les dará vergüenza?


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