AGLI Recortes de Prensa   Martes 1 Septiembre  2020

El PP no es oposición para Sánchez
EDITORIAL Libertad Digital 1 Septiembre 2020

Pedro Sánchez pretende eliminar la oposición. De momento lo hace por la vía de responsabilizar a los partidos tentados de fiscalizar la inacción del Gobierno de todo lo que pueda ocurrir con el coronavirus. El presidente del Gobierno parte del supuesto de que el virus es como la peste negra en la Edad Media, un castigo celestial frente al que no se puede hacer nada más que rezar al dios Sánchez y mantenerse unidos bajo el divino manto del líder socialista.

Es incapaz de reconocer sus fallos y de admitir sus culpas, incapaz de mostrar la menor solidaridad con quienes han perdido seres queridos, sus negocios o sus trabajos, incapaz de dejar a un lado la política partidista. Por eso se niega a reconocer el verdadero número de fallecidos a causa de la enfermedad. Han pasado ya muchos meses y Sánchez sigue aferrado a cifras falsas, a datos erróneos y manipulados. Preside el Gobierno que peor ha gestionado la crisis sanitaria y todavía no se ha dado por enterado.

Todo lo contrario. El líder socialista presume de su nefasta gestión y de sus funestos aliados, de Fernando Simón y de ese Podemos cercado judicialmente. Tanto le da que haya caído el PIB más de veinte puntos, que aumente el paro, que no se paguen los ERTE o que no se tramite el Ingreso Mínimo Vital, la gran promesa para no dejar a nadie atrás y que se ha convertido en el símbolo de las mentiras del Gobierno y de la incapacidad de la Administración. Tanto le da también que se agoten la existencias de medicamentos esenciales para tratar a los enfermos del coronavirus, cuando prometió que no faltarían instrumentos para combatir la segunda oleada de la enfermedad. Todas sus promesas son papel mojado, como los cambios legales que se iban a hacer para no depender del estado de alarma.

La realidad es que el Gobierno no ha aprendido nada, no ha tomado nota de nada, no ha preparado nada. A Sánchez sólo le interesa la política partidista de más baja estofa y no tener oposición. De ahí el bochornoso discurso de este lunes en la Casa de América de Madrid ante unos empresarios estupefactos por la pavorosa ausencia de medidas concretas en un discurso de una hora. Era de esperar que Sánchez no hiciera autocrítica. No tanto que fuera incapaz de desgranar una sola medida para hacer frente a la severa crisis económica que ya está encima.

La insistencia del presidente del Gobierno en reclamar unidad ciega y acrítica contrasta, por otro lado, con la débil oposición del PP, que sacrificó a su portavoz en el Congreso, Cayetana Alvarez de Toledo, para dar satisfacción a los echeniques y ferreras de turno. Hay una parte del PP que está dispuesta a hacerle el juego a Sánchez, a comulgar con el eslogan de Iván Redondo, ese "España puede" que es una burla contra los miles de españoles que lo han perdido todo por culpa de la incapacidad del Gobierno, de la soberbia de Sánchez e Iglesias, de la incompetencia de Illa y Simón, de la ineficiencia de Calviño y María Jesús Montero, de la frivolidad de Irene Montero, Isabel Celaá o del desaprecido Castells, de la estulticia de Calvo, Ábalos y los demás.

Se trata de ese PP timorato al que le preocupa más lo que vaya a hacer Álvarez de Toledo con su escaño que las graves consecuencias que tiene para los españoles que no se haga frente a individuos como Sánchez e Iglesias, que no sólo han demostrado que son capaces de llevar España a la ruina sino que chapotean en la miseria que han provocado sin que el PP sea capaz de enfrentarles con la realidad.

El gusto gubernamental por las prohibiciones
José María Rotellar okdiario 1 Septiembre 2020

El Gobierno español es el que peor ha gestionado la doble crisis -sanitaria y económica- derivada del coronavirus, como muestran todos los datos, tanto sanitarios como económicos. El otro día decía que nos encontramos ante un gobierno irresponsable e incompetente, y los datos así lo atestiguan, tanto por no haber sabido frenar la expansión de los contagios a tiempo, como por hacer que primasen intereses políticos como los de la manifestación del ocho de marzo, por desasistir a las residencias de ancianos, por restringir duramente libertades esenciales y por cerrar la economía, que está hundiendo a muchas empresas y familias, al dejarlas sin su forma de vida.

Esas restricciones comenzaron con un duro estado de alarma que encerraba a las personas, suspendiendo su derecho a la libre circulación y reunión y cerrando gran parte de la actividad productiva española. Se cerraron, por ejemplo, los centros escolares y universitarios y se establecieron controles férreos para comprobar la justificación de los desplazamientos. Al poco tiempo, algo antes de Semana Santa, se cerraron todas las actividades que el Gobierno consideró como no esenciales, con una paralización completa de la actividad económica.

Aparecían colas en las puertas de los supermercados, los cuales no contaban con algunos de sus productos derivado de la histeria que se instaló en la población a raíz de la gestión pésima del Gobierno, que no daba seguridad a los ciudadanos. Cuando pasaron semanas, el Ejecutivo, como si nos hiciese un regalo, nos dejó salir un rato a pasear o a hacer deporte, con limitaciones horarias y de distancia a recorrer. Posteriormente, estableció un calendario de fases de reapertura que nos llevaba hacia una situación que el presidente Sánchez calificaba de “nueva normalidad”, que no era otra cosa que la anormalidad más absoluta, pues muchas restricciones no desaparecían, anormalidad en la que seguimos instalados.

Entonces, tras estar meses negando la necesidad de emplear mascarilla, se obligó a la población a utilizarla en determinados momentos. Posteriormente, las CCAA dictaminaron su obligatoriedad en todo momento, aunque la distancia social se cumpliese. Junto a ello, la prohibición de fumar en terrazas o en la calle -hasta el absurdo de no dejar fumar a un matrimonio si están solas en una misma mesa de una terraza, cuando son personas que están conviviendo-, el cierre de todo el ocio nocturno o la obligación a bares y restaurantes de cerrar a la una de la madrugada, sin poder admitir clientes a partir de medianoche, son otras de las muchas restricciones impuestas, que además de coartar nuestra libertad, causan un perjuicio económico profundo. Hasta registros selectivos por regiones se han implantado a la hora de visitar otros lugares de España, dentro de este carrusel de intervencionismo.

Todo se envuelve en una justificación de protección paternalista de las administraciones ante la pandemia, pero lo que subyace es un gusto gubernamental por intervenir en la vida de los ciudadanos, por establecer una serie de restricciones en sus vidas. En definitiva, se esconde debajo un gusto gubernamental por prohibir, porque quienes nos gobiernan, incluso en muchas ocasiones quienes defienden posturas liberal-conservadoras, tienen una cierta tendencia a querer decirnos qué hemos de hacer en cada momento, bajo el supuesto de que los ciudadanos no saben ni qué quieren ni conducirse por la vida y que es el Estado el que sabe mejor que ellos qué les conviene. Dicho supuesto es falso, pero empleado hasta la saciedad por los poderes públicos en múltiples ocasiones. Esperanza Aguirre dijo en una ocasión que los intervencionistas iban a terminar queriendo saber hasta lo que hacemos en nuestro dormitorio. Al paso que vamos, va a terminar siendo así.

Por ello, siendo graves todas las restricciones que se han tomado y las que todavía persisten o se incorporan, lo peor es pensar que cuando desaparezca la emergencia sanitaria a buen seguro que intentarán que algunas prohibiciones actuales, que deberían ser excepcionales -y, mejor aún, que no deberían haber sido impuestas nunca-, se mantengan. Ojalá me equivoque, pero la tentación intervencionista sobre la vida de los ciudadanos de las administraciones y de los políticos y burócratas que las gestionan es tan fuerte que parece difícil que con alguna excusa no traten de mantener ciertas restricciones, como la de fumar, por ejemplo.

En lugar de aplicar restricciones que son más de cara a la galería y la propaganda que realmente eficientes, las administraciones deberían tratar de hacer que el terreno fuese el más adecuado para recuperar completamente la actividad económica y el empleo y devolvernos toda nuestra libertad, pero el principal responsable de esta triste situación, que no es otro que el Gobierno de la nación, no parece que esté por la labor, pues el intervencionismo está impregnado en su acción de Gobierno, al tiempo que desiste de sus obligaciones, provocando una descoordinación y caos regional en cuanto a las normativas existentes, que llegan a competir entre ellas en los niveles de restricción de nuestras libertades.

Sánchez, ni sincero ni creíble
Editorial ABC 1 Septiembre 2020

Sobre el papel, el presidente del Gobierno hizo ayer un llamamiento a la unidad política que habría sido digno de elogio si no hubiese convertido su convocatoria al empresariado en su enésima plataforma de propaganda. No se trata de cuestionar cualquier apelación a la unidad o a la cohesión, ni de despreciar su requerimiento a los partidos para «arrimar el hombro». Se trata de determinar si su inclinación perpetua a la mentira lo hace creíble. Y no es así. Sánchez decidió iniciar el curso con una fotografía junto a empresarios para tender su enésima trampa a la oposición, ahora que se ve acuciado por los peores datos de rebrote del virus y por las cifras más negativas de PIB y de empleo de Europa. Y no será porque no se lo advirtieron en marzo el PP o los empresarios, a los que ha ninguneado. Utilizar al mundo financiero para enviar mensajes a Pablo Casado cuando no lo ha recibido en La Moncloa en seis meses, o cuando no lo ha telefoneado en tres, no deja de ser una estrategia forzada. Ayer Sánchez solo ofreció un mitin. Cuando le interesa, «España debe entenderse con España» porque el virus no tiene ideología, y cuando no le interesa, criminaliza a la derecha, promueve cordones sanitarios y aprueba normas para fracturar a la sociedad. El problema de Sánchez ya no es el buenismo intrínseco a su inabarcable capacidad de generar demagogia con el feminismo, el cambio climático o los derechos civiles, sino que no es creíble.

Sánchez plantea iniciativas a las que nadie puede oponerse, como la unidad, la lealtad entre instituciones, la generosidad..., pero en realidad se trata de un chantaje moral: quien no claudique a sus exigencias es un enemigo de España y un antipatriota culpable de las dificultades para salir de la pandemia. Si su llamamiento al PP hubiese sido sincero, lo habría cultivado con la misma lealtad que ahora demanda. Pero Sánchez siempre ha optado por el sectarismo y el desprecio al rival, y para su desgracia estas trampas ya se detectan a distancia. Los empresarios se fueron ayer con un discurso repleto de vacuidades, con una declaración de intenciones genérica pero inútil, y sin compromisos expresos para la reconstrucción.

Culpar al PP ante los empresarios de que no haya «instituciones fuertes» porque se resiste a negociar la renovación del TC o del Poder Judicial no solo es deslegitimar a sus actuales integrantes, sino también olvidar que si alguien llegó a bloquear durante tres años estos relevos fueron el PSOE y sus vetos obsesivos. Lo idóneo es la renovación, algo por cierto que al empresariado le toca de refilón, pero el PSOE no es nadie para dar lecciones de puntualidad en el cumplimiento de sus obligaciones democráticas. Por eso, el «nuevo clima político» que exige Sánchez no puede basarse solo en la sumisión de la oposición sin renunciar a nada.

Iglesias, morado de asfixia
Tomás Gómez La razon 1 Septiembre 2020

Que a Sánchez no le va bien lo dice hasta el propio CIS, si sus estudios se leen con atención y entre líneas. La gestión de la crisis sanitaria le empieza a pasar factura, se está produciendo un desapego de los sectores ideológicos de la izquierda más moderada que se muestran críticos con el presidente.

Lo que en realidad ocurre va más allá de la Covid-19, rechazan la coalición con Podemos por razones ideológicas. Sánchez, sin embargo, ha convertido su problema en un instrumento para exterminar a su socio de gobierno.

La reunión con los empresarios previa a todo proceso de diálogo con el PP ha irritado a populares y a podemistas. Los primeros le han acusado de intentar forzar el acuerdo a Pablo Casado y los segundos se sienten incómodos porque no encaja en su relato de gobierno.

Pero lo que más ha encrespado las relaciones entre los socios políticos ha sido la decisión de Sánchez de pactar los presupuestos con Ciudadanos. La primera reacción fue muy contundente, vetando públicamente que el PSOE negocie los presupuestos con los naranjas.

Sin embargo, que a Sánchez no le vaya bien, no significa que sea más débil. Se ha dado cuenta de que su debilidad se la puede traspasar íntegramente a Pablo Iglesias, a la que ya acumula el podemista después d los últimos fiascos electorales.

El gran error del líder podemista ha sido creer que Sánchez iba volver a jugar, como en las últimas ocasiones, pactando a cambio de pagar un alto precio por los apoyos parlamentarios.

Lo que está haciendo el socialista es justo lo contrario: obligar a que se ofrezcan barato los minoritarios. Iglesias ha tardado unas pocas horas en dar marcha atrás a su veto inicial, sabe que lo único que le falta es aparecer ante la opinión pública como el responsable de una ruptura por poner como condición otro acuerdo con los independentistas.

Tirando del ronzal a Casado, estrangulando a Podemos hasta dejarlo amoratado, pero de asfixia y alejándose del independentismo, Sánchez intenta recuperar el centro izquierda que tanta falta le hace.

Aunque para toda la operación tiene un colaborador necesario, Ciudadanos, el grupo político con más hambre de poder de toda la cámara parlamentaria. En Moncloa alguien ha tenido un olfato especial para detectar qué es lo que estaría dispuesto a hacer parte de la cúpula naranja por tener una cartera ministerial.

En resumen, Sánchez puede dar la vuelta a su situación política, no porque lo vaya a hacer mejor, sino porque ha descubierto que los partidos pequeños han dejado de ser pirañas con las que hay que contar como un mal necesario, para convertirse en alegres carpas de pecera a las que se les echa comida para peces dos ves al día y que están felices por creer que tocan con la punta de los dedos el poder. Claro que en Moncloa siempre hay alguien que lo puede estropear todo.

No es patriotismo sino propaganda
Editorial El Mundo 1 Septiembre 2020

El mayor obstáculo no está fuera sino dentro del Gobierno: es a Iglesias y no a Casado al que los empresarios miran con justificada prevención

El objetivo del acto de ayer en la Casa de América era evidente: rodearse de importantes empresarios para vender imagen de responsabilidad económica al inicio de una traumática rentrée. Y usar esa escenificación para presionar a Pablo Casado, con quien se reunirá Sánchez mañana, de forma que su negativa a negociar unos Presupuestos con Podemos en el Gobierno se interprete como rechazo egoísta a la mano tendida por el presidente. Pero el formato de la comparecencia resultó tan ceñido a los superficiales dictados del marketing político que parece muy difícil tomarse en serio la voluntad reformista y la oferta de unidad enunciadas a bombo y platillo por Sánchez.

Fue un largo discurso lleno de apelaciones bienintencionadas. Pero Sánchez tiene muchas huellas que borrar para que su patriotismo suene creíble. Su obsesión por la imagen y la contrastada fragilidad de su palabra -rara vez avalada por sus hechos- suenan al enésimo ejercicio de propaganda en los oídos de cualquier español angustiado por la nueva ola vírica, por la flagrante imprevisión educativa y por el temible impacto de la recesión. Sánchez no parece entender que se dirige a una nación traumatizada que ha enterrado a 50.000 compatriotas y sale de un verano demoledor para su primera industria nacional.

Como contamos hoy, se han precipitado los cierres de hoteles en las zonas más castigadas por la ausencia de extranjeros. En toda Mallorca, por ejemplo, ya solo quedan unos 200 establecimientos abiertos en este septiembre. El sector prevé ya unas pérdidas de 98.000 millones esta temporada. Y exige extender sí o sí los ERTE hasta Semana Santa para evitar una catástrofe laboral en primavera. Más de la mitad de la caída de PIB prevista para España este año -en torno al 15%- se deberá al pinchazo del turismo, que ha caído un 63% de la actividad turística en el tercer trimestre y se espera que se desplome un 58,1% en el último. En el medio plazo, siguen empantanadas reformas pendientes como la de las pensiones: en el día de la reactivación del Pacto de Toledo, los actuarios advierten de que los jubilados reciben del Estado un 51% más de lo que aportaron. Un horizonte insostenible. Esta es la radiografía real del país al que Sánchez, recién aterrizado de sus vacaciones, dirigió ayer su orquestado rapto de entusiasmo.

Como le recomendó José Luis Martínez-Almeida, que se estrenaba en funciones de portavoz, Sánchez debe hablar menos y escuchar más. Es él quien debería prestar oídos a las necesidades de los creadores de riqueza y empleo en lugar de esgrimirlos como un atrezo intimidatorio contra el líder de la oposición. El mayor obstáculo para afrontar esta crisis con realismo no está fuera sino dentro del Gobierno: es a Iglesias y no a Casado al que los empresarios miran con justificada prevención. Es el radicalismo de los socios de investidura de Sánchez el que aleja sus proclamas ecuménicas de cualquier credibilidad. Su problema no es el PP sino las alianzas a las que debe su poder, sin parangón con ningún gobierno de Europa. Y eso lo sabe el Ibex tanto como Bruselas.

Tic-tac
Ana I. Sánchez ABC 1 Septiembre 2020

Agosto concluye sin noticias sobre la moción de censura que Vox anunció con fiereza para septiembre. No se sabe qué semana se presentará, quién será el candidato ni qué programa de gobierno defenderá. Y cada vez que algún dirigente de este partido es preguntado por estas cuestiones la respuesta da vueltas sobre frases gradilocuentes que hacen sospechar que no hay noticias de su candidato porque no lo tiene, no concreta la fecha de su presentación porque no puede y no desmenuza el programa de gobierno porque no lo sabe. Más que tender una trampa a Pedro Sánchez y Pablo Casado da la sensación de que Santiago Abascal se ha emboscado a sí mismo.

La iniciativa nació rodeada de malos augurios.

La realidad es tozuda y las cifras más todavía. Es evidente que no hay posibilidad alguna de que diputados del PSOE, Unidas Podemos o cualquiera de los socios de la coalición apoyen a un partido que lanza una moción contra ellos. Abascal ya lo sabía en julio y lo que en realidad diseñó fue una operación para asumir el liderazgo de la derecha intentando dar el golpe de gracia a Casado. «El PP se suma a la moción de censura de Vox», esperaba leer en los días siguientes. Pero no calculó bien los riesgos. Los populares no se dejaron presionar y dieron al traste con la estrategia. Ahora el resultado será lo contrario de lo que pretendía: afianzar a Casado en el centro-derecha y, como grave daño colateral, reforzar a Sánchez. Es evidente que Vox no aprendió la lección de Podemos. Lo que llegados a este punto resulta incomprensible es que en vez de asumir el traspié e intentar minimizar los daños con inteligencia, Abascal se empeñe en apretarse más y más la soga al cuello.

Si se critica que aún no tiene candidato -el líder no quiere presentarse para perder- la dirección asegura que el nombre tarda porque se busca «un perfil de consenso, claro liderazgo y una trayectoria profesional intachable». Así que ahora Vox ya no solo tiene el reto de presentar una moción de censura sino que también debe encontrar un candidato capaz de rendir al hemiciclo. Casi nada.

Si se cuestiona a Vox por el error de cálculo de su operación, contraataca por tierra, mar y aire pregonando las razones que justifican su moción de censura. Argumentos la mayoría sólidos que a ojos de cualquier votante conservador motivan un cambio de Gobierno y son idóneos para una campaña electoral, pero que utilizados para vestir una moción de censura que camina hacia el fracaso corren el riesgo de perder fuerza y parecer insuficientes. Vox se enfrenta así a un tercer reto que es el de no agotar su propio discurso.

En este suma y sigue cabe añadir unas cuantas contradicciones. Abascal aseveró en julio que su moción de censura no era una cuestión numérica, pero la realidad es que sin números no puede salir adelante. También sostuvo que el objetivo era salvar España de Sánchez pero va a mantenerla en sus manos. Afirmó, por último, que valía más perder mil veces que ser un espectador pasivo de la ruina. Un buen lema cuando no hay nada que malograr pero un arma de doble filo en el caso que nos ocupa ya que en otoño puede saltar por los aires la mayoría que aupó a Sánchez a La Moncloa. La estrategia de la oposición ante este posible cambio de tablero puede ser discutible pero no lo es que cualquier escenario que permita al Gobierno proyectar una imagen de fortaleza dificulta su desgaste. El reloj de Abascal hace tic-tac marcando la cuenta atrás para una moción de censura que se ha reconvertido en una enmienda a la totalidad... contra su propio partido.

Vox, Vox, Vox, Vox
Nota del Editor 1 Septiembre 2020

Si no apoyamos a Vox, seguiremos bajando al pozo sin fondo de los desastres. El PP ha demostrado su incapacidad, su traición y no merece credibilidad alguna. Y si alguien tiene la necesidad o desgracia de estar sujeto al imperio de Núñez, ya sabe lo que es sufrir por ser un anormal español hablante que tiene que ser normalizado en la lengua regional. El PP nos ha mareado durante más de cuarenta años y seguir pensando en son parte de la solución, es una locura, siempre han sido una parte importante del problema de España.

La unidad, según Sánchez
Cayetano González Libertad Digital 1 Septiembre 2020

El presidente del Gobierno ha vuelto de sus vacaciones estivales haciendo un llamamiento a la unidad a todo el mundo mundial, para hacer frente a las dos graves crisis generadas por la pandemia: la sanitaria y la económica. Hizo ese llamamiento en la rueda de prensa que ofreció el pasado martes tras el Consejo de Ministros y lo ha vuelto a repetir este lunes en el acto con empresarios y agentes sociales en la Casa América de Madrid.

El problema que tiene el presidente es que carece de credibilidad y auctoritas para hacer este tipo de llamamientos desde que formó un Gobierno de coalición con un partido antisistema como Podemos y su investidura salió adelante gracias al apoyo de los independentistas catalanes, los nacionalistas vascos y los herederos de ETA. Desde que preside un Gobierno que no quiere facilitar la cifra real de muertos por el coronavirus. Desde que España es el país con más contagiados por de covid-19 por cada 100.000 habitantes.

Venir ahora haciendo llamamientos a la unidad, cuando se prevé un otoño-invierno más que caliente tanto en el frente sanitario como en el económico, suena por lo menos a oportunismo, a intentar diluir su responsabilidad como presidente del Ejecutivo. Empiece Sanchez por predicar con el ejemplo y evitar el espectáculo de desencuentros y desavenencias sobre cuestiones no baladíes con sus socios de gobierno. Pero no pida a los demás lo que es incapaz de hacer él.

El presidente está poniendo toda la carne en el asador para meter toda la presión al PP, a fin de que se sume a esa tramposa unidad que predica. Es el mismo Sánchez que en estos meses de la crisis más grave que ha sufrido España ha ninguneado al líder de la oposición. Pero ahora le conmina a sumarse a acuerdos como el de los Presupuestos o el de la renovación del CGPJ o del consejo de RTVE. Y para incrementar esa presión utiliza toda la artillería mediática que tiene a su disposición, y no solo esa. El acto de este lunes con los empresarios tenía también esa finalidad: crear un clima del que el PP difícilmente se pueda escapar.

El PP es, a día de hoy, quien tiene que liderar la alternativa al Gobierno social-comunista de Sánchez e Iglesias. Y lo tiene que hacer desde el lugar donde le han puesto los ciudadanos, la oposición; por lo que su función principal es oponerse y controlar un proyecto ideológico como el que abanderan los líderes del PSOE y Podemos, que persigue la destrucción del régimen constitucional del 78, Monarquía incluida.

El principal partido de la oposición no debe entrar en ese juego de la falsa unidad que le plantea Sánchez. Para eso ya está Ciudadanos, y así le irá en próximas citas electorales, empezando por Cataluña. El PP tiene que plantarse, resistir el aluvión de presiones y críticas que ya está recibiendo de unos y de otros. No debe seguir negociando la renovación de los órganos judiciales porque lo único que persigue el Gobierno es controlarlos para lo que pueda venir. Tampoco debe apoyar unos Presupuestos en los que esté Podemos. Es de esperar que Casado se lo deje muy claro a Sánchez cuando este miércoles se reúna con él en la Moncloa, y que después lo comunique también a la opinión pública.

El PP tiene que elaborar y plantear una alternativa sólida, solvente, atractiva al actual Gobierno y limitarse, que no es poco, a ejercer su labor de oposición. Recibirá bofetadas por todos los lados, pero será el momento en que se ponga de manifiesto la fortaleza y la consistencia política de Pablo Casado, que a día de hoy, y transcurridos dos años desde que ganó las primarias en su partido, tiene, en expresión un tanto cursi, bastante margen de mejora.

La inquietud de las estatuas
Juan Carlos Girauta ABC 1 Septiembre 2020

Ha concluido Narciso sus vacaciones de escolar, que no perdona. León de la siesta, pantera del descanso. No va a mostrarse con legañas y bostezando; lo suyo es aparentar que ha dedicado el agosto a pensamientos de enjundia. ¿Acaso unas reflexiones a lo Azaña, elegantes, tardías y trágicas? No. El agitador profesional de cubiletes, el rey del descuido, tiene otros dones, no le pidas ideas. Y no hay en el mundo del moderno trilero campo más prometedor que la política de las bellas palabras. Esas que no suponen nada, que no exigen nada, condición sine qua non para que las acepte con el croissant mañanero, zumo, hotel y conferencia, un sistema de poder que en España tiende a la parálisis.

Nuestro establecimiento ha tomado por modelo a las estatuas. Ojo, estatuas inquietas, la tensión está ahí, enterrada alma adentro.

¿Y si no es el hombre? -le pregunta un consejero delegado a una puerta giratoria con corbata que inmediatamente adopta, cual Proteo polimorfo, aspecto de exministro socialista. Uno de esos que se ha librado de la última mota de polvo ideológico sin soltar el carné del PSOE. Porfiar en esa militancia cuando no tienes nada que demostrar es la prueba de que el PSOE no es un partido. Es el Movimiento. Habría que tener un Ministerio del PSOE igual que había un Ministro Secretario General del Movimiento. El próximo ejecutivo del PP, cuando caiga el turno, debería nombrar su «ministro del PSOE», reconocer de una vez por todas que el PSOE y España son inseparables, y aun intercambiables.

La PSOE es el lugar estético y, digamos, moral donde los españoles van a parar por defecto. Así se ha diseñado con tanto sacrificio esta democracia. Desde aquella noche de octubre del 82 en que los redactores de TVE destacados en los dominios de Guerra lloraron y levantaron el puño, la construcción de la normalidad nunca ha interrumpido la transmisión de un conocimiento gnóstico manejado con primor: PSOE y Estado son Cástor y Pólux, y el segundo comparte voluntariamente con el primero su inmortalidad. ¿A quién podría extrañar que tantos falangistas cansados vivieran una segunda juventud, los ojos iluminados, cuando descubrieron al inigualable Felipe González del fragor de principios de los ochenta?

Consciente de que mi digresión es mayor que mi tesis (y sin dejar de recordarles, a riesgo de parecer impertinente, que una columna no tiene por qué contener ninguna tesis), vuelvo a Narciso. Ayer relajó a las estatuas, no fueran a inquietarse más, con un plan de reformas «de calado», o eso decían las agencias. A saber: «transición ecológica, transformación digital, agenda feminista y cohesión social y territorial». El eslogan, «España puede».

O sea: autoayuda y conjuros. Es un magufo si cree que pronunciando «ecológico» o «feminista» obtiene algo que no sea reforzar -dado su sorprendente cargo- la corriente principal, y básicamente inútil, de los pétreos quietecitos.

Política
Vox apela a PP y Cs porque la moción de censura será para "convocar elecciones de modo inmediato"
ÁLVARO CARVAJAL. Madrid El Mundo 1 Septiembre 2020

El curso político para Vox arranca con la moción de censura como gran hito, pero a falta de dos o tres semanas de que se presente formalmente la iniciativa, el partido de Santiago Abascal necesita sumar apoyos para no quedarse solo. De ahí que este lunes haya apelado a PP y Ciudadanos a sumarse avisándoles de que el objetivo, además de echar al PSOE y Podemos del Gobierno, sería el de "convocar de modo inmediato las correspondientes elecciones generales".

En una rueda de prensa tras la reunión del Comité de Acción Política, Jorge Buxadé ha apremiado a los diputados de la oposición a respaldar la moción de censura ya que, en su opinión, existe una "urgencia de poner fin a las política del Gobierno de Sánchez e Iglesias" por las consecuencias que está teniendo su gestión en las crisis sanitaria y económica.

Por ello, y con tiempo de margen hasta presentar la iniciativa en el Congreso, ha recordado a PP, Ciudadanos y otras fuerzas que Santiago Abascal tiene el despacho "abierto" para aunar a todo aquel que considere que existe "una emergencia nacional para desolojar a Sánchez e Iglesias de la Moncloa".

Como ya avanzara EL MUNDO el pasado 24 de agosto, Buxadé ha dejado ver que la intención última de Vox es acudir a la moción de censura con la promesa de llamar a las urnas. La estrategia de Vox, ha dicho el vicepresidente político de la formación, es la de "dar voz a los españoles que están reclamando que el Congreso de los Diputados responda en un acto auténtico de soberanía y eche al Gobierno de Sánchez e Iglesias y recupere para España un Gobierno que proceda, por supuesto, a convocar de modo inmediato las correspondientes elecciones generales y dar voz a los españoles".

Buxadé ha justificado que la moción de censura "está en la calle" y en "los negocios cerrados". "La moción de censura la hacen los españoles todos los días", ha dicho, sosteniendo que no es consecuencia de una decisión estratégica del partido sino de la "coherencia política" de Vox ante la "emergencia nacional" y de querer "dar voz a todos los que no la tienen". "El pueblo español ya es un grito de 'Sánchez vete ya'", ha remarcado.

El portavoz nacional de Vox no ha querido confirmar aún que el candidato será Santiago Abascal, aunque es con lo que se lleva trabajando desde hace semanas. Tan sólo se ha limitado a decir que será "la persona más capacitada para defender el programa de alternativa" al Gobierno.

INMIGRACIÓN Y OKUPAS
Por lo demás, Vox ha iniciado el curso político tomando de nuevo a la inmigración y a los okupas como sus primeros mensajes. Dos asuntos que tiene pensado convertir en ejes de campaña en las próximas elecciones catalanas.

Buxadé ha alertado de que España ha sufrido durante el verano un "proceso de invasión migratoria" con la llegada de embarcaciones a las costas españolas y ha acusado de "complicidad" a las ONG por enviar barcos para rescatar a estas personas del mar. Asimismo, ha culpado al Gobierno de ser "incapaz de proteger las fronteras" y a los medios de comunicación de "ocultar la realidad" al no informar de ello.

Vox ha vinculado la llegada de inmigrantes con el riesgo de contagio del coronavirus. Primero al recalcar la "injusticia" de que se les hagan PCR cuando a las fuerzas de seguridad se las deja "desamparadas" y sin material de protección. Y, segundo, porque los migrantes que dan negativo en los test son "hacinados" después con el riesgo que eso supone para la "propagación".

Respecto a los okupas, Vox ha abogado por la "expulsión inmediata" de las viviendas a quienes perpetran un "robo" a la propiedad de los españoles y ante la "pasividad" del Gobierno.

Tres lecciones sobre la derecha española
Florentino Portero Libertad Digital 1 Septiembre 2020

Permítame, querido lector, renunciar por una vez al análisis y compartir con usted tres momentos vividos a lo largo de los años que me han venido a la memoria a propósito de los recientes sucesos en la dirección del Partido Popular. Valga como excusa el tiempo de estío y la tendencia a la melancolía que la manifiesta incapacidad de nuestros dirigentes me provocan.

Eran los primeros 80, yo trabajaba en mi tesis doctoral y me disponía a almorzar con un catedrático de mi especialidad. Un sesentón con dos carreras a sus espaldas y dos oposiciones ganadas a cuerpos superiores de la Administración. Católico y sinceramente reformista. En un momento de la conversación me espetó de forma categórica: "No se engañe, joven, la derecha española está condenada a quedarse con los desechos intelectuales de la izquierda. No da para más". Aquella sentencia hacía referencia a la quiebra de la tradición liberal española por efecto de la Guerra Civil y de los 40 años de Franco, y de cómo el centro-derecha emergente no era más que una agregación de altos funcionarios sin formación ideológica o histórica. Reconozco que en su momento me pareció excesiva aquella afirmación. ¡Qué joven e ignorante era yo! ¡Cuántas veces me he acordado de aquel comentario! Él sí sabía. Él sí había acumulado experiencia de vida y estudio para entrever lo que el tiempo nos depararía.

Hace unos años charlaba con uno de nuestros grandes hombres de empresa. Un ingeniero que había dedicado toda su vida a sacar adelante proyectos tecnológicos y a vender sus productos por todo el planeta. Persona muy conocida en el entorno empresarial y con presencia activa en la patronal. Me comentaba: "Mire, Florentino, esta gente no entiende la diferencia entre un consejero delegado y un asesor jurídico, por eso jamás comprenderán la naturaleza del liderazgo". "Una cosa es el qué y otra el cómo", añadía. Con su innata pasión, me explicaba que de un consejero delegado se esperaba la definición de metas, la elaboración de una estrategia y la dirección de equipos, mientras que al asesor jurídico correspondía aclarar cómo lograrlo respetando la normativa. "Si colocas al asesor en el puesto del CEO, has cometido el mayor error de tu vida, y eso es lo que ha pasado en el Partido Popular". No se refería aquel empresario a alguien en concreto, sino al conjunto de la dirección de la derecha española.

Dentro de las actividades del programa de máster que dirijo está el facilitar el contacto de los alumnos con políticos de cierto relieve dispuestos a compartir experiencias. En cierta ocasión, el invitado era una destacada figura del Partido Socialista, alguien con una sólida formación académica y especialidad en asuntos europeos. A la pregunta de por qué los socialistas europeos estaban dejando atrás sus programas clásicos y centrándose en extrañas batallas culturales, algunas ajenas a su tradición ideológica, contestó con naturalidad y casi sin pensárselo: "El socialismo europeo ha muerto de éxito. El programa está agotado y hemos logrado que la oposición se haga socialista. No nos queda más remedio que explorar nuevos terrenos, propios de una época nueva que está dando sus primeros pasos". Los alumnos entendieron perfectamente que el modelo del Estado de Bienestar no daba más de sí y que las nuevas generaciones planteaban otros debates.

Tenemos una derecha que hace suyos los desechos de la izquierda y que se ha convertido en socialista sin saberlo; una maquinaria que no distingue administrar de gobernar, que no tiene más meta que tratar de poner la casa en orden, sin cuestionar el modelo ideológico de la izquierda. Lecciones que he aprendido de quien ha vivido en primera línea y que comparto contigo, amable lector, desde la melancolía que me produce constatar cómo, una vez más, se frustra el intento de revivir el liberal-conservadurismo entre nosotros, de construir un centro-derecha que lidere la transformación de España en los albores de la IV Revolución Industrial.

España, esa gran e inevitable anomalía política
"Quien quiera estar contento que lo esté: del mañana no tenemos certezas": Leonardo de Medici
Félix Madero Vozpopuli 1 Septiembre 2020

Hay que ser muy animoso, o hay que estar muy desconectado de la actualidad y más aún de la realidad -que ambas cosas no son la misma-, para encarar el nuevo curso con un poco de optimismo. No lo soy. Es verdad que nadie me va a quitar las ganas de instalarme en la alegría las veces que quiera, que eso, a diferencia de los contadísimos golpes de felicidad que nos llegan, es cosa que me compete a mí. La frase de arriba abre la última novela de Rosa Montero, La buena suerte, y me ha parecido pertinente compartirla aquí. Sin certezas del mañana.

Pero encender la radio o abrir un diario es labor de riesgo y oficio para temerarios. Uno se propone que el Gobierno de su país no le quite el sueño, y hasta hace porque nadie le dé la murga contándole lo que hace, pero es imposible encapsularse hasta el punto que uno desea.

El Gobierno manda, pero no gobierna
Y quizá le vaya bien así. Podemos cada vez más débil, el PP se enreda cambiando a su portavoz, Juan Carlos se va de España y la gestión de la pandemia se la encasquetan a las autonomías. Si no tiene una flor en salvase esa parte poco le ha de faltar.

La sombra que proyecta lo siniestro nos acompaña sin necesidad de que seamos un empresario del IBEX que da palmas a regañadientes. Y la de la propaganda, la mentira, la falta de rigor. La falacia política como receta para gobernar a un rebaño entontecido con las televisiones y las evoluciones de Messi, la vida amorosa de un torero y los videos enloquecidos de Miguel Bosé.

Y no, no crean que hablo del rebaño pensando en otros. Todos, incluso los muy cabreados formamos parte, porque si no es difícil entender que nos gobiernen con tanta guasa semejantes aficionados, tanto amateur, que, para más inri, si hoy volvieran a pedir el voto volverían a ganar. Y de esto sí que no tiene la culpa Sánchez.

Gobernar sin un plan: a trompicones
Este país es el de siempre, y aún peor. Con el paro en el 23,6%. Con cientos de miles de trabajadores en los ERTE, con millones de padres sin saber si pueden llevar a sus hijos al colegio sin riesgo; a las puertas de una nueva ola de la pandemia; con el PIB por los suelos, -15,1% y con más de 45.000 muertos, ahí está Pedro Sánchez, tan aparente con su bronceado costero como inútil en lo político.

Dio por terminada la pandemia -la peor de Europa-, por su cuenta, pero hoy se contagian 5.000 ciudadanos al día. Dijo que habíamos salido más fuertes, y ya ven ustedes como estamos. Tenía razón ayer el editorialista de ABC cuando se pregunta si este Gobierno tiene algún plan, uno, el que sea, para este país. Un plan en lo sanitario, para la vuelta al colegio, para la economía; un plan para decir algo al millón de parados que hasta ahora se ha llevado el virus. Un plan para la educación, para la igualdad de los españoles, para que no te ocupen tu casa ahora; un plan, por favor, aunque sea malo o inaplicable. Pero uno.

Un plan para armar moralmente a los ciudadanos y tomen conciencia de que cada uno tenemos una responsabilidad ante nuestro país… Pero ¿qué digo y qué estoy pidiendo? Que un grupo de amorales que dice gobernar España vaya a armar moralmente al país es simple y llanamente un contradios, pero este es un argumento recurrente a lo largo de nuestra historia que, en algún momento, habrá que acometer. ¿O no tenemos solución? Lo cierto, y esta es la verdad, es que desde hace décadas España sigue viviendo, o malviviendo, en un desfase entre la realidad social y la estructura del poder político que nos Gobierna.

EL IBEX cautivo y desarmado frente a Sánchez
Ayer los turiferarios empresarios del IBEX, me consta que algunos muy cabreados, fueron a la casa de América a escuchar un discurso impostado de un presidente que sigue teniendo un verdadero problema con la verdad. O una afición desmedida con la mentira, elija usted. Hace dos años los reunió con un cartel a sus espaldas que decía: "Avanzamos". Reparen en los dos últimos años y caigan en los avances. Ayer el cartelón ponía: "España puede". Sólo ante un país narcotizado alguien puede mentir con tanta chulería. Por cierto, en el acto de hace dos años se comprometió a acabar con los aforamientos. ¿Lo recuerdan? ¿No sienten algo de vergüenza ajena ante tanto anuncio, marketing y propaganda?

Ayer, en lo de Herrera, escuché a Javier González Ferrari,  -"España no tiene más que una salida: Por Francia. O sea, salir corriendo".

No encuentro este martes mejor manera de terminar y desearles lo mejor en este nuevo curso instalado, como el anterior, en la anomalía política. De forma especial a aquellos que no se fueron. A los que han vuelto a una empresa que hoy no conocen o simplemente ha cerrado. Tengan buen día amigos. Y mucha paciencia. Sobre todo si es padre o madre y no sabe qué va a pasar con el colegio de sus hijos.

Y no sea un mal patriota. Haga caso a Sánchez y arrime el hombro. Que España, avanza. Que España, puede.

La derrota de España
Antonio Pérez Henares diariosigloxxi 1 Septiembre 2020

MADRID, 31 (OTR/PRESS) Puede que lo peor de todo lo que nos está pasando no sea, y mira que es malo, la mortandad y secuelas de la pandemia y el desastre económico subyacente, sino que de ello salgamos, si no lo estamos ya íntimamente, derrotados. Que nuestra capacidad de rebeldía ante la adversidad y ante los desmanes y mentiras acabe por rendirse y quede sepultada por una resignación creciente y abandonada.

Percibo que cada vez más las gentes, aún sabedoras de lo que se les engañó y engaña, de lo que han pasado, están pasando y van a pasar mañana, se encuentran cada vez más obligadas a no concebir esperanza alguna que no sea el aguantar como sea. Que lo único cierto es que a los que gobiernan y quienes sin hacerlo también las representan en realidad lo que a los demás nos suceda les importa literalmente una mierda. Que van a lo suyo y a sus cosas y todo su interés es lograr llevárselo al huerto y comerse ellos los tomates. Los hay abducidos, claro, que se creen a pie juntillas las proclamas de los "suyos" y combaten con saña y odio crecientes las de los "otros".

Porque para hacer aún más triste el panorama, a la bajada de brazos colectiva, la acompaña la subida del creciente resquemor y el hervor de los rencores que se creyeron para siempre desterrados y que vuelven a ser tóxicos y determinantes en el presente y que ya están marcando un desolador futuro para España.

Porque esa es cuestión esencial. El absurdo convencimiento de las generaciones en absoluto preparadas, como tanto se alardeaba, sino malcriadas en la monserga de que el futuro, por derecho y sin que ellos hubieran de hacer nada por ello, había de ser obligatoriamente mejor ha dado paso a la incapacidad de afrontar la realidad contraria. Han tenido, sin esfuerzo, de todo y por ello, precisamente por ello, no estaban preparados para nada y menos para esto. Y bien que lo están demostrando. Va a ser, sin duda, esta su prueba de fuego y o la superan o acaban socarrados. Y a primera vista uno diría que ni siquiera son conscientes de ello y más bien están en el griterío y pauta, tantas veces recitada y consentida, de "más me des que más me merezco " aunque yo no haya hecho nada por merecerlo.

Las generalizaciones son perversas e injustas pero de ello hay, pero que bastante, en nuestros jóvenes. Y nadie se atreve a decírselo. Al revés, desde el populismo podemita si algo se fomenta es exactamente lo contrario.

Suele decirse al hablar de empresas y fortunas, que los abuelos las crean, los hijos las disfrutan y los nietos las dilapidan y arruinan. Pues en vez de poner empresa y fortuna, pongan Nación y España y la ecuación parece estarse cumpliendo a rajatabla. Estos nietos de aquellos que hicieron la Transición y trajeron la Democracia, a quienes desprecian y escupen, son los que tiene ante sí ahora su momento decisivo, y no solo es la peste viral sino la situación global de nuestra patria y a que punto ya ellos la han, en estos últimos años, desde primeros del 2000, abocado.

Hasta el momento no diría yo que se va ganando y avanzando en nada sino cogiendo velocidad hacia el despeñadero. Igual que en la respuesta a la pandemia, aunque allá al comienzo del verano el Gran Caudillo Salvador, y prototipo exacto de esta generación en lo que a esfuerzo y trabajo se refiere, proclamara con gran alarde y ensordecedor trompeteo mediático su Triunfo sobre el Mal. "Salimos más fuertes" fue y es el lema de su Victoria. Ya se sabía que era mentira y da igual también ahora que sea evidente que mentía. En España la verdad hace mucho que fue derrotada y enterrada. Para ella no hay memoria histórica que valga.

El fin de una civilización
Miquel Giménez. vozpopuli  1 Septiembre 2020

Está desplomándose una manera de entender la vida, la sociedad, las leyes, incluso el ser humano. Es el fin de Occidente

Maquiavelo auguraba al príncipe que hiciera dejación de su autoridad un gran esfuerzo y peligro cuando quisiera recuperarla. Porque de eso hablamos, del cuestionamiento a la autoridad entendida como un molde que hay que destrozar para ser sustituida por otra, que no por nueva debe ser mejor. Lo vemos en todos los países de eso que venimos denominando Occidente. El desafío a las leyes, a la historia, al concepto religioso, al orden democrático y, en suma, a la herencia cultural y política de los últimos veinte siglos está presente en las calles. Las turbas andan sueltas derribando estatuas, arrasando comercios, vulnerando las leyes y atribuyéndose un papel revolucionario, antifascista y redentor de no se sabe cuántas causas. Qué burla más cruel.

Es el derribo meticuloso de un edificio en el que tantas cosas buenas se han producido y no hay político ni filósofo que se plante ante la horda y diga que hasta aquí han llegado. Las manos de los George Soros son poderosas y han sabido proveer de mucho dinero a todos los interesados en subvertir el sistema, derrocándolo, bien desde su propia sala de máquinas, bien desde el tumulto callejero. Todo vale si se erradica el humanismo que combate a la sociedad piramidal en la que el individuo no es nada mientras el partido-estado lo es todo.

Hemos entregado el poder a irresponsables y el resultado, como prevenía Tayllerand, ha sido comprometer el reposo de la sociedad. Casi no disponemos del menor dispositivo para frenarlas. Han sabido aprovechar la petulante estupidez del votante que prefiere comer vómitos ajenos que seguir una dieta de argumentos propios.

Algunos dicen, usando un gárrulo remoquete, “disfruten lo votado”. Pero nadie puede disfrutar en un naufragio, una explosión, una estampida, ni siquiera los que ayudaron a que se produjeran. Estamos inmersos en el remolino de la historia que se nos lleva a todos por el sumidero. Bueno. Tampoco es tan grave, ni siquiera inédito, otros imperios cayeron antes y veinte siglos de pensamiento no serán más que un jalón en el devenir de la humanidad. La diferencia con los griegos clásicos, con el Egipto de Ptolomeo o los emperadores del Sacro Imperio es que nosotros no dejaremos más que carcasas de móviles, música ramplona y, en el caso español, los suplementos dominicales de lo país. Ellos, en cambio, dejaron para la posteridad un legado mucho más importante.

Somos hijos de una cultura antaño poderosa que está siendo asesinada con el cuchillo del hedonismo y la autocomplacencia. Moriremos de ombliguismo, de ceguera moral, de inacción. Mientras tanto, los criminales, esos nuevos bárbaros, campan a sus anchas despreciando la ley y a sus representantes, haciendo apología del robo, del desprecio a la autoridad, aniquilando la convivencia y escupiendo en las instituciones con la chulería de quien se sabe impune por el apoyo de quien debería pararles los pies. Lo repito, es el fin de esa civilización que admiraba las bibliotecas, que cedía el asiento a los mayores, que no gritaba en público ni en privado, que se sentía orgullosa del esfuerzo, del intelecto, de la ciencia humanista y que sentía la pulsión de la divinidad en su interior.

Será triste cuando todo eso se acabe de demoler – poco queda ya – y lo que venga sea un nuevo mundo basado en la exaltación de la bestia y sus más bajos instintos. Caímos en un buenismo suicida y pensamos que la multitud era el bien, era el futuro. Nada más equivocado. Esa multitud, cuando se le delega la autoridad, es más cruel que el peor de los tiranos. Lo dijo Sócrates sin haber visto las manifestaciones que suceden cada día en este 2020, lo cual tiene un mérito extraordinario.

Porque la masa siempre es egoísta, irreflexiva y violenta. En cambio, el individuo es lo contrario. De ahí que el comunismo siempre se haya definido como movimiento de masas, igual que el separatismo o los totalitarismos de toda laya. He ahí a nuestros verdugos, he ahí la Bestia. Adiós, cultura; hola, ley de la selva.

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La desvergüenza de Pedro y la falta de vergüenza del Ibex
Jesús Cacho. vozpopuli  1 Septiembre 2020

A su imperial majestad solo le importa reinar aunque sea sobre un montón de escombros, eso sí, con los gloriosos empresarios del Ibex por testigos

“Sucede en ocasiones en la historia de los países que un gran acontecimiento imprime un giro brusco en el rumbo de las sociedades. Pero otras veces, como es el caso, una gran calamidad como esta pandemia no cambia el rumbo de las naciones pero sí acelera ese rumbo. Esto es lo que ha sucedido en esta ocasión con la gran pandemia del Covid-19”. Son palabras textuales del inicio del discurso que el presidente del Gobierno encasquetó este lunes a los españoles a la vuelta de sus vacaciones en Lanzarote y Doñana. Y lo que ha sucedido en esta ocasión con la gran pandemia de la covid-19 lo saben los españoles, aunque nunca lo oirán en labios de Sánchez: cerca de 50.000 muertos, cientos de miles de infectados y un sin número de afectados que han superado la enfermedad pero han quedado con graves secuelas físicas. Eso en la parte sanitaria, porque la derivada económica la conocen también: una crisis de dimensión histórica que ya se ha hecho presente, pero de cuyas consecuencias todavía no somos conscientes.

Lo del presidente fanfarrón y su “Conferencia España puede” fue un insulto a la inteligencia del español medio. Un sermón lleno de tópicos de todo a cien, propio de tienda de chinos. Puro bullshit. El político que deliberadamente ha divido a la sociedad española en dos bloques irreconciliables como nunca antes lo había estado, reclamando cien veces unidad, no se sabe bien para qué aunque se adivina, para caminar tras sus botas cual ratoncitos persiguiendo miguitas, que no para acabar con la pandemia y su destrozo económico, cosa que no parece importar mucho a quien ha tenido los santos bemoles, en el peor momento imaginable, de irse tres o cuatro semanas de vacaciones. Tan moreno, tan pintón, tan repeinado ha vuelto el gachó, tan campante, mientras el país entero asiste, el corazón en un puño, al torrente de los rebrotes y a una crisis a la que no sabe cómo hacer frente, porque a su imperial majestad solo le importa reinar aunque sea sobre un montón de escombros, eso sí, con los gloriosos empresarios del Ibex por testigos, ¿pero qué hacen ahí esos mamones?, postrados a sus pies, que alguno solo le ha faltado la genuflexión.

¡Una de propaganda, marchando! Un prodigio de talento y resiliencia (la palabra que le tiene encandilado) para lo suyo, exclusivamente para lo suyo. El sujeto tapa su inanidad intelectual y política con sobredosis de supuesta actividad, reuniones y convocatorias, citas y conferencias, ruido, mucho ruido, ruido silente y vacío. Una interminable campaña de marketing destinada a gestionar su imagen, porque es lo único que sobradamente ha demostrado saber hacer con la ayuda de los Media y la televisión por fiel infantería. Sermón absurdamente triunfalista, capaz de avergonzar a cualquier cabeza decentemente amueblada, sobre esta pobre España postrada en la UCI de los países sin futuro. Ni asomo de autocrítica en este narciso pagado de sí mismo.

Sánchez pide el apoyo de Casado a unos Presupuestos que nadie conoce. A falta de ese encuentro previsto para el miércoles, Su Señoría no ha hecho ningún acercamiento, ni banal ni serio, ninguna oferta o propuesta, ni siquiera sondeo o consulta, para ver de lograr el apoyo del PP a los Presupuestos, cosa que seguramente resultaría reconfortante para millones de españoles. El que no se cansa de pedir “unidad” ya ha dicho que jamás pactará nada con la derecha. Y para que no quepan dudas, se lleva del brazo a su conferencia, a esa hortera convención american style, a los señores marqueses de Galapagar, para dejar claro a Casado que nuestros Ceaucescu no van a salir del Gobierno mientras yo les necesite, como tampoco esos amigos de la felicidad y el progreso de los españoles que son los separatistas catalanes y los nacionalistas y bildutarras vascos.

Particular asombro producen esos empresarios de cuerpo presente reunidos tras la incuria que nos gobierna, arropándolo, haciéndose cómplices de su no-gobierno, alineándose con la mentira después de haber acabado con ese ejemplo de dignidad política que es, que fue, Albert Rivera. El presidente los utiliza como un clínex de usar y tirar. Botín, Isla, Fainé, Pallete, Galán o Garamendi. A él solo le importa el marketing, la propaganda. Ellos lo saben y por eso les abochorna comparecer acabado el acto para valorar lo escuchado. La desvergüenza de Pedro y la falta de vergüenza del Ibex. Todos hacen mutis por el foro lo más rápidamente posible, sabiéndose en el fondo humillados tras haber tomado parte en este teatro de marionetas en el que nadie cree.

El Sánchez “sobrao” en la desgracia ajena ha terminado su sermón recordando a la gran mayoría de españoles que no le votó, 120 diputados os contemplan, que la legislatura va a ser “larga y estable” (“Tenemos por delante 40 meses decisivos”). Larga y estable, ha repetido dos veces en hispánico trágala, o lo que es lo mismo, no me queréis, lo sé, pero me vais a tener que soportar durante 40 meses y lo que venga. De modo que a los españoles senior no nos va a quedar más remedio que jodernos y aguantarnos; a los jóvenes bien formados y con ganas de labrarse un futuro les queda la alternativa de salir corriendo de este país condenado a la irrelevancia y a la miseria. Mientras España se desliza por la cuesta abajo, una nueva sesión de propaganda. Eso ha sido todo. Y mañana será otro día.

Sánchez, un mentiroso resiliente
Si hay algo más resiliente que Sánchez, a parte de su bronceado, son sus mentiras y las de su Gobierno
Guadalupe Sánchez Vozpopuli 1 Septiembre 2020

Creo que Irene Lozano erró a la hora de poner el nombre al libro que le escribió a Pedro Sánchez a cambio de un carguito, porque debió llamarlo “Manual de resiliencia” en lugar de “Manual de resistencia”. Y es que este palabro tan común en el mundillo del coaching emocional describe a la perfección cómo Su Persona se ve a sí mismo en su función como Presidente del Gobierno: como un junco al que no ha sido capaz de quebrar una pandemia mundial y menos aún los fascistas de la extrema derecha (que, por definición, son todos aquéllos que se sitúan a la derecha ideológica del PSOE). PEDRO I, EL RESILIENTE, un héroe entre sus pares gracias a cuyo gobierno se salvaron más de 400.000 vidas, se prohibieron los despidos y acabó la desigualdad.

Pedro aborda la gobernabilidad del país desde la emoción y no desde la gestión. Trabajar no tiene glamur, es agotador y además tampoco es que granjee demasiados votos. Y por si fuera poco, no le permite lucir palmito, que es por lo que él de verdad se pirra. Su ventrílocuo Iván lo sabe, y por eso le saca el máximo partido a su marioneta, que está encantada de haberse conocido y de que sea el otro el que mueva los hilos mientras él se prodiga en actos que no valen para otra cosa más allá que para su lucimiento personal. Pero eso sí, no a su costa o a la de su partido, sino a la de todos. Porque el escaparate publicitario preferido de Sánchez para pavonearse en público es el institucional: no sólo por una cuestión de repercusión, sino de caché. Y si ya de paso consigue que los ciudadanos vayan desterrando esa idea absurda de que las instituciones han de ser neutrales y comienzan a asociarlas con el PSOE, mejor que mejor: así el tránsito hacia la democracia light, ésa en la que el pueblo vota pero nada decide, se les hará más llevadero.

Para muestra, el último publirreportaje audiovisual organizado por la factoría Redondo (porque de conferencia tuvo más bien poco) al que decidieron bautizar como “España puede. Recuperación, Transformación, Resiliencia”. Básicamente el evento sirvió para confirmar tres cosas:

Primera: que el bronceado conseguido por Pedro durante sus vacaciones en los palacetes del patrimonio nacional es tanto o más resiliente que él. Y es que el Presidente, haciendo gala de su legendaria retórica, nos recordó que “somos una única humanidad”. Eso sí, no a todos nos coge tan bien el moreno.

Segunda: que no van a dejar pasar la oportunidad de gastarse los dineros europeos en justificar la necesidad de sus chiringuitos varios, como el Ministerio de Igualdad o el de Transición Ecológica, cuya virtualidad práctica radica en el bocado que su mantenimiento supone para nuestro bolsillo.

Y tercera: que el Gobierno no tiene otra estrategia para sacarnos de esta segunda ola y evitar que venga una tercera más allá de la propaganda y del relato. Porque mientras el centro derecha sigue instalado en ese marco mental creado por la izquierda que se llama batalla cultural, esta aplica a pies juntillas los manuales de recetas de Müzenberg y de Gramsci: transformar la realidad que conocemos para que la verdad deje de ser eso que experimentamos en nuestras carnes y se transforme en un hecho institucional, en algo que nadie ha vivido pero que nos aseguran desde el Gobierno que ha sucedido. Que aquello con lo que comulgamos porque lo consideramos algo respetable y bueno esté intrínsecamente ligado a la ideología de izquierdas, mientras que lo malo y despreciable a la de derechas. Y es que la ideologización del bien y del mal permite convertir a los ciudadanos en una masa ingente de consumidores de mentiras, que compran que para no ser desterrados del paraíso de bienestar y bondad que les promete la izquierda, no han de dejarse engañar por la manzana envenenada con las que les tienta la malvada serpiente de derechas. Y esta última espera ahí, paciente, a que se consume el desastre para que los millones de Adanes y Evas patrios caigan en la cuenta de que no hay paraíso alguno y que la puñetera manzana es lo único que les queda para comer.

Dirán que exagero y que en España no se tolera que el Gobierno nos mienta.

Pues díganme: ¿acaso alguien se acuerda de las declaraciones de la Vicepresidenta Calvo diciendo que a las mujeres nos iba la vida en acudir a las manifestaciones feministas del 8-M mientras silenciaban las alertas de organismos mundiales y europeos sobre los peligros del coronavirus en los eventos multitudinarios? Porque hubo un off the record de Irene Montero reconociendo que esto fue precisamente así.

¿Y de cuando Podemos presumía de la gestión de Yolanda Díaz y de Pablo Iglesias en sus respectivos ministerio y vicepresidencia, afirmando que habían ideado los ERTE y que gracias a ellos se prohibían los despidos? Porque fue Lastra la que rubricó en nombre del PSOE el documento en el que pactaba con otros partidos (entre los que estaba Bildu) la derogación de la reforma laboral del PP (en la que se contempla, precisamente, la figura de los ERTE). Y de que España está en cabeza de los peores rankings, entre ellos el del desempleo, mejor ni hablamos.

Luego está Pedro afirmando públicamente, ante todo el país, que no había plan B al estado de alarma, que si este no se prorrogaba no habría forma de gestionar la desescalada y de mantener medidas como los ERTE. Y aquí estamos dos meses después, con los ERTE prorrogados tras decaer el estado de alarma y con el Gobierno abrazando el llamado “plan B” para que sean las propias CCAA quienes gestionen la desescalada.

De las mentiras sobre el número de muertos o la importancia del uso de la mascarilla se ha corrido un tupido velo. También sobre el supuesto informe de la Universidad Johns Hopkins que situaba a España en la “gama alta” en cuanto a gestión de la pandemia o de los Comités de Expertos inexistentes que asesoraron al Gobierno. De eso prefiero no hablar porque me da pereza y, además, evocar tanta invención puede acabar resultando perjudicial para la salud.

Si hay algo más resiliente que Sánchez, a parte de su bronceado, son sus mentiras y las de su Gobierno.

España no puede
Pablo Planas Libertad Digital 1 Septiembre 2020

Lo de Pedro Sánchez no tiene nombre. La categoría de narcisista se le queda pequeña. El sujeto no puede ser más ególatra y vanidoso. De ahí que no tenga reparo en convocar a la crema de la clase empresarial sólo por el gusto de reflejarse en el espejo de césar supremo mientras los personajes del Ibex aguantan el tipo estupefactos ante la sarta de tópicos desgranada por el presidente del Gobierno.

Este lunes ha querido abrir el curso político Sánchez con una charla ante los empresarios en la Casa de América de Madrid cuyo único propósito era demostrar que es él y sólo él quien tiene por el mango la sartén de los millones europeos. El ejercicio ha consistido en pasar lista y tomar nota. Por eso la exquisita afluencia al disparatado y bochornoso evento.

También ha servido la charleta para demostrar una vez más que Pedro Sánchez vive del cuento, del marketing político, de las ocurrencias de Iván Redondo y de las frases hechas de sus escritores de discursos. Así que este lunes tocaba jubilar los primeros eslóganes de la pandemia, toda esa basura del "Salimos más fuertes", por un "España puede" que es un homenaje a Podemos y una burla sangrante y descarnada contra toda la gente que ha muerto o que no se iba a quedar atrás y ahora está sin familia, sin casa, sin negocio, sin trabajo, sin ERTE, sin paro y sin Ingreso Mínimo Vital.

Es decir, una nueva muestra de falta de empatía de un personaje al que no le interesa gobernar (para eso ya están las autonomías, manifestó tras volver de vacaciones) sino ostentar el poder, lucir un poder que en sus manos es una fuerza ciega del destino. Que España puede, dice ese vendedor de coches trucados. "Si quiere", añade desvergonzado y como quien se lava las manos. Y con eso, que es menos que una campaña de captación de socios de un equipo de tercera división, le vale al tipo que reside en la Moncloa sin pegar un palo al agua.

Una hora de cháchara se ha tirado sin decir nada, sin proponer una sola medida concreta, sin reconocer un solo error, sin pedir una sola disculpa, sin dar una sola razón, sin exponer una sola idea. El país está en quiebra, han muerto cincuenta mil personas, cae el PIB más de veinte puntos, aumenta el paro, crecen las colas del hambre, el Ingreso Mínimo Vital es mentira, España está a la cola en todos los listados que valoran la gestión de la pandemia y va Sánchez y se casca un discurso para decir que no hay virus de izquierdas o de derechas, que somos una "única humanidad" y que necesitamos instituciones fuertes. Y lo dice él, que ha estado a punto de cargarse la Monarquía, que no ha demostrado humanidad alguna pactando con Bildu y que es un auténtico virus político.

Pero ha dicho más, ciertamente. Ha dicho que no piensa renunciar a los cuarenta meses que le quedan de legislatura aunque España no pueda.

El idiota orgánico colectivo catalán
José García Domínguez Libertad Digital 1 Septiembre 2020

Ríanse de los islamistas, son aprendices de fanáticos al lado de nuestros tarados.

Un buen tema monográfico a debatir en el próximo congreso de la Asociación Mundial de Psiquiatras pudiera versar sobre el origen neuronal de la desviación patológica que impide a los catalanistas, a diferencia de lo ocurrido con la recién clausurada peregrinación de los fieles a La Meca, suspender también ellos su tradicional romería indigenista del 11 de septiembre, la llamada Diada. Y no cabe tomarlo a broma. Cuando yo era pequeño, la izquierda de aquí, la del País Petit, que ya por entonces era mucho más pretenciosa y pedante que la del resto del por aquel tiempo rebautizado como Estado español, no dejaba de perorar sobre el "intelectual orgánico colectivo", muy etéreo sujeto teórico de cuya obra magna nadie acusó recibo jamás, pero cuyas ignotas virtudes emancipatorias salían hasta en la sopa. Luego, pasado el instante de la juventud y de la inocencia, en el caso catalán, que era el que a mí me tocaba, lo que pudimos ver con desolada perplejidad fue la irrupción en escena de un pariente próximo suyo, el idiota orgánico colectivo, ese pastueño sujeto pasivo de todas las escenógrafías corales norcoreanas a las que tan aficionado se muestra el alto mando procesista.

Porque en el resto del planeta, así en los Estados Unidos por ejemplo, tienen a sus propios idiotas dispuestos a morir por la causa que sea. Idiotas como esos negacionistas de la órbita del trumpismo más chalado, los que predican con la fe del carbonero loco que el virus no existe y que, por tanto, rechazan igual el uso de mascarillas que la práctica preventiva de la distancia social. Son sus idiotas de derechas. Tan iguales en el fondo a aquellos mitificados idiotas de izquierdas, los Panteras Negras, cuyos ideólogos oficiales postulaban el "suicidio revolucionario" para derrotar al sistema. Autoinmolación ritual que acabaron llevando a cabo en la práctica 304 devotos del Templo del Pueblo, secta de iluminados surgida de aquel mismo caldo de cultivo intelectual. Porque en todas partes, ya se sabe, hay una cuota estadísticamente determinada de idiotas, tanto de derechas como de izquierdas, prestos a críar malvas por una bandera. Pero lo de Cataluña, una disciplinada muchedumbre transversal que mezcla en alegre y descerebrada promiscuidad a expotentes de todas las clases sociales y casi todo el arco ideológico, toda ella dispuesta a correr el riesgo de contagiarse con un virus letal solo por no desobeceder al President Emèrit, eso no existe en ninguna parte del mundo. En ninguna. Ríanse de los islamistas, son aprendices de fanáticos al lado de nuestros tarados.

La descomposición nacionalista, una oportunidad
Alejandro Tercero Cronica Global 1 Septiembre 2020

Si los madridistas viven en estado de éxtasis permanente desde el 8-2 que le endosó el Bayern al Barça y la posterior espantá de Messi, los constitucionalistas también se preparan para disfrutar de un deleite desmesurado a propósito de la guerra civil que promete destripar las entrañas del independentismo catalán.

Se acercan las elecciones autonómicas y las medias tintas se han terminado. Puigdemont y los suyos han decidido embestir sin remilgos a sus antiguos aliados del PDECat y a sus actuales socios de ERC. Con las cosas de comer, no se juega, y todo apunta que será una batalla sin cuartel en la que no harán prisioneros. “Esmolem ben bé les eines!”, ordenan a sus secuaces.

Los dirigentes más ultras y mediáticos de JxCat --entre los que abundan los presidiarios y los huidos de la justicia-- rompen sus carnets del PDECat y llaman al éxodo entre partidos. Y los tribunales acogerán el combate por la propiedad de las siglas.

Los puentes están dinamitados y ya no hay posibilidad de acuerdo entre los herederos de la Convergència del 3%. Y parece que el fugado de Waterloo tiene las de ganar. Mientras tanto, el verdadero artífice de la destrucción, Artur Mas, espera agazapado en un segundo plano para subirse a lomos del caballo vencedor.

El enfrentamiento entre JxCat y ERC también está desbocado. El president Torra --al que le quedan tres telediarios antes de su inhabilitación definitiva-- está decidido a reventar la mesa de negociación entre Gobierno y Generalitat, que era precisamente el triunfo con el que los republicanos --en su nuevo papel de pragmáticos-- pretendían presentarse ante los votantes. Dice el muy honorable que, si en la mesa no se negocia la fecha de un referéndum y la amnistía de los condenados por sedición, no acudirá a las próximas convocatorias.

Para acabar de vender el papel de que ellos son los verdaderos indepes y que los de ERC son unos flojos, Puigdemont llama a la “confrontación” con el Estado y anima a repetir la “revuelta democrática” de octubre de 2017. Y Torra le toma la palabra anunciando que tal vez vuelva a “desobedecer” a los tribunales cuando le inhabiliten. Pero, en todo caso, deja claro que “no se entendería que algún partido independentista presentara otro candidato” llegado el momento. De paso, el consejero Puigneró --el terraplanista adepto a las hilarantes conjeturas de Jordi Bilbeny-- desafía públicamente a Torrent a “elegir entre obedecer a España o defender a Cataluña”.

El actual circo del nacionalismo catalán lo completa la Lliga Democràtica, desmarcándose con una petición de indulto para los nueve cabecillas del intento de secesión unilateral. Al parecer, a los de Àstrid Barrio, Josep Ramon Bosch y compañía les parece que Junqueras, Forcadell, Romeva, Forn, Rull, Turull, Cuixart, Sànchez y Bassa deben salir a la calle cuanto antes, pese a que ni siquiera han cumplido tres años entre rejas. Y, no olvidemos que estos de la Lliga eran la esperanza blanca de los terceristas, el nuevo catalanismo.

No me negarán que la cosa tiene guasa: indepes navajeándose mutuamente, cismas entre los radicales que antaño dominaron a placer las instituciones autonómicas, un gobierno bipartito de los que organizaron el golpe de 2017 en total descomposición, catalanistas sin rumbo...

Si no fuera porque lo que nos jugamos los catalanes es cómo superar una pandemia mortal y afrontar una crisis económica sin precedentes, sería como para comprar palomitas y disfrutar del espectáculo.

Más le vale al constitucionalismo espabilar y presentar a los votantes un proyecto ilusionante, porque no tendrá muchas oportunidades como esta.
 


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