AGLI Recortes de Prensa   Sábado 5  Septiembre  2020

La hipocresía política con los impuestos y el dogma del gasto público
José María Rotellar okdiario 5 Septiembre 2020

La izquierda y el intervencionismo en general han sido capaces de hacer calar la idea de que es bueno que haya un nivel elevado de impuestos con los que sufragar un todavía mayor gasto público. Hace muchos años que dieron esa batalla y lograron imponer su mantra “progre” en la política, los medios de comunicación y en gran parte de la sociedad, con honrosas excepciones en cada uno de esos ámbitos.

Así, fueron capaces de hacer creer a los ciudadanos que el pagar impuestos es cosa de ricos y de las empresas -para ellos, ricos también-, gracias a la ilusión fiscal que se crea con el sistema de retenciones que tenemos en el IRPF y con el camuflaje en el precio que tienen los impuestos indirectos -impuestos indirectos que, por otra parte, son los que menos distorsionan la actividad económica y por eso son los que gustan menos a la izquierda-, y con la demonización del sector empresarial, cuando es el que genera riqueza y prosperidad. Por tanto, cuando hablan de “justicia fiscal” o emplean términos similares, que lo que realmente significan es que van a sajar a impuestos a todos los contribuyentes, dan a entender que los impuestos los van a pagar otros, “los ricos”.

Enseguida, pasan a enlazar los impuestos a los supuestos “ricos” con la necesidad de imponerlos para pagar el necesario y exponencialmente creciente gasto con el que satisfacer todo tipo de necesidades al grueso de los ciudadanos, cosa que no es verdad, pero que logran hacer parecer que sí lo sea.

El problema aparece cuando esas ideas se han extendido tanto, han llegado tan profundo, que se han instalado en la mente de muchos ciudadanos, que si les prometen una actuación pública que implica gasto, piensan que ellos se van a beneficiar directamente de él, mientras que en el caso de que lleguen a darse cuenta de que eso se paga con impuestos -que es difícil por la ilusión fiscal que se han encargado de crear los amantes de la confiscación tributaria- piensan que lo paga otro. Eso hace que incluso una gran parte de políticos de ideología liberal-conservadora no se atrevan a hablar claro, con la idea, en el mejor de los casos, de no decir nada que los ate y poder, después de alcanzar el poder, aplicar recetas liberal-conservadoras o, incluso, en el peor de los casos y como si de una especie de síndrome de Estocolmo se tratase, se dejan llevar por la práctica intervencionista, como rehén que ha convivido con dichos captores ideológicos metafóricos durante décadas.

Es la hipocresía política de los impuestos altos y el gasto desmedido, que se aplican con la promesa de hacer un mundo mejor, cuando lo que hacen es deteriorarlo, ya que confiscan coercitivamente y derrochan un dinero que nos endeuda hasta las cejas, por varias generaciones, pues es tal el gasto que no es casi nunca suficiente con lo confiscado en el ejercicio ordinario, sino que una parte, cada vez más -no porque los impuestos sean menores, sino porque el gasto cada vez es mayor- lo cargan a las generaciones venideras, hasta un punto que puede hacer insostenible una economía.

Dentro de esa hipocresía, por ejemplo, se llega a prohibir fumar en múltiples lugares y, ahora, con el coronavirus, hasta en la calle, pero ninguna administración renuncia a los ingresos tributarios que se derivan del impuesto sobre las labores del tabaco, que se reparten la Administración General del Estado (42% de la recaudación) y las Comunidades Autónomas (58% de la recaudación). Todas están encantadas de meter la mano en el bolsillo de los fumadores. Para ello, también encontrarán una justificación en gran parte hipócrita: dirán que con ese gravamen tratan de disuadir que fumen las personas, para que no enfermen, pero si de eso se tratase, y dado que la tendencia burocrática es la de prohibir (como decía el otro día), entonces que lo prohíban totalmente, de manera que renuncien a esa fuente de ingresos. No lo hacen, ¿verdad? Ahí está la hipocresía.

Del mismo modo, decretan el cierre productivo, arruinando a muchas empresas y familias, imponen severas y cambiantes restricciones con los que los apuntillan, y se niegan a conceder condonaciones de impuestos, bajo el pretexto de que necesitan fondos para realizar actuaciones de gasto público para los necesitados. ¿Y no son necesitados todos los ciudadanos, todas las empresas a los que están llevando a la ruina? Y es que ahora utilizan el coronavirus para justificar futuros incrementos de impuestos y de gasto, de manera que al que disienta de ello le dirán que no tiene corazón, que sitúa la economía por encima de la salud, cuando, todo lo contrario, sin economía no hay sanidad y, por tanto, no hay salud.

En definitiva, es muy triste ver que el intervencionismo logra campar a sus anchas por la vida de los ciudadanos en España -y en gran parte del mundo-, haciéndoles ver, además, que hay que darle las gracias por preocuparse tanto de ellos, con esos servicios públicos de mala gestión y, por tanto, sobredimensionado gasto y escasos resultados, pero que el intervencionismo reviste como actuaciones sociales -aunque la mayoría no lo son- e impuestos confiscatorios que el intervencionismo camufla diciendo que los pagan “los ricos”.

Es necesario oponerse a esto, explicar a los ciudadanos que es necesario ofrecer una serie de servicios básicos desde el sector público, pero de manera eficiente y austera, y que la mejor manera de que todos los ciudadanos prosperen no es con una cartera de servicios muy amplia, muchos de los cuales no utilizan, sino con un gasto limitado y unos impuestos bajos que dinamicen la sociedad y permitan que se cree empleo, que es la mejor política social que existe, que, más allá de ser un eslogan, es la realidad, como muestra la experiencia cada vez que alguien se ha atrevido a aplicarla.

Los nefastos augurios del pésimo agosto
EDITORIAL Libertad Digital 5 Septiembre 2020

Ni recuperación en V ni brotes verdes. Los últimos datos del paro desbaratan el relato que está pergeñando el Gobierno sobre la crisis, de la que no sólo no estamos saliendo sino que cada vez tiene peor cariz. Agosto ha sido catastrófico en términos de empleo, con 737.010 parados más que hace un año, el mayor incremento en ese mes desde el año 2009, cuando, en pleno estallido de la burbuja inmobiliaria, el INEM vio engordar sus listas con más de un millón de personas. En aquel entonces, el ministro de Trabajo del infame José Luis Rodríguez Zapatero, Celestino Corbacho, también afirmaba que veía indicios de recuperación. Los socialistas parecen como incapacitados para decir la verdad a la ciudadanía. Corbacho no se arredró y llegó a negar tajantemente que fuéramos a llegar a los cuatro millones de parados. "De ninguna de las maneras. Nos quedaremos muy por debajo", decía sin vergüenza. Ya en 2010 se superó con creces esa cifra tremebunda.

El número de parados al cierre de agosto ha sido de de 3,8 millones, lo nunca visto desde 2015. Si la debacle económica –y todos los indicadores apuntan en esa dirección–, los espantosos niveles de paro del zapaterato va a ser pulverizados. Mientras tanto, Sánchez y sus ministros no dudan en imitar el modus operandi del presidente que llevó al país a la mayor ruina de los últimos decenios. Los secretarios de Estado de Trabajo y Seguridad Social están teniendo el cuajo de hablar de datos "moderadamente positivos", que "continúan la tendencia de mejoría del empleo" y apuntan a "una vuelta a la normalidad", incluso de "un mes históricamente positivo en una situación históricamente negativa". El mercado laboral ha perdido la friolera de 527.851 afiliados en el último año –la peor cifra desde agosto de 2013–, pero ellos están tan contentos con la irrisoria subida de 6.822 afiliados respecto a julio, lo cual es completamente irrelevante para analizar la realidad a la que nos enfrentamos.

Los correveidiles de Yolanda Díaz y José Luis Escrivá han tenido la desfachatez de ocultar que España sólo ha logrado recuperar el 20% del empleo perdido por el coronavirus. Que 76.999 empresas hayan desaparecido desde febrero tampoco fue digno de mención en su comparecencia. Se trata de datos que no hacen sino confirmar que el destrozo será descomunal en una economía que en unos meses ha destruido todo el camino recorrido en 10 años.

La nefasta gestión del Ejecutivo social-comunista, los rebrotes del coronavirus y la ausencia de turistas extranjeros han truncado cualquier atisbo de optimismo. No es de extrañar, pues, que, tras dos meses al alza, el sector servicios volviera a contraerse en el mes estrella del verano, tal y como ha revelado el prestigioso índice PMI. Este indicador adelantado, junto al Índice de Sentimiento Económico de la UE, que sitúa a España como el único país europeo donde empeora la confianza en agosto, son fiel reflejo de la catástrofe que se nos viene encima y de la que el Gobierno es tremendamente responsable.

En estos momentos, da la desesperante impresión de que la recuperación será incierta, dolorosa y, sobre todo, lenta.

Bloqueíto institucional
Juan Manuel de Prada ABC 5 Septiembre 2020

Mientras la fe religiosa exige tan sólo creer en lo que no se ha visto, la fe idolátrica exige a sus adeptos creer en aquello que, según se ha comprobado palpablemente, no existe. Así ocurre con la fe democrática, que exige a sus adeptos creer en dos fantasmagorías de cuya inexistencia tenemos pruebas apabullantes: el principio representativo y la separación de poderes. Por ceñirnos a la segunda, cualquier persona que no haya renunciado completamente a la nefasta manía de pensar sabe, por ejemplo, que el Consejo General del Poder Judicial es una camarilla al servicio de las oligarquías partitocráticas, elegida mediante los chanchullos y enjuagues más descarados; y, sin embargo, los idólatras demócratas siguen creyendo tan campantes en la separación de poderes. Y, para que no reparen en la triste verdad, los entretienen con chorraditas barulleras como la que ahora mantiene enfrentados a sociatas y peperos, en torno a la renovación de la camarilla.

La mera existencia del llamado Consejo General del Poder Judicial es una aberración que imposibilita la existencia de separación de poderes. Órgano creado a imitación del Consejo de la Magistratura italiano (que sin embargo sólo incluye en su composición un tercio de miembros elegidos a dedo por el poder político), este llamado Consejo General fue definitivamente convertido en una camarilla de lacayos mediante ley orgánica aliñada por Felipe González, gran archipámpano demócrata, al que fastidiaba que los jueces no obedecieran en todo sus consignas y pretendieran desempeñar (¡a quién se le ocurre tamaña osadía!) una función de control de los poderes legislativo y judicial. Así, a los ocho miembros nombrados a dedo por las oligarquías partitocráticas que ya imponía el bodriete constitucional, se sumó la elección también a dedo de los otros doce miembros restantes, esta vez escogidos entre los magistrados que, en su afán de medro, se hubiesen probado más lambiscones de los negociados partitocráticos. Para que el apaño fuese todavía más descarado, con posterioridad se metería en el guiso a las malhadadas asociaciones judiciales, banderías de sumisión partitocrática donde se aglutinan los jueces más ambiciosillos, codiciosos de trepar en el escalafón no por antigüedad o méritos, sino por adhesión a las consignas partidistas de los negociados de izquierdas y derechas.

El llamado Consejo General del Poder Judicial, pues, es un órgano de libre designación de los partidos políticos, que a través de los benigüigüis que lo componen pueden mangonear a placer la promoción y ascenso de los jueces. Inevitablemente, sólo acceden a los tribunales de mayor ringorrango (allá donde se sustancian los litigios que comprometen a las oligarquías partitocráticas) quienes previamente han probado su contaminación ideológica. De este modo, se quiebra el estatuto de la función pública; y también la independencia judicial, imprescindible para el control de los poderes legislativo y ejecutivo. El llamado Consejo General del Poder Judicial, en fin, es una prueba aplastante de que la separación de poderes no existe en España, donde las oligarquías partitocráticas han colonizado y gangrenado todo el tejido institucional, convirtiéndolo en una maquinaria al servicio de sus intereses corruptos.

No habrá auténtica independencia judicial mientras esta camarilla no sea eliminada y la promoción en el seno de la carrera judicial no se realice mediante los criterios de escalafón (grado, antigüedad y méritos). Entretanto, a las masas cretinizadas se les puede distraer con cualquier baratija, como la del bloqueíto institucional del que ahora acusan los sociatas a los peperos y mañana los peperos acusarán a los sociatas, para que no decaiga la fe idolátrica en una democracia fantasiosa.

Presupuestos, medios y fines
Florentino Portero Libertad Digital 5 Septiembre 2020

Son estos tiempos de confusión y de deterioro del marco institucional que nos ha permitido disfrutar de cuatro décadas de bienestar y libertad. Ya no es solo el empeño en rectificar la Transición y ganar la Guerra Civil. También nos encontramos frente a una alteración, entre voluntaria e inconsciente, de lo que supone la vida parlamentaria. De pronto nos hallamos ante una campaña orquestada por el Gobierno para doblegar resistencias y facilitar la aprobación de unos Presupuestos que ni siquiera se han presentado. Campaña a la que se suman, con tanta complicidad como irresponsabilidad, nuestros líderes empresariales, dispuestos a lo que sea para acceder a los favores del BOE. El resultado es que entre unos y otros convierten una ley de presupuestos en un fin en sí mismo, pervirtiendo el correcto funcionamiento del Parlamento, resultado de años de experiencia.

En las democracias liberales los Parlamentos funcionan mediante el juego de mayorías. Tras unas elecciones, si ningún partido ha logrado la mitad más una de las actas en liza, se inicia un proceso de contactos, en nuestro caso animado por el Rey, para llegar a un acuerdo entre distintos partidos que juntos pueden conformar una mayoría. Esa mayoría se cohesionará en torno a un programa de Gobierno, es decir, en torno a una política. En países serios, pongamos el caso de la República Federal de Alemania, a ese programa se llega tras meses de negociación, se firma ante notario y se hace público. Un programa, una política, es un fin en sí mismo porque aporta el fundamento para una acción de gobierno.

Unos Presupuestos son por definición un instrumento al servicio de un fin, la política acordada por la mayoría. Es a la mayoría, configurada en el debate de investidura, a quien corresponde valorar si esos Presupuestos, si esos dineros ordenados en partidas, responden a la política acordada. La oposición es, por definición, ajena a esa política y, por lo tanto, contraria a su ejecución vía presupuestos. Pedir a la oposición de centro-derecha que apoye los presupuestos de una mayoría de socialistas, comunistas, nacionalistas e independentistas es un sinsentido o, peor aún, una irresponsabilidad.

Es tiempo de unidad. España se enfrenta a una crisis sin precedentes desde hace décadas, y tan importante es mantenernos unidos como disponer de una estrategia de reconstrucción y crecimiento. Eso es obvio, pero no pasa por aprobar unos Presupuestos cuya mayor utilidad es desatascar una situación y garantizar a Pedro Sánchez dos años más en la Moncloa. Los Presupuestos son instrumentos, medios para hacer viable una política. Lo que necesitamos es constituir una nueva mayoría en torno a una estrategia de reconstrucción acorde con las afortunadas exigencias que nos llegan desde Bruselas.

Para muchos españoles hubiera sido gratificante haber escuchado de nuestros líderes empresariales esta exigencia y no hacer de palmeros de un prestidigitador dispuesto a afirmar lo que le interesa en cada momento. De ellos cabría esperar un mejor conocimiento de nuestro sistema político y un mayor pudor. Hay quien se ha decantado por unos nuevos Pactos de la Moncloa, acuerdos que resultaron fundamentales para estabilizar la economía durante la Transición. No, no es una buena idea. Entonces ni teníamos Constitución ni sistema político. En aquellos días había que recurrir a medidas extraordinarias. Hoy tenemos Constitución y Parlamento, que, si bien maltratados por quienes deberían cuidarlos, pueden cumplir perfectamente su misión.

Nos estamos quedando muy atrás
José Antonio Bueno Cronica Global 5 Septiembre 2020

La crisis económica actual es, sin duda, la peor a la que nos hemos enfrentado desde hace mucho tiempo. No solo se va a producir una contracción del PIB sin parangón y un incremento del desempleo alarmante, sino que muchas personas se van a quedar con un futuro muy complicado. Esto no es una recesión al uso a la que seguirá un ciclo expansivo sino un auténtico colapso de la mayor parte de nuestro modelo productivo.

Aguantar una economía sobre el turismo, la restauración, la construcción de viviendas y el comercio es algo muy frágil y ahora nos lamentamos. Durante años hemos ido perdiendo capacidad productiva, hemos dejado atrás la innovación, hemos descuidado la formación y ahora tenemos los resultados. Según estadísticas de la Unión Eurpea, año tras año la gran mayoría de nuestras autonomías han ido perdiendo competitividad. Solo se ha salvado algo Madrid, por el efecto “succionador” de la capital y el País Vasco, donde la colaboración público-privada funciona razonablemente bien. El resto, cada año está un poco peor. No es una sorpresa que en el último ranking de competitividad europea, de 268 regiones europeas evaluadas, solo Madrid (puesto 98) y País Vasco (125) estén por encima de la mitad de la tabla. El resto, incluida Cataluña, otrora motor de Europa, se encuentran por debajo de la media, con algunas regiones muy cerca del final de la tabla (Cataluña es la 161 de 268). Que la capital de España esté en la posición 98 de las regiones europeas y no salten las alarmas es una vergüenza, sobre todo porque el declive de nuestro país es constante.

Antes de la, beneficiosa, implantación del euro solventábamos las crisis a golpe de devaluación, convirtiéndonos de repente en más competitivos hacia el exterior. Peor ahora la devaluación no puede ser de nuestra moneda sino de nuestras condiciones de vida, cada vez más lejos de los países ricos europeos. El PIB per cápita español o el salario medio están cada vez más lejos del alemán, francés, holandés… y lo estarán aún más después de esta crisis.

Tendemos a mirar por encima del hombro a nuestros vecinos portugueses, pero lo hicieron muchísimo mejor que nosotros en la crisis anterior pues acometieron muchas reformas estructurales y lo están haciendo infinitamente mejor ahora, con menos contagios y menos caída de la economía. No solo nos alejamos de Italia sino que Portugal puede pasarnos más pronto que tarde. Nuestra irrelevancia económica no tiene freno.

Con hoteles cerrados hasta, como poco, Semana Santa, bares y restaurantes a medio gas y la gente con poco dinero para comprar la gran pregunta es hacia dónde vamos. Las ayudas y subsidios taparán, algo, el agujero, pero son sobre todo un parche. El maná que vendrá de Europa debe utilizarse no solo para pagar los ERTE y el IMV sino, y sobre todo, para reinventar nuestro tejido productivo. Hay que innovar y hay que producir.

El mundo hace tiempo que ha dejado de creer en España, y más ahora que parecemos los tontos de la clase. Nuestras estadísticas de infecciones son las peores de Europa, pero no así la realidad. En Holanda, --nuestro azote en las negociaciones por el fondo de reconstrucción--, solo se hacen pruebas a personas con síntomas. La sociedad hace tiempo que decidió seguir hacia delante y no fustigarse. Aquí no podemos hacerlo peor, aunque los caciques locales siguen en una desesperada carrera hacia la auto destrucción. Madrid pone a todos los profesores en fila para que se contagien y aquí seguimos autorizando las performances de la ANC. Algo tenemos los españoles en nuestro ADN, al menos quienes nos malgobiernan, que nos lleva a complicarnos la vida gratis. Hemos de parar ya y comenzar a pensar en un nuevo futuro.

España podría publicitarse como un lugar maravilloso para teletrabajar, deberíamos tener muchísimos negocios entorno a nuestro bien más preciado, la energía solar, tenemos todos los números para desarrollar hubs tecnológicos e incubadoras, somos un país muy atractivo para el nuevo talento digital, la industria agroalimentaria tiene mucho recorrido,… podemos hacer muchísimas cosas de una manera diferente a como las hacemos ahora. O aprovechamos este shock mundial para cambiar o acabará siendo verdad que África comienza en los Pirineos, con el permiso de la cada vez más boyante Portugal, claro.

Iglesias, vacúnate y vete a Caracas
Jimmy Giménez-Arnau okdiario 5 Septiembre 2020

Un limpiabotas que sabe cómo y dónde pisa el pueblo, me dice: “El zapato puede ajustarse de un modo u otro y seguir una moda u otra, pero la lucha entre la democracia directa y la justicia sigue siendo la misma”. ¡Qué razón tiene mi viejo amigo Pepe, tras llevar medio siglo sacándole brillo al calzado de los políticos y oyendo lo que piensan! La justicia no sometida a elecciones sigue protegiendo los derechos de todas las minorías no populares, incluso la peor, la de los necios zarrapastrosos de Podemos que conspiran y hacen peligrar la existencia del Estado español.

Lo más abyecto en la amenaza del comunismo de Iglesias contra nuestra existencia es su podrido propósito de que rebajemos nuestro alto nivel de gobierno legal, constitucional, sustentado por una firme Monarquía parlamentaria, para acabar en un Estado policíaco, ilegal, anticonstitucional, según exige su patrocinador Maduro, ese asesino que sostiene a dicho pelagatos y a sus compinches de Neurona con dólares negros. Nuestra pacífica, sensata y no tan vieja democracia actual vale más que una república bolivariana que aniquila jóvenes estudiantes y que Iglesias nos propone como próximo paraíso.

Iglesias, arráncate los galones de vicepresidente 2º, recuenta tus ganancias por no haber hecho nada de provecho, con la salvedad de mirar hacia otro lado ante la tragedia de las residencias de mayores, abandonadas a su suerte, vacuna a tu parienta y largaros a Venezuela a seguir mamando de la teta del dictador. Sánchez ya no os necesita para seguir mintiendo. Se las vale por sí solo para engañar a todos. Sueña con que voléis a Caracas. Y dormirá tranquilo. Demasiadas heces habéis introducido en su Gobierno. Dejadle trampear, que no sabe hacer otra cosa.

La gran escritora y fabulosa periodista Carmen Rigalt vuelve. Estoy 100% de acuerdo con ella: “Pablo Iglesias es de quinta regional”.

Nuevo avance del fraude guerracivilista
Jesús Laínz Libertad Digital 5 Septiembre 2020

La izquierda no descansa. Ésta es una de las características principales que la distinguen de la derecha, inactiva por naturaleza. Por eso a los derechistas se les llama "conservadores", porque no aspiran más que a conservar. Si al menos conservaran cosas dignas, se justificaría su existencia, pero, como ya advirtiera Balmes hace dos siglos, la única función de los conservadores es conservar la revolución. La derecha española es insuperable en este terreno: busque en los más apartados rincones de su memoria, memorioso lector, un solo caso de eliminación por tarde de la derecha española de una medida política tomada por la izquierda.

Por eso la derecha española ha perdido todas las batallas ideológicas que le ha ido planteando, astuta y paulatinamente, la izquierda. Y las seguirá perdiendo porque es imposible ganar sin presentarse al campo de batalla. Mejor confirmación de esta rendición por adelantado no ha podido dar Pablo Casado con la defenestración de Cayetana Álvarez de Toledo, la única del PP capaz de conectar neuronas, porque "no le interesa la batalla cultural". Digno heredero del marxista vulgar Mariano Rajoy y su eterna cantinela de "lo importante es la economía". Mientras tanto, los marxistas de verdad se dieron cuenta hace ya mucho de que en el mundo de hoy, de triunfante capitalismo universal, la lucha de clases ha quedado obsoleta y, por lo tanto, es necesario bombardear sin pausa otros muchos frentes para implantar su utopía inhumana: familia, sexo, vida (aborto y eutanasia), inmigración, racismo, religión (cristianofobia e islamofilia), nación, historia…

Quedémonos hoy con esta última, pues el PSOE ha anunciado que ha puesto manos a la obra para dar una nueva vuelta de tuerca en la falsificación de la historia del siglo XX con el objetivo de obtener réditos electorales en el XXI. Se trata de una ley que vendrá a superar la Ley de Memoria Histórica zapateriana intensificando la represión a quien ose emitir sobre Franco y su régimen opiniones diferentes de las establecidas como verdaderas por el Gobierno socialista. Especial hincapié se hará en la formación de alumnos y profesores en la única versión autorizada para ser impartida en las aulas de todos los niveles educativos. El totalitarismo, esa enfermedad política inventada por los izquierdistas del siglo XVIII, sigue siendo practicado con esmero por los del XXI.

Por iniciativa de Podemos, laboratorio de ideas del PSOE, la nueva norma llevará por nombre Ley de Memoria Democrática, evolución terminológica milimétricamente diseñada. Porque con esa palabra se reivindica para el bando republicano la condición de defensor de la democracia frente a sus enemigos fascistas. En estas mismas páginas hemos recordado a menudo las palabras de egregios republicanos que acabaron abominando de un régimen nacido con la esperanza de instaurar en España una prometedora democracia pero que no tardó en degenerar en tiranía bolchevique debido a la deriva totalitaria y liberticida de los partidos de izquierda. No repetiremos de nuevo las palabras de una lista interminable: Ortega, Marañón, Pérez de Ayala, Miguel Maura, Madariaga, Unamuno, Alcalá-Zamora, Clara Campoamor, Melquíades Álvarez, Sánchez-Albornoz, Lerroux, etc. Hasta el dirigente socialista Julián Besteiro admitió que los republicanos estamos derrotados por nuestras propias culpas, por habernos dejado arrastrar a la línea bolchevique, que es la aberración política más grande que han conocido quizás los siglos.

Por eso hay que repetir, explicar y demostrar sin descanso que la Segunda República no fue un régimen democrático en el que los españoles gozasen de libertad, sino una pesadilla revolucionaria, caótica, dictatorial y criminal. Y las fuerzas que se alzaron contra ella el 18 de julio de 1936 lo hicieron en defensa de la libertad, el orden y la civilización. Mientras los españoles no tengan esto claro, España seguirá sin tener remedio.

Pero lo más importante de la nueva ley no se refiere a la reescritura del pasado. La clave de la nueva maniobra ideológica social-comunista se encuentra en que, colgando al bando republicano el heroico título de defensor de la democracia y a sus enemigos el de fascistas opresores, los que se declaran herederos de los primeros aspiran a presentarse hoy como los defensores exclusivos de la democracia frente a la amenaza de los partidos de la llamada derecha, convertidos sensu contrario en renovados campeones del fascismo.

En esta mendaz apropiación de la democracia la izquierda sigue el ejemplo de sus socios separatistas, insistentes reclamadores de la categoría de amantes de la democracia frente a una antidemocrática España que no les deja votar. Recuérdense las declaraciones, dirigidas sobre todo a los desinformados extranjeros, sobre el conflicto que en España estaría enfrentando, no a los partidarios de mantener su existencia frente a los de la secesión, no a los defensores de la Constitución frente a quienes pretenden dinamitarla sin contar con la opinión de todos los titulares de la soberanía nacional, sino a los demócratas catalanes frente al Estado fascista español.

Las ideas siempre tienen consecuencias. Quizás algunas de ellas no se aprecien a primera vista, pero es inevitable que acaben dando sus frutos. La izquierda –como sus socios separatistas– lo sabe muy bien. Por eso trabaja con la vista puesta en años venideros. La miope, analfabeta y pusilánime derecha –suponiendo que el PP forme parte de ella, lo cual es demasiado suponer– sigue sin enterarse de nada. Casado, esa versión corregida y aumentada de Rajoy, lo ha vuelto a confirmar.

Ortega Smith califica al Gobierno de Sánchez de "criminal" y de haber llevado a los españoles "a la mayor ruina"
Libertad Digital 5 Septiembre 2020

El secretario general de Vox, Javier Ortega Smith, ha manifestado que el actual Gobierno de España liderado por Pedro Sánchez "es el gobierno del paro, de la ruina, el gobierno criminal incapaz de haber defendido a los españoles, ni en lo sanitario ni en lo social ni en lo económico", considerando asimismo que está llevando a España "a la mayor ruina".

Así lo ha expuesto ante los medios de comunicación este sábado en su visita a la inauguración de la sede de Vox en Albacete donde además ha señalado que "si hay otros que prefieren ponerse de rodillas, mirar hacia otro lado o pactar con el Gobierno, allá ellos y su responsabilidad".

De esta manera ha defendido que el partido político de Vox ha llegado a la política con el objetivo de: "enfrentarnos de cara a los enemigos de la nación, a enfrentarnos de cara a quienes ponen en riesgo nuestra libertad".

Unas declaraciones que ha hecho entre aplausos y gritos de 'Gobierno dimisión' y '¡Viva España!' de las personas que se han acercado hasta la puerta de la sede para celebrar la inauguración de la misma.

Asimismo, ha señalado que desde Albacete, Vox ha recopilado "más razones" para llevar a cabo la moción de censura anunciada por el presidente de Vox, Santiago Abascal, en el Congreso de los Diputados y que se va a presentar a finales de septiembre, a pesar de que haya gente que, en su opinión, se están planteando si dicha moción tiene "alguna razón de ser".

Así lo ha manifestado ante los medios de comunicación en la inauguración de la sede de Vox en Albacete donde además ha señalado que ya hay gente planteándose si esta moción "la va a sacar adelante o no la va a sacar", definiendo a estas personas como "los de los cálculos". Una postura que, según Smith, al partido no le importa lo que puedan opinar "quienes no se atreven a enfrentarse a los problemas de cara".

De esta manera, el secretario nacional de Vox ha expuesto que la provincia de Albacete ha "llenado de razones" dicha moción y que el objetivo es conseguir que "el campo, la agricultura, turismo y economía de Albacete puedan sobrevivir", asegurando que con el actual Gobierno "del paro y de la ruina" no hay "ningún futuro".

Otro de los asuntos de los que Ortega Smith ha hablado ha sido el motivo que le ha llevado a visitar la ciudad de Albacete, siendo este el de conocer la "dramática" situación en la que se encuentra la ganadería y agricultura de la provincia, señalando que ha estado reunido con el sindicato de Asaja y asegura que "verdaderamente" la situación en este sector es "insostenible".

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La trampa de los Presupuestos
Fernando Díaz Villanueva. vozpopuli 5 Septiembre 2020

Tras el regreso de vacaciones, la principal preocupación de Pedro Sánchez no son los rebrotes, ni la crisis económica que ya está aquí arrasándolo todo a su paso, ni cómo se está poniendo, de nuevo, el tema en Cataluña. Eso son asuntillos menores, lo único que le quita el sueño son los presupuestos. Recordemos que a día de hoy este hombre gobierna, tras su preceptiva prórroga, con los que hizo Mariano Rajoy hace ya dos años y medio. Con ellos su capacidad de desplegar su programa, de 'hacer política' que decía Zapatero, queda muy mermada. Esto lo sabe desde el día en que aposentó sus reales en Moncloa, pero carece de fuerza en el Congreso para cambiarlos. Durante el primer año porque tenía incluso menos diputados que el PP. Tras las elecciones de abril consiguió superarle, pero con una mayoría ridícula de sólo 123 escaños que unos meses después se quedaron en 120.


Sánchez, que es tan amigo del boato presidencial y de la retórica hueca, es el presidente del Gobierno más frágil desde 1977. Nadie había osado gobernar con una anemia parlamentaria semejante, por lo que se ve obligado a articular tetrapartitos cada vez que quiere aprobar una ley orgánica, que en España requieren la mayoría absoluta de la cámara baja. Esta fue, en última instancia, la razón por la que fue de cabeza a nuevas elecciones hace un año. Sabía que 123 diputados eran muy pocos y lanzó una moneda al aire, pero no salió del lado que él y su equipo de asesores esperaban. Llegó al 10 de noviembre débil y salió de él más débil aún.

Esto le echó en brazos de Podemos, pero los de Pablo Iglesias también salieron magullados de las urnas. Entre ambos se quedaban a 21 escaños de alcanzar la mayoría absoluta y eso les forzaba a pactar no con uno, sino con dos o tres partidos más para gobernar con relativa tranquilidad y amarrarse así al poder hasta 2023. Ese era el panorama que tenían por delante en febrero. Llegó entonces la pandemia, el estado de alarma y estos meses en punto muerto parlamentario. La pandemia sigue aquí pero, descartado otro estado de alarma, resurge el problema original: carece de mayoría y no puede gobernar con los presupuestos de Rajoy eternamente.

La pandemia le ha regalado seis meses de Gobierno por decreto y la buena disposición de Ciudadanos que, de un modo más o menos disimulado, se ha sumado al bloque gubernamental. Pero el Ciudadanos actual no es el de hace un año, cuando contaba con 57 escaños en el Congreso y era el tercer partido más votado del país a menos de un punto porcentual del PP. De haberse mantenido ese equilibrio hoy Sánchez lo tendría más fácil, pero perdió la apuesta de noviembre y ahora se encuentra con el problema que tenía tras superar la investidura, agravado por una crisis que no ha hecho más que empezar y que le pondrá todo cuesta arriba.

Era esto, la situación tan apurada que atraviesa el país, lo que quería emplear como palanca para que, por puro patriotismo, Casado se subiese en el barco, le regalase los presupuestos y así pueda gobernar hasta por lo menos 2022. La trampa estaba tan a la vista que hay que ser ciego o un necio rematado para caer en ella. Sánchez lleva meses ninguneando a Casado y cargando sobre su partido las culpas de todo lo malo que ha sucedido desde el invierno, que ha sido mucho. Poco importa que Casado se pusiese de perfil en mayo y que desde entonces no haya emitido un mal quejido. El Gobierno, asediado en todos los frentes, necesitaba un antagonista y ese papel le tocó a Casado interpretarlo. Es un antagonista pésimo porque no levanta la voz y su perfil público más que plano es subterráneo, pero no tenía otro villano a mano y tuvo que tirar de él.

Pero ahora le necesita para asegurar esta formalidad y, ya de paso, rematar la fractura en la derecha. El primer interesado en que Casado aceptase el cáliz envenenado que le pusieron en la mano era Sánchez, el segundo Abascal, que se ve como coche escoba de los descolgados del PP. Ninguno de los dos tendrá cumplida satisfacción porque Casado ve la Moncloa como algo alcanzable a medio plazo sin necesidad de compartirla con el PSOE. Podría, cierto es, haber puesto precio a su apoyo. Entre el PSOE y el PP superan con mucho la barrera de los 176 escaños, por lo que bastaría con que ambos votasen a favor para sacarlos adelante. Pero eso traería aparejado aventar a Podemos del Gobierno y romper cualquier hilo con los nacionalistas.

Con Podemos no es suficiente
Por ahí Sánchez no va a pasar porque si su empeño primero es permanecer en el poder, el segundo es mantener a Podemos cerca para evitar que vuelva a capitalizar el voto de extrema izquierda y les haga un roto que les deje como en 2016, con 85 míseros diputados y el miedo metido en el cuerpo. Al final será con Podemos con quienes tendrá que arar este campo. Pero con ellos no es suficiente por lo que habrá de entenderse con todos los que le auparon al poder en la moción de censura de 2018.

Ahí evidentemente sobra Ciudadanos. En Podemos no los pueden ver, en ERC menos aún y sus diez diputados son sustituibles. En este punto se abre un batiburrillo de partidos que hará mucho más complicado que todos salgan satisfechos. Lo que es seguro conociendo el historial del personaje es que todos saldrán engañados. Para llegar al número mágico de 176 síes necesita a Podemos, a ERC y a JxC. Podría prescindir de JxC incorporando a Bildu y Más País; o al PNV, Teruel Existe, el BNG y el PRC de Revilla. Las cuentas le salen, pero sólo sobre el papel. Partidillos menores como Teruel Existe o el PRC no pedirán mucho porque sólo aportan un diputado, pero ERC o Bildu más que pedir exigirán. Ese es su principal problema. Tal vez consiga aprobar los Presupuestos (de lo contrario tendrá que ir a elecciones), pero lo hará con la lengua fuera, seca de prometer y lista para que la realidad se la chamusque.

Chiqui, el procés es odio
Segundo Sanz okdiario 5 Septiembre 2020

Dice la portavoz monclovita que al Gobierno socialcomunista le une con sus socios de la investidura Frankenstein —los golpistas de ERC y los proetarras de Bildu— el «amor a España». Y que por eso les está emplazando a aparcar las «diferencias ideológicas» y consensuar los próximos Presupuestos, todavía una figura fantasmagórica. Ni siquiera ha llegado al Congreso el techo de gasto.

Pero, ¿qué entiende Chiqui Montero por amor? Este delirio argumental, que el telediario de Franganillo y Mateo se encargó de ocultar en el descanso del España-Alemania, denota que este Ejecutivo, que camufla su incompetencia con camionadas de puro marketing, el que sale de la sesera del spin doctor Redondo, trata a los ciudadanos como borregos.

¿Acaso es amor a España que tu criatura incendie las calles de Barcelona durante días o hiera de gravedad a policías por la sentencia del 1-O? ¿Acaso es amor a España mantener estrechos lazos con un grupo de CDR detenidos con material para la fabricación de explosivos y localizaciones de posibles objetivos? ¿Acaso es amor a España dar cobertura a un prófugo de la Justicia de este país como Carles Puigdemont? ¿Acaso es amor a España pasar por delante del ministro de Exteriores de tu país y escupirle por ser abanderado del constitucionalismo?

Y qué decir del oxímoron con Bildu. ¿Acaso es amor a España no condenar ni uno solo de los 850 asesinatos cometidos por la banda terrorista ETA y ser la marca política de sus herederos? ¿Acaso es amor a España condicionar todo apoyo al Gobierno al acercamiento de presos etarras que han segado la vida de policías, guardias civiles y otros servidores públicos? ¿Acaso es amor a España atribuir al Instituto Armado hasta mil falsas torturas, como airea la infame y equidistante campaña publicitaria de HBO sobre el best seller ‘Patria’? ¿Acaso es amor a España definirla como «un Estado en el que existe una cultura muy enraizada de aplicar recetas autoritarias a los problemas políticos», aludiendo así al discurso de Felipe VI frente al golpe secesionista en Cataluña?

Tal vez Chiqui o alguno de los rasputines del felón Sánchez deba leer a Enric Prat de la Riba en La nacionalidad catalana (1906), donde este apóstol del procés sentenció: “Había que acabar de una vez con esa monstruosa bifurcación de nuestra alma, había que saber que éramos catalanes y que no éramos más que catalanes, sentir lo que no éramos para saber claramente, hondamente, lo que éramos, lo que era Cataluña. Esta obra, esta segunda fase del proceso de nacionalización catalana, no la hizo el amor, como la primera, sino el odio». El mismo que llevó a Torra más recientemente a llamar «bestias taradas» a los españoles. ¡Qué hermoso, María Jesus!

El asteroide de los locos
Eduardo Goligorsky Libertad Digital 5 Septiembre 2020

Si bien España aparece íntegra en los textos, hay regiones donde la población se ha descolgado del mapa.

El panorama es desolador. Toda la población de un país que en los libros de historia y geografía figura íntegro en el mapa con el nombre de España, sin apéndices desconectados, padece el azote de un cúmulo de plagas que nunca antes se habían desencadenado juntas: sanitaria, política, económica, social y territorial.

Descolgados del mapa
Detengámonos en la territorial. Si bien España aparece íntegra en los textos, hay regiones donde la población se ha descolgado del mapa y, como previó en el año 2014 el entonces ministro de Asuntos Exteriores José Manuel García Margallo, vaga por el espacio sin rumbo fijo. Es lo que sucede en el asteroide llamado Cataluña. Aquí, un colectivo minoritario encandilado por mitos tribales ha aprovechado una arcaica ley electoral discriminatoria para colocar en el puente de mando a sucesivos clanes endógamicos que han roto amarras con la patria común.

Hoy, a modo de castigo, se da el fenómeno de que este asteroide desprendido alevosamente de la tierra madre se llevó consigo todas las lacras –pandemia, crisis económica, fractura social– sin estar hermanado con el resto de la nación –como lo estuvo a lo largo de toda la historia– para intercambiar ayudas humanitarias entre compatriotas españoles. Para los supremacistas xenófobos que mandan, los españoles no son compatriotas. Peor aun, tampoco recibirá los fondos para la recuperación que asigna la Unión Europea a los países miembros, porque el asteroide, tal como lo presentan sus usurpadores, ya no es uno de ellos.

Abducidos por los orates
Las desgracias no terminan aquí. Si en el asteroide viajaran solamente los alucinados que lo lanzaron al espacio, no nos conmovería verlos cargar con sus culpas. Pero lo que los españoles no deberían permitir es que millones de sus compatriotas estén embarcados, contra su voluntad, en esta sobrecogedora aventura cósmica. Y aquí la responsabilidad cae sobre el Gobierno de felones y comunistas que, para conservar el poder, traiciona a sus ciudadanos abducidos por los orates y se desentiende de ellos.

Este es el asteroide de los locos. El puente de mando es un campo de batalla entre comandantes rivales sin escrúpulos. Si el asteroide fuera realmente una república, el deporte nacional sería la guerra civil. El cabecilla prófugo de la banda, Carles Puigdemont, malversador según el benévolo tribunal de Schleswig-Holstein, alterna el sibaritismo en Waterloo con visitas de conquistador a la región de la república francesa que él define como parte de Cataluña. ¡Alerta, presidente Macron, los invasores bárbaros quieren arrebatarle una franja de su patria! El testaferro del proscripto, el presidente putativo de la Generalitat, Quim Torra, reitera las convocatorias a la desobediencia, que han convertido sus dominios en un paraíso para alevines de terroristas, atracadores, narcotraficantes y okupas que hacen temblar a la sociedad civil, mientras las grandes empresas y los inversores huyen despavoridos. El vicepresidente de la Generalitat, Pere Aragonès, es un energúmeno sectario que odia por igual al citado capo de su republiqueta de pacotilla y al rey constitucional de España.

La cruda verdad
Entre todos montan un tira y afloja esperpéntico que degenera en una sopa de letras de siglas de partidos racistas, clientelistas y nepotistas que pleitean entre ellos para ocultar la cruda verdad: todos son metástasis de la corrupta Convergència pujolista. Solo el taimado cenobita Oriol Junqueras reniega de esta pútrida herencia cuando recurre a sus propias tácticas arteras para conquistar el trono de la república inexistente.

Es comprensible que un hatajo de políticos trepadores desprovistos de principios morales y enemigos acérrimos de la racionalidad que bloquea sus apetitos se trencen en estas luchas por el poder. Lo chocante, en cambio, es que todavía no se asista a una fuga masiva de los ciudadanos aborregados que los votaron.

A estos les recomendamos que, para emanciparse del rebaño y reavivar la anestesiada libertad de pensamiento, practiquen el shock de leer titulares impactantes como los que siguen: "Puigdemont y el PDECat rompen", "El PDECat se escinde", "Puigdemont rompe el carnet del PDECat y se consuma la división en las instituciones" (LV, 30/8, 31/8 y 1/9), o el artículo explícito de la directora adjunta Lola García sobre las hostilidades sin cuartel entre los trujimanes sediciosos: "Ha estallado la guerra" (LV, 30/8).

No deja títere con cabeza
El predicador Francesc-Marc Álvaro, transformado en plañidero, no deja títere con cabeza ("Puigdemontismo" (LV, 31/8):

Ha empezado la partida final de Puigdemont contra Junqueras, que se jugará en las futuras elecciones catalanas. (…) El puigdemontismo necesitaba, para lanzar su segundo cohete, hacer explícita (a bombo y platillo) la abjuración de Puigdemont respecto de la casa madre que le convirtió en político y alcalde de Girona. (…) En estos momentos, cuesta decir dónde estamos, pero está claro que la república solo existe en los discursos voluntaristas de algunos. La épica del puigdemontismo pronto deberá confrontarse con las incertidumbres y temores que provoca la pandemia en la sociedad catalana (indepes incluidos). El margen para la poesía será escaso.

Pilar Rahola lo remata con otro castañazo ("La teoría del caos", LV, 2/8):
Si lo de Messi es patético, lo del PDECat es para huir a Alaska en pleno invierno.

Sanos y salvos
La vida no es cómoda en el asteroide de los locos. Tras la imprevista supuración del forúnculo del Barça ya no les quedarán ánimos a los exaltados para vociferar estribillos sediciosos a las 17:14 en el Camp Nou.

Ha llegado la hora de devolver el asteroide a su punto de partida en España, con sus pasajeros abducidos sanos y salvos. Cuidando, eso sí, de que la tripulación mercenaria quede flotando en el espacio exterior, desde donde no pueda contagiarnos su demencia.


 


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