AGLI Recortes de Prensa   Lunes 7  Septiembre  2020

La catastrófica gestión gubernamental hunde la economía y el empleo
José María Rotellar Libertad Digital 7 Septiembre 2020

Los datos publicados de paro registrado (PR) y de afiliación a la Seguridad Social (ASS) de agosto de este año muestran claramente que el mercado laboral no se recupera, que sigue con su tendencia bajista, que los contratos se hunden, que el empleo es de peor calidad, que se destruye empleo y que aumenta el número de parados.

No podía esperarse otra cosa después de haber llevado a cabo el cierre productivo más duro de todo el mundo. Todos los cierres que se produjeron fueron un error, pero el de la actividad económica en España es el mayor de todos esos errores, por ser el de mayor dureza y más intensas restricciones, que no sólo persisten sino que son cambiantes cada semana, casi cada día, con el desistimiento en sus obligaciones del Gobierno de la nación y el caos normativo regional que ello ha provocado.

Por tanto, al frenazo que supuso el absurdo y contraproducente cierre productivo, que se podría haber evitado adoptando medidas ágiles a finales de enero y, en cualquier caso, optando por otras soluciones más eficientes y menos agresivas con la economía en marzo, se une la incertidumbre e inseguridad jurídica generadas, que ahuyenta inversiones y reduce el consumo, más todavía de la pérdida de inversión y consumo que ya ha supuesto la reducción de prosperidad derivado del cierre productivo decretado en primavera.

Sin embargo, el Gobierno de la nación -y todas las administraciones en general, con honrosas excepciones- no terminan de darse cuenta de la ruina que está provocando el conjunto de decisiones restrictivas sobre la actividad económica que se están llevando a cabo. No son conscientes -y si lo son, es peor- del daño que están causando: cientos de miles de personas que han perdido su empleo, casi otro millón todavía en ERTE, sin saber muy bien qué va a ser de su futuro, y cientos de miles más que han vuelto a su puesto de trabajo pero que no saben, con las cambiantes restricciones y la pésima gestión gubernamental que se está haciendo, si van a poder conservarlo. Mientras, las colas del hambre han vuelto, desgraciadamente, a España, mientras casi en cada manzana de casas de zonas comerciales hay, al menos, entre tres y diez locales en los que cuelgan carteles con la leyenda "se vende", "se alquila", "se liquida" o "se traspasa". Sólo hace falta pasear un rato para darse cuenta de ello. Negocios que han aguantado durante décadas, incluida la anterior crisis, y que este cierre productivo decretado, junto con las posteriores restricciones duras y cambiantes, han hundido.

Todo ello, se refleja en los últimos datos de empleo publicados.

El paro
El paro registrado ha aumentado en 29.780 personas en agosto. Unido al incremento de parados en marzo, abril, mayo, junio, julio, con agosto, el paro ha subido en estos cinco meses en 556.947 personas. El número de parados se sitúa en 3.802.814 personas. El incremento interanual es de 737.010 personas, un 24,04% de incremento. Son seis meses consecutivos de fuertes incrementos porcentuales del paro en tasa interanual:

Marzo: 9,01%.
Abril: 21,10%.
Mayo: 25,27%.
Junio: 28,09
Julio: 25,29%
Agosto: 24,04%

Si no se logra mantener en pie el tejido productivo, la destrucción de empresas provocará que todas las personas afectas por los ERTE engrosen el paro registrado.

Por sectores:
Hay 2.981 parados más en industria.
Hay 7.983 parados más en construcción.
Hay 20.216 parados más en servicios.

Por sexos:
El paro masculino se incrementa en 9.453 personas.
El paro femenino se incrementa en 20.327 personas.

Por edades:
El paro juvenil aumenta en 7.804 personas.
El paro de los mayores de veinticinco años sube en 21.976 personas.

Bajan los contratos:
Un 26,40% interanual en el mes (401.259 contratos menos).
Un 32,23% interanual en los ocho primeros meses del año (4.734.065 contratos menos).
Los contratos indefinidos caen un 21,90% interanual en el mes.

La Seguridad Social
La afiliación a la Seguridad Social sube en agosto en 6.822 personas. No se contabilizan los ERTE, porque al ser suspensión de empleo siguen dados de alta en la Seguridad Social. Si no se salva al tejido productivo, con mayor liquidez y reabriendo la economía, esos afectados por ERTE verán destruido su empleo.

Pero no es más que un mero espejismo estacional, porque en términos interanuales los afiliados disminuyen en 527.851 personas. Es el peor dato interanual de un mes de agosto desde 2013.

Esto denota que el dato mensual no es representativo, al ser el dato interanual fiel reflejo de la marcha de la economía sin que el momento estacional lo esconda, al compararse el mes de agosto de este año con el mismo período del año pasado, que elimina toda estacionalidad.

El último día del mes se perdieron 211.566 afiliados, el peor registro el último día del mes en todo el año.

Hay 101.814 empresas menos que hace un año, según la Seguridad Social, 76.999 desde el dato de febrero, lo que demuestra que la caída de la economía ya venía de antes, cosa que el Gobierno negaba.

Estos resultados son el fiel reflejo de la catástrofe que muchos políticos, especialmente los del Gobierno de la nación, con su presidente a la cabeza, que es quien debería liderar la gestión, están produciendo. No se trata de ser demagogo y decir que los políticos cobran sueldos altos, porque no es verdad que los sueldos sean elevados, sino más bien escasos para el nivel de responsabilidad que tienen -otra cosa es que ahora mismo haya muchos políticos que no den el nivel suficiente para estar en los puestos que ocupan, que son legión, pero eso es un problema del sistema de partidos que tenemos, empeorado con la llegada del populismo, no de que la retribución sea alta-; lo que sí sucede es que salvo suspensión de pagos de España, que al estar en la zona euro gracias a Dios no parece probable que ocurra, los políticos no ven peligrar sus ingresos, y el entorno laboral en el que viven -la función pública- es un entorno con el puesto de trabajo garantizado, con lo que en su día a día ven estabilidad laboral, en contraste con la realidad económica, que es dramática. Por tanto, salvo por familiares y amigos, no perciben el drama más allá de las estadísticas, hecho que hace que minimicen la importancia de la crisis económica.

O cambian, y con toda la prudencia del mundo hasta que haya vacuna y fármacos, pero también con toda la determinación, coraje y valentía, se protege a los grupos de riesgo, dejando que el resto de ciudadanos retorne a la normalidad sin adjetivos, o el hundimiento económico puede ser tal que estemos largos años en unos niveles de prosperidad muy deteriorados, que, a la larga, serán más graves, en todos los aspectos -también en el sanitario y en el de fallecimientos por todo tipo de enfermedad- que los directamente derivados del coronavirus.

España tiene un problema: el tejido empresarial presenta un encefalograma plano
Daniel Rodríguez Asensio Libertad Digital 7 Septiembre 2020

Aplausos. España es señalada en foros y estudios internacionales como el país que peor ha gestionado la pandemia de toda Europa. Aplausos. España logra el doblete y encabeza los ránking de paro, paro juvenil y desplome del PIB en el primer semestre del año de toda Europa. Aplausos. La segunda oleada pilla al presidente del gobierno de vacaciones y vuelve el baile de cifras ante la estupefacción de todo tipo de agentes y observadores internacionales.

¿Aplausos? Nos esperan los peores meses de nuestra historia reciente. Tal y como muchos nos temíamos, 2008 nos va a parecer una anécdota comparado con lo que vamos a comenzar a ver ya en el cuarto trimestre del año.

Mientras la minoría selecta que rodea a nuestro gobierno continúa aplaudiendo y desplegando su performance, la inmensa mayoría observamos la crónica de una crisis anunciada. Los indicios que mostraban los datos adelantados estaban en lo cierto y la caída en desgracia de nuestro país ya es un hecho. Estamos materializando todos los riesgos que acumulábamos a la baja en tan sólo unas semanas, y aún no ha llegado septiembre/octubre y, con ellos, la segunda ola avisada por todos los expertos.

El consenso de analistas ya se ha doblegado al baño de realidad que muestra la realidad: Nuestro país ha sufrido la mayor rebaja de las expectativas de crecimiento de Europa y de la OCDE en el mes de agosto. El mercado descuenta una caída del 11,5% en 2020, sin la campaña de gripe ni los meses de octubre y noviembre (los de mayor riesgo para la pandemia) pasados.

En este punto merece la pena copiar una predicción que hicimos en esta misma columna el pasado 13 de junio: El PIB caerá entre un 12 y un 15% interanual, la tasa de paro estará en torno al 25%, el déficit va a superar el 10% del PIB y la deuda pública se situará en torno al 120% del PIB.

La mantengo, con margen de error (a la baja) en términos de deuda pública. Podemos acercarnos, e incluso superar ligeramente, el 125% del PIB.

Los datos del sector turístico durante los meses de julio y agosto han sido sencillamente aterradores. Un sector que supone casi el 15% del PIB y buena parte del empleo no sólo ha sido abandonado a su suerte desde el punto de vista económico, sino que el desconcierto entre nuestros visitantes y la absoluta dejadez en las medidas de seguridad tomadas tanto en las entradas como en las salidas del país han provocado lo más parecido al caos que vamos a ver en una etapa de paz: Caída acumulada del 70% en el número de visitantes y las agencias de viaje han visto desplomarse su negocio un 95%.

Ningún sector de ningún lugar del mundo puede sobrevivir así. ¿Cuál es la consecuencia?
Según la AIReF regiones como Baleares, Cataluña (19% del PIB español) y Canarias podrían haber caído un 26,4, 22 y 21%, respectivamente.
El sector se enfrenta a la destrucción de unos 300.000 puestos de trabajo, según Exceltur, a lo que hay que añadir más de 400.000 trabajadores (incluyendo sectores adyacentes) que aún permanecen en un ERTE y no tienen ninguna perspectiva de vuelta a sus puestos de trabajo.

Mientras el gobierno de España continúa en su representación particular para esconder la realidad (el margen de actuación es nulo porque las arcas públicas están en los huesos) la crisis avanza y nadie es capaz de imponer cordura, orden ni concierto.

Los datos de paro que hemos conocido esta semana son catastróficos. Ya advirtió la ministra Calviño de que el último día de agosto había sido especialmente negativo. Las cifras han dejado esta afirmación corta: se han destruido 216.000 empleos, casi 4 veces más que el año pasado.

La realidad del mercado laboral se impone a los aplausos y al espíritu de triunfo a cualquier precio: España ha recuperado poco más del 20% perdido a raíz de la crisis. El mercado laboral ha perdido todos los avances de los últimos 5 años, y las perspectivas son negativas.

Sin empresas no hay recuperación del empleo posible, ni recaudación pública ni sector público capaz de cumplir con los compromisos asumidos con el ciudadano en nombre del estado de bienestar.

Y la panorámica que ofrece el tejido empresarial español dibuja la misma curva que presentaría un encefalograma plano. Sólo durante el mes de agosto el Banco de España:

Ha advertido de que el 25% de las empresas está en riesgo de quiebra técnica. Esto, más allá de una situación inminente de quiebra técnica, supone problemas de acceso a crédito y, por lo tanto, de vuelva a la inversión y a la contratación.

Ha cuantificado en un 63% la reducción del beneficio ordinario en el primer trimestre, con tan sólo 15 días de estado de alarma.

Ha publicado estadísticas de financiación a sociedades no financieras, que están creciendo a niveles no vistos desde 2008/2009.

Esto, en un país que ha perdido 100.000 empresas en el último año, de las cuales 77.000 durante la pandemia, y en el que 280.000 autónomos están en riesgo de echar el cierre en los próximos meses es poco menos que una catástrofe.

El plan que ha ofrecido el gobierno al tejido empresarial ha sido una alfombra roja de 100.000 millones de euros para financiar operaciones de crédito con las que pagar la cuantiosa factura fiscal que tienen que afrontar. Sin vuelta al crecimiento, los meses de abril y mayo de 2021 pueden ser un nuevo hito histórico en términos de morosidad del sector empresarial.

¿Aplausos? Los que ya estamos comenzando a escuchar en las colas del paro o en centros de ayuda a familias sin recursos convertidos en gritos ahogados por la frustración. La realidad tras los aplausos es que España también lidera el crecimiento de empresas con problemas de insolvencias en 2021 de toda Europa.

España se está convirtiendo en el primo conflictivo de la Unión Europea. Cada 10 años somos un problema para nuestros socios y tenemos que acudir a un rescate sin ofrecer soluciones estructurales para una economía que, es evidente, se ha instalado en el inmovilismo y en el populismo.

Las arcas públicas ya comienzan a vaciarse. España ha acudido a los fondos SURE (21.400 millones) con una estimación basada en certezas: El agujero en la seguridad social durante el primer semestre supera los 22.000 millones.

Italia, Francia, Alemania, y el resto de las grandes potencias europeas están bajando impuestos y llevando a cabo planes de reactivación para tratar de sofocar el tsunami que se nos viene encima. Nosotros aplaudimos y dejamos morir de inanición a nuestras empresas. Y esto no ha hecho más que empezar.

Despolitizar de una vez la Justicia
Editorial El Mundo 7 Septiembre 2020

Hay que renovar el Consejo General del Poder Judicial, sí, pero cambiando primero el sistema de elección de sus miembros.

El Rey preside hoy la apertura del año judicial, inevitablemente marcada por la pandemia pero también por la anómala situación en el Consejo General del Poder Judicial, cuyos miembros llevan casi dos años en funciones. El Gobierno está usando el asunto para atacar al Partido Popular, acusándole de ser culpable del bloqueo de algunas de las principales instituciones del Estado que necesitan ser renovadas, y que tienen que contar para ello con mayorías reforzadas en el Parlamento. Cabe reconocerle, sin embargo, a Pablo Casado que esté resistiendo a las presiones y la propaganda del equipo de Pedro Sánchez. Porque lo que sería una burla y echaría por tierra las promesas de regeneración democrática del líder popular es que se plegara a renovar el CGPJ una vez más como se viene haciendo desde hace décadas, esto es, como un reparto de cromos entre los dos principales partidos del país.

La pelota no está en el tejado del PP, sino en la del Gobierno. Casado le tendió la mano al presidente la semana pasada en Moncloa para alcanzar un pacto de Estado, absolutamente imprescindible, que entre otras cosas materialice un cambio previo del sistema de elección de los miembros del CGPJ para acabar ya con la politización de este organismo. Si a Sánchez le importaran de verdad, como dice, la estabilidad y la fortaleza de las instituciones, no seguiría haciendo de dontancredo y se abriría a negociar con el PP y con otras formaciones políticas -como el mismo Ciudadanos con el que hoy negocia las cuentas- una reforma en serio del sistema judicial en aras de profundizar en su urgente despolitización. No solo no ocurre eso, sino que desde Moncloa se empecinan en pretender seguir repartiéndose los cargos con pasmosa desvergüenza, toda vez que incluso Podemos, que en la oposición clamaba contra este sistema, ahora se relame pensando en su propia cuota. El ejemplo más evidente de que a Pedro Sánchez lo que le interesa es seguir manteniendo todo el control que pueda sobre la Justicia está en el obsceno nombramiento nada menos que como fiscal general del Estado de quien ocupaba hasta la investidura el cargo de ministra de Justicia, arruinando toda apariencia de imparcialidad de un cargo tan decisivo. Dolores Delgado ha tenido las manos libres para conformar una cúpula fiscal a su gusto, que es tanto como decir al gusto del Gobierno. Un suma y sigue de despropósitos que abochornan y minan la credibilidad de la ciudadanía en un pilar tan básico en toda democracia.

A lo largo de las décadas se ha visto el afán de los partidos por intentar instrumentalizar la Justicia. No se salva por desgracia casi ninguna formación. Pero ya es más que clamorosa la necesidad de recuperar el espíritu constitucional en la elección de los miembros del órgano de gobierno de los jueces y acabar con la cacicada de Felipe González por la que desde 1985 los 12 vocales que elegían jueces y magistrados se los reparten los partidos en el Parlamento en un conchabeo indigno. Hoy en la ceremonia de apertura del año judicial no faltarán motivos para que el Gobierno se ponga colorado, por más que sus arietes mediáticos insistan en señalar al PP, como el que mira al dedo en vez de a la luna.

España
Fundación CEPS
Iglesias cobró a título personal 1,36 millones de la dictadura venezolana junto a otras 8 personas
Carlos Cuesta okdiario 7 Septiembre 2020

Podemos se enfrenta ya a una imputación por la creación de una caja B y el uso irregular del dinero que llegaba al partido. Ahora, la documentación a la que ha tenido acceso OKDIARIO aporta innumerable información sobre el inicio de esta historia: sobre la llegada de dinero desde dictaduras populistas a los líderes de la formación morada.

Los documentos que publica este diario reflejan el estado de cuentas de la Fundación CEPS a los largo de los años 2004 a 2013, es decir, los ejercicios previos a la creación oficial de Podemos. Los años en los que varias narcodictaduras financiaban a los impulsores del partido populista para que llegase a eclosionar y contagiase el sistema democrático español. Y en esos documentos figura ya de forma muy destacada el nombre del actual vicepresidente del Gobierno de Pedro Sánchez. Pablo Iglesias aparece como responsable de la captación de 1,361 millones de euros del Gobierno de Venezuela entre los años 2008 y 2009, cuando él ocupaba un puesto clave en el Consejo Ejecutivo de la Fundación CEPS.

Las cuentas de la Fundación recogen de forma pormenorizada todos los contratos cerrados con la narcodictadura chavista. Contratos o convenios como el firmado para la “Colaboración con el Ministerio del Poder Popular del Despacho de la Presidencia de la República Bolivariana de Venezuela”, por valor de “198.000 euros”; o el “Convenio de Colaboración con el Instituto Venezolano de Seguros Sociales (IVSS) de la República Bolivariana de Venezuela”, por valor de “189.080,40 euros”; o el alcanzado con el “Ministerio del Poder Popular para el Trabajo y la Seguridad Social”, por valor de “32.400 euros”; o el “Convenio de Colaboración con la Compañía Anónima Venezolana de Televisión (CANTV)”, por importe de “48.000 euros”.

Todos ellos se cerraban bajo impulso directo de la narcodictadura chavista con el propósito de apadrinar a los futuros impulsores de Podemos. Y entre los años 2008 y 2009 figuraba en la cúspide de la Fundación CEPS, tal y como recoge su propia documentación, Pablo Iglesias Turrión. Lo hacía, además, con un cargo que le convertía en figura imprescindible en la inmensa mayoría de los trabajos: Responsable de Investigación. Y la mayoría de los convenios incluían una parte de supuesta investigación.

«Beneficiarios» de los fondos
Un punto destacado en la documentación de CEPS demuestra la importancia de este tipo de cargos de primera fila en la Fundación. Y es que esos puestos se convertían directamente en “beneficiarios” de los fondos: “Son beneficiarios de la Fundación CEPS todas aquellas personas que se encuentren en condiciones de tomar parte, de uno o de otro modo, en las actividades que organiza la Fundación”, señala el propio documento de la entidad. Y Pablo Iglesias no sólo formaba parte de la cúpula ejecutiva del organismo, sino que, además, se encargaba directamente de la investigación en cada campo.

El contenido de los convenios firmados incluía cometidos de los más diversos como “la producción y realización de contenidos” audiovisuales; “el desplazamiento de técnicos en materia de Seguridad Social a Caracas y la constitución de un equipo de expertos en España; “contribuir al diseño de políticas públicas que garanticen los derechos laborales y por ende los derechos humanos de los trabajadores y trabajadoras venezolanas”; o “la puesta en marcha de una unidad de investigaciones sociológicas y la emisión de diferentes encuestas cualitativas y cuantitativas”.

Todo campo o materia del conocimiento, de este modo, era terreno de expertos para la Fundación CEPS y el equipo de investigadores de Pablo Iglesias. Y es que todos los campos imaginables aparecen en sus trabajos hasta convertir la cifra de ingresos en toda una lluvia de dinero procedente, de forma destacada, de Venezuela.

En el caso concreto del papel predominante de Iglesias en la cúpula, la cuantía de dinero percibidlo se eleva a 1.361.506,59 euros. Todo un dineral del que eran beneficiarios los responsables de los trabajos y que fue ingresado en sólo dos ejercicios -2008 y 2009- y sólo de un pagador: la narcodictadura venezolana.

Hay que recordar que el fiscal general de EEUU, William P. Barr, ha presentado cargos criminales por narcotráfico y terrorismo contra el actual dictador venezolano, Nicolás Maduro. Tanto él como su predecesor Hugo Chávez, han sido los grandes financiadores de Podemos. En concreto, la Fundación CEPS, de la que eran dirigentes Pablo Iglesias y Juan Carlos Monedero, recibió 7,1 millones de euros del régimen chavista. La documentación que ahora desvela OKDIARIO aporta una nueva prueba de la veracidad de estas informaciones y detalla el contenido de toda la lluvia de trabajos encargados a los supuestos expertos de CEPS para cerrar los muy lucrativos convenios.

La cúpula de fundadores del partido morado formada por Iglesias, Monedero y Errejón recibió, de este modo, millones de dólares de la dictadura venezolana. Hugo Chávez personalmente firmó la concesión de 6,7 millones de dólares a Juan Carlos Monedero, Jorge Verstrynge y Pablo Iglesias para «llevar la Revolución a España y luchar contra el capitalismo», a través de su Fundación CEPS, según la documentación en poder de la investigación de EEUU.

El funcionario tramitador fue Rafael Isea, un militar chavista, ministro de Finanzas y Planificación, que es hoy un ‘arrepentido’ que vive protegido por las autoridades federales de Estados Unidos, donde está refugiado. Precisamente ha sido la Administración de Washington la que ha hecho llegar estos documentos a la Policía española.

La muerte de la verdad
Juan Van-Halen ABC 7 Septiembre 2020

Vivimos un momento distópico, orwelliano y a la vez huxleyano. Orwell y Huxley denunciaron el engaño de las masas por manipulación de la información o por su exceso. Debemos a Orwell: «El concepto de verdad objetiva está desapareciendo de nuestro mundo; las mentiras pasarán a la historia». Las mentiras se harán historia. Serán ya como verdades asumidas.

Nunca como aquí y ahora se ha mentido tanto desde el poder, nunca la mentira ha sido tan reiteradamente esgrimida con tanta desfachatez, virtuosismo y convicción. A menudo aquella afirmación atribuida a Goebbels de que «una mentira repetida adecuadamente mil veces se convierte en una verdad» es la norma, el catón de los rasputines de turno que diseñan lo que debemos creer o rechazar, lo que es bueno o malo, lo que es cierto o no. Y no para un grupo social sino para el conjunto de la sociedad. En el camino de la falta de información y la censura y en el de la sobreinformación que, por ello, se zambulle sorprendentemente en la trivialidad y la atonía, nuestra realidad se ha descompuesto a sí misma. En la sociedad global de la información que ha alcanzado cotas tan altas de comunicación como las redes sociales, el ciudadano se encuentra más cercado que nunca por la desinformación.

El poder, cómodo, sigue el método más fácil, el más viejo y socorrido, y cuando le conviene censura, manipula, encauza. Ahí está el CIS, los medios afines convenientemente engrasados, los nombres mediáticos de referencia y a su servicio a los que protege y fortalece, las estadísticas manipuladas, las falsas opiniones inexistentes de organismos internacionales... Y cuando la verdad se abre paso y se hace pública con la dificultad y timidez de aquello que se sabe en minoría, el poder inunda los medios y las redes sociales con noticias contradictorias que son creídas a pies juntillas por la buena fe, la ignorancia o las afinidades ciegas pero que, desde el eco conseguido, llegan a la masa y al menos instauran la duda sobre esa verdad incómoda que ha saltado las barreras de los nuevos inquisidores. Si la verdad asoma, el poder alza una información a la contra de lo que molesta o resulta heterodoxo a sus ojos. Cuando habría que hablar de los graves apuros de Podemos o de la ineficacia del Gobierno, se hace saltar una ofensiva contra la Monarquía y asunto zanjado.

En aquellos mundos imaginados por Orwell y por Huxley, los mundos que en cierto modo laten en nuestra sociedad real, no era tan grave que pudiera llegarse a prohibir los libros sino que, existiendo, no los leyese nadie porque las masas permanecían entretenidas y alienadas con productos informativos de consumo menor pero de atractivo inmediato. No es casual que cada vez se amplíen más los horarios de esos espacios que los expertos consideran telebasura.

La desembocadura de la situación es el triunfo de la desinformación sobre la información, de la mentira sobre la verdad. Se trata de que unos pocos, quienes conforman el poder, decidan de lo que se hablará cada día en los medios, es decir de lo que es relevante o no lo es, de lo que nos conviene saber o es preferible que ignoremos. Desde el ojo global de un gran hermano se nos observa y se nos dictan los caminos por nuestro bien que es el bien del poder multipresente, omnímodo, capaz de todo.

Se ha repetido que la democracia es el menos malo de los sistemas políticos, y es verdad. La frase se atribuye a Churchill. El estadista inglés consideró que la democracia es la conveniencia de tener en cuenta la opinión de los demás y acogerse a ella. Una necedad repetida por millones de personas no deja de ser una necedad. El historiador Paul Johnson, autor de una biografía de Churchill y de obras tan eminentes como «Intelectuales» y «Tiempos modernos», sostiene: «La gente piensa equivocadamente que lo que hace la mayoría es lo correcto; esto constituye un gravísimo error».

Durante la República, en La Cacharrería del Ateneo, docta casa con dos siglos de historia y por desgracia venida a menos, se llegó a votar por un grupo de ateneístas si Dios existía o no. No sé si el tan referido debate será leyenda pero se ha escrito que la votación la ganó Dios por un voto. Una memez más de quienes dejan de lado los temas importantes y se entretienen en lo inútil. Esta anécdota la comparó Cela con la estupidez de someter a votación, por ejemplo, la existencia del sol. Aunque la votación le fuese adversa, el sol luciría en el cielo. Los votos nunca podrán hacer que lo honesto sea deshonesto, lo justo se convierta en injusto y la verdad se haga mentira. Pueden conseguir esa sensación, pero no más.

El poder miente y los votos no le facultan para ejercer la mentira desde la desfachatez reiterada. Ni los votos garantizan la verdad. Hemos asistido a dictámenes de comisiones parlamentarias aprobados por mayorías legítimas en casos que luego desmontaban los tribunales si es que llegaban a ellos. Un gobernante no debe mentir a su pueblo y en nuestra realidad se nos miente sin pudor. En cualquier nación europea la mentira del poder se paga con la vergüenza pública y con la dimisión. En España la mentira se recibe con silencio y ceguera tras el aderezo de la desinformación, la manipulación, la apuesta por la trivialidad, el manejo de la ingenuidad de la masa o de su lejanía de la realidad. La manga ancha de la sociedad española respecto a la mentira de quienes tienen la responsabilidad de gobernar resulta triste e inquietante.

La mentira afecta desde hace unos años a la Historia con mayúscula. La Historia, que tiene detrás el poso de los datos y el estudio de los historiadores, se nos presenta rehecha a gusto del consumidor. Sobre todo las etapas de la república y la guerra civil. En la guerra se empleó Stalin a fondo potenciando su intervención tras los sucesos de mayo de 1937 en Barcelona; una guerra dentro de la guerra como cuenta Orwell, testigo de aquella sangría. Esta Historia mentida que padecemos cuyos discrepantes podrían convertirse en delincuentes en la nueva vuelta de tuerca que se prepara, revive el Ministerio de la Verdad del Orwell de «1984».

La Constitución republicana de 1931, no sometida a referéndum, lo fue de una mitad de España contra la otra mitad. El presidente de la Comisión Constitucional, Luis Jiménez de Asúa, la definió en el Congreso: «Una Constitución avanzada, democrática y de izquierda». No se contemplaba una República de derecha, grave lastre y motivo último de su fracaso. Hay quien quiere repetirlo olvidando los errores y sublimando los éxitos.

La verdad ha muerto y su vacío conduce al totalitarismo. Si se persigue y se niega la verdad ¿cómo garantizar unas elecciones limpias y libres? Cuando la mentira resulta algo natural es que la sociedad está enferma. Suele llevar al enfrentamiento y al caos. Hemos vivido movilizaciones para negar la pandemia y desterrar las mascarillas. Nadie se moviliza para denunciar el fatal avance de la mentira. ¿A dónde vamos?
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Juan Van-Halen es escritor y académico correspondiente de la Historia y de Bellas Artes de San Fernando

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La moción de censura, una necesidad moral
Pedro de Tena Libertad Digital 7 Septiembre 2020

Desde que nació, Vox, otra torpeza más de un PP convertido en "pequeño Gran Hermano" de la derecha por Mariano Rajoy y sus ordenanzas, fue encamisado en el calificativo de "extrema derecha" por quienes así consideran a todos los que no piensan como ellos, esto es, la izquierda social-comunista. Pero que el PP y Ciudadanos se sumen al linchamiento de una fuerza política legal que defiende la Constitución, la Monarquía, la democracia y la Unión Europea, con los matices que se quiera, es decepcionante.

Los gerifaltes de Podemos, sostenidos por el PSOE, atacan la Constitución, derruyen la Monarquía y la Transición, socavan la democracia y terminan con ella en su propio partido, prefieren las uniones bolivarianas a la UE y, por si fuera poco, escrachan, atosigan e incluso pegan a los militantes de otros partidos sin que nadie diga nada. Y, oigan, son parte de este Gobierno sin que nadie se rasgue las vestiduras ni se atreva a elevar la voz. Pero con Vox, leña al mono, que es de goma.

Sabemos que la moción de censura que Vox va a presentar este mes no va a triunfar políticamente. Se acusa a sus responsables de corromper el instrumento legal, como si no hubiera habido otras en el pasado que tampoco iban a conseguirlo. Se culpa a sus dirigentes de "salvar al soldado Sánchez", en la suposición de que tal iniciativa potenciará aún más el ordeno y mando de un taimado PSOE que, quiérase o no, ha logrado generar crisis y abrir boquetes en casi todos los partidos de su coalición (Podemos, PDeCat, Esquerra, IU, salvo el PNV, por ahora). Incluso ha picado en Cs y en el PP. Pero los adivinos de la realidad explican que nadie tiene responsabilidad en la continuidad de esta farsánchez sino Vox.

Llevamos viviendo el himalaya de mentiras de este Gobierno desde el 1 de junio de 2018. Desde una campaña electoral totalmente falsa –recuerden cómo su ahora vicepresidente Iglesias quitaba el sueño o cómo Pablo Casado destacó diez de las mentiras electorales de Sánchez en el pleno de investidura– a una gestión de la pandemia de covid-19 que ha desconcertado y perjudicado a millones de españoles, estamos expuestos a una consternación intelectual y ética causada por el alud de dobleces, trolas, falacias, paparruchas, calumnias y estupideces que se nos ha venido encima.

Contrariamente a otros, yo creo absolutamente necesaria esta moción de censura de Vox, ante la evidencia de que nadie más la iba ni la va a presentar. ¿Alguien cree que PP y Cs iban a hacerlo? En el caso de Cs, ya se ha visto su deriva. En el del PP, ¿alguien supone que iba a aceptar la presencia de Vox en tal movimiento parlamentario? No. Por tanto, gracias a Vox los ciudadanos españoles tenemos una oportunidad para debatir qué ha pasado y pasa en España. Tal vez los medios de comunicación afines a unos y otros traten de silenciar lo que va a decirse y hacerse en el Congreso. Pero hoy, gracias a las redes sociales, tal intento es imposible.

Una moción de censura es una exigencia de responsabilidades al Gobierno de una nación ante una situación de extremada gravedad. Lo que ocurre en España desde hace dos años debe ser demostrada y contundentemente compendiado, ordenado, subrayado y proclamado, y todo ello debe ser hecho en el Parlamento. Los ciudadanos necesitamos, por moralidad política e interés inmediato, que va desde la salud a los ERTE, saber qué ha pasado en estos dos años, y muy especialmente durante la pandemia del coronavirus. Es conveniente conocer la crítica al Gobierno, la defensa del Ejecutivo y saber dónde está cada cual.

Además, necesitamos esperar un futuro más razonable y decente en una Europa y una España comunes; como se ha visto, cada nación y cada región han ido por su cuenta en casi todo. Por ello, necesitamos escuchar una propuesta de regeneración, no sólo de cambio político, y tener pistas sobre la estrategia para conseguir que la España democrática nacida de la Transición no sea dinamitada definitivamente.

O sea, aunque no vaya a conseguir la caída del Gobierno, esta moción de censura puede iluminar la construcción de un camino más recto para una España más digna que no cierre por la incompetencia de un Gobierno vergonzoso que puede empeorarlo todo. Moralmente, la necesitamos.
 


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