AGLI Recortes de Prensa   Jueves 10  Septiembre  2020

Pedro Sánchez o la ludopatía presupuestaria
Editorial El Mundo 10 Septiembre 2020

Albergábamos la esperanza de que la pandemia y sus efectos devastadores -en lo sanitario y en lo económico- obraran el necesario cambio en el estilo de gobernar de Pedro Sánchez. La precariedad de su mayoría y la composición radical de sus alianzas no permiten afrontar la profunda crisis que se avecina en todos los ámbitos. Esperábamos que se diese a cuenta de la defunción de su programa. Y quizá lo haya hecho, pero en lugar de actuar en consecuencia, en esta vuelta al curso parlamentario está redoblando la apuesta por la mayoría Frankenstein que lo invistió. Cuando Sánchez se encuentra acorralado, siempre huye hacia delante por el camino más irresponsable.

Durante la sesión de control de ayer no solo situó a Podemos dentro de la Constitución y al PP fuera, y no solo arremetió contra Cs pese a su actitud colaborativa con el Gobierno desde que estalló la pandemia, sino que cortejó de forma mendicante a Gabriel Rufián para sumar a ERC a su aún inexistente plan presupuestario, que le aseguraría el agotamiento sin turbulencias del mandato. En realidad alguien como Sánchez tampoco tendría problema en agotar la legislatura con los Presupuestos de Montoro, pero parece que va a intentar aprobar unos propios. Para ello está presionando a todos los grupos -tanto le da si son constitucionalistas o si han promovido un golpe de Estado y tienen al líder en la cárcel o si se declaran amigos de Josu Ternera- para que se plieguen a su persona de antemano y sin condiciones, al más puro estilo sanchista. A tal objeto no ha tenido rebozo en vincular los fondos europeos con la aprobación de los Presupuestos, extremo que ha tenido que salir a desmentirle la misma Comisión Europea.

Sin embargo no a todos los trata igual. Colma a ERC de cortesía parlamentaria, llama a Torra para reactivar la mesa bilateral de la infamia -con el referéndum en el orden del día- y anuncia la rebaja del delito de sedición al gusto del separatismo para atraerse su apoyo. Todo mientras sigue negociando con Inés Arrimadas: dos barajas. Quizá alguien que ha labrado su carrera política sobre la traición a sus compromisos previos está incapacitado para imaginar una negociación leal. De ahí también que llegue a filtrar mensajes privados con el líder de la oposición con tal de aumentar la presión y allanar el horizonte de su poder.

Ya hemos dicho aquí que Cs debe negociar con condiciones claras, del mismo modo que debería romper las negociaciones si Sánchez persiste en relanzar su agenda de cesiones al separatismo, que no solo no se arrepiente ni renuncia a dar otro golpe sino que proclama orgullosamente que lo volverá a hacer. Pero por encima de la responsabilidad de cualquier socio eventual está la de un presidente incapaz de distinguir entre el patriotismo y la táctica, entre el plan a largo plazo y el golpe de efecto de esta mañana, entre la elaboración de las cuentas para un país sumido en la recesión y el vanidoso juego sin límites de su ludopatía parlamentaria.

Mentalidad reaccionaria
Agapito Maestre Libertad Digital 10 Septiembre 2020

Al baranda de la Moncloa le han vuelto a pillar con otra mentira. No es necesario tener aprobados los PGE para solicitar las ayudas a la UE por la crisis de la covid-19. Pero a Sánchez le da igual que lo acusen de mentiroso. Su naturaleza le impide decir verdad alguna. Engaña por sistema. Tampoco creo que sea sincero al lamentarse en sede parlamentaria, se dice pronto, de la muerte de un terrorista de ETA. Es solo una búsqueda de protección, por si acaso las cosas vienen mal dadas… Entre declaraciones de matones de barrio y chulerías de los bolivarianos se reparte el juego del poder. La cosa empieza a dar asco. El espacio público político está ocupado por desarrapados y aventureros.

Es el carácter destructivo del jefe de la Moncloa, ese que confunde votos con sabiduría, la principal seña de identidad de este Gobierno. Sus intervenciones en el Parlamento provocan vergüenza ajena. El ritmo de la destrucción de las instituciones empieza a ser alarmante. Entre otros motivos, seamos sinceros, porque enfrente tiene una oposición sin inteligencia y sin imaginación. Esta gente acabará pronto con lo poco que queda de democracia, porque su mentalidad es profundamente reaccionaria. Sí, la mentalidad reaccionaria es aquella que reacciona con furia y violencia ante algo que ellos no esperaban.

Su fantasía, su sueño dorado de enero de este año, no era otra que sobrevivir en el poder con un Gobierno de agitación y propaganda. Les bastaba con el rollo de Franco y la Guerra Civil, el cuento de los buenos y los malos, en fin, producción de basura ideológica para unas generaciones de analfabetos funcionales… Pero la peste de la covid-19 los ha puesto en su sitio, a pesar de que tienen a casi todos los medios de comunicación comprados. La omnipotencia fantaseada, cuando formaron el Gobierno de coalición, ha caído hecha añicos. Se necesita algo más que agitación y propaganda para mantenerse en el poder. Se necesita una idea para gobernar y una gran capacidad de gestión. Por desgracia para los españoles, esta coalición de socialistas y comunistas carece de las mínimas capacidades para satisfacer esas dos necesidades.

¿Qué les queda? La mentalidad reaccionaria. Actuar con la furia y la violencia del reaccionario. No tienen inteligencia ni imaginación suficientes para cambiar de ideas y pensamientos, cuando una nueva situación lo requiere. Se defienden, pues, con la regresión a una mitología que les garantizaría su innata superioridad: son socialistas y comunistas, son la izquierda, muy superiores a todos. Faramalla. Pero ellos persisten en decir que son moralmente superiores. Ridículos. Y, naturalmente, se esfuerzan por decirnos que tienen soluciones mágicas para cualquier situación de crisis.

Sí, son profundamente reaccionarios. Cuando les sobreviene al más mínimo fracaso, arremeten con toda su rabia y cólera contra los más débiles. Proyectan sus debilidades y agresividades propias contra enemigos secretos y alevosos. La saña utilizada por este Gobierno, junto a casi todos los medios de comunicación, contra la Comunidad de Madrid será estudiada por los futuros psiquiatras sociales como un paradigma de mentalidad reaccionaria. Después de estigmatizar a Vox como un partido demoniaco, cuando es el único que ha dado pruebas democráticas contra los golpistas catalanes en defensa de la Constitución y el orden liberal-capitalista, el delirio reaccionario de Sánchez ha llegado al punto de decir que el PP es un partido antisistema… De risa, si la cosa no fuera trágica.

Todos los caminos conducen a Delcy
OKDIARIO 10 Septiembre 2020

La Fundación CEPS se encargó durante años de asesorar a la dictadura chavista. OKDIARIO ha desvelado los innumerables contratos que firmó con el régimen venezolano, que regó con una lluvia de millones al «chiringuito» en el que Pablo Iglesias, secretario general de Podemos y vicepresidente segundo del Gobierno de España, formó parte de su Consejo Ejecutivo. La persona clave en los pagos fue Delcy Rodríguez, protagonista del «Delcygate -el caso del encuentro furtivo en el aeropuerto de Barajas con José Luis Ábalos, que se reunió con la número dos del régimen pese a que ésta tenía prohibido pisar suelo europeo- y muñidora principal de la financiación de la fundación podemita. La cifra global de dinero que CESP recibió por la intermediación de Delcy Rodríguez se eleva a 1.856.849, 53 euros, tal como OKDIARIO ha desvelado con la publicación de la documentación interna de la fundación. Pablo Iglesias no era un cualquiera en CESP, sino el «responsable de investigación», justo el concepto por el que más trabajó para la dictadura venezolana.

El rastro de los pagos liderados por Delcy Rodríguez evidencia que empezaron en febrero de 2006 hasta octubre de 2014, justo unos meses después del nacimiento de Podemos. La formación morada nacía, pues, dopada con los fondos provenientes de la dictadura chavista. Evidentemente, mantener esos cobros con el partido creado era un riesgo evidente a efectos de la normativa española de financiación ilegal y con dinero procedente del extranjero, por lo que la estrategia podemita fue paralizar el cobro a través de CESP y servirse de otra entidad, CELAG, Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica en Ecuador. Hay que recordar, como ya ha publicado OKDIARIO, que dos cargos del entonces recién creado Podemos, Juan Carlos Monedero e Íñigo Errejón, y un economista de referencia máxima del partido morado y asesor chavista, Alfredo Serrano, fueron claves en el lanzamiento del nuevo «chiringuito» que ahora está siendo investigado por las autoridades ecuatorianas por pagos a la cúpula de Podemos o a la propia estructura del partido de Pablo Iglesias.

Nadie mejor que Delcy Rodríguez conoce los tejemanejes de Pablo Iglesias: de los más de treinta contratos que CESP firmó con Venezuela, un tercio los otorgó directamente la hoy vicepresidenta venezolana. Pero más allá de lo obvio, toda la documentación en poder de OKDIARIO demuestra no sólo la estrechísima compenetración entre la dictadura chavista y el entorno del naciente Podemos, sino que Pablo Iglesias era conocedor de todos los aspectos relativos a la financiación. Porque, como se puede apreciar en los documentos, los convenios firmados por CEPS se hacían con conocimiento del ahora vicepresidente del Gobierno socialcomunista.

Máquinas de guerra
Gabriel Albiac ABC 10 Septiembre 2020

Pasaron ya cinco años desde aquel 7 de enero de 2015. Y los ejecutores de la matanza de «Charlie Hebdo» y del supermercado judío de Vincennes no comparecerán en el juicio que se inició el lunes. Fueron abatidos por la Policía, a la cual se enfrentaron con la eficiencia armada de un comando especial en tiempos de combate.

Constatar aquella eficacia en el arte de matar está siendo lo más espeluznante para la Francia que retorna, en este juicio, sobre el horror de los hechos. Ese horror que iba a venir seguido, al cabo de diez meses, por la aún más masiva matanza en la sala de rock Bataclan y en las calles y los bares colindantes. Esa segunda vez, los asesinados serían 131. Idéntico, el modo minucioso de ir rematando a los heridos. Luego, los ejecutores serían abatidos por la gendarmería en una de las fortalezas islamistas más recias de Francia. Yo no olvidaré nunca la ventana de aquel apartamento aún humeante, en Saint-Denis, que fue el último refugio de los asesinos y su final trinchera. Francia se supo ese día en guerra: y la aviación francesa inició esa misma noche sus bombardeos sobre el territorio iraquí de Daesh.

Ante los jueces, el responsable de la fuerza antiterrorista fue el lunes glacial y claro: «Hacíamos frente a una operación militar». Nada tenía en común aquello con el viejo terrorismo. Foto a foto, con una austeridad de cirujano, el comisario Christian Délau fue siguiendo el trayecto de los asesinos por la redacción. Se advirtió a los asistentes de que las imágenes podían ser insoportables. Lo eran: lo es siempre una ejecución a sangre fría. Más dura aún fue la reflexión de una de las supervivientes ante la cabeza reventada de su colega Bernard Maris: «¡Había tanta inteligencia, tanta humanidad, tanto humor en aquel cerebro desparramado sobre el suelo!». Ahora había sólo un charco de sangre.

¿Lo más aterrador? Que no era un grupo salvaje; era una unidad operativa. En apenas dos minutos, los hermanos Kouachi, completan su misión; kalashnikov en mano, van rematando con precisión a los que caen: siete balas para el director del periódico, Charb, tres de ellas en la nuca; tres balas para el gran Wolinski, puede que el más brillante de los viñetistas de su generación y el maestro de los más jóvenes… Y así, uno tras otro: los ejecutores aplican órdenes de no dejar supervivientes. Délau concluye: «Nunca nos habíamos enfrentado a algo así». No por el nivel de la crueldad. Por el método. «Los policías -apostilla un abogado- pensaban intervenir en un asunto de derecho común, no en un escenario de guerra».

Recuerdo aquellos días helados de enero de 2015, en los que ABC me envió a París para narrar la barbarie. «No es terrorismo», escribí entonces. «Es guerra. Ya está bien de eufemismos que llevan al desastre». Algunos pensaron entonces que estaba haciendo hipérbole o metáfora. Pero yo escribía con un empeño de literalidad que sólo en estos días se impone a los juristas como un hecho. «Hemos visto a las máquinas de guerra», dejó caer el lunes una de las abogadas. No hemos dejado de verlas. En París, Londres, Niza, Barcelona… Como antes ya las vimos en el Madrid de 2004.

Pero las guerras hay que darlas y ganarlas. O resignarse a perderlas. La dibujante Coco, que sobrevivió a la carnicería, ponía el martes nombre completo a los culpables: «Los Kouachi y sus cómplices», sí, pero también todos «aquellos que cierran los ojos ante el islamismo». Instagram, que ha desactivado la cuenta de la «peligrosa» Coco, por ejemplo.


******************* Sección "bilingüe" ***********************Patria
Ya no se levanta una voz en el PSOE cuando se pisotea a sus muertos
Luis Ventoso ABC 10 Septiembre 2020

El sábado 27 de octubre de 1979 llovía a mares sobre Guipúzcoa y corría un fresco desapacible. A las cuatro de la tarde, el militante socialista Germán González López, de 34 años, aparcaba en la plaza de Urretxu, un pueblo de 6.000 vecinos del interior de la provincia. Al abrir el maletero del coche, un modesto utilitario Seat 127 propiedad de su hermana, dos pistoleros de los Comandos Autónomos Anticapitalistas, una escrecencia etarra, comenzaron a dispararle por la espalda. Nueve tiros de munición 9 milímetros Parabellum, de los que siete hicieron blanco y mataron a Germán. Txiqui Benegas, secretario general de los socialistas vascos, condenó «este atentado de los fascistas de ETA contra la clase trabajadora». El PSOE convocó una manifestación de repulsa contra la banda terrorista en Zumaya, el pueblo del litoral guipuzcoano donde vivía su compañero. Siete mil personas marcharon en silencio frente al domicilio de Germán.

Dos días antes del atentado, los vascos habían aprobado en referéndum su Estatuto de Autonomía, con un apoyo del 90,2%. Germán había hecho campaña a favor desde su pequeño cargo de secretario de propaganda en Zumaya. Soltero, vivía en un piso angosto con su hermana, su cuñado y una sobrina de cuatro años. Había nacido en un pueblo de Ávila y era un trabajador pluriempleado: soldador en Berdana S.A. y fotógrafo.

Ya nadie se acuerda de Germán, el primer mártir socialista asesinado por defender públicamente en el País Vasco la unidad de España y las libertades y derechos constitucionales. Pero en su familia lo recuerdan cada día, por supuesto. En 2011, su sobrina contó como vivió el día del asesinato. Recordó que la Cruz Roja llegó al piso de Zumaya y entregó a su madre la ropa que vestía su hermano, desgarrada por los tiros y manchada por grandes pegotes de sangre apelmazada. Recordó a su madre, con la cabeza ida de dolor mientras lavaba en la bañera como una autómata la vestimenta de su hermano. Recordó el féretro con el cadáver de su tío, colocado en la pequeña salita del piso, y cómo «mi casa se fue llenando de gente importante y seria, de la que salía en la tele, que le daba la mano a mi madre». Lamentó que «enseguida se olvidaron de nosotros». Y que ahora en el pueblo ya manda Bildu, la continuidad política de lo que había sido ETA. Y que «mientras que nosotros nos quedamos solos, con el corazón roto y el miedo en el cuerpo, el ayuntamiento subvenciona a los familiares de los etarras».

Luego ETA mató a más socialistas: Enrique Casas, Vicente Gajate, Fernando Múgica, Tomás y Valiente, Buesa, Jáuregui, Ernest Lluch, Froilán Elespe, Juan Priede, Pagaza, Isaías Carrasco. Bombas bajo los coches, tiros en la nuca y la cabeza. Familias heridas para siempre. Militantes aterrorizados por el clima violencia, que no podían defender sus ideas en igualdad de condiciones con el nacionalismo.

Sánchez transmite a Bildu en el Senado su sentidísimo luto por el suicidio de un etarra que cumplía pena de prisión. No se levanta ni una sola voz en el PSOE en defensa de la memoria de sus muertos. Huelgan adjetivos. Todo está dicho.

Para «profundo lamento», el de las víctimas
Editorial ABC 10 Septiembre 2020

Cada vez que Sánchez necesita los votos de EH Bildu se revela como el político poco escrupuloso que es para aceptar los apoyos más sórdidos del arco parlamentario. Esta actitud amoral de Sánchez adopta múltiples formatos, pero siempre convergen en una actitud complaciente con quienes representan el mayor horror sufrido por los españoles en democracia. Al presidente no se le puede reprochar que no se alegre con la muerte por suicidio del etarra Igor González, condenado a veinte años de prisión por diversos delitos terroristas. Pero entre no alegrarse y «lamentar profundamente» el fallecimiento voluntario de este terrorista hay un trecho verbal y moral que Sánchez recorrió sin reparar en el daño que sus palabras iban a causar en las asociaciones de víctimas y en los miembros de las Fuerzas de Seguridad del Estado. Un profundo lamento por el suicidio de un terrorista es algo que un presidente del Gobierno no puede permitirse por el recuerdo de los casi mil asesinados por ETA. Pero ese lamento es toda una declaración de intenciones. la de granjearse el apoyo de los cinco proetarras de EH Bildu y la de abrir paso a la «nueva normalidad» que el entramado de ETA quiere para legitimar el pasado criminal de esta banda terrorista. Por cierto, solo «banda» para Sánchez, sin el adjetivo terrorista, para avanzar más en la suavización de un discurso acompasado por los acercamientos de presos etarras por el Ministerio de Interior. Tampoco «presos etarras» para Sánchez, que se refirió a ellos como «presos vascos», premiando la estrategia batasuna de afirmar la estrategia de un conflicto entre España y el País Vasco.

Sánchez ha debido de tomar nota de cuando Zapatero calificó como «accidente» el atentado en la T-4 de Barajas que costó la vida a dos personas. Era cuestión de tiempo que esta degradación de las palabras acabara en una degradación de los valores.

Una humillación a las víctimas por los cinco votos de Bildu
Editorial El Mundo 10 Septiembre 2020

En su desesperada búsqueda de apoyos para sacar adelante su primera ley de Presupuestos, el presidente del Gobierno recurrió a una indignidad impropia del cargo que ostenta e inédita en nuestra democracia. El martes, ante el pleno del Senado, Pedro Sánchez se puso de rodillas ante los herederos de ETA con el fin de lograr el voto favorable de los cinco parlamentarios de EH Bildu en el Congreso. Pero su postración no es solo la de un político sin escrúpulos dispuesto a la mayor de las infamias por mantenerse en La Moncloa. Es la escenificación de la renuncia del Estado -al que Sánchez representa- a su propia dignidad en favor de una organización criminal, y supone un insulto y una humillación a todas las víctimas del terrorismo etarra.

Como recordó ayer la AVT -que lleva esperando desde el 8 de enero una respuesta del Gobierno a su solicitud de reunión-, la batalla por la deslegitimación del terrorismo se juega en el lenguaje. Y no es casual que Sánchez se refiriese al grupo terrorista como "la banda ETA" y a los asesinos encarcelados como "presos vascos". O que afirmase que lamenta "profundamente" el suicidio en su celda del etarra Igor González, condenado a 20 años de prisión, asumiendo así el discurso abertzale de que la española es una política penitenciaria represiva y vengativa.

Pero ni fue el Estado el que provocó el suicidio de Igor González ni existen en España instituciones propias de una dictadura, como denuncian personajes de la catadura moral de Otegi. Es más, desde la llegada al Ministerio del Interior de Fernando Grande-Marlaska se vienen aplicando generosos privilegios a los etarras encarcelados y casi 60 de ellos -algunos con delitos de sangre- han sido acercados a cárceles próximas al País Vasco, sin que públicamente hayan acatado la legalidad vigente ni hayan pedido perdón a las víctimas.

El pésame
Al trasladarle su condolencia explícita, Sánchez identifica a Bildu como la familia política del terrorista suicida
Ignacio Camacho ABC 10 Septiembre 2020

A diferencia de ciertos heroicos gudaris vascos que brindaban en la cárcel cuando sus colegas sicarios asesinaban a un matrimonio desarmado, cualquier persona bien nacida lamenta la muerte de un ser humano. Incluso aunque esa muerte haya sido voluntaria -se llama suicidio- y el difunto fuese miembro de un comando terrorista condenado a veinte años. Se llamaba Igor González Sola y había sido el primer preso etarra acercado por el Gobierno de Sánchez al País Vasco, detalle pese al cual Otegi, el hombre de paz, y sus cofrades han dado en considerarlo una víctima del sistema penitenciario. Nada a lo que no estemos acostumbrados. La novedad del caso consiste en que el presidente del Gobierno trasladó el pesar «profundo» (sic)

de Su Persona a los representantes de Bildu en el Senado, gesto con el que los venía a reconocer como directos parientes políticos del finado. Es decir, que el primer mandatario de la nación no sólo se solidariza en el plano humanitario con los herederos de una banda criminal sino que los blanquea tendiéndoles la mano por si resultasen necesarios -que ya lo han sido- a la hora de tejer pactos. Es la primera vez que el terrorismo recibe la condolencia oficial del Estado. Está en las actas para que nadie pueda llamarse a engaño.

Sánchez omitió para la ocasión el calificativo de «terrorista», esencial para entender la desgraciada peripecia del recluso suicida. Para un hombre que mide -o le miden- tanto los términos resulta una elusión altamente significativa que ha suscitado la comprensible indignación de las víctimas. Las palabras nombran las cosas, y por tanto dan y quitan importancia tanto en política como en la vida; la que el presidente silenció adrede es decisiva para entender por qué Igor González cumplía una severa pena impuesta por un tribunal de justicia. Pero en el nuevo relato del posterrorismo, la violencia adquiere una condición remota, borrosa, accesoria, nimia; como un contexto incidental que poco a poco se va disolviendo en la bruma imprecisa de la narrativa contemporizadora sobre una normalización ficticia. Los crímenes de ochenta años atrás necesitan una catarsis colectiva; los de hace veinte es mejor enterrarlos bajo la pátina de una mentalidad olvidadiza, flexible, transigente, ambigua, en la que pronto serán indistinguibles las antipáticas, crueles verdades y las mentiras conformistas.

En los últimos seis meses, el presidente ha dispuesto de cincuenta mil oportunidades -o treinta mil según sus cicateras cuentas- de expresar a otras tantas familias españolas una condolencia personalizada. Lo hizo muy a destiempo y en una ceremonia funeraria abstracta, genérica, casi a rastras de una opinión pública que no entendía la causa de la tardanza. Sólo le ha hecho falta una semana para manifestar su pésame a los legatarios políticos de un etarra. Quién dijo que era imposible retratar el alma.

Sánchez se humilla y nos humilla ante ETA
Isabel San Sebastián ABC 10 Septiembre 2020

Que el presidente del Gobierno de España se deshaga en lamentos y explicaciones públicas por el suicidio de un terrorista encarcelado constituye una humillación sin parangón en el mundo democrático. ¿Se imagina alguien a Merkel, Macron o Conte haciendo lo propio? No. La idea misma resultaría inconcebible para cualquiera de estos mandatarios, revestidos de la dignidad que se echa a faltar en el nuestro. Claro que ellos no deben sus cargos a un partido heredero de una banda criminal, beneficiario directo de sus casi mil asesinatos, ni mendigan el «sí» de esos diputados para sacar adelante sus presupuestos. Ellos, Macron, Conte o Merkel, no tolerarían en sus parlamentos la presencia de un grupo como Bildu, cuya vinculación con ETA es

tan estrecha que se erige en portavoz de sus presos. («Presos vascos», dijo el líder socialista, en un eufemismo infecto.) Ellos no ensuciarían sus democracias otorgando plena legitimidad a una formación que jamás ha condenado los tiros en la nuca empleados durante décadas por su ramal de la capucha para eliminar la competencia en sus circunscripciones electorales. Ellos jamás aceptarían el respaldo de esa gentuza con las manos manchadas de sangre.

Pedro Sánchez se mostró solemne y contrito este martes, en el Senado, al dirigirse al representante de Bildu para expresar cuán «profundamente lamenta» la muerte de Igor González, condenado por pertenencia a la organización terrorista, que cumplía su pena en la prisión donostiarra de Martutene después de haber sido acercado a casa, como tantos otros pistoleros a sueldo de la serpiente a raíz del mal llamado «proceso de paz» iniciado por Zapatero. El tal González se quitó la vida por voluntad propia; nadie se la arrebató a traición, tal como hicieron los suyos con ochocientos veintinueve inocentes abatidos por la espalda. El tal González gozaba de unas condiciones de reclusión incomparablemente mejores que las que infligieron sus colegas a José Antonio Ortega Lara, encerrado en un infecto zulo durante quinientos treinta y dos días. El tal González se había beneficiado de todas las garantías que ofrece un Estado de Derecho como el nuestro (cuyo pecado, si acaso, es velar en exceso por el delincuente en detrimento de la víctima), pese a lo cual el jefe del Ejecutivo dedicó varios minutos a justificarse ante el senador bildutarra asegurando que aquí la política penitenciaria se basa en «un estricto respeto a los derechos humanos» ajeno al «afán de venganza» y la «violencia» que denuncian desde las filas tributarias del legado etarra. Respondía así a las acusaciones de ese otro terrorista reconvertido en líder político, Arnaldo Otegui, alias «Gordo», secuestrador consumado y asesino en grado de tentativa, que el pasado sábado se había permitido aleccionarnos desde Guernica afirmando que «mientras no desaparezca la violencia de Estado difícilmente se podrá hablar de convivencia democrática». ¿Cabe mayor cobardía por parte de quien debería haber puesto a ese individuo en su sitio? ¿Se puede caer más bajo?

Sánchez es el presidente de los españoles, también de quienes sufrieron la barbarie de esas bestias. Prestarse a pedir perdón por el suicidio de un terrorista convicto, mostrar solidaridad con sus correligionarios, dar carta de naturaleza a las calumnias de un separatista poseedor de un largo historial delictivo es impropio de un dirigente que aspira a ser respetable y respetado. Si malo es que implorara su apoyo para auparse hasta La Moncloa, peor es verle arrastrarse ante ellos con tal de mantenerse en el cargo. Porque su actitud servil, sus disculpas abyectas no solo lo humillan a él, sino que nos cubren de oprobio a todos.

Sánchez, en la muerte de un terrorista
Pablo Planas Libertad Digital 10 Septiembre 2020

El presidente del Gobierno no puede caer más bajo. O sí, porque cuando creemos que ya ha tocado fondo es capaz de dar un paso más hacia el abismo de la inmoralidad más escalofriante. Viene Pedro Sánchez de dar su más sentido pésame por Igor González Sola, un terrorista de la banda terrorista ETA que se suicidó en la cárcel de Martutene. Respondía en el Senado a la interpelación de un miembro del partido Bildu, la extensión parlamentaria de ETA, cuando con tono y rostro compungidos lamentó el fallecimiento del citado sujeto. Tal vez para congraciarse aún más con los proetarras, el presidente no sólo se abstuvo de calificar a González Sola de terrorista sino que evitó dar ese tratamiento a la "banda (pausa) ETA".

Sánchez quiere los votos de Bildu para aprobar los Presupuestos Generales del Estado porque lleva más de dos años instalado en la Moncloa y todavía funciona con los números de Cristóbal Montoro, así de endeble es su mayoría. Y los quiere aunque no los necesite, como los buscó y los obtuvo para una prórroga del estado de alarma a cambio de la promesa de derogar la reforma laboral del anterior Gobierno. Sánchez no se cansa de llamar a la unidad, pero en su unidad cuentan más los proetarras y los golpistas que el resto de las formaciones. Inés Arrimadas debería tomar nota y dejar de sostener la ficción de que el Gobierno está dispuesto a llegar a acuerdos también con partidos como Ciudadanos. Sánchez no va a dejar de hacer la pelota a ERC y a Bildu, aunque se lo pudiera permitir. Es el escorpión en la fábula del río y la rana.

El mismo tipo que tardó meses en mostrar las más leves muestras de condolencia por las decenas de miles de españoles muertos por el coronavirus, el político frío y calculador que negó un funeral de Estado a esas víctimas y les montó una lamentable ceremonia laica, el individuo que ha tratado de ocultar los estragos de la pandemia y de su incompetencia casi se pone a hacer pucheros en la necrológica del terrorista, cuya muerte dijo lamentar "profundamente". Perfecto, cada uno lamenta lo que quiere y Sánchez no desaprovecha oportunidad para dejar claro a quién aprecia y a quién desprecia, aunque Arrimadas y a veces Casado se crean que forman parte de los primeros.

Antes de alcanzar el poder se hartó Sánchez de negar que fuera a pactar con los separatistas o con los proterroristas, pero una vez instalado en Moncloa se ha quitado la careta de socialista de bien para mostrar la jeta de cemento del político desahogado y chulesco que disputa con éxito a Zapatero el título de peor presidente de la democracia.

En mayo de 2007, cuando el Gobierno del antecitado Zapatero negociaba con ETA, uno de los representantes del Ejecutivo dejó claro el sentido último de los contactos, según consta en el libro Sangre, sudor y paz, de Lorenzo Silva, Manuel Sánchez y Gonzalo Araluce (Península):

El objetivo final del proceso no es la rendición de ETA, tampoco es la independencia de Euskal Herria, ni el Estatuto único. El objetivo final es que la izquierda abertzale y ETA puedan defender su proyecto político en igualdad de condiciones y que ETA desaparezca porque existen esas vías políticas. Finalmente desaparición de presos y exiliados. Porque ya no existan causas de que los haya.

Después de estas palabras aún hubo más coches bomba y tiros en la nuca. Y eso a pesar de que el Gobierno asumía el lenguaje terrorista, hablaba de "exiliados" y extendía una alfombra roja para que la banda criminal se instalara en las instituciones. ETA no se ha sido derrotada. Como bien decía el anónimo representante del Gobierno, el objetivo no era la rendición de los asesinos sino su traslado a las cámaras parlamentarias. El pésame de Sánchez corrobora la vigencia del pacto con los asesinos.

Catalanes: os dan permiso para hablar castellano en casa, dad las gracias
Teresa Giménez Barbat okdiario 10 Septiembre 2020

Así se ha estrenado Ángeles Ponsa, la nueva consejera de Cultura de la Generalitat. Mujer de mente abierta, ha otorgado: «Que cada uno en su casa hable su lengua materna, faltaría más». Las formas son importantes, y quizá haya que actualizarlas para marcar alguna diferencia con su predecesora, Mariàngela Vilallonga (Sra. García si se es muy tradicional). Eso sí, circunscribiendo esta deplorable costumbre en la «intimidad de los hogares», pues el castellano se deja en la puerta porque el fondo del asunto va a continuar siendo el mismo: la lengua “normal” de Cataluña es el catalán y todo esto de la cultura catalana en castellano son collonades. Fueron libertinajes de los primeros años de la Transición. En el SXXI, la cultura en Cataluña será en catalán o no será.

Viven en su burbuja, alejados de la realidad. No contemplan la Cataluña bilingüe como más auténtica y rica, sino una en la que los charnegos les hablan de tú a tú. Y eso sí que no. En una entrevista en Catalunya Radio, la nueva consejera propuso que el catalán fuera la «lengua común» y de «conexión» entre la ciudadanía de Cataluña. Esto quiere decir que todos los que han llegado de fuera con lenguas distintas utilicen el catalán por encima de la lengua de los 500 millones de hablantes. Muy práctico, algo que sin duda están todos deseando. Vinieron aquí para eso, para trabajar en ese “objetivo de país».

¿Por qué no vivir en la realidad y sacarle el mejor partido posible al español y al catalán? Una lengua minoritaria sólo se adopta por amor. La coacción es un camino equivocado. Pero ellos insisten e insisten. Por ejemplo, hace unos días, un noticiero de TV3 entrevistó a una camarera que hace once años que trabaja en el Parlament. El motivo eran los 40 años del restablecimiento de la cámara catalana. Pero, ay, la señora respondió en castellano y eso le valió un alud de improperios. Muchos independentistas se mostraron indignados y lo expresaron con un “no puede permitirse”. Vamos, que hay que impedirlo.

Sí, decirles a los medios a quién no entrevistar o contar como tertuliano es ya una inveterada costumbre a la que siguen aferrándose después del naufragio del procés. Le ha tocado estos días a la periodista Anna Grau, también bestia parda de los talibanes por sus opiniones nada pro independencia y su acercamiento a entidades constitucionalistas. El ex diputado de ERC al Congreso (¿qué pinta un separatista como diputado de España?) y ahora director del digital larepubica.cat (sí, la república, esa que al parecer rige en sus mentes fabuladoras), Joan Puig, exigió que no invitaran más a Grau a Catalunya Ràdio. Razones: se empeña en comentar la realidad de forma en exceso realista. Al parecer es una mujer “marcada” por “el odio al país” (se entiende que al país imaginario de Puig). La respuesta de la periodista ha sido de lo más certera: “comentarios así aún hacen más cómico el intento de negar el problema de convivencia y de mala leche que algunos han creado en la sociedad catalana”.

Lo correcto, parece ser, es lo que ha hecho TV3 esta semana: una entrevista de ¡65 minutos! a Marta Rovira que publica, con Oriol Junqueras un libro titulado ‘Tornarem a vèncer’, ‘Volveremos a vencer’ (en su delirio creen que eso fue lo que sucedió) y al presidente del Parlament Roger Torrent. A ver qué constitucionalista disfruta de este tiempo y recibe un trato similar.

Todo esto en una semana cuyo inicio conmemora un terrorífico ataque a las relaciones entre ciudadanos. Hace 3 años, sin ninguna consideración por nuestros derechos y libertades y mucho menos por nuestros sentimientos y temores, la mitad de Cataluña dio un golpe contra la otra mitad. Y Pedro gobierna con ellos.

Ciudadanos denuncia el destierro del castellano de Colau
El partido naranja lleva a la Síndica de Barcelona las campañas 'solo en catalán' que prepara el Ayuntamiento de Barcelona
Ignasi Jorro Cronica Global 10 Septiembre 2020

Ciudadanos reacciona. El partido naranja ha denunciado ante la Síndica de Barcelona el destierro del castellano de las campañas municipales del Ayuntamiento de Barcelona. La formación ha denunciado el "sectarismo" de Barcelona en Comú por las campañas 100% en catalán y los "complejos" del PSC, su socio de gobierno municipal.

En declaraciones a este medio, el partido que comanda Luz Guilarte en la Ciudad Condal ha desgranado las acciones que ha tomado tras informar este medio de que el Ejecutivo local prevé relegar el castellano a los subtítulos en las campañas audiovisuales. "Hemos exigido que rectifiquen las bases de esta licitación y emitan los anuncios dirigidos a la ciudadanía en ambas lenguas oficiales, en catalán y en castellano, y que no se relegue al castellano que, además, es el idioma más hablado entre los barceloneses". Asimismo, Cs ha denunciado el concurso público ante la Síndica de Barcelona para que "tome cartas en el asunto y se dejen de vulnerar los derechos de todos los barceloneses".
"Hay que poner fin al ninguneo"

La formación que pilota Guilarte ha enfatizado que "el equipo de Colau traduce habitualmente los escritos y discursos que presentamos al ayuntamiento". Ello, sumado al destierro del español en las campañas institucionales, supone una "vulneración de derechos, ninguneo y desprecio hacia una de las lenguas más importantes del mundo y la más hablada en la ciudad de Barcelona".

Guilarte ha subrayado que "para Ciudadanos, defender la cooficialidad de lengua es defender los derechos y libertades de todos los catalanes". La concejal ha afeado a Colau que "renuncie a gobernar para todos los barceloneses". Asimismo, la electa lamenta el "sectarismo" de la primera edil y los "complejos del PSC, su socio de gobierno" ante el "totalitarismo lingüístico que . "Es una auténtica vergüenza y lo combatiremos", ha remachado la edil.
El castellano, subtitulado como el inglés

La denuncia de Ciudadanos a la Síndica se produce después de que Crónica Global avanzara que el Ayuntamiento de Barcelona relegará a los subtítulos el castellano en las campañas institucionales. Así figura en el pliego de condiciones del concurso para producir las acciones audiovisuales del consistorio en los próximos dos años.

Ello es así pese a que el castellano es la lengua más hablada en la capital catalana, según las encuestas municipales. Lo que es más, en distritos muy diversos, como Ciutat Vella, los vecinos que no entienden el catalán superan el 10% de la población. Pese a estos datos, el Ayuntamiento de Barcelona ha optado por premiar la lengua catalana y subvencionar a las asociaciones que lo promueven, como la polémica Plataforma per la Llengua, desterrar al castellano de las oposiciones e incluso denigrarlo en alguna campaña.

Colau relega la lengua española a los subtítulos
Ignasi Jorro Cronica Global 10 Septiembre 2020

Ada Colau, alcaldesa de Barcelona, relegará la lengua castellana a los subtítulos. El gobierno municipal que comanda la líder de Barcelona en Comú emitirá campañas audiovisuales y actos comunicativos solo en catalán en los próximos dos años, hasta 2022. En estas acciones para concienciar a la ciudadanía, el español tendrá el mismo estatus que el inglés.

Así figura en la licitación abierta para hallar a una empresa que "preproduzca, produzca y postproduzca productos audiovisuales y acciones de comunicación" para el segundo mayor ayuntamiento de España [ver expediente aquí]. En el encargo, con un presupuesto de 680.000,01 euros, el Ejecutivo local es claro. "En general, las piezas audiovisuales que se encarguen estarán locutadas en catalán y subtituladas en tres idiomas --catalán, castellano e inglés--. Esto es, se requerirán tres versiones por pieza", especifica el pliego de condiciones. Con este requisito, el gobierno relega la lengua común a la segunda división junto al inglés: el audio de las comunicaciones será siempre en el otro idioma cooficial en Cataluña: el catalán.

La mayoría de vecinos habla en castellano
Preguntado por la cuestión, el Ayuntamiento de Barcelona no ha contestado a los requerimientos informativos de este medio. Lo factual es que el polémico encargo que prevé que las campañas audiovisuales solo en catalán entra en franca colisión con los usos lingüísticos de los vecinos de Barcelona en su día a día. Según el último anuario estadístico municipal [consultar aquí], la mayoría de vecinos de la Ciudad Condal, un 54,7%, se expresa habitualmente en castellano. El 39,7% lo hace en catalán, mientras que un 5,5% declara utilizar otro idioma para sus quehaceres diarios.

Más preocupante es el hecho de que hay vecinos que no entenderán las campañas solo en catalán del ayuntamiento. Son el 12,4% de vecinos del distrito de Ciutat Vella que declaró no comprender la lengua catalana en la misma cata demoscópica en 2018. Casi el 6% de vecinos de Nou Barris y el Eixample también quedarán arrinconados de las campañas municipales, según el mismo trabajo.

El castellano, denigrado en una campaña en 2019
Pese a este escenario lingüístico en la segunda mayor ciudad española, el gobierno local de BComú y PSC ha pecado en ocasiones de poca sensibilidad con los castellanohablantes. Lo hizo, por ejemplo, al expulsar esta lengua de la macroconvocatoria de oposiciones municipales aprobada en 2019. Pese a que la oferta pública de empleo era la mayor en años, con 1.340 plazas, el bipartito sociocomún no dejó hacer los exámenes en castellano, tal y como avanzó este medio.

Lo que es más, días antes, el 25 de noviembre, con motivo del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, el Ayuntamiento de Barcelona emitió un polémico vídeo dirigido a los jóvenes en el que el maltratador hablaba castellano y el hombre que condenaba las agresiones y reprendía a sus compañeros por sexistas se expresaba en catalán. El grupo municipal de Ciudadanos, que comanda Luz Guilarte, pidió la retirada de la campaña.

Palma
Baleares exige catalán a los barrenderos pero no al jefe de la empresa pública de limpieza
INDALECIO RIBELLES El Mundo 10 Septiembre 2020

El gobierno de coalición de socialistas, nacionalistas (Més) y populustas de Unidas Podemos (UP) del Ayuntamiento de Palma tiene una cuanto menos curiosa manera de medir las exigencias impuestas en el conocimiento del catalán para el acceso al empleo público: para el personal de confianza, manga ancha, barra libre y cero exigencias mientras para el resto de aspirantes, acreditación oficial del nivel requerido, ya sea para acceder a una plaza de barrendero, de administrativo, auxiliar o técnico.

Esto es lo sucedido sin ir más lejos en la mayor compañía municipal del Ayuntamiento de Palma en número de trabajadores (1.500 empleados) y presupuesto (superior a los 130 millones de euros).

El consejo de administración de la empresa palmesana de aguas y limpieza (Emaya) presidida por el concejal socialista Ramón Perpinyà, nombró a finales de julio al nuevo gerente de la entidad, Manuel José Menéndez Prieto.

Con su nombramiento se incorporaba a la empresa pública un profesional de dilatada experiencia en puestos directivos de alta responsabilidad en los ámbitos de la energía, el agua, los residuos y el medio ambiente. De hecho es titulado en ingeniería de minas por la Universidad de Oviedo, especializado en tecnologías energéticas por la Universidad Politécnica de Madrid y cuenta con una amplia experiencia y formación en dirección de equipos y en innovación tecnológica y digital.

Sin embargo, y a diferencia del grueso de personal de la compañía, la dirección socialista de la empresa decidió con el voto a favor de sus socios de gobierno, los nacionalistas de Més y de Unidas Podemos (UP) eximir a su nuevo alto cargo de cualquier titulación de catalán. Ni tan siquiera el nivel básico A1 que acredita un mínimo conocimiento de la misma.

Algo insólito si tenemos en cuenta que desde la legislatura pasada con los nacionalistas de Més al frente de Emaya, la certificación del conocimiento de esta lengua se convirtió en requisito imprescindible para el acceso a cualquier puesto de trabajo en la compañía. Lo que hasta la fecha era un mérito se convirtió entonces, y así se mantiene hasta la fecha, en un requisito para todos los aspirantes a entrar en la entidadd municipal: desde altos cargos directivos a incluso barrenderos.

En el caso de Menéndez (con un sueldo superior bruto de 62.000 euros anuales) no ha sido así. Hasta el propio presidente de la compañía Ramon Perpinyà, reconoció este hecho en el consejo de administración al resto de directivos en la sesión en la que se procedió a su nombramiento.

Fuentes consultadas presentes en la reunión afirmaron que el nuevo alto cargo se comprometió ante el resto de consejeros interesarse por el dominio de esta lengua pidiendo compresión por sus carencias a fecha de hoy.

La representantes de los nacionalistas de Més, la expresidenta de Emaya, Neus Truyol, al igual que el de UP votaron a favor de su nombramiento sin poner objeción alguna y de hecho el castellano fue la lengua usada en esa reunión.

"Es un cargo de confianza y no se requiere", precisaban ayer fuentes oficiales de la empresa justificando el doble rasero en materia lingüística. No obstante hay que indicar sin ir más lejos que todos los concesionarios y proveedores de servicios del Ayuntamiento de Palma tienen la obligación de usar el catalán en el trato con la Administración municipal. A ello hay que sumar el hecho de que, hasta la fecha, el orden del día de todos los consejos de administración de Emaya y el desarrollo de los puntos a tratar se tramitan en esta lengua. Al menos hasta ahora.

Amparo Izquierdo, camarera del Parlament acosada por independentistas / TV3
Acoso 'indepe' a una camarera del Parlament por no hablar catalán
Las redes se han llenado de mensajes criticando a la trabajadora por responder en castellano a las preguntas de TV3
Paula Boira Nàcher Cronica Global 10 Septiembre 2020

Amparo Izquierdo, una camarera que trabaja desde hace11 años en el Parlament, ha sido víctima de una campaña de acoso independentista tras salir hablando castellano en una entrevista que TV3 le hizo con motivo del 40º aniversario de la cámara catalana.

Entrevista a Amparo Izquierdo, camarera del Parlament / TV3

Después de la difusión de las imágenes, varios usuarios han dejado mensajes en Twitter recriminando que la trabajadora no haya usado el catalán a la hora de dirigirse a los medios de comunicación.
Vergüenza por hablar castellano

Algunos perfiles han sugerido que "se debería conseguir que les dé vergüenza hablar castellano en Cataluña" porque es "la lengua de los inadaptados" y de "extranjeros".

No es la primera vez que la tuitosfera separatista responde airadamente cuando en un establecimiento se usa una de las dos lenguas oficiales de la comunidad.
"No es catalana"

En este caso, algunos comentarios han rozado incluso la xenofobia: “No es catalana, no se adapta y por eso realiza ese trabajo”, reza uno de los mensajes.

Otros han ido más lejos y han llegado a sugerir que, si no habla catalán, debería perder su trabajo. El señalamiento de la trabajadora no ha contado por el momento con el rechazo de ningún líder independentista, mientras la campaña de desprestigio sigue arreciando en Internet un día después de la entrevista en la televisión catalana.


 


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