AGLI Recortes de Prensa   Sábado 19  Septiembre  2020

Zombificar la economía antes de arruinarla
EDITORIAL Libertad Digital 19 Septiembre 2020

Otoño no sólo puede volver a poner en jaque el sistema sanitario, sino que amenaza con llevarse por delante buena parte del tejido productivo.

La economía nacional se derrumba. No hay ningún indicador en el que se vislumbre un mínimo indicio de recuperación. Todo lo contrario. Ni en V, ni en V asimétrica ni en W: por mucho que Nadia Calviño intente engañarnos con las letras del abecedario, la crisis se prevé larga, dolorosa y será lo más parecido a una L. Esta semana, numerosos organismos han dado un baño de realidad al Gobierno social-comunista con sus previsiones sobre España. Mientras Sánchez continúa ocultando la verdad a los ciudadanos, los números no fallan: el hundimiento va a ser mucho peor de lo que indicaban los primeros cálculos.

Por la incompetencia de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, España sufrirá la peor recesión del mundo desarrollado. Ese es el pronóstico de la OCDE para 2020, que avanza una contracción de entre el 11 y el 14%. En la misma línea van el Banco de España y la Fundación de las Cajas de Ahorros (Funcas), que también han empeorado las previsiones para este año, con desplomes que van desde el 10,5 hasta el 13%. La negligente gestión del Ejecutivo, los rebrotes del coronavirus y la debacle del turismo en agosto han truncado cualquier optimismo. Los técnicos alertan de que la recuperación será tan lenta como incierta. Así, Funcas cree que España no recobrará los niveles previos a la pandemia hasta 2024. Si los vaticinios se cumplen, con una tasa de paro en torno al 20% y una avalancha de quiebras empresariales amenazado el tejido productivo, los próximos cuatro años serán agónicos.

Para Funcas, la crisis impactará en las cuentas públicas con un aumento del gasto de unos 26.000 millones este año y un desplome de la recaudación de unos 72.000 millones. Este desfase elevará el déficit público hasta el 12% del PIB, en lo que coincide el Banco de España. La deuda pública, según ambos organismos, seguirá descontrolada y superará el 120% del PIB, de donde no bajará en años.

Sánchez, poseído por los demonios
Jimmy Giménez-Arnau okdiario 19 Septiembre 2020

En ‘Los Endemoniados’, Dostoievsky ya nos alertó: “Partiendo de la libertad ilimitada, se llega fácilmente al despotismo sin límites”. Hoy hablamos de Sánchez, otro poseso. Cuando las ambiciones de un déspota son tan grotescas, como egoístas, por no decir viscerales, oscilan, debido a su prepotencia, cada vez más difícil de controlar, entre esos aires de prestigio que se arroga y los despropósitos que a cada paso manifiesta su inferioridad para eternizarse en un cargo que le viene grande. Mitad inepto, mitad demonio, este diabólico e inútil mandatario nos llevará a la ruina. Basta con creer a Dostoievsky.

Tras un muy largo semestre de angustia y terror desde que brotó este maldito virus, que tanto nos acojona, el Gobierno social-comunista consiguió hundir la economía, triplicar los contagios y enfrentar a los españoles. Nuestros ministros y ministras quieren aprobar los Presupuestos para alargar la legislatura. Desconociendo el objetivo de gasto y la senda de déficit, son incapaces de presentar un simple borrador que justifique sus disparatadas cuentas ante la UE. Si a esto añadimos que, de la mano de Sánchez, pudieran ir a Bruselas las tribus de Iglesias, Otegi y Rufián, trío maléfico, el futuro depende de dados marcados. El poder se ha convertido en una subasta.

Iglesias recibió a Rufián en un despacho pagado por todos nosotros, al más puro estilo chavista, luciendo una camisa roja. Como Sánchez siga haciendo el ganso, esos bolivarianos lo transformarán en una reliquia. Que se ande con mucho ojo y atienda los sabios consejos de algunos de sus ministros y de la inteligente y noble Arrimadas.

Fabricar Presupuestos como quien hace churros con tal de sobrevivir políticamente, a gusto de los zarrapastrosos demonios que le rodean, conduce a los infiernos.

Dios y ley vieja
Rosa Díez okdiario 19 Septiembre 2020

Estas cuatro palabras resumen el código genético del Partido Nacionalista Vasco, el viejo partido conservador que sostiene al Gobierno de Pedro Sánchez. Como ven, un lema muy laico y muy progresista, muy propio de la España de Sánchez en la que se pervierte el lenguaje con la misma normalidad (nueva y vieja) con la que Sánchez miente cada vez que abre la boca.

En la “nueva normalidad” -decretada por Sánchez tras haber agotado un estado de alarma de más de 90 días con el que instauró en España un régimen presidencialista y absolutista impropio de una democracia del Siglo XXI- el viejo partido conservador que se guía por el arcaico principio de Dios y la ley Vieja sigue alcanzando acuerdos con el nuevo PSE de Idioia Mendía, la líder socialista que celebra la comida navideña con el terrorista Otegi mientras cobra suculentos dividendos por seguir apoyando al nuevo PSOE de Pedro Sánchez, el líder socialista que gobierna España con el impulso de terroristas y golpistas confesos y en coalición con chavistas defensores de las dictaduras de América Latina y con comunistas defensores de genocidas como Lenin.

La “nueva normalidad” consiste en reforzar las políticas y a los individuos que han apostado y trabajado por el deterioro de la convivencia entre españoles para que sigan mandando en España quienes quieren acabar con la España democrática que surgió del Pacto de la Transición y que se plasmó en la Constitución del 78.

En la “nueva normalidad” la fiscalía se dedica a defender a los viejos y nuevos presuntos delincuentes, siempre que estos sean miembros del Gobierno de España o de los partidos que lo soportan. En la “nueva normalidad” solo habrá un poder encarnado en la figura del líder magnánimo que ha “salvado” 450.000 vidas.

En la “nueva normalidad” la propaganda sustituye definitivamente a los hechos y solo será verdad lo que proclame el gobierno; en la “nueva normalidad” la prensa libre pasará a ocupar un espacio marginal para convertirse en un nostálgico recuerdo del pasado.

En la “nueva normalidad” la Educación ha dejado de tener- como objetivo – siquiera formalmente- la vertebración del país y ser el instrumento igualitario más poderoso que tiene una democracia en sus manos para, por ley, y pasar a ser un departamento de adoctrinamiento de los niños en manos del Gobierno. Ya saben: “los hijos no son de los padres…”

En la “nueva normalidad” las instituciones públicas estarán al servicio del Gobierno y los servidores públicos que opten por mantener el honor y el juramento de respeto a la ley y de servicio al Estado serán ninguneados o suspendidos de sus cargos.

En la “nueva normalidad” se consolidará la estrategia que puso en marcha Zapatero para iniciar una segunda transición que aniquile el sistema del 78 y se lleve por delante todos sus principios y valores: el acuerdo entre diferentes, la igualdad de todos los españoles, la ciudadanía como sujeto de derechos universales e individuales, la libertad por encima de los dogmas, los derechos de ciudadanía por encima de los supuestos derechos tribales e históricos…

En la “nueva normalidad” el Gobierno honrará solamente a los muertos oficiales por la Covid19 que Sánchez ha decretado, con lo que miles de nuestros conciudadanos serán relegados al olvido institucional. La pareja tóxica Sánchez/Iglesias matará dos veces a miles de españoles cuya vida y salud no protegieron adecuadamente y a los que quieren borrar del memorial de las víctimas de su incompetencia.

En la “nueva normalidad” será normal la mentira, la chapuza, el amiguismo, los contratos a dedo, los ceses fulminantes de los funcionarios probos, la duplicidad de puestos en la administración creados para los amiguetes del Presidente y del Vicepresidente…

En la “nueva normalidad” será normal el olvido de las más de trescientas cincuenta victimas de crímenes de ETA aún sin juzgar. En la “nueva normalidad” a los traidores se les llamará héroes y a los héroes traidores

En la “nueva normalidad” los mitos sustituirán a los hechos y se reescribirá la historia a imagen y semejanza de la pareja tóxica. Y habrá una Ley para amnistiar a ETA, borrar toda su historia de terror y revivir las dos Españas que se llamará de “memoria democrática”

En la “nueva normalidad” la desigualdad entre españoles se impondrán como nueva norma de “convivencia” y los artículos fundamentales de la Constitución que consagran derechos indivisibles y fundamentales serán derogados de facto.

Si los ciudadanos españoles nos rendimos por anticipado la tribu se impondrá a la ciudadanía y la ley vieja sustituirá a la ley democrática. Y la sociedad plural y democrática, la que es normal en una democracia, será sustituida por la sociedad “normalizada”.

¿Vamos a permitir que esta anormalidad democrática decretada por Sánchez para perpetuarse en el poder sustituya a la sociedad normal, plural y democrática que alumbró la Constitución del 78? ¿Vamos a consentir que España vuelva a ser la anomalía de Europa?

Cada vez que sufrimos un nuevo atropello (el último en forma de proyecto de ley para amnistiar a ETA desenterrando crímenes amnistiados por la ley democrática y enterrando los crímenes de ETA y toda su historia de terror,) hay voluntariosos que nos dicen que son “cortinas de humo”. No amigos, no; no es humo sino un ataque en todo regla a nuestro pacto de convivencia. No, no es humo; sería, en todo caso, cloroformo. Y parece que funciona.

Sánchez prende la mecha e Iglesias incendia las calles
OKDIARIO 19 Septiembre 2020

Tras las medidas restrictivas adoptadas por la Comunidad de Madrid en ocho municipios y seis distritos de la capital de España para intentar frenar la pandemia -se verán afectadas 850.000 personas de 37 zonas con más de 1.000 contagios por cada 100.000 habitantes-, Podemos busca desesperadamente un estallido social utilizando el falaz argumento de que el Gobierno de Isabel Díaz Ayuso ha condenado a las localidades y barrios obreros, víctimas del «apartheid para los pobres» de un Ejecutivo que les ha abandonado a su suerte. Es la estrategia de la extrema izquierda: agitar e incendiar las calles de las zonas afectadas sirviéndose del mantra de que la gestión del PP les ha condenado a una suerte de gueto por razones de clase. El sectarismo de Podemos es repugnante, pero forma parte del manual clásico de la extrema izquierda: aprovechar las restricciones decretadas por Díaz Ayuso para instrumentalizar la crisis sanitaria y desenterrar la lucha de clases.

Obsérvese que Podemos cumple el papel de brazo ejecutor, mientras que el PSOE se erige inductor de una estrategia en la que el socialcomunismo gobernante se reparte los cometidos a seguir. Pedro Sánchez abandona a su suerte a la Comunidad de Madrid, le niega el pan y la sal y trata de mover la silla de Isabel Díaz Ayuso amagando con una moción de censura que sirve de calvo de cultivo para generar un clima de tensión social extremo. Sánchez prende la mecha e Iglesias incendia las calles a través de la movilización de las asociaciones y colectivos afines. Eso es lo que ha ocurrido y lo que va a ocurrir con carácter inmediato.

Sánchez se erige en salvador de Madrid, acude a la Puerta del Sol a reunirse con Ayuso, a la que tratará de forzar a que solicite el estado de alarma, mientras Pablo Iglesias atiza las calles. Todo está perfectamente diseñado: el socialcomunismo se ha lanzado políticamente al cuello de Díaz Ayuso y no soltará a su presa hasta que no consiga su objetivo de hacerse con el poder en la Comunidad de Madrid.

La dictadura progre busca disturbios
Segundo Sanz okdiario 19 Septiembre 2020

Ya lo confesó en junio a sus fieles el propio Franco, el falso matemático de Ferraz que quiere derrocar a Isabel Díaz Ayuso. «Tenemos que retorcer el tema de las residencias. Tienen que notar nuestro aliento. Os pido que seáis más activos en redes sociales», arengó a sus bases en un fanático zoom interno. Desde entonces, el PSOE anda en un plan para echar como sea a la presidenta popular, quedarse con la joya de la corona del poder autonómico y derribar esta atalaya de oposición al Gobierno socialcomunista. Tras intentarlo con los geriátricos, desatendidos por Pablenin en el mando único, la dictadura progre vuelve ahora a la carga hirviendo a fuego lento el caldo de cultivo de un estallido social en los próximos meses.

Con Iván Jode Redondo, consejero áulico de Pedro Sánchez, dándole a la manivela del relato y la propaganda, usando para ello a sus corifeos mediáticos, a los influencers pijoguays y a la guerrilla de Podemos en Twitter, la maquinaria de desgaste ya ha sido activada. Un nuevo asalto, aprovechando la segunda ola de coronavirus. Desde sus chaletazos en Galapagar o Rivas y sus amplios despachos con iconografía guerracivilista, se han puesto a estigmatizar a la población madrileña en «barrios pobres» y «barrios ricos» a cuenta de las restricciones. Detrás de ello está el propósito de movilizar a los suyos para agitar la calle contra el Gobierno de Madrid. Y la chispa que buscan son una especie de disturbios o revueltas (como les émeutes parisiennes) que desestabilicen la Puerta del Sol y lleven hasta ella las colas del hambre.

Y mientras tanto, el doctor bacterio haciendo snorkel en Mallorca para la tele amiga y el estafermo bronceado queriendo verse con Díaz Ayuso en la Real Casa de Correos tras darle largas durante meses. Un ofrecimiento endiablado para poner el foco sobre ella y culparla de una desigualdad social que, primero, es competencia estatal. El Obama de Pozuelo que no le ha recibido desde su toma de posesión, pero que pone la alfombra al xenófobo Torra, que se fue a bañarse a Lanzarote en pleno repunte de contagios y que oculta un exceso de mortalidad de 53.000 personas durante la pandemia, quiere aparecer ahora como el salvapatrias resiliente que siempre se ha sentido.

El flemático petimetre que ha descargado su responsabilidad en las comunidades autónomas en una maniobra macabra, que ha condenado a la atención primaria, sin ninguna alternativa para hacer test masivos, y que ha dejado a los colegios a su suerte, no ha articulado ese plan B al estado de alarma que prometió la vicevogue Calvo mediante la reforma de leyes sanitarias. Eso sí, para distraer al populacho que no falte la nueva ley revisionista de memoria histórica, sacada del cajón y bien facilona. Por ver el verano desde La Mareta, nos hará perder la primavera.

Los efectos negativos de las decisiones de quienes no se juegan su sustento día a día
José María Rotellar okdiario 19 Septiembre 2020

En esta difícil situación en la que nos encontramos, no sólo sufrimos una crisis sanitaria y otra económica, sino que estamos padeciendo un ataque intervencionista sin precedentes, dentro del envoltorio de una justificación que se hace en nombre de la salud, porque las administraciones están tomando decisiones, constantemente, con un doble efecto negativo: restringir las libertades de los individuos e incrementar la intervención del sector público en su vida, por una parte, y dictar normas que cada vez arruinan a más personas y con mayor profundidad, por otra.

Por supuesto que nadie quiere que la gente enferme y mucho menos que fallezca, y naturalmente que todos queremos salvaguardar la salud de todos, pero una cosa es eso y otra muy distinta que haya que aceptar, sin cuestionarnos ni levantar la voz, esa intromisión constante en la vida de los individuos que una inmensa mayoría de políticos y una práctica totalidad de empleados públicos-no todos, pues hay honrosas excepciones en los dos ámbitos- está llevando a cabo parapetándose en la lucha contra la pandemia.

Aparte de no ser previsores y de la pésima gestión del Gobierno de la nación -responsable de casi la totalidad del desastre sanitario y económico que sufrimos- todas las administraciones están cayendo, dentro del margen competencial que tienen, en ese mismo vicio: el de intervenir, restringir y prohibir, y, con ello, están arruinando la vida de muchos ciudadanos.

Eso se debe, al fin y al cabo, a que quienes proponen esas medidas y toman esas decisiones no se juegan su sustento cada día: actualmente, la gran mayoría de los políticos no han trabajado en otra cosa en su vida que en la política, y, por tanto, no saben lo que es rendir cuentas ante unos inversores, unos accionistas y competir, con eficiencia, en el mercado por clientes, o ser autónomos, o levantar una empresa y dar empleo. Gestionan en el sector público, sí, pero casi todos ellos lo hacen siempre con la vista puesta en los votos, que es el único mercado en el que se saben manejar, pero donde la mayoría de las veces no se prima la gestión, sino la propaganda y la demagogia. Su sueldo, que no es elevado para el nivel de responsabilidad que tienen, no es el problema por su cuantía, sino porque es muy difícil que lo pierdan y no se ve afectado con las medidas que ellos mismos promulgan para el resto de ciudadanos. Lo mismo sucede con los empleados públicos, que tienen un puesto de por vida, que están ajenos, la inmensa mayoría, a la realidad de la lucha diaria del sector privado para salir adelante.

En ambos estamentos -políticos y empleados públicos- siguen cobrando su sueldo se decrete o no un cierre productivo, haya déficit o superávit de la administración a la que pertenecen, se vaya a trabajar o se imponga un encierro que lo impida, aunque no haya medios para trabajar a distancia. Si se reduce el horario de bares, no les afecta. Si no se deja abrir a los hoteles, no les afecta. Si la distancia que establecen entre mesas de restaurantes hace inviable la rentabilidad del negocio, no les afecta. No les preocupa que los cines puedan abrir o no, porque no les afecta tampoco. Cuando dicen que quieren salvaguardar la economía y que sólo se trata de limitar e impedir en muchos casos que los ciudadanos salgan a cenar, no son capaces de pensar que, con ello, están hundiendo la actividad económica. Ni saben relacionarlo ni les preocupa, porque, de nuevo, no les afecta. La economía la ven lejana, como algo abstracto, sin caer en que esa economía macroeconómica está conformada por los efectos que tienen todas y cada una de las personas que conforman una economía, personas a las que están hundiendo sus prohibiciones, restricciones e intervencionismo.

No se trata de ser imprudentes ni de bajar la guardia, pero tampoco de hundir a toda la sociedad. Deberían darse un baño de realidad abriendo los ojos sobre el desastre que cada ocurrencia suya provoca en la vida de los ciudadanos. Como digo, no es ser demagogo con su sueldo, que no es alto, pero sí que deberían aplicarse un descuento en el mismo, de un 10%, por ejemplo, cada vez que endurecen la normativa para restringir la actividad económica.

Están arruinando a la economía española con sus decisiones, guarecidos en sus sueldos asegurados. No buscan soluciones eficientes, sino la más fácil, medieval y, vistos los resultados, profundamente ineficiente. ¿Creen que encerrando a las personas y limitando la actividad económica vamos a mejorar sanitariamente? Si ya hemos tenido las medidas más duras y somos uno de los países que peor se comporta en los dos aspectos, el sanitario y el económico; por tanto, deberían pensar que lo están haciendo rematadamente mal y que deberían cambiar de estrategia, hacia una eficiente.

Generan inseguridad con su normativa cambiante, que introduce incertidumbre, espanta inversiones, hunde negocios y provoca desempleo. Esas equivocadas medidas, de no corregirse, provocarán un drama social mayor que el del virus, sin servir, además, para mejorar la gestión de la pandemia. Traerán empobrecimiento, y, con ello, menos recursos, de manera que tendremos peores servicios, como la sanidad, y, por tanto, por peor atención habrá más muertes por todo tipo de enfermedad.

Se necesita eficiencia, no un gasto desmedido ni unas prohibiciones crecientes, muchas de las cuales tratarán de mantenerlas tras la pandemia. Se necesita sentido común, y se necesita, en definitiva, saber lo que es tener que ganarse el pan cada día en medio de una normativa burocrática que perjudica y atenaza a los administrados.

¡Qué desvergüenza! ¡Qué revancha miserable!
Carlos Dávila okdiario 19 Septiembre 2020

En Madrid, a partir de 1936, se abrieron trescientas cuarenta y cinco checas, de las cuales algunas más de cien se instalaron en habitáculos incógnitos. De ellas salieron no menos de veinticinco mil personas para ser asesinadas vilmente por milicianos ensalzados por el Gobierno del Frente Popular. Las checas (César Vidal escribió un memorable volumen sobre ellas) eran agujeros malditos donde, en el mejor de los casos, se detenía y se retenía a personas inocentes sin juicio, otras, igualmente infortunadas, pasaban ante “tribunales populares” sin capacidad de defensa alguna, y a las más se les daba lo que los propios criminales denominaban con una feroz inhumanidad: “el paseíllo del señorito”. De aquellas cárceles sanguinarias gobernadas por animales, escribió en su momento y muy gráficamente el que durante la Guerra Civil era cónsul de Noruega en Madrid, Félix Schlayer. Su libro “Un diplomático en el Madrid Rojo” explicaba el demoniaco funcionamiento de las tales checas y en un capítulo sabroso y riguroso, contaba las “sacas” que los asesinos perpetraron en Alcalá de Henares y Paracuellos, donde al menos los pistoleros del Frente Popular (antecedente político de este Gobierno social comunista que nos amenaza) fusilaron a dos mil quinientas personas.

Hace doce años se publicó un libro: “La gran revancha”, cuyos autores (uno de ellos este cronista) accedieron a toda la compilación de las victimas religiosas antes y después de la Guerra Civil. Esos tomos, rigurosamente almacenados y ordenados en un monasterio vallisoletano, recogen la relación de los más de seis mil sacerdotes, monjas y religiosos asesinados a manos de sicarios del Gobierno de entonces sencillamente por sus creencias. Naturalmente acribillados a tiros sin juicio alguno y en algunos casos, ejecutados en las propias iglesias en las que los pobres desgraciados prestaban sus servicios eclesiásticos. Aquel libro narraba con todo detalle la peripecia política del abuelo paterno de Zapatero, el capitán Lozano, un acreditado masón sobre el que Zapatero articuló la primera oleada de la Memoria Histórica de la que ahora Sánchez quiere realizar la segunda entrega. El libro demostraba sin ambages y sin discusión que el precursor familiar del entonces presidente fue en realidad un agente doble que, naturalmente, trabajaba para los dos bandos, y que fue procesado y pasado por las armas simplemente porque los nacionales le aprehendieron antes que los llamados rojos. Cuando Zapatero se enteró de los hallazgos de la obra, ordenó a la editorial correspondiente que terminara con su edición. Así ocurrió.

Tampoco hace tanto tiempo que un fiscal metido a ministro de Justicia, el abominable Bermejo, advirtió, muy cómplice de las fechorías de su jefe Zapatero, sobre la tal Memoria, que en adelante la revancha iba a notarse más y más porque, según avisó textualmente: “Hemos terminado con los hijos; ahora vamos a por lo padres”. Bermejo fue destituido tras su concomitancia, cacería ilegal incluida, para explotar la Gürtel con Garzón y la ahora fiscal Delgado, y en ese tiempo se supo que su progenitor había sido nada menos que jefe local del Movimiento en Arenas de San Pedro, provincia de Ávila. Un periódico del momento editorializó así: “Mírese por dónde el ministro ha decidido desenterrar a su propio padre y volverlo a enterrar, Dios sabe en qué estado”. Ni Zapatero, ni mucho menos Bermejo, pudieron llevar a cabo su ingente venganza, pero ahora su sucesor Sánchez, ayudado por el ministro Marlaska, de estirpe familiar genuinamente conservadora, es decir, de las gentes que ayudaron a Franco a ganar la Guerra, se dispone a cumplimentar el deseo de aquel correligionario suyo. Una miserable revancha vengativa.

Y, por lo que vamos conociendo no se ahorrarán gestos guerra civilistas brutales, como esa idea de demoler la Cruz del Valle de los Caídos, un atentando que, de cumplimentarse y parece que así será, se parecería mucho a aquel fusilamiento del Sagrado Corazón de Jesús que unos canallas milicianos perpetraron en el kilómetro cero de todas las Españas. Los barreneros de ahora mismo no se van a quedar atrás con una Ley que de democrática tiene lo que sus autores, el principal Pedro Sánchez, y que pretende derogar todas las leyes posibles, una de ellas la de Amnistía que reconcilió a todos los españoles a principios de la Transición. Un tipo como Sánchez, que, hipócritamente, hace constantes llamadas a la unidad, está dejando pálido a Largo Caballero, que inundó de sangre a España con la Revolución de 1934, y que, por mérito propio fue apodado el “Lenin español”. Ahora el Lenin del Siglo XXI se llama Pedro Sánchez; quiera la Providencia que nunca se convierta en Josef Stalin, el “padrecito” que de haber ganado la Guerra Civil los favoritos de Sánchez hubiera convertido a España en una Checoslovaquia, Hungría, Rumanía o Albania más. Ese es el modelo radical comunista de país que ahora mismo edifica para España el gobernante más felón y embustero que haya padecido nunca nuestro país.

Lobotomizados y superdemócratas
Juan Manuel de Prada ABC 19 Septiembre 2020

Hay gentes memas y pancistas que prefieren pensar que la invención de la «memoria democrática» es una mera «cortina de humo» para mantener entretenidas (y babeando de resentimiento) a las masas cretinizadas, que así olvidarán los estragos que causa la plaga coronavírica y, sobre todo, los desmanes que la patulea gobernante está perpetrando. Pero, aunque desde luego tenga también esta función cortoplacista, la invención de la «memoria democrática» sirve, sobre todo, para cambiar el pasado y moldear el futuro al mismo tiempo, en una maniobra de pinza temporal que deja chiquitas las pajas mentales de «Tenet», el bodriete barullero de Christopher Nolan. En realidad, la invención de la «memoria democrática» es la maniobra más largoplacista concebible: por un lado, rebobina toda la etapa franquista y altera desde el presente el pasado, creando su propio Tribunal de Orden Público para perseguir delitos políticos (¡esa «fiscalía especial»!), creando su propio Valle de los Caídos «resignificado», creando su propia Causa General, que señale unos crímenes y silencie otros; por otro lado, moldea un futuro de gentes lobotomizadas y superdemócratas, adoctrinadas desde la escuela, que renunciarán a conocer la incómoda y compleja verdad del pasado, para asegurarse la aceptación social y el éxito profesional. La «memoria democrática» será la auténtica «inmunidad de rebaño» que permita a estas gentes una existencia sin sobresaltos. Por supuesto, en este rediseño simultáneo del pasado y del futuro, la derecha tendrá el mismo futuro que el equipo azul en el bodriete de Nolan cuando le quitan la mascarilla de oxígeno: simplemente, el aire no entrará en sus pulmones. Ser de derechas, en el futuro distópico urdido por esta maniobra de pinza temporal, será tanto como hacerse el harakiri. Y, antes que hacerse el harakiri, la gente renegará de la sangre de sus antepasados, convertidos por arte de birlibirloque en fascistas criminales.

Todavía quedan pobres ilusos que piensan que esta invención de la «memoria democrática», por cargarse la ley de amnistía, por crear su propio tribunal de responsabilidades políticas, por pisotear los trampantojos constitucionales de la libertad de opinión, ideológica y de cátedra, será desmantelada por los jueces. Pero, como Gregorio Peces-Barba explicó hace mil años a la derecha chorlita, la interpretación de las leyes depende tan sólo de «la fuerza que está detrás del poder político». Y en el futuro la izquierda siempre estará detrás del poder político, mangoneando jueces a su antojo, con el plácet de una derecha genuflexa que para entonces habrá acatado el pasado «resignificado» por la izquierda. Pero tal invención de la «memoria democrática» no habría sido posible si la derecha española no estuviese atormentada por complejos esquizoides que le impiden contemplar nuestra historia con naturalidad. Tales complejos se han traducido a la postre en una patética desidia ante el pasado, en indiferencia ante el dolor de las víctimas de ambos bandos, en un desprecio grosero y suicida ante fenómenos que requerían un resarcimiento moral, como los cadáveres en las cunetas o el indigno exilio de muchos dignos españoles. Si Aznar y Rajoy hubiesen impulsado este resarcimiento moral, la izquierda habría quedado desactivada; pero prefirieron pensar absurdamente que el pasado no existe, y abrazarse fofamente al «fin de la Historia» de Fukuyama, hasta desembocar en el aguachirle inane de liberalismo seudoprogre, que es el mejor caldo de cultivo para crear mentalidades izquierdistas. Y ahora, una vez creadas esas mentalidades, la izquierda se dispone a pastorear gentes lobotomizadas y superdemócratas, en una maniobra de pinza temporal inexpugnable.

Orwell en las Cortes

Francisco José Contreras Libertad Digital 19 Septiembre 2020

La idea de "liquidar" o "eliminar" a todo el que no está de acuerdo con nosotros todavía no nos parece natural [en Inglaterra]. En Barcelona [1937] parecía algo completamente natural. (…) Las noticias sobre detenciones siguieron circulando durante meses, hasta que el número de presos políticos, sin contar a los franquistas, llegó a ser de varios millares. (...) Se trataba, simplemente, del reinado del terror. Yo no era culpable de nada concreto, pero era culpable de "trotskismo". El hecho de haber servido en la milicia del POUM bastaba para ir a la cárcel. No servía de nada aferrarse a la noción inglesa de que uno puede estar tranquilo mientras no viole la ley. En la práctica, la ley era lo que la policía decidía que fuese.

Los escasos críticos –todo el arco parlamentario, a excepción de Vox, parece dispuesto a aceptar la nueva Ley de Memoria Democrática– citan a menudo a Orwell cuando se refieren a esta norma, que confiere al Gobierno la competencia de rehacer el pasado según su conveniencia sectaria: un poder que, como escribía aquí Emilio Campmany, no tiene ni el propio Dios, pero sí el Ministerio de la Verdad (ya saben, “quien controla el presente, controla el pasado; y quien controle el pasado, controlará el futuro”). Rehacer el pasado significa abolir la Historia y sustituirla por una fábula en la que obispos con sombrero de teja, millonarios con puro y fascistas engominados se conjuran para destruir a los heroicos defensores de la democracia, la libertad y la cultura.

La Ley de Memoria Democrática implicará el fin de las libertades de expresión, pensamiento, cátedra y asociación, limitadas todas ellas por una prohibición de la “apología del franquismo” que el Gobierno sectario sabrá manejar con la necesaria versatilidad. Por ejemplo, el texto de Orwell, que habla del bando republicano como un reinado del terror y menciona a miles de presos franquistas, ¿no está haciendo apología indirecta de quienes luchaban en ese momento contra él? La noción de “víctima franquista” es una contradictio in adjecto, anatema para la doctrina histórica oficial que será impuesta a toda la sociedad, desde el BOE a las escuelas y los medios de comunicación.

Entre los “trotskistas” abducidos por las autoridades procomunistas de la República en mayo de 1937 figuraba el jefe del POUM, Andreu Nin. Hoy sabemos que fue desollado vivo por agentes soviéticos (el POUM era un obstáculo al creciente control del bando republicano por el Partido Comunista). Tuvo el final que él mismo deseaba para los “fascistas” (“fascista” –en 1937 y, cada vez más, en 2020– era cualquier persona de orden o católica). Declaró a La Vanguardia el 2 de agosto de 1936:

Nosotros hemos resuelto el problema de la Iglesia yendo a la raíz: hemos suprimido sus sacerdotes, las iglesias y el culto. No ha quedado ni una iglesia en pie.

Por ejemplo, fueron milicianos del POUM quienes apresaron el 8 de septiembre de 1936 a sor Apolonia Lizárraga, superiora de las Carmelitas de la Caridad de Vich, y la condujeron a la cheka barcelonesa de San Elías.

Se han encontrado testigos que compartieron prisión en la cárcel de San Elías en el año 1936. Era de dominio público que el jefe de la checa, un tal Jorobado, cebaba cerdos con carne humana. Que muchos presos eran echados a dichas piaras, y que la madre Apolonia Lizárraga fue una de dichas víctimas a la que aserraron viva, descuartizaron en cuatro partes y luego en trozos más pequeños fue devorada por dichos animales que en la citada checa engordaban en número de 42.

También en el otro bando se fusilaba a la gente por pertenecer a partidos de izquierda. Y todo había sido perdonado en la Transición. Pero ya a mediados de los 90, el felipismo en apuros empezó a resucitar el cainismo (Carmen Hermosín en 1998: “La derecha, si pudiera, fusilaría a los socialistas, pero ya no puede”). Zapatero lo hizo ley, y Sánchez lo va a llevar a cotas orwellianas.

La izquierda era socialista: quería destruir el capitalismo, acabar con las clases sociales y colectivizar los medios de producción. Se intentó en medio planeta y terminó en fiasco, tras 70 años de tiranía y decenas de millones de muertos. Hasta el epílogo de socialismo del siglo XXI bolivariano tiene a los venezolanos rebuscando en los cubos de basura. Cuanto más patente se hace el fracaso de la izquierda, más necesita afirmarse en su superioridad moral, lo único que le queda. Necesita fabricarse un siglo XX a la medida de sus ensoñaciones maniqueas. Necesita un imaginario social dividido en opresores y oprimidos: “franquistas” contra “demócratas”, hombres contra mujeres, heteros contra homos, occidentales contra todos los demás. Necesita resucitar el odio porque su esencia siempre fue el odio.

Francisco José Contreras, catedrático de universidad y diputado nacional por Vox.

Sistemáticamente se oculta o minimiza aquello que perjudica al gobierno.
“Quítale a un comunista su rolex y su iPhone con la excusa de dárselo a los pobres, y verás cómo él solito te explica lo que es la propiedad privada” Byan Albariño
Miguel Massanet diariosigloxxi 19 Septiembre 2020

La apisonadora de poder conducida diestramente, perdón, siniestramente, por quienes nos gobiernan, parece que no tiene intención de evitar seguir aplastando con el peso de la alianza social comunista, sus métodos y manipulaciones para irse librando de la oposición que intenta, vanamente y con poco éxito, evitar que sus propios errores, su falta de cohesión y su tendencia a auto inmolarse, siga dándole alas a un gobierno que, pese a no haber dado pie con bola durante el tiempo que ha estado dirigiendo el país, todavía consigue las fuerzas precisas para doblegar la débil resistencia que sus oponentes políticos intentan ofrecerle, para evitar que España, ya en una situación de debilidad social, económica, financiera y próxima a caer en el abismo al que nos conducen, inevitablemente, unos dirigentes que no hacen más que demostrarnos su completa incapacidad, inoperancia, falta de preparación e incompetencia para enfrentarse a los graves problemas que amenazan con llevarnos a todos a la misma situación en la que, actualmente, se encuentran diversos regímenes dictatoriales que dirigen algunas naciones sudamericanas próximas a la quiebra nacional, con lo que ello supone para sus ciudadanos y su futuro como país.

No hagan ustedes caso cuando vean grandes titulares en las primeras páginas de los periódicos o las noticias que, a bombo y platillo, nos anuncian los vudús de los noticiarios televisivos o los grandes comunicadores de las emisoras de radio expertos, todas ellas, dirigidas en trasmitir al pueblo llano aquello que, a los poderes fácticos del país, verdaderamente les interesa que quede impreso en las mentes crédulas de una ciudadanía perezosa en pensar, propicia a dejarse embaucar y, normalmente, dispuesta a aceptar de buena gana todo aquello que escuchan que sea capaz de alimentar y satisfacer aquellos instintos y rencores que, muchos de ellos, han venido alimentando a través de las distintas generaciones, como legado de quienes perdieron la guerra civil y no fueron capaces de averiguar las causas por la que sucumbieron ante Franco, ni hacer un análisis objetivo de la grave situación a la que, la II República de socialistas y comunistas, por su falta de tino y su fanatismo, fue capaz de conducir a España hacia un punto que la situó en una situación en la que, inevitablemente, tenía que surgir la reacción que llevó al país a la Guerra Civil de 1936.

Lean las “cuñas”, “sueltos”, informaciones escondidas en las páginas interiores de un periódico, perdidas entre otras y a las que, aparentemente, no se les quiere dar importancia ni resaltar. Es probable que encuentren entre ellas datos verdaderamente interesantes si es que, de verdad, están interesados en disponer de informaciones que les sirvan para hacerse su propia composición de lugar, evitando que la espectacularidad con la que se comunica una noticia les impida ver la intencionalidad y el propósito de quien pretende deslumbrarnos con ella. Fue, por ejemplo, muy esclarecedora la declaración del señor Pedro Luque, ministro de Ciencia cuando, en una rueda de prensa, declaró lo siguiente: “Los investigadores españoles empezaron a trabajar de forma intensa cuando se conoció esta enfermedad durante el mes de enero. Ya el 2 de febrero tuvimos una reunión con los profesores Enjuanes y García Sastre, este último trabajaba en Nueva York, para asegurar que tengan las máximas facilidades, así como los medios necesarios…Ese día ya liberamos medios e iniciamos cambios legales para reducir plazos, culminados en el real decreto ley de estado de alarma donde hemos puesto todas las medidas en funcionamiento…” Sí, señores, el Gobierno desde el 30 de enero sabía de la letalidad del coronavirus y decidió no hacer nada ¿por qué? Porque políticamente no le convenía admitir la posibilidad de que la pandemia afectar de una forma grave, como lo ha hecho, a la nación española.

La segunda gran ocultación llevada a cabo por el gobierno del señor Sánchez ha consistido en la ocultación sistemática del número real de contagiados y lo que, todavía, resulta más inexcusable, el número de fallecidos como consecuencia de la pandemia, alegando excusas tan inconsistentes y carentes de justificación alguna como fue el decir que no tenían medios para tener noticias fidedignas de las autonomías o el alegar que no podían distinguir entre los que morían del coronavirus y aquellos que, por tener enfermedades anteriores, al contagiarse del virus precipitaron que se adelantase su fallecimiento. Absurdos y engaños que no tuvieron, como se ha demostrado posteriormente, otro objetivo que intentar exculpar al gobierno de aquel inexcusable error de permitir manifestaciones, especialmente la del 8 de marzo, simplemente por intereses políticos. Ahora, pese a la estulticia de quienes debieran informar debidamente al pueblo español de la magnitud de la epidemia y de la peligrosidad de la recaída en la que estamos sumidos en estos momentos, se sabe que ya vamos por encima de los 500.000 contagiados y, sin embargo, el Gobierno sigue enquistado en afirmar que los muertos son 30.000, cuando todos los registros y el INE coinciden en que, el exceso de mortalidad respeto al mismo periodo del 2019, es de 60.000 fallecidos más. El doble de lo aceptado por el gobierno.

Sin embargo, mientras la ministra señora Calviño sigue insistiendo en la próxima recuperación de la economía española, ignorando todas las advertencias del Banco de España, de los expertos comunitarios y de los que siguen las incidencias del Covid 19 y reconocen que, vacunas efectivas, es muy probable que no las tengamos antes de los primeros meses del 2021 y, aun así, no va a haber las suficientes para que todos podamos vacunarnos y, todo ello, sin saber a ciencia cierta si estas vacunas van a servir o no para evitar que el virus pueda reproducirse más adelante. Se olvidan nuestros gobernantes de que, hasta ahora, todos los datos que vamos constatando hablan de un parón industrial, una situación de estancamiento sino de una recesión, en algunas naciones de nuestro entorno y, no es precisamente España la que mejor sale parada en los estudios realizados por los expertos europeos y nuestro Banco de España, respecto a las escasas posibilidades que se le atribuyen de poder superar, satisfactoriamente, la parte peor de la crisis que todavía está por llegar.

Pero vean, en un rinconcito de La Vanguardia, en un pequeño recuadro, podemos leer una noticia que no debiera contribuir a que compartamos el optimismo con el que, el Gobierno, parece querer afrontar este último trimestre del 2020. En efecto, se nos informa de que la Deuda Pública española, en julio pasado, alcanzó un nuevo récord alcanzando los 1.291.212 millones de euros y, con ello, si se confirma la cifra, se podría haber alcanzado el 117% del PIB o sea 97.444 millones por encima del nivel registrado en julio del 2019. Y otra noticia, poco reconfortante, que nos hace pensar en la locura de los proyectos de este gobierno mixto de socialistas y comunistas, dispuestos a seguir derrochando, para sostenerse en el poder, todo el dinero necesario, incluso aquel del que no disponen, con tal de mantenerse en el “machito” aunque, con ello, acaben por llevar a la nación a una situación que se presenta, a todas luces insostenible: el Estado es la administración que más ha aumentado su endeudamiento durante el último año, con la exorbitante cantidad de 100.000 millones de euros.

Y, ¿hacia dónde nos conducen semejantes informaciones? Pues no parece muy difícil de prever. A punto de que desde Bruselas se nos llame seriamente la atención sobre el endeudamiento de la nación, teniendo en cuenta que de los millones ( 140.000 millones euros) que se nos prometieron para paliar los efectos negativos del coronavirus parece ser que, de momento, no vamos a recibir más de unos 20.000 lo que, evidentemente, no servirá para solucionar los problemas de nuestras empresas y nuestras industrias, que necesitan mucho más para poder enfrentarse a la situación extrema a la que están enfrentadas. ¿Cuál parece que será la solución a la que nuestros gobernantes van a tener que recurrir? No es necesario grande quebraderos de cabeza para adivinar a lo que van a recurrir: el aumento del IRPF y, sin duda alguna, una revisión del IVA, especialmente de aquellos tramos del impuesto que fueron rebajados en honor a la necesidad de hacer concesiones a determinados sectores de la economía como, por ejemplo, productos alimenticios.

Malas noticias, porque si los sueldos van a tener que recortarse o, en el mejor de los casos, mantenerlos congelados y, por otra parte, la carga impositiva de los españoles se aumenta; es evidente que el panorama para los ciudadanos no es alentador y es muy probable que ello conduzca a una disminución del consumo, algo que suele ser muy malo para la recuperación económica de un país.

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, nos resulta incomprensible que el gobierno nos tengan en tan poca estima a los españoles que, su política de pervivencia en el poder se esté basando, únicamente, en intentar vendernos los duros a cuatro pesetas como si, en lugar de personas formadas y con criterio propio, se tratase de una manada de borregos a los que se nos puede engañar impunemente para que, quienes tan mal nos están gobernando, sigan en sus poltronas públicas indefinidamente; salvo, claro, que se trate de instalar en nuestra nación un régimen similar al comunismo bolivariano de Venezuela, con el que tan buenas migas parece que hace el señor Zapatero.

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El mesianismo y sus víctimas
Eduardo Goligorsky Libertad Digital 19 Septiembre 2020

Cuando la reacción emotiva se encarrila por la vía política también puede degenerar en masacres.

El columnista iconoclasta de La Vanguardia, Joaquín Luna, desencadenó una tormenta de insultos en los medios y las redes sociales del supremacismo catalán cuando publicó el artículo “¿Y esta `colla´ [comparsa] iba a crear una república modélica?” (4/9). En él opinaba:

Hay muchas maneras de suicidarse. (…) La manera elegida por el independentismo de Puigdemont -mayoritario en las urnas- se parece a la del piloto de Germanwings: mis delirios son -les guste o no- los del pasaje. Y aquí el pasaje somos los ciudadanos de Catalunya.

Todos murieron
El piloto cuyos delirios Luna equipara a los de Puigdemont fue el que, para suicidarse, estrelló su avión, con 144 pasajeros y 6 tripulantes a bordo, contra un macizo de los Alpes franceses. Todos murieron.

Informa el panfleto digital secesionista El Nacional (5/9) que Puigdemont reaccionó calificando esta semblanza de “repugnante” y vertiendo feroces diatribas contra el diario del camaleónico oportunista conde de Godó que la publicó, en tanto que la pirómana Pilar Rahola tuiteaba “¡Qué asco!”, y el histrión Lluís Llach preguntaba, refiriéndose al periodista irreverente, “¿Quién es este imbécil?”.

Luna corrigió la forma, reiterando el fondo (“El dolor y la hipocresía”, LV, 6/9):

Un símil desafortunado, porque podía haber elegido el Titanic o el Costa Concordia para decir lo que libremente opiné tras una esperpéntica remodelación ministerial. Puigdemont apuesta por otra confrontación, allá él. Lo malo es que le da igual arrastrar a todos, en plena pandemia y una crisis económica y social de caballo.

Al borde del abismo
Antoni Puigverd no es un iconoclasta como su compañero de periódico Joaquín Luna. Todo lo contrario. Es un saltimbanqui vocacional que transita alternadamente por todos los recovecos del laberinto catalán. Y cuando ve que está al borde del abismo no vacila en recular y dar la voz de alarma (“La pulsión autodestructiva”, LV, 7/9):

Hoy somos más pobres que ayer, y menos que mañana. Pero las funestas circunstancias no han servido para alentar un cambio de estrategia en el sentido que pedía el profesor Mas-Colell en el diario Ara: “se engaña a sí mismo quien piensa que la política de confrontación no interfiere en las perspectivas económicas y sociales del país”. (…) Indiferente a esta sabia recomendación, Quim Torra usa la Generalitat como instrumento de batallas internas (Trump hace exactamente lo mismo con la Casa Blanca). ¿Salir del pantano? ¡Al contrario: hay que hundirse un poco más en él!

Y aquí es donde el saltimbanqui Puigverd (“cronista servil”, según el ayatolá Puigdemont, LV, 16/9) refuerza, sin quererlo, el argumento del iconoclasta Luna cuando agrega:

En todo el mundo occidental (pensemos en los negacionistas de la Covid) las creencias, fundamentadas o no, suscitan reacciones emotivas que se traducen en comportamientos autodestructivos, si no suicidas.

Falsos mesías
El fenómeno de la pasión autodestructiva o suicida que Puigdemont inculcó a dos millones de catalanes tiene menos puntos de contacto con las tragedias de Germanwings, el Titanic o el Costa Concordia que con los suicidios masivos que acabaron con la vida de miles de prosélitos adoctrinados por falsos mesías.

Estos falsos mesías y las creencias que transmiten para suscitar “reacciones emotivas que se traducen en comportamientos autodestructivos, si no suicidas” pueden ser de índole religiosa o política. Consultemos la hemeroteca. En 1978, 918 estadounidenses, feligreses del Templo del Pueblo liderado por el pastor Jim Jones, se envenenaron con cianuro en Guyana para practicar una “muerte revolucionaria” (sic). Entre 1994 y 1997, 74 adictos a la Orden del Templo Solar se suicidaron en Canadá. En 1997, 34 miembros de la secta Portal del Cielo se suicidaron en Rancho Santa Fe, California. Antes, en 1993, el mundo se enteró horrorizado de que el pastor David Koresh y 82 de sus fieles, sospechados de almacenar armas y explosivos, habían optado por morir envueltos en llamas en la sede del culto Davidiano, en Waco, Texas, en lugar de capitular cuando los asediaban las fuerzas del orden.

Hoy, las autoinmolaciones y matanzas religiosas se propagan por los cinco continentes.

Queda poco tiempo
Cuando la reacción emotiva se encarrila por la vía política también puede degenerar en masacres. Guerras y revoluciones son atrocidades que los bárbaros necrófilos idealizan y prometen repetir. Aquí las víctimas del mesianismo tribal sufren la fragmentación social, el empobrecimiento económico, la desprotección sanitaria, la inopia cultural y el caos institucional. Que ya es demasiado. Y es lo que Luna denuncia que sucede, equiparándolo a un suicidio forzado de los ciudadanos abducidos, en la hacienda feudal de Juan Domingo Puigdemont (así lo llama Luna, comparándolo con el dictador naZionalista Perón, que “heredó una Argentina próspera y la dejó en cueros”).

Todavía contamos con los recursos que enumera la Constitución española para pararlos y emprender la recuperación. Queda poco tiempo.

Independentismo en Cataluña
Torra triplica las subvenciones al cine en catalán hasta los 2,2 millones en plena crisis del Covid
Torra lanza un plan okdiario 19 Septiembre 2020

La Generalitat de Cataluña de Quim Torra ha aumentado las subvenciones destinadas a los distribuidores de cine en catalán de 625.000 euros a casi 1,6 millones de euros, casi el triple, a pesar de las urgencias presupuestarios que genera la pandemia del coronavirus. En total, las ayudas en este ámbito en estos últimos meses supera los 2,2 millones de euros.

Las nuevas subvenciones, publicadas esta semana en el Diario Oficial de la Generalitat, premiará las producciones rodadas en «lengua catalana u occitana en su variante aranesa» antes que las filmadas en español.

El pasado 4 de marzo, semanas antes de que se declarase el estado de alarma por el avance sin control del coronavirus, el Govern había fijado en 625.000 euros el tope de gasto para «la concesión de ayudas a planes de distribución de largometrajes cinematográficos». Sin embargo, este jueves elevó la cantidad a 1.581.000 euros, lo que supone más del doble de la cifra acordada hace unos meses

El Diario Oficial de la Generalitat de Cataluña no aporta ninguna razón de peso para justificar este aumento. «Modificar la dotación presupuestaria de la convocatoria para la concesión de ayudas a planes de distribución de largometrajes cinematográficos, en régimen de concurrencia competitiva, en las modalidades de aportaciones reintegrables y subvenciones, que queda fijada en un máximo de 1.581.000,00 euros», explica la normativa.

Este aumento ha sido aprobado por Francesc Vilaró, secretario general de Cultura, puesto que depende de la consejera de Cultura de la Generalitat, en manos de Àngels Ponsa.

La lengua escogida para las producciones cinematográficas es una razón de peso para la Generalitat de Quim Torra a la hora de repartir estas ayudas. Así consta en la normativa que regula este reparto aprobada en febrero de 2015. Hasta 40 puntos otorga el Govern en caso de las producciones estén rodadas «en lengua catalana u occitana en su variante aranesa» y 20 puntos a las que estén totalmente en español.

«Para producciones en versión original en lengua catalana u occitana, se valora el porcentaje de copias en las mencionadas lenguas respecto del número total de copias distribuidas en Cataluña sobre un máximo de 40 puntos», recogen estos requisitos.

La mitad de puntos se les otorga a las «producciones de largometrajes cinematográficos en versión original en castellano» y «producciones de largometrajes cinematográficos en lenguas no oficiales en Cataluña que estén doblados o subtitulados en catalán u occitano».

Estas ayudas forman parte también de los presupuestos del Instituto Catalán de las Empresas Culturales (ICEC), órgano dependiente del Departamento de Cultura de Àngels Ponsa. El instituto tiene como objetivo «impulsar la creatividad artística y la producción, la distribución y la difusión de contenidos culturales mediante el desarrollo de las empresas culturales y, también, fomentar el consumo cultural y la ampliación de mercados para la cultura catalana».

Otras ayudas culturales
OKDIARIO reveló también otra partida presupuestaria de Quim Torra en plena pandemia que consistió en duplicar las ayudas a los «proyectos culturales catalanes». A principios de año se fijó un tope de 1,3 millones de euros para este ámbito, que luego se aumentó hasta los 2,5 millones de euros en pleno menos de junio y a pesar del auge del coronavirus. Fue un incremento del 92% que se aprobó sin ninguna razón de peso.

Esta «concesión de ayudas a proyectos culturales» formaba parte también de los presupuestos del Instituto Catalán de las Empresas Culturales (ICEC), órgano dependiente del Departamento de Cultura de Villalonga.
 


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