AGLI Recortes de Prensa   Sábado 26  Septiembre  2020

La crisis económica ya es más grave que la sanitaria
José María Rotellar okdiario 26 Septiembre 2020

La crisis económica ya es más grave que la sanitaria, y de seguir con esta gestión, todavía lo será mucho más. Vaya por delante que cada persona que lamentablemente ha fallecido -y las que, desgraciadamente, fallecerán- por coronavirus es un drama personal, una pérdida irreparable, pues cada vida es un tesoro insustituible, como lo son todas las vidas acabadas por cualquier tipo de causa o enfermedad. Merecen nuestro dolor, nuestro respeto y nuestro homenaje.

Ahora bien, sin olvidarnos de ese dolor, respeto y homenaje, sin dejar de luchar con todos los medios sanitarios para evitar que mueran personas, no se puede seguir de la manera en la que se ha gestionado, desde el principio, esta crisis. Dicha gestión ha supuesto, está suponiendo y supondrá la ruina de la economía española. No se trata de meros números, donde el PIB cae un 21,5% interanual y la tasa de paro se acerca al 16%. Se trata de personas y de la obligación de todo gestor y responsable político, que es gobernar pensando en el bienestar global y generalizado de toda la sociedad.

No es fácil, obviamente, gestionar ni tener la última palabra en las decisiones a tomar, pero quienes aceptan los cargos de servicio público saben que eso va en el sueldo y en el puesto. No pueden, por tanto, quedar atenazados por el qué dirán mediático, ni tratar de gobernar desde la propaganda, sino que tienen que decidir en función de lo que sea mejor, o, en este caso, menos malo, para toda la sociedad.

Llegados a este punto, insisto en lo que decía al comenzar el artículo y en el título del mismo: la crisis económica ya es más grave que la sanitaria, mucho más. Antes de que alguna persona se lleve las manos a la cabeza o señale que esa afirmación es egoísta, pensemos en lo que encierra el disparate de gestión de la doble crisis que tenemos, la sanitaria y la económica.

En primer lugar, las medidas que se tomaron de cierre productivo se adoptaron por la tardanza en reaccionar para mitigar la propagación de los contagios cuando ya era demasiado tarde. Entonces, se recurrió a dicha solución propia de tiempos medievales, pese a encontrarnos en el siglo XXI. Sólo habría tenido sentido encerrarnos una semana a todos si se hubiesen realizado test rápidos, para poner en cuarentena a los infectados y dejar, después, que el resto trabajase, además de proteger a los grupos de riesgo. No se hizo y con casi cien días de estado de alarma no dejaron de crecer durante muchas semanas los contagios y, lo que es peor, los fallecimientos.

La población, lógicamente, se atemorizó, pánico en el que se mantiene, alimentado por muchos políticos y muchos medios de comunicación, porque no se ha contado la realidad, como que el crecimiento exponencial de fallecidos se debió al colapso sanitario por no adoptar medidas suaves, pero efectivas, de manera temprana y por enfrentarse, en esas circunstancias, a un virus nuevo donde imperó mucho el prueba y error. No quiero ni pensar en la posibilidad de que, adicionalmente, se cribase por esperanza de vida, porque eso habría sido monstruoso. Prefiero creer que esto último no fue así. Y no se cuenta ahora, por tanto, que esa situación no es la misma que la actual, ni por la agresividad del virus con carácter general, ni por el aprendizaje logrado en el tratamiento sanitario, ni por los medios con los que se cuenta y que escaseaban entonces. Y si de todos ellos hay riesgo de que llegase a repetirse el de saturación de la ocupación hospitalaria, levántense en cada punto de España hospitales provisionales, como fue el de Ifema. Ábranse uno, media docena o cincuenta “Ifemas”, búsquense médicos en el extranjero si aquí no hay suficientes y, si fuere necesario, reclútese a estudiantes de quinto y sexto de medicina, que mejor será eso que no tener nada. No se está escatimando dinero para sanidad, con lo que inviértase en esta coyuntura, temporalmente, el dinero preciso para ello.

Hágase eso, protéjase a los vulnerables -no con el mero encierro, pues pueden desarrollar otras enfermedades, como depresión por soledad, o incluso desorientación o anquilosamiento y enfermedades circulatorias-, que los infectados guarden la cuarentena establecida y ábrase la economía del todo, porque la ruina está creciendo.

Además, salvo para hundir la economía, de nada ha servido tomar las medidas más restrictivas del mundo, pues el avance de la enfermedad en España es uno de los lugares donde es más rápido e intenso de todo el contexto internacional. Si hemos sido los más restrictivos y somos los peores en evolución sanitaria, es obvio que lo que se está haciendo no sirve para nada bueno.

Por otra parte, ¿cuál es la propuesta que dicha estrategia marca? ¿Ir cerrando y abriendo la economía según aumenten y disminuyan los contagios? Esa montaña rusa genera una completa inseguridad, pues familias y empresas no sabrán a qué atenerse, de manera que al pánico generado se añadirá la incertidumbre y nadie ni consumirá ni invertirá.

Sin inversión y consumo no habrá actividad económica, y sin ésta no habrá empleo. Sin empleo no habrá ingresos, y sin ingresos habrá pobreza y ruina para familias y empresas -más de la que ya se ha generado- e insuficiencia para poder financiar todos los servicios públicos esenciales -cuyo límite de capacidad de financiación se está ya bordeando-, con lo que habrá menos recursos para sanidad y, por tanto, peor atención y más muertes por todo tipo de enfermedades.

Actualmente, aunque quizás no terminemos de darnos cuenta o la mayoría de políticos y medios no lo destaquen, la situación económica ya es dramática: más de un millón de personas ha perdido su empleo, casi otro millón sigue en un ERTE sin saber si no acabará en el paro, y por lo menos otro millón ve peligrar su puesto de trabajo porque la inseguridad y nuevas y cambiantes restricciones lleva a que la quiebra de muchas pequeñas empresas que reabrieron sea cada vez más probable.

No hay más que pasearse por las distintas ciudades españolas. En Madrid, yo lo he hecho detenidamente por tres lugares muy comerciales y que se encuentran por encima de la media en cuanto a poder adquisitivo, y lo observado es desolador. En la calle Fuencarral, en el pequeño tramo entre Bilbao y Quevedo, hay dieciséis locales cerrados o en liquidación para cerrar. En Núñez de Balboa, entre Goya y la mitad de la distancia que media hasta Hermosilla, hay ocho locales en esa misma situación. En Argüelles, entre Alberto Aguilera y Rodríguez San Pedro, son siete los establecimientos en esa circunstancia. Y, así, suma y sigue. Y si eso sucede en esos lugares, qué no pasará en otros puntos de Madrid o del resto de España cuya localización sea menos comercial o con menos capacidad económica.

Las colas del hambre, que, desgraciadamente, han vuelto a España, son cada vez más numerosas en los comedores religiosos o comedores sociales que hay. La fila que se forma en el de las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl, en el Paseo del General Martínez Campos, en Madrid, recorre dicha calle desde casi Fernández de la Hoz hasta la glorieta de Iglesia. Por cualquier lugar se percibe que la mendicidad ha aumentado, con la desesperación pintada en el rostro de las personas que se han visto obligadas a solicitar la ayuda del resto de ciudadanos.

Esta situación económica de ruina inducida en este extremo tan intenso, llena de angustia a cientos de miles de personas, afectando también directamente a la salud, de manera que puede que el número de muertes por enfermedades circulatorias, como infartos o derrames cerebrales -de los que, por cierto, fallecen, según datos del INE, alrededor de 120.000 personas cada año-, suicidios o enfermedades derivadas de depresiones, aumente. Ojalá no sea así, pero es una posibilidad que cada vez, desgraciadamente, cobra una mayor probabilidad.

La solución no es confiarlo todo al gasto público, no ya por una mera cuestión ideológica, sino, simplemente, porque no es sostenible: con una deuda pública situada ya en julio en el 115,34% del PIB, con los ingresos cayendo a plomo y el gasto subiendo vertiginosamente, no hay espacio para poder incrementar las ayudas. No se puede confiar en ello, porque no será posible.

No podemos ni encerrarnos de nuevo ni permitir que funcionen sólo colegios, universidades y oficinas o similares, porque en los restaurantes, bares, cafeterías, hoteles, gimnasios, locales de ocio o comercios trabajan muchos cientos de miles de personas, que se quedarán en el paro si se restringe más la actividad de dichos sectores o se les cierra directamente. Esos lugares son también centros de trabajo para muchas personas que viven de ello.

Si se sigue por el camino de la gestión realizada hasta ahora, donde sólo se ha primado el aspecto sanitario con medidas, además, que se han demostrado que son un fracaso, y no se atiende a la situación económica, el hundimiento será todavía mucho mayor, donde nos veremos obligados -o nos obligarán- a recortar pensiones, dejando al descubierto a nuestros mayores, que ya no pueden tener otra alternativa de ingresos, y a cercenar una gran parte de los servicios esenciales.

Con una población así de empobrecida, con seis millones o más de parados que puede llegar a haber, y con un estancamiento muy largo tras una caída brutal de nuestra riqueza, el drama humano será de una dimensión mayor que el ya doloroso generado por el virus, con el agravante de que, además, seguirá existiendo la enfermedad, por no hablar de la posible ola de robos y pillaje que podría llegar a darse en una situación tan extrema.

Llega el momento de elegir: o seguir como hasta ahora y hundirnos, o tener la valentía de tratar de salir adelante con toda nuestra energía, con todas las medidas de prudencia necesarias hasta que exista una vacuna, velando de manera decidida por el cumplimiento de las normas de prevención, pero reabriendo de manera completa, sin restricciones, porque la gente tiene que poder trabajar para poder comer, vestir, pagar su hipoteca o su alquiler, para poder, en definitiva, vivir. Desgraciadamente, hemos perdido a muchas personas por el virus y perderemos a más, pero quedarnos encerrados no es garantía de evitar estas muertes y sí que lo es de generar una hecatombe económica como nunca antes ha habido en España, que, además, traería más muertes por todo tipo de enfermedad. Quienes tienen que tomar estas decisiones deberían recordar que su obligación es buscar lo mejor para el conjunto de la sociedad, que, en este caso, son cuarenta y siete millones de españoles. Y lo mejor no es arruinarlos y hacerlos morir en vida, sin garantía de que el aspecto sanitario mejore por ello. Y si dichos gestores no son capaces de verlo así, al menos que piensen egoístamente que no sería positivo para ellos pasar a la historia como quienes dejaron en la más absoluta miseria a España.

Soy consciente de que lo que expreso, al apartarse de la línea establecida en la sociedad por muchos políticos y por muchos medios de comunicación, puede ser calificado negativamente, como soy consciente de que con toda probabilidad no rectificarán y seguirán con el modelo de gestión mantenido hasta ahora, pero es mi obligación, como economista y como español que no quiere ver a su país arruinado, advertirlo y señalarlo, repitiendo, de nuevo, terminando como empezaba, que la crisis económica ya es más grave que la sanitaria, y de seguir con esta gestión, todavía lo será mucho más.

Las debilidades de España
Jesús Laínz Libertad Digital 26 Septiembre 2020

Seamos sinceros y echemos un vistazo a este maldito 2020, en el que ha caído el mito, que tanto nos complacía, de gozar del mejor sistema sanitario del mundo. Evidentemente es muy bueno, y probablemente esté entre los mejores del mundo, pero el inesperado coronavirus ha demostrado que no es oro todo lo que reluce, al menos en situaciones excepcionales. Y aquí nada, o muy poco, tienen que ver los profesionales. El problema es la estructura, la planificación, la organización, la dirección. Los sistemas sanitarios de otros países europeos, aunque hayan padecido igualmente la pandemia, han lidiado con ella sin provocar el desorden, la desatención y el inconsolable dolor que han sufrido decenas de miles de españoles. Y ahora, con la llegada del otoño, España vuelve a ponerse primera del mundo en contagios. Esperemos que no se repita la saturación hospitalaria, que ya no podría justificarse con la excusa de la imprevisibilidad.

Consecuencia del virus está siendo la grave crisis económica que azota y seguirá azotando al mundo entero por el confinamiento, la contundente reducción del turismo y la ralentización de otros muchos sectores debido al peligro de nuevos contagios. Y también en esto España vuelve a encabezar, lamentablemente, los empleos perdidos, las empresas cerradas, la caída del PIB, el incremento de la deuda y las dificultades para la recuperación una vez pasada la crisis vírica.

Todo esto demuestra la fragilidad de la economía española, excesivamente dependiente del sector servicios desde la reconversión industrial impuesta por la CEE y llevada a cabo durante los primeros gobiernos de Felipe González. La paulatina desindustrialización sufrida por España desde entonces ha provocado que el peso de la industria alemana represente cuatro veces el de la española y que la francesa y la italiana representen el doble. El ministro de Industria y Energía del primer gobierno González, Carlos Solchaga, confesó que el llamado proceso de reconversión industrial consistía más bien en el de destrucción industrial, porque no veía fácil que los puestos de trabajo perdidos en la industria fuesen a recolocarse en nuevas industrias. Efectivamente, los puestos de trabajo perdidos en aquella primera legislatura del PSOE ascendieron a más de 800.000, los mismos que había prometido crear en su programa electoral. Y el mismo Solchaga declaró que el futuro de España, por su clima y ubicación, tendría que estar más orientado hacia el sector agroalimentario, la industria del ocio y las energías alternativas que hacia la industria pesada o manufacturera. “¿Qué hay de malo –declaró– en que nos convirtamos en un país dedicado a los servicios?”.

A todo lo anterior no nos queda más remedio que sumar la singular inestabilidad de una España que está siendo el hazmerreír del mundo. Por un lado, el más enquistado de nuestros problemas: el separatismo. Golpes de Estado, huidas de los culpables, propaganda separatista nunca contrarrestada desde el Gobierno, sentencias ridículas, Estado de derecho inexistente, tribunales y fiscalías a las órdenes de los partidos gobernantes, excarcelación y homenajes a terroristas, masas pegando fuego a las calles sin que la policía pueda intervenir, golpistas en los gobiernos regionales, embajadas a las órdenes de los golpistas, medios de comunicación públicos a servicio de los golpistas, cómplices de los golpistas sentados en el Gobierno de la nación, incluido un presidente del Gobierno declarando su cariño hacia los terroristas…

Hablando del Gobierno de la nación, nunca España, en toda su larguísima historia, había alcanzado las profundidades de infamia a las que ha llegado con el actual, y eso que Zapatero pareció insuperable. Cuatro décadas de degeneración de toda una nación mediante el ataque sincronizado de gobiernos progresistas, medios de comunicación mercenarios, neopedagogías destructivas, artistas del inframundo, cine guerracivilista, periodismo canalla, televisión inmunda, intelectualidad venenosa y cultureta analfabeta ha ido convirtiendo España en una inmensa cloaca. La cloaca se ha saturado, han reventado las tapas y la mierda lo ha invadido todo, incluidas las más altas esferas de la nación. Habría sido imposible que un pueblo sano encumbrara con sus votos al prodigioso montón de escoria personal, intelectual y moral que hoy se sienta en la Moncloa.

Y por si todo esto fuera poco, el mundo contempla estupefacto que el rey emérito se haya largado al extranjero en medio de una tormenta mediática sobre sus oscuras cuentas bancarias y que el vicepresidente del Gobierno declare sin disimulo que su objetivo es acabar con la monarquía, provocando que en España no esté clara ni la forma de Estado que tendrá en el futuro inmediato.

Confiéselo, sensato lector: si usted tuviese mando en una empresa, un gobierno, una alianza militar, una entidad financiera o un organismo internacional, ¿consideraría a España un país, un interlocutor, un miembro, un aliado, un socio fiable?

¡Mayor inutilidad, imposible!
Jesús Salamanca diariosigloxxi 26 Septiembre 2020

Cuando la historiografía profundice en la época de la pandemia en España llegará a la conclusión de que hubo ineficacia, dejadez, caos y negligente gestión por parte del Gobierno. Una mala gestión que podrá ser reiterada y documentada por Bruselas. Ningún ministerio ni departamento gubernamental planificó –hasta el día de hoy, después de seis meses-- plan alguno para recibir dinero de la Unión Europea, al contrario de lo sucedido con otros países: Sírvanos de ejemplo el gobierno polaco que ha recibido más de 200M€ para determinados sectores que están obligados a devolver el importe a los consumidores, bien por paquetes vacacionales, señales de reserva o por vuelos cancelados tras el inicio de la pandemia.

Ni el Ministerio de la ministra de Medina del Campo (Reyes Maroto) ni ningún departamento del mismo ha propuesto o solicitado a la Comisión Europea la necesidad de ayudas para el sector del turismo. El sector se va a comer una crisis con patatas porque la inutilidad del Gobierno es permanente y abrumadora. Ya nadie confía en esta cuadrilla de mentecatos sectarios, gaznápiros y atrabiliarios. El turismo precisa medidas concretas, en vez de las generales que se pretenden aplicar.

No entiendo cómo desde abril no se han solicitado ayudas. Recuerden que tampoco se unió España a la petición europea de material para proteger a los sanitarios y dotar de material sanitario a las residencias de ancianos. “Inútiles, demasiados inútiles ocupan el Gobierno de España” fue el comentario de Sanna Marin tras la Cumbre. Y en parecidos términos ha comentado Margrethe Vestager, comisaria danesa; máxime si tenemos en cuenta que, según sus datos, el ‘Pavo Real’ de Moncloa anunció a bombo y platillo que destinaría ayudas al turismo por importe de algo más de 4.000 M€. ¡Mayor inutilidad, imposible!

Numerosos países han presentado planes y proyectos y han sido aprobados para compensar al sector turístico. Esas pérdidas no lo son solo de clientela sino de empleos, que es más grave aún.

Gran parte de la población española ha renunciado a sus vacaciones por solidaridad con los más perjudicados. Sólo la casta disfruta de ocio continuado: desde el presidente del Gobierno hasta Fernando Simón pasando por la “farruquita”, el “marquesito” y la “menestra” de Igual-Da que aspira a llegar a casa “sola y borracha”.

España es la segunda potencia mundial en turismo desde hace decenas de años. Cualquier plan para levantar el sector es revisado y, salvo que sea muy malo e inadaptado a la realidad, aprobado sin dilación. Miles de millones llegarán a los países de la Unión Europea para que el hundimiento no sea aún mayor. Precisamente la dejadez e inutilidad del Gobierno español ha llevado a la recesión, pudiéndolo evitar. Es un hecho que cuanto aborda el socialcomunismo lo convierte en falsedad, error o deuda: IMV, ERTE, PER, reforma educativa, reforma laboral…

En el caso de España, el turismo tiene un peso del 12,6% en el PIB y cerca de seis millones de personas trabajan en el sector de forma directa o indirecta. Sin una valoración clara ni perspectiva de futuro, el vicepresidente segundo ha propuesto eliminar todos los viajes del IMSERSO. Se cree el “primus inter pares”, sin pararse a mirar al espejo y comprobar que es lo más incompetente y atrabiliario que puede tener un Gobierno para la gestión.

Todos Estados miembros de la UE se están beneficiando a diario de ayudas para los distintos sectores en crisis. España ha sido incapaz de gestionar ni un solo proyecto. Una cosa es que Nadia Calviño haya caído en desgracia y otra muy distinta es que su desgracia la traslade al país. Empiezo a pensar que esta economista del Estado y alta funcionaria española (tal vez “funcionera”) en las instituciones europeas optó en alguna tómbola al regalo, pues de otra forma no lo entiendo. Ahí tienen el resultado. Más claro, agua sin gas.

Nadie duda de que Calviño fuera la gran esperanza blanca frente a las insensateces de “Hundidas Podemos” o “Unidas Pandemias”, al menos hasta que en Europa le dieron la patada por colaborar con el socialcomunismo, sobre todo con este último. No me dice mucho el hecho de que Nadia Calviño sea actualmente vicepresidenta tercera del Gobierno y ministra de Asuntos Económicos y Transformación Digital. Demasiado rimbombante como para quedarse con los brazos cruzados.

Mucho llorar, pero nada eficiente y mucho menos eficaz la alta funcionaria –Calviño—ya caída en el olvido por colaboración económica con el comunismo bolivariano. Simples lágrimas de cocodrilo.

Ha caído en el error de lo que decía Bertrand Russell: “Muchas personas cometen el error de sustituir el conocimiento por la creencia de que es verdad lo que ellos desean”. Hoy ya nadie tiene duda sobre el Gobierno del caos: ¡Mayor inutilidad, imposible!

La carta de Hermann Tertsch
Vicente Torres Periodista Digital 26 Septiembre 2020

Puede decirse, sin exagerar ni un ápice, que el gobierno que sufrimos, que es el peor de toda la historia de España, además de ser el más caro y más incompetente, es dictatorial. O sea, se trata de un gobierno que se rige por unas normas democráticas, que intenta conculcar siempre que puede, porque no le resultan cómodas ni las comprende y que en la medida que vaya pudiendo las irá derogando y sustituyéndolas por otras que no le coarten el disfrute del poder.

El presidente del gobierno, narcisista y psicópata, comenzó por suprimir toda posibilidad de disidencia en el seno de su partido. Esa actitud es propia de los dictadores. Los socialistas, con carnet o meramente votantes, aceptan eso. Hablar de rebaños que aceptan ir al matadero voluntariamente no es excesivo. ¿Dónde está la pasión por la libertad? ¿Dónde las intenciones solidarias? Desear las cadenas para la población no es propio de gente solidaria. Sin olvidar el sectarismo, si esto lo leyera ese lastre que tiene el PSOE en algún cargo oficial, me bloquearía para toda la vida y más allá. Pocos de esos admiten las críticas y lo bueno es que la inmensa mayoría va a sufrir, igual que todos, las consecuencias de su burrera.

Si lo anterior es por parte del PSOE, por la parte de Podemos y del resto de los apoyos del gobierno los indicios de fervor democrático son inexistentes. No hay. Corre sangre dictatorial por las venas de todos ellos.

A la vista de la catadura moral del gobierno y sus apoyos no extraña que quieran reescribir la historia a su manera, con lo cuál demuestran que saben que no tienen razón. Si pensaran que la tienen, dejarían que los historiadores hagan su trabajo.

Hermann Tertsch ha denunciado sus tejemanejes a la Unión en una carta breve que no tiene desperdicio:
https://rebelionenlagranja.com/noticias/espana/la-carta-integra-de-tertsch-a-los-eurodiputados-alertando-de-la-ley-sectaria-de-memoria-20200918

A los sinvergüenzas no les ha gustado que lo haga.

DEL GOBIERNO SOCIALCOMUNISTA
La carta íntegra de Tertsch a los eurodiputados alertando de la ley sectaria de memoria
rebelionenlagranja.com

El eurodiputado del VOX, Hermann Tertsch, ha escrito una carta a las autoridades europeas denunciando la ley de memoria que prepara el Gobierno socialcomunista de Pedro Sánchez, que conllevará la conversión del Valle de los Caídos en un cementerio civil y la expulsión de los monjes benedictinos.

La carta íntegra:

Estimados colegas:

Queremos informarles de la extremadamente alarmante aprobación por parte del Gobierno socialcomunista español de un proyecto de ley denominado “Ley de Memoria Democrática”.

Se trata de un anteproyecto de ley basado en una clara y muy peligrosa construcción ideológica comunista, con la que el Gobierno español pretende satisfacer sus intereses actuales concibiendo el pasado nacional como un recurso puramente estratégico para sus fines políticos e ideológicos.

Con este nuevo proyecto de ley, el objetivo del Gobierno socialcomunista de España es difundir entre los ciudadanos una versión ideológica reconstruida del pasado y de la historia de España. Es la versión del Frente Popular, el gobierno liderado por los comunistas que perdió una guerra civil tras secuestrar y destruir la democracia. La exitosa transición de la dictadura a la democracia se basó en un acuerdo nacional por el cual la guerra y la dictadura fueron un fracaso común de una nación dividida que nunca debería repetirse. La nueva ley impone una versión de la historia parcial, unilateral, injusta, manipulada y sectaria.

Como se especifica en el anteproyecto de ley, contradecir la ley -cualquier infracción por parte de los ciudadanos- será sancionado con penas que podrían llegar a los 150.000 euros.

Todo ciudadano que no apoye, siga y obedezca la versión tendenciosa y falsa de la “verdad gubernamental”, la del Frente Popular, sobre el pasado, la República, la Guerra Civil y el franquismo será severamente sancionado.

Para ello, entre los 66 puntos del proyecto de ley por el que el Gobierno español social-comunista pretende imponer las bases para construir una memoria colectiva para todos los españoles, también se prevé la creación de una “fiscalía especializada” en “memoria democrática” y derechos humanos.

Por supuesto, un enfoque tan totalitario y comunista como el del proyecto de ley no podía olvidar las acciones en el campo educativo. La obsesión comunista por el adoctrinamiento en la infancia está contenida en este proyecto de ley a través de los contenidos curriculares obligatorios en la escuela.

Como describió Lenin en “Las tareas de la juventud comunista”, el gobierno socialcomunista de España pretende utilizar la escuela para construir esa memoria colectiva. Pretende que las próximas generaciones de jóvenes españoles se subordinen a sus doctrinas y pretende vincularlas a ellas en cada etapa de sus estudios, educación y formación.

A estas aterradoras medidas se suma la “resignificación” del Valle de los Caídos, un monumento del Estado en las afueras de Madrid donde están enterrados soldados de ambos bandos, el bando nacionalista y el bando republicano.

Mediante la desacralización del templo también se pretende extinguir la Fundación y expulsar
a los monjes benedictinos que hasta ahora gestionan la abadía. El Gobierno pretende convertir el Valle en un cementerio civil y contempla el derribo de la emblemática Cruz del Valle de los Caídos, que es considerada la cruz cristiana más alta del mundo.

Esta eventual destrucción forzosa de la Abadía Benedictina de la Santa Cruz del Valle de los Caídos es una barbarie y una violación de la libertad religiosa sin parangón en Europa.

La basílica católica de la Santa Cruz del Valle de los Caídos es la abadía donde fue enterrado Franco y desde donde fue desenterrado y transportado a otro cementerio hace un año por decisión de este Gobierno. La profanación de la tumba fue objeto de fuertes críticas en España.

Esta terrible agresión recuerda la persecución de los cristianos en los años treinta del siglo pasado. Socialistas, comunistas y anarquistas asesinaron en España a más de 12.000 sacerdotes y monjas, decenas de obispos y altos clérigos.

Pedimos a la comunidad europea e internacional apoyo para la defensa del monasterio benedictino y protección a la Santa Cruz, víctimas de la furia vengativa de los socialistas y comunistas, que nunca se han desmarcado de todos los crímenes cometidos por el Frente Popular en España, incluidas muchas masacres de civiles.

El Parlamento Europeo debería pedir al Gobierno de izquierda radical en España que deje de intentar imponer los mitos y mentiras del comunismo como verdad oficial y ponga fin a su intento de reprimir la verdad y de iniciar el enjuiciamiento judicial de los hechos históricos.

Sólo si el Gobierno español frena sus planes y retira el anteproyecto de ley que genera la peor división en la sociedad española, España podrá volver al espíritu de reconciliación que vino con la democracia en la Transición, y que ha permitido estos últimos cuarenta años de paz, progreso y libertad.

Quieren hundir Madrid para hundir a Ayuso
OKDIARIO 26 Septiembre 2020

El ministro de Sanidad, Salvador Illa, ha mostrado el auténtico rostro del Gobierno socialcomunista al contraprogramar la rueda de prensa de la consejería de Sanidad de la Comunidad de Madrid en la que se anunciaron nuevas restricciones en distintas áreas de salud. A la misma hora, Illa se despachaba pidiendo cerrar Madrid al considerar que las medidas del Gobierno de Isabel Díaz Ayuso eran insuficientes.

Pues bien, OKDIARIO desvela a sus lectores el documento enviado por la Comunidad de Madrid al Ministerio y que sirvió de base para la reunión que ambas administraciones mantuvieron el pasado martes. El Departamento de Salvador Illa se limitó a hacer recomendaciones sobre limitación de movimientos («no salir»), reactivar la Atención Primaria y establecer medidas nuevas sobre aforos en centros comerciales, hostelería y hoteles, pero en ningún caso solicitaba el cierre total de Madrid.

Parece evidente que la «tregua» entre el Gobierno socialcomunista y el Ejecutivo madrileño no era más que una maniobra de Pedro Sánchez para aparentar su disposición a colaborar para combatir la expansión de la pandemia. Ahora se demuestra que las intenciones de Sánchez -desveladas con reiteración por OKDIARIO- eran las de intensificar su plan de acoso y derribo contra la la presidenta de la Comunidad de Madrid. La lealtad institucional de la que presumía hace unos días el presidente del Gobierno no era más que una frase hecha, una trampa dentro de su estrategia de maniobrar políticamente contra el Ejecutivo madrileño.

El Ministerio de Sanidad dio el martes el visto bueno a las nuevas medidas del Gobierno de Ayuso y tres días después, cuando estaban siendo anunciadas en directo, las consideró insuficientes en una vergonzosa rueda de prensa convocada con el objetivo de trasladar la idea de que la Comunidad de Madrid no tomaba las medidas necesarias frente a la pandemia. Lo que subyace es la obsesión de Sánchez de cobrarse la cabeza política de Ayuso. El socialcomunismo está aprovechando la crisis sanitaria para avanzar en su plan de acoso y derribo del Gobierno madrileño. Lo dicho: Sánchez prende la mecha y Podemos trata de incendiar las calles. Estos son los que presumían de lealtad. No tienen vergüenza.

España menguante
Javier Rupérez ABC 26 Septiembre 2020

NO es habitual, más bien insólito, que los miembros de un gobierno de cualquier democracia occidental tengan como objetivo básico de su actuación política el derribar la arquitectura constitucional por la que el país en cuestión se rige. Eso es lo que actualmente está ocurriendo en España, cuyo Ejecutivo cuenta entre sus vicepresidentes con uno, más precisamente el segundo, empeñado en conseguir la equiparación de nuestra patria con los modelos y prácticas seguidos por sus patrocinadores en Venezuela o en Irán, cuando no decidido a imponer sobre los ciudadanos de la nación española un esquema organizativo inspirado en el que utilizaron Lenin y Stalin, unos de los mayores genocidas que, junto con Hitler, Mao y Pol Pot, la humanidad nunca ha conocido. Bien es cierto que los entusiasmos soviético/venezolanos de Iglesias y sus conmilitones cuentan con los parabienes de sus patronos del Partido Socialista Obrero Español, hoy más próximos a Largo Caballero -cuya estatua, por cierto, sigue insultando desde la esquina de los Nuevos Ministerios la memoria democrática de la ciudadanía madrileña- que a Besteiro, y que contemplan los desmanes de sus coaligados como si de pequeños juegos malabares se tratara.

Los juegos malabares incluyen el intento de convertir la «indisoluble unidad» nacional de la que la Constitución habla en una confederación de tribus agarradas al triste pábulo de sus identidades parroquiales; la patente voluntad de convertir la economía social de mercado en un marco estatalizado organizado en función de lo que a la larga esperan sea un partido único; el desprecio por la división de poderes, abjurando de las estructuras democráticas que Montesquieu preconizara y de cuya supervivencia depende la misma dignidad de los ciudadanos; el rechazo consciente y mal encarado de todo el proceso transicional español, construido exitosamente sobre la base de la reconciliación que la Constitución de 1978 encarna y que tanta estabilidad ha generado durante las últimas cuatro décadas en una sociedad otrora convulsa y enfrentada; la evidente y obscena disponibilidad para pactar con los herederos del terrorismo nacionalista vasco todo lo que sea necesario para asegurar la propia permanencia en el poder; y, en definitiva, la torticera y malhadada tendencia a imaginar a unos cuantos millones de españoles convertidos en siervos de su particular gleba, mostrando lo que en realidad son: aprovechados traficantes de la virtud que nunca tuvieron y de la honestidad de la que siempre carecieron. Esos que con Trotsky creyeron que podían tocar el cielo con sus manos pero que entre tanto están dispuestos, evocando sin saberlo al poeta, a enterrar a media España. O a toda España, si necesario fuera. Eso es Podemos. Eso es el PSOE. Y todos los que con ellos hicieron posible la formación de un Ejecutivo aberrante en la Europa de las democracias y las libertades.

Sería excesivo descargar sobre el tándem Sánchez/Iglesias todo el peso de nuestros males actuales sin recordar las desidias, las vacilaciones, los contrasentidos y las corrupciones, materiales y de las otras, que han llegado a poner en duda la calidad de nuestras instituciones y de nuestras propias vidas. Tiempo habrá para evocarlas y corregirlas, y con ellas tendremos ocasión de pensar en la deficiente calidad de nuestro sistema productivo, o en la necesidad de mejorar la enseñanza, o en la urgente necesidad de despolitizar la justicia, o en la no menos apremiante necesidad de adelgazar y racionalizar los reinos de taifas autonómicos y consiguientemente en hacer verdad el respeto generalizado a una patria unida y diversa que todavía se llama España. Pero los males de ahora y los de antes no deben impedirnos atender a la urgencia de la realidad: España es hoy un país en mengua, fragilizado en sus consensos interiores, reducido en su autoestima y contemplado desde el exterior con una mezcla de compasión y preventivo cuidado. La manera en que los poderes públicos a todos los niveles han sido incapaces de hacer frente a la pandemia de una manera eficaz y coherente ha contribuido a ello de manera indudable. Pero los males vienen de un poco más atrás y se pueden y deben situar en los tiempos en que Zapatero, ayer y hoy correveidile favorito del narco sistema caraqueño, hizo del revisionismo histórico y constitucional la marca preferida de su irredentismo.

Sánchez, Iglesias y todos los que en el Ejecutivo con ellos colaboran -y el «colaboracionismo» suele ser el pecado capital de los timoratos y pusilánimes en tiempos de crisis- han llevado la deriva hasta un punto crítico en el que, sin exageraciones, la misma subsistencia de la España constitucional está gravemente en duda, cuando no abiertamente en peligro. Tanto más seria cuanto que la alternativa democrática viable está más ocupada en dirimir las batallas de sus propias filas y clientelas que en sumar las fuerzas suficientes para que en el sistema electoral pudieran cobrar significación y poder y retornar con voluntad y eficacia reformista a los parámetros que desde 1975 ha hecho posible la convivencia pacífica y creativa de todos los españoles.

Claro que no estamos solos y, a diferencia de otras zonas del universo en las que sociedades deben hacer frente en solitario a sus propias disfuncionalidades, España tiene la ventaja de contar con la red salutífera de la Unión Europea. Pero, como es evidente, no basta. Porque parafraseando a Italia en el momento de su unificación, «España debe hacerse a sí misma». El resto es silencio. O peor: Sánchez e Iglesias. «Quosque tándem…»
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Javier Rupérez es académico correspondiente de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas

Aprovecharse de la pandemia en Madrid
Editorial ABC 26 Septiembre 2020

Ni cinco días ha sido capaz el Gobierno de Sánchez de mantener la lealtad con el Ejecutivo madrileño, presidido por Díaz Ayuso. Cuando Sánchez acudió el pasado lunes a la Puerta del Sol, lo hizo revestido de una apariencia pacífica y amistosa destinada a los incautos. Solo eso, una apariencia. A partir de ese mismo día, el PSOE atacó las medidas pactadas por ambos gobiernos, incluso se sumó a una convocatoria contra Díaz Ayuso, de la que luego se descolgó entre las descalificaciones de una cada día más inefable Adriana Lastra. Y ayer, mientras el viceconsejero de Sanidad y la directora general de Salud Pública del Gobierno madrileño informaban sobre las nuevas medidas de restricción en Madrid, el ministro de Sanidad, Salvador Illa, daba una sorpresiva rueda de prensa desde La Moncloa exigiendo restricciones para toda la capital. Las autoridades madrileñas desconocían que Illa fuera a comparecer a la misma hora y con ese mensaje crítico. Con este proceder, el Gobierno de Sánchez sitúa las relaciones con Madrid donde le gusta, en el conflicto que necesita para desviar hacia esta comunidad autónoma las miradas de la opinión pública.

Todo gobierno incompetente y destructivo necesita una cortina de humo, y los socialistas han encontrado en Madrid la que necesitan para mantener movilizada a la izquierda y tapar el desastre de su gestión. Encaja la tramposa rueda de prensa de Illa con la urgencia en tapar el clamor creciente contra la forma con la que el Gobierno lleva encarando la crisis desde marzo pasado. Un clamor al que se sumó el jueves pasado el informe de la prestigiosa revista científica «The Lancet», que pone a España como ejemplo perfecto de torpeza en la dirección de un país frente a la pandemia de Covid-19. Que Madrid vive una situación preocupante, es algo indiscutible. Pero en el discurso del Gobierno de Sánchez sobre Madrid no hay una preocupación sincera por la salud pública, sino por aprovecharse políticamente del temor de los ciudadanos. Si hubiera una preocupación sincera, el Ejecutivo de Sánchez habría atendido antes las peticiones de Díaz Ayuso, en vez de ver desde la barrera el incremento de contagios, hospitalizaciones y muertes.

Ni memoria, ni historia ni política
José María Marco Libertad Digital 26 Septiembre 2020

Hace ya veinte años, la mayoría absoluta conseguida por el Partido Popular de Aznar señaló el final de uno de los consensos tácitos sobre los que se había edificado la Monarquía parlamentaria. Era el del silencio del Estado ante la historia de la Guerra Civil y, más en concreto, la memoria del enfrentamiento y todo lo que le rodeó en cuanto a violencia en la retaguardia republicana y después de la guerra. Los motivos del cambio eran dos. El primero era que la generación que había protagonizado la Transición empezaba a dejar paso a otra que no tenía de la Guerra la misma memoria viva que tenía aquella, en primera persona o por sus familiares inmediatos: la guerra dejaba de tener la presencia viva que hasta entonces seguía preservada. En cuanto al otro motivo, era directamente político. La mayoría absoluta del PP indicaba que también la memoria de la dictadura empezaba a difuminarse, a entrar en la historia, y que la derecha dejaba de estar marcada, en la mentalidad de los españoles, por cualquier relación con el régimen anterior.

Era cuestión de tiempo que una izquierda tan excepcional como la que representa el PSOE, muy distinta siempre –también entonces– de sus homólogos europeos, levantara la bandera de la memoria. Despejado el riesgo de violencia, el campo quedaba abierto para recuperar el recuerdo de la Guerra Civil. Se hizo desde una perspectiva muy concreta, que es la que reafirma el anteproyecto de la nueva Ley de Memoria Democrática: “recuperar la memoria” de los que padecieron persecución o violencia, por razones políticas, ideológicas, de conciencia o creencia religiosa, de orientación e identidad sexual, durante el período comprendido entre el golpe de Estado de 1936, la Guerra Civil y la Dictadura franquista hasta la promulgación de la Constitución Española de 1978.

Eso sí, la recuperación de su memoria incluye el repudio y condena del golpe de Estado del 18 de julio de 1936 y la posterior dictadura.

Parece que no hubieran existido víctimas en el bando republicano. Y lo ocurrido en la retaguardia republicana entre julio de 1936 y abril de 1939 no merece ni repudio ni condena, ni siquiera un recuerdo: se ha quedado fuera de las narrativas factuales y los nuevos paradigmas memoriales, tan brutalmente excluyentes.

La castiza combinación de ignorancia y sectarismo que caracteriza a este proyecto de ley no disimula lo esencial. Se trata de consolidar, como historia oficial, un relato cruel y maniqueo, por lo que tiene de deshumanización, de lo ocurrido en nuestro país entre 1936 y 1939. Renueva, como se ha dicho tantas veces, el espíritu guerracivilista de aquellos años, nunca olvidado del todo en la izquierda, particularmente en el PSOE. Y lo hace, además, para arrinconar definitivamente a la derecha en el campo de los herederos de la dictadura.

No lo habrían tenido tan fácil el PSOE y sus socios peronistas si la derecha hubiera comprendido a tiempo lo que iba a ocurrir. Estaba en la obligación de saberlo porque el silencio oficial que el Estado había mantenido hasta entonces no suponía neutralidad ante la República y la Guerra. Incluso Don Juan Carlos era calificado de “rey republicano”, lo que indica hasta dónde la legitimidad histórica de la Monarquía parlamentaria iba ya unida a la Segunda República.

Tal vez fue la enormidad de la fábula así inventada, de arriba abajo, lo que llevó a la derecha política a inhibirse. La tendencia venía de lejos. Después de Fraga, la derecha ya había empezado a mostrar su inclinación por dejar atrás la historia. La amnesia se acentuó a partir de esos años. Desde entonces, la derecha española no ha tenido ni historia ni memoria. Para ser una organización política conservadora, nadie ha llegado tan lejos en el borrado sistemático del pasado como el PP. La consecuencia era previsible. Llegó con Mariano Rajoy, después de que Rodríguez Zapatero promulgara su Ley de Memoria. Politizadas la historia y la memoria, el PP no sólo dejaba el pasado a sus adversarios. También les abandonaba el presente y, en consecuencia, la política, porque en política, hoy en día, lo que menos cuenta es la gestión y lo que más, en cambio, la identidad, de la que la historia y, sobre todo, la memoria forman una parte fundamental. El PP no ha salido de ese grado cero desde entonces.

No era algo obligado. Resultaba perfectamente posible imaginar y promulgar una Ley de Memoria Histórica que abordara la dignificación de las víctimas, la recuperación de los restos, la revisión de los monumentos y los lugares de memoria, e incluso la revisión de los juicios de postguerra desde otra perspectiva: una perspectiva incluyente, compasiva, humana… patriótica y democrática. Ajena a la imposición de una supuesta verdad desde el poder político. El Valle de los Caídos, que venía requiriendo una revisión desde hace por lo menos quince años, ejemplifica a la perfección lo que se podía haber hecho, lo que se dejó de hacer y aquello a lo que ha dado lugar esa dejación imperdonable. A los pocos que lo proponían se les miraba como si fueran de otro mundo. Aquí están las consecuencias.

Ahora todo será mucho más difícil. Todavía hay tiempo, sin embargo, de presentar una alternativa seria, realista y generosa, que corresponda a una sociedad como la nuestra y haga de la identidad española el eje del debate y de la propia posición. El trámite parlamentario también sirve para eso. Claro que hay que ponerse a trabajar, y mucho.

Ni memoria, ni democrática
Fernando Díaz Villanueva. vozpopuli  26 Septiembre 2020

De un tiempo a esta parte se ha puesto de moda en España lo de la 'memoria democrática', un constructo de nuevo cuño concebido para reivindicar a las víctimas del franquismo. A lo largo de los últimos años se han aprobado leyes de memoria democrática en varias comunidades autónomas. Empezó Andalucía hace tres años y le siguieron Cataluña, Aragón, Extremadura y Asturias. No es algo anormal esto. A menudo las iniciativas legislativas arrancan a escala regional y, pasado un tiempo, el Gobierno se decide a hacer una ley para todo el país. En este caso la memoria histórica nació en una comunidad gobernada entonces por el PSOE y ha ido reproduciéndose en otras en las que manda el mismo partido o los nacionalistas.

En todo lo relativo a la memoria histórica la izquierda es muy activa. Encontró un filón hace más de diez años con este tema y lo sigue explotando con el ánimo nada disimulado de emplear la guerra y la posterior dictadura como un argumento político contra partidos como el PP, Ciudadanos y Vox. Es decir, que en estas leyes de memoria hay más política del día que intención de restañar unas heridas que cicatrizaron hace ya mucho tiempo.

De la guerra civil hemos de hablar en pretérito absoluto. La sublevación militar que la provocó se produjo hace 84 años. Los que nacieron en aquel infausto año son hoy venerables octogenarios y apenas queda gente que recuerda la guerra en sí. El franquismo es más reciente pero, aún así, terminó hace casi medio siglo. La mayor parte de los españoles vivos actualmente o nacieron tras la muerte de Franco o lo hicieron en los últimos años del régimen, por lo que no recuerdan nada de aquella época.

Esto, evidentemente, no significa que no debamos tener bien presente nuestra historia, pero sí significa que no debemos politizarla y, mucho menos, tomar categorías políticas del pasado y aplicarlas en nuestro tiempo con intereses partidistas. Pero, ¿cómo resistirse a utilizar un relato tan provechoso en el que unos se reservan el papel de buenos adjudicando a los contrarios el de malos? En esto Pedro Sánchez no hace más que continuar con la obra de Zapatero debidamente corregida y aumentada.

Calles, plazas y monumentos
El franquismo está ya tan lejano que no se puede hacer justicia con sus prohombres porque crían malvas desde hace años. Así que sólo queda ir a por las ideas que movieron aquel régimen y los pocos símbolos que quedan de él. Hace quince años, antes de la promulgación de la Ley de Memoria Histórica, quedaban algunos más en forma de calles, plazas o pequeños monumentos que no habían sido retirados durante la transición, pero hoy cuesta encontrar un solo símbolo del franquismo más allá del Valle de los Caídos que ya fue definitivamente expurgado de los restos del dictador hace unos meses.

Es cierto que frente al altar sigue la tumba de José Antonio Primo de Rivera, fundador de Falange Española, fusilado por el Gobierno republicano unos meses después de iniciada la contienda civil y que, por lo tanto, no tuvo ni arte ni parte en el franquismo. El régimen utilizó su imagen de forma muy intensa con fines propagandísticos, especialmente en los primeros años, pero nunca se sabrá que hubiese pensado Primo de Rivera del Gobierno de Franco de haber sobrevivido a la guerra. Su causa puede vincularse al régimen, no así su persona, que cualifica como víctima de la guerra civil.

Respecto a las ideas, la Constitución garantiza la libertad ideológica en su artículo 16 y la libertad de expresión en el artículo 20. Luego la pretensión de ilegalizar asociaciones o fundaciones franquistas se da de bruces con la Carta Magna. En España uno es libre de enaltecer a quien le venga en gana exponiéndose, eso sí, al estigma social que trae aparejado alabar a dictadores propios o ajenos. Además, si esto lo hiciésemos extensible a todas las dictaduras algunos partidos como Unidas Podemos se verían en problemas legales por la apología sistemática que muchos de sus militantes hacen de dictaduras pasadas, como la soviética, o presentes, como la castrista. En definitiva, que a Alberto Garzón le asiste el mismo derecho a ensalzar a Fidel Castro que a los miembros de la Fundación Francisco Franco a hacer lo propio con quien da nombre a lo suyo.

El Valle de los Caídos es, sin duda, un símbolo para los pocos nostálgicos del régimen que quedan en España, pero también es un cementerio, una basílica pontificia y una abadía benedictina con escolanía propia. Que Franco fuese católico no es sinónimo de que el catolicismo lo sea, de la misma manera que el hecho de que Stalin o Enver Hoxha fuesen ateos no convierte a todos los ateos en comunistas. El Gobierno mezcla deliberadamente dos planos que nada tienen que ver el uno con el otro, seguramente movido por la animadversión que profesa hacia la Iglesia Católica y toda su simbología.

Fiscalía especial del pasado
Pero lo más llamativo de la nueva ley es la creación de una fiscalía especial en el Tribunal Supremo cuyo cometido será investigar las violaciones de los derechos humanos entre 1936 y 1978. Empresa interesante sin duda pero, a estas alturas eso ya no es trabajo de los fiscales, sino de los historiadores porque han pasado entre 50 y 80 años de aquello y los responsables están muertos. Luego está el rango temporal escogido. Si esa fiscalía investiga la guerra encontrará infinidad de abusos en ambos bandos, un trabajo que, además, ya está hecho porque de la guerra civil hay mucha información disponible y ha habido tiempo de sobra para investigarla.

La guerra de España no es precisamente un conflicto olvidado. Todo lo contrario, es un tema recurrente desde el punto de vista historiográfico. Pocos episodios de nuestra historia se han estudiado tan a fondo como la guerra civil, sus prolegómenos y sus consecuencias. Hay miles de obras al respecto de especialistas españoles y extranjeros. La dictadura también está muy bien estudiada, pero a veces se olvida que no concluyó de manera abrupta mediante una ruptura, sino tras una negociación entre los aperturistas del régimen y la oposición democrática. Fue algo rápido, en apenas año y medio el régimen quedó desmantelado. En junio de 1977, cuando habían transcurrido sólo 19 meses desde la muerte de Franco, se celebraron elecciones libres, por lo que en 1978 la dictadura ya había concluido. Todo lo que se hizo ese año fue poner el broche final con la promulgación de la Constitución. Algunos aseguran que el franquismo perduró mucho más tiempo, y es posible que lo hiciese en ciertos ámbitos de la administración, pero no en las instituciones.

En este punto habría que preguntarse cuándo terminó realmente el franquismo. Es una pregunta difícil porque no hay una fecha exacta. Las estructuras políticas del régimen se disolvieron entre diciembre de 1976 y junio de 1977. Los diputados constituyentes salidos de las elecciones del 77 se encontraron ante este problema para elaborar su ley de amnistía. Acordaron una fecha concreta: el 15 de diciembre de 1976, día en el que se ratificó la ley de reforma política, el instrumento que el propio régimen empleó para hacerse el harakiri y que permitió el tránsito a la democracia de un modo más o menos tranquilo.

Con la amnistía vino la amnesia y el acuerdo tácito de no emplear el pasado como arma política. Quizá en aquel momento tenía sentido algo así en aras de la reconciliación. De eso hace ya más de cuarenta años. Hoy no hay nada que olvidar porque ninguno de los diputados actuales lo era en 1977. No pueden olvidar algo que no vivieron, así que nunca está de más recordar lo que pasó entre 1936 y 1976 pero partiendo del hecho que no se pueden pedir responsabilidades porque ha pasado demasiado tiempo. De modo que lo más seguro es que esta ley no sea más que el enésimo pataleo extemporáneo de un Gobierno que necesita la tensión para mantener movilizadas a sus bases en un momento en el que poco más puede darles.

INVESTIGACIÓN COVID-19
Los errores que cometió España durante la desescalada según un equipo de científicos
Redacción gaceta.es 26 Septiembre 2020

Un equipo internacional de científicos ha elaborado un informe -que publican en la revista británica The Lancet- en el que apuntan cuáles fueron los principales errores que cometieron varios países, entre ellos España, durante las diferentes fase de desescalada.

El informe, titulado «Lecciones aprendidas al aliviar las restricciones de COVID-19: un análisis de países y regiones de Asia Pacífico y Europa», analiza cómo aplicaron esas medidas en Hong Kong, Japón, Nueva Zelanda, Singapur, Corea del Sur, Reino Unido, Alemania, Noruega y España.

Analizan los científicos cómo se han aplicado las restricciones y en esos nueve países con un alto nivel de ingresos tras las fases más críticas de una pandemia «sin precedentes» y para afrontar la situación y evitar que sus sistemas sanitarios se colapsaran.

Los científicos han apuntado las «importantes lecciones» que un análisis de estas características puede aportar a la comunidad internacional y ante el futuro incierto a causa del coronavirus, y han subrayado que el bloqueo de toda la actividad ha salvado muchas vidas pero ha tenido un elevado coste social y económico.

Han insistido en el un levantamiento prematuro de los bloqueos podría provocar un resurgimiento de infecciones y causar daños a la economía aún más graves y a largo plazo que los que ya se han registrado.

En el caso europeo, los científicos han centrado el análisis en dos países que fueron «gravemente afectados» por la primera ola de la pandemia (España y el Reino Unido) y dos que no sufrieron esas consecuencias tan graves (Alemania y Noruega).

Y han expresado su preocupación ante la aparente ausencia de estrategias «claras y coherentes» para salir de las restricciones.

Los científicos han analizado cinco indicadores a la hora de aliviar las restricciones más severas: el conocimiento del estado de la infección; la participación de la comunidad; las capacidades de la salud pública; la capacidad del sistema de salud; y los controles fronterizos.

Describen que la estrategia española consistió en un plan que avanzaría en cuatro fases, pero al señalar cuál era el conocimiento en España sobre el estado de la infección los investigadores han aseverado que no existía «ningún indicador especificado públicamente».

Al analizar cómo debía participar la comunidad, los científicos han recordado que España señaló que la distancia física de seguridad debía ser de 1,5 metros y cubrirse la boca con mascarillas cuando no se pudiera asegurar esa distancia.

Sobre las capacidades de salud pública, los investigadores que han publicado el informe señalan que en abril de 2020, la capacidad de realizar pruebas «PCR» para detectar positivos alcanzó las 40.000 diarias y posibilidades de seguir aumentando.

Recuerdan además que las UCI estaban por encima de sus capacidades en muchos hospitales a finales de marzo y abril, que se tuvieron que adaptar otras salas y espacios hospitalarios para acoger a pacientes en estado crítico; y que el personal sanitario ha disminuido debido a las altas tasas de infección.

Y al analizar cuáles eran las medidas fronterizas, los científicos han recordado que las fronteras estaban «completamente reabiertas» a todos los países a partir del 1 de julio de 2020 y que los viajeros entrantes no tenían que hacer ningún tipo de cuarentena.

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Sánchez tensiona la Constitución
Editorial ABC 26 Septiembre 2020

El Gobierno de Sánchez es una amenaza cada vez más alarmante para la continuidad de la España constitucional. Su deriva política contra la Corona y el Poder Judicial, simultánea al enaltecimiento de separatistas y proetarras como socios de gobernabilidad, demuestra su persistente estrategia en atacar el sistema de 1978, pero evitando tocar una coma de la Constitución, para lo que no tendría mayoría parlamentaria. Le basta con ejercer deslealmente las prerrogativas que la propia Constitución confiere al Poder Ejecutivo para la acción de gobierno. Prerrogativas como el refrendo de los actos del Monarca, diseñado para evitar que el Rey cometa errores o ilegalidades, pero no para anular la figura del Jefe del Estado en actos legítimos y plenamente incardinados en sus funciones constitucionales. La ausencia del Rey Felipe VI en la entrega de despachos a la última promoción de jueces, en Barcelona, responde a un ejercicio fraudulento del refrendo, del que es responsable directo Sánchez y por lo que debería rendir cuentas en el Parlamento. Como dijo con acierto Carlos Lesmes, presidente del CGPJ, la asistencia del Monarca a la entrega de despachos a los nuevos jueces no es un acto protocolario. Es la representación fiel de cuantas vinculaciones establece la Constitución entre el Rey y el Poder Judicial, por ser el Rey en cuyo nombre se administra la justicia y el símbolo de la unidad y permanencia del Estado cuya soberanía ejercen los jueces con sus sentencias. Los vivas al Rey de los jóvenes jueces fueron un desagravio ante la malevolencia política del Gobierno.

No extraña que Felipe VI comunicase a Lesmes, en una llamada de cortesía, que le «hubiera gustado estar ahí», porque el Monarca sabe el significado que tiene la decisión de Sánchez, quien ha provocado un incendio en la Constitución y una ofensa a la Corona sin precedentes desde 1978. El Gobierno parece cada vez más empeñado en acelerar el desmontaje del orden constitucional, parapetado en la preocupación social por la pandemia. Aísla al Rey, desestabiliza la Justicia, secuestra la Fiscalía, crispa la sociedad y compromete una nueva transición con ERC y con Bildu, mientras por boca de Iglesias vuelve un tenebroso guerracivilismo y un vicepresidente y un ministro del Reino de España (que no debieran permanecer un minuto más en su puesto) acusan a Don Felipe de maniobrar contra el Gobierno.

El Gobierno de la puta y la Ramoneta
Segundo Sanz okdiario 26 Septiembre 2020

Que la dictadura progre busca disturbios para descabalgar al PP de Ayuso de la Comunidad de Madrid, la joya de la Corona autonómica, lo contábamos por estos lares la pasada semana. Pero hay un elemento en esta campaña orquestada que por su perversa concepción no deja ser tan significativo como repugnante. Y es la confabulación de los socialcomunistas para hacer la puta y la Ramoneta desde la Moncloa a costa de la pandemia y con el sucio fin de tomar la Real Casa de Correos a golpe de estallido social. Nauseabundo.

Que no se sientan aturdidas con esta expresión las censoras de Lady Montero, que la Ramoneta no era una puta. Y tampoco se incomoden las Leticia Dolera de turno, que por mucho que quieran desterrar lo de «cama de matrimonio», no podrán cambiar el género a «despedir a una embarazada», como hizo la activista femiprogre, porque todavía no ha dado embarazados la Madre naturaleza. Fer la puta i la Ramoneta, el dicho que se usa en catalán para aludir al doble juego, las dos caras o tirar la piedra y esconder la mano, proviene de pudir (heder en catalán) y el rosellonés ramonner (deshollinar chimeneas). Aquí, el deshollinador que hiede es el Gobierno frentepopulista que por un lado ofrece apoyo envenenado a la Comunidad y que calienta la calle por activa y por pasiva.

Las últimas algaradas contra las restricciones por Covid revelan el bucle endiablado concebido por el Ejecutivo de PSOE y Podemos para someter a los madrileños. Sánchez elude su responsabilidad sobre el estado de alarma y dice ponerse al servicio de la Puerta del Sol, mientras los de Iglesias y la condenada Serra agitan las revueltas y, aquí lo más miserable, el ministerio socialista de Marlaska lanza a los antidisturbios de la Policía contra los negacionistas de febrero («Esto es sólo una gripe») para dar mayor visibilidad y empaque a tales disturbios en su fase incipiente. Vomitivo, Mr. Válgame Dios.

Y con esta maniobra de Interior y estos enfrentamientos entre Policía y turba andan entretenidos sanchistas y podemitas en Twitter buscando culpables entre los propios socios del Gobierno de coalición. Ello, mientras las muertes continúan, los contagios hacen de España la ‘Italia de la segunda ola’ y las UCI bordean el colapso. Pero ya sólo pueden engañar a sus fanáticos y a los ingenuos. La izquierda vendeobreros que teatraliza esos choques internos tiene bien ajustado su punto de mira, que caiga Madrid. Y lo evidenciaba el black Errejón: ‘La Policía no pegaba a los cayetanos en Núñez de Balboa y sí a los nuestros en Vallecas’. Vamos, que al final Marlaska es un agente doble del centroderecha… Eso no se lo cree nadie. Aunque heder sí que hiede toda esta operación. Como la Ramoneta.

Regreso al gobierno de los simios
José Alejandro Vara. vozpopuli  26 Septiembre 2020

En la escena final del 'El plantea de los simios', Charlton Heston cabalga por una playa interminable y desierta junto a su compañera 'Nova', la hermosa primitiva humana sin la facultad del habla. De pronto, en el despoblado horizonte, se divisa un colosal amasijo de cobre, acero y hormigón, del que emergen el brazo y la antorcha de los restos de la estatua de la Libertad, varada en una inmensidad de vacío lunar. "Miserables, lo habéis destruido todo", exclama Heston, arrodillado ante el espanto.

Similar aspecto, una planicie desvencijada, un océano de escombros, ofrecerá el edificio de nuestro marco de convivencia democrática tras el paso de este gobierno de simios, de macacos con misiles que, inopinadamente, se hizo con las riendas de la nación el pasado 13 de enero. Se trata de una gavilla multiforme integrada por una serie de notables lumbreras, mayormente iletrados, obtusos, fanáticos, gandules, férreamente unidos torno a una única ambición: mantenerse en el poder. Caso paradigmático, Garzón el chico, curioso ejemplar de liliputiense mental al frente de un Ministerio.

Hay que estudiar, Pablo
-"Pero Pablo, ¿cómo es posible que no hayas estudiado Economía? ¿Cómo es posible que no sepas Derecho? Si vas a seguir en política tienes que saber, si no es una irresponsabilidad total, eres un peligro público ". Esto le dijo Antonio Escohotado a un incipiente Pablo Iglesias. Ni caso. Ni Derecho, ni Economía. Sólo consignas populistas, proclamas de facu, desplantes de tertulia entre Lenin, Potemkin y la Venezuela del maldito satán.

Esta es la quincalla ideológica que dirige los destinos de un país que galopa tristemente hacia un escenario de pavor. Sánchez y su Gabinete apenas necesitarán siquiera completar la legislatura para culminar su objetivo. Les basta con unos meses, o quizás menos, a la vista de la velocidad que han imprimido a su enfebrecida ofensiva contra los pilares de nuestra convivencia. El último episodio relevante ha sido el destierro interior del Monarca, al vetarle su desplazamiento a Cataluña para presidir el acto de entrega de despachos a la última promoción de la Escuela Judicial. Silenciado, amordazado, inmovilizado.

En absoluto se trata de una decisión aislada. Atacar con virulencia a la Monarquía es ejercicio prioritario del sector peronista del Gobierno, según airean sin descanso. Vendrán luego el humilladero de forzar al Rey a firmar el indulto de los golpistas, una clamorosa revancha de esos reaccionarios de amarillo a los que el monarca desmontó su cobardona asonada. Le bastó con seis minutos por televisión. Aquel histórico discurso del 3-O no lo perdonan. Sánchez les alfombra la venganza.

Junto al indulto, anunciado por el titular de Justicia en una malsana intervención parlamentaria, se procederá también al 'afinado' de los delitos de sedición y rebelión 'para adaptarlos a nuestros tiempos' dicen en Moncloa. Se trata de exonerar de carga penal a la cuadrilla del 'procés', que quedará prontamente en libertad cual si se hubiera promulgado una imposible ley de Amnistía. Alzarse contra la Constitución para desgajar una parte del territorio nacional dejará de estar castigado con penas graves en nuestro ordenamiento jurídico, un hecho que provoca pasmo y desconcierto en el ámbito europeo, donde atentar contra la unidad de la Nación es asunto que se castiga con dureza.

Sánchez ha vuelto bronceado y espídico de su dilatada holganza estival. Ha pisado el acelerador de su agenda y se ha sumergido en un programa de gestos, dádivas, guiños y obsequios a sus socios de Frankenstein al objeto de completar los apoyos necesarios para aprobar sus primeros presupuestos del Estado.

En apenas unos días, el presidente del Gobierno ha secuestrado la agenda de la Casa Real y ha amordazado y encadenado al Jefe del Estado. Ha puesto en marcha la reforma de los delitos de sedición y rebelión, junto a los famosos indultos de los impulsores del golpe. Ha concedido a Quim Torra, pronto inhabilitado, sus anheladas 'mesas de negociación' con el referéndum independentista como único punto del temario. Ha irrumpido atropelladamente en la Fiscalía, con el chusco episodio del teniente fiscal Navajas y ha desatado una tormenta feroz en el ámbito judicial, porque hay magistrados que consideran inconveniente que se les pise la cabeza. "Se pasan tres pueblos", rezonga el ministro de Justicia cuando en la Escuela Judicial se gritan vivas al Rey.

La vicepresidenta Carmen Calvo, también muy activa en estas jornadas de la tournée, ha institucionalizado las negociaciones con Bildu, presos a cambio de votos. Sánchez, por acompañar, ha transmitido su 'profundo' pésame a los herederos de la banda etarra por el suicidio de uno de sus terroristas en prisión. Nunca se vio nada igual. También la vicepresidenta, encendida de republicano furor, ha lanzado su Ley de Memoria Democrática con la que pretende reescribir la Historia, reinventar el pasado, borrar todo vestigio de media España y erigir un Gran Hermano, en forma de fiscalía especial, que se encargará de perseguir ideas, opiniones, creencias, reuniones y hasta pensamiento. Quizás se prohíban las voces en favor del Rey.

Todo esto, como bien recordaba Dieter Brandau en esRadio, en tan sólo dos semanas. Todos esos pasos, de una perversidad inquietante, ocurren en pleno resurgir de la pandemia y en la antesala de un profundo marasmo social causado por la crisis económica. Tragedias ambas a las que el presidente del Gobierno apenas dedica más tiempo que el que le lleva atravesar Madrid para hacerse una foto con Díaz Ayuso, mirarle a los ojos antes de engullirla, volver a la Moncloa y sumergirse en sus juegos de patrañas y propaganda con el insondable Iván Redondo.

Ante este panorama desolador sólo caben dos opciones. Una, que una vez atados los presupuestos y con la primera calderilla de Bruselas en el bolsillo, Sánchez eche el freno y modere el ritmo de su vendaval antidemocrático ahora despendolado. La segunda es la que tantos temen. El presidente del Gobierno, abducido por el espíritu diabólico de su vicepresidente segundo, seguirá adelante con el proyecto liquidacionista de nuestra Transición, nuestro Estado de Derecho y los consensos que nos han permitido cuatro décadas de prosperidad.Nostalgia de la Segunda República y erección de un régimen entre autárquico y cesarista, con estructuras despóticas e ínfulas bonapartistas. Ya tiene el PSOE, como antaño el Frente Popular, unos ministros comunistas en su Gobierno. Ya se persigue a los monjes y se hostiga a las derechas. "Nunca volveréis a formar parte del Consejo de Ministros ", amenazó, totalitario, Pablo Iglesias. Sólo les falta el conflicto civil. Y luego, el edificio de la libertad pulverizado y sus restos flotando en el mar de la desolación. Regreso al Gobierno de los simios. "¡Miserables, lo habéis destruido todo!"

Dos pájaros de mal agüero
Jimmy Giménez-Arnau okdiario 26 Septiembre 2020

Iglesias y Monedero se han puesto de acuerdo para decir sandeces y escenificar despropósitos. Ambos sueltan frases grandilocuentes con la intención de herir a los demás sin darse cuenta de que sus palabras son un reflejo de lo que piensan de sí mismos. Bastan dos ejemplos, -personales e intransferibles- para retratar a este par de iluminados. Empecemos por el líder bolchevique, el del moño samurái, que en el Senado escupió: «El nivel de desfachatez de sus señorías tiene pocos precedentes». Evidentemente, estaba refiriéndose a su confuso ego. Vamos con el cofundador del clan canalla, el estilista rebuscado que sólo hipnotiza a los incultos: «Hay una deriva en la política mundial, donde el frikismo está haciéndose un hueco». Otro que tal baila, otro que se contempla en sus profecías.

En una época en que la gente reparte sus angustias entre el Covid y cómo salvar una economía hecha añicos, dos pájaros de mal agüero se empeñan en complicarnos el futuro. Ambos están profundamente instruidos en las malditas artes de las rebeliones y, tras mandar la Monarquía a paseo, quieren imponer una república multiuso. Como no tenemos bastantes problemas estos zotes nos proponen un chollo: ¡la nueva versión del próspero paraíso chavista, sin prensa libre, sin división de poderes, con purgas y expropiaciones a granel! Mientras la plebe duda morder el anzuelo, el lúgubre ideólogo Monedero tunea su paladar, actualiza los placeres y abraza el gran sueño: ser admitido en la casta burguesa que le abre las puertas a nuevas mariscadas. Los comunistas modernos son así.

Entre acaparar inmuebles y masticar crustáceos, tales tupamaros de cómic, hallan tiempo para ofender al Rey, desprestigiar al Ejército, la Legión, la Policía, la Guardia Civil, la CEOE y poner en solfa a fiscales, jueces, sanitarios y familiares de víctimas del terror. Lo que lleva al éxtasis a estos pajarracos, aparte de millones de dólares que sacan de dictaduras caribeñas, es pactar con etarras y con catalanes asilvestrados, alentar a los okupas a saquear lo que no les pertenece, desatender las residencias de ancianos, arruinar a los autónomos, inventar infundios sobre Ayuso y pasarse la UE por la entrepierna, lanzando troles contra quien los critique. También llegan al orgasmo choteándose de Sánchez, a escondidas, al que toman por el coño de la Bernarda. Así de traidores son estos pájaros de mal agüero.

Deberíamos creer a un político inteligente, como Felipe González: «La republiqueta plurinacional que propone Pablo Iglesias, es una estupidez y lleva a la destrucción de España». El muy sabio filósofo Antonio Escohotado, nos descoloca: «Trump es más de izquierdas, que Iglesias y Sánchez». Pablo Casado aporta inteligencia y subraya cuanto dice González: «Iglesias es un oportunista que intenta acabar con una -noble y pacífica- Nación». Ninguno habla de Monedero, por considerarle un cero a la izquierda.

Así gobiernan los cobardes
Eduardo Goligorsky Libertad Digital 26 Septiembre 2020

Si los cobardes quieren viajar al pasado por el túnel del tiempo acompañémoslos. Para demostrarles que el Ejército Rojo sigue cautivo y desarmado.

Son un hatajo de fanfarrones que se presentan a sí mismos como los líderes de un movimiento que regenerará la sociedad española mediante una inyección de suero republicano. Pero son cobardes. ¿Alguien se imagina al chisgarabís Pablo Iglesias entrando clandestinamente en la España de Franco con instrucciones del Partido Comunista, como lo hacía Jorge Semprún? Cobardes, no se arriesgan a emplear las tácticas violentas de sus precursores revolucionarios, sino que operan cómodamente arrellanados en las poltronas de la Moncloa. Y actúan como si desde esta posición de privilegio conquistada con nocturnidad y alevosía, pudieran cancelar el parte del 1 de abril de 1939 que dejó una huella imborrable en la historia de España:

En el día de hoy, cautivo y desarmado el Ejército Rojo, han alcanzado las tropas nacionales sus últimos objetivos militares. La guerra ha terminado.

La guerra terminó pero ahora los cobardes hurgan en sus cicatrices para sacar provecho de su contenido atrófico sin correr ningún riesgo.

La II República sepultada
Los cobardes usurparon el poder mediante un pacto de investidura concertado con los enemigos de su patria y lo utilizan para poner la historia patas arriba, sancionando leyes espurias con las que pretenden simular que es posible liberar y rearmar al Ejército Rojo para hacerlo marchar rumbo a la victoria. Y conseguir así que España se convierta, como si nada hubiera pasado, en un mosaico de republiquetas étnicas y totalitarias.

Un delirio típico de mentes desquiciadas.
La guerra terminó como terminó porque se libró sobre un terreno despejado para sepultar la II República. Los mistificadores no lo contarán en los manuales con los que prometen lavar el cerebro de las nuevas generaciones. Pero las revelaciones de quienes padecieron la tragedia desenmascaran a los embaucadores. Revelaciones que recoge, por ejemplo, Andrés Trapiello en su magistral Las armas y las letras (Ediciones Destino). Precisamente uno de los testimonios más patéticos que cita Trapiello es el de Clara Campoamor, abnegada militante feminista y republicana que denunció las atrocidades de sus correligionarios y huyó de la zona que estos controlaban, exiliándose, en septiembre de 1936, para que no la asesinaran. Escribió Campoamor:

Si el porvenir trae la victoria triunfal de los ejércitos gubernamentales, ese triunfo no llevará a un régimen democrático, ya que los republicanos ya no cuentan en el grupo gubernamental. El triunfo de los gubernamentales será el de las masas proletarias, y al estar divididas esas masas, nuevas luchas decidirán si la hegemonía será para los socialistas, los comunistas o los anarcosindicalistas. Pero el resultado solo puede significar la dictadura del proletariado, en detrimento de la República democrática.

Lo que indigna y confirma la falta de escrúpulos del equipo sanchista-comunista, es que la vicepresidenta Carmen Calvo haya tenido la indecencia de apropiarse del nombre de la insobornable Clara Campoamor, mencionándola como fuente de las leyes de fraude histórico. Calvo jamás habría tenido ni tendrá el coraje de cantar verdades como lo hizo Campoamor. ¿Hablábamos de cobardes bien recompensados?

Inventario de actos de barbarie
Como buenos cobardes, los felones que nos desgobiernan apuntalan su campaña de tergiversación encarnizándose con quienes no pueden defenderse: la momia del sublevado Francisco Franco que ocupó el lugar que lo traidores a la República democrática habían dejado vacante, y una Fundación de nostálgicos que perseveran en el culto a esta momia. Pero no son ni la momia ni los nostálgicos quienes están desmembrando España. Y los cobardes capitulan ante los cainitas que sí lo están haciendo, y les prometen el indulto a las penas que la Justicia les impuso por sedición, malversación y desobediencia, ciñéndose al Código Penal.

No son la momia ni los nostálgicos quienes lanzan soflamas desde la vicepresidencia segunda del Gobierno y movilizan al rebaño para poner fin al prodigioso “régimen de la Transición”, que aseguró cuarenta años de convivencia pacífica y prosperidad bajo el amparo de la Constitución y la Monarquía parlamentaria. Ni son ellos quienes han urdido un entramado de grupos subversivos que se reparten las tareas de organizar golpes secesionistas regionales. Veamos cómo inoculan su veneno estos vándalos:

Saturan de ideología maniquea los medios de comunicación públicos y las redes sociales; expulsan de las escuelas la historia, la cultura y la lengua de España; confraternizan con los regímenes dictatoriales del resto del mundo; incendian neumáticos en las carreteras y las vías del tren; queman contenedores en las calles; arrancan baldosas de las aceras para arrojarlas junto con cohetes, botellas y otros objetos contundentes contra las fuerzas del orden nacionales y locales; toman por asalto aeropuertos; untan con excrementos las fachadas de los tribunales de justicia; agreden y escrachan a jueces, periodistas, políticos discrepantes y ciudadanos de a pie.

Y el inventario de los actos de barbarie perpetrados por los profetas del odio a España y sus encubridores cobardes no se agota aquí. Habría que hablar de la invasión consentida de okupas y de toda la gama de delincuentes, desde carteristas hasta narcotraficantes. Un pandemónium de dimensiones gigantescas del que obviamente no son responsables la momia y los nostálgicos sino los tránsfugas que se valen de ellos como de un pimpampum de feria para tapar sus depredaciones.

El túnel del tiempo
Los cobardes, que hinchan el pecho cuando tienen enfrente a un muerto y una Fundación de nostálgicos, se humillan sumisos cuando intercambian cuotas de poder con los descarriados recalcitrantes que componen esta marabunta voraz. Negocian servilmente con los acólitos de otra Fundación, que lleva el nombre de un psicópata racista -Sabino Arana- cuyos desvaríos obscenos superaban en irracionalidad a los del mismísimo Adolf Hitler, lo que ya es mucho decir. ¿Quién será el guapo que se atreverá a ilegalizar dicha Fundación y a borrar el nombre de este crápula del callejero barcelonés? Y el doctor Pedro Sánchez, exorcista de fantasmas arcaicos, se apresura a transmitir sus condolencias a los albaceas de los asesinos etarras cuando se suicida uno de sus sicarios. Qué asco.

Si los cobardes quieren viajar hacia el pasado por el túnel del tiempo acompañémoslos. Para demostrarles que el Ejército Rojo sigue cautivo y desarmado y no volverá a levantar la cabeza en territorios de la civilización occidental y de la OTAN para descuartizar y bolchevizar España como ellos anhelan.

PS: Peor que cobardes. Traidores emasculados cuando vetan la presencia del Rey en Barcelona para congraciarse con los enemigos de su patria. De nuestra patria.
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