AGLI Recortes de Prensa   Jueves 1 Octubre  2020

Las pretensiones de los ‘indepes’
Amando de Miguel Libertad Digital 1 Octubre 2020

Sabemos, mal que bien, quién gobierna en España. Lo más grave y misterioso es averiguar quién manda, realmente; es decir, con un poder desproporcionado de veto. La paradoja no puede ser más escandalosa. Tal papel subrepticio corresponde a los indepes vascos y catalanes. Se llaman así, coloquialmente, los que antes eran nacionalistas y, teóricamente, pueden ser tachados de secesionistas. El extraño propósito de esos partidos (o “partidas”; cambian el sexo, decía Unamuno) consiste en separar de España a sus respectivas regiones. El argumento es que, como tienen otra lengua, además de las castellana o española, son naciones. En el entretanto, los prebostes independentistas no se consideran españoles ni, por tanto, hacen caso de la Constitución o de sus símbolos. Pero cobran del presupuesto español y, sobre todo, mandan de verdad; al menos, condicionan, con sus vetos, muchas decisiones del Gobierno. Es un resultado poco democrático, pero es real.

La cuestión es de principio. Un partido político, para sentarse en las Cortes, debería representar a todos los españoles, naturalmente, con su particular ideología, pero no a una parte del censo. Es de sentido común. En la realidad, los españoles hemos aceptado la aberración de que existan, legalmente, partidos que solo representan a una región. No vale el truco de llamarla “comunidad autónoma”. La verdadera autonomía debe corresponder al Estado; todos los demás entes públicos son heterónomos. La confusión de las falsas autonomías empezó con la II República, y así nos fue. El desgraciado término se incorporó a la Constitución de 1978, y así nos ha ido.

En su día, los nacionalistas vascos y catalanes fueron más bien de derechas, por exhibirse como románticos, historicistas. Hoy (no hace falta decir “a día de hoy”), la cuestión ha dado un vuelco. Los indepes tienden a considerarse de izquierdas o, al menos, se alían, tranquilamente, con las fuerzas sedicentemente progresistas. La aberración se cierra al difundirse la idea de que España, como tal, es un señuelo de la derecha, incluso de la extrema derecha, tildada, por eso, de fascista. Es un tremendo error de concepto, que nos va a costar caro, para regocijo de los farautes indepes. Su éxito está en la imitación que suscitan por parte de los otros capitostes del nacionalismo, situados en distintas regiones. En principio, son las que se distinguen por disponer de una lengua propia, aparte de la común (el castellano o español). De momento, han conseguido que, en tales regiones, sea difícil desarrollar centros de enseñanza en español. No puede ser una decisión más empobrecedora para todos.

En el fondo, a los indepes no les importa mucho que sus respectivas naciones sean más ricas y plenas. Se orientan, más bien, hacia una lógica negativa: hay que hundir a España, y más propiamente, a Castilla. No es casualidad que la vieja Castilla haya quedado troceada en varias autonomías, según el ordenamiento vigente. Frente a ese movimiento disgregador, se presenta, con fuerza, el irredentismo de Vasconia (con la pretendida anexión de Navarra) o de Cataluña (con su dominio sobre Valencia y las Baleares). Es una ley histórica: el verdadero nacionalismo requiere el complemento del irredentismo.

Ayuso defiende a los madrileños del autoritarismo de Sánchez
OKDIARIO 1 Octubre 2020

La decisión del Ministerio de Sanidad de dictar una orden ministerial que obligue a la Comunidad de Madrid a confinar la capital de España y otros nueve municipios responde a la obsesión patológica del Gobierno socialcomunista de cobrarse la cabeza política de Isabel Díaz Ayuso a costa de hundir a Madrid y los madrileños. Y para ello pretende que el Gobierno regional publique en en el boletín de la comunidad unas medidas de dudoso encaje jurídico que no han sido avaladas por consenso de las autonomías como exige la ley. Está clara cuál es la estrategia de Pedro Sánchez: forzar a Ayuso a que aplique la arbitraria norma del Departamento de Salvador Illa y confine Madrid, pese a que las últimas medidas decretadas por el Gobierno autonómico están dando resultados.

Estamos ante una cacería política sin precedentes, en un plan de acoso y derribo que pretende convertir a los madrileños en rehenes de la estrategia socialcomunista. Para acabar políticamente con Ayuso, Sánchez está dispuesto a hundir la economía de una comunidad que es el motor de España y a arruinar los negocios de miles de pequeñas y medianas empresas. Y, encima, pretende hacerlo saltándose la ley, tergiversando torticeramente el resultado de la reunión de los consejeros de Salud de las distintas autonomías. La norma establece que se necesita el consenso de todos los territorios para que la orden ministerial sea de obligado cumplimiento, pero votaron en contra Madrid, Galicia, Murcia, Andalucía, Cataluña, Ceuta y Melilla. La irresponsabilidad del Gobierno es enorme y revela hasta qué punto el socialcomunismo es capaz de pasar por encima de la norma con tal de acabar políticamente con la presidenta madrileña.

Lo que quiere Sánchez es que Ayuso, en contra de su voluntad, confine Madrid. O sea, que sea ella quien cargue con la responsabilidad del cierre. No cabe mayor cobardía: si Sánchez quiere confinar Madrid, el Gobierno cuenta con instrumentos jurídicos para hacerlo, pero servirse de una norma ministerial que retuerce la Ley de Cohesión y Calidad del Sistema Nacional de Salud es una descomunal arbitrariedad ante la que el Gobierno regional del PP no puede, en ningún caso, plegarse. Ayuso, acosada por el socialcomunismo y sus terminales mediáticas, sigue resistiendo las embestidas de una izquierda política que está instrumentalizando la pandemia de forma autoritaria y sectaria.

Largo Sánchez no va a echar a Lenin Iglesias
Carlos Dávila okdiario 1 Octubre 2020

Este cronista conoce a dos personas extraordinariamente influyentes en la vida española que en los pasados días le han pedido a Largo Sánchez (discípulo aventajado del siniestro Caballero de la II República) que, por favor, por favor, prescinda de Lenin Iglesias y su caterva de ministros comunistas. Uno de estos personajes le ha rogado nada menos que seis veces que para asegurar el futuro, no ya a largo plazo sino inmediato del país, la presencia de esta cuadrilla es letal para España. Y, ¿saben qué les ha respondido este «líder mundial», según se adjetiva él en el colmo de su psicopatía rencorosa? Pues que prefiere a Lenin Iglesias mejor dentro que fuera. ¡Vaya descubrimiento! Pues claro: con Iglesias en Venezuela, de donde nunca debió salir, Largo Sánchez estaría sólo cinco minutos más tarde en la calle. ¿O no? Porque, fíjense: no está claro que alguno o algunos de estos visitantes (son más de los dos con los que hemos podido hablar) no hayan acudido a la Moncloa «de parte de alguien» como demandaderos de quien pueden haberle transmitido; «Dile que con Iglesias fuera podemos hablar de todo, incluso de Presupuestos». Esta no es, ni mucho menos, una especulación; es algo más, es la constancia de, estando las cosas como están, con España al borde mismo de la hecatombe económica, sanitaria y social, hay que ingeniar soluciones por encima y por debajo de lo que representa el propio Sánchez. Largo (Caballero) Sánchez.

Porque es verdad, la cosa no puede seguir así. Con el Rey recluido en la Zarzuela tratando de salvar no ya su Persona misma sino la propia Corona; con el Gobierno asaltando otro poder Estado, el Judicial, para robarlo y gestionarlo a su gusto; con las cuentas del país a punto de quebrar sin ni siquiera poder atender en muy breve plazo, ¿en noviembre quizá?, a los sueldos de los funcionarios o a las pensiones de los jubilados; con un maldito virus que nos está diezmando porque a perro flaco, todo son pulgas; con unos ciudadanos a la vera misma de renunciar a ser contribuyentes; con una Nación milenaria que se pretende destruir echando los muertos de uno encima de las conciencias de otros; y con un territorio rebelde, el catalán queriendo huir a gorrazos entre insultos, agravios, desafíos y las bombas fétidas de sus sediciosos dirigentes, España no va a aguantar muchos más asaltos. Nunca como ahora ha corrido tanta prisa enviar a este sujeto, «¡líder mundial!» se autodenomina el altanero, a las tinieblas exteriores o más propiamente a prisión si se demuestra, lo cual en algún momento no será difícil, que es un traidor al que hay que aplicar el Artículo 102 de la Constitución que se ocupa de la «responsabilidad criminal» del presidente.

Este martes Vox ha presentado su peculiar moción de censura en el Congreso, una iniciativa tan estrafalaria que ni siquiera será defendida -si llega el caso, que habrá que verlo- por el jefe del partido. Batet, la acólita de Largo Sánchez, va a posponer, ya lo verán, ad calendas graecas el pronunciamiento de los ultraconservadores (demócratas y no fascistas como Iglesias y su pandilla) de modo que, con un poco de suerte, el representante de Vox se subirá al podio allá por el mes de noviembre. Y ya lo escribo: si es que sube porque la impresión general es que antes deberán acontecerse otros sucesos, por ejemplo, el de la aprobación de los Presupuestos de los que ni siquiera sabemos de cuantos miles de millones nos van a hablar. ¿Qué votarán ahora, tras la inhabilitación de Torra, los cuatro diputados de su partido marginal? ¿Seguirá Ciudadanos apoyando la pervivencia en La Moncloa de este individuo infame?

Impotencia
Isabel San Sebastián ABC 1 Octubre 2020

No hay palabra que defina mejor el estado de ánimo en que se encuentra hoy buena parte de la ciudadanía española. Impotencia frente a una enfermedad aterradora, que avanza de manera silenciosa e imparable, arrastrando a su paso vidas, planes, proyectos y certezas.

Impotencia frente a un presidente del Gobierno incapaz, que suma a su inepcia la arrogancia propia de quien carece del menor freno moral o cultural y actúa guiado únicamente por su determinación de conservar la poltrona a costa de lo que sea.

Impotencia frente a un vicepresidente cada día más poderoso, más envalentonado y más peligroso, que no solo impone implacablemente su hoja de ruta totalitaria, siguiendo al pie de la letra el modelo chavista, sino que se permite amenazar con total impunidad al PP, augurando que «no volverá a gobernar nunca», en un alarde impúdico de desprecio hacia las reglas de la democracia.

Impotencia frente a los ataques reiterados que sufre la Corona por parte de ministros y diputados aliados del socialismo gobernante, como ese rufián, con minúscula, a quien la presidenta del Congreso consiente calificar al Rey de «diputado número 53 de Vox, votado por Franco», sin tan siquiera un reproche a esas palabras mendaces, cargadas de odio, o al gesto repugnante de exhibir la fotografía de un niño.

Impotencia frente a una Fiscalía convertida en instrumento al servicio del Ejecutivo y sus intereses sectarios, con un ramal, paradójicamente bautizado como «anticorrupción», dedicado a perseguir, difamar, acusar en falso y destruir el honor de cualquiera que resulte molesto para esos intereses, como por ejemplo la antigua dirección de Bankia, quemada en la hoguera de esos inquisidores y sus sayones mediáticos durante nueve interminables años, antes de recibir la absolución de unos jueces que en su sentencia se atreven a denunciar el abuso, pero nada hacen para castigarlo.

Impotencia frente a un independentismo exultante, a quien todas las encuestas auguran una victoria arrolladora en las urnas catalanas, después de haber triunfado en las vascas, protegido y aupado hasta lo más alto por un PSOE débil, carcomido por la podemización y dependiente del sostén parlamentario de todo lo que se sitúa fuera de la Constitución, que hace ya dos décadas traicionó la E de «español» y, con ella, su lealtad a la Nación.

Impotencia frente a los indultos, reformas legales y maniobras en la sombra que ya están en marcha con el único fin de sacar de la cárcel a los sediciosos del 1-O y a los terroristas de ETA que aún permanecen presos, sin por supuesto exigir de ellos arrepentimiento o colaboración con la Justicia. Antes al contrario, en el caso de los ex dirigentes de ERC y JpC, a pesar de las múltiples ocasiones en las que han expresado con chulería su voluntad de reincidir.

Impotencia frente a los 92.000 euros de pensión vitalicia que cobrará Joaquín Torra, un oscuro administrativo en paro devenido en presidente autonómico merced a un intento de golpe de Estado, inhabilitado por el Tribunal Supremo por desobedecer a la Junta Electoral con reiteración y contumacia. Noventa y dos mil euros vitalicios, chofer y demás privilegios sufragados con nuestro dinero, por ochocientos setenta y cuatro días de trabajo en pro del secesionismo, cuando cualquier español de a pie debe deslomarse toda su vida para conseguir un retiro que, en el mejor de los casos, no alcanza ni de lejos la mitad de esa cantidad.

Impotencia frente a una oposición dividida, enfrentada entre sí e incapaz de construir una alternativa, pergeñar una estrategia ganadora, ofrecer una esperanza a quienes, como yo, asistimos atónitos al hundimiento de nuestra patria angustiados, empobrecidos, entristecidos e inermes.

España secuestrada
Agapito Maestre Libertad Digital 1 Octubre 2020

Llegó para destruir y no ceja en el empeño. La destrucción es su patrimonio ideológico. La ruptura de todo vínculo con el adversario es su principal objetivo. Aquí no hay política sino agitación y propaganda para apuntalar un sistema autoritario.Un Gobierno sin legitimidad alguna arrasa todas las instituciones. Ningún tipo de legitimidad tiene este Gobierno, sencillamente, porque cuestiona a su principal garante: el Jefe del Estado. Este es el centro del problema. Miles de cargos intuyen la tragedia, pero aguantan porque son tan corruptos y corruptibles como el Gobierno que los ha nombrado.

Ciento de cargos de todas las instituciones se dejan arrastrar por un Gobierno totalitario, porque totalitario es quien identifica su poder con el saber y la ley. Miles de cargos, digo, se entregan a sus amos con dejadez autoritaria y por dinero. Todos callan. Es su naturaleza esclava. No son nada. Las instituciones están dominadas por estos corruptos. Por otro lado, los titulares de los cargos de todos los ministerios son traidores, algunos perjuros, porque no defienden a quienes les garantiza su legitimidad: el Jefe del Estado. Estamos, pues, ante gentuza sin corazón y sin cerebro, mercenarios al servicio de un Gobierno totalitario que está dejando España como un solar.

Es una obviedad, tras los sucesos del día 25 de septiembre, que la Corona está siendo acosada por el Gobierno. La sesión del Congreso de los Diputados del día 30 volvió a ratificar los ataques al fundamento del sistema democrático, incluso un Rufián dijo que el Rey es el diputado 53 de Vox sin que nadie lo desautorizase. Pero todavía hay imbéciles que preguntan dónde vamos. Estamos, vivimos, ya en un sistema autoritario. El Tribunal Constitucional era poco, pero está quedando en nada. El Tribunal Supremo se tambalea y para qué citar la Audiencia Nacional. La Fiscalía General del Estado está en manos del abogado de Maduro. El Congreso de los Diputados es un nido de perjuros, traidores y mediocres.

¿Qué nos queda? Poco. El Rey. O lo defendemos o esto quedará en nada. Nadie olvide que esto no es una cuestión de discrepancia con la Jefatura del Estado, sino una refutación del entero sistema de legitimidad de la Constitución. Al poner al Rey en cuestión se está cuestionando a todos los poderes constituidos. Quede, pues, claro que el chavismo totalitario, o cosa similar, no impera sobre España, sino un Gobierno ilegítimo, formado por dos dictadorzuelos, Sánchez-Iglesias, con mando sobre el BOE. ¿Cómo desalojarlos del poder? Combatiéndolos ya por tierra, mar y aire. O ellos o la democracia. Utilícense todos los recursos del sistema democrático, empezando por la movilización en las calles a favor del Jefe del Estado, pero hagámoslo ya, porque mañana será tarde. Tengo otras cien ideas para el combate, pero no es mi función articularlas, sino denunciar a quienes son incapaces de cumplir con su misión política, a saber, defender la libertad contra los incompetentes y déspotas del Gobierno.

Por qué somos la nueva Wuhan de Europa
Miguel Ángel Belloso. vozpopuli  1 Octubre 2020

Tengo un gran amigo que trabaja en una de las compañías hoteleras más notables del país. El turismo da empleo a casi tres millones de personas y representa más del 12% del PIB pero encara un precipicio. La legión de imbéciles que puebla la nación dice que no podemos depender tanto de este sector enormemente competitivo y ejemplar que nos reportaba hasta ahora 80 millones de visitantes al año. En su equivocada opinión, ahora debemos reindustrializar España. ¿Con qué? ¿A qué precio? ¿Sobre la base de las subvenciones y del dinero público? ¿Con qué clase de empleados, dado el infame sistema educativo impuesto secularmente por los socialistas? ¿No sería mejor proteger por todos los medios el turismo antes que ensayar las especulaciones de los intelectuales de salón que no entienden una sola palabra de economía?

La semana pasada, el consejero delegado de la compañía de mi amigo reunió a sus directivos y les dijo lo siguiente: “Estamos en una situación preocupante, dramática y tremendamente grave. Si no tomamos decisiones pronto todo empeorará. Tenemos que volver a posicionarnos como el primer destino del mundo. En los últimos meses nuestra marca se ha visto muy deteriorada. Muchos países a nuestro alrededor como Grecia y Portugal han aprovechado la situación para ganarnos terreno y atraer a los viajeros que no han venido a visitarnos. Es preciso una campaña de comunicación colectiva para volver a recuperar nuestro valor reputacional. Una colaboración honesta y sincera entre el sector privado y el público”. ¿Ustedes creen que el presidente Sánchez se vería conmovido por esta declaración que casi parece la antesala de la tragedia?

Según los últimos cálculos de Exceltur, que es la patronal de estas compañías temblorosas, hasta el mes de julio el sector ha perdido casi 900.000 empleos. Y decía el consejero delegado: “Nosotros todavía somos fuertes. Estamos bien asentados en el exterior. Esta es la única garantía de que podamos mantener la nave a flote, y que esto nos permita llegar hasta la primavera, si para entonces la epidemia empieza a disiparse. Si no es así estamos muertos, porque España es la nueva Wuhan”. (¡Reténgalo, por favor!, la nueva Wuhan, la ciudad china que nos exportó el virus que asuela el planeta, como no se cansa de repetir con acierto Trump. Somos la nación que peor lo ha hecho del mundo, la que más ha maltratado al sector y la que peor disposición está mostrando para combatir la debacle”.

El ejemplo italiano
Este lunes converso con el socio de uno de los principales despachos de abogados de España. Lo encuentro desolado. Somos el cubo de la basura de Europa, afirma. “Hablo con mis colegas del Continente y lo único que me dicen es: lo habéis vuelto a hacer. Fuisteis un desastre colosal durante la pandemia, y ahora estáis siendo los más ineptos durante los rebrotes. ¿Cómo es posible?, ¿no habéis aprendido nada?”. La respuesta es NO. Italia, que fue la avanzadilla del ‘cafarnaúm’ epidemiológico, ahora tiene controlada la situación. Como bien ha explicado Maria Jesus Pérez en ABC, el cierre del ocio nocturno en agosto -mientras aquí el petimetre Sánchez nos alentaba a disfrutar de los días de vino y rosas del verano después del confinamiento más brutal- una importante inversión en rastreadores, una desescalada más estudiada y un Ejecutivo sensato que mantiene los poderes de emergencia ha logrado persuadir a los impredecibles italianos del valor inexcusable de su responsabilidad.

Mi amigo el abogado apunta otro dato clave. El encargado del plan de reconstrucción de Italia fue ni más ni menos que Vittorio Colao, un empresario portentoso de una reputación incólume. Aquí en España, el responsable del plan de reconstrucción fue Patxi López, que es una de las personas más inútiles e incompetentes que ha producido la naturaleza humana, así como el comunista Enrique de Santiago, que en su momento dijo, y no está arrepentido al respecto, que, si se dieran las condiciones oportunas, iría rápido a la Zarzuela a liquidar al Rey.

El drama del país es que, desgraciadamente, estas condiciones ya se dan. Como bien han explicado en estas mismas páginas el director Cacho, Vara y la gran Karina, el Rey ya está preso en el Palacio de Invierno, degradado e inerme. En lugar de defender el sector turístico o de impulsar un plan sensato de reconstrucción nacional como ha hecho Colao en Italia, aquí Sánchez se dedica en cuerpo y alma a asegurar su supervivencia sin clase alguna de escrúpulo, al precio que haya que pagar -ya sea la demolición del régimen del 78 y la pena de guillotina para la Corona-, aunque esto implique de paso la ignominia de volver a ser considerados una nación presidida por la ineficacia, pasto de la desidia y peligrosamente contaminante para el futuro de la propia Unión Europea.

También quiere matar Madrid para devastar al PP, sin reparar en que se pega un tiro en el hígado, pues para los europeos Madrid es la capital de España, y todo lo que la desprestigie o extienda sobre la ciudad o la comunidad la sospecha es como regar con gasolina combustible el conjunto de la nación.

Espejismo económico
En España -en Europa menos- vivimos todavía una suerte de espejismo económico. Los mercados de deuda pública siguen anestesiados por la intervención masiva y recurrente del Banco Central Europeo, que es la institución que nos está salvando de la quiebra a la que estamos abocados y que probablemente merecemos por nuestra abulia reformista, de manera que la prima de riesgo del país es relativamente modesta. Todavía podemos seguir financiándonos. Hasta ahora. Además, los ERTEs están dilatando la quiebra en cadena de empresas y deteniendo el paro descarnado que se producirá más pronto que tarde, y que es la única posibilidad de que este Gobierno macarra encalle y convoque elecciones.

Pero hay otro mercado que no está anestesiado. Se trata de la bolsa, que es la quintaesencia de la libertad de comercio. El mercado intervenido de la deuda pública hace posible que un bribón como Sánchez respire hasta que le llegue la hora fatal, porque no es ni posible ni aceptable ni conveniente que el BCE siga alimentando la irresponsabilidad fiscal de los países miembros. Así será mientras dure este experimento de oxigenación asistida que no impedirá que España se convierta en el foco de atención de las preocupaciones de Bruselas, si ya no lo es. Pero la bolsa en cambio no está drogada. Allí se compra y se vende en función del nivel de higiene de las cuentas empresariales, de los resultados presentes, de las expectativas de negocio futuro y de la estrategia política que favorece o perjudica la sana ambición por prosperar.

Y lo que nos dice este mercado singular tan del poco gusto de los socialistas y de los intelectuales de salón es que el Ibex 35 español ha caído un 30% mientras el Eurostock lo ha hecho poco más del 16%, la bolsa italiana un 20% y el Dax alemán un 6%. ¡Señores! Estos son los jueces implacables de las políticas económicas que despliegan los países. Y lo que nos están indicando de manera palmaria es que somos el cubo de la basura de Europa, según dicen tanto el abogado como el hotelero.

Esta es una conclusión, por cierto, que debería concernir muy mucho a nuestros plutócratas del Ibex 35, menesterosos del poder político y pasivos ante unas políticas que les están literalmente arruinando. ¡Literalmente! Además de hacerles cómplices -por omisión- de la maniobra de destrucción acelerada en marcha de la Monarquía y de cualquier vestigio de orden y de ley en el país, que tanto debería importarles, pues una nación falta de seguridad jurídica y al albur de la arbitrariedad política es la enemiga más declarada del mundo de los negocios y del sistema capitalista que tanto bienestar y progreso ha impulsado hasta la fecha.

Intervencionismo masivo
El Gobierno social comunista que tenemos no solo no está protegiendo el turismo -el principal motor del país-, no sólo será incapaz de construir un modelo industrial competitivo y decente -que es de por sí un objetivo ilusorio en las manos en que estamos-, pero a cambio está demostrando una inagotable habilidad en destruir el mercado laboral con su afán de intervencionismo masivo, con su determinación para otorgar a los sindicatos un protagonismo que no les corresponde y con su actitud insidiosa con los empresarios, determinado como está a que la crisis “no les salga gratis”, como afirma malvadamente la pijo progre comunista Yolanda Díaz.

“Lo estamos haciendo otra vez”, “la estamos cagando otra vez”, afirman en Europa. Y es así porque tenemos el Gobierno menos propicio del Continente no sólo para salvaguardar la salud, la vida y el bienestar de los ciudadanos sino también para asegurar su hacienda, su empleo y su prosperidad.

Lo que solo Díaz Ayuso ha entendido bien
Pablo Molina Libertad Digital 1 Octubre 2020

La pandemia del coronavirus ha proporcionado a los dirigentes autonómicos una plataforma de popularidad impensable cuando comenzó la actual legislatura. En mitad de esta crisis pavorosa provocada por la banda sanchista, unos y otros han competido por exigir medidas más drásticas para controlar una pandemia que a mediados de marzo se había desatado con toda su crudeza.

Con España confinada y las cifras de fallecidos disparándose, la tentación de los dirigentes autonómicos de manejar la crisis con golpes de autoridad era irresistible, porque todos ellos están convencidos de que esa imagen de firmeza les da popularidad. Y creen bien, a tenor de las encuestas que se han ido realizando a lo largo de estos meses, que han reflejado un gran apoyo popular a los presidentes y consejeros más caracterizados por sus broncas diarias a los ciudadanos.

Pero la decisión de imponer medidas cuanto más restrictivas mejor es una política de muy cortos vuelos que solo funciona a corto plazo. Porque de lo que se trata es de preservar la salud de los más débiles permitiendo el funcionamiento de la sociedad para que no colapse la economía, algo que muy pocos presidentes autonómicos han tratado de hacer con el convencimiento necesario.

Detener los rebrotes es fácil: se confina a todo el mundo en su casa y se acabaron los contagios. Sánchez y su banda lo hicieron en marzo y les funcionó. En dos meses se había controlado la pandemia. Pero no es eso lo que necesita una sociedad que quiera alejarse del precipicio comunista, sino controlar adecuadamente la pandemia con test masivos y medidas sanitarias manteniendo la actividad económica al mayor ritmo posible. Justo lo que no hicieron Sánchez y sus comunistas el pasado mes de febrero, cuando estaban avisados de lo que se nos venía encima.

Por eso hace muy bien Díaz Ayuso en defender medidas sanitarias muy precisas para mantener el tono vital de la economía de Madrid, que es tanto como decir la economía nacional. Su decisión la pone en contra de los comunistas, que prefieren una economía madrileña devastada, y de los petimetres que tiene empotrados en su propio Gobierno, capaces de cualquier cosa para salir en la foto. La presidenta madrileña ha escogido el camino más difícil y eso es algo que hay que agradecer entre tanta mezquindad.

A Díaz Ayuso la odian no por sus errores sino, precisamente, por sus aciertos. Impedir al sanchismo el confinamiento masivo de los madrileños es, tal vez, el éxito más importante de una gestión que las urnas le agradecerán. Gabilondo parece que también ha empezado a entenderlo ya.

'CONTRA EL PEOR GOBIERNO'
Abascal será el candidato en la moción de censura de VOX: ‘Es un honor’
Redacción rebelionenlagranja.com

“Es un honor haber firmado hoy la aceptación como candidato a la presidencia del Gobierno de España en la moción de censura de 52 diputados contra el peor gobierno de nuestra historia”. Este ha sido el mensaje de presidente de VOX, Santiago Abascal, tras registrar junto al resto de diputados de la formación este martes contra el Gobierno de Pedro Sánchez.

“Ningún otro Gobierno en democracia ha acumulado tantos motivos para que su responsabilidad política sea exigida a través de una moción de censura. Nos encontramos ante el peor Gobierno en el peor momento posible. Pero en ningún sitio está escrito que España esté condenada. Hay alternativa”, señala el texto registrado por el partido, que apela a la responsabilidad del resto de los diputados de la Cámara para “devolver la voz al pueblo español y recuperar el presente y el futuro arrebatado por el actual Gobierno socialcomunista”.

En el texto, la formación enumera los motivos que le han llevado a presentar la quinta moción de censura en democracia: la Constitución del actual Gobierno social comunista mediante fraude al electorado y su dependencia de las fuerza políticas separatistas; la gestión criminal de la epidemia de coronavirus; la degeneración democrática y asalto a los contrapoderes del Ejecutivo; el inconstitucional cercenamiento de derechos y libertades del pueblo español; la corrupción vinculada a narcodictaduras y regímenes totalitarios; y la quiebra de la concordia nacional y la deslegitimación de la Transición española.

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Yo me declaro harto
Santiago Rey Fernández-Latorre La voz 1 Octubre 2020

Hace falta remover mucho en la memoria de nuestra historia reciente para encontrar un momento tan preocupante como el que vivimos ahora. Ni en la transición democrática, en que hirvieron todas las tensiones políticas y sociales; ni en la crisis que se inició en el 2008 y dañó gravemente la economía española; ni siquiera en la primera ola de la pandemia, con todo el dramatismo que tuvo y las decenas de miles de muertes que acarreó, nos atrevimos a pensar que el país no podría superarlo. Ahora sí. Si no se cambia urgentemente el rumbo, el retroceso de nuestra sociedad será inevitable.

La insólita enfermedad que nos ataca no es solo microbiana. Por su rápida transmisión y sus efectos letales, esta es, desde luego, la peor desde la invención de la penicilina, la higiene y las vacunas. Pero no ha venido sola. Tiene como caldo de cultivo la ineficacia, la ineptitud y la visión interesada de quienes tienen la obligación de enfrentarla. No me refiero a los ciudadanos, que en su mayor parte se esfuerzan en combatirla, como se ha visto durante el confinamiento y se ve hoy nada más salir a la calle y encontrarse con todos los rostros protegidos. Su voluntad es encomiable. Pero es lo único de lo que podemos sentirnos orgullosos.

De nada más. Los ciudadanos saben muy bien que el daño ya está siendo irreparable. Lo es en vidas, en una cifra tan elevada que jamás será reconocida. Lo es en sufrimiento, con familias que ni siquiera pueden despedir a sus seres queridos. Lo es en renuncias personales, desde estrechar una mano amiga a tener limitados derechos y libertades. Lo es en esfuerzo de miles de profesionales que jamás encontrarán compensado su tesón. Lo es en incertidumbre. Lo es en ruina.

Junto con la desgraciada pérdida de salud y de vidas humanas -¿quién no ha sufrido alguna cerca?-, el hundimiento de las perspectivas vitales es la otra gran pandemia. Cualquiera la ve a su alrededor, si es que no le ha afectado ya directamente. Negocios que cierran y no volverán a abrir, puestos de trabajo que desaparecen, empresas incapaces de remontar, sectores enteros que se diluyen en la nada y en falsas promesas.

Los ciudadanos ven la doble o triple tragedia todos los días. Pero no la ven los políticos. Estos siguen anclados en su anterior normalidad, que obedece a un objetivo inamovible: toda decisión que se tome será porque conviene electoralmente. Por eso son incapaces de superar los monólogos y trabajar juntos. Y este, el rastrero interés partidista, es otra enfermedad, que inoculan los políticos y padece toda la sociedad española.

No de otra forma se pueden entender los vaivenes que estamos viviendo desde marzo, y que se han agudizado en el verano. Del mando único a los reinos de taifas. De las promesas de fondos a espuertas a la inanición por el colapso de la burocracia. De las comparecencias entre banderas con odas a la cooperación a la guerra abierta dos días después. Del nadie se va a quedar atrás al más exacto sálvese quien pueda.

Se ha quedado atrás el Gobierno, como solemos llamarlo, aunque esta palabra sea inadecuada para el actual y contradictorio Consejo de Ministros. Pese a su inagotable querencia por los micrófonos y los anuncios grandilocuentes, no ha puesto ni orden ni previsión ni medios. La educación, desorientada en el laberinto; la sanidad, agotada y reclamando lo que no le dan; la economía, empujada al precipicio de la recesión.

Y mientras tanto, la alta política - que eso es gestionar un país- rebajada a la compra-venta de votos para zurcir los presupuestos, y sometida a las tensiones de un partido estalinista que desprecia al Jefe del Estado, alienta el secesionismo, traiciona a sus compañeros de Consejo y quiere hacer compatibles los privilegios del coche oficial con la lucha de clases.

Enfrente, una oposición que también se ha quedado atrás, incapaz de hacer coincidir lo que dice con lo que hace. Su agotado líder habla de interés general de España, pero solo se mueve por aquello que cree que le beneficia o perjudica a su adversario. No de otro modo se puede entender su aversión a cualquier pacto que favorezca el funcionamiento de las instituciones o ayude a conjurar la tragedia social que se avecina. Espera, de forma irresponsable, a que el Gobierno se queme en la pira, sin tener en cuenta que antes se quemarán muchas víctimas inocentes.

Si no cambian intereses por principios, unos y otros perderán. Y lo que es peor: harán perder a todos los españoles, que están cansados de ver con qué descaro se cruzan todas las líneas rojas. Desde el cebo del indulto a los condenados por sedición a la aceptación del veto al rey en Cataluña. Desde los ataques de ministros a la Corona al servilismo con los proetarras. Y desde la impericia conduciendo la política de la comunidad de Madrid a la connivencia con la lacra de la corrupción, que tanto mancha a un expresidente como a un simple diputado por Ávila.

Pero, con ser graves todos esos comportamientos, mucho más inaceptable resulta asistir a su incapacidad para reaccionar ante la peor crisis que amenaza a España en generaciones. Quizá no se quiera ver, pero ya está aquí. Es la salud, es el trabajo, es la empresa, es la educación. Es el empobrecimiento de un país que no merece ni un ápice de deterioro social. ¿Quién puede consentirlo?

Los españoles, no. Los gallegos, no. Galicia se abre ahora a una nueva etapa política, pero está sumergida también en su propia crisis. Si es cierto que los datos de la pandemia son relativamente menos malos en la comunidad, no significa que haya ganado batalla alguna, ni que se haya librado de la amenaza de la caída. Tiene ante sí un difícil futuro y un presente muy preocupante que ni siquiera una mayoría absoluta puede conjurar. Aun reconociendo su éxito electoral, lo peor que puede sucederle al Gobierno gallego es caer en la complacencia, como empieza a atisbarse en los primeros días de mandato.

No es tiempo para la atonía. Debe saberlo la Xunta y debe saberlo el Parlamento, ahora reducido a tres fuerzas, pero no por ello más ágil y operativo. El principal grupo en la Cámara parece adormecerse sin tomar con decisión la iniciativa. El que encabeza la oposición puede perder el capital político ganado en las elecciones si, como ya ocurrió en el pasado, abandona los consensos y opta por las posiciones dogmáticas, como ha sucedido con su apoyo a los radicales vascos y su rechazo a instituciones constitucionales. Y el que ocupa la tercera posición seguirá siendo estéril si no supera sus divisiones personales y localistas.

Intereses partidarios o incluso mezquinos. Gastos suntuarios, rivalidades, propaganda. Lujos que España no puede permitirse. Si no se los puede permitir nunca, mucho menos ahora en que los ciudadanos sienten la amenaza cierta sobre su salud, su economía, su futuro, su derecho a la libertad y a la prosperidad.

Somos un gran país por sus gentes, y solo muy pocas veces por sus gobernantes. Esta pandemia, que se ha revelado como el mayor problema para los ciudadanos españoles y europeos, está demostrando que algo no se está haciendo bien. ¿Por qué no quieren verlo los responsables?

No faltan evidencias: hemos tenido pésimos resultados en la primera ola, encabezamos las peores estadísticas en la segunda, sufrimos miles de muertes - muchas de ellas aún sin reconocer - , sumamos el mayor endeudamiento y contamos con las más demoledoras perspectivas económicas.

Nada se puede arreglar si antes no se reconoce que está averiado. No funcionan los cogobiernos, se enquistan las instituciones, se contamina la judicatura, se satura la sanidad, se paran las empresas, se ciega la esperanza.

Con España caminando hacia una verdadera tragedia social, de la que es preciso advertir con tiempo, la mala política ha cruzado todas las líneas rojas. ¿Se va a consentir esta aberración? Yo me declaro harto.

El nefasto Sánchez y el funesto Iglesias
Pablo Planas Libertad Digital 1 Octubre 2020

El Rey es el personaje a abatir. La deriva lleva directamente a un nuevo 14 de abril.

El cuajo moral del Gobierno de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias es Idoia Mendía diciendo que "es un hito el compromiso de Bildu con la gobernabilidad de España", Rufián cuando asegura que a Felipe VI lo votó Franco, Otegui afirmando que "el pueblo eligió a Torra y solo el pueblo puede juzgar a Torra" y el ministro de Justicia, Juan Carlos Campo, de rodillas ante los separatistas. No caben mayores muestras de estulticia, de bajeza, de maldad y de cobardía, respectivamente.

Sánchez manda gracias a unos personajes tan deleznables como Otegui, cuyos antecedentes criminales le impedirían participar en política en cualquier otro país de nuestro entorno. O como Rufián, cuya soberbia y chulería es inversamente proporcional a su talento para ejercer de diputado. Pero al presidente del Gobierno le da igual. Y eso que no iba a pactar nunca con ellos. Ha perdido la vergüenza y deja hacer a Pablo Iglesias y a sus socios. El Rey es el personaje a abatir. Lo que sea para ocultar la enorme crisis económica que se cierne sobre España gracias a su mayúscula y pavorosa incompetencia y a la de personajes como Carmen Calvo, Alberto Garzón o Irene Montero.

No hay otro país con las previsiones económicas de España. Y todos han sido azotados igual por el coronavirus. Los datos dibujan escenarios dantescos, propios de una posguerra. El empleo cae, se desploma el PIB, las arcas del Estado tiritan, el Ingreso Mínimo Vital es mentira, los ERTE son ya el puro paro si es que se cobran, Europa no se fía ni nos fía y, ante la tesitura, el nefasto Sánchez y el funesto Iglesias desatan una crisis institucional que se solapa con las colas del hambre, el colapso de la Seguridad Social, la desesperanza de los autónomos, el pavor de los empresarios y el pánico al futuro de los desempleados.

Mientras tanto, se gestionan los indultos para los golpistas y se permite que un personaje como Torra cobre 120.000 euros de los fondos públicos una vez inhabilitado. Las ofensas, los insultos y las amenazas para quienes no comulgan con las ruedas de molino de socialistas, comunistas, separatistas y proetarras son el pan de cada día, esencia del más puro guerracivilismo. Sánchez adopta las actitudes más chulescas posibles en el Congreso, como si compitiera con Iglesias y Rufián en odio contra quienes no piensan como él. Han pasado tres años justos del golpe de Estado y los separatistas amenazan con que lo volverán a hacer. Y atacan a los jueces de la mano del Gobierno. La deriva lleva directamente a un nuevo 14 de abril.

Josu Ternera y la 'paz sucia' con ETA
EDITORIAL Libertad Digital 1 Octubre 2020

Habrá que estar alerta para que caiga que sobre este despreciable etarra todo el peso de la ley.

La Justicia francesa ha decidido entregar a España a José Antonio Urrutikoetxea, alias Josu Ternera, sanguinario dirigente de la banda terrorista ETA. Con independencia de que el criminal disponga de un plazo de tres días para recurrir dicha decisión ante el Tribunal Supremo, y de que la entrega se haya dispuesto por el sumario de la financiación de la organización terrorista a través de las herriko tabernas, sobre Ternera pesan acusaciones muchísimo más graves, como la de ser el inductor de la matanza de la casa cuartel de Zaragoza (1987), donde fueron asesinadas 11 personas –entre ellas cinco niñas– y resultaron heridas 88, dos de las cuales eran mujeres embarazadas, que perdieron a sus hijos.

Ternera sería años después protagonista de uno de los capítulos más silenciados, bochornosos y a todas luces delictivos del infame proceso de paz con la banda terrorista del Gobierno socialista de José Luis Rodríguez Zapatero. Y es que, a pesar de que el artículo 408 del Código Penal tipifica como delito “la omisión del deber de perseguir delitos y a sus responsables”, y a pesar también de que desde 2002 pesaba contra él una orden de busca y captura por la mencionada masacre, el Gobierno de Zapatero no tuvo empacho en hacer caso omiso tanto al citado artículo del CP como a la orden cursada por el Tribunal Supremo. Así lo confesó en su día, tanto en libros como en entrevistas, el entonces presidente del PSE, Josu Eguiguren, quien manifestó haberse reunido en repetidas ocasiones con el terrorista en paradero supuestamente desconocido y, entre café y café, haberle transmitido mensajes del entonces presidente del Gobierno, entre ellos sus disculpas por unas detenciones ordenadas por el entonces juez –quién le ha visto y quién le ve– Fernando Grande-Marlaska.

Ignoramos si esa es la razón por la que años después, y a pensar de la multitud de informaciones periodísticas que ubicaban primero en Noruega y luego en Francia al supuestamente buscado dirigente etarra, ni el Gobierno de Zapatero ni, más tarde, el de Rajoy movieron un dedo por detenerlo y sentarlo en el banquillo.

Así las cosas, habrá que estar alerta para que caiga que sobre este despreciable etarra todo el peso de la ley, para que ninguna enfermedad –como el cáncer que supuestamente padece– sea excusa para prolongar su impunidad y para que no se repitan capítulos tan ominosos como la excarcelación de Ignacio de Juana Chaos, en tiempos de Zapatero, o la de Josu Uribetxeberria Bolinaga, en tiempos de Rajoy. Más aún ahora que Pedro Sánchez lamenta profundamente el suicidio de etarras, mientras su Gobierno busca el apoyo del brazo político de ETA para sacar adelante los Presupuestos.

En cuanto a esta Casa, su compromiso con la memoria, la dignidad y la justicia para con las víctimas del terrorismo es imperecedero.
 


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