AGLI Recortes de Prensa   Domingo 4  Octubre  2020

Más impuestos, más pobreza
Editorial ABC  4 Octubre 2020

El agujero provocado en las cuentas públicas por la parálisis de la economía ha llevado al Gobierno a tomar el camino más corto para tratar de taparlo: recaudar más, siempre a costa del contribuyente y las empresas, motores de la recuperación a través del consumo y el empleo. Entre otras cargas impositivas, el Ejecutivo renuncia a la bajada fiscal que había anunciado para las pymes, elemento vertebrador de nuestra economía que va a carecer de un estímulo no ya para crecer, sino para remontar el profundo bache en el que ha caído en los últimos meses. Además de eliminar buena parte de las bonificaciones fiscales -como la de los planes de pensiones, cuya desgravación inyecta liquidez a la economía doméstica- y de perseguir la riqueza con una batería de medidas cuya carga demagógica prima sobre cualquier consideración técnica, el Ejecutivo de Sánchez e Iglesias ha encontrado en el IVA el filón necesario para reactivar sus políticas de gasto y sus escudos sociales. Los planes de inversión y desarrollo brillan por su ausencia. La prioridad es atender a lo que el Gobierno denomina «la gente». Que nadie se quede atrás.

Las rebajas fiscales por las que el resto de socios comunitarios han apostado para tratar de agilizar el consumo y la reconstrucción tras la pandemia dan paso en España a una presión que va a tener en el incremento del IVA su pieza clave, con los inevitables tintes ideológicos -penalización de la educación y la sanidad privadas, con el riesgo que conlleva para el sector público, ya sobrecargado- y una subida de tipos que va a recaer en el grueso de la población, sin la progresividad de la que presume el Gobierno, empeñado en combatir el desastre con una dosis añadida y generalizada de pobreza. No puede haber peor recorte que el del dinero que maneja el contribuyente para gastar e invertir en la reactivación de una economía exhausta.

Madrid, punta de lanza de la resistencia
María Fuster okdiario 4 Octubre 2020

Madrid ha sido una región que ha liderado a lo largo de la historia y en numerosas ocasiones el cambio. Hemos sido vanguardia en muchos temas de los más dispares, somos la ciudad más visitada, con mayor y mejor oferta cultural, y sobre todo Madrid es la Comunidad más abierta, más liberal y más integradora de España. Y no lo digo yo, lo avalan numerosas estadísticas.

Y ahora, en uno de los momentos más difíciles para España, gobernados por un equipo tan irresponsable como sectario, a Madrid le toca sacar fuerzas de flaqueza y ser la punta de lanza contra este Ejecutivo socialcomunista, centrado en romper el Gobierno de Madrid y en seguir con su hoja de ruta de cambio de régimen. Sí, porque parece que para ellos el Covid ya no es una pandemia si no un arma arrojadiza para hacerse con el Gobierno de Madrid.

Pero para que Sánchez e Iglesias puedan desgastar este Gobierno liderado por Díaz Ayuso siempre hace falta, y permítanme la expresión, un tonto útil. Y parece que lo han encontrado en la figura de su vicepresidente, Ignacio Aguado. Las declaraciones que hizo el jueves tras el anuncio del confinamiento total de Madrid capital criticando que el gobierno regional recurra a los tribunales la medida son un claro ejemplo de deslealtad y traición institucional. Pero llueve sobre mojado y esto viene a corroborar lo que llevo meses diciendo: Aguado es más parte del problema que de la solución.

Yo estoy con Díaz Ayuso: hay que recurrir estas medidas en los tribunales. Miren, yo no soy epidemióloga, ni científica ni nada que se le parezca. Pero no creo que haga falta serlo para darse cuenta de que estas medidas no responden a criterios sanitarios sino políticos. En las semanas que llevamos de cierre de los distritos o poblaciones con una mayor incidencia de Covid, la curva de contagios se ha doblegado considerablemente. Es decir, las medidas de Ayuso estaban funcionando.

Les voy a poner un ejemplo de lo ineficaz que puede llegar a ser esta fórmula de confinamiento indiscriminado. En Madrid capital se confinaron un total de 45 distritos. Actualmente, con las medidas impuestas por el ministro Illa, las personas que viven en esos distritos pueden moverse por toda la ciudad de Madrid, llegando a distritos con un bajo porcentaje de contagiados. ¿Cuál va a ser la más que previsible consecuencia sanitaria? Que aumenten los contagios en toda la ciudad.

Pero ya no es sólo eso, que después de los más de 50.000 muertos entiendo que la salud es lo primero. Es que esto va a tener consecuencias muy negativas en otros muchos aspectos también importantes para salir de esta crisis global y que afecta a todos los ámbitos de nuestra sociedad.

El comercio y la hostelería, ya agonizando, se van a ver seriamente afectados en toda la comunidad por estas medidas. El comercio en Madrid ciudad vive en gran medida de los madrileños de otras localidades y de turistas que vienen a pasar el fin de semana a la capital. De igual manera, muchos centros comerciales deben gran parte de sus ventas a madrileños que se desplazan hasta allí para disfrutar de una tarde de compras, almuerzo o de una sesión de cine.

Pero si para el comercio es letal la medida, ¡qué decir de la hostelería! Con el teletrabajo apenas dan desayunos y comidas y ahora, con esta nueva restricción de horarios, dificultan más todavía su supervivencia habida cuenta de los hábitos y horarios de cena de los españoles.

Resumiendo: a Sánchez e Iglesias les pido que dejen de jugar con los madrileños y se centren en trabajar por los proyectos que vamos a presentar a Europa para poder recibir ese máximo de 140.000 millones de euros a los que podemos acceder, porque como sigan así me temo que recibiremos la mitad de la mitad y con suerte. Espero por cierto que en la próxima Conferencia de Presidentes del día 26 a la que asistirá la presidenta de la Comisión Europea, ésta le pegue un buen tirón de orejas a Sánchez, a ver si así espabila.

Y a Díaz Ayuso le pido que resista y que siga luchando. De momento la Audiencia Nacional acaba de admitir a trámite el recurso. La presidenta debe seguir dando la batalla porque Madrid ha de ser de nuevo la punta de lanza en la lucha contra esta restricción de derechos y libertades que estamos padeciendo los madrileños en particular (así lo confirmó el lapsus de Simón) y los españoles en general, porque no podemos olvidar que somos un tándem y si a España le va mal, nos irá mal a los madrileños. E igualmente si destrozan la economía madrileña, están hundiendo la economía española.

Demoliciones Sánchez y CÍA
El destrozo del sistema del 78 va tan rápido que a su propio promotor se le empieza a escapar de las manos. El conflicto de Madrid suma a la crisis de la Corona, del poder judicial y del sistema sanitario un grave estrago en el modelo territorial del Estado. Sánchez está derribando un edificio institucional del que ni siquiera tiene los planos
Ignacio Camacho ABC 4 Octubre 2020

La voluntad de liquidar las bases del régimen del 78, en todo o en parte según los casos, parece cada vez más evidente en la trayectoria del sanchismo y sus aliados, pero entre la incompetencia administrativa y los prejuicios sectarios ese proyecto ha adquirido un ritmo tan rápido que incluso se les puede estar escapando de las manos. El ataque simultáneo a la Corona, al poder judicial y a los consensos básicos de la Transición responde a un designio premeditado; sin embargo, la torpeza en el manejo del poder comienza a causar estragos funcionales involuntarios que amenazan con echar abajo algunas vigas maestras del edificio del Estado. El fracaso en la gestión de la pandemia ha provocado una secuencia de
bandazos que, tras comprometer la eficacia de servicios esenciales como los de la Seguridad Social o el sistema sanitario, está a punto de destrozar también ahora la ya inestable estructura de reparto competencial articulada por la Constitución en su discutido Título Octavo. Sorprendido por la resistencia de un virus al que en julio declaró derrotado, el presidente ha irrumpido en el modelo territorial como elefante en cristalería, liándose a trompazos con todo el que se resiste a su mando por incapacidad para asimilar, como le obliga su cargo, la laberíntica complejidad de los mecanismos descentralizados.

En el confinamiento de Madrid, que para él constituye un mero desafío político, Sánchez se ha movido sin el menor atisbo de comprensión sobre la intensidad del estropicio. Su única prioridad ha sido la de utilizar los patentes errores y cambios de criterio de Díaz Ayuso en la contención del virus para abrir un conflicto que le sirva como demostración de dominio, algo que por cierto nunca se ha atrevido a hacer con los continuos retos de desobediencia planteados en Cataluña por el separatismo. Y en ese afán se ha llevado por delante los intereses sociales de una comunidad de enorme impacto en el funcionamiento económico y logístico de un país que ya no resiste más zarandeos destructivos. Pero sobre todo ha desestabilizado el delicado equilibrio institucional forzando al límite las reglas de «cogobernanza» que había impuesto él mismo y enredando a varios millones de ciudadanos en un descomunal lío. Su forma de arrasar las competencias autonómicas a decretazo limpio -pero sin atreverse a declarar el estado de alarma desde el Consejo de Ministros- no sólo constituye para los madrileños un flagrante agravio comparativo, sino que desmantela de golpe todo el discurso histórico del PSOE sobre el federalismo. Como ya es habitual, ha vuelto a saltar sobre sus propios principios con tal de acortar el camino hacia su principal objetivo: preparar el ambiente para una moción de censura que arrebate a la derecha su baluarte capitalino aprovechando que la pandemia impide a Ayuso convocar un adelanto electoral del que con alta probabilidad sacaría beneficio.

Con esa luz corta poco le ha importado al presidente promover otra secuencia de desperfectos. Ni aumentar la desconfianza de la población en la política como espacio de encuentro, ni dañar el tejido productivo, ni sembrar el desconcierto sobre la eficiencia de un Estado cuyas administraciones andan en perpetuo enfrentamiento, ni incrementar la dañina reputación de España como país poco serio en el que no es posible atenerse a un marco legal libre de enredos. Ni siquiera, por extraño que parezca en un gobernante tan atento a la propaganda, evitar el estruendo del caos ante una emergencia que cada día se cobra un montón considerable de muertos. Todo eso que cualquier líder responsable consideraría el núcleo de su planteamiento estratégico es para Sánchez asunto menor cuando hay una cuestión de poder por medio.

Pero si este desaguisado es consecuencia de una maniobra oportunista típica de un desaprensivo jugador de ventaja, el resto de la ofensiva liquidacionista emprendida por el Gobierno no resulta en absoluto improvisada. La alianza con un conjunto de fuerzas extremistas sólo se puede mantener cohesionada mediante la puesta en marcha de un proyecto de revisión constitucional más o menos disfrazada. De ahí proviene el asalto al poder judicial, cuya independencia se pretende someter, a través de la reforma de su ley orgánica, al tornadizo criterio de una mayoría simple parlamentaria. O el restablecimiento de la legitimidad republicana que, bajo el pretexto de la mal llamada Memoria Democrática, desentierra la discordia histórica con evidente ánimo de revancha. O el indisimulado cerco a la Corona que supone la agresión directa de la facción comunista del Gabinete y el veto reiterado a la agenda del Monarca. O el apretón fiscal previsto contra la enseñanza y la sanidad privadas, que aumentará el colapso de los servicios públicos al empujar hacia ellos a unas clases medias progresivamente arruinadas. O la promesa de medidas de gracia a los promotores de la insurrección catalana. O la intención de intervenir en la privacidad de la mensajería telefónica con consignas orwellianas. Todo cuadra: no hay instancia civil o institucional que conserve cierto grado de autonomía que no esté en la mira de este plan concertado de involución autocrática. Y lo que se ha escapado, por el momento, del programa de demolición organizada del régimen de libertades sufre riesgo de caer bajo la chapucera piqueta de esta cuadrilla de derribistas «manazas».

España en este momento es una nación de muy escasa seguridad jurídica. El Gobierno lo mismo invade que se retira de la jurisdicción de las autonomías, mira a la oposición y a los jueces como una guerrilla que se resiste a su autoridad con técnicas obstructivas y arrincona al Rey al papel de figura decorativa. La UE contempla con estupor el frívolo debate sobre la monarquía en un miembro con graves dificultades para combatir la emergencia económica y vírica, mientras los grandes inversores internacionales se alejan ante la falta de garantías. Y mientras todo eso sucede, y la enfermedad de Trump puede colocar a la primera potencia mundial en una tesitura crítica, por aquí andamos todavía buscando algún remoto pueblo donde quede una calle con el nombre de un cabo franquista. El pesimismo no es ya una reacción racional sino casi una actitud constructiva.

Sánchez y el virus de la desconfianza
Editorial ABC 4 Octubre 2020

No es casual, ni siquiera coyuntural, que la clase política aparezca de forma reiterada en la relación de los mayores problemas para la opinión pública. La desconfianza en partidos e instituciones, como elemento disgregador de nuestro sistema, se ha visto acrecentada en los últimos meses por la pésima gestión de la pandemia por parte del Gobierno, más pendiente de la épica y la propaganda que de coordinar y establecer, de forma clara y racional, un paquete de medidas de prevención y contención que ya falló el pasado marzo y vuelve a mostrar sus carencias y despropósitos en esta segunda ola de la enfermedad. El barómetro sanitario que hoy publica ABC no solo pone de manifiesto la creciente preocupación de la sociedad española por el desplome económico derivado de esta plaga, sino -en la misma proporción, hasta rozar el 80 por ciento- su inquietud por la situación política, tensada por la radicalidad del Ejecutivo y sus socios e inoperante ante los desafíos que afronta la nación. Que más de un 70 por ciento de la población considere que la cifra real de fallecidos por el Covid-19 es superior a la que difunde el Gobierno, o que tres cuartas partes de los encuestados teman que el número de infectados se vaya a disparar en los próximos días, representa la respuesta a la desconfianza que el propio Ejecutivo se ha encargado de cultivar con sus arbitrariedades, improvisaciones y estrategias de ocultación, más lesivas según pasan los meses y se cronifican.

La imposición de restricciones a Madrid desde el pasado viernes -sin otro criterio que el partidista, diseñadas a la medida de la comunidad autónoma que, muy castigada por el virus, el Gobierno eligió en marzo para satanizar las políticas liberales del centro-derecha y relativizar su responsabilidad en la tragedia que vivía el conjunto de España- ha sido la última maniobra de distracción diseñada por La Moncloa. Mientras la sociedad se enfrenta a una segunda ola pandémica que Sánchez no supo ver cuando de forma precipitada y calculada cantó victoria sobre la enfermedad, el Gobierno acorrala al poder judicial, cede a las demandas antisistema de sus socios separatistas, agrede de forma sistemática a la Corona, polariza a la opinión pública e inhabilita a la oposición como interlocutor para cualquier reconstrucción. El cierre de Madrid es la tapadera, el problema para ocultar el gran problema. Los esperanzadores resultados provisionales de las medidas adoptadas por el Ejecutivo regional hace dos semanas demuestran la artificialidad del enfrentamiento diseñado por el Gobierno para someter a Madrid y, como también refleja el barómetro de GAD3, hacer del pulso político -con la derecha liberal, no con el independentismo- la mejor manera de dilapidar las energías que aún conserva España.

Inseguridad jurídica, miedo, crisis... caos
La capital como laboratorio
Ángel Expósito ABC 4 Octubre 2020

¿El Gobierno central se hubiera atrevido a decretar unas medidas «ad hoc» en Cataluña o el País Vasco? ¿Te imaginas a Salvador Illa ordenando el cierre de Barcelona a pocos meses de las elecciones catalanas? Es más: ¿de quién depende el inexistente control del aeropuerto de Barajas? ¿Y Atocha? ¿De quién dependen esos miles de pasajeros hacinados en la estación de Atocha el viernes por la noche? ¿Puedo viajar a Valencia, Nueva York o París, pero no puedo ir desde Chamberí a Navalcarnero?

Los datos del coronavirus en Madrid son malos, pero fueron peores. ¿Sánchez dijo la verdad a Díaz Ayuso hace quince días en aquella cínica visita a la Puerta del Sol?

Por cierto, ¿dónde están esos macarras movilizados por Podemos en Vallecas que pateaban policías contra las medidas de hace quince días? ¿Acaso sí les gusta este «confinamiento light» para todo Madrid?

Y una más sobre los criterios científicos con los que se llenan la boca. Partiendo de la base de la gravedad de la situación, por favor, ¿podrían presentarnos al nuevo comité científico, o también son un holograma como el de antes del verano?

Dios me libre de restar un muerto de gravedad a esta fase de la pandemia. Pero tengo la impresión de que Madrid es un laboratorio del maquiavelo de La Moncloa. Basta con mezclar una calculada inseguridad jurídica con el miedo al virus y la ruina económica para conseguir el caos.

Un caos, por supuesto, culpa de la derecha. Un caos que confunde y angustia a millones de madrileños que no saben si soportarán el ERTE, si saldrán del ERE o si acabarán en la cola de Cáritas mientras «Su Persona» y el resto del gabinete juegan a «Big Ban Theory» con Madrid, por puro politiqueo.

PD: A la misma hora en que Madrid estrenaba las medidas de restricción, en la tele, Fernando Simón buceaba, escalaba y montaba en bici mientras justificaba lo imposible entre risitas. Fue una absoluta falta de respeto para millones de autónomos y pymes en quiebra. Y no te digo para miles y miles de familias destrozadas.

Como si nada
Sánchez, en el Foro de La Toja
Juan Pablo Colmenarejo ABC 4 Octubre 2020

Sánchez ha cerrado Madrid con una orden gubernativa. Solo faltó el motorista con el mandado entrando en la Puerta del Sol. El presidente del Gobierno saltó desde Bruselas al balneario de La Toja mientras los guardias montaban los controles y el señor Simón salía en la tele como protagonista de un programa de aventuras; tierra, mar y aire.

Con una habilidad digna de ser investigada -por supuesto, en una tesis doctoral, con citas a pie de página-, Sánchez y su batallón de asesores le han dado la vuelta a la crisis, y cuando desciende del avión camina un par de metros por encima del suelo, como si nada de lo ocurrido tuviera que ver con su persona. El plan le ha funcionado. Tras anunciar la derrota del virus se desentendió para dejar que fueran otros los arrasados por la crisis.

Nadie entiende en el planeta lo que ha pasado en España. La descentralización de la gestión sanitaria de una pandemia mundial ha empeorado, todavía más, los resultados del mando único. Sánchez se ha quitado del problema para poner el foco en Madrid, donde ha empezado a dar los pasos para echar a Ayuso y llevarse por delante al PP de Casado. Sánchez necesita Madrid para que deje de ser un contrapeso y, de paso, taponar la posible regeneración de la alternativa.

El cierre gubernativo de Madrid es más político que epidemiológico, salvo que por fin aparezcan los expertos que lo han decidido con sus criterios médicos. Si nos lo explican, asentiremos. Mientras tanto, la duda en todo lo alto. El comité de expertos no existe. Desde finales de agosto, el Gobierno tiene el informe de la Abogacía del Estado para descabellar al PP en Madrid, sin un decreto de alarma regional que obligaría al presidente del Gobierno a comparecer en el Parlamento dejándose los jirones, como en el confinamiento.

Más de medio millón de personas han causado baja en la Seguridad Social y otras 700.000 siguen en el limbo de los ERTE desde el estallido de la crisis en febrero. Sánchez se agarra a los fondos europeos mientras vive al día gracias al Banco Central Europeo que, con su dinero a precio de amigo, practica el rescate. España tiene que presentar dentro de unos días un plan de reformas, como primera condición, para obtener los 140.000 millones de ayuda con los que el presidente ya juega, sin haberlos recibido. Los gobiernos autonómicos ya saben lo que tienen que hacer, portarse bien. Sánchez sigue pidiendo un voto en blanco del PP para unos presupuestos que serán «progresistas» y «sin líneas rojas», es decir, pónganse en guardia y a cubierto los de la clase media. Sánchez se ha entronizado. Sus dirigentes regionales callan, y otorgan, aunque García Page se atreva y le susurre que deje de ningunear al Rey.

Pobres e ignorantes, carne de Podemos
Alejo Vidal-Quadras. vozpopuli 4 Octubre 2020

Es posible que un gobierno sea incompetente o ineficaz y los españoles hemos sido testigos desde 1978 hasta hoy de algunos Ejecutivos cuyo rendimiento sólo puede calificarse de penoso. Baste recordar el manejo que hizo Zapatero del crack financiero de 2008 o la forma escandalosa en que Rajoy desperdició la mayoría absoluta obtenida en 2011 para comprobar que una sociedad desarrollada, próspera y dinámica como la nuestra puede caer en manos de verdaderas nulidades. Si uno recuerda que el hoy registrador de la propiedad por fin ejerciente tuvo en sus manos la mayoría absoluta en el Congreso, la mayoría absoluta en el Senado, la alcaldía de cuarenta capitales de provincia y el control de trece Comunidades Autónomas y utilizó este inmenso capital político para sestear durante cuatro años, sin ni siquiera intentar las reformas estructurales que demandan perentoriamente nuestra economía y nuestras instituciones o sin revertir las barbaridades sectarias y disolventes de su antecesor, los sentimientos que inspira tal desidia no son para ser descritos sin caer en el uso de palabras ante las que el mismo Camilo José Cela hubiera vacilado. La comparación de la mutación agresiva de los cimientos al techo de España que Pedro Sánchez está llevando a cabo con sólo ciento veinte diputados con la pasividad abúlica del pseudo-prócer gallego, lo dice todo sobre el acierto del cuaderno azul de Aznar en 1996.

Arruinar Madrid
Ahora el Gobierno progresista que padecemos ha lanzado dos operaciones, a cual más nefasta, que, dado que es imposible que sean solamente fruto de la pura necedad, es evidente que obedecen a un plan preconcebido de los dos socios que ocupan La Moncloa o de uno de los dos mientras el otro consiente, posibilidades ambas equivalentes en su resultado. La primera de estas tropelías es el cierre de Madrid acompañado de una vuelta de tuerca a la limitación de su actividad comercial, empresarial y de ocio. En vez de tomar las medidas necesarias, con leal apoyo y total colaboración con las autoridades regionales, para frenar la propagación de la pandemia hasta niveles que equilibren el riesgo sanitario con el económico, Pedro Sánchez se ensaña con Isabel Díaz Ayuso para descabalgarla de la Casa de Correos, sin importarle paralizar el motor financiero, cultural y social de la Nación. Es más, lo hace con el propósito deliberado de arruinar Madrid y, como consecuencia, el conjunto de España, porque cuántos más ciudadanos dependan de los subsidios de un Estado endeudado hasta las trancas, más cerca estará el soñado paraíso bolivariano que alimenta los sueños húmedos de su moñudo compañero de equipo.

La segunda barbaridad es el Real Decreto sobre educación que ha preparado Isabel Celaá, esa ministra que no existe salvo cuando emerge para asestar un renovado golpe a la calidad de nuestro sistema educativo. Ahora, también con el pretexto de la covid, ha llevado a la mesa del Consejo un ramillete de dislates que sin duda asestará la puntilla a nuestra ya muy decaída enseñanza, esa cenicienta de los Informes Pisa que, año tras año, renquea en el vagón de cola de la OCDE. Provoca indignación combinada con incredulidad saber que el Ministerio renuncia a su competencia principal de fijar los criterios de evaluación, promoción y titulación en las etapas Primaria, Secundaria y de Bachillerato para dárselas a las Comunidades Autónomas, que se podrá pasar de curso sin limitación de asignaturas suspendidas, que cada centro podrá decidir a su antojo qué alumnos repiten sin criterio alguno unificador que les proporcione seguridad jurídica, que se suprimen las pruebas nacionales al final de los distintos ciclos eliminado así cualquier estadística sobre rendimiento de centros, territorios o modalidades de enseñanza y que, en definitiva, se elimina sin reparo la cultura del mérito y del esfuerzo para reemplazarla por la legalización de la vagancia.

Lo más lacerante de semejante batería de crímenes educativos es que un Gobierno que se dice de izquierdas ensancha conscientemente la brecha en igualdad de oportunidades entre las familias de rentas altas, que continuarán llevando a sus hijos a centros de elite, y las más modestas, inermes ante los ataques de una ministra que las condena a los peldaños inferiores de la escalera social. Naturalmente, esto le es igual a una doctrinaria que no persigue una mejor educación para nuestros jóvenes ni la eliminación de la precariedad, sino la creación de una masa de borregos sin criterio fácil de manipular.

Ese es el diseño que la coalición de sanchistas moralmente vaciados (el PSOE, aquel partido socialdemócrata defensor de la Constitución y de la unidad nacional es solamente un recuerdo) y comunistas posmodernos ha trazado para nuestra desdichada patria, transformarla en una confusa agregación de tribus hostiles entre sí, pasto del analfabetismo funcional y de la miseria, desprestigiada internacionalmente, sin propósito común y sin dignidad individual ni colectiva. Pobres e ignorantes, carne de totalitarismo, carne de Podemos.

La pandemia desnuda a España
Javier Caraballo elconfidencial 4 Octubre 2020

Llegó la pandemia y las cuatro patas de este banco comenzaron a temblar: la debilidad anquilosada de antiguas estructuras estatales, disputas y diferencias entre las autonomías, una clase política ensimismada e ineficiente y las carencias del sistema sanitario español. Llegó la pandemia, ese vendaval inmenso, y dejó desnuda a España porque quedaron al descubierto los defectos estructurales del Estado que se ha construido en estos cuarenta años de democracia. Hasta ahora, todos los desafíos que España había tenido que afrontar como país no habían exigido de un esfuerzo conjunto y coordinado como el que ha obligado la pandemia y, mucho menos, ninguna crisis, ninguna amenaza, había requerido que se decretara un estado de alarma en el que quedaran suspendidas las competencias repartidas por las diecisiete comunidades autónomas.

Ni el terrorismo de ETA ni la crisis financiera de 2007 habían supuesto para el Estado español un desafío como el de esta pandemia de coronavirus; por eso, ahora, cuando vemos que, frente a los aciertos, también existen fallos estructurales en el modelo político y territorial, lo pertinente es señalarlos y solucionarlos. Lo que hemos visto en esta pandemia es que este modelo, que tanto progreso nos ha facilitado, se vuelve ineficaz y politizado cuando se trata de abordar un problema nacional que nos afecta a todos. La cuestión ahora es si podemos tener esperanzas de que algo cambie o, por el contrario, los problemas se mantendrán más agravados, enfangados en la habitual espiral de confrontación del debate político.

La transferencia total de las competencias de Sanidad a las comunidades autónomas había convertido desde hace años al Ministerio de Sanidad en un ente deshabitado, testimonial, sin una función concreta en el nuevo modelo. Cuando se recibieron las competencias, cada autonomía se enrocó en sus fronteras y se olvidó del resto. Lo reconoció así el último responsable del Insalud, Rubén Moreno, que se hizo cargo en el año 2000 del traspaso conjunto de competencias de Sanidad a las diez comunidades autónomas que aún no las tenían. Moreno ha dejado reflejado, con ocasión de algún aniversario del traspaso de competencias, que el problema fundamental es que las autonomías asumieron los sistemas de salud como un patrimonio propio "y no siendo muy conscientes de que eran parte de un Sistema Nacional de Salud". La prueba más evidente es el vaciado del Ministerio de Sanidad que se ha mantenido todos estos años como un florero en el Gabinete.

La comparación más elocuente es la que han hecho algunos epidemiólogos: los miles de funcionarios y medios tecnológicos avanzados con los que cuenta la Agencia Tributaria y la absoluta precariedad del Ministerio de Sanidad, que ni siquiera cuenta con una Agencia de Salud Pública. El Gobierno nombró en agosto a una secretaria de Estado de Sanidad, porque tampoco existía ese cargo; toda la responsabilidad y la coordinación ha recaído sobre el Centro de Alertas y Emergencias Sanitarias en el que, como decía en estas páginas mi compañero Ángel Villarino, se pueden conocer el número de funcionarios con un rápido repaso de los cuatro o cinco nombres de las personas que trabajan allí. Y al frente del mismo, un profesional como Fernando Simón al que, en ocasiones, no le ha importado adecuar las recomendaciones sanitarias a las estrategias y al interés político.

De forma paralela al vaciado de competencias del Estado para poder coordinar una emergencia sanitaria global, como la que estamos viviendo, lo segundo que ha dejado al descubierto la pandemia son las carencias del sistema sanitario por la desatención y desinversión en la mayoría de las comunidades autónomas: el colapso generalizado de la Atención Primaria es la prueba más evidente. De forma estrepitosa, lo que ha fallado en España ha sido una adecuada planificación académica para atender las necesidades futuras de Medicina y Enfermería (no hay médicos de familia, ni pediatras…) que, unido a la precariedad laboral, ha generado el caos de la actualidad. De hecho, si miramos el problema con alguna distancia, nos daremos cuenta de la falsedad global de esas consignas que le atribuyen a los gobiernos de derecha todos los males privatizadores de la sanidad pública y a los de izquierda, todas las bondades.

En comunidades como Andalucía, gobernada durante 36 años por el PSOE, el colapso de la Atención Primaria ya era previo a la pandemia con lo que ahora, simplemente, se ha desbordado completamente. Nadie podrá culpar de esa precariedad al nuevo presidente del PP, Juanma Moreno, que solo llevaba un año en el cargo cuando se desató el covid-19. Quiere decirse, en suma, que antes de que el debate político se enroque otra vez en lo mismo, azuzados por sindicatos y 'hooligans' varios, la pandemia debería servir para que cada cual hiciera un estudio serio, despolitizado, de sus carencias. Y luego, devolverle a la Sanidad pública los niveles de inversión que nos acerquen a la media europea, de la que estamos lejos. Una vez más, que se aproveche lo sucedido para progresar o para estancarnos más, solo depende de la reacción de los ciudadanos.

Cada episodio de bronca política será directamente proporcional al interés de la clase dirigente por tapar los defectos de la gestión y del sistema. Ruido estéril. Como en la fábula de Hans Christian Andersen, cuando el modelo se queda desnudo son los pícaros los que van diciendo que está perfectamente vestido y equipado.

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ENTREVISTA A LA DIPUTADA DE VOX
Macarena Olona: «Sánchez es un sociópata malvado que quiere sustituir al Rey»
Vicente Gil okdiario 4 Octubre 2020

Macarena Olona (Alicante, 1979) es la portavoz adjunta y secretaria general de Vox en el Congreso. Abogada del Estado, fue cesada por Mariano Rajoy en 2017 estando destinada en el País Vasco. Investigaba casos de corrupción que afectaban al PNV. Rajoy la mandó como secretaria general a la empresa pública Mercasa, del ministerio de Agricultura. Allí, se puso a investigar el supuesto desvío de 20 millones de euros en comisiones ilegales que afectaba a cargos del PSOE y del PP. Llegó la moción de censura y Pedro Sánchez la cesó nada más llegar al poder para que no siguiera en el caso. Su despacho en Mercasa fue asaltado por profesionales que no dejaron ni rastro. En el País Vasco la conocían como «la incorruptible». Ella asegura que, con los años, ha descubierto tener «más alma de fiscal que de abogado».

Olona recibe a OKDIARIO en el Congreso. Viene de un cara a cara televisivo con Juan Carlos Monedero. Le ha llamado «mentiroso e indecente» por decir que en Vox deseaban la muerte de los hijos de Pablo Iglesias. La semana ha sido intensa: moción de censura, ataques a la Corona, aplausos del PSOE a Bildu en el Congreso, negociación presupuestaria con los independentistas y la apertura de una comisión de Investigación del caso Kitchen «con la que sólo buscan -dice- golpear en el hígado al PP».

Empezamos hablando con Olona de Madrid. «Estamos presenciando -afirma- un auténtico secuestro del pueblo de Madrid, como ya ocurrió con la desescalada. Aquello fue una burda mentira. No había ni criterios técnicos ni sanitarios. Como ahora. En Vox lo tenemos clarísimo: el objetivo es derrocar a la presidenta Isabel Díaz Ayuso, a la que han convertido en un icono del Partido Popular. Y si para eso se tienen que llevar por delante al pueblo de Madrid, se lo van a llevar. Con 55.000 muertos no reconocidos, este Gobierno del bulo antepone su agenda política e ideológica al interés de los españoles».

PREGUNTA. Son palabras muy duras. Lo que describe es a un sociópata.
RESPUESTA. Yo no soy psicóloga, pero sí he escuchado voces autorizadas referirse al señor Sánchez como un «sociópata». Nuestro discurso es duro, pero basado en la realidad. El gran pecado está en el PSOE. El socialismo constitucionalista ha muerto y lo que tenemos hoy es un sanchismo despiadado, sin escrúpulos, que sólo tiene un proyecto de poder y no de país.

PREGUNTA. Y, ¿hasta dónde cree que quiere llevar el presidente Sánchez ese proyecto de poder?.
RESPUESTA. Estamos absolutamente convencidos de que quiere sustituir al Jefe del Estado. No hay más que verlo en los actos protocolarios. No es que sea ignorante (que también), es que es profundamente malvado y cuando permite a sus ministros de Podemos atacar al Rey no hace más que trasladar su verdadero deseo de asumir la jefatura del Estado.

Macarena Olona apunta, entonces, a Iván Redondo, el jefe de Gabinete de Sánchez. Dice que manipula los sentimientos y que juega con el miedo de los españoles aprovechando la pandemia: «Es el hombre de poder en la sombra y usa a Pablo Iglesias como tonto útil. Cuando necesitan una cortina de humo, azuzan a la bestia, le quitan el bozal y lo sueltan al campo. Iván Redondo manipula nuestros sentimientos. En una intervención que está en las redes dice que el mejor instrumento de poder, de manipulación y de dominio de un pueblo son los sentimientos y, en particular, el miedo».

Olona dice que «el PSOE tiene las llaves del averno» y que «ahí están los grupos del Congreso a los que les une su odio a España». En este punto, la también portavoz de Vox en Interior se acuerda del «indigno» ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, «que de su condición de magistrado no mantiene ni la sombra de la toga» y que es «el ministro favorito de las mafias de tráfico de seres humanos y de los proetarras».

La dirigente de Vox afirma que Pablo Iglesias y Podemos «sólo han luchado en su propio interés, pasando de prometer asaltar los cielos en 2015 y de un piso de 50 metros cuadrados en Vallecas a una mansión de 2.000 metros cuadrados de jardín en Galapagar. Así uno puede estar confinado de maravilla. No me extraña que les llamen por la calle vendeobreros». Olona recuerda que quien más ha criticado las fotos de Irene Montero en Vanity Fair son sus propias bases: «Lo más criticable es que, con la que está cayendo en España, tenemos una ministra de Igual-da (así la llama, separando sílabas), que ha contratado asesores que cuestan casi un millón de euros en sueldos mientras sigue creciendo el número de mujeres asesinadas. ¿A esto se dedica la ministra? A posar en revistas del corazón y hablar de sus crisis matrimoniales. Es una vergüenza y un insulto a los españoles».

Operación Kitchen
Macarena Olona cree que Mariano Rajoy es, por activa o por pasiva, responsable del caso Kitchen. «Si fuera presidente del Gobierno ahora, pediríamos su inmediata dimisión. Si no supo, por no haberlo conocido. Y si supo, por maldad directa». Olona cree que las responsabilidades políticas «y, en su caso, criminales» no pueden quedar en el secretario de Estado de Seguridad, Francisco Martínez.

Macarena Olona está de acuerdo con que el magistrado no haya imputado a María Dolores de Cospedal, ex secretaria general del PP, y apunta a Soraya Sáenz de Santamaría, ex vicepresidenta del Gobierno y responsable máxima entonces del Centro Nacional de Inteligencia (CNI): «Francisco Martínez declaró que el CNI estaba implicado. ¿Por qué no le interesa al Gobierno y a la Fiscalía Anticorrupción poner el foco en Soraya Sáenz de Santamaría y el CNI?. Lo desconozco. Pero los pasteleos de Sáenz de Santamaría con la izquierda para evitar ser atacada son conocidos. ¿En qué momento podrá aflorar toda la verdad que queda por salir? Como ciudadana y como abogada del Estado que luché contra la corrupción, lo que deseo es que salga todo y que caigan todos los que tengan que caer».

María San Gil: «Sánchez está cómodo negociando con Bildu porque son la misma calaña»

‘ETA: 50 años de terrorismo nacionalista’, un libro para que la política del PSOE no consiga blanquear a Bildu
Cynthia Díaz Nobile okdiario 4 Octubre 2020

A ella le gusta llamar a las cosas por su nombre. Quizás por eso, María San Gil, ha escrito, junto a otros 14 autores, ‘ETA: 50 años de terrorismo nacionalista’, una obra que señala con el dedo a «los responsables y a la ideología que ha llevado a 50 años de terror» en España. Actores como el partido proetarra Bildu que hoy juegan desde las instituciones un papel determinante en el «Frente Popular que nos gobierna», como destaca San Gil. «Pedro Sánchez está cómodo negociando con Bildu los Presupuestos Generales del Estado porque son la misma calaña», añade.

PREGUNTA.: ‘ETA: 50 años de terrorismo nacionalista’, ¿estamos hablando de un binomio inseparable?
RESPUESTA.: Sí. Es terrorismo nacionalista. Son nacionalistas quienes durante 50 años han ejercido el terrorismo. El título del libre puede ofender a determinados nacionalistas, como el PNV (nacionalistas no terroristas). No obstante, esto es una obviedad y a las cosas hay que llamarlas por su nombre. Defienden políticamente lo mismo, pero no de la misma manera. Unos lo hacen a través de las armas, del dolor y la violencia, y otros a través de la política. Este libro es muy bueno porque señala con el dedo quiénes son los responsables y cuál es la ideología que ha llevado a 50 años de terror.

P.: ¿Es Bildu la metamorfosis de ETA?
R.: No es la metamorfosis porque ETA no se ha convertido en otra cosa. Han dejado de matar, gracias a Dios, nadie se alegra más que yo. Siguen defendiendo lo mismo, ahora desde las instituciones. Llegaron a un pacto con el PSOE- un pacto que Bildu, que ya se inició en 2004 entre Zapatero y Arnaldo Otegi -, en el que hubo un trueque: tú dejas de matar y te incorporas a las instituciones. Diez y seis años después, Bildu, que es el heredero directo de ETA, es un actor protagonista en el Frente Popular que nos gobierna. Es decir, entre socialistas, comunistas, separatistas y terroristas, Arnaldo Otegi, es uno de los actores más importantes. No hay más que verle en las prensa diciendo que los presupuestos hay que aprobarlos .

P:. ¿Ve a Pedro Sánchez incómodo negociando con Bildu los Presupuestos?
R.: Comodísimo. Idoia Mendía dijo que era una buena noticia que Bildu colaborara en la gobernabilidad de España. ¡Y se queda tan ancha! Oye, no se le caía la cara de la vergüenza. Pedro Sánchez no es que esté cómodo con ellos, es que son su socio prioritario. Sánchez está cómodo con Bildu, con ERC, con Podemos. Se siente cómodo, porque en el Frente Popular, están todos ellos. Se entienden muy bien porque son de la misma calaña, las cosas como son. Yo creo que hay que llamar a cada cosa por su nombre.

Los presupuestos van a salir porque todos ellos saben que ni con el PP, ni con Ciudadanos, ni con Vox, van a conseguir todas las prebendas políticas que van a conseguir con Pedro Sánchez. Harán como que riñen, pero en el fondo, el proyecto del Frente Popular está por encima de todo eso. Están, entre comillas, condenados a entenderse.

P. El libro viene acompañado por un diccionario para entender el terrorismo. Yo me quedo con la palabra ‘dispersión’. ¿Hemos pasado de la dispersión a la concentración acercando a presos?
R. Nos dimos cuenta de que las generaciones más jóvenes no conocen todo lo que está pasando. No es que no conozcan a Migue Ángel Blanco, es que no saben lo que es el acercamiento. Había que explicar lo que era el acercamiento, lo que era la dispersión, lo que era la amnistía y explicarlo de una forma vez, real y sincera. Entonces, pensamos en un pequeño diccionario que fuera fácil de manejar, de leer. Que fuese un pequeño libro de consulta.

Tenemos un ministro del Interior, Fernando Grande Marlaska, que ha sufrido una metamorfosis. En mi época era un juez implacable que perseguía el terrorismo. Sin embargo, desde que está en el Gobierno de Pedro Sánchez se ha transformado y se ocupa mucho más de los asesinos que de las víctimas. De hecho está todo el día acercando presos al País Vasco sin ningún tipo de condición previa. Se está teniendo muchísima manga ancha. Estamos olvidando y amortizando el dolor y el sufrimiento de las víctimas.

P. ¿Ha ganado ETA o ha ganado España?
R. No tengo ninguna duda de que ha ganado ETA. Los terroristas han conseguido, después de cincuenta años de terrorismo, estar en las instituciones. A ETA le ha salido baratísimo matar gente. ETA sigue defendiendo un proyecto político. En Alemania, el nazismo es un proyecto político que ni se plantea porque tiene tal historia de terror detrás que no se puede defender. Y aquí ¿nadie pone en tela de juicio el proyecto que ha llevado a cincuenta años de sufrimiento, de falta de libertad, de una sociedad enferma?

P.: ¿Ha tenido la oportunidad de leer Patria o de ver el estreno de la serie?
R. Mira, lo intenté leer en su momento porque me dijeron que era un novelón y no pude. Sinceramente, no pude porque me pareció durísimo y mira, pues no, no fui capaz. Yo, por lo que he oído, creo que el libro refleja perfectamente la realidad de lo que hemos vivido durante muchos años en el País Vasco. Creo que el libro y la serie van a ser lo suficientemente interesante como para no tener que hacer esa propaganda. El primer cartel que hicieron equipararon a la víctima con las torturas. Es absolutamente innecesario.

En San Sebastián están en las paradas de autobuses, poniendo una «serie fantástica para la reconciliación». Yo pienso, ¿la reconciliación entre quién y quién? Yo no me tengo que reconciliar con nadie. Yo no le he hecho daño a nadie. Una reconciliación se produce cuando ha habido una guerra. ¿Qué más tenemos que hacer las víctimas para conseguir la memoria, la dignidad y la justicia?

Fernando Aramburu es un autor soberbio, ha hecho un trabajo espectacular y entiendo que por temas de marketing se están haciendo cosas que no me parecen agradables. Reconozco que me cuesta mucho ver este tipo de series o ese tipo de novelas, porque bastante lo he vivido como para encima recordar. Pero es de esas novela que tengo para cuando me jubile.

Ordoñez le recuerda a Sánchez que aprobar los Presupuestos con Bildu es dar un «portazo» a las víctimas de ETA
OKDIARIO 4 Octubre 2020

La presidenta del Colectivo de Víctimas del Terrorismo (Covite), Consuelo Ordóñez, ha dicho este sábado que «si finalmente los Presupuestos Generales del Estado salen adelante con el apoyo de quienes siguen legitimando y amparando el terrorismo», en alusión al partido proetarra de Bildu, se estará dando un «portazo» a las víctimas.

Ordóñez ha hecho esta reflexión en San Sebastián, durante el acto de entrega del XIX Premio Internacional Covite a título póstumo al periodista José María Calleja, fallecido el pasado 21 de abril a causa del COVID-19. En su intervención, Consuelo Ordóñez ha ensalzado la figura de Calleja, ha lamentado no poder entregarle el premio en persona y ha recordado la «enorme deuda» de las víctimas del terrorismo hacia su persona, al tiempo que se ha mostrado esperanzada en que este acto sirva como «despedida» al periodista fallecido y para cerrar el «duelo inacabado» por su muerte a consecuencia de la pandemia.

En el momento central de su discurso, Ordóñez ha criticado que en la actualidad «los cómplices de quienes mataban, sigan teniendo más protagonismo en la vida pública que sus víctimas».

«Quienes dirigieron ETA desde la comodidad de sus despachos -ha añadido- hoy hacen política con alfombra roja, mercadean con nuestro derecho a la justicia y reclaman la excarcelación de los asesinos de nuestros familiares como moneda de cambio para apoyar los Presupuestos Generales del Estado» y «este Gobierno en vez de levantarse de la mesa y dar un portazo, se sigue sentando con ellos», ha reprochado.

El presentador del acto, el periodista Santiago Ruiz de Azua, ha incidido en esta misma idea al pedir al ministro de Interior, Fernando Grande-Marlaska -quien previamente había intervenido en el homenaje por videoconferencia- que «enarbole» la «bandera de la dignidad» que «supo plantar» José María Calleja, «acordándose de las víctimas» y lo tenga «en cuenta» cuando «negocien los próximos presupuestos».

El emplazamiento ha sido respondido a renglón seguido por Grande-Marlaska, quien ha dicho «recoger el guante», al tiempo que ha insistido en que la «memoria» de José María Calleja «nos debe de seguir marcando a todos».

«Yo nunca haría nada que pudiera desmerecer la memoria de José María Calleja. Espero no equivocarme nunca en ese sentido», ha concluido el ministro.

La entrega del galardón ha tenido lugar en el Palacio Miramar de San Sebastián y ha estado marcado por la lluvia y la pandemia, que ha obligado a recortar los aforos y mantener las distancias sociales entre los asistentes, provistos todos ellos de mascarillas.

Familiares y amigos de José María Calleja, merecedor de este premio por su «dedicación profesional y personal» en defensa de «los derechos de las víctimas del terrorismo», han estado presentes en la ceremonia, en la que también han participado el filósofo Fernando Savater, la eurodiputada Maite Pagazaurtundua, el portavoz del Centro Memorial de las Víctimas del Terrorismo, Gorka Angulo, y el dirigente socialista Ramón Jáuregui, entre otros.

El premio, que ha sido recogido por Mikel Calleja (hijo del periodista y escritor fallecido) de manos de Consuelo Ordóñez, reconoce el activismo del galardonado «desde los micrófonos radiofónicos, las pantallas de televisión y los artículos periodísticos», así como su significación «en contra del terrorismo de ETA en una posición de minoría absoluta».

En su alocución, Mikel Calleja ha recordado el posicionamiento de su padre «siempre al lado de las víctimas», incluidas las «víctimas de género», y su «sueño» cumplido de que «un día» todas las personas «pudiesen pasear sin escolta por las calles de San Sebastián».

El periodista y escritor José María Calleja, doctor en Ciencias de la Información, profesor de Periodismo en la Universidad Carlos III de Madrid y licenciado en Historia, nació en León el 16 de mayo de 1955, y fue colaborador de la Cadena Ser, El País, Antena 3, Cuatro y Onda Cero, además de trabajar en la Agencia EFE y Euskal Telebista, entre otros medios.

Señalado como objetivo de la banda terrorista ETA, contó durante años con protección de escolta. Además, fue preso político del franquismo en los 70 por luchar contra la dictadura.

 


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