AGLI Recortes de Prensa   Martes 6  Octubre  2020

El ataque desleal a Isabel Díaz Ayuso
José María Rotellar okdiario 6 Octubre 2020

Hay obsesiones que las personas y organizaciones no superan, y una de las más acentuadas de la izquierda es Madrid, región en la que no gobiernan desde 1995 y capital en la que salvo el, afortunadamente, breve período de Carmena y sus podemitas, gobierna el centro-derecha desde 1989. Para la izquierda es una obsesión que va camino de convertirse en trauma, ya que son muchas décadas y no lo superan. Por eso sueñan día y noche con conquistar Madrid.

De ahí que se hayan juramentado para conseguirlo, motivo por el que el gabinete de mercadotecnia de presidencia del Gobierno haya desplegado todo su poder para tratar de hacerlo realidad. Por eso, arremeten con fuerza contra la Comunidad de Madrid y, en especial, contra Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la región que alberga la capital de España, una de cada cuatro empresas que se crean en nuestra nación, que recibe el 85% de la inversión extranjera que quiere invertir en nuestro país, que representa la quinta parte de la riqueza nacional y casi otro tanto de los puestos de trabajo, y que es la más solidaria para con el resto de comunidades autónomas, con más de 4.000 millones de euros anuales.

Ayuso ha apostado por continuar y profundizar en las políticas liberal-conservadoras que el centro-derecha ha aplicado en la Comunidad de Madrid desde hace muchos años, y que la experiencia, a través de los fríos datos, muestran que dan mejores resultados. Defiende los principios y valores de dicha ideología y no se arredra a la hora de hacerlo ante la izquierda, y ejerce de dique de contención, en su margen de competencias, frente al asedio que algunos miembros del Gobierno de la nación realizan, ya sin tapujos, a las instituciones, sin que Sánchez los frene y destituya, frente a los pactos del Gobierno con los independentistas y frente a una política económica del Gobierno de la nación basada en aumentar el gasto, déficit, deuda e impuestos.

Eso no lo tolera la izquierda, porque considera que sus ideas son superiores, de manera que lleva muy mal que se discrepe con las mismas, máxime si se hace con firmeza en la defensa de los principios en los que se cree, como está haciendo Isabel Díaz Ayuso: sus anuncios de bajada de impuestos en la legislatura cuando sea posible, la ley de la cláusula de región más favorecida o la apuesta por estar al lado de la inversión empresarial, reuniéndose con ellos para generar confianza y lograr que sigan apostando por Madrid, la defensa de la Constitución y de la Corona, son ejemplos de la defensa decidida de esos principios.

Del mismo modo, la Comunidad de Madrid, al igual que la práctica totalidad del resto de regiones, quizás con alguna excepción de las independentistas o nacionalistas, han actuado con lealtad institucional hacia el Gobierno de la nación en esta crisis, incluso cuando la gestión del Ejecutivo era indefendible y retenía en aduanas las compras realizadas por las comunidades autónomas y sembraba de caos el horizonte. Sin embargo, desde que Sánchez desistió de sus obligaciones al finalizar el estado de alarma y endosó el problema a las regiones, el Gobierno de la nación, salvo irse de vacaciones tras proclamar su falsa victoria sobre las crisis de todo tipo, no ha hecho nada, salvo pergeñar un plan para maltratar a Madrid y a los madrileños, no ya por encerrarlos, que también, pues a mi juicio no se puede seguir con restricciones, sino que debe abrirse y actuar con prudencia pero con todas las actividades y afrontar la dureza de esta enfermedad, porque si no la ruina será peor que el virus, sino por restringir sus libertades con unos parámetros creados a medida de Madrid, para tratar de doblegarla.

Si el encierro de las personas para superar la pandemia es una estrategia medieval y, por los resultados vistos en España, ineficiente, Sánchez mantiene esa misma táctica del medievo para rendir Madrid casi por hambre y por sed, metafóricamente hablando. La deslealtad institucional con la que el Gobierno de la nación ha actuado en su relación con Madrid en esta pandemia es absoluta. Concertó una reunión con la Comunidad de Madrid para hacerse una foto; propuso la creación de un grupo de seguimiento de la enfermedad; dio su visto bueno a las medidas de Madrid -que a mi entender eran excesivas al cerrar parte de la economía, aunque entiendo que bienintencionadas para tratar de evitar que el Gobierno le impusiese medidas más drásticas, como después ha hecho arbitrariamente-; se desdijo a las cuarenta y ocho horas, pidiendo restricciones más duras, amenazando con la intervención; pactó la elevación de una propuesta al Consejo Interterritorial de Salud, para ver si había consenso y, tras no haberlo, se saltó todo y lo impuso por las bravas. Sánchez quiere hacer ver que él va a arreglar la situación, cuando sólo le mueve la política y la propaganda. Si decide actuar ahora es porque la situación va mejorando y tratará de colgarse el éxito de la reducción de contagios en Madrid, cuando técnicamente es imposible que dicha reducción, que ya se está produciendo, pueda deberse a sus medidas equivocadas.

Como he dicho, creo que Madrid no debería haber cerrado nada. Soy consciente del problema sanitario y de que, como digo, esa decisión se habrá adoptado para tratar de evitar males mayores impuestos por el Gobierno, pero estamos ya en un momento en el que no podemos movernos en la montaña rusa constante de abrir y cerrar, porque en uno de esos cierres ya no se abrirá más, al caer las empresas con tanta asfixia e incertidumbre, que producirá un drama social mayor que el del virus, además de que es entrar en el terreno de Sánchez, y en ese cenagal él siempre va a ganar, porque tiene experiencia en las malas artes, como hemos visto. Ahora bien, lo que no se puede es tratar de responsabilizar a la Comunidad de Madrid de lo que está pasando, porque la responsabilidad es completa y absoluta del Gobierno de la nación, no sólo en Madrid, sino en toda España.

Fue el Ejecutivo de Sánchez el que negó que fuese preocupante la enfermedad, quien dijo que no habría contagios o que serían insignificantes, quien desaconsejó el uso de mascarillas para después obligar a usarlas, quien no supo comprar ni test, ni equipos de protección, ni respiradores, quien se fue de vacaciones sin preocuparse del problema sanitario y económico, quien no ha puesto en marcha los planes para el fondo de recuperación procedente de la UE, quien se ha negado a realizar controles en Barajas, Atocha o Chamartín para evitar la importación de casos y quien no ha sabido, ni siquiera, contar el número de ciudadanos tristemente fallecidos por esta enfermedad. Sólo Sánchez, Illa y sus compañeros y colaboradores son los responsables de esta pésima gestión, tanto sanitaria como económica, y de la debacle a la que nos llevan en el ámbito económico y laboral.

Por eso, la deslealtad del Gobierno de la nación con la Comunidad de Madrid es doble: es desleal comúnmente a todas las regiones por dejarlas solas en medio de esta crisis, y adicionalmente con Madrid por atacarla como hace sólo por motivos políticos y para tratar de expulsar de Sol a quien gobierna Madrid.

En este camino, para lograrlo, Sánchez necesita de otras deslealtades. Hubo casos en el pasado que asolaron la política española y la sembraron de traiciones: Barreiro apoyó una moción de censura contra Fernández Albor en Galicia; Piñeiro votó contra su antiguo partido e impidió que Ruiz-Gallardón ganase la moción de censura que presentó contra Leguina; Tamayo y Sáez rompieron con Simancas por no estar de acuerdo con el reparto de consejerías cerrado con IU; Gomáriz dejó el PP y dio Aragón al socialista Marco; e incluso el intento frustrado a tiempo por el propio Suárez de que dos concejales del CDS se pasasen a las filas de Barranco para impedir la moción de censura que después triunfó e hizo alcalde a Rodríguez-Sahagún, que de no haberse parado no habría dado el Ayuntamiento de Madrid al equipo formado entre el PP y el CDS.

No sé si ahora se repetirán unas deslealtades parecidas, las cuales necesita Sánchez para consumar su propósito; no sé si esas deslealtades vendrán a cambio de un apoyo a los Presupuestos Generales del Estado; tampoco sé si es un indicio de que se consumará el plan con esas deslealtades el decir que no es hora de recurrir ante los tribunales la injusta resolución del Gobierno de la nación con la que se encierra a Madrid; y no sé si es un cúmulo de abundantes casualidades que haya dimisiones que se produzcan pidiendo unidad y en el momento más crítico para el Gobierno de la Comunidad de Madrid, pero conservando un escaño que podría llegar a ser decisivo en una votación. Puede que todo sean casualidades, seguro que sí, inconexas, pero probabilísticamente tanta casualidad reiterada termina no siendo tal casualidad. Veremos.

Quienes son tentados por Sánchez para que ejecuten tamaña deslealtad, sabrán cómo quieren ser recordados y en qué posición les dejaría eso frente a los electores, que no creo que perdonasen fácilmente acabar con la política económica que ha resultado exitosa en los últimos veinticinco años en la Comunidad de Madrid. Cuando los nervios por asegurar un futuro acomodo en otros ámbitos políticos a la vista de una posible debacle del grupo político propio son los que guían la actuación política, suele dar malos resultados y llevar al ostracismo a quienes perpetran esa acción.

Por último, no estaría de más que otras regiones pensasen que los próximos en el ataque de Sánchez y de los colaboradores necesarios en cada lugar puede tocarles a ellos, así como el hecho de que les interesa a todos que la Comunidad de Madrid vaya bien, porque, como es la más solidaria, al ser la que más aporta al Fondo de Garantía de los Servicios Públicos Fundamentales del Sistema de Financiación Autonómica, que sirve para que las regiones menos prosperas puedan financiar gran parte de sus servicios esenciales, si Madrid se hunde no va a haber quien aporte lo necesario como aporta hasta ahora la región madrileña gracias a su prosperidad, y a ver cómo pueden pagar la sanidad o la educación. Por eso, antes de ponerse de perfil ante el ataque de Sánchez a Díaz Ayuso, deberían dar muestras de un apoyo a Madrid hasta ahora casi inexistente, con muy contadas excepciones. Aquí, la obsesión por el “centrismo”, lugar inexistente de por sí, no puede servir de coartada para mirar hacia otro lado o para desear la caída de quien defiende con más ahínco los valores liberal-conservadores.

No se trata de confundir el ataque a una persona con el ataque a toda una población, como hacía Pujol cuando se discrepaba con él. No. Aquí es diferente, porque el ataque a la persona viene a través del ataque previo a los ciudadanos, para tratar de emplearlos a modo de rehenes con el objeto de canjearlos por un nuevo Gobierno regional, de otro signo político. De ahí que el ataque real final sea al PP y, en especial, a Isabel Díaz Ayuso, quien está defendiendo en soledad los principios que enarbola. No es la primera vez que sucede, pues José María Aznar, Esperanza Aguirre e Ignacio González ya los defendieron en el pasado y, por ello, fueron blanco favorito de propios y extraños. Por eso, Ayuso debe seguir defendiendo esos principios y luchar con todas sus armas para seguir adelante, superando el auténtico acoso desleal del que está siendo objeto.

En estas circunstancias, más vale adelantarse y si se cae que sea luchando, en una convocatoria electoral anticipada, donde las caretas tengan que desprenderse y cada uno deba mostrar su verdadero rostro, de forma que puedan decidir los electores y que sea, así, lo que Dios quiera, que en una moción de censura por la puerta de atrás, alentada por Sánchez con colaboradores necesarios.

Los complejos del PP con Vox

Cayetano González Libertad Digital 6 Octubre 2020

Acaba de decir José María Aznar: “Si yo fuese diputado del PP, votaría ‘no’ a la moción de censura de Vox”, argumentando esa postura de la siguiente forma:

Me parece una moción absolutamente inoportuna, condenada al fracaso, y sólo va a servir para consolidar el proceso de fragmentación en el centro-derecha y para consolidar a la coalición del Gobierno.

Es muy libre Aznar de tener esa posición, por otro lado nada novedosa, ya que siempre ha mostrado sus reticencias hacia el partido de Abascal. Su apuesta ha sido el entendimiento del PP con Ciudadanos, es decir, con aquellos que están teniendo un comportamiento absolutamente desleal en la Comunidad de Madrid con Isabel Díaz Ayuso, que son los mismos que se han echado en brazos de Pedro Sánchez, apoyándole en todas las prórrogas del estado de alarma o sentándose a negociar los Presupuestos.

Esta postura de Aznar de no querer saber nada con Vox es compartida por diversos miembros de la dirección del PP, así como por algunos barones regionales. Recuerda bastante ese rechazo al que se produjo en los últimos estertores de la UCD, a comienzos de la década de los 80, con respecto a Alianza Popular, partido del que formaba parte Aznar. Entonces, el líder de AP, Manuel Fraga, propuso a UCD buscar fórmulas de entendimiento para afrontar las elecciones generales de octubre de 1982, en las que el PSOE obtuvo 202 escaños. El ofrecimiento de Fraga fue rechazado de forma tajante por los entonces dirigentes del partido centrista. El resultado se recogió en las urnas: AP pasó de 9 a 107 diputados y UCD bajó de 168 a 11. Fue el fin del partido fundado por Adolfo Suarez.

En los momentos tan graves que desde el punto de vista institucional y social está viviendo España, por mor del proceso de degradación del sistema constitucional del 78 que está llevando a cabo el Gobierno social-comunista de Sanchez e Iglesias, se entiende muy mal la falta de entendimiento, de diálogo, de voluntad de buscar puntos de acuerdo, entre los dos partidos que a día de hoy ocupan el espacio del centro-derecha.

Si en el PP piensan que lo de Vox es algo pasajero y que los que a día de hoy votan al partido de Abascal volverán más pronto que tarde a la casa popular, se equivocan de plano. Vox ha llegado para quedarse, gracias entre otros motivos al vaciado ideológico al que Rajoy sometió al PP durante los años de su presidencia. Como también es un error que algunos dirigentes de Vox puedan pensar que su partido está llamado a sustituir al PP porque este acabará desapareciendo como en su día le pasó a la UCD. Ni una cosa ni la otra. A efectos de poder llegar al Gobierno y desalojar del mismo a la coalición social-comunista, da lo mismo que el PP crezca diez escaños y Vox baje cuatro o viceversa. Sin poder contar ya con Ciudadanos –que ha elegido el camino de la irrelevancia política–, la suma entre ambos partidos no da para gobernar. Agradézcanselo al señor D’Hondt.

Por supuesto que es discutible la oportunidad del momento elegido por Vox para presentar la moción de censura. Por otra parte, también la podía haber presentado el PP, como una forma de ejercer su papel de principal partido de la oposición. Pero de lo que no cabe ninguna duda es de que hay motivos más que sobrados –y cada semana van aumentando– para censurar a este Gobierno. Casado tendrá que tomar una decisión sobre cuál será al final el voto de su partido en la moción de censura. Se puede llegar a entender que no vote a favor, porque entonces se le podría decir: ¿y por qué no la has presentado tú? Lo que una buena parte de su electorado no entendería es que votara no, como proponen Aznar y otros dirigentes del PP. La abstención parece por tanto la postura más lógica, si se quiere no incidir en la fractura que existe en el espacio del centro-derecha, que al final está obligado a entenderse y a unir fuerzas para hacer frente a la deriva suicida del Gobierno social-comunista.

Sánchez vuelve a prohibir manifestaciones de Vox: ahora las convocadas por el Día de la Hispanidad
Carlos Cuesta okdiario 6 Octubre 2020

Pedro Sánchez no quiere celebraciones del Día de la Hispanidad: su delegado del Gobierno en Guadalajara acaba de prohibir la concentración de unas «100 personas» organizada por Vox por «la necesidad de evitar que un ejercicio extralimitado del derecho [de manifestación] pueda entrar en colisión con otros valores constitucionales» en referencia a la preservación de la vida por el riesgo sanitario del coronavirus.

La convocatoria de Vox especificaba que sería el 12 de octubre, fecha en que España celebra el Día de la Hispanidad; que «la manifestación se realizará a pie, guardando las debidas distancias y medidas de seguridad»; que «se prevé la afluencia de 100 personas» y que el recorrido sería lo suficientemente amplio como para evitar una densidad excesiva: «El recorrido irá desde la Plaza de España, subiendo por la calle Mayor, continuando por el Paseo Dr. Fernández Iparraguirre, para concluir al llegar a la Calle Constitución ante la bandera de España».

Pero la contestación de la Delegación del Gobierno de Guadalajara ha sido rotunda: «Prohibir la manifestación». Porque, «en conclusión, habida cuenta de la situación de crisis sanitaria en la que se ve inmersa no sólo España, sino la mayoría de países de nuestro entorno incluso más alejados de él; el riesgo cierto de propagación del virus que, a juicio de la autoridad sanitaria, en este caso, la Delegación Provincial en Guadalajara de la Consejería de Sanidad de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, se daría en el caso de concentraciones multitudinarias, y el mandato a los poderes públicos de protección de la totalidad de los derechos de los ciudadanos, en este caso con el acento puesto en los derechos a la salud y a la integridad física, operarían como límites del ejercicio del derecho de reunión, máxima en un momento en que la incidencia del coronavirus SARS-Cov-2 se encuentra en fase de aumento».

Lo cierto es que Guadalajara no es de las zonas de España con datos más graves en materia de coronavirus. La Consejería de Sanidad acaba de prorrogar por otros 14 días las medidas especiales que ya existían desde el 16 de septiembre en Guadalajara capital para frenar el avance de la pandemia de coronavirus por tener una tasa de incidencia semanal de 384,30 casos/100.000 habitantes. Pero esos datos son, tan sólo, algo más de la mitad de los que refleja en estos momentos Navarra.

Sea como sea, la manifestación ha sido prohibida. Justo después de haber visto los actos vandálicos de Cataluña. Todos ellos con más concentración que 100 personas. El Gobierno, de este modo, vuelve a las andadas. Porque nunca quiso lo que denominó como manifestaciones de «cayetanos». Hay que recordar que el Gobierno siempre aseguró durante la primera oleada del coronavirus que no había dado ninguna instrucción a la Policía para controlar las protestas nacientes en las calles que pedían la dimisión de Pedro Sánchez. Pero lo cierto es que el Plan de Desescalada Covid-19, remitido internamente a la Policía por la Dirección General del Cuerpo y al que tuvo acceso OKDIARIO, sí recogió una orden de presencia extra de dotación policial y una actitud especialmente activa de los policías en las calles en las horas de las caceroladas contra el Gobierno, que se celebraron a las 21:00 horas de cada noche.

La orden pidió un refuerzo extra. Y a todos los agentes se les comunicó igualmente la prohibición expresa de manifestaciones en las calles. Ambas instrucciones unidas implicaban que esos grupos reforzados de agentes no tenían más remedio que actuar frente a cualquier indicio de un posible foco de manifestación. Justo lo que buscaba Sánchez para disuadir de las protestas en las calles.

Cuando el PP baja y no sabe qué hacer
Félix Madero. vozpopuli  6 Octubre 2020

No recuerdo cuándo fue la última vez que coincidí con algo que dijera José María Aznar. Nunca, casi nunca, me gustó lo que decía, pero menos aún la forma en que lo decía. Esa chulería en la que siempre asomaba con naturalidad la soberbia de quien está abonado a la razón y nunca a la duda. Esa manera de reafirmarse en su opinión y de despreciar la de otros. El modo de instalarse en una elación bien ensayada me echaba siempre para atrás. Pero, miren, siempre hay una primera vez. También para coincidir con alguien que ha decidido no callarse a sabiendas de que en este PP de Pablo Casado -me refiero a los que mandan-, sus palabras tienen algún predicamento que en Génova se sigue unas veces por coincidencia, otras por respeto. Aunque como me señala un diputado que se aburre mucho en esta legislatura, todavía hay quien tiembla cuando suena el teléfono y la secretaria anuncia llamada del expresidente.

Aznar votaría no a la moción de Vox
Ahora el expresidente reaparece para decir que, si él fuera un diputado del PP, votaría no a la moción de censura de Vox. Y lo dice, ay, cuando el PP a estas alturas no tiene todavía posición en un asunto como este. Aznar ha visto el hueco, y lo ocupa ante un desesperado y dubitativo Pablo Casado; un buen hombre sobrepasado por un mundo de navajeo, mediocridad y piratas con corbata, moños y rastas.

El joven presidente del PP, que hace lo que puede por decirnos la verdad a los españoles, se ha quedado sin voz ofreciendo alternativas al Gobierno con tal de que Sánchez mire al lado de los constitucionalistas. Se ha rendido. Cómo no rendirse viendo la última maquinación del partido de Sánchez -puro credo bolivariano-, y la manera en que quieren meter la cuchara en el Poder Judicial sin cambiar la Constitución, a base de la mayoría Frankenstein que le hizo presidente. Cómo no rendirse ante la forma en que quieren modificar el Código Penal para que un individuo condenado por sedición salga en libertad. Casado se rinde, como nos rendiríamos usted y yo, porque el contradiós no puede ser mayor. Van a por el Poder Judicial. Van a por la Corona.

Hoy me abstengo, mañana me opongo
Ahora el PP no sabe qué hacer con la moción de Vox, y Aznar le abre el camino. En política, la inacción de quien debe actuar es siempre una invitación a que otros lo hagan y llenen los espacios que tú no quieres o no puedes ocupar. Es lo que suele hacer Aznar. Lo mejor es votar no, afirma.

-Si yo fuera uno de los que se sientan en la bancada del PP, mi voto sería negativo.

Lo dice cuando el PP no sabe, no contesta. Lo más que se nos ha dicho desde Génova es que no la van a apoyar. ¿Y qué más? Estas no pueden ser las maneras de un partido que aspira -o en realidad sueña-, a gobernar. O sea, que igual votan no que se abstienen. ¿Puede el PP permitirse a estar alturas no tener una opinión clara ante el movimiento de Vox? Parece que no. Pero hoy, que la mesa del Congreso tiene previsto analizar la moción de los de Abascal y poner fecha para la misma, casi con toda seguridad en la semana del 20 de octubre, los populares no han marcado el sentido de su voto.

Ni con un escaño más que el PSOE gobernará el PP
Casado cree que el día que saque un escaño más que el PSOE, él, o el que esté al frente del PP, será presidente del Gobierno. Pura candidez. Mientras la fragmentación de la derecha sea la de hoy, las opciones de que Sánchez salga de La Moncloa son improbables. Muy improbables incluso sacando un diputado más que Sánchez. En este país gobernó siempre el partido que tenía más escaños, así hasta que llegó Pedro Sánchez. Y, además, el PP sigue siendo un partido incapaz de tender puentes con otras formaciones. Incluso con el actual Ciudadanos tendría serios problemas para configurar una mayoría.

Está Casado con Vox como lo estuvo Sánchez cuando Podemos salía en las encuestas como una formación capaz de gobernar España, ¿o no se acuerdan de aquellos tiempos? Así no se puede hacer política. Mirar al que te desgasta y quiere ocupar tu espacio te lleva a la parálisis. Todo esfuerzo inútil conduce a la melancolía, y a veces los útiles también.

El PP, un partido inseguro y a la baja
Con Vox en su actual situación, el PP no gobernará. Pero es que, además, si hoy hubiera elecciones, el PP perdería 18 escaños y Vox ganaría 13, según la encuesta que este lunes publicó ABC. ¿Qué sucede para que casi todos los partidos suban o se quedan donde están y los populares bajen de forma estrepitosa? Sucede que el PP transmite lío e inseguridad. No falla. Cuesta encontrar a alguien con fuste que sin micrófonos te hable bien y muestre algo de ilusión. Ni siquiera hay unidad a la hora de defender a la presidenta madrileña Isabel Díaz Ayuso. Van a por ella desde el Gobierno. Y desde su partido, también. Un partido inseguro e instalado en la delicuescencia política no tiene futuro porque así no puede hacer planes. Y por eso, quizá, no sabe qué va a votar dentro de dos semanas cuando se debata la moción de censura. Así, Casado es el ejemplo del político que tal vez pueda tardar, pero no durar al frente del centro derecha. Mientras se lo piensan, Aznar dice, y con razón, que la moción solamente va a servir para dos cosas: la primera, para consolidar el proceso de fragmentación en el centro-derecha en España, y la segunda, para consolidar la coalición existente en el Gobierno.

Sánchez e Iglesias: así se las ponían a Fernando VII
Ya lo he dicho, creo que tiene razón. El PP tiene aún la oportunidad de marcar su territorio. Su voto, ante la embestida de la extrema derecha sólo puede ser el que anima Aznar, y no porque lo diga él, sino porque la mayoría de sus votantes quieren estar seguros a qué partido están votando. No es un movimiento fácil teniendo como tiene Casado a varios presidentes autonómicos con los votos de Vox, pero la política es audacia, riesgo y determinación. Recordamos todos que el problema con Ciudadanos llegó cuando en ese partido no había quien respondiera a la pregunta de para qué servían. Tome nota, Casado, porque la política es mimética y trabaja muchas veces por las reglas que marca la simpatía.

Si el PP sigue hoy martes sin tener opinión de una moción de censura planteada para mayor gloria de la extrema derecha, sus votantes tomarán nota. De todas las opciones, la peor sin duda es la abstención. Con la abstención, el PP se desfigura aún más y, con el permiso de Umbral, se transforma en un ser de lejanías.

Vox se nutre de los votos que se fueron del PP, pero los que saben aseguran que esos votos son prestados. Como lo fueron los que del PSOE se fueron a Podemos. El movimiento de Vox va a fracturar aún más el centro derecha y fortalecerá al Gobierno de Sánchez e Iglesias. Lo triste es que si hubiera elecciones y teniendo el 45% de los votos, Pedro Sánchez volvería a estrenar colchón en la Moncloa. Y sin esforzarse demasiado. Aburre muchísimo preguntarse quién es el culpable de semejante situación. El Gobierno desde luego que no.

Extrema España
Nota del Editor 6 Octubre 2020

Extrema situación la de España. Si defender a España y a los españoles es extrema derecha, todas las personas sensatas deberíamos ser extremadamente extrema derecha. Nos han arrastrado a la senda bolivariana y bolchevique y andan los intoxicadores, traidores, panzistas, atacando a Vox que es lo único que queda para que España y los españoles no desaparezcamos hundidos en la inmundicia de los socialistas, comunistas, filoterroristas, independentistas que paso a paso la estan destruyendo.

Sánchez sabía y consintió: los informes que condenan al Gobierno
EDITORIAL Libertad Digital 6 Octubre 2020

El Departamento de Seguridad Nacional (DSN), órgano dependiente del Gabinete de Presidencia, alertó al Gobierno sobre la gravedad del coronavirus antes hasta en once ocasiones antes del infausto 8 de marzo. De hecho, el seguimiento de la crisis a escala internacional y los problemas que estaban enfrentando países como Francia o Italia obligaron al DSN a crear una pieza separada en los informes diarios remitidos al Ejecutivo social-comunista ya a comienzos de febrero.

A finales de enero, en concreto el día 27, la crisis del coronavirus ya se consideraba la principal amenaza para España. Sin embargo, dos días después tuvo lugar la famosa rueda de prensa del inefable Fernando Simón en la que aseguró que aquí, “como mucho, no habrá más que algún caso diagnosticado”.

El 20 de febrero, el DSN advirtió nuevamente a Sánchez y a sus ministros de que el Fondo Monetario Internacional (FMI) estaba convencido de que el covid-19 era “el riesgo más apremiante para la economía global”. Pocos días después, un nuevo informe del organismo multinacional consignaba que el riesgo de propagación global del coronavirus era “muy alto”.

Finalmente, el 7 de marzo se puso en conocimiento de todos los ministros que la conferencia regional sobre economía azul de la Unión por el Mediterráneo, que iba a celebrarse en Barcelona, había sido cancelada debido a “las instrucciones sobre medidas de precaución y restricciones de viajes de nuestros participantes, y tras consultas efectuadas [a la Unión Europea]".

Así pues, en contra de las mentiras propagadas por Sánchez y sus secuaces, el Gobierno conocía perfectamente el enorme riesgo que suponía autorizar las manifestaciones radicales del 8-M en todo el territorio nacional; pero, en plena operación mediática para dar otra vuelta de tuerca a las leyes de género, Sánchez permitió esa ofensiva callejera izquierdista, aunque con ello se pusiera en riesgo la vida de miles de españoles.

El resultado de las decisiones del socialista Pedro Sánchez y el comunista Pablo Iglesias son más de 50.000 españoles muertos y una caída sin precedentes de la actividad económica y el empleo. Su sectarismo y abrumadora incompetencia han convertido a España en uno de los países que peor ha gestionado la crisis pandémica, con un coste económico y en vidas humanas que aún está muy lejos de sustanciarse.

No lo dice la oposición. Lo reflejan unos informes oficiales elaborados en el propio Palacio de la Moncloa que, si no estuviera en manos de una lacaya del infame Sánchez, la Fiscalía habría reclamado ya para abrir el correspondiente proceso judicial.

El Gobierno se quita la careta y avala el señalamiento de periodistas
OKDIARIO 6 Octubre 2020

Pablo Iglesias, vicepresidente segundo del Gobierno de España, llamó «tipejo» al director de OKDIARIO, Eduardo Inda, y «gentuza» a los periodistas de este periódico digital, así como a los de «El Mundo» y «El Confidencial» que investigan los casos de presunta corrupción en Podemos. Pues bien, para el Gobierno esos insultos son «libertad de expresión» y «crítica», lo que significa que avala los ataques de Iglesias a los medios de comunicación. No es que nos sorprenda la respuesta del Gobierno a la pregunta del PP sobre si compartía las declaraciones del dirigente podemita. En absoluto. Nos la temíamos. Es la constatación de que el Ejecutivo socialcomunista de Pedro Sánchez hace suya la estrategia de acoso a la prensa de Pablo Iglesias y comparte sus métodos de estigmatización de todos aquellos periódicos y periodistas que osen denunciar los casos de supuesta corrupción en las filas moradas y, cabe suponer por extensión, que también en las filas socialistas.

No por previsible dejamos de estar ante un salto cualitativo notable: ya no es Pablo Iglesias, sino el Gobierno en su conjunto quién considera que el insulto y el señalamiento de periodistas forma parte de la libertad de expresión. El problema es que se empieza señalando a los periodistas y se termina cercenando su derecho a informar, que es lo que ocurre allí donde los gobiernos de turnos manejan el concepto de libertad de expresión como lo hace el Ejecutivo de Pedro Sánchez.

Por esa regla de tres, cabe suponer que también avala los insultos a los jueces y a los miembros de todas aquellos instituciones que se atrevan a cuestionar o investigar la actuación del Gobierno y de los partidos que lo componen. Lo que viene a sustentar el Ejecutivo es su derecho a insultar y descalificar a todo poder del Estado que no se someta a su voluntad y designios. Puro totalitarismo revestido del mantra de la libertad de expresión. El socialcomunismo se ha quitado definitivamente la careta.

FRANCIA
¿El futuro de Francia será árabe?
Redacción gaceta.es 6 Octubre 2020

La Europa del futuro será radicalmente distinta de la que es hoy desde un punto de vista étnico: no es una cuestión de si, es una cuestión de cuando. Mientras las poblaciones autóctonas han entrado en un invierno demográfico del que no se ve el final —también porque no se han formulado políticas de éxito—, la elevada propensión a la natalidad de minorías concretas está redibujando, silenciosamente, el panorama de los distintos contextos nacionales.

Es el caso de Centroeuropea y de una parte consistente de los Balcanes, cuya lengua del futuro será, con mucha probabilidad, el romaní. Y en el caso también de Francia, donde la lengua del mañana podría ser el árabe.

Los datos de una revolución silenciosa
No se puede contar esta historia sin hacer, antes una premisa: comprender la composición étnica real de Francia es imposible porque, a día de hoy, las autoridades no recogen este tipo de datos sobre la población. Sin embargo, en años recientes, diversos centros de investigación y universidades empezaron a investigar sobre la cuestión, en el intento de hacer una reconstrucción aproximada, pero verosímil, del panorama general.

El modo más sencillo al que han recurrido los investigadores, que es también el más inteligente y seguro, es el análisis de los nombres de los recién nacidos. Y es precisamente a través de este método que el Instituto nacional de estadística y estudios económicos (Insee) ha certificado que en 2019 se ha dado un nombre árabe al 21.53% de los recién nacidos. En otros términos: cada cinco nacimientos, uno es árabe y/o musulmán.

Esta situación abarca todo el territorio nacional pero varía, y mucho, de región a región. Existen zonas, de hecho, en la que la (des)proporción de los recién nacidos escritos a contextos musulmanes es especialmente elevada en el total de la población: es el caso del departamento de Sena y Marne, donde se ha dado un nombre árabe al 54% de los nacidos en 2019. Se pueden encontrar números similares, es decir, por encima de la media, también en los departamentos de Loira, Vaucluse, Rodano, Hérault, Alpes marítimos, Bocas del Ródano y Gard.

Estos números tienen un aspecto más significativo si se considera que en 1969 los recién nacidos con nombre árabe representaban solo el 2,6% del total. En el arco de cuarenta años exactos, ese 2% ha pasado a ser un 21%: una verdadera revolución demográfica, que ha tenido lugar en el más absoluto silencio, y que está empezando a recibir atención solo hoy a causa del fracaso del modelo de integración francés, evidente por la difusión de los llamados territorios perdidos, el yihadismo y la pesadilla del denominado separatismo islamista.

Números elevados, pero infravalorados
Los porcentajes del Insee, aunque útiles, podría subestimar el alcance del fenómeno. Según Fdesouche, que ha analizado con detalle los gráficos realizados por el instituto para el año 2019, los hijos de familias musulmanas podrían ser muchos más, quizás un cuarto del total. El Insee, según los análisis de Fdesouche, se equivocaría al basar el recuento en consideración solo de los nombres de origen árabe, porque en muchas familias musulmanas hay tendencia a elegir nombres «exóticos», es decir, étnicos.

Fdesouche, para confirmar su hipótesis, ha sondeado la realidad de los nombres exóticos y ha concluidos que, en el periodo de referencia en cuestión, los nacidos de familias musulmanas no sería el 21.53% sino, verosímilmente, el 25%. El mismo ente también ha observado que se trata de un porcentaje que crece anualmente. Respecto a 2017, por ejemplo, el aumento ha sido del 0.4%.

¿Cuántos son los musulmanes en Francia?
Aun en ausencia de cifras oficiales, los estudios independientes llevados a cabo por universidades, centros de investigación y organismos estadísticos, concuerdan unánimemente en afirmar un punto esencial: Francia es la casa de la comunidad más amplia del Viejo Continente. Según un estudio que hace referencia al año 2016 del prestigioso Pew Research Center, se trataría de una realidad formada por 5 millones y 720 mil individuos, es decir, el 8.8% de la población total.

Este récord no se explica solo haciendo referencia a la elevada natalidad de quienes llegaron al país en la segunda posguerra, huyendo de las excolonias, sino que es obligatorio tener en consideración otros dos factores: las olas de inmigración de los años recientes y la política de asilo muy flexible del Eliseo.

El año pasado, con datos en la mano, el Ministerio del Interior emitió 276 576 permisos de residencia y recibió 132 700 peticiones de asilo —en ambos casos se trata de personas procedentes en gran parte de países de mayoría musulmana—, y habría que tener en cuenta las decenas de personas que llegan de los mismos contextos y que pasan diariamente, de forma ilegal, las fronteras francesas.

En los próximos decenios, a menos que se invierta la tendencia de manera radical e imprevisible, la elevada inmigración y las fuertes diferencias entre el índice de natalidad de los autóctonos, parado a 1.4 hijos por mujer, y el de los residentes de fe musulmana, verosímilmente comprendido entre 3.4 y 4 hijos por mujer, podrían llevar a un cambio de paradigma étnico (y religioso) en el país. Según un análisis de este escenario llevado a cabo por el economista Charles Gave, adelantamiento podría suceder alrededor de 2060.

Un futuro distópico
Todo parece indicar que esta revolución etnorreligiosa no sucederá de forma pacífica:de la guerra silenciosa contra el cristianismo, con la desaparición de cruces, iglesias y catedrales, hasta el fenómeno más palpable del terrorismo islamista, que el 25 de septiembre ha causado nuevas víctimas en París, Francia es una polvorera que, lentamente, ya está explotando.

Desde hace varios años, Francia es el país más golpeado por el terrorismo islamista que azota el Viejo Continente. En París, pero también en Niza, se han llevado a cabo algunos de los atentados más sangrientos de la reciente historia europea, con el fondo de las revueltas urbanas periódicas en los «barrios difíciles», en las periferias de mayoría afroárabe y, de la caja de Pandora, ya abierta, de la peligrosa infiltración yihadista en los cimientos de la República: fuerzas del orden y ejército.

Este escenario lo oscurece aún más las recientes declaraciones de Emmanuel Macron, que desde hace unos meses ha empezado a denunciar la existencia del llamado separatismo islamista, un fenómeno que corre el riesgo de minar la unidad y la integridad territorial de la nación por vía de la proliferación de Estados paralelos.

Estos Estados paralelos, conocidos popularmente como los «territorios perdidos», según lo que averiguó la Direction générale de la Sécurité intérieure (Dirección general de la Seguridad Interior; Dgsi), serían hoy en día 150. Se trata, en sustancia, de barrios, prevalentemente periféricos y barrios-dormitorio, que están fuera del control de las instituciones y que están comandados por redes vinculadas, de manera más o menos formal, al yihadismo y el islam radical. Son los barrios en los que la sharia ha sustituido a las leyes civiles de la República y en los que la carencia de perspectivas de movilidad social e integración ha creado bombas de relojería que explotan periódicamente, dejando muertos y heridos.

La gran mayoría de los casi dos mil franceses enrolados en las filas del Estado islámico desde el inicio de la guerra civil siria a hoy procede de estos territorios perdidos. Dos mil, una cifra enorme, que hace que Francia sea el país, junto a Bélgica, Gran Bretaña y Alemania, más golpeado por la radicalización; sin embargo, representa solo la punta del iceberg, porque bajo la vigilancia de las autoridades hay otras quince mil personas radicalizadas, terroristas verificados o supuestos e imanes extremistas.

Este ejército invisible, cuyos soldados salen periódicamente de la sombra para realizar atentados, como el del 25 de septiembre, está difundido sobre todo el territorio nacional que, en conjunto, tiene unas 750 zonas de riesgo, sensibles y vulnerables a la proliferación del fundamentalismo islámico porque se caracterizan por altos índices de criminalidad, paro y otros indicadores de degrado social.

Esta dramática situación concierne a una Francia en la que los musulmanes representan, hoy, menos del 10% de la población; se puede intuir que, si los que toman las decisiones a nivel político no encuentran una solución al dilema de la integración, en los próximos años el país podría hundirse en un escenario de Nueva Edad Media, dominado por la anarquía, guerras civiles moleculares y desorden crónico.

Publicado por Emanuel Pietrobon en InsideOver.
Traducido por Verbum Caro para La Gaceta

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Revés al separatismo doctrinario
Editorial ABC 6 Octubre 2020

La sentencia de un juzgado de Barcelona por la que se condena a la Universidad de la Ciudad Condal por vulnerar la neutralidad ideológica, y por sojuzgar la libertad de cátedra del profesorado no independentista y los derechos de los alumnos, es ejemplar. De hecho, da en la diana de un grave problema, como es el de la férrea utilización de la endogamia universitaria al servicio de la causa separatista, y la extensión de esta opresión al constitucionalismo en otras autonomías españolas como el País Vasco, Baleares o Navarra. Unos días después de la sentencia del Tribunal Supremo por la que condenó a los líderes secesionistas por sedición, siete universidades catalanas firmaron un manifiesto conjunto en el que reivindicaban la libertad de los presos y atacaban a los jueces por su supuesta falta de imparcialidad. En aquel documento, los claustros de los centros universitarios públicos atentaron de forma abusiva contra el derecho a la libertad ideológica, de expresión y de educación. Sencillamente, hay una apropiación indebida de la Universidad para reprimir el pensamiento crítico de cualquier profesor y de cualquier colectivo de alumnos contrario a la causa victimista del separatismo. Más aún, siempre se aprovecharon de la impunidad que les concede la Generalitat, pero también de la alarmante indolencia en la que incurre desde hace años la alta inspección educativa. A fin de cuentas, esta sentencia viene a sacar los colores al Gobierno de Pedro Sánchez, y a otros ejecutivos anteriores, por haber hecho la vista gorda en este abrasivo proceso de coacción dogmática al disidente.

El fallo judicial, muy duro con lo ocurrido, refleja el autoritarismo con el que actúan los rectores catalanes afines al separatismo más doctrinario, su inclinación hacia el pensamiento único y el veto a quien no se someta a su dictadura académica. Por suerte, de vez en cuando quedan retratados por los tribunales, aunque esta condena se limite solo a publicar la sentencia en la página web oficial de la Universidad durante un mes. Nadie dimite, nadie es destituido y nadie asume responsabilidades. Pero en definitiva, quedan los rectores al desnudo, porque no solo nunca fueron los garantes de las libertades, sino que imponen un sometimiento emocional y un clima de crispación sistémico en las aulas. Su estrategia ya se está copiando en otras universidades públicas y en centros educativos de cualquier edad controlados por el soberanismo: primero se silencia al discrepante; después se le estigmatiza como un fascista; más adelante se le intenta anular académicamente, y finalmente, si persiste, se le destruye socialmente a base de campañas de descrédito. Estos claustros del separatismo sostenían que la condena al golpismo catalán suponía la «criminalización de la disidencia» por parte de un Estado represivo. Ahora ya es una verdad judicial que quienes criminalizaban la libertad y la pluralidad eran ellos.
 


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