AGLI Recortes de Prensa   Martes 13  Octubre  2020

Desventuras colectivas y propaganda triunfalista
Amando de Miguel Libertad Digital 13 Octubre 2020

El triunfalismo es la exaltación desproporcionada y altisonante de ciertos hechos históricos o determinadas posiciones políticas. El Gobierno de turno recurre a tal expediente en las guerras. Cada uno de los dos bandos tiende a exagerar sus victorias y a minimizar sus derrotas. Se trata de una pueril forma de propaganda; se supone que anima a los respectivos ejércitos.

No hace falta llegar al extremo de la crónica bélica. En el acontecer político diario, el Gobierno español actual y sus terminales dizque mediáticas tienden al recurso triunfalista, precisamente, para ocultar las miserias reales y destacar los hipotéticos triunfos. Un ejemplo paladino lo tenemos estos días en nuestro país. Es el momento en el que se inicia la mayor hecatombe económica de nuestra historia contemporánea, como consecuencia, en parte, de la epidemia china. Como el Gobierno no sabe cómo atajar esos dos desastres oceánicos, recurre a la salida triunfalista.

Hace ya algunos meses, el jefe del Gobierno proclamó que el virus había sido derrotado y comenzaba la “nueva normalidad”. Ahora, con la epidemia rampante y los ominosos signos de la coyuntura económica, el Gobierno hace saber que “la economía española ha iniciado la recuperación de la crisis”. Una declaración tan triunfalista choca con la experiencia de la masa informe de las personas sin trabajo, cuyo número crece por días. Está a punto de llegar a la cifra de parados más alta de nuestra historia contemporánea. No es solución que los desempleados reciban la etiqueta de ertes. Habría que decir inertes.

Con una atenta mirada histórica, cabe un cierto consuelo. Las comparaciones son siempre beneficiosas. Resulta que, en la España contemporánea, siempre que se emprende un nuevo régimen político democratizante, se manifiesta una grave crisis económica. Por ejemplo, la crisis agraria, que lastra la Restauración; la depresión financiera, que afecta a la República; la crisis del petróleo, que acompaña a la Transición. La constancia que digo es una verdadera maldición. Aunque quizá sea el anuncio de un nuevo régimen democrático, más esperanzador o con más ilusiones.

Lo nuevo, ahora, es que el orto de la hecatombe económica se viste del triunfalismo más desbordante. El Gobierno lanza, a bombo y platillo, un “plan de recuperación, transformación y resiliencia de la economía española”. De momento se traduce en una orgía retórica. Entresaco algunos términos del dichoso plan: Desafíos, economía azul, agenda urbana, desarrollo sostenible, digitalización, energías renovables, resiliencia del ecosistema, igualdad de género, transición inclusiva, entre otras macanas. Lo único que se entiende, de un texto tan abstruso, es que el Gobierno se propone “crear 800.000 puestos de trabajo”. Hombre, la propuesta ya la hizo Felipe González en su día; constituyó un rotundo fracaso. Los sufridos contribuyentes esperamos, ahora, un poco más de originalidad. Los ignaros gobernantes no aprenden que los puestos de trabajo los crea la sociedad bien dispuesta y organizada, no el Gobierno, ni siquiera los empresarios (como dicen ellos mismos, pro domo sua).

Aquí, la verdadera resiliencia es la del Gobierno actual. El palabro indica una propiedad física, por la que algunos cuerpos vuelven a su prístino estado, después de una deformación. Pues bien, el Gobierno de los doctores Sánchez e Iglesias es de lo más resiliente que se ha visto por estas latitudes.

A Iglesias no le llega la camisa al cuello
OKDIARIO 13 Octubre 2020

El solemne, aunque austero, acto del 12 de octubre en el Palacio Real sirvió para comprobar que Pablo Iglesias tiene que hacer su numerito allá donde va -la mascarilla en apoyo a la sanidad pública y a la República- y que cuando el otro día garantizaba que el Tribunal Supremo no ejecutará contra él el suplicatorio para investigarle por los delitos de revelación de secretos, delitos informáticos y denuncia falsa en relación con el caso Dina-Iglesias, no estaba diciendo la verdad. Para estar tan seguro de que el Supremo no le investigará, su conversación de varios minutos, a solas, con el presidente del CGPJ y del Tribunal Supremo, Carlos Lesmes, revela que el vicepresidente segundo del Gobierno no lo tiene tan claro, ni muchísimo menos.

El líder de Podemos y el máximo responsable del Poder Judicial dialogaron durante tres minutos con rostro serio. Casualmente, Iglesias fue el único miembro del Gobierno que, más allá del saludo protocolario, se paró a conversar con Lesmes. Después de que el secretario general de Podemos criticara abiertamente al Rey por romper la «neutralidad» tras conocerse que le había hecho llegar al presidente del Supremo su deseo de estar en Barcelona en la entrega de despachos a la nueva promoción de jueces -no pudo estar porque se lo prohibió el Gobierno socialcomunista-, el encuentro de Iglesias con Lesmes adquiere una dimensión distinta una vez que el juez García-Castellón elevó al Supremo la exposición razonada para que investigue al vicepresidente segundo.

Cabe recordar que Iglesias no contempla «ni como mera hipótesis» que pueda ser imputado. Que el lector saque sus propias conclusiones, pero su breve encuentro con Lesmes revela que el líder de Podemos está preocupado por su horizonte penal. No es para menos: el juez García-Castellón cree que Iglesias llevó a cabo una «consciente y planificada actuación falsaria» por su personación en la causa como perjudicado «fingiendo ante la opinión pública y ante su electorado haber sido víctima de un hecho que sabía inexistente, pocas semanas antes de unas elecciones generales».

Esos tres minutos a solas con el presidente del Supremo demuestran que a Pablo Iglesias no le llega la camisa al cuello.

Economía
España, ejemplo de corruptelas en la obra pública para el FMI
Roberto L. Vargas larazon 13 Octubre 2020

Hace unas semanas, la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AIReF) publicó el «Spending Review» sobre infraestructuras del transporte en España y sus conclusiones no pueden ser más demoledoras desde el punto de vista de la planificación. Aunque reconoce el esfuerzo inversor que ha hecho el país en los últimos 35 años, también advierte de que no existe un marco regulatorio que ordene la redacción de los planes de infraestructuras del transporte. Considera que la planificación se ha hecho sin priorización de actuaciones y sin vincular los planes al proceso presupuestario y la coyuntura económica. Además, asegura que todos los Gobiernos han infravalorado los costes y sobreestimado la demanda.

A esta larga lista de deficiencias detectadas por la AIReF, el Fondo Monetario Internacional (FMI) ha sumado recientemente otra más: el halo de corrupción que rodea los procesos de adjudicación de los proyectos en España. En un informe titulado «Bien gastado: cómo una sólida gobernanza de la infraestructura puede acabar con el desperdicio en la inversión pública», la institución asegura que, en el caso de España, «las inversiones mal programadas por los gobiernos entre 1995 y 2006 se han visto acompañadas de una falta de transparencia durante la licitación». Según la organización, «casos recientes revelan que manipulaciones en las licitaciones, reglas de puntuación sesgadas en la asignación de contratos y, especialmente, renegociaciones posteriores facilitaron negocios corruptos».

A pesar de este duro diagnóstico, el FMI también admite que en los últimos años se han hecho esfuerzos para tratar de frenar estas manipulaciones en las licitaciones y pone como ejemplo la multa de 118 millones de euros que la Comisión Nacional de los Mercados y de la Competencia (CNMC) impuso el año pasado a 15 compañías por repartirse de manera ilícita los concursos públicos convocados por Adif relacionados con infraestructuras ferroviarias (sistemas de electrificación y electromecánica) para las líneas de tren convencional y alta velocidad. Además, destaca el hecho de que la CNMC activase el mecanismo para que el Gobierno no contratase con las citadas compañías.

Ejemplo de caldo de cultivo para negocios turbios, España también lo es para el FMI de otros dos males en la planificación de infraestructuras: de exceso de optimismo en la previsión de demanda –problema también detectado por la AIReF– y de imprevisión ante los efectos adversos que una mala coyuntura macroeconómica puede tener sobre infraestructuras poco meditadas. Para ilustrar proyectos donde las previsiones de usuarios se inflaron, el Fondo pone como ejemplo la autopista de peaje AP-41 (Madrid-Toledo), por la que, según destaca, sólo circulan el 10% de los vehículos previstos cuando se proyectó. También saca a colación el aeropuerto de Ciudad Real, cerrado al poco de su inauguración para dar servicio a vuelos comerciales y que ahora tiene una segunda vida más exitosa como aeropuerto industrial dedicado sobre todo al mantenimiento de aeronaves.

El FMI pone como ejemplo de infraestructuras golpeadas por una mala coyuntura económica a las autopistas radiales construidas mayoritariamente en las inmediaciones de Madrid y cuya titularidad ha revertido ahora al Estado, que deberá indemnizar a sus concesionarias por resolver de forma unilateral sus contratos antes de tiempo. Estas vías, como recuerda el FMI, no lograron ser rentables no sólo porque no alcanzaron los niveles de tráfico proyectados sino porque, además, tuvieron que enfrentarse a unos sobrecostes muy elevados por la expropiación de los terrenos donde se construyeron.

De media, el Fondo asegura que un tercio de los recursos que se emplean para construir y mantener infraestructuras se pierden por ineficiencias. Estas ineficiencias, asegura, están muy ligadas a una pobre gobernanza de las mismas. Según sus estimaciones, una mejor planificación y gobierno de estos proyectos podría recortar a la mitad este dinero perdido en ineficiencias.

12-O: Gobierno felón y chabacano
EDITORIAL Libertad Digital 13 Octubre 2020

La celebración de la Fiesta Nacional estuvo caracterizada este año por circunstancias funestas que impidieron la participación entusiasta de la ciudadanía. El impacto de la pandemia del coronavirus, que ha arrebatado la vida a más de 50.000 españoles, y el confinamiento abusivo de la Comunidad de Madrid impuesto por el Gobierno social-comunista de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias redujeron el programa a su mínima expresión institucional.

Este 12 de Octubre no solo ha sido aciago por la mortífera pandemia, tan penosamente gestionada por los incompetentes que se arraciman en torno a Sánchez e Iglesias, también por la campaña en curso contra la Corona, orquestada, precisamente, por el Gobierno social-comunista.

Los socios chavistas de Sánchez no se esconden en su labor de zapa contra el Estado de derecho, como demuestran sus constantes ataques a la Justicia, uno de sus pilares fundamentales. Pero es la Corona, símbolo de la unidad y permanencia de la Nación, la que está siendo objeto de las mayores amenazas y ofensas, escarnio intolerable que debería avergonzar a todos los socialistas que todavía respeten a su país.

Este lunes no había más que reparar en la indumentaria ridícula de Iglesias y su pareja, la ministra de la Igualdad orwelliana, para sentir una profunda indignación y vergüenza ajena: España no se merece tener mamarrachos de semejante ralea en el Consejo de Ministros.

Iglesias, su pareja y el resto de la banda liberticida empotrada en el Gobierno no solo no respetan los símbolos que representan a España como nación soberana de ciudadanos libres e iguales, sino que tienen como principal objetivo deslegitimar las instituciones para dar el golpe definitivo a la democracia liberal, de la que viven magníficamente pero a la que detestan cordialmente.

Vivir bajo un Gobierno sin escrúpulos entregado a grupos que tienen como eje vertebrador de su acción política la destrucción de España es la penosa realidad que enfrenta la ciudadanía: Este lunes se pudo a ver de nuevo con estremecedora claridad.

Madrid será la tumba del sanchismo
Jorge Vilches. vozpopuli  13 Octubre 2020

No hace falta tener un doctorado en Sociología por Oxford para darse cuenta de la animadversión que causa Pedro Sánchez en Madrid. Esto ocurre a pesar del dominio gubernamental de los grandes medios de comunicación y de la constante campaña de imagen presidencialista a lo Obama. Algo está haciendo mal Moncloa cuando los madrileños no ven a Sánchez como su protector o benefactor, sino como un déspota frío.

Veinticinco años, los del gobierno del PP en la Comunidad de Madrid, no pasan en balde, ni porque sí. Los madrileños reflejan bien la esencia del liberalismo político, que no es otra cosa que desconfiar de los gobiernos. Un Ejecutivo puede estar para garantizar la libertad y dejar a la gente vivir en paz, como defiende la derecha madrileña, o para hacer experimentos de ingeniería social con prohibiciones y limitaciones, como sostiene la izquierda.

La posibilidad de llevar a cabo una de estas dos vías depende de la confianza que genere en la ciudadanía. El secreto está en que la gente vea el mando tal y como lo definía Julien Freund, como la generación de obediencia a través de la transmisión de la vocación de servicio público; es decir, que se está en el poder para servir, no para beneficiarse a costa de todos. Cuando se es incapaz de comunicar dicho interés, sino que, por ejemplo, se toman medidas sanitarias en la región de Madrid solo por motivos políticos, no se genera confianza, sino rechazo.

A los madrileños les quedó claro que Sánchez aplicaba el estado de alarma en la Comunidad para ahogar al Gobierno autonómico, no para salvar vidas. Las cifras de descenso de contagios, ingresos UCI y hospitalizados estaban bajando, y, al tiempo, la comparativa con otras regiones, como Navarra, dejaba al descubierto la maniobra sanchista. Dio igual, incluso con una sentencia del TSJM de por medio, porque el presidente tenía que mostrar su auctoritas por encima de la ley, el Estado de derecho y el sentido común.

Eslóganes socialistas
En consecuencia, es imposible que el Gobierno de Sánchez genere confianza en Madrid porque es un político que se caracteriza por ufanarse de mentir, recortar la libertad y ejercer el mando en beneficio propio, no general. Eso es el sanchismo, un proyecto personal envuelto en eslóganes socialistas y con estilo populista. Es el paroxismo del culto al líder, del enaltecimiento de la soberbia como cualidad política, de la propaganda como guía de la acción gubernamental, del pacto con quien sea a cualquier precio con tal de mantenerse en el poder.

El PSOE no existe más que para servir a Sánchez. No en vano purgó el partido y cambió el sistema de primarias para ponerlo a su servicio. El “No es esto, no es esto” orteguiano se oye a los viejos dirigentes socialistas, a los que ahora la izquierda tacha de 'fachas'. Ese mismo modelo de acomodación a su interés personal lo ha trasladado Sánchez al Estado: un instrumento para cumplir su voluntad. De ahí la deriva autoritaria que estamos sufriendo.

La declaración de estado de alarma en Madrid ha sido una demostración de soberbia gubernamental y de despotismo, propia de un régimen autoritario. Lo que caracteriza a una democracia, mal que le pese a la izquierda, es que la política resulta ser la resolución del conflicto a través del acuerdo, no la creación de problemas para levantar trincheras. La democracia no es el uso de una mayoría circunstancial y exigua para dictar normas trascendentales contra el parecer del resto de partidos e instituciones, incluso de los jueces.

El sanchismo ha consistido en podemizar el PSOE, convertir al viejo partido socialista en una máquina populista centrada en romper el eje del consenso político de la Transición para asentar el caudillismo de su líder. Esto pasa por la incoherencia en la política y el discurso, la mentira y la traición, y, por supuesto, la polarización de la sociedad. Es lo peor que se puede hacer en una crisis de la envergadura de la actual: no proteger y crear desconfianza.

Progreso y libertad
El madrileño está acostumbrado a la libertad, lo que no significa que desprecie la seguridad de un gobierno benefactor, sino que prefiere tener a la administración lejos y solo cuando la necesita. Esto no lo acaba de entender la izquierda madrileña, atenta a un modelo político que no encaja con las costumbres en la región. La moralina izquierdista, obsesionada por corregir comportamientos y pensamientos, en un teatro de ruido y furia, poco tiene que ver con la libertad y el progreso.

En Madrid no hay regionalismo. Contaba Gordon S. Wood en La revolución norteamericana que lo que unía a los colonos en 1776 era una especie de 'republicanismo de granjero'; es decir, la defensa de su propiedad, su libertad y destino frente a la arbitrariedad de un Gobierno. Por eso no convertían ni entonces ni ahora el 'bien general' en sinónimo de 'lo público'. Eso mismo pasa en Madrid. Un Ejecutivo tiene que atender ese punto de vista de “granjero”, y dejarse de planes quinquenales.

Por eso la resistencia es un valor en Madrid, porque se tiene al Gobierno socialcomunista como un Ejecutivo invasivo y arbitrario, despótico y totalitario, que busca arrinconar y deslegitimar a los que no son de su cuerda. El derecho a la resistencia es el último recurso frente a un poder que vulnera la ley y su espíritu. Y de eso en Madrid algo se sabe.

España, ¿un estado fallido?
Alejandro Tercero cronicaglobal 13 Octubre 2020

Varios artículos difundidos en medios internacionales en las últimas semanas alertan de la grave crisis política que sufre España y advierten de que esa inestabilidad dificultará considerablemente la lucha contra el coronavirus y lastrará la recuperación económica.

Entre ellos, destacan los textos de Friedrich Leopold Sell (alemán, catedrático de economía en la Universidad Bundeswehr de Munich) --¿Es España un estado fallido, y cómo debería tratar la UE a este miembro?, publicado en el diario suizo Neue Zürcher Zeitung-- y Benoît Pellistrandi (francés, profesor del Liceo Condorcet y miembro de la Real Academia de la Historia) --¿España fracasada?, publicado en la web del centro de estudios Telos--.

En ambos casos, los analistas hacen una radiografía de la situación global de país, poniendo el acento en la tensión generada por las peleas partidistas con la excusa de cómo afrontar la pandemia; los escándalos que azotan al rey Juan Carlos; los casos de corrupción que salpican al PP; la fragilidad de la coalición gubernamental PSOE-Podemos y la falta de unos presupuestos actualizados.

Los articulistas hablan de “crisis constitucional”, de que España “no está lejos” de ser un estado fallido, de “crisis sistémica”, e incluso de una supuesta “descomposición política del país”.

No me parece que ninguno de los elementos anteriormente citados sean suficientemente preocupantes como para llegar a las dramáticas conclusiones de Sell y Pellistrandi. Sin embargo, hay otros aspectos recogidos por estos analistas que deberían encender la luz de alarma de los partidos constitucionalistas.

Así, el economista alemán advierte de que “el Gobierno de Cataluña, que en el mejor de los casos representa a una minúscula mayoría de la población, sigue un curso irreconciliable de secesión del centro de España”.

Y añade: “Esto se lo facilita el presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez, porque se ha expuesto al chantaje en el Parlamento por la necesaria tolerancia parlamentaria del partido de izquierda catalán ERC”.

Por su parte, el historiador francés se sorprende de la descoordinación entre CCAA: “Más grave fue la demostración de la incapacidad del sistema para organizar la solidaridad interterritorial. ¡Solo dos pacientes fueron trasladados del hospital de una comunidad a otra! Nada comparable a lo ocurrido en Francia en marzo y abril”.

E insiste en que “el conflicto adquiere proporciones preocupantes al revelar que el Estado central tiene pocas palancas de acción sobre las comunidades autónomas y por tanto crea una competencia de poderes basada únicamente en la lucha partidista”.

Pellistrandi, además, alerta de que “los separatistas catalanes, que siguen siendo la clave última de la estabilidad parlamentaria de la coalición entre el PSOE y Unidas Podemos, están subiendo las apuestas a medida que se discute el proyecto de presupuesto 2021”. Y subraya que “su demanda no es fiscal ni económica” sino “política”, pues “se trata de obtener del Gobierno español nuevas concesiones ante el conflicto catalán”.

El profesor apunta que, en este escenario, los independentistas “obtuvieron una primera victoria simbólica” con el veto a la presencia del Rey en Barcelona con motivo de los nombramientos de los nuevos jueces. “Los nacionalistas catalanes quieren expulsar al Rey de Cataluña. El presidente Sánchez parece estar de acuerdo”, avisa.

Cada vez son más los observadores extranjeros que constatan la inestabilidad, ineficiencia y fragilidad de la estructura institucional y política en España. Y muchos de ellos coinciden en el diagnóstico: una excesiva descentralización, unas asimetrías territoriales ineficaces y una dependencia parlamentaria de los partidos nacionalistas que causan disfuncionalidades.

La pandemia del coronavirus ha ayudado a evidenciar --aún más-- esa realidad insoslayable. Tal vez ha llegado la hora de corregirla, antes de convertirnos en un verdadero estado fallido o ingobernable.

De Tsipras a Sánchez: de lo que "no puede pasar aquí" a nuestra mejor opción
Domingo Soriano Libertad Digital 11 Octubre 2020

España corre el riesgo de entrar en una dinámica a la griega: cero reformas, erosión de las instituciones y confiarlo todo a las ayudas europeas.

"A cojón visto, macho seguro". O ese otro, un poco menos gráfico: "El lunes, la quiniela es muy fácil".

Todos somos excelentes pronosticando lo que ya ha ocurrido. Destripando sus causas, orígenes, desarrollo y culpables. Ése yo ya lo dije del que nunca existe testimonio previo

En Grecia por ejemplo, en el verano de 2015. Tras el referéndum y aquel interminable fin de semana del 10-13 de julio en Bruselas. Todos sabíamos entonces lo que había pasado, cómo había empezado y por qué.

El arranque es una crisis económica. Muchos años antes, a comienzos de los 90, que golpea un país que ya arrastraba unos enormes problemas y desequilibrios.

Una crisis con una salida más política que económica. Y siempre mirando a Bruselas: reformas, las justas; y petición de ayuda de nuestros socios, porque en aquellos años era necesario afrontar la expansión de la UE y la llegada del euro.

Quizás el país no estaba preparado para aquello. Quizás habría que haber sido más estricto en el cumplimiento de las normas. Quizás habría que haber controlado unas estadísticas que hacían dudar a muchos expertos. Pero en aquel momento, quién se iba a preocupar de eso. Hablamos de finales de los 90 y comienzos del año 2000. La apuesta por la moneda única era un paso decisivo en el camino de la UE. Y si había que poner dinero (o tipos bajos o la solvencia de Alemania como respaldo) se hacía.

Y se hizo. Las reformas, al cajón; el dinero o el crédito fácil, al presupuesto; los desequilibrios, en el mismo sitio que diez años antes.

El problema es que el largo plazo en algún momento se convierte en corto: y llega la crisis financiera de 2008 y luego la crisis de deuda soberana de 2010-12. Y la porquería acumulada debajo de la alfombra hay que limpiarla el día de la mudanza. Lo que podría haberse solucionado poco a poco, ahora es una cochambre y no hay por dónde empezar. En ese momento, sólo quedan las soluciones de trazo grueso y las medidas contundentes: rescate, hombres de negro y recortes de los de verdad. Evitar que la gangrena se expanda a otros lugares, aunque haya que amputar el miembro enfermo.

¿El resultado para los que entran en esa dinámica? En el mejor de los casos, Grecia 2015: una década perdida y, si hay alguien capaz de hacerse responsable del desaguisado, una reconstrucción que durará años y será durísima. En el peor de los casos, Argentina 2001.

Pero España no es Grecia:
Nosotros no tenemos desequilibrios acumulados desde hace 30-40 años ni hemos ido retrasando las reformas según nos llegaba el dinero o el crédito desde Bruselas. O, lo que es casi peor: revirtiendo, en cuanto las cosas han mejorado algo, lo poco que habíamos hecho cuando estábamos con el agua al cuello.

Nosotros no hemos mentido sobre las cuentas públicas o nuestros compromisos de déficit.

Nosotros no hemos comprometido el buen nombre de las instituciones (económicas, judiciales, técnicas...) con cargos políticos y presiones del Ejecutivo para que sus informes se acomoden a sus exigencias. Ni nombramos para dirigir a las grandes empresas públicas a los amigos de los ministros. Ni repartimos el dinero a las regiones en función de las necesidades parlamentarias del Gobierno de turno.

Nosotros no tenemos un pasado de derroche de decenas de miles de millones de euros en proyectos faraónicos (en obras públicas, en renovables...), sin ningún impacto en el crecimiento a largo plazo pero mucho impacto en las próximas elecciones.

Con nosotros, la UE no está dispuesta a lo que sea, incluso a tirar el dinero durante un tiempo, si con eso se gana 3-4 años de tranquilidad, de apariencia de normalidad, de aquí no ha pasado nada y nos podemos hacer fotos de familia tras cada cumbre, sonriendo y hablando del futuro del proyecto europeo [otro día tenemos que hablar de cuánta culpa tiene en todo esto la irresponsabilidad de los políticos responsables y de esas instituciones tan serias que nadie se toma en serio]

Los políticos españoles no han intentado (y conseguido) que la condicionalidad de ese paquete de rescate sea, cuando menos, poco exigente. Y tampoco parece que lo que quieren es sacar todo el dinero que puedan a Bruselas, regalando los oídos a nuestros socios, mientras luego hacen de su capa un sayo una vez que obtiene los fondos prometidos.

La prima y las reformas
Porque, claro... ni somos Grecia en 2005, ni éramos Italia en febrero. Mientras a 550 kilómetros de nuestra frontera se extendía la pandemia, aquí montábamos manifestaciones. Y unos pocos agoreros nos decían: "Si no hacemos nada, nos pasará lo mismo que ha pasado allí (o peor). No somos especiales ni diferentes a ellos. Simplemente por pensar que ‘no puede pasar aquí’... no vamos a vacunarnos. Si queremos ‘que no pase aquí’ tenemos que hacer ‘lo que no han hecho allí".

En este punto, recupero la cita que más he usado en la última década. Y no lo hago porque sea de mi amigo John Müller, sino porque explica perfectamente la realidad que no queremos ver: "El único reformador serio que ha habido en España en los últimos 30 años ha sido la prima de riesgo". Yo iría un poco más allá que John y diría la amenaza de quiebra. Desde los 70 con los Pactos de la Moncloa, pasando por la reconversión industrial de los 80 y la resaca de la borrachera del 92: como los malos estudiantes, sólo hemos hecho los deberes cuando nos hemos visto al borde del abismo. Y, casi siempre, intentando hacer lo menos posible para que nos dieran el aprobado raspado.

Recuerden estas palabras de Müller, porque la principal característica del paquete de rescate de la UE y de las políticas expansivas del BCE es que nos han quitado de encima la prima de riesgo. Mucha solidaridad, mucho compromiso y mucho bla-bla-bla europeísta... pero el fondo del asunto es el que es: en los próximos años, los países pueden endeudarse sin dar cuentas a nadie y sin ninguna presión. No hay más que ver cómo ha presentado los Presupuestos para el año que viene el Gobierno. ¿Tensión por estar en medio de una crisis? ¿Déficit? ¿Deuda?

Por último, otra recomendación que ya he hecho otras veces. El libro que todos los políticos de la UE deberían releer en los próximos meses: Comportarse como adultos. Mi batalla contra el establishment europeo, de Yanis Varoufakis. Lo más curioso es que Varoufakis era probablemente el ministro griego más preparado. Sí, el que llevó al país al límite y estuvo a punto de lanzarlo al precipicio no fue un analfabeto económico, sino alguien que casi podríamos considerar un técnico, un tipo chulesco y arrogante, pero con conocimientos sobre la materia, con esa mezcla de arrogancia-clasismo-fanatismo tan del gusto de la izquierda chic. Que se alió a los descerebrados de la extrema-izquierda de Syriza (fantásticos y aterradores, al mismo tiempo, los pasajes del libro en los que explica lo mal de la cabeza que están) para lanzar un órdago en el que él no se jugaba nada más que su orgullo (saliera bien o mal, él seguiría siendo millonario y dando conferencias por el mundo) pero que podía convertir a su país en la nueva Argentina.

El libro es entretenidísimo (aunque está lleno de escenas que apestan a mentira, pero eso ya lo intuíamos). Y tiene una virtud esencial: mostrar lo cerca que estuvieron los griegos del desastre en esa noche del 12 al 13 de julio, con amenazas mutuas, incomprensión, cansancio entre los negociadores, populistas en el Gobierno griego dispuestos a todo para salirse con la suya...

Hablábamos al principio del artículo de paralelismos y podemos tener la tentación de pensar que también Sánchez, como Tsipras, reculará en el último minuto. Pero eso no es para nada inevitable. Porque además, la sensación de que este Gobierno está dispuesto a todo no se circunscribe al ámbito económico: las peores señales son las que llegan del destrozo político-institucional que está causando.

Y les quedan tres años (como mínimo). Es tristísimo decirlo, pero nuestro drama es que cada día estamos un poco más cerca de que nuestra mejor opción sea que Sánchez se parezca Tsipras.

No fuimos de España, fuimos España
Vanessa Vallejo. gaceta.es 11 Octubre 2020

Cada vez se extiende más en hispanoamérica la leyenda negra de la conquista española. Cada año, el 12 de octubre -día en el que Cristóbal Colón descubrió América-, la ignorancia sube la voz y los militantes izquierdistas aprovechan para hacer propaganda a su indigenismo. “Vinieron a robarnos y a matarnos”, es la idea básica detrás de las consignas anti españolas.

Quien insulta a los españoles no solo desconoce que los conquistadores fueron verdaderos libertadores que nos salvaron de prácticas aterradoras como la antropofagia, sino que insulta a sus ancestros. Tenemos herencia española e indígena, mucho más lo primero que lo segundo. Quienes emiten alaridos en contra de la madre patria en realidad se insultan a sí mismos, todo lo que somos los hispanoamericanos es herencia española.

El 12 de octubre es un día maravilloso para recordar lo que era América antes de la llegada de Colón y lo que lograron los españoles en las nuevas Españas. Porque no éramos de España, éramos España.

Por ejemplo, el canibalismo ritual -el que se hace creyendo que es un mandato de los dioses- no era algo extraño en América antes de la llegada de los españoles. En general en toda América Central, donde tenía presencia la civilización Azteca se realizaban rituales espantosos. A Huitzilopochtli, el dios Azteca del sol y la guerra, le ofrecían sacrificios humanos que terminaban en banquetes caníbales. Estas horrendas carnicerías se repetían con los diferentes dioses. Los conquistadores españoles quedaron aterrorizados con los rituales y la antropofagia de los aztecas.

“Estos palos hacían muchas aspas por las vigas, y cada tercio de aspa o palo tenía cinco cabezas ensartadas por las sienes. Andrés de Tapia, que me lo dijo, y Gonzalo de Umbría las contaron un día, y hallaron ciento treinta y seis mil calaveras en las vigas y gradas”. Escribió Francisco López de Gómara sobre lo que encontraron los hombres de Hernán Cortés en Tenochtitlán.

Pero también recibían “ofrendas” similares los dioses de los Maya y los Chibchas. En general la antropofagia era común en los pueblos indígenas de América. Pablo Victoria cuenta en su libro “El tercer conquistador” cómo Gonzalo Jiménez de Quesada, conquistador del Nuevo Reino de Granada, liberó a muchos pueblos de la opresión y el canibalismo ejercido por tribus más fuertes. Según los registros de la época, el conquistador quedó horrorizado al encontrarse con sacrificios de niños, antropofagia y tributos de sangre que debían pagar los indígenas a los superiores.

“Cortaban el cuello a niñas recién nacidas para echar su sangre en los cimientos de ciertas casas para dar suerte. Una tribu suministraba niños a los caciques al ser entronizados, les abrían el pecho cuando todavía estaban vivos y si el corazón palpitaba era que iba a tener suerte en su reinado y en la guerra y si no, mal augurio. Jiménez de Quesada prohibió esto totalmente”, señala Victoria.

“Vinieron violentos, a matarnos y torturarnos”, dicen hoy muchos hispanoamericanos envenenados con la leyenda negra de la conquista. Todo lo contrario. Los españoles vinieron a humanizar a nuestros ancestros indígenas que vivían como bestias.

Pero no solo los libraron de las masacres y la antropofagia, sino de vivir como cavernícolas, en medio de la desnutrición, en unas condiciones absolutamente miserables. En América no había vacas, no había ganado ovino, no había cerdo, no había caballos, no había burros y tampoco mulas. Además, la mayoría de las frutas que conocemos llegaron de Europa.

Los indígenas tenían una dieta basada en papa, maíz y yuca. Por eso se ha encontrado que tenían serios problemas de desnutrición. Algunos historiadores también atribuyen la práctica del canibalismo a la falta de alimentos. Tampoco contaban con medios de transporte porque animales como el caballo no existían en estas tierras, y los indígenas no habían inventado la rueda. Hay registros de que los aztecas usaban ruedas para los juguetes de los niños, pero curiosamente no se les ocurrió nunca hacerlo en mayor escala y utilizar la rueda para medios de transporte. Tampoco tenían herramientas, su manejo de los metales era demasiado pobre.

En resumen, la forma de vivir de los indios era tan paupérrima en todos los sentidos, material, cultural y espiritual, que sin duda lo que hicieron fue beneficiarse infinitamente de la llegada de los españoles.

Sumado a todas estas razones para agradecer la llegada de los españoles, se equivocan sobremanera quienes aseguran que los indios eran maltratados, en América ni siquiera había colonias en el sentido de las colonias que tenían los franceses o los ingleses, por eso se hablaba de “provincias de indias” o de “las Españas”. Éramos españoles todos.

Incluso cuando se convocó la Asamblea para la Constitución de 1812, todas las provincias de América enviaron representantes con voz y voto para firmar y redactar la Constitución española. Los españoles hacen en 1524 las primeras escuelas para indios, en 1536 se crean imprentas de libros, en 1541 aparece el primer periódico, para 1543 las primeras escuelas industriales para indios, en 1538 se crea la primera universidad en América Latina ubicada en Santo Domingo. Esos son los datos. Esos son los españoles que “solo vinieron a robar y matar indígenas”…

Es una pena enorme que hoy ya no se enseñe historia, que lo que aprendan niños y jóvenes sean los cuentos inventados por comunistas y anti hispanistas.

La leyenda negra de la conquista surge de los ingleses que propagaron información falsa cuando la verdad es que los españoles eran queridos por los indígenas.

En el Codicilo, que fue añadido al testamento de Isabel la Católica se lee:

“Suplico al rey mi señor muy afectuosamente, y encargo y mando a la princesa, mi hija, y al príncipe, su marido, no consientan ni den lugar a que los indios, vecinos y moradores de las dichas indias(…) reciban agravio alguno en sus personas ni bienes, sino que manden que sean bien y justamente tratados”.

Aquellos que salen el 12 de octubre a vociferar en contra de la madre patria asegurando que teníamos en América un paraíso, están absolutamente equivocados. Es una pena enorme que hoy ya no se enseñe historia, que lo que aprendan niños y jóvenes sean los cuentos inventados por comunistas y anti hispanistas. Si en América conociéramos nuestra historia no escucharíamos decir que los indígenas eran pacíficos y los españoles violentos. La gente no creería tonterías como que el ajiaco en una comida “autóctona” y que hace parte de nuestro “rico” legado indígena. Las sopas, así como el pollo, fueron traídos por los españoles.

Si conociéramos la historia estaríamos infinitamente orgullosos de nuestros ancestros españoles que vinieron a acabar con la miseria y la barbarie.

Nuestro idioma, nuestro derecho, nuestra ciencia, la filosofía, la religión y sobre todo la ética sobre la que crecimos es herencia española. Tenemos genes indígenas y españoles, pero somos mucho más españoles que indígenas.

******************* Sección "bilingüe" ***********************

¡Viva España! ¡Viva la Constitución! ¡Viva el Rey!
José María Rotellar okdiario 13 Octubre 2020

Cuando se publique este artículo, estará terminando este lunes, doce de octubre de 2020. Hoy, por tanto, es el día de la Fiesta Nacional, fecha que entronca con la mayor proeza de la Humanidad, como fue descubrir el Nuevo Mundo. De las tres grandes hazañas mundiales acontecidas desde la Edad Moderna -el Descubrimiento de América, la primera vuelta al mundo y la llegada del hombre a la Luna-, dos están protagonizadas por España. Son una muestra de las muchas cosas que España ha aportado a la Historia, dos hitos de lo que el gran historiador Luis Suárez sintetizó en el título de uno de sus libros: «Lo que el mundo le debe a España».

Nuestro país es la suma de muchas personas, habiendo sido capaces de lo mejor y, en ocasiones, también de lo peor -como cuando hemos decidido darnos de palos, magistralmente representado por Goya-, pero, en neto, hemos contribuido muy positivamente a la Humanidad en todas las disciplinas, siendo la Leyenda Negra un conjunto de infundios propagandísticos de quienes envidiaban el entonces extenso Imperio de la Monarquía Hispánica, nada que ver con la realidad de luces que supuso para el mundo la aportación de España al mismo.

En estos momentos confusos para el mundo, cuando el virus pandémico no ha cejado todavía en su infección y la vacuna aún no ha llegado, en España nos encontramos con una situación sanitaria difícil y otra económica más difícil si cabe, pues la mala gestión que el Gobierno de Sánchez ha desatado está hundiendo a España en la ruina.

Ahora bien, siendo muy adversas estas dos situaciones, la peor de todas es el intento de desestabilizar institucionalmente nuestro régimen constitucional, con ataques al Rey desde el seno del propio Gobierno de coalición, sin que el presidente Sánchez corrija y destituya a los miembros de su Ejecutivo que atacan a la Corona ya sin disimulo alguno, rompiendo la promesa o juramento de lealtad al Rey que realizaron al prometer sus cargos.

Adicionalmente, el presidente del Gobierno, con tal de seguir contando con los votos del antiguo brazo político de ETA, se lamenta de la muerte de un etarra que colaboró en el secuestro y asesinato de Miguel Ángel Blanco. Cuando el máximo responsable del Gobierno siente tanta compasión con los verdugos y tan poca con las víctimas, algo no funciona adecuadamente y se socavan las instituciones.

Por otra parte, en un ejercicio de autoritarismo, Sánchez ordenó el viernes imponer en Madrid el estado de alarma, sin hablar con la Comunidad de Madrid con sinceridad ni atender a razones y a datos. Su rabieta por la decisión del TSJM de no ratificar la orden que transponía la resolución del ministerio de Sanidad le impulsó, en un claro tic autoritario, a encerrar a Madrid capital y a otros ocho municipios de la región madrileña.

Autoritarismo acompañado de sectarismo al no querer escuchar la realidad de la evolución descendente de los contagios y ocupación hospitalaria, a los que se une el atropello del reconocimiento por parte del ministerio de Sanidad de que emplearon, para justificar el estado de alarma, datos no actuales, sino de casi una semana antes, donde ya habían descendido los contagios pero siendo todavía más altos que el propio día nueve de octubre.

El diccionario de la Real Academia Española dice que prevaricar es «cometer el delito de prevaricación», y que prevaricación es un «delito consistente en que una autoridad, juez o funcionario dicte a sabiendas una resolución injusta». Yo no soy jurista y, por tanto, no puedo pronunciarme sobre si no existe algún resquicio legal en la decisión del Gobierno de Sánchez de imponer el estado de alarma para que no sea considerado prevaricación. Puede que exista ese resquicio por el que escapar a ese potencial delito, pero, desde luego, contamos con los componentes de la definición del diccionario de la RAE: tenemos una autoridad y tenemos una resolución dictada en base a unos datos que no se corresponden con los del momento en el que se dictó, tal y como el propio Ministerio de Sanidad ha reconocido, lo que convierte el resultado en claramente injusto, porque con los datos actualizados a la fecha en la que se tomó la decisión, Madrid cumplía con los parámetros para no ser cerrada, con lo que la decisión debería haber sido otra y Madrid no tendría que estar cerrado. Los expertos jurídicos dirán si técnicamente eso es prevaricar o no, pero, desde luego, alguien podría decir que se le puede parecer bastante a ello.

Como añadido, el Gobierno, empleando la excusa de que los objetivos de estabilidad quedan suspendidos en 2020 y 2021 se niega a someter a las Cortes la aprobación de la senda de estabilidad. No es razón suficiente que anule debate y votación, pues la senda, para empezar, va más allá de 2021, donde, a día de hoy, no han sido suspendidos dichos objetivos. Por tanto, hurta así al Parlamento del control imprescindible al Ejecutivo, además en algo tan necesario como la senda de estabilidad a la que se tienen que ceñir los correspondientes presupuestos, en un ejercicio que merma la calidad institucional.

Y como colofón, como no puede renovar el CGPJ para imponer los nombres que desea, quiere cambiar la ley para no tener que contar con la oposición. La justicia está politizada y debería acabarse con ello, pero lo que propone Sánchez no es despolitizarla, sino politizarla completamente a su gusto.

Todo esto supone un desgaste institucional enorme, que no se sabe bien qué busca, pero que parece pretender acabar con nuestro sistema constitucional de monarquía parlamentaria de 1978 para instaurar un sistema como el de la tenebrosa II República -que no olvidemos que se proclamó en lo que constituyó un auténtico golpe de Estado, pues no se votó el cambio de marco constitucional-, al poner en cuestión todos los cimientos que sustentan nuestra forma de vida y convivencia, magníficamente representados en la figura de S.M. el Rey, que es atacado de forma indignante por Iglesias, Garzón y los suyos siendo miembros de un Gobierno cuyo presidente, en lugar de destituirlos y defender al Rey, le prohíbe a éste acudir a Barcelona a la entrega de despachos de la nueva promoción de jueces.

En un día como hoy, día de la Fiesta Nacional, tenemos que reunir fuerzas para defender la legalidad y nuestro orden constitucional, para no dejar que sigan atropellándolo tal y como se está haciendo, para que no suframos los ramalazos de autoritarismo que hemos observado en el Gobierno durante la última semana y para preservar nuestra libertad. En definitiva, para que la estación de término de este camino peligroso que algunos quieren hacernos recorrer no sea la Venezuela comunista, llena de hambre, terror y dictadura. Por tanto, hay que redoblar nuestros esfuerzos para defender a España, a la Constitución y al Rey, y hay que tenerlo bien presente en cuanto tengamos que votar de nuevo, deseando que, para entonces, todavía podamos hacerlo. ¡Viva España! ¡Viva la Constitución! ¡Viva el Rey!

Viva la Constitución, pero que no viva tan lejos
Nota del Editor 13 Octubre 2020

Como en el chiste de los jinetes mejicanos a los que el jefe arengaba a gritar !viva García¡, hasta que uno de ellos, con las posaderas rojas de tanto galopar le replicó, ! Si, que viva, pero no tan lejos ¡, eso de dar vivas a la constitución española no deja de ser un ejercicio de optimismo sin apoyo racional: la c.e. es un papel que aparte de su irracionalidad, la reescriben como les conviene a los políticos profesionales los sujetos que deberían guardar el espíritu y la letra del texto supremo de los derechos de los españoles y que por desgracia han destrozado y siguen hasta hacerla desaparecer.

España, otra vez el enfermo de Europa
Sánchez y el Estado Fallido: la prensa internacional denuncia la situación de España
Redacción rebelionenlagranja.com 13 Octubre 2020

Ya el pasado mes de Septiembre, el prestigioso Financial Times señaló a España como el enfermo de Europa. No solo porque fuera el segundo país del mundo con más contagios por cien mil habitantes sino porque era también el país del mundo donde peor se había gestionado la pandemia. La culpa, decía el FT, radica en el modelo de gobernanza de Pedro Sánchez, que básicamente, en ese momento, se reducía al ausencia total del Estado en la gestión de la crisis sanitaria del siglo.

La gestión del gobierno es en este punto espástica. Hemos pasado, según reza el viejo refrán castellano, de la “arrancada de caballo a la parada de burro”. Primero se decretó el estado de alarma más largo en el tiempo y más restrictivo en derechos de todo el mundo. Después, el gobierno levantó las manos, se fue de vacaciones y abandonó la gestión del problema en las Comunidades Autónomas. Ahora, Sánchez ha vuelto a la “arrancada de caballo” declarando un nuevo estado de alarma, escasamente justificado, sobre la Comunidad insignia de la derecha española: Madrid.

Esta misma semana, dos periódicos europeos de máxima relevancia vuelven a señalar a España como el enfermo de la Unión Europea, y los corrillos de Bruselas miran con preocupación la incapacidad del gobierno para gestionar con un mínimo de rigor la situación. Angela Merkel y Emmanuel Macron temen los riesgos de un default político, institucional y económico de España, que podría arrastrar al conjunto de la Unión Europea en su caída. Los acontecimientos, siempre negativos, que se suceden semana a semana en la política española, han calado en las cancillerías europeas: nuestro país corre el riesgo de convertirse en un Estado Fallido.

Así lo afirmaba este mismo viernes el periódico de mayor relevancia de Suiza, centro financiero internacional y sede de Naciones Unidas y de multitud de organismos internacionales como la OMS. Un lugar desde donde se irradian al mundo financiero, a los mercados y a los escenarios políticos de occidente no pocos criterios y percepciones.

En un artículo publicado en la Neue Zürcher Zeitung, titulado ¿Es España un Estado Fallido?, el prestigioso profesor Friedrich Leopold Sell, catedrático de economía en la Universidad de Bundeswehr de Munich, Presidente del Consejo Científico del Instituto de Investigación Económica de Halle y Vicepresidente de Estudios de la Academia de Negocios y Administración de Munich, hace un demoledor análisis de nuestro país.

El profesor Sell destaca a página completa las cuatro grandes crisis que están en este momento poniendo en riesgo la continuidad del Estado: la crisis constitucional, la crisis del gobierno y de la coalición que lo sostiene, la crisis de partidos y la crisis de la Justicia. Deja, pues, el analista, al margen la propia crisis sanitaria, que sobrevuela sin embargo sobre las demás.

La crisis constitucional viene dada, como sostiene el autor, tanto por los ataques del propio gobierno de coalición (a través de Iglesias y los suyos, con la connivencia de los demás) a La Corona y a la Monarquía Parlamentaria como forma de estado y las aspiraciones republicanas de parte importante de la mayoría que sostiene al gobierno, como por el cuestionamiento de todas las instituciones del estado realizadas por los separatistas catalanes, y la atonía del gobierno en defender al propio estado de dichos ataques. En definitiva, crisis de la Jefatura del Estado y crisis territorial.

La crisis de gobierno radica en la extrema debilidad parlamentaria del presidente Sánchez. La escasa y frágil mayoría que le sustenta en poder (en la que el articulista cita atónito a Bildu, “hasta hace poco el brazo político de la banda terrorista ETA”, y a ERC, que pretende la disolución del estado) ha impedido hasta la fecha que el gobierno tenga sus propios presupuestos generales del estado y deba arrastrar los de Mariano Rajoy de 2018. Cita como elemento de la extrema debilidad del gobierno el papel de Unidas Podemos -a la que liga al movimiento okupa y culpa de la ofensiva contra el rey- y la escasa incidencia de los 10 diputados de C’s en el concierto político. Por si fuera poco, el autor se refiere también la especial incidencia de la pandemia en España, segundo peor país del mundo en su control, con más de 10.000 infecciones diarias, y sus demoledoras consecuencias en la economía española, en especial en el importante sector de la hostelería.

La crisis de los partidos de la oposición es la tercera de las crisis que están haciendo de nuestro país un estado fallido: el desplome de C’s, la caja B y la operación Kitchen del PP dejan la oposición muy debilitada (el autor omite la crisis de unidas Podemos provocada por los casos de financiación irregular, corrupción y procesos judiciales contra su cúpula).

Por último, el autor cita la crisis de la Justicia, con el bloqueo de los nombramientos para renovar a los vocales del CGPJ y los magistrados del Tribunal Constitucional y el veto del gobierno al rey para poder asistir a la entrega de despachos de los nuevos jueves en Barcelona.

¿Que debe hacer la Unión Europea con España en esa situación? Para el autor del artículo, una rápida y masiva ayuda financiera de la U.E. para esta España plagada de Covid19 y aquejada de esa crisis múltiple, no tiene justificación. La situación, señala, es políticamente demasiado inestable. Más bien, dice, pudiera ser precisa la intervención del Banco Mundial o del Fondo Monetario internacional para identificar proyectos significativos que seas susceptibles de merecer el apoyo financiero. Desconfianza, pues, de las instituciones financieras y comunitarias hacia la oportunidad de los proyectos que esté preparando un país en la situación de España.

Junto a este varapalo del periódico más influyente de Suiza y del mundo financiero con sede en ese país, desde la prensa francesa también se cuestiona la viabilidad de España bajo este gobierno.

Benoit Pellistrandi, reputado historiador e hispanista francés, firma el mismo día 9 de octubre una tribuna titulada “¿España fracasada? en el periódico Telos. El autor afirma que España se enfrenta a una crisis sistémica sin precedentes. “Más grave aún ha sido la demostración de la incapacidad del sistema para organizar una solidaridad de carácter inter territorial. Sólo dos enfermos han sido trasladados del hospital de una Comunidad Autónoma a otra”. Y añade: “Es catastrófica la extrema tensión entre el Gobierno Central y la Comunidad de Madrid”. El conflicto, dice, “está adquiriendo proporciones preocupantes ya que revela que el Estado Central dispone de pocas palancas de acción sobre las Comunidades Autónomas y se crea una competencia entre poderes basada únicamente en la lucha partidista”. “Esta surgiendo un debate político entre monarquía y república, aunque esa disyuntiva no constituye ninguna prioridad para los españoles, más preocupados por las consecuencias económicas y sociales”, mientras la clase política se entrega a debates estrictamente doctrinarios y partidistas.

En definitiva, los medios internacionales siguen de cerca esta España fallida y desconfían de la capacidad de sus dirigentes actuales para llevar a cabo las reformas y proyectos que realmente necesitan los españoles para superar la tormenta perfecta que está a punto de producirse sobre nuestras cabezas.

La encuesta republicana
Pablo Planas Libertad Digital 13 Octubre 2020

Doce de Octubre. Día grande para la izquierda prepotente y analfabeta que acude en manada a las redes sociales para excretar toda su ignorancia sobre el Descubrimiento de América. Día grande para los tontos de la secta del genocidio y para quienes consideran que los sacrificios rituales de niños eran propios de grandes civilizaciones que no necesitaban ser civilizadas. Día grande también para los que creen que quienes desconocían la rueda se comunicaban con seres de otros planetas. Día bárbaro, en suma, para adoquines, ignaros y ceporros influidos por personajes de la estofa de Juan Carlos Monedero, Ada Colau e Íñigo Errejón.

Se queja esta peña de la Fiesta de España e Hispanoamérica con profusión de aspavientos mientras inclina la cabeza como muestra de sumisión y respeto ante las banderas regionales cuando la Diada o el Aberri Eguna. Hay que ver el fervor con el que participan en las ofrendas florales, las sardanas y los aurreskus y la rabia que exhiben durante la Fiesta Nacional, Día del Pilar, patrona de la Benemérita Guardia Civil. El cuello les da vueltas y vueltas mientras recitan del derecho y del revés que ellos no tienen nada que celebrar. Prefieren a Lluís Companys o a Sabino Arana antes que a Cristóbal Colón. Criaturas.

La aportación al Doce de Octubre de estas gentes ha consistido este año en una encuesta según la cual el 40,9% de los españoles es partidario de la república, mientras que el 34,9% se declara monárquico. El resto, casi un cuarto de los sondeados, no sabe o pasa de contestar. Tal resultado ha desatado la euforia en las filas de Unidas Pandemias, en una maniobra inspirada en el procesismo catalán. Una de las grandes habilidades propagandísticas del separatismo es esgrimir supuestas encuestas en las que presuntamente el ochenta por ciento de los catalanes se muestra partidario de celebrar un referéndum de autodeterminación. Y con eso les basta y les sobró para montar un golpe de Estado.

La referida encuesta republicana ha sido encargada, manipulada y publicada por los diarios de Roures, Escolar y Boye, el abogado condenado por terrorismo de Puigdemont y Torra, lo que ya da cuenta del sesgo, naturaleza y propósito de la cosa. Por el mismo precio se podría preguntar si se debería ilegalizar a los partidos separatistas, como en Alemania, o suspender la autonomía catalana en vez de la madrileña hasta que los nacionalistas pidan perdón por el golpe de Estado y dejen de conspirar contra España. Seguro que los resultados de esas preguntas resultarían mucho más claros que los seis puntos que separan, en teoría, a monárquicos y republicanos.

Otra de las novedades de la Fiesta Nacional ha sido la presencia en el acto oficial de los ministros de Podemos encabezados por el vicepandemias Iglesias, que lucía una vistosa mascarilla con la inscripción "sanidad pública". Claro que sí. ¿Cómo estar en contra de la sanidad pública? La misma sanidad pública que durante la primera oleada del coronavirus proporcionó a la pareja de Iglesias, la ministra de Igualdad, Irene Montero, todos los test que hicieron falta hasta que por fin dio negativo. ¿O la que proveía de pruebas a los miembros del Gobierno era otra sanidad? Porque cabe recordar que por aquellas fechas no había test ni para los sanitarios.

Por lo demás, doña Irene ha lucido un vistoso conjunto de color morado en homenaje, dicen, a la bandera republicana. En ascuas hasta que lo explique en la Vanity Fair.


Recortes de Prensa   Página Inicial