AGLI Recortes de Prensa   Sábado 17  Octubre  2020

El FMI hunde al Gobierno mentiroso: España está en la lona
EDITORIAL Libertad Digital 17 Octubre 2020

El Gobierno social-comunista no sólo pasará a la Historia como el que peor ha gestionado la pandemia del coronavirus en Europa. Pedro Sánchez y Pablo Iglesias también serán recordados como los gobernantes que tuvieron el deshonor de destrozar más rápido la economía nacional. Esta semana, el Fondo Monetario Internacional (FMI) ha sacado a la luz las vergüenzas de España con un varapalo descomunal. Así, ha mejorado todas las previsiones para las principales economías mundiales menos para la española, que ya no es que no muestre síntoma alguno de recuperación, sino que parece haber entrado en barrena.

Con un desplome del 12,8%, el FMI augura que en 2020 España sufrirá la peor recesión de las grandes economías del planeta. Este dato contrasta con el imposible pero ya estremecedor -11,2% que ha pronosticado el Gobierno en su última revisión, pero que ningún organismo serio contempla ya. Desde la OCDE, que apunta a que la debacle llegará al -14,4%, hasta el propio FMI, pasando por las casas de análisis, nadie se cree una sola de las predicciones del Ejecutivo social-comunista.

Cuando Nadia Calviño sigue afirmando sin vergüenza que la recuperación "está en marcha", el FMI va y tritura uno a uno todos sus pronósticos. Por ejemplo, el organismo internacional augura que el hundimiento de la actividad económica y el incremento del gasto público dispararán el déficit hasta el 14,1% del PIB. Sin embargo, el agujero que calcula el Gobierno será de sólo el 11,3%, casualmente el mismo ominoso récord que hasta ahora ostentaba Zapatero, y que a todas luces Sánchez va a pulverizar, aunque no quiera admitirlo. Si el Gobierno ha avanzado que la deuda pública alcanzará un ya desorbitado 118% del PIB, el FMI dice que no, que por lo menos alcanzará el 123%. Demoledor.

La recuperación no ha comenzado; es, de hecho, imposible. El intervencionismo salvaje del Gobierno está llevando el pánico a familias y empresas, que, presas de una desconfianza más que justificada, ni consumen ni invierten. El Gobierno pretende solucionarlo todo en plan chavista/peronista/socialista, recurriendo a subvenciones y pagas... que nunca llegarán: porque las arcas del Estado están vacías y porque los fondos europeos penden de un hilo por la inexistencia de un plan de reformas sólido (y para qué no hablar de la escandalizada alarma que ha despertado en Europa el asalto social-comunista al Poder Judicial, que no facilita precisamente las cosas a la banda de Sánchez e Iglesias).

Sánchez ha mandado a Bruselas su Plan Presupuestario, que es lo más parecido a las cuentas de la lechera. España ha perdido ya más de 100.000 empresas y un millón de empleos durante la pandemia, pero el Gobierno se atreve a prometer una recaudación récord de 493.838 millones de euros en 2021, lo que supone un incremento de 33.447 millones. El sablazo de más de 9.000 millones que pretende asestar Hacienda para los próximos dos años –con la subida del IVA a los refrescos, un impuesto al plástico, el incremento del IRPF y hasta puede que un palo al diésel– no compensará la parálisis de la activad. Es más, contribuirá a su hundimiento. La ruina no hace más que agravarse cada día que pasa Sánchez en la Moncloa.

Los cuentos de las cuentas de Sánchez
José María Rotellar okdiario 17 Octubre 2020

El Gobierno ha enviado a Bruselas el plan presupuestario de 2021, donde recoge sus estimaciones del cuadro macroeconómico junto con las líneas generales de la política fiscal que pretende aplicar a lo largo de dicho ejercicio. De su lectura no se desprende nada serio ni fiable, desgraciadamente, sino más propaganda del estilo de la que está acostumbrada a emplear el presidente Sánchez en nuestro país para tratar de convencernos de que realmente las ruedas son cuadradas:

No es creíble la estimación de gasto, que excederá lo plasmado en el documento.

Tampoco lo es la previsión de ingresos, poco clara en cuanto a las alzas tributarias que contempla, ya que salvo las mal llamadas tasas Google y Tobin y los impuestos medioambientales, junto con la subida de IVA reducido a general de las bebidas azucaradas, no especifica qué encierra la estimación de incremento por subida de impuestos directos e indirecto (página 53 del informe).

Por la poca solidez de las dos estimaciones anteriores, no parece fácilmente alcanzable el objetivo de déficit, pese a su enorme desequilibrio.
Por tanto, tampoco parece factible que la deuda no crezca todavía más del desbordamiento que ya tiene.

Por último, la predicción de crecimiento económico que realiza el Gobierno es propio de “Alicia en el país de las maravillas”.

Son todo una colección de cuentos recopilados en un documento que trata de convencer a Bruselas de que la recuperación española está en marcha y más fuerte que nunca, cuando el cúmulo de desequilibrios económicos que la pésima gestión de Sánchez está provocando va a devastar nuestro tejido empresarial y productivo.

Siendo todo el documento de un optimismo superior incluso a los brotes verdes de Salgado en tiempos de Zapatero, las cifras son horrorosas y retratan, aunque dulcificada, la situación a la que el Gobierno nos está llevando: una caída del PIB del 11,2%, cuando el FMI estima un 12,8%, en línea con la estimación del Banco de España; una reducción de nuestro PIB potencial -el máximo nivel de crecimiento estructural que podemos alcanzar sin generar desequilibrios- que baja a casi la mitad, del 1,5% de 2019 al 0,8% de 2020, que muestra la destrucción acontecida en nuestra economía; un hundimiento del consumo (un 12,6%) y de la inversión (un 18,3%), que señalan la pérdida de poder adquisitivo y el deterioro de expectativas; una tasa de paro del 17,1%, que apenas mejorará en 2021; un déficit del 11,3%, que se mantendrá muy elevado en 2021 (un 7,7%); y una deuda del 118,8% en 2020, que pese a que el documento ofrezca una disminución leve para 2021, puede seguir incrementándose dicho cociente, porque la estimación de crecimiento del PIB para 2021 (7,2%, más otros 2,7 puntos que le suma por los fondos europeos, que es mucho sumar) es extremadamente optimista, de manera que si no se cumple el cociente de la deuda entre PIB crecerá.

¿Qué nos devuelven estos datos? Una pérdida de riqueza, medida por el PIB nominal (baja lo mismo que el real al aplicar el Gobierno un deflactor del PIB del 0%), de 139.417,6 millones de euros respecto a 2019. Es decir, Sánchez, con su política de destrucción empresarial generada por los cierres productivos y las restricciones arbitrarias, que provocan incertidumbre e inseguridad, ahuyentando el poco consumo e inversión que queda, va a hacer perder a la economía española sólo en un año algo equivalente a todos los fondos que España va a recibir de la UE, incluyendo la parte de préstamos.

Esa pérdida de riqueza se traduce en una destrucción de empleo en 2020 del 8,4% respecto a 2019, cuyo nivel se sitúa en 18,4 millones de ocupados a tiempo completo. Con ese retroceso porcentual que recoge el propio documento, se habrán destruido en España en 2020 1.545.600 puestos de trabajo. Es más, en 2021, ni siquiera las optimistas previsiones del Gobierno permitirán recuperar esos puestos de trabajo perdidos. En el mejor de los casos, con el efecto que calculan debido al uso de los fondos europeos, el año que viene todavía estaríamos 332.083 ocupados por debajo de la cifra de 2019.

Pese a que sus previsiones son optimistas, como digo, todo es un desastre. Lo visten de recuperación, pero es un cuento, que puede encerrar, además, el ataque a la sanidad y la educación privadas con la imposición del IVA del 21%, pues no sabemos qué esconde el incremento de recaudación calculado por impuestos indirectos (la mencionada página 53 del informe). Su cifra se corresponde con la estimada para la imposición de dicho tributo a la sanidad privada. Si decidiesen, finalmente, atropellar a la educación y sanidad privadas, atropellarían a sus propias cuentas, pues muchas personas dejarían de poder contratar esos servicios en la esfera privada y utilizarían la parte pública, con un incremento de coste que sería mucho mayor que la recaudación que pudiesen alcanzar aunque nadie se diese de baja de los operadores privados, pero que como muchos dejarían de usarlos, sería todavía menor la recaudación.

Son los cuentos de las cuentas de Sánchez, que nos venden un panorama precioso y almibarado cuando sólo hay tinieblas en el horizonte, que son las que ellos han provocado con su política de destrucción económica, empresarial y laboral.

Revival de la sátrapa de Cabra
Segundo Sanz okdiario 17 Octubre 2020

Tras la trilogía del filibusterismo monclovita, la probatio diabolica y el hembrismo autoritario de la pasada legislatura, Carmen Calvo vuelve a asomarse a esta ventana. Y lo hace a lo grande como ingeniera del mayor golpe perpetrado a la Democracia en 40 años. Tanto es así que el miércoles pasado en un corrillo con periodistas en el Patio de Floridablanca del Congreso la vicevogue soltó que la elección de los jueces por los propios jueces en el cupo que permite la Constitución, como viene defendiendo sin éxito Ciudadanos, es «menos democrática» que la designación de los togados por las Cortes. ¡Toma separación de poderes! Vivan las cadenas y mueran los negros (liberales).

El neoabsolutismo de la sátrapa de Cabra ha llegado a su clímax con la pretensión socialcomunista de rebajar la actual mayoría reforzada y pasarse el consenso constitucional por la entrepierna para tomar por asalto el Consejo General del Poder Judicial (CGPJ). Lo de esta semana es una intentona para controlar el Supremo al más puro estilo golpista de la Venezuela de Chávez en 2004. Sí, el mismo Tribunal que tiene que pronunciarse sobre los tres presuntos delitos de Pablo Iglesias en el caso Dina y que preside Carlos Lesmes, el mismo con el que despachó el líder podemita en el Patio de Armas del Palacio Real el pasado 12 de octubre. Recuerdan la bronca de De la Vega a la presidenta del TC el mismo día de 2007. Pues eso.

Si el Gobierno va de farol para presionar al PP en el desbloqueo del CGPJ, como sostienen algunos analistas, el envite ya ha sido tan desafortunado como dañino para los intereses del país, justo en un momento en que Bruselas mira con lupa la calidad democrática de los Estados miembros para el reparto de los fondos destinados a combatir la pandemia. De momento, desde el Palacio de Puerta de Hierro deslizan que si Pablo Casado no accede, perpetrarán la polémica reforma. Además, aseguran que luego harán lo mismo con el TC, el Defensor del Pueblo o RTVE, también pendientes de renovación. «Uno detrás de otro», avisa la propia Calvo. Peligro.

La verduga de Diké, a la que pretende despojar de su venda de independencia y su balanza de equidad y neutralidad, insulta a la magistratura al sostener que los jueces tirarían de ideología de vísceras para elegir a sus representantes. Como si nada les importara el haber jurado o prometido «administrar recta e imparcial justicia». Sepa la ilustre egabrense que participar en la designación de sus vocales es también un modo de administrar justicia por parte de los togados, y sobre todo, el contrapeso que los constitucionalistas expresaron en la Carta Magna para evitar un sometimiento del Poder Judicial al Gobierno sectario de turno a través del Parlamento, Sí, como el tuyo con la mayoría Frankenstein, sepulturera de Montesquieu.

Segunda ola socialcomunista sobre Madrid
OKDIARIO 17 Octubre 2020

El nuevo plan de respuesta del Gobierno al coronavirus -eso de nuevo resulta un eufemismo, porque nunca ha habido respuesta- establece cuatro niveles en función de una serie de indicadores que imponen exigentes condiciones para suavizar las medidas. El documento «Actuaciones de respuesta coordinada para el control de la transmisión del Covid-19 » prevé medidas dependiendo de la movilidad o las características de la población. Traducido: como ocurrió en el estado de alarma impuesto en Madrid, el Gobierno abre la puerta a que las medidas sean aplicadas al margen de la realidad de los datos. El plan establece cuatro niveles de alerta, en función del riesgo -de «bajo» a «extremo»- y con unas medidas proporcionales al nivel de transmisión en cada comunidad autónoma. Esos indicadores de riesgo se dividen en dos bloques y en cinco niveles de gravedad: el primero incluye la incidencia acumulada en 14 días, la incidencia acumulada en 7 días, la incidencia acumulada de mayores de 65 años en 14 días, la positividad global de las pruebas diagnósticas por semana y el porcentaje de casos con trazabilidad; el segundo, la ocupación de camas de hospitalización por Covid-19 y la ocupación de camas UCI por casos de coronavirus.

La trampa viene en lo que sigue: Sanidad admite que «siempre se hará una valoración individualizada de la situación de la comunidad autónoma y se tendrán en cuenta otros posibles indicadores, incluidos los cualitativos». Lo que quiere decir que la decisión final sobre las medidas a aplicar dependerá no sólo de los indicadores antes citados, sino de criterios tan dispares como las características socioeconómicas, demográficas y de movilidad. Es decir, que los datos sanitarios no valen por sí solos e influirán criterios como la densidad de población o la red de comunicaciones. Conclusión: el Gobierno socialcomunista ha elaborado un plan que le permite intervenir Madrid con independencia de que los datos epidemiológicos sean favorables.

Para Salvador Illa, una comunidad estaría en riesgo extremo con 250 casos por cada 100.000 habitantes. Madrid ya está por debajo de los 500 casos que impuso el Ministerio hace semanas, pero ahora rebaja el umbral a la mitad para seguir estrechando el cerco sobre la comunidad. Resumiendo: Sánchez -Illa es un mandado- se reserva el control sobre Madrid. El plan de acoso y derribo contra Díaz Ayuso va para largo.

Españoles: los parias de la tierra y (muy pronto) famélica legión
Alberto Pérez Giménez. vozpopuli 17 Octubre 2020

España, gracias a la gestión de la pandemia por parte de nuestros políticos y al afán de este Gobierno por desmontar a toda prisa el andamiaje levantado en el régimen del 78 –empezando por la monarquía constitucional y terminando, de momento, por el poder judicial- ha pasado en poco más de ocho meses de jugar en la Champions de Europa (como presumía Zapatero, el precursor del desmontaje) a pegarse codazos con húngaros y polacos por salir de los puestos de cola de los países sobre los que se pone en duda sus estándares democráticos.

Un repaso a lo que la prensa internacional ha dicho en las últimas semanas sobre España y sus políticos haría temblar los cimientos de cualquier sociedad con un mínimo de autoestima. “Están sucediendo cosas tremendas en la quinta economía europea más grande”, avisaba el pasado domingo Fiedrich Leopold Sell –profesor de economía de la Universidad Bundeswehr de Munich- en el rotativo más influyente de Suiza. En una tribuna titulada “¿Es España un ‘estado fallido’ y cómo debería tratar la UE a ese miembro?”, el profesor alertaba sobre la “crisis constitucional”, “la ignominiosa partida de Juan Carlos I y su huida”, el “curso irreconciliable de secesión del separatismo catalán” facilitado por “el presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez, que se ha abierto al chantaje en el parlamento” con ERC.

Los españoles votan a sus partidos con una lealtad solo equiparable a la que sienten por su equipo de fútbol. La ideología y el partidismo tienen más peso en las urnas que la preparación, la honestidad o experiencia” (NYT)

A este cóctel venenoso, el científico del Instituto de Investigación Económica de Halle y vicepresidente de estudios de la Academia de Negocios y Administración de Múnich añade que "Sánchez no tiene mayoría en las Cortes y depende repetidamente de la aprobación o tolerancia de los partidos nacionalistas", y pone la guinda una pandemia “que golpea en España como en ningún otro lugar de Europa”. Y termina: "En lugar de cooperar, los gobiernos regional y central se culpan mutuamente".

El profesor avisa: "Solo los españoles pueden liberarse de esta precaria situación. Pero eso llevará tiempo. Y necesita personalidades en los negocios y la política con una columna vertebral. España todavía no es un "Estado fallido", pero no está lejos de serlo. Razón suficiente para que Europa finalmente despierte", concluye.

Este artículo fue el aldabonazo, pero ni mucho menos el único que nos clasifica ya a los españoles como un riesgo para la UE, los parias de la tierra. Días después, el Frankfurter alemán, el diario conservador más importante de la locomotora europea, titulaba “España ha vuelto a perder el control”, donde dice que la pandemia ha dejado en evidencia la gestión del Gobierno de Sánchez, cuyo “liderazgo no ha estado a la altura de la crisis” y se dedica a “luchar contra la derecha” como si aún estuviera en campaña.

Otro clavo en el ataúd de la imagen de España lo había puesto a principios de mes The Economist, quien señalaba a “la venenosa clase política” como la principal culpable de que España se haya convertido “en el punto negro del coronavirus” en Europa, repartiendo responsabilidades entre “el triunfalismo de Sánchez” que “entregó el control de la pandemia a las regiones y se fue de vacaciones” y la imprevisión de Gobiernos regionales como el de Isabel Díaz Ayuso”.

Pero el semanario va más allá –y aquí es donde se atisba el riesgo de que además de los parias de la tierra europea, los españoles acabemos siendo una famélica legión por la ruina que se nos viene encima-. The Economist avisa que todo este desastre al que nos ha abocado nuestra clase política no saldrá gratis. La crispación política y los ataques “a la monarquía y al poder judicial” pueden acabar comprometiendo las ayudas de la UE. Reprocha a España que confíe en unas ayudas que no está claro que puedan llegar en el próximo año, y recuerda que la contrapartida más probable pueden ser reformas estructurales como las del mercado laboral, las pensiones, la educación y la formación: "Todo ello necesita de un consenso político que es escaso".

Y así ha sucedido esta semana con el toque de atención de la Comisión Europea por el asalto al CGPJ que pretenden Sánchez e Iglesias. Nos vigilan de cerca y Polonia ya pregunta si también nos van a aplicar la salvaguarda que se reserva a los Estados no democráticos y que pone en riesgo la entrega de ayudas. Probablemente, no haya una campaña más efectiva para alejar las inversiones que tanto necesita para la etapa postpandemia.

Otro grupo de expertos
¿Y qué hace el Gobierno mientras la imagen de España se arrastra por los rotativos más influyentes de Europa? Filtra en su periódico de cabecera la creación de otra comisión de expertos, la enésima genialidad de Iván Redondo –que los diplomáticos españoles ya tildan de “puro humo”- “para potenciar la imagen de España”.

El grupo estará adscrito a ese ente llamado España Global que debe encargarse “de la imagen y la reputación de España” y “mejorar la percepción de nuestro país en el exterior y entre los propios españoles”.

Mientras los principales periódicos de Europa nos tildan de “estado fallido” el Gobierno propone otro grupo de expertos adscrito a España Global cuyo secretario de Estado (114.999 euros al año) andaba reuniéndose... con el alcalde de Valladolid

Pues bien, mientras esta semana nos tildaban de “estado fallido” y de “estar fuera de control”, el responsable de España Global, Manuel Muñiz, andaba publicitando en sus redes sociales su importante cita... con el alcalde de Valladolid, el socialista Óscar Puente. Eso sí, Muñiz tiene las espaldas bien cubiertas: según el portal de Transparencia, cobra 114.999 euros como secretario de Estado. Él nunca formará parte de la famélica legión.

Incompetencia de los políticos
El New York Times, el pasado día 24, aseguraba que “nada ha facilitado la propagación del virus tanto como” la propia incompetencia de nuestros políticos, que “no cumplieron su parte del trato”. Y que saben “que los españoles votan a sus partidos con una lealtad solo equiparable a la que sienten por su equipo de fútbol. La ideología y el partidismo tienen más peso en las urnas que la preparación, la honestidad o experiencia”. Ya somos los parias de Europa, pronto seremos también la famélica legión. Es tiempo de exigir un cambio porque, como sentencia el NYT, “el precio de no tener a los mejores al volante es demasiado alto”.

Socialismo y barbarie
Santiago Navajas Libertad Digital 17 Octubre 2020

Un grupo de historiadores ha publicado un manifiesto, presuntamente técnico pero que funciona como una hagiografía sectaria, tratando de justificar los crímenes políticos cometidos por Francisco Largo Caballero e Indalecio Prieto, dos personajes siniestros que habían sido amnistiados ideológicamente por aquello del olvido en aras de la convivencia durante la Transición. Los secuaces del brazo académico del PSOE argumentan que la deriva golpista y totalitaria de dichos líderes socialistas, que socavó los cimientos de la II República, ha de entenderse como una simple reacción retórica al predominio del fascismo en la derecha. Peor que la sumisión de unos profesionales del saber al poder es que empleen falacias de tan bajo calibre intelectual.

Ha coincidido el manifiesto de los historiadores que son más amigos de Pedro Sánchez que de la verdad con la celebración del Día del Guerrillero Heroico. Pablo Iglesias y Gabriel Rufián declararon su admiración por el dictador y terrorista Ernesto Che Guevara. Tanto Che Guevara como Largo Caballero eran grandes admiradores de Lenin, como en la actualidad Pablo Iglesias y Alberto Garzón. ¿Ven la pauta?

Pero, más que escandalizarme por el hecho de que la izquierda glorifique impunemente a criminales políticos como Prieto, Largo y Guevara, lo que me hizo reflexionar fue la falta de reconocimiento a los héroes liberales. Podrían los políticos españoles constitucionalistas –si no se lo impidiera una mezcla de ignorancia enciclopédica y complejo de inferioridad cultural– haber recordado en el Día del Guerrillero Heroico a Juan Martín Díaz, el Empecinado, que luchó contra los invasores franceses y los absolutistas monárquicos en nombre de la Constitución de 1812 y la libertad. Cuando echaron a los invasores se dedicó, junto a otros liberales como Riego, a combatir el absolutismo de un Fernando VII que trató de sobornarlo. Pero Martín Díaz había jurado la Pepa y eran tiempos en los que el juramento de un hombre valía su peso en oro. Fernando VII y la chusma lo ahorcaron en 1825. Goya lo retrató en 1809 (el original está en Tokio, pero hay una copia de Martín Cubells en Madrid) y Pérez Galdós lo celebró en un Episodio Nacional: "Guerrillero insigne que siempre se condujo movido por nobles impulsos, (...) fue desinteresado, generoso, leal".

En 1823 Fernando VII había ahorcado y (por si acaso) decapitado a Rafael del Riego, otro “criminal liberal”. En 1831 fusilaron a Torrijos, el último guerrillero de la cuerda. Esta vez fue Espronceda el que le dedicó un poema: “Ansia de patria y libertad henchía sus nobles pechos que jamás temieron”. Que yo sepa, no hay ninguna película española dedicada a estos héroes de la libertad, salvo un episodio de Paisaje con figuras escrito por Antonio Gala, en el que el poeta andaluz reconoce a Martín como el hombre que mejor representa lo español.

Dentro de 100 años, un grupo de historiadores hará otro informe técnico defendiendo que era normal en 2020 que un vicepresidente de un Gobierno socialista celebrase a un dictador y a un terrorista. Pero lo que debiera ser normal es que el espíritu contra el fanatismo, el oscurantismo y el autoritarismo de Juan Martín Díaz nos inspirase para derrotar a los herederos de Lenin, Largo, Prieto, Che Guevara... En nombre de la Constitución de 1978 y la libertad, empecinémonos contra la pauta de la barbarie socialista.

El Centro de Inmundicias Sanchistas (CIS) y los 94.000 euros de Tezanos
El Azotador esdiario 17 Octubre 2020

El CIS de Tezanos es una prueba de lo que el Gobierno haría con el CGPJ si logra ocuparlo: una herramienta al servicio de la propaganda y los intereses del presidente.

José Féliz Tezanos tiene mala rima en el apellido, pero se gana cada uno de los 92.324 euros que cobra como presidente del Centro de Intoxicaciones Socialistas, antes conocido como CIS.

Su último sondeo es maravilloso: dice que Pedro Sánchez lograría ahora el 30.8% de los votos de haber Elecciones Generales. A ver si entre esa propaganda y quitarse de encima a jubilados con el COVID o la eutanasia y a niños con el aborto sin consentimiento de menores de edad; le salen las cuentas y Pedrito el Terrible se convierte en Pedrito el Eterno.

Es tan rotundo su éxito electoral que por eso se niega a convocarlas y prefiere depender a la vez de Iglesias, de Rufián y de Otegi. El bochorno de los trabajos del Centro de Infamias Sanchistas, antes conocido como CIS, es tal que no dudan en completar la propaganda del estadista con el castigo o el premio del resto en función de cómo se porten.

Si Sánchez está en condiciones de arrasar en unas Elecciones, ¿por qué se niega a convocarlas ya?

¿Qué Arrimadas se aviene a darle a Pedrito lo que le pide? Ciudadanos sube. ¿Qué doña Inés se aleja de la apartada orilla progre de Sánchez? Ciudadanos baja. ¿Qué Podemos se sube a la parra e Iglesias se cree Manuel Azaña y el Ché Guevara a la vez? Le bajamos los humos. ¿Que le hacemos un favor con la Fiscalía Anticorrupción para que no le confinen en la checa de Galapagar y se hunda demasiado? Le damos algo de vidilla.

El CIS y el CGPJ
El Centro de Inmundicias Socialistas, antes conocido como CIS, está para eso. Y que hayan puesto a un militante del PSOE tiene el mismo objetivo y el mismo descaro que gastan con la Fiscalía General del Estado, poniendo a Lola Delgado y a Baltasar Garzón escondido en la sombra. Aunque escondido escondido no está: parece haberse comido a Baltasar, a Gaspar, a Melchor, a los res camellos y a sus pajes.

Así funciona Sánchez, el de los 120 diputados. Trata al Estado como una chacha, a su servicio y sin rechistar, que soy el señorito. Y a los adversarios del Estado como a doncellas. Si lo hace con la Fiscalía, con RTVE, con Correos o con el CIS, ¿qué no hará este hombre con el CGPJ?
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Sí a la moción de censura
Javier Somalo Libertad Digital 17 Octubre 2020
Libertad Digital ha demostrado con un vídeo demoledor —“La profecía totalitaria”— lo que significa la llegada al poder de Pedro Sánchez. En apenas tres minutos, es el propio presidente el que resume a la perfección cómo el insomnio ha cambiado de bando y cómo aquel “escollo” que encarnaba todos los males posibles para España ha conseguido ya, o va camino de hacerlo, buena parte de sus propósitos. Sólo hacía falta que a dos males se uniera otro, una pandemia, para que la situación se convirtiera en insostenible.

Seguramente, la dramática evidencia del vídeo sólo hará mella en los que estamos hartos de los abusos de este Gobierno que, aunque cada vez seamos más, somos los de casi siempre. Pero esa no es razón para dejar de denunciarlo todos los días y por todas las vías posibles. Porque ante esto sólo caben dos salidas: esperar sentado o no. Consumirse en discursos inútiles y acabar cediendo por un miedo disfrazado de gobernabilidad o usar el Parlamento para lo que sirve aunque la aritmética de los votos sea imposible. ¿Acaso fue útil la aritmética contra una dictadura? O sea, que ni no salen las cuentas, ¿sólo cabe aguantarse y esperar a que cada garantía democrática sea derogada por decreto?

Tenemos tres partidos que suman 150 diputados y otros dos que suman 155 y que necesitaron 10 más para ganar por mayoría simple y hacer lo que estamos padeciendo. La investidura de Sánchez e Iglesias se resolvió con 167 votos a favor, 165 en contra y 18 abstenciones. Es verdad que de los 165 que votaron en contra son 155 los que podrían llegar a hacer un bloque serio contra el Gobierno, el mismo número de diputados que escribe atrocidades en el BOE.

Y es verdad, como no se cansa de repetir Teodoro García Egea, que la aritmética no da para una moción de derrocamiento. Pero de ahí a que el PP empeore esa maldita aritmética con un voto negativo o una abstención está la diferencia entre la bisoñez del principiante —hoy letal— y la responsabilidad de la oposición ante un momento crucial de nuestra democracia, tan inflamable como pocos, que se resisten a entender por más antecedentes que tenga.

Esto no es cosa de Vox. Si Pablo Casado, por sí mismo o por inducción, digiere la estrategia de Sánchez de que la moción es, en realidad contra el PP, el próximo socio inconsciente de este gobierno será el propio Pablo Casado. El discurso debe coincidir con el voto si uno tiene principios o presume de ellos. De nada servirá el habitual brillo parlamentario de Casado si vota contra lo que dice por una cuestión de utilitaria aritmética o por miedo al partido que propone la moción. Cuando algunos dejen de pensar en cómo decorar La Moncloa si llegaran a subir la escalinata con las llaves de la puerta y empiecen a valorar si de verdad se sienten “servidores públicos” como predican, serán oposición… al Gobierno, no a otro partido de la oposición.

No es tiempo de pensar en si en las próximas elecciones habrá que negociar coaliciones o sumas o quién será el capitán de la Gran Suma o cuántas nóminas pueden quedarse en la gatera en caso de resta. Es tiempo, y muy grave, de pensar en si habrá próximas elecciones. Sé que muchos dirán que esto es una exageración, pero por enésima vez les sugeriré que resuelvan dudas preguntando a un venezolano que un día tuvo una vida normal, incluso próspera, y ahora se esconde detrás un basurero para conseguir dos cosas al tiempo: comer y que no le prendan, que es casi peor que morir. El que diga que esto es mentira es porque lo defiende. De ahí vienen las “tres comidas a día”. El paralelismo con Venezuela no es un capricho oportunista sino la constatación de un hecho probado: Podemos surge como partido, hoy en el Gobierno, después de ser una agencia asesora del chavismo. Nace en un despacho español que considera a Guaidó, a Capriles o a Leopoldo López como delincuentes que merecen cárcel de por vida y que lloran amargamente las muertes de Ernesto Che Guevara, Fidel Castro y Hugo Chávez. Ya no asesoran en Caracas porque gobiernan en Madrid para toda España y, por lo visto, sin discusión. La izquierda, o una parte muy irresponsable de ella y, sobre todo, su prensa, ridiculizan estas afirmaciones porque se han hecho demasiado palpables hasta para los más incrédulos.

Si el PP quisiera mandar señales a Europa, en la que tantísimo confían pese a la poca ayuda real que nos presta cuando hace falta y si acaso fuera cierto que llegan nuestras señales a Europa, que es como investigar si hay vida extraterrestre, la de una moción de 155 diputados contra un gobierno de otros 155 diputados apoyado por los que quemarían La Zarzuela, La Moncloa, el Supremo, el Constitucional, Estrasburgo, Bruselas y Luxemburgo, no sería poca señal. Si al final resulta que hay neblinas orgánicas en Venus por qué no intentar que Europa conciba que hay comunismo en España. ¿Creen en Europa? Pues que la impliquen, que ya es hora, porque el riesgo lo será para todos.

Yo no voy a interpretar la moción de censura como un debate electoral. No voy a plantear mi futuro voto, si nos dejan votar, en función de ese día. No me importa eso. ¿Por qué se suele escuchar que la moción beneficia a Vox? ¿Quizá porque es necesaria y es Vox el partido que la ha planteado? Si fuera una estupidez sin razón, castigaría a su autor. Pero, ¿beneficiaría la moción a España, y no al PP, si la planteara el PP? Ahora es cuando sale el argumento de que Vox lo hace porque no tiene nada que perder. ¿Y por qué? ¿Acaso Abascal quiere tirar por la borda un patrimonio de urna de 52 diputados conseguido en tan pocos años de historia? Se simpatice o no con el programa de Vox, ¿hay dudas sobre la legitimidad de sus votos? ¿Han violado la Constitución en algún momento como sí han hecho repetidamente Bildu o ERC a los que no se puede discutir su legitimidad sin pasar por un banquillo?

Yo no soy socialista y jamás pondré en duda el voto socialista si nos queda algo de democracia, aunque sea de saldo. El problema es que ignoramos nuestra propia Historia, convenientemente asesorados por los planes de estudio de cualquier partido que llegue al Gobierno. Y al ignorarla se nos pasa por alto que mientras la derecha se mide y se teme a sí misma, hay una izquierda —no toda todavía— que hace y, sobre todo, deshace a su antojo cuando añade el ingrediente comunista. Desde el 31 hasta el siglo XXI.

Si la moción no estuviera justificada vería bien que Casado la diluyera en ácido y condenara el oportunismo de Vox. Pero no es el caso. Y si hubiera alguna mente en Génova 13 menos preocupada por eclipsar a la que ve como competencia interna y más centrada en conocer a la izquierda, trabajaría por hacer suya la moción de censura —que es la única forma legal de reprobar a un presidente— aunque la arriesgada idea de imposible aritmética sea del díscolo Abascal.

Ya nos ha avisado el filósofo Salvador, y esta vez no será por los belenes de Colau o las cabalgatas de Manuela, de que “las navidades no serán normales”. Una frase estupenda en boca de un gobierno lo más parecido al del Frente Popular. Y esa falta de normalidad que quieren convertir en habitual es la palanca de todo régimen autoritario, el punto muerto que sirve para elegir, sin consultar, cualquier rumbo. Vamos, que el rey ya puede ir escribiendo su discurso de Nochebuena anormal y colgarlo en una cuenta prestada de Twitter por si lo censuran o deciden que es una tradición extemporánea sin cabida en esta nuestra nueva democracia popular.

Termino, descreído, con una sugerencia a Vox, al PP y quizá a Ciudadanos si tuviera a bien bajarse del tejado: no se equivoquen de adversario, ni un minuto. Ellos no lo harán.

Por lo tanto, y porque contra el comunismo todo afán es poco: sí a la moción de censura. Indiscutiblemente.

Este Gobierno es ilegítimo
Carlos Dávila okdiario 17 Octubre 2020

Lo es porque procede de una iniciativa, la moción de censura contra Mariano Rajoy, basada en la manipulación de una causa en la que se imputaba directamente al entonces presidente la responsabilidad de la corrupción del caso Gürtel. Ahora, el Tribunal Supremo ha sentenciado que esta irrupción de Rajoy en la formación de una mafia destinada a engrasar la maquinaria del Partido Popular fue una demasía intolerable firmada por el juez Ricardo de Prada, un magistrado ahora apartado de la Audiencia Nacional (se reincorporará en diciembre) cuya sintonía con la izquierda militante e incluso con Bildu quedó clara el día que participó en uno de sus actos y afirmó comprender las “causas del conflicto”. Excuso recordar a qué conflicto se refirió este juez. Antes del verano concedió una entrevista-masaje al diario gubernamental y allí perpetró dos opiniones igualmente significativas; una, que el Supremo le iba dar la razón y otra, en forma de sugerencia, que Rajoy no dijo la verdad en su audiencia en el Supremo, algo de enorme gravedad porque el ex presidente tenía que expresarse con autenticidad innegociable dada su condición de testigo.

Para aquel juicio la izquierda judicial y política no dio puntada sin hilo. Por lo pronto, recusó a los magistrados Concepción Espegel y Enrique López, achacándoles una cercanía prácticamente dolosa con el PP, cosa que, al menos en el caso de la primera juez citada era rotundamente falso. Sin embargo, esta siniestra operación sí evitó que De Prada corriera la misma suerte. Todo, como en tiempos de Franco, estaba atado y bien atado. El PSOE de Sánchez, ávido patológicamente de poder, urdió una estrategia destinada a conseguir que los huesos de Rajoy se marcharan de La Moncloa. En el PP de Génova se vivían momentos convulsos y directamente desobedecieron (esto está comprobado) las órdenes del entonces presidente del Gobierno y del partido, que no eran otras que éstas: pagar cuanto antes los doscientos mil euros que, según parece acreditado recibieron de los gestores de la Gürtel. Los servicios jurídicos no atendieron esta indicación y este miércoles curiosamente, el Supremo ha advertido que, si se hubiera producido la reposición, la causa no hubiera tenido lugar.

Y, al tiempo que se urdía la arquitectura judicial, se ponía en marcha la política. No está comprobado que el antiguo líder de Ciudadanos, Albert Rivera, participara directamente en su construcción, ahora bien, es rigurosamente cierto que el desencadenante oficial de la moción fue una declaración de Rivera tan terminante y enfática como la siguiente: “Esta legislatura ya está acabada”. El apoyo decisivo de la moción, el PNV, ahora, tras los últimos acontecimientos, está filtrando que Ciudadanos ya había acordado nada menos que con los leninistas de Podemos la presentación de una moción de censura. Esta confesión de parte es similar a la que hace un par de años realizó el presidente del PNV, Andoni Ortuzar, a un grupo de periodistas. Dijo en aquel momento: “Ciudadanos ya había acordado la moción, nosotros no nos podíamos quedar solos apoyando a Rajoy: es más, así se lo dije y le añadí: desde tu partido me han llamado para husmear si nosotros, previa tu dimisión, apoyaríamos a otro candidato del PP, y les dije que de ninguna manera”. De todos modos, dijera Ortuzar lo que dijera, nada hay más seguro que esto: en el seno del PNV se produjo una agria discusión; el propio Ortuzar y el portavoz en Madrid, Aitor Esteban, se pronunciaron en contra de dejar caer a Rajoy; fue el lehendakari Urkullu y los guipuzcoanos de Eguibar los que impusieron el derrocamiento.

Ya se ve como en la nómina de culpables de una moción fundamentada en una manipulación, por lo menos, de un proceso judicial, hubo cinco responsables: el juez De Prada, Pedro Sánchez, Albert Rivera, el PNV y los servicios jurídicos del PP. Por este orden. Ahora bien: no todos acopiaron la misma culpabilidad. Si hay que buscar al principal artífice de la moción, lo hallaríamos en el juez mencionado porque, sin su actuación, aquella moción no hubiera podido defenderse en Las Cortes. Un párrafo surgido de la siniestra mano (o sea, izquierda) del juez, sirvió a Sánchez como falsilla para expulsar a Rajoy de La Moncloa. El ahora “líder mundial”, tal y como se autodefine en una chusca demostración de egolatría, antes de subirse al estrado, ya había incluso encargado los colchones de la residencia presidencial. Por tanto, y no como mera especulación, hay que concluir afirmando que este Gobierno de ahora, reforzado además con un partido leninista que quiere demoler la Constitución, es hijo de aquella sesión parlamentaria articulada sobre la insidia del magistrado De Prada. Ahora está a punto de volver, seguro que Sánchez, como pago a sus servicios, le tiene reservado un puesto de privilegio en la dictadura barrenera que está organizando ladrillo a ladrillo, golpe a golpe.

Dos pestes en una
Juan Carlos Girauta ABC 17 Octubre 2020

Pandemia y autogolpe son inseparables. Para empezar han coincidido en el tiempo. Si no guardaran más relación las dos tragedias, encontraríamos con Jung una extraña unidad de sentido. Pero hay mucho más que sincronicidad; hay relación estrecha, intensa y, en medida no desdeñable, causal. Sin la peste y el miedo que levanta, o bien el autogolpe habría tardado más, o bien el piloto Sánchez se habría quedado sin pista para despegarse de la democracia liberal. La pandemia ha imprimido el impulso decisivo a los liquidadores del 78. Y claro, estremece el encuentro de los 60.000 muertos (de momento) con el final de las libertades.

Tomemos el caso de Madrid. Estandarte de las políticas liberales (o de políticas más liberales), su paso al puesto de cabeza en la economía española resulta particularmente humillante para la trama entera del autogolpe: los partidos del gobierno y sus socios. Para los primeros, porque consolida al PP, porque se alza como baluarte de resistencia, y porque ha hecho cristalizar, hasta cobrar fortaleza diamantina, la figura de Isabel Díaz Ayuso. La presidenta es una piedra en el zapato del progrerío. Ni se calla ni les rehuye; más bien les busca las cosquillas, lo que la convierte en ejemplar único de gobernante español. Les recuerda, con razón, a Esperanza Aguirre: inmune a los ataques, reacia a dejarse victimizar por la manada político-mediática, resiliente (aquí sí) objeto de caricaturización, difamaciones, campañas de asesinato civil y conspiraciones. En cuanto a los socios del Gobierno, Madrid es humillante por definición. Verán.

Todo el imaginario nacionalista contemporáneo está levantado en Cataluña sobre un Barça-Madrid platónico que hay que ganar. Cuando tantos mayores les cuentan a sus nietos que ellos fueron antifranquistas se refieren a que algunos domingos iban al fútbol. ¿O no era esto más que un club? Los onanistas de la terra -que deberían hundir en ella sus falos en un acto atávico de auto plantación y poseerla de una vez por todas al son de las campanas de Montserrat- sombríamente gozan con agravios que se resumen en un Guruceta pitándoles penaltis injustos sin cesar. Y ellos venga a quejarse, a abuchear, a indignarse. Así llevan treinta años. Nadie lo tome a broma. No es un símil, la política se vive ahí exactamente como el fútbol: dos colores, fidelidades planas, lógica de masas y juego de suma cero. Solo puede ganar uno, y lo que gana es lo que el otro pierde. Pues bien, Madrid les ha ganado por tirarse tanto a la piscina. ¡Oh, ah! ¡Árbitro, capitalidad! ¡Fuera de juego! ¡Déficit fiscal! ¡Patada, volem votar! ¡Mesetarios! ¡Bua! De corregir ese agravio va la excepcionalidad impuesta a Madrid por el ministro de Sanidad, cuota del PSC en el Gobierno y posible próximo candidato a la presidencia de la Generalidad. La arbitrariedad que está arruinando tantos negocios madrileños dará sus réditos en febrero. Es todo lo que el PSC necesita, arañar algo en ese segmento y poner el cesto en el espacio vacío de Ciudadanos, donde las manzanas caerán solas.

Son por tanto las ideologías antiliberales las que están detrás del estado de alarma en Madrid, del doble baremo que hace la vista gorda con comunidades en peores condiciones, y de la arbitrariedad que supone cambiar de criterios para que, sean cuales sean los resultados de la gestión sanitaria de Ayuso, no resulten nunca suficientes.

Fue la experiencia de dictar excepcionalidades sobre ciudadanos libres a partir de marzo, de ordenar su encierro (novedad en democracia), de imponer centenares de miles de multas de flagrante ilegalidad, de suspender derechos fundamentales, de sentirse, en fin, dueños y señores de tantas ciudades fantasmales, lo que despertó y excitó al dictadorzuelo que habita en los corazones de Sánchez, Iglesias, Illa, Calvo, el pobre Garzón, Campo y hasta Simón, que sale a las ruedas de prensa como saldría Rovira a dar un Goya. Empieza a detectarse preocupación entre los periodistas destacados: Simón es el único que no nota la inconveniencia de bromear subido a una montaña de muertos.

Le cogieron deprisa el gusto a cercenar libertades y dar ruedas de prensa, u homilías inacabables comentando la jugada. Trataron al pueblo como menor de edad y les funcionó. Ahora esperan el lógico agradecimiento filial, el aplauso y a dormir. Y a callar. Por esa época regresó la censura a España con la deprimente colaboración de agencias de verificadores comandadas por periodistas del régimen. También comunicó el ministro de Justicia que estábamos en un proceso constituyente. Eso fue después de interrumpir el funcionamiento del Congreso, contraviniendo lo que expresamente dicta la Constitución. De modo que el Gobierno se sacudió sin más el control parlamentario. Estar fuera de la ley les satisfizo sobremanera y ahí se quieren quedar.

El miedo, los confinamientos, la preocupación por los niños en la vuelta al colegio, el luto por los amigos, la amenazadora presencia del bicho invisible que se te quiere meter por la boca, la nariz o los ojos, el ingrato resuello de las mascarillas, la ansiedad por la pérdida del empleo, el sedentarismo, el aumento de los trastornos mentales, todo trabaja en contra de nuestras energías y de nuestra capacidad de respuesta. Claro que si el Covid-19 le coge al PP en el gobierno las ciudades estarían ardiendo. Recuerden la que montaron por el perro Excálibur. Nadie quiere que arda nada, pero quizá la evidencia de que el Gobierno compagina una de las peores gestiones sanitarias y económicas del mundo con un ataque a los fundamentos de la democracia merezca alguna respuesta. No sé.

Ahora sí, crisis constituyente
José Manuel Maza okdiario 17 Octubre 2020

Tras su investidura, Sánchez tardó pocas horas en anunciar el nombramiento de la ministra de justicia, y diputada socialista, como fiscal general, anulando el requisito de imparcialidad (ex art. 124 CE) que debe imperar en cualquier actuación del Ministerio Público. De esta manera, dejaba claro el sentido institucional que imperaría en su acción de gobierno, siguiendo la estela marcada por algunos de los grupos parlamentarios que lo apoyaron para situarse al frente del Ejecutivo.

Una vez constituido el nuevo Gobierno, comenté los nombramientos de los ministros con personas conocedoras del mundo judicial y convenimos abiertamente en la inquietud que generaba la presencia de Podemos en el Ejecutivo. Sin embargo, la disparidad de opiniones se produjo al hablar de los elegidos para ostentar algunos de los llamados ministerios de Estado, en particular, Justicia, Interior y Defensa. Expresé abiertamente mi incredulidad por la aceptación de los tres magistrados, pues iban a formar parte de un Gobierno integrado por personas que han crecido políticamente abogando por la demolición del Estado de Derecho, que ellos defendieron en algún momento de sus carreras profesionales. Ante la gravedad de mis palabras, mis interlocutores, mucho más cautos, ponderaron la capacidad intelectual de los tres ministros, que yo no puse en duda, para después preguntarme si no era preferible que personas competentes liderasen las carteras ministeriales de mayor relevancia y así “controlar” a los extremistas. La respuesta pudiera parecer obvia. Sin embargo, mi contestación sorprendió cuando expuse que lo veía exactamente al revés, es decir, el hecho de que personas capaces, y perfectamente conocedoras de lo que supondría para el país la consecución de los objetivos políticos de Podemos, ERC, Bildu y demás socios del actual Ejecutivo, aceptasen integrar el Gobierno, me hacía sospechar que estas personas, otrora defensoras del orden constitucional, se habían cambiado de bando. No quise entrar en las razones personales que pudieran haber provocado semejante metamorfosis, aunque advertí que quizá el único fin fue siempre mantenerse en el poder y que ahora, simplemente, se trataba de utilizar otros medios para perpetuarse en él.

En la actualidad, las democracias liberales se convierten en autocracias no tanto con golpes de estado violentos, sino mediante la utilización espuria de las instituciones y su transformación en órganos serviles al Gobierno, único poder verdadero. Para lograr este fin, además de copar las instituciones con personas afines, dispuestas a aplicar el rodillo partidista, se suele utilizar una estrategia de intoxicación de la opinión pública repleta de cinismo y provocación. Esta es la hoja de ruta que el Vicepresidente Segundo no ha escondido nunca, e incluso ayudó activamente a implantar en países iberoamericanos, encontrando ahora en Sánchez a su mejor aliado. Y, bien sea por convicción o por la debilidad que supone la necesidad de aferrarse al cargo, ambos tienen en cada uno de los miembros del Gobierno a fieles lacayos en la estrategia de demolición del Estado de Derecho.

Ante la afrenta que estamos sufriendo, atacando día sí y día también la esencia misma de nuestro sistema de derechos y libertades, los ciudadanos no debemos cejar en nuestro empeño reivindicativo y denunciar públicamente lo que está ocurriendo. Estamos viviendo un momento histórico y los que defendemos la vigencia de la Constitución debemos estar más unidos que nunca, pues de lo contrario, quizá cuando nos queramos dar cuenta, nos han expropiado la casa que llevamos pagando treinta años. Eso, y mucho más, es lo que está en juego.

Víctimas y verdugos
La fábrica del «relato» vasco
Itziar Reyero ABC 17 Octubre 2020

En el País del Nunca Jamás los chavales no saben quién fue Miguel Ángel Blanco, pero celebran la excarcelación de Ibon Muñoa, el chivato concejal de HB que contribuyó al secuestro y ejecución del joven edil del PP. El viejo político terrorista no ha vuelto a su pueblo con la cabeza gacha, como pensaría el lector, sino bienvenido como un héroe. «Un preso político menos», le saluda el parlamentario de Bildu Pernando Barrena. «Ongi etorri».

En ese mismo país, Melitón Manzanas, el temido jefe de la Brigada Político Social de San Sebastián, nunca será visto como víctima, sólo como vil verdugo de -sí- horribles torturas durante el régimen de Franco. ETA lo «ajustició», tal y como así se ha extendido

en el imaginario popular vasco. Lo tenía merecido, al parecer. Pero lo peor, claro, fue que Aznar lo condecoró, reconociéndole su condición de víctima del terrorismo y el Supremo «español» le mantuvo la consideración.

Por el contario, serán sólo víctimas los etarras muertos cuando manipulaban una bomba, los que sufrieron malos tratos o, sí, fueron asesinados por los terribles GAL, o hasta los que se suicidan en la cárcel trastornados por su vida desperdiciada. Incluso para el propio presidente del Gobierno, que se compadece en abstracto en el Senado, olvidándose de su condición terrorista, de verdugo.

Pasará el tiempo, ETA habrá desaparecido ya hace muchos años y será un mal sueño solo para los que perdieron a sus familiares. Mientras, se multiplicarán las exposiciones como la recién estrenada en Bilbao: «Nunca más violencia terrorista y abusos policiales». Pero en la que no hay rastro de ETA. La muestra está patrocinada por el Gobierno vasco, que ya hizo su trabajo con el experto forense Paco Etxeberria y una conclusión atroz: 4.113 vascos torturados desde 1960. Aunque se matiza en la exposición que serían muchas más, porque muchos prefieren olvidar o han muerto ya. «La tortura fue práctica habitual en el País Vasco tanto durante el franquismo como en los primeros años de la democracia», concluye. Porque, ¿qué mayor tortura que la que practicó ETA, aunque sea por el número de asesinatos?
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