AGLI Recortes de Prensa   Lunes 19  Octubre  2020

Vox, en su primer asalto para rebasar al PP
EDITORIAL Estrella Digital 19 Octubre 2020

El fuerte deterioro que padece España, sumado y como consecuencia de la crisis sanitaria que aún lleva todos los días a compatriotas a la UCI y al cementerio, está dejando en términos generales un clima entre la opinión pública que, políticamente, se puede resumir con facilidad: el PSOE y el presidente Sánchez no se desgastan; el Partido Popular no termina de despuntar, incluso padece una leve erosión; Vox apunta hacia arriba jornada tras jornada.

La moción de censura que llega en cuestión de horas al Congreso de los Diputados persigue precisamente como objetivo responsabilizar al gobierno y a las dos formaciones que lo sustentan de la depresión a la que está empujando a España, y señalar, punto por punto, el capital social y productivo cuya dilapidación están generando con su falta de preparación para la gestión.

Simbólica o no esta maniobra, Vox pretende con ella instituirse en un instrumento vivo al lado de los ciudadanos; por una parte, aprovechando la crispación que genera el paro y la precariedad, mientras los políticos no se plantean la reducción de sus privilegios; por otra, sacando tajada de un liderazgo, el de Casado al frente del Partido Popular, que no termina de afianzarse ni de cristalizar a los ojos del segmento del electorado que hace sus apuestas del centro a la derecha.

Ése es justamente uno de los mayores riesgos que afronta Génova, ya inevitablemente, con la puesta en escena que se materialice y visualice ante España entera en la Carrera de San Jerónimo: el de un partido, que aun a costa de perder la votación, aun a sabiendas de que se le pueda reprochar su utopismo o su oportunismo, pueda convertirse para más votantes todavía en el que enarbola la bandera verdadera y eficaz bajo la que se quiere y se puede proteger a los españoles de infantería de los desmanes del poder ejecutivo.

Como en su momento la inició Ciudadanos, fracasando finalmente por razones ya sabidas y analizadas, Vox inicia esta semana una carrera para arrebatar al PP la hegemonía de un espacio ideológico ancho -en las antípodas del socialismo y el comunismo reinante- en el que sus integrantes acumulan ya demasiadas decepciones y frustraciones. Con la suerte cayendo aún no se sabe de qué raya, lo que es incuestionable es que la emergencia nacional ha traído con ella la hora de los valientes, la de de quienes -desde los valores- ni contemporizan ni se arrugan.

Diario de la pandemia: ¿Qué hemos aprendido de la pandemia?
Agapito Maestre Libertad Digital 19 Octubre 2020

Quizá el terrible deseo de inmortalidad, lejos de haberse visto afectado por la realidad, se ha convertido ya en un prejuicio barato al alcance de cualquier botarate. Pocos quieren asumir lo evidente: el ser humano es mortal. Si el ámbito de la moralidad está peor que hace un año, el orden político de carácter nacional e independiente parece haber desaparecido. El Parlamento y el Gobierno solo pueden desempeñar un papel meramente administrativo; sí, el Gobierno y la Oposición han ido a la UE para que sus instituciones arreglen nuestro desaguisado "nacional". Imposible. Unos no quieren reconocer que son dictadores y otros no se atreven a llamar por su nombre al gobierno de Sánchez. Vivimos entre frívolos y fanáticos.

Nuestros políticos han despreciado las pocas instituciones españolas y buscan legitimidad fuera de nuestras fronteras. Sinvergüenzas. Nadie los escucha. Nuestros políticos son la hez de un país sin hechuras culturales, políticas y nacionales. Nadie les presta atención. Ni en España ni Europa tienen credibilidad. Todo el mundo desconfía de ellos. Nadie cree que puedan hacer nada por su país. El nivel de desafección ciudadana es tan alto que pronto dejarán de emitirse los programas políticos-basura, como los de la Sexta y Tele 5, porque nadie los verá. La chusma sectaria y fanatizada acabará por ver solo programas-basura de cocina y cotilleo. En estos espacios, como quería Stalin, no hay secretos.

De esta terrible epidemia sale, pues, reforzada mi convicción sobre este viejo país: España, como Estado-nación, está al borde del abismo. No se trata de un "Estado fallido", una expresión de corte politológico que sólo explica lo más superficial del asunto, sino de la muerte entera de la nación. No es asunto nuevo. La cosa viene de lejos. Nadie se llame a engaño. Repasemos y repasemos. Es la base de la sabiduría. Repitamos lo aprendido: los líderes políticos actuales son el resultado final de 43 años de engaños y mentiras, de soluciones falsas y época de bonanzas, de vivir de las arcas llenas y de las instituciones clave del franquismo, empezando por su principal legado: la Monarquía parlamentaría.

Sabemos bien qué fue la Transición y el Socialismo, las cositas de Aznar, el régimen basura de Rodríguez Zapatero, las cobardías de Rajoy y lo de ahora… ¿Quién no sabe qué cosa sucede ahora? Todos los sabemos, aunque algunos se escondan y digan con la boca chica: nada tengo que ver en esto. La dictadura, o el régimen político basura que padecemos, nada tiene que ver con nosotros. Pero, ay, amigos, todas las "elites" intelectuales, políticas, sociales y económicas tienen mucha relación con "esto". Vaya que la tienen. Y son los primeros que tendrían que dar cuenta de sus irresponsables comportamientos y cesiones a los dueños del poder político, pero no lo harán porque su cobardía es congénita. Y su base de actuación en la vida política ha sido destruir, destruir y destruir las instituciones nacionales. Y sin nación no hay nada. En eso estamos.

Los socialistas procedían del franquismo
Tengo la memoria llena para escribir un tomo sobre qué es el PSOE y su espejo deformado, el PP, pero baste decir que los dos tienen puntos comunes que han llevado al país a la hecatombe. Conocemos bien la procedencia de los socialistas: las camisas azules del Movimiento se cambiaron por las chaquetas de pana de González y Guerra. Los socialistas procedían del franquismo, o peor, eran los hijos de papá del franquismo. Sabemos de lo qué hablamos. Lo decisivo para esta gente era destruir. Nada más llegar al poder, en 1982, instalaron una maquinaria de poder no tanto para desmontar el Estado cuanto para ocuparlo. Se trataba de convertir España en una empresa para hacer más ricos a los ricos y darle las migajas a los pobres… Un nuevo "pancismo", sí, impuso el PSOE en toda España.

Y lo consiguieron con la ayuda inestimable de los separatistas y los partidos políticos que hicieron del PER, de los Planes de Empleo Rural, las bases de su política social. También las elites intelectuales y universitarias tragaron con este anacrónico "igualitarismo". El pancismo siguió con el PP. Nunca se ha roto. Nunca quisieron superarlo. Llenar la "andorga" de los ciudadanos, como sea y a cualquier coste moral, para convertirlos en consumidores, es el principal objetivo "político" que han perseguido estos dos partidos sin otro objetivo que controlar el poder. Ninguno de los dos se ha preocupado por continuar, afianzar y desarrollar las bases de un Estado-nacional, que el antiguo régimen creó con mejor o peor fortuna y, sobre todo, con el esfuerzo de varias generaciones de españoles. Eso es todo: el Estado se derrumba y la nación no existe. Sobre esos escombros la dictadura de Sánchez-Iglesias se enseñorea, e incluso "ninguneará", con la colaboración del PP, al tercer partido nacional, Vox, en la presentación de la moción de censura contra un gobierno autoritario.

Iglesias ya tiene su PDVSA: se llama UE
Domingo Soriano Libertad Digital 19 Octubre 2020

En los últimos años, miles de venezolanos, huyendo del chavismo, se han instalado en España. Y en muchas ocasiones, cuando hablamos con ellos, les preguntamos: ¿Cómo pudisteis votarles? Cómo pudo Hugo Chávez hacerse con el poder en un país de clases medias, con una historia democrática, con sus problemas pero relativamente próspero, al menos en el contexto latinoamericano.

En realidad, la pregunta pierde el foco de lo esencial. Que Chávez ganara puede explicarse de muchas formas: la corrupción de los partidos tradicionales, la crisis económica de los noventa o los engaños de una campaña en la que se presentó como un corderito socialdemócrata. Lo que debería llamarnos la atención es que repitió: y sí, había manipulación, medios de comunicación sometidos, trampas electorales... lo que nosotros queramos, pero ganaba fácil. En su primera década de existencia, el régimen disfrutó de un inequívoco apoyo popular a pesar de todas sus tropelías.

La clave fue el petróleo: a partir del año 98, el precio del crudo comenzó una década de subidas que duró hasta la crisis financiera de 2008-2010. E incluso, tras esos años, durante un tiempo se mantuvo muy por encima de sus niveles de comienzos de siglo. Destrozar un Estado y una economía no es sencillo ni barato: tienes que comprar muchas voluntades en las instituciones (Chávez, por ejemplo, tomó el Ejercito a golpe de cheque), crear una red clientelar que te asegure miles de votos, consolidar una trama de subvenciones para mantener el apoyo de aquellos a los que estás sacando de la economía productiva, etc. Porque ésa es otra: todo eso lo tienes que hacer al mismo tiempo que vas socavando la posición de las empresas, un mercado mínimamente operativo, cualquier asomo de competitividad o emprendimiento...

No es barato ni sencillo, pero el chavismo se sentaba sobre las mayores reservas de crudo del planeta y, hasta que mató a su gallina de los huevos de oro, PDVSA (la compañía petrolera estatal de Venezuela) financió la destrucción de la democracia y la consolidación del nuevo régimen.

¿La salvación?
En España no tenemos petróleo. No sólo eso. Es que estamos en quiebra. Sí, quiebra: sin el apoyo de nuestros socios europeos tendríamos complicado el acceso a los mercados y el Estado tendría que afrontar un ajuste muy duro, en gastos e ingresos. Muchos analistas con los que he hablado en los últimos años utilizaban esta posición para tranquilizarme con argumentos del tipo: "No podrán hacer nada. No tendrían dinero. Incluso si llegan al poder [me decían] tienen las manos atadas: sin cash, no hay revolución".

Ahora que la crisis de la covid-19 ha agudizado todavía más el descuadre de las cuentas públicas y nos ha hecho todavía más dependientes del exterior; y ahora que ya están en el poder y son, por lo tanto, verdaderamente peligrosos; la salvación parece estar en Europa. "El que paga manda", me dicen, "no harán nada porque necesitan el dinero de la UE para sobrevivir y la UE no les dará ningún margen; los gobiernos alemán u holandés no se pueden permitir la imagen de España dilapidando los fondos de los diferentes programas de reconstrucción".

En la mitad de su argumentación sí les doy la razón: en eso de que la UE tiene la sartén por el mango y que no se hará nada sin su consentimiento, implícito o explícito. Lo que me genera muchas más dudas es la otra parte: la de las restricciones, las reglas y el control.

Soy escéptico mirando al pasado y al futuro. Sin necesidad de irnos a Venezuela: los sucesivos gobiernos griegos destrozaron el país (y mintieron a troche y moche) no ya con la aquiescencia de Bruselas, sino con su colaboración directa. Quizás una colaboración involuntaria, pero necesaria. Les financiaron sus tropelías durante años. Arrasaron su economía productiva con el dinero de la UE. Sin esas transferencias, el daño habría sido menor.

Esto es importante tenerlo en cuenta, porque siempre se da por hecho que los fondos son una buena noticia. Y no tiene por qué. Depende de para qué los uses. Es como ese hijo de 25 años tarambana que te pide dinero por enésima vez: si es para pagarse un máster con el que reconducirse y empezar de nuevo, prestarle el coste de la matrícula puede ser una buena ayuda; si es para pagar las deudas de juego pasadas y seguir con la fiesta, lo peor que podrían hacer sus padres es realizar la transferencia.

De PDVSA a la UE
Leo este sábado a Luis Garicano en El Mundo: "O Pedro Sánchez cambia o me temo que terminamos intervenidos por los hombres de negro". El eurodiputado de Ciudadanos (que, por cierto, está demostrando que se pueden hacer muchas cosas y ser influyente en Bruselas, si te lo curras, desde una posición aparentemente secundaria y en un partido en horas muy bajas) lo dice como si fuera un problema, pero yo lo leo y pienso: "Ojalá... pero no lo veo".

Sánchez e Iglesias son dos trileros intentando jugársela al otro (y jugársela, al mismo tiempo, a Bruselas). Uno quiere ser Grecia o Italia: economía estancada, que vive del apoyo de sus socios y que posterga de forma indefinida cualquier reforma sustancial. El otro mira a Argentina: cambio de régimen, peronismo asentado en el poder durante décadas y una red clientelar eterna que empobrece al país poco a poco, pero que se sostiene con lo que saca de chupar la sangre a los exportadores de soja, maíz o carne. Y materias primas, en Argentina, siempre habrá; como España tendrá 60-70 millones de turistas, como mínimo, cuando las cosas se normalicen, sea cuál sea el Gobierno.

Por supuesto, los dos están dispuestos a darle lo que sea al nacionalismo para consolidarse en el poder. Esto último sin mucho esfuerzo, porque el objetivo final del nacionalismo y Podemos es el mismo: destrozar el actual marco institucional. No seamos ingenuos, estamos en un cambio de régimen y quieren que se lo pague Alemania.

Ahora pensemos en los líderes europeos. Esos en los que tanto confiamos para controlar a nuestro Gobierno. Por ejemplo, Mark Rutte, el primer ministro holandés. Ya lo apuntábamos con aquella batalla de los Eurobonos, que parecía que no pero al final sí: a este hombre, el mercado laboral español, el asalto del Gobierno a las empresas públicas o la competitividad de nuestra economía se la trae al pairo. Y es lógico que así sea. Su prioridad es ganar las elecciones que tiene el año que viene. ¿Querrá ir a las urnas con un mensaje de mano dura con el sur? Sí, pero ese mensaje no tiene por qué basarse en hechos reales. ¿Qué conocemos nosotros de la política holandesa? Pues tirando a poco. Y lo mismo ellos de nosotros. Escuchan algo de un pacto del partido socialista español con otro partido de izquierdas que se llama Podemos y les suena al típico acuerdo socialdemócratas-verdes del norte de Europa. No piensan en Venezuela. Eso lo sabemos aquí. ¿Que, en alguna de las próximas cumbres, Rutte o Merkel se pondrán la careta de tipos duros y exigirán alguna declaración del Gobierno español en la que prometa que reformará las pensiones o controlará el déficit? Sí, es probable. Y el Gobierno mandará un Plan Presupuestario a la Comisión con un par de promesas vagas. Y ellos volverán a su país con cara de "A mí no me la juegan estos españoles".

Pero no seamos ingenuos. Lo que Rutte (por no hablar de Merkel) quiere son unos años tranquilos. Poder reconstruir su país tras el huracán de la covid sin tener que estar pendiente de lo que pase en la UE. Y sólo de pensar en volver a abrir la negociación sobre los fondos, el reparto del Presupuesto, las amenazas de veto (y España las tiene, como todos los socios, en temas clave)... se lo imagina y ya le da dolor de cabeza.

No tengo ni idea de quién tiene razón en el conflicto de la UE con Hungría y Polonia. Leo a gente muy sensata que me dice que sus gobiernos quieren destrozar el Estado de derecho. Y leo a otros, de los que también me fío, que me dicen que es una lucha ideológica y que la Comisión no admite que un Gobierno realmente conservador aplique su programa. Pero no quiero discutir eso ahora. Lo que me importa es la negociación: llevamos casi una década de amenazas desde Bruselas y los resultados han sido nulos. Cada tres meses, un informe de la Comisión o del Parlamento contra el Gobierno de Hungría; y cada tres meses, Orban hace lo que le da la gana.

Aceptémoslo, lo normal es que nos den el dinero (los 180.000 millones de euros que nos han prometido si sumamos todos los programas en marcha) y no hagan muchas preguntas. ¿Y eso no alimentará un problema todavía más importante de aquí a diez años? Sí, pero entonces que se lo coma el que esté en las cumbres europeas dentro de diez años (si es que quedan cumbres y UE para entonces). Los que regalaron el dinero a los gobiernos del Pasok durante toda la década de los 90 y les permitieron entrar en el euro no fueron los que tuvieron que aguantar el chantaje de Varoufakis en 2015.

Además, para eso está Calviño. Para poner buena cara, idiomas y su agenda de contactos en la Comisión. Y para traerse el dinero con el que destrozar las instituciones españolas. Iglesias ya lo sabe: él no tiene PDVSA, pero tiene a la UE. Ni tan mal: mancha menos y no tienes que reunirte con el resto de países de la OPEP, con esas fotos tan feas rodeado de tanto dictadorzuelo.

La agenda de un Gobierno sectario
Editorial ABC 19 Octubre 2020

El Gobierno de Pedro Sánchez ha definido con absoluta transparencia una agenda de prioridades políticas que no son las que se corresponden con un país en crisis -sin precedentes- económica y sanitaria. Son las prioridades de un Ejecutivo de coalición que se forjó con el propósito de ejecutar un proceso de desmantelamiento constitucional, sin necesidad de modificar una sola letra de la Carta Magna. Todo sistema constitucional se asienta en un texto escrito, salvo el británico, y en un código de conducta basados en los valores y el espíritu de ese texto. Esto es lo que se llama lealtad constitucional. Por eso, el Gobierno de Sánchez es el más desleal con la Constitución desde 1978, porque, consciente de que carece de mayoría parlamentaria y social para un cambio constitucional explícito y formal, se está dedicando al vaciamiento de los valores constitucionales con el apoyo de quienes, por definición, quieren dañar a España. En vez de buscar las transacciones con la oposición que reclaman los ciudadanos en un estado de angustia colectiva por el Covid-19, Pedro Sánchez y Pablo Iglesias no han cedido un milímetro ni un segundo de su acción conjunta para abrir lo que el ministro de Justicia, Juan Carlos Campo, el más sincero y el menos indicado para decirlo, calificó como «crisis constituyente».

El borrador de la ley de Memoria Democrática, la reforma a la baja del delito de sedición, el golpe de mano contra el Consejo General del Poder Judicial, el asalto fiscal a las clases medias y hasta la descalificación del sistema educativo público, condenado a ser una fábrica de jóvenes sin futuro, conforman el guion de un plan sectario y autoritario contra la libertad individual, el Estado de Derecho y la concordia social. La pandemia es una cortina de humo para colar en la «nueva normalidad» la ingeniería social a la que nunca renuncia la izquierda española, porque, en mayor o menor grado, sigue pensando que el pacto del 78 fue una concesión vergonzante al franquismo. Su constante regreso a los años treinta del siglo pasado no es un ejercicio de nostalgia, sino la declaración formal de que aún tienen cuentas que ajustar con media España. Su agenda política es, por tanto, la expresión de una estrategia que busca desterrar del código de valores sociales la independencia de los jueces, el reencuentro histórico entre españoles, la protección penal de la Constitución y hasta la fortaleza de las clases medias. Este empobrecimiento económico, pero también político, que está viviendo la sociedad española es, para la izquierda extrema que lidera Pedro Sánchez a través de Pablo Iglesias, la oportunidad de crear un país subsidiado y sumiso. Avisados estamos.

Señor Aznar, ¡claro que es oportuna la moción de Vox!
Miguel Ángel Belloso okdiario 19 Octubre 2020

El insigne autor catalán Josep Plá dejó escrito hace ya mucho tiempo que la juventud es la época más estúpida de la vida. Carecemos de experiencia y sobre todo de lecturas, en caso de que se tenga una cierta afición. En mis años mozos, cuando ejercía el periodismo de trinchera y era incluso más estúpido que ahora, me dio por pensar que no había alternativa al socialismo de Felipe González, que ha sido el gobernante más longevo de la historia reciente, conservando el poder desde 1982 a 1996 tras ser derrotado por la mínima.

Cuando comentaba estas sensaciones en casa, mi padre ponía cara de póquer, como arrepintiéndose del dineral que había invertido en mi educación. Naturalmente, estaba en lo cierto. Durante la estancia de González el país prosperó -qué duda cabe-, pero convendría recordar que abandonó la Moncloa dejando la nación en un estado comatoso: un desempleo que superaba el 20%, una inflación desbocada y un déficit público del 7%, que ya entonces era un escándalo.

Con la llegada de Aznar caí definitivamente del guindo. Me di cuenta de que había alternativa política, y de que generar prosperidad y bien común para todas las clases sociales es lo más alejado de las habilidades de la izquierda. Para mí Aznar es un tótem. Le guardaré admiración eterna. Fue capaz de que España ingresara en tiempo y forma en la Unión Monetaria contra la opinión de la mayoría, incluidos los del Ibex 35 -muchos de los cuales eran partidarios de una segunda velocidad-, del gobernador del Banco de España Luis Ángel Rojo e incluso de su propio vicepresidente Rato.

Aznar forjó y engrandeció la derecha apocada y temblorosa de la época. Abrazó sin fisuras el liberalismo y el atlantismo, y la dotó de un programa consistente en la reducción del tamaño del Estado, en el recorte del gasto público y en la rebaja de los impuestos. Apostó con una determinación no exenta de vacilaciones por la economía de mercado y por la sociedad abierta -después del largo secuestro del socialismo-, pero falló a la hora de librar con la potencia de fuego precisa la batalla cultural contra la hegemonía ideológica de la izquierda y su falsa superioridad moral. Falló clamorosamente a la hora de arreglar el sistema educativo.

Mi admiración por Aznar no equivale, sin embargo, a que coincida siempre con sus opiniones. Por ejemplo, él sostiene que la moción de censura de Vox, que se debatirá esta semana en el Congreso, es inoportuna y que sólo contribuirá a agudizar la división de la derecha. Esto último es posible. Que es inoportuna, desde luego que no. Cuando un país está dirigido por un psicópata que tiene el récord de más muertos por la pandemia -a causa de su negligencia y de su desidia-, que nos condena a la depresión económica más descarnada de todos los estados desarrollados y que impulsa la degradación institucional más acusada de la historia, hasta el extremo de violar la separación de poderes -incurriendo en un sesgo dictatorial inédito-, la moción de censura de Vox es pertinente y está sobradamente avalada por la incuria criminal de Sánchez.

Moción obligada
Esta moción de censura era obligada desde que el felón que se sienta en la Moncloa empezó a esconder el número de muertos de la pandemia, desde que con el confinamiento brutal ha devastado el aparato productivo y desde que con sus embustes y añagazas empezó a hundir irremisiblemente la reputación del país. Esta moción de censura la tendría que haber presentado el PP, pero es evidente que Pablo Casado, rodeado de la tropa mediocre y acomplejada que sigue siendo santo y seña del partido desde que lo contaminó con su abulia y su falta de nervio moral Mariano Rajoy, se dejó comer el turrón. Se vio preterido cuando era previsible que Vox no iba a dejar pasar la oportunidad.

Tengo una enorme simpatía por Vox. La causa de su advenimiento es responsabilidad exclusiva de Rajoy, que -todo hay que decirlo- ha sido el mejor parlamentario desde la Transición, el que nos salvó de la intervención europea después de la gestión del desalmado Zapatero, el que saneó milagrosamente el sistema financiero -con la ayuda del ministro Guindos y de Bruselas- y el que reformó, menos de lo debido, el mercado laboral dotándolo entre otras cosas del instrumento de los ERTE de los que ahora quiere apropiarse el Sánchez mendaz. Dicho esto, su gestión del conflicto catalán fue pésima, ya aclaró durante el infausto Congreso del PP de Valencia que su aprecio por el liberalismo era perfectamente descriptible, y jamás ha sentido emoción alguna por el debate ideológico, que siempre le ha importado un pimiento. Como a los cerdos las margaritas.

De esta indolencia imperdonable es de la que nace Vox y su obsesión indeclinable por combatir todo vestigio del progresismo deletéreo, su afán de luchar contra el pensamiento políticamente correcto -que está devorando la libertad de expresión y la moral colectiva- y su voluntad de apadrinar a los miles de huérfanos que ha ido dejando el PP a lo largo de los últimos años, y que pueden crecer si Casado, que ganó las primarias con un discurso inconmensurable, se arruga asediado por el cainismo interno, los barones de medio pelo faltos de enjundia intelectual y los timoratos que le dicen al oído que el PP tiene que ser un partido de Estado y estar abierto a acuerdos. ¿Un partido de Estado? ¿Abierto a acuerdos con un psicópata que abrirá las cortinas de la bañera cuando te estés duchando para clavarte el cuchillo como en el filme de Hitchcock? Lo que procede con Sánchez es castigarle el hígado hasta que deje de sangrar, y persuadir a la opinión pública de que este ejercicio de autodefensa -es verdad que más propio de Mike Tyson que de Cassius Clay- es el mayor despliegue de patriotismo que conviene en los momentos aciagos que atraviesa la nación.

Sólo Sánchez ha ganado una moción de censura en España. Con trampas, vulnerando el espíritu constructivo con el que está diseñada constitucionalmente. ¡Pero qué más da! El caso es que las mociones de censura, las otras que se han sucedido a lo largo de los años fracasando, se promovieron para ganar o recobrar protagonismo y para dejar en evidencia al adversario, confiando en que la victoria del Gobierno fuera pírrica. El PP parece decidido a votar en contra de la de Vox. Creo que es un error, y desde luego el argumento de que no tiene posibilidad de salir adelante es de una obviedad infantil. Me parecería más prudente una abstención. ¿Qué más da lo que diga Sánchez después, si ya sabes que está determinado a matarte en la ducha a nada que te descuides?

Hacer oposición al albur de la propaganda que diseña con un éxito feroz Iván Redondo desde la Moncloa es una equivocación. Lo importante es tener una estrategia propia y robusta. Pero Casado no la tiene, o no consigue transmitirla. A día de doy, por ejemplo, seguimos desconociendo su discurso económico, más allá de los habituales lugares comunes. No sabemos qué haría para detener la caída por el precipicio de una economía que va camino de los seis millones de parados, ni cuál sería su plan para aprovechar eficazmente los 140.000 millones que recibiremos si Dios quiere de Bruselas y que los socialistas y comunistas van a dilapidar sin ningún género de duda. La moción de censura de Vox servirá al menos para comprobar si el partido de Santiago Abascal tiene más claras algunas de estas cosas, y si alberga un programa político y económico de envergadura. Capaz de desarbolar la caricatura grotesca con la que le persiguen Sánchez e Iglesias, apoyados por la mayoría de los medios de comunicación. Ya saben, ¡los fachas!, a los que me adhiero. Sería una pena que desaprovechara la oportunidad.

Tengo una opinión formidable del señor Casado. Creo que conozco sus valores, que sé cómo piensa. Por eso me duele verlo desdibujado, en ocasiones sin pulso, penosamente acompañado y sobrepasado por cuestiones estrictamente internas. Fruto de ellas prescindió de Cayetana, con lo bien que nos vendría en estos momentos, y está cometiendo la enorme torpeza de renunciar a la batalla cultural, que Vox libra a diario sin cuartel y que debe ser sin duda la prioridad política de la derecha, por encima del Covid. Este patógeno infernal sigue cobrándose vidas, pero la corporación totalitaria que gobierna España, una potente terminal de la confabulación planetaria contra el mercado y la democracia liberal, está condenando a la muerte civil a más de la mitad del país. Hay que enfrentarla a sangre y fuego.

Hablar de impuestos y no de bajar el gasto
Primo González republica 19 Octubre 2020

El debate sobre la fiscalidad está en el centro del debate sobre lo que tienen que hacer los políticos en los próximos meses para tratar de sacar a la economía del frenazo en el que vive como consecuencia del coronavirus. El punto de partida es bastante crítico: España ha alcanzado niveles de deuda que resultan posiblemente insoportables, es decir, que pueden lastrar nuestra capacidad de crecimiento para los próximos años.

Hemos roto la barrera del 100% de déficit sobre PIB y todo apunta a que el año 2021 veremos porcentajes superiores al 115% e incluso cercanos al 120% del PIB. Es decir, una deuda que supera la capacidad de producción anual del país. Por muchas vueltas que se le dé al asunto, este es un nivel de endeudamiento inviable, ya que exigirá como primer paso volver al superávit anual (es decir, cada año ingresar más de lo que se gasta), lo que resulta difícil de considerar debido a que la economía se quedaría sin fuerza para afrontar servicios esenciales, como la sanidad, la educación, la seguridad, las obras públicas,…

El Gobierno ha propuesto un aumento de los impuestos para el año próximo de unos 7.000 millones de euros. No está claro de dónde van a salir estos ingresos fiscales adicionales, ya que el logro este objetivo exigirá nuevas figuras fiscales o reforzamiento de algunas de las ya existentes. Es un camino inverso al que están proponiendo los Gobiernos de los principales países de la Unión Europea, en los que predominan las propuestas de rebaja de impuestos con objeto de impulsar la inversión y la actividad y, de este modo, crear empleo y acelerar el crecimiento económico (el PIB) para, de este modo, sanear la economía, con un balance más adecuado para la creación de riqueza.

La propuesta generalizada en Europa choca con los propósitos anunciados por las autoridades españolas. No está nada claro que ir a contra corriente facilite la creación de riqueza en España, ya que ahuyentará la inversión extranjera e incluso desviará flujos de inversión que están apostando por España y que, en condiciones adversas, escogerán otras vías.

La subida de impuestos en España tropieza con el sentido común (los demás, es decir, nuestros competidores más próximos, están haciendo lo contrario, en detrimento por lo tanto de nuestras expectativas de mejora) y va a encontrar la oposición de algunas instituciones comunitarias, que no se mostrarán muy dispuestas a conceder a España las ayudas previstas en los planes de apoyo económico. Nadie quiere tirar el dinero ni apostar por un país que no tiene claras sus prioridades económicas y sociales.

No se han explorado las posibilidades de frenar el gasto, que sería una de las estrategias posibles, y desde luego necesarias, para reducir el endeudamiento. Hablar de más impuestos, cuando los demás países de nuestro entorno están predicando lo contrario, es bastante suicida y sobre todo presenta el lado más oscuro de la estrategia económica. Desde luego el problema no solo radica en que no se estén adoptando medidas de frenazo al gasto público sino que ni siquiera se habla de ello y el país carece de sensibilidad para detectar este asunto como un problema. Quizás una mezcla de ajuste de gastos y retoques de impuestos sería una solución más útil.

El FMI confirma que la política económica del Gobierno lastra a España
José María Rotellar Libertad Digital 19 Octubre 2020

El Fondo Monetario Internacional (FMI) ha confirmado que España se quedará rezagada en cuanto a la recuperación económica y, con ello, en la evolución del mercado laboral, punto débil de nuestra economía debido a su menor productividad y la mayor intensidad de la mano de obra en nuestra estructura económica.

Ello se debe a la equivocada gestión de Sánchez en la gestión de la doble crisis provocada por el coronavirus, tanto la parte sanitaria como la económica, pero no hay que olvidar que el daño a la estructura económica viene de lejos, de su propio programa de Gobierno.

Así, desde que fue investido presidente del Gobierno, tras la moción de censura de mayo de 2018, Pedro Sánchez ha aplicado una política económica que se ha alejado de los parámetros establecidos en el Pacto de Estabilidad y Crecimiento de la Unión Europea, relativo a las condiciones para mantener una convergencia económica que hiciese posible la convivencia armónica de los países que integran el euro en materia económica, elemento imprescindible al haber entregado todos ellos la política monetaria y mantener la política fiscal.

Esos criterios nunca fueron un capricho, sino la forma de asegurar que las medidas de política monetaria que tomase el Banco Central Europeo, que lo hace en función de lo que más conviene a la media de la eurozona, afectasen a todos los países por igual, y la única manera de garantizarlo era que todos los países se comportasen de manera muy similar.

Sin embargo, desde que Sánchez fue elegido, la política económica de España sufrió un cambio completo: modificó los objetivos presupuestarios para 2018 y 2019 y elevó el gasto. Eso hizo, por ejemplo, que el objetivo de déficit para 2019 negociado por Rajoy con Bruselas, que era del 1,3%, pasase a ser del 2% al llegar Sánchez. No obstante, el incremento que Sánchez le imprimió al gasto fue tal que la UE siempre consideró que el déficit sería todavía mayor, cerca del 2,2%. El propio Banco de España llegó a estimar un 2,5%.

Entre esos gastos, se incluyen todas las rigideces que fue introduciendo Sánchez, la mayoría en los consejos de ministros de los viernes, que él llamó sociales y la oposición tildó como electorales. Todas esas medidas incrementaban el gasto en 9.025 millones de euros

Adicionalmente, la subida artificial del salario mínimo un 22,3% en 2019, más el incremento de 2020, destruyó empleo (casi 205.000 afiliados a la Seguridad Social en enero de 2020), que sólo por estabilizadores automáticos incrementó el gasto (más prestaciones por desempleo) y disminuyó los ingresos (caída de recaudación por menor actividad), que agrandó el déficit.

Así, del 1,3% pactado con Rajoy y el 2% anunciado por Sánchez, España comunicó un déficit del 2,64%. Sin embargo, pocos días después Eurostat se lo corregía a 2,82%, en un hecho poco común, que debilitó aún más la credibilidad del Gobierno.

Y llegó el coronavirus
En cuanto a la crisis del coronavirus, Sánchez actuó tarde y mal en las medidas de prevención, que podría haber adoptado en enero, de manera que con medidas más suaves habría podido evitar tanto contagio y el colapso de la sanidad, lo cual habría impedido que falleciesen tantas personas y no habría sido necesario cerrar la economía. Sin embargo, su imprevisión le llevó a decretar el cierre productivo de casi toda la actividad económica. Su lento plan de reapertura, la inseguridad jurídica creada al hablar el Gobierno de nacionalizaciones -Iglesias y Garzón-, de subida de impuestos, la derogación de la reforma laboral pactada con Podemos y con el antiguo brazo político de ETA (aunque después se desdijesen en parte), y la imposición de una cuarentena a los viajeros extranjeros hicieron que el horizonte de recuperación español fuese menos intenso y más largo que el de nuestros socios de la UE, que unido a la más baja productividad de la economía española provoca que el mercado de trabajo se resienta más que el del resto de países comunitarios. Bruselas le pedía reformas estructurales y Sánchez les mostró una involución en las reformas existentes. Mal camino para ejecutar la ayuda europea, que cada día que pasa vemos que va a estar sometida, lógicamente, a un mayor control para que se emplee en reformas estructurales, y no en las ideas “buenistas” en las que parece querer aplicarlas el Ejecutivo.

Con todo ello, ¿con qué nos encontramos? Con que el FMI certifica que la evolución de la economía española es peor que la del resto de países avanzados. Así, España, es el único país de las economías avanzadas que ve retrasar su recuperación de manera importante en comparación con la anterior estimación, del mes de junio.

Estados Unidos, por ejemplo, mejora su previsión de manera que va a caer sólo la mitad que lo previsto en junio (un 4,3% de caída frente al descenso del 8% de junio). Lo mismo sucede con la economía global, que mejora su caída en ocho décimas, la de la zona euro y la de Alemania, que la mejoran casi en dos puntos o la de Italia, cuya mejoría es superior a los dos puntos. De hecho, Italia iba a caer tanto como España en 2020 en la estimación de junio y ahora deja en solitario a nuestro país, cuyo retroceso cifra el FMI en el 12,8% del PIB.

Esto deja al descubierto que las previsiones que el Gobierno ha elaborado para el cuadro macroeconómico se pueden convertir en papel mojado, al ser mucho más optimistas que el conjunto de instituciones, entre ellas, el FMI.

De esa manera, mientras que el Gobierno cree que la economía retrocederá en 2020 un 11,2%, el FMI empeora esa previsión más de punto y medio, hasta el -12.8%. Adicionalmente, esa previsión tiene otro componente negativo: es la misma que en junio, de manera que no sólo es que España vaya a registrar la mayor caída del PIB, según el FMI, de entre los países desarrollados, sino que además su evolución es la peor de entre todos ellos.

Es cierto que para 2021 el FMI considera que España es el país que más crecerá, esto se debe a dos factores: que la caída en 2020 es mayor y que la recuperación se retrasa en España, al no haber mejoría alguna entre la estimación de junio y la de octubre, cuando el resto sí que mejora. De ahí que debido a esa anticipación de la mejoría el resto de países no vaya a tener tanta potencia en 2021, pero anticipan la recuperación y, por tanto, la creación subsiguiente de empleo, y crecen, en neto entre los dos años, con más fuerza de lo que lo iban a hacerlo antes. Es decir, la mejora del resto de países vendrá antes, ya en 2020, mientras que la de España verá retrasar su inicio a 2021. Adicionalmente, la mejoría que en 2020 tienen esos países es mucho mayor que la menor estimación para 2021, mientras que la mejoría conjunta en España, entre los dos años, es menor respecto al resto.

Por otra parte, las cifras de 2021 indican, de nuevo, que las previsiones del Gobierno en el cuadro macro vuelven a ser optimistas: consideran que en 2021 la economía española crecerá un 7,2% tras caer un 11,2%, mientras que el FMI considera que en 2021 crecerá esa cifra, un 7,2%, pero tras retroceder mucho más, un 12,8%. Por tanto, el punto de recuperación llegará más tarde según el FMI, ya que el punto de inicio será inferior en el caso estimado por el fondo.

En definitiva, la situación es muy preocupante, cada vez más. No sólo el Gobierno quiere aplicar políticas de gasto desmedido e impuestos altos, sino que, con su gestión de la crisis, nos ha llevado a la aplicación de políticas medievales que han arruinado nuestra estructura económica, haciendo mucho más difícil y lenta la recuperación de nuestra economía, como muestra también el FMI en sus previsiones de octubre. O rectifica de inmediato, cosa que no parece que vaya a suceder, o incluso esas previsiones del FMI pueden resultar, desgraciadamente, optimistas.

¿A qué espera Marchena? (II)
Adrián Dupuy Libertad Digital 19 Octubre 2020

El Derecho es sentido común normalizado. Al enfrentarnos a cualquier encomienda, lo primero que tenemos que considerar los que aplicamos el Derecho debe de ser el sentido común.

Aquí los hechos son conocidos. Una grave enfermedad contagiosa, que se propagaba incontrolada por todo el mundo, incluida España; reiterados informes de Seguridad Nacional sobre la gravedad y la fácil transmisión de la enfermedad, y reiteradas advertencias del Centro Europeo para el Control y Prevención de Enfermedades, la última el 2 de marzo, un informe a todos los Estados miembros de la Unión Europea (UE) titulado Evaluación rápida del riesgo: brote de la nueva enfermedad por coronavirus 2019 (COVID-19): mayor transmisión a nivel mundial. Quinta actualización. El informe pedía a todos los Gobiernos de la UE que dictaran “medidas de distanciamiento social individual”, consideraran “la cancelación de las concentraciones masivas en casos excepcionales” y recomendaran a sus ciudadanos “evitar acudir a actos multitudinarios”, como medida preventiva. Y a pesar de ello el Gobierno rechazó adoptar medidas y esperó a que se celebrasen las manifestaciones del 8-M y, de la mano, todos los demás eventos multitudinarios de ese fin de semana. Es evidente que las multitudinarias manifestaciones provocaron contagios y muertes. Hasta la juez Rodríguez Medel lo reconoció: “Es cierto y seguro que de haberse evitado dichas manifestaciones se habría evitado una amplia difusión de la enfermedad”.

¿Qué dice el sentido común? Pues que hay que investigar. ¿Qué haría cualquier fiscal honesto, obligado por el art. 1 de su Estatuto Orgánico? Pues abrir la correspondiente investigación, sin esperar siquiera a las denuncias particulares. Nada distinto de lo que están haciendo en Francia, Italia e Inglaterra.

He tenido la paciencia de leer el informe del fiscal Navajas, ejemplo descorazonador de la miseria humana. Lo asombroso es que reconoce que concurren todos los requisitos para investigar. Reconoce la posición de “garante” con cita de los artículos 14 y 52 de la Ley General de Salud Pública; reconoce que es factible la comisión por omisión también en el delito de homicidio imprudente, con cita de la STS 4821/2017, e incluso que en los delitos de omisión sólo se debe requerir una causalidad hipotética, “es decir, la comprobación de si la realización de la acción omitida [la prohibición de las manifestaciones] hubiera evitado la producción del resultado con una probabilidad rayana en la seguridad” (la amplia difusión de la enfermedad, que Rodríguez Medel reconocía era algo “cierto y seguro”). Lo mismo que dijo la sentencia de la colza.

Pero de forma incomprensible, y mediante una torera larga cambiada, afirma:

Los querellantes se han limitado a atribuir al Gobierno de España un número indeterminado de delitos (…) sin identificar [a los fallecidos], las condiciones en que se produjo el contagio, y las razones por las que cada uno de aquellos contagios trae causa de la acción u omisión culpable.

Recordando a las ridículas explicaciones del señor Simón sobre el “efecto muy marginal [del 8-M]” porque los contagios también podrían haber sido en el metro de Madrid, yendo o volviendo de la manifestación, Navajas proclama:

Igualmente tampoco se ha justificado siquiera indiciariamente en qué contribuyó la actuación de los querellados a crear o aumentar un riesgo que, además de no resultar preexistente, parece evidente que jamás se halló, ni pudo hallarse controlado, extremo que impide equiparar la inacción que se les atribuye a la causación activa de los resultados que se les imputan.

No hay más ciego que el que no quiere ver.

Hace unos meses publiqué en este periódico dos artículos espero que premonitorios. En el titulado “¿A qué espera Marchena?” concluía:

La búsqueda de la justicia debe de llevar a todo juez competente que se precie de serlo a investigar si las manifestaciones del 8-M provocaron muertos por coronavirus (que parece que sí) y si, con la información de que se disponía entonces, el Gobierno cometió una imprudencia grave o leve al no prohibirlas (que parece que también).

La búsqueda de la justicia es el único homenaje verdadero y honesto que podemos hacer a los muertos. No sé a qué espera el juez Marchena para abrir la investigación penal.

En el otro, “Proceso penal y cambio de Gobierno”, decía:

Tengo una ensoñación, quizá fruto del confinamiento, pero no me resisto a exponerla. El Tribunal Supremo admite a trámite la querella contra Sánchez y sus ministros en un procedimiento por una imprudencia que ha provocado cientos de muertos, al permitir las manifestaciones del 8-M en contra de las recomendaciones e informes previamente recibidos de Europa y del propio Ministerio de Sanidad. Todos los investigados dimiten. El PSOE forma Gobierno con sus más sensatos (que los tiene, aunque muy callados) y pacta con el PP un Gobierno de concentración que afronte con sensatez el sacarnos de la inevitable crisis económica y financiera a la que estamos abocados. Nos libramos de Sánchez, Iglesias, Montero, Montero, Calvo, Ábalos, Marlaska y el resto de incompetentes... Estoy soñando…. Pero así debería ser.

Esa ensoñación, visto cuanto ahora acontece (con un Gobierno que prevarica groseramente, sea con la declaración y mantenimiento del estado de alarma en Madrid, modificando los criterios de forma arbitraria, sea con la proposición de ley para modificar el nombramiento de los miembros del CGPJ, a sabiendas de que es inconstitucional, por contraria a la doctrina contenida en la STC 108/1986), la imputación del Gobierno no es que sea per se jurídicamente procedente, sino que deviene una necesidad democrática para frenar lo que perfectamente puede calificarse de golpe de Estado.

Espero que los letrados del Congreso hagan las oportunas advertencias sobre la inconstitucionalidad de la proposición de ley (como hacen sus valientes colegas de Parlamento catalán) y espero que Marchena, que antes de magistrado fue fiscal, y el resto de los magistrados de la Sala de admisión, corrijan el criterio gubernativo del vergonzante Navajas y promuevan la acción de la Justicia en defensa de la legalidad.

******************* Sección "bilingüe" ***********************


 


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