AGLI Recortes de Prensa   Martes 20  Octubre  2020

Casado tiene que mojarse y el PP no puede votar con el PSOE y Podemos
OKDIARIO 20 Octubre 2020

En vísperas de la moción de censura presentada por VOX, el PP todavía no tiene decidido cuál será el sentido de su voto. O si Pablo Casado lo tiene, no ha tenido a bien comunicarlo. No parece razonable que el presidente del Partido Popular mantenga la incógnita hasta el último momento, porque lo que está trasladando con la demora es una sensación de inseguridad que acrecienta la sospecha de que el movimiento de la formación de Abascal ha sumido al principal partido de la oposición en una encrucijada de la que le está costando salir. La moción de censura de VOX parece más orientada a debilitar al PP que a Pedro Sánchez, que por razones de aritmética parlamentaria, saldrá indemne e, incluso, reforzado. Razón de más para que el PP hubiera articulado una estrategia sensata y razonable. Si lo que pretendía el partido de Abascal era comprometer al PP, por ahora -a expensas de conocer cuál será el sentido del voto de los populares- lo ha conseguido.

Con una izquierda echada literalmente al monte, con un Gobierno socialcomunista conjurado en una estrategia de demolición institucional sin precedentes, resulta sintomático que quién pueda sufrir más las consecuencias de la moción de censura sea Pablo Casado. El presidente del PP recibirá reproches sea cuál sea el sentido de su voto, pero más allá de las críticas lo que no parece políticamente sensato y estratégicamente coherente es que los populares rechazaran la moción de censura alinéandose con el PSOE y Podemos en el voto contrario. Un «no» del PP sería incomprensible para una gran mayoría de sus votantes.

Si de lo que se trata ahora es de minimizar el daño de su voto -triste consuelo-, una abstención -dado que es descartable que Casado secunde la moción de VOX- sería la opción menos mala. Ese el problema del Partido Popular: que haga lo que haga en la moción, saldrá perjudicado. La moción de censura de VOX no debilita al Gobierno socialcomunista, sino al centro derecha. Triste paradoja.

La moción de censura de Vox retrata a los traidores. miserables, filoterroristas.
Nota del Editor 20 Octubre 2020

El PP no es la derecha, en todo caso es una medusa, difusa, no se nota, pero si se acerca, ataca.

La división y la multiplicación. Hablar de la división del centro derecha no tiene sentido, porque tanto el PP como C's han demostrado que
estan en el limbro siendo generosos, en el lado oscuro de la izquierda en la realidad. Y los enemigos de España no es que estén divididos, están desperdigados pero por culpa del PP sus votos multiplican su valor, y así andamos cayendo por el abismo.

He tenido un sueño: como hay algunos socialistas en el congreso que ven el desastre español y van a votar a favor de la moción de censura contra el Dr Cum Fraude, el PP está agazapado, esperando dar el sí, para no alarmar a las huestes de falconetti y que les pueda obligar a depositar el voto previamente y por escrito, en contra de España.

El Gobierno más dañino: La moción de censura
Redacción rebelionenlagranja.com 20 Octubre 2020

Nunca tan pocos hicieron tanto daño a tantos en tan poco espacio de tiempo. La afirmación, cuyo contenido es exactamente el contrario de la celebérrima cita Churchill, apunta directamente a la responsabilidad del Gobierno de España, a los partidos que lo conforman y al entramado mediático y empresarial que lo sostienen.

1.- Nunca tan pocos: Desde 1978 no ha existido en España un Gobierno con tal debilidad parlamentaria. Un Gobierno que ni es capaz de aprobar unos Presupuestos Generales del Estado (siguen en vigor los de 2018, Rajoy) ni tiene mayoría suficiente para sacar adelante proyectos legislativos de cierta importancia ni tiene capacidad negociadora -fuerza parlamentaria- para renovar los órganos constitucionales del estado como siempre se ha hecho, mediante la concertación y el acuerdo.

2.- Hicieron tanto daño: Desde el Gobierno se desestabilizan las instituciones del Estado. Se cuestiona la Monarquía Parlamentaria, se desestabiliza la figura del Rey, se lamina la Abogacía del Estado, se politiza la Fiscalía, se ataca la independencia judicial y se pone en marcha una operación de corte bolivariano para la destrucción del la división de poderes sin parangón en los países occidentales.

España cambia de rumbo en política exterior, se aproxima al Grupo de Puebla y al Foro de Sao Paulo, se enfrenta a los EE.UU. y se aleja de Europa.

El daño causado por este Gobierno a la sociedad española mediante la terrible gestión de la pandemia del Covid19 -la peor del mundo según todos los indicadores internacionales- es incalculable en términos de vidas humanas, de salud pública y de crisis económica. Una gestión presidida por el caos, la irresponsabilidad, la impericia, la mentira, la corrupción y la politización.

El empeño siniestro de dividir a los españoles entre buenos y malos, de recuperar los rencores de la guerra civil, de construir el dogma oficial de una memoria histórica sectaria y revanchista sin soporte científico alguno, como mero instrumento de movilización política de aniquilación moral de l contrario.

3.- A tantos: En este momento la sociedad española se enfrenta a la peor recesión de los últimos 80 años, al paro más alto, al mayor cierre de empresas, a la mayor deuda pública, a los perores indicadores económicos desde los años sesenta del pasado siglo. En este momento la sociedad española está atemorizada por la gestión del virus, por la ruina económica, por el enfrentamiento social y político. Por la parálisis del país. Por la estupidez de sus dirigentes. Por el silencio de sus élites.

4.- En tan poco espacio de tiempo: A este Gobierno edificado sobre la trampa y a mentira le han bastado dos años para meter al país en la peor encrucijada de la historia desde la guerra civil.

¿No justifica todo ello la moción de censura? ¿No debería pedírsele al PP un gesto de grandeza, de generosidad, de altura de miras, de inteligencia política, como en los mejores tiempos?

Con más restricciones, la economía no llegará a Navidad
José María Rotellar okdiario 20 Octubre 2020

El ministro Illa, en una entrevista radiofónica, decía la semana pasada que vienen seis meses duros en cuanto a las circunstancias sanitarias y que habrá que tomar, según su expresión, “medidas quirúrgicas en períodos cortos”. Entre esas medidas parece que se contempla el cierre de bares y restaurantes y múltiples restricciones al comercio. Asimismo, dice que combatirá a los negacionistas y a quienes expresen que no desean ponerse la vacuna.

Es obvio que negar el virus es absurdo, porque es una evidencia, pero no se trata de eso, que es una cortina de humo del ministro para desviar la atención del resto de sus palabras. Dejando al margen que puedan interferir en la libertad de las personas para ponerse la vacuna o no, empleando para ello argumentos de salud pública -imagino, entonces, que los pacientes no tendrán que firmar un papel exonerando de responsabilidad a la sanidad por posibles efectos adversos si son obligados a ponerse dicha vacuna-, el resto de las afirmaciones del ministro en las que regaña de manera paternal a los ciudadanos, no son de recibo.

Y no lo son porque fue el Gobierno de la nación el que negó que pudiese llegar el virus a España. Fue el Gobierno de la nación el que dijo que habría como mucho uno o dos contagios. Fue el Gobierno de la nación el que no tomó medidas ágiles para evitar los contagios, por motivos puramente políticos para permitir la celebración de la manifestación del domingo ocho de marzo. ¿Es que el ministro va a ser un negacionista, como dice él, y va a sostener que en esa manifestación no se propagó exponencialmente el virus? Fue el Gobierno de la nación el que primero desaconsejó el uso de mascarillas y luego obligó a llevarlas, argumentando con desparpajo que cuando lo desaconsejaron se debía a que no había existencias. Fue el Gobierno de la nación el que no se aprovisionó adecuadamente, el que dejó a los sanitarios sin medios y el que, por su tardanza y negacionismo de la posibilidad de contagio, originó el colapso de la sanidad, que fue lo que multiplicó por cinco o por seis el número de fallecidos. Fue el Gobierno de la nación el que declaró haber derrotado al virus. Fue el Gobierno de la nación el que se fue de vacaciones, endosó el problema a las CCAA, desistiendo de sus obligaciones de coordinación -casi la única razón de ser de ese ministerio al estar descentralizadas las competencias sanitarias- y no hizo nada durante el verano. Y fue el Gobierno de la nación el que en septiembre persiguió a la Comunidad de Madrid atacando lo que dos días antes aplaudía.

Ese mismo Gobierno de la nación, el que también prometió que a finales de año habría buenas noticias en forma de vacuna -Illa, en una entrevista de un periódico-, es el que dice ahora que las navidades no serán normales y el que prepara una serie de niveles para que las CCAA adopten -o se las imponga el ministerio, visto lo visto con el asalto a Madrid- duras restricciones como el cierre de la hostelería.

Por su parte, el vicepresidente de la Comunidad de Madrid, Ignacio Aguado, ha dicho que tenemos que parar todos durante un tiempo y tomar medidas más contundentes para llegar a la Navidad con una baja tasa de contagio y salvar la campaña navideña, en una especie de “stop and go”, según sus palabras.

No sé si el nuevo objetivo del Gobierno de la nación es también desdibujar la Navidad como fiesta de tradición cristiana y familiar o si realmente cree, aunque sea erróneamente, que son necesarias esas medidas, pero cuesta creer esto último cuando está comprobado que sólo le mueve, en cada momento, la motivación política en función de los réditos electorales que le puede proporcionar cada medida, según las estimaciones del gabinete de mercadotecnia instalado en La Moncloa, otrora gabinete de presidencia del Gobierno.

Del mismo modo, tampoco sé el motivo por el que el número de contagios necesarios por 100.000 habitantes que establece el vicepresidente madrileño es de 25 en lugar de 100, 50, 10 ó cero. De hecho, 25 infectados por cada 100.000 habitantes se antoja una cifra muy difícil de conseguir, incluso en ese nuevo encierro completo de todos durante una, dos o tres semanas que propone el vicepresidente madrileño. Y en el supuesto optimista de que se llegue a reducir hasta esa cifra, ¿cuál es la propuesta cuando, tras volver a reabrir -si es que, para entonces, queda algo que reabrir-, los contagios vuelvan a incrementarse? ¿Cerrar de nuevo? ¿Se pretende dar seguridad a la economía, especialmente al consumo y a la inversión, con una especie de montaña rusa de aperturas y cierres? Porque, más bien, si ésa es la tónica, se conseguirá todo lo contrario: una gran inseguridad y una caída más acelerada de la actividad y del empleo.

Lo que sí sé es que no se puede seguir cerrando la economía, encerrando a las personas y no asumiendo la realidad. Y esa realidad no es otra que sufrimos una enfermedad con la que hay que convivir. No es negar la enfermedad, pues el coronavirus existe, contagia y, desgraciadamente, mata, como ha hecho con muchas personas. De lo que se trata es de que alguien tiene que decir la verdad: es una enfermedad que nos ha caído en desgracia, como lo fueron la peste o la gripe antaño, como lo son el SIDA, los infartos, los derrames cerebrales, el cáncer o cualquier otra. Sí, esta enfermedad se contagia fácilmente, dicen los expertos -aunque no creo que tanto como tocando cualquier superficie, porque entonces el número de contagios, simplemente en España, no sería de un millón, sino de por lo menos la mitad de la población- pero no voy a discutir eso.

Lo que es obvio es que no se puede poner puertas al campo. Hay que ser prudentes, desde luego, y no bajar la guardia, por supuesto, pero hay que retomar la actividad, porque las restricciones no consiguen acabar con la enfermedad y sí logran matar la prosperidad. Es dura la enfermedad, sin duda, y para quien le toque o nos toque será terrible, pero el conjunto de la sociedad no puede parar, porque, si no, sucumbirán más personas por todo tipo de enfermedades, además de que muchas otras comenzarán a pasar hambre, con el añadido de que con esas medidas el virus no se habrá extinguido. ¿Qué proponen? ¿Abrir y cerrar la economía, cual montaña rusa, según bajen o suban los contagios? Eso sólo genera incertidumbre, el peor enemigo de la economía. Es más, incluso cuando haya vacuna efectiva, seguirá habiendo contagios y fallecimientos, lamentablemente, porque con la gripe los hay todos los años y contamos con vacuna para ella. No es contraponer sanidad y economía. Es que sin economía no hay ni sanidad ni nada, sólo miseria, pobreza, carestía y, con ello, más muertes por todo tipo de enfermedad.

Si el ministro quiere cerrar de nuevo los bares, cafeterías y restaurantes, terminará de hundir ese sector. Al Gobierno podrá gustarle más o menos esa rama de actividad -ya se vio el desprecio del ministro Garzón a dicho sector-, pero es uno de los principales de España.

Por su parte, si el vicepresidente madrileño quiere medidas más contundentes para, según sus palabras, “doblegar la curva” y salvar la campaña de Navidad, seguro que sus declaraciones tendrán buenas intenciones, pero erróneos cálculos de aguante de la economía. Su “stop and go” mucho me temo que se quedaría en el “stop”.

Si España cierra de nuevo toda la actividad turística y hostelera, puede llegar a caer un 13,51%, con una pérdida de 162.565 millones de euros de la riqueza nacional, alrededor de 20.000 más de los que ya estima el Gobierno que se van a perder con su estimación de caída del 11,2%. Eso puede hacer que en lugar de los 1,5 millones de empleos que el Gobierno estima que se destruyan en 2020, esa cifra llegue a más de dos millones, camino de tres millones.

En cuanto a Madrid, al haber sido más castigada, ahora mismo puede moverse en un retroceso estimado de un 14,17%, con 33.574 millones menos de riqueza. Si Madrid vuelve a parar por completo durante varias semanas, como se desliza de las palabras del vicepresidente madrileño, entonces la caída puede llegar al 17,62%, con otros 8.200 millones más de quebranto y casi 125.000 empleos perdidos adicionales a los que la situación actual va a provocar. Dejando al margen que en la acción de Gobierno es importante la eficiencia y también la lealtad -porque todo ello genera confianza en la economía-, en cualquier caso, no se puede caer en la trampa de Sánchez e Illa, porque eso empobrecerá a Madrid y, con ello, a toda España.

En definitiva, con nuevas restricciones, el comercio, la hostelería y el turismo, y, con ello, el conjunto de la economía, no llegan a Navidad. Ya será tarde para entonces, cuando no se podrá salvar ya nada. Podrá tratar de paliarse la situación con ayudas, sin duda, pero éstas tienen un límite, que es la capacidad de endeudamiento de España, ya exhausta, de manera que tampoco podrán ser ni muy cuantiosas ni muy prolongadas. Y si se suben los impuestos para ello, todavía será peor, porque la actividad caerá más y la recaudación apenas se moverá.

Gobernar es saber que uno se enfrenta siempre al gran problema que estudia la economía, que es la escasez. Gobernar es saber que se tienen fines alternativos para recursos escasos, y que hay que decidir cómo asignarlos, en definición del profesor Robbins. Gobernar es tener sentido común. Gobernar es, en definitiva, tener el valor de contar la realidad y de asumir las consecuencias, por duras que sean, de la mejor decisión para el conjunto, aunque ello implique algunas pérdidas irreparables. Hay que elegir lo que es preferible o menos malo para toda la sociedad y, desde luego, lo mejor no es cerrar todo de nuevo.

La única opción que tenemos de salir adelante es tener prudencia, no bajar la guardia, emplear las medidas de mascarilla y demás prevenciones para tratar de que el virus se extienda menos y con menor virulencia, pero volver todos a trabajar al completo, sin limitaciones a la hostelería, al comercio, al turismo o a cualquier actividad. O se hace eso o la ruina será colosal y tendrá peores consecuencias sociales, en número de vidas y en carestías, que el propio virus, sin logar, además, que el mismo desaparezca. Prudencia, sí; pánico y paralización, no. Si todavía el Gobierno de la nación y algunos otros políticos no han entendido eso, si quieren mantener anestesiada a la sociedad con el pánico, se equivocan. El problema es que en su error se van a llevar por delante la prosperidad de todos los ciudadanos.

Sánchez irrumpe, como elefante en cacharrería, imponiendo su dictadura proletaria
“Es bueno que ahora tengan opinión sobre el comunismo, porque una vez que está viviendo en él, ya no puedes tener una opinión al respecto” Kary Kasparov
Miguel Massanet SX 20 Octubre 2020

En ocasiones sentimos envidia, sana envidia por supuesto, ante lo que sucede en otras naciones en las que, como sucede en los EE.UU, existen personajes públicos ,como es el caso de la pretendiente propuesta por el señor Trump para formar parte del Tribunal Supremo de la gran nación americana, la juez del Tribunal de Apelaciones, señora Barret que, aparte de tener un historial personal brillantísimo, ser madre de una familia numerosa y haber escrito en una carta que “el matrimonio y la familia se basan en el compromiso indisoluble entre un hombre y una mujer”, no le duelen prendas en hacer referencia a la fallecida juez Ginsburg, en una ocasión en la que dicha señora hacía mención a cuál debe ser el comportamiento un nominado a una audiencia: “nada de pistas, nada de avances, nada de predicciones”. Naturalmente al sector demócrata la posibilidad de que una juez con tales antecedentes pudiera reforzar la mayoría de magistrados conservadores que forman parte del alto tribunal, les eriza los vellos y les causa retortijones sólo de pensar en la posibilidad de que el Supremo llegara a tomar la decisión de anular la Ley que legalizó el aborto en 1973.

Pero lo que, en un mundo judicial en el que, como sucede en España, la facultad de interpretar las leyes de acuerdo con las ideas personales, de lo que su contenido “quiere expresar”, de los jueces o magistrados, es práctica común en muchos de dichos profesionales de la Justicia; nos alivia pensar que hay alguien que defiende, como es el caso de la juez Garret, “una lectura literal y ortodoxa de la Constitución estadounidense” de modo que, en su trabajo como académica, sostiene que “el Supremo debe poder corregir las decisiones que no pasen este filtro”. Cuántos errores y sentencias desacertadas y cuantos perjuicios y daños irremediables habrán causado a la nación y sus ciudadanos el que, en España, existan unos jueces, magistrados y fiscales, a los que se califica de derechas y otros que, por contra, que están considerados de derechas, si esta división extraoficial que se entiende que existe significa que, al dictar sentencia predominan, sobre el verdadero sentido e intención de las normas, estos prejuicios según se trate de miembros togados de una casta o de la otra.

Y, hete aquí que, en su línea de imponer sus ideas políticas a los ciudadanos y en su cerrazón intelectual de convertir a España en otro de los países satélites de aquella Rusia, ya desaparecida, donde las prácticas estalinistas, opresivas, criminales y totalitarias eran ejercidas con mano dura desde el poder, de modo que los ciudadanos rusos que no formaban parte de lo que era, como diría Pablo Iglesias, “casta soviética” estaban condenados a formar parte de la inmensa legión de los que carecían de derechos y tenían que vivir de acuerdo con las reglas e imposiciones que les eran aplicadas desde el Kominform comunista., invento de Stalin, del que formaron parte, además de él, nombres ilustres de las élites soviéticas como: Mikoyan, Kruschev, Malenkov, Beria y Molotov, el señor Pedro Sánchez, convencido de que en España tiene la situación bajo control, con el apoyo incondicional de los comunistas de Pablo Iglesias, la fidelidad comprada a base de cesiones de los separatistas catalanes y vascos, la derecha dividida y una epidemia que le permite ir puenteando las leyes para, según convenga a sus políticas, poder actuar a favor o en contra de aquellas comunidades que, por necesidad, se vean obligadas a solicitar ayuda y, en el caso de que pongan oposición, a ser tratadas de forma discriminada, no dudando en tomar represalias contra ellas lo que, desgraciadamente, hemos podido comprobar en el caso insultante y humillante de lo que ha sucedido en la comunidad madrileña en la que, una sentencia del TSJM, en contra de lo decidido por Illa ha provocado la intervención fulminante del Ejecutivo, declarando por su cuenta el “estado de alarma”, lo que ha significado un grave atentado a la independencia autonómica y un gravísimo perjuicio para su economía, algo que, sin duda, va a resultar muy negativo para el futuro de esta parte tan esencial para el desarrollo de toda la nación.

En estos momentos España tiene abiertos varios frentes, todos ellos formando parte de la estrategia gubernamental de ir dando pasos de gigante en la dirección de ir socavando los cimientos de la Constitución y de minar aquellas instituciones de las que presumen que puedan llegar problemas para poder desenvolver, con tranquilidad, el plan que tienen trazado para hacerse con España, con el objetivo de cambiar el régimen monárquico – la campaña contra la monarquía y las vejaciones a las que está sometido el Rey son evidentes muestras de las intenciones de Sánchez al respecto – por una república que, evidentemente, no sería del estilo de la alemana o la francesa sino que, su modelo, sería el de Venezuela u otras de las repúblicas bolivarianas que todavía quedan en la América meridional. Un segundo frente en el que se está luchando es el del intento de modificar la Ley por la que se eligen los miembros del CGPJ para que en lugar de una mayoría de tres quintos en el Parlamento y en el Senado, para elegir a sus integrantes, baste la mayoría simple lo que sería lo mismo que entregarle a los socialistas el poder de elegir aquellos jueces o juristas que supieran que van a ser dóciles a sus mandatos. Y aquí es donde Sánchez, nuestro presidente, ha empezado a salirse de los límites de su jurisdicción para encontrarse con un terreno de arenas movedizas, precisamente por entrar en colisión con los interés de la UE en un tema especialmente delicado por afectar al comportamiento de este organismo con las posturas rebeldes de Polonia y Hungría (en este caso de derechas) que ha merecido una severa amonestación por parte de Bruselas.

Y es que, señor Sánchez, el pasarse de listo, al abusar de su pode buscando atajos en lugar de transitar por autopistas de legalidad donde se constaran otras opiniones y se constatara su constitucionalidad, ha decidido prescindir de toda la oposición para imponer un “trágala” a todos los ciudadanos. Esta conducta, en ocasiones, puede dar lugar a que la situación se complique y que, desde el resto de Europa, la maniobra de saltarse las normas que pretende imponer a los españoles, no haya sido vista con buenos ojos y, ello, ha motivado que Bruselas, de nuevo, tome cartas en el asunto, muy diplomáticamente esto sí, cuando sus portavoces han declarado que: “es importante asegurar que el Consejo no se perciba vulnerable a la politización” y, para dar una pista de cómo le gustaría a Bruselas que se llevaran a cabo las cosas, añaden: “Los estados miembros deben seguir las normas de la UE para garantizar que la independencia judicial no se vea comprometida”, según palabras del comisario Christian Wigand. Se le ha recordado a España que, en un informe sobre el estado de derecho de 30 de septiembre pasado, la Comisión Europea ya advirtió de la importancia de “reducir la influencia del poder legislativo o ejecutivo sobre el judicial para reforzar la independencia del judicial”.

Pero también, desde el propio CGPJ, se juzga que la medida que intenta imponer el señor Sánchez y su ejecutivo socio-comunista, se ha considerado que es contraria a las recomendaciones que nos llegan desde Europa sobre la politización del órgano. Según opinión expresada por dicho órgano, este sistema de nombramiento por mayoría absoluta de las cámaras legislativas, en lugar de por tres quintos, dejaría fuera la posibilidad de elección de vocales del partido de la oposición que, efectivamente, es lo que torticeramente intentan los socialistas al proponer esta proposición de ley.

Tres de las cuatro asociaciones judiciales del país, la Asociación Profesional de la Magistratura, la Asociación Francisco de Vitoria y el Foro Judicial Independiente han emitido, el jueves, un comunicado conjunto donde se advierte del peligro que esta reforma tendría para la independencia del Poder Judicial y que la reforma que el Gobierno pretende llevar a cabo sobre el sistema de elección del Consejo General del Poder Judicial: " choca frontalmente con las recomendaciones que al objeto de fortalecer la independencia judicial ha realizado el Grupo de Estados contra la Corrupción del Consejo de Europa (GRECO) de forma reiterada a España en diversos informes de evaluación que se remontan a 2013" y "ahonda en la politización del órgano de gobierno de los jueces". Más claro y contundente, agua.

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, mucho nos tememos que, en esta ocasión, el bocado que pretenden tragarse, sin masticar, el señor Pedro Sánchez y su compinche, el señor Iglesias, va a resultarles muy difícil de digerir y, es muy posible que, de seguir empeñados en llevar a cambio la reforma, desoyendo las advertencias que le están llegando en contra, desde dentro y fuera de nuestro país, va a tener que esmerarse mucho para que semejante cacicada pueda producirse sin que ello tenga graves repercusiones económicas para España y los españoles. Y un toque de la sabiduría de Baltasar de Gracián: “Métense a querer dar gusto a todos, que es imposible, y vienen a disgustar a todos, que es más fácil.”

Los tribunales de justicia condenan el siniestro plan de Sánchez
OKDIARIO 20 Octubre 2020

La reforma del CGPJ propuesta por el Gobierno socialcomunista ha provocado la airada reacción de la mayoría de las asociaciones de jueces y fiscales de España, pero también la de un número de creciente de tribunales superiores de justicia. Como informa OKDIARIO, los Tribunales Superiores de Justicia de Madrid, Extremadura y Castilla y León han enviado sendos acuerdos de sus respectivas Salas de Gobierno en contra de la propuesta del Ejecutivo, que califican de «golpe a la independencia judicial» al considerar que la modificación de la mayoría necesaria para elegir y nombrar a los vocales judiciales del CGPJ «no se ajusta a la Constitución al eludir el necesario consenso parlamentario y dejar en manos de la mayoría política la formación del órgano llamado a velar por la independencia judicial».

Estamos ante un hecho sin precedentes en la democracia española y la respuesta de la justicia ante el asalto al Poder Judicial de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias es histórica. Lo que pretende el Gobierno es quebrar el principio de la separación de poderes con un plan de inspiración chavista que constituye una intolerable violación de la independencia judicial. No es Polonia el referente del Gobierno socialcomunista, sino Venezuela. La UE, por su parte, ha cuestionado la propuesta de reforma del Gobierno por resultar incompatible con el marco de garantías que caracterizan a los Estados de Derecho. Parece evidente que Sánchez e Iglesias han traspasado todas las líneas y articulado una estrategia de asalto a la Justicia que, de salir adelante, significaría de hecho el fin de la democracia.

Por su parte, el PP ha presentado una propuesta de despolitización de la justicia que otorga a los jueces la capacidad para elegir un número de entre 35 y 40 candidatos al CGPJ. De ellos, el Parlamento nombraría luego a 12, un sistema que no satisface a Podemos, empeñado en controlar el órgano judicial de los jueces ante el negro horizonte penal al que se enfrenta Pablo Iglesias. El Gobierno, en suma, ha decidido quitarse la careta y lanzarse a una estrategia de demolición des las instituciones. Hoy por hoy, ninguna está a salvo de la pulsión totalitaria del socialcomunismo.

No hay margen para el pasteleo
Luis Herrero Libertad Digital 20 Octubre 2020

O Pedro Sánchez da marcha atrás en su propuesta para controlar el CGPJ o el enfrentamiento estará servido. Y las consecuencias pueden ser demoledoras.

El momento más chusco de todos los momentos chuscos que nos ha deparado la iniciativa socialcomunista para hacerse con el control del órgano de gobierno de los jueces se produjo el jueves pasado. Ese día, Sánchez llegó a Bruselas para participar en la reunión del Consejo y se encontró con un varapalo que no esperaba. la Comisión, con una presteza impropia de la artrítica burocracia europea, puso su plan a caer de un burro. Sánchez torció el gesto. Hizo eso que hace siempre cuando alguna contrariedad le toca las narices: endurecer la mandíbula como si masticara un bocado correoso. Atraídos por el espectáculo insólito del desaire express a un jefe de Gobierno, los periodistas se arremolinaron en torno al séquito sanchista para medir su reacción.

Y aquí viene lo chusco: las gargantas profundas de la comitiva le filtraron a El País que la Comisión no había entendido bien el contenido de la reforma y que cuando se la explicaran con calma se acabaría el conflicto. Ja. La carcajada invadió los pasillos del edificio Europa. Si alguien cree que culpar a la derecha de estar bloqueando la negociación y vender la colonización parlamentaria del CGPJ como única salida viable para salir del impasse puede ablandar a las autoridades comunitarias es que no sabe nada de la cartografía institucional de la Unión. En aquellas latitudes, el PP no es el ogro que desayuna carne cruda de ciudadanos demócratas. Al contrario. El PPE es la fuerza mayoritaria y a quien miran con recelo no es a Casado, que es su socio, sino a Iglesias, que es el compañero de viaje de Sánchez.

Seamos claros: no existe ninguna posibilidad de que el Gobierno de España pueda tramitar la reforma judicial que el presidente del Gobierno se ha sacado de la bragueta con el visto bueno de las instituciones de la UE. Si lo hace —lo que no es descartable, desgraciadamente, dada la proclividad sanchista a poner sus testículos encima de la mesa cuando alguien se atreve a llevarle la contraria— será saltándose a la torera la advertencia del Consejo de Europa (“no menos de la mitad de los miembros de los Consejos Judiciales deben ser jueces seleccionados por sus homólogos”), de la Comisión de Venecia (“Los miembros de un Consejo del Poder Judicial elegidos por un Parlamento deberán serlo por una mayoría cualificada”), del GRECO (“Las autoridades políticas no deben participar, en ningún momento, en el proceso de selección del turno judicial”), y de la Asociación de Jueces Europea (“El Consejo de la Judicatura debe ser completamente independiente de los demás poderes del Estado y estar compuesto por una mayoría de jueces elegidos por sus compañeros”) .

Todas esas instancias, y alguna más que se queda en el tintero, detestan el proyecto que España se trae entre manos. En condiciones normales pondrían el grito en el cielo, pero en las condiciones actuales, con los gobiernos de Polonia y Hungría tramando barbaridades parecidas, el grito se convierte en alarido. Si Ursula von der Leyen —que por cierto es del PPE— y su colegio de comisarios doblara el brazo ante el desafío de Sánchez, su pretensión de frenar las pulsiones liberticidas de polacos y húngaros se vería seriamente comprometida. No le queda margen para el pasteleo. O el presidente español da marcha atrás o el enfrentamiento estará servido. Y las consecuencias pueden ser demoledoras.

Lo explicaba muy bien el otro día el eurodiputado Luis Garicano, conmilitón del comisario de Justicia y del vicepresidente encargado de supervisar los estándares democráticos de los países miembros, en una entrevista en El Mundo: “O Sánchez cambia, o la alternativa es que terminemos intervenidos y nos manden los hombres de negro”. Casado sabe que el argumentario europeo juega a su favor y no parece dispuesto a reblar. Las condiciones que impone para sentarse a negociar con el PSOE —dice él— son inamovibles. Si Sánchez no retira la proposición de ley que registraron el otro día Adriana Lastra y Pablo Echenique y se abraza a la que presentará su partido este lunes para que los vocales del CGPJ de procedencia judicial sean elegidos mediante voto personal, igual, directo y secreto por todos los jueces y magistrados que se encuentren en servicio activo, el bloqueo continuará.

Así que solo caben tres posibilidades. O continuamos como hasta ahora, con la prórroga indefinida de los mandatos caducados, o Sánchez se mete el orgullo donde le quepa y acepta las condiciones exigidas por el PP, o sigue adelante con los faroles y no solo pulveriza la independencia judicial sino que coloca a todo el país en grave riesgo de quedarse sin el dinero del fondo de recuperación. Si tuviéramos en La Moncloa a un dirigente verdaderamente preocupado por el interés general no cabrían muchas dudas sobre el sentido de su apuesta final. Pero tenemos lo que tenemos. ¿Puede ponerse el mundo por montera? Se admiten apuestas.

EL MAYOR MENTIROSO DE LA HISTORIA
No era apto para el cargo (y III). Sánchez.
Rafael Rossy rebelionenlagranja.com/  20 Octubre 2020

Siempre he creído que vale la pena buscar las oportunidades que surgen de cualquier adversidad. De tener como presidente del Gobierno a un mentiroso redomado que no hace otra cosa que mentir no parece que pueda obtenerse nada favorable.

Pero, pensando en los récords negativos que está batiendo nuestro país en la gestión de la pandemia, se me ocurrió que tal vez sería una buena idea inscribirlo como récord en el libro Guiness. Y lo intenté.

EL MAYOR MENTIROSO DE LA HISTORIA
Supe después que las normas de Guinness World Records no permiten el registro de actos que sean consecuencia de vicios o defectos (y mucho menos si tienen su origen en una enfermedad mental). Así que el título de presidente de Gobierno más embustero de la historia no se recogerá el libro Guiness a pesar de todas las evidencias existentes que lo acrediten. Algún día sin duda lo recogerán los libros de historia.

Cierto es que en un ranking de mentirosos Sánchez no estaría solo. Iósif Stalin, por ejemplo, que anuló incluso la definición misma de la verdad, le acompañaría ciertamente en esa triste distinción. El terror estalinista llevó incluso al pueblo ruso a mentir por cobardía, por necesidad y por miedo.

Jean-Claude Romand engañó durante dos décadas a su familia, amigos y vecinos haciéndose pasar por un prestigioso médico de la OMS. Vivía de las rentas de haber vendido medicamentos falsos contra el cáncer a precio de oro. En realidad, no contaba ni con titulación ni con empleo alguno. Para mantener a salvo sus mentiras asesinó, en 1993, a su esposa, a sus hijos y a sus padres. Tras cumplir 35 años de condena está retirado en una abadía francesa.

Semejante afición a la mentira tenía Cagliostro. Fue conocido por el nombre de su falso título de conde de Cagliostro pero en realidad era Giuseppe Balsamo, un rufián en toda regla que recorrió la Europa en el siglo XVIII con sus curas milagrosas y sus profecías sobre el estallido de la revolución. Balsamo había nacido en Palermo en 1743 en el seno de una familia humilde, aunque eso no le impidió ingresar en una logia masónica del Soho londinense haciéndose pasar por un aristócrata sanador venido de Egipto.

Anna Anderson –la falsa Anastasia Romanov–, el falsificador Frank Abagnale Jr. que inspiró el film ‘Catch me if you can’ o Victor Lusting –que estafó al propio Al Capone y vendió la Torre Eiffel– ocuparían también un buen lugar en esa lista. Incluso algunos personajes de ficción, como Ulises, podrían competir con Sánchez (solo la idiotez de Polifemo salvó a Ulises de ser recordado como el impostor que obtuvo lo que realmente se merecía).

La primera mentira que conocemos de la biografía de Sánchez Castejón es su doctorado fraudulento, obtenido gracias una tesis tan falsa como su autor. Parece demasiado optimista creer que la enemistad de este hombre con la verdad se iniciara en ese momento.

Los embustes del Presidente se cuentan ya por centenares. Miente prácticamente a diario. Corren por las redes sociales infinidad de vídeos con sus mentiras y las promesas falsas que incumplió. Creo que no es necesario realizar aquí un nuevo inventario que, además, volvería a quedar desfasado esta misma semana.

Hace tiempo ya que traduzco las palabras del ‘fraudillo’ Sánchez añadiendo “es mentira y, además, le importa una higa”. Poco fallo desde entonces. Si decía insistentemente que no pactaría con ni con Podemos ni con los independentistas ni con Bildu, sabía que haría lo contrario y que, además, lo haría sin ningún tipo de reparo. Dijo el 18 de marzo que “no vamos a dejar a nadie atrás” y supe que muchos sufrirían y que a él se la refanfinflaría, y así ha sido. Un mes más tarde aseguró que “España es de los países del mundo que más tests realiza a su población” y supuse que, efectivamente, había más de un centenar de países por delante en el ranking y que –como en realidad se la suda– los tests seguirían siendo hoy nuestra asignatura pendiente. En abril dijo que “España es el país que facilita más información y el único que notifica todos los positivos, no solo los hospitalizados” y pude intuir que mentía hasta el número real de fallecidos (y que lo seguiría haciendo, porque –es importante no olvidarlo– la verdad a él se la pela, aunque se trate de decenas de miles de muertos que se habrían salvado con una gestión eficiente).

Con este método he acertado casi siempre, pero el más inútil de los mentirosos es el que de vez en cuando dice una verdad; y en alguna ocasión Sánchez no engaña (a saber si lo hace con toda la mala fe imaginable). Un ejemplo. En el mes de abril, cuando ya nos había mentido en todo lo que guardaba relación con la pandemia, Pedro Sánchez dijo: “Que se mienta en un tema tan delicado como la enfermedad en tiempos de incertidumbre social es también un problema de salud publica y de nuevo es fundamentalmente un problema de salud democrática”. Habrá –digo yo– quien piense que mentir durante una crisis tan dramática como la que hemos vivido es incluso un problema de salud mental.

EL MENTIROSO COMPULSIVO
Ernest Dupré en 1900 bautizó como mitomanía –del griego mythos (mentira) y manía (locura)– la inclinación patológica a la ficción. Los psiquiatras de hoy insisten que no todos los mentirosos sufren de pseudología fantástica (es decir, que una persona se valga constantemente de afirmaciones y promesas falsas para conseguir sus objetivos no lo convierte en un patológico mentiroso compulsivo).

Por este motivo, pregunté a un experto sobre los rasgos de personalidad que identifican al mitómano. Me facilitó ocho valiosas pistas que pueden ayudar a identificarlos cuando confluyan en mayor o menor medida. Las detallo y que cada cual enjuicie la cordura del Presidente:

La vanidad. No desaprovechan un espejo. Les encanta sentirse mirados y admirados por los demás.
No sienten culpa. Y, en consecuencia, no les importa nada el daño que puedan causar con sus mentiras.
Egoísmo. Quieren ser siempre el centro de todas las preocupaciones y atenciones.

Autoconfianza. Con la mentira se sienten escudados frente a los demás. Este rasgo puede identificarse, por ejemplo, en su lenguaje gestual o en un modo chulesco de caminar.
Placer. El mentiroso compulsivo disfruta de sensaciones placenteras cuando engaña.
Autocredulidad. Son capaces de creerse sus propias mentiras por absurdas que puedan parecer.

Desconfianza. Los mitómanos siempre acusan a los demás de no confiar en él.
Concurso. Suelen manifestarse en ellos otros trastornos de personalidad, como trastornos narcisistas acusados, trastornos histriónicos, trastorno límite de la personalidad y hasta trastornos psicóticos.

Me comentó adicionalmente la característica más importante para identificar a los enfermos de mitomanía: sus embustes no persiguen siempre una finalidad específica, a veces son invenciones fantasiosas que improvisan por el simple placer de mentir.

Y me pregunté porqué Sánchez dice en ocasiones mentiras con patas tan cortas. Cuando el 9 de abril, desde el atril del Congreso de los Diputados, dijo aquello de que la Universidad de Oxford otorgaba a España la puntuación más alta de los países occidentales siendo un dato objetivamente falso y fácil de contrastar ¿qué finalidad perseguía con esa trola? O cuando el 21 de marzo aseguró, sin que nadie se lo preguntara, que los tests adquiridos a una empresa China a través de un intermediario eran fiables ¿por qué lo afirmó sabiendo que no era así? ¿respondía a un impulso irrefrenable? ¿sintió alguna sensación de placer?

Durante la moción de censura veremos mentir a Sánchez una vez más. Lo hará con su habitual cinismo y con un completo desprecio por el resto de seres humanos. Y, previsiblemente, lo seguirá haciendo en las siguientes semanas, seguramente hasta el día de San Martín.

Aprendimos en los tiempos de Zapatero que en la legislación española la incapacitación psiquiátrica de un presidente del Gobierno no permite su destitución. Por ello, que Sánchez mienta por maldad o lo haga por una enfermedad mental me resulta completamente indiferente. Lo único que me importa de verdad es el daño que este sujeto hace a todos los españoles, a la salud, la economía y al bienestar presente y futuro de los ciudadanos de España.

Dice un proverbio judío que con una mentira suele irse muy lejos pero sin esperanzas de volver. Esperemos que el proverbio se cumpla pronto y para siempre.

* Rafael Rossy es el autor de “Toda la verdad sobre el coronavirus”.

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Yo, antiespañol
Félix Madero. vozpopuli  20 Octubre 2020

Bruselas, inopinadamente, se ha convertido en la última puerta que el Gobierno de socialistas y comunistas no podrá traspasar. De ahí su reacción. Y sus insultos

Caigo en la cuenta de que, tal y como reparte carnets de buenos y malos españoles la ínclita vicepresidenta del Gobierno, puede que sea eso que ella dice, un antiespañol que duda y se duele por todo aquello que duda. Es el caso que dudo yo, duda mi vecino, duda el que me pone el café, el que me vende el periódico y el médico que me receta pastillas para la tensión. Duda, aunque cada vez menos, el que se pasó más de su media vida electoral votando al PSOE: "Dime amigo ¿en verdad soy un facha, un traidor, dímelo por favor?"Duda incluso ese nutrido grupo de diputados socialistas que habla sin que se les pueda escuchar, que recelan de quien les manda. Pero callan. Y callan. Y vuelven a callar.

Es gracioso eso que me cuentan de que algunos de ellos se saludan con un “salud camarada y monarquía constitucional”. Penoso, también. Para aquellos que en estos tiempos calientan con su culo el escaño, los libros de Historia preparan un hueco para ellos que sus vástagos no se atreverán a leer.

Calvo, cocinera que antes fue fraila
La pandemia nos retrata. El mal gobierno nos califica. El miedo nos define, pero sobre todo a ellos, a los que aplauden a Carmen Calvo cuando llama antiespañoles a aquellos que le recuerdan que ante la tropelía que pretenden con el Poder Judicial siempre quedará Europa, Bruselas, como última puerta en la que el Gobierno de socialistas y comunistas no podrá entrar. Esta cocinera, que lo fue antes de fraila, que así se definió ella misma, lleva mal que la oposición haga su trabajo, y cuando lo hace, entonces se instala en la ocurrencia, en ese juego infantil de nadar en aguas de la exageración para esconder la verdad que le apura y desnuda. Y por eso, cuando puede, mira como una profesional del telediario al objetivo de una cámara para soltar sus lisuras, que dicen los peruanos. Por eso aplaude hasta que las palmas echan humo cuando su jefe, el presidente, llama al PP partido antisistema, para a continuación pedirle colaboración.

Carmen Calvo cree que puede sustituir las leyes a conveniencia de quien gobierna, y si no estás en eso eres un mal español. Es tal la confusión de algunos entre Gobierno y Estado, entre lo que necesita España y lo que urge al PSOE, que viéndola actuar resulta obvio que le resulta más fácil resistir que rehacerse. Y en eso está. Cuentan que no te merezco y que en poco tiempo yo te olvidaré, que dice la canción.

El fiel retrato que nos hace Europa
La prensa internacional no entiende el discurso de la señora Calvo. Para empezar porque ya no está Franco para calificarla de herramienta natural del contubernio judeo masónico comunista. Y menos mal, porque alguno puede tener la tentación de volver a ese discurso -uff, iba a poner 'relato'-, tras leer lo que dicen de este pobre país prestigiosas cabeceras europeas. Por de pronto, nunca creí que iba a leer que estamos a las puertas de ser un estado fallido. Nunca que pudiéramos recordar a la Grecia intervenida. Nunca que estuviera tan en duda nuestra fe en la democracia y la división de poderes.

La segunda ola de la pandemia pone de manifiesto el fracaso de España, escriben desde Alemania. España fracasa por su sistema territorial, proclaman desde el Reino Unido. El modelo descentralizado de salud es un fracaso, nos dicen desde Francia. Y en Italia, que no es que estén para juegos pirotécnicos, hay quien escribe en La Stampa que la gestión de la pandemia es una flecha al corazón de un problema español muy serio: la organización del Estado. El sistema autonómico, la falta de lealtad en la gestión de los datos, la debilidad de un Gobierno que deja hacer a un desajustado y anacrónico Pablo Iglesias, justo el político que no necesitas si fuera verdad esa invocación que hace a la unidad el Gobierno de Sánchez, tan débil y mercurial.

El lío del PP ante la moción de Vox
Esta es la semana de Vox. Y no será la semana del PP, que incomprensiblemente aún no ha dicho que va a votar en la moción de censura. Esta es la semana en la que presentará una moción de censura al Gobierno de Pedro Sánchez. La moción puede ser la menos apoyada de todas las que han sido, pero no será estéril. No para Vox que va a encontrar espacios en los medios miércoles y jueves. Un espacio, todo hay que decirlo, que las teles, las radios y periódicos le niegan siendo como son el tercer partido de España. Gustará más o menos lo que dicen, pero son lo que son. Los números no admiten interpretación y menos una opinión.

No será una mala semana para Pedro Sánchez -así se las ponían a Felipe II-, que va a sacar provecho al evidenciar la fractura y división que vive la derecha. Ignacio Garriga será el diputado que este miércoles defienda la moción, y lo hará durante 40 minutos, largos 40 minutos, en los que Vox parecerá la alternativa al PSOE. Es una ensoñación, desde luego, pero es cada vez más una percepción. El PP, incomprensiblemente renuente, sólo ha dicho que no va a apoyar la moción. O sea, que aún no sabemos si se va abstener o votará no, que es lo que le ha sugerido Aznar.

Y esto es lo que no se entiende, que un partido con vocación de Gobierno esté aún dudando lo que va a hacer. Haga lo que haga desconcertará a su electorado, por eso cuanto antes se sepa qué va a hacer mejor. Quizá la única forma de marcar territorio sea explicando un constructivo y didáctico voto negativo. Pero haga lo que haga el PP sabe que, si un día llega al gobierno de España, será con el apoyo del partido de Abascal. Por eso la aprensión del PP con Vox es incomprensible. No la tiene el PSOE con Bildu, ERC ni Podemos pero Casado, entre remilgos, escribe sus diferencias en papel de fumar. Arrumbar a los millones de españoles que se han ido del PP te lleva a la insignificancia, a la nada. Imposible llegar al gobierno.

Vox va a por todo y con todo. Su ánimo no decae mientras los periódicos despachan encuestas que le favorecen. Ojo, que igual pasó con Podemos y el PSOE. El diputado Garriga que la presenta, candidato a la Generalidad, anuncia discurso de casi una hora bajo la advocación del Espíritu Santo. Que qué manía la de meter a Dios donde no lo llaman. Muy español esto de cargar a la providencia lo que es sólo obra de los hombres.

Pasado mañana, por hoy, lunes 19 de octubre del Año del Fin del Mundo, comenzará a debatirse en el hemiciclo de las Cortes, convertidas desde hace tiempo en un remedo de circo romano, la moción de censura con la que el gladiador Abascal arrojará su órdago a las fauces de las fieras. Algo es seguro: el espectáculo resultará tan apasionante como apasionante debió de ser el enfrentamiento entre David y Goliat o entre Leónidas y los marines persas.

Permitan, tal como reza el título de esta columna, que anteponga una e de España y de esperanza a la moción para transformarla así en emoción. De sobra sé que el resultado de la apuesta no está en el aire, pues cincuenta y dos diputados son muy pocos para plantar cara a los doscientos noventa y ocho que militan en la coalición de los socialcomunistas, los separatistas, la derechita cobarde y los poquita cosa, incluyendo en el nomenclátor de esta última al venal turolense que inclinó la balanza de las últimas elecciones hacia el lado oscuro de los escaños, pero no se trata de convertir en algoritmo lo que es sobre todo, aunque no sólo, un beau geste que honra a su promotor, al movimiento regeneracionista que encabeza, a la institución en cuyo ámbito se formula, al sentido común y a ese sueño de todos y de nadie en el que la democracia entendida a la española se ha convertido.

Es posible, si no seguro, que Abascal se haya precipitado un poco, pues la situación sanitaria, económica, política y moral se está deteriorando con una rapidez que excluye la posibilidad de que las razones esgrimidas para censurar la gestión del gobierno y proponer su cese pierdan virulencia. Mucho más probable es que la ganen, que el descrédito del gobierno se exacerbe y que en un futuro nada lejano la moción encuentre más eco del que suscita ahora. Pero, aun así, y descontado el factor de la impaciencia, la jugada de los voxitas y de su líder es, a mi juicio, magistral desde el punto de vista estratégico.

Con ella, pase lo que pase y sea cual sea el conteo de votos que arroje al final el marcador, habrá puesto en evidencia a los ojos de toda la nación no sólo los garrafales errores cometidos por el peor gobierno existente desde los tiempos del Rey Felón y de la Reina Castiza (Abascal se quedó corto al restringir ese cómputo a los últimos ochenta años), sino también, y de rebote, la indignante renuencia a la colaboración demostrada por quienes en el espectro ‒¡y tan espectro!‒ del centro derecha se empeñan en acatar las consignas de la ultraizquierda, y subrayo lo de ultra por ser como las lentejas, pues moderada no la hay. Asombra a quien esto escribe la ceguera suicida del Partido Popular y de Ciudadanos, que tanto si votan que no como si se abstienen lo harán al precio de convertirse en cómplices del único Frente Popular, ese cadáver genocida de la historia, que hoy vuelve a hacer de las suyas en el mundo occidental.

Señor Casado (¿con qué?), señora Arrimadas (¿a qué?): o Moriles, o Montilla. ¿Recuerdan aquel eslogan o son demasiado jóvenes para que les suene? La elección, rezaba aquel anuncio legendario, es muy sencilla: apoyar la moción de censura no es votar a favor de Vox, sino hacerlo en contra de Sánchez, y oponerse a ella por activa o por pasiva es convertirse en cómplice de éste. Así de simple y así, en efecto, lo interpretarán quienes ya nunca volverán a votarles. Piénsenlo. Aún, por los pelos, están a tiempo. Santi Abascal, si ustedes no se apean de su actitud cerril y dejan de demonizar a sus únicos aliados posibles, lleva con este jaque todas las de ganar. Carambola a tres bandas: la del gobierno, la de los maricomplejines y el cordón sanitario, y ‒rien ne va plus!‒ la de Vox. Al tiempo. El cartero, en esta ocasión, no llamará dos veces.

No es su intención, pero VOX auxilia a Sánchez con su moción de censura
ESdiario 20 Octubre 2020

Si VOX quiere sustituir al Gobierno, que estudie alianzas electorales del centroderecha: la moción no relevará a Sánchez y cohesionará más a sus socios.

Si las mociones de censura tiene por objetivo relevar a un Gobierno en ejercicio para sustituirlo por otro con más apoyos y un programa de acción claro, la de VOX es un fracaso ya de antemano: ni sus impulsores cuentan con ganarla, lo que atestigua que su objetivo es bien distinto al que define la ley y, por ejemplo, utilizó parcialmente Sánchez para derrocar a Rajoy.

En el caso del socialista, que venía de perder dos Elecciones Generales en seis meses tras mantener bloqueado al país durante un año, fue capaz de juntar una mayoría aritmética, cohesionado solo para desalojar al PP; pero no presentó programa alguno de Gobierno, contraviniendo la letra y el espíritu de estos mecanismos institucionales tan traumáticos. Y esa tara de origen seguimos pagándola.

Abascal, por su parte, es perfectamente consciente de que no logrará más allá de los 52 votos de sus propios diputados y de que, en consecuencia, fracasará en su intento. Pero lo justifica diciendo que, sea cual sea el resultado, el Gobierno se merece una reprobación pública.

El laberinto de Casado: Sánchez quiere que se abstenga y Abascal que vote "no"
Y eso es cierto. Nadie ha logrado hundir y dividir tanto España en tan poco tiempo como un Gobierno compuesto a retales, intervenido a la vez por el populismo y el separatismo, que bate marcas históricas de empobrecimiento, drama sanitario y división social.

La cuestión es si el método elegido es el mejor o, por contra, genera lo contrario de lo que pretende conseguir. Y esto es lo más probable: Sánchez no solo seguirá de presidente, sino que su Gobierno saldrá más cohesionado por la "amenaza" exterior de la "ultraderecha".

No es su intención, pero la moción de VOX solo va a servir para cohesionar más al Gobierno y facilitar a Sánchez huir de sus negligencias

Un argumento manido, injusto y falso, que estigmatiza a un partido perfectamente democrático como VOX desde los mismos ámbitos políticos y mediáticos que blanquean a Bildu; pero muy eficaz como respuesta para todo.

Aún más, ese desafío a Moncloa le permite al Ejecutivo centrarse en la respuesta política al "enemigo" y desviar la atención sobre los múltiples y gravísimos problemas que tienen a España en el precipicio. Unos amplificados por Sánchez e Iglesias y otros incluso creados por ellos.

VOX, en fin, va a concederse una gran promoción a cambio de dársela también al Gobierno, a costa de intentar minar a la única alternativa viable en las urnas a la alianza de PSOE y Podemos. Y quizá se trate de eso: debilitar al PP para disputarle su electorado.

Porque si de verdad se quiere relevar algún día a un Ejecutivo nefasto, VOX lo tiene más sencillo: llegar a coaliciones electorales que impidan que el presidente con menos votos de la historia parezca capaz de perdurar dos legislaturas gracias, en buena parte, a la fragmentación del centroderecha.

Blanco, Ortega Lara y la memoria histórica
Pablo Planas Libertad Digital 20 Octubre 2020

Más de la mitad de los españoles ignora quiénes fueron Miguel Ángel Blanco y Ortega Lara y qué les ocurrió. El desconocimiento sobre el terrorismo etarra es oceánico entre los jóvenes de entre 18 y 35 años. Las grandes manifestaciones para exigir la liberación de Blanco ni siquiera forman parte del recuerdo de algunos de los que participaron en ellas, a tenor de una encuesta dada a conocer en las últimas horas. Tampoco recuerdan los españoles a Ortega Lara, víctima del secuestro más largo de la historia de ETA.

Blanco fue señalado por un concejal batasuno que recientemente ha sido puesto en libertad. Un comando lo secuestró y lo ejecutó a las pocas horas tras exigir la liberación de todos los presos terroristas. A Ortega Lara, funcionario de prisiones, lo mantuvieron en un agujero durante 532 días. La Guardia Civil lo encontró cuando la banda había decidido dejarlo morir de hambre.

Ortega Lara fue rescatado el 1 de julio de 1997. Doce días después, el 13 de julio, los etarras, rabiosos, asesinaban a Blanco. Y siguieron los atentados, las bombas, los muertos, las amenazas, los encapuchados y las negociaciones con la banda hasta que la banda, derrotada policialmente, se abrazó a un acuerdo con el Gobierno de Zapatero cuya principal conclusión es que no hubo ni vencedores ni vencidos, ni buenos ni malos.

En el libro Sangre, sudor y paz (Península), de Lorenzo Silva, Manuel Sánchez y Gonzalo Araluce, queda meridiano el propósito del Ejecutivo socialista allá por 2007, cuando comenzaron las que serían las últimas conversaciones antes del fin de los asesinatos:

El objetivo final del proceso no es la rendición de ETA, tampoco la independencia de Euskal Herria, ni el Estatuto único. El objetivo es que la izquierda abertzale y ETA puedan defender su proyecto político en igualdad de condiciones y que ETA desaparezca porque existen esas vías políticas. Finalmente desaparición de presos y exiliados. Porque ya no existen las causas de que los haya.

La "igualdad de condiciones" es el apoyo de Bildu al Gobierno de Sánchez e Iglesias, y que el objetivo final no era la rendición de ETA queda de manifiesto en el blanqueo de la banda, sobre cuyas atrocidades se corrió la cortina de humo que explica la trágica ignorancia de gran parte de la población. Sólo han pasado 23 años del secuestro de Ortega Lara y el asesinato de Blanco, pero el trato de favor recibido por los proetarras ya desde entonces permite comprender, por ejemplo, que a Otegi se le pregunte en TV3 por Ernest Lluch sin mencionar que el exministro socialista fue asesinado por la banda a la que perteneció el propio Otegi, considerado por el independentismo catalán como el prototipo de hombre de paz. Pero, claro, ¿quién era Ernest Lluch? ¿O quién es Irene Villa? ¿Qué pasó en el Hipercor de Barcelona? ¿O en las casas cuartel de Zaragoza y Vich?

Eso sí, es necesaria una ley de memoria histórica para ajustar cuentas de la Guerra Civil, mientras que ante encuestas como la referida la izquierda más miserable responde que los jóvenes no saben quién era Blanco ni que el PP usó una fundación con su nombre en la trama Gürtel. Esa asquerosidad refleja la moral de quienes aceptan los votos de Bildu y llaman fascista a Ortega Lara por militar en Vox.

¿Memoria histórica? Pero si ni siquiera reconocen a las víctimas de ETA.

Una ignorancia dolorosa y culpable
Cayetano González Libertad Digital 20 Octubre 2020

El desconocimiento que tienen los españoles del daño causado por ETA es escalofriante.

Que más de la mitad de los españoles no sepa quién fue Miguel Ángel Blanco, y que la cifra llegue al 70% cuando se pregunta por José Antonio Ortega Lara, resulta profundamente descorazonador y pone de relieve que desde los poderes públicos, desde las instituciones educativas, desde los medios de comunicación –salvo raras excepciones– e incluso desde las propias familias no se han hecho las cosas bien para preservar la memoria y la dignidad de las víctimas del terrorismo de ETA.

Los datos que arroja el estudio realizado por GAD3 sobre el grado de conocimiento que tienen los españoles del daño causado por ETA son sencillamente escalofriantes. El desconocimiento de los encuestados sobre dos de las víctimas –Ortega Lara y Blanco– más emblemáticas de ETA se extiende también a Irene Villa, que sufrió un atentado junto a su madre cuando ambas iban en coche, y al exministro del PSOE Ernest Lluch, al que no recuerdan como víctima de la banda terrorista más de la mitad de los encuestados.

El esperpento de esta ignorancia sobre esa etapa tan dolorosa de nuestra historia reciente llega a su cenit cuando casi 4 de cada 100 encuestados creen que Josu Ternera, el histórico dirigente de ETA, es una víctima del terrorismo. Lo mismo sucede con otros sanguinarios etarras, como Iñaki de Juan Chaos, Santiago Arróspide (Santi Potros) o Inés del Río.

¿Cómo se ha podido llegar a este grado de ignorancia por parte de una parte importante de nuestra sociedad sobre unos acontecimientos que causaron tanto dolor y que han marcado la historia reciente de España? Las causas son múltiples, pero hay un denominador común a todas ellas: la desidia, el abandono, la falta de compromiso de las instituciones y de otros sectores de la sociedad, como el educativo, para dar a conocer la tragedia que sufrió nuestro país durante más de cincuenta años.

Se suele decir que una sociedad que desconoce su historia está condenada a repetir los errores cometidos. Esperemos que en este caso no sea así, pero resulta demoledor comprobar que sobre todo los jóvenes desconocen absolutamente todo lo relacionado con el drama que vivimos en España por mor del terrorismo de ETA. Y aquí los padres de esas criaturas no salen bien parados, porque tendrían que ser ellos los que hicieran partícipes a sus hijos de lo que sucedió no hace tantos años, y que ellos, por edad, vivieron en primera línea.

Mi experiencia personal en estos últimos años, en que he tenido la oportunidad de explicar en el ámbito universitario la cruda realidad del terrorismo de ETA a través de las víctimas, ha sido muy positiva. Cuando los jóvenes son conscientes de que muchos compatriotas suyos han dado la vida, han sido asesinados por defender la libertad, la democracia, nuestro sistema de convivencia, su reacción es, por un lado, de profundo agradecimiento y, por otro, de compromiso para no olvidar nunca a todas las víctimas del terrorismo.

Muchos de esos jóvenes me han manifestado, después de conocer el testimonio directo de diferentes víctimas de ETA, que debería establecerse en los planes de estudio un contenido específico obligatorio sobre esta parte de la historia de España, para que no se viva en la más absoluta ignorancia al respecto. Se está todavía a tiempo de poner remedio a tanta ignorancia culpable. Si no se hace, un día no muy lejano puede llegar a suceder que ese 4% que piensa que Josu Ternera es una víctima llegue a porcentajes más aberrantes.

De momento, los que gobiernan en España negocian y pactan con los herederos políticos de ETA, dan pésames desde la Presidencia del Gobierno por el suicidio en la cárcel de un etarra, consideran a Ortega Lara un extremista por militar en Vox... y lo siguiente será apoyar a Otegui para que ocupe el sillón de Ajuria-Enea.

La izquierda vuelve a incendiar Santiago de Chile, quema y saquea iglesias y comercios
Redacción rebelionenlagranja.com 20 Octubre 2020

Siguiendo con la estrategia desplegada por la izquierda internacional y por el Foro de Sao Paulo, grupos violentos volvieron a desestabilizar las calles De Santiago de Chile en la tarde de ayer. Como en su día en las calles de Barcelona o San Sebastián, comandos perfectamente organizados y sincronizados desarrollaron tácticas de terrorismo callejero y produjeron disturbios y quemaron iglesias, tras cuyo incendio celebraban dando saltos y gritos con una ferocidad desconocida.

Al menos dos iglesias del centro de Santiago de Chile fueron quemadas este domingo por las turbas violentas que se manifestaron para conmemorar el primer aniversario de ola de protestas. Incendiaron iglesias para conmemorar que un año atrás ya habían incendiado iglesias.
El primer santuario en arder fue la Iglesia San Francisco de Borja, usado regularmente por el cuerpo policial de Carabineros para ceremonias institucionales, y horas más tarde fue la Iglesia de la Asunción, una de las más antiguas de la capital, con más de un siglo y medio de antigüedad.

Varios manifestantes celebran la quema de una de las iglesias más importantes de Santiago de Chile, San Francisco de Borja
“Indignación y tristeza por el incendio y destrucción de la parroquia de La Asunción, y el ataque a la iglesia San Francisco de Borja, ambos inmuebles patrimoniales”, dijo este domingo en su cuenta de Twitter la ministra de las Culturas, las Artes y el Patrimonio de Chile, Consuelo Valdés.

La iglesia de San Francisco de Borja fue también saqueada y algunas de sus imágenes religiosas destruidas y fueron quemadas en la calle, como en los peores tiempos de la segunda república española en 1936, mientras que la de La Asunción vio como su cúpula caían al suelo consumida por las llamas.

Fueron saqueados además varios comercios, entre ellos un supermercado de una cadena internacional, y también se registraron ataques de encapuchados a algunas comisarias de la periferia capitalina, como Puente Alto. Era lo más parecido a la kale borroka de ETA.

También comenzaron a prenderse barricadas en algunos puntos aledaños a dicha plaza y en otras zonas de la capital, al tiempo que en ciudades como Antofagasta (norte) se producían también algunos incidentes violentos y enfrentamientos con la policía.

Según Carabineros, al menos 18 agentes resultaron lesionados en distintos puntos de la capital.

Las concentraciones por el aniversario se celebran a una semana de que más de 14,5 millones de chilenos decidan en un histórico plebiscito si quieren reemplazar la actual Constitución, de tal manera que analistas políticos señalan a los partidarios de la reforma como instigadores de los actos de devastación callejera.
 


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