AGLI Recortes de Prensa   Lunes 16  Noviembre  2020

El sombrío escenario económico al que nos conducen las restricciones
José María Rotellar Libertad Digital 16 Noviembre 2020

Desde que en marzo el Gobierno decretó el cierre productivo, con medidas extremadamente duras, el horizonte económico español se ennegreció de manera acelerada. Ya había síntomas claros de una intensa desaceleración debido a la ausencia de reformas en los últimos años, pero con la paralización de meses de la actividad productiva -prácticamente completa durante dos semanas- la caída de la economía y el empleo ha sido vertiginosa. Esas medidas fueron la triste consecuencia de una falta de previsión del Gobierno de la nación, imprevisión que facilitó que hubiese un contagio muy rápido y concentrado, que estuvo a punto de hacer colapsar la Sanidad.

Por ese colapso, el virus se ha cobrado muchas más víctimas por millón de habitantes que en otros países, generando pánico en la población, elemento que retrae consumo e inversión. Adicionalmente, el Gobierno retrasó mucho la reapertura, muchísimo, y el ritmo de la misma fue, por tanto incompleto, pues al restringirse sustancialmente el aforo en comercios, hoteles y restaurantes, manteniendo el cierre de los locales de ocio nocturno, incluso en esta etapa tan extraña por la que atravesamos, que el Gobierno se empeña en llamar “nueva normalidad”, que, desde luego, de normal no tiene nada. Ahora, se intensifican las restricciones a todos los niveles y se acaricia la idea de un nuevo cierre productivo, que podría suponer la puntilla para la economía.

Desde la máxima prudencia, no podemos seguir parados ni a un ritmo lento. Debemos recuperar la normalidad de inmediato, sin adjetivos. Estamos preparados para combatir el virus y cuidar de los enfermos hasta que llegue una vacuna, pero no podemos esperar a dicha vacuna para volver a la normalidad, ni aunque se confirme, ojalá que sí, la Pfizer para principios de año, porque eso sería la ruina de todos los españoles. Si no nos reactivamos de inmediato de manera completa, se va a destruir cada vez más parte del tejido productivo, arruinando a muchos empresarios y dejando a millones de personas sin trabajo y muchas familias pueden empezar a pasar hambre -muchas, de hecho, ya lo hacen, desgraciadamente-.

Así, si no se rectifica, el paro y la desolación económica pueden llegar a generar un drama social todavía mucho mayor que el coronavirus, porque ante la ruina económica habría que recortar muchos servicios esenciales, como la Sanidad, que empeoraría la atención y eso podría redundar en una mayor tasa de mortalidad por cualquier tipo de enfermedad, ya que podría darse un aumento de enfermedades psiquiátricas y cardiacas.

Adicionalmente, si la economía no se recupera con vigor de manera temprana por no hacer reformas estructurales y si las cuentas no se ajustan con un reequilibrio presupuestario, podría llegar a concretarse una posible imposición de Bruselas de ajustes muy duros en las pensiones y en los funcionarios. Los mayores han sido golpeados por el coronavirus con fuerza; por retrasar la vuelta a la normalidad, sin adjetivos, no podemos poner en riesgo también sus pensiones.

Por eso, hay que aparcar las restricciones, abrir de inmediato y con la práctica totalidad de la actividad, con prudencia, pero con determinación. Podemos combatir al virus porque somos una sociedad próspera. Si nos empobrecemos, no sólo tendremos el problema del virus, sino que se le unirán otras enfermedades, el paro, la pobreza y la necesidad de muchas personas.

Ya es inalcanzable el escenario que se habría derivado de aprender de los errores del cierre productivo y haber recuperado la normalidad en el verano. Eso habría limitado la caída del PIB al 7,98%, que ya es muchísimo, pero se podría haber mitigado. El empleo perdido se habría quedado en 756.000 personas.

Sin embargo, la no reapertura total nos llevaba a un escenario con una caída más abrupta, pero que las nuevas restricciones han hecho que también ya esté superado. En él, la economía ya caía un 11,04%%. Los empleos perdidos habrían ascendido a 1.454.000 personas, que estaría en línea con lo estimado por el Gobierno en su plan presupuestario 2021 enviado a Bruselas.

Ahora, con las nuevas restricciones impuestas, la caída económica puede llegar al 14%, con casi dos millones de empleos perdidos si las restricciones introducidas últimamente se mantienen hasta que se suministre la vacuna.

Por último, si quienes quieren cerrar de nuevo todo el sistema productivo se imponen, entonces el tejido empresarial se resentirá del todo y nos iremos a un escenario con una caída cercana al 20% y la pérdida de casi 2,5 millones de empleos.

España, un régimen autoritario
Amando de Miguel Libertad Digital 16 Noviembre 2020

No me refiero al denostado franquismo, sino a estos amenes de la Transición democrática, inaugurada en 1978, en los que nos toca vivir. La palabra transición indica un paso, un tránsito, de un tiempo a otro. Con la Constitución en la mano, nunca nos dijeron hacia dónde caminaba el nuevo régimen democrático, que sucedió, pacíficamente, al franquismo. (Bueno, pacíficamente, pero con el brutal terrorismo vasco, nunca sustanciado del todo por los jueces). Ahora hemos caído en la cuenta de que para ese largo viaje generacional no necesitábamos alforjas.

Con tenaz parsimonia, el sistema democrático, que conquistaron los españoles de la generación anterior, ha ido degenerando hacia un régimen autoritario sui generis. Dizque de índole progresista, viene a ser una reedición del Frente Popular de 1936. Es decir, la conjunción de socialistas, comunistas y separatistas; además, con un toque de dictadura latinoamericana. La mixtura resulta original, aunque, por otro lado, extravagante.

El proceso de creciente autoritarismo se expresa de distintos modos. El Parlamento aparece opacado por la supremacía del Gobierno de coalición. Procesos autoritarios son, por ejemplo, el atosigante control (ahora se dice “monitorización”) de los medios de comunicación y la implantación de la censura indirecta. Se constituye una especie de Ministerio de la Verdad, según la irónica expresión de la novela de Orwell, 1984. Es el encargado de exaltar la información que interesa al Gobierno, orillando las opiniones críticas. Para ello, se propone confundirlos con los bulos o fake news. Se trata de una operación sinuosa, más propia de los llamados ‘servicios de inteligencia’, pensados para las operaciones bélicas.

Una decisión autoritaria de gran fuste es el proceso de erradicación del idioma español o castellano de Cataluña y, eventualmente, de otras regiones con dos lenguas. Es un caso de genocidio cultural, que parece increíble en nuestro tiempo, pero que avanza de forma inexorable. Se orienta, primero, al mundo público, incluida la enseñanza, para terminar por imponerlo a toda la sociedad.

El régimen autoritario pretende la completa subordinación del Poder Judicial a los ucases del Gobierno. Por ejemplo, la Fiscalía General del Estado decide no admitir a trámite las eventuales querellas contra las autoridades sanitarias. Son las que se suscitan por los posibles casos de negligencia en la actual epidemia del virus chino. Los más flagrantes son los decesos en las residencias de ancianos.

El actual régimen autoritario es, sobre todo, un estilo de gobernar, de hacerse cargo de los asuntos públicos. Se traduce en la exaltación de los mediocres. Por primera vez en nuestra historia, al frente del Gobierno se encuentra un doctor en Economía, pero no consta que haya escrito ningún texto sobre la materia. En sus discursos tampoco se traduce esa especialización.

La comparación del actual régimen con el del Frente Popular de 1936 presenta otro elemento común. El Frente Popular se sirvió de la situación extraordinaria de la guerra civil, como factor catalizador, para perpetrar una verdadera revolución comunista. Por analogía, el Gobierno actual ha aprovechado la pandemia para declarar el estado de alarma, que le da facilidades para todo tipo de tropelías. El proceso no ha hecho más que empezar. El Gobierno podrá prohibir las manifestaciones populares que considere inoportunas. No será raro que pueda invadir la intimidad de los domicilios o que clausure los medios de información que se muestren críticos. La farsa se completará al proclamar que el régimen actual es el enemigo del franquismo o del fascismo, por estupefaciente que pueda parecer una pirueta histórica como esa.

España tomada
Pedro de Tena Libertad Digital 16 Noviembre 2020

Cuando haya elecciones, que hay que exigir cuanto antes, a votar masivamente para impedir que esta banda que nos gobierna con ETA dentro acabe tomando España.

Julio Cortázar, siendo muy joven, escribió Casa tomada (1946), un relato inquietante que gustó mucho a un sagaz Borges que detectó su propio perfume en la pluma de su compatriota. Cocó, así le llamaban de pequeño, confesó luego que su narración fue el resultado de una pesadilla en la que algo no definible le arrojaba fuera de su vivienda familiar. En su texto, un “matrimonio de hermanos” va siendo acorralado en su propio domicilio por un oscuro enemigo interno que los hace huir de una habitación a otra dejándolo todo, recuerdos y enseres, hasta que cercados en el zaguán tienen que abandonar su casa. Hay quien dijo que era una alegoría inconsciente del peronismo que asolaba Argentina, y quizá lo fue, pero hoy podemos con todo derecho imaginar que ese relato trata de España, de la España tomada.

No, no se trata de la pandemia de coronavirus. Se trata de que en esta nación desde hace años vamos comprobando cómo un peligro interior y nada definible está arrinconando a todos aquellos que somos sus legítimos propietarios, herederos de una tradición secular, de una historia, de una lengua, de una Constitución reconciliadora, de una voluntad de convivencia tolerante.

El íntimo asedio comenzó ya con las rendijas pactadas en el texto constitucional para contentar a los nacionalistas, que siempre han sido, son y serán separatistas, a los que se les supuso una lealtad que nunca tuvieron. Por esas grietas fueron entrando los primeros embates a la casa común, hasta que finalmente, ahora, ya plenos de privilegios y diferencias inaceptables en una democracia, han conseguido que el castellano, lengua española oficial del Estado, haya sido arrojada fuera de Cataluña. En un tiempo prudente, será desahuciada del País Vasco, de Galicia, de Baleares y de Valencia. Por el momento.

Pero el acoso más inquietante procedió y procede, como siempre desde la II República, de la unión de un sector del socialismo, con el comunismo y los separatismos. No se sabe por qué es tan difícil de entender que el socialismo marxista, como el comunismo (condenado en la Unión Europea), como el nacionalismo xenófobo y racista –del terrorista qué decir–, no han querido ser nunca ni son demócratas. No lo son doctrinalmente. No quieren la democracia ni los derechos humanos. Usan ambos como instrumentos de desgaste de la sociedad democrática que aspiran a ocupar arrojando de la nación al exilio interior a todos los que no piensan como ellos.

Desde hace dos años, 120 diputados socialistas (si no todos son sanchistas es tiempo ya de demostrarlo) y la ayuda de los 75 votos de la anti España constitucional están forzando a una mayoría nacional evidente a salir de la España reconciliada que votaron en 1978. 12 millones de votantes socialcomunistas y separatistas, con plena conciencia o no, están haciendo posible que los 25 millones de ciudadanos que no votaron esto o se abstuvieron estén a punto de ver a esa España, seguramente la mejor y más compartida de la historia reciente, tomada por quienes quieren un Estado roto y sin nación. Con el estado de alarma declarado con motivo del coronavirus y leyes ad hoc para vaciar de contenido la Constitución, ya lo perpetran sin control ni freno.

Para recuperar nuestra casa tomada por este frente de totalitarios, es necesario que emerja un sólido y contundente partido socialdemócrata explícitamente confeso (¡cuánto han tardado Nicolás Redondo y otros en darse cuenta!) y que conservadores y liberales comprendan que su unidad de hecho es imprescindible para que la España común no sea tomada.

Y, desde luego, es preciso que se emprenda conjuntamente una reacción cultural intensa que desmantele racional y moralmente el himalaya de mentiras, dobles lenguajes, hipocresías, corrupción a derecha e izquierda e incluso sandeces absurdas que han tomado España con demasiadas complicidades.

Finalmente, cuando haya elecciones, que hay que exigir cuanto antes, a votar masivamente para impedir que esta banda que nos gobierna con ETA dentro acabe tomando España y deje fuera de su casa a la mayoría de españoles que queremos convivir en ella.

“Antes de alejarnos tuve lástima, cerré bien la puerta de entrada y tiré la llave a la alcantarilla”, acababa el cuento de Cortázar. Quiero creer que somos mayoría los que no queremos ese final.

La “estalinización progresiva” de Sánchez con Iglesias y Otegi
Antonio Martín Beaumont esdiario 16 Noviembre 2020

El presidente ha cruzado todas las líneas rojas para convertir su supervivencia en el único objetivo: ni la crisis ni la pandemia son más importantes que mantenerse en el poder.

Pedro Sánchez va a la deriva. Está superado por la envergadura del desastre que él mismo ha ido tejiendo a lo largo del aciago 2020. Intramuros de La Moncloa se saben sentados sobre un barril de pólvora. Son conscientes de la magnitud de la crisis, que aún debe hacerse presente con toda su virulencia. Peste y hambre son un cóctel muy difícil de sortear para cualquier Gobierno. Máxime para uno que ha mostrado tanta incompetencia.

Los nervios resultan un modo de calibrar el mal momento. Una inquietud que se acrecienta al oírles confesar que les han pillado "con las manos en la masa”. La tensión del entorno presidencial se hizo evidente en el intento de recortar la libertad de expresión por medio de un organismo de nueva creación, el Comité Permanente de Desinformación.

Por mucho eufemismo que quiera utilizarse y pese al azúcar para que la pastilla sepa mejor, hablamos de censura con todas las letras. Censura incompatible con un sistema democrático.

El argumento de combatir campañas que –presuntamente- pongan en peligro la Seguridad Nacional sólo es una verdad a medias. La realidad es más cruda cuando se mira todo el contexto. Dejar ese sospechoso invento en manos de Iván Redondo, jefe de Gabinete del presidente, y de Miguel Ángel Oliver, secretario de Estado de Comunicación, dos “fontaneros” a la altura del relativismo de Sánchez, es dotar de un arma peligrosísima a quienes son unos convencidos de que el fin justifica los medios.

Cualquier cosa con tal de blindar al jefe en el poder. Seguimos en esa disparatada carrera del sanchismo. Lo demás es hojarasca. Como Iñigo Errejón denuncia, refiriéndose a su antiguo amigo Pablo Iglesias, que por momentos pasa por ser de verdad quien lleva las riendas gubernamentales, la “estalinización progresiva” para concentrar un poder absoluto.

Fijémonos, por ejemplo, en las ansías por controlar la información en los momentos más duros de la pandemia, cuando la guardia de corps de Sánchez creó para las comparecencias del Gobierno un sistema de información a su medida.

Se seleccionaban todas y cada una de las preguntas formuladas por la prensa. Ellos elegían qué entraba y qué no. Por tanto, orientaban cada una de las convocatorias. Sólo la enorme presión de los profesionales y de las asociaciones de prensa, que protestaron enérgicamente, forzó la marcha atrás de La Moncloa.

España en venta: Sánchez cruza todas las líneas para sobrevivir en Moncloa
Entonces, como ahora, se trataba de poner bajo vigilancia qué mensajes llegan a la sociedad y cuáles no. Tener a un país anestesiado con el miedo a la pandemia, bajo un estado de alarma que dota al presidente de poderes excepcionales, con un Sánchez que ya ni admite preguntas de la prensa.

Curioso lo de sus últimas salidas para reunirse con presidentes autonómicos, donde no ha habido más que discursos a través de Youtube, sin presencia de periodistas salvo los medios gráficos. El criticado “plasma” de Mariano Rajoy, al lado de lo que ahora ocurre, era una broma. El presidente teme la calle, vive bajo el síndrome de La Moncloa tras poco más de dos años durmiendo en el palacio presidencial. Un horror.

Ante la ausencia de logros que ofrecer a los españoles, entre los objetivos no confesados de Sánchez figura impedir que la oposición pueda regresar al Gobierno. Así de sencillo. Hacer imposible la alternancia cuando el presidente se prepara para resistir un horizonte desastroso de empobrecimiento colectivo.

En el búnker
El proyecto de Presupuestos Generales del Estado deja ya a la vista un incremento del 20% en la factura por desempleo para el próximo año, hasta superar los 25.000 millones de euros. Está por ver que España pueda soportar una cifra de parados jamás vista.

De eso se trata, por tanto, para Sánchez. De pertrecharse de todas las maneras a su alcance. De vivir bunkerizado alejado de la protesta. Por complicado que vaya a ser maquillar dramas económicos que sufren directamente las familias.

En realidad, un suma y sigue tras su intento de asaltar por las bravas a los jueces o la imposición de seis meses de estado de alarma “cerrando” el parlamento…

Como el que lucha agónicamente contra el cansancio nadando sin fuerzas hacia la orilla, el presidente del Gobierno desea evitar que se esparzan culpas y críticas a su fracaso en la gestión de la crisis del coronavirus.

Y para ello le sirve cualquier cosa. Agarrarse al rupturismo de Iglesias o dejar que el terrorista Arnaldo Otegi le eche una mano, aun a costa de llevarse por delante sus propias promesas y la dignidad del PSOE.

Por qué cuando el Gobierno "incentiva", en verdad nos arruina
Diego Barceló Larran Libertad Digital 16 Noviembre 2020

El proyecto de Presupuestos Generales del Estado es, entre otras cosas, un enorme catálogo de actividades que el gobierno pretende impulsar: digitalización, energías renovables, I+D+i, medio rural, etc. Para ello destinará unos recursos de un tamaño proporcional a la admiración que busca despertar en la población. Una población que, desde la óptica oficial, debería estar agradecida por el esfuerzo que implican las inversiones del gobierno.

La verdad es la contraria: cuantos más recursos destina el gobierno para impulsar actividades económicas, más empobrece al conjunto de la sociedad. Veamos por qué.

La producción de mercancías y servicios no surge del capricho de los empresarios, sino que responde a su intento de satisfacer las necesidades de los consumidores. Si en un lugar se demandan muchos cortes de pelo, pues habrá más peluquerías que en otros sitios. Si en algún lugar la gente hace mucho deporte, se demandarán más artículos deportivos que en otros sitios y los empresarios tratarán de satisfacer a esos consumidores, sea mediante producción local o importaciones.

Al mismo tiempo, los empresarios buscan maximizar la rentabilidad. Por eso, el intento de satisfacer los deseos de los consumidores busca hacerse del modo más eficiente posible. Como los gustos y necesidades cambian, unas empresas trabajan mejor que otras y hay errores de cálculo, entre otras cosas, unas empresas ganan dinero y otras lo pierden. Eso provoca una permanente reasignación de los recursos escasos hacia los empresarios más hábiles.

El hecho es que la estructura productiva de un país es, en esencia, la que en cada momento los empresarios consideran más rentable. Es decir, la mejor estructura posible para optimizar el aprovechamiento de los recursos y satisfacer del mejor modo alcanzable las necesidades de los consumidores.

Si se entiende lo anterior, se verá con claridad que, por definición, cada vez que el gobierno impulsa una actividad, está alterando esa estructura productiva óptima (óptima, dadas las circunstancias particulares de cada momento y lugar). El impulso del gobierno consiste en quitar recursos de las actividades más rentables para asignarlos a otras menos rentables (o incluso que generan pérdidas). Es evidente que las actividades fomentadas son menos rentables porque, de lo contrario, ya habrían sido encaradas por los empresarios (a no ser que pensemos que estos últimos son tontos).

El gobierno hace esa transferencia de recursos cobrando más impuestos a las empresas o a los consumidores (que, de ese modo, tienen menos dinero para gastar). La medida del empobrecimiento es la diferencia entre la rentabilidad de las actividades que sufren la quita de recursos y la menor rentabilidad (o pérdida) de la actividad impulsada.

La intromisión del gobierno, ayudando a unos sectores y perjudicando a otros, implica una enorme soberbia, pues supone que los gobernantes son más listos que los empresarios para determinar dónde conviene invertir. Algo para lo que no tienen ningún incentivo: mientras los empresarios arriesgan su propio patrimonio, los políticos nunca pagan los costes de sus malas decisiones (véase proyecto Castor, primas a las renovables, aeropuertos sin vuelos, etc.). Además, sería un milagro que gente que muchas veces no sabe lo que es trabajar en el sector privado tuviera más visión e instinto que quienes viven sometidos al rigor de la competencia.

Cuando el gobierno quiere cambiar la estructura productiva también está diciendo que la población está equivocada y no sabe demandar lo que es correcto. Entonces, para corregir las malas decisiones de la gente, aparecen los políticos, quitando y poniendo incentivos. Incluso, hablan de esfuerzo inversor del gobierno, cuando el único esfuerzo real lo hacen quienes pagan impuestos.

En esta, como en tantas otras áreas, lo mejor que puede hacer el gobierno es mantenerse al margen. Por eso, nuestro mayor deseo como sociedad respecto de este proyecto de PGE para 2021 debería ser que no se apruebe nunca. @diebarcelo

Educación
Ayuso ve «una aberración» la ‘Ley Celaá’ porque priva del derecho a «aprender español en España»
OKDIARIO 16 Noviembre 2020

La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, ha denunciado este domingo que la reforma educativa de la Lomloe, también conocida como ‘Ley Celaá’ y que el Gobierno de Pedro Sánchez quiere sacar adelante de la mano de los separatistas de ERC, supone «una aberración» al imponer por «la espalda una ley que priva del derecho constitucional a aprender español en España».

Así lo ha señalado en declaraciones a los medios durante su participación en la recogida de firmas promovida por el PP contra el proyecto de ley que está ahora mismo en su tramitación parlamentaria. Sobre esta reforma, Ayuso ha asegurado que «se produce en un momento muy difícil para España y que además se produce sin consenso ninguno en la comunidad educativa ni entre las fuerzas políticas», según informó Ep.

«Ahora que los españoles están sumidos en otra clase de problemas, como la economía, la crisis sanitaria y las pandemias que va a generar, es una aberración que por la espalda impongan una ley que no tiene ningún tipo de consenso, que ataca la calidad de la enseñanza, que va a condenar a generaciones futuras a una educación muchísimo peor y, que, sobre todo, priva del derecho constitucional a aprender español en tu tierra, que es España», ha lamentado sobre el texto impulsado por la ministra de Educación, Isabel Celaá.

Ante este grave ataque a un «derecho constitucional», la presidenta regional ha explicado que ha querido acompañar al PP del distrito de Salamanca en esta iniciativa de recogida de firmas puesta en marcha en todas las sedes del PP de Madrid. «Estamos absolutamente en contra de la Ley Celáa porque no sólo merma la calidad de la enseñanza, sino que priva a los estudiantes del derecho constitucional a aprender el español en su tierra en España así como (pretende) ir poco a poco cerciorando la libertad de las familias para elegir la educación concertada y la educación especial, que es el objetivo de la izquierda», ha enfatizado.

Que no se le olvide decirselo al tal Núñez, el de la inmersión dulce.
Nota del Editor 16 Noviembre 2020

Si, eso del bilingüismo armónico, parece música en vez de lo que realmente es: una conculcación flagrante de los derechos humanos y constitucionales de  los español hablantes, y es en Galicia donde se sufre. A ver si de una vez, defendemos que ningún ciudadano tiene que ser sometido al tormento de las lenguas regionales ni ser marginado por quienes se aprovechan de ellas.

La c.e establece deber de conocer el español y no establece deber de conocer lengua regional alguna, por mucho que el t.c desvirtúe la letra y el espíritu de la c.e. (minúsculas para resaltar su manifiesta inutilidad y traición).

El chavismo y el fraude electoral en los Estados Unidos
¿PODEMOS RELACIONAR LOS FRAUDES EN VENEZUELA CON EL POSIBLE FRAUDE EN EEUU?
Nitu Pérez Osuna https://gaceta.es/ 16 Noviembre 2020

Comenzaré por decirlo claramente y sin ambigüedades: los mayores expertos del mundo en perpetrar fraudes electorales son los chavistas. Por supuesto que los cubanos les asesoraron para cometer los primeros, pero luego, el chavismo tuvo la oportunidad de perfeccionar sus prácticas en 25 elecciones efectuadas durante las últimas dos décadas en el país. Venezuela ha sido un inmenso laboratorio para el fraude electoral.

El déjà vu que deja en muchos venezolanos lo que acontece con los resultados electorales de los Estados Unidos –aún no hay un vencedor oficial– nos trae a la memoria lo tantas veces denunciado por técnicos y expertos en materia electoral: en Venezuela existe un fraude continuado y multifactorial ejecutado por el chavismo.

Para consumar el fraude diversos mecanismos han sido utilizados.

1. La contaminación del registro electoral. Lo han incrementado artificialmente a tal punto que poco más de un tercio de los municipios venezolanos tienen más electores que habitantes.

2. El uso de encuestas amañadas para favorecer a sus candidatos, aunque estos –en realidad– no cuenten con respaldo popular.

3. La hegemonía de los medios para orientar la opinión hacia un pensamiento único y hacia el partido que promueve ese pensamiento hegemónico.

4. El uso grosero de los recursos del Estado para hacer campaña versus la criminalización y persecución de capitales privados que contribuyan a financiar candidatos de oposición.

5. La utilización de máquinas de votación electrónicas fácilmente manipulables.

6. El uso de máquinas capta huellas para sembrar dudas sobre el secreto del voto; es decir, con las capta huellas –caso venezolano– existe la sospecha de que el dispositivo, al vincular el voto con el elector, muestra o descubre su preferencia.

7. Del punto anterior se desprende la coerción al ciudadano, a través de la violencia o con la amenaza de ser despedido o de perder ayudas sociales si no vota por los candidatos oficiales.

8. La multiplicación de los centros de votación para impedir que la oposición pueda tener testigos o representantes en todos, ya que los mismos son instalados en lugares de difícil acceso y dominados por los “colectivos” –grupos paramilitares afines al chavismo– que imposibilitan la presencia de testigos de la oposición.

9. El control del ente electoral por parte del régimen que ha contado entre sus miembros con altos exfuncionarios y partidarios del chavismo –aún cuando la constitución venezolana señala explícitamente que sus miembros no deben tener filiación partidista alguna–.

10. La complicidad de observadores internacionales afines ideológicamente.

Es tanta la experticia acumulada por los chavistas en cometer fraudes que desde hace años exportan su “producto” haciendo la trampa en otras naciones, como en efecto se denunció en Bolivia durante las elecciones de 2019, por poner solo un ejemplo.

Pero también son venezolanos los mayores expertos en detectar las vulnerabilidades, opacidades o incongruencias en elecciones automatizadas, como el grupo de técnicos de la organización ESDATA.

No es de extrañar que Maduro y sus aliados hayan metido la mano para asesorar a sus socios norteamericanos en la perpetración del dolo que actualmente se denuncia en las elecciones del 3 de noviembre. Para ello cuentan con varios vehículos en suelo estadounidense, siendo Black Lives Matter uno de ellos.

La propia página del Foro de São Paulo, señala que Black Lives Matter, asiste a sus reuniones en los Estados Unidos; como también el partido oficialista de Venezuela, PSUV.

Sí, estimado lector, aunque parezca increíble, el Foro de São Paulo sostiene reuniones en diversas ciudades norteamericanas, entre ellas Washington D.C. y Nueva York.

Además, es público que Nicolás Maduro mantiene una alianza con esa organización. Estuvo con ellos en un acto realizado en Nueva York, mientras que una de las dirigentes del movimiento, Opal Tometi, estuvo en Venezuela invitada por el tirano.

Para determinar si la mano del chavismo estuvo metida en los posibles fraudes cometidos en Norteamérica, vale la pena comparar las similitudes que existen entre las denuncias que se hacen en ese país y las que se han hecho sobre el fraude electoral en Venezuela. Son tantas y tan similares, que pareciera haber un mismo esquema o una misma franquicia.

Este jueves 12, Ruddy Giuliani, abogado del presidente Donald Trump, expresó en una entrevista concedida a Fox Business, que el financiamiento de Dominion Voting System –empresa de equipos electorales utilizada en al menos 30 estados del territorio norteamericano– es venezolano y que, además, sería propiedad de Smartmatic, “empresa vinculada al chavismo, creada para arreglar elecciones. Dominion es canadiense, pero todo su software es de Smartmatic”, expresó.

Opinión de expertos
Ante estas declaraciones consultamos la opinión del venezolano Guillermo Salas, físico y miembro de ESDATA –organización no gubernamental que ha analizando los procesos electorales venezolanos de las últimas dos décadas– y nos comenta que las relaciones de Smarmatic a través de la empresa Bitza y Omar Montilla Castillo, viceministro de Ciencia y Tecnología del gobierno de Chávez, fueron más que conocidas.

“Ahora, Guilliani nos termina de armar el rompecabezas al revelar las conexiones entre Dominion y Smartmatic. Nosotros, los miembros de ESDATA, tenemos años alzando la voz para advertir sobre esta conspiración que pretende robar la soberanía de las repúblicas con operativos democráticos fraudulentos. Sistemáticamente, hemos sido silenciados por la prensa, grupos de opinión y observadores electorales, entre ellos Ojo Electoral, Grupo la Colina y el Centro Carter”.

Para Adrinana Vigilanza, abogada y experta en procesos electorales, es sospechoso de fraude el hecho que durante el conteo de los votos exista una tendencia mantenida y de repente, de madrugada, esta cambie abruptamente supuestamente por la sumatoria de votos por correo que –a juicio de Vigilanza– son prácticamente inauditables, ya que se hace muy difícil corroborar la identidad del elector.

Pero además, Vigilanza observa semejanzas en Estados Unidos con lo que siempre ha ocurrido en Venezuela: encuestas fabricadas para favorecer una tendencia y la negativa a que testigos del partido contrario presencien la auditoria y las totalizaciones.

Vigilanza agrega no tener dudas que el chavismo ha penetrado procesos electorales en America Latina y ahora también en los Estados Unidos.

“La propia contratación de una empresa con vinculaciones con el régimen chavista para el conteo de votos en las elecciones estadounidenses es ya un indicio de penetración en el sistema electoral y de corrupción. De otra manera no se puede explicar”, concluye.

María Mercedes Febres, ingeniera de computación, máster en análisis cuantitativo y estadística, sostiene –como muchos expertos internacionales– que la robustez de los sistemas electorales electrónicos no pueden ser garantizada.

“El que tenga las claves de acceso del sistema puede modificar su comportamiento, en ese sentido, es factible que pudiesen existir individuos que al tener acceso a los equipos alteren o cambien los resultados”, afirma Febres.

Para la experta es importante que el ciudadano tenga confianza en que su voto será cuantificado a la opción de su preferencia, pero “con el sistema electrónico el elector no puede ver realmente que es lo que está votando, cómo se cuenta, cómo se genera el acta y cómo se totaliza porque es un sistema automatizado que escapa a su conocimiento y le genera desconfianza”.

Para Gustavo Delfino, ingeniero mecánico con maestría de la Universidad de Michigan, hay muchos elementos que están apareciendo en los comicios norteamericanos que le hacen recordar las experiencias vividas en Venezuela, pero se enfoca en los llamados glitches: “problemitas” de informática.

“Resulta que todos los problemitas denunciados reflejan que hubo votos emitidos a Trump que fueron transferidos a Biden, entonces las fallas van en la dirección de beneficiar al otro candidato. El problemita es en realidad un gran problema. Esto se repite coincidencialmente en estados donde la compañía encargada del voto electrónico está relacionada con Smartmatic, de la cual los venezolanos tenemos una muy mala historia cargada de fraudes y muertos, lo que resulta altamente sospechoso”, acota Delfino.

De comprobarse la veracidad de estas denuncias estaríamos ante una nueva forma de guerra, mediante la cual, una potencia extranjera podria designar a las autoridades de cualquier nación y de esa forma colocar en puestos claves –incluso en la Casa Blanca– a aliados, complices o agentes propios. Por ello es tan importante aclarar los hechos denunciados, tanto para republicanos como para demócratas, pero sobre todo para el pueblo norteamericano.

@NituPerez
pereznitu@gmail.com

El peligroso desenfreno de la prensa en EEUU
Redacción rebelionenlagranja.com 16 Noviembre 2020

Por su interés periodístico reproducimos a continuación el análisis publicado en el diario de las Américas por Leonardo Morales.
15 de noviembre de 2020

El innegable rechazo de la mayoría de la llamada gran prensa estadounidense al presidente Donald Trump, en su coqueteo con el globalismo y un posible nuevo orden mundial, han convertido a los practicantes de esa tendencia en la representación de una tiránica postura contra la libre información, la libre expresión y la ética del oficio, que debería permanecer distante de afiliaciones políticas, responder a la verdad y no a determinada tendencia.

Desde hace más de 14 años asistimos a una corriente de desatino de la mayoría de los medios de comunicación en EEUU, que se unen a campañas de desinformación y un férreo control desde las principales fuentes: agencias de noticias, televisión tradicional, radiodifusión (quizás la menos penetrada), buscadores digitales y redes sociales, periódicos y otras fuentes.

¿A dónde fue a parar la imparcialidad?
La prensa, que desde hace cuatro años alimenta el odio contra la figura del Presidente de la nación, ajena abiertamente a la imparcialidad y portadora de una política editorial de acatamiento y complicidad con el radicalismo de izquierda, ha “secuestrado”, desorientado y sitiado a millones de personas ávidas de información, tras las elecciones presidenciales del 3 de noviembre. No sólo los han cercado, los han ultrajado al más inimaginable estilo antidemocrático en un sistema democrático.

Se han atribuido, con desafiante arrogancia, el derecho a declarar como Presidente electo a Joe Biden, una decisión que solamente puede hacer por la Constitución el Colegio Electoral, tras una certificación oficial de cada estado de la nación, un proceso que hasta el momento no ha concluido.

Hoy, millones de estadounidenses conservadores y amantes de los valores antidinásticos conviven en un limbo informativo, censurados y aplastados por votar democráticamente por el presidente Donald Trump para un segundo mandato, por querer un país con ese tradicional respeto a lo disímil. ¿Es esta conducta una señal de democracia? ¿Es esto libertad de prensa? ¿Acaso la prensa está por encima de la Ley en EEUU? El tema ya dejó de ser preocupante; es espeluznante.

La crisis económica impacta la objetividad
En tiempos de globalismo y control, millones de estadounidenses en medio de la incertidumbre y el hambre de conocimiento acuden a medios alternativos de información, limitados por sus recursos y fuentes, pero con apego y convencimiento de que el camino certero sigue siendo la verdad. Sin embargo, funcionan como pequeños asteroides en una galaxia contaminada de oscuros intereses.

Con la administración de Barack Obama y la guerra mediática contra Trump, se revela sin muchas dudas la estrategia de una prensa convencional en crisis que claudica ante la necesidad de supervivencia y ganancias económicas.

Ahora, los grandes proveedores de financiamiento como Google, Facebook, Twitter cumplen una nueva misión: dictar lo que se publica, lo que para ellos es la verdad y dominar desde su óptica global los principales medios de comunicación en EEUU y en muchas partes del mundo, similar a lo ocurrido con las principales economías en el planeta, supeditadas al conglomerado fabril del régimen comunista de China, proveedor de más del 30% de las materias primas que utiliza el sistema industrial del planeta y que le ha permitido ganar terreno en sus intenciones de estatus hegemónico.

La estrategia no es la colaboración pacífica, económica y de marcada buena voluntad mundial –un cuento vendido en las últimas tres décadas- sino crear dependencias para que la salida de una nación de ese entorno de control estructurado mediante el dominio de la tecnología -directamente proporcional al desarrollo- no pueda ser fácil y mucho menos rápido. Esto le ofrece al régimen el tiempo suficiente para operar. Esta es la razón por la que cada vez más China busca pactos multilaterales e internacionales y, por supuesto, esta influencia llegó desde hace varios años a la prensa estadounidense.

El antiglobalismo le ha costado a Trump
La mayoría de los medios en EEUU en estos momentos no defienden la autonomía ni el poder de EEUU, opuestos a eso aclaman una sutil injerencia de China acoplada a Norteamérica. Al punto de hacer olvidar la responsabilidad del régimen asiático en la peor pandemia en 100 años y culpar a la administración Trump de las muertes y desestabilización de la economía. ¿Habrá sido una pandemia planificada para boicotear la presidencia de Trump? Ya cualquier hipótesis es pensable, en particular cuando ha sido Trump el principal escollo y guerrero contra el globalismo y los intereses multimillonarios, estrechamente relacionados con China y partidarios de que ese nexo sea cada aún mayor. El proteccionismo y nacionalismo de Trump hizo “sangrar” a muchos. Jamás lo perdonarán.

Penetración ideológica y sus efectos
Gran parte de la prensa estadounidense se ha acoplado a esa gran ecuación dirigida desde el exterior. Los nefastos efectos de décadas de penetración ideológica en universidades e institutos de enseñanza superior. Politólogos coinciden en que el sistema educativo norteamericano ha sido resquebrajado mediante una planificación a largo plazo de los principales enemigos de EEUU. Hoy, los que fueron víctimas de ese silencioso adoctrinamiento, dirigen grandes empresas, instituciones estatales y federales, organizaciones y se encuentran en posiciones clave de las estructuras de funcionamiento de la nación más poderosa del mundo. Son profesores universitarios, de enseñanza media y primaria, dirigen centros comunitarios y escalan puestos en alcaldías, legislaturas estatales, gobernaciones y en el Congreso federal. El engendro marxista se ha diseminado.

La crisis actual de descrédito y de finanzas de la prensa norteamericana no terminará sin la necesidad de plegarse a los gigantes de la información universal, el poder financiero ahora está en sus manos, no en cambios estructurales en los medios convencionales. No cabe dudas de que este ha sido el escape de los grandes medios estadounidenses para lograr su supervivencia, tras años de drásticas reducciones en sus ingresos y despidos masivos en las principales cadenas y periódicos como CNN, The New York Times, The Washington Post, CBS, NBC, Univisión y muchos otros. Hasta Fox News comprendió la oscura realidad, el último bastión tradicional conservador en claudicar frente al poder irreverente del globalismo, decidido a cambiar la historia e identidad de cada nación y así cercenar desde su interior todas sus bases ideológicas, de pensamiento y sus libertades individuales, típico de los regímenes comunistas contra el desarrollo del capitalismo occidental. A un lado, en el desaparo informativo los patriotas de Trump quedaron con apenas dos canales entre decenas en la gran prensa, NewsMax y OAN (One America News Network).

Los medios y los Presidentes de EEUU
En los años 1940, Franklin Roosevelt se apoyó en la radio; en los 1960, John F. Kennedy aprovechó las bondades de la televisión; en el 2008 Barack Obama descifró el surgimiento de las redes sociales y en el 2016 la televisión por pago revivió con el triunfo de Donald Trump.

Cada candidato presidencial en EEUU ha utilizado los medios para sus propósitos según la época y la ventaja de que su imagen sea apuntalada por el claro respaldo a un político. Siempre ha ocurrido así, unos a favor y otros en contra: Democracia. Pero esta vez, no ocurrió lo mismo. La manipulación de tendencias de opinión, fabricar el caos y la incertidumbre han sido alimento de la prensa para desestabilizar el gobierno actual en Washington.

Ante la vista perpleja de millones de estadounidenses, miles de extremistas, anarquistas dispuestos a revertir el sistema estadounidense, en estados dominados por el Partido Demócrata, vandalizaron, saquearon mercados y negocios, asesinaron a dueños de propiedades y arremetieron con sobrada violencia contra personas que se oponían a sus actos. Algunos medios, prefirieron calificarlos de “manifestantes pacíficos», indignados por el presunto racismo sistémico, otro de los términos utilizados para exacerbar los ánimos de los violentos y confundir a los poco informados. El objetivo: reavivar la división en el país ante los comicios presidenciales.

El exmandatario Barack Obama se refirió a las revueltas como “protestas necesarias”. En una carta a Joe Biden la cofundadora del movimiento radical marxista Black Lives Matter, Patrisse Cullors, le pregunta qué hará por el movimiento cuando supuestamente llegue a la Presidencia. Al parecer, el pase de cuentas por el caos y la destrucción para caldear el ambiente nacional llegó más pronto de lo que imaginó el anunciado virtual Presidente.

Los medios en su mayoría -al servicio del mejor postor y ahogados también por la pandemia- se desbocaron hacia los más de 3.000 millones de dólares obtenidos para diversas campañas demócratas por ActBlue, la mayor entidad recaudadora de ese partido.

Enfrentado desde el primer día al despecho de la prensa, Trump afianzó su defensa y denunció la fatídica inclinación de los medios a la globalización y no a leyes internas que frenaran la inmigración ilegal, el derecho a portar armas, a lograr la independencia energética, a develar las injusticias en el sistema penal donde inocentes cumplían prisión por delitos falsamente investigados (entre ellos muchos afroamericanos); a reforzar la seguridad del país no únicamente con un muro fronterizo creado por Bill Clinton, sino la seguridad en general con la aprobación de mayores fondos y nuevos planes; a ayudar a la comunidad afroamericana con presupuestos a largo plazo; a traer de vuelta cientos de grandes compañías asentadas en China y a crear empleos (en los primeros tres años de Trump se crearon 6,6 millones de puestos de trabajo) y acuerdos internacionales beneficiosos para EEUU.

El «Estado Profundo»
En el centro de la peor pandemia en la era moderna, la actual administración en la Casa Blanca no solo mantuvo en pie la economía, sino que la hizo crecer contra cualquier pronóstico. La lista es extensa en sus cuatro años de gobierno, pero opuesta de manera frontal a los que ya algunos conocemos como el “Estado Profundo”.

El denominado “Estado Profundo” es un supuesto poder fáctico de empleados del gobierno, cuya permanencia en sus cargos va más allá de los cambios de mando presidencial.

«El término de ‘Estado profundo’ implica que hay gente secretamente en algún lugar, fuera de la mirada pública, escondida de la burocracia, tirando de las cuerdas y manipulando cosas», dijo a BBC Mundo Gordon Adams, un profesor emérito de la American University y experto en política de defensa y seguridad nacional.

Trump sabía que la mayoría de los medios de prensa estarían contra él, suponemos que también haya pensado en las encuestadoras y avizoraba la preparación del campo para una “trampa” o confabulación masiva; la anunció para ver si se retractaban, pero -al parecer- no sucedió tampoco. Con testigos y pruebas en tiempo real filtradas por plataformas alternativas y anunciadas por su principal abogado, Rudy Giuliani, el Presidente se encuentra en otra de sus guerras: litigios legales y demandas en cortes estatales y federales bajo el alegato del mayor fraude masivo en la historia del país.

“Un fantasma recorre el espinazo del partido demócrata. El de la izquierda “woke”, los ideólogos del excepcionalismo cultural, los enemigos de los anclajes demoliberales, los partidarios de las cancelaciones, las teorías posmodernistas y aquello que el gran profesor y experto en Shakespeare, Harold Bloom, autor de un libro que hoy sería excomulgado, “El canon occidental”, llamaba ideología del resentimiento”, así definía el periódico español La Razón la esencia ahora de una izquierda penetrada hasta el tuétano por los extremistas del socialismo.

En el artículo titulado: Joe Biden entre los cachorros de la izquierda radical, el periódico agrega “Desde luego Donald Trump lo tiene claro: si Joe Biden gana las elecciones, y dada su provecta edad y su bien conocida aversión al conflicto, terminará por ser manipulado por estos hijos políticos e ideológicos del post-estructuralismo, herederos conscientes o inconscientes de los filósofos franceses que hicieron furor en los campus universitarios estadounidenses y que poco a poco infectaron y colonizaron los consejos de administración de las grandes empresas, los principales medios de comunicación y del ala izquierda del Partido Demócrata. Una formación que en Bernie Sanders tuvo al último dinosaurio de estirpe claramente socialista y en Biden, al representante de los demócratas bostonianos, hijos de Kennedy, nietos del New Deal”.

Verdaderos demócratas en un cerco
A merced del mismo cerco en que se encuentran los demócratas dignos, decentes y honorables que aún creen en la sana voluntad y nobleza de un nuevo Partido Demócrata con similares valores a anteriores décadas de diferencias pero de armonía nacional, se encuentran millones de estadounidenses que no esperaron sentirse aturdidos y desinformados en el país con las mayores fuentes de información del mundo; acorralados por una prensa que ahora impugna la diversidad de opiniones y que atenta peligrosamente contra la estatidad y los valores democráticos de EEUU.

La imposición de los medios de prensa que están en contubernio con grandes fuentes de información nacionales e internacionales y el control de buscadores cibernéticos y redes sociales nos han regalado el invierno más oscuro para la democracia estadounidense.

El fraude oculto de la II República
La historiografía de izquierdas siempre ha ocultado la propaganda que alzó el cambio de régimen y que no fue más que la toma del poder por los que no lo tenían pero que se elevó a mito durante décadas
Jorge Vilches larazon 16 Noviembre 2020

No fue democrático. La República llegó en 1931 sin referéndum, ni apelación a la soberanía popular. Nadie decidió que el 14 de abril un grupo de personas asumiera el poder, el autoproclamado Gobierno Provisional, y dictara un Estatuto de funcionamiento que asumía todo el poder. A partir de ahí, esos republicanos colonizaron el Estado y comenzaron a pergeñar un régimen, no un sistema político. Es decir; detrás de la palabra "República” se escondía un cambio del país de arriba abajo, crear una nueva clase política dirigente, hegemónica y soberana, que revolucionara el país. Esa élite se creía imbuida del conocimiento del “bien común” de los españoles, al modo roussoniano, aunque estos no quisieran. Si no deseaban esa política es porque llevaban siglos de opresión clerical y monárquica, y era necesario adoctrinarlos con una nueva educación y un control de los medios impresos. Nunca hubo más censura de prensa que durante la Segunda República; en especial, en el tiempo del Gobierno Provisional.

Sin embargo, todo esto se ocultó. La historiografía de izquierdas mitificó el advenimiento de la República. Resulta hoy chocante, tras años de propaganda sobre el júbilo general, leer a Josep Pla cómo se instaló la República en Madrid. Nadie, salvo los muy politizados, reconoció aquella bandera tricolor que se alzó a media tarde en algunos edificios oficiales que fueron justamente los que salieron a la calle a dar vítores al nuevo régimen. Ya lo dijo Julio Camba, otro testigo de aquel 14 de abril: aquello no era más que un quítate tú para ponerme yo. Años y años de historiografía progre, pro-republicana, de simpatía con el PSOE, el PCE y los nacionalismos, desde Tuñón de Lara hasta alguno de los santones universitarios, santificando aquel día y esa República. “Qué pena”, “Cuánta ilusión desperdiciada”, y un “Al final ganaron los de siempre”. Bien. Pues todo era una mentira. No se detuvieron a investigar la realidad, prefirieron el mito; sí, esa construcción falsa del pasado para conseguir la movilización necesaria que asegura la hegemonía política y profesional.

El silencio académico
Cuando Roberto Villa y Manuel Tardío, profesores de la Universidad Rey Juan Carlos, publicaron un libro minucioso sobre el fraude de las elecciones de febrero de 1936, el academicismo guardó silencio. Luego se pronunciaron los santones: aquello era una falsedad “franquista”, propia de la “ultraderecha”, que no tenía en cuenta el contexto ni la intención. Fue un anatema porque esos historiadores progresistas sostienen que la legitimidad está en la intención, en la búsqueda de un supuesto “bien común” aunque no comulgue con las actuaciones. Es decir; que se podía pisotear la democracia, los derechos individuales y la vida de los adversarios porque sus perpetradores soñaban con el establecimiento de una utopía comunitaria. De nuevo, la fe contra la razón, el dogma contra la ciencia, la ideología frente a la demostración empírica.

El academicismo no soportó la apostasía. ¿Cómo osaban sacar un estudio que desmitificaba la victoria electoral del Frente Popular en febrero de 1936? ¿No habíamos quedado en que la derecha ganó en las urnas en 1933 por culpa de las mujeres y de que se sacara a las monjas a votar? Qué bien vivieron todos esos historiadores de izquierdas: vida, obra y milagros adornados con homenajes y ofrenda libresca. La ciencia histórica, si es que alguna vez ha existido, se fue por el sumidero de la conveniencia.

No ganó el Frente Popular en febrero de 1936, como tampoco ganaron los republicanos en las elecciones del 12 de abril de 1931. No merece la pena entrar en la cobardía y estulticia del rey que huyó ni en su séquito cortesano. Lo relevante es el golpismo, el fraude, la mentira, la construcción de un mito deplorable que ha marcado la historia de España desde entonces, que provocó una nueva guerra civil, y que fue tomado por un malhadado PSOE para enfrentar a los españoles a través de la Ley de Memoria Histórica. Ahora sabemos lo que se venía barruntando desde hace décadas: que los republicanos no solo no ganaron aquellos comicios municipales, sino que falsearon las elecciones. Ni siquiera la República de 1931 tuvo legitimidad de origen. No hubo una voluntad general o popular que inclinara la balanza política hacia el régimen republicano. Cabe preguntarse si los santificados dirigentes de la época, desde Azaña a Besteiro, por no mencionar a totalitarios como Largo Caballero, conocían la mentira

Ocultar la victoria de la derecha
El profesor Ponce Alberca acaba de publicar un estudio sobre las elecciones municipales del 12 de abril de 1931 en la provincia de Sevilla. Ese día arrasaron los monárquicos: 966 concejales, frente a los 329 republicanos. Al irse Alfonso XIII se impidió el recuento total por la aparición de grupos de agitadores republicanos que lo evitaron e incluso rompieron la urnas. El Gobierno Provisional, investido de poderes dictatoriales, cambió a las autoridades y obligó a la repetición de las elecciones el 31 de mayo solo donde habían ganados los monárquicos. Sorprendentemente, o no, el resultado se invirtió.

¿Qué pasó cuando los republicanos y los socialistas no pudieron ocultar la victoria de la derecha en las urnas? Por ejemplo, en 1933. Prepararon una revolución para recuperar lo que la democracia les había arrebatado: el poder. En fin. Es hora de desmitificar todo aquello, de reconocer que no eran santos ni demócratas, sino revolucionarios y totalitarios. Es el momento de decir que la Segunda República es tan mal ejemplo como la Primera.

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Escrivá, el otro tonto útil del Gobierno
Miguel Ángel Belloso okdiario 16 Noviembre 2020

En mis años mozos, cuando empezaba en esto del periodismo a mediados de los ochenta del siglo pasado, el Banco de España no era independiente del Gobierno pero gozaba de un crédito notable. De manera que cualquier palabra que dijera era escuchada con enorme consideración, como si fuera la palabra de Dios.

Entonces dirigía el país Felipe González y su ministro de Economía era Carlos Solchaga, al que le tengo gran cariño por muchos motivos. A pesar de su aprecio por la ortodoxia económica, el amigo Solchaga, inducido por González, no hacía ascos un gasto público desordenado, impulsor de una inflación sin freno que estaba obligado a drenar Mariano Rubio, entonces gobernador del banco central e íntimo de Solchaga, con una política monetaria cruenta imponiendo unos tipos de interés elevadísimos.

La relación entre los dos fue casi novelesca, pues el banco central estaba determinado a combatir los excesos expansivos del Ejecutivo para que la economía española no entrara en barrena, dando lugar a episodios cómicos que quedarán para la historia pero que evitaron que el país incurriese en dificultades incorregibles.

La ecuación es muy simple de entender: el Gobierno enchufaba la manguera del gasto público y Mariano Rubio, un funcionario probo y con criterio, hacia lo imposible porque tal gesto de galantería fiscal tuviera el efecto económico menos grave, subiendo al máximo el precio del dinero para contener la orgía y la inflación consecutiva.

En aquella época, Mariano Rubio, amigo de Solchaga, pero contradictor de sus políticas, era como el sumo sacerdote. Su palabra, siempre contestaria, era ley. Eran un alarde. Sus críticas reiteradas a los presupuestos suponían un conflicto público de primer orden, que suscitaban arduos debates y primeras páginas en los medios de comunicación en esos tiempos que invitan a la nostalgia porque no estaban sometidos a la genuflexión diaria ni vivían de la subvención pública.

Hoy casi todo esto ha cambiado, pero no tanto, y no sé si a mejor. Aunque en aquella etapa de la que les hablo el Banco de España no era independiente, funcionaba y emitía opinión como si lo fuera y el Gobierno acusaba el castigo frecuente a sus políticas normalmente inconvenientes, que han sido siempre el santo y seña del socialismo: gastar más de lo que se ingresa e incurrir en déficit estructural y recurrente.

Hoy el Banco de España es legalmente independiente, forma parte del Banco Central Europeo (BCE), no debe servidumbre a nadie, y sigue diciendo- igual que entonces- lo que da la gana con plena autoridad. Y lo que ha afirmado sobre los presupuestos generales del Estado presentados esta semana por el Gobierno y respaldados en su primer trámite por todos los excrementos de la nación es que son una completa mierda.

Que las previsiones macroeconómicas en que están fundados son ilusorias; que, como consecuencia, los ingresos previstos están inflados y los gastos infravalorados, que el aumento de los impuestos que contempla es inoportuno, y que el incremento de las partidas de pagos para elevar el poder adquisitivo de los funcionarios y de los pensionistas son perjudiciales e inconvenientes.

Yo escribí sobre esto hace quince días, pero mi voz es menor. La que cuenta es la del gobernador del Banco de España, el señor Hernández de Cos, y la de la Autoridad Fiscal Independiente, que se ha pronunciado en el mismo sentido reprobatorio de unas cuentas públicas contrarias a las necesidades del país.

En el pasado, cuando el señor Mariano Rubio -al que acosó vilmente el entonces ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, por una cuestión menor que finalmente desencadenó en un funcionario de trayectoria profesional inmaculada un cáncer que acabó con su vida- emitía una opinión contraria al Gobierno, los sindicatos de la nación, que jamás han contribuido a su progreso, solían recriminarle que se metiera en camisa de once varas.

Cuando denunciaba el deleznable sistema laboral del país, las críticas de Unión General de Trabajadores (UGT) y de Comisiones Obreras (CCOO) eran acerbas, y los periodistas progres del momento solían apuntalar estos argumentos interesados e inmorales.

Pues bien. Ahora no sucede algo diferente. Los dos ministros del Gobierno que pasan por ser los más ortodoxos del Gabinete y en los que, a juzgar por los observadores, descansa la confianza de las autoridades europeas en el porvenir económico de España y su futura buena ejecutoria -me refiero a la vicepresidenta Nadia Calviño y al señor Jose Luis Escrivá, titular de ese absurdo Departamento de Inclusión, de Migraciones y de Seguridad Social- han reaccionado hostilmente a los mensajes del Banco de España, de la Autoridad Fiscal Independiente (Airef), del Fondo Monetario Internacional (FMI) y de la propia Comisión Europea, que deberían ser las instituciones de referencia para juzgar la sana orientación de la política económica.

El fatuo ministro Escrivá, que no tiene abuela, funcionario en excedencia del Banco de España, y al que nombró el PP al frente de la recién creada Airef ha reaccionado como un chiquillo ante las críticas de Hernández de Cos. Como los tontos de algunos de mis colegas de izquierdas serviles a Sánchez.

Como los ineptos y malvados de los sindicalistas. Ha dicho que le parecen muy mal las críticas del Banco de España porque lo que esperaba de esta institución es que “hablase de la política monetaria, de qué va a pasar con los bancos, de cuáles son las previsiones de inflación. Me hubiera interesado oír más de esto”, afirma el soberbio Escrivá, al que los incompetentes del PP pusieron al frente de la Airef para que luego pasara a ser ministro de Sánchez.

Pero el señor Escrivá no tiene razón: el gobernador del Banco de España va al Parlamento y dice lo que estima valioso para el interés general; sobre el presupuesto, sobre la corrosiva subida del sueldo de los funcionarios y la revalorización de las pensiones, sobre el inconveniente aumento de los impuestos y sobre la política en relación con el mercado laboral que es literalmente desastrosa.

Este chico Escrivá, que tiene una autoestima exagerada, que se cree el más listo de la clase, que nos ha metido de matute el Ingreso Mínimo Vital que será letal para la conciliación íntima y la responsabilidad individual de los ciudadanos, abocándolos a la molicie, está empeñado en ganar la carrera de tonto útil del Ejecutivo a la diosa- que es la vicepresidenta Nadia Calviño- una de los más de treinta directores generales que había en la Comisión Europea y que ejerce como la coartada perfecta de todas las equivocaciones de este Gobierno.

Para hacernos cargo de la indigencia intelectual de la ministra de Economía, está se ha atrevido a defender que la subida del sueldo de los funcionarios contribuirá a sostener las rentas y a empujar al alza el consumo, cuando lo que realmente provocará será un aumento del ahorro doméstico en tiempos de incertidumbre como los que provoca un Gobierno desnortado como el actual.

Los argumentos de Escrivá y de Calviño son peregrinos y carecen de la mínima calidad intelectual esperable en quien ocupa cargos tan importantes. La subida del sueldo de los funcionarios y la revalorización de las pensiones es un ejemplo clamoroso de injusticia fiscal en un momento en que el sector privado atraviesa una situación delicadísima, con miles de empresas al borde de la quiebra y un paro subiendo escandalosamente.

El mensaje que se lanza a estas compañías es que tendrán forzosamente que recortar su plantilla y reducir al mismo tiempo la remuneración de la que puedan soportar es perturbador.

Según el Fondo Monetario Internacional (FMI), incluso en 2022 el déficit publico será del 8,6%, la deuda del 120% y el desequilibrio estructural provocado por todos estos planes venenosos de los ministros Calviño y Escrivá, teóricamente guardianes de la ortodoxia, superará el 7%. Esto no hay país que lo aguante por mucho tiempo.

No hay país, en realidad, que aguante a tantos idiotas juntos, y menos a los que pasan por ser los más listos de la clase enarbolando argumentos tan endebles y deplorables.

Hay quien sostiene que es preferible que Calviño y Escrivá sigan en el Gobierno, porque al menos saben algo de economía y contienen la pasión desbocada por el desorden presupuestario del tándem Sánchez-Iglesias. Yo siempre he discrepado de esta teoría clásica.

Me parece que el señor Solchaga debió dimitir como ministro el día que el presidente González aprobó el AVE al mismo tiempo que se remozaba la autovía de Andalucía y se magnificaba el aeropuerto de Sevilla, obras redundantes y en extremo gravosas aprobadas de una vez. Creo que debió dimitir cuando ocultó a sabiendas el desajuste del déficit del Estado, que acabó ascendiendo ni más ni menos que al 7% del PIB cuando González abandonó la Moncloa derrotado por Aznar.

Pienso que la señora Calviño tendría que haber dimitido el día que Pedro Sánchez acordó con Bildu un proyecto de contrarreforma laboral por la que todavía porfían el vicepresidente Iglesias y las huestes de Podemos; o cuando su compañera Montero, la verdulera de la Moncloa, envío a Bruselas este presupuesto infame en el que ella no cree y que defiende con malabarismos e incluso argumentos intelectuales indigentes que destrozan cada día un poco más su magra reputación.

Creo además, que el señor Escrivá debería haber dimitido antes de poner en cuestión a una institución independiente como la Airef, de la que fue su primer presidente, y desde la que padeció las mismas críticas que él inflige despiadadamente a su sucesora.

¿Por qué no lo hacen? ¿Por qué no se van? Queridos amigos, porque los designios de la política, como los del Señor, parecen ser inescrutables, aunque arrasen con la dignidad, el honor o el valor que se suponía a personajes definitivamente fallidos.

Líneas naranjas y la bobada de Arcadi
Antonio Robles Libertad Digital 16 Noviembre 2020

El jueves se dio trámite a los Presupuestos con el apoyo de todo lo que hoy representa en España lo peor de la política: la mentira como valor, el engaño al electorado, la exclusión de la lengua común española como lengua docente y la normalización de todos cuantos tienen como proyecto destruir España. Incluidas sus formas supremacistas, en otro tiempo criminales, y hoy a un paso de ser legalizadas después de ser legitimadas por el propio Gobierno. Recuerden que los herederos de quienes mataron y nunca se arrepintieron siguen sin pedir perdón, pero sí diciendo desde sus escaños que su objetivo es destruir el Estado desde dentro (lo del “Régimen del 78” es un eufemismo).

Esta obscenidad no es nueva, el nacionalismo con y sin terrorismo ha venido sosteniéndolas en el tiempo amparado por la incapacidad de PP y PSOE para ponerse de acuerdo en cuestiones de Estado y aprovechando sus escasos escaños para chantajear a uno y otro, ejerciendo como partidos bisagra.

Para eso nació Cs, para sustituir a los nacionalistas en esa función, y acabar con su tóxica hegemonía moral. Para renovar la política, para hacer pedagogía social, para acabar con la exclusión del español en Cataluña y liberarnos del cáncer nacionalista.

Antes que nada, Cs era una actitud, una pulsión ética, un estado emocional racionalizado para emancipar a una sociedad catalana sugestionada y maltratada por el nacionalismo. Todo cuanto fue y cuanto se propuso durante 20 años antes de ser una realidad estaba diseñado para hacer incompatible la exclusión lingüística con una sociedad libre. Y todo cuanto se propuso con su creación estuvo presidido por un afán emancipador del viscoso mainstream nacionalista, y por la voluntad de generar los antídotos racionales necesarios para que las nuevas generaciones pudieran dirigirse por su propio criterio. La batalla cultural que Inés Arrimadas ha abandonado al incorporarse a su estética y su juego.

Por eso, ni Albert Rivera podrá jamás justificar no haber formado Gobierno con Pedro Sánchez cuando juntos sumaban la mayoría absoluta con 180 escaños, ni Inés Arrimadas legitimar con sus votos a quienes están negando el ser mismo de Cs.

Hasta esta semana que acabamos de dejar atrás, ni siquiera contempló plantarse ante la expulsión del español como lengua vehicular. Sólo cuando temió una rebelión a bordo de alguno de sus pesos pesados y los militantes aceleraron las bajas del partido sacó la bandera de la lengua para justificar su desesperada búsqueda de una nueva brecha electoral tras la espantada de Albert Rivera.

Se lo recordaba Arcadi Espada en El Mundo: “Si Cs no servía para liquidar el habitual chantaje nacionalista, para qué iba a servir”. Y le mostraba la personalidad de su primera impronta: “Vamos a ver cuántas personas hay a las que interesan estas ideas. Obsérvese que se hizo así y no preguntando a ver qué ideas interesan a estas personas”.

Habría que añadir a la sutil diferencia, la determinación de cuantos formaron la Resistencia durante años e impulsaron al Cs que llegó al Parlament. Su osadía fue grande, independientemente de la pregunta; había en ellos una determinación de emancipación, de pedagogía social, nunca de buscar un espacio electoral, sino de crearlo. Pero, claro, ¿cómo puede entender Inés Arrimadas semejante tarea ética y épica, si desconoce, cuando reprocha y corrige a Adriana Lastra, que no son 25 sino 40 los años que se lleva impidiendo a los niños castellanohablantes estudiar en su propia lengua?

Aunque Arcadi no anduvo tampoco acertado con la boutade que largó en Onda Cero contra Inés, “Me ruboriza que hayan elegido esta bobada de la lengua vehicular” como línea naranja, pues frivoliza uno de los mayores instrumentos de exclusión del nacionalismo. La lengua, Arcadi, como la religión, los derechos históricos, el espacio vital, o cualquier signo étnico de distinción para fundamentar una identidad, utilizados por otros nacionalistas a lo largo de la historia, ha servido y está sirviendo a nuestros nacionalistas para legitimar su relato de exclusión. El que les ha permitido expulsar la cultura española de Cataluña, adoctrinar y, por ende, cuestionar las bases legitimadoras de España como nación. Lo que nos ha traído hasta aquí, Arcadi. Nada que tú no sepas.

La estafa colectiva
Luis Herrero Goldáraz Libertad Digital 16 Noviembre 2020

Dicen que la política es el arte de lo posible, y eso está muy bien. El problema es que después nadie pueda saber nunca qué lo es y qué no lo es. Se forman unos líos tremendos. También se comenta que la política es el arte de la mentira o, por lo menos, de las verdades a medias. Juntando esas dos señas de identidad, uno ya debería poder entenderlo todo. Desde la dirección del PSOE consideran que los barones críticos no han estado a la altura del momento ni del país, lo que en rigor sólo quiere decir que no han sabido velar por los intereses exclusivos de las siglas del partido. Es un juego bastante sencillo. La cosa se embrolla únicamente cuando entre las promesas inasumibles de unos y las líneas rojas que los otros mentan para pasárselas por el forro con más gusto aparecen incongruencias insalvables. A mí me sigue sorprendiendo que Iglesias celebre tanto un posible Gobierno de izquierdas para diez años, que es lo mismo que decirles a los independentistas que lo suyo sólo lo conseguirán cuando gane la derecha y sus apoyos hayan dejado de ser necesarios. Las casas de apuestas deberían estudiar posibles tarifas para ver quién le pegará primero a quién la puñalada por la espalda.

Otro coñazo interesante, por aquello de encontrarle el gustillo a lo inevitable, ha sido adentrarse en las diferentes justificaciones del Gobierno al apoyo de Bildu. Para Ábalos, los herederos del terrorismo han demostrado una mayor responsabilidad que el PP –todavía no ha dicho si ese era el requisito que les pedían para escogerlos por delante de la mano tendida de Ciudadanos–; mientras que para Echenique el verdadero problema es Vox y su nostalgia del franquismo, “que asesinó mucho más que ETA”. Hasta podría tratarse de un debate estimulante si no estuviese viciado de raíz. Le resta bastante credibilidad a su postura que ponga los ojos en blanco cada vez que alguien le recuerda los crímenes del comunismo, por ejemplo, aunque eso tampoco sea lo mollar. La cuestión que trae más cola, en realidad, es aquella que comienza a repetirse en los medios, como una sonda destinada a testar la receptividad de la población. Parece muy sensato sostener que ETA ya no existe y que no tiene sentido seguir vetando al separatismo abertzale en el gran juego democrático nacional. Alguien tendrá que explicar a las generaciones futuras que la supuesta izquierda progresista, defensora de la igualdad y de los derechos sociales, no fue capaz de ponerle un cordón sanitario a un nacionalismo excluyente y hegemónico, que había conseguido erradicar cualquier atisbo de alternativa política en un territorio concreto gracias al terror que instauró allí durante décadas.

Memoria pragmática, moral difusa
Carlos Mármol cronicaglobal 16 Noviembre 2020

Los psicólogos denominan memoria selectiva a la facultad que tiene el cerebro –es decir, nosotros– para clasificar las emociones en dos grandes categorías: las que nos gustan y aquellas que directamente nos repugnan. Así, recordamos lo que nos hizo felices y olvidamos todo lo que en un momento dado nos hirió. A primera vista, parece un prodigio: poseemos un sistema de autodefensa frente a las contrariedades de la vida, pero también cabe considerarlo un diabólico mecanismo emocional para conseguir justo lo contrario: controlar determinadas sensaciones e impedir que la conciencia nos impulse a hacer lo que racionalmente debemos, sustituyendo lo que Kant denominaba el imperativo categórico por su antagonista: el capricho.

En política funciona justamente con esta lógica: la primera condición para prescindir de la moral –un fardo cultural excesivamente pesado, a juicio de parte de nuestros gobernantes– es ignorarla. Como resulta difícil, porque la educación nos condiciona, cabe una segunda opción: manipular la conciencia para que funcione de forma reversible, difusa, y nos permita, sin apuros, decir un día una cosa, negarla más tarde y hacer lo contrario de lo que predicamos. Que esta impostura se haya convertido en el eje único de la política en España alumbra mucho sobre el grado de deterioro de una democracia que en realidad nunca ha sido tal. Sólo una aproximación a un modelo que no se ha llegado a consumar. Sería demasiado peligroso para unos y otros, en especial en el caso de quienes nos arrastran a todos a la polarización del pretérito, resucitada por intereses partidarios.

Que nos gobierna gente mediocre, ya lo sabíamos. No parece sin embargo que recordemos con idéntica intensidad que la mediocridad puede llegar a ser un peligro público y que, según demuestra la Historia, trae ruina y muerte allí donde se instala. Mientras España se desangra por el efecto combinado de la pandemia del coronavirus y la crisis económica, la coalición PSOE-UP saca adelante sus primeros presupuestos –hasta ahora vivíamos en la era Montoro– con el elocuente apoyo de los independentistas de ERC, cuyos líderes están en prisión o huidos de la justicia, y los abertzales de EH-Bildu, marca blanca de los herederos de ETA, a los que el secretario de Organización del PSOE considera gente “responsable”.

La derecha grita escándalo y algunos socialistas a la antigua usanza –que en buena medida son también responsables del mal del populismo, al haber convertirdo la concordia del 78 en un teatrillo– se ponen dignos, aunque de esta posición no vaya a derivarse más que una discretísima queja retórica, por supuesto sin mayores consecuencias. Podemos, cuyo proyecto político conduce al abismo, celebra su condición de bisagra entre quienes desean “tumbar el régimen”, como ya anuncian los herederos del terrorismo vasco, y aquellos que, es el caso de Sánchez I, creen que zarandear a los muertos de la Guerra Civil es más rentable electoralmente que acordarse de los casi mil asesinados en nombre de Euskal-Herria.

La memoria democrática –el viejo trampantojo que los socialistas agitan cíclicamente para camuflar su falta de moral política– muta en memoria pragmática, olvidándose de repente de unas víctimas (entre ellas, notables militantes de su propia causa) y apropiándose de otras. Instrumentalizan a unos difuntos (lejanos) y prescinden de otros (recientes). No sabemos muy bien cómo deberíamos denominar semejante actitud sin descalificar a los actores de semejante farsa, pero de lo que estamos seguros es de que no se trata de realpolitik. Es arribismo.

El PSOE de Sánchez ha llegado a la conclusión (enfática) de que, para persistir en el poder, es lícito pagar cualquier precio. Prefiere fingir que sufre un Alzheimer súbito a reconocer que entre reformar la deficiente democracia española o destruirla por la vía de los hechos consumados –entre otras cosas, borrando los vínculos entre Cataluña, Euskadi y el resto del país– han eligido la segunda opción.

La memoria pragmática, en el fondo, es como el efecto placebo: no cura ninguna excrecencia moral pero permite al enfermo pensar que está salvándose. Un absoluto espejismo. PSOE, Podemos y los independentistas no van a derribar ningún régimen porque hace tiempo que no existe ninguno. Una democracia sin moral no es tal. Por tanto, perecerán al mismo tiempo que se extingue el cuerpo (político) en el que habitan. Las enfermedades terminales aniquilan al individuo que las acoge, pero, al hacerlo, también se suicidan.

El Gobierno ampara que los alcaldes marginen el español
Luz Sela okdiario 16 Noviembre 2020

El Gobierno avala las iniciativas municipales que supongan una discriminación del español porque las considera amparadas en la «autonomía municipal» recogida en la Constitución.

El Ejecutivo, en una respuesta por escrito en el Congreso de los Diputados, a la que ha tenido acceso OKDIARIO, da así luz verde a algunas medidas polémicas, como las que aprobó el Ayuntamiento de San Sebastián -gobernado por PNV y PSE- para promover el euskera en tiendas y negocios, marginando el español.

Esas subvenciones municipales van claramente orientadas a promocionar la lengua co-oficial, en detrimento del idioma común en toda España. Así, por ejemplo, las ayudas para rótulos en euskera podrán ser de hasta 300 euros. También se apoya que la imagen corporativa o la página web estén en lengua autonómica, y se promueve su aprendizaje, ya que el Ayuntamiento asume hasta el 85% de la matrícula de cursos de formación para responsables y empleados de los establecimientos.

En la pregunta planteada por Vox en la Cámara baja se recordaba «la oficialidad del castellano en todas las regiones españolas, con independencia de que en algunas de ellas exista, además, una lengua co-oficial».

Hasta 2.800 euros
«Aquellos que rotulen sus locales exclusivamente en este idioma pueden llegar a obtener hasta 2.800 euros», «pero si se opta por hacerlo tanto en vasco como en español, la ayuda se reduce a la mitad», destaca la formación de Abascal. Además, «quienes lo hagan sólo en español, no obtendrán ayuda alguna». «También se pretende dar un impulso entre los más jóvenes para que usen exclusivamente el idioma vasco, haciendo que todas las actividades extraescolares cuenten con monitores que sólo utilicen el vascuence», destacaba Vox.

«Gente de toda España visita diariamente la ciudad, cuya mayoría procede de la Comunidad de Madrid. Sus pernoctas superan el triple de las de quienes proceden de la propia comunidad autónoma vasca», reprochaba el partido en su pregunta, en la que se interesaban por «las medidas que va a adoptar el Gobierno, con competencia constitucionalmente reconocida, para evitar la quiebra del principio de igualdad de todos los españoles ante la ley, del principio de libertad para utilizar el idioma común y oficial del Estado español, consagrados ambos en nuestra Carta Magna».

En su contestación, el Gobierno alega su «compromiso» con las «distintas modalidades lingüísticas en España», y destaca que, de acuerdo al Estatuto vasco, «la lengua vasca o euskera es lengua cooficial en dicho territorio», constituyendo «por ende, una obligación de los poderes públicos en garantizar» el ejercicio del derecho a utilizarla.

«El reconocimiento de la existencia de lenguas cooficiales en España no es un impedimento ni un obstáculo a la igualdad», opina el Ejecutivo. Y añade que: «La actividad de fomento a través de subvenciones que incentiven el uso de la lengua propia es ejercida en virtud de una competencia autonómica plenamente constitucional».

La Comisión de Educación del Congreso dio luz verde esta semana al polémico dictamen de la conocida como ‘Ley Celaá’ que incorpora la enmienda pactada entre PSOE, Podemos y ERC para que el español deje de ser lengua vehicular.

El texto final salió adelante con los votos de los partidos socios de Gobierno, además de ERC, PNV y Más País. PP, Vox y Ciudadanos votaron en contra y avanzaron que pedirán al Tribunal Constitucional que decrete su ilegalidad por el estatus del español y la educación concertada. El PP, que reclamó la dimisión de Celaá, aseguró incluso que tumbará la ley en cuanto cambie la actual correlación de fuerzas en el Parlamento.

La tensa entrevista de Alfonso Guerra en RTVE: "No hay democracia si se persigue una lengua"
Según el exvicepresidente del Gobierno, "el problema" es que "desde la estructura política, el castellano no existe"
Fernando Asunción vozpopuli.es 16 Noviembre 2020

El exvicepresidente del Gobierno Alfonso Guerra ha protagonizado una tensa entrevista este lunes. Tras recordar que Pedro Sánchez afirmó que "no podría dormir con [Pablo] Iglesias el Moncloa" y que los ministros que lanzaron "graves acusaciones" al Rey deberían haber sido "cesados", Guerra ha terminado la conversación de manera abrupta al tratar el tema del catalány el castellano como lengua vehicular.

En una entrevista en La 1 de RTVE, preguntado por el catalán, Guerra ha asegurado que en Cataluña se hizo un sondeo sobre cuál era la lengua habitual de sus ciudadanos. "El 68% dijo que el castellano", ha asegurado.

"Se hizo el mismo sondeo entre los diputados del Parlamento, pero no era un sondeo, porque el universo eran todos los diputados y dieron esa respuesta el 7%", ha continuado para explicar que "hay una diferencia de calas muy grande entre lo que hablan los catalanes y lo que hablan los políticos catalanes".

Según Guerra, ese es "el problema". "Desde la estructura política, el castellano no existe", ha dicho.

El exvicepresidente ha afirmado que en Cataluña se ve "un cartel de una administración, autonómica, nacional… todo en catalán y nada en castellano". "Es una sociedad bilingüe, hay que respetar los dos, por qué solo en catalán y no en castellano", se ha preguntado.

"Las carreteras, los nombres de los pueblos, todo, solo en catalán. Si usted va allí y no lo ve, tiene que ir al oculista", ha apostillado. "No hay un régimen democrático si se persigue a una lengua, no es posible", ha añadido.

El momento tenso de la entrevista ha llegado al final, cuando Guerra se ha dirigido a la conductora del espacio, Mónica López, para preguntarle que si "se hacen todas estas cosas en castellano por qué la enseñanza no se puede enseñar en castellano". "Explique usted esa contradicción", ha dicho.

La entrevistadora ha señalado a Guerra que ocurre lo mismo con el gallego, pero el socialista ha preguntado que si se hace con el catalán, por qué no se enseña el castellano en las escuelas de Cataluña, algo que la periodista ha respondido asegurando que "el castellano se aprende".

"¿Y el catalán no?, por favor", ha respondido Guerra.

Por otro lado, el socialista ha recordado que "el propio presidente del Gobierno repitió aquello de que no podría dormir con Iglesias en la presidencia" y "ahora duerme con él".

"Cuando un movimiento de izquierda reaccionaria como Podemos tiene como líder a Carl Schmitt, quien dio cobertura ideológica al partido nazi en Alemania... ese es el hombre al que admiran los que siguen a Podemos", ha dicho.

En esta línea ha indicado que "hay que ser muy claro" en relación a los pactos del Ejecutivo de coalición sobre los Presupuestos Generales del Estado. "Estoy en las antípodas del pensamiento del PP, pero si me preguntan de dónde estoy más lejos, del PP o Bildu, lo tengo clarísimo: Bildu", ha defendido.

Según el socialista el acuerdo con Bildu es "absolutamente despreciable" y que para formar esos pactos de investidura "hay que pagar mucho peaje".

 


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