AGLI Recortes de Prensa   Martes 17  Noviembre  2020

No es golpismo, es patriotismo
OKDIARIO 17 Noviembre 2020

Un grupo de 39 mandos en la reserva del Ejército del Aire, encabezados por un general, y cuyo nombre OKDIARIO no desvela para evitar represalias, ha remitido una carta al presidente del Parlamento Europeo, David María Sassoli, advirtiendo de la «desintegración de la democracia» española. Firman la misiva, además del general, un nutrido grupo de coroneles, teniente coroneles y capitanes, que han pedido a OKDIARIO el mantenimiento del anonimato, salvo el del nombre de quien asume en representación de la «XIX Promoción de la Academia General del Aire», José Molina Zatarain, el peso de la imagen pública.

El mero hecho de que un grupo de miembros del Ejército español en la reserva haya decidido dar este paso merecerá, sin duda, los reproches de la izquierda más sectaria, incapaz de entender que militares que ya no están en activo puedan ejercer su legítimo derecho a expresar su opinión y preocupación por el rumbo totalitario de un Ejecutivo que ha decidido demoler todo el entramado institucional consagrado en el régimen del 78. Son ciudadanos españoles que han servido, y siguen haciéndolo, a España y que están alarmados por el acoso del Gobierno a la Monarquía, a la Justicia, la lengua castellana, la independencia de la Fiscalía General del Estado o la salud democrática de la nación.

La carta señala que «los ciudadanos españoles abajo citados, somos miembros de la XIX Promoción de la Academia General del Aire, y actualmente nos encontramos en situación de Retiro (Jubilación), habiendo servido a nuestra Nación por más de cincuenta años de servicio en los múltiples destinos del Ejército del Aire». Y añade: «Como ciudadanos europeos, con todo respeto, nos dirigimos a usted para exponerle los graves problemas que suceden en nuestro país, aunque presumiblemente ya hayan sido puestos en su conocimiento por instancias superiores a la nuestra, y con objeto de que comprenda desde otros puntos de vista la situación actual que, en nuestra opinión se aleja de los cánones establecidos en Europa, y ayude a resolverlos, en la forma que usted considere más conveniente de acuerdo a derecho, ya que en la España actual no es posible conseguirlo por nuestros propios medios». A continuación, los firmantes detallan los problemas derivados del asalto institucional promovido por el Ejecutivo socialista. Y concluyen: «La acumulación de los poderes legislativo y judicial en uno solo, el ejecutivo, constituye la desintegración de nuestra democracia», toda vez que la «irrupción en nuestro Gobierno de un partido comunista revolucionario» que «ha hecho perder a nuestra sociedad gran parte de los valores de nuestra libertad por la que se orientaba».

Desde la libertad que les ampara para expresar su opinión, los militares en la reserva -que nadie manipule su intención- pretenden, sencillamente, alertar de que el Gobierno se está apartando del camino de la Constitución. No son golpistas, sino españoles concernidos con la libertad. Y su advertencia no deja de ser un acto de patriotismo.

Ley de Memoria Sectaria
OKDIARIO 17 Noviembre 2020

Como era de esperar, la vicepresidenta primera del Gobierno, Carmen Calvo, ha desestimado todas las alegaciones que no le gustaban a su nueva Ley de Memoria Democrática (antes Memoria Histórica) y sólo ha recogido los postulados que iban en línea con una parte de las víctimas. Por decirlo más claro: el equipo del Ministerio de la Presidencia, Relaciones con las Cortes y Memoria Democrática ha emitido una «Nota de valoración de las aportaciones ciudadanas recibidas en consulta pública» en la que se estiman las ideas que apuntalan la visión sectaria del Gobierno y se rechazan las demás. Toda una demostración de pluralidad.

Así, se rechaza la propuesta de «reconocer que muchos crímenes cometidos en nombre del comunismo en España deben ser calificados como crímenes de lesa humanidad, y en particular las matanzas de Paracuellos del Jarama y las Checas del Frente Popular». En total se han recibido 369 observaciones. Más de una veintena hacen referencia a los delitos cometidos por el bando republicano, pero estas aportaciones no merecen el comentario del Ministerio.

La asociación de Memoria Histórica Raíces, que trabaja para el reconocimiento de todas las víctimas, también pedía incluir en el articulado de la Ley puntos como: «La introducción de una legislación que permita a los tribunales de justicia juzgar y condenar a los culpables de los crímenes comunistas en España y compensar a las víctimas del comunismo y a sus familiares» o «La formulación de un enfoque común respecto de los crímenes comunistas a fin de definir claramente una actitud común frente a sus crímenes en España». Naturalmente, el Gobierno socialcomunista ha dicho que nones.».

Sobre las alegaciones que sí contempla, el Ministerio de Carmen Calvo detalla que «muchas aportaciones se han centrado en cuestiones muy diversas destacando entre las mismas la búsqueda de desaparecidos, la sistematización de la información, la retirada de vestigios y símbolos franquistas, el acceso a los fondos de los archivos públicos y privados, los medios para la identificación de desaparecidos, el tratamiento de distintos lugares de Memoria, medidas de reconocimiento y homenaje a todas las víctimas, medidas en materia de educación, la nulidad de las sentencias dictadas por razones políticas durante la Guerra Civil y el franquismo, la restitución de la incautación de bienes durante el franquismo o sobre el futuro o proyectos de resignificación del Valle de los Caídos».

La «Memoria Democrática» del Gobierno tiene muy poco de democrática y mucho de sectaria. Y a las pruebas nos remitimos.

Así censuraba el Frente Popular a la Prensa: quema de redacciones y periodistas muertos
Durante la Segunda República, al amparo del poder político, se llevó a cabo la represión organizada contra periodistas y de asaltos a periódicos bajo la “Ley de Defensa de la República”
Cristina Barreiro, Universidad CEU-San Pablo larazon 17 Noviembre 2020

En estos días en los que el control de la información está sobre el tapete, no está de más recordar a los olvidadizos cómo en tiempos no muy lejanos, diferentes mecanismos de “advertencia” intentaron imponer lo que se podía o no, publicar en la Prensa. Los medios han cambiado y ahora se disfraza de “fake-news”, Memoria o Ley Celaá. Pero el fin sigue siendo el mismo: perseguir la libertad. Durante la Segunda República y al amparo de un régimen que se presumía de derechos, se censuraron diarios, se prohibieron publicaciones y se persiguió a los periodistas que discrepaban de la línea oficial impuesta.

La “Ley de Defensa de la República” y la “Ley de Orden Público”, articulaban el entramado jurídico que permitió a los Gobiernos cercenar opiniones y limitar el marco informativo de los periódicos no gubernamentales. El clima de violencia callejera y los asaltos e incendios a periódicos, hicieron el resto: sólo en Madrid más de una veintena de periodistas o colaboradores de Prensa fueron represaliados en las horas trágicas de julio de 1936. Los nombres de Álvaro Alcalá Galiano, Federico Santander o José San Germán Ocaña, están para muchos en el recuerdo. Igual que Alfonso Rodríguez Santamaría, Presidente de la Asociación de Prensa de Madrid y asesinado por una patrulla de milicianos comunistas, en el mes de agosto. Trabajaban o enviaban sus artículos a “La Época”, “El Siglo Futuro”, “El Debate”, “Informaciones”, “ABC” o “La Nación”.

La formación del gobierno del Frente Popular en febrero de 1936 derivó en una radicalización social y política que aceleró el camino hacia la guerra. A los pocos días de formarse el gabinete Azaña, se pusieron en marcha los mecanismos de censura que amputaron la libertad informativa en los meses previos a la campaña electoral. Decisiones como el Decreto de Readmisiones o el Estatuto Catalán, reavivaron una polarización política que se tradujo en un incremento acelerado de la violencia social. En provincias, los periódicos fueron el blanco principal de los exaltados y periódicos como Ideal de Granada -propiedad de La Editorial Católica- o La Voz Valenciana, fueron saqueados.

En Madrid, el diario “La Nación”, que habían sido el órgano de la Unión Patriótica y que en esos momentos llamaba a la “reacción derechista”, fue incendiado por elementos afectos al Frente Popular el 13 de marzo de 1936. Redacción y talleres quedaron destrozados. El motivo fue la revancha por el atentado contra Luis Giménez de Asúa, en el que había muerto el policía de su escolta. Su director, Manuel Delgado Barreto, será asesinado meses después en Paracuellos. Pero son sólo algunos ejemplos. ¿Quién recuerda a José Asenjo, José Cuartero, Miguel Ruiz o Andrés Travesí? Todos ellos fueron víctimas de la represión que se ejerció en Madrid en los primeros meses de la Guerra Civil. En los talleres del periódico de José Ignacio Escobar, el aristocrático “La Época”, pasó a editarse “El Síndicalista”, órgano de Ángel Pestaña. Y tenemos muchos ejemplos más. Así que adelante: hagamos Memoria.

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Regresar a los hechos
Editorial rebelionenlagranja.com  17 Noviembre 2020

Lo característico, en los años setenta, de los regímenes totalitarios y de los países del tercer mundo cuyas sociedades habían sido hechizadas por las promesas mesiánicas del comunismo, era que producían gentes de una militancia completamente incondicional, dogmática, sin fisuras y abiertamente a crítica con la realidad.

Lo realmente chocante es que las producían dentro y fuera de aquellas sociedades cautivas. Vivían y pensaban -a ambos lados del telón de acero- en un burbuja virtual dada por la ideología. Impresionaban por su furiosa y ciega vindicación de la mentira. No importaban los hechos, que pasaban a ocupar un lugar secundario de la realidad. Sus argumentos, doctrinarios, automatizados, prejuiciosos, respondían siempre a una disciplinada respuesta irracional que consistía en la afirmación de la figura de líder, de las bondades del régimen,del paraíso que acabaría llegando inevitablemente. Y, sobre todo, de las maldades del capitalismo y del mundo occidental.

Esa ceguera voluntaria tuvo un saldo terrible: cien millones de muertos, hambre y miseria, represión y tortura, sufrimiento y vidas destrozadas. Tuvo que caer el muro de la vergüenza para que los jóvenes señoritos de la izquierda occidental abandonaran esa pasión de mentir a sus conciudadanos, esa patología.

Treinta años después, aquellos jóvenes malcriados han alumbrado nuevas camadas de fanáticos comunistas y ellos mismos están viviendo una segunda juventud. Han mentido a sus hijos para reivindicar su pasado desastroso.

El comunismo, como fuerza internacional, ha vuelto. No solo ha vuelto, sino que se ha apoderado de la izquierda. La socialdemocracia ha desaparecido de los tableros ideológicos y el progresismo se ha rendido de nuevo a la tentación totalitaria: la creación de una neolengua,la reaparición de la censura, la persecución de la disidencia, la prohibición de discurrir.

La tentación totalitaria es siempre la misma y el comunismo siempre se comporta de la misma manera: la mentira, la represión y finalmente el crimen.

Como entonces, ahora vivimos una nueva subordinación de lo vivido a lo pensado. ETA no fue una banda de asesinos que sembró la vida española de muerte, torturas, extorsión y terror, sino un grupo oprimido por el franquismo que tuvo la inteligencia de comprender que la Constitución del 78 era un candado para las libertades (Pablo Iglesias dixit); el proyecto de Bildu no es el de ETA sino el de unos democráticos representantes políticos; en Cataluña no viola el derecho fundamental de utilizar la lengua española sino que se protege la “propia”; no existe un proyecto de la izquierda para que ETA gobierne en el País Vasco, ERC en Cataluña y desmontar el régimen constitucional, sino pactos presupuestarios progresistas; uno no es lo que es sino lo que siente ser (la ideología de género prima el engaño del sentir sobre la naturaleza del ser); lo que gobierna España no es un frente popular integrado por comunistas, socialistas y separatistas sino una “coalición de gobierno” que, por el hecho de serlo, tiene derecho a romper todos los consensos constitucionales: y así todo.

No hay que dar solo la batalla de las ideas. Hay que dar la batalla de los hechos. Se trata de combatir la mentira. Volver a la realidad de las cosas. Subordinar nuevamente lo pensado a los vivido, y no al revés. Y sí: el sueño de la razón produce monstruos. Estos.

Lo verdaderamente despreciable
Miquel Giménez. vozpopuli 17 Noviembre 2020

Guerra le espetó a la meteoróloga de TVE metida a periodista que pactar con Bildu es despreciable. Es verdad, pero no es toda la verdad

Completamente de acuerdo con el viejo león: un acuerdo con Bildu es despreciable. Y la ley Celaá, que elimina la educación especial, se carga la concertada y da carta de legalidad a lo que el nacionalismo lleva haciendo años en los colegios, suprimiendo la lengua de los españoles, es despreciable. Es despreciable que las ayudas a las empresas no lleguen ni lleguen a los más necesitados. Es despreciable que los políticos de hoy sean los más y mejor pagados de nuestra democracia. Con un diez por ciento sobra. Llevar a una nación al matadero es fácil, especialmente si el pueblo tiene mentalidad de borrego.

Es pornográficamente despreciable la ley para controlar a los que opinamos en libertad, despreciable lo que pasa en RTVE sin que nadie aparezca vestido de negro en señal de protesta. Simón es despreciable, Iglesias es despreciable, Sánchez es despreciable, la Santa Compaña de separatistas son despreciables, las empresas del Ibex que no abren la boca para protestar ante el hundimiento de nuestra economía son despreciables. Me dejo muchísimas cosas en el tintero, pero nos entendemos. El Gobierno y sus aliados son despreciables tanto por su ideología como por su proceder. De ahí que no pocos dirigentes de aquel felipismo émulo del SPD de Brandt, de las teorías de Palme, de Bruno Kreisky, de Norberto Bobbio o de Oskar Lafontaine, hayan empezado a gritar en voz alta el orteguiano “No es esto, no es esto”.

Ahora bien, no hay efecto sin causa, y si ahora el socialismo español es despreciable se debe a que la causa viene de lejos. Quizás demasiado como para que los jóvenes la conozcan. Por eso es menester explicarla, para que comprueben como no existen actos inocentes ni omisiones sin consecuencias. Cuando Alfonso Guerra regía el PSOE se decía que no había nada de lo que no se enterase. El propio Alfonso bromeaba afirmando que sabía cuantas compañeras tenían el periodo nada más entrar en Ferraz. Y no iba del todo desencaminado. Guerra fue omnipresente y, además, inteligente, gran organizador, magnífico hombre de partido y persona a la que siempre he tenido por austera.

Pero cometió el clásico error de todo aquel que disfruta de un poder omnímodo: no le gustaba que le hiciesen sombra. Para evitarlo, se rodeó de perfectas medianías, de sinsustancias que tenían como única habilidad y mérito acatar sus órdenes y reírle las gracias. ¿Qué Alfonso escuchaba la Quinta de Mahler? Pues todos a comprarse el disco, aunque fuera para ponerlo bien visible en la estantería del despacho. ¿Qué a Alfonso le gustaba leer a Machado? (y a quien no, se pregunta uno), pues hala, a comprarse las obras completas, aunque hubo quien confundiera a Antonio con Manuel, llevándose el soplamocos guerrista de: “Ese no, burro, que es facha”. (Anécdota, por cierto, que presencié protagonizada por un socialista muy conocido que todavía vive de eso).

Pero cuando en cualquier organización humana se deja de lado la meritocracia, consolidándose como ideal al pelota, al adulador, al inútil con carnet de lameculos, a la que desaparece el talento del dirigente, la mediocridad toma posesión del barco. Los Zapateros y los Sánchez acabaron por barrer los restos de aquella generación que quiso que el PSOE fuera algo más que la Motorizada, el Vita o la Checa de Bellas Artes. Acabaron ganando y sacando la Ley de Memoria Histórica, el “aprobaré el estatuto que decidan los catalanes”, las asesorías a Maduro, el Gobierno de coalición con los comunistas bolivarianos, las bajadas de pantalones ante el separatismo lazi y, ¡ay!, las exigencias de Bildu sobre el acercamiento de criminales. Despreciable. Y también habría sido evitable si, en lugar de crear un modelo de partido donde el sí señor es motivo de premio y el matiz causa de condena, Alfonso hubiera organizado una estructura menos rígida, más heterodoxa, sin la falsa ortodoxia del que no cree nada que no sea su coche oficial.

Ahí, en esa pulsión de querer controlarlo todo, se empezó a incubar lo despreciable. Las consecuencias están a la vista de todos.

ETA, Ábalos y Lastra
Pablo Planas Libertad Digital 17 Noviembre 2020

Llegó a afirmar Sánchez que no podría dormir con un Gobierno en el que estuviera Podemos. ¿Y puede dormir con el historial de sus nuevos socios?

Aún hay quien hace bromas con el atentado de Carrero Blanco. Les parece muy gracioso que ETA asesinara al almirante y a dos personas más, el chófer, José Luis Pérez Mogena, y un escolta, Juan Antonio Bueno Fernández. Aquel crimen sirvió para que la izquierda se rindiera a ETA y creyera que en vez de una banda terrorista era una especie de guerrilla justiciera. El crédito les duró años a los terroristas. Mataban a un guardia civil en una esquina y mucha gente decía que algo habría hecho.

Años después, con el PSOE en el Gobierno, ETA dejó de tener para la izquierda el encanto de los primeros años de la Transición. Para combatir el terrorismo se recurrió a todo, incluidos atajos y chapuzas como los GAL. Y se descartó la derrota policial. Se decía que ETA era invencible, que habría que negociar para alcanzar el fin del terrorismo. Fue un error. A los terroristas se les podía vencer de manera legal y policial. De hecho, que ETA ya no cometa atentados se debe a la eficacia de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado, que lograron desarticular hasta el último comando. Y que ETA siga viva es culpa de la política, del diálogo, de las cesiones y concesiones políticas a quienes dialogaban con una pistola sobre la mesa.

Aquellas conversaciones de paz sólo tenían dos fines. Para ETA, disimular su derrota policial. Para el Gobierno, vender la especie de que la distensión de Zapatero había vencido al terrorismo, que se colgaran él y el PSOE la medalla en vez de la Policía Nacional ni la Guardia Civil.

Ahora, Pedro Sánchez no tiene ningún empacho en colaborar con el brazo político de ETA. Es más, José Luis Ábalos y Adriana Lastra sacan pecho del acuerdo presupuestario con Bildu y se pasean por los medios diciendo que es un triunfo pactar con los proetarras. Resulta vomitivo, y más cuando uno de los representantes de la parte política de la banda dice que su objetivo en Madrid es derribar las instituciones. Han descubierto que eso se puede hacer sin bombas. Les ha costado entenderlo, pero no se puede pedir más a esa cuadrilla de psicópatas.

Para blanquear el terrorismo recurren a la mentira. Ha dicho Pablo Echenique que los de Bildu han condenado una y mil veces los atentados de ETA. ¿Dónde? ¿Cuándo? No se puede ser más mentiroso, mezquino y miserable. También ha dicho Ábalos que pactar con los proterroristas es patriótico. La guinda la puso Adriana Lastra en el digital de Escolar: "Que Bildu apoye las cuentas es normalidad democrática y que la izquierda abertzale esté en las instituciones, un éxito". Sí, sin duda, un éxito de ETA y una drama de la democracia que una tipa como esa sea diputada.

Llegó a afirmar Sánchez que no podría dormir con un Gobierno en el que estuviera Podemos. ¿Y puede dormir con el historial de sus nuevos socios? ¿Recuerdan cuando decía que no pactaría jamás con Bildu? Pues eso.

Mientras tanto, los llamados barones del PSOE, Fernández Vara, García Page y Lambán, se rasgan las vestiduras cual plañideras. Qué disgusto tienen. ¿Y por qué no se van del PSOE, por qué no rompen el carnet, por qué no pegan un portazo? Lo mismo vale para Margarita Robles, para Marlaska, para Calviño y para todos aquellos ministros a los que se suele disculpar diciendo que ellos no son como los de la peña de Podemos. Si tuvieran un ápice de dignidad ya habrían dimitido.

El gran argumento de quienes tragan con el pacto es que ETA ya no mata. Cierto. No le hace falta para imponer su agenda y su memoria, que es la de sepultar bajo toneladas de ignominia sus más de ochocientos asesinatos. Y ahora las bromas se hacen con Ortega Lara.

¿Queda alguien con dignidad en el PSOE?
EDITORIAL Libertad Digital 17 Noviembre 2020

El proyecto de Sánchez para España es el de Iglesias y sus socios separatistas.

Los socialistas han seguido su guión habitual en el escándalo de las negociaciones del Gobierno con los herederos de la banda terrorista ETA, funesto sainete en el que cada figura relevante desempeña el papel que previamente le ha sido asignado. Cada vez que el PSOE traiciona a los españoles, un puñado de dirigentes territoriales finge escandalizarse en los medios de comunicación para, acto seguido, proclamar su adhesión inquebrantable al autor de la felonía en los órganos internos del partido. En esta ocasión tampoco ha sido diferente, a tenor de cómo se desarrolló este lunes la reunión de la Ejecutiva socialista.

Si el PSOE fuera un partido con un mínimo de decencia, el acuerdo de legislatura con ERC y EH Bildu, dos partidos que confiesan abiertamente sus intenciones de acabar con el orden constitucional y destruir España, habría provocado un escándalo mayúsculo entre las bases y una cascada de dimisiones en el propio Gobierno. Pues bien: no solo no ha habido ningún reproche de calado a los acuerdos de Sánchez con golpistas y proetarras, sino que, por el contrario, los capos socialistas han apoyado al Gobierno sin la menor reticencia. José Luis Ábalos, ministro de Transportes y número dos del PSOE, ha llegado al extremo inaudito de situar a los proetarras ética y políticamente por encima del PP, sin que nadie haya mostrado el menor escándalo.

Ya no deberían caber dudas de que el proyecto de Sánchez para España es el de Iglesias y sus socios separatistas. Se trata de provocar un cambio de régimen por la puerta de atrás para dar lugar a una especie de república plurinacional en que la izquierda marque siempre la agenda.

Sánchez ya ha forjado una mayoría más que suficiente para avanzar en esa senda de demolición del orden constitucional, y cuenta con el pleno apoyo de su partido felón, que hace honor a su trayectoria centenaria de lastre para la libertad, el progreso y la unidad de la Nación.

La penosa moral del sanchismo
Editorial ABC 17 Noviembre 2020

Pactando con Bildu, Sánchez ha destrozado la esencia moral de un partido que hasta ahora era constitucionalista. Hoy, ya es evidente que lidera un proyecto de ruptura en España

La Ejecutiva Federal del PSOE trató ayer inútilmente de zanjar la polémica de su acuerdo parlamentario con Bildu con la simple negación de que exista ese pacto, lo que en boca de José Luis Ábalos suena a embuste de un partido que ha dejado de ser tal para convertirse en una sumisa sucursal de La Moncloa. Son ya muchos los dirigentes socialistas de distintas épocas que no encuentran justificación política y ética para que la dirección del partido, un equipo de marionetas sin más criterio propio que el de asentir ante Pedro Sánchez, se dedique a bendecir el «nuevo régimen» anunciado por Arnaldo Otegui e impulsado por Pablo Iglesias.

Sin resquicio alguno para el debate interno, Sánchez no ha impuesto un acuerdo coyuntural para poder aprobar los Presupuestos. Ni numéricamente necesita a Bildu para ello, ni el PSOE merece la humillación a la que le está sometiendo su secretario general. La única explicación posible es que Sánchez ha renunciado a encabezar un proyecto socialdemócrata adscrito al bloque constitucionalista de partidos, para sustituirlo por una alianza radical de izquierdas junto a formaciones que se han propuesto demoler la democracia. Es solo el capítulo final de un proceso iniciado para el socialismo en el año 2000, cuando José Luis Rodríguez Zapatero fue elegido secretario general, y cuya obra está culminando Sánchez al dictado del independentismo y de los herederos de ETA. No es una decisión puntual u oportunista en busca de unos votos más, sino una negación drástica de lo más intrínseco de la política, su raíz moral. Con Bildu de la mano, el PSOE ha capitulado de ser el PSOE y ha renunciado a su moralidad.

Diga Ábalos lo que diga, Sánchez está dejando de tener credibilidad dentro y fuera del partido porque sí hay pacto. Y tan es así, que no solo lo han celebrado Podemos y Bildu entre sonrisas, sino también todo el grupo parlamentario socialista rompiéndose las manos por haber superado el primer trámite de los Presupuestos. Sin embargo, aquellos aplausos eran también para ERC, para el PNV, para Bildu y para todos aquellos partidos que, como Ciudadanos, apoyaron de facto la involución democrática que pretende acometer Sánchez. Son varios los grupos de socialistas disconformes. Más allá de los «vómitos» de barones supuestamente escandalizados como Vara, Page, Díaz o Lambán, otras voces emergen para denunciar la deriva de Sánchez: Alfonso Guerra, Eduardo Madina, Joaquín Leguina, Redondo Terreros, Francisco Vázquez, José Luis Corcuera, Jordi Sevilla… Todos ellos, de distintas etapas y edades, y todos ellos con criterios no unívocos. El factor común es que están alarmados. Y no es de extrañar dada la respuesta de la dirección del PSOE cuando tilda a los críticos de insolidarios e injustos con Sánchez, o cuando alega con indignidad que Bildu ha demostrado más lealtad que partidos como el PP. Ese es el sanchismo en estado puro. El que acalla la disidencia, el que restringe las libertades, y el que olvida la sangre en la historia de ETA mientras miente a sabiendas a los españoles.

Sánchez está prostituyendo el sentido de Estado con decisiones que provocan una fractura en la sociedad. Ha sustituido su supuesta credibilidad por la imposición autoritaria al servicio de un proyecto de ruptura. Hoy son militantes socialistas, y no los habitantes de ninguna caverna, los que lamentan que Sánchez haya transformado al PSOE en un partido sin ideales, sin valores, sin debate interno, y vendido al mejor postor, es decir, a los partidos más destructivos contra la Constitución. Y además, sin dar la cara. Ya ni siquiera se atreve a explicarse «por plasma» para que la militancia, y no solo los hooligans de guardia, intenten comprender hacia qué barrizal quiere arrastrar a su partido.

El PSOE histórico ante su responsabilidad histórica
José María Rotellar okdiario 17 Noviembre 2020

El Gobierno del presidente Sánchez se ha quitado la careta. Durante meses ha jugado fomentando la ilusión de que en el Ejecutivo la parte socialista era la moderada frente a sus socios podemitas, que eran los extremistas. A renglón seguido, como los socialistas eran los mayoritarios en el banco azul los españoles no deberían tener motivo de preocupación, porque impondrían sus tesis, frenarían a Iglesias y, quién sabe, quizás lo recondujesen hacia una izquierda moderada. Todo podría parecerle bonito a alguna persona, pero todo era, es y será falso.

En este Gobierno no hay moderación, sino una mezcla de extremismo ideológico, revanchismo absurdo no se sabe muy bien contra qué y contra quién y mero interés por la permanencia en el cargo a lomos de una manera de actuar carente de valores, principios y moral. No es que Sánchez sea extremista, sino que consiente, apoya e incluso incentiva lo que sea necesario para obtener la garantía de seguir en la presidencia del Gobierno.

Hasta tal punto ha llegado, que el Ejecutivo ya no se esconde a la hora de plantear su relación con Bildu o con los separatistas catalanes. Como decía el viernes, tras la firma del pacto con los filoetarras para derogar la reforma laboral del PP, ahora llega el apoyo a los Presupuestos Generales del Estado (PGE) anunciado por Iglesias, al tiempo que los de Otegui anuncian en Vitoria que van a Madrid para derribar definitivamente el régimen.

No sólo los socialistas no han desmentido a Iglesias ni han condenado las palabras de los herederos de Batasuna -que era el brazo político de ETA y por ello fue una organización ilegalizada-, sino que el ministro Ábalos, número dos del PSOE en su condición de Secretario de Organización, ha llegado a decir que en los presupuestos ha sido más responsable Bildu que el PP, en lo que constituye una afirmación gravísima, pues indica que uno de los dos partidos que han gobernado desde la Transición y que subsisten -se puede considerar a UCD englobada en el PP en términos generales- está eligiendo un bando que no es el que le corresponde. Aquí no hay medias tintas: o se está con la defensa de la Constitución, de la libertad, de la democracia y de la monarquía parlamentaria, o se está con los separatistas, los condenados por sedición y los amigos de los etarras asesinos. Es decir, o se está para defender España y la libertad, o se está contra ambas cosas, respectivamente.

Y aquí es donde el PSOE histórico debe alzar su voz y pedir que el grupo parlamentario socialista retire el apoyo a Sánchez. Es cierto que es complicado por dos motivos: en primer lugar, porque Sánchez hizo las listas y el Congreso y Senado está lleno de sanchistas. En segundo lugar, porque quienes no lo son temen perder su puesto, su sueldo y su modo de vida. Contra lo primero, cabe la solución de que si un número relevante, aunque fuese minoritario, de diputados y senadores se rebelasen contra Sánchez para defender que la posición del PSOE es la que mantuvo cuando fue liderado por el presidente González, acompañados en esa rebelión por los presidentes de Aragón, Castilla-La Mancha y Extremadura, Sánchez no podría seguir. Tiene una aritmética complicada y con esas bajas y presiones, sería más compleja todavía y no le quedaría más remedio que convocar elecciones o, al menos, no podría llevar a cabo las barbaridades que parece que quieren apoyar. En cuanto a lo segundo, el sueldo, es un problema recurrente de la política española: dada la mediocridad imperante, todos apoyan siempre al líder de turno con ardor para seguir en sus puestos, de la misma manera que si pierde y llega otro antagónico al primero dentro del partido, criticarán a aquél con la misma pasión con la que antaño lo vitoreaban, para acomodarse a la nueva situación. Pues bien, ya siendo claros, si de lo que se trata es de un sueldo, sería un mal menor que, llegado el caso, los acogiesen en esas autonomías socialistas, pero ni siquiera eso sería necesario, porque los diputados y senadores tienen la ventaja de que el acta les pertenece, de manera que mientras no haya elecciones nada pueden hacer contra ellos.

Del mismo modo, tanto Felipe González como Alfonso Guerra, así como el resto de dirigentes históricos del PSOE -Solana, Barrionuevo, Rodríguez Ibarra, Bono, por poner unos ejemplos-, deben denunciar claramente las actuaciones del Gobierno de Sánchez, porque son actuaciones que erosionan a nuestro país, a nuestra Constitución, a nuestra democracia, a nuestra libertad y a la monarquía constitucional como forma política que nos dimos los españoles en 1978. En ese mismo sentido, profesionales de elevado prestigio como Margarita Robles, Nadia Calviño o José Luis Escrivá no pueden seguir en un Gobierno así, como tampoco debería seguir Grande-Marlaska, por poner algún ejemplo más.

Yo no he votado nunca por la izquierda, pues creo que el liberalismo clásico y el pensamiento conservador son mejores recetas para la mejora de la prosperidad y el desarrollo de una economía y de una sociedad, pero considero que es esencial que un país cuente con una alternancia dentro de opciones sensatas en la izquierda y en la derecha, con ese pequeño espacio de centro que unas veces está con unos y otras con otros. Hay admiradores y detractores de los dos jefes históricos de izquierda y derecha en estos cuarenta años, los presidentes González y Aznar, respectivamente, pero nadie duda de que su acción de Gobierno buscó siempre lo mejor para España, con aciertos y errores, pero con lealtad y compromiso con la Constitución que juraron guardar y hacer guardar.

Ahora, sin embargo, eso se está poniendo en riesgo: se está emponzoñando la vida de los españoles con decisiones radicales, que sólo buscan la división, mientras se quiere dar cabida en “la dirección del Estado” a quienes quieren acabar con España, la Constitución y la libertad.

No hay tiempo que perder: el PSOE histórico tiene una responsabilidad histórica, pues todos los españoles, de todas las ideologías, nos jugamos mucho. No podemos levantarnos una mañana y preguntarnos cuándo perdimos nuestra libertad. Entonces, será tarde para lamentarse.

Schez
Marcello republica 17 Noviembre 2020

El Presidente del Gobierno Pedro Sánchez. O, si se prefiere, el secretario general del PSOE, Sánchez a secas, e incluso si exprimimos el limón tras una magistral lección de Paco Umbral, quien le dedicó un artículo a Felipe González bajo el título de ‘Glez’, podríamos incluso llamar a nuestro líder nacional simplemente: ‘Schez’.

Que nada tiene que ver con el simpático ogro Shrek, porque el nuestro si se come a los niños crudos y a nada que se descuiden a los barones del PSOE -los Boyardos- que se han atrevido a criticar en público a Schez, el Zar de todas las Españas, cuyo Rasputín particular es Pablo Iglesias, otro que tal baila en esto de cotejar a Bildu y ERC para el desguace de las Españas.

Las que en opinión de Schez son muchas y plurilingües porque la Lengua Castellana ya no impera ni se lleva como lengua materna, oficial del Estado y ni siquiera vehicular en la enseñanza en todo el territorio nacional, porque Schez, con la ayuda de Miquel Iceta, ‘el Nureyev’ del Bruc, se ha cargado el uso del castellano en Cataluña en un abrir y cerrar de ojos.

Como está vendiendo Schez a trozos la soberanía nacional a Bildu, PNV y ERC a cambio de su apoyo a los PGE de Pablo Iglesias (que es el autor de las cuentas públicas), para que Schez pueda continuar en el poder.

Y por ello, el pequeño Marlaska traslada los presos de ETA a donde le dice Otegi, y el ministro Campo prepara indultos a los golpistas de ERC y PDeCAT, y la titular de Hacienda M.J. Montero se prepara para volcar el cuerno de la abundancia de los fondos de la UE en el País Vasco y Cataluña.

Y todo ello a la mayor gloria de Schez. El que lamentó ‘profundamente’ el suicidio de un preso etarra. Lo que nos conduce a pensar que Schez habría lamentado también ‘profundamente’ el presunto suicidio en prisión de uno de los violadores de ‘la manada’, a los que la ministra Irene Montero, ‘la capaora’ querría, químicamente, castrar.

El amor de Schez con Otegi comenzó en la Navidad de 2018 cuando envió su embajadora en el País Vasco, Idoia Mendía, a una cena navideña con Arnaldo Otegui, el amigo de Pablo Iglesias con el que se veía en las herriko tabernas. Y, a partir de ahí, todo han sido acuerdos y parabienes en Navarra, en la investidura de Schez y ahora por fin en el pacto de los PGE sobre los que un portavoz de Bildu ha precisado que ellos vienen a Madrid a ‘tumbar el Régimen’.

Y para que no falte de nada aparece el ‘novio’ de Delcy, la vicepresidenta venezolana de Maduro y secretario de organización del PSOE, José Luis Ábalos y pone ante toda a España a Bildu como ejemplo encomiable de ‘responsabilidad política’ por anunciar su apoyo a los PGE, mientras señala al PP de Pablo Casado como los irresponsables en las Españas de Schez.

Y claro, los Boyardos, o barones del PSOE, se han echado las manos a sus cabezas y han dicho que quien de verdad manda en el Kremlin español es Iglesias, Rasputín. Y entonces el Zar, enfadado, les ha leído la cartilla a los barones y los ha tildado de ‘desleales’ a su líder y presidente el gran Schez.

Mientras que el banderillero Ábalos -de casta le viene al galgo- con el rabo entre las piernas y su bondadoso aspecto de obispo del Palmar de Troya ha salido en rueda de prensa en Ferraz fustigándose con en látigo de las siete colas y ha vuelto a mentir, como lo hizo con Delcy. Y ahora asegura que no hay pacto con Bildu.

Que es exactamente lo que a Ábalos le ha encargado que diga su amo y señor Schez, mientras Rasputín Iglesias se monda de risa en su dacha de Galapagar viendo la trifulca que ha organizado en las Españas con su compadre Otegui y su muñeco Rufián.

La memoria selectiva del sanchismo
Guadalupe Sánchez. vozpopuli  17 Noviembre 2020

Pedro Sánchez es a la Constitución del 78 lo que Caín al amor fraternal: al igual que el personaje bíblico asesinó a su hermano Abel harto de que Dios no lo eligiese a él, Su Sanchidad no tiene reparos en finiquitar la democracia española tal y como la conocemos, no vaya a ser que a los españoles se les ocurra con sus votos posibilitar la conformación de un gobierno por los partidos del centro derecha.

Efectivamente, lo que subyace tras el pacto de los socialistas con Bildu es la construcción de una nueva mayoría en el Congreso que, aunque ante el electorado se presente como partidos con siglas y programas distintos, en la práctica conforme un cordón sanitario que haga muy difícil la alternancia en el poder en tanto persista la fragmentación del voto en la derecha. El acuerdo sellado con los filoetarras supone el apuntalamiento de la pedrocracia, un régimen en el que las instituciones del Estado dejan de estar al servicio de los ciudadanos para coadyuvar las necesidades del presidente. No hay política de Estado ni cuestión moral o ética cuya bondad intrínseca no vaya asociada a su utilidad para perpetuar a Pedro Sánchez en el poder.

Por eso no me sorprende nada el argumentario que ha elaborado el Gobierno para que los ministros y la prensa militante justifiquen la coyunda con quienes son incapaces de condenar los atentados de ETA y colaborar en el esclarecimiento de los más de trescientos crímenes perpetrados por la banda terroristapendientes de resolver. Cacarean que el pacto con Bildu nada tiene de reprochable porque es un partido legal. También es legal comer excrementos y a nadie se le ocurre venderlo como una exquisitez culinaria. Y es que los del partido de Otegi son la hez de la política, porque albergan en su seno a quienes no sólo no rechazan, sino también justifican y aplauden a los asesinos de Miguel Ángel Blanco, Ernest Lluch, Gregorio Ordóñez, Joseba Pagaza, Francisco Tomás y Valiente y de tantos otros. Su sangre, su memoria y su dignidad han sido pisoteadas por quienes creen que la instauración del cesarismo sanchista todo lo vale.

Franco y la Guerra Civil
Tampoco les duelen prendas en equiparar la despreciable integración de los bilduetarras a la dirección del Estado (Iglesias dixit) con la Transición española. Ésta fue un proceso de reconciliación emprendido por una amplia mayoría de ciudadanos españoles que pretendían cauterizar las heridas abiertas por un conflicto bélico entre compatriotas y una larga dictadura. Ampararse en una suerte de nueva transición es conceder a los de Bildu que también existió un conflicto en el País Vasco entre dos bandos y poner en tela de juicio a la democracia. Es otorgarles la victoria definitiva sobre la narrativa y el relato. Es claudicar en nombre de los españoles ante los terroristas a cambio de eternizarse en Moncloa, ya convertida en un enorme retrete usado por Sánchez para defecar sobre lo que queda de nuestro Estado de derecho.

Lo del ministro José LuisÁbalos refiriéndose al terrorismo etarra como “cuestiones muy antiguas y de tiempos que todos queremos superar” ya es de traca. Esto te lo dicen, sin sonrojarse, quienes han montado un espectáculo en torno a la exhumación de Franco o han aprobado el anteproyecto de la 'ley de memoria democrática' para poder revivir políticamente las matanzas y atrocidades cometidas durante la Guerra Civil por el bando nacional (porque sobre las del republicano pretenden correr un tupido velo), creando una Fiscalía de Sala para investigar los hechos cometidos entre la contienda y la aprobación de la Constitución, anulando los juicios de la dictadura o penalizando su exaltación. Los mismos que tildan a la oposición de fascistas o franquistas simplemente por no apoyar sin fisuras cualquier idea o propuesta de Pedro Sánchez.

La sangre derramada
Los partidos de la izquierda, que instrumentalizan el guerracivilismo del que no sólo fueron participes y víctimas, sino también verdugos hace ya unos ochenta años, sí dicen estar dispuestos a pasar la página de la sangre derramada por los etarras en nuestra corta historia democrática. Porque la Guerra Civil acabó en 1939 y Franco murió en 1975. Pero el último asesinato que cometió ETA fue hace sólo diez años. En la pedrocracia no hay sitio para las víctimas del terrorismo, sólo para las del franquismo.

Tumbar el régimen
Cayetano González Libertad Digital 17 Noviembre 2020

Sánchez y Bildu coinciden en su objetivo final: la destrucción del régimen constitucional del 78.

La declaración política más clarificadora de los últimos días la protagonizó el secretario general de Sortu –el partido que realmente manda en Bildu–, Arkaitz Rodríguez, desde la tribuna del Parlamento vasco el pasado jueves: “Nosotros –dijo mirando a los escaños del PNV– vamos a Madrid a tumbar definitivamente el régimen”. Para más inri, esta aseveración fue hecha el día en que Bildu, a través de Arnaldo Otegi, anunció el apoyo a los Presupuestos Generales del Estado presentados por el Gobierno social-comunista de Sánchez e Iglesias.

¿Hay alguna novedad en la declaración de Arkaitz Rodríguez? Ninguna, porque ese es el objetivo de ETA desde su fundación, en 1959: la ruptura de España; y por eso la banda terrorista mató durante el franquismo y lo siguió haciendo al llegar la democracia. Resulta un poco desalentador que muchos dirigentes políticos, analistas, creadores de opinión sigan sin comprender que ETA es algo más que una organización criminal. Es un proyecto político que tiene como objetivo prioritario el recordado por Rodríguez –ya es mala suerte para este individuo tener un apellido tan español, siendo un pata negra de la izquierda abertzale– desde la tribuna del Parlamento vasco.

Sánchez y Bildu coinciden en su objetivo final: la destrucción del régimen constitucional del 78. Para conseguir ese fin, unos han utilizado la violencia y otros han puesto en marcha un proceso que arranca en 2004 con la llegada de Zapatero a la Presidencia del Gobierno. Sánchez ha dado fiel continuidad a ese proceso a través de su Gobierno con Podemos y recabando el apoyo de lo mejor de cada familia: independentistas catalanes, nacionalistas vascos y gallegos y herederos de ETA. Es decir, de todos aquellos que quieren que España deje de ser España.

Por eso Sánchez, al día siguiente de recibir el apoyo de Bildu, dijo en Pamplona –donde, por cierto, se fraguó el primer apoyo institucional de los herederos de ETA al PSOE– que, con la inminente aprobación de los Presupuestos, “España dice adiós por fin al pasado y abrimos la puerta definitivamente a un futuro de estabilidad y progreso”. En boca de Sánchez, las palabras pasado y futuro tienen un evidente significado: avanzar en el proyecto ideológico que él encarna con la ayuda y vigilancia de Iglesias, que supondrá, si no se le pone coto, el final del régimen constitucional del 78 y la configuración de una España que en este caso sí, rememorando las palabras de Alfonso Guerra, “no la conocerá ni la madre que la parió”.

El panorama es ciertamente desolador, y el apoyo recibido por el Gobierno de los herederos de ETA ha sido el último paso, habrá más, dado por Sánchez para avanzar en su proyecto. Pero por la naturaleza perversa e inmoral de ese apoyo, y ante el malestar de muchísimos españoles, incluidos votantes y militantes socialistas, no está de más recordar los nombres de los cargos públicos socialistas, militantes o personas cercanas a ese partido que han sido asesinadas por ETA en los últimos años. Esta es la relación:

– Enrique Casas Vila (23-II-1984, en San Sebastián).
– Fernando Múgica Herzog (6-II-1996, en San Sebastián).
– Fernando Buesa Blanco (22-II-2000, en Vitoria).

– José Luis López de Lacalle Arnal (7-V-2000, en Andoáin).
– Juan María Jáuregui Apalategui (29-VII-2000, en Tolosa).
– Ernest Lluch Martín (21-XI-2000, en Barcelona).

– Froilán Elespe Inciarte (20-III-2001, en Lasarte-Oria).
– Juan Priede Pérez (21-III-2002, en Orio).
– Joseba Pagazaurtundua Ruiz (8-II-2003, en Andoáin).
– Isaías Carrasco Miguel (7-III-2008, en Mondragón).

Si, después de leer esta lista, García Page se conforma con decir que el apoyo de Bildu “no tiene un pase”; o Margarita Robles, la moderada del Gobierno, sigue sosteniendo que buscar acuerdos con los partidos que están en el Congreso, incluidos Bildu, es positivo y que lo que hay que hacer es “empatizar más con las víctimas”; o Ábalos no pide perdón por su deposición intelectual al decir que Bildu es más responsable que el PP por apoyar los Presupuestos, entonces es que el PSOE no tiene arreglo. Y da toda la impresión de que, efectivamente, no lo tiene.

La vuelta de Trapero, una mala noticia para la convivencia
Alejandro Tercero cronicaglobal 17 Noviembre 2020

El nombramiento de Josep Lluís Trapero como jefe de los Mossos d’Esquadra no debería tomarse a la ligera. Su vuelta es un claro aviso a navegantes lanzado por el independentismo catalán. Es una forma más de decirle al Estado que lo volverán a hacer en cuanto tengan oportunidad.

No deberíamos olvidarnos de que --a pesar de que la Audiencia Nacional le absolvió de las acusaciones de rebelión, sedición y desobediencia; eso sí, por los pelos: dos a uno en la votación de los magistrados que le enjuiciaron--, Trapero fue el responsable de que los Mossos d’Esquadra dejaran solas --absolutamente solas-- a la Guardia Civil y a la Policía Nacional el 1-O tratando de impedir el referéndum secesionista ilegal como ordenó la justicia.

Mientras los antidisturbios de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado se jugaron el tipo frente a las hordas de independentistas que les impedían por la fuerza retirar las urnas e incluso les atacaban con violencia, los 17.000 agentes de los Mossos se pusieron de perfil y en algunas ocasiones hasta se encararon con los guardias civiles y policías nacionales.

Las imágenes de binomios de los Mossos dando media vuelta tras constatar que una turba de radicales protegían los locales de votación y retirándose entre aplausos de los fanáticos son indignas de una policía de un país occidental. A pesar de los innumerables focos de resistencia agresiva por toda Cataluña aquel 1 de octubre, los Mossos no realizaron ni una sola carga para impedir la votación. Ni una sola.

También fue intolerable la pasividad de los Mossos d’Esquadra ante el asedio a la comitiva judicial en la Consejería de Economía que se prolongó durante horas y horas el 20 de septiembre --de hecho, duró desde la mañana del 20 hasta la madrugada del 21--. Fue la policía autonómica la que permitió ese acoso sin precedentes en Europa. Y quien tenía la última palabra en la actuación de los Mossos era Trapero.

A estas alturas, podemos concluir sin equivocarnos que Trapero tuvo en su mano sofocar el levantamiento tumultuario de aquellos días (que es como el Código Penal define la sedición, delito al que fueron condenados los líderes del procés) pero no lo hizo, como todos pudimos constatar, y prefirió no molestar demasiado a sus jefes políticos. Ahora estos se lo agradecen recolocándolo de nuevo en su antiguo puesto. Una evidencia más de que no hizo lo que debía.

Basta comparar aquellas actuaciones de los Mossos con la respuesta contundente que dieron --al alimón con la Guardia Civil y la Policía Nacional-- durante los disturbios independentistas de octubre de 2019. Unas intervenciones que --a diferencia de las anteriores-- sí generaron la ira de Torra.

Sobre el presunto plan que el jefe de los Mossos tenía preparado para detener al entonces presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont (hoy huido en Bélgica), si así se lo hubiese ordenado la justicia --y que nadie ha visto--, ya hemos oído al actual consejero de Interior de la Generalitat. Según Sàmper, ese plan fantasma que esgrimió Trapero durante el juicio no es más que una “táctica de defensa”. Lo que deja en papel mojado la supuesta autocrítica del jefe de los Mossos al asumir de nuevo su cargo (“todos lo pudimos hacer mejor, en primer lugar yo. Debemos ser más claros, para que nuestras actitudes no dejen margen a una mala interpretación”). Una justificación que suena a guasa y tiene un punto de recochineo.

La alegría del presidente de la Generalitat en funciones, Pere Aragonès (cuyo líder, Oriol Junqueras, recordemos que cumple condena por el intento de secesión unilateral), por la vuelta de Trapero es una muestra de por dónde van los tiros. Y el júbilo desbordante de la tertuliana Pilar Rahola (una de las más influyentes activistas del procés en la sombra y compañera de fiestas de Trapero) confirma que la absolución y restitución del jefe de los Mossos es una mala noticia para la convivencia en Cataluña.

Los constitucionalistas deberían tomar nota. Blanquear a una de las piezas clave del procés es un error. Y si no, al tiempo.

Simancas y los herederos de las checas
No tenemos que resignarnos ante las mentiras socialistas. No puede ser.
Francisco Marhuenda larazon 17 Noviembre 2020

No entiendo muy bien por qué Simancas tiene que insultar a los que cuestionan el pacto con Bildu, aunque ahora Sánchez lo niegue y entremos en una de esas absurdas espirales de confirmaciones y desmentidos que tan mala imagen ofrecen de los políticos. En cualquier caso, me parece un despropósito que el antiguo líder de los socialistas madrileños considere que los discrepantes son un «asco de miserables que gobiernan con los herederos de Franco». El término miserable me parece terrible, pero nos hemos acostumbrado a las descalificaciones de brocha gorda y a los excesos retóricos que luego son desmentidos por los acontecimientos. No importa, porque todo cabe en esta frívola arena política. La izquierda utiliza a Franco y el franquismo cuando no tiene argumentos. Por cierto, me sorprende que no sienta repugnancia gobernando con los comunistas. La lavadora socialista tiene una amnesia sorprendente con los asesinatos brutales y aterradores cometidos por el Frente Popular durante la Guerra Civil. Simancas no conoce o no quiere conocer los terribles crímenes contra la Humanidad cometidos por socialistas, comunistas y anarquistas. Es tan atroz que debería ser prudente y sobre todo no dar lecciones.

No tenemos que resignarnos ante las mentiras socialistas. No puede ser. Y, además, muchos hijos y nietos del régimen franquista ahora limpian su conciencia abrazando las ideologías de izquierda, aunque viviendo muy bien. Es posible que algún día se imponga la mordaza y ni siquiera los historiadores podremos recoger los hechos. No sólo tendremos un ministerio de la Verdad para combatir el concepto de las fake news que tiene la mayoría gubernamental y sus socios independentistas y bilduetarras, sino que habrá un ministerio de la Memoria para poner una mordaza a la Historia. No podremos escribir sobre el genocidio católico, las checas, los tiros en la nuca, las torturas brutales y las violaciones masivas, el papel depredador de la Unión Soviética, el fracaso de la Segunda República, etc. Simancas es un adelantado y ya decide que el PP gobierna con los herederos de Franco. Me podría poner a su altura y decir que ellos lo son de las checas y que se humillaron ante la Unión Soviética al convertirse en las marionetas de sus embajadores y los comisarios políticos. Es difícil encontrar algo más vil que las torturas que sufrió Andreu Nin antes de su asesinato. La lista de atrocidades cometidas por aquellos republicanos defensores de la democracia y las libertades es interminable.

La desvergüenza de pactar con Bildu y que parezca un accidente
ESdiario 17 Noviembre 2020

Sánchez es el beneficiario e impulsor desde 2018 de una alianza duradera con Bildu que se intenta disimular con falacias e insultos a la oposición. Pero ya no cuela.

El PSOE ha optado por su estrategia de siempre cada vez que comete una tropelía como el pacto con Bildu: negar la evidencia e insultar a la oposición. Solo dirigentes con la falta de escrúpulos de José Luis Ábalos son capaces de comparecer ante la opinión pública para sostener, sin pestañear, falsedades tan fácilmente desmontables como ésa.

Y no solo porque haya sido el propio Gobierno, a través de un vicepresidente que forma parte de él y no es un simple dirigente de un partido externo como Podemos, quien haya saludado el acuerdo con Otegi con la advertencia de que se incorpora a Bildu a la "dirección del Estado".

Que Sánchez le deja a Iglesias hacer el "trabajo sucio" no significa que él no sea el principal beneficiario y por tanto el mayor instigador de una alianza que ni es ocasional ni es menor: el PSOE lleva desde 2018 entendiéndose con Bildu en cuestiones crucial, ora de manera directa, ora por omisión.

Todo empezó con la moción de censura y ya ha incluido investiduras, al Gobierno de Navarra, la política penitenciaria, la reforma laboral y, ahora, los Presupuestos Generales del Estado. Todo eso lo ha hecho o lo ha disfrutado Sánchez, despreciando las alternativas que tenía, en unos casos, o mintiendo directamente a los ciudadanos antes de acudir a las urnas, cuando rechazaba por completo todas las alianzas que finalmente ha perpetrado.

Junto a esa falacia, se emite además otra complementaria igual de indigna: la de denigrar a la oposición, presentándola como una inexistente "ultraderecha" franquista que le obliga al Gobierno a firmar pactos que, en realidad, no quiere pero no tiene más remedio.

Presentar un partido que no existía con Franco -caso de VOX- como deudor de un Régimen al que solo recuerda el Gobierno, en una triste manera de tratar de adecentar el entendimiento con un partido encabezado por un etarra que no condena el terrorismo y dedica buena parte de su tiempo a imponer un relato abyecto de aquel horror.

Dividir con el 36
E intentar arrinconar al PP como mero báculo de VOX, una indecencia que no afecta a los populares ni a sus seguidores, sino al conjunto de los españoles. Porque les hurta la posibilidad, imprescindible en pleno drama sanitario y económico, de alcanzar acuerdos de mayorías sustentados en las soluciones que reclama España y no en los intereses sectarios del PSOE.

Que el PSOE traicione así su propia memoria, estigmatizando incluso a algunas de sus glorias como Felipe González o Alfonso Guerra, lo dice todo de los principios de Pedro Sánchez. Pero también de sus intenciones: dividir a España como nunca desde 1936 y hacer todo lo posible, al precio que sea y con quien sea, porque "su" mitad sea algo más grande que la otra.

El PSOE de Sánchez ya no distingue entre víctimas y verdugos
OKDIARIO 17 Noviembre 2020

El infamante pacto alcanzado entre el Gobierno socialcomunista y los proetarras de Bildu para la aprobación de los Presupuestos Generales del Estado ha suscitado una ola de protestas entre un numero creciente de socialistas que han denunciado el ignominioso acuerdo. Pero Sánchez, en lugar de rectificar, les ha acusado de deslealtad. De deslealtad, el presidente del Gobierno es un consumado experto.

Lo cierto es que el pacto tiene precedentes y viene de lejos. Sin ir más lejos, el socialismo gobierna en Navarra gracias a Bildu. La socialista María Chivite hace tiempo que traspasó todas las líneas de la decencia política. Ahora, los Presupuestos de la Comunidad foral han evidenciado la sintonía entre los socialistas y los herederos políticos de ETA, pese a que el presidente de UPN, Javier Esparza, le había ofrecido su apoyo para que el PSN no dependiera de los proetarras.

En esos Presupuestos se establece una repugnante equivalencia entre las víctimas del terrorismo y las «víctimas de motivación política». La Ley de Reconocimiento y Reparación de las Víctimas coloca en un plano de igualdad a quienes fueron asesinados por un tiro en la nuca o un coche bomba con las «víctimas» por actos de motivación política provocada por grupos de «extrema derecha». Una equidistancia que provoca náuseas, toda vez que quienes establecen esa comparación odiosa son los mismísimos herederos de una banda de asesinos. Y el socialismo navarro ha consentido e incluye en la misma partida presupuestaria a unos y otros, tal como exigió Bildu.

Pedro Sánchez, para mantenerse en el poder, ha decidido blanquear a Bildu, formación a la que considera más democrática, incluso, que PP o Vox. Con eso está todo dicho. Y a los socialistas que se han atrevido a cuestionar su pacto con los proetarras, Sánchez les ha llamado «desleales». ¿Qué entiende por lealtad el jefe del Ejecutivo? ¿Dónde, si la tuvo algún día, se dejó este hombre la dignidad y la moral políticas? ¿Cómo es posible tanta abyección? Sánchez no tiene reparos en pisotear la memoria de los socialistas asesinados por no doblegarse a una banda de asesinos y se rinde a sus herederos políticos por un puñado de votos. ¿Desleales? No, presidente; la deslealtad personificada eres tú

Moral a la carta
Clara Zamora okdiario 17 Noviembre 2020

Cabalgando a lomos de la ironía, que es mi clave de sol, voy a acercarme al desventurado más ególatra del país riéndome seriamente de él. He leído más de una vez que las únicas mentiras lícitas pertenecen al ámbito de la literatura; podríamos extenderlo a la generalidad de las artes. En las tribunas de opinión, se puede una permitir ciertas licencias artísticas, como vengo haciendo sin el más mínimo sentido del ridículo en este espacio semanal. Como decía la rubia Monroe, más vale pecar de ridícula que de aburrida. Con ese espíritu, voy a esbozar esta crítica a la integridad del presidente, así como a su director de orquesta. La imaginación es algo muy serio, como sabe Redondo, y tiene que ser muy genuina para que sea eficaz.

Reiterar lo que ya se ha dicho por activa y por pasiva, lo de las continuas mentiras, la carencia de escrúpulos, patatín, patatán es volver a reparar en el mismo ángulo oscuro, intentando dar sentido a la cadena espasmódica y arbitraria de despropósitos que estamos padeciendo. Para intentar esclarecer la inutilidad de seguir pretendiendo comprender los espasmos de esta bestia bajo ese prisma, abordaré aquí la clave de la moralidad que subyace en la avariciosa maldad que dirige la totalidad de su incomprensible comportamiento. Hay que partir eliminando los prejuicios clásicos de paraíso/infierno, luces/tinieblas, santo/pecador. El secreto, lo afirmo porque lo vengo analizando desde hace tiempo, es la comprensión del reino de la moral como un lugar para las virtudes perfectas e imperfectas. Tiene esto muchísimo arte en su concepción. A ver si sé explicarme.

La bestia Sánchez no se rige por los mismos parámetros morales que la gente normal. Hasta aquí, sólo he dicho obviedades. La distinción de este individuo se genera por la aceptación del reino de las virtudes imperfectas, precisamente por el valor de las ideas que éste conlleva y que depende, sobre todo, del qué quiero conseguir. Olvídense del juicio moral bajo la forma clásica del veredicto judicial: culpable o inocente. Si se trata de él, siempre habrá inocencia porque sus virtudes imperfectas son reconvertidas por el lacayo Redondo para aparecer como atalaya de la perfección. La bestia fantasmagórica que se esconde detrás del presidente se siente inmune a ser transformado en atisbos de moralidad clásica.

El pacto PSOE-BILDU es el claro paradigma de lo expuesto. Insatisfecha, su maldad se resiste a abandonar la fantasía de seguir ascendiendo hasta impugnar todas las medidas legislativas. Imagínense a un oncólogo o a un jurista con una moralidad como la de este hombre ensangrentado, ¡vaya universo para Dante! “La verdad- decía A. Machado- es la verdad dígala Agamenón o su porquero”. Para la bestia, la ley de todos es una tormenta de soplones. Su ley verdadera es él mismo.

Este escurridizo tobogán especulativo por el que me atrevo a deslizarme concluye con la aseveración de que tanta crítica en su contra y provocación en forma de debates, réplicas y plumas ensangrentadas no van a servir para absolutamente nada. Este salvaje no tiene límite. Su presidencia está siendo una especie de ópera bufa, ni siquiera mi ironía emergente ha sido capaz de levantarle el disfraz. Avivado por la capacidad de su lacayo, la fantasía se está convirtiendo en delirio, entendida por los protagonistas como virtud. Insisto en que esto tiene su arte. El pronóstico es terrible. El desenlace, como estamos padeciendo, es la aceptación general de su infame lagrimea, porque las diabólicas ilusiones se le van pudriendo y necesita renovarlas continuamente. Su enrevesado caminar no hace más que constatar la tesis de este escrito, que no es otra que poner de manifiesto que hay determinados ángulos de la moral a los que no se accede con la experiencia, sino con la imaginación. Una bestia fruto del arbitrio.

Acuerdos con los proetarras
El PSOE equipara a las víctimas de ETA y sus verdugos en los Presupuestos pactados con Bildu en Navarra
Luz Sela okdiario 17 Noviembre 2020

El PSOE de Navarra equipara a los asesinados por la banda terrorista ETA con aquellas «víctimas de motivación política» en el proyecto de Presupuestos, que saldrá adelante con el apoyo de Bildu. La presidenta de Navarra, María Chivite, anunció ese pacto el sábado, horas después de la visita a Pamplona de Pedro Sánchez. El líder del PSOE, por su parte, también recibió la pasada semana el apoyo de la formación proetarra a sus cuentas.

Según el acuerdo alcanzado entre el Gobierno de Navarra y Bildu, el partido de Arnaldo Otegi se compromete a votar en contra de las enmiendas a la totalidad que pudieran presentarse por cualquier grupo parlamentario, así como a posibilitar la aprobación del Proyecto de Ley de Presupuestos Generales de Navarra de 2021.

Ese proyecto incorpora en el apartado de subvenciones a las víctimas de «motivación política», en la misma partida que las ayudas destinadas a las víctimas del terrorismo.

El PSOE equipara a las víctimas de ETA y sus verdugos en los Presupuestos pactados con Bildu en Navarra

Cabe recordar que Navarra cuenta con una ley que criminaliza a la Policía por presuntos abusos y que actualmente está en manos del Tribunal Constitucional.

La Ley de ‘Reconocimiento y Reparación de las víctimas por actos de motivación política provocados por grupos de extrema derecha o funcionarios públicos’ fue impulsada en marzo de 2019 por Geroa Bai, Bildu, Podemos e Izquierda-Ezkerra, y obtuvo el respaldo de estos partidos, además de la abstención del PSN. UPN y PPN se opusieron. La Ley entró en vigor en abril de 2019 y fue recurrida por Partido Popular, Vox y Ciudadanos.

Estos partidos coinciden en que la ley confunde a las víctimas con los verdugos, ofende a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado y blanquea a la banda terrorista ETA.

Su propósito es «configurar el derecho al reconocimiento y, en su caso, reparación de las víctimas de motivación política generadas por la acción violenta de grupos de extrema derecha o por parte de funcionarios públicos, regulando los medios y mecanismos para que sean reconocidas como tales víctimas y, en su caso, como personas beneficiarias de los correspondientes derechos de reconocimiento y reparación integral».

La declaración de víctima, que dará derecho a recibir asistencia sanitaria así como una indemnización, queda en manos de una ‘Comisión de Reconocimiento y Reparación’ de perfil político, sin que medie una sentencia judicial.

El Constitucional ya anuló una primera versión de la ley argumentando que invadía competencias estatales de jurisdicción penal, lo que obligó al Ejecutivo de Navarra a aprobar un segundo proyecto.

Beneficios a presos
El acuerdo alcanzado por Chivite fortalece la alianza con sus socios de Bildu, partido imprescindible para sostener su legislatura y gracias al cual fue investida presidenta de Navarra.

El texto del pacto se fraguó durante semanas, como reconoció el propio PSOE. «Se ha podido constatar que en estos momentos tan difíciles es cuando más se necesita actuar con altura de miras pensando en las personas y asumir responsabilidades, teniendo como guía de actuación responder a las necesidades de la ciudadanía navarra», destacó el Ejecutivo foral en un comunicado.

El acuerdo se produce en plena polémica por el pacto de Sánchez con Otegi para sacar adelante sus presupuestos y de las nuevas concesiones del Gobierno a presos de ETA.

El pasado viernes, cinco etarras que se encontraban en el centro penitenciario de Huelva abandonaron el módulo de aislamiento. Entre ellos, Javier García Gaztelo, ‘Txapote’, jefe militar de la banda y autor, entre otros, del asesinato de Miguel Ángel Blanco, Fernando Múgica y Gregorio Ordóñez.

Además, desde que Sánchez llegó a La Moncloa, en junio de 2018, ha acercado a 103 etarras, más de la mitad de los presos de la banda terrorista. 25 de ellos tienen delitos de sangre en su historial.


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