AGLI Recortes de Prensa   Domingo 29  Noviembre  2020

El manifiesto de la frustración
Santiago Rey Fernández-Latorre. La Voz 29 Noviembre 2020

Cuando hace menos de dos meses publiqué un artículo editorial en el que me declaraba harto de la política partidista, y pedía un cambio urgente de rumbo, solo tuve una satisfacción. La de apreciar que innumerables personas de muy distinto pensamiento coincidían conmigo. Todos, pese a sus diferencias de procedencia, de condición o de arraigo ideológico, expresaban la misma sensación e idénticas preocupaciones ante los problemas que vive la sociedad española. Hoy inicio este texto sin poder darles buenas noticias.

La triple amenaza que entonces citaba sigue ahí. Continúa, e incluso se agrava, la tragedia social que ha traído la crisis sanitaria. Se incrementa a pasos agigantados el daño a la economía de todos y a la de cada uno, y muy especialmente a la de cuantos han tenido que cerrar la puerta o bajar la persiana. Y, mientras, cualquier atisbo de esperanza en la respuesta eficaz que deben dar los poderes públicos se diluye. El resultado, a día de hoy, no puede ser más frustrante.

Lo es porque todo lo que se aprendió a marchas forzadas durante la primera ola de la pandemia apenas nos ha permitido encarar en mejor posición la segunda. La sanidad, saturada desde la atención primaria, afronta solo con el valor, el estrés y el agotamiento de sus profesionales la falta de recursos, de medios y de personal. La población, colaboradora hasta el extremo, acepta sin queja toques de queda, confinamientos perimetrales, clausura de los espacios públicos, prohibición de relacionarse. Y pese a todo ese esfuerzo y a toda esa renuncia, los dirigentes políticos aparecen ante las cámaras con más empeño en ganar la batalla electoral que la de la pandemia.

Es también frustrante porque para muchas empresas, para muchos autónomos, para muchas personas, la palabra ruina está pasando de constituir una amenaza a ser una realidad palpable. Comerciantes, hosteleros, proveedores. Sectores y gremios enteros, desde el primario a los servicios, desde el cocinero al músico, se están viendo incapaces de sobrevivir a dos cierres que les hacen reducir a cero los ingresos y multiplicar por dos o más las deudas. Es cierto que escuchan todos los días promesas de ayuda, de subvenciones y de créditos blandos. Escuchan, pero no ven. La propia Administración se ha colapsado, y la burocracia, bloqueada, no tiene músculo para traducir en hechos lo que se publica en el BOE y en el DOG.

No hay músculo porque también falla el cerebro. Son los que firman en los diarios oficiales quienes tienen la obligación de hacer normal lo que, al parecer, es oficial. En lugar de especular día tras día con más miles de millones que habitantes tiene España, lo único responsable y obligado sería establecer los cauces para que las prometidas compensaciones fuesen justas y llegasen a tiempo. Es decir: ahora.

Pero ahora —y esta es la tercera frustración— las urgencias son otras. Las que marca la batalla política. Por si no fuese suficiente con las tensiones lógicas en toda democracia entre Ejecutivo y oposición parlamentaria, todo el país está a merced de una confrontación inusitada: la que se libra dentro del propio Gobierno. Ver cómo se mina desde dentro la autoridad del presidente por su vicepresidente lleva a la zozobra a los ciudadanos. Porque saben muy bien cuál es el camino que se recorre con la deslealtad: convertirnos en víctimas de una coalición podrida.

Lo saben también los ministros que han pasado de enfrentarse y lamentarse a puerta cerrada a exponer públicamente su desacuerdo con quien «crea conflictos por buscar visibilidad», interfiere en la política exterior hasta poner en entredicho la posición de España, enmienda los Presupuestos que firma y quiere callar a los medios independientes.

Si el presidente del Gobierno dijo hace poco más de un año que con semejante compañía en el poder no dormiría por la noche, ahora quienes no pueden conciliar el sueño sin sobresaltos son todos los españoles que aprecian el entendimiento, la moderación y el consenso, puesto que no los encuentran ni en el primer órgano colegiado del país, como es el Consejo de Ministros.

Sí encuentran más motivos de preocupación. Porque el acopio de votos para intentar sacar adelante los necesarios Presupuestos del Estado ha traído consigo la asunción de posiciones y compromisos difícilmente compatibles con la Constitución. Han negociado su voto, y han obtenido compensaciones por ello, quienes no tienen rubor en reconocer que su finalidad es apartarse de España. ¿Puede un país buscar la estabilidad en los que quieren destruirlo?

Pero, por si esto no supusiese ya cruzar una insalvable línea roja, más difícil de aceptar para el espíritu democrático es tener que aliarse con quienes tienen sobre sus conciencias a todas las víctimas de ETA. No solo no se han arrepentido de las atrocidades del terrorismo, sino que se jactan de querer aniquilar la democracia que hemos construido. Lo han dicho, lo sostienen y no ha pasado nada. Como siempre.

¿Cuántos ciudadanos pueden considerar en este caso que todos los votos son iguales? Ha habido que argumentarlo por carta a los militantes de un partido de 141 años, esencial en la democracia española, pero hasta en sus propias filas tal enunciado está muy lejos de ser compartido. En política, como en la vida, no todo vale.

Tampoco vale el papel que está desempeñando la oposición. En un momento crítico para todos los españoles, prefiere mantenerse en la inacción y la falta de compromiso con el país, a la espera de sacar réditos electorales. Su cuestionado líder ha pasado de una encomiable intervención en la última moción de censura a sentarse a esperar, confiando en beneficiarse del cuanto peor, mejor.

Queda claro que ni en estos momentos tan duros han conseguido los políticos superar su querencia por el juego electoral. Puede ser legítimo, pero no coincide con lo que el país está esperando.

Porque a los dramáticos problemas de la crisis sanitaria y la debacle económica se unen otros que ya teníamos. Son especialmente preocupantes en Galicia y en todo el noroeste, que se desangra mientras gran parte de las inversiones y la innovación se van con estos Presupuestos a la otra orilla del mapa. La oportunidad de reequilibrar el país con los fondos que llegarán de Europa —si llegan— solo será posible si en lugar del favoritismo territorial se imponen, por una vez, el sentido social y los criterios objetivos.

La misma receta de objetividad hace falta en Galicia, donde proyectos que deberían estar en marcha o terminados hace años —desde hospitales a vías de comunicación— se demoran trámite a trámite mientras se riegan con millones entidades superfluas. También aquí los enfrentamientos partidistas entre administraciones socavan el derecho de los gallegos a competir en pie de igualdad entre sí y con el resto de comunidades autónomas.

No es preciso extenderse en ejemplos. Los tres aeropuertos languidecen mientras a pocos kilómetros de la frontera crecen los servicios y los enlaces. Grandes industrias echan el cierre y dejan sin aire a comarcas enteras, sin nada que las sustituya en la creación de empleo. Toda una potencia pesquera y marítima es empujada poco a poco hacia la irrelevancia, en lugar de fortalecer su desarrollo. Las ciudades son hostiles a sus habitantes. Vivir en el campo se convierte en una heroicidad. No es esta la Galicia del siglo XXI. Ni la complacencia de las mayorías absolutas, sea en el Parlamento o en cualquier ayuntamiento, ni las deslealtades institucionales por diferencias partidistas sirven jamás como impulsores del desarrollo.

Si hace casi dos meses me declaraba harto —y conmigo, tantos ciudadanos—, en este final del 2020 se hace imperativo exigir un cambio. Reaccionar contra la frustración.

Para que los ciudadanos puedan superarla, todavía queda mucho camino. Es preciso combatir el virus con recursos, y no con discursos. Revitalizar los sectores económicos que hoy se están hundiendo. Salvar al Gobierno de sus enemigos interiores. Devolver la política a la lealtad y a la Constitución. Hacer oposición responsable y arrinconar el populismo. Equilibrar el desarrollo económico de España. Instaurar la cooperación entre instituciones. Invertir en el futuro de Galicia.

Estos son los deberes. Cada uno que se soslaye será un paso más hacia la tragedia del país. No acepto ese destino. Basta.

"Encomiable intervención"
Nota del Editor.  29 Noviembre 2020

Esta vez tiene las gafas empañadas. Echa la culpa al coletas como si el Dr Cum Fraude no fuera elemento causante de la destrucción de España.

En cuanto a la "encomiable intervención" del último encargado de hacer desaparecer al, su PP, atacando a los españoles que defienden España, último suspiro para evitar que nos conviertan en españazuela, no deja de ser una valoración fuera de lugar.

El adiós de "España Suma": PP, Cs y VOX lucharán por sobrevivir solo uno
Antonio Martín Beaumont esdiario 29 Noviembre 2020

La cohesión del Gobierno y el lejano horizonte electoral dan al centroderecha el tiempo necesario para salir de la batalla que vive. Y no lo hará unido con una sopa de siglas.

Cuando se producen escisiones o la irrupción de nuevos partidos en el mismo espacio ideológico, las primarias pasan de ser gestionadas por los militantes en el ámbito orgánico interno a ser resueltas por los votantes en las urnas. Y hay experiencias de sobra conocidas que confirman que uno más uno nunca suman dos en política.

Pablo Casado ha hecho balance de sus acuerdos electorales con Cs y ha decidido enterrar España Suma. Desea dar la batalla a cara descubierta al partido de Inés Arrimadas, y a Vox. Hace ya tiempo que puso entre sus prioridades absorber al partido naranja e ir recuperando los más de 5 millones de votos que el PP perdió en las últimas citas con las urnas.

En Génova todavía no han olvidado la respuesta de Albert Rivera cuando le propusieron la elaboración de listas conjuntas en el Senado allá donde peligrara la elección de candidatos del centroderecha. Rivera dio un portazo porque entonces creía en el “sorpasso” y aspiraba a sustituir a Casado como jefe de la oposición.

Pero, además, en la dirección genovesa también han pesado las dos experiencias fallidas de colaboración con Cs en Navarra y País Vasco. Navarra Suma, la coalición electoral de UPN, PP y Cs, no dio rédito a la “marca” de los populares.

Peor resultado obtuvo el “experimento vasco” con la plataforma PP más Cs. La suma no evitó el descalabro de la candidatura encabezada por Carlos Iturgaiz, mientras los de Arrimadas, sin apenas implantación orgánica y un electorado testimonial, optimizaron el acuerdo logrando dos escaños en la Cámara de Vitoria.

Aparcadas las estrategias para frenar a la izquierda en un frente común, lo que ahora va a estar en juego es la recomposición del centroderecha

El nuevo escenario surgido de la implosión de Ciudadanos, tras la dimisión de Albert Rivera y los efectos colaterales de la moción de censura de Vox, han llevado al líder del PP a abrir otra estrategia. Su primer examen electoral lo tendrá en Cataluña en febrero.

Y, por lo visto, pasa por lanzar una OPA “amistosa” al electorado desencantado de Arrimadas. Todas las encuestas publicadas hasta la fecha vaticinan un batacazo de la formación naranja, que descendería de primera fuerza en el Parlament a tercera o cuarta. Un hundimiento electoral que dejaría sus actuales 36 escaños en una horquilla que va desde los 12 a los 15.

Es en ese “caladero” del constitucionalismo donde el Partido Popular quiere pescar. Hay muchos desencantados con el radical cambio de rumbo de Arrimadas. Su acercamiento a Pedro Sánchez y por ende a la “mayoría Frankenstein” no está siendo bien digerido por su menguante número de afiliados ni por el grueso de votantes, fieles al ADN fundacional de ser dique de contención contra la supuesta superioridad moral del independentismo y de la izquierda complaciente del PSC.
Beaumont baja de la nube a un Sánchez endiosado: "Su Presidencia naufraga"

Los populares tampoco pueden dejar de mirar por el espejo retrovisor a su “derecha”. Santiago Abascal, según confirman las encuestas en manos de los cuarteles generales de los partidos, crece en Cataluña. Vox está consiguiendo aglutinar la indignación de miles de catalanes que se desencantaron con la gestión de Mariano Rajoy frente al 1-O y la entrega a ERC por parte de Sánchez de las llaves de la gobernabilidad de España. El partido verde estaría pisando los talones al PP.

El “hasta aquí hemos llegado” que Casado espetó a Abascal en la moción de censura va a tener su primer campo de batalla, el catalán. Aparcadas las estrategias para frenar a la izquierda en un frente común, algo que nunca fue una opción viable, lo que ahora va a estar en juego es la recomposición del centroderecha. Seguramente un ensayo con la vista puesta en las generales de 2023.

Centroderecha
Nota del Editor 29 Noviembre 2020

La geometría es muy útil en las obras públicas, en la industria textil, aeronáutica y demás, pero en la base que soporta una nación no tiene importancia salvo para marcar y defender su periferia y lo principal para que la base sea sólida, son los cimientos, es decir los principios éticos. Ni el PP ni C's tienen principios éticos, solo tienen intereses partidistas y por ello tienen que desparecer.

Hay que apoyar a Vox y dejarse de marear la perdiz, tras muchos años de tomarnos el pelo ya deberíamos estar escarmentados.

"Madrid será la tumba del sanchismo"
El Azotador esdiario 29 Noviembre 2020

El acoso de Moncloa a la Puerta del Sol perdió la batalla sanitaria y ahora libra la fiscal: la obsesión de Sánchez por Ayuso puede ser el gran error político de su vida.

Fernando Simón felicitó ayer a Madrid por tener la menor tasa de contagios por habitantes de España. Y una de las más razonables de Europa. Quizá por eso Pedro Sánchez se ha atrevido ya a pisar un hospital madrileño, sin avisar a Ayuso, aprovechando que la presidenta madrileña estaba en Cataluña y dando la enésima lección de mal gusto que le caracteriza: no había pisado uno desde marzo, y ahora lo ha hecho sin aceptar siquiera la cifra real de fallecidos.

El caso es que Simón mostró sus parabienes como de pasada, con la falta de pudor que define al personaje: mucha almendrita, mucho peinado de científico loco, mucho jersey de bolitas, mucha cara de no haber roto un plato en su vida… pero lleva enero fallando con estrépito y desde marzo fabricándoles coartadas a Pedro Sánchez, a Salvador Illa y a Pablo Iglesias para que parezcan menos inútiles, menos mentirosos y menos negligentes de lo que son.

A la Comunidad de Madrid le quisieron cargar los muertos de la primera ola. Le cargaron el exceso de mortalidad de toda España. Le fundieron por abrir un hospital de campaña en Ifema aplaudido por Europa y la OMS.

Le contaban uno a uno los rastreadores los mismos que no han querido contar los 70.000 muertos que llevamos. Le aplicaron un estado de alarma con datos falsos o antiguos. Le montaron manifestaciones por cerrar una calle los mismos que se callaron con el cierre total de la región. ¡Y hasta le montaron un pollo por construir un hospital de pandemias!

Como no han podido con Madrid por lo civil, lo intentan por lo militar. Como lo sanitario no ha funcionado… ahora se prueba con lo fiscal

Mientras Sánchez escondía muertos, Illa compraba mascarillas de la marca ACME e Iglesias se escapaba de las Residencias de Ancianos…. se dedicaban a acosar a Madrid para derribar a Ayuso. Hasta cuando lloró en el funeral por las víctimas la criticaron los mismos que anteayer se emocionaban con las lágrimas de cocodrilo de Irene Montero por las mujeres maltratadas, todas dignas de su llanto... salvo que afecte a menores víctimas de abusos sexuales en Baleares y eso pueda perjudicar al Gobierno isleño de sus colegas.

¿También Andalucía?
Y no contentos con todo esto, como no han podido con Madrid por lo civil, lo intentan por lo militar. Como lo sanitario no ha funcionado… ahora se prueba con lo fiscal. A ver cómo le quitamos 6.000 millones a los madrileños para dárselos a Rufián, a Otegi y a Chivite.

Y si se puede, otro poco a los andaluces, ahora que van un poco mejor. No extraña que empiece a hacer fortuna un lema con sorna que se escucha cada día más en los cenáculos madrileños: “Madrid será la tumba del sanchismo”.

Abascal: ‘El Gobierno ya no puede pisar la calle, los españoles están hartos’
LGI gaceta  29 Noviembre 2020

El líder de VOX, Santiago Abascal, aseguró este jueves que el Gobierno socialcomunista presidido por Pedro Sánchez “ya no puede pisar la calle sin que los españoles de manera espontanea les increpen o les reprochen lo que están haciendo”. “Los españoles están hartos, no tengo ninguna duda de que si se convocasen elecciones inmediatas el Gobierno no podría resistir”.

El Foro de Madrid, frente al narcocomunismo bolivariano: ‘Es una lucha del bien contra el mal’

Cree Abascal que “ya solo puede permanecer en el poder animando a la violencia contra otras fuerzas políticas, como hacen contra nosotros, comprando a los medios de comunicación e impidiendo unas elecciones libres”.

Asimismo, durante el debate organizado por la Fundación Disenso junto a Eduardo Bolsonaro, diputado federal por Sao Paulo; María Corina Machado, coordinadora de Vente Venezuela; y Arturo Murillo, exministro de Bolivia, señaló que si hubiera unos comicios libres, “socialistas, comunistas y sus socios terroristas saldrían del Gobierno”.

Precisamente este viernes, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el ministro de Sanidad, Salvador Illa, han sido recibido a su llegada al Hospital de La Paz (Madrid) para visitar la Unidad Central de Investigación Clínica y Ensayos Clínicos con abucheos y gritos de ‘fuera, fuera, fuera’ por parte de un grupo espontáneo que le esperaba en la puerta del centro hospitalario.

Las quejas y la indignación llega porque el Ejecutivo está abocando a la quiebra a cientos de miles de españoles, mientras destina 300.000 euros diarios a la acogida de inmigrantes ilegales y su vicepresidente, Pablo Iglesias, anuncia que su departamento llevará al próximo Consejo de Ministros un real decreto para destinar 10 millones de euros a la atención y acogida de menores extranjeros no acompañados (menas).

La Carta de Madrid: un ‘basta’ al Grupo de Puebla
La trascendente batalla cultural contra el marxismo del siglo XXI
María Zaldívar gaceta 25 Noviembre 2020

El decidido giro a la izquierda que ha dado la América Hispana no es una casualidad del destino. Tras la caída del muro de Berlín, el horizonte ideológico y económico de la región debió replantearse. Fue así que nació el Foro de Sao Paulo. Durante los años ´70, el comunismo había desplegado la estrategia del terrorismo para hacerse del poder en la mayoría de los países de esa parte del mundo. La ferocidad del ataque que costó miles de vidas fue rechazada por las sociedades y la guerrilla fue vencida y desalojada. Aparentemente.

Fue entonces cuando los personeros del comunismo internacional, reunidos tras la convocatoria de Lula Da Silva y Fidel Castro, sin modificar el objetivo, diagramaron los pasos a seguir. Las acciones serían sin violencia y disfrazadas de consignas amables. Había que avanzar sobre la educación, los medios de comunicación y la sociedad civil de modo pacífico. Así se fueron calzando, según conviniera, distintos sombreros: bregaron por el ecologismo, la defensa de los bosques y la fauna, los derechos humanos o el indigenismo. Hugo Chávez y Nicolás Maduro (Venezuela), Fernando Lugo (Paraguay), Daniel Ortega (Nicaragua), Michelle Bachelet (Chile), Tabaré Vázquez y “Pepe” Mujica (Uruguay), Rafael Correa (Ecuador), los Kirchner (Argentina), Evo Morales (Bolivia), Leonel Fernández (República Dominicana), Juan Manuel Santos (Colombia), José Luis Rodríguez Zapatero (España) y el ex Secretario de la Organización de Estados Americanos, el chileno José Miguel Insulza dieron el presente.

El trabajo de conjunto dio sus frutos: en América Latina, entre su formación en 1990 y 2018, el Foro de Sao Paulo llegó a reunir 68 partidos políticos, 52 organizaciones sociales y movimientos guerrilleros, y gobernaron el 45% de la región estando activos en 22 países del continente, más España.

Sin embargo, de a poco fueron perdiendo protagonismo; las políticas equivocadas, los pésimos resultados y la corrupción de sus administraciones se hicieron evidentes y se produjo un reemplazo de clase dirigente. Recibieron, entonces, un poderoso impulso que los volvería a escena; el salvataje llegó en dos vertientes: la agenda globalista y los fondos de George Soros y algunos mega millonarios de Silicon Valley. Los empleados de la causa se reciclaron en el llamado Grupo de Puebla manteniendo las mismas personas y los mismos objetivos. El gobierno español de Sánchez-Iglesias está representado por Irene Montero, ministro de Igualdad del Gobierno de España, antigua militante del partido Comunista, hoy dirigente de “Podemos” y pareja del vicepresidente Pablo Iglesias.

La colonización de los resortes educativos fue clave en el proceso; en la actualidad, los contenidos curriculares tienen un sesgo inocultablemente izquierdista en toda la región, no importa si se trata de gestión pública o privada. A ello se suman el control sobre los medios de comunicación, el debilitamiento y desprestigio de las Fuerzas Armadas, una prédica con intenciones y márgenes imprecisos sobre las bondades de las nociones de igualdad e inclusión, el reconocimiento de derechos a pueblos originarios de dudosa procedencia, la toma de tierras y la crisis social como condición previa para la revuelta. Esta receta se ha venido aplicando en Latinoamérica y sus frutos están a la vista. Chile es un ejemplo perfecto.

Sin embargo, eso no es todo. La principal cara del marxismo del Siglo XXI merece una mención especial. Se trata del movimiento feminista y su prédica pro aborto y anti familia, impulsora de la perversa ideología de género que pretende negar a los padres la potestad de educar a sus hijos, facultad que les conceden el derecho natural y el derecho positivo. El embate a la familia como política de estado promueve la imposición de contenidos contrariando hasta la Convención Universal de los Derechos del Niño, cuando la escuela debe limitarse a educar conforme a la ciencia y la ideología de género carece del más mínimo rigor científico.

Lo natural es aquello que nos es dado. Es natural, por tanto, que los padres decidan la educación de sus hijos; que el estado adoctrine a los niños es una construcción artificial que invierte ese principio liminar de la convivencia en libertad. La agenda del Foro de Sao Paulo y ahora el Grupo de Puebla atropellan la patria potestad, esto es el derecho preferente de los padres a educar a sus hijos y bregan por invertir el principio, depositando en el estado el derecho preferente. Autoritarismo en estado puro.

Esta pulseada y la legalización del aborto son las banderas del feminismo del nuevo siglo que lucha, no por igualdad sino por privilegios.

La asunción del presidente boliviano ha servido de excusa para el reencuentro de los líderes del Grupo de Puebla. La foto de Alberto Fernández, presidente de Argentina, junto a un sonriente Pablo Iglesias habla de las coincidencias ideológicas entre ellos y con el régimen venezolano, y de los planes de impulsar políticas comunes y afianzar el rumbo hacia un socialismo autoritario severo.

Frente a ello, la conformación del Foro de Madrid adquiere una enorme trascendencia. Significa la decisión de jóvenes dirigentes y personalidades de toda la América hispana de dar la batalla cultural contra el marxismo del nuevo siglo. El establishment rancio querrá ignorarlos; los medios de comunicación intentarán ocultar sus logros pero sepa el mundo que ha nacido una expresión política que lleva en sus entrañas un ADN indestructible: la llama de la libertad.
_______________
María Zaldívar es periodista y licenciada en Ciencias Políticas por la Universidad Católica de Argentina. Autora del libro Peronismo demoliciones: sociedad de responsabilidad ilimitada (Edivern, 2014)

******************* Sección "bilingüe" ***********************
Un Estado autonómico en ruinas

Jesús Cacho. vozpopuli  29 Noviembre 2020

Entre otras desgracias, el coronavirus ha venido a poner en evidencia los problemas que aquejan a nuestro Estado de las autonomías desde hace tiempo, asuntos que afectan al campo educativo, al sanitario, al competencial, al económico y lógicamente al político. Son problemas viejos hace tiempo identificados, sus disfunciones denunciadas con largueza, que la gran riada de la covid ha venido a sacar a la superficie para exhibirlos sin pudor ante el español medio. Los ataques al castellano como lengua vehicular, la disparidad de criterios sanitarios a la hora de combatir la pandemia, la inflación legislativa que, en lo económico, amenaza la unidad de mercado, las diferencias fiscales entre unas comunidades y otras… El problema, cuya gravedad a nadie escapa, ha adquirido esta semana una nueva dimensión con el acuerdo alcanzado entre ERC y el presidente Sánchez para acabar con las ventajas fiscales que disfrutan los residentes en la Comunidad de Madrid. Todas las costuras del Estado autonómico, ya muy dadas de sí, han saltado por los aires. Porque es esa organización del Estado la que posibilita que un rufián (“hombre vil y despreciable que vive de engañar y estafar”, según la segunda acepción del sustantivo que figura en el diccionario de doña María Moliner) pretenda decirnos, precisamente él, que aspira a la independencia fiscal y a la otra también, qué impuestos y en qué cuantía deben pagar los madrileños.

Sostiene José Tudela, autor de 'El fracasado éxito del Estado autonómico. Una historia española' (Marcial Pons, 2016), que el éxito que acompañó en los primeros años de la transición a nuestro Estado autonómico comenzó a quebrarse en 2006 con el nuevo Estatuto de Autonomía de Cataluña y las reformas estatutarias que le siguieron, hasta convertir aquel éxito en un fracaso. Para Tudela, como para otros autores, la demostración más evidente de ese fiasco es que “el Estado autonómico no ha servido para integrar a los nacionalismos” en un proyecto colectivo de país, particularmente en una Cataluña (el famoso cupo ha atemperado la tormenta en el País Vasco) donde a partir de 2012 se han multiplicado los partidarios de la independencia hasta llegar a la rebelión institucional que significó el procés. Una conclusión que no deja de sorprender si tenemos en cuenta que ya entre los redactores de la Constitución y aledaños había quien desconfiaba de que el “café para todos” autonómico cocinado por Adolfo Suárez sirviera para aplacar las pulsiones de los nacionalismos catalán y vasco en la búsqueda de un Estado propio.

Es verdad que el “problema catalán”, más allá de la resignada conllevanza que recomendaba Ortega, se yergue hoy como el obstáculo más difícil de superar en términos de solución integral de futuro, pero no lo es menos que hay desajustes en la organización territorial del Estado que preocupan más al español medio en tanto en cuanto afectan a su condición de tal y/o interfieren en su vida y desarrollo profesional. La lengua, por ejemplo, o la imposibilidad de estudiar en castellano en Cataluña y de forma creciente en otras comunidades, un atentado que acaba de consagrar la nefasta 'ley Celaá'. Son millones los que sienten el diario agravio que personajillos de toda laya infligen al castellano en muchas autonomías y lo interiorizan no ya como una ofensa inaceptable, que también, sino como un disparate que atenta contra la riqueza que en términos de crecimiento económico y competencia global significa contar con un idioma hablado por 500 millones de personas. Y este es un fenómeno que se arrastra desde mucho antes de 2006. Con independencia de la protección que merecen las lenguas regionales, expresión de la riqueza cultural de un país, España debe ser el único país del mundo donde un niño no puede educarse en muchas de sus regiones en la lengua común de todos los españoles, que es además la lengua oficial del Estado.

La Sanidad, por ejemplo, y el sinsentido que representa la existencia ahora mismo de 17 políticas distintas para combatir la pandemia, con el desbarajuste consiguiente en cuanto a los resultados (Castilla y León, Asturias y el País Vasco por encima de los 500 contagios por cada 100.000 habitantes, frente a los 203 de Baleares y los 78 de Canarias), ello por no hablar de las dificultades para recibir asistencia médica con las que tropiezan los habitantes de una comunidad cuando se desplazan a otra por motivos de ocio o de trabajo. España es también el único país del mundo donde la Sanidad se ha transferido a las CC.AA. “No hay ningún país en el mundo donde la política de salud pública esté en manos de 17 chiringuitos autonómicos” (José María Fidalgo esta semana en COPE). Una aberración sin paliativos, con su consiguiente coste.

Una estructura tan ineficiente como costosa
Hay otras muchas cuestiones donde la descentralización atropellada llevada a cabo en España en favor de las autonomías se ha traducido en una serie de perjuicios para los ciudadanos, algunos tan pintorescos como que un cazador necesite 17 permisos distintos para poder practicar su deporte favorito según la región en la que se encuentre. Cuestiones algunas de mucho mayor calado, que afectan a la capacidad de crecimiento de la Economía y dañan la competitividad de las empresas. El riesgo de ruptura de la unidad de mercado es algo más que una simple amenaza derivada de la maraña regulatoria en la que se han embarcado los distintos parlamentos regionales. El endeudamiento autonómico, con su correlato de crecimiento de la deuda pública, es quizá uno de los más graves. Nuestros 17 estaditos, en manos de las oligarquías locales, se han especializado en gastar más allá de sus posibilidades, fomentando la burocracia y llamando a filas a un ejército de funcionarios a sumar a los del Estado central y las administraciones locales. De acuerdo con el Registro Central de Personal (RCP), en Andalucía hay 471.718 funcionarios, 269.891 de los cuales pertenecen a la Junta, un número que en Cataluña es de 324.411 y de 208.256 respectivamente, cifras que explican en parte el fenómeno del clientelismo independentista. La Comunidad de Madrid, 'ejemplo' de tantas cosas, cuenta con 150.797 funcionarios estatales y 189.588 autonómicos, de donde se infiere que las autonomías han más que duplicado el número de funcionarios estatales. Una estructura de Estado tan ineficiente como costosa de mantener. En no pocas CC.AA., la autonomía es el principal y casi único empleador significativo.

¿Todo funciona mal en nuestro Estado autonómico? Responder afirmativamente a esta pregunta sería faltar a la verdad. Los gobiernos autonómicos siguen prestando los servicios públicos con un notable grado de eficacia, lo mismo que las entidades locales atienden y resuelven los problemas de los vecinos. La proximidad al centro decisorio del poder ha supuesto no pocas ventajas para el ciudadano, especialmente a los núcleos de población rural. Las comunicaciones han mejorado mucho, como también la conservación del patrimonio histórico artístico, por citar dos ejemplos. Acudir al centro de salud situado al lado de casa sin necesidad de viajar a la capital de la provincia es una gran ventaja. No lo es, sin embargo, en asuntos que atañen a la Justicia. Si uno tiene un problema de esa naturaleza es preferible someterse al veredicto de unos jueces alejados de los condicionantes que impone el “vecindario”. Es otro de los excesos del Estado autonómico: haber transferido la gestión de la administración de Justicia a las 17 comunidades, cada una de ellas con su respectivo Tribunal Superior de Justicia.

¿Qué hacer con el Estado de las Autonomías? ¿Destruirlo o reformarlo? Acabar a estas alturas con el Estado autonómico es tarea imposible desde todos los puntos de vista, básicamente porque, aun admitiendo las disfuncionalidades del modelo, una amplia mayoría de españoles están en contra de una recentralización según el modelo francés, y siguen siendo partidarios de acercar la toma de aquellas decisiones administrativas que puedan afectarles a su lugar de residencia. El Estado de las Autonomías está aquí para quedarse, con las elites locales y regionales convertidas en sus grandes defensores, dispuestas a defender con uñas y dientes un modelo que les otorga unas cuotas de poder y un volumen de gasto del que en otro caso no dispondrían. ¿Cómo apear hoy de la poltrona al "anchoilla" cántabro? ¿Quién se atrevería a proponer a los caciques riojanos la renuncia a su comunidad autónoma, un territorio que, como todo el mundo sabe, ha sido siempre casi tan independiente como Cataluña?

Recuperar competencias para el Estado
Ironías al margen, solo queda la reforma, una reforma en profundidad orientada a resolver los desajustes organizativos y funcionales puestos de manifiesto estos años, en un intento de devolver la salud a un modelo de organización estatal herido de muerte, como el inaceptable “acuerdo” perpetrado esta semana por Sánchez y Rufián ha puesto de manifiesto, o el sindiós de una armonización fiscal impuesta por el separatismo. La operación, que suena a desiderátum en las circunstancias por las que atraviesa el país, con un Gobierno presidido por un psicópata narciso al que apoyan los enemigos de ese Estado, solo podría abordarse mediante la oportuna reforma constitucional (esta y la de la Ley Electoral parecen las únicas inaplazables), aunque algunas de las cuestiones en litigio no necesitarían de una operación tan costosa, en términos de mayorías parlamentarias, como exige una reforma constitucional, ya que podrían abordarse acudiendo a un conjunto de instrumentos legales que prevé la propia Carta Magna, tal que las Leyes de Armonización (artículo 150.3 CE), uno de cuyos ejemplos fue la LOAPA, que han caído en la atrofia cuando no en el olvido más absoluto sin que se sepa muy bien por qué.

La realidad es que el Estado y las autonomías han compartido la inmensa mayoría de las competencias públicas, algo que está en el origen de muchos de los problemas denunciados (a lo que hay que añadir las sentencias de un Tribunal Constitucional que a menudo han contribuido a embarrar el terreno más que a sanearlo), por lo que un reseteo radical del Estado autonómico debería contemplar una lista de competencias exclusivas del Estado, es decir, competencias a recuperar por el Estado central (naturalmente la Educación, por aludir a una concreta, un crimen al que han contribuido por igual los Gobiernos de PSOE y PP, y que está en el origen de la desafección de las nuevas generaciones a la idea de una patria común), en el sobreentendido de que el resto de las mismas pertenecerían a las CC.AA. Difícil, por lo demás, imaginar una reforma del Estado autonómico sin abordar al tiempo otra, más general, que afecte al saneamiento integral de nuestro Estado de Derecho con el objetivo puesto en una mejora radical de la calidad de nuestra democracia. Una aspiración tan noble como imposible de conjugar con el vil sanchismo hoy imperante. Toca esperar mejores tiempos.

Las cuentas de la coalición
Editorial ABC 29 Noviembre 2020

El control sobre los impuestos está en el origen del parlamentarismo, por lo que el debate sobre la ley de los Presupuestos Generales del Estado constituye una responsabilidad esencial del Parlamento. Esta máxima de la historia de la democracia suena a un maximalismo utópico de «mayores» -como los calificaría Adriana Lastra- si se compara con el comportamiento actual del Gobierno de Pedro Sánchez. Su pacto presupuestario con los separatistas de ERC y los proetarras de EH Bildu se está ejecutando a una velocidad tal que el Congreso de los Diputados y el Senado van a ser simples servidumbres de paso de la nueva coalición de Gobierno que han forjado Sánchez y Pablo Iglesias con los partidos que, según dijo Felipe González, quieren destruir España. Cuando se apruebe el proyecto de Presupuestos Generales del Estado para 2021, el Parlamento habrá invertido solo sesenta y tres días, entre debates y votaciones, cuando lo normal es que ese plazo se prolongue entre ochenta y noventa días. La coalición del PSOE con separatistas y proetarras no solo tiene prisa por aprobar este presupuesto, sino muchas ganas de demostrar que son el nuevo «rodillo» que la izquierda va a pasar sin contemplaciones sobre la oposición, la opinión pública y, en general, los principios de la democracia parlamentaria. Este ha sido siempre el objetivo de este binomio formado por Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, bien visible desde mucho antes de que Ciudadanos se diera cuenta de que el presidente del Gobierno prefiere a Rufián y a Otegui antes que a Inés Arrimadas.

Lo que esconde el pacto por los Presupuestos Generales del Estado para 2021 es algo más que esa formalista previsión de ingresos y gastos que la Constitución exige que se presente anualmente. Ese pacto presupuestario es el disfraz de la gran coalición de extrema izquierda que ha tomado el poder en España, y que ha hecho que ERC y EH Bildu pasen a formar parte de «la dirección del Estado», pero con las mismas intenciones con las que un suicida toma la dirección de un coche con ánimo de estrellarlo contra un muro. Estos socios han dicho por activa y por pasiva que quieren una república catalana y una república vasca, y que este pacto es un medio para conseguir una y otra. El sueño de la extrema izquierda es este y lo están convirtiendo en realidad. Sánchez tenía este plan desde que llegó a La Moncloa, y no ha sido Ciudadanos quien ha desvelado la naturaleza política del presidente del Gobierno. Ya era conocida, y se refleja en la falta absoluta de pudor que le permite pactar con proetarras y golpistas. No se trata de «normalidad democrática». Es un escándalo sin paliativos, que el PSOE presenta como normal simplemente porque ha perdido la ética política. Sentirse cómodo con partidos que legitiman el terrorismo o que han pretendido romper España no es un síntoma de normalidad, sino de degradación democrática.

La aprobación de los Presupuestos con esta mayoría de extrema izquierda no será un episodio efímero, a la vuelta del cual Sánchez se moderará. Por el contrario, será la prueba de que se ha superado un límite que parecía infranqueable sin que suceda nada relevante allí donde debía producirse, que es el PSOE. Si los socialistas callan y consienten este pacto con quienes hoy justifican a quienes los mataban y con quienes están en la cárcel por golpistas, ETA y el separatismo tendrán su preciada victoria en el relato contra la democracia española y la Constitución de 1978, porque, manteniendo sus objetivos de acabar con ambas, aquel PSOE de los cien años de honradez los ha puesto a los mandos del Estado que quieren destruir.

¿Esta es la España que nos merecemos?
Editorial larazon 29 Noviembre 2020

Revelador título el elegido por el PSOE para que Pedro Sánchez pudiera marcar posición sobre la situación política en un momento de confusión y deriva: «La España que nos merecemos». Los mensajes son ambivalentes y, cada vez más, vacíos de contenido. Pueden significar eso y lo contrario: la España que entre todos ha construido uno de los momentos más prósperos de su historia moderna, o la que hemos dejado en manos del peor Gobierno de la democracia. Pues en ese escenario de malísima «agitprop» para consumo interno el presiente del Gobierno hizo una declaración de principios que es síntoma de la falsedad que no puede ocultar por más que se empeñe en adornarla con frases almibaradas, como es la naturaleza de los pactos de investidura y ahora revitalizados con el Presupuestos Generales del Estado. Asegura sentirse «comprometido con el pacto constitucional en todos sus términos y extremos», con una Carta Magna «conquista alcanzada con la lucha y el sufrimiento de los demócratas antifascistas». Esa declaración no sólo rompe dicho pacto y lo manosea en beneficio propio, pues su base era la reconciliación entre bandos –como la composición de la propia Comisión Constitucional reflejaba: desde el franquismo reformista hasta el comunismo–, sino que los que precisamente votaron en contra o se abstuvieron en el referéndum de diciembre de 1978 fueron todos y cada uno de los actuales socios Sánchez: PNV (abstención porque no colmaba su aspiraciones nacionales), la izquierda abertzale representada abiertamente por ETA (que se dedicaba a asesinar: 64 muertos en 1978; 84 en 1979; 93 en 1980...) y ERC, que organizó un campaña en contra (aunque su único diputado en Madrid, el xenófobo Heribert Barrera, se abstuvo). De estar en activo ese Ministerio de la Verdad que quiere poner en funcionamiento para contrarrestar informaciones desfavorables al Gobierno, lo dicho ayer por Sánchez en un «fake».

Un mentira que sólo busca ahondar aún más la trinchera que este Gobierno viene cavando desde su constitución. El PSOE de Sánchez está trabajando denodadamente por el final del pacto de la Transición porque, de hecho, es la consecuencia inevitable de tener como socios a los que abiertamente quieren acabar con el orden constitucional. Su discurso de ayer pasará a la historia como una de las piezas más vulgares pronunciadas por un secretario general socialista. Su defensa del pacto con ERC ya es difícil, poniendo encima de la mesa cuestiones como la desaparición del castellano como lengua vehicular en la enseñanza y ahora utilizando a los independentista como piqueteros contra el régimen fiscal de Madrid, parece imposible argumentar que pactar con Bildu es en beneficio de España. Sánchez comete un grave error, una infamia política: no se puede gobernar dejando fuera a la mitad de los españoles.

A lomos de un tigre
Luis Herrero ABC 29 Noviembre 2020

Soy uno de los estúpidos que se ha equivocado en casi todo a la hora de predecir los movimientos políticos de Sánchez. Mi razonamiento no era malo, pero se apoyaba en un puñado de premisas equivocadas.

Para empezar, di por cierto que el calendario electoral en Cataluña iba a impedir el apoyo de ERC a los Presupuestos. No tenía mucho sentido imaginar una aguerrida campaña de ataques al Gobierno de un Estado opresor que niega la autodeterminación y mantiene en la cárcel a los líderes del movimiento independentista después de haberle salvado el cuello en el trance más comprometido de la legislatura. Sus votantes no lo entenderían, pensé.

Tampoco parecía de recibo que el PSOE recibiera con los brazos abiertos la colaboración de Bildu. Cuando Otegui apoyó una de las prórrogas del estado de alarma a cambio del compromiso gubernamental de derogar la reforma laboral, el escalofrío que recorrió la espina dorsal del partido socialista dejó sin aliento a muchos de sus dirigentes.

Las encuestas hicieron parpadear señales de advertencia. Sánchez se asustó, al ver que pisaba arenas movedizas, y dio marcha atrás de un día para otro. Me dio por pensar que la experiencia del amago le habría vacunado por una larga temporada. Esas dos circunstancias -la inoportunidad del apoyo catalán y la toxicidad del vasco- parecían señalar a Ciudadanos, el plan B, como la apuesta más segura.

A favor del pacto con Arrimadas había media docena de argumentos imbatibles. Uno: lo estaban demandando, en el Gobierno y en el partido, ministros, barones y ancianos de la tribu. Dos: era la opción preferida de la Comisión Europea. Tres: situaba a Sánchez en la zona de moderación ideológica en la que suelen macerarse las victorias electorales. Cuatro: dificultaba un hipotético movimiento de reagrupación del bloque de la derecha. Cinco: tranquilizaba a los agentes económicos que deben ayudarnos a salir de la crisis. Y seis: podaba extravagancias programáticas que podían dificultar la llegada de los fondos de recuperación movilizados por Europa.

Frente a ese pliego de ventajas solo había una pega: el empeño de Iglesias por impedir la llegada de Arrimadas a la sala de máquinas del poder. Es verdad que la cohabitación de Podemos y Cs en la misma mayoría parlamentaria parecía un imposible metafísico meses atrás, pero las noticias que últimamente llegaban de un lado y otro parecían indicar que ambos partidos estaban dispuestos a taparse la nariz para prolongar una legislatura que a ninguno de los dos le convenía dar por finalizada.

Sin esa coyunda contra natura -pensaba yo- los Presupuestos no saldrían adelante y Sánchez se vería obligado a convocar nuevas elecciones. Ni por asomo se me cruzó por la cabeza que, en las actuales circunstancias, Iglesias pudiera resucitar a Frankenstein.

Pero lo hizo. Convenció a Junqueras para que encarara las elecciones autonómicas como socio de Sánchez, logró que el PSOE le perdiera el miedo al pacto con Bildu, levantó muros infranqueables alrededor del apartheid de Ciudadanos, mandó a hacer puñetas los deseos del Ibex, le tapó la boca a los ministros disconformes, saludó a la UE con el pulgar erecto y consiguió que el Gobierno se tirara al monte. «Hemos obligado al Estado -dijo Gabriel Rufián para saludar la machada del caudillo podemita- a sustentarse en el republicanismo independentista de izquierdas catalán y vasco».

Que el independentismo pudiera pavonearse de haber convertido al Estado en su rehén es algo que jamás pensé que un Gobierno permitiría. De ahí mi estupidez. Tenía la candorosa esperanza de que no pudiera pasar. Y si pasaba, que el Gobierno que lo propiciara se fuera a pudrir malvas en las encuestas.

En Moncloa, en cambio, piensan que está sucediendo lo contrario. Me llegan ecos de que andan entusiasmados porque sus estudios indican que se están merendando el electorado de Podemos y mantienen cautivo al de toda la vida. Creen que el tigre que cabalgan les está llevando al paraíso de una mayoría aplastante. Me gustaría apostar pincho de tortilla y caña a que ese tigre acabará por devorarles, pero no sé si al hacerlo estaría confundiendo los deseos con la realidad. A veces pienso que vivo en un país que ya no conozco.

El desastre del centro derecha en Cataluña
Francisco Marhuenda. La Razón 29 Noviembre 2020

Dentro de pocos meses, Cataluña marcará el futuro del centro derecha español mucho más de lo que sería de esperar en unas elecciones de estas características. No hay que restarle importancia, por supuesto, a los efectos que tendrá en otras formaciones. El PSOE parte de una situación muy favorable y nada indica que vaya a retroceder, sino que incrementará su resultado e incluso puede soñar con la posibilidad de un tripartito con ERC y En Comú Podem, la marca asociada a Pablo Iglesias y liderada por la poderosa e independiente Ada Colau.

A pesar de su alma centralista, el líder absoluto de Podemos tiene que aceptar que la alcaldesa de Barcelona tenga su peculiar reino de taifas dentro del complejo mundo podemita. Es su igual, le guste o no, y siempre ha hecho de tripas corazón en las complejas relaciones que mantiene con ella y su equipo. Es un espacio donde reina la confusión y es una casa común, tanto a nivel nacional como catalán, donde caben las más diversas sensibilidades de la izquierda más allá del PSOE. Hay socialismo radical, comunismo, populismo, anarquismo, antisistema… vamos, una auténtica empanada ideológica cohesionada alrededor de la marca Colau.

Es algo similar a lo que sucede con Unidas Podemos y el hiperliderazgo de Iglesias, donde a ambos les une la ambición por el poder y haberse convertido en una eficaz agencia de colocación siguiendo la misma línea que el denostado sistema que tanto criticaban. Por supuesto, mantienen las reivindicaciones contra la monarquía burguesa, el capitalismo y el blablablá progresista propio de los pijo progres, aunque ahora reciclados gracias a unos cargos y sueldos que les han otorgado un estatus económico que nada tiene que ver con lo que tenían cuando saltaron a la política para salvar a la clase trabajadora y conducirnos a la distopía revolucionaria.

El PSC de Iceta da de si lo que quiera Sánchez, que ahora es su líder auténtico y su mayor activo electoral. Nunca el socialismo catalán había alcanzado una cota de dependencia tan grande, ni siquiera en tiempos de Felipe González y Alfonso Guerra. Es verdad que también es la consecuencia de no contar con líderes con carisma. Les falta una Ada Colau o, como le hubiera gustado al presidente del Gobierno para su partido en Madrid, una Carmena. Estos liderazgos planitos, instalados en un gris insufrible, que se han enquistado en la política explican la dispersión del voto que sufrimos desde hace tiempo.

El frente independentista se ha convertido en un galimatías impresionante. El espacio postconvergente anda a la greña y es su mejor pasaporte a la hora de ceder a ERC la victoria y, por tanto, la presidencia de la Generalitat. Esto no descarta que se repita la actual coalición de gobierno, salvo que la formación de Junqueras sume con el PSC y En Comú Podem. A Sánchez le viene bien cualquier resultado, porque el independentismo ya está domesticado y sirve bien a sus intereses. No es casualidad que el presidente del Gobierno haya cedido tantas bazas a ERC en la negociación de los Presupuestos Generales con el fin de fortalecer su candidatura en las catalanas y ayudarle a liderar el espacio independentista. Sánchez es mucho más listo de lo que creían sus rivales a la hora de defender sus intereses.

No obstante, la gran victoria del inquilino de La Moncloa estará en el desastre del centro derecha en Cataluña que podría tener su colofón si Vox consigue superar al PP. Los constitucionalistas tuvieron su gran oportunidad en las anteriores elecciones con la victoria de Ciudadanos, pero los votantes no sabían que Cataluña para Rivera y Arrimadas era meramente instrumental. El objetivo era gobernar España, aunque todo fue finalmente un fiasco y ahora Rivera se ha reciclado como abogado, que incluso tiene por cliente al PP, y su antaño devota escudera anda persiguiendo su supervivencia y la de su equipo. Con el tiempo, el bueno de Albert recibirá la oferta de Casado de volver al PP de su juventud. Ciudadanos se encuentra en horas bajas. Después de la fulminante depuración de Lorena Roldán para poner a dedo a Carrizosa, que es uno de los fieles de la «ciudadana de hierro», así como los errores en la negociación de los Presupuestos y su entreguismo con La Moncloa es fácil augurar una caída espectacular.

En cambio, Vox se encuentra en su mejor momento y no hay duda de que conseguirá un buen resultado, porque no tiene representación y lo podrá vender como un gran éxito que puede ampliarse si se confirman algunas encuestas que le dan por delante del PP. Es cierto que la mejor encuesta es el día de la votación, pero soñar es gratis. En cambio, la situación para los populares es más preocupante. Nada indica que pueda obtener un buen resultado como sucedió en la época de Alicia Sánchez-Camacho, que fue el mejor que ha obtenido esta formación en unas catalanas, y solo puede aspirar a salvar los muebles si se sitúa por delante de Vox. No consigue atraer el voto constitucionalista del centro derecha catalán y es algo sobre lo que tendría que reflexionar.

Es verdad que desde los tiempos de AP no consigue encontrar la fórmula, y eso que las ha probado todas, aunque generalmente con poca convicción y menos continuidad. Nunca ha existido un proyecto sólido y creíble. En cambio, Rivera lo consiguió, pero su falta de interés y su desbocada ambición hizo que lo malograra. Todo hubiera sido distinto manteniendo a Arrimadas, pero el sueño de La Moncloa los deslumbró y prefirieron el camino fácil que les ha conducido al desastre. Es curioso que pase lo que pase el seguro ganador es Pedro Sánchez, porque conseguirá domesticar finalmente al independentismo y contemplar el desastre que cosechará su oposición en el Congreso.

La tortura china
Nota del Editor 29 Noviembre 2020

Sigue cayendo la gota, derecha, derecha, centroderecha, centroderecha mientras el PP y C's siguen su camino de autodestrucción, y esperemos que no causen tantos daños colaterales como el PSOE. La única solución es Vox y cuanto antes se den cuenta los depsistados, antes podremos comenzar a recuperar nuestros derechos humanos y constitucionales que el comunismo panzismo nos está robando.

Arrimadas, Abascal, Casado, ¿y ahora qué van a hacer ante el Frente Popular?
ESdiario 29 Noviembre 2020

Sánchez no ha elegido socios ahora, los tiene desde 2018. Y esa alianza se perpetuará si el centroderecha sigue instalado en la división y el enfrentamiento.

A nadie debe sorprenderle que Inés Arrimadas anunciara este jueves su negativa a respaldar los Presupuestos de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias. Pero a menos todavía debe pillarle por sorpresa que el presidente del Gobierno haya elegido como únicos socios a lo mismo que el auparon al poder en 2018 y le mantienen en él desde entonces.

El aparente diálogo entre el PSOE y Ciudadanos ha sido más, desde el primer momento, una mera pose de ambos, en la búsqueda de un beneficio efímero. Para Sánchez, era una forma de maquillar su apuesta estable por unos aliados siniestros y simular una disposición al diálogo transversal que, en realidad, jamás ha existido.

Y para Ciudadanos, era un manera de ocupar espacio, recuperar protagonismo perdido y poder decir, llegado el caso, que ha hecho lo imposible por salvar al país de la deriva sectaria en lo político y suicida en lo económico emprendida por Sánchez.

Es cierto que al presidente se le ha achicharrado ya el discurso de que su entendimiento con Bildu o ERC era una imposición derivada de la falta de alternativas. Pero no lo es menos que encontrará cualquier otro argumento para justificarlo y que éste tendrá la suficiente complicidad mediática para prosperar, aunque sea otra de sus falacias.

Frente a ese hipotético beneficio, sin embargo, los perjuicios de la actitud de Ciudadanos se antojan mayores. Para empezar, porque han sido una excusa para que Sánchez profundizara en su verdadera alianza, simulando un diálogo más amplio que en realidad ha utilizado para culminar sus pactos con mayor nocturnidad.

El centroderecha no puede alertar sobre el futuro de España y contestar luego con división y pugna entre sus partidos

Y eso ha tenido dos consecuencias bien perniciosas. De un lado, ha cohesionado más que nunca a los socios de Gobierno con sus lamentables aliados, con una hoja de ruta que culmina con los Presupuestos pero ha incluido, en este tiempo, intentonas fracasadas o culminadas del ramillete de leyes e imposiciones más lamentables en mucho tiempo, desde la educativa hasta la judicial pasando por la liberticida del "Ministerio de la Verdad".

Y de otro lado, en una clara antítesis, el centroderecha se ha fragmentando aún más: si para VOX la moción de censura fue más una forma de promocionarse ante el PP que de relevar a Sánchez; para Ciudadanos el acercamiento al Gobierno ha sido su táctica para no verse engullido por todo.

Nuevas fórmulas
El resultado de todo ello es que, mientras el Gobierno se blinda con Otegi y Junqueras, capitalizados por Iglesias pero usados por Sánchez; PP y Cs han roto sus alianzas electorales en Cataluña y VOX dedica su tiempo a estudiar cómo vengarse de Pablo Casado.

Una jugada redonda para el sanchismo.
Por todo ello, el centroderecha ha de olvidarse de sus intereses gremiales y, si tan preocupado está de verdad por el futuro de España, trabajar en serio en qué fórmulas son mejores para traducir en escaños sus votos y ofrecer resistencia a un proyecto lamentable encabezado por un presidente sin principios, secundado por otros dirigentes sin escrúpulos. Ante eso, o PP, Cs y VOX encuentran una alternativa o acabarán siendo cómplices de que todo ello se perpetúe.

Otegi nos democratiza, Rufián sube impuestos en Madrid y el Supremo pierde las 40 maletas de Delcy. ¡Aleluya!
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 29 Noviembre 2020

La ETA dice que nos va a democratizar, Rufián sube los impuestos en Madrid y el Tribunal Supremo dice que Ábalos no cometió delito alguno. Pero la Oposición espera tranquilamente a ganar las elecciones.

Va tan rápida la destrucción del sistema constitucional en España, que las afrentas a la nación, los delitos del Gobierno contra el Estado y las prevaricaciones judiciales se suceden a diario, por horas, casi por minutos. En una semana hemos oído al pistolero etarra llamado "El Gordo", que Zapatero y el reinventado Rubalcaba convirtieron en "hombre de paz", en una alocución emitida en directo simultáneamente por la primera cadena de la televisión pública y por La Sexta, la de más audiencia entre las privadas, para anunciar su condición de socio de presente y de futuro en el Gobierno de Iglesias, presidido por Sánchez, para "democratizar" el Estado Español. A cambio, Marlasca sigue acercando a casa a los más sanguinarios etarras. Todo el Gobierno, sin excepción audible o escrita, han saludado la entrada del partido de la ETA (al que le dan el pésame si un etarra se suicida) en lo que Iglesias ha llamado, con absoluta precisión, "la dirección del Estado".

ETA y ERC en la "dirección del Estado"
En un formidable artículo en El Mundo, Javier Redondo recurría a su experiencia en eso que Rita Maestre -para halagar en La Tuerka a su entonces jefe, el lujurioso Iglesias- llamaba "el soviet de la Complu":

"Todo el que conoce las entrañas del islote naranja, pastoso y gris del campus de Somosaguas sabe dos cosas: que Iglesias sólo necesita ganar una vez -gracias a Sánchez ni siquiera ganar- y que el núcleo fundador que se zampó a IU representa lo mismo que Bildu en clave nacional.”. Y el resultado de esa operación a tres bandas ETA-Podemos-PSOE sería que “Otegi es hoy el primer barón de Iglesias, líder del Bildu nacional y vicepresidente curtido en la agitación y violencia callejera”.

Los dos partidos comunistas, la ETA y Podemos -o Frapemos-, se refuerzan mutuamente. Y con ellos, ERC, partido que recoge la herencia terrorista de Terra Lliure y el golpismo de la izquierda separatista catalana. Esas tres fuerzas, más la CUP y otros movimientos igualmente comunistas son los que completan la mayoría de gobierno que preside Sánchez, pero cuya política, como demuestran todos los días, dirigen realmente ellos.

Esto es lo que no entienden los partidos ni los medios que se situaban "a la derecha de la izquierda" y ahora "en el centro, entre Podemos y Vox": Sánchez no puede hacer lo que quiera con sus aliados porque la fuerza de ellos es estar juntos frente a cualquier cambio de alianzas. Nunca hubiera podido pactar con Ciudadanos -si hubiera querido- porque le habrían hecho caer comunistas y separatistas, obligándole a convocar elecciones. Que, en principio, según las encuestas, podrían repetir la situación actual… o no. Y no va a correr el riesgo de convocar elecciones para mejorar su posición en esa alianza porque ya lo hizo y le salió el tiro por la culata. No lo repetirá.

Los tres partidos de oposición, PP, Vox y Ciudadanos, parecen ver las cosas del mismo modo: Sánchez terminará la legislatura. Hay, pues, se dice el PP, que esperar que el desgaste de gobernar y el desastre económico facilite una alternativa tan cómoda como la de Rajoy en 2011 tras la crisis financiera, que le permitió heredar a Zapatero sin hacer apenas oposición. Mientras, hay que tratar de eliminar uno de los tres partidos de derechas que permiten la dispersión del voto y el triunfo de Sánchez y sus aliados.

Si sólo hay dos, piensa la lechera de Génova, el segundo tendrá que pactar con el primero, que será el PP, así que absorberemos a Ciudadanos, que es el eslabón más débil. Cuanto más exageremos la distancia con Vox, más votos de Inés llegarán, si para entonces no se ha pasado ya la propia Inés. Tras el previsible batacazo catalán, será el momento de hacerles una opa amistosa y, si la rechazan, hostil. ¿Vox? Lo hemos echado a palos del juego de alianzas. Si ganamos en las urnas, gobernamos con el PSOE y los nacionalistas, que pactarán con nosotros con tal de que no gobierne Vox.

La ceguera ante la revolución
El problema del análisis del PP es que parte de una base equivocada: que padecemos un gobierno de izquierda, no un proceso revolucionario. O de que existe un proceso revolucionario, pero que, al pertenecer España a la UE, no podrá desbordar los límites de un gobierno de izquierda. O sea, que la Oposición a Sánchez la harán los Pirineos y las instituciones europeas. El caso es esperar. Atizarle todos los días a Vox para que se nos vea dentro de una continuidad aceptable para el PSOE y el nacionalismo moderado. Tres años pasan rápido; la crisis económica y el miedo a Podemos nos llevarán en andas a la Moncloa. Y en el Gobierno, se hará lo que se pueda. Y punto.

El pequeño detalle que los inteligentísimos estrategas de Génova 13 pasan por alto es que Otegi, Iglesias y Junqueras no dirigen o encarnan partidos políticos sino movimientos revolucionarios que buscan derribar juntos el régimen constitucional. Y que no van a esperar la alternancia pacífica de 2023 si pueden dar el tajo antes de llegar a las urnas, o en ellas, sometiendo el derecho de autodeterminación de Cataluña y País Vasco a un referéndum que Madrid llamará consultivo y Bilbao y Barcelona, ejecutivo. Lo pueden hacer coincidir con las elecciones generales y ya se encargarán los expertos podemitas y sociatas de que salga lo que tenga que salir.

Iceta dijo tras fracasar el Golpe de 2017 que hacían falta diez años para cambiar la terca opinión de los españoles sobre la independencia de Cataluña. Llevamos tres; con los tres de legislatura, seis. Para qué, se dirá el vicepresidente de la Generalidad, llegar a diez, si se van a enfadar tanto Iglesias, Otegi y Junqueras. Cortamos y ya. Total, enfrente no hay nadie y siempre podemos ofrecer que se alargue el plazo y les damos más tiempo. Lo que la gente no quiere es líos. Y con nosotros, el lío está bajo control.

Pero tras el humillante episodio de Rufián imponiendo al Gobierno, obediente a sus deseos, la subida de impuestos a la Comunidad de Madrid, ¿no creerá Casado que Iglesias, Junqueras, Sánchez y Otegi se asegurarán de la limpieza de las elecciones y de los plebiscitos, si los hay, en 2023? ¿No pensará que, como él está en proceso de aove presidencial, acreditados enemigos de la Nación y la Libertad como ellos respetarán su cuarentena ideológica o dormición electoral, y entregarán el Poder como Rajoy, entre copas y lloros, sin alertas antifascistas o embutiendo votos en las urnas?

Por supuesto que no. Ni la ETA ni el golpismo catalán, ni Podemos y sus padrinos venezolanos, duchos en robar elecciones (véase Capriles), van a permitir la derrota de 'su' revolución por unos cuantos votos. No bastarán observadores internacionales ni nacionales. Aún no se sabe qué ha pasado en las elecciones norteamericanas ni qué pasó el 11-M, salvo que iniciamos, bajo la pachorra del PP, el camino que nos ha traído hasta aquí. La ilusión de que dentro de tres años podrá haber elecciones con las garantías y la paz civil que requiere una democracia es una forma de ceguera o de cobardía; de cobarde ceguera o de ciega cobardía, del más miserable de los oprobios.

El Supremo pierde cuarenta maletas de decoro
Al final, no serán la covid19, ni la economía, ni la Unión Europea las que decidan la suerte de esta vieja nación y su antiquísimo Estado. Son las togas que debían defenderlo las que están liquidando el imperio de la Ley. Desde la infame sentencia prácticamente absolutoria de la Sala de lo Penal del Supremo en favor de los golpistas que se rebelaron contra el orden constitucional en Cataluña y la sentencia, de otra sala del mismo tribunal, la de lo 'Tendencioso-Administrativo', ordenando la urgencia de asaltar la tumba de Franco y de privar de derechos civiles a su familia, para halagar los bajos instintos de los politicastros que pueden ascenderlos y colocarlos, no se veía un caso tan bochornoso de politización como el de otra sala del Supremo absolviendo de cualquier delito al ministro Ábalos por recibir y agasajar a una delincuente internacional en búsqueda y captura por delitos tan graves como ser una de las cabecillas del narcotráfico en Venezuela y atentar gravísimamente contra los derechos humanos.

Antes, un juez de los de ahora, del género interpretativo, llegó en una sentencia cariñosa a la peregrina conclusión de que presentarse en Barajas con cuarenta maletas de oro, cocaína y dinero no era pisar suelo español, porque ni el cielo ni el suelo enmoquetado de la sala VIP en que pernoctó Delcy Rodríguez junto al ministro de Fomento, enviado por el presidente del Gobierno y aleccionado por el ministro del Interior, no es territorio español. O sea, que Ábalos abandonó España y se adentró en Babia sin ninguna necesidad. Y Sánchez y Marlaska le gastaron una broma pesada.

El Supremo corrigió al juez Serrano-Arnal, por no decir que lo humilló, recordando que el espacio aéreo de España es territorio español, y que "suelo y vuelo", según fórmula bruñida por años de jurisprudencia, lo acreditan sobradamente. Pero después incurrió en una ridiculez aún mayor, diciendo que Ábalos no cometió delito sino una especie de incorrección política que sólo políticamente debe juzgarse. Y que Ábalos es inocente. Es sorprendente que una denuncia por un hecho sólo político se haya admitido en un juzgado, y que de hecho se juzgue al corregir otra sentencia, pero que, a la vez, el Supremo se niegue a sí mismo la capacidad de juzgarlo. Si no supiéramos que los jueces españoles son los únicos del mundo inmunes al soborno por el narcotráfico, pensaríamos que de las cuarenta maletas que Delcy Rodríguez dejó en España, unas cuantas acabaron en los juzgados.

Porque dejar cuarenta maletas, recipiente habitual del narcorrégimen de Caracas para guardar oro, piedras preciosas, cocaína o divisas, en pleno Madrid, gracias a que el ministro favoreció que no pasaran por la aduana, es un alijo de tal envergadura, de tan enorme entidad delictiva, que sólo en un estado de enajenación gubernamental -ya he citado algunos casos muy similares y recientes- puede entenderse semejante olvido en la sentencia.

Balance de una semana de atropellos
No sólo que la número 2 de Maduro sea una acreditada narcotraficante y genocida, de ahí que internacionalmente la busquen la Interpol, el FBI, la DEA y cualquier policía de cualquier Estado decente para apresarla. Es que el propio presidente del Gobierno en una de sus muchas explicaciones que desmentían explicaciones anteriores -sólo Ábalos dio entre cinco y once versiones, según los distintos medios - justificó la irregularidad legal que había cometido para evitar una "crisis diplomática". ¿Cómo iba a haber "crisis diplomática" si todo quedaba sujeto a la interpretación política? ¿Y cómo la donosa salida jurídica del Supremo no se ocurrió a nadie? Es más: ¿cómo es posible que nadie la crea y todos la critiquen por lo bajo?

Yo creo que, después de lo de la ensoñación del Golpe en Cataluña, del asalto a la tumba de Franco y el vilipendio judicial a su familia, de la reincorporación del golpista Trapero a su puesto tras amable sentencia de la Audiencia Nacional, mientras "el viejo guardiacivil", como llama Iglesias a Pérez de los Cobos, ha sido destituido por defender la Ley contra el Golpe, la sentencia que absuelve a Ábalos del delito por el que el propio Gobierno se disculpó, reputándolo imposible, llueve sobre mojado y encharcado. El problema, la prueba del crimen de lesa legalidad, son esas cuarenta maletas por cuyo contenido y destino ni siquiera se pregunta el Tribunal Supremo.

La ETA dice que nos va a democratizar, Rufián sube los impuestos en Madrid y el Tribunal Supremo dice que Ábalos no cometió delito alguno al agasajar y proteger a una delincuente internacional en vez de detenerla, como mandan los convenios internacionales firmados por España. Pero la Oposición espera tranquilamente a ganar las elecciones dentro de tres años. La verdad es que ya no sabe uno si echarse a reír o echarse a llorar.

Loyola y la vil recogida, en 2020, de las nueces de ETA
Alfonso Merlos estrella digital 29 Noviembre 2020

Siempre es posible empeorar una gestión, dañar una relación, alimentar una discriminación… profundizar en una capitulación. Algo de todo eso hay en la decisión que ha tomado el presidente del gobierno, infausta, una entera deshonra, de entregar el cuartel de Loyola, del Ejército, al PNV, pasando a depender las instalaciones en adelante del Ayuntamiento de San Sebastián. Todo, en virtud de un chantaje por el que abiertamente se pasa para sacar adelante los Presupuestos Generales del Estado.

El simbolismo de esta cesión insólita es muy alto, los caprichos del inquilino de Moncloa nos están empezando a salir muy caros a los españoles, no sólo en el aspecto rigurosamente económico; y la deriva es hacia tal punto de deterioro general que, precisamente como me apuntaba un viejo y laureado uniformado esta misma semana, “esto no puede acabar bien”. De despropósito en despropósito y quien a Dios se la dé San Pedro se la bendiga.

Esto no puede acabar bien porque la humillación a las víctimas del terrorismo (a las que se prometió engoladamente ‘memoria, dignidad y justicia’) continúa. ETA intentó acabar en más de media docena de ocasiones con ese recinto que ahora se abandona, del que se huye. Jamás lo consiguió a pesar de las amenazas y las bombas, precisamente porque desde allí se preparaban importantísimas operaciones para detener ‘comandos’, identificar pisos francos o localizar material explosivo, estuviese donde estuviese escondido por aquellas sanguijuelas, muchas aún huidas y en busca y captura por la Audiencia Nacional.

La traición a todo aquello por lo que hemos luchado como nación y a todos los sacrificios que tuvieron que asumirse para doblegar a una organización asesina está fuera de toda duda. Durante años se le reprochó al PNV y, desde luego al brazo político de la banda (Batasuna o como se llamase el engendro), que mientras Ternera y sus pistoleros sacudían el árbol, ellos recogían las nueces: endosaban a su cuenta corriente, de manera infame, el precio de la violencia.

Erradicar el castellano, dentro y fuera de las aulas
Editorial ABC 29 Noviembre 2020

Cualquier rastro del Estado en Cataluña es un obstáculo para el separatismo, y la lengua es la más poderosa herramienta de integración nacional

La pérdida de la condición de lengua vehicular que el castellano tenía en la enseñanza, donde hasta ahora ha servido de elemento vertebrador, no solo va a permitir a la Generalitat acelerar su proceso de inmersión lingüística, sino que va a normalizar la persecución del idioma de todos en Cataluña, incluso en el ámbito privado. Cualquier rastro del Estado en Cataluña es un obstáculo para el separatismo, y la lengua es la más poderosa herramienta de integración nacional. Pese a que el grado de conocimiento del catalán no ha dejado de crecer en las últimas décadas, el objetivo es eliminar cualquier rastro del castellano, como pide el manifiesto Koiné, firmado por las últimas consejeras autonómicas de Cultura, o exige la Plataforma per la Llengua, subvencionada con fondos regionales. No es nueva esta campaña de persecución del idioma que nos une, pero sí las facilidades que el propio Gobierno de España, de espaldas al interés general y al de los propios catalanes, ha dado a sus promotores.

Nacionalistas de 1ª, españoles de 2ª… o de 3ª
Editorial Estrella Digital 29 Noviembre 2020

Estremecidos, enfurecidos… pero a estas alturas de la película ya curados de espanto, los ciudadanos han visto ante sus televisores y leído en portales como ESTRELLA DIGITAL que el presidente Sánchez ha subido un 75% la inversión en Cataluña hasta un récord que supera el del establecido en el tan traído y llevado, y por descontado inconstitucional, ‘Estatut’.

El pacto del PSOE con Esquerra Republicana, la alianza estratégica con Rufián y sus huestes contempla una apuesta de colocación de montañas de millones de euros en esa Comunidad Autónoma muy superior a su aportación al PIB nacional. ¿Por qué? Y, ¿por qué ahora?

Las preguntas, como es obvio, son retóricas, pero al mismo tiempo son la constatación de lo que al presidente se le señaló en su día y sobre lo que se le advirtió duramente cuando se lanzó a la aventura de alto riesgo de configurar un ‘gobierno Frankenstein’. En modo alguno tendría la sartén por el mango y, evidentemente, la poltrona de La Moncloa tendría que ser abonada, plazo a plazo, implacablemente, a sus variopintos prestamistas, éstos de casi todo pelaje y más bien escasos de principios.

El acceso al poder, en efecto, conlleva por regla general -salvo ante mayorías aplastantes y raras- una serie de peajes. Hasta ahí nada extraordinariamente bizarro. Ahora bien, lo inaceptable, lo merecedor de reproche y censura indubitada es esa actitud constante trabajada por distintos de los predecesores de Sánchez, pero acentuada y agravada por éste, que pasa por discriminar a los españoles leales con el Estado y premiar, una y otra vez, a los subversivos.

Resulta simplemente escandaloso e intolerable. ¡Degradante! Y se entiende así, entre otras razones, que habitantes de Madrid o Extremadura o Andalucía (no sólo votantes del PP) se sientan traicionados, engañados, burlados en definitiva por un Estado que casi nunca está cuando se le espera pero que exprime sus bolsillos a través de sus implacables fauces para entregar el botín, miserablemente, a los independentistas que luchan cada día por la fractura y por la voladura de la convivencia. Mal, no; mucho peor que eso.

Jaque del vicepresidente
El líder de Podemos se siente fuerte tras negociar los Presupuestos e imponerse a otros ministros. Se ve blindado en Moncloa al consolidar el bloque de legislatura con la pinza de ERC y Bildu
Rocío Esteban larazon 29 Noviembre 2020

No fue baladí la siguiente afirmación pronunciada por el entonces tan solo líder de Unidas Podemos, Pablo Iglesias, apenas un mes antes de que se formara el primer gobierno de coalición en España desde la segunda República. «El bloque de la moción de censura está llamado a asumir la responsabilidad de la dirección del Estado». 9 de diciembre de 2019.

Se refería el hoy vicepresidente segundo del Gobierno a reforzar una mayoría parlamentaria que hoy da como resultado su sustento y blindaje en Moncloa. La pinza con ERC y Bildu. Una alianza que hasta la entrada de Iglesias en el Gobierno era efímera y que él mismo comenzó a tejer en 2018 con el éxito de la moción de censura gracias al aval del bloque de izquierdas en la Cámara Baja, previa intercesión de Unidas Podemos, quién fuera artífice negociador de una mayoría que logró echar a Mariano Rajoy del Gobierno.

Un año después, Iglesias se congratula ahora de que la que fuera una declaración de intenciones hoy puede explicarse como su «seguro de vida» político para garantizar su estabilidad e influencia tanto dentro del Gobierno, y con el PSOE, y también en el Congreso de los Diputados. El recuerdo de unos Presupuestos tumbados, en 2019, todavía estaba vivo en Unidas Podemos, cuando también había ser el nexo del bloque «Frankenstein» que cobraba fuerza tras la moción.

Podemos logró este mes, tras negociaciones intensas, el sí de los cinco diputados de Bildu. Unidos hoy a los 13 síes de ERC, el mantra en Unidas Podemos es el mismo. El rédito de la ecuación es más que positivo: 18 votos asegurados que, unidos a los 35 morados en el Congreso proporcionan la suma de 53 diputados para atar al PSOE siempre a la misma coordinada dispuesta a facilitar la estabilidad de la Legislatura con el fin de cerrar el paso siempre al bloque del centro derecha. Los votos del PNV, irían por otra interlocución –la de los socialistas–pero con el sí también de los nacionalistas vascos se refuerza todavía más ese bloque llegando a rozar los 179 apoyos de izquierdas en el Congreso de los Diputados. Se vale el partido del vice presidente de la unión del bloque independentista y el de la izquierda abertzale de luchar políticamente con los de Casado y Santiago Abascal y propicia así Iglesias la aritmética suficiente para que el presidente del Gobierno aleje la posibilidad de recurrir a la vía Ciudadanos en futuras negociaciones. Logra Iglesias ofrecer un «bloque de Gobierno» sólido con canal abierto en Moncloa. Es, éste uno de los objetivos prioritarios de los morados, conscientes del peligro de que los socialistas en el Gobierno traten de dar estabilidad a la vía naranja y, consecuentemente, el poder de Unidas Podemos en el Ejecutivo se vea desdibujado.

El análisis en el partido que hoy se celebra es que la pinza con ERC y Bildu les encumbra, afianza la influencia de Iglesias dentro del Gobierno como negociador siempre de una vía segura que logre superar las votaciones de las grandes leyes que el Ejecutivo someta a votación en el Congreso de los Diputados. Esa fotografía se vio reflejada en la enmienda presentada por Unidas Podemos junto al partido republicano y al abertzale para frenar los desahucios. Una suerte de presión a Pedro Sánchez que este jueves cobró el resultado deseado: que el Gobierno haya decidido blindar los desahucios por vía decreto ley. Hoy, con el «no» de Ciudadanos a las Cuentas Públicas, Iglesias ve reforzada su estrategia personal de forjar la alianza de izquierdas que blinda, según los análisis morados, a Iglesias dentro de la coalición y frente a las posiciones más moderadas en Moncloa que veían con buenos ojos un apoyo de los Presupuestos en el PP y Ciudadanos.

Con los Presupuesto Generales del Estado encarrilados, Iglesias también asegura ya abiertamente que «la coalición está fuerte» y lo justifica precisamente en las cuentas públicas. «Poca gente se podía imaginar que el bloque de la investidura se vería reforzado con el sí de Bildu, ERC, también del PNV…», aseguró el vicepresidente este mismo jueves para bendecir los apoyos, otra vez más haciendo referencia a «la dirección del Estado» en donde ubica a estos partidos. «Con estos apoyos se refuerza la dirección de Estado progresista y tenemos razones para estar satisfechos», sentenció.

Los próximos pasos en esta dirección tendrán un nuevo escenario. El próximo 14 de febrero en Cataluña. La intención de los morados es que la suma aritmética convertida en tripartito PSC, ERC y Comunes arrebate a JxCAT el poder del Parlament . Así los morados verían convertida en una realidad su idea de extrapolar el gobierno de coalición a nivel nacional a los territorios, conscientes de que es la única manera de que sus marcas blancas logren formar parte de los gobiernos autonómicos al carecer Unidas Podemos de una arquitectura sólida en las comunidades.

Ni los barones ni Felipe González
Javier Somalo Libertad Digital 29 Noviembre 2020

No hay otro PSOE que el que está en el poder y las sucesiones lo van empeorando. Hubo otros socialistas, eso sí. Pero la tradición de callarlos a tiempo acabó con la especie.

Dicen los que quieren rescatar a Pedro Sánchez que, una vez que consiga aprobar los Presupuestos le va a cantar las verdades del barquero a Pablo Iglesias. La tesis es que el pobre presidente se está tragando todos los sapos que le hacen posible gobernar para después mostrarse tal como es: un español convencido que presume de bandera, que odia a Bildu y a Otegi, que cree que Torra es un racista consumado y que, como prometió, sigue sin dormir por culpa de Podemos.

O sea que cuando ya tenga las cuentas aprobadas, el país arruinado, al Ejército expulsado de los feudos de sus socios, a los etarras en casa, a los okupas con subvención y a los periodistas críticos en Soto, podrá presumir de toda la hemeroteca, fonoteca y videoteca que se le cae encima, quitarse el disfraz negociador, echar a Iglesias, darle un Ministerio a Arrimadas y respirar tranquilo. Menudo sacrificio personal por España. Hay gente que lo cree y no son sólo del PSOE.

Pero si la tesis del travestismo heroico fallara, la siguiente boya para reflotar al "otro PSOE" es la de los barones socialistas, los tres mosqueteros, siempre vigilantes. Y, ¿cómo va la cosa después de las tremendas arcadas que dijeron padecer por el pacto del Gobierno Sánchez-Iglesias con Otegi y ERC? Pues como era de esperar.

Guillermo Fernández Vara dice ahora que no es lo que "más feliz" le hace pero que "no hay otra (alternativa) porque hay gente que se ha quitado del medio respecto a la responsabilidad sobre el futuro de este país". Pobre Arrimadas. ¿Lo dirá por el PP? ¿O por él mismo? Pelillos a la mar. Si el día 11 de noviembre, el pacto significaba "un fracaso como país" que le hizo salir "a la farmacia a por un antiemético", un par de semanitas después las náuseas quedan en esto: "Aquí se trata de tener Presupuestos Generales del Estado, los cuales son además excelentes para España y Extremadura". Viva el Orden y la Ley.

Emiliano García Page no ha tenido mucha agenda debido a unos problemas de salud de los que espero que se recupere pronto. Además de ser reelegido como presidente de las regiones europeas vitivinícolas que no pueden servir vino en los bares cerrados, el presidente castellano-manchego ha buscado su refugio en Alfredo Pérez Rubalcaba con motivo de la presentación del libro de Antonio Caño a la que no acudió ni un solo representante de Prisa.

Dice Page: "En esta jornada recuerdo de una manera especial a mi amigo Alfredo. La biografía Rubalcaba, un político de verdad de Antonio Caño, no puede llevar mejor título. Porque su forma de entender la política y su actitud incluyente no pasarán nunca de moda. Ni en el PSOE ni en España". A mí su forma de entender —y ejercer— la política siempre me pareció de las más peligrosas pero tengo muy claro que de Franco nadie se olvidará para intentar que nos olvidemos de ETA y del 11-M y del papel que el simpático socialista, que eso sí lo era, desempeñó en la negociación íntima y claudicante con la banda terrorista y en la grosera manipulación política en los tres días que nos llevaron a votar después del peor atentado de nuestra historia. De la vaselina con ERC y de aquel "no tiene un pase" con Bildu, ni un pasito más.

Javier Lambán opta por la autocensura de su ya natural escaso arrojo: "Hay tanto ruido y tanta bronca en la política española que los que apostamos por el acuerdo, por la centralidad y por la búsqueda de una buena gobernanza para el país tenemos que empezar a ser comedidos en nuestras declaraciones". Pues nada, tres negritos menos, como era de esperar.

No estará todo perdido. Si los barones callan, escuchemos a Felipe González, que dice tener un "sentimiento de orfandad representativa". En cuanto a los pactos de Pedro Sánchez sostiene que "ni ERC ni Bildu están interesados en un proyecto que fortalezca a España (…) yo no les reprocho falta de coherencia, tienen coherencia y estrategia, como también Pablo Iglesias tiene su estrategia de llevarnos a un Estado plurinacional con derechos de autodeterminación y en eso, naturalmente, converge con Bildu y con ERC".

Qué bien habla, así da gusto. Pero cuando Carlos Alsina le pregunta si el PSOE tiene acaso una estrategia, a González le sale la tesis del travestismo: "Yo no soy capaz de juzgarlo pero ya veremos, una vez que pasen los presupuestos, cómo se define ese proyecto de España". Pues hombre, con esos presupuestos poco proyecto de España queda. Después dijo que él no habría aceptado una interlocución con Bildu por ser contrarios a los intereses nacionales y porque "quieren acabar con España como espacio público compartido" pero, "más allá de los problemas que hay del terrorismo, que ya está en el pasado y que yo no quiero utilizar". Pues el único defectillo que le veo yo a Bildu es que debería ser ilegal precisamente por esos "problemas" de terrorismo que no están en el pasado; en el pasado están las vidas que se llevaron por delante y en el presente, los atentados que quedan por resolver.

Pues ya está. Eso es todo. Aun así, por si las palabras de Felipe González tuvieran algún efecto balsámico, el PSOE no tarda en salir a mostrar su especial cariño por el abuelito que, si evitara subordinadas, les daría mil vueltas.

Adriana Lastra ya había dicho antes: "Yo siempre escucho atentamente a nuestros mayores, pero ahora nos toca a nosotros. Somos una nueva generación a la que le toca dirigir el país y la dirección del Partido Socialista Obrero Español". Claro, se refiere a Celaá, Robles, Calvo, Ábalos… promesas del socialismo. O a Iglesias y Montero, mucho más próximos a ella en edad, ideas y experiencia. El propio González, parsimonioso, recomendó a la joven que se cuidara de mandarle callar. Creo que, en cualquier caso, debería suceder siempre al contrario.

Carmen Calvo cree firmemente que "la España que toca gobernar ahora es diferente a la de hace 20 años" y que la política de ahora es "mucho más compleja por muchas razones, por ejemplo porque el sistema de partidos es mucho más plural" y que lo que hay que tener es "claridad de objetivos", como lo son, dice, los presupuestos. "Es así de complejo y de simple al mismo tiempo", concluye Calvo, como cuando de pronto, en plena pandemia, se dio cuenta de que "Nueva York, Madrid, Teherán y Pekín están casi en línea recta, no exactamente pero en línea recta, en horizontal" porque es de suponer que en vertical, como ve a Madrid y Dublín, las líneas son algo más curvas. El caso es que aquello podía explicar la transmisión del virus. Qué se puede esperar…

¿De verdad le puede hablar Calvo a González de complejidad política cuando en el 77 se hizo famosa la "sopa de letras", llamada así por tanta sigla política? Bien es verdad que luego la cosa quedó en UCD, PSOE y AP pero alguna que otra complejidad sí tuvo la política antes de Calvo, aunque no se saliera del franquismo precisamente gracias a ellos. Y de eso, o del 82 no hace 20 años sino el doble.

José Luis Ábalos, siempre más pragmático, le recomienda a González que se cuide de los elogios de los que "trataron de llevarle a la cárcel". Caramba, qué curiosa memoria la de Ábalos. De pronto ha olvidado a qué partido pertenecía Mikel Zubimendi, el que soltó una bolsa de cal viva sobre el escaño del socialista Ramón Jáuregui en el parlamento vasco. Si le quedara muy lejos a Ábalos aquel 1995, tiene mucho más cercano el recordatorio que trajo Pablo Iglesias de ese mismo episodio en el Congreso de los Diputados. Fue el 2 de marzo de 2016: "Su problema es que le han prohibido pactar con nosotros. Lo dijo Felipe González, el que tiene el pasado manchado de cal viva". Entonces se quejaba, ahora es vicepresidente y se sienta con Ábalos en el Consejo de Ministros. Visto así, los que quisieron llevar a la cárcel a González no lo elogian, pactan con Sánchez y están en el Gobierno.

Dura poco la alegría de coincidir con Felipe González en cuestiones nacionales; se esmera más con Venezuela. Siempre pasa lo mismo: no hay otro PSOE que el que está en el poder y las sucesiones lo van empeorando. Hubo otros socialistas, eso sí. Pero la tradición de callarlos a tiempo acabó con la especie.

Iglesias empodera la «coalición bis»
Pese al malestar en el socialismo tradicional, Sánchez deja hacer al vicepresidente que teje sus alianzas con Bildu y ERC como nuevos socios preferentes
Carmen Morodo larazon 29 Noviembre 2020

La negociación de los Presupuestos Generales del Estado (PGE) dicen que ha sepultado al vicepresidente Pablo Iglesias como «el rey del mambo», para desesperación del PSOE y de la cuota socialista del Gobierno de coalición. Aunque sólo sea desde el punto de vista de la comunicación y de la estrategia, Iglesias ha hecho ver que le ganaba todos los pulsos al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. Y de la misma manera que ha controlado la negociación presupuestaria, ahora también tiene en su mano el control de la agenda electoral en Cataluña para avanzar en la misma fórmula con la que sueña en el País Vasco, el tripartito con socialistas y con Bildu o ERC.

Bildu y ERC son piezas fundamentales en la ecuación de los morados porque cuanto más fuerte esté el independentismo y los nacionalistas, más debilidad tendrá el PSOE en este tablero político en el que los números no le dan de ninguna manera sin contar con el partido de Oriol Junqueras.

En las filas socialistas esperan que la aprobación de los PGE de 2021 les permita liberarse en parte del lastre de Iglesias. Pero el proyecto de Moncloa tiene otro recorrido a largo plazo en el que la «centralidad» de la que hablan en el PSOE no aporta beneficio hasta que no llegue el momento de ir a un examen electoral. El jefe del Ejecutivo sigue confiando en su capacidad de representar papeles distintos, incluso contradictorios, sin que esto descoloque a su electorado.

Así, Moncloa ha permitido que los Presupuestos sean una carta de presentación de ERC ante la campaña catalana, dando incluso alas al victimismo de ese argumentario que justifica la ruina propia en la competencia desleal de Madrid. Un discurso, hay que decirlo, que, por cierto, comparten otras comunidades autónomas gobernadas por el PP, aunque estén obligadas a callar para no romper la unidad del discurso del partido.

Los sondeos que manejan los partidos coinciden en confirmar la disputada pelea entre ERC y JxCat por el primer puesto en las próximas elecciones. Con un independentismo que refuerza su mayoría, aunque siga sin llegar al 50 por ciento del voto. Las perspectivas para los «comunes» apuntan al estancamiento, mientras que Vox puede ser la gran sorpresa de estos comicios, previstos para febrero, por su irrupción por primera vez en la Cámara catalana. Hasta ahora, no hay encuesta que no confirme que los tres partidos independentistas volverían a conseguir una mayoría absoluta en las dos horquillas de la estimación. Aunque también dejan abierta la puerta a la posibilidad por la que suspiran Sánchez e Iglesias, la de una mayoría alternativa que sume a ERC, al PSC y a los «comunes». Pero siempre que estos últimos mejoren las expectativas y puedan consolidar las posiciones más altas que les otorgan algunos de los estudios demoscópicos. La mayoría independentista, con una CUP que también está al alza, cuadra en todo caso con mucha más facilidad que la otra alianza a la que han apostado todo en Moncloa, tras la estela del guion del líder de Podemos.

Mientras tanto, lo que preocupa en el socialismo al que manda callar la portavoz en el Congreso, Adriana Lastra, es el reforzamiento de la acción en común de la coalición «bis» en la que participan Podemos, Bildu y ERC, y que como bloque representan hasta 55 diputados del Congreso. Los tres vértices del triángulo comparten objetivos, el cambio de régimen, y saben que Sánchez les necesita para mantenerse en La Moncloa. Iglesias ha jugado inteligentemente desde su debilidad política y orgánica para convertir precisamente en fortalezas sus flaquezas al unir fuerzas con Otegi y Junqueras.

Así, mientras que Sánchez va improvisando por el camino mientras enfila las curvas, la coalición «bis» trabaja a medio plazo bajo una estrategia clara: conseguir que tanto Bildu como ERC sean decisivos en la gobernabilidad del País Vasco y Cataluña. Los Presupuestos son sólo la excusa para ganar tiempo en esta operación que tan preocupado tiene al PNV y también al socialismo extramuros de Moncloa.

En todo este movimiento, los contenidos son menos importantes que la estrategia en sí misma. Yendo al fondo del asunto, las cesiones a ERC en la negociación presupuestaria tienen más valor en la forma que en la sustancia, pero las dos partes, Moncloa y ERC, juegan a disfrazarlo. Una, relativizándolo; la otra, exagerándolo. Igual que ha ocurrido hasta ahora con la mesa bilateral de negociación con Cataluña, que no ha llegado a convocarse, el Gobierno ha recogido sus compromisos fiscales con ERC en un conjunto de declaraciones de intenciones que habrá que ver cuándo y cómo se concretan. La pandemia dificulta la reforma fiscal y la armonización de la que hablan en su acuerdo exigiría hasta una modificación de la Ley Orgánica de la Financiación de las Comunidades Autónomas (LOFCA). Pero de la misma manera que el PSOE presume de ser capaz de engañar a los de Junqueras, en el partido independentista también sacan pecho por lo mismo. Y al tiempo, Ciudadanos se queda en tierra de nadie, en lo que Iglesias se ha apuntado un nuevo tanto estratégico.

Loyola: 100 años de historia a cambio de seis votos
El cuartel, con 515 efectivos, era hasta hace dos semanas «indispensable». Aunque deben marcharse antes de que finalice 2021, no lo harán hasta que su nueva base esté lista
Fernando Cancio larazon 29 Noviembre 2020

Seis votos. Es el precio que el Gobierno de Pedro Sánchez ha puesto para sacar al Ejército del cuartel donostiarra de Loyola y entregárselo al Ayuntamiento de San Sebastián para su ampliación urbanística. Con esta cesión, rechazada durante años por diferentes ejecutivos, acaba con prácticamente un siglo de historia de este acuartelamiento en la ciudad, cuyos terrenos compró allá por 1920 el entonces Ministerio de la Guerra por menos de un millón de pesetas.

Hasta el lunes, Loyola era «indispensable» y «necesario para la Defensa Nacional». «Imprescindible» lo consideró hace apenas dos semanas la actual secretaria de Estado de Defensa, Esperanza Casteleiro. Pero, en apenas 15 días, el discurso ha cambiado completamente y tanto el Ejecutivo como el Ministerio de Defensa se han apresurado a elegir un nuevo emplazamiento en tiempo récord. Una ubicación que había sido rechazada en numerosas ocasiones y que se encuentra a escasos 700 metros de la actual, en la otra orilla del río Urumea: los antiguos terrenos de la Sociedad Hípica.

«Parece que ahora tienen prisa con esto y que ahora es bueno lo que antes no», apuntan a este periódico fuentes militares un tanto sorprendidas por la celeridad de este proceso, que deberá finalizar antes de que concluya 2021. Aunque avisan: «Es un proceso lento y hasta que no esté todo –construido y listo– no saldrá nadie, porque sería como echarnos a patadas».
300 años de presencia militar en la ciudad

La buena noticia para las Fuerzas Armadas es que el Ejército continuará teniendo presencia en San Sebastián, algo «innegociable» para Defensa en esta cesión, pues lo contrario implicaría no sólo acabar con el siglo de historia del cuartel, sino con más de 300 años de presencia militar en la ciudad, representada en el actual Regimiento de Infantería «Tercio Viejo de Sicilia» nº 67, con base en Loyola.

El acuartelamiento, la moneda de cambio para que el PNV apoye los Presupuestos, fue comprado en 1920 a una particular y a una sociedad civil de recreo por algo más de 890.000 pesetas (5.350 euros) para sacar del centro de la ciudad a las unidades que se encontraban en los conventos de San Telmo y San Francisco. El Ministerio de la Guerra quería un nuevo emplazamiento en el extrarradio, con mayor libertad de movimientos y, al mismo tiempo, con cierta capacidad defensiva, y el río y el meandro cumplían esa última función.

El precio que se pagó entonces por las dos fincas fue de 5 pesetas por metro cuadrado, lo que se oficializó en octubre de 1920. A partir de ahí comenzó a elaborarse el proyecto y en 1922 arrancaron las obras de los dos cuarteles que alberga en su interior: el «Infanta María Teresa» y el «Princesa Mercedes». La inauguración oficial tuvo lugar en febrero de 1926.
Albergó más de 2.000 efectivos

Desde ese momento, el Ejército contaba con unos terrenos de casi 20 hectáreas que llegaron a albergar a más de 2.000 militares. Por sus instalaciones han pasado diferentes unidades que han sido testigos de numerosos episodios históricos, como la Guerra Civil, que arrancó con el golpe de estado de 1936 que no triunfó en Guipúzcoa. Entonces, los habitantes de Loyola eran, entre otros, el tercer Regimiento de Artillería Pesada y el sexto batallón de zapadores.

Pero también ha sufrido en primera persona la barbarie de la banda terrorista ETA con hasta siete atentados, en los que fueron asesinados el brigada Mariano de Juan Santamaría (de un disparo en la nuca en abril del año 1995) y el cocinero de la Comandancia de Marina de San Sebastián, Román Díaz García (con una bomba lapa en enero del año 2001).

A día de hoy, el cuartel tiene una ocupación muy inferior a la de sus orígenes y apenas alberga a 515 uniformados que pertenecen al «Tercio Viejo de Sicilia» y a la Unidad de Servicios del Acuartelamiento (USCA). Además, es la sede de la subdelegación de Defensa y de uno de los Centros de Comunicaciones (Cecom) del Ejército de Tierra.

“No se perderá dinero”
Todos ellos tendrán que mudarse a su nueva ubicación antes de que concluya 2021, aunque se trata de un plazo algo escaso para todo lo que se les viene por delante y que, entre otros, pasa por acordar qué precio pagará el Ayuntamiento por los terrenos. Con eso, Defensa sufragará la construcción del nuevo cuartel y asegura al respecto que «no se perderá dinero».

Se trata de las instalaciones de la Sociedad Hípica de San Sebastián, que se encuentran prácticamente al lado de las actuales. Eso sí, el terreno es mucho más pequeño, pero es cierto que el número de militares desplegados en Loyola es también más reducido que hace años.

Lo primero, confirman fuentes del Ministerio, es que se reúna la comisión formada por ambas partes para negociar el precio y, una vez acordado, comenzar con el proyecto de construcción de las nuevas instalaciones militares. Algo que, según apuntan, no parece que pueda estar listo antes de la fecha tope, de ahí que los militares avisaran de que no se irían hasta que no esté todo, descartando, por el momento, la posibilidad de que a los uniformados se les trasladase temporalmente a bases fuera de Guipúzcoa hasta que el nuevo acuartelamiento esté acabado.

La cesión de unos terrenos militares a un Ayuntamiento no es ninguna novedad, pues se ha hecho en numerosas ocasiones, como en Badajoz, donde en los años 80 se trasladó el cuartel Menacho del centro de la ciudad a Bótoa, a 17 kilómetros. O en Leganés (Madrid), donde en 1991 los cuarteles de Saboya pasaron a manos de la Universidad Carlos III. Sin embargo, en lo que afecta a Loyola la polémica está en que se trata de una cesión a los nacionalistas a cambio de seis votos y que la decisión se ha tomado en tiempo récord, cediendo unas instalaciones que hasta prácticamente ayer eran «indispensables para la Seguridad Nacional».

De ahí que no resulte extraña la indignación de muchos uniformados, que creen que esta salida exprés es una especie de humillación: «Hubiese sido mucho más inteligente que hubiésemos sido nosotros los que diésemos el primer paso».

El Bruch, otro anhelo nacionalista en Barcelona
La del cuartel de Loyola no es la única reivindicación de los nacionalistas relacionada con importantes cuarteles del Ejército. En Barcelona, los terrenos del acuartelamiento de El Bruch son también discusión recurrente y año tras años los nacionalistas catalanes han pedido que las Fuerzas Armadas abandonen esas instalaciones. Se trata de unos terrenos situados en el barrio de Pedralbes, en la zona universitaria, y que el Ayuntamiento de la Ciudad Condal quiere para levantar viviendas para estudiantes e investigadores. La respuesta de Defensa, por ahora, es que son «necesarios»...

Las checas que el nacionalismo vasco y catalán quieren olvidar
Se edita un volumen sobre la represión comunista en España de 1936 a 1939 y en los terribles centros de detención que habían sido ensayados en la Unión Soviética
Cesar Alcalá. larazon 29 Noviembre 2020

Durante la Revolución rusa fue la checa el primero y el más fuerte instrumento de terror para diezmar una población a la que se consideraba enemiga de las nuevas ideas, del nuevo poder establecido. En España, como clara prueba de que los rusos habrán de estar presentes en todo lo que sucederá, en todo lo que se realizará, surgió desde el primer momento el instrumento de terror de la checa rusa. Así pues, se puede asegurar que el inicio de las checas está intrínsecamente ligado a la Guerra Civil. O, mejor dicho, al inicio de la represión frentepopulista. Todos los partidos políticos que formaron parte del Frente Popular tuvieron checa en Madrid, Barcelona o la Comunidad Valenciana. A estos partidos se unieron los nacionalismos, catalán y vasco. Si bien es cierto que Jaume Aiguader firmó el pacto de San Sebastián ‚en 1930, por Estat Català, y Manuel Carrasco i Formiguera por Acció Catalana, luego se unió ERC, al tomar el poder en 1931 de Cataluña. Lo mismo pasó con el PNV, que no firmó el pacto en sí, pero formó parte del frentepopulismo.

Por lo que se refiere al nacionalismo vasco, tuvieron las milicias vascas su checa en Madrid, en la calle San Jerónimo 32. Era lo que se esperaba. Es decir, cualquier partido que se apreciara debía poseer una en Madrid, y los nacionalistas vascos la tuvieron. En Barcelona no la pudieron crear. Sin embargo, en el Paseo de Gracia 60 se instaló el gobierno vasco en el exilio presidido por José Antonio Aguirre desde octubre de 1937 a enero de 1939.

El nacionalismo catalán tuvo dos checas en Barcelona, pues ese era su centro de actuación. Tanto ERC como Estat Català la tuvieron. Pero no solo eso, en Barcelona actuaron 12 patrullas de control. La relación de miembros por cada una de ellas era la siguiente: 25-30 miembros de la CNT; 15-20 de ERC; 10-15 de la UGT; y 3-5 del POUM. Con lo cual, ERC fue una de las causantes principales de la represión que se vivió en la retaguardia catalana, pues ellos participaron en ella. Además, tuvieron su checa.

Sin cifras exactas
¿Dónde? ERC tuvo su propia checa en la calle Carolinas, 18, de Barcelona. Era un colegio de San Vicente Paül. Un edificio incautado y en el que tuvieron su oficina la patrulla de control de la sección séptima, que actuaba en los barrios de Gracia y San Gervasio. No se puede dar una cifra exacta de las personas que pasaron por esta checa. Ahora bien, teniendo en cuenta el número de víctimas que hubo en Barcelona –se llegaron a fusilar cincuenta personas al día–, nos podemos hacer una idea. Como hemos dicho, Estat Català fue uno de los firmante del Pacto de San Sebastián. Este partido fundado por Francesc Macià en 1922 tuvo su checa en la Rambla de Cataluña, 26, en la conocida como Casa Emilio Juncadella, desaparecida; en su lugar se construyó el Teatro Calderón, hoy hotel.

Era el centro de detención de este partido y cuartel general de Daniel Cardona. Este personaje causó fascinación a Quim Torra. Cardona era un racista en todo el término de la palabra. Llegó a escribir que «se puede considerar al español como un elemento de la raza blanca en franca evolución hacia el componente racial africano-semítico (árabe). El coeficiente de inteligencia de un español y un catalán según las estadísticas publicadas por el Ministerio de Educación y Ciencia español da una clara ventaja a los catalanes. La progresiva degradación racial española puede contagiar a los catalanes debido a la fuerte inmigración, los frutos se pueden ver si observamos la diferencia caracterológica entre el hombre del campo, no contaminado por la saga española, y el de las ciudades».

Como en el anterior caso, es complicado conocer con detalle las personas que pasaron por esa checa. Los dirigentes y afiliados al Estat Català y a ERC no se salvaron de las checas. Estas eran un instrumento represor contra todos aquellos que no pensaban igual que el poder establecido. Aquel que se movía o dudaba, fue conducido a una checa. En la retaguardia catalana murieron dos miembros del Estat Català y 90 de ERC. Pero estos no fueron los únicos. De los partidos que conformaban el Frente Popular encontramos a Acció Catalana i Republicana con 3 muertos; PSOE, con 1 muerto; PSUC, con 4 muertos; Juventudes Libertarias, con 11; UGT, con 13; y la CNT-FAI, con 35 muertos. Con lo cual, en aquel periodo nadie se salvó de pasar por una checa.

Si hablamos en términos generales, en Barcelona se contabilizaron 47 checas. La mayoría estuvieron en manos de la CNT-FAI y el SIM. También tuvieron checas el PCE, el PSOE, el PSUC, las Juventudes Libertarias, el POUM, el Sindicato de Transporte y la UGT. Quedaron en la memoria popular la de Sant Elías, la de Vallmajor o Preventorio D o la checa de la calle Zaragoza. Al igual que el hombre de las checas, Alfonso Laurencic. En el resto de España, en Madrid se establecieron 345; en Barcelona, 47; y en la Comunidad Valenciana, 55. Respecto a las víctimas, en Madrid se contabilizaron 10.000 personas asesinadas; en la Comunidad Valencia, 6.118, y en Cataluña, 8.353, aunque con toda probabilidad llegaron a las 12.000.

Estos no fueron los únicos centros en los cuales hubo checas. Aunque no se llamaron así, en aquellos lugares de España que había puertos marítimos existieron lo que se conocieron como barcos prisión. En Barcelona estuvieron el Uruguay, Argentina, Villa de Madrid; en Tarragona, el Cabo Cullera y Río Segre; en Castellón, el Sebastián Martínez, Celta, Isla de Menorca; en Valencia, el Mar Cantábrico, Aritz-Mendi, Cabo de Palos y Legazpi; en Alicante, el Jaime II, Sil y Villamanrique; en Bilbao, el Altuna Mendi y Cabo Quilates; en Santander, el Alfonso Pérez; y en las Islas Baleares, el Atlante, Aragón y Jacinto Verdaguer. La represión no acabo aquí. En Cataluña los miembros del SIM, para no gestionar tantos prisioneros en la ciudad, decidieron crear campos de trabajo.

En total hubo seis y sirvieron como instrumento de la represión del SIM. Se levantaron campos de trabajo en Pueblo Español, Hospitalet de l’Infant, Omells de Na Gaia, Concabella, Ogern y Falset. Un interno de uno de esos centros comentaba que debía colocar un mugriento pañuelo encima del vaso para que ahí quedaran depositados los gusanos y mugre que había dentro del agua. La checas, campos de trabajo y barcos-prisión, sirvieron para degradar la personalidad de las personas que pasaron por ellas. Algunos tuvieron la suerte de salir con vida. La mayoría sufrieron múltiples torturas o, simplemente, las fusilaron. Eran parte de una maquinaria de exterminio para conseguir construir una España que la mayoría nunca quiso. Si nos tuviéramos que quedar con una conclusión serían las palabras de Mateo Mensión, que estuvo en el campo de trabajo de Omell de Na Gaia. Este resumió su experiencia diciendo que «cada día luchábamos para sobrevivir, pues éramos unos desgraciados tratados peor que las bestias». Como bestias fueron tratados. Incluso algunos sirvieron de alimento para los cerdos. La vida no significaba nada para ellos. Su único objetivo era establecer un estado anarco comunista en España.

Todas las torturas
Las checas albergaron diferentes métodos de tortura. ¿En que consistieron? Los chequistas torturaron con amputación, astillado, badajo, banderilla, carbonera, celda del reloj, celdas alucinantes, celdas de castigo, collar eléctrico confesionario, dentista, depósito, disciplinas, lanzar a los puercos, el talud, el pozo, empetao, gomazo, incomunicacón, la argolla, la bañera, la ducha, la enfermería, la paliza, la periquera, la silla, neveras, quebrantahuesos, ratonera, silla eléctrica, simulacro fusilamiento, submarino seco o tizón. La metodología criminal de los anarcosindicalistas y del Sim se pueden resumir en cinco aspectos sociológicos. ¿Cuáles? Control, para someter violentamente a la persona que quiere dominar; intercambio, para infringir daño a aquellos que no pensaban como ellos; aprendizaje, convirtiéndose en personas violentas y verdugos; presión, ya que ante la incapacidad de alcanzar metas emplearon medios ilegítimos para conseguirlos; y psicoanalítica, pues todos los miembros de la represión frentepopulista sufrían trastornos de conducta. En el fondo, se comportaron tan agresivamente contra la población civil de la retaguardia por la ley de Dollard. Esta dice que toda agresión proviene de una frustración y toda frustración produce una agresión. Por eso no existieron juicios, solo torturas y la decisión personal de unos frentepopulista y milicianos sobre si los mataban o no.
Recortes de Prensa   Página Inicial