AGLI Recortes de Prensa   Jueves 10  Diciembre  2020

Agua limpia y músculo moral
Hermann Tertsch gaceta.es  10 Diciembre 2020

Nunca han celebrado los españoles el Día de la Constitución en sus 42 años de existencia en las tenebrosas condiciones de este 6 de diciembre. Lo hacen bajo un Gobierno que demuestra todos los días con provocadora procacidad su decisión de socavar y dinamitar los principios y los artículos constitucionales empezando por los primeros. Por eso era más necesario que nunca recordar que el Día de la Constitución no es el día de celebrar un texto más o menos bien logrado que en manos de un Pedro Sánchez acaba teniendo el valor de la palabra de este individuo, es decir, ninguno. Sino el día en que se festeja la voluntad común proclamada por una nación, en este caso la Nación Española, una de las más antiguas y de las decisivas en la historia de la humanidad y la civilización. De su voluntad de ser, permanecer y continuar, unida, indivisible y soberana.

Millones de españoles han visto en parte incrédulos, acongojados y cada vez más deprimidos cómo España sufre bajo el más obsceno alarde de arbitrariedad del poder conocido en muchas generaciones. Hay que remontarse a los momentos de peor encono en la historia de España para encontrar un poder tan decidido a gobernar en contra de la mitad de la nación.

Con voluntad manifiesta de dañar, ofender, acorralar y despojar de derechos a todos los considerados desafectos. Con esa mugre de la maldad que se manifiesta por el gozo en el abuso. España vive bajo una inmensa losa de miedo. Hay miedo a perder el trabajo y a no encontrarlo, miedo a la precariedad, a la pobreza, al desamparo total. Miedo por los hijos a quienes arrebatan la educación e imponen doctrinas de odio e ignorancia. Miedo por los abuelos a los que niegan ya el mero derecho a la propia vida. Miedo al desprecio manifiesto a la vida no ya con el aborto. Con la procaz apología de la organización terrorista ETA, pero también del comunismo soviético del pasado, sus atrocidades en España y toda Europa y el mundo o las bárbaras dictaduras actuales y los terroristas narcotraficantes iberoamericanos tratados como héroes por los partidos del gobierno y sus aliados.

Hay miedo por la falta de respeto a la ley y por las injusticias pavorosas, por el obsceno doble rasero entre los que piensan una cosa y otra. Miedo a una inmigración sin control que nada respeta y más protegida por los gobernantes que los propios españoles. Hay miedo a que destruyan todas las instituciones, desde la monarquía a la judicatura. A perder así la patria en la que nacimos todos, rota y repartida miserablemente entre unos caciques radicales, extremadamente ideologizados pero también furiosamente codiciosos, auténticos saqueadores de los recursos públicos y privados desde la retórica del extremismo antinacional.

Es evidente ya que tenemos un Gobierno sin moral ni principios, ni valores ni límites. Al que nada importa salvo el poder. Claro está que los dos cabecillas de la siniestra banda que dirige España gracias a quienes quieren destruir España, por su permanencia en el poder son capaces de infligir a los españoles cualquier daño y de pagar cualquier precio con el patrimonio común de los demás. Cierto que es un Gobierno incompetente como ninguno pero su falta de escrúpulos lo hace muy eficaz en su autodefensa. No hay recurso legal o moral que le afecte o al que obedezca luego solo la fuerza podría cuestionarlo. Se verá en las elecciones próximas. Pero si alguien quiere realmente creer que están dispuestos a batirse en buena lid, perder y dejar el poder ahí tienen a Nicolás Maduro, el padrino y mecenas de muchos de ellos, con el que comparten sin duda jefe. Si hace falta se llevan a Pablo Casado, a Cuca Gamarra y a Teo Aceituna a negociar a Barbados. El manual lo conocen muy bien y lo están aplicando con destreza y presencia.

A los españoles hay que recordarles una y otra vez que informativamente viven en un cubo de la fregona marxista. Salvo aquellos pocos que huyen al pasado y a los clásicos, todo español filtra al día cantidades ingentes de nauseabundas aguas pervertidas por la mala fe, el resentimiento, la ignorancia, la frivolidad o directamente la maldad. Nunca prueban el agua el agua limpia. El agua del cubo ha ido enturbiando a lo largo de los años. Con culpa de casi todos los que podían haberlo evitado.

Ahora han triunfado irnos personajes que todo se deben a la mentira. No entraré en detalles ni con Pedro Sánchez ni con Pablo Iglesias. Porque para que el agua esté bien sucia como ellos la necesitan hay que impedir que fluyan caños con las verdades. Y el que abre un grifo de esos, lo puede pagar caro. Hay muchos españoles que saben muchas verdades que podrían ayudar a retirar de la circulación a muchos canallas y estafadores y hacer así mucho mejor la vida de los españoles honrados. Pero no se puede por el miedo, este otro miedo, a pagarlo caro. Aquí mismo estoy dejando claro que yo mismo, que me he arriesgado siempre mucho más que la media, no digo ciertas cosas sobre cierta gente no porque no sean verdad, sino porque no quiero sufrir las consecuencias de decirlas.

La mentira es gratis. Y omnipresente. La verdad es escasa y preciosa. Pero impagable. Por eso han ganado de momento la partida los que prepararon el agua pestilente, precisamente porque saben moverse en ella mejor que nadie. Ahí están. Gracias a unos votos recibidos por mentir con una sangre fría que nos se recordaba en España. Y prometer exactamente lo contrario a lo que se pretendía y después se hizo. En una estafa mucho mayor que el delictivo plagio de un doctorado. O que las mentiras de unos comunistas que fueron de aventura y medro a un turismo pagado y cruel en el que cobraban por hacer daño a las víctimas del experimento.

Pero para ensuciar el agua no ya del cubo, del inmenso acuario nacional, Sánchez ha tenido un aliado capital: la inmensa mayoría de los medios de comunicación que han sido los vertidos fecales e industriales. La inmensa mayoría de los medios se han prestado y se han vendido a la mentira permanente. Por obediencia, por sumisión, por miedo o por dinero los medios han generado toda la contaminación necesaria para que estos bichos de las más profundas y ocultas sentinas nadaran mejor que nadie. Los medios ocultan y silencian las sistemática tropelías cleptomaníacas de quienes usaron la corrupción como su arma de ataque y son mil veces más ladrones que nadie de los antes habidos. Pero los medios son los amortiguadores de unos escándalos que perpetrados por otros habrían derribado gobiernos sin parar.

Se ha creado así un altísimo muro de silencio, de censura y autocensura y tabúes que protege a los mentirosos. Los más de 70.000 muertos son testigos ausentes. Y no más callados que sus compatriotas vivos que solo protestan en su mayoría en casa, en el bar si no están obedientemente confinados. Lo digo con vergüenza como periodista, no hay profesión que haya tenido un papel más indigno, innoble, corrupto y cobarde que el periodismo en la tragedia que es la depravación y degeneración antidemocrática de la sociedad española. Para sacar la cabeza de las aguas fétidas hay que tener un impulso, hay que tener el músculo moral necesario y recuperar el coraje para la verdad, el chorro de agua fresca que limpie esas caras y veamos con claridad al otro. Para perder el miedo a decir esa verdad y romper ese muro del silencio.

La situación es trágica. Mientras gobiernen quienes viven de hacer daño a España, los españoles sufrirán mucho más de lo que habrían tenido que sufrir de haber sido menos tolerantes con lo intolerable, menos dontancredos ante la infamia, menos cómodos, menos cobardes.

Pero la esperanza existe. Porque esta nación es mucho más que un pueblo descreído sistemáticamente traicionado por sus lamentables elites. Tan solo necesita que en algún momento por alguna razón a los suficientes les dé por creer en sí mismos.

Siempre recuerdo, es de los momentos que quedan en el recuerdo como columnas que sostienen la memoria de la vida, de aquella llamada de Juan Pablo II a los polacos en su primer viaje como Papa a su patria. “No tengáis miedo. No os resignéis”. Los polacos llevaban medio siglo desde la invasión nazi y después la ocupación soviética hundidos en décadas de levantamientos fracasados, represión sangrienta y vida agotadora, de dificultad y desasosiego.

El comunismo era el fin de la historia, donde había llegado era para quedarse, se decía. La propaganda pero también la vida diaria proclamaba la resignación como única solución. Como en España ahora intentan desde el poder imponer la resignación. Dejando claro que nada que haría cesar o enmendarse a hombres decentes puede afectar ni conmoverles. Donde unos enanos morales dicen a los españoles que se resignen a tener para generaciones unos gobiernos totalitarios de inútiles, canallas y hampones. Y sin embargo, en aquellos momentos hace más de 40 años, aquel Woytila toco ese músculo moral de los polacos que volvieron a creer en sí mismos y en el poder de la verdad, y según fueron descubriendo entre ellos según pasa el tiempo se diluía el miedo y surgían las ganas de defender lo propio, la esperanza. Y perdieron así el miedo casi todos y en un gran milagro de la historia pasaron a la lucha contra la mentira como compromiso moral y sus huelgas de astilleros movieron ya no solo a una ciudad sino a toda la nación. Todos volvieron a honrar la verdad, el coraje y el sacrificio. Y el resto lo conocen, cayó el régimen comunista polaco y cayó el muro de Berlín y cayó la Unión Soviética y se liberó a sí misma la media Europa esclavizada cuatro décadas por ese comunismo que con nueva careta ahora nos amenaza a nosotros.

Los españoles tenemos ese músculo moral. Quizás algo atrofiado, no entrenado desde hace tiempo por el descreimiento y tanta distracción que nos hizo pensar que era prescindible. No lo es para quien quiera libertad. Para sacar la cabeza de las aguas fétidas que son las conductas y las intenciones de estas malas gentes que nos gobiernan, hay que mover el músculo con la certeza de que la verdad nos hará libres. Cuando sucumba este Gobierno de la miseria moral, del miedo y la mentira.

Por qué Pablo Casado puede acabar siendo el mejor aliado de Pablo Iglesias
Agustín Valladolid. vozpopuli 10 Diciembre 2020

No recuerdo la fecha exacta. Debió ser algún jueves de la primavera de 2014. En el ‘Grupo Larra’ teníamos como invitado a Alfredo Pérez Rubalcaba, en ese momento, aunque ya por poco tiempo, secretario general del PSOE. No habíamos terminado el primer plato cuando sonó su teléfono. Masculló algo parecido a “perdón, pero esta la tengo que coger”, se levantó y mantuvo una breve conversación con su interlocutor. No habían pasado ni diez minutos y el teléfono del líder de la oposición volvió a reclamar su atención. Repetición de la jugada. Misma voz. Luego supimos que quien le llamaba era el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy. Tiempo después también llegamos a conocer el motivo de aquellas inaplazables y breves conversaciones: ambos preparaban el terreno para la abdicación del rey Juan Carlos. De móvil a móvil, sin intermediarios.

Transcurridos cuarenta y dos años desde que se refrendara la Constitución, los momentos más fructíferos, los que en mayor medida han contribuido al progreso de España, han sido aquellos, más bien escasos, en los que el consenso y la lealtad institucional eran activos incuestionables, en los que por encima de la legítima e imprescindible confrontación política existía un territorio en el que se custodiaban los fundamentos esenciales de la democracia y el Estado de derecho, un territorio que, aunque hoy nos parezca increíble, llegaron a convivir el nacionalismo vasco y el catalán, la derecha y el Partido Comunista, sindicatos y empresarios. Un territorio hoy irreconocible por desatendido y cuya empalizada protectora amenaza ruina. Un terreno al que la falta de riego convierte cada nuevo día de sequía en más inhóspito e impracticable.

El creciente déficit de la, en otros tiempos, leal y ordinaria comunicación entre el presidente del Gobierno y el líder de la oposición es el factor determinante del lento pero persistente deterioro de los contrapesos institucionales que debieran garantizar el correcto reparto del poder en una democracia. Y como en política las casualidades son la excepción, para no equivocar el diagnóstico habrá que empezar por convenir que el agravamiento de la crisis de diálogo coincide con el acceso al poder de quienes sistemáticamente cuestionan el actual modelo de Estado y, con la silente complicidad del partido mayoritario, promueven desde posiciones ideológicas extremas la revisión de los equilibrios democráticos y el incremento de la representación partidista en todos los poderes del Estado. Y es precisamente la actual situación de bloqueo institucional la culpable de que el objetivo de ocupación partidaria de las instituciones no sea en absoluto descartable.

La no renovación de un Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) con el mandato caducado hace dos años es la mejor noticia para los partidarios de cercenar la independencia del tercer poder del Estado mediante el nombramiento por mayoría simple, y sin necesidad de pacto transversal alguno, del gobierno de los jueces. Y es ese mismo argumento de fondo el que Pablo Casado debiera situar por delante de otros, meramente tácticos, a la hora de sopesar los pros y los contras de una decisión que permita desbloquear la renovación pendiente del Consejo. El presidente del PP tiene motivos sobrados para desconfiar, pero también debe preguntarse qué actitud perjudica más a sus intereses, si el desgaste del bloqueo o el derivado de que te tiren a la cara el obstruccionismo que fomenta la degradación de las instituciones afectadas.

Un precio asumible
Condicionar el acuerdo de renovación del CGPJ a la no intervención de Unidas Podemos en el proceso de selección, además de una premeditada ingenuidad sin apenas opciones de materialización, expone a Casado al justificado reproche de quienes ponen en duda la sinceridad de su giro al centro. Porque convertir en principio irrenunciable la previa exclusión de una formación política que forma parte del Gobierno, y está sostenida por una nada despreciable representación parlamentaria, no parece a simple vista posición compatible con una teórica vocación de partido abierto y liberal, y de paso alimenta el argumentario de los interesados en que un sector de la sociedad siga identificando al PP con los herederos de la derecha más retrógrada.

Se me dirá, y no sin razón, que abrir las puertas del Poder Judicial al partido de Pablo Iglesias, a quienes tienen la desfachatez de cuestionar desde el Ejecutivo la legitimidad de la monarquía parlamentaria que prometieron defender, a los mismos que han organizado con el independentismo una brigada de demolición del Estado, no es la mejor de las ideas. Y yo pregunto: ¿cuál es la alternativa? ¿Seguir asistiendo sin mover un dedo al proceso de descomposición de las instituciones? ¿Asumir un método de elección que convierta al Poder Judicial en brazo armado del poder político de turno? ¿Insistir en una estrategia que debilita lo que pretende fortalecer?

Casado no lo tiene fácil -su principal secante se llama Vox-, pero el camino que debe elegir no es el de la autodefensa táctica y cortoplacista, sino el del fortalecimiento de las instituciones. Que Podemos consiga colocar en el CGPJ a un representante, de un total de veinte vocales, es un precio perfectamente asumible si la contraprestación es un Consejo revitalizado, razonablemente distanciado de la pelea política y con el peso técnico y el sentido del deber necesarios para ejercer el esencial papel que la Constitución le tiene asignado. Casado no lo tiene fácil, y sin embargo es ahora, en este inquietante trance, cuando le ha sido otorgada la oportunidad de convertir una aparente concesión en la peor de las noticias para los detractores del actual modelo de convivencia; cuando se juega buena parte de su credibilidad como líder con trazas de hombre de Estado.

El camino no es vetar a Podemos sino blindar la autonomía de las instituciones y devolver a las que funcionan con respiración asistida todas sus capacidades. El camino de largo recorrido no es enredarse en una discusión sobre el indulto que exigen los secesionistas condenados, sino reforzar el papel de quienes van a cuestionar desde su recuperada influencia cualquier decisión contraria a los principios legales de prudencia y proporcionalidad. El camino no es alebrarse en la cuneta a la espera de que los electores catalanes no sean demasiado esquivos, sino poner ya encima de la mesa un puñado de nombres de prestigio e independencia de criterio, reconocidos y reconocibles, que desde el Consejo del Poder Judicial, el Constitucional (que tiene pendiente la renovación de un tercio de sus vocales y abordará la de otro tercio más en junio de 2022) y el resto de instituciones, recuperen la confianza en el funcionamiento del Estado de derecho y contribuyan a ahuyentar cualquier aventura rupturista.

Pablo Iglesias es un tipo tenaz. Ha frustrado cualquier intento de acercamiento del Gobierno a las fuerzas de la oposición; ha logrado que Ciudadanos diera la espalda a los Presupuestos del Estado. Su próximo objetivo es evitar que haya un acuerdo PSOE-PP que aborde la renovación institucional. Y, paradójicamente, Pablo Casado puede acabar siendo su mejor aliado.

¿Qué está haciendo el Gobierno con los inmigrantes que llegan ilegalmente a Canarias?
EDITORIAL Libertad Digital 10 Diciembre 2020

El PP, Vox y Ciudadanos han reclamado este miércoles la inmediata comparecencia en el Congreso del ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, ante la denuncia del Sindicato Unificado de Policía (SUP) de que el Gobierno estaría trasladando, “con nocturnidad, falta de transparencia y de control”, a cientos de inmigrantes ilegales desde Canarias hasta ciudades de la península como Granada, Cádiz, Málaga, Sevilla, Alicante, Valencia, Zaragoza, Barcelona y Madrid.

Se trata de una acusación de la máxima gravedad, pues desmiente tajantemente la versión del Gobierno, que, por boca de su portavoz, María Jesús Montero, afirmó en noviembre: “Repartir inmigrantes por la península daría alas a las mafias y reforzaría la ruta a Canarias”. En segundo lugar, esa temeraria e irresponsable dispersión de inmigrantes representaría un incumplimiento de la directiva de retorno de la UE, que promueve la vuelta de los migrantes irregulares a sus países de origen o tránsito.

Lo más grave de la denuncia de SUP es que los traslados se estarían ejecutando de forma clandestina, sin ponerlos en conocimiento de las autoridades de las localidades de destino. El Ayuntamiento de Granada ha afirmado que a los inmigrantes allí enviados el Gobierno no les facilitó un lugar al que dirigirse, por lo que quedaron abandonados a su suerte en una ciudad confinada perimetralmente por la pandemia del coronavirus.

Por cierto, no hay constancia de a estos simpapeles se les haya sometido a pruebas PCR, lo que supone un gran riesgo tanto para los policías que les han acompañado como para la población de las ciudades de destino.

El ministro del Interior debe comparecer de forma inmediata para dar explicaciones y, en su caso, presentar su dimisión, en caso de confirmarse esta huida hacia delante que no soluciona problema alguno, sino todo lo contrario. Para colmo, el Ejecutivo no ha hecho otra cosa que tachar de "xenófobos" a los policías que han desvelado el escándalo, como ha afirmado sin vergüenza el ministro de Inclusión y Migración, José Luis Escrivá, que ha tenido igualmente el cuajo de decir: “Los protocolos existentes garantizan que cualquier inmigrante llegando a costa es sometido por las autoridades sanitarias autonómicas a un PCR”. Pero es que el SUP no está hablando de los controles que pasan los inmigrantes una vez llegados a Canarias, sino de su estado cuando, muchos días después, se les traslada subrepticiamente a la península.

El Gobierno ha pasado tanto tiempo denigrando como “xenófobos”, incluso como “racistas”, a los partidos que, como Vox, vienen advirtiendo del riesgo de que Canarias se convierta en una "nueva Lampedusa" y del drama social que constituye la inmigración ilegal, que no parece tener otra solución que esparcir y agravar el problema y seguir arremetiendo contra quienes lo denuncian.


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El acercamiento de etarras y el corazón roto de sus víctimas
Editorial Estrella Digital 10 Diciembre 2020

Se les dijo que la democracia atendería su petición y nunca la olvidaría, porque era razonable y legítima: el final de la banda terrorista ETA llevaría aparejado para las víctimas de los asesinos ‘memoria, dignidad y justicia’. Era la única vía para una tranquilidad imposible, la de quienes habían visto destruida su vida entera, porque habían perdido bajo el fuego de las bombas, o de un tiro en la nuca a un hermano, a un padre, a una esposa… que habían caído a manos de unos miserables.

Hoy, las víctimas elevan su voz desgarrada, con sobrados motivos, por desgracia. No la suya, que es la primera, sino la de millones de españoles que entienden, en la misma línea, que la violencia no puede tener ninguna contraprestación política, ningún pago espurio, y que por la puerta de atrás no se pueden flexibilizar las medidas de condena que se impusieron en su día con la ley en la mano.

El ministro Marlaska ha iniciado -y continúa- una racha de acercamientos al País Vasco de etarras con delitos de sangre que pone los pelos de punta. Quienes han sufrido el zarpazo del terror no pueden ser usados como moneda de cambio con quienes tienen las manos manchadas de sangre y no han pedido perdón por ello. Menos aún, cuando esos criminales encarcelados ven defendidos sus ‘derechos’ no por sus abogados sino por un partido político (¿sorprendentemente?) aliado del bigobierno de España.

Es estremecedor que muchos de los agraciados con este movimiento propiciado por el poder ejecutivo acumulen varios asesinatos a su espalda. Unos, haciendo volar coches por los aires. Otros, de disparos en la cabeza. Nauseabundo. Vil.

El presidente Sánchez tiene todo el derecho del mundo a seleccionar a sus compañeros de viaje para completar los tres años de mandato que sus ministros se ufanan de que completarán, sí o sí. Pero para gobernar en aras del interés general, como mandan los cánones, sería más que deseable que no tomase decisiones innecesariamente hirientes, tremendamente perjudiciales y hasta crueles o inhumanas contra quienes ya vieron su presente y su futuro destrozado por los lobos que ahora, a ratos, se presentan con piel de cordero.

ERC, socio de Sánchez, llama asesino al Ejército
Carlos Dávila okdiario 10 Diciembre 2020

Transcribo la enmienda que los independentistas de Esquerra Republicana de Cataluña, Rufián al frente, ha presentado a los Presupuestos Generales del Estado, Sección Ministerio de Defensa, Plan de Exhumación de Fosas. Reza así: “Se considera necesario que el Ejército español, responsable en buena parte de los asesinatos de republicanos que todavía están abandonados en cunetas, debe implicarse en la recuperación de estos cuerpos. En tal sentido, se plantea que financien los planes autonómicos de dichas exhumaciones”. La referencia la tiene recogida el general Dávila Álvarez en su muy leído y comentado blog pero, curiosamente, está pasando desapercibida; no parece interesar que, en pleno acoso a los ingenuos manifiestos militares de estos días, una iniciativa tan miserable como ésta no ha haya recibido la menor audiencia. NO ha reaccionado ni la ministra de Defensa, ni el jefe del Estado Mayor de la Defensa; la primera, ya se sabe, ha descuartizado a los profesionales en la Reserva, incluso ha permitido que se les insulte como “cavernarios” y otras lindezas. Tampoco ha informado sobre si la enmienda de los separatistas cómplices de Sánchez, va a ser tenida en cuenta por su departamento y, en consecuencia, ella y todo su equipo se apresten a que el Ejército no sólo colabore en la exhumación de los cadáveres en fosas comunes sino que, además, pagará el servicio. Ni una sola palabra sobre el particular; ni la señora Robles, ni sus jefes militares de confianza

Nada sorprende en el analfabeto Rufián, ni en sus conmilitones: son revanchistas ágrafos. No quieren recordar que uno de los fundadores de su partido, el cobarde Companys, tan agasajado ahora por los independentistas rabiosos, encargó, apenas suceder a otro visionario felón, el coronel Maciá, la recluta de los muy tristemente famosos “Escamots”, una milicia cruel que, durante la proclamación del Estado catalán en octubre de 1934, se cargaron a no menos de 120 personas, muchas ellas de naturaleza civil. Ahí no quedó la cosa: al frente de las Juventudes de ERC y de sus Milicias Antifascistas, Companys llenó todos los pueblos y aún pequeñas aldeas de Cataluña de una plaga de terror, ejecutada sin miramiento alguno, ni juicio, ni gaitas; sólo con los 20.000 fusiles que había comprado para sus indeseables matarifes. Con estas armas y algunas otras, sus sicarios asesinaron, contadas están, a 8.129 personas, militantes de partidos de derechas, empresarios o sacerdotes, gran parte de los 6.866 curas, religiosos y monjas ejecutados por los que ahora Rufián y su cuadrilla de perdularios, denomina “republicanos”. En Barcelona, los seguidores de Companys mataron a 3.114 personas, 1.475 en Tarragona, 1.219 en Gerona y sólo 330 en Lérida. Muchas de estas víctimas permanecen ignoradas en lugares recónditos, quizá también en cunetas. De ellas no se van a preocupar nunca ni Rufián, ni, desde luego su cómplice Sánchez.

La insidia de Rufián y de su socio Sánchez es verdad que a nadie le causa extrañeza; es más, resulta totalmente compatible con sus actuaciones políticas, lo que sí produce un cierto estupor es la conducta que los jefes militares en activo están aplicando a los dos casos; uno, los manifiestos de los mandos en reserva, otro, muy distinto, el silencio ante la brutal acusación de “asesino” al Ejército al que ellos representan. El primero es realmente inoportuno, porque aprovecha, ¡y de qué manera!, a los leninistas y a los independentistas, incluido el PNV, que tanto están haciendo por suprimir la existencia de nuestras Fuerzas Armadas. Es no obstante la expresión en caliente del tremendo desagrado con el que los militares están contemplando la destrucción de nuestra convivencia democrática y la voladura de la España constitucional. Los manifiestos -ya digo que inconvenientes para esta sazón- nada tienen que ver con las expresiones tabernarias de quien se cree con ganas de darle su merecido a cualquier paisano, tenga este la ideología que tenga. No son comparables ambas expresiones que, por lo demás, guardan distinta consideración: los manifiestos son públicos, los desahogos absurdamente viriles, muy privados, de campa excursionista. Asistiremos, ya lo verán, al momento en que, de una forma u otra, hasta sin luz y taquígrafos, la enmienda de los soeces republicanos de Esquerra, se cumpla en toda su extensión, y este maléfico presidente del Gobierno ordenará sin posible escapatoria, que los Ejércitos acudan a ni se sabe qué cunetas, para discernir si allí se alojan todavía huesos que tengan en su periostio, en su cobertura exterior, una pegatina que diga: “Soy republicano”. De la fregona a la pala, este es para Sánchez “su” Ejército, para lo que vale “su” Ejército. Cuando esta orden se produzca -que se va a producir porque los rufianes le van a sacar a Sánchez, hablando de huesos, hasta la médula- ya estaremos en otro punto de la disolución de nuestra Monarquía parlamentaria. También, después, de la Constitución, y finalmente, de España. Aún existen merluzos que proclaman su fe en que eso nunca se vaya a producir. Pues bien, les cuento un sucedido final: algún personaje que ha acudido recientemente a visitar al Rey, me decía: “Sánchez insiste a Don Felipe en que por él no se preocupe”. Le pregunto: “Y ¿qué dice el Rey?” Respuesta: “No creo que se lo crea”.

Ni muerto te dejan vivir
Ramón de España cronicaglobal 10 Diciembre 2020

La iniciativa de Ciudadanos para que dos escritores de Barcelona (y sobre Barcelona) que escribían en castellano y que fallecieron el año pasado --Juan Marsé y Carlos Ruíz Zafón-- gozasen de algún tipo de reconocimiento público por el parlamento catalán estaba condenada al fracaso. Los lazis son de los que muerden y no sueltan, aunque la presa haga tiempo que la ha palmado. Si de ellos depende, Marsé y Zafón pagarán eternamente por haber escrito en el idioma equivocado y que no cuenten con el parlamentillo, con la ILC, con la red de bibliotecas ni con nada que forme parte del exclusivo club indepe para honrar su memoria. La maniobra podía haber servido para retratar mejor a los políticos de JxCat y ERC que se han opuesto a la iniciativa y la han tumbado, pero era redundante: ya sabemos de qué pie calzan y no se le pueden pedir peras al olmo, por mucho que se tergiverse a los difuntos incluyéndolos en una lista de las supuestas glorias de la literatura catalana (escrita en castellano).

En ese sentido, coincido con los lazis en el concepto de que la literatura catalana es la que está escrita en catalán. Y dado lo reticentes que son a la hora de concederte la nacionalidad, no merece la pena ni solicitarla, entre otros motivos porque, al escribir en español, formas parte de un club mucho más grande e influyente que el de los que escriben en catalán. Si juegas en primera división, ¿para qué te vas a empeñar en que te equiparen con los que lo hacen en tercera regional, algo que solo se le ocurre a alguien como Matthew Tree? La tacañería indepe a otorgar la nacionalidad catalana debería verse contrarrestada por la no solicitud de ser incluido en las letras catalanas cuando formas parte de las letras hispánicas, mucho más ricas, amplias y variadas a la fuerza, porque usan un idioma hablado por muchos más millones de personas. El favor debería hacerse a la inversa, considerando la literatura en catalán parte de la literatura española, pero me temo que sería interpretado como una ofensa por esos señores de ERC y JxCat que se han negado a mover un dedo oficial por los difuntos Marsé y Zanón, a los que, por otra parte, estén donde estén, se la sopla lo que piensen de sus libros unos funcionarios patrióticos cuya principal preocupación, en estos momentos, debe ser la conservación de sus respectivos sillones tras las elecciones de febrero.

Como escribieron en la lengua común --o impuesta, según el lazismo--, Marsé y Zafón nunca serán considerados catalanes de verdad por nuestros talibanes de estar por casa, pues ya he dicho que aquí la nacionalidad se concede con una tacañería y una parsimonia francamente andorranas. Para los ceporros de ERC y Junts x Puchi, el genuino escritor catalán no debe tan solo escribir en catalán, sino que también está obligado a ser independentista, hincha del Barça, consumidor de ratafía sin tasa y, a ser posible, coleccionista de caganers. Aunque escribas en catalán, si no cumples todos los requisitos exigidos, te ignorarán porque, según ellos, no acabas de ser de aquí. Para que esa gente te considere “de aquí” no basta con haber nacido en Cataluña y escribir en catalán. Ayuda, sí, pero no es suficiente (que se lo pregunten a Ferran Toutain o a Ponç Puigdevall, sin ir más lejos). Así pues, ante tanta mezquindad y tanta racanería conceptual, lo mejor es renunciar a esa nacionalidad tan difícil de conseguir y, de paso, insinuarles a los repartidores de carnés de identidad que se la metan por donde les quepa. Lo contrario solo conduce a que los lazis de turno se pasen metafóricamente al castellano para cantarte las célebres estrofas de Peret: “Usted no puede pasar, la fiesta no es para feos”.

Es mejor quedarse en casa en vez de intentar colarse en una fiesta a la que no te han invitado y que, para colmo, es aburridísima y está trufada de tipos desagradables y mujeres tan antipáticas como escasamente atractivas. Por no hablar de que tu casa es mucho más grande y confortable que el chamizo en el que no eres bienvenido.

El independentismo rechaza homenajear a Marsé y Ruiz Zafón, autores en castellano
Ocurrió en la Comisión de Cultura ante una propuesta de Ciudadanos. ERC y Junts per Catalunya votaron en contra. Sólo PSC votó a favor. Ni CUP ni PP estaban presentes.
Karina Sainz Borgo vozpopuli.es 10 Diciembre 2020

Las fuerzas independentistas Junts per Catalunya y ERC han rechazado una propuesta de Ciudadanos para rendir homenaje a Carlos Ruiz Zafón y Juan Marsé, ambos autores catalanes fallecidos recientemente y cuya obra está escrita en castellano. Marsé, premio Planeta y Premio Cervantes, fallecido el pasado mes de agosto, vuelve a ser invisibilizado por el independentismo. Ya le ocurrió en vida, en varias ocasiones.

El escritor Carlos Ruiz Zafón, fallecido a los 55 años en Los Ángeles (California, EEUU), ha sido traducido a más de cincuenta idiomas y sus obras publicadas en 40 países, con más de 10 millones de ejemplares vendidos. Su Barcelona fantasmagórica e inquietante se convirtió en el sello de su obra, marcada por la saga de El cementerio de los libros olvidados.

El rechazo al homenaje tuvo lugar en la Comisión de Cultura del Parlament ante la propuesta de resolución de Ciudadanos(Cs), cuya finalidad era reconocer la obra literaria de Juan Marsé y Carlos Ruiz Zafón. Era una iniciativa "partidista" según adujeron los independentistas para votar en contra. Así lo hizo saber la diputada naranja Susana Beltrán en un tuit donde criticó la negativa de Junts per Catalunya y ERC.

"Incomprensibles las excusas que nos han puesto los grupos separatistas. Seguiremos insistiendo porque Juan Marsé y Carlos R. Zafón merecen un reconocimiento de su obra, al máximo nivel, desde las instituciones catalanas", aseguró la diputada para hacerse eco de la noticia publicada por El Español, y que confirmó esta misma tarde a Vozpopuli.

Catalunya en Comú-Podem se abstuvo en la votación, sólo el PSC votó a favor de la iniciativa de Cs, PP y CUP no estaban presentes.Hay episodios que sirven de precedente. Por ejemplo, la censura de la que fueron objeto en el año 2007 Enrique Vila-Matas, Juan Marsé o Ana María Matute, quienes no fueron invitados a la Feria del Libro de Frankfurt en la edición en que Cataluña fue invitada especial.

Industria del libro.. en castellano
Históricamente, Cataluña ha sido uno de los bastiones de la industria del libro en España, no en vano aporta el 50,8% del volumen de negocio editorial global español y conecta a casi todos los actores del libro: editores, distribuidores, autores. Ha sido cuna de las principales agencias literarias –la histórica Carmen Balcells, por ejemplo- y escenario de momentos decisivos de la historia literaria hispanomaericana, desde la primera edición del Quijote, pasando por el Boom latinoamericano hasta Roberto Bolaño.

La importancia literaria de Barcelona sigue siendo innegable, entre otras cosas porque los premios de especial prestigio y visibilidad están vinculados a la ciudad, el más importante de ellos, el Premio Planeta de Novela, el galardón literario concedido por el grupo perteneciente a la familia Lara y que se reconoce como el mejor dotado económicamente en Hispanoamérica con 601.000 euros.

A los anteriores se suma el Premio Nadal (18.000 euros), concedido también por el Grupo Planeta, y que se concede a la mejor obra inédita o el Premio Biblioteca Breve (30.000 euros), concedido por Seix Barral, con el que han sido reconocidos autores como Mario Vargas Llosa, Guillermo Cabrera Infante, Juan Marsé Carlos y Juan Benet, entre otros. Hay que mencionar, por supuesto, el prestigioso Premio Herralde de Novela, vinculado a la editorial Anagrama.
Todo empezó con el Pujolismo

En su libro Otra Cataluña el periodista y escritor Sergio Vila-Sanjuán describe la tradición en lengua castellana desde el Siglo de Oro hasta el XX en Cataluña. ,Lo hace a partir de poetas como Francisco de Moner y Juan Boscán, historiadores como Antonio de Capmany, filósofos como Jaime Balmes y Eugenio d´Ors, pensadores políticos como Pi y Margall o Ferrer Guardia o figuras como Federica Montseny hasta autores Carmen Laforet, Jaime Gil de Biedma, Joan Manuel Serrat o Eduardo Mendoza y Enrique Vila-Matas.

En esas páginas, Vila-Sanjuánexplica cómo desde 1550, la parte central de la producción editorial en Cataluña es en castellano. Ya desde el siglo XVI, los impresores ven que el castellano es su gran mercado. "La proporción de publicación que hay en 1570 entre el castellano y el catalán es como la de hoy, prácticamente", desarrolla en esas páginas.

Desde 1980, la Generalitat creo una serie de organismos dedicados exclusivamente a la promoción de la literatura en catalán: la Institución de las Letras Catalanas, el Instituto Ramon Lull o los Premios Nacionales de Cultura. "Todo eso sólo se da a la creación en catalán y a la otra parte, al castellano, simplemente se le ignora es como si no existiera", explicó el escritor a Vozpopuli en una entrevista en ocasión de aquel ensayo.

 


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