AGLI Recortes de Prensa   Miércoles 30  Diciembre  2020

La política de la mentira y la ocultación tiene un nombre: Pedro Sánchez
OKDIARIO 30 Diciembre 2020

El Gobierno se escuda en el «secreto» para no responder en el Congreso de los Diputados a una petición de información cursada por el Partido Popular para conocer, entre otras cosas, el número de inmigrantes contagiados de Covid que han terminado escapándose de los centros de acogida donde se encontraban internados. Según el Gobierno, su silencio se ampara en la Ley de Secretos Oficiales. Obsérvese que cuando el Ejecutivo socialista tiene un problema se justifica para no contar la verdad en el término «secreto». De ese modo, el número real de muertos por coronavirus debe ser también un Secreto Oficial, porque lleva nueve meses ocultando la cifra de fallecidos.

El grado de desfachatez del Ejecutivo socialcomunista no tiene precedentes. Ni el número de muertos por Covid, ni el número de inmigrantes contagiados que se dieron a la fuga, ni el número de pateras y embarcaciones que llegaron a las costas canarias, ni el número de personas que venían en esas embarcaciones, ni el número de inmigrantes fugados que han sido localizados. Nada. Todo es secreto oficial.

«En relación con las cuestiones formuladas, se informa que los datos solicitados guardan relación con los medios y procedimientos concretos destinados al fin ulterior de combatir las actividades ilícitas de lucha contra el crimen organizado, lo que forma parte de los ámbitos de Seguridad Pública a los que el Consejo de Ministros otorgó, con carácter genérico, la clasificación de “secreto” en su reunión de 6 de junio de 2014, al amparo de la Ley 9/1968, de 5 de abril, sobre secretos oficiales, modificada por la Ley 48/1978, 7 de octubre». Hace falta tener cara en su respuesta. De este modo, Moncloa impide, por tanto, conocer los datos que tiene el Gobierno sobre el descontrol que se ha producido en los últimos meses tras la oleada de llegada de pateras y los traslados -ocultados por el Ministerio del Interior- de sin papeles de Canarias a otros puntos de la Península Ibérica.

Justifican su sistemática estrategia de ocultación y mentira con una palabra: «secreto». No es ningún secreto que Sánchez es un trilero que ha hecho de la opacidad y la absoluta falta de transparencia una forma de hacer política.

Sánchez, un presidente entre el plagio y la fake news que se aprueba a sí mismo
ESdiario 30 Diciembre 2020

El país con la mayor mortalidad y ruina de Europa tiene un presidente capaz de aprobarse a sí mismo con sobresaliente mientras esquiva todos los mecanismos de control real.

Con la falta de pudor que caracteriza sus despliegues propagandísticos, Pedro Sánchez presentó un supuesto examen "independiente" a su gestión como la prueba del gran rendimiento de su Gobierno, al que un "tribunal" de supuestos expertos elegidos a dedo por él mismo dio una notable calificación.

La solvencia del examen es parecida a la que el mismo Sánchez esgrimió para desmentir el plagio de su tesis, emitiendo en documento oficial la falacia de que había sometido su trabajo doctoral a las pruebas oportunas para concluir que cumplía todos los parámetros de solvencia y originalidad.

En ambos casos, la dramática realidad se impone a la mera publicidad. Con la tesis, los test antiplagio veraces concluyeron que su título de Doctor lo logró con un trabajo vergonzosamente copiado y construido a retales, probablemente por manos ajenas a las suyas.

Y sobre su Gobierno, basta con mirar la combinación de ruina económica, drama sanitario y crisis institucional para descartar que, el responsable de todo ello, pueda alcanzar otra nota que no sea el suspenso más rotundo, y más precoz, de cualquier presidente desde 1978.

Sánchez se mueve entre el plagio y la fake news para camuflar el fracaso de su gestión y la temeridad de su presidencia

Que supuestos expertos se presten a la pantomima y pongan su firma en semejante fake news con sello oficial lo dice todo del régimen clientelar implantado en España, caracterizado por un Gobierno que intenta ocupar o controlar todos los rincones del Estado -hasta el poder judicial o la Corona- y de un sinfín de terminales, de todo tipo, que se lo consienten y lo ensalzan a la espera de recibir la dádivas correspondientes.

Pero que el propio Sánchez no se ponga límites, no disimule y sea capaz de permitirse una campaña así, con el desparpajo de quien se siente impune y protegido, lo dice todo de la falta de límites que el personaje siente y de su disposición a hacer lo que haga falta, siempre, con tal de consolidar su posición.

La Moncloa mintió para tapar el plagio de la tesis Pedro Sánchez

En una democracia, al Gobierno le controlan las instituciones. Y a todas ellas, Sánchez las ha ignorado, vaciado, ninguneado o asaltado: el poder judicial, el Consejo de Transparencia, los tribunales, la oposición o los medios críticos han sido y son objeto de injerencias y ataques constantes de un presidente que solo se somete al examen... de él mismo.

Entre el plagio y la fake news se sintetiza el concepto democrático de un Gobierno que despide el año con las peores cifras de muertos y destrucción económica de Europa. Y con la tolerancia o el impulso del mayor desafío a la Constitución por mor de sus peajes con el nacionalismo y el independentismo. Que en ese contexto se permita sacar pecho solo produce tristeza y miedo.

Cómo acabar de una vez por todas con el sanchismo
José Alejandro Vara. vozpopuli  30 Diciembre 2020

Con los presupuestos en un bolsillo y la vacuna en el otro, Sánchez se piensa indestructible. Nunca se sabe, hay al menos dos líneas abiertas para liquidar el sanchismo

España y el sanchismo son dos realidades incompatibles. La una o lo otro. Lo otro pretende acabar con la una. Al menos, con esa una tal y como la conocemos. Persigue sustituirla por un ente pestífero y abstruso, dirigido por Lastras, Junqueras, Otegis y demás cochambre. De momento, va perdiendo la primera. El Parlamento, atenazado; la oposición, arrinconada; la opinión pública, sometida; la Justicia, perseguida; la Corona, hostigada. El sanchismo, deformación tóxica del socialismo, está a punto de derruir, en apenas un par de años, el colosal edificio de nuestra convivencia que costó más de cuatro décadas levantar. Una proeza.

En ello están. El sanchismo es un movimiento corrosivo y tenaz, diseñado en torno a la petulancia arrogante del mayor narciso que alojaron los muros de la Moncloa, Su Persona, sin más contrapeso institucional, económico y social que algunos vestigios de la Justicia, ciertos medios indomables, y lo que aún permanece en pie de la monarquía, esa referencia necesaria y tambaleante.

Superado cómodamente el trance de los Presupuestos, el sanchismo y sus profetas anuncian no sólo que cumplirán cómodamente la presente Legislatura, sino que hablan ya del horizonte de 2027 y más allá. Hasta 2031, cuando la efeméride de la República, aventuran sin pestañeos. No hay cortapisa que lo impida ni argumento que lo contradiga. Sánchez, embriagado por una vanidad extrema, tiene todas las bazas para eternizarse en el poder. Una mayoría, la de su investidura Frankenstein, más unida por el odio a la derecha que por sus propios ideales o intereses, es la garantía de su permanencia.

En este país de bobales adocenados y espíritus ovinos, se reacciona con más ahínco contra la supuesta llegada de la extrema derecha que contra la desastrosa gestión de un Gobierno de inútiles

Cuando se atisba algún viso de fractura o disidencia en la pandilla gubernamental, el equipo de propaganda de la Moncloa agita, raudo, el fantasma de Vox, de Franco, del Valle, de las cunetas, de Lorca y del beato Azaña para que desaparezcan las disputas y la unidad retorne al bloque de las turbias bastardías. En este país de bobales adocenados y espíritus ovinos, se reacciona con más ahínco contra la supuesta llegada de la extrema derecha que contra la desastrosa gestión de la pandemia (70.000 muertos) o la inepta respuesta ante la crisis económica (medio país en ruina y el otro medio, de camino). He ahí la clave del éxito. El sanchismo tiene todas las bazas para sobrevivir un largo tiempo. Tan sólo hay un par de circunstancias que le pueden complicar sus planes.

Zapatazo y volantazo
La primera es puro materialismo dialéctico. Leninismo todo a cien. Conforme Pablo Iglesias pise el acelerador de su actual insolencia en aras a promocionar su perfil de héroe de los desesperados, de caudillo de los descamisados, Sánchez dará en pensar que llegó el momento de soltar lastre y de parachutar hacia el vacío sideral a su molesto socio, que le llena el palacio de pulgas y le solivianta las sesiones del Consejo. Reforma laboral, el Sáhara Occidental, ley del sexo, ingreso vital, la guerra de las pensiones, la Corona... Demasiado ruido para tiempos tan convulsos. Stop al decretazo del Salario Mínimo, primer aviso serio. Gana Calviño, pierde Díaz. La brecha crece, Sánchez no invita a su socio a compartir su apoteosis televisiva de fin de año, mientras aprieta amenazante las mandíbulas.

El zapatazo en las nalgas moradas, que será aplaudido fervientemente desde Bruselas, debería compensarse con un volantazo hacia el centro, rumbo a Ciudadanos, maniobra que algunos, incluso en Moncloa, piensan tan razonable como inevitable. En su Aló presidente interminable de este martes, Sánchez, entre zambombas y autobombo, desmintió los rumores sobre un futuro cisma en la coalición. Palabra de presidente. Iglesias, por tanto, póngase usted en lo peor.

La otra alternativa sería más líquida y menos estruendosa. Es la que apuesta por el avance de Pablo Casado por la vía del arriolismo sincrético. Se sustenta la teoría en que la ira de los diez millones de parados, ya que no de los 70.000 muertos, propiciarán un vuelco electoral. Una posibilidad que ahora se antoja un delirio marciano. Entre otras cosas, porque aunque Sánchez pierda comba en las urnas y Podemos descienda sus apoyos electorales hasta el suelo de Anguita, con menos de veinte diputados, siempre vendrán a socorrerle los separatistas periféricos y los liliputienses regionales para que nada cambie en el tablero nacional. Que la derecha logre la mayoría absoluta de los 176 escaños en unas generales es ahora mismo un sueño etílico, una irrealizable utopía. O no. Circulaba hace días una reconocida encuesta que, por vez primera, avalaba esta posibilidad. Esto es, que las tres fuerzas del centroderecha, PP, Cs y Vox, sin necesidad de competir bajo un mismo cartel electoral, alcancen la mayoría suficiente para formar gobierno.

En plena apoteosis de éxito navideño, con presupuestos y vacuna, se antoja complicado pensar que y hay dos caminos para que el sanchismo se evapore, se volatilice, se esfume, desaparezca de nuestras vidas

En apenas dos años, Sánchez ha pasado de superviviente a indestructible. Así lo parece. Casado no es nadie o al menos así lo parece también. Los comunistas y los independentistas lucharán a dentelladas para evitar que la derecha retome el poder. También cierto. Pero ¿y si Sánchez, impelido por Bruselas y hastiado de la murga morada, cambia de rumbo? ¿Y si el voto centrista, tres millones, espantado del caudillo cesarista y sus compadres demoníacos, huye hacia la derecha y destartala a Frankenstein?.

Algún síntoma ya hay. Difícil de concretar, de trasladar al encerado de la realidad, bien es cierto. Arrebolado por sus éxitos navideños, con presupuestos, vacuna y más de cien mil carretadas de fondos europeos en el bolsillo, se antoja complicado pensar que existan dos vías para que el sanchismo se evapore, se volatilice, se esfume. En la primera, la de la ruptura con Podemos, Sánchez seguiría al frente del país pero ya sin sus apósitos de ponzoña radical y terrorista. En la segunda, el bonapartín de la Moncloa tendría que volver con Begoña y demás familia a su pisito de Aravaca. Y España, tan feliz.

Casado colaboracionista
Emilio Campmany Libertad Digital 30 Diciembre 2020

Pablo Casado está dispuesto a respaldar la Ley de la Corona que el PSOE quiere elaborar siempre que se cumplan algunas condiciones. Una de ellas es que no haya que reformar la Constitución. La otra es que la nueva norma refuerce el papel de la Monarquía. Dice el dirigente popular además que tal ley sólo es posible si la redactan PP y PSOE juntos, dando por hecho que su partido es indispensable para una reforma de tal calado. El planteamiento es suicida. Cualquier cosa que haya en la cabeza hueca de Sánchez conllevará una modificación implícita de la Constitución. Naturalmente luego, como en tantas otras ocasiones, vendrá el Tribunal Constitucional a decir que la nueva ley es perfectamente constitucional en la medida en que adapta la institución a los nuevos tiempos. Por supuesto, lo que Sánchez se propone no es reforzar la Monarquía sino debilitarla para dar satisfacción al republicanismo de sus socios de Gobierno y de parte de sus bases y electorado. Y desde luego no cree que tenga nada que negociar con el PP, aunque no le haga ascos a que Casado vote la ley si le apetece.

La cúpula del PP sabe perfectamente todo esto. Entonces, ¿por qué se presta a bailar este rigodón con semejante partenaire? Dada la ingenuidad de los actuales dirigentes de Génova, no es difícil dar con la respuesta. Quieren mantener la ficción de que España sigue disfrutando de un régimen parlamentario de bipartidismo imperfecto donde unas veces le toca a uno, Sánchez, y otras le toca a otro, Casado. Les interesa mantener esta ficción como supuesta garantía de que dentro de un lustro y pico les tocará a ellos gobernar después de Sánchez, como les tocó a Aznar y a Rajoy después de González y Zapatero.

No se dan cuenta de que, desde 1982, los esfuerzos del PSOE se dirigen a acumular tanto poder como sea posible. Primero, González quiso que su PSOE fuera una especie de PRI mejicano que ganara todas las elecciones en una democracia tan sólo aparente. La corrupción acabó con el proyecto. Luego, Zapatero intentó absorber a toda la extrema izquierda y establecer una alianza estratégica con los separatistas para que el PP no volviera a ganar. La crisis frustró el plan. Y ahora Sánchez intentará lo mismo, pero con la extrema izquierda en el Gobierno y no sólo entre sus votantes. Si Aznar y Rajoy pudieron ganar unas elecciones no fue porque el PSOE amablemente se aviniera a que hubiera alternancia, sino a causa del mal gobierno de los socialistas. En cualquier caso, aspiraran a lo que aspiraran González y Zapatero, es evidente que este Sánchez quiere radicalizar el régimen para que los comunistas le dejen gobernarlo. Y en ese camino estorban la familia, la educación y en general la libertad. Y también naturalmente la Monarquía, especialmente la de Felipe VI, capaz de un discurso como el del 3 de octubre. No puede Casado de ninguna manera mostrarse dispuesto a colaborar con nada que un Gobierno trufado de comunistas quiera hacer con la Monarquía. Su inclinación a hacerlo supone un engaño para sus electores, ya que es una manera de ocultarles lo que realmente se propone este Gobierno, que no es otra cosa que cercenar, si no acabar, con nuestras libertades. Y en ese camino la Monarquía de Felipe VI es un importante obstáculo que eliminar.

La magistratura no puede abandonar. España en manos de politicastros
Sin el freno de los jueces, los que quieren acabar con la democracia en España, tienen el campo libre para implantar sus estrategias revolucionarias
Miguel Massanet diariosigloxxi 30 Diciembre 2020

Nos asustan. Nos intranquilizan que estas voces del Tribunal Supremo que se están filtrando a través de los medios de información, reflejen algo más que una interpretación de unos pocos de sus miembros y no la de la mayoría de ellos. Resulta poco menos que increíble que desde el alto tribunal se refieran a los recursos que se están elevando a su consideración como de simples cuestiones sobre “rearbitrar disputas políticas”. Y hemos dicho que nos alarman estas posturas de algunos magistrados porque indican que no acaban de entender lo que de verdad está ocurriendo en España, en manos de unos gobernantes que tienen decidido implantar un nuevo sistema de gobierno en consonancia con sus ideas políticas y no según lo que tenemos establecido en nuestra Carta Magna.

Lo peor de todo es que los que pretenden un nuevo cambio de régimen no piensan hacerlo siguiendo los trámites y las reglas establecidas para poder hacerlo legalmente, según los cauces establecidos al efecto por nuestras leyes, sino que utilizando trampas, medios torticeros, convirtiendo el Parlamento en un medio para ir colando leyes, muchas de ellas de marcado perfil anticonstitucional, como es el caso de la nueva ley de Enseñanza o la que se refiere a la legalización de la eutanasia, un coladero por el que se da paso a que personas ajenas al propio enfermo sean las que decidan sobre si debe seguir viviendo o, por el contrario, debe de ser condenado a morir si un facultativo así lo decide.

Cuando el señor ministro de Transportes, el señor Ábalos, tiene un encuentro con una ministra de Venezuela, señora Delcy Rodríguez, que tenía vetado por la UE el aterrizar en ningún aeropuerto de la CE lo hace y se entrevista con el propio Ábalos y descarga su equipaje en el aeropuerto de Barajas, en una clara y evidente transgresión y el TS se limita a decir que el aeropuerto de Barajas y su sala VIP no es territorio español, francamente, nos huele a chamusquina. Otra de las “cantadas” de nuestros magistrados ha sido dar por buena la pésima, culpable, improcedente, negligente y a todas luces impropia acción del Gobierno en la gestión de la pandemia del Covid 19; tanto en cuanto a las previsiones que debió tomar, como en cuanto a retrasar las medidas que debió poner en práctica para evitar grandes aglomeraciones que favorecieran la propagación del virus, como fue el caso de autorizar la manifestación feminista del 8 de marzo sabiendo que la OMS ya había anunciado la peligrosidad de la pandemia, cuyos efectos letales ya se manifestaban en Italia.

La negligencia de nuestros tribunales, el primero el TC que tiene congelada la resolución de recursos sobre materias tan importantes como es el caso del aborto (en sólo el 2019 se registraron oficialmente la ignominiosa cantidad de 99.149 bebés asesinados antes de nacer) una ley de José Luis Rodríguez Zapatero que fue recurrida por 50 diputados del PP el 1º de Junio del 2010 y, desde aquella fecha duerme el sueño de los desvalidos desde los archivos de dicho tribunal u, otro caso que clama a los cielos, una iniciativa presentado por 50 diputados del PP, el 16 de Octubre del 2009, contra la ley educativa catalana, una iniciativa que permanece en hibernación desde hace la friolera de más de 10 años, sin que, durante este tiempo los señores miembros del TC, en un tema de tanta enjundia y que tantas malas repercusiones ha tenido durante el lapso al que nos hemos referido, haya merecido que se le prestara la atención debida, en una muestra evidente de cómo este tribunal esquiva afrontar los temas que sabe que pueden crear conflictos si se resuelven, como es evidente que se debieran solucionar según dispone nuestra vigente Constitución.

Es obvio que, si no por partidismo (no creemos que esta sea la causa de dichos retrasos) pero sí por el miedo de enfrentarse a fuertes críticas, cualquiera que fuere la resolución que, en ambos aspectos, decidieran tomar los miembros del TC, ha dado lugar a una evidente desidia, un retardo innecesario y que, como sucede en el caso del aborto, en el interregno entre la formulación del recurso y la falta de una resolución sobre el tema por parte del alto tribunal es posible, según confirman las estadísticas, confirmadas por la reciente sobre los abortos producidos durante del 2019, que estemos hablando de una masacre de más de 820.000 inocentes criaturas sacrificadas por sus madres haciendo uso de una ley que evidentemente nunca debió de aprobarse. ¿Dormirán tranquilos, sus señorías, teniendo sobre sus conciencias una carnicería semejante?

Y es que, por mucho que se quejen estos señores cuya profesión es impartir justicia, enmendar errores y proteger el Estado de Derecho en España, no hay excusa alguna, ni por escasez de recursos, falta de personal o cualquiera otra causa que se pretendiera alegar, para justificar semejantes dislates; es evidente que existe una incuria en el comportamiento de estos señores que, si no estaban en condiciones de cumplir con su deber de defender la Constitución, actuar de tercer poder moderador del legislativo y el ejecutivo y, por encima de todo, garantizar la legalidad en todo momento en la que, cualquiera que fuere el que intentara saltársela, hubiera el peligro de que pudiera ser obviada por quienes tuvieran interés en sacar provecho de ello; debieran de haber renunciado a su cargo para dejar paso a personas con las agallas suficientes para poner por encima de cuestiones personales, partidistas o escrúpulos o temores que les impidieran según se les requería en defensa de la Justicia y de las leyes vigentes.

El señor Pascual Sala, presidente del TC entre los años 2011 y 2013, en una entrevista que se le hizo con motivo del 40 aniversario de la Ley Fundamental, hizo la siguiente declaración: “Una Justicia lenta no es justicia. Y más si es constitucional” ¡Córcholis, con el señor Sala, debió de haber puesto en práctica lo que había declarado porque, precisamente dentro de estos años en los que presidió la institución estaban durmiendo, en los archivos del tribunal, los dos recursos a los que nos hemos referido anteriormente sin que, al parecer, ni él ni los magistrados a sus órdenes se preocuparan ni poco ni mucho en activar el estudio y análisis de los recursos sobre los que debieran ya haber emitido una resolución.

Nadie puede dudar de que nos encontramos ante un circunstancia excepcional que requiere que se tomen medidas también excepcionales y, el poder que todavía se encuentra en condiciones de poner orden en este país es, sin duda alguna, el Poder Judicial, pese a que el Gobierno ya ha empezado a barrer en terrenos como es el de la abogacía del Estado y la fiscalía, ante la cual ha situado a una exministra, la señora Dolores Delgado, de reconocida falta de parcialidad, sectaria y fanática socialista, quien no ha tenido ningún escrúpulo en poner a los fiscales a sus órdenes de modo que allí no se hace más que lo que ordena la señora Fiscal General que, como se puede suponer, es lo que se le ordena desde el Gobierno del señor Sánchez. Por consiguiente cualquier resquicio, atisbo, fisura o resquebrajamiento en el seno de la judicatura o movimiento que suponga ponerse a las órdenes del ejecutivo, tendente a crear una división entre los miembros de la Administración de Justicia, puede tener un efecto deletéreo para España, su economía, su paz interna y su pervivencia como nación; algo de lo que serían responsables, si deciden establecer impedimentos para que ciertos temas, que evidentemente tienen repercusiones en el propio ser de la nación española, se decide apartarlos de la tutela judicial para convertirlos en meras cuestiones administrativas, en las que los actuales gobernantes tienen la potestad de poder decidir con facilidad el camino que se le debe dar a cualquier litigio para que se resuelva a favor de su conveniencia.

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, vemos cómo, mientras los jueces parecen querer escurrir el bulto en el tema de separatismo catalán y vasco, el Gobierno, por medio del ministro señor Ávalos, está preparando el indulto de los separatistas catalanes condenados por delito de secesión y malversación de caudales públicos, haciendo afirmaciones tan peregrinas y carentes de sentido como la de que el Gobierno “tiene la obligación moral de aliviar las tensiones que puedan dañar la convivencia”.¡ Pues muy bien, señor ministro! ¿Quién le dice a Vd. que si se indulta a unos señores que no se han arrepentido, que han dicho que van a continuar luchando por la independencia y que siguen empecinados en que lo que hicieron, rebelándose contra el Estado, no constituye delito, va a aliviar las tensiones en Cataluña? ¿O es que, sin hacer caso de lo que digan los fiscales y los jueces del Supremo respeto a la improcedencia de los indultos, cuando por conveniencia exclusiva del Gobierno, que depende de los votos catalanes para seguir gobernando, se despreocupa de las opiniones de los especialistas para contentar a unos señores que ya han dicho que con indulto o sin él van a seguir luchando por conseguir su independencia de España, van a conseguir aliviar las tensiones en Cataluña o, por el contrario, se van a crear más por parte de todos aquellos que consideramos que el indulto es una traición a España y a sus instituciones democráticas? Séneca, el sabio romano, nos dejó esta reflexión: “No nos atrevemos a muchas cosas porque son difíciles, pero son difíciles porque no nos atrevemos a hacerlas.”

El virus como excusa para acelerar el globalismo
Jorge Buxadé https://gaceta.es 30 Diciembre 2020

El pasado 3 de diciembre, el periódico “The Economist” publicaba un artículo en que, haciéndose eco de una serie de estudios sobre cómo estaba afectando la pandemia a los trabajadores, empleados y gestores de las empresas, concluía que “si los empleados trabajan de forma remota y ya no van a vivir en caras y grandes ciudades, las empresas no necesitan pagarles tanto”.

A mitades del pasado mes de marzo, todos los Estados de Europa acordaron conforme a sus normas constitucionales –salvo en España, donde el Gobierno adoptó un estado de excepción encubierto en la declaración de alarma con manifiesta infracción de la ley constitucional– medidas severísimas sobre los derechos fundamentales y las libertades civiles, cierre de fronteras, limitación de actividades e, incluso, confinamientos forzosos en domicilio y cierres generales de amplios sectores de la economía.

En lugar de indagar las responsabilidades de la China comunista en la expansión mundial del coronavirus o de preguntarnos sobre la fragilidad de nuestros sistemas democráticos, o incluso de reflexionar con profundidad sobre el origen profundo de la pandemia y de su rápida difusión, la respuesta de las élites globalistas ha sido aprovechar la situación para acelerar la ejecución de sus objetivos: la imposición a nivel mundial de un modelo de hombre sin identidad, sin raíces, sin relaciones humanas auténticas; y unas naciones disueltas en el magma viscoso de la gobernanza mundial, donde quienes gobiernan no son elegidos por los ciudadanos ni pueden ser cesados por estos. La Unión Europea a la cabeza de estos objetivos globales.

Bajo el paraguas de la “digitalización” de los procesos productivos, las fuerzas globalistas pisan el acelerador. La situación es ideal: los confinamientos, cierres de sectores de actividad, limitaciones a la movilidad urbana, y el pánico sanitario extendido por las agencias gubernamentales e internacionales dibuja un paisaje en el que el pequeño comercio es arrasado por las grandes multinacionales de la logística y la compra por internet de forma que miles de pequeños propietarios, dueños de sus negocios, de su tiempo y de su riesgo, son sustituidos en masa y a una velocidad insospechada hace solo doce meses por una multitud de trabajadores temporales que prestan servicio a multinacionales globalistas.

Al mismo tiempo, en cientos de miles de empresas se impone por los Estados el teletrabajo. No es una decisión adoptada por el empresario o por el empresario junto a sus trabajadores en interés común respondiendo a una necesidad del servicio, o del cliente; sino una imposición coactiva del poder público, que limita aforos, prohíbe viajes, o directamente limita la libertad económica en determinados sectores.

Ese trabajador pierde con el teletrabajo todo contacto con la realidad, toda relación verdaderamente humana – por personal, física, directa – con su empresa, sus compañeros, clientes, proveedores; con el camarero que le servía el primer café de la mañana o el que le atendía a la hora de comer. El teletrabajador se limita a ser un sujeto que produce; descarnado, desarraigado. En este teletrabajador no hay ya solidaridad ni compañerismo, ni puede haberlo, porque ha sido encapsulado en un área sanitaria libre de contactos. Es productividad pura.

Las gobiernos locales o regionales insisten en sus campañas. No tengas contacto con gente. No salgas. No te abraces. No le des la mano a nadie. Restringe tus contactos, incluso en el seno de la familia.

El escenario es dantesco: millones de europeos se han ido directamente al paro. La caída del PIB de los países occidentales nos retrotrae a los tiempos de la segunda guerra mundial. Otros cientos de miles (pequeños propietarios del sector ocio, turístico, hostelería y pequeño comercio minorista) están siendo sustituidos por un ejército de trabajadores temporales —ahogados en Europa por una creciente presión inmigratoria— para empresas multinacionales que trasladan sus beneficios y sus impuestos a sus sedes en terceros países. Y otros cientos de miles de trabajadores han pasado a engrosar la lista de los “teletrabajadores”, encerrados en sus domicilios, sin contacto con la realidad, metidos en esa diabólica y perversa rueda de trabajar de 9 a 9, 6 días a la semana, consumir televisión o internet como medio de “evasión”; es decir, evadirse de lo virtual, con más virtualidad.

Y todo eso se impone por las élites con la rotundidad de una ley física inamovible. La excusa sanitaria es perfecta: si no lo haces, estás fuera del mercado. Si no aceptas las nuevas reglas, puedes ser tachado de negacionista, incluso. Y no hay nada bueno en todo esto. Y no hay ninguna ley inexorable que nos imponga eso como un absoluto, ni divina ni humana. Es la ley de las multinacionales globalistas y de las élites que nos quieren aborregados: sin vida personal, sin relaciones humanas, sexo virtual, amor empaquetado en una aplicación, comida a domicilio porque tienes que seguir produciendo, a todas horas. No se mueva usted de casa, ya se lo traemos.

Y encima, las élites concluyen que como el teletrabajador está en casa y no gasta en trayectos y ya no quiere vivir dentro de la ciudad en un piso de 40 metros cuadrados asfixiándose, ha de cobrar menos. No se les ha ocurrido pensar que como la empresa se ahorra costes de alquileres, préstamos hipotecarios, suministros en la sede y demás, quizás conviene lo contrario: mejorar las remuneraciones para que ese teletrabajador salga de casa, conozca a una chica (o un chico en caso de ser teletrabajadora), se rocen, se sientan, hablen, se abracen, se amen, formen una familia y tengan un hijo fruto del amor. No. Eso no se les ha ocurrido. Porque entonces ese teletrabajador ya tendrá otras prioridades: su familia, su seguridad, su libertad, su patria.

Jorge Buxadé es vicepresidente del Área Política de VOX y jefe de la delegación de VOX en el Parlamento Europeo

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Sánchez se da un sobresaliente en el año de las colas del hambre y los 70.000 muertos

EDITORIAL Libertad Digital 30 Diciembre 2020

Este Gobierno pésimo, lejos de ser la solución a nada, es parte determinante de casi todos los problemas que tiene planteados España.

No es la primera vez que Pedro Sánchez da síntomas de desconexión con la pavorosa realidad que sufre España, de la que es tremendamente responsable. Con todo, el idílico balance que ha hecho este martes de su primer año de legislatura entra de lleno en el terreno del delirio narcisista. De ahí que haya asegurado, con total desfachatez, que la actuación de su Gobierno ha sido nada menos que "sobresaliente", cuando España lidera la lista de países más azotados por la crisis sanitaria y económica, al tiempo que padece una crisis nacional, institucional y política inaudita en el resto del mundo occidental.

Sin vergüenza, Sánchez se ha jactado también de la “cohesión” de su Ejecutivo, pese a que los ministros comunistas andan todos los días a la gresca con sus colegas socialistas, y del “grado de cumplimiento” de sus compromisos; además, ha dicho que quiere que la coalición PSOE-Podemos perdure “toda la legislatura”. Como se recordará, la campaña electoral del PSOE pivotó sobre tres ejes fundamentales: no conformar Gobierno con la extrema izquierda podemarra, no depender de los separatistas catalanes y no pactar con los albaceas de la organización terrorista ETA. Sánchez ha traicionado de la manera más rastrera todos esos compromisos tan fundamentales que –la frase fue célebre– hasta le quitaba el sueño imaginarse gobernando con un sujeto como Pablo Iglesias, el niño mimado de los despiadados criminales que detentan el poder en Irán y Venezuela.

Por su deliberada tardanza en reaccionar en un primer momento, por sus draconianas y liberticidas medidas posteriores y, finalmente, por su dejación de responsabilidades para que el desgaste lo sufrieran las comunidades autónomas, el Gobierno social-comunista no ha hecho otra cosa que multiplicar los efectos adversos de la pandemia del coronavirus, que ha causado estragos en una España que encima se ha visto rematada por una nefasta política económica basada en una asfixiante presión fiscal, una regulación injustificada e injustificable y en un brutal incremento de la deuda pública.

Que Sánchez hable de “transparencia” cuando a día de hoy no se conoce el número real de víctimas mortales del coronavirus (¿70.000 y subiendo?) y sólo este martes se han divulgado los nombres del fantasmagórico Comité de Expertos que hace poco el propio Ejecutivo decía que no existía sería de chiste si no fuera un drama sobrecogedor. No menos surrealista es la crisis nacional provocada por el persistente desafío separatista del supremacismo golpista catalán, aliado crucial de un Sánchez traidor a la Nación que ha pasado de prometer una reforma legislativa para endurecer las penas por la celebración de referéndums ilegales a proponer una reforma para rebajar las condenas por sedición, de tal forma que ya ni siquiera necesitaría indultar a sus aliados golpistas del 1-O para que salieran a la calle.

La misma gravedad arroja la crisis institucional derivada del asalto al Poder Judicial por parte de la banda de Sánchez e Iglesias, que además no pierde ocasión para cuestionar la Monarquía parlamentaria y el orden constitucional. Que el felón Sánchez proponga una Ley de Regularización de la Monarquía para modernizar y fortalecer la Corona cuando Iglesias no hace más que bregar para cumplir sus deseos de niño republicano mecido por canciones del criminal FRAP es un escarnio y una infamia que debería provocar la más enérgica condena por parte de la oposición.

Así las cosas, no le falta razón a Santiago Abascal cuando califica al Ejecutivo de Sánchez como “el Gobierno de la mentira”, ni a Pablo Casado cuando denuncia que España sufre “cinco crisis superpuestas”: la sanitaria, la social, la económica, la constitucional y la política.

Ante este panorama, ya podrá Sánchez decir a los españoles que hay que elegir “entre el miedo y la esperanza”, que lo cierto es que el principal propagador del miedo y el principal foco de desesperanza son él y su Gobierno liberticida sostenido por enemigos jurados de la Nación; un Gobierno pésimo que, lejos de ser la solución a nada, es parte determinante de casi todos los problemas que tiene planteados España.

Comprobado: el Señor Sánchez es un peligro para la Seguridad Nacional
Fulgencio Coll Bucher rebelionenlagranja.com 30 Diciembre 2020

En los dos últimos años, el Estado Español ha experimentado un rápido deterioro caracterizado por un desplome de su estructura política, continuas actuaciones gubernamentales de “dudosa” constitucionalidad y un rasgo sostenido de despotismo irresponsable en la gobernanza.

2020 ha sido un año raro, en el que en el mundo se publicaron más libros y artículos de baja cualificación y multitud de opiniones no informadas que, posiblemente, en cualquier otro año en la historia de nuestra especie. Por otra parte, la amplia disponibilidad de receptores de noticias, así como acceso a blogs, Twitter, boletines informativos y sobrecargas informativas de tal manera que el mal uso de la información no es exactamente un logro para la Humanidad. O sea, que la desinformación en su sentido mas amplio ha sido la norma.

El año 2020 ha sido también un año negro para España, la pandemia ha causado decenas de miles de muertos, mientras el capricho personal de un político de ser Jefe del Gobierno de España, ha tenido como resultado un verdadero “desguace” del Estado y el ocaso de la democracia. Desde que se formó el denominado Gobierno de Coalición, una especie de grupo asambleario sin programa de gobierno, los asuntos de estado han ido de mal en peor y sus primeras víctimas son las libertades democráticas y las instituciones constitucionales.

La ausencia de una gobernanza digna del nombre se ha concretado en una serie de actuaciones deslavazadas dirigidas a un único objetivo: aprobar los Presupuestos Generales del Estado. Lo efectos colaterales de la forma en qué se han aprobado, tras un año de cambalaches cuando quedaba una semana para acabar el año, son difíciles de valorar. Para aprobarlos se han tomado las siguientes medidas de carácter “contable”: traslado de terroristas de ETA a cárceles del País Vasco, traslado de la competencia de prisiones (¿) al “Gobierno de Euskadi”, vía libre para admisión por la FIFA de la selección vasca de fútbol, parte alícuota de la derogación del español como lengua vehicular en España(¿), ventajas fiscales, riego de millones a Cataluña, todo lo necesario para que los condenados por sedición no cumplan condena, castigar fiscalmente a comunidades autónomas díscolas, retirar al Ejército de Guipúzcoa, darle prácticamente a Cataluña y Vascongadas la independencia pandemiológica, etc.

La parte “woke” del Gobierno, en el mes de marzo “aplazó” la pandemia y cuando se dieron cuenta, la tragedia estaba aquí. A la vista de que la gestión de la situación sanitaria era calamitosa y que perjudicaba la imagen gubernamental, se traspasó la gestión, a la carta, a las Comunidades en lo que se ha venido a conocer como “cogobernanza”, término de contornos imprecisos que vendría a decir: “tu a las duras y yo a las maduras y los independentistas a su bola”, o sea “responsabilidad de geometría variable”.

A todo esto, bajo el estado de alarma, se han tomado decisiones abiertamente en contra de la Monarquía y de la independencia del Poder Judicial, con ánimo de sobrepasar el equilibrio de poderes y gobernar sin programa, pero con hechos consumados. La ausencia de veracidad ha sido una característica de la acción de gobierno brillando por su ausencia la transparencia. Estas circunstancias, por sí solas, descalificarían a cualquier Gobierno en una democracia.

Desde el punto de vista internacional, el desprestigio de España es clamoroso, dependiente de Bruselas para casi todo los aspectos económicos y democráticos. Carecemos de política exterior, nos amparamos en la de la UE que es virtual y sobre nuestro territorio se ciernen desafíos a los que la población es ajena, dado que el concepto de Seguridad Nacional es ignorado por la grave incuria del estamento político.

Es curioso que cuando el mundo se prepara para afrontar los desafíos de una nueva Era, el Gobierno de España entre en una contradicción esencial, el retrotraerse a la Republica de 1931 como fundamento de la actual, mediante un constructo denominado “memoria democrática” a la vez que se olvida la genocida actividad etarra colaborando con ellos.

Cuando se va a cumplir un año del llamado “gobierno de coalición” el resultado es un cumulo de destrozos institucionales y económicos, sin perspectiva de solución, a la vez que ha demostrado una acrisolada incompetencia en diferentes situaciones incluyendo la gestión de la pandemia. Solo un partido político ha denunciado claramente esta situación al presentar una moción de censura.

Hace un año publiqué que el Sr Sánchez era un peligro para la Seguridad Nacional, el tiempo lo ha confirmado. Esperemos se produzca un milagro y que el 2021 nos traiga un gobierno de verdad.

Mentiras para encubrir una tragedia
Editorial ABC 30 Diciembre 2020

Era difícil, pero el presidente del Gobierno se ha superado a sí mismo con un monólogo artificial de dos horas para hacer un balance del año de gobierno, que ha tildado pomposamente de «rendición de cuentas». Tan sobreactuado ha sido, que cualquier ejercicio de propaganda anterior quedó palidecido. Para empezar, ha presentado el trabajo de un supuesto «panel de expertos independientes» que, bajo el lema «Cumpliendo», concluyó que Pedro Sánchez ya ha ejecutado el 23,4 por ciento de su programa en un solo año de gestión. Así no es difícil predecir que al final de la legislatura habrá sido el 99,9 por ciento, pero para entonces la democracia ya será una reliquia del pasado.

No era día para triunfalismos después de un año con casi 78.000 muertos en una pandemia tan pésimamente gestionada. Pero Sánchez ni siquiera se sonrojó suplantando al Congreso con un grupo de «expertos» nombrados a dedo para hacer la fiscalización que deben hacer las Cortes, o colonizando a su exclusivo servicio todas las televisiones. En una democracia, un Ejecutivo rinde cuentas en el Parlamento, no en La Moncloa convertida en un plató de televisión, y los únicos expertos independientes son los Tribunales, esos a los que el Gobierno quiere hurtar su autonomía y libertad. Con al menos 78.000 españoles y con sus familias, Sánchez no ha «cumplido» absolutamente nada. Habló de un Gobierno transparente que sin embargo ha recibido serios reproches de Transparencia por ocultar información esencial de sus gastos con dinero público, de contratos de la Administración, y hasta de sus vacaciones. Habló también de «ejemplaridad pública», y por eso cabe preguntarse si es ejemplar pactar con Bildu, excarcelar etarras, arremeter contra los fiscales que se oponen a los indultos de separatistas condenados por sedición, o mentir diariamente sobre el número de muertes por coronavirus.

Sánchez no hizo un balance de nada. Fueron minutos y más minutos de palabrería hueca en una irritante operación de mercadotecnia para mantener oculta su verdadera agenda, y encubrir su estrategia de laminación de nuestro sistema institucional. El de Sánchez ha sido un año de desprecio al ciudadano, de demagogia gestual, de agitación ideológica y de erradicación de los consensos constitucionales. Ha sido un año demoledor para España, pero escuchando a Sánchez somos un edén.

Nada hubo en su balance sobre el colapso caótico de las oficinas de la Administración para atender a cientos de miles de ciudadanos envueltos en ERTE. Nada hubo sobre unos créditos ICO para empresas necesitadas de supervivencia, pero sustentados sobre una auténtica falacia. Nada sobre el salario mínimo que prometió subir y no sube, aunque al menos en esto acierta. Nada sobre su fallido «escudo social» y la estafa moral en que se ha convertido la «renta mínima vital». Nada sobre las mentiras con las que se negó durante meses a rebajar el IVA de las mascarillas. Y nada sobre el hundimiento de la industria, el turismo, la hostelería, el comercio o el ocio. Nada sobre las quiebras masivas. Y nada sobre su golpe legislativo contra el castellano para fulminar el sistema educativo. Nada hubo en su balance sobre el hartazgo de los sanitarios, ni sobre las colas del hambre, ni sobre los desprecios de su Gobierno a la Corona, ni sobre el intento de asalto al Poder Judicial. Tampoco hubo nada sobre las advertencias de Europa por sus abusos contra los jueces o por unos presupuestos generales en los que nadie cree en Bruselas. Nadie iba a quedar atrás. Y nadie queda nunca atrás… si no se mira hacia atrás. Eso es lo que eludió Sánchez con un cinismo elocuente e inventando un sucedáneo de debate sobre el estado de la nación a medida y sin oposición. Son los primeros síntomas de una «democracia de autor» diseñada sobre el autoritarismo, la mentira y la abrasión institucional.

El desprecio
Hermann Tertsch https://gaceta.es 30 Diciembre 2020

El Gobierno de España anuncia la vacuna contra el COVID19 como si la hubiera inventado. Y nos llama a felicitarnos como si se abriera una era de dicha porque Pedro Sánchez procede a regalarnos a cada uno una dosis de su pócima que nos salvará a todos la vida. La tropa de Sánchez está crecida. Son la corte del caudillo generoso. Algunos desagradecidos intentan confundir. Se les responde con prontitud y claridad. A ver si os enteráis. Como dice la “deputada po PSOE pola Coruña” Pili Cancela: “Las vacunas las paga el Gobierno de España. Sí, sí el de Sánchez Castejón. Por enfatizar, que parece que molesta”.

A ver qué se han creído esos impertinentes que ironizan con la publicidad de obsceno autobombo de este gobierno en contraste con la discreta campaña con la que han comenzado la vacunación en las demás capitales europeas. La grotesca megapegatina de propaganda apareció en todos los medios como uno de esos empujones que pega Sánchez, como un cazador de autógrafos, cuando en las reuniones internacionales intenta acercarse a alguien para que sus chicos obtengan la falsa imagen en trato entre “estadistas”, cuando en realidad le han ignorado durante todo el encuentro. Es la catetada del que se asoma al tiro de una cámara que enfoca a otra persona y saluda para que le vean los amigos del bar. Torpe, impertinente, zafio, fuera de lugar. Pero aun más tramposo y mentiroso.

Porque la “deputada pola Coruña” Pili “enfatiza” tanto que tenemos vacuna gracias a Pedro el Dadivoso que no se ha enterado de que esas vacunas las ha contratado y traído la Unión Europea, que liquida también las facturas de la farmacéutica. Aunque los que las han pagado de verdad son los de siempre, nosotros los sufridos contribuyentes. Pero la chulesca diputada con parla de cacique decimonónico refleja perfectamente el talante de este gobierno. Cada vez se muestra más dado a liberarse hasta de las mínimas formalidades y mostrarse en plena y desacomplejada exposición de su auténtica catadura.

Estamos en manos de seres muy primitivos. Ni el degradado submundo de los socialistas “podemizados” ni la sórdida espelunca comunista que es Podemos piensan en nada que no sea el control y ampliación del poder y los beneficios directos e indirectos que este les reporta. Nada fuera de eso les importa. De los políticos golfos hemos pasado a los políticos criminales que entienden la política como sus amigos Nicolás Maduro, Diosdado Cabello o Delcy Rodríguez, como una lucha por el poder en la que se han abolido todas las limitaciones, reglas, leyes por supuesto. Y no caben escrúpulos.

Nadie piense tampoco que son corruptos para mejorar en algo su posición y su vida porque van a por todas y con sus cómplices fuerzan el cruce de rubicones uno tras otro para que nadie se pueda volver atrás y la complicidad sea para cubrir la trinchera para siempre. En Cuba se hizo con éxito. En Venezuela están con ello. Hay tantos cómplices ya del crimen que según pasan los años se consolidan las fuerzas de los que saben que si por una vez ganara la decencia o el bien, ellos sería condenados de por vida a prisión. No hay límites en la felonía como no hay límites en la defensa de lo indefendible, ni en el cinismo para negar ante la sociedad lo que es evidente y palmario: sus abusos, sus delitos y su desprecio a la vida de los españoles que juraron defender. No quieren medrar unos años. Como ya hicieron algunos de los grandes prebostes socialistas ahora son muchos y violentos los que quieren auparse definitivamente a una nueva clase para generaciones.

La característica fundamental de todos ellos, socialistas, comunistas y otros golpistas es el desprecio al español común. Sus objetivos ideológicos igualitarios son perfectos para humillar a la mayoría y llevarla a creer que no hay escapatoria, que no hay ya posibilidad de una vida digna y hay que contentarse con una vida obediente que no conlleve demasiados sobresaltos ni privaciones.

A nuestra nueva clase dirigente le importa un bledo las angustias, penurias y sobre todo las expectativas de vida que tienen los españoles como consecuencia de las medidas que ellos toman para favorecer sus intereses y saciar ambiciones partidistas y privadas. “Como Mariano”, dirán algunos. No exactamente. Hay una clara diferencia con Mariano Rajoy, personaje tan culpable como el que más de esta deriva trágica de España hacia el enfrentamiento civil y la miseria que se emprendió tras las bombas del 11M bajo Zapatero, aquel personaje que llamaron “Bambi” y que ha sido el mayor corredor de maldad de la historia de España. “Broker in Evil” debía rezar el epitafio de Zapatero, escrito en inglés en lápida de plástico en un cementerio holandés cerca de la cárcel de Scheveningen, donde se cumplen las penas impuestas por el Tribunal Penal Internacional.

Pero volvamos a Rajoy. A este solo le importaba él mismo. Ni España, ni los españoles, ni la política, ni su partido, ni siquiera sus colaboradores. Por eso reaccionó su grupo humano de forma tan diferente a los de la izquierda. Sánchez y su banda al igual que Iglesias y la suya protegen a todos sus miembros implicados en delitos y los niegan hasta después de la condena. Por supuesto los protegen hasta el final. Rajoy solo se ha querido siempre protegerse él mismo y su desprecio hacia la suerte de los demás hizo que le estallaran todos sus escándalos, desde la Gürtel a la Kitchen que ahora los tiene aterrados y entregados a Sánchez y su Fiscalía sin escrúpulos ni ley.

Los malhechores que ahora gobiernan tienen un sólido sentido de pertenencia a la banda. Ellos ayudan a los suyos sin pudor, “right or wrong” y hasta el final. Y castigan a los contrarios sin piedad. Y a todo el que se alinee con los contrarios. Eso siempre ha sido así desde 1978 y también fue así en cierta forma antes de la guerra. La cobardía de la derecha inmersa en el régimen del consenso ha sido uno de los grandes motores para la consolidación de la hegemonía cultural de la izquierda. Una hegemonía cultural que es la losa principal que aun impide una reacción nacional masiva de los españoles en defensa de sus más elementales intereses y en contra del gobierno de malhechores que los viola y maltrata.

Todos saben desde la época de Felipe González que la izquierda solo contrata a la izquierda y que quien quiera contratos ha de ser de su órbita o hacer como que lo es. Todos saben asimismo que la izquierda tiene ese eficaz y sano rencor sectario que garantiza a quien ayuda a sus enemigos que sufrirá consecuencias. Por el contrario, todos saben que la derecha gobernante se desvive por contratar a la izquierda para hacerse perdonar ser de derechas. Y que siempre tiene afán de demostrar su “pluralidad” que no consiste sino en contratar a los mismos que contratan socialistas y comunistas.

Así se ha gestado la “cultura” en España en los pasados cuarenta años. Así han entrado en la Real Academia los que han entrado, Así han vendido libros los que decía Babelia/Bobelia. Así los gobiernos de la derecha en la nación, las regiones y los ayuntamientos han contratado regularmente a quienes los insultaban a ellos y a España. Han sido ellos los que han impedido que progresaran aquellos escritores, poetas, pintores, fotógrafos, periodistas, diseñadores, arquitectos que no se plegaran al mensaje ideológico de la izquierda. Y por supuesto a todas las mentiras del antifranquismo cuyo acatamiento y defensa eran condición implícita para cualquier contrato o promoción personal.

La democracia del consenso ha sido siempre un terreno de juego no ya inclinado sino empinado en el que la izquierda ha impuesto sus mentiras y acallado cualquier cuestionamiento al grito de “fascismo” o “franquismo”. Y las fuerzas conservadoras y nacionales, atadas de manos por sus propios mandos, miraban hacia arriba y eran obligadas a interpretar las pedradas, las agresiones, los ataques, las difamaciones y las mentiras sobre el pasado, como mensajes de colaboración y “afinidad entre demócratas”. Mensajes a “interiorizar”, es decir, hacer propios, para estar a la altura de lo que la izquierda les exigía para no hacerles desayunar a diario con acusaciones de “franquismo”.

Llevo lustros pregonando que en España para ser libre hay que perder el miedo a que te llamen “fascista” o “franquista”. Y si bien es cierto que esa fórmula milagrosa para callar a los españoles, que ha funcionado durante toda la democracia, ha comenzado a fallar de unos años a esta parte, también lo es que aun mantiene eficacia. Solo con ese temor generalizado que forma una masa gregaria y resignada cuando no cínica se explica la falta de movilización de unos españoles a los que desde el poder se destruye con saña su hábitat físico, económico, moral, cultural, territorial y hasta espiritual para quienes lo alcanzan a percibir. La democracia del consenso se corrompió nada más nacer y entregó pronto el poder a los pillos.

Pero con el milenio, con aquellos encuentros en Elgoibar y Perpignan, con Zapatero —ya con Iglesias y Monedero tras él— asaltando el poder entre el humo de las bombas y los muertos, con la visita de Estado de Hugo Chávez y los nuevos lazos que hoy entendemos mucho mejor, los pillos dieron paso a una especie mucho peor. Es la que representa y encabeza Zapatero y su perfecta adhesión al Mal sin el menor complejo. Ya libre de todo compromiso con la legalidad y ante todo con la verdad. A partir de él —ni una mala palabra, ni una buena acción— reina ya la mentira absoluta. Sus descendientes son Iglesias y Sánchez, Abalos y Lastra, Montero y esa larga lista de soldados de la mentira que ven en el desarrollo del globalismo en todo el mundo y su proyecto totalitario la gran ocasión de establecerse como un nuevo régimen que perpetúe lo único que importa, su poder. Los españoles podemos dejarles que hagan, resignarnos a que al desprecio de los gobernantes se sume nuestro desprecio por nosotros mismos y así facilitemos que España asuma definitivamente la cabeza enferma del proceso hacia la destrucción del mundo civilizado y libre. O mirar alrededor, tomar conciencia del desprecio de los gobernantes que sufrimos cada vez más dolorosamente y que atenta contra nuestra dignidad, nuestra integridad y nuestra vida misma. Y sentir suficiente miedo por nuestros hijos y nietos para perder el miedo por nosotros. Para reaccionar y acabar con el proyectado régimen del crimen antes de que su consolidación lo haga irreversible para generaciones.

El Gobierno progresa, pero ¿hacia dónde?
Editorial larazon 30 Diciembre 2020

Como no podía ser de otra manera, el resultado del balance que un grupo de profesores ha presentado en el denominado «primer ejercicio de rendición de cuentas metódico de la historia del Gobierno de España» es computable matemáticamente. Según dicho dictamen, el Gobierno ha cumplido el 23,4% de sus compromisos en el primer año de Legislatura. Tal y como dijo ayer Pedro Sánchez, de haber contado con una oposición «leal», es decir, hecha a su medida, no cabe duda de que se hubiera llegado a la cuarta parte exigida. El promedio no es malo: al final de la legislatura se llegará al 93,6% de lo juramentado en el programa de gobierno. Nadie lo puede poner en duda ya que se desconoce la metodología aplicada, porque, efectivamente, la Ley Celaá ha sido aprobada, pero sin contar el destrozo político causado. Es decir, cumplir al cien por cien un programa no es sinónimo de ir por el buen camino. Puede, incluso, que se vaya irremediablemente en la mala dirección. Basta un ejemplo: incumplir el aumento del SIM va en contra del programa, pero favorece a que no se pierdan más empleos. Es sintomático que el Gobierno más recargado ideológicamente, utilice un método tan tecnocrático. Tampoco sabemos si cada punto del programa vale lo mismo, si sacar a Franco de su tumba es más importante que el Salario Mínimo Vital –aprobado con el voto de todos los partidos–, aunque sea un desastre de gestión. A su favor suma que la pandemia le ha obligado a improvisar y, en buena medida, a gobernar de verdad, pero de eso dio poca cuenta ayer y prefirió dejar a un lado los 50.122 fallecidos por coronavirus y su puntuación en la valoración final. Sabíamos que Sánchez había llegado a La Moncloa con el voto táctico de los grupos que tienen como objetivo acabar con el orden constitucional, pero no que los convirtiera luego en piezas clave de la estrategia para permanecer en el poder. ¿Sabemos las consecuencias que puede tener apartar al PP en cuestiones de Estado para suplirlo por ERC y Bildu? Nada de ello ha sido valorado ahora.

Tampoco estaba previsto un indulto a los golpistas del 1-O, que ahora no niega: «El Gobierno apuesta por el reencuentro», dijo. Pero añadió algo de su estrategia electoral en Cataluña, que debe ser lo que le ocupa más tiempo: en Cataluña, «todos cometimos errores». Pero, ¿cuáles? Aparte de que el Gobierno no es nadie institucionalmente para juzgar la progresión de la Monarquía parlamentaria hacia «la España del siglo XXI», cualquier Ley que quiera regular a la Corona, lo digan o no los expertos de turno, no podrá hacerse sin contar con el PP. No podrá hacerse sin recortar las atribuciones ya marcadas en la Constitución. Puede que sea esta la última posibilidad que le quede a Pablo Iglesias para derribar el «régimen del 78» y también la última que le quede a Sánchez para frenar definitivamente a su vicepresidente. De ello nada dijo en el balance porque el daño no ha sido menor.

Crucemos los dedos: Sánchez se erige ahora en portavoz del Rey
OKDIARIO 30 Diciembre 2020

El Gobierno pretende sacar adelante una Ley de la Corona porque, según Pedro Sánchez, «el Rey quiere una Monarquía constitucional adaptada a la España del siglo XXI». Lo que piense Felipe VI de la Monarquía y su supuesta necesidad de adaptarse a los tiempos tendrá que decirlo el propio jefe del Estado, porque esa proverbial obsesión del presidente del Gobierno a hablar en nombre del monarca empieza a resultar inquietante. En todo caso, Sánchez es perfectamente consciente de que los ataques de Podemos, su socio de Gobierno, a la Monarquía no son puntuales, sino que forman parte de una estrategia de largo alcance. La táctica de la formación de Pablo Iglesias pasa por provocar un incremento de la tensión sobre la Corona y del debate sobre la necesidad de acabar con el régimen del 78; esto es, con la Monarquía parlamentaria con un propósito final: acudir a las próximas elecciones generales bajo la supuesta bandera de unos comicios plebiscitarios para que los españoles opten entre monarquía y república, una disyuntiva artificial porque el debate sobre la permanencia de la Corona sólo responde al interés partidista de la formación morada.

Si Sánchez, como presume, quiere reforzar la estabilidad de la institución monárquica, lo primero que tendría que hacer es salir en defensa del papel del jefe del Estado y mostrarse contrario a los ataques de Podemos. Sánchez no hace eso, sino que se ha subido a lomos de la ambigüedad para ponerse de canto. El PSOE está permitiendo que las críticas de Podemos al Rey vayan en aumento, apoyadas por las formaciones que le mantienen en la Moncloa -ERC y Bildu, pero también el PNV-, de modo que cuando Sánchez expresa su intención de dotar de estabilidad a la Monarquía hay que dudar y poner en cuestión la voluntad de su propósito.

Más bien se diría que el socialcomunismo se ha repartido los papeles: el socialismo se erige, de boquilla, en defensor de Felipe VI y Podemos carga contra la Monarquía sin ningún recato. En realidad, si el futuro de la Corona depende del actual socialismo, la suerte de la institución no está garantizada en absoluto, porque Sánchez es un posibilista sin escrúpulos que hará lo que mejor le convenga a él. Cuando Sánchez se abraza de forma figurada al Rey y se erige en su portavoz, hay que cruzar los dedos.

Señala a la Audiencia Nacional
COVITE denuncia 193 actos de apoyo a ETA en 2020, un 57% más que el año anterior
Redacción rebelionenlagranja.com 30 Diciembre 2020

El Colectivo de Víctimas del Terrorismo, Covite, ha documentado un total de 193 actos de apoyo a ETA a lo largo de 2020 en su Observatorio de la Radicalización. De ellos, 92 han tenido lugar en Bizkaia, 60 en Gipuzkoa, 30 en Navarra, seis en Álava, tres en otras provincias (Madrid, Murcia y Barcelona) y dos en el País Vasco francés. Además, ha destacado que el número de actos de «apoyo explícito a ETA» ha aumentado un 57% con respecto a 2019, año en que registró un total de 108 actos.

Covite, en un comunicado, ha lamentado que, «pese a que el fenómeno de la radicalización violenta ultranacionalista en el País Vasco y en Navarra no disminuye», las instituciones «continúan sin tratar este asunto con la seriedad y la urgencia que merece».

En este sentido, ha señalado que los esfuerzos de prevención de radicalización, incluido el Plan Nacional de Prevención, «se han centrado en el yihadismo y han ignorado el principal foco de radicalización que teníamos y tenemos en España, que es el ultranacionalismo vasco existente en el País Vasco y en Navarra», y ha denunciado que «las políticas públicas de desradicalización y de prevención de la radicalización violenta abertzale brillan por su ausencia».

Respecto a la tipología de actos registrados en el Observatorio de Radicalización, 82 han sido de aparición de pintadas y pancartas de «ensalzamiento explícito a ETA y a sus presos»; 65 han sido de manifestaciones en las que se ha reclamado la «amnistía de los etarras presos»; 18 de homenajes públicos a miembros de ETA al salir de prisión o muertos; cuatro fiestas populares «celebradas específicamente para enaltecer a ETA u hostigar a la Guardia Civil», como el ‘Ospa eguna’ en Alsasua, el ‘tiro al facha’ en Etxarri Aranatz o el ‘Gudari eguna’.

Covite ha encuadrado los 23 actos restantes en la categoría de ‘Otros’, ya que «no pueden clasificarse en ninguna de las categorías anteriores». Un ejemplo sería la quema de cajeros y contenedores que se llevaron a cabo durante el mes de mayo como motivo de protesta por la huelga de hambre del preso de ETA Patxi Ruiz, o el ataque a la vivienda personal de la secretaria general del PSE, Idoia Mendia, también por el mismo motivo.

El colectivo ha relacionado la «radicalización violenta ultranacionalista» con «más de 50 años de odio transmitido de generación en generación hacia todo aquel que no comparta el pensamiento fanático de la izquierda abertzale». «Los terroristas de ETA y los políticos que colaboraron con ellos generaron consciente y calculadamente una extraordinaria red de gente fanatizada que no se ha disuelto», ha añadido.

Covite ha insistido en que «aunque ETA ya no mate, las ideas que llevaron a los etarras a matar siguen ahí, asumidas por una parte de la población del País Vasco y de Navarra». «El culto al terrorista es el pan de cada día en nuestras calles debido a la inacción de las instituciones y a la pasividad de la Justicia. ¿Acaso vemos en Francia a miles de personas en las calles pidiendo la excarcelación de terroristas yihadistas?», ha censurado la presidenta de Covite, Consuelo Ordóñez.

De este modo, ha reiterado que «centenares de jóvenes están creciendo con la idea de que los etarras son héroes» y ha subrayado que «reivindicar la amnistía para quienes están en la cárcel por crímenes gravísimos podrá ser legal, pero es un claro síntoma de anormalidad moral y democrática».

A juicio de Covite, «quienes más han contribuido a esta radicalización violenta son los líderes de la izquierda abertzale, que denominan ‘presos políticos’ a los asesinos de nuestros familiares y que reclaman un ‘sentido de normalidad’ a los homenajes públicos a etarras».

Por todo ello, Covite ha insistido en reclamar a las instituciones vascas que cumplan el artículo 4 de la Ley vasca 4/2008 de reconocimiento y reparación a las víctimas del terrorismo, que obliga a las instituciones a prevenir los actos que ensalcen el terrorismo o humillen a las víctimas.

Además, ha demandado a las instituciones vascas y navarras «una mayor firmeza y determinación para abordar este problema» y ha llamado a «pasar de las declaraciones institucionales de condena de estos actos a planes concretos de prevención de la radicalización».

Para el colectivo de víctimas, «urge que las instituciones impulsen políticas pedagógicas de deslegitimación del terrorismo y del proyecto político de ETA» porque «esta es la verdadera cuestión sensible para disminuir la radicalización y normalizar la democracia y la convivencia en el País Vasco y en Navarra».

AUDIENCIA NACIONAL
También ha puesto el foco de «la responsabilidad de la impunidad con la que se realiza el culto al etarra» en la Audiencia Nacional, que hasta ahora ha archivado todas las denuncias presentadas por el colectivo por homenajes públicos a miembros de ETA a su salida de prisión: un total de 27 denuncias desde 2016.

«La Audiencia Nacional no tiene voluntad de aplicar el artículo 578 del Código Penal como sí lo hacía hasta hace unos años por los mismos hechos que denunciamos ahora, llegando a condenar a dirigentes de la izquierda abertzale como Arnaldo Otegi o Tasio Erkizia», ha reprochado Consuelo Ordóñez, quien ha criticado que «pone la dudosa excusa de que no hay riesgo de que vuelva a utilizar la violencia porque da a ETA por disuelta, cuando quedan decenas de terroristas sin detener».

Covite ha hecho hincapié también en que la Audiencia Nacional y las instituciones públicas, especialmente las vascas y navarras, «están incumpliendo» las últimas recomendaciones del Parlamento Europeo del 12 de diciembre de 2018 y del 17 de noviembre de 2020, en las que piden a los Estados Miembros «que prohíban los homenajes a las personas declaradas culpables de actividades terroristas mediante sentencia firme»; y de forma específica a España, el Parlamento Europeo ha pedido que «evite que las víctimas del terrorismo sean humilladas por actos como los homenajes a terroristas que se han producido en los últimos años en España».


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