AGLI Recortes de Prensa   Jueves 31  Diciembre  2020

Por fin acaba el maldito 2020: ¿hay razones para el optimismo?
EDITORIAL Libertad Digital 31 Diciembre 2020

Sería lógico que, tras un año tan desastroso como ha sido 2020 en los ámbitos político, sanitario, económico, social e institucional, muchos españoles albergasen la esperanza de una mejoría que, por leve que fuera, hiciera de 2021 uno mucho mejor. Así podría ser si, para empezar, el Gobierno partiera de un diagnóstico mínimamente realista de la terrible situación, reconociese los errores cometidos y mostrara un decidido propósito de enmienda.

Sin embargo, basta recordar el idílico balance que ha hecho el presidente del Gobierno de este annus horribilis –como tan acertadamente lo ha calificado Pablo Casado– para que el temor y el desaliento cunda entre la ciudadanía. Porque si este Gobierno, completamente desconectado de la pavorosa realidad, califica de sobresaliente su pésima gestión y no reconoce uno solo de sus numerosos y funestos errores, ¿qué motivo tienen los españoles para imaginar un 2021 promisorio?

En política, como en cualquier otro ámbito de la vida, no existe límite al deterioro y nada asegura, por muy malo que haya sido 2020, que 2021 no pueda ser aun peor. De hecho, lo previsible es que sea también tremendo, dado el declarado empeño del nefasto Pedro Sánchez de seguir el mismo derrotero. El fatuo y narcisista presidente del Gobierno no ha hecho absolutamente nada por distanciarse de sus aliados de extrema izquierda, con los que quiere agotar la legislatura, y separatistas, a cuyos sediciosos presos pretende poner en libertad nada más empezar el año, bien mediante reformas legislativas, bien mediante la concesión de unos indultos especialmente infames.

De la ayuda que el Gobierno va a recibir de la UE, Sánchez sólo piensa en las cantidades formidables de dinero que va a tener a su disposición, no en someterse a la disciplina presupuestaria que Bruselas demanda a cambio. Eso, por no hablar del arbitrario y politizado reparto de fondos en función del color político de las comunidades autónomas, tal y como se denuncia desde la agraviada Madrid. El Gobierno está dispuesto a seguir desechando la austeridad como si a los españoles, en vez de caerles encima una crisis económica y sanitaria brutal, en gran parte por culpa del propio Gobierno incompetente de Sánchez y su banda, les hubiera tocado la lotería.

Sánchez parece igualmente decidido a consumar en 2021 su asalto al Poder Judicial, tomando el CGPJ o concediendo la instrucción de las causas penales a la prostituida Fiscalía comandada su lacayuna exministra Dolores Delgado, intimísima del condenado prevaricador Baltasar Garzón, que tanto daño ha hecho a la Judicatura nacional.

Para cebar el pesimismo, las tan esperadas vacunas contra el covid-19 podrían no ser suficientes para acabar con la pesadilla sanitaria, dado que el coronavirus podría volverse endémico, tal y como acaba de alertar la por otra parte casi siempre sospechosa Organización Mundial de la Salud (OMS) .

Si a todo lo anterior se suma un panorama mediático abrumadoramente progubernamental y una oposición desunida e ignorante del coste suicida que puede implicar su estéril cainismo, resulta muy difícil encarar 2021 con ilusión sin ser un completo iluso.

Sánchez e Iglesias: balance mortal
OKDIARIO 31 Diciembre 2020

El primer año del Gobierno socialcomunista concluye de forma trágica, con un país devastado sanitaria y económicamente por la pandemia. Y, sin embargo, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha tenido la desvergüenza de presumir de gestión. Pocas veces un jefe del Ejecutivo ha tratado de distorsionar la realidad de forma tan grosera como Sánchez, instalado en una estrategia de marketing que resulta un insulto a la inteligencia. Sánchez e Iglesias terminan el año con un dato estremecedor: 82.058 muertos por coronavirus, según las datos del INE tomados hasta su última actualización y complementados hasta el 30 de diciembre con las muertes ya reconocidas por el Gobierno. Por supuesto, no son los fallecidos que reconoce el Ejecutivo, que lleva meses falseando de manera siniestra las estadísticas para borrar de la lista a uno de cada tres muertos por COVID-19. Los 82.059 muertos convierten a España en el país con mayor tasa de mortalidad de todo el planeta. Y, sin embargo, Pedro Sánchez saca pecho, presume de gestión y poco más que se arroga el hecho de que haya empezado a vacunarse en España.

El dato está calculado tomando la última actualización de datos estadísticos del INE, que alcanza hasta el 6 de diciembre, y añadiendo las muertes ya reconocidas entre esa fecha y el pasado 30 de diciembre por el Ministerio de Sanidad. Quiere eso decir que 2020 terminará con más 80.000 muertos, una cifra que a cualquier dirigente con un mínimo de sensibilidad le llevaría a asumir su responsabilidad por su incapacidad manifiesta en la gestión de la crisis. Pedro Sánchez es diferente; en lugar de hacerlo, comparece ante los españoles para presumir de eficacia.

El resumen de los datos de muertes por millón en todos los países da una idea del desastre originado en España. El segundo país en mortalidad es en estos momentos San Marino, con un dato armonizado de 1.709 fallecidos por millón de habitantes. La tercera posición la ocupa Bélgica, cuya tasa de mortalidad alcanza los 1.670 fallecidos por millón. En cuarto lugar figura Eslovenia, con 1.265. Justo después aparece Bosnia Herzegovina, con 1.226. Y acto seguido figura Italia, con 1.207 muertes por coronavirus. Todo el resto del planeta figura en esta lista. Y todos por debajo de España, líder en tasa de mortalidad.

Sánchez presume de eficacia con un balance mortal. Hará falta perspectiva para darse cuenta del daño que el Gobierno socialcomunista ha inflingido a los españoles.

Dios y España
Agapito Maestre Libertad Digital 31 Diciembre 2020

Sánchez se sabe, perfectamente, su papel. Mentir, mentir y mentir. Con un único objetivo: destruir, destruir y destruir.

Sánchez hizo un balance de sus doce meses al frente del Gobierno. O sea, llevó a cabo una faena de autoalabanza de su gestión. Nada. Él se sabe, perfectamente, su papel. Mentir, mentir y mentir. Con un único objetivo: destruir, destruir y destruir. Por eso está ahí, sí, para destruir incluso la ruina de lo destruido. No admite en modo alguno que los ciudadanos españoles vivamos con dignidad sobre ruinas. Él quiere que doblemos la columna vertebral ante su inmenso poder. Él y los suyos están empeñados en convertir esto, lo que queda de España, en un solar totalmente deforestado. No quieren oír hablar de nada que no sean ellos mismos. Nada de apelaciones a instituciones normales. Nada de propuestas realistas y sensatas. Todo tiene que ser encanallamiento y miserabilización del entorno.

Si queda algo sano en la Constitución, por ejemplo, la institución de la Corona, es menester rebajarlo y, más tarde, destruirlo. Porque él sabe perfectamente que la gente normal, el ciudadano español, desconecta cuando habla a sus fanatizados seguidores, siempre manda un mensaje amenazador para que le presten un poco de atención. Nos zarandea cogiéndonos de las solapas. Trata de acobardarnos. Mantenernos asustados como animales maltratados. Sus comparecencias generan miedo, temor y espanto. Y lo consigue con creces. El miedo, sí, es otra vez la base de la democradura, es decir, la imposición de un régimen dictatorial por el uso perverso de las instituciones democráticas. Su presencia ante los medios de comunicación solo quería transmitir un mensaje represor: meteré en cintura al Rey por su defensa de la Constitución.

El fundamento de este Gobierno es meter miedo. Cuando el presidente del Consejo olvida que es el portavoz del miedo, se lo recuerdan sus aliados comunistas, extrerroristas y separatistas. Fue el caso de su última comparecencia: el Rey, el Jefe del Estado, comerá en las manos de los socialistas, comunistas y separatistas. Sí, Iglesias le escribió con letras mayúsculas la consigna: el Gobierno prepara una ley, una norma represora del más fuerte sobre el más débil, para limitar aún más los poderes que la Constitución le otorga al jefe del Estado. El discurso de Nochebuena de Felipe VI había que minimizarlo por completo: la defensa de la Constitución hecha por el Rey no es nada al lado del proceso represor iniciado por el Gobierno contra el Jefe del Estado.

Si alguien albergaba alguna esperanza, después de oír el discurso del Rey en Nochebuena, olvídese y vuelva, insistía Sánchez, a la cruda realidad: aquí solo mandan los socialistas. El tipo sabe bien su papel. Lo aprendió en la escuela de Felipe González, Alfonso Guerra y Rodríguez Zapatero: después de los socialistas, el diluvio universal. Por esos andurriales, queridos lectores, ni Dios lo tendrá fácil para salvar a la tierra de María Santísima. Ni siquiera Dios, como rogaba Unamuno, salvará a España de los socialistas. Seguro que Sánchez ha llamado ya a los miles de teólogos y teólogas del PSOE, para que le asesoren cómo enfrentarse al dogma ortodoxo de la creación ex nihilo y en tiempo de la creación personal del mundo por Dios. Seguro que ya ha recibido un informe completo de Victoria Camps y Amelia Valcárcel, ilustres teólogas socialistas que jamás se cansan de hablar de Dios, para que asuma con su proverbial verborrea el panteísmo, identificación de Dios con el mundo; el ateísmo, mundo sin Dios; el acosmismo, Dios sin mundo; el dualismo, que separa, distingue y supone un mundo independiente de Dios. Seguro que Sánchez ha empollando su próximo discurso a los españoles. Nos ha resuelto uno de los problemas capitales de todos los tiempos. Pronto sabremos que las complejas y difíciles relaciones entre el mundo y su Creador han desaparecido. Sánchez ha ocupado el lugar de Dios.

2020, entre el miedo y la infantilización
Juan M. Blanco. vozpopuli 31 Diciembre 2020

Ha sido 2020 un año distinto, inédito, que se recordará seguramente como 'el año de la covid-19', denominación insólita porque siempre fue el año el que dio su nombre a la pandemia… no al revés. Pero esta enfermedad ha sido excepcional. Y no porque el virus golpease con mayor intensidad que los del pasado sino por sus novedosos efectos sociales, políticos, económicos y psicológicos. Las pandemias del siglo XX causaron enfermedad y muerte pero se afrontaron con entereza, dignidad y sosiego; no con desatado pánico, búsqueda de culpables, prohibiciones generalizadas o persecución del disidente. Nunca una pandemia había desorientado y desarmado a la ciudadanía, ni propiciado su completa sumisión al poder.

Hay acontecimientos históricos capaces de sacar a la luz transformaciones sociales y culturales que hasta ese momento solo se vislumbraban. Esta pandemia ha rasgado el velo, ha proporcionado una nítida radiografía del mundo de hoy, retratando a una mediocre clase política y a una sociedad bastante infantilizada. Presa del pánico, la ciudadanía de 2020 se arrojó en brazos de sus gobernantes, buscando no tanto soluciones racionales como un bálsamo para sus miedos. Y, en un mundo que dedica más esfuerzo a buscar culpables que a ingeniar soluciones, los dirigentes actuaron de manera defensiva, aplicando aquellas medidas que potenciaban su imagen, que les permitían esquivar la culpa y endosarla a los ciudadanos por no cumplir las reglas.

Aunque en pocos lugares haya alcanzado cotas tan extremas como en España, la degradación de los gobernantes esun fenómeno común en Occidente. Abunda una clase política carente de principios, centrada en la apariencia, improvisadora, incapaz de atenerse a un plan coherente, rehén del más miserable corto plazo. Una categoría de dirigentes fruto de unos perversos mecanismos de selección que encumbran al poder a sujetos con pocos escrúpulos, a oportunistas desprovistos de espíritu de sacrificio o sentido del bien común.

Pero la mala calidad de la política se debe también a la infantilización de una creciente proporción del electorado, guiado por consignas simples, por puras imágenes televisivas, incapaz de ejercer una crítica coherente al poder. Unos votantes cada vez más encasillados en pandillas, en facciones irreconciliables, que conciben la política con un enfoque futbolístico: el de nuestro equipo frente al de ellos, no como un abierto y respetuoso debate de ideas.

Una catarata de falsos derechos
El pueril mundo actual se ha acostumbrado a contemplar muchos derechos y pocos deberes. Pero buena parte son “falsos derechos”, meros señuelos inventados por los gobernantes como vías indirectas por las que rebasar esos límites y controles que las constituciones democráticas establecieron al ejercicio del poder para impedir que el gobierno se ejerciera de manera tiránica o despótica. Contemplar, por ejemplo, un 'derecho a la salud', o expresiones similares, resulta grandilocuente, atractivo, pero poco eficaz pues nadie puede garantizar tal cosa. Es más bien una excusa que otorga a los gobernantes enorme potestad para imponer cualquier medida, incluso algunas extremadamente lesivas para las libertades, alegando que existe peligro para la salud.

Nunca, hasta hoy, se había entendido la cuarentena como un confinamiento de los sanos… salvo en la ficción literaria. En La Máscara de la Muerte Roja, Edgard Allan Poe relata la ocurrencia del Príncipe Próspero que, ante una epidemia devastadora, se encierra a cal y canto en un castillo, con todos los lujos, junto a mil amigos sanos y ricos. Naturalmente, la estratagema sirve de poco: la muerte aparece sin necesidad de disfraz durante un baile de máscaras, llevándose a Próspero y al resto de la concurrencia. Errónea concepción la de ese príncipe que considera el confinamiento una medida eficaz. También la de aquella minoría de cortesanos que puede permitirse un largo encierro sin coste, percibiéndolo incluso como un dolce far niente, mostrando escasa solidaridad hacia quienes contemplan desesperados como desaparece su empleo o quiebra su negocio.

La inclusión de estos dudosos derechos es una de las vías por las que la democracia clásica, entendida como separación de poderes, controles, contrapesos y límites a los gobernantes, ha ido eclipsándose poco a poco en el mundo actual. Deben observar mucha precaución esos países, como Chile, que han decidido redactar una nueva constitución.

La sociedad del miedo
Esta pandemia también ha mostrado que la sociedad moderna ha perdido la capacidad que poseían nuestros antepasados para gestionar el miedo. Cierto, el miedo es una emoción y, como tal, no ha cambiado a lo largo del tiempo. Los antiguos griegos, o los pobladores del neolítico, lo experimentaban igual que nosotros. Pero la manera de afrontarlo se encuentra socialmente mediatizada, se canaliza a través de reglas, normas, creencias y costumbres, que han variado sustancialmente en los últimos tiempos.

Así, se transformaron las normas no escritas que regulaban la expresión pública del miedo. En el pasado no estaba bien visto que las personas maduras, especialmente las investidas de cierta autoridad, manifestaran públicamente su miedo: era costumbre disimularlo. Y tenía cierta lógica porque el miedo es contagioso y, si los individuos lo observaban en otros, especialmente en aquellos a los que reconocían autoridad, la situación podía escalar hacia un pánico descontrolado. Hoy día, sin embargo, mostrar públicamente miedo no sólo se encuentra aceptado sino fomentado, un cambio que favorece la 'autoexpresión' individual, pero también el estallido de pánicos.

Pero hay otro cambio aún más sutil. En El Mundo de Ayer, Stefan Zweig señalaba una curiosa paradoja: los grandes avances de la ciencia se correspondieron con enormes retrocesos en el plano moral, en el de los principios. Aunque parezca contradictorio, los grandes adelantos del conocimiento han incrementado la incertidumbre con la que la humanidad percibe el futuro. El mañana se concebía antaño como una continuación del presente, el resultado de cambios paulatinos, no drásticos. Actualmente se contempla el futuro como un mundo completamente desconocido, radicalmente distinto al presente, una terra incognita habitada por monstruos donde la humanidad debe adentrarse sin mapa, brújula ni sextante. Un territorio donde cualquier suceso apocalíptico, desde una catástrofe climática, sanitaria o nuclear, puede ocurrir súbitamente.

La radical ruptura cultural con el pasado ha propiciado una humanidad aislada en el presente, sin guía, sin mecanismos compartidos que ofrezcan sentido o aporten algún contrapeso a esa imagen amenazadora del futuro. Así, muchas dificultades que antaño se gestionaban con aplomo, causan hoy pánicos desmedidos, especialmente cuando son los gobernantes quienes asustan al público para después erigirse en garantes de su tranquilidad.

Gran parte de la ciudadanía actual antepone la seguridad, aunque sea aparente, a la libertad, prefiriendo las medidas que simplemente aportan tranquilidad, aunque a la larga resulten ineficaces. Como ya señalaba el sociólogo Christopher Lasch, "atormentado por la ansiedad, la depresión, una confusa insatisfacción y sensación de vacío interno, el ‘homo psicologicus’ actual no busca el engrandecimiento individual ni la trascendencia espiritual, sino la paz interior”.

El miedo y el infantil conformismo durante la pandemia desembocaron en la rendición absoluta ante las autoridades, en una actitud pasiva ante los abusos del poder, en la aceptación de un régimen de censura y autocensura donde, mermada la libertad de expresión y opinión, la confrontación de ideas fue sustituida por un entorno donde solo caben la ortodoxia y la herejía. Aquellos que mantienen una postura crítica con la política oficial sobre la covid-19 no son discrepantes sino herejes, blasfemos, unos individuos que deben ser denostados, vilipendiados, enviados a la hoguera del ostracismo.

Definitivamente, no es poco lo que nos ha enseñado este duro y difícil 2020, que ahora se despide. Nuestro más profundo respeto a los que se fueron y la más sincera condolencia a sus allegados. Tengan todos un llevadero 2021.

Crisis del coronavirus
Sánchez e Iglesias terminan el año con 82.000 muertos por coronavirus y la mayor tasa de mortalidad del planeta
Todas las restricciones para Nochevieja en las 17 comunidades: reuniones, toque de queda y movilidad
La segunda ola ya ha matado a más gente en España que los admitidos por Sánchez en la primera
Carlos Cuesta okdiario 31 Diciembre 2020

Pedro Sánchez y Pablo Iglesias tendrán difícil escapar a un dato demoledor en la crítica a la gestión de su primer año de Gobierno. Un dato conformado por la más terrible de las cifras: 82.058 muertos por coronavirus, según las datos del INE tomados hasta su última actualización y complementados hasta el 30 de diciembre con las muertes ya reconocidas por el Gobierno.

Una cifra que define sin necesidad de más palabras el estreno del Gobierno socialcomunista. Y es que el dato, ponderado por la población, convierte a España en el país con mayor tasa de mortalidad de todo el planeta.

El dato está calculado tomando la última actualización de datos estadísticos del INE, que alcanza hasta el 6 de diciembre, y añadiendo las muertes ya reconocidas entre esa fecha y el pasado 30 de diciembre por el Ministerio de Sanidad. Teniendo en cuenta que el Gobierno reconoce menos muertes que las del Instituto Nacional de Estadística (INE), la suma real acabará siendo superior a la dada en estos momentos.

Tendrán difícil alardear de su gestión del coronavirus los actuales dirigentes del Gobierno. Y es que les resultará más que complejo explicar cómo, siendo España uno de los países con mejor sistema hospitalario de todo el mundo, su negación de la realidad, incapacidad, ocultismo de los datos y falta de medidas han llevado a este país a ocupar la primera posición en el ranking de mortalidad durante prácticamente la totalidad de la pandemia.

OKDIARIO ha comparado el dato actualizado de tasa del mortalidad en todo el planeta. Y el resultado es que España, con 1.739 muertes por millón, tomando los datos reales y no la manipulación del Gobierno, se mantiene tras esta segunda ola como el país con mayor tasa de mortalidad de todo el planeta.

Tasa de mortalidad
El resumen de los datos de muertes por millón en todos los países da una idea del desastre originado en España. El segundo país en mortalidad es en estos momentos San Marino, con un dato armonizado de 1.709 fallecidos por millón de habitantes. La tercera posición la ocupa Bélgica, cuya tasa de mortalidad alcanza los 1.670 fallecidos por millón. En cuarto lugar figura Eslovenia, con 1.265. Justo después aparece Bosnia Herzegovina, con 1.226. Y acto seguido figura Italia, con 1.207 muertes por coronavirus. Todo el resto del planeta figura en esta lista. Y todos por debajo de España, líder en tasa de mortalidad.

De hecho, países que han sido criticados internacionalmente por su mala gestión -también por parte del Gobierno de España, que encabeza el ranking-, como Reino Unido o Estados Unidos, podrían alardear ante España. Así, Reino Unido muestra un dato en estos momentos de 1.055, pese a contar con la famosa segunda cepa; y Estados Unidos, de 1.022.

Pero es que todos los países relevantes y no relevantes, industrializados en mayor o menor medida, figuran con un balance neto mejor que España en esta clasificación, tanto los gobernados en estos momentos por unas ideologías, como por otras. Argentina tiene un dato de 951 muertes por millón, Francia de 983, Brasil de 906, Chile de 862, Ecuador de 793, Panamá de 911, México de 960, Holanda de 659, Portugal de 661, Austria de 672, Canadá de 407, Israel de 341, Grecia de 453, Túnez de 386, Rusia de 377, o, sólo por poner un ejemplo más, Alemania de 385 muertos por millón.

Traducido: todos los países de derechas o de izquierdas, más serios o más populistas, liberales o socialistas, se llamen como se llamen, han conseguido mejorar el resultado logrado por Sánchez e Iglesias en la gestión humanitaria del coronavirus.

Una marca tétrica
Baste con mostrar que la media de la Unión Europea en tasa de mortalidad se sitúa en 704 casos por millón de habitantes, menos de la mitad que España. España casi ha multiplicado por cinco la tasa de mortalidad de Alemania.

Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, de hecho, han conseguido una de las más tétricas marcas al cierre de su primer año de Gobierno: la de haber gestionado la crisis del coronavirus con todo un récord, el de haber registrado más de 82.000 muertos por esta enfermedad.

Todo ello, teniendo en cuenta que la matanza por el Covid continúa en España. Y aunque la segunda ola de coronavirus no ha matado a más gente que la primera, si se comparan lo datos reales de mortalidad, lo cierto es que el dato del Instituto Nacional de Estadística (INE) refleja que el número de fallecidos real en la segunda ola ya supera al dado a conocer por el Gobierno de Sánchez e Iglesias como oficial de muertes por COVID en la primera ola de la enfermedad. En total, más de 33.000 muertos desde el 6 de julio, frente a los 28.388 que admitió Pedro Sánchez en la primera ola, tal y como ha publicado ya OKDIARIO.

El terrible dato que esconde la Seguridad Social: "Causan baja" 70.000 jubilados más que en 2019
El informe de pensiones del INSS refleja que de enero a noviembre han "causado baja" un 14,6% más de pensionistas que el año anterior.
Luis F. Quintero Libertad Digital 31 Diciembre 2020

El informe de pensiones del INSS refleja que de enero a noviembre han "causado baja" un 14,6% más de pensionistas que el año anterior.
Una pareja de pensionistas, el pasado miércoles, en Bilbao. | EFE

Esta misma semana el Gobierno comunicaba que el número oficial de muertos por causa de la covid-19 alcanzaba las 50.000 personas, pese a que el informe de Monitorización de la Mortalidad (Momo) de la Universidad Carlos III o el INE reflejan un número de fallecidos más cercano a los 80.000 a causa de la pandemia. Los datos que ha ofrecido el INE en su informe del 10 de diciembre, o las actualizaciones MOMO coinciden con esa estimación.

El horrible dato del INSS
No sólo eso, sino que el informe que publicó el martes el Instituto Nacional de Seguridad Social sobre el gasto en pensiones, que alcanzaba el récord de 9.985 tras subir un 2,31% en diciembre, arrojaba otra terrible realidad: El número de pensiones que "causan baja" en 2020 es un 14,6% superior a la de los que causaron baja en 2019. Los cálculos arrojan un exceso de "bajas" de pensionistas de cerca de 70.000. Una cifra también compatible con esa aproximación más real a la cifra de muertos por covid-19 en eEspaña y que supera los 80.000. Y eso que las cifras del INSS no recogen el mes de diciembre.

Según los datos del Instituto Nacional de la Seguridad Social (INSS), a lo largo del mes de noviembre se registraron 58.162 nuevas altas de pensión. Si se considera el acumulado anual, desde enero hasta noviembre de 2020 han causado alta 490.928 nuevas pensiones, un 6,4% menos que en el mismo periodo del año pasado. Desde enero han causado baja 478.434 pensiones, un 14,6% más que el año anterior. Eso supone que de enero a Noviembre hay 69.851 pensionistas más que en 2019 que han dejado de percibir la pensión. Es decir, que han fallecido casi 70.000 pensionistas más que el año anterior.

Cada día es más patente que conforme se acerca el final del año el número de fallecidos totales por causa de la pandemia en nuestro país se acerca peligrosamente a los 100.000, terrible cota que es posible que alcance cuando se cumpla un año del reconocimiento por parte del Gobierno del impacto del coronavirus en marzo de 2020. Prácticamente el doble de lo que reconoce el Gobierno.

El Cacique fulero no se vacuna por ahora
Carlos Dávila okdiario 31 Diciembre 2020

En contra de lo que en un principio se quiso filtrar, el Cacique de la Moncloa, casi vecino de El Pardo, aplaza hasta marzo su pinchazo de Pzifer. Me dicen que lo ha decidido así porque el acto de la vacunación, con luz, taquígrafos y televisión en directo transmitiendo la heroica virtud estoica del Caudillo, podría perjudicar la propaganda masiva que se ha hecho de la llegada del RNA mensajero a nuestro país, y además, enfadaría muy mucho al personal que todavía no ha sido citada para la inmunización. Pero es que además el Cacique necesita saber cómo funciona la vacuna. Estos días los medios independientes, los pocos que quedan, están denunciando la arbitrariedad del Cacique Pedro a la hora de repartir las dosis y, lo que es peor, los dineros de Europa. El cacique se ha envuelto en una deleznable propaganda para disimular que España, la que él está destruyendo, figura en el penúltimo puesto de la la eficacia en la gestión de la crisis sanitaria y económica. Sobre esta última suele advertir el presidente de la CEOE que “estamos anestesiados por el Banco Central Europeo pero que está bicoca no va a durar indefinidamente”. El Cacique se ha apropiado de la vacuna, le ha robado la iniciativa y el pago a la presidente europea Úrsula Von der Leyen, y se ha presentado, con la mayor desvergüenza posible, como el autor del milagro científico más resonante de nuestra época. Un desahogado.

El aviso le trae exactamente por una higa a este Cacique que ahora se está aprestando a repartir su enésima especie tóxica que no es otra que ésta: “Hasta ahora hemos estado dedicados a que no se nos fuera un voto de los Presupuestos, pero ahora, ya en enero, todo será de otra manera”. Y para demostrarlo nada mejor que escuchar a Carmen Calvo asegurando que una cosa es lo que digan los demás, el Supremo sin ir más lejos, y otra cosa es lo que haga el Gobierno con los indultados de los sediciosos. Mienten y encima el Cacique Pedro intoxica sugiriendo que se va a preocupar directamente de demostrar de que cambia de ovejas en su impunidad de rebaño, y que va a trasladarse desde el radicalismo leninista de Podemos y los secesionistas de todo jaez, a escenarios más dignos, empezando, claro está, por los del teatrillo de la pobre Arrimadas. La líder de Ciudadanos ya se ha quitado absolutamente el antifaz y, sin que parezca enterarse nadie, ha pactado en Aragón con Lambán, y en Castilla-La Mancha con Page. Y por cierto mientras perpetra esos acuerdos, manda a sus cuatro fieles de cabecera a denostar al Partido Popular porque no quiere nada con ella.

El Caudillo observa y aprueba la nueva excursión de Ciudadanos, se lanza a una propaganda multitudinaria sin precedentes más que en él mismo, y eso sí, en una actuación de soberbia que horada el buen gusto de los españoles, se atribuye la invención y la donación de las vacunas y advierte que si éstas no llegan, como está sucediendo, a su debido tiempo, es porque el Gobierno de Europa (naturalmente regido por una líder popular) es un desastre y los de las comunidades autónomas, sobre todo, claro está, Madrid, traspasa todos los limites de la decencia política. Es decir; yo soy el rey, vosotros, la hecatombe. Y hablando del Rey auténtico y de su Dictador Pedro: ¿Cómo le habrá sentado a éste que Don Felipe le haya ganado por goleada con solo una intervención televisiva? Nunca diez millones setecientos mil habitantes soportaron en ningún momento las mentirosas y soporíferas homilías del Dictador de alarmas. Nunca. Chuscamente, un nostálgico del franquismo, un “cuñao” navideño para qué les voy a engañar, me decía con referencia a las trolas interminables de Sánchez: “Por lo menos Franco se contenía, nos pedía permiso para “entrar en la paz de nuestros hogares” y después de advertirnos de la conspiración judeomasónica” se marchaba con los vientos gélidos de El Pardo y nos dejaba en paz”. En eso tiene razón mi faccioso “cuñao”.

Tan mentiroso y falaz este Caudillo de pitiminí que ha contagiado, lo cual no es muy difícil según se constata, a este catalán paleto que atiende por Illa y que en dos párrafos ha emulado a su jefe y ha soltado sin que el tupé se le rice, dos embustes de tomo y lomo: el primero, de estirpe sanitaria. Se congratula con que allá por junio más del setenta por ciento de los españoles habrán/habremos despistado al maldito virus con la vacuna. Pero vamos a ver, Illa: ¿hay alguna razón para que los asfixiados contribuyentes creamos una sola palabra de este Gobierno de trápalos? El segundo embuste es rabiosamente político: resulta que tu patrón, Illa, el Dictador Pedro, está empleándose a fondo para sustituir al bailarín Iceta como número uno de los socialistas catalanes para que tú, su fiel siervo, que estás perfectamente informado de esa operación, hayas decidido imitar bochornosamente a tu jefe y en consecuencia hayas anunciado que “de ningún modo apoyaré un gobierno independentista”. Pero, ¿a quién intentas engañar Illa? ¿O es que no sabes que en Madrid estás en un Gobierno así, encima acompañado de rabiosos leninistas? Illa está acostumbrado a refrendar las falacias de su baranda: si hay que decir lo que haya decir para seguir, se dice y basta, y ahora está en mentir sobre las vacunas. Por ejemplo: ha tenido la descomunal desvergüenza de afirmar que las vacunas se las debemos a Sánchez; ni Franco tuvo la cara de proclamar que la penicilina era cosa suya y no de Fleming. Aquel dictador se sabía lo que era, no ocultaba su entraña totalitaria y autocrática, éste Cacique todavía continúa mintiendo y chuleando a los españoles, y además conduciéndonos a una república caribeña. Necesitamos vacunas contra ese bicho. Ahí lo dejo.

Sánchez o los límites de la vergüenza ajena
EDITORIAL gaceta.es  31 Diciembre 2020

El anuncio de que el presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez, iba a comparecer para rendir cuentas de la gestión realizada «en un ejercicio de transparencia», levantó las normales suspicacias que afloran cuando el que va a rendir cuentas ha demostrado ser el presidente menos transparente de la historia de la democracia. Las suspicacias no fueron defraudadas y en una comparecencia que sólo pudo complacer a un sectario izquierdista, Sánchez ofreció un discurso que puso a prueba los límites de la vergüenza. Ajena, claro, porque la propia el doctor Sánchez no la conoce.

Con cifras objetivas, el Gobierno de España es el que peor ha gestionado la pandemia de covid-19 en todo el mundo. Esos datos —que el Gobierno niega hasta el punto de que Sánchez ofreció sus condolencias a «las 50.000 familias» que han perdido a algún ser querido, cuando la verdad desnuda de los datos es que la cifra está más cerca de los 80.000 muertos—, nos señalan la catadura ética del personaje que ayer se asomó a la televisión a realizar una autoproclamada ‘rendición de cuentas’ en un ejercicio, según el presidente español, inédito en democracia.

Inédito es ver a un presidente jactarse en televisión de los logros feministas, tránsitodigitalistas o ruralistas de una catastrófica gestión de la salud, de la seguridad y del bienestar de millones de españoles. Pero rendir cuentas no sólo no es inédito —se llama sistema parlamentario— sino que no tiene nada que ver con lo que hizo ayer el presidente.

Sánchez, el ignaro, desconoce que la rendición de cuentas en una monarquia parlamentaria se lleva a cabo todos los días e implica el sometimiento al escrutinio de los medios de comunicación, a la opinión pública, y, por supuesto el acatamiento del Ejecutivo a la acción fiscalizadora de la Justicia, además del control semanal del Parlamento y la acción moderadora de Su Majestad el Rey. Pero por encima incluso de estos poderes ahora en incuestionable peligro, la rendición de cuentas en ciencia política implica de manera irrefutable la responsabilidad personal de los actos.

En palabras sencillas: todo lo que no sea dimitir no es en rendir cuentas de una gestión objetivamente burda, improvisada, amateur, ideologizada e incluso fanática y que ha costado ya a España cerca de 80.000 muertos, una crisis económica excepcional, una crisis reputacional sin precedentes y una crisis de confianza nacional que va a costar mucho levantar.

La Gaceta de la Iberosfera
El año que vivimos contradictoriamente
Rafael Bardají gaceta.es 31 Diciembre 2020

Hace justo doce meses, un año, en las navidades del 2019, mientras las autoridades chinas hacían todo lo posible por ocultar el brote de coronavirus que empezaba a infectar a la población de Wuhan, los responsables de la sanidad española se empeñaban en avisarnos de que correríamos un grave peligro si, como de costumbre, chupábamos las cabezas de langostinos en las cenorras de navidad. También, con el entusiasmo de los medios por amplificar el alarmismo oficial, se declaraba la guerra a los plásticos que parecían inundarlo venenosamente todo, a la vez que, no lo olvidemos, el recién estrenado gobierno de Sánchez/Iglesias adoptaba en el Consejo de Ministros del 21 de enero el estado de “alarma climática”.

Doce meses más tarde, finales de 2020, no hay estadística alguna sobre los fallecidos por ingerir los sesos de langostino; si no hubiera habido bolsas de basura de plástico, no sé que habrían hecho nuestros sanitarios cuando la desidia e ineficacia del gobierno les privó de los materiales básicos para protegerse del coronavirus cuando más virulenta era la pandemia; y el cambio climático sigue causando daños muy por debajo no sólo de lo que avisan sus predicadores, sino irrelevantes en comparación por los infligidos por el virus chino. ¿Pero qué se puede esperar de unos gobernantes que decían que esputaras en tu codo y al mismo tiempo que lo usaras para saludar a tus relaciones? ¿O que las mascarillas no eran necesarias más que para los sanitarios, porque, en realidad, no habían comprado para el resto de los mortales? ¿O que nos quedáramos encerrados en casa pero que abriéramos puertas y ventanas porque lo peor es el aire de los interiores que no circula?

Se puede explicar la ignorancia de buena parte de la comunidad científica, pero la irresponsabilidad de nuestros gobernantes es inexcusable, inolvidable e imperdonable. Les ha importado un comino la ciencia, escudándose en un supuesto comité de expertos que nunca existió; quisieron hacerse los serios llevando a las ruedas de prensa a dos de las instituciones mejor valoradas en España, por mucho que les pese al presidente y a su vicepresidente, el Ejército y la Guardia Civil, que cual fieles escuderos salían a cubrir los flancos de un gobierno a la deriva; mintieron con los números de fallecidos y ahora que disponen de algunas dosis de la vacuna, sólo quieren hacerse la foto porque no cuentan con un plan de vacunación inspirado en criterios sanitarios o estratégicos. Vivimos en un permanente estado de emergencia no a causa de las medidas necesarias para luchar contra el virus, sino para impedir cualquier disidencia con las acciones del gobierno, quien no ha dudado en explotar la pandemia para hacer avanzar su agenda liberticida, revolucionaria y contra-constitucional.

Desgraciadamente, mucho de este “estado de tropelía” ha sido posible porque en España la oposición se ha echado a dormir. Bien porque se creía que las contradicciones del PSOE con Podemos llevarían a un estallido prematuro del pacto de gobierno, bien porque se confiaba en que Europa nos sacaría del atolladero impidiendo las políticas socialistas y comunistas del gobierno actual. Pero hete aquí que ni lo un o no lo otro. Sánchez no ve las contradicciones que la oposición apunta y Europa, sacándole del hoyo con un generoso cheque, se vuelve a mostrar como el lugar mitológico de los liberales de centro en el que creen, pero que no existe. Sorprendentemente, un gobierno que hace de la mentira permanente su mejor baza, que se ríe de las instituciones y que está dispuesto a ignorar la ley cuando no le conviene, sale más fuerte de esta crisis. De hecho, sólo el gobierno sale más fuerte como bien reza su propaganda oficial.

Pero imbuidos de ese lenguaje militarista y guerrero del que tanto repudiamos, nos hemos creído héroes en una guerra inexistente. Aquí no ha habido enemigo alguno que nos bombardee y destruya nuestros barrios e infraestructuras. Lo que si hemos padecido es una panda de incompetentes cuyas malas acciones de gobierno agravaron las medidas para luchar contra el coronavirus. Así como unos líderes malvados que poco les importó la vida o la muerte de los españoles sino agrandar su poder. Y nosotros mientras tanto, cómodamente instalados en el sofá de casa, zapeando y pensando en la próxima receta a ensayar en nuestras cocinas. Héroes de salón.

El Parlamento en España siempre ha sido una institución más teatral que efectiva, pero los rasgos de irrealidad se han acentuado en estos meses. A diferencia de otros vecinos, no se han podido investigar cuáles hubieran asido las mejores estrategias para lidiar con la pandemia; cuáles han sido los costes alternativos, en términos de salud, de tener necesariamente que poner toda la atención médica en los pacientes de la Covid-19, desde tratamientos de cáncer detenidos abruptamente, a casos no diagnosticados o enfermedades que, sin tratar, se expanden como un reguero de pólvora. Esta misma semana la OMS advierte de una nueva variante de la gonorrea nacida durante la pandemia, de momento resistente a los tratamientos habituales. Pero felices de contar con el mejor sistema sanitario del mundo.

En fin, yo chuparé las cabezas de los langostinos este 31 como si no fuera a haber otro. Los males de las pandemias perduran mucho más allá del bicho que los causa. Y, en cualquier caso, Pfizer y los demás laboratorios nos protegerán del coronavirus, pero no del coronasánchez. Eso es cosa nuestra. Y de momento, va ganando la batalla. Bienvenidos al 2021.

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Otegi, el socio del protegidísimo Iglesias y de Sánchez, era el jefe de la banda ETA que asesinó a 230 guardias civiles

OKDIARIO 31 Diciembre 2020

Uno de los momentos más inquietantes de la historia reciente de España se produjo recientemente cuando el Ejecutivo socialcomunista que lidera el socialista Pedro Sánchez junto a su protegidísimo y líder de Podemos, Pablo Iglesias, recurrieron a una alianza con la formación proetarra EH Bildu, cuyo tótem y líder es quien fuera líder de la banda terrorista ETA, Arnaldo Otegi, una organización en cuyo macabro historial asesino se cuentan 230 guardias civiles, entre las 856 vidas de inocentes con las que acabaron.

El Gobierno socialcomunista recurrió al apoyo de Bildu para poder sacar adelante los Presupuestos, en la más cruda plasmación a nivel nacional de un idilio que ya había comenzado anteriormente en Navarra, donde los proetarras se abstuvieron para posibilitar la presidencia de la socialista María Chivite y donde ya contaron con su apoyo para las cuentas públicas

Las décadas de sanguinarios asesinatos perpetrados por ETA, incluyendo las vidas de once militantes del Partido Socialista, no impidieron que el Gobierno socialcomunista reclutase como socio a Bildu para sacar adelante sus Presupuestos. El protegido de Sánchez, Pablo Iglesias, a quien hizo vicepresidente de España, se ha convertido en el gran nexo de unión de Moncloa con los proetarras y con los separatistas de Esquerra Republicana a la hora de buscar apoyos sin importar dónde se encuentren estos.

Arnaldo Otegi, a la cabeza de Bildu como coordinador general de la formación protetarra, ha pasado varios años de su vida en la cárcel -donde ha estado hasta en cinco ocasiones diferentes- precisamente por su pertenencia a la banda terrorista ETA, en la que ingresara a una joven edad, en la autodenominada y hoy desaparecida ‘ETA político-militar’. En 1979 entró en prisión por primera vez condenado por el secuestro del director de la fábrica de Michelín en Vitoria, Luis Abaitua, en 1979.

Un par de años antes había huido a Francia tras descubrirse su vinculación con un comando de la banda responsable de robos a mano armada y de un asalto al gobierno militar de San Sebastián. Posteriormente sería puesto entre rejas en varias ocasiones más por su actividad política a favor de la banda terrorista. Actualmente se encuentra a la espera de la repetición del juicio tras un fallo del Tribunal Supremo por el intento de reconstruir la ilegalizada Herri Batasuna.

Durante este tiempo no ha dejado de ofrecer muestras de su odio e inquina hacia la Guardia Civil y de pedir la expulsión de la Benemérita del País Vasco.

«Otro éxito militar de ETA»
Una portada de Mingote tras el asesinato del niño de dos años Fabio Moreno a manos del terrorista Juan Carlos Iglesias Chouzas, refleja como ninguna otra la cobardía y vileza del sanguinario terrorista acercado ayer por el Gobierno
Pablo Muñoz ABC 31 Diciembre 2020

El 7 de novimbre de 1991 Juan Carlos Iglesias Chouzas, el siniestro etarra apodado Gadafi, colocaba una bomba lapa en los bajos del coche de un guardia civil en Erandio (Vizcaya). Lo hizo después de haberlo sometido a vigilancias durante días y ser plenamente consciente, por tanto, de que este hombre subía al automóvil cada día con sus dos hijos, gemelos, de solo dos años. El padre y uno de los dos pequeños sufrieron gravísimas heridas; Fabio Moreno, el otro niño, murió.

Una viñeta del genial Antonio Mingote publicada en la portada de ABC solo tres días después (arriba, en la imagen) reflejaba la cobardía y vileza de quienes habían perpetrado esa salvajada. Le bastaron para ello un sencillo dibujo y cinco palabras: «Otro éxito militar de ETA».
La portada, obviamente, fue un aldabonazo para la opinión pública, en especial para la del País Vasco. Hubo críticas de aquellos que o bien defendían a la banda o se mostraban tibios con ella. Pero ninguna de ellas pudo desvirtuar el potente mensaje lanzado por Mingote y ABC. Hoy se ha conocido que el asesino de Fabio Moreno va a ser acercado a una prisión más próxima al País Vasco. Que cada uno saque sus conclusiones.


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