AGLI Recortes de Prensa   Miércoles 13  Enero  2021

Las nevadas y el fracaso del socialismo
Diego Vigil de Quiñones Otero okdiario 13 Enero 2021

Con ocasión de las nevadas soportadas estos días en el centro de la península, hemos asistido a una nueva polémica de gran carga ideológica. La presidenta regional de Madrid pedía voluntarios para limpiar de nieve sus calles, casi ninguna de las cuales resulta todavía circulable. Al momento, los trolls de la izquierda estallaban en las redes sociales atacando a la presidenta pidiendo que se contrate gente (que se aumente el gasto público por tanto), en lugar de admitir colaboración voluntaria. El periódico comunista Público daba cuenta de la polémica, procurando agitar los ánimos.

Para valorar correctamente la polémica, habría que recordar algunas cifras significativas sobre el número de empleados públicos y el déficit presupuestario. Según los últimos datos, el número total de empleados públicos dados de alta en España supera los 2,7 millones. A ellos hay que sumar casi un millón de funcionarios acogidos a MUFACE, algo más de 360.000 militares y los más de 58.000 funcionarios de la Mutualidad General Judicial. Sumado todo lo cual superamos los 4 millones de personas trabajando para las diferentes Administraciones. Todo ello en un Estado que va a superar el 8% de déficit este año (y Bruselas estima que también el que viene). En este contexto, si seguimos con presupuestos expansivos en contrataciones, habrá que seguir subiendo los impuestos. Con ello el mercado no se recuperará nunca, pues la gente no tendrá dinero para gastar. Por cada nuevo empleado público que se cree, se podría decir que se impide la salida del paro a una o varias personas más (en 2020, por cada nuevo empleado público se han generado 5 parados –regla que no será aplicable con carácter general, pues responde a la pandemia, pero los economistas sabrán decirnos cual es la relación exacta-).

Desde estas cifras debemos abordar la cuestión de fondo: el Estado-providencia es y será insuficiente, por mucho que logremos hacerlo eficiente. El demostrado fracaso científico y técnico del socialismo nos enseña que el Estado debe asumir sus límites. Ante tal evidencia, caben dos opciones: o caminar hacia el error, conduciéndonos a todos a la ruina, como pretenden los comunistas patrios; o plantearse un giro, iniciando reformas que reduzcan el gasto, y por tanto el número de empleados públicos. Pero para ello hay que asumir que el Estado nunca va a llegar a cubrir todas las necesidades que se planteen, y menos en situaciones de fuerza mayor como la que hemos vivido estos días.

Cada día me resulta más insoportable la cascada de peticiones de colectivos de todo tipo, reclamando que el gasto público solucione sus problemas. La realidad muestra que, aunque suelen lograr partidas presupuestarias, estas siempre son insuficientes, de modo que siempre se requiere poner de su parte. Con los problemas que no se solucionan necesariamente con dinero, como la nieve, pasa más o menos lo mismo. La nieve es una certera metáfora de lo que es el Estado ante la vida: por buena que sea la respuesta estatal, solo tendrá su calle, su acceso, su casa limpia… quien, además de lo que haga la quitanieves, limpie algo por sí mismo. Esto requiere que nos planteemos que determinadas situaciones necesitan de voluntarios, y que toda situación requiere de responsabilidad individual.

Estas mismas ideas pueden aplicarse a cualquier otro campo de la organización vital en el que interviene o pueda intervenir el Estado: los problemas (como la nieve) no van a desaparecer por bien que lo haga la Administración. Si no se asume una actitud combativa y responsable, tal vez haya mucho Estado, pero los problemas más bien tenderán a crecer. La nevada es una ocasión más para comprobar que el socialismo ha fracasado y descartarlo como solución.

Las ciudades congeladas por la negligencia de la Administración Pública
ESdiario 13 Enero 2021

Es inaceptable que millones de ciudadanos estén aislados en sus casas y barrios por una congelación que sus ayuntamientos no atienden mientras derrochan en nimiedades y sueldos.

Millones de personas siguen hoy atrapadas en sus casas, en todo el centro de España, por la desastrosa gestión preventiva y reactiva de la borrasca Filomena, que ha exhibido todas las vergüenzas de una Administración Pública cuyo oneroso coste no da, al parecer, para algo tan elemental como paliar el hielo primero, con el reparto masivo de sal, y retirarlo a continuación, con los medios técnicos oportunos.

La responsabilidad del Gobierno Central es evidente, pues a él le compete la activación de la respuesta cuando recibe la alerta oportuna: su galopante fracaso se resume en los miles de vehículos particulares y de transportes enterrados literalmente en las autovías porque nadie, en la víspera, hizo algo tan sencillo como prohibir la circulación.

Hace un año este mismo Gobierno recibió alertas internacionales sobre el coronavirus que desechó sistemáticamente hasta que ya era tarde, amplificando con ello los inevitables estragos de una pandemia que en toda Europa ha golpeado con dureza pero en casi ningún sitio con la intensidad de España.

Y ahora, de nuevo, ha vuelto a ignorar los precisos avisos de la Agencia Estatal de Meteorología, aumentando con ello los efectos de un temporal que añade más daños y frustración a una población agotada por tantos desastres concatenados.

Pero las administraciones locales tampoco tienen nada de lo que presumir. La práctica totalidad de los municipios madrileños, con la capital y toda su corona metropolitana incluidas, permanece literalmente congelada tres días después de la gran nevada, con miles de calles anegadas por el hielo sin ninguna atención municipal. Y algo similar sucede en Castilla-La Mancha.

No hay excusa que justifique este abandono, que pone en riesgo la integridad física de millones de personas, paraliza empresas y colapsa la actividad económica, tan perjudicada ya durante meses de agotadora pandemia.

Otro desastre con Filomena: ni quisieron verlo venir ni atienden los estragos
Y no hay coartada porque todos esos ayuntamientos disponen de amplios presupuestos que a menudo les permiten duplicar servicios ya existentes y engordar artificialmente su parafernalia pública con toda laya de auténticos chiringuitos que solo sirven para esquilmar el erario público e inflar la industria política local.

Pero no para disponer de quitanieves, tractores y otros medios capaces de atender a una ciudadanía que sufraga las Corporaciones pero ahora es abandonada a su suerte. Auditar el gasto y el rendimiento de la Administración Pública es una urgencia inaplazable que la crisis global que sufre España exige a voces: el ciudadano no puede ser una mera excusa para sostener un despilfarro sistemático que le olvida en el momento que más necesidades tiene.

Armados con picos y palas, nuestros soldados derrotan a Iglesias y Marlaska
OKDIARIO 13 Enero 2021

Pablo Iglesias y Fernando Grande-Marlaska están que trinan y se han unido en sus críticas al “protagonismo” de la ministra de Defensa, Margarita Robles, un oasis de sentido común en un Gobierno donde la actuación de los soldados españoles en las tareas llevadas a cabo por el Ejército durante y después de la nevada que colapsó Madrid molestan al vicepresidente segundo y al ministro de Interior. Como informa OKDIARIO, Iglesias y Marlaska echan las muelas por el protagonismo de nuestras Fuerzas Armadas y no pueden disimular su contrariedad porque “se lleve las medallas”. Hay que ser muy mezquino para no alegrarse por el papel desempeñado por los soldados españoles, que han dado una lección reconfortante de entrega y abnegación. El Ejército español, con picos y palas, ha derrotado al sectarismo y la inquina de dos personajes menores que han pedido a Pedro Sánchez limitar el protagonismo de Margarita Robles.

Las razones que mueven a uno y a otro son distintas: las desavenencias de Marlaska con la ministra de Defensa vienen de lejos y la poca consideración y respeto que Iglesias siente por el Ejército responden a ese reaccionario sectarismo ideológico que lleva a la izquierda populista a renegar de nuestras Fuerzas Armadas, precisamente por ser garantes de la unidad e integridad de España y estar al servicio del orden constitucional. Lo cierto es que el vicepresidente y el ministro del Interior no ocultan su malestar por la actuación de la ministra Robles en estos días, cuando ha defendido con orgullo la labor del Ejército.

De Pablo Iglesias cabía esperar su reacción, pero lo de Grande-Marlaska, celoso porque Margarita Robles se haya erigido en defensora a ultranza del papel de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado -lo que no ha hecho él-, revela un comportamiento propio de quien no es capaz de superar la envidia que le corroe al comprobar que la ministra de Defensa le superar de lejos en confianza y valoración. Y Marlaska, enrabietado por los éxitos de su compañera de Gobierno, no ha podido evitar unirse al vicepresidente segundo para pedirle a Pedro Sánchez que limite el margen de actuación de esta.

El papelón de Marlaska como ministro es de los que hacen época: cuestionado por la Policía y la Guardia Civil, ahora no soporta que el Ejército “se lleve las medallas” por su papel durante y después del temporal de nieve. Hay que ser muy mediocre para no sentirse orgulloso de nuestros soldados. Cabe esperar que la rabieta del ministro no vaya a mayores. Por su bien, que ya se sabe que un exceso de bilis no es bueno para el estómago.

‘Tortuga’ Sánchez: sólo corre para hacerse la foto
OKDIARIO 13 Enero 2021

No será por diligencia y rapidez: el Gobierno socialcomunista tardó 20 meses en dar a luz el plan estatal de emergencia que se estrenó hace días con un temporal de nieve histórico. Como siempre, el Ejecutivo llega tarde y mal, porque la tardanza en la aprobación de este plan estatal ha dejado solos a los ayuntamientos y comunidades, que han tenido que lidiar con la borrasca Filomena casi en soledad, salvedad hecha de la extraordinaria labor el Ejército español, que llega siempre donde no llega un Ejecutivo muy dado a la propaganda y muy negado para responder con prontitud y eficacia.

El Plan General de Emergencias del Estado (Plegem), dependiente del Ministerio de Interior de Grande-Marlaska, fue activado en “fase de preemergencia” el pasado 7 de enero, apenas 23 días después de que lo aprobara el Gobierno en vísperas de la Navidad en el antepenúltimo Consejo de Ministros del año. Desde que en abril de 2019 se diera luz verde a la Estrategia Nacional de Protección Civil, que establecía como prioridad la adopción de un Plan Estatal General, el Plegem ha estado durmiendo el sueño de los justos. Veinte meses ni más ni menos.

El Plan General de Emergencias era urgente para el Ejecutivo, que era plenamente consciente -como se recoge en documentos oficiales- de que “ante la posibilidad de incremento de algunas emergencias y catástrofes, es preciso seguir reforzando el estado de preparación en aras a facilitar la prevención y una pronta recuperación ante una situación catastrófica”. De ahí que el Plegem fuera vital. Y, sin embargo, desde abril de 2019 a diciembre de 2020 el plan dependiente del Ministerio del Interior no estuvo listo.

Pedro Sánchez, en lo peor del temporal, se puso de canto y no apareció hasta 36 horas después de que arreciara la descomunal nevada sobre Madrid. Y lo hizo visitando el Comité Estatal de Cooordinación y Dirección (CECOD). O sea, acudió para hacerse la foto y poco más. Conclusión: este Gobierno es muy lento para adoptar medidas ante situaciones críticas -véase el Covid- y el más rápido del planeta a la hora de ponerse delante de las cámaras para sacar pecho y presumir de eficacia. La propaganda, la bordan, pero cuando se trata de responder con celeridad ante una emergencia tienen que ser los ayuntamientos y las comunidades quienes den la cara.

Sobran las mentiras, sobra Simón
Editorial ABC 13 Enero 2021

La excepcionalidad de la tormenta Filomena y la necesaria atención mediática que requiere no puede dejar en un segundo plano la gravedad recobrada por la pandemia en las últimas semanas, sobre todo a raíz del relajamiento colectivo vivido en Navidad. Los datos de contagio del pasado fin de semana son los más alarmantes desde que se conoció el Covid-19 y su letalidad vuelve a niveles muy preocupantes. Ante esto, ya no sirven de nada los mantras del Gobierno anunciando sistemáticamente que «vienen semanas muy duras». Ese mensaje es caduco y la ciudadanía ha relativizado las advertencias, porque hace muchos meses que La Moncloa, y su portavoz para la pandemia, Simón, dejaron de ser creíbles. Las alertas sobre la indolencia del Ministerio de Sanidad ante la tercera ola, y ante los avisos de que las medidas de «cogobernanza» autonómica no estaban siendo eficaces, no han servido de nada. El Gobierno, Salvador Illa -más en mentalidad de candidato en Cataluña que de ministro de Sanidad-, y Fernando Simón -que se ha llegado a creer su propio personaje mediático- se han demostrado perfectamente inútiles. Y las consecuencias son demoledoras 11 meses después. Se comprometieron a que no habría 17 navidades, una por autonomía, y exactamente eso es lo que hubo. Se comprometieron a coordinar la cogobernanza, y han declinado cualquier responsabilidad. Se comprometieron a legislar, y lo han hecho en todos los ámbitos -educación, poder judicial, eutanasia, memoria histórica…- excepto en el sanitario.

La vacunación es una pifia, y la operación de marketing político diseñada por Pedro Sánchez para adueñarse de cada dosis que fuera inyectada está fallando por su lentitud. No se han utilizado más que la mitad de las dosis llegadas a España, y al ritmo de las 400.000 empleadas en dos semanas, será imposible que en junio esté vacunado el 70 por ciento de la población. Pero para Fernando Simón, lo importante es relativizar. Ni una alusión a los 75.000 muertos más allá de crear una falsa euforia y una ilusión óptica con el proceso de vacunación, como si fuera el santo grial del sanchismo. Sánchez anunció un «plan nacional» con 13.000 puntos de vacunación y prácticamente ninguno está activo por la prioridad de vacunar antes a ancianos de residencias y sanitarios. Pero ni siquiera de eso Simón tiene un mapa mental hecho. Solo hay un «plan autonómico», absolutamente desigual por comunidades, y un portavoz de la crisis que ya ni siquiera ejerce como técnico en pandemias, sino como un actor con un guión contradictorio y falaz. La izquierda idealizó a Simón, y ahora hasta se permite infravalorar la seriedad de la cepa británica del virus aventurando que va a ser inocua en España. De sus palabras y mentiras, de sus divagaciones y ocultaciones, la hemeroteca goza de desgraciados ejemplos. Simón, que ha conseguido llevar su afán de protagonismo a un punto casi patológico, presume de no improvisar y siempre termina culpando al ciudadano de cualquier abuso, exceso o error porque Sanidad cree ser infalible.

Es cierto que muchos ciudadanos han asumido la «nueva normalidad» con imprudencia. Hemos creído que basta llevar una mascarilla, y no se entiende aún que el virus tiene vida propia. Que evoluciona y es traicionero. Pero el Gobierno no está utilizando ese estado de alarma que Sánchez tildó de «indispensable» durante seis meses. Ni para la prevención, ni para la vacunación, ni para sancionar a quienes incumplen, ni para garantizar restricciones o aislamientos. El ciudadano tiene mucho que rectificar, pero el Gobierno es el responsable de que eso no ocurra sacudiéndose culpas y frivolizando con la tragedia.

El recibo de la luz y la voracidad fiscal del Gobierno mentiroso
EDITORIAL Libertad Digital 13 Enero 2021

Si en 2014 “la subida de la luz del 8% prueba el fracaso de la reforma eléctrica de Rajoy y alerta del riesgo de más gente sufriendo pobreza energética”, según afirmó entonces Pedro Sánchez, habría que preguntarse cuál es el nivel del fracaso de su Gobierno tras unas subidas que estos días han alcanzado casi el 30%. Es más, habría que preguntar al vicepresidente y líder de Podemos, Pablo Iglesias, qué fueron de aquellas promesas electorales por las que se comprometía a reducir el tipo del IVA que soporta el suministro eléctrico del 21 al 10%.

Por ahora, sin embargo, los voceros del Gobierno se limitan a maquillar la realidad de dichas subidas o a justificar su rotunda negativa a reducir el tipo impositivo bajo la clamorosa mentira de que se lo prohíbe la Unión Europea. La ministra portavoz, María Jesús Montero, ha tenido la desfachatez de atribuir a la acción del Ejecutivo social-comunista la tendencia bajista de la tarifa los últimos años previa a la de los últimos días, al tiempo que ha asegurado que el tipo del IVA de la luz “es una cuestión que se marca por parte de Europa”.

Es innegable que Filomena es un factor “coyuntural y puntual” que explica, en parte, el alto importe de la factura de la luz de los últimos días. Con todo, también influye la insuficiente liberalización del sector energético y la fuerte presión fiscal que soporta el suministro. A este respecto, téngase en cuenta que el precio mayorista pesa un 35% sobre el recibo final, mientras que otro 40% corresponde a los peajes y un 25 % al IVA y el Impuesto de Electricidad.

En los últimos años ha habido una tendencia bajista en la factura, sí, pero esto solo puede ser achacable a la reforma llevada a cabo en el sector energético por el Ejecutivo de Rajoy en 2017. Resulta, pues, una tomadura de pelo que el Gobierno social-comunista se apunte ese mérito, por la sencilla razón de que no ha efectuado actuación alguna en este mercado.

Otro tanto se podría decir de la supuesta imposibilidad, por imperativo europeo, de reducir el IVA de la luz, patraña como aquella que utilizó este mismo Gobierno para justificar su negativa a bajar el IVA de las mascarillas y del restante material de protección sanitaria. No hay una sola resolución europea que impida hacerlo, y de hecho países como Austria, Alemania, Francia, Irlanda o Italia gravan la electricidad con tipos de IVA más reducidos que el nuestro.

Lo que sucede es que a la izquierda en general, y a los comunistas muy en particular, le resulta muy fácil hacer demagogia con el importe de las facturas pero le cuesta mucho sacrificar su voracidad fiscal, incluso en aquellos bienes de primera necesidad que más precisan las clases más desfavorecidas. Ojalá tanta mentira y tanta demagogia les pase factura electoral.

El Gobierno, zona catastrófica
Irene González. vozpopuli 13 Enero 2021

La negativa inicial a declarar Madrid zona catastrófica responde a intereses tanto políticos como económicos. Calviño no tiene fondos

Cuando una tormenta de nieve paraliza la actividad en la capital es tradición que provoque otra tormenta de carácter político. La que cayó en Madrid en 2009 y a la por entonces ministra de Fomento con Zapatero, Magdalena Álvarez, se recuerda envuelta en cierto surrealismo, pues el cierre del Aeropuerto de Barajas se produjo por cinco centímetros de nieve. Las críticas de lo que entonces era oposición y de los medios informativos justificaron un costosísimo y esperpéntico desplazamiento a Siberia de la ministra andaluza y toda su cohorte, a fin de empaparse sobre cómo funcionan allí los aeropuertos y las nevadas. De aquel viaje poco se aprendió, salvo su incapacidad para seguir al frente del departamento.

La borrasca Filomena, la más bella y virulenta que se recuerda en Madrid, con cuarenta centímetros de nieve en pleno corazón de la ciudad, seguida de heladas con mínimos históricos, no ha provocado, sin embargo, que las primeras críticas se dirijan contra el ministro de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana, José Luis Ábalos, a pesar de los centenares de coches que quedaron atrapados en autopistas competencia del Estado, el cierre del aeropuerto y el abandono absoluto de miles de pasajeros. Las críticas se las han llevado los ciudadanos madrileños. Críticas por inundar las redes con fotos disfrutando de la nieve en el centro de la ciudad, tras un año durísimo y cruel para Madrid. Quejas porque en televisión se ha dedicado más espacio a las imágenes de personas esquiando en Gran Vía que a las de un campo de vacas nevado en los montes de León, estampa que, por lo demás, suele aparecer todos los años en todos los telediarios. Para una vez que el tiempo es verdaderamente noticia, se quejan porque sea en Madrid. En esta ocasión, la gran nevada ha servido como un inequívoco detector de las limitaciones intelectuales y morales.

Este episodio meteorológico, cuyas gélidas previsiones han sido superadas por la avalancha de nieve, viento y hielo, ha servido de excusa a la izquierda para culpar a Almeida y a Ayuso. Los motivos de la crítica han ido desde la inexistencia de una máquina quitanieves en cada una de las 8.000 calles que componen el callejero madrileño hasta la invitación de los dirigentes del PP a la colaboración ciudadana para retirar la nieve de sus propios portales. "¡Que nadie ayude!", gritaron los de la gente. "¡Para eso pagamos impuestos!". ¿Quién, Echenique? “Esto ha pasado porque han desmantelado lo público”. ¿Acaso había en Madrid una red de quitanieves oculta en cada calle que ha sido eliminada?

“Lo público”. Probablemente sea el concepto clave, y la mayor mentira en la que aún se refugia el sectarismo identitario de la izquierda. No se refieren a los recursos de todos puestos al servicio de la comunidad. Lo público es exclusivamente lo que deciden ellos, y normalmente para ellos. En este caso, invocado con la cursilería y el infantilismo propio del niño dictador, criado entre algodones que a todos reclama y exige con ira y con desdén, pero se desentiende de lo que necesitan quienes lo rodean.

Despilfarro de la Sanidad
El desmantelamiento de lo público como causa de todos los males en Madrid es un discurso alejado de la realidad y sin ningún interés hacia la verdad. Ya se esgrimió en el inicio de la pandemia, tras haberse incrementado en Madrid el presupuesto de Sanidad durante varios años y tras haberse construido ocho hospitales. El hecho de que municipios humildes y muy poblados tuviesen un hospital, el caso de Parla, fue catalogado en su momento por el socialista Rafael Simancas, como un despilfarro de dinero público. Así han considerado también al Hospital Isabel Zendal, destinado a una pandemia en plena pandemia.

Si ha habido un desmantelamiento de lo público ha sido, más bien, en lo relativo al Ejército y a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. Los únicos que siempre han estado en las peores situaciones y los más difíciles escenarios son a quienes niegan la equiparación salarial y sufren la falta de medios materiales.

La ola de frío ártico que asola todo el país y que el propio Gobierno de la nación ha calificado como “la peor crisis meteorológica en 70 años” no ha impedido negar a miembros del Ejecutivo la solicitud de auxilio de Madrid, incluso antes de ser formalizada. José Luis Martínez Almeida, que es un poco el alcalde de todos los españoles, sugirió la previsible necesidad de declarar zona catastrófica ante los daños sufridos por el tsunami de nieve y hielo que ha paralizado la ciudad. Como el reflejo de una rodilla tras ser golpeada con una mano, Marlaska exclamó: "¡No!". Posteriormente declaró que lo estudiarían, tal y como hizo Salvador Illa sobre la realización de test en farmacias.

Ha sobrevenido Filomena mientras se encuentra vigente un estado de alarma de seis meses que delegó lo indelegable en las administraciones autonómicas. Ahora el Gobierno pretende delegar las catástrofes naturales en las administraciones locales, a las que envía sólo el 20% de las unidades de la UME. A Sánchez sólo se le espera para la foto, a Iglesias ni para eso.

La declaración de zona afectada por emergencia es aplicable a aquellas situaciones cuya magnitud requiera para su recuperación la intervención del Estado ante los daños provocados. Esta declaración supone una batería de ayudas y de exenciones fiscales a unos ciudadanos ya empobrecidos en una economía de subsistencia para quien haya sobrevivido a aún latente crisis de la covid.

La resistencia del Gobierno en aprobarlo, muy distinta a su obsesión en declarar el estado de alarma exclusivo a Madrid en septiembre, quizá no se base únicamente en su objetivo de poder, de domeñar una región y una ciudad que considera políticamente objetivo a batir, sino en la ausencia de fondos. Un Gobierno con unos Presupuestos irreales y cuya única esperanza para sufragar sus ansias expansivas ministeriales son unos Fondos europeos que no terminan de llegar, recuerda al mes de abril. Entonces, ante el desabastecimiento de mascarillas, el Gobierno con la pretensión de ocultarlo, desaconsejó su uso “porque eran contraproducentes”.

La vicepresidenta económica, Nadia Calviño, se ha desentendido de todo en una bochornosa deriva del problema a los seguros privados. Si, en primer lugar, se resiste a gastar el dinero público para lo que genuinamente fue recaudado, para ayudar ante una emergencia que ha destrozado lo común y provocado daños que no siempre pueden asumirse de forma individual. Si tampoco se coordinan los recursos disponibles, no se pagan ERTE, y no se protegen los derechos fundamentales de todos los españoles en Cataluña y País Vasco, cabe preguntarse: ¿han desmantelado ya el Estado? El panorama verdaderamente desolador es que el Gobierno de la nación sea la auténtica zona catastrófica.

Alarma antigafe
Emilio Campmany Libertad Digital 13 Enero 2021

Despedimos 2020 con alivio. Y recibimos 2021 como el año en que superaríamos la pandemia. Sin embargo, nuestros políticos, que son gente de gatillo fácil y desenfunda un confinamiento más rápidamente que Jesse James su Colt Peacemaker, gestionan peor que los que intentaron colgar a Clint Eastwood en Cometieron dos errores. Si de ellos depende que alcancemos la inmunidad de rebaño, ésta llegará cuando ya estemos todos convenientemente eutanasiados. Aun así, hasta esta semana creíamos que todo era una cuestión de inoperancia salpimentada de estulticia y aderezada con generosas dosis de soberbia. Y en esas llegó la gran nevada, una prueba más de esa verdad inmanente según la cual todo es susceptible de empeorar. En estas condiciones, la ineptitud no basta para explicar tanta desgracia. Aquí es ya inequívoca la presencia de un gafe.

Luis del Pino lo apuntó este fin de semana. Sin embargo, como buen ingeniero, renegó de explicarlo con lo que hay que hacerlo, acudiendo a las ciencias ocultas. Pregunté a conocidos expertos que imparten su ciencia en el sur de Italia. Ninguno de los catedráticos consultados ha dudado en señalar a Pedro Sánchez como el gafe inequívoco causante de todos nuestros males. Elemento clave para su identificación no ha sido tanto el cúmulo de desgracias que a su alrededor se producen como su capacidad de ser impermeable a ellas. De hecho, habló Luis del Pino de uno muy popular en su infancia que sobrevivió a tres accidentes aéreos. Fue éste obviamente un gafe de libro, pero no tanto por provocar los accidentes como por salir indemne de ellos. El caso de Sánchez es lo mismo. Si no bastan las desgracias que a todos nos ha traído sin que en nada se haya perjudicado él, piénsese en los muchos casos de covid-19 que ha habido en su entorno más cercano (su mujer, su madre y muchas de sus ministras, además del caso de Macron) sin que él se haya contagiado nunca. Para los entendidos, constituye ésta una prueba inequívoca de su condición de gafe.

Otra cosa es si nació gafe o se hizo. Los peritos que defienden que los gafes se hacen y no nacen ven en Sánchez un caso palmario. Todo gafe, según ellos, se convierte en tal no por una maldición casual, sino que, a base de envidiar el bien ajeno, termina por desear el mal de los envidiados y acaba por provocar la desgracia no sólo de ellos sino de todo el que a él se acerca. Alguien que se arroga títulos que otros poseen pero que él no tiene derecho a ostentar, que ansía los honores ajenos pero que él no merece, que se atribuye las virtudes de terceros que sin embargo no le adornan, está destinado, si persevera lo suficiente, a ser un gafe de primera categoría. Si los catedráticos napolitanos que me han asesorado tienen razón y este sujeto sigue gobernándonos mucho tiempo, nos esperan las mayores desgracias.

¿E Iglesias? También he preguntado por él. Me dicen que es todavía peor que Sánchez, pero que están en estado de formación todas las capacidades maléficas que potencialmente posee. Para que opere como gafe a pleno rendimiento tan sólo hay que darle tiempo. Procede proveerse de todos los amuletos posibles y formular sin cesar todos los sortilegios que conozcamos. Es imperativo declarar la alarma antigafe.

Frente a la dictadura de las redes
EDITORIAL https://gaceta.es 13 Enero 2021

La suspension de las cuentas del presidente Trump —de sus ideas y de su visión del mundo—, en las principales redes sociales, así como el hostigamiento a redes alternativas como Parler, mucho menos poderosas, son señales que nos indican hasta qué punto los defensores de la libertad de pensamiento van perdiendo la guerra contra los multimillonarios de Silicon Valley y su imposición de una visión única de la realidad que desdeña la verdad y la sacrifica a un objetivo político.

Todos los usuarios de esas redes —todos los que todavía tienen la extraña manía de pensar por ellos mismos—, han comprobado hasta qué punto resulta imposible la defensa de sus principios en público. Es tal el grado de locura que el mero análisis de los hechos es calificado por los propietarios de esas redes sociales dominantes o por los dueños de las plataformas tecnológicas que las hospedan, como un acto de violencia o de odio. Que su visión sesgada de la realidad no pueda ser disputada, ni siquiera desde el mundo académico, es un desastre del que todavía no conocemos sus efectos a largo plazo.

A corto sí que lo conocemos y no debemos subestimarlo. Los propietarios de las grandes tecnológicas, con su ejercicio implacable de la censura o con su permisividad con el linchamiento digital, buscan desmoralizar a todos aquellos que con datos, información y opiniones fundadas tratan de disputar la visión sesgada de la realidad que sus algoritmos nos ofrecen como dogmas incuestionables.

Que todo esto fuera aplaudido por una dictadura entraría dentro de lo esperable. Que los gobiernos de las grandes democracias del mundo —con aisladas excepciones como una Ángela Merkel en retirada— asistan complacidos a esta exhibición de matonismo de empresarios multimillonarios alineados con la agenda globalizadora y sus sesgos totalitarios, es abrumador.

El ejemplo de Polonia, que está impulsando una ley de protección de los derechos de los usuarios de las redes frente a la actitud censora de los propietarios, es el camino. Pero no podemos engañarnos. Polonia apenas será una isla de libertad en un mar de complacencia o en un océano de desmoralización si no hacemos frente al monopolio de esa realidad tan alejada de la verdad a la que nos someten sin apenas casi darnos cuenta.

En España, sólo un partido ha dado la voz de alarma. Vox, la formación de Santiago Abascal, ha anunciado que impulsará un gran alianza internacional que haga frente a esta dictadura del pensamiento. Una dictadura, no nos olvidemos, objetivamente perversa y dañina para la salud de las democracias liberales que solo pueden estar fundadas sobre el derecho a disentir.

Será una batalla dura que deberá movilizar recursos no sólo creativos y académicos, sino financieros, legales y políticos. Y será difícil porque, como en tantas otras cuestiones, el enemigo lleva años de ventaja. Pero hay que dar esa batalla o un día, cuando la verdad haya sido extinguida por los algoritmos, lo lamentaremos.

Datos del Instituto de Salud Carlos III
Sánchez queda retratado: la estimación de fallecidos por Covid en 2020 es de 70.703 muertos
OKDIARIO 13 Enero 2021

Pedro Sánchez y Pablo Iglesias se han empeñado en ocultar la cifra real de muertos por coronavirus en España. Pero los datos oficiales que ofrece el Gobierno socialcomunista quedan desnudos ante la evidencia. Según los últimos datos del Sistema de Monitorización de la Mortalidad diaria (MoMo) del Centro Nacional de Epidemiología (Instituto de Salud Carlos III), el exceso de muertes se sitúa en 70.703 fallecidos.

Los resultados obtenidos con MoMo estiman que se han producido dos periodos de exceso de mortalidad por todas las causas a nivel nacional, el comprendido entre el 10 de marzo y el 9 de mayo, en los peores momentos de la pandemia, y entre el 20 de julio y el 20 de diciembre, cuando ha tenido lugar la segunda ola.

De este modo, en el primer periodo, se registró un exceso de 44.599 fallecimientos, con un incremento del 66.9%, que fue superior en mujeres (72%) que en hombres (67%) y se concentró en los mayores de 74 años (78%), seguido del grupo de edad de 65 a 74 años (58%).

En cuanto al segundo periodo, del 20 de julio al 20 de diciembre, el exceso fue de 26104 muertes, con un incremento del 16.6%. En este caso, también fue superior en mujeres (21%) que en hombres (19%) e igualmente se concentró en los mayores de 74 años (19%).

A nivel de Comunidades Autónomas, se han detectado excesos de mortalidad en todas ellas, concentrándose fundamentalmente en los grupos de edad de mayores de 74 y entre 65 y 74 años.

El Momo utiliza la información de mortalidad por todas las causas que se obtiene diariamente de 3.929 registros civiles informatizados del
Ministerio de Justicia, correspondientes al 93% de la población española y que incluye todas las provincias. Las estimaciones de mortalidad esperada se realizan mediante modelos restrictivos de medias históricas basados en la mortalidad observada de los últimos 10 años.

Tercera ola
Las comunidades autónomas han notificado este martes al Ministerio de Sanidad 25.438 casos de Covid-19, de los que 14.060 han sido diagnosticados en las últimas 24 horas, frente a los 6.162 registrados el lunes, situándose la cifra global de personas infectadas por coronavirus en las 2.137.220 desde el comienzo de la pandemia.

Además, la incidencia media actual de contagios en España en los últimos 14 días sigue incrementándose, situándose en los 454,22 casos por cada 100.000 habitantes, en comparación con los 435,62 notificado el martes por el Ministerio de Sanidad.

Respecto a los fallecidos por Covid-19, el departamento que dirige Salvador Illa ha notificado este martes 408 más, de los cuales 723 se han registrado en la última semana. Esto hace que la cifra global de muertos por coronavirus en España se eleve a las 52.683 personas.

En la actualidad, hay 17.645 pacientes ingresados por Covid-19 en toda España y 2.651 en una UCI, si bien en las últimas 24 horas se han producido 2.377 ingresos y 1.651 altas. La tasa de ocupación de camas ocupadas por coronavirus se sitúa hoy en el 14,21%.

De las 14.060 personas diagnosticas de Covid-19 en el último día, 3.665 se han localizado en Madrid, 3.441 en Cataluña, 1.655 en Castilla y León y 1.058 en Extremadura. Además, 681 han sido diagnosticadas en Andalucía, 418 en Aragón, 256 en Asturias, 280 en Baleares, 225 en Canarias, 207 en Cantabria, 188 en Castilla-La Mancha, 26 en Ceuta, 171 en Comunidad Valenciana, 747 en Galicia, 49 en Melilla, tres en Murcia, 162 en Navarra, 691 en País Vasco y 137 en La Rioja.


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No es el Gobierno que necesita España
Editorial larazon 13 Enero 2021

Este Gobierno nació con un mal que se ha ido acrecentando con el paso del tiempo, un año exactamente desde su toma de posesión: fue anunciado como una coalición para impedir que la derecha volviese a gobernar en este país y, como hasta ayer mismo ha dicho su vicepresidenta, «ha realizado un trabajo que es bueno para la izquierda de este país». No para el conjunto de los españoles, se sitúen en la opción política que se sitúen, sino para un programa de izquierdas –si acaso existiese– absolutamente superado por los hechos, la condiciones impuestas por la Unión Europea de contener el gasto y la crisis económica sobrevenida por la pandemia Todo lo demás es ideología, propaganda y marketing político.

He ahí la razón de la radicalización política que vive el país, arrastrada por un sectarismo estéril cuyo mayor fruto es el de una sociedad dividida por múltiples batallas, por las llamadas culturales algunas, y otras que afectan directamente al corazón del sistema: división de poderes, independencia de la Justicia y normalización de una agenda política que propone abrir un proceso constituyente y una futura república plurinacional, tal y como ha sido propuesta por el vicepresidente Pablo Iglesias. Es la estrategia del populismo, abrir trincheras donde antes había acuerdos, marginar a la oposición, especialmente representada por el PP, de cualquier pacto de Estado, y situar por fin la figura del Jefe del Estado en el centro del tablero político con el objetivo de provocar la erosión de la Monarquía parlamentaria.

Esta es la herencia política que, hasta el momento, ha dejado el Gobierno de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, fruto del acuerdo de coalición y de la falta de sentido de Estado del líder socialista, capaz de anteponer sus aspiraciones al deterioro de las instituciones. Suponemos que no ha medido los efectos de apoyarse en todos los partidos anticonstitucionales, de ERC a EH Bildu, y de romper los puentes con el PP. Es, por lo tanto, un Gobierno marcado por dependencias muy tóxicas, de ahí que su gestión económica haya estado bloqueada, o marcada por la imposibilidad de sacar adelante sin grandes cesiones los presupuestos, fundamentales para recibir las ayudas de la UE.

Según un sondeo de NC Report, la valoración en este aspecto es de 3,7 puntos. El rechazo al Gobierno de coalición es general, tanto en su pacto con Iglesias –un 50,6% es favorable a romperlo– como en los apoyos recibidos por los independentistas de ERC y EH Bildu –el 62% es contrario–, mientras el 44,5% es favorable a contar con PP y Cs para grandes acuerdos (44,5%). Es sintomático que sean los de Unidas Podemos los ministros peor valorados (Iglesias, Irene Montero y Garzón), frente a Margarita Robles, que tiene mayor reconocimiento, trazando un perfil de lo que en estos momentos busca la sociedad española.
 


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