AGLI Recortes de Prensa   Lunes 18  Enero  2021

Sánchez: ni gestiona la tragedia sanitaria ni deja a las regiones que lo hagan
ESdiario 18 Enero 2021

La "cogobernanza" ha sido la trampa del Gobierno para despreocuparse de su responsabilidad y obligar a las Comunidades a gestionar la pandemia maniatadas por los caprichos de Sanidad.

Pedro Sánchez ha ordenado a la Abogacía del Estado recurrir la decisión de Castilla y León de adelantar a las 20 horas el toque de queda en la región, una medida desesperada que refleja el apogeo de la pandemia en la práctica totalidad de España, en cifras de contagio peores incluso que al principio de la trágica emergencia

La decisión es jurídicamente defendible, pero políticamente extravagante: si el vigente estado de alarma no faculta a los Gobiernos regionales a adoptar medidas que sin embargo pueden ser eficaces, lo que debe modificarse es el decreto que lo regula, y no la decisión adoptada.

Para ello bastaría con algo tan simple como una reunión del Consejo de Ministros que ampliara a capacidad de maniobra de los Gobiernos autonómicos, abandonados por Moncloa desde que en verano convirtiera la "cogobernanza" es una lamentable excusa para despreocuparse de la pandemia, guardarse la última decisión y patrimonializar las buenas noticias, caso de la vacuna.

Sorprende además que un Gobierno acostumbrado a estirar la ley, cuando no a saltársela, se ponga tan purista en un asunto de salud pública: despreciar así a Castilla y León, apelando a las normas, es obsceno en un Ejecutivo que ignora incluso los parámetros constitucionales para tramitar indultos, asaltar el Podemos Judicial o ignorar resoluciones en su contra del Consejo de Transparencia o de la Audiencia Nacional.

Y escandaliza constatar, una vez más, la dureza y el desprecio con que Sánchez trata a comunidades de color adverso, caso de Madrid y Castilla y León; mientras mira para otro lado o ensancha artificialmente las líneas rojas legales par atender sus compromisos personales con los partidos dominantes en Cataluña y el País Vasco o con el suyo propio en Navarra, Baleares o Extremadura.

La politización general de un problema tan grave de salud pública demuestra también las consecuencias de carecer de un verdadero Comité de Expertos y el despropósito de mantener al frente del Ministerio de Sanidad a Salvador Illa, un ministro incompetente que además ahora es sospechoso de condicionar toda su gestión a su condición de candidato en Cataluña.

La censura izquierdista de las Big Tech
EDITORIAL Libertad Digital 18 Enero 2021

Las grandes redes sociales se vienen dedicando desde hace tiempo a promover las ideas izquierdistas y censurar a los defensores de principios liberales o conservadores bajo el pretexto de eliminar los contenidos peligrosos (¿peligrosos para quién?) o de velar por la veracidad de los mensajes que se difunden. Los gigantes tecnológicos ya conocidos por las siglas GAFAT (Google, Amazon, Facebook, Apple y Twitter) toleran todo tipo de mensajes violentos de grupos izquierdistas y gobiernos totalitarios, mientras censuran contenidos contrarios perfectamente razonables y expulsan de la red a sus autores por no ajustarse a la agenda progresista que todos ellos defienden.

El patrón, suficientemente conocido, se ha aplicado con mucha más rapidez con motivo del execrable asalto al capitolio estadounidense, saldado con cuatro muertos y decenas de detenciones. La torpeza y el histrionismo de Donald Trump dieron alas a sus fieles más radicales y sirvieron en bandeja el pretexto para que las grandes tecnológicas, convertidas en un verdadero cártel ideológico, hayan llegado al extremo impensable de suspender los canales de comunicación social del todavía presidente de los Estados Unidos.

En Libertad Digital hemos realizado un amplio despliegue analítico para desentrañar las claves de esta lucha por la libertad de expresión en un contexto digital, que sobrepasa ampliamente el marco de relaciones sociales conocido hasta ahora en el mundo libre.

Una de las conclusiones más evidentes es que urge clarificar el papel de los gigantes tecnológicos, bien como proveedores de contenidos y, por tanto, responsables de ellos, bien como plataformas tecnológicas que permiten simplemente la comunicación entre usuarios y, en consecuencia, no pueden responsabilizarse de lo que sus clientes se comuniquen entre sí. En otras palabras, o son medios de comunicación o compañías asimilables a las empresas de telefonía y no como hasta ahora, que utilizan uno u otro marchamo para abusar de sus prerrogativas con total impunidad.

En todo caso, lo que no puede admitirse es que sigan actuando indefinidamente como censores absolutos de la sociedad para favorecer la agenda ideológica de sus dirigentes y hacer el trabajo sucio a una izquierda que, solo en este caso concreto, defiende a capa y espada la iniciativa privada.

El arte de borrar
Pedro de Tena Libertad Digital 18 Enero 2021

No es nada nuevo. Hasta ahora, el único remedio eficaz ante el interés atacado, la vanidad herida, el argumento desacreditado, la ambición descubierta, el dios humillado y demás resortes del poder amenazado, era la matanza, la aniquilación física de los enemigos, el exterminio de los otros, de los que ponen en peligro nuestras razones, posesiones y posiciones. Dejar vivo a un contrincante fue siempre dejar suelto un peligro futuro. Nuestros griegos y romanos, siempre atentos con el dinero, inventaron la esclavitud reconvirtiendo el odio en negocio, un método que hacía innecesario el asesinato masivo y, de hecho, un avance económico y moral sobre los genocidios y las carnicerías. Sin embargo, el crimen siguió existiendo de forma más o menos masiva hasta nuestro tiempo. Sólo el pensar en los masivos degolladeros nazis y comunistas o en la bomba atómica o en la guerra civil española o en la masacre de Ruanda hace 26 años, 800.000 asesinados en 100 días casa por casa choza por choza (así lo describe el testigo José María Arenzana en su reciente libro) da una idea de que el signo de Caín sigue en los vocabularios.

Schopenhauer, el malicioso alemán que renegaba de su origen nacional, compuso 38 estratagemas sobre el arte de tener razón. Luego, el malogrado Franco Volpi, su admirador nihilista, completó su plan con un abecedario de impertinencias acerca de la utilidad del insulto cuando no llevamos razón y alguien lo descubre y nos descubre. Es entonces preciso blandir el insulto como arma de combate para seguir ganando, aunque ya no se lleve razón. Pero toda esa parafernalia corresponde a los modos y maneras de la supuesta democracia política, ese sueño imposible para un mundo que siempre es el peor de los posibles. Incluso en el mejor de los supuestos - que sólo fuese preciso matar a unos pocos mediante la mano invisible de los servicios secretos -, las democracias no pueden ocultar que hay “intereses de Estado” que obligan a dejar a un lado razones e insultos, al fin y al cabo juegos florales, para suprimir a los empecinados.

Por ello, saludo con entusiasmo la nueva arma que puede desterrar el asesinato y la escabechina. Al arte de tener razón y al arte de insultar, no muy efectivos realmente, se añade hoy el arte de borrar. Ya no es preciso afanarse pesadamente en tener razón frente a un contrario y tampoco hay que menospreciarlo y ridiculizarlo groseramente argumentando ad personam. Tampoco habrá que ejecutarlo, un proceder que obliga a encarecer y a ensuciar el precio del poder. Se trata de borrarlo de la pizarra del mundo, de actuar como si no existiese desvaneciendo su existencia civil y social mediante la extinción de sus datos y accesos a la corriente de la gran red de la inteligencia universal.

Ya sé que el nuevo procedimiento de cese de los individuos o grupos incómodos significa que un sanedrín de personas poderosas va a decidir quién tiene o no existencia pública relevante en todo el planeta. Es lo que siempre se ha hecho en cualquier época que elijamos analizar. La diferencia está en que ya no será necesario derramar sangre para ser eficaces. Sencillamente, se coge el borrador de la memoria y se aprieta el botón correspondiente. Todas las referencias personales a determinado sujeto quedarán sepultadas donde habita el olvido, ese lugar de Bécquer, y el suprimido no podrá recuperar la identidad por los procedimientos habituales. Esto es, habrá desaparecido de la información disponible y nadie, salvo aquellos a los que pueda conocer personalmente, siempre muy pocos, sabrán de su vida.

Sí, cierto, es una forma de matar, el agujero perfecto para la desmemoria orwelliana. Estamos ante la grandeza del método definitivo, por cantidad y calidad de las víctimas que, sin embargo, seguirán vivas en su minúscula dimensión. Ejemplo. Servidor fue arrasado de Twitter hace años sin explicación alguna, sin audiencia ni juicio previo y sin apelación posible. Y así sigo. Si triunfase una entente entre todos los dueños de las autopistas del espíritu, estaría sepultado entre las ortigas de Cernuda.

Se está asaltando el capitolio de la conciencia individual que consideramos base de las democracias nacionales. Ergo…Capitalistas y comunistas unidos contra la libertad, pero, eso sí, de modo universal y compasivo. Saludamos la mejora, claro, pero algo habrá que inventar contra esta plaga.

El callejón y la salida
Carlos Mármol cronicaglobal 18 Enero 2021

Como prescribe la Ley de Murphy –“todo lo que puede salir mal, saldrá peor”– el Año Nuevo, que a estas alturas comienza a dejar de serlo para transformarse en la rutina de los calendarios, presenta una decidida voluntad de parecerse su antecesor, momento inaugural de la nueva era de las pandemias. En cierto sentido, es natural: sólo quienes creen que el ritual del cambio de fecha supone automáticamente un giro de la suerte –el tiempo, convendría no olvidarlo, es una convención humana–, confía a estas alturas en que la simple mudanza de un dígito vaya a salvarnos de nosotros mismos. La gente sencillamente no cambia; las sociedades, aún menos. La primera afirmación conduce irremediablemente a la segunda.

De momento, la tercera ola del coronavirus ha superado con holgura los índices de alarma social de los dos primeros naufragios sanitarios y económicos provocados por la nueva enfermedad global que, además de matar a dos millones de personas en todo el mundo, aquí nos ha dejado un saldo de mortalidad de 80.000 individuos, según los últimos datos del INE. Sin duda, se trata de un registro trágico, pero todo el mundo parece aceptarlo como si fuera un mal irremediable o una plaga azarosa. El Gobierno, que dejó de contar muertos hace mucho tiempo –la rabia se elimina prescindiendo del perro, dice el refrán–, ha hecho muy bien el trabajo de atenuación social, aunque en este caso las muertes no han detenido la pandemia.

Los fallecidos de primavera, a muchos, les parecen los difuntos del siglo pasado; los del verano han sido olvidados con rapidez; y los del otoño y el invierno alimentan estadísticas oficiales que casi nadie se cree. Básicamente porque son mentira. La cosa es asombrosa: con 40.000 contagios al día, el ministro Illa, candidato por el PSC a unas elecciones catalanas que acaban de retrasarse hasta mayo, sostiene en público la patraña de que “hemos vencido a la segunda ola del virus”, probablemente porque la realidad puede acabar arruinando su nominación y convirtiendo el efecto en un defecto. Ya se sabe: ahora todo dura apenas un suspiro. Incluidas las muertes y las novedades.

La España oficial vive desde hace casi un año en una permanente ensoñación frustrada por los hechos. Nos dijeron que había que “salvar el turismo”, pero el verano fue un desastre. Se decidió abrir la mano en Navidad y la cuesta de enero es ya un Everest de contagios que, por tercera vez, tensionan un sistema sanitario dividido en 17 taifas. Se prometió la milagrosa salvación de las vacunas y, salvo excepciones, en muchas autonomías se ha preferido guardar las fiestas de los funcionarios en vez de administrar las dosis disponibles. Apelar a que vivimos una situación de alarma, por supuesto, es de cobardes.

¿Puede ir algo peor? Sin duda. No hemos tocado fondo. Hasta ahora la ecuación con la que trabajaba Moncloa consistía en trasladar el desgaste político de la pandemia, una tempestad que todavía no ha mostrado su verdadera faz, a las autonomías y rentabilizar en su favor el reparto de los fondos europeos. Sucede, sin embargo, que las subvenciones de la UE todavía no se han desembolsado y, en cambio, la agenda de quebrantos sociales ha comenzado a emerger.

Subida general de impuestos, incremento del IVA en los refrescos, encarecimiento súbito del recibo de la luz, endurecimiento de las primas de seguros, recorte en las pensiones y una inminente nueva ley de quiebras que tendrá efectos –aún desconocidos– en el ámbito laboral, donde la negociación para prorrogar los ERTES encalla y el colapso de los servicios públicos de asistencia se prolonga desde hace meses. La nueva reforma laboral, exigida por Europa, se da por descontada. Éste es el menú.

En puertas de un probable confinamiento no declarado como tal (pero instigado por las autonomías ante la resistencia de la Moncloa) miles de hipotéticos despidos, por desgracia, van a convertirse en ciertos. El plan de recortes sociales está en marcha, aunque se mantiene en secreto, porque, dada la envergadura de la deuda pública, que hipotecará al país durante las próximas dos décadas, Europa no liberará los fondos si no constata la voluntad de hacer reformas.

Nuestra credibilidad ante nuestros acreedores no es demasiado alta. Y el ánimo social, tras tantos meses de jugar al escondite con la pandemia, está por los suelos. Nadie dice la verdad del drama: incluso un hipotético adelanto de las subvenciones europeas (limitado al 13% de su cuantía) –la ministra de Economía se somete hoy al examen del Eurogrupo– será un absoluto espejismo. Cada euro que recibamos implica un sacrificio social en un país devastado por el virus y la irresponsabilidad de sus gobernantes. España está en un callejón que parece estrecho. Mañana descubriremos que no tiene salida.

El relato político más chapucero de la Historia
César Calderón. vozpopuli  18 Enero 2021

Los seres humanos somos unos yonkis de los cuentos desde que una noche, hace miles de años y al calor de una hoguera, un cazador de mamuts lanudos consiguió mantener a toda su tribu despierta hasta el amanecer gracias a la narración convenientemente novelada de su último éxito cinegético.

Nos encantan las historias, las narraciones que nos explican lo que sucede a nuestro alrededor de forma sencilla, sin esfuerzo, sin necesidad de tener que realizar abstracciones complejas.

Nos fascinan los videojuegos, los podcasts, las novelas y las películas en las que el bueno es el bueno y viste de blanco, y el malo es malo a tiempo completo, pura vileza pata negra sin traza de bien alguno.

Nos apasionan los cuentos en los que todo es tan sencillo y ordenado que nos transporta a ese lecho cómodo y cálido de nuestra infancia en el que nuestros padres se sentaban a nuestro lado y nos leían un libro hasta que nos quedábamos dormidos. Esa es su potencia evocadora.

Una fuerza que sorprendentemente no fue usada de forma masiva por el mundo del marketing y la comunicación hasta bien pasada la Segunda Guerra Mundial, cuando tras universalizarse la democracia liberal como forma de gobierno en el mundo occidental, las campañas electorales se volvieron masivas y realmente competitivas, transformándose en carreras en las que ya no bastaba la ideología, el candidato o un buen programa para ganar, se necesitaba un extra, una chispa que integrase todos esos elementos en un pack, articulados por un hilo conductor comprensible y movilizador para el elector: el relato.

Un relato que, para funcionar, no podía dibujarse de cualquier manera, sino que debía componerse de diferentes narrativas fraccionales pero convenientemente trenzadas bajo su paraguas, debía ser repetido sin complejos, debía interpelar a los ciudadanos para integrarlos como actores del mismo y sobre todo ( y esta es su característica más importante) debía ser coherente durante todo el tiempo de su vigencia.

La chapuza narrativa
Como verán, nada más lejos de la chapuza narrativa incoherente y tacticista que nos lleva endilgando el ministerio de las ocurrencias sito en el palacio de la Moncloa desde el comienzo de la crisis del COVID19.

Pero analicemos las nueve diferentes fases de este relato de garrafón que nos ha tocado sufrir hasta ahora con el desapasionamiento de un entomólogo del siglo XIX:

-FASE 1: Se descubre la infección en China
-Declaración del Gobierno: El virus no nos afecta, es una cosa lejana, son cuentos chinos

-FASE 2: El virus salta a Europa y entra por Italia
-Declaración del Gobierno: No hagan caso de la prensa de la derecha, están sobreactuando, esto es como una gripe.

-FASE 3: Gran salto dramático, la covid llega de forma masiva a España y estalla
-Declaración del Gobierno: Esto es una catástrofe global, el gobierno de España no tiene la culpa de nada. Haremos caso a la ciencia.

- FASE 4: Primera ola, estado de alarma y confinamiento
-Declaración del Gobierno: Esto solo se puede arreglar otorgando al gobierno poderes excepcionales. Todo el poder para Moncloa

-FASE 5: Fin de la primera ola y desescalada
-Declaración del Gobierno: Hemos vencido al virus

-FASE 6: Final de la desescalada. No se aprueba el estado de alarma
-Declaración del Gobierno: Que se ocupen las CCAA

-FASE 7: Estalla la segunda ola
-Declaración del Gobierno: La culpa es de las CCAA.

-FASE 8: Llegan las vacunas
-Declaración del Gobierno: El gobierno ha traído las vacunas y Pedro Sánchez ha vencido al virus

-FASE 9: Estalla la tercera ola
-Declaración del Gobierno: La culpa es de los ciudadanos, que son unos irresponsables.

Las conclusiones de este breve ejercicio forense son tan tristes como evidentes:,

1.- O bien estamos ante la narrativa política más chapucera de la historia o bien no ha habido relato alguno en la gestión comunicacional y estratégica de la crisis por parte de “Pirotécnicas Moncloa”, solo parches, improvisación y tacticismo.

2.- El principal hilo conductor de las acciones del Gobierno ha sido evadir sus responsabilidades y culpabilizar a cualquiera que pasase por allí (científicos, oposición, CCAA o ciudadanos de infantería) de sus propios errores, dejaciones e incomparecencias.

Ante la amenaza a la libertad
NOS JUGAMOS LA DEMOCRACIA
Santiago Abascal. https://gaceta.es 18 Enero 2021

En las últimas semanas se ha puesto de manifiesto lo que venimos denunciando de manera reiterada en la tribuna del Congreso de los Diputados, en el Parlamento Europeo y en todos aquellos espacios públicos en los que hemos tenido oportunidad. Aún así, nos ha sorprendido la prepotencia e impunidad con la que las grandes corporaciones tecnológicas han censurado al presidente de Estados Unidos. Han llegado a eliminar un vídeo en el que Donald Trump condenaba la violencia y hacía un llamamiento a la paz y a la convivencia. Este hecho supone una grave vulneración de la libertad de expresión, un ataque inaudito a los derechos fundamentales y al concepto de libertad de las democracias occidentales.

Si el presidente de la primera potencia del mundo es censurado por Twitter, Facebook, Amazon, YouTube, Google o Apple, ¿qué no le harán a un español de a pie o a cualquier ciudadano de otra nación? La situación es tan grave, que incluso Angela Merkel, que no ha simpatizado nunca con Trump, transmitió su preocupación por un acto que atenta contra la propia soberanía de las naciones. Pero no ha sido la única. También ha sido críticos con la red social Thierry Breton, comisario europeo de Mercado Interior, y Bruno Le Maire, ministro de Economía de la República Francesa, quien ha llegado a afirmar que la regulación de las corporaciones digitales “no puede ser realizada por la propia oligarquía digital”.

Y no le falta razón a ninguno en sus denuncias, porque lo que está en juego trasciende los colores políticos o las ideologías. No podemos permitir que las corporaciones se crean que están por encima de nuestra soberanía o de nuestra legislación. Menos aún que actúen como empresas editoras, porque no lo son ni querrían nunca regirse por la fiscalidad que padecen las editoras. Porque sobre este tema, la fiscalidad de este tipo de multinacionales, habrá que hablar en profundidad en otro momento. Su principal capital son los datos de sus usuarios, de la información que obtienen de ellos y con la que comercian. Deben entender que esos usuarios son ciudadanos con derechos y libertades, y que tienen gobiernos que tienen la obligación de defender esos derechos y esas libertades. Debemos afrontar sin demora la protección de la soberanía personal de los datos y de la soberanía nacional de los datos. Los gobiernos y los organismos internacionales democráticos tienen el deber ineludible de velar por los derechos fundamentales de las personas. Y entre ellas la libertad de expresión.

Debemos, por tanto, exigir a las grandes corporaciones digitales la absoluta neutralidad tecnológica. Hacer lo contrario es como poner en manos de las empresas armamentísticas la potestad de declarar las guerras. No podemos permitir que se comporten como censores globales pisoteando la soberanía de nuestras naciones. Internet, que nació como un nuevo ámbito de libertad y una alternativa a los medios tradicionales, no puede convertirse en un espacio uniforme donde no tiene cabida la discrepancia ni el derecho a disentir. Esta censura es más grave aún cuando se aplica a gobernantes elegidos democráticamente, y más escandalosa cuando se permiten las directrices y soflamas de tiranos y partidos totalitarios condenados en innumerables ocasiones por la comunidad internacional como es el caso de los líderes o gobiernos de Irán, China, Venezuela o Cuba.

Nuestras constituciones, nuestros derechos y nuestros jueces no pueden someterse al dictado de media docena de multimillonarios a los que nadie ha elegido. ¿Para qué somos convocados a las urnas si hay unas corporaciones que actúan como legisladoras de nuestras vidas y de nuestro pensamiento? Nos jugamos la libertad y la democracia. Nos jugamos nuestra soberanía. Las naciones que han construido con éxito estados de derecho, que amparan los derechos y libertades de los ciudadanos, deben actuar con urgencia y contundencia ante esta nueva amenaza. VOX planteará en todos los organismos donde los ciudadanos le han dado representación iniciativas para revertir los abusos del oligopolio tecnológico.

El timo de la cogobernanza
Editorial ABC 18 Enero 2021

El enfrentamiento entre el Gobierno central y la Junta de Castilla y León por el adelanto del toque de queda en esta comunidad autónoma retrata a la perfección el vacío absoluto en el que Sánchez ha sumido la llamada cogobernanza. Como en tantas otras ocasiones, la factoría de eslóganes de La Moncloa se ha dado de bruces con la realidad del país y con las contradicciones del discurso de Pedro Sánchez. Se suponía que esta era la hora de las comunidades autónomas para hacer frente a la segunda y sucesivas olas de la pandemia del Covid-19. Se suponía que el Gobierno central iba a ser el proveedor de las normas jurídicas necesarias para que los gobiernos autonómicos pudieran ejecutar las decisiones que La Moncloa descargaba en sus espaldas. Y, en definitiva, se suponía que el decreto del actual estado de alarma era suficiente para garantizar el marco legal de esta nueva etapa.

Es posible, y hasta probable, que el Gobierno central tenga razón cuando afirma que el ejecutivo de Castilla y León no puede imponer un toque de queda más restrictivo que el previsto por el decreto de estado de alarma. Como La Moncloa ha ordenado que la Abogacía del Estado recurra ante el Tribunal Superior de Justicia de Castilla y León la orden autonómica, serán otra vez los jueces los que tengan la última palabra. Pero será la última palabra en el debate jurídico, porque el debate político seguirá abierto en la medida en que el Gobierno de Pedro Sánchez está más preocupado por el exhibicionismo de su poder sobre el Boletín Oficial del Estado que por hacer frente a la devastación que causa el Covid-19. Sánchez y su Gobierno no creen en el estado autonómico más que como escondite de su incompetencia. Su respeto por las competencias autonómicas es tan falso como su federalismo, porque un modelo federal pondría orden en el caos actual con un mando único del que salieran instrucciones comunes para todo el territorio nacional. Hoy, España está descosida porque los responsables de combatir la pandemia son gobiernos autonómicos, que solo pueden regular lo que pasa en sus territorios. Tanto repetir aquello de que el virus no conoce de fronteras y tanto exigir a la Unión Europea políticas comunes, y España es hoy la reedición de las taifas.

La tercera ola de la pandemia, si es que es la tercera, empequeñece día tras día la dimensión de Sánchez como presidente del Gobierno. Su ministro de Sanidad, Salvador Illa, una vez frustrado su salto a las elecciones catalanes, simboliza lo peor que le puede pasar a un gestor: la interinidad. Cuando no se está ni a una cosa -el ministerio-, ni a otra -la candidatura a la Generalidad-, significa que el ciclo político se ha acabado. Lo mismo que a Fernando Simón, abrasado por sus juicios temerarios y sus pronósticos errados, y también porque su personaje ha dejado de hacer gracia al público de izquierda.

El Gobierno aparenta controlar la situación y, por eso, practica golpes de autoritarismo legal. A la Comunidad de Madrid le impuso un estado de alarma arbitrario e innecesario; y ahora demanda a la Junta de Castilla y León ante la Justicia, en vez de asumir que las previsiones del actual estado de alarma se han visto desbordadas por la avalancha de la tercera ola de la pandemia. En vez de razonar, el gobierno prefiere mandar y trata a las comunidades con cobardía política, porque descarga en ellas el desgaste de la lucha contra el Covid-19, pero siempre que no pongan en evidencia, como está sucediendo, la incompetencia del Gobierno de Pedro Sánchez.

VÍA LIBRE PARA CHINA
Las verdaderas lecciones de la salida de Trump
Marion Maréchal. https://gaceta.es 18 Enero 2021

Independientemente de que seamos partidarios o no de Donald Trump, que consideremos o no que en estas elecciones ha habido fraude, o que prefiramos explicar o condenar la invasión del Capitolio, para nosotros, los europeos, la cuestión no es esa. Y ello a pesar de que hay mucho que decir sobre el desarrollo mismo de estas elecciones, con su secuestro de la votación electrónica, la censura arbitraria de las GAFAM y el cierre de las cuentas bancarias; el inicio seguro de lo que podría ocurrir en las próximas elecciones europeas donde los llamados partidos “populistas” estarían a punto de tomar el poder.

¿Estados Unidos a punto de salir de la Historia?
El análisis central reside en la terrible crisis social, identitaria y política que sacude Estados Unidos, primera potencia mundial y cuya elección presidencial no ha sido más que otro indicador después de semanas de saqueos y violencia por parte del movimiento Black Lives Matter.

Todas las fracturas de nuestra sociedad las podemos encontrar, agravadas, en Estados Unidos. La agenda progresista y diversitaria de Joe Biden aumentará aún más las tensiones raciales, reforzará la dominación intelectual y económica de las metrópolis en detrimento de la periferia y aumentará el sentimiento de pérdida de categoría y desprecio de la América profunda.

Para demostración, una de las primeras declaraciones de Joe Biden: «Nuestra prioridad serán las pequeñas empresas pertenecientes a negros, latinos, asiáticos y nativos americanos, además de las empresas pertenecientes a mujeres», ha dicho hablando sobre las ayudas del Estado.

Es probable que los Estados Unidos sigan debilitados en la escena internacional con un nuevo presidente al que una parte significativa de los ciudadanos consideran elegido ilegítimamente. La sombra de Donald Trump seguirá agitándose sobre este mandato, especialmente porque, según el instituto de sondeo Rasmussen, ha aumentado su popularidad después de la invasión del Capitolio y el 42% de los simpatizantes republicanos apoyan los sucesos del 6 de enero. Dicho con otras palabras, con el 20% del electorado sólidamente amarrado a él como a un salvador expoliado, el presidente saliente puede seguir teniendo un gran peso en la vida política del país, impidiendo una recuperación rápida del aparato republicano y esto a pesar de haber sido asesinado digitalmente por Twitter, Facebook, Instagram, Youtube, Twitch y Snaptchat.

Esta situación inestable y degradada seguramente redistribuirá el mapa geopolítico y reforzará aún más la potencia china, que ya no tendrá enfrente a un oponente firme como Donald Trump en su camino hacia la hegemonía comercial. La República Popular de China proyecta una imagen de gran potencia que se prepara a asumir el liderazgo en los asuntos internacionales. La fecha está anunciada: el 2049, centenario de la revolución comunista…

Vía libre para China
La ironía de la suerte es que, después de haber visto nacer el COVID-19, haber mentido al mundo entero sobre la realidad de su peligrosidad, haber mantenido a raya a la OMS para que no dañara su reputación, China nunca ha tenido un desarrollo como el actual, con un excedente comercial récord y un crecimiento dinámico. Aproximadamente el 25% de las exportaciones totales del mundo proceden del Imperio del Medio, contra el 20% antes de la pandemia.

Se espera un aumento de su influencia económica, pero también diplomática respecto a las relaciones privilegiadas que China tiene con gran parte del mundo de las multinacionales. En 2017, el presidente del Foro de Davos, Klaus Schwab, recibió al presidente chino, Xi Jinping, cuando este se perfilaba como defensor de la globalización contra el proteccionismo y el “nacionalismo” de Donald Trump. Efectivamente, tras las elecciones estadounidenses de 2016, China se comprometió firmemente en favor de la globalización, de la que ella saca una gran tajada. Recordemos que China es, con Suiza, el único país del mundo en el que el Foro económico mundial organiza una reunión anual. En 2018, el mismo Klaus Schwab declaraba: «En un mundo caracterizado por grandes incertidumbres y volatilidad, la comunidad internacional se vuelve hacia China para que siga proporcionando su liderazgo reactivo y responsable, que a todos nos da confianza y estabilidad». Una oda sorprendente para calificar a un régimen dictatorial con un solo partido y el control total de las redes sociales y de internet; una alianza engañosa entre el capitalismo financiero y globalizado y el progresismo.

Con unos Estados Unidos debilitados y una China poderosa, los países de la Unión Europea ya no pueden conformarse con confiar en la fuerza de su aliado para contener la fuerza de ataque asiática y garantizar un equilibrio mundial relativo.

Donald Trump, el mejor enemigo de la Unión Europea
Donald Trump fue un golpe de suerte para la Unión Europea, no necesariamente en virtud de su política interior, pero sí por lo que él representaba. Odiado por la ideología progresista, bestia negra de los conformistas, representaba todo lo que la nomenklatura europea detesta. Por no mencionar la escasa consideración que tenía por nuestro continente, tanto en su política comercial proteccionista como en sus amonestaciones a los miembros de la OTAN, lo que contribuyó aún más a distender las relaciones. Nuestras élites, tan a menudo proestadounidenses, de repente se arrepintieron de ser prisioneras de lo que ayudaron a construir: la dependencia militar, política, comercial y monetaria de la UE de los Estados Unidos. Por ejemplo, la Comisión, despojada de todo escrúpulo frente a un jefe de Estado hostil, trató de regular la actividad de las GAFAM estadounidenses en Europa ante lo que llamó “salvaje oeste digital”. Seguramente será menos incline a continuar con esta actitud con un Joe Biden en el poder, que, sin embargo, siguiendo las huellas de Donald Trump, defenderá los intereses de estas empresas estadounidenses según una lógica que, con frecuencia, se le escapa a los gobernantes franceses: defender los intereses nacionales en el extranjero en cualquier circunstancia. En el Huffington Post, André Loesekrug-Pietri, antiguo “consejero especial” de Florence Parly, ministra de las Fuerzas Armadas y actual portavoz de la Joint European Disruptive Initiative (J.E.D.I.) afirma que «la victoria de Joe Biden es una buena noticia para el mundo, tal vez menos para Europa […]. Uno de sus campos de batalla será, indudablemente, el de la tecnología. […] El presidente Biden se ha rodeado de expertos para construir su política tecnológica, entre los cuales están Cynthia Hogan, ex vicepresidenta de Apple, Jessica Hertz, del gabinete de asuntos jurídicos de Facebook y Eric Schmidt, ex dueño de Google. Por tanto, no esperemos en un desmantelamiento de las GAFAM […], sino más bien todo lo contrario».

Ante un Donald Trump que ya no consideraba que el futuro del mundo se jugaba en Europa, la Unión Europea se vio obligada a pensar de manera un poco autónoma, a reflexionar de nuevo en términos de un poder independiente, a pensar más allá del horizonte infranqueable de una Europa transatlántica cuyo proyecto federal sería la culminación. Esta situación reforzó más bien la visión francesa de una Europa que ahora es una potencia minoritaria entre los miembros de la UE. El fracaso del candidato republicano es, por lo tanto, una mala noticia para el futuro de este proyecto.

Con la llegada de Joe Biden, apoyado por Barack Obama, los comisarios europeos volverán a sus buenos hábitos entre tratados de libre comercio, alineamientos diplomáticos, delegación de nuestra seguridad militar y sumisión al reinado del dólar. En nuestras universidades se acelerará la importación de las ideologías racistas y la “cultura de la cancelación” de los campus estadounidenses. La tradicional política neoconservadora, impulsada por la certeza de un “destino manifiesto” estadounidense constituido por la injerencia beligerante, se desplegará una vez más a riesgo de desestabilizar a los países y de ver a nuestras naciones pagar el precio en términos de migración y terrorismo. Recordemos que Donald Trump no inició ninguna guerra, mientras que Barack Obama, ganador del Premio Nobel de la Paz, lanzó al menos tres intervenciones (Libia, Siria, Yemen) en consonancia con el intervencionismo militar de sus predecesores.

Si no queremos quedarnos atrapados en la guerra chino-estadounidense que ha prevalecido hasta ahora y desarrollar nuestras propias relaciones con China, ya es hora de que nos despertemos ante la competencia china, que endurezcamos nuestra política común de comercio exterior, que reservemos nuestros acuerdos comerciales públicos principalmente a los europeos y que establezcamos vínculos fuera del marco estadounidense, en particular con los rusos que, si no lo hacemos, se arrojarán inevitablemente en los brazos de los chinos. Porque después del calzado y la ropa, y ahora también nuestra industria, pronto será nuestra medicina y otros sectores punteros los que serán superados por la competencia del Imperio del Medio.

Publicado por Marion Maréchal en Valeurs Actuelles.
Traducido por Verbum Caro para La Gaceta de la Iberosfera.

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La izquierda vengativa que quiere matar a Trump

Miguel Ángel Belloso okdiario 18 Enero 2021

El próximo 20 de enero, pasado mañana, Joe Biden será declarado presidente de los Estados Unidos de América. Este acto inexorable, aunque precedido de enormes irregularidades, debería dar por zanjado el caso, pues los tribunales han sido incapaces de poner pegas de sustancia alguna al proceso electoral, a pesar de los colosales indicios contra la limpieza de las votaciones y del recuento de los sufragios por correo. Pero esto ya da igual. Esto es agua pasada excepto para la izquierda, para los demócratas americanos, para los progresistas de todo el mundo. Esta gentuza no está satisfecha. No descansa. Tiene el indeclinable propósito de liquidar a Trump, de sostener las acusaciones oportunas para que pueda ser perseguido y eventualmente encarcelado. Quieren que desaparezca del mapa. Quieren acabar con él, aspiran a su muerte civil.

La prensa conservadora española, habitualmente desorientada sobre lo que pasa en Estados Unidos, deliberadamente cómplice de la desinformación habitual sobre lo que sucede allí -porque sus corresponsales son enemigos declarados del modo de vida americano, muy diferente al de Nueva York, y todos cojean de la izquierda- defiende que hay que expulsar a Trump de la Casa Blanca porque la urgencia es máxima y el todavía presidente representa una amenaza palmaria, actual y futura. ¡Lo que hay que ver y leer!

La prensa conservadora española se hace eco y respalda las palabras de Nancy Pelosy, la presidenta demócrata de la Cámara de Representantes, que, en esencia, es la persona sectaria de edad más provecta en un alto cargo de la que hay noticia, pero que acumula todavía plenas facultades para sembrar el mal y animar a la venganza. Es la persona que, con motivo de los actos criminales del movimiento de ‘Black Lives Matter’ -que tuvo al país en jaque durante una semana, con muchos muertos a sus espaldas- afirmó que a ella las estatuas de personajes históricos ilustres, muchos de ellos españoles, que habían violado los blancos racistas y estúpidos que impulsan esta clase de demostraciones impropias le importaban un pimiento.

Por otra parte, la prensa progresista española, siempre tan compasiva con los etarras y con los independentistas catalanes, tampoco quiere dar tregua a Trump. Aunque no tienen arte ni parte defienden que hay que inhabilitarlo, respaldan el segundo ‘impeachment’ -una circunstancia absolutamente insólita-, y lo hacen de igual manera que como se pronuncian sobre el Partido Popular en España, “con las mejores intenciones del mundo”, para rescatar al Partido Republicano, para enderezarlo por el camino plausible, por el bien del país y de la comunidad americana, es decir, para tener maniatada de por vida a la oposición, que es lo consustancial al pensamiento deletéreo y totalitario que albergan.

No quieren los Estados Unidos grandes y respetables que deseaba Trump a su discutible manera, sino otro a la medida de las élites hegemónicas y manipuladoras al frente de la dictadura de lo políticamente correcto y del consenso universal progresista. Espero que coincidan conmigo en que este escenario es literalmente aberrante.

¿Hay alguna explicación para esta persecución sin cuartel contra Trump, para la mayor caza de brujas nunca vista tiempo antes? Quizá. Como la izquierda mayoritariamente es agnóstica o atea es ajena a la práctica del perdón. También carece del sentido de la culpa y por eso promueve contra viento y marea la necesidad del fusilamiento. Para acabar con todo el rastro posible del enemigo. Desde el asalto infausto del Capitolio, en el que Trump tuvo una responsabilidad cierta, la acometida en su contra ha sido brutal. En un gesto realmente inédito e insólito las redes sociales han expulsado y silenciado al todavía presidente de los Estados Unidos en un ejercicio de represión infame que ha merecido por fortuna los reproches de la canciller Angela Merkel, que, al conocer los hechos, cuestionó la supresión de sus cuentas en las redes sociales.

Su portavoz, Steffen Siebert, subrayó que el derecho a la libertad de opinión es fundamental. “La censura, las prohibiciones solo pueden tener lugar según la ley y en el marco definido por el legislador, y no según la decisión de las plataformas digitales de medios sociales. La canciller Merkel considera muy problemático que las cuentas del presidente de Estados Unidos hayan sido bloqueadas permanentemente”. Yo también. ‘Chapeau’.

Toda la inquina contra Trump acumulada durante estos últimos cuatros años, en los que los medios de comunicación teóricamente más prestigiosos del mundo, sobre todo americanos, han vulnerado sus estándares de profesionalidad, de respetabilidad y han emprendido campañas infames sin pruebas firmes contra el presidente a cuenta de la trama rusa que supuestamente favoreció su elección, impulsando su primer ‘impeachment’, afortunadamente fallido, regresan ahora con renovado vigor para firmar la sentencia de muerte política a un Trump que parece desahuciado. Pero sólo están determinados a hacer leña del árbol caído porque en el fondo le temen.

Setenta y cuatro millones de americanos votaron a Trump, y muchos de estos sufraguistas no son tanto del Partido Republicano como suyos. Trump ganó la nominación a la Presidencia del país hace cuatro años contra todo pronóstico, con la oposición de las fuerzas vivas del partido. Su potencia de fuego sigue siendo inmensa y su capacidad de fascinación está prácticamente intacta después del empeño del ‘establishment’, de la izquierda progresista americana y de incluso algunos miembros de su formación política en convertirlo en un mártir o en la víctima propiciatoria de una nueva era ignota pero que aparenta ser más divisiva y peligrosa.

La batalla final contra Trump está íntimamente ligada con el que será el próximo presidente de la nación, Joe Biden, cuyo cerebro, como ya dije, es lo más parecido a un puré de guisantes. No hay nadie entre los suyos que confíe en sus aptitudes, y muchos los persuadidos de que será una marioneta en manos de la vicepresidenta Kamala Harris y del sector extremista de los demócratas. Las primeras manifestaciones de Biden en favor de unir al país y de acabar con la desconexión de la que acusan falsariamente a Trump han sido desmentidas por los hechos, por la determinación de la sectaria Pelosy y de sus huestes de propiciar un insólito segundo ‘impeachment’. Esto sólo profundizará la partición de la nación y la discordia civil.

De modo que, con la insistencia de la izquierda planetaria, de los medios de comunicación americanos, que con el vil silenciamiento de Trump en las redes sociales y con la persecución implacable del presidente por la mayoría de periodistas de todo el mundo no se ayuda a la cohesión y a la reconciliación que ‘los buenos’ aseguran perseguir sino a la profundización de la divergencia brutal entre los ciudadanos, cuya opinión individual, aunque disienta de la nuestra o no nos guste, merece respeto.

La persecución implacable contra Trump es contraria al entendimiento que predica retóricamente la izquierda, será una fuente de conflicto continuo en un país ya quebrado por las políticas cuestionables y a mi juicio equivocadas de Obama, y una apuesta fallida para la cohesión del estado que estos censores vengativos aseguran defender. Jamás podrá ser así conduciendo a Trump a la hoguera inquisitorial o, todavía menos, renegando de las sabias políticas impulsadas por él, que han revitalizado la economía americana, empujado al alza la renta de las clases más desfavorecidas, evitado por primera vez una guerra en el exterior, mejorado las relaciones diplomáticas en el convulso Oriente Medio, frenado a China -que es la amenaza más importante para la civilización occidental, como asumen incluso los demócratas- y dejado claro que Estados Unidos, como establece su Constitución señera, no desea mayoritariamente convertirse en la Europa que anula y frena el ímpetu de los individuos por progresar y salir adelante en busca de la felicidad, ese derecho prodigioso anhelado por los padres fundadores.

Boadella advierte a los indepes que si se va de Cataluña "no será por ellos"
ESdiario 18 Enero 2021

El actor y dramaturgo lleva años denunciando la labor de adoctrinamiento que llevan haciendo los soberanistas en Cataluña desde hace décadas.

El actor y dramaturgo español y denominado presidente de Tabarnia, Albert Boadella, volvía a plantar cara al independentismo al exigir la actuación inmediata del Gobierno ante la situación que se está viviendo en Cataluña.

Boadella aseguró entonces que, para él, "la solución es la aplicación de las leyes al máximo y cortar el adoctrinamiento pero ya, desde parvularios, escuelas e institutos, y en los medios públicos.No puede ser que haya una televisión tremendamente golpista pagada por los españoles, por lo tanto la primera intervención es ésta y luego hacer lo posible en tema político, y si no se llega a un acuerdo aplicar la suspensión autonómica".
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El dramaturgo ya avanzó en 1981 en una obra suya sobre el gurú de Puyol, lo que está ocurriendo en la actualidad en Cataluña. "Ya pude prever todas las circunstancias que pasan ahora, nadie quería verlo, no hubo interés en el gobierno central, y encima el Estado cedió competencias a las comunidades autónomas, como la educación, que es una monstruosidad, se cedió una policía, que a veces va en contra del Estado, y así estamos en una situación descerebrada ahora", ha señalado Boadella.

Esta posición de haberse convertido en el 'enemigo público número uno' del independentismo en el ámbito cultural le ha valido a Boadella vivir una especie de infierno en su propia tierra natal.

Tal y como ha revelado a Cristina López Schlichting en Fin de Semana de COPE -donde ha sido entrevistado para hablar de su nueva obra en los Teatros del Canal, un musical sobre la vida de María Callas- Boadella ha dejado claro que no se va a dejar amilanar por los fanáticos independentistas catalanes.

"Si algún día me marcho de aquí será porque me apetece, no por obligación. Sé que no gusto a los independentistas, pero no me voy a ir por ellos. En todo caso soy muy pesimista, dudo de que el constitucionalismo pueda tener mayoría", ha asegurado el dramaturgo.


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