AGLI Recortes de Prensa   Martes 19  Enero  2021

La Deuda Pública acelera
Primo González republica 19 Enero 2021

La Deuda Pública que España ha ido acumulando en los últimos años ha dado un importante salto en los últimos meses y se ha situado ya por encima de los 1,3 billones de euros, es decir, algo más del PIB anual. O sea que para pagar todas las deudas acumuladas hasta el presente, España tendría que destinar a este menester la totalidad del producto nacional, o sea, la suma de todas las tareas que realizamos los españoles en un año, valoradas a precios de mercado.

Aun así no habría bastante dinero, ya que el endeudamiento rondará en la actualidad el 118% del PIB, es decir, faltaría alrededor de un 18% adicional para amortizar todos los créditos y préstamos del sector público. Una tarea ingente que a nadie se le ocurre que pueda cumplirse en una generación y menos aún con el nivel de crecimiento en el que estamos inmersos ahora mismo.

La suma de las deudas que ha asumido el país en estos doce últimos meses (noviembre del año 2020 frente a noviembre del año 2019, ya que los datos más actualizados corresponden al penúltimo mes del pasado ejercicio) ha crecido en cerca de 125.000 millones de euros. Esta es la diferencia entre lo que España, como país, ha gastado y lo que ha ingresado. Más o menos, un 10%. Es el mayor importe de aumento del déficit de nuestras cuentas públicas, es decir, nunca las cuentas de la nación habían registrado en un solo ejercicio un aumento tan acusado de la diferencia entre desfase de ingresos y gastos.

La particularidad de las cifras actuales radica en la situación de anormalidad financiera en la que nos encontramos, ya que una elevada parte de la Deuda Pública que tiene España está a tipos de interés negativos, es decir, que no nos cobran intereses. De no haber sido por esta anomalía, el endeudamiento del país sería a estas alturas difícil de imaginar. No obstante, en uno o dos años se supone que los tipos de interés negativos desaparecerán, lo que nos enfrentará a un horizonte difícil de solucionar.

No obstante, incluso en la hipótesis de que los tipos de interés se mantengan en la situación actual, la devolución de esta deuda se presenta prácticamente imposible por lo que los futuros Gobierno deberán plantearse una acción enérgica en varias direcciones. Una de ellas es un inmediato recorte del desequilibrio entre ingresos y gastos, lo que todavía no ha sido planteado en los Presupuestos, al menos en los más inmediatos, los del año 2021.

La solución de este rompecabezas pasa por una actuación dual que afecte a los ingresos y a los gastos, es decir, aumentando los primeros por encima de lo que está aplicándose en la actualidad y frenando los gastos no financieros. Nada de esto se ha hecho en los Presupuestos del año 2021 por lo que a finales de este año que acabamos de empezar nos encontraremos con una situación bastante similar a la actual, es decir, con un déficit público nuevamente incrementado en torno a un 10% sobre el de cierre del recién finalizado año 2020, rumbo al 120% del PIB, tal y como estiman los analistas económicos.

La austeridad que exigirían unos Presupuestos más próximos al equilibrio que los actuales implicaría una tarea política tan compleja como enérgica, pero mejor será abordarla por voluntad policía propia que en condiciones de emergencia obligada por parte de los mercados. España no está lejos, financieramente, de un estado de suspensión o de insolvencia.

Las nuevas cepas del virus encuentran en el Gobierno de Sánchez su mejor aliado
OKDIARIO 19 Enero 2021

España fue la última nación de la UE en adoptar medidas para evitar la entrada en Barajas y otros aeropuertos españoles de pasajeros procedentes de Gran Bretaña. Durante 48 horas, Madrid se convirtió en el único destino abierto para miles de personas que no podían viajar a sus naciones de origen. Dos días en el que el aeropuerto madrileño se convirtió en un coladero, mientras el resto de aeródromos de la UE cancelaba los vuelos procedentes del Reino Unido tras la expansión de la nueva cepa de coronavirus a finales de diciembre.

Ahora, la historia se repite: el Gobierno socialcomunista no ha adoptado ninguna medida en relación con la variante del coronavirus detectada en Brasil. Desde el pasado 23 de diciembre, cuando trascendió a la opinión pública una nueva mutación del virus, han llegado a España 49 vuelos procedentes de ese país. En los últimos días se estudia una nueva mutación, que tendría su origen en la Amazonia brasileña. De modo que el Ejecutivo sigue cruzado de brazos ante la nueva cepa, identificada a finales de diciembre en el estado de Río de Janeiro, uno de los más golpeados actualmente por la pandemia en Brasil. Concretamente, el estado de Río de Janeiro es el segundo con mayor número absoluto de fallecidos a causa de la enfermedad, con casi 25.000 muertos.

El ministro de Sanidad, Salvador Illa, ha descartado suspender las conexiones aéreas con Brasil y Suráfrica tras la detección de nuevas cepas en estos países, como sí han hecho otras naciones como Reino Unido. Toda la evolución de la pandemia viene marcada por la ineficacia de un Gobierno que tardó meses en exigir una prueba PCR a los ciudadanos procedentes del extranjero que viajaran a Madrid. Isabel Díaz Ayuso se lo reclamó en mayo y sólo hasta septiembre Pedro Sánchez no ordenó su entrada en vigor. El aeropuerto de Barajas sigue siendo un coladero y la potencial puerta de entrada de todas las cepas nuevas de un virus que ha encontrado en el Gobierno de España un aliado.

La penuria que causan las restricciones
José María Rotellar okdiario 19 Enero 2021

De manera reiterada he insistido en que las medidas restrictivas adoptadas iban a suponer un problema económico mayor que el sanitario derivado del coronavirus, porque se iba a empobrecer a la población, de tal manera que la ruina económica terminaría por provocar una situación social insostenible, con efectos también sobre la salud y la mortalidad.

Es obvio que es difícil tomar una decisión que evite las restricciones cuando hay un problema sanitario como el que tenemos, pero los gobernantes y los dirigentes públicos tienen que pensar en términos agregados y analizar cuáles son las ventajas e inconvenientes de adoptar una decisión u otra. Si las restricciones garantizasen que la situación sanitaria fuese a mejorar y que, con ello, se evitasen los fallecimientos, sería una opción razonable, pero es que no es así: en España es donde más duras han sido y son las restricciones y donde ha habido más contagios y más muertes por la enfermedad.

Sin embargo, lo que sí que está provocando es una caída de la economía que puede llegar a ser muy profunda con tanta incorporación de nuevas restricciones, con la sombra del riesgo de un nuevo encierro domiciliario, que no lo resistiría la economía -ninguna, pero menos que otras, la española-.

Más allá de las cifras que aparecen reflejadas en cada estadística, que son demoledoras, lo dramático es lo que esconden esos números, que no es más que el efecto individual sobre cada agente económico, especialmente ruinoso para el comercio, la hostelería y el turismo.

Es muy fácil que un político salga diciendo que él va a hacer todo lo necesario por salvar vidas, como justificación a sus restricciones. Si fuese verdad que salvase vidas con ello, al arrogarse ese logro, también debería asumir que con su decisión está sumiendo en la ruina a cientos de miles de familias, al maltratar a unos sectores que aportan mucho a la economía española, que generan mucho empleo y de los que, por tanto, dependen muchas familias. Además, como he dicho, los datos demuestran que las restricciones no tienen un impacto reseñable positivo en la sanidad, pero sí muy negativo en la economía.

Hablan los políticos de sectores esenciales y no esenciales. ¿No es esencial el poder alimentar a una familia? Eso es lo que no le están dejando hacer a una persona que trabaje en un hotel, por ejemplo, o en un restaurante. Los hoteles ya no saben ni cuándo reabrirán -algunos valientes lo han hecho en medio de una incertidumbre total- y los restaurantes, bares y cafeterías sufren cada semana la zozobra de los nuevos impedimentos que les imponen, desde el adelanto de la hora de cierre a la limitación del espacio de su establecimiento que pueden utilizar.

Mientras, los políticos dicen que van a invertir los fondos europeos en potenciar los sectores de I+D+i, lo cual está muy bien, pero no soluciona el problema de las personas de la hostelería, el comercio o el turismo, que no es otro que mantener a sus familias. Tenemos una estructura económica que, posiblemente, no es tan avanzada tecnológicamente como nos gustaría, cierto, lo cual hay que intentar corregir, pero no a costa de arruinar a una parte muy importante de nuestro tejido productivo. Tenemos la que, probablemente, es la mejor red de infraestructuras turísticas, con un amplio acompañamiento de comercios, restaurantes y cafeterías. Es una fortaleza de nuestra economía, de la que no tenemos que avergonzarnos -aunque lo haya hecho en el pasado el ministro de Consumo, al minusvalorarla- y que, además, no se puede cambiar de la noche a la mañana. Si la paralizamos, si le quitamos su potencial, la economía española languidecerá durante lustros, con elevados niveles de desempleo.

Cada vez que se pide que no se salga de casa, que no se vaya a comer o a cenar fuera de ella, que no se vaya de compras, muchas personas de esos sectores inician su camino al desempleo. Yo he podido comprobar este fin de semana cómo un restaurante con cincuenta años de historia ha dejado de ofrecer cenas debido a las nuevas restricciones horarias; he visto cómo otra cadena de restaurantes ha enviado parcialmente a un ERTE a sus empleados, porque, en caso contrario, el negocio no resiste; y a otro restaurante con solera cómo resiste abierto con todas sus fuerzas al límite de sus posibilidades. Sólo entre esos tres restaurantes estamos hablando de varios cientos de personas las que ven peligrar su puesto de trabajo, su empresa, su propiedad, mientras cada semana, en cada boletín oficial, van rematando su actividad. A este paso, el presente año, 2021, va a ser dramático, todavía peor que el anterior, especialmente en materia de cierre de empresas y de desempleo. Es el desastre al que nos llevan los actuales gestores políticos.

El tambor del autobombo
Hay que cambiar el decreto de alarma ya. Ahora mismo. Mientras quede alguna opción de evitar el confinamiento íntegro
Ignacio Camacho ABC 19 Enero 2021

Ante una crecida del contagio como la presente, que ha batido ya el sobrecogedor récord diario de la primavera, la única alternativa al confinamiento general y rígido es… el confinamiento parcial y menos estricto. Es decir, cuarentenas limitadas por comarcas o municipios con medidas de restricción de movilidad en espacios y horarios específicos. El segundo encierro total, aunque es la opción que proponen bastantes expertos, ofrece el riesgo de prolongarse más tiempo del previsto y acabar así de abatir a los sectores productivos que aún no se han hundido. Antes de esa baza tajante, ultima ratio en caso de colapso crítico, es menester agotar el margen de ajuste fino modulado con criterios más precisos. Pero ese método exige que el Gobierno modifique el actual decreto de alarma y dote a las autonomías de instrumentos jurídicos para intervenir sobre el terreno según la evolución de la incidencia del virus. Y hay que hacerlo ya. No mañana ni dentro de dos semanas: ahora mismo. Por encima de cualquier conveniencia particular o prejuicio político. Mientras quede alguna posibilidad de evitar el cierre íntegro que para muchas empresas, negocios y personas constituiría el golpe definitivo.

Por alguna razón inexplicable, o acaso inconfesable, el Ejecutivo no da el paso. La cogobernanza -descogobernanza la llama Ignacio Varela- se ha convertido en la táctica del perro del hortelano, que bloquea cualquier salida propia o ajena del marasmo. Lo mismo ocurre con la campaña de vacunación, cuyo atasco podría encontrar alivio en el concurso de la red hospitalaria privada y las mutuas de trabajo, un sector con casi veinte mil profesionales de enfermería y más de diez millones de usuarios. Nada. El ministro de Sanidad ejerce el cargo desdoblado en su condición de candidato, que invalida toda presunción de imparcialidad, y el presidente ha desertado de la responsabilidad del mando. Ambos permanecen aferrados a un marco legal diseñado en octubre, cuando el ritmo de transmisión era mucho más bajo, y por ahora no hay indicios de que vayan a torcer el brazo. Si acaban cediendo habrá que hacer cálculos, como los que Sánchez hizo en verano, de los enfermos y muertos que podrían haberse evitado en este gratuito intervalo.

Y en éstas salió en el «Diario Vasco» Iván Redondo, el factótum, con un tambor sobre la mesa (es donostiarra) que parece el símbolo involuntario de la política de autobombo. Él también habla de «su persona», delatando la autoría de ese pomposo recurso retórico. Pero ni su persona ni la persona del Otro aparentan darse por enteradas de que en el país que dirigen (?) se está muriendo gente a chorros en medio de una perturbadora sensación de despropósito, de caos, de anomia, de abandono. Y no habrá redoble de propaganda, ni relato edulcorado, ni reparto discrecional de fondos, ni mercadeo de elogios que puedan camuflar ese fracaso histórico.

Iglesias, un hombre ridículo
Pablo Planas Libertad Digital 19 Enero 2021

Pablo Iglesias ha dado prueba en su última comparecencia televisiva de la degradación moral e insolvencia intelectual que le caracterizan. Entrevistado en el programa más pelota con su figura de la cadena más lametraseros de Podemos, el vicepresidente segundo del Gobierno ha quedado retratado como un perfecto indocumentado. Y eso a pesar del tono amable y conciliador del periodista Gonzo, a quien los podemitas crujen en las redes sociales porque les parece que no fue lo suficientemente servil y rastrero con su amado líder. El fanatismo en torno al hombre del moño es así de inaudito.

A Pablo Iglesias le da igual todo. Ya ha conseguido lo que quiere y sabe que es muy probable que llegue a más. Sus actuales 35 diputados dan para lo que dan, que no es poco, pero no tanto como necesitaría para colmar sus ambiciones totalitarias. Su gran contribución ha sido la de provocar un debate sobre la forma de Estado que no estaba en la agenda política de España. En todo lo demás, y sobre todo en lo que era su competencia, se ha mostrado como un inútil y un fracasado. Ahí están los ataúdes saliendo de las residencias de ancianos para mostrar lo que vale el vicepresidente de Asuntos Sociales. La mitad de los fallecidos por coronavirus en España eran personas que vivían en las residencias, cuyo control se atribuyó el menda al comienzo de la pandemia y del que se desentendió cuando llegaron las primeras noticias de la carnicería. Ese es el personaje, un irresponsable.

Cierto que el tipo no desentona al lado de Sánchez, Ábalos o Carmen Calvo. Y más cierto aún que si es vicepresidente es porque Sánchez quiere y le deja ciscarse en la democracia española y en la Corona. Él es más de la democracia venezolana y del prófugo Puigdemont. Eso quedó este domingo meridianamente claro. Los despropósitos de Iglesias llegaron al punto de equiparar al golpista con los republicanos que pudieron huir de España en 1939. Todavía no ha pedido disculpas y ni siquiera ha matizado semejante disparate a pesar de la creciente presión entre sus propios simpatizantes para que rectifique.

El dirigente golpista al que defiende Iglesias es un delincuente huido de la Justicia al que tanto el vicepresidente como Sánchez tratan como a un posible socio, gente de su calaña, igual que Junqueras. En lo que sí tiene razón el líder de Podemos es en que Puigdemont y el rey emérito no tienen nada que ver. Es evidente y no sólo por el papel en la Historia de uno y otro. El primero se fugó y el segundo fue invitado a irse de España, por mucho que Iglesias y sus acólitos le traten de fugitivo.

Iglesias ha llegado a un punto en el que ya no distingue cuándo miente y cuándo dice la verdad, cosa que sucede cada vez menos. El hombre confunde los papeles y en ocasiones se cree que todavía está en la oposición. De ahí las andanadas contra su propio Gobierno o los balbuceos cuando le preguntan por el recibo de la luz, cuyo coste achaca a que no haya una empresa pública en vez de a los impuestos que su Ejecutivo se niega a bajar con la mentira de que Bruselas no le deja.

El vicepresidente es una caricatura, un pobre diablo que ha caído de pie, un tipo afortunado a la vez que un hombre ridículo, muy limitado, de poca sustancia. Va de duro de barrio, de campeón castizo, de chulito de billares y futbolines. Pero el drama no es que sea vicepresidente, sino que un personaje tan lamentable haya dado clases en la Universidad.

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La sectaria imbecilidad del Gobierno se ceba ahora con Castilla y León
OKDIARIO 19 Enero 2021

La sectaria imbecilidad del Gobierno socialcomunista se ha cebado ahora con Castilla y León, comunidad gobernada por el PP que, con toda la lógica del mundo y en un intento de frenar la desatada expansión del virus, ha decidido adelantar el toque de queda a las 20 horas. Pues bien, el Ejecutivo de Pedro Sánchez ha decidido recurrir la medida ante el Tribunal Supremo al considerar que no está contemplada en el decreto del estado de alarma, que sólo facultaba a los gobiernos regionales a aplicar el toque de queda entre las 22 horas y la medianoche y hasta entre las 5 y las 7 de la mañana.

Pretender combatir la expansión del virus con un decreto de hace cuatro meses, cuando la situación epidemiológica era distinta, es sencillamente surrealista. No tiene sentido que Castilla y León no pueda adelantar el toque de queda porque, según el Gobierno, la «ley no se lo permite». Y eso que ha dicho Ander Gil, portavoz del Grupo Socialista en el Senado, de que Castilla y León»ha abandonado la legalidad» tiene guasa: que un partido que se dispone a indultar a los golpistas catalanes que subvirtieron el orden constitucional para que Pedro Sánchez pueda seguir cómodamente en La Moncloa se permita el lujo de acusar al Gobierno castellano leonés de saltarse la ley es de aurora boreal. En lugar de chorradas, más le valdría a Ander Gil defender el marco constitucional y el Estado de Derecho en lugar de cogerse de la mano de proetarras y golpistas.

Lo de Sánchez y la pandemia es de una hipocresía insoportable: cerró Madrid porque, según afirmó, Díaz Ayuso no adoptaba las medidas necesarias para frenar la pandemia -cuando los datos epidemiológicos demostraban que las medidas del Gobierno regional estaban dando resultados- y ahora lleva a los tribunales a otra comunidad del PP por pretender ser más restrictivo en las medidas. ¿En qué quedamos? Detrás del recurso gubernamental contra Castilla y León ante el Supremo late el mismo sectarismo que exhibió cuando decretó el estado de alarma en Madrid. El virus es una excusa. Lo único que buscan es utilizar la pandemia con fines partidistas para acabar con los gobiernos autonómicos del PP.

Infame Pablo Iglesias
EDITORIAL Libertad Digital 19 Enero 2021

El vicepresidente segundo del Gobierno ha exhibido una vez más a su radicalismo izquierdista en una entrevista con la cadena del grupo A3 Media que más se distingue por promover a la organización bolivariana Podemos. Pablo Iglesias se mostró en La Sexta como lo que es, un peligroso totalitario que no dudaría en acabar con las libertades ciudadanas para imponer su agenda marxista y, mientras no le sea posible, un socio extremadamente valioso para los partidos que quieren acabar con el régimen constitucional. De ahí su lamento de que la democracia liberal no le permita ejercer el poder omnímodo que anhela (como buen comunista) y su defensa cerrada del golpismo supremacista catalán.

Entre la verborrea con tono impostado que caracteriza su discurso infamante, el capo podemarra disculpó a los golpistas catalanes presos y se mostró dispuesto a indultarlos a la mayor brevedad posible. En su infame complicidad con los separatistas, de cuyo apoyo depende que él y su pareja sigan en el Gobierno, llegó al extremo de comparar al prófugo Carles Puigdemont con los exiliados de la Guerra Civil, analogía que ha provocado lógica indignación en el resto de fuerzas políticas.

No cabe engañarse con Iglesias, marxista enriquecido con su salto a la política que ejerce muy gustoso el papel que la izquierda y los independentistas le han reservado. Cuando el neocomunista se arrodilla ante las fuerzas separatistas y los grupos proetarras lo hace en nombre de Pedro Sánchez y del Gobierno de España, metido de hoz y coz en una operación que trata de socavar el régimen de libertades y acabar con sus instituciones fundamentales, empezando por la Justicia y la Corona.

Iglesias defiende a los delincuentes siempre que sean de izquierdas o separatistas; en eso es inflexible. Convertido en compinche de Sánchez y hombre del Gobierno para los trabajos más sucios, el potentado podemarra sigue avergonzando a la inmensa mayoría de los españoles, obligados a sufrir sus soflamas insoportables y a financiar su desahogadísimo tren de vida.

La carta de Otegui

Cayetano González Libertad Digital 19 Enero 2021

La misiva que el líder de Bildu, Arnaldo Otegui, ha enviado recientemente a los presos de ETA es el retrato perfecto de lo que piensan, lo que llevan dentro –hay muchos Oteguis en ese mundo que nunca ha condenado la violencia– quienes son los herederos políticos de una banda terrorista que a lo largo de 50 años asesinó a 857 personas, todas inocentes, e hirió a miles más.

Lo terrible de la situación es que el Gobierno de Sánchez-Iglesias está haciendo todo lo posible por blanquear a este sujeto, a lo que representa y a la formación política a la que pertenece, y, lo que es más grave, los considera un actor político más, con los que se puede hablar, negociar y pactar, como ha quedado meridianamente claro tanto en el Congreso de los Diputados como en la Comunidad Foral de Navarra.

En su carta, Otegui les dice a los presos de ETA –conviene recordar que están en la cárcel no por haber robado unas manzanas, sino por haber cometido asesinatos o ayudado a cometerlos– que “EH Bildu necesita la experiencia y la fuerza de las celdas para que su proyecto político crezca y situarlo en el lugar que se merece”. ¿A qué “experiencia” y “fuerza” se refiere Otegui? ¿A la del tiro en la nuca y por la espalda? ¿A la del asesinato de niños? ¿Al secuestro durante 532 días de Ortega Lara? ¿Al asesinato a cámara lenta durante cuarenta y ocho horas de Miguel Ángel Blanco? ¿Cómo se puede ser tan mezquino y apelar a la “experiencia” y a la “fuerza” de quienes han causado tanto dolor y sembrado tanto odio?

Otegui, al recordar a los presos de ETA que Bildu celebrará su congreso en la próxima primavera, no oculta que su meta es la consecución de la República Vasca Independiente, y les dice a los presos, uno a uno:

Tú harás fuerte y grande a EH Bildu. Tu ayudarás a EH Bildu a convertirse en el instrumento político, eficaz y sólido que nuestro pueblo necesita.

Aquellos –en el Madrid político y periodístico hay muchos– que sostienen que ETA ha sido derrotada convendría que leyeran con atención la carta de Otegui. ETA ha sido derrotada policialmente, gracias a la labor eficaz, constante y tenaz de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado, pero políticamente está más fuerte que nunca. ETA nació para romper España y para instaurar, en lo que ellos llaman Euskal Herria, una república socialista independiente tanto de lo que denominan “Estado español” como de Francia.

¿A qué distancia están de conseguirlo? De momento, los herederos políticos de ETA son la segunda fuerza política en la Comunidad Autónoma Vasca y sostienen, junto al PNV, al Gobierno de Navarra encabezado por la socialista María Chivite. Cuentan además con que el presidente del Gobierno –que tiene gestos tan significativos como dar el pésame desde la tribuna del Congreso con motivo del fallecimiento de un preso de ETA en la cárcel– les trata con deferencia y pacta con ellos desde la prórroga del estado de alarma a los Presupuestos Generales del Estado.

El futuro no está escrito, pero que en el País Vasco puede conformarse después de las próximas elecciones autonómicas un Gobierno tripartito entre Bildu, PSE y Podemos con Arnaldo Otegui de lehendakari es una posibilidad real, que encaja perfectamente en los planes de Sánchez de cargarse el régimen constitucional del 78. Si eso se llega a producir, si los herederos políticos de ETA se hacen con el poder en la CAV, claro que ETA estará mucho más cerca de conseguir sus objetivos, por los que mató a un millar de ciudadanos por el hecho de ser españoles. Para ello necesitan el apoyo del PSOE, que de momento lo tienen gracias a Sánchez, pero también a tantos dirigentes socialistas que no se rebelan ante esta inmoralidad. El de Podemos nunca estará en duda, aunque su fuerza electoral, también en el País Vasco, vaya menguando.


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