AGLI Recortes de Prensa   Lunes 25  Enero  2021

¿A que Abascal tiene bastante sentido común? Yo creo que sí
Miguel Ángel Belloso okdiario 25 Enero 2021

El domingo 17 de enero el diario El Mundo publicó una gran entrevista con Santiago Abascal, el líder de Vox. Un poco antes lo había hecho ABC, también este ilustre refugio abierto y liberal donde escribo, OKDIARIO, y la verdad es que, en los tiempos que corren, en los que las omnipotentes redes sociales de Estados Unidos impiden al que hasta la semana pasada fue el presidente del país, Donald Trump, el acceso y la comunicación con sus millones de seguidores, este gesto ordinario presidido por la profesionalidad cobra enorme importancia y mérito. Igual que en América con Trump, la prensa progresista y todas las cadenas de televisión importantes de España, que son las que cuentan y las que adocenan con su sectarismo a la opinión pública, han dibujado a Abascal como a Satán. Como un enemigo de la democracia y un peligro para la concordia civil.

En realidad, lo que ha hecho Abascal y su partido Vox desde que nació es representar y dar eco a todos aquellos a los que había dejado huérfanos el Partido Popular bajo la presidencia del melifluo señor Mariano Rajoy, que sentía aversión por la ideología y que ha eludido siempre todos los charcos posibles, ya desde que sustituyó como ministro de Educación a Esperanza Aguirre en el primer Gobierno de Aznar. Así son los gallegos. O algunos genuinos como el registrador de la propiedad. Sí, ya sé que el señor Rajoy evitó la intervención de España por Bruselas después de la crisis de 2011, que saneó el sector financiero y que reformó modestamente el mercado laboral. Todos ellos han sido grandes sucesos, pero me parece que no suficientes para rendirle una pleitesía total. Dejó al PP hecho unos zorros, consintió hasta el último momento la tragedia que se urdía a diario en Cataluña, y sólo reaccionó como los semovientes cuando ya no queda más remedio, con la vara, a lomos del rey Felipe VI y de su discurso fastuoso del 3 de octubre de 2017.

Todos estos hechos están implícitos en la entrevista de Abascal, en la que afirma con razón que su partido ha llegado para señalar lo que piensan muchos españoles sobre una inmigración que viene llamada por un estado de bienestar elefantiásico y que abusa del sistema de protección social; sobre un estado de las autonomías que ha multiplicado hasta el extremo los cargos públicos y el gasto suntuario sin demostrar todavía fehacientemente su contribución al bienestar general y el grado de confort que proporciona a los ciudadanos al menor coste posible; sobre una Unión Europea ahora providencial, pero regularmente demasiado invasiva e intervencionista; o sobre un sistema electoral que otorga privilegios inaceptables a partidos pequeños, que finalmente acaban resultando sobre representados, y que ha instaurado la dictadura de los nacionalismos de toda laya que amenazan cotidianamente la unidad de España y la vertebración del país.

Para poner fin a estas desgracias, sería preciso un cambio de Gobierno que sólo ocurrirá si el PP y Vox llegan a un acuerdo, pero estas entrevistas llegan unos meses después de la moción de censura contra Sánchez en la que Casado decidió romper totalmente amarras con Vox de mal modo, insultando a Abascal sin necesidad y dificultando enormemente la posibilidad de la conciliación. Es una pena porque la última encuesta publicada por OKDIARIO refleja que una coalición al estilo de España Suma, que agrupara al PP, a Vox y a lo que queda de Ciudadanos estaría en condiciones de obtener una mayoría absoluta mayor que las que cosecharon Aznar y después Rajoy.

Ya antes del debate de la moción de censura, Casado dio muestra de sus novedosas intenciones defenestrando como portavoz del Grupo Parlamentario a Cayetana Álvarez de Toledo, y a continuación ha indicado que su propósito es volver a centrar el partido, que es justo lo contrario de lo que prometió cuando venció las primarias con la promesa de recuperar sus señas de identidad. Como no nací ayer, centrar el partido significa escorarlo a la izquierda con el vano propósito de sumar apoyos de los descontentos con la deriva irracional del ayuntamiento social comunista de Sánchez e Iglesias. Pero esta es una tarea imposible. Jamás ocurrirá. Esta maniobra estratégica nunca gozará de las bendiciones de los que reparten el carné del progresismo, ni de sus eventuales destinatarios.

Esto es algo que tiene muy claro el señor Abascal, que en la citada entrevista en El Mundo declara: «Casado se equivoca de enemigo -al atacarnos-. Y por muchos esfuerzos que haga por ser progre, la izquierda ni le va a perdonar ni le va a aceptar». Para mí estos son verdades que van a misa. Y les pondré un ejemplo, sólo uno más de los múltiples que podría citar. El pasado 16 de enero, el día que el partido de Ángela Merkel, la CDU, eligió a su sucesor, el señor Laschet, un sedicente centrista, el diario El País, que oficia como la lengua vernácula del Gobierno, se congratuló sin disimular la euforia, pero a continuación soltó su píldora inevitable: «Que la fuerza conservadora alemana haya optado por la senda centrista y europeísta constituye una buena noticia. Ojalá -en su interés y en el de las democracias europeas- otros partidos de la familia, el PP español en primera fila, apostaran de verdad por la misma senda de moderación que tanto rédito ha dado a la CDU».

Esto último se lo podrían haber ahorrado, pues ningún medio de comunicación progresista apoyará nunca a la CDU, ni tampoco a la derecha española, aunque lo determinante de estas especulaciones esotéricas y cínicas es la referencia inexorable al PP, la navajada correspondiente. No hay editorial ni comentario en la televisión sectaria de turno que no acabe con una cuchillada al partido de Casado. Naturalmente, cuando el actual presidente del PP abominó de Abascal, todos los corifeos izquierdistas de la nación se conjuraron y emitieron una salva de aplausos. Pero eso fue un instante momentáneo, un rápido orgasmo por haber conseguido una pequeña victoria, después de tanta diatriba.

Al día siguiente todo fue convenientemente olvidado y guardado en el cajón. Para esta tropa de energúmenos insaciables, el PP de Casado sigue siendo un partido facha indigno de estar al frente del Estado. Como siempre. Por estas circunstancias que refiero resultan más patéticos los esfuerzos de Casado y de su lugarteniente, el señor García Egea, por ser honrados con el báculo progresista. Con su aprobación inmarchitable y sagrada. No lo conseguirán en ningún caso, ya se bajen los pantalones hasta los tobillos.

Es una desgracia, como dice Abascal, que el PP haya decidido ser un adversario de Vox en lugar de un eventual socio, como por otra parte sucede en Madrid, en Andalucía o en Murcia. Y también que el empeño de Casado por separarse groseramente de Abascal haya transformado lo que podría ser una colaboración fructífera y rentable en una confrontación que sólo puede beneficiar la política disolvente que practica el social comunismo de Sánchez e Iglesias.

Algunos ‘peperos’, los democristianos, los ‘marianistas’, los ‘feijooistas’, los llamados moderados parecen apoyar, según dicen las encuestas, el giro brusco de Casado durante la moción de censura de Vox. Pero como bien explica Abascal, si el tercio restante de sus seguidores incómodos con el vuelco estuviera dispuesto a plasmar prácticamente su desacuerdo con esta nueva normalidad, si ese tercio de votantes del PP decidiera cambiar de opción, en estos momentos Vox sería uno de los partidos más importantes del país. Creo que no le falta razón ni que convenga hacernos trampas en el solitario.

Me parece que Abascal tiene otras opiniones muy plausibles. Se opone radicalmente a la posibilidad de un nuevo confinamiento -que sería económicamente devastador-, apuesta por más hospitales y es obvio que da en la diana cuando afirma que el enemigo común de la derecha debe ser el Gobierno de Pedro Sánchez y sus secuaces, que engañan, que mienten y que trabajan constantemente para impedir cualquier alternativa a sus políticas nauseabundas.

Desde este punto de vista, pienso que el señor Abascal está muy cerca de la presidenta de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, que padece sin reposo las embestidas de la acorazada monclovita. Por eso creo que si el señor Casado se plantea debilitarla -estando al frente de un Gobierno frágil y dependiente del Ciudadanos del vicepresidente Aguado, que es un desleal-, así como impedir por todos los medios que lidere el partido en la Comunidad apuntaría una señal más de que, tal y como sugiere el líder de Vox, hace un tiempo que el presidente del PP y su valido García Egea han emprendido el camino equivocado, impulsando un cambio estratégico destinado a obtener una rentabilidad claramente negativa.

¿Dónde se meten Sánchez e Illa con el virus desatado y España sin vacunas?
Sin control parlamentario al Gobierno, el presidente y su ministro de Sanidad desaparecen en el peor momento y se concentran, de manera irresponsable, en otra campaña electoral.
Editorial ESdiario 25 Enero 2021

El presidente del Gobierno y su ministro de Sanidad llevan desde mediados de diciembre sin comparecer en el Congreso ni ser sometido a un mínimo control elemental, ya casi anulado por el estado de alarma y definitivamente enterrado por las largas vacaciones parlamentarias.

En ese tiempo, la pandemia se ha vuelto a desatar, con una terrorífica tercera ola que a los datos horribles ya conocidos se le añade la sensación, generalizada, de que lo peor está aún por llegar: todos los especialistas pronostican unas próximas semanas pavorosas, llenas de incertidumbre y con la posibilidad de que se repita el drama de marzo, con menos energías personales y económicas de una sociedad exhausta en todos los sentidos.

Con ese panorama, Pedro Sánchez se ha limitado a comparecer apenas una vez para intentar patrimonializar una campaña de vacunación que, además, avanza con exasperante lentitud y destaca más por las polémicas relativas a la inmunización de altos cargos que por su extensión poblacional.

Sánchez e Illa están en paradero desconocido en lo relativo a la pandemia en el peor momento posible

Y su irresponsable ministro, se ha borrado de la escena a efectos de gestión para servirse del cargo, sin embargo, al objeto de promocionarse como candidato del PSOE-PSC en las Elecciones catalanas. Para rematar el insólito panorama, el portavoz de ambos, Fernando Simón, solo aparece para confundir a la ciudadanía con pronósticos tan equivocados como el que le llevó, de nuevo, a restar importancia a una cepa británica que ahora está detrás del apogeo de contagios.

El desastre de la vacunación: España solo tiene 243.000 dosis guardadas
Con toda España semiconfinada, arruinada y asustada; el Gobierno está pues desaparecido, emite mensajes confusos, no explica las lagunas evidentes de la vacunación y gestiona la pandemia con un ánimo estrictamente electoral. Con la sospecha de que niega o minimiza la emergencia sanitaria para no estropear su estrategia en las urnas.

A la irresponsabilidad y negligencias exhibidas desde marzo le añade ahora un broche final esperpéntico resumido en una imagen: Sánchez e Illa están en paradero desconocido en los relativo a la pandemia pero se dejan ver en actos exclusivos de su partido, como el Comité Federal de este sábado. Algún día deberán rendir cuentas de todo ello.

La democracia española no se merece esto
Pedro de Tena  Libertad Digital 25 Enero 2021

La democracia española, que debería acreditar moralidad y eficacia, parece empeñada en demostrar que cualquier otra forma de gobierno sería mejor.

¿Y qué es esto? Pues una sucesión de dislates, estupideces e indignidades que, en solo una semana, hacen saltar todas las alarmas sobre nuestra salud mental colectiva y el futuro de la democracia. Hay muchas, pero algunas dan idea del desnorte que tiene la casta dirigente de una España que cada día se reconoce menos a sí misma.

Empezaré por el dislate de la expresión de Pablo Casado: "La existencia de Vox hace que gobierne Sánchez". Miren que me caía bien este muchacho cuando creí que su propósito real era la reforma interna de un PP envenenado por una estirpe de burócratas y familias incapaz de dotarse a sí mismos de ejemplaridad y ruta para detener la destrucción de España. Cuando ganó respiramos, pero nuestra esperanza se truncó cuando comprobamos en el inmortal debate del estado de la Nación que se le había ido la cabeza. Tiempo después comprobamos que su cabeza no ha vuelto porque la existencia de Vox es la que hace que gobiernen Almeida y Ayuso en Madrid, Moreno en Andalucía, López Miras en Murcia y otros en otras partes. Esto es, la existencia de Vox es la que permite que Pablo Casado siga siendo presidente del PP. Menos mal que ahí ha estado Jaime Mayor Oreja para recordarle que el camino que hay que andar es el inverso.

Sigo con la estupidez de la izquierda comunista andaluza con el asunto de la Cruz de las Descalzas. Es una estupidez forzada por la ideología, esto es, que no puede evitarse, pero un poco de inteligencia y de respeto hay que echarle a todo asunto. Teniendo la ley en su mano – que la ley sea o no una bazofia es otra cosa -, y el apoyo tácito de la Junta de Andalucía al derribo de la cruz, van y la tiran a un estercolero en lugar de entregarla a las monjas que la pidieron, la hacen desaparecer y encima acusan de odio a los grupos cristianos de Aguilar de la Frontera. La alcaldesa debería dimitir de inmediato por haber hecho y dicho lo que ha dicho y hecho. Ha hecho daño a todo el mundo, incluso a sí misma. O sea.

En el capítulo de indignidades, hay que destacar dos. La de Salvador Illa y Pedro Sánchez, empeñándose de una manera inmisericorde en la celebración de unas elecciones en Cataluña porque los resultados les son favorables y sin consideración alguna de los riesgos para la salud de catalanes y no catalanes – que no hay fronteras entre Comunidades Autónomas, en España por ahora -, cuando la región supera con mucho los 500 contagios como incidencia acumulada media. Recuérdese que cuando Madrid se acercaba a esa cifra, el propio Illa recomendó restricciones de la movilidad en 200 zonas sanitarias de toda la Comunidad. Pero, claro, es que ahora en Cataluña el candidato estelar es él mismo. Una vergüenza.

Y otra indignidad muy asquerosa ha sido el rosario de vacunaciones privilegiadas o enchufadas de políticos, desde consejeros a concejales, y altos cargos (lo del JEMAD o casos en la Guardia Civil son bochornosos) saltándose las normas promulgadas por el propio gobierno y dejando sin vacuna a quienes les correspondían por derecho.

Y podríamos seguir y seguir con el trato de favor a asesinos y golpistas, con el maltrato a la hostelería y a los autónomos, con los casos de corrupción que siguen y siguen, con el futuro de los ERTE, los exabruptos y marrullerías del desacreditado vicepresidente Iglesias, el cerco a Madrid por razones partidistas, las sospechas de favoritismo en el reparto regional de las vacunas y de los dineros de la UE sin normas limpias y claras, el estupor ante el control ideológico de las vías de la información y la opinión por Internet, la incapacidad de guarda de las fronteras, la negativa a vernos como una unidad nacional ni siquiera ante una pandemia y tantas otras cosas.

La democracia española, que debería acreditar una moralidad y una eficacia superiores a la de toda otra forma de gobierno, parece empeñada en demostrar que cualquier otra forma de gobierno sería mejor. Es una conclusión fuerte. Lo sé. Pero si no son posibles la recuperación de los valores básicos de la convivencia y de la tolerancia y una reforma en profundidad de lo que evidentemente funciona muy mal, ¿qué otra opción quedará?

Se dispara el numerador y se hunde el denominador: la bomba de la deuda pública española
José María Rotellar  Libertad Digital 25 Enero 2021

El incremento exponencial del gasto, la caída en picado de la recaudación y el descenso notable del PIB pueden llevar la deuda al 130% del PIB.

De nuevo, con la reciente publicación de los datos de deuda por parte del Banco de España, se constata que el endeudamiento prosigue su ascenso de manera incesante también en el mes de noviembre de 2020, último registro publicado.

La deuda, tras una ligera corrección por vencimientos en octubre, afianza el nivel de los 1,3 billones de euros. Es lógico que la deuda se mantenga en ese nivel, pues es consecuencia del déficit y, mientras este exista, la deuda aumentará, ya que el endeudamiento es el stock del flujo que resulta ser el saldo presupuestario. La única posibilidad que cabe es que el cociente no crezca, pero para ello debería aumentar más el PIB nominal que el endeudamiento, cosa que no sucederá en el dato final de 2020, todavía pendiente de publicación, pues ambos caerán, con lo que la deuda tendrá un comportamiento todavía peor en términos relativos que en términos absolutos, ya pésimo de por sí.

Así, nuevamente, los datos de endeudamiento público, que recoge en sus publicaciones el Banco de España, muestran la tendencia de crecimiento exponencial que ha cobrado la deuda pública española desde que el presidente Sánchez accedió al Gobierno de la nación, tras la moción de censura al presidente Rajoy.

Lo decimos mes tras mes: parece haberse instalado en España la sensación de que el gasto no es un problema, sino que éste se soluciona con impuestos y si la recaudación de éstos no basta, se cubre con deuda. Los gestores políticos no se paran a pensar que la subida de impuestos genera distorsiones en la economía -y, además, cuando los suben lo hacen en los impuestos directos, que son los que más perjudican a la actividad económica y al empleo-. Tampoco quieren caer en la cuenta de que el endeudamiento tiene un límite, que estamos sobrepasando ya de manera muy importante. Nada los frena, pues sólo quieren prometer, en todos los ámbitos, más y más medidas que no nos podemos permitir por la sencilla razón de que el gasto que suponen no lo podemos pagar.

Esa tendencia, que tiene su base en esa presión del gasto que es cada vez mayor en España, sitúa a la economía española en una posición compleja, pese a haberse levantado el veto sobre el presupuesto de la UE y los fondos reembolsables procedentes de Bruselas, ya que si los fondos tardan en recibirse y las iniciativas comienzan a ejecutarse con déficit y deuda, corremos el riesgo de que se aproveche para, después, no amortizar esa deuda provisional y ejecutar gastos adicionales.

Como ya hemos dicho en anteriores artículos, tanto la caída de la actividad como el incremento del gasto y, con él, del déficit y de la deuda, no puede atribuirse en exclusiva a la situación excepcional que se vive derivada del coronavirus. Es obvio que el impacto de la pandemia en la economía es notable, sobre todo porque el Gobierno decidió cerrar completamente la actividad económica por no haber tomado unas precauciones tempranas, como cerrar en enero las fronteras con China, y porque ahora ha abandonado por completo a la economía a su suerte. Ahora bien, antes de la enfermedad, la economía ya se ralentizaba de manera cada vez más intensa y el gasto no dejaba de crecer de forma rápida.

Como hemos venido recordando mes tras mes, con las medidas de los reales decretos de los viernes se comprometió gasto estructural por cerca de 10.000 millones de euros, en lugar de adoptar medidas de austeridad que hubiesen permitido tener una mayor capacidad de maniobra ante un retroceso económico, fuese uno como el presente o de menor intensidad, como se preveía.

La pequeña reducción del cociente de deuda sobre el PIB que se había producido hasta entonces, saltó por los aires. Con una deuda cercana al 100% del PIB pero que había logrado ir descendiendo gracias al impulso del crecimiento económico -pues la deuda en valores absolutos seguía aumentando, al mantenerse las cuentas públicas en déficit cada año- el Gobierno tomó la arriesgada decisión de expandir el gasto de manera temeraria.

Ahora vemos las consecuencias de ello: una deuda creciente, que ha pasado del 97,6% con el que cerró 2018, al 95,5% del cierre de 2019 y que ahora se eleva al 118,69% de noviembre de 2020, según los datos de deuda del Banco de España y la previsión de crecimiento del PIB nominal del ministerio de Economía plasmada en el plan presupuestario 2021 enviado a Bruselas el quince de octubre de abril (página 12 del informe).

En dicho cociente, ya está comenzando a operar el efecto negativo tanto en el numerador como en el denominador, pues la deuda aumenta en 123.731 millones de euros entre diciembre de 2019 y noviembre de 2020 y el PIB se estima que se reduzca en 139.474 millones de euros de 2019 a 2020.

Todo ello, nos lleva a que desde que gobierna Sánchez la deuda se ha incrementado en 155.253 millones de euros. Durante el primer año, aumentó en 38.688 millones, y al cabo de diez trimestres de mandato el incremento supera ya los 150.000 millones de euros.

Así, si durante el primer año creció la deuda por persona en 828,03 euros, en los dos años y medio de mandato de Sánchez la deuda por persona ha aumentado en 3.280 euros, casi cuatro veces el incremento del primer año.

O visto de otra manera: en el primer año, la deuda se incrementaba a un ritmo de 105,99 millones de euros al día. Ahora, tras dos años y medio de Gobierno de Sánchez, la deuda crece 169,86 millones de euros cada día.

De esa manera, nos encontramos con un incremento exponencial del gasto, una caída en picado de la recaudación y un descenso notable del PIB. Todo ello, hará que la deuda española se sitúe este año entre el 115% y el 125% del PIB, dependiendo de cuál sea la intensidad final del movimiento de déficit y PIB (el gobernador del Banco de España ha llegado a mencionar que incluso podría alcanzar el 128,7% este ejercicio), siendo factible que supere el 130% en 2021. De hecho, el FMI estima que la deuda cerrará 2020 en el 123% del PIB, para quedarse en el 118,8% en 2025, año que, además, subirá de nuevo sobre 2024.

Urge un ajuste importante que sitúe a nuestra economía en el nivel de gasto que se puede permitir. Nada es gratis y todo se financia con los impuestos que pagan los contribuyentes, pero esos recursos son finitos y los ciudadanos están ya extenuados, en medio de una grave crisis económica, que reduce aún más su poder adquisitivo. Es imprescindible acometer reformas que nos permitan aumentar el crecimiento potencial de nuestra economía y que éste sea sostenible, no sostenido artificialmente. O se logra hacer eso o el drama será mucho peor cuando se vea que no se puede afrontar tanto gasto, porque entonces el recorte habrá de ser mucho más intenso. No nos cansaremos de repetirlo mes tras mes, aunque con escaso éxito, como los datos muestran.

Preparando el camino para los recortes que vienen: las excusas de Iglesias y las tragaderas de su votantes
Domingo Soriano Libertad Digital 25 Enero 2021

El vicepresidente asegura que "hay dueños de bancos y de grandes empresas" que tienen más poder que él. No es cierto, pero sus votantes tragan.

Yo dije antes de ser vicepresidente del Gobierno que hay señores que mandan más que los diputados y los ministros. Y ahora, siendo vicepresidente, lo vuelvo a decir: hay dueños de bancos, dueños de grandes empresas que tienen más poder que yo y no les ha votado nadie. - Pablo Iglesias, La Sexta.

Como nos hemos enredado en lo de los republicanos exiliados y su comparación con Puigdemont, se nos ha pasado esta joya de la entrevista del pasado domingo. El líder de un partido que se llama Podemos, tras un año como vicepresidente, reconoce que no puede.

Por supuesto, es mentira. El Gobierno siempre, si quiere, puede. Lo hemos visto esta semana con la sorpresa introducida, por la puerta de atrás, en la ley antidesahucios, que da carta blanca a los okupas para que se queden en el inmueble en el que han entrado de forma delictiva si se trata de lo que conocemos normalmente como un piso vacío (es decir, que no sea primera o segunda residencia de su propietario). Nos podemos imaginar qué piensan de esta norma en el Ibex (la banca es propietaria de buena parte de esos pisos vacíos) o los llamados "fondos buitre", que parece que ya dan miedo sólo con ese nombre. Pues aunque no les guste, se lo van a tener que tragar. ¿Quién es el poderoso?

Y no nos quedemos en los desahucios. Ese absurdo de un poder en la sombra de empresarios y millonarios que controla gobiernos es uno de los mitos más persistentes de nuestra era. Esa idea de "los que de verdad mandan"... que nadie conoce.

Pues no. Los que mandan son los que mandan. El Gobierno, en este caso. Y puede hacer lo que quiera. ¿Que hay empresarios, lobbies, organizaciones, millonarios, propietarios de medios... que tratan de influir en ese Gobierno? Sí, muchos. Cada día. Algunos con dinero (los menos) y la mayoría tirando de contactos y de presión sobre la opinión pública. De hecho, es una de las razones por las que mi escepticismo democrático cada día es más acusado. La milonga esa de "en las urnas, tu voto vale lo mismo que el de un millonario o el secretario general de un sindicato". En las urnas sí, pero en el resto del procedimiento democrático, esa frase es mentira. Cuando se tramita una ley (cualquier ley), hay decenas de personas que tienen acceso al Gobierno (líderes de la patronal, altos cargos de los sindicatos, periodistas bien conectados, organizaciones de consumidores, empresarios... en general, todo grupo de presión bien organizado) y quien no lo tiene (los demás). Eso sí que es un mito: pensar que todos somos iguales por tener una papeleta de entre 30 millones.

Pero que puedan influir no quiere decir que manden. Los que mandan son los que tienen el BOE en sus manos.

Además, esa influencia no se resuelve, como quiere Iglesias, dando más poder a un Gobierno al que seguirán teniendo acceso los mismos: los que estén bien organizados, que pueden ser ricos o no. Por ejemplo, hay pocas organizaciones con más capacidad de presión en España que los sindicatos, tanto los más grandes como los que dominan un sector. Eso se resuelve dando más poder al individuo: libertad de elección en los servicios públicos descentralización máxima de la administración (a nivel municipal y con municipios lo más pequeños que sea posible) que le permita controlar mejor a sus representantes votar con los pies con más facilidad separación de poderes; estado de derecho e imperio de la ley principio de subsidiariedad (el Estado sólo hace aquello que el individuo-familia no puede hacer por sí mismo)...

Porque, además, el Ibex está encantao con este Gobierno. En general, no tienen muchas quejas de lo ocurrido en España en los últimos 20 años. Con PSOE, PP, CiU, PNV... o Podemos: ellos siempre ganan. ¿Que les gustaría una normativa laboral un poco menos decimonónica? Pues quizás. ¿Y unos impuestos algo más bajos? Probablemente también, pero no creo que sea una preocupación enorme (al final, los ejecutivos, como los futbolistas, se ponen el neto de lo que quieren ganar y a Hacienda le paga el accionista). Lo que desea el Ibex, como todos los empresarios que en el mundo han sido, es un país controladito, con mucho BOE y poca competencia, con dinero a espuertas para los que están bien situados y salvavidas preparados para los estratégicos (que siempre son ellos). En resumen, rouresismo para todos. Y en esa idea están el Gobierno (sí, el de Iglesias el impotente) y la UE, que no deja de ser el paganini.

La realidad y los límites
Los límites de los que habla Iglesias no se los impone nadie. Bueno, se los impone la realidad.

En primer lugar, la realidad de su peso en el Gobierno y en el Congreso. Y esto lo reconocía el propio Iglesias en la misma entrevista: "A veces dentro del Gobierno estás discutiendo con un ministro que hace suyos los argumentos de la patronal inmobiliaria". El argumento es a un tiempo absurdo y peligrosísimo. Absurdo porque reconoce que la razón por la que no se aprueban determinadas leyes no es que haya un poder en la sombra que lo impide, sino porque sus compañeros de gabinete no quieren. Al final, como siempre denunciamos los liberales, el poderoso es el Gobierno, no el lobbista. Otra cosa es que el lobbista quiera influir (y que ése sea otro motivo para limitar el poder del Gobierno).

Pero en cualquier caso, es una enmienda a la totalidad a su primera frase, en la que dice que los grandes empresarios son más poderosos que el vicepresidente. No, los poderosos son los ministros. Lo que pasa es que no todos los ministros piensan como él.

Al mismo tiempo es un planteamiento muy peligroso porque es el tipo de argumento que siempre usa la extrema izquierda para destrozar las instituciones: "Los que opinan diferente a mí... lo hacen porque son lacayos de los poderosos". Sus razones (las de Iglesias) son puras; las de Calviño o el PP o el que sea que se le enfrente, son el resultado del miedo o el soborno. De ahí a Venezuela hay un paso muy pequeño: si de verdad crees que sólo tú representas al pueblo frente a esos malvados que actúan en la sombra, es lógico que quieras todo el poder en tus manos y sin cortapisas. Sólo el líder providencial, si le damos las herramientas para ello, podrá salvarnos (por supuesto, nunca con más libertad para el individuo, porque, dejado a su suerte, el ciudadano es una marioneta en manos de esos mismos poderosos).

Los demás límites son los que imponen los que no quieren dejarle el dinero. Es decir, los que no quieren que les arrastre en su locura. Esa acusación sin ningún sentido contra la UE o los mercados, que tanto hemos escuchado en la última década. Bruselas no impone nada, ni los mercados.

Este tema ha estado más tranquilo en los últimos meses, mientras se ultimaban los detalles del plan de ayudas de la UE y los países se financiaban a tipos cercanos a cero. Pero les aseguro que volverá. Habrá algunas exigencias (desgraciadamente, creo que muy pocas, muchas menos de las que debería haber) desde Bruselas y mi apuesta es que la prima de riesgo obligará a este Gobierno a hacer recortes. Y entonces Iglesias volverá a la retórica de 2015, cuando la troika le impuso austeridad a su amigo Alexis Tsipras.

El problema es que el punto de partida es mentira. Ni la troika ni los grandes fondos tenían ningún poder en Grecia. Tsipras era soberano dentro de sus fronteras... pero eso no le capacitaba para quedarse con el dinero de los alemanes a cambio de nada. Otra vez la realidad que te atropella: los rescates son préstamos. Recuérdenlo porque España está ya metida en un rescate (aunque le llamen plan de recuperación) y los prestamistas nos plantearán sus condiciones. ¿Que al Gobierno de Iglesias no le gustan esas condiciones? Pues que pida el dinero en otro lado o que viva con sus propios medios y su propia moneda. Esperemos que Sánchez no esté tan loco y que en la disyuntiva Tsipras-Varaoufakis, también aquí gane el primero. Porque ese cruce de caminos llegará.

Por último, un apunte importante, al que después de cien años deberíamos estar más acostumbrados, pero en el que los incautos siguen cayendo. Lo que va de las promesas de la extrema izquierda a la realidad de sus gobiernos es la misma distancia que existía entre la utopía comunista y el día a día soviético. La excusa del Ibex y de los ricos que son más poderosos que tú ya la usaron los países del Pacto de Varsovia para explicar la fuga de cerebros al oeste. El Muro de Berlín se construyó alrededor de un pretexto no tan diferente: "Si yo pudiera, os traería el paraíso en la tierra. Pero no me dejan, los saboteadores occidentales nos impiden ser más ricos, más felices, más prósperos".

En esto, lo reconozco, lo que más me sorprende son las tragaderas del votante-militante. Tanto si crees la versión de Iglesias (unos poderosos no me dejan hacer lo que yo quiero) como la mía (puedes mucho, pero no todo, porque ni tienes los votos ni el Presupuesto es infinito), lo lógico es que le pidan lo mismo: que se vaya, que dimita, que lo deje. O que le cambie el nombre el partido. Que se llame "No Podemos". O "No nos dejan". Tras tantos años dando la matraca con lo que harían si llegaban al Gobierno... y ahora dicen que no lo hacen porque estar en el Gobierno no sirve de casi nada.

Desgraciadamente, no es cierto. Claro que sirve y lo estamos viendo. Nunca un Ejecutivo generó, en menos tiempo, un destrozo económico e institucional tan enorme. Yo creo que Iglesias lo sabe. Sólo se está poniendo la venda antes que la herida. ¿Sube la luz? Los poderosos. ¿Hay que hacer recortes? El Ibex. Gobernar así es muy fácil. Y lo peor de todo es que habrá muchos que se lo crean.

gMás valientes y menos palmeros
Mientras los votantes del partido en el Gobierno sean incapaces de criticar lo que hace mal, España estará condenada a esperar muchos años hasta que se haga justicia por los dislates de hoy
Álvaro Nieto vozpopuli.es 25 Enero 2021

El pasado 23 de enero se cumplió un año desde que Vozpópuli desvelara la gran exclusiva de 2020: la reunión del ministro de Transportes, José Luis Ábalos, con la vicepresidenta de Venezuela, Delcy Rodríguez, dentro de un avión y de madrugada en el aeropuerto de Madrid.

Aquella información vio la luz porque encontramos tres fuentes que la confirmaron a pesar de que el Gobierno la negaba reiteradamente. Como es sabido, una vez publicada, Ábalos incurrió en no menos de diez versiones distintas... y meses más tarde los jueces acabaron por confirmar punto por punto el relato de este periódico, si bien dejaron los hechos sin castigo al considerar que debe ser la Unión Europea quien dilucide la sanción que merece España por permitir el acceso a territorio comunitario a una persona que tiene prohibido pisarlo.

Independientemente del recorrido judicial del caso, que todavía podría dar alguna sorpresa, lo asombroso es que haya pasado un año y el afectado siga siendo ministro. El muy ufano se pavonea diciendo que el caso ha sido archivado en los tribunales, como si eso le eximiese de sus responsabilidades políticas por celebrar una reunión clandestina con la responsable de un régimen autoritario que no puede pisar la UE o por mentir reiteradamente sobre ello. Además, resulta que después de ese asunto este periódico le sacó los colores varias veces con motivo de los contratos de material sanitario adjudicados a dedo durante el estado de alarma. Pero ni con esas.

Si Ábalos ha llegado vivo políticamente a enero de 2021 es por varias razones. Primero, porque la sociedad española lo ha permitido. Nuestros estándares éticos están por los suelos, a nadie parece preocuparle lo que hagan o digan nuestros dirigentes. Vale todo. Nadie exige ya la asunción de responsabilidades por los errores cometidos. De lo contrario, no se hubiera tolerado que personajes como Fernando Simón, Salvador Illa o el propio Ábalos hubieran mantenido su puesto.

Para ser justos, sí ha habido una parte de la sociedad que ha exigido su salida: los que no votan al PSOE. Y ese es el mayor drama que padece España: un profundo sectarismo que impide a los votantes de un partido político criticar a sus dirigentes cuando están en el ejercicio del poder, no vaya a ser que lo pierdan y gobierne la otra España. Cuando Pedro Sánchez sea historia, y esta pandemia se nos haya olvidado, seguro que los socialistas sensatos no tendrán ningún rubor en admitir todas las tropelías que estamos viviendo hoy. Pero ahora, calladitos todos. El que se mueva, no sale en la foto. Mientras Sánchez sea presidente, gozará del silencio cómplice de legiones de mandilones que, una vez caiga en desgracia, acudirán prestos a hacer leña del árbol caído.

Si en España fuéramos algo más rápidos exigiendo responsabilidades, nos ahorraríamos muchos disgustos y dinero, porque con demasiada frecuencia nos pasa que los grandes escándalos de corrupción acaban aflorando al cabo de los años, el día que un comisionista deja de cobrar lo prometido, se cabrea y tira de la manta. El 'caso Gürtel', tan manoseado por algunos, es un ejemplo de ello. Otro es el de Eduardo Zaplana y Jaume Matas, dos políticos que siempre levantaron múltiples sospechas. Cualquiera con dos dedos de frente que los hubiera tratado alguna vez sabía que aquellos jetas no eran trigo limpio... pero tuvimos que esperar demasiados años hasta verles desfilar ante un juzgado.

Los Gürtel del mañana se están fraguando hoy. Los Zaplana y Matas del futuro están ahora en activo. Este periódico, con sus modestos recursos, hace lo que puede, pero una gran parte de España ha decidido que hay que mirar para otro lado. Da igual si el Gobierno se salta la separación de poderes con la reforma del Poder Judicial, si bordea la legalidad con un decreto antidesahucios o si gasta dinero a espuertas sin el menor control con la excusa de la pandemia (lean a propósito de lo segundo este brillante artículo de Guadalupe Sánchez).

Leña al débil
Tampoco ayudan mucho los medios de comunicación, tradicionalmente apocados con el poderoso y valientes con el débil. Porque al que tiene el BOE y la publicidad institucional en la mano conviene no morderle, y ahí están como ejemplo los 112 millones de euros que acaba de licitar el Gobierno. Cuando el rey Juan Carlos era el jefe del Estado, sólo Jesús Cacho y otros cuatro gatos denunciaban sus conductas y amistades peligrosas. Cuando ha dejado de estar en primera línea, le han salido críticos por todos lados que, por supuesto, ahora dicen que conocían sus andanzas desde siempre.

Y algo de eso hemos visto también con la salida de Donald Trump en los Estados Unidos. Que el tipo era un patán lo sabíamos todos desde el principio, pero casi nadie se atrevió a criticarle en su propio partido mientras era el hombre más poderoso de la tierra. El vídeo de Arnold Schwarzenegger, tan eficaz y conmovedor, no deja de ser la demostración más palpable de lo cobarde que puede llegar a ser el ser humano. 'Arnie', querido, ese vídeo había que haberlo hecho a las primeras de cambio, no cuando Trump ya estaba derrotado. Lo mismo cabría decir de esas grandes empresas que manejan las redes sociales, que le han cerrado las cuentas a Trump cuando apenas faltaban unos días para que abandonase la Casa Blanca... ¡pero si llevaba años diciendo chorradas a todas horas!

La valentía hay que demostrarla con el que manda, no con el que ya es historia. La gallardía hay que mostrarla cuando las probabilidades de que te partan la cara son altas. Lo demás son gestos para la galería. Y aquí ha llegado la hora de los valientes. Gente que piense en el bien común por encima de salvar su pellejo o conseguir no sé qué ayudas gubernamentales. Personas que antepongan sus principios por encima de cualquier otra cuestión.

Nadie está diciendo que España se haya convertido en una peligrosa dictadura, pero es evidente que se están dando importantes retrocesos en cuestiones básicas en una democracia: separación de poderes, respeto al Estado de derecho o la mera transparencia. Resulta paradójico que un Gobierno plagado de licenciados en Derecho sea el que esté poniendo contra las cuerdas todo eso. Y lo seguirán haciendo mientras nadie diga nada.

Réquiem por la propiedad privada
"No es la política la que hace a un candidato convertirse en un ladrón, es tu voto el que hace a un ladrón convertirse en político", Candidman
Miguel Massanet diariosigloxxi 25 Enero 2021

Cuando los fundamentos de una construcción empiezan a crujirse y agrietarse, lo mejor que pueden hacer los que habitan el edificio es poner remedio intentando reforzarlos y asegurarse de que se ha conjurado el peligro de que la construcción entera se derrumbe. Si el deterioro es tan importante que no tiene posibilidades de ser reparado convenientemente y el peligro del derrumbe se hace inminente sin posibilidad razonable de salvar al inmueble, lo correcto es abandonarlo y proceder a su demolición antes de que las fallas y las grietas se hagan tan frecuentes y amenazadoras que pongan en peligro las vidas de los habitantes del edificio. Lo mismo podemos decir cuando nos referimos a una nación que está comenzando a tener graves problemas en su estructura política, importantes desajustes en la acción de gobierno, resbaladizas carencias en el mantenimiento de sus leyes fundamentales, destrozos básicos en sus instituciones y peligrosas, comprometidas y arriesgadas actuaciones de sus dirigentes, movidas por afanes egoístas y totalitarios y no por el bien común y el bienestar de sus ciudadanos, como corresponde a todo régimen democrático.

En lo que se refiere a nuestra desconocida España, podríamos decir que “viento en popa y a toda vela no corta el mar sino vuela” ,como se dice en la Canción del Pirata de Espronceda, un Gobierno integrado por piratas de la sociedad que se esmera, con plena dedicación, en quemar etapas sin darse respiro, para impedir que, quienes en la oposición tienen la obligación de cortar sus desafueros, puedan seguirles y darles caza antes de que ellos hayan conseguido sus objetivos que, evidentemente, se centran en implantar un régimen autoritario, policial, totalitario, de base comunistoide, en toda la extensión de la nación española. Y es que, cuando se tiene a un Parlamento dominado, a un Senado obediente, a un ejecutivo con plenas atribuciones y, al único poder que podría dar esperanzas a los españoles de que los desafueros del gobierno fueran controlados desde la Justicia, el poder Judicial, en vías de caer en poder de la dictadura que se está fraguando en España, cuando los fiscales, los abogados del Estado y algunos jueces y magistrados, parece que están dispuestos a colaborar en que el pobre Montesquieu vaya a hacer compañía al general Franco, en el rincón que le han dejado, para que reposen sus restos, en la cripta de un panteón de Patrimonio del Estado en el madrileño cementerio de Mingorrubio, en El Pardo ( en una democracia, como se supone que es la española, quién lo quiera visitar deberá pedir una autorización, suponemos que para tener controlado a lo que queda del franquismo).

Cuando se está dispuesto a pasarse la legalidad por la entrepierna, a cualquier listillo al que no le importe lo que tenga que hacer para conseguir su propósito, no le afecta tomar atajos, cometer irregularidades, torcer la interpretación de las leyes y saltarse las reglas cuando, de esta forma, se consigue avanzar a pasos agigantados en obtener los resultados apetecidos. El sistema utilizado por los socialistas para evitar someter las leyes a discusión en las cámaras de representación popular, aun teniéndolas dominadas, les evita que, mediante decretos-ley los españoles podamos presenciar debates por TV que a ellos no les favorezcan y que, por otra parte, les retrasen la aplicación de normas que les permitirían ir limitando los derechos de los españoles, coartar sus libertades, restringir sus privilegios constitucionales y mermar sus derechos a poder expresar sus opiniones libremente, cuando el poder gubernamental dispone de prácticamente el monopolio de la prensa escrita, de la radio y, por supuesto de las TV, entre ellas y de suma importancia, tienen el control de la cadena estatal la TVE1.

Lo que resulta evidente que, sea porque soterradamente tanto Sánchez como Iglesias tienen acordado seguir el camino hacia la dictadura de tipo comunista o, bien, porque Iglesias tiene chantajeado a Sánchez y éste se ve obligado a hacerle concesiones de tipo social, sin descartar que pueda haber algo de ambas posibilidades; lo cierto es que, como la Colau viene haciendo con plena libertad en Barcelona, los recortes a las facultades de los propietarios, la idea de que el Estado puede despojar de sus derechos de propiedad, cuando se le pase por su cerebro administrativo, a los ciudadanos, simplemente alegando necesidades de tipo social, sin contemplar la deficiencia en la construcción por el mismo Estado y por sus autonomía de los cupos de viviendas de tipo social que deberían ser subvencionadas mediante los impuestos de los contribuyentes, en lugar de ser destinados a la propaganda de los partidos, a subvencionar a los amigos o a favorecer a las sociedades que están conchabadas con quienes nos gobiernan.

Pero la mente de estos ineptos que nos gobiernan, con los resultados que claramente podemos contemplar, tanto en la gestión de la epidemia del Covid 19 como en cuanto a lo que se refiere a tomar las precauciones económicas ( limitación del gasto y reducción de la DP) ante la crisis inminente que va a venir y que se nos anuncia desde todos los especialistas en economía de la UE y de los bancos que actúan dentro de ella, como en lo que se refiere a los despilfarros que se siguen haciendo en materia de subvenciones, de aumentos de salarios de los funcionarios, del número de los mismos ( más gente que no crea riqueza y más sueldos que los ciudadanos deben pagar con sus impuestos) así como un incremento sustancial de asesores del gobierno y de las autonomías, en lo que no se escatima dinero. Ya no hablemos de la política que se está llevando respecto a la inmigración, dejando que España se convierta en un coladero, tanto por el norte como por el sur, y ahora las Canarias, un lugar en el que, la llegada continuada de inmigrante de Marruecos, les está causando serios problemas de logística y de orden público que, el Gobierno, no parece que sea capaz de contener a no ser que se considere una solución ir embarcando inmigrantes desde las islas hacia España para, una vez en ella, irlos esparciendo, no importa cómo, por toda la extensión peninsular, la mayoría de ellos sin control alguno.

Y, por si no fueran bastantes los motivos de preocupación que tenemos los ciudadanos que no pertenecemos al club de las izquierdas, nos hemos enterado de que, este Gobierno social-comunista, siguiendo la senda que se ha propuesto de acabar con la propiedad privada, no contento con las expropiaciones irregulares que se practican en nombre de los derechos sociales, ha iniciado lo que se podría considerar como un refuerzo de los “derechos” de los okupas, contrariamente a lo que parecía que iba a suceder en cuanto a que se adaptaran las leyes estatales para facilitar el trámite de expulsarlos de las vivienda irregularmente ( por no decirlo de una manera más dura) ocupadas, con forzamiento de cerraduras y, en ocasiones, violencia en las personas, y se habla de evitar su expulsión inmediata de las viviendas, ocupadas irregularmente, en aquellos casos en los que “no hubiera habido violencia en las personas o intimidación cuando se produjo su ocupación o durante su permanencia en las mismas”. Y nosotros, ante semejantes desaguisados y ataques al derecho de propiedad reconocido, expresamente, en nuestra Carta Magna, nos preguntamos: ¿no es un acto de violencia el penetrar en una vivienda, rompiendo la cerradura, aprovechándose de la ausencia de sus legítimos ocupantes?, ¿cómo se califica el hecho de que una familia que está en su propio domicilio y se vea sorprendida por la invasión del mismo por unas personas que, aún sin violencia, toman posesión del lugar sin hacer caso de las protestas de quienes la venían habitando? ¿A quién le pasa por la cabeza esta absurda idea de que privar a una persona de la propiedad o el uso de su morada, por los medios ilegales no reconocidos por la Ley, puede ser generadora de un derecho que lo único que haría sería legitimar un acto reprobable y contrario a los derechos legales de las personas perjudicadas?

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, nos sentimos desasistidos como ciudadanos de una democracia en la que quienes forman parte del Gobierno son los primeros que favorecen que se pongan limitaciones fraudulentas a derechos que emanan de la misma Constitución, con la misma tranquilidad con la que uno se toma un vaso de agua y, con el añadido de que parece que nadie se opone a que, hechos semejantes, puedan suceder en un Estado de derecho que, en lugar de perseguir a los delincuentes, lo que hace es crear leyes y normas para favorecerlos. Cada vez, y los hechos lo confirman, parece que vamos camino de lo que pudiera ser una repetición, actualizada, de los hechos que dieron lugar a que España y los españoles se enzarzaran en una lucha fratricida que, como ocurrió entonces, puede acabar con un enfrentamiento directo contra el comunismo frente-populista. Y, para terminar, leamos a Aristóteles: “En su mejor momento el hombre es el más noble de todos los animales; separado de la ley y la justicia es el peor.”

¿Nuevo Cisma de Occidente?
Manuel Pastor  Libertad Digital 25 Enero 2021

Como insinué hace algunas semanas en un artículo, el mundo puede estar presenciando los inicios de un Nuevo Cisma de Occidente, esta vez no religioso sino político: ya teníamos dos Papas (Benedicto y Francisco, ambos en Roma por consenso), y ahora tenemos también dos Emperadores (los presidentes estadounidenses Donald Trump y Joe Biden, separados y enfrentados por falta de consenso). Aunque Trump haya quedado relegado a la sede cismática y simbólica de “Aviñón”, en Mar-a-Lago (Florida), sigue siendo considerado el presidente legítimo por una “Trump Nation” con 75 millones de ciudadanos/votantes leales (¡imaginemos un país con casi 30 millones más que España!).

Lo que voy a decir a muchos le parecerá una broma o una blasfemia política: en mi opinión Trump ha sido uno de los presidentes americanos más importantes –sin menospreciar a otros esenciales (para mí, notablemente los presidentes Ulysses S. Grant, Theodore Roosevelt, Franklin D. Roosevelt y Ronald Reagan)- desde Lincoln y la Guerra de Secesión en el siglo XIX, por las sendas profundas crisis históricas y constitucionales de la Democracia Americana que a ambos les tocó vivir (Lincoln: una guerra civil con más de 620.000 muertes. Trump: una pandemia criminal con más de 400.000 hasta ahora). Crisis a las que tuvieron que enfrentarse con decisión y coraje, aparte del dramatismo que rodeó el final de sus respectivos mandatos.

Lincoln, como es sabido, fue asesinado. Trump lo está siendo simbólica y políticamente, censurado en las redes sociales, y linchado por la prensa y la televisión en medio del presunto gran fraude electoral que ha “cancelado” la Democracia Americana. Si Trump es el Abraham Lincoln de nuestros días, Joe Biden debería ser considerado el traidor Jefferson Davis o, con menos melodramatismo, un Fake President gracias a la corrupción electoral, el resentimiento NeverTrump y las sucesivas traiciones al presidente legítimo por los dos partidos del Establishment, por la gran mayoría de los medios de comunicación y por la siniestra confederación Big Brother Tech.

Quizás no somos plenamente conscientes de que hoy estamos inmersos en otra Guerra Civil, no militar sino cultural y legal-constitucional. Si el trasfondo internacional del presente es el de una nueva Guerra Fría Global con guerras periféricas “calientes”, en el plano nacional (en los Estados Unidos, en España y en las demás naciones) es una auténtica Guerra Civil Cultural y Mundial entre dos culturas políticas incompatibles: de una parte una cultura democrática liberal (constitucional) y de otra una cultura antidemocrática colectivista (anticonstitucional).

El carácter democrático, se infiere, está en relación directa con el imprescindible respeto a las “reglas del juego”, la Constitución, la legalidad constitucional, y la limpieza en las elecciones (es decir, los inalienables derechos individuales y el imperio de la ley, lo que en Europa llamamos el Estado de Derecho). Como dijo Lincoln ante la Secesión, cualquier alternativa de facto a la Constitución no es democracia, sino “anarquía” (además, el uso y abuso del impeachment fuera de lo previsto constitucionalmente es prevaricación, anarquía legal).

El primero de los derechos naturales inalienables –como reza la Declaración de Independencia de 1776- es el Derecho a la Vida. Trump ha sido el primer presidente expresa y plenamente Pro-Life de la historia. Biden, pese a declararse “católico” (hipócritamente, como muchos de nuestros “democristianos”), está a favor del aborto a la carta. Asimismo ha anulado con una orden ejecutiva la Comisión 1776 que Trump creó para defender los fundamentos de la Nación estadounidense, y contrarrestar el Proyecto 1619, que propone una especie de Memoria Histórica progresista basada en el “racismo sistémico”.

Resulta casi tedioso tener que repetir los grandes logros de Trump en solo cuatro años (v. por ejemplo Deroy Murdock, “Final, fair look at Trump presidency…”, FoxNews, Jan.16, 2021). Me limitaré a mencionar cinco áreas: Políticas Pro-Vida. Políticas a favor de la paz mundial y tratados en Oriente Medio entre Israel y regímenes árabes. Políticas de prosperidad económica, desregulación y recortes fiscales, con mejoramiento histórico de las minorías. Nombramientos de tres jueces conservadores en la Corte Suprema y casi trescientos en las Cortes Federales. Fortalecimiento de las fronteras, de las Fuerzas Armadas y de la Seguridad Nacional frente a los enemigos exteriores (particularmente China). Todos estos logros han sido acompañados de un profundo sentido patriótico y entusiasmo popular (un populismo que no dudo en calificar de positivo, a diferencia de los populismos izquierdistas).

Pero este Nuevo Cisma de Occidente (de las democracias liberales, mientras en Oriente se consolida un Imperio Totalitario), aparte de su naturaleza global como consecuencia de la Guerra Civil Cultural y Mundial, tiene ya ramificaciones particulares en los Estados Unidos, como la guerra civil política dentro del Partido Republicano, entre populistas y elitistas (Trumpistas vs. Establishment GOP), o la guerra civil religiosa dentro de la Iglesia Católica americana que seguramente contagiará al propio Vaticano (cardenal Gómez vs. cardenal Cupich), por los problemas morales relativos al aborto, la familia, las delirantes políticas de género, etc.

El decadente física y moralmente “Emperador Biden” en la Casa Blanca –pendiente de las revelaciones que se produzcan sobre la presunta corrupción a través de su hijo Hunter Biden- representa muy bien el triste hecho de que hoy el siniestro “Estado Profundo” ha usurpado el Estado.

Es imposible no ver paralelismos entre los gobiernos “Kerenski” de Joe Biden-Kamala Harris y de Pedro Sánchez-Pablo Iglesias. Igualmente entre la histeria de la derecha americana afectada por el Trump Derangement Syndrome y la que padece la derecha española con el Vox Derangement Syndrome. Algunos como el ex presidente Aznar o el ex embajador Rupérez, y casi todos los dirigentes actuales del PP, con Pablo Casado a la cabeza, puede que necesiten ayuda psiquiátrica urgente como patéticos sufridores de ambos síndromes transatlánticos.

Aún queda molestar
Rosa Díez okdiario 25 Enero 2021

Una amiga me recordó hace unos días la pintada ácrata que apareció, allá por los años setenta, en la pared de un colegio de Rubí: “Aunque todo esté perdido, aún queda molestar”, lo que, a mi modo de ver, es toda una llamada a la acción.

No nos podemos rendir. En un momento especialmente delicado para las libertades y particularmente crítico para la salud y el bienestar de los españoles, es más necesario que nunca dar la batalla de las ideas. Lo que está ocurriendo en España no es producto de la casualidad, ni siquiera es consecuencia de la incapacidad y el sectarismo de nuestros gobernantes. Su actitud y su falta de principios ayuda, naturalmente; pero todo lo que nos pasa obedece a una estrategia diseñada y fielmente ejecutada por los propagandistas que llevaron al caudillo Sánchez a obtener la Presidencia del Gobierno de España. Claro que la ausencia de escrúpulos del impostor que habita en la Moncloa es imprescindible para tejer y acometer un plan de estas características; pero estamos ante una función milimétricamente diseñada para pervertir el orden constitucional con el último y único objetivo de apalancarse en el poder.

Frente al oscurantismo decretado por el Gobierno y convenido con sus terminales mediáticas, hay que levantar la voz. Frente a la estrategia goebbelsiana de superposición de noticias, de ruido blanco para tapar con cada nuevo escándalo el escándalo anterior, es preciso tomarse la molestia de señalar cada uno de los actos y a cada uno de los protagonistas que están convirtiendo a España en el país más arruinado y más enfermo de la UE, en la anomalía democrática de Europa.

“Recordar es un deber”, proclamó Primo Levi mientras daba la batalla contra el olvido dando conferencias en las universidades de todo el mundo. Él se estaba refiriendo a una época terrible de la historia europea en la que el sistema propagandístico hitleriano organizó la mayor masacre contra la humanidad –sólo comparable con la perpetrada por los admirados líderes comunistas de los socios de Gobierno del caudillo Sánchez- y pretendía eludir su responsabilidad a base de propaganda y ruido blanco incluso una vez desvelados todos sus horrendos crímenes.

Es verdad que las consecuencias –la aniquilación física del adversario, borrar su historia, tratarlo como si no fuera un ser humano… – de la política nazi no son equiparables con la situación por la que atraviesa España. Pero, como explico en mi nuevo libro ‘La Demolición’ (el 27 en librerías, editado por @esferalibros), ambos episodios tienen en común la táctica utilizada para conseguir su objetivo de ostentar un poder absoluto. Baste fijarse en que los principios de propaganda diseñados por Goebbels -que llevaron a la población alemana a la alienación primero y a la autojustificación después- se han convertido en la guía aplicada por Sánchez para eludir su responsabilidad sobre lo que ocurre en nuestro país y para que la superposición de escándalos nos impida ver la magnitud de la tragedia.

El virus de la desinformación para combatir la verdad se nos ha venido inoculando desde que Sánchez llegó al Gobierno con una performance diseñada para que pareciera que su moción de censura tenia como objetivo regenerar la democracia. España tardará muchos tiempo en conseguir la inmunidad de rebaño frente al Covid-19, pero Sánchez ha conseguido su impunidad tratándonos a todos los españoles como si fuéramos un rebaño adocenado y silencioso dispuesto a recibir la buena nueva de cada una de sus soflamas. Y así, encerrados, con nuestras libertades mermadas, con un férreo control sobre la información libre, hemos ido quemando etapas y asumiendo en cada momento lo que el Gobierno necesitaba que creyéramos para seguir eludiendo su responsabilidad: que el virus era una gripe; que no había peligro de contagio cuando se producían altas concentraciones humanas, que no se iban a dar apenas casos en España; que los test era innecesarios; que las mascarillas eran contraproducentes; que las mascarillas FP2 eran “egoístas”; que habría vacunas para todos en tiempo récord; que había un plan de vacunación nacional; que el virus estaba vencido; que podíamos salir a la calle a consumir y a recuperar la vida en la “nueva normalidad”; que la economía apenas se iba a resentir; que ningún español se iba a quedar atrás…

A Sánchez la pandemia le ha proporcionado las coartadas que necesita para acelerar su objetivo de pervertir el orden constitucional. Pero no todo está perdido, nos queda algo más que molestar…. aunque molestar sea siempre una buena opción frente a quienes nos desprecian como ciudadanos. El activismo democrático y ciudadano puede impedir que Sánchez consiga su objetivo de ser el caudillo español del siglo XXI. Empecemos por contar la verdad sin cansarnos de repetirla y por no asumir que estamos sufriendo una maldición bíblica contra la que no tenemos nada que hacer.

Somos una inmensa mayoría quienes estamos a favor de la democracia y la convivencia entre españoles, quienes creemos que ya tuvimos bastante con un caudillo. Hagamos que se sepa.

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España, en precario
Carlos Mármol cronicaglobal 25 Enero 2021

El mundo sigue vuelto del revés. Los británicos se han despedido de Europa con un Brexit súbito pero nos han legado Gibraltar –por supuesto, sin renunciar a su soberanía y endosándole a España la negociación sobre los privilegios fiscales de la Roca– y una nueva cepa del coronavirus más mortal y contagiosa. Como nadie tomó a tiempo medidas de control en los aeropuertos –este Gobierno fleta aviones para trasladar en secreto a los inmigrantes de Canarias, igual que hacía Rajoy–, bastó el arribo de un par de pasajes desde Inglaterra para que la nueva versión vírica de la pandemia, que según Fernando Simón iba a ser “marginal”, sumada a la devoción familiar, secular costumbre de nuestras Navidades, haya disparado el número total de contagios, muertes y desesperación hospitalaria en todas las Españas, tanto en las vacías como en las diferenciales.

En Cataluña, mientras tanto, los que decían sentir devoción por las urnas de plástico ya no quieren que se vote (el 14-F) y formulan la enésima teoría sobre la conspiración del Estado en contra el independentismo, que estrena nuevo lema: No votarem. Los analistas se dejan los sesos –la materia cerebral, a estas alturas, es escasa– tratando de desentrañar la certeza del Efecto Illa, cuyo apellido significa una cosa en catalán y otra, muy distinta, en el sermo hispalensis.

Que España no va bien lo evidencia que muchos crean que el ministro de Sanidad es un líder con carisma, alguien que se niega –sin argumento científico; más bien, en contra de todas las recomendaciones médicas– a autorizar un confinamiento inevitable para que las muertes provocadas, primero por el virus, y después por la irresponsabilidad de la Moncloa y las autonomías, no terminen inundando las morgues y destrozando un sistema sanitario que ha soportado en un año más pruebas de estrés que la banca durante la última crisis financiera. Aquella etapa de nuestra historia reciente nos va parecer poca cosa a tenor de las sombras que se ciernen sobre nuestras cabezas.

España, que a pesar de las apariencias nunca ha sido un país rico, y no digamos ya culto, se aproxima a toda velocidad hacia una situación de precariado estructural y duradero, provocado no tanto por la debilidad de nuestro tejido económico y la pandemia como por la demostradadísima inmoralidad que nuestros dirigentes. ¿Puede calificarse acaso de otra forma a la larga lista de políticos, concejales, militares y próceres que han decidido administrarse a sí mismos la vacuna mientras niegan la profilaxis a parte de los profesionales sanitarios y a la población de riesgo? Que esto suceda es mucho más alarmante que los intentos –sin duda, denodados– del Gobierno por controlar a los jueces e imponer un relato único de la realidad.

¿Qué pensarán de nosotros en Europa? Pues lo evidente: que para salvar el euro tienen que prestarle dinero a un país que no es solvente, rara vez dice la verdad sobre sus cuentas públicas, se resiste a dejar de practicar determinados vicios feudales, continúa encadenado a identidades ficcionales y cuyas élites no piensan ni en las generaciones venideras ni conocen la ejemplaridad pública. Por no hablar de la desidia ante muerte, que avanza porque no somos capaces de dejar de practicar el nepotismo sentimental, dogma único de nuestras singulares relaciones sociales.

El cuadro, desde luego, da miedo: la curva de contagios se dispara y la fractura social se ensancha. Más de seis millones de españoles viven como el coronel de la novela de García Márquez: pendientes de subsidios que no llegan –pese a la propaganda gubernamental– y que son insuficientes ante un incremento exponencial del desempleo que cristalizará a medida que avance el año y las quiebras empresariales se sucedan como las fichas del dominó. La deuda de España asciende ya el 120% del PIB. El famoso escudo social es una manta llena de agujeros: ni abriga ni evita que el viento nos castigue. Todo es naufragio.

Los funcionarios de la Seguridad Social, escondidos detrás de la administración electrónica, se han transformado en unicornios: seres ficticios que sabemos que no veremos nunca. Miles de personas se han quedado sin recursos y no tienen a nadie a quien acudir. La asistencia sanitaria primaria no se ha recuperado del colapso, el Sepes –al que seguiremos llamando Inem– está saturado y las suspensiones de pagos dejarán de ser hipótesis para convertirse en quiebras firmes, al tiempo que la tercera ola supera los registros del primer Apocalipsis.

No habrá otro confinamiento general por motivos estrictamente políticos, pero el quebranto económico derivado de la extensión del coronavirus sí puede transformarse en una enfermedad crónica. Estamos a las puertas de un nuevo crack financiero global provocado por el estrangulamiento económico y una crisis de deuda que puede conducir al país a un default que no evitarán ni todas las subidas de impuestos del mundo. España construye cada día que pasa su propia precariedad. Nos merecemos un premio.


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