AGLI Recortes de Prensa   Jueves 28  Enero  2021

Indignidad, Illa e Iceta
Agapito Maestre Libertad Digital 28 Enero 2021

Un poco de silencio siempre viene bien. Hacer hueco a nuestra conciencia para que entre alguna novedad es siempre placentero. La salida de un ministro es siempre un estímulo para el olvido, para volver a empezar, para creernos que es posible la felicidad. No es el caso de la salida de Illa, porque lo seguiremos viendo a todas horas con el rollo de Cataluña. Y, además, han traído a Iceta para que nos acordemos continuamente de su cuate. Estos tipos son una pesadilla. ¿A qué viene Iceta? Hagan cábalas, pero la primera es obvia. Iceta viene a sustituir a Illa. Sí, viene para que no nos olvidemos de este tipo cruel y mentiroso. Sánchez es único para torturarnos: nada de olvidos para traer un poco de placer a nuestras vidas.

Iceta e Illa son dos políticos intercambiables, a pesar de las aparentes diferencias. Uno se va a su pueblo y el otro viene, sí, también de la provincia. Los dos son terriblemente pueblerinos. Los dos se dan el pico con lo peor de Cataluña. Son dos camelistas. Ayudarán a Sánchez-Iglesias a construir el gran camelo, una república de carácter federal y, sobre todo, autoritaria. Quieren ahondar en los métodos represivos tan bien experimentados en Cataluña. Destruir la España liberal y democrática es el único objetivo de estos sujetos. Illa regresa a su comunidad con una cierta pátina de la capital, quizá eso le sirva para ganar algunos miles de votos más que los obtenidos por Iceta, quien regresa a Madrid, después de muchos años, porque fue entre 1995 y 1996 subdirector del gabinete de Presidencia con Felipe González. De esa época viene el mal fario de este político gritón y bailarín, porque Iceta siempre ha hecho fracasar al PSC en todas las elecciones.

Illa e Iceta han demostrado con creces su alto nivel de incompetencia. Pero eso da igual a Sánchez. Lo importante es que ayuden a domar a los constitucionalistas en toda España. El resto es palabrería. El daño que estos dos políticos seguirán haciendo a la nación, a la única nación, es comparable a su nivel de inmoralidad. Iceta desconoce el significado de la palabra moral. Puede defender una cosa y la contraria con una palabrería insólita. Algunos le atribuyen inteligencia, pero es solo perversa osadía. Nada. Maldad de rico de pueblo. Illa desconoce por completo la emoción del arrepentimiento y, por supuesto, jamás pedirá perdón a los familiares de las miles de víctimas que su nefasta gestión ha provocado.

Estos dos políticos, como la volteriana Madame de Châtelet, apartan continuamente de su mente el recuerdo de las faltas que han cometido. Tienen incorporado en su cuerpo una especie de mecánica de la felicidad, cuya primera regla es olvidar sus faltas. No reprocharse jamás sus propio errores. No dedicar tiempo alguno a reparar en sus propios desaguisados. ¿Cuántas villanías han cometido y dicho estos dos tipos? Se cuentan por decenas. La primera y principal de Iceta es haber mantenido que España tiene ocho naciones… Alguien que ha dicho eso no puede jurar su cargo de ministro de la Nación a no ser que haya perdido la dignidad. Después de haber fracasado en la cosa catalana en todas las elecciones, ¿a qué viene Iceta al Gobierno de España? A proseguir la principal labor de su discípulo Illa: mentir, mentir y mentir. Y, de paso, hará agitación y propaganda para sacar a los golpistas de la cárcel y preparar un referéndum de autodeterminación. En fin, es falso todo ese cuento de que Sánchez ha nombrado a Iceta ministro de Política Territorial para pagar no sé qué al PSC. Mentira. Lo ha traído para romper definitivamente España.

La desvergüenza del fugitivo Illa
Carlos Dávila okdiario 28 Enero 2021

Se ha marchado, ha huído, del Ministerio de Sanidad con estos datos oficiales (los auténticos son aún peores) trágicos: España, personas infectadas, 95.000; personas muertas, 800. Cifras globales del martes. Este es el balance de un político, en fuga, Salvador Illa, que, sin embargo, acumula dos constancias curiosas: que su jefe le califica como el mejor ministro de Sanidad que haya habido nunca en España, y que preside las encuestas de intención de voto en Cataluña, sondeos no sólo el desahogado de Tezanos y su oneroso CIS, sino casi los de todas las empresas demoscópicas más o menos serias. En una democracia acreditada, con este balance el tipo en cuestión regresaría a su pueblo con las orejas gachas, casi de incógnito no fuera a ser que le apedrearan. Pero, por si el resumen con el que he empezado resulta breve, relato ahora otro más largo que acredita la penuria, cuando no la inane gestión y hasta la negatividad, con que IIla ha ejercido de gregario de Sánchez en el Ministerio de Sanidad.

Primero, se ha ido con los hospitales de todo el país a punto del estallido, por más que los negativistas se han echado a la calle a proclamar que hay camas vacías por todos los centros. Segundo, su fuga coincide al segundo con una cobertura de UCIS por coronavirus que alcanza ya el 80 por ciento de su capacidad. Tercero, ha programado al alimón con su mecenas Sánchez el escape viajando a Cataluña, la que él y el PSOE pretenden gobernar, con unos números pandémicos que son los peores del país: Cuarto, ha emprendido una gran evasión política, sin que los hospitales alojen al cien por cien de su población sanitaria; es más, en un momento en que las bajas por traumas físicos y psíquicos, han aumentado por encima del 20 por ciento del contingente técnico, desde médicos a celadores. Quinto, ahora mismo estos profesionales se están empezando a plantear el temido “triaje”, o sea la selección de pacientes a los que se puede atender o, sencillamente, dejar que se recuperen por sí solos. Y sexto, después de fardar el 30 de diciembre ignominiosamente con su jefe Sánchez con la llegada urgente de vacunas para inmunizar masivamente a los españoles, ahora se está demostrando que no existen según lo prometido estos viales y que, a mayor abundamiento, los criterios de selección son absolutamente subjetivos.

El nuevo Colegio de Médicos de Madrid (me refiero al nuevo porque el anterior era sólo una franquicia de Podemos) ha advertido de que España camina inexorablemente hacia el “colapso del sistema sanitario”. No es esta una institución que hable por boca de ganso; es una entidad profesional y científicamente muy respetada, que avisa de una situación que merecería por parte del Gobierno, no el cese de su primer responsable, sino, por ejemplo, la estructuración de una auténtica comisión de técnicos que gobernara no políticamente, sino sanitariamente una situación que en estos momentos es desesperada. Pues bien, lejos de una actuación tan simple y sensata como ésta, Sánchez deposita la Sanidad en manos de una letrada de medio pelo que lo único que reconoce saber de esta Sanidad es cómo aplicar una tirita sin que se despegue del todo.

Illa se fue con otro corte de mangas a los madrileños
OKDIARIO 28 Enero 2021

La manera que ha tenido Salvador Illa de despedirse de los madrileños revela hasta qué punto su gestión ha supuesto un agravio a una comunidad a la que ha convertido durante meses en enemiga a batir por estrictos motivos partidistas. No sólo ha abandonado el Ministerio de Sanidad enviando un 12% más de vacunas a los catalanes que a los madrileños -esa era su arma electoral secreta-, quitando unidades prometidas a Madrid para enviarlas a otras comunidades, sino que antes de irse rechazó por carta más controles en el aeropuerto de Barajas, pese a la petición de Isabel Díaz Ayuso para proteger a la población frente a las nuevas cepas del coronavirus.

Siete días después de que el consejero madrileño de Sanidad, Enrique Ruiz Escudero, le reiterara la necesidad de endurecer los controles en el aeropuerto madrileño, Illa contestó con una sonora negativa. En los siete días que Illa tardó en responder, en Madrid se produjeron 43.893 contagios más, 1.316 ingresados más en hospitales, 55 más en UCI, y 332 muertos más por el COVID. Illa, con su firma personal, señala en la carta que contesta a la misiva de Ruiz Escudero que «quiero recordarte que la entrada de todas las personas nacionales de países terceros, entre ellos Brasil y Sudáfrica, está denegada salvo excepciones […]. En este sentido, los vuelos procedentes de Brasil transportan exclusivamente personas que se acogen a las citadas excepciones esenciales y que seguirán viniendo en caso de una eventual limitación de los vuelos».

Por último, Illa se encomienda al «protocolo» que recoge «una guía para trabajar en la determinación de la incidencia de las variantes genéticas del virus» y subraya que «en esta misma línea vamos a seguir trabajando». Hace falta tener cara. Todo un regalo envenenado del ya exministro que se traduce en que no habrá más controles, por mucho que la incidencia de la cepa británica sea ya en Madrid del 9% y subiendo.

En resumen: Illa se va a Cataluña a hacer campaña, después de hacerle la puñeta a Madrid. Como baza electoral no puede ser más innoble.

Balas de fogueo contra el dr cum fraude
Nota del Editor 28 Enero 2021

Los toreros largan trapo para despistar al toro, los comunistas sueltan a don tancredIlla para que los despistados le lancen balas de fogueo mientras el dr cum fraude sigue destruyendo España.

Por qué convirtieron la epidemia en una guerra
Juan M. Blanco. vozpopuli  28 Enero 2021

La actual pandemia ha conducido a buena parte de los gobiernos democráticos a declarar estados de emergencia, recurrir a poderes extraordinarios, legislar por decreto y suprimir ciertos derechos y libertades que, hasta hoy, parecían asentados. No sólo se ha restringido la libertad de movimiento; también, en ocasiones, la posibilidad de ganarse la vida, trabajar o gestionar el propio negocio. Algunos gobiernos han quebrado el derecho a la intimidad, imponiendo aplicaciones de vigilancia electrónica que controlan cada movimiento. Y se ha restringido la libertad de expresión, censurando las voces que expresan opiniones críticas con las medidas gubernamentales.

A pesar de su gravedad, estos hechos no parecen preocupar a parte de la ciudadanía que, atrapada en un aparente dilema entre libertad y seguridad, parece decantarse por las medidas que aplaquen sus miedos, pensando quizá que la renuncia a la libertad es pasajera, que las aguas regresarán a su cauce una vez superada la emergencia. Pero la experiencia histórica muestra que la vuelta atrás no siempre es completa, que las emergencias crean precedentes, abren brechas por las que el ejecutivo expande su poder a costa de la sociedad civil. Pasada la alarma, los gobernantes suelen retener algunas de las prerrogativas extraordinarias, convirtiéndolas en permanentes.

Así, la sucesión de emergencias genera un mecanismo que, de forma lenta, paulatina y casi siempre desapercibida, va entregando al ejecutivo un poder creciente a costa de los derechos ciudadanos. Algunos han comparado este fenómeno al funcionamiento de un trinquete, esa pieza mecánica que solo puede girar en un sentido, sin posibilidad de retroceso.

La actual crisis constituye nuevo episodio, eso sí, especialmente severo, del proceso que va borrando lenta y silenciosamente esos límites que las constituciones clásicas establecieron para evitar un ejercicio despótico del poder. La degradación del Estado de derecho se ha acelerado en las últimas décadas pues los gobernantes descubrieron que las alarmas podían generarse a voluntad.

'Inter arma, silent leges'
Resulta llamativo que la Constitución de los Estados Unidos, la primera de la historia moderna, no contemple cláusula de excepcionalidad que permita limitar derechos fundamentales en caso de emergencia. Conscientes de que se trataba de un arma de doble filo, los padres fundadores descartaron incluirla, aun conscientes de que, en caso de guerra o disturbios graves, el presidente tendría que rebasar seguramente los límites de la Constitución. Inter arma, silent leges (el estruendo de las armas acalla las leyes), había sentenciado muchos siglos antes el pensador y jurista romano Cicerón.

Pero la gran preocupación de los constituyentes norteamericanos era la vuelta atrás una vez finalizada la guerra. ¿Qué fuerza sobre la tierra podría asegurar la devolución al pueblo de esos poderes extraordinarios? Especialmente pesimista se mostraba John Adams, quien no veía fácil reencarrilar el sistema político: “Una vez perdida la libertad, se pierde para siempre”.

Aberrante y peligroso, aunque a veces necesario, el estado de emergencia era un concepto difícil de encajar en un sistema constitucional que intentaba garantizar el equilibrio de poderes, los controles y contrapesos. Según Jules Lobel en “Emergency Powers and the Decline of Liberalism”, llevó siglo y medio, y la participación de los Estados Unidos en dos guerras mundiales, para que los poderes extraordinarios del presidente acabaran de asentarse legal y doctrinalmente. Aquella inicial desconfianza en el ejecutivo no se manifestó en otros países y, hoy día, la mayoría de constituciones contemplan explícitamente estados de emergencia, la posibilidad de restringir derechos, eso sí, de forma excepcional y provisional, no prolongada y permanente… al menos sobre el papel.

Sin embargo, en las últimas décadas se ha ido degradando el concepto de emergencia, aumentando notablemente los eventos clasificados como tales. Si no hay guerra… se inventa o, al menos, se recurre a símiles bélicos en un intento deque muchos problemas sociales sean percibidos simbólicamente como conflictos armados.

Así, la “guerra contra el terrorismo” permitió promulgar legislaciones lesivas para los derechos y libertades. Hay un antes y un después del 11-S en Estados Unidos. Igualmente, la guerra contra las drogas, la guerra contra el cambio climático, la guerra contra la violencia machista etc., aportaron excusas para promulgar leyes que difícilmente habrían encajado en un marco de normalidad. El repertorio de problemas que se travisten de conflicto bélico ha crecido de manera exponencial.

Una vez señalada una nueva “guerra”, los gobiernos tienden a reaccionar en exceso, a aplicar medidas que sobrepasan la dimensión del problema, vulnerando con demasiada frecuencia los derechos fundamentales. Finalizada la alarma, parte de la legislación excepcional permanecerá en la “nueva normalidad”, afianzando la preponderancia del ejecutivo. Y la constante sucesión y superposición de conflictos bélicos va contribuyendo a difuminar la frontera que antaño separaba nítidamente emergencia y normalidad, dando lugar a un permanente estado de semiemergencia y a nuevas normalidades.

¡Guerra al virus!
En este sentido, la covid-19 constituye una “nueva guerra”, la primera campaña militar contra un agente microscópico. No es casual, ni inocente, la retórica bélica con la que se abordó la pandemia. Algunos llegaron incluso a emular el famoso discurso de Winston Churchill en 1940 llamando a la resistencia a ultranza como si, en lugar de unos virus, fueran los Panzer del general Heinz Guderian los que aparecerían por la calle en cualquier momento. Naturalmente, el heroísmo no consistía en combatir bravamente en los mares, en las playas, en las trincheras, sino… quedarse en casa encerrado sin hacer nada.

No, no es una guerra, sino una enfermedad, una pandemia como las que han azotado periódicamente a la humanidad. Esas que en el siglo XX se atajaron a base de recomendaciones, sugerencias y acciones voluntarias tomadas responsablemente por los ciudadanos. Ninguna pandemia, hasta hoy, había conducido a semejante restricción de derechos y libertades, ni a tal concentración de poder arbitrario en manos de los gobernantes. Ni siquiera en casos más graves. Las restricciones coactivas pueden aliviar los miedos, conseguir adeptos, promover la demagogia, triturar al disidente… pero difícilmente afectar al curso de la enfermedad.

A finales de los años 80 del siglo XX, ante la enorme expansión del sida, el Gobierno de Cuba estableció análisis de sangre para los mayores de 15 años. Aquellos que mostraron resultado positivo en VIH fueron recluidos en centros especiales, que hacían las veces de sanatorio y prisión, aislados permanentemente del resto de la sociedad para evitar contagios. Por suerte, esta estrategia para contener la epidemia fue rechazada en los países democráticos ya que vulneraba la libertad, los derechos fundamentales.

El fin no justificaba los medios.
Pero los tiempos han cambiado y el péndulo ha oscilado ampliamente hacia la seguridad aparente, alejándose de la libertad. Que gran parte del público acepte de buen grado las actuales restricciones no se debe solo al pánico, ni siquiera al atractivo que el dolce far niente ejerza sobre una minoría. Se debe, sobre todo, a una visión de corto plazo, a una miopía que otorga desmedido valor al alivio presente, a la engañosa tranquilidad de hoy, minusvalorando los tremendos perjuicios políticos, sanitarios, psicológicos, económicos y sociales que deberemos afrontar en el futuro.

Las violaciones de los derechos fundamentales parecen temporales, transitorias. Pero algunas se transformarán en permanentes por la fuerza del precedente, de la costumbre. Una vez aceptados hoy, parte de los abusos excepcionales pasarán a formar parte de la vida cotidiana sin que el público llegue a ser muy consciente de ello. Y serán utilizados como punto de arranque para una nueva vuelta de tuerca en la próxima eventualidad que se pregone como guerra. Lo señalo con especial crudeza Benjamin Franklin: “Aquellos que están dispuestos a renunciar a la libertad para obtener un poco de seguridad temporal, no merecen ni la libertad ni la seguridad”.

Memoria democrática, dicen
Xavier Pericay. vozpopuli  28 Enero 2021

Vaya por delante que nada tengo, en lo personal –otra cosa es en lo político–, contra Carmen Calvo. Digo esto para que nadie se sorprenda de la frecuencia con que su nombre aparece en mis artículos del jueves. La explicación es de lo más sencilla: la vicepresidenta primera del Gobierno abarca mucho. Y, encima, a la hora de apretar no se corta un pelo. De ahí que, puestos en la tesitura de comentar la actualidad política, a menudo no quede más remedio que cruzarse con su figura.

El Anteproyecto de Ley de Memoria Democrática, por ejemplo. Cae de lleno, denominación incluida, en su Ministerio. Pero, al margen de esa dependencia orgánica, están las formas de la vicepresidenta, no muy alejadas de las que emplearía un elefante en una cacharrería. El pasado 28 de octubre Calvo declaraba que el Gobierno “no va a parar hasta ver una (nueva) Ley de Memoria Democrática en el BOE”. El 15 de septiembre anterior el Consejo de Ministros había aprobado el anteproyecto de ley que hace al caso, pero, con las prisas que conlleva el no parar, al legislador se le había olvidado –tal y como reveló el diario ABC– un requisito previo obligatorio, la Memoria de Análisis de Impacto Normativo. No importó. Se redactó el documento en cuestión y se añadió al expediente dos meses más tarde. Sobra precisar que una menudencia de ese tipo para nada iba a frenar los propósitos de un Ejecutivo acostumbrado a tensar el marco legal hasta quebrarlo, si es preciso.

Ahora esa Ley de Memoria Democrática está a punto de iniciar su andadura en las Cortes, ya como proyecto de ley. Es muy probable que su tramitación acabe siendo un calco de la que tuvo la llamada ley Celaá. En otras palabras: que lo peor, rodillo incluido, esté por llegar. Aun así, un simple vistazo a la “exposición de motivos” del anteproyecto permite hacerse ya a la idea de lo que, por desgracia, nos espera. Esa ley no será una ley de memoria, ni será democrática. No será de memoria, porque omite a conciencia la que afecta a una proporción considerable de familias españolas y porque falsea, edulcorándola, la de otras muchas. Y no será democrática, porque parte –al igual que hacía, por cierto, su antecesora, la conocida como ley de Memoria Histórica, promulgada en 2007 bajo la presidencia de José Luis Rodríguez Zapatero– de la convicción de que sólo hubo demócratas, y nada más que demócratas, en uno de los bandos enfrentados durante la Guerra Civil.

El texto merecería un sinfín de acotaciones. Casi no existe frase en que la ideología del actual Gobierno social-comunista no enseñe la patita, por acción u omisión. Sólo se salvan, y a duras penas, aquellos fragmentos relativos a nuestra Transición política. Hasta tal punto es así, que alguien que ignorara lo que realmente ocurrió durante la Guerra Civil, leyendo dicha “exposición de motivos” llegaría fácilmente a la conclusión de que todas las víctimas fueron de un color y todos los victimarios del otro. También colegiría del texto que las únicas fuerzas extranjeras que intervinieron en la contienda fueron las aportadas por Alemania e Italia. Y, en fin, saldría de la experiencia con el absoluto convencimiento de que la Segunda República española no fue sino un dechado de virtudes fatalmente interrumpidas por un golpe de Estado fascista.

Invitación a la guerra civil
Ni una palabra, pues, de la represión en zona republicana contra decenas de miles de ciudadanos por su condición social, su fe o sus ideas. Ni mención de la violencia que, en esta misma zona, los comunistas ejercieron sobre trotskistas, anarquistas y republicanos. Ni tampoco de la decisiva intervención de la Unión Soviética en la guerra, por no hablar de esas Brigadas Internacionales donde se alistaron muchos antifascistas de buena fe, bastantes escritores afines al Komintern y no pocos rufianes metidos en política. Ninguna apreciación, en fin, sobre los claroscuros de un régimen, el de la Segunda República, que, al decir de quien fue su primer presidente, Niceto Alcalá-Zamora, nunca se configuró como “una sociedad abierta a la adhesión de todos los españoles”, ni sobre las imperfecciones de una Constitución que, a su juicio también, “invita a la guerra civil, desde lo dogmático”. Y son palabras escritas cuando faltaban pocos meses para el estallido de la guerra.

Con todo, acaso lo más obsceno de esta “exposición de motivos”, mucho más incluso que las mentiras, las lagunas –¿por qué no incluir en ella y en el resto de la ley, por ejemplo, a las víctimas del terrorismo de ETA?– y las medias verdades que contiene, sea esta frase: “(…) la principal responsabilidad del Estado en el desarrollo de políticas de memoria democrática es fomentar su vertiente reparadora, inclusiva y plural”. Justo lo que no es esta ley: reparadora, inclusiva y plural.

Ya lo decía José Luis Rodríguez Zapatero en vísperas de las elecciones generales de 2008 y a micrófono presuntamente cerrado: “Nos conviene que haya tensión”. La había entonces, la hubo luego y, a buen seguro, la habrá ahora. Recuerden que les conviene. Y, sobre todo, átense los machos.

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Sánchez y la selección vasca de fútbol
Pablo Planas Libertad Digital 28 Enero 2021

Habrá quien objete que el fútbol no es importante y llevará razón, pero es que todo lo importante, sustantivo y material ya está en manos del Gobierno vasco.

Son tantas y de tan grueso calado las barbaridades que perpetra el Gobierno que muchas de ellas pueden pasar desapercibidas o actuar como cortinas de humo de la ingente tarea de demolición de España a la que se ha entregado Pedro Sánchez con todas sus fuerzas. No es casual que haya nombrado ministro de Política Territorial y Función Pública a un personaje, Miquel Iceta, que tuvo el cuajo de declarar que en España hay ocho naciones según los estatutos de autonomía y nueve si se cuenta el preámbulo del estatuto de Navarra. Como es obvio, en semejante contabilidad España no es nada frente a Galicia, Aragón, Valencia, Baleares, Canarias, Andalucía, País Vasco, Navarra y Cataluña.

Sin embargo, Sánchez no necesita a Iceta, igual que le sobraba la anterior titular de la cartera, Carolina Darias, a la que ha mandado a tapar muertos en el Ministerio de Sanidad para cubrir la salida de ese estajanovista de la incompetencia que es Salvador Illa. El presidente del Gobierno se basta y se sobra para las operaciones de mayor calado. Y entre el embate de la pandemia, la operación Illa en Cataluña, el nombramiento de Iceta y el positivo de Iván Redondo, Sánchez dispone de las suficientes zonas de sombra y frentes abiertos como para abordar sin molestias la entrega de las competencias en materia penitenciaria al Gobierno autonómico vasco.

No será el País Vasco la primera de esas supuestas naciones de Iceta que tenga la llave de las cárceles. Cataluña ya dispone de tales atribuciones, lo que permite a los golpistas presos llevar una vida bastante relajada, toda vez que los actuales responsables de las prisiones son sus subordinados políticos. No en vano a la prisión donde se encuentran se la conoce como el Gran Hotel Lledoners. Así es que cuesta poco imaginar en qué se pueden convertir las cárceles del País Vasco para esos etarras a los que el nacionalismo vasco no considera asesinos sino "gudaris" (soldados).

El traspaso está prácticamente cerrado. Formaba parte del precio del apoyo del PNV y Bildu, el partido de los etarras, a los Presupuestos. Y ya que están en tratos Sánchez y el lendakari Íñigo Urkullu, en el mismo paquete se negocia que sea el Gobierno vasco quien disponga a su antojo de la parte correspondiente de los millones de la Unión Europea, así como del llamado ingreso mínimo vital. Pero falta la guinda, el estacazo definitivo, el colofón a tanto desafuero, un redoble de tambores final que dinamite en el imaginario colectivo la idea de España. Y para ello nada mejor que una apelación directa a las emociones y los sentimientos, la independencia deportiva del País Vasco.

Pedro Sánchez, alias el Sepulturero, está dispuesto a permitir que el País Vasco disponga de selecciones nacionales, empezando por la de fútbol. Habrá quien objete que el fútbol no es importante y llevará razón, pero es que todo lo importante, sustantivo y material ya está en manos del Gobierno vasco, de modo que sólo queda por rendir cosas simbólicas, como la representación deportiva de España. La federación vasca de fútbol ha hecho ya una petición formal ante la FIFA y la UEFA para ser reconocida como una nación y tener derecho a una selección que compita incluso contra la selección nacional. Ahora cuentan además con la complicidad de Sánchez.

Como en el caso del Reino Unido, antecedente que tanto se cita, los clubes vascos deberían abandonar la liga nacional para formar su propia competición por equipos, igual que en Gales o en Escocia. Sería una lástima que la Real Sociedad, el Bilbao o el Éibar se vieran obligados a jugar contra el Amurrio, el Bermeo o el Zumaiako, grandes entidades, sin duda, pero sin el tirón del Real Madrid, el Atlético, el Sevilla, el Valencia o el Cádiz. Seguro que el nacionalismo catalán se suma a la reivindicación. De hecho, es una vieja aspiración del separatismo. También será una lástima, sobre todo por el Español, desde hace unos años Espanyol para satisfacer al antedicho separatismo.

Todo esto no será óbice para que el PSOE y el PSC traten de vender la burra de que Salvador Illa se presenta a president para acabar con el procés. Sí, sí, seguro.

Illa se hizo un estado de alarma a la medida
OKDIARIO 28 Enero 2021

Ahora encaja todo: la excepción de saltarse el confinamiento para acudir a actos electorales fue estipulada por el Gobierno de Pedro Sánchez en el decreto de estado de alarma publicado el pasado 25 de octubre, cuando el por entonces ministro de Sanidad, Salvador Illa, ya sabía que sería candidato del PSC a las elecciones catalanas. El decreto, que elaboraron la vicepresidenta primera del Gobierno, Carmen Calvo, y el mismísimo Illa, parece redactado, visto con perspectiva, a medida de las aspiraciones políticas de los socialistas y del entonces ministro de Sanidad, pues, a diferencia del elaborado en marzo por el mismo Ejecutivo para hacer frente a la primera ola, permite saltarse el confinamiento.

Cierto es que en la cuarta prórroga, allá por mayo, ya se contemplaba esta medida, pero la diferencia es que en aquella ocasión los indicadores sanitarios mejoraban de forma sensible tras el confinamiento total, por lo que pudieron celebrarse los comicios de Galicia y el País Vasco. En suma, cuando en octubre, con la pandemia en fase ascendente, se aprobó el último decreto del estado de alarma, se mantuvo la excepción pese a que la situación sanitaria era radicalmente más grave.

La candidatura de Illa arremetió el martes en redes sociales contra la Generalitat por incluir la asistencia a actos electores del 14-F como uno de los motivos para la emisión de los «certificados de autenticidad» que justifican los desplazamientos. No cabe mayor hipocresía, porque fue el mismísimo Illa quien permitió la movilidad en campaña electoral. O sea, los socialistas, que no querían bajo ningún concepto que se retrasasen los comicios catalanes y permitió que el estado de alarma contemplara saltarse el confinamiento, se ponen ahora dignos, cuando ya han conseguido que las elecciones no se aplacen.

Illa se hizo un estado de alarma a la medida de sus aspiraciones políticas y ahora tiene el cuajo de cuestionar lo que él mismo permitió. Todo es un inmenso disparate, pero lo que no admite ninguna duda es que la hipocresía del PSOE de Pedro Sánchez pasa porque Illa termine criticándose a sí mismo. Surrealista.


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