AGLI Recortes de Prensa   Sábado 30  Enero  2021

La rueda de la economía
José María Rotellar okdiario 30 Enero 2021

Pasan las semanas desde el inicio del decreto del nuevo estado de alarma -en ocasiones, como en el primer estado de alarma, parecía, en realidad, más un estado de excepción encubierto- y cada jornada que ha transcurrido del último año ha sido un día en el que han cerrado muchas empresas que ya no volverán nunca a abrir sus puertas, por no hablar de las 6.412 compañías que diariamente sucumbieron en diecinueve días de marzo de 2020, como se puede extrapolar de los datos de la Seguridad Social. Cada uno de los días del encierro total, asomó a la destrucción diaria de 19.178 puestos de trabajo, que son los que, jornada a jornada, se perdieron en los cuarenta y nueve días que hubo del doce de marzo al treinta de abril del año pasado, hasta contabilizar 939.709 puestos de trabajo destruidos durante ese tiempo del encierro domiciliario y la parada por decreto de gran parte del sector productivo que se le impuso a la sociedad y economía españolas. Cada día que pasamos con ese encierro, es el que hizo que 23.555 autónomos al día en esos mismos cuarenta y nueve días, necesitasen la prestación extraordinaria por cese de actividad al verse obligados a cerrar sus negocios por decisión gubernamental, hasta sumar 1.154.195 autónomos. Y cada día que pasó en ese período, vimos cómo se incrementaron diariamente en 62.744 las personas afectadas por un ERTE por fuerza mayor en ese período, hasta sumar los 3.074.462 españoles en esta situación, que se añadieron a las 312.323 personas afectadas por ERTE no derivado de la situación del estado de alarma, hasta sumar un total de 3.386.785 personas afectadas que han llegado a estar afectadas por un ERTE, según se puede comprobar en los datos de la Seguridad Social. Hoy todavía permanecen en ERTE de todo tipo 782.915 personas.

Actualmente, se siguen destruyendo 295 empresas cada día; 1.187 personas van al paro diariamente; otras 987 han perdido cada día su empleo en el último año; y hay 319 jóvenes que cada jornada engrosan las filas del desempleo en estos últimos doce meses. Son unas cifras que producen escalofríos: con 3.888.137 personas desempleadas, más de setecientas ochenta mil todavía en ERTE, sin perspectivas de ir a salir de él y con elevada probabilidad de que ese número, con las últimas restricciones, aumente y con un tejido empresarial, especialmente el de la hostelería, el turismo y el comercio, extenuados, sin capacidad, ya, para aguantar más con las restricciones cambiantes que cada semana las administraciones públicas les imponen. Cuando se han adaptado a una de las restricciones impuestas, vuelven a apretarles y dar otra vuelta de tuerca, sin valorar el deterioro que les hacen y, con ello, que hacen a toda la economía. Muchas personas están a punto de perder sus pequeños negocios y, con ello, se eliminarán los empleos que mantienen. Son casi ocho millones de personas que no saben si tienen futuro o no -los casi cuatro millones de parados, los casi un millón en ERTE, y los casi tres millones que trabajan en estos sectores más afectados. De esa manera, no saben si en los próximos meses y años podrán pagar su hipoteca o el alquiler; si podrán dar un futuro mejor a sus hijos; o, simplemente, si podrán tener recursos para alimentarse.

Mientras corren riesgo de desmoronarse nuestro tejido productivo y empresarial y tantos millones de puestos de trabajo como los señalados anteriormente, la consigna oficial, convertida cada día más en propaganda, intenta hacer ver a la sociedad que hay que infravalorar la crisis económica, tratando de extender un engañoso velo con el que confundir a los ciudadanos, que pretende convencerles de que, cuando se supere la situación sanitaria, económicamente habrá una recuperación que no tardará mucho en llegar. Para ello, recurren a la emoción de las personas y al miedo que impregnan en ellas empleando las altas cifras de fallecidos por coronavirus que sufre España por el fracaso rotundo en la gestión de todas las administraciones, con el Gobierno de la nación como principal responsable. Hemos pasado del “esto lo paramos entre todos”, a “nadie va a quedarse atrás”, la “fiscalidad justa”, con la que pretenden insinuar que “los ricos” serán quienes paguen la factura, cuando ellos saben que eso no da ni para una semana de gasto sanitario y de prestaciones por desempleo, a imponer ahora, de nuevo, restricciones que agotan la capacidad de resistencia de nuestra economía. Probablemente, en la mente de algún dirigente del Gobierno esté encerrarnos de nuevo tras las elecciones catalanas del catorce de febrero, si finalmente se celebran, como hicieron tras el ocho de marzo. Puede que no lo hagan, pero da la sensación de que esa estrategia está sobre la mesa.

Todo es cálculo político y propaganda, y nada de eficiencia. Si atrás no se queda nadie será porque todos estaremos detrás, empobrecidos. La economía es una rueda en la que todas las actividades están conectadas. Si una cae, el resto irá cayendo. De esa manera, pasaremos del círculo virtuoso de la economía al círculo vicioso, donde el empobrecimiento será enorme. Parece que quienes gobiernan no se dan cuenta: cuando dicen que no se salga o que se trabaje desde casa, cortan de raíz el negocio de tantos bares y cafeterías que son esenciales en nuestro entramado económico. Si hacen que ellos caigan, detrás irá el resto de los sectores, porque todo está conectado.

Para cimentar su posición, enseguida atacan a quien discrepa con que no se puede anteponer la economía a la salud, con el falso y retorcido argumento que se basa en que quien está con ellos, salva vidas, y quien no, las pone en peligro por su visión codiciosa de la vida. Tratan de mover así, con esa falsedad, a una sociedad a la que mantienen con la libertad cercenada y, con ello, en gran parte anestesiada, pues aunque las dificultades y penurias ya empiezan a sufrirlas, desgraciadamente, muchas familias, todavía el desastre no se percibe en toda su intensidad, pero de seguir así llegará y con incremento de las anteriores cifras negativas, ya desastrosas por sí mismas.
Miente quien diga que alertando de la crisis económica se antepone la economía a la salud, como miente quien dice que es necesario ceder nuestra libertad para que un Gobierno paternalista gobierne con poderes casi absolutos para protegernos. Los paternalismos gubernamentales siempre hay que tomarlos con mucha prudencia, pues del paternalismo a la extinción de las libertades puede haber una línea muy fina, que esperemos que en España no se pase -y que no debemos, en ningún caso, dejar que eso suceda-. En cuanto a la economía, no se antepone a la salud, sino que es necesaria para que haya salud, para que haya sanidad, ya que sin prosperidad habrá menos sanidad, menos salud, menor esperanza de vida y mayor tasa de mortalidad derivada de la ruina económica. Una destrucción de empresas como la actual, muestra la verdadera dureza de la crisis económica, a la que se está infravalorando con la ayuda propagandística del Gobierno.

La crisis sanitaria está siendo durísima -probablemente, mucho más dura por no haber sido previsor el Gobierno y anticiparse desde enero de 2020 con medidas más suaves que habrían podido servir para que no se incrementasen tanto ni los contagiados, ni los fallecidos ni que hubiese sido necesario adoptar a la postre medidas económicas mucho más severas que tanto daño están haciendo en la economía-, pero si se sigue por la actual senda, en la que la economía parece no importar, o se emplea por parte de las administraciones como arma arrojadiza para llamar desalmados a quienes denuncian la situación de ruina próxima, la crisis económica va a ser mucho más dura que la sanitaria, pues seguiremos teniendo virus y tendremos, además, empobrecimiento.

No nos queda otra que, con prudencia, convivir con el virus sin descuidar nuestra actividad productiva mientras se vacuna la población. Ahí es donde la Administración ha de ser ágil, que no lo está siendo, y lograr que la mayor parte de la población esté vacunada antes de verano. Si no logramos hacerlo, entonces el sector turístico, el comercio, la hostelería y el ocio estarán perdidos y, con ellos, a través de la rueda de la economía, del círculo económico, toda la economía nacional estará sumamente empobrecida durante varios años, con una merma de la prosperidad y millones de puestos de trabajo perdidos. Los políticos tienen que agilizar la vacunación, organizarla bien, para que cuando las farmacéuticas estén a pleno rendimiento de producción, pueda vacunarse con mucha celeridad y se llegue a la campaña de verano con un alto gran de población inmunizada. Es lo que tiene que hacer el Gobierno; no tiene otra cosa mejor que hacer.

Vox se ratifica en la abstención y asegura que «no fue un error»
El partido llevará el cierre de su cuenta en Twitter a Europa y a los tribunales
Paloma Cervilla ABC 30 Enero 2021

El PP muestra a Vox las consecuencias de salvar al Gobierno: «¿No querías opacidad?, pues taza y media»

La abstención de los diputados de Vox en la votación del decreto para el reparto de los fondos europeos fue la sorpresa del Pleno del Congreso del pasado jueves, primero porque supone un cambio respecto a su estrategia y segundo porque se acabó conviertiendo en un salvavidas para el Gobierno. La votación ha generado desconcierto sobre las motivaciones de Vox, un hecho relevante teniendo en cuenta que la votación se produjo en la víspera del inicio de la campaña de las elecciones catalanas del 14 de febero. No obstante, fuentes de la dirección nacional del partido consultadas por ABC aseguran que «no fue un error, ni una equivocación».

Precisamente, el jueves la red social Twitter decidió suspender la cuenta de Vox por «incitar al odio», una medida cuanto menos polémica que ha causado «preocupación» en la dirección del partido, dado que consideran que esta herramienta es esencial para difundir sus mensajes y, en este caso, explicar el sentido de su abstención. El portavoz de Vox, Jorge Buxadé, apunta que no es casual que la cuenta se suspenda justo antes del inicio de la campaña electoral.

Por todo ello, en Vox son conscientes de que tienen que explicar a su electorado, acostumbrado a una crítica frontal al Gobierno, por qué en esta ocasión optaron por la abstención. El principal argumento al que se aferran es que «somos conscientes de que estamos en una encrucijada muy importante» y que «si no hay un plan nacional los fondos no van a llegar, y los necesitamos cuanto antes». Desde este partido insisten en que votar en contra hubiera sido «bloquear» la llegada de este dinero, y que una situación así no se puede producir.

«Posición coherente»
Desde la dirección nacional hacen hincapié en que «no es cierto que los fondos europeos van a llegar en cualquier caso» y que ahora, en el trámite de enmiendas, se podrá mejorar el contenido del decreto, en lo que se refiere a los criterios de reparto. En este sentido, aseguran que haber votado «no» hubiera supuesto «alargar la agonía» que sufren algunos sectores de la economía española, como la hostelería. Además, también rechazan el argumento de que si hubieran votado en contra el Gobierno enviaría otro decreto distinto al Congreso. «El Ejecutivo habría hecho el paripé con ERC y otros grupos de que nos llevamos mal y negociarían después de las elecciones catalanas ¿Alguien piensa en su sano juicio que habrían traído un decreto nuevo?», se preguntan para justificar que no se podía alargar la agonía y se necesitaba tramitar ya el plan sobre los fondos.

Estas fuentes aseguran que la polémica abstención de Vox es «perfectamente coherente con la posición que siempre hemos mantenido». La formación de Abascal asegura que «no hay una vía de comunicación abierta» con el Gobierno y que el sentido del voto de Vox no ha sido «ni un cambio de estrategia, ni un error».

Por el contrario, entienden que el resto de formaciones políticas han actuado «haciendo un cálculo electoral y nosotros, no» y apunta directamente al Partido Popular. Precisamente, ha sido a los populares a los que Vox les ha achacado en el pasado una cierta complicidad con el Gobierno cuando ha votado a favor de algunos de los decretos del estado de alarma. Pero en este caso, Vox afirma que no se puede utilizar ese mismo argumento contra ellos «porque este no es un tema de Gobierno, sino de España».

«Injerencia extranjera»
Ante lo que sí tienen una gran preocupación es a su expulsión de Twitter. Esta red social es el canal de interlocución más importante que tienen con sus seguidores. En estas circunstancias de desconcierto de sus simpatizantes sobre lo sucedido el jueves en el Congreso, entienden que Twitter es la mejor manera de poder explicar su posición. «El electorado no tiene que fiarse de los titulares de los medios de comunicación, pero es verdad que tenemos que explicarnos para no llevar a una equivocación», aseguran. «Lo del miércoles fue muy gordo. Es una estrategia clara de perjudicar a Vox en la campaña electoral de Cataluña y una decisión consciente de Twitter a nivel político. Es una auténtica injerencia extranjera», insisten. Vox llevará esta expulsión ante la Junta Electoral Central, a la Comisión y al Consejo Europeo y al Parlamento Europeo, además de emprender acciones judiciales. A la espera de que activen la cuenta de Vox, los principales dirigentes han iniciado una campaña desde sus cuentas personales para explicar la polémica votación. Iván Espinosa de los Monteros, portavoz parlamentario, defendió que lo importante es que los fondos lleguen «cuanto antes» a los ciudadanos.

Sánchez, ante las nuevas cepas: tarde, mal y nunca
OKDIARIO 30 Enero 2021

Lo de este Gobierno socialcomunista no tiene nombre: la incidencia de las nuevas cepas crece a medida que el Ministerio de Sanidad se empecina en quitarle gravedad. En Portugal, casi una cuarta parte de los contagios es consecuencia de las nuevas variantes del virus, que en Gran Bretaña se propaga de manera imparable hasta el punto de que Boris Johnson ya ha reconocido que no sólo es mucho más contagiosa, sino bastante más letal. Cabe recordar que cuando a finales de diciembre Gran Bretaña cerró el país a causa de la nueva cepa, numerosos países de la UE prohibieron los vuelos procedentes del Reino Unido. España tardó tres días en tomar medidas, menos drásticas en cualquier caso. En esas 72 horas, la única manera que encontraron miles de personas que estaban en Gran Bretaña y querían regresar a sus naciones de origen fue a través de España, especialmente el aeropuerto de Barajas. La Comunidad de Madrid ha reconocido que en torno al 10% de los nuevos contagios se deben a la cepa británica, pero el Ministerio de Sanidad los cifra en unos cuantos centenares. Las cuentas no cuadran: si uno de cada diez contagios en Madrid es debido a la variante del coronavirus, a nivel nacional tienen que ser muchos más de los que reconoce el Ejecutivo.

Como informa OKDIARIO, las dos semanas de explosión de las nuevas cepas se están traduciendo en un incremento de la mortalidad de los contagiados. En la primera quincena de enero, la tasa de muertos en porcentaje de casos diagnosticados alcanzó el 0,92%; las dos semanas siguientes llegó al 1,20%. En ese periodo, diga lo que diga el Ejecutivo, España ha visto crecer su mortalidad por Covid en un 30,43%, que es justamente el porcentaje en el que Boris Johnson cifró el crecimiento de fallecimientos por la nueva cepa.

Alguien no dice la verdad y todas las miradas apuntan a un Ejecutivo que está reñido con el rigor y la transparencia.

Vox y Ayuso: el 'sorpasso' de la derecha
José Alejandro Vara. vozpopuli  30 Enero 2021

¿Habrá 'sorpasso' o habrá sorpresa? Llamativas contorsiones en la derecha. Vox ayuda a Sánchez y Ayuso desentierra el hacha de guerra

Explicar esa abstención al decreto de Sánchez sobre cómo el equipo de Iván Redondo va a manejar los dineros que nos entregue Europa resulta tarea tan complicada como imaginarse a Rufián perorando en la Cámara de los Lores sobre las virtudes de la Corona británica. Un dislate. Cuando las urnas asoman por el horizonte y los escaños están tan reñidos, todo desatino es posible. Incluso que los 51 escaños de Abascal salven al Gobierno socialcomunista de un naufragio estruendoso e inevitable. Y no en asunto menor, sino en cuestión tan principal como esos fondos comunitarios que nos alejarán, unos meses, de la ruina total. Ni las sutilezas gramaticales o el ingenioso tejido de palabras y argumentaciones desplegados por Iván Espinosa y Macarena Olona han bastado para despejar dudas y tranquilizar suspicacias.

Hace unos meses, Voxpretendió liquidar a este Ejecutivo por ilegal, ilegítimo, criminal, infernal. Ahora lo rescata en una maniobra inesperada, sorprendente y de muy complicada comprensión. ¿Los motivos? Todo el mundo tiene sus razones, decía Renoir. Posiblemente, además de ese compromiso patriótico que tanto jalean sus voceros y que nadie le discute, también hay que pensar en la campaña catalana, en ese voto que se siente asfixiado y olvidado, que necesita escuchar que la ayuda está en marcha y que haber votado 'no', como PP y Cs, obstaculizaría la carga del 7º de Caballería de la UE que viene a rescatarnos. Quizás sea una jugada maestra. Acaso una torpeza infinita. En cualquier caso, quien todavía no se ha recuperado del susto es Carmen Calvo, que asistió catatónica a la abstención de Vox con ese gesto de pasmarote encendido que ponía Gracita Morales cuando López Vázquez pretendía despojarle del mandil.

Los tiempos preelectorales propician contorsiones singulares. Este inopinado episodio parlamentario ha coincidido con uno de los momentos estelares de Isabel Díaz Ayuso, un estallido de razonada furia después de largo tiempo de acumular paciencia y evitar conflictos. Cuando la presidenta madrileña se muestra desinhibida es un mix de bisonte y puercoespín. Abróchense los cinturones, como advertía Bette Davis en Eva al desnudo. Hace ya tiempo que Ayuso hizo suyo el consejo de Camus: "Todas las desgracias de la gente provienen de no hablar claro". Hágase.

En torno a la presidenta de la Comunidad de Madrid se produce un fenómeno mediático algo tedioso. Y grimoso. Apenas se le dedica un minuto o un titular que no discurra por el territorio del reproche, el descrédito y hasta el insulto. Al tiempo, se suelen silenciar o distorsionar los momentos de acierto. Esta semana, en efecto, la lideresa madrileña ha redondeado dos performances de antología convenientemente ignorados.

Incidió Ayuso, despojada de ese barniz rutinario y grisón que suele envolver las declaraciones de los políticos en algo que apenas se comenta. El ámbito era propicio. Un auditorio de farmacéuticos y odontólogos a quienes, por fin, después de mil zancadillas del ministro Illa, se les permitirá realizar los reclamados test que colaborarán en la detección y el tratamiento de la pandemia.

Pocas veces, por no decir que alguna, se ha escuchado a un dirigente político definir en forma tan certera al presidente del Ejecutivo. Y con una sola frase: ni siente ni padece. No hace falta más

"A Sánchez todo le da igual. Ni siente ni padece. Sólo aparece para hacer propaganda. Su papel está siendo lamentable en todo este tiempo". Pocas veces, por no decir que alguna, se ha escuchado a un dirigente político definir en forma tan certera y escueta al presidente del Ejecutivo. Y con una sola frase: ni siente ni padece.

Mostraba la presidenta madrileña su "decepción y hartazgo" por la actitud de los estrategas de Moncloa durante estos largos meses de pavor, siempre dispuestos al bajonazo, a la zancadilla, siempre renuentes con la colaboración, la ayuda, la mano tendida. ¿Por qué el test en las farmacias el 1 de febrero y no el 1 de diciembre? ¿Cuántos contagios familiares hubieran podido evitarse? ¿Por qué Sanidad recomienda ahora las mascarillas FPP2 y en abril del pasado año, cuando las entregó gratis la Comunidad, don Simón las calificaba de 'insolidarias'? ¿Cuántos casos de cepa británica se han colado por un Barajas sin controles, abierto de par en par al viajero del Reino Unido" ¿Qué hace Sánchez en Cataluña el mismo día que desde el PSOE se promueve un griterío de sindicalistas frente a un hospital público creado exclusivamente para combatir la pandemia y que ni el presidente ni su exministro de Sanidad han tenido a bien visitar?

Líderes mundiales, ¿de qué?
Todas estas cuestiones desbordaron el improvisado discurso de Ayuso, a quien apenas podría reprochársele una exageración. Ni siquiera una hipérbole. Mientras ella hablaba, el presidente del Ejecutivo proclamaba, desde su tribuna del embuste, que "España está en condiciones de asumir un liderazgo mundial", tanto en el terreno de lo sanitario como en el económico. Huelga mencionar los 90.000 muertos. Huelga señalar el océano de parados, empresitas hundidas, de comercios fenecidos, de autónomos machacados, de familias desesperadas, de colas de hambre y ejércitos de desesperadas.

Completó Ayuso su semana fantástica, su vibrante contorsionismo dialéctico, su retorno a los orígenes del combate cultural, con una referencia, quizás poco sutil, para con la rama madrileña del socio del PSOE y su excrecencia carmenita. El escenario fue la Asamblea regional. La bofetada aún resuena por el entorno de Vallecas. "Están arruinando este país, son ustedes unos sinvergüenzas. Hay que ser muy sinvergüenza para manifestarse ante un hospital público. Vengan a la puerta del Sol, sinvergüenzas, y dejen en paz a los enfermos". No tiene Ayuso esa voz acaramelada y pringosa de los parlanchines. Pero no le hace falta gritar. Quedó muy claro que el Zendal no se toca.

Ayuso y Abascal, los nombres de la semana según se mira a la derecha. La presidenta madrileña ha sido convocada por Alejandro Fernández para abrir la campaña electoral del PP en Cataluña. Allí estará junto a Cayetana Álvarez de Toledo, las dos cabalgan juntas, el ala más firme de la derecha sin miedo, habituadas ambas a plantarle cara a los populistas del progreso y a los nacionalistas de la exclusión. Un tándem para prevenir y conjurar el posible sorpaso de Vox en aquella región. Quizás no haga falta. Es posible que tras la abstención del jueves, el partido de Abascal se haya auto-sorpasado. Habrá que esperar. La derecha, ya se sabe, a veces tiene razones que la razón no entiende.


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Vendedores de baratijas
Jimmy Giménez-Arnau okdiario 30 Enero 2021

El megáfono rayado de Iglesias acopla cualquier abuso económico a sus fines y nos habla de libertades civiles, prosperidad y comunismo. Este ventajista e inadaptado social sueña con esclavizarnos. Para él, las libertades civiles son cartas marcadas; la prosperidad, un invento del centroderecha que no satisface a la ciudadanía y el comunismo, esa panacea que abre las puertas del único paraíso posible. ¡Menudo vendedor de baratijas incorporó el adivino Sánchez a su Gobierno! Así le cunde. Rodearse de inútiles como Pablo e Irene, que fardan de saboteadores, condena al maniquí a un desgaste agotador y a mentir, cuando no a rebuznar, para defenderlos, pues el dúo atenta contra las instituciones del Estado con una puntualidad indecente.

En la feria de los antojos tampoco faltan oportunistas con diploma. Illa, otro trilero de marca mayor, aportará al zoco de las elecciones catalanas su mochila cargada con 90.000 ataúdes y, por desgracia, con 95.000 contagiados extra que abarrotan las UCI de toda España. Récord macabro, estela infernal que dejó tras una apática y caótica gestión de la pandemia y que Sánchez promociona desde Moncloa haciendo suyo el estilo Trump. Los hechos hablan mejor que las palabras. Las filfas de este maniquí ya no cuelan cuando ofrece al peón multiuso para ser elegido president: “Supo lo que necesitaba el Sistema de Salud y sabe lo que necesita Cataluña”. Los hechos muestran a las claras que le importa un bledo el bienestar de los españoles, más allá de su propio interés político particular.

San Valentín está que trina, nadie respeta a los enamorados, el amor se ha convertido en odio y le obligan a usar mascarilla. Su festividad propiciará que el pueblo se contagie en las filas de espera, antes de asomarse a las urnas. Por lo visto, interesan infinitamente más los votos, que las vidas de las personas. Estamos frente a un revival del 8-M. Y todo para que un lacio presida el Govern. La campaña fluctuará entre restricciones y medidas sanitarias, entre promesas de nuevas embajadas, rifas de millones e inversiones a fondo perdido. La cosa es engordar al ogro separatista hasta que nos arree otro zarpazo. A los golpistas la Generalitat les ha regalado el tercer grado para que repitan lo mismo que hicieron. Este es el diálogo al que se refieren el maniquí y el bolchevique. Algo así como dar de comer con la mano a una hiena.

Iglesias e Illa son vendedores de baratijas, fabricantes de trolas que subsisten gracias a las cínicas predicciones del demagogo Tezanos. Es casi seguro que este lote de gafes, al completo, salga trasquilado de las urnas porque San Valentín les va a echar el mal de ojo.

Una trampa tras otra
Eduardo Goligorsky LD 30 Enero 2021

Los ciudadanos españoles que por haber nacido en Cataluña o haberse radicado allí figuran en el censo de dicha región están condenados a ser víctimas de trampas en una elección tras otra. La primera trampa, vigente en todos los comicios desde que se implantó la autonomía, consiste en que el valor de sus votos depende de la provincia donde están empadronados. Se necesitan 46.738,5 votos para elegir un diputado al Parlament en Barcelona, pero bastan 30.450,1 para elegirlo en Tarragona, 29.154,4 en Gerona, y solo 19.940,9 en Lérida. Con la balanza visiblemente desequilibrada a favor de las zonas más anacrónicas y rurales contra las más esclarecidas y metropolitanas para acomodar los resultados a los proyectos rupturistas de la oligarquía étnica. ¿Un ciudadano, un voto? ¡Cuentos chinos… o catalanes!

Intereses espurios
Ahora vamos de trampa en trampa con los cambios de fecha de la jornada electoral, aunque esta vez se ha multiplicado el número de timadores y también la naturaleza de los intereses que los mueven. Eso sí, todos espurios. Lo único que queda claro en este aquelarre es que la Generalitat de Cataluña está acéfala y que cada uno de los depredadores que se disputan el poder tiene vía libre para imponer las tácticas fraudulentas que mejor sirven a sus ambiciones desorbitadas. Y es precisamente la acefalía que impera desde que el sátrapa Quim Torra fue inhabilitado por su chulería, la que ha obligado al Tribunal Superior de Justicia de Cataluña a aplicar la ley y a decidir, provisoriamente, que las elecciones se celebren el 14 de febrero.

Al proceder así, el TSJC desbarató la trampa chapucera que habían urdido los usurpadores sediciosos para prolongar su mandato hasta el 30 de mayo, pero allanó el camino, por carambola, a otra trampa cocinada, con premeditación y alevosía, en los fogones del contubernio sanchi-comunista. De trampa en trampa sin parar.

Un plan sofisticado
El plan de la nueva trampa es mucho más sofisticado que el que se había fraguado en la mollera de los palurdos supremacistas. Apunta nada menos que a secuestrar el voto de la mayoría constitucionalista para ponerlo al servicio de los enemigos de la Constitución emboscados tras las siglas del PSOE y de su apéndice PSC. El funámbulo Miquel Iceta –flamante comisario de taifas– no se cansa de repetir, con orgullo tribal: “Cataluña es una nación”, consigna acuñada para adornar el escudo de una de las repúblicas bananeras de la plurinación gestada en el laboratorio del leninista Pablo Iglesias Turrión.

¿Lo imagináis? Un honesto ciudadano catalán, que siempre ha votado a partidos de izquierda, centro o derecha fieles a la democracia constitucional, súbitamente conquistado con malas artes por una tropa de renegados y encolumnado, a ciegas, detrás de un candidato que encarna todo lo opuesto a la sociedad plural y abierta que él contribuyó a consolidar con su sufragio. Vaya timo.

El pacto de complicidad
Y sin embargo este es el escenario que están montando los tránsfugas. Vayamos a los hechos. Los lenguaraces del contubernio quieren hacernos creer que votar a Salvador Illa equivale a hacerlo contra la morralla supremacista con sede en Waterloo, Lledoners y un cuchitril de la Zona Franca donde languidece el símbolo de la acefalía. Esta es la trampa. La élite que compite desde la Moncloa con la morralla no es menos destructiva que esta y sí más astuta. Salvador Illa es la prueba.

El discurso que pronunció Illa en el comité federal del PSOE para aceptar su candidatura, cuando todavía era ministro de Sanidad, lo mostró como el continuador de la política de subordinación al entramado sanchi-comunista, con sus metástasis en ERC y Bildu. “No pienso ajustar cuentas con nadie ni preguntar a nadie qué hizo durante estos diez años”, afirmó Illa, que prometió también no perder ni un minuto en “reproches” sobre lo que pasó (LV, 24/1/2021). Así selló el pacto de complicidad con los reos de sedición predispuestos a reincidir. Votarlo es pronunciarse a favor de todas las aberraciones perpetradas a lo largo de estos diez años y de la herencia del clan Pujol.

Votarlo, por tanto, es votar a favor del indulto a los sediciosos presos y prófugos, de la inmersión lingüística y la proscripción de la lengua española, de la campaña internacional de difamación antiespañola, de la violación del Estado de Derecho, de la fractura de los vínculos sociales y económicos entre compatriotas, de la fuga de emprendedores e inversores y, en fin, de la caducidad de la Monarquía parlamentaria. Con el añadido de que esta política desemboca irremediablemente en la salida de la Unión Europea. Acaba de afirmar el embajador de Alemania en España, Wolfgang Dold (LV, 25/1/2021): “Una Catalunya separada no entraría en la Unión Europea, eso es una ilusión”.

Sean cuando sean las elecciones, hay tres fórmulas constitucionalistas contra el cúmulo de trampas: Ciudadanos, Partido Popular y Vox. Lo ideal sería que confluyan en una sola.

Pendientes de la Fiscalía
Editorial ABC 30 Enero 2021

Basta un recurso de los fiscales ante el Supremo para forzar a los presos condenados por sedición a volver a prisión y que dejen de hacer campaña electoral

La arbitraria decisión de la Generalitat de excarcelar por criterios políticos, que no jurídicos, a los condenados por sedición para que hagan campaña electoral libremente en favor del independentismo, roza la prevaricación. La Generalitat dispone de las competencias exclusivas en materia penitenciaria -un inmenso error del Estado que ahora va a repetir Pedro Sánchez con el País Vasco-, y ha dispuesto todo un operativo para que la concesión del tercer grado a los presos tenga la fachada de una decisión legal y legítima. Pero no lo es. Resoluciones idénticas fueron revocadas antes por los Tribunales porque no se cumplen ni de lejos los requisitos esenciales para ponerlos en libertad. Desde esta perspectiva, la Fiscalía aguarda a que la decisión de la Generalitat sea notificada para proceder. Los tiempos están muy forzados por la consejería de Justicia, sabedora de que quienes no se saltan los cauces legales son los fiscales, que en vez de recurrir de oficio ante la constatación de la excarcelación de los presos del 1-O esperarán a recibir la notificación de la Generalitat antes de requerírselo a los jueces. En lo que se complete este proceso, es probable que se hayan celebrado las elecciones, por lo que cabe preguntarse si la Fiscalía no debería adelantarse ante la que difícilmente puede calificarse de otra manera que de una burla a la Ley: el enésimo ejemplo de un victimario cansino para reconstruir el cartel electoral de un separatismo fracturado. Todo es una inmensa farsa que acredita una permisividad muy nociva para la democracia. Cuanto antes se ordene su ingreso en prisión, mucho mejor. Esta percepción de ninguneo sistemático a la Justicia resulta frustrante.

El separatismo siempre está necesitado de provocaciones. Pero más aún ahora, que se presenta dividido a las elecciones, y que debe competir con el candidato elegido por Pedro Sánchez para presidir la Generalitat. Es una excarcelación en ilegítima defensa de un independentismo que no termina de digerir el fracaso de su proceso de ruptura con España ni la creciente desazón y desmovilización que han generado entre su propio electorado. Solo por eso, y no por una cuestión humanitaria, han forzado la salida de los presos con el fin de aglutinar las mayorías que los dirigentes y candidatos que están en libertad no consiguen. No obstante, el sobredimensionamiento mediático de Salvador Illa parece estar ya surtiendo menos efecto del que el aparato de propaganda de Moncloa sugiere. Una encuesta situó ayer al PSC como tercera fuerza política en Cataluña, con una relevante subida hasta los 26-29 escaños, pero siempre por detrás de ERC y de Junts, que podrían revalidar sin demasiados problemas una mayoría secesionista.

La incógnita está en lo abierto de estas elecciones, que ofrecen un doble resultado posible: otra alianza entre ese independentismo viciado por rencores políticos y personales, y un tripartito encabezado por ERC del que pudieran participar el PSC y Podemos. De ahí la relevancia de que los socialistas catalanes aclaren si su esencia no deja de ser soberanista. Entre el independentismo y el constitucionalismo no puede haber bisagra posible pese a que así se empeñen en asegurarlo Pedro Sánchez o Salvador Illa. En este sentido, el crecimiento previsto del PP o la entrada de Vox en el Parlament son tan buenas noticias como pésimo es el desplome de Ciudadanos, que quedará abocado a una refundación mucho más profunda que la planteada de momento por Inés Arrimadas. De cualquier modo, con los presos en la calle, solo gana el separatismo. Y eso siempre es un gravoso perjuicio para España. Sobre todo, porque presumen de que «lo volveremos a hacer».

El vascuence como militancia
“No es necesario ser lingüista para intuir como un gran error fiar el progreso de una lengua a la militancia política”
Carlos Urquijo - Exdelegado del gobierno vasco larazon 30 Enero 2021

Escribo estas líneas con pena y preocupación. Pena por la utilización espuria de una lengua que no merece ser maltratada y preocupación por sus efectos tras cuarenta años de imposición. Obviamente me estoy refiriendo al vascuence, y digo bien, vascuence, porque tampoco se me ocurriría referirme a la importancia de conocer el “english” o hablar el “deutsch” escribiendo en español. Vamos, que no soy un facha, solo una persona preocupada por el uso correcto de la lengua.

Hecha la aclaración vayamos al grano. Leí hace unos días un artículo de un destacado militante del PNV y miembro también de la Real Academia de la Lengua Vasca “Euskaltzaindia”. El título ya da una pista sobre el contenido: “El euskera, aliento vital de un pueblo ancestral”. Arranca con la siguiente frase: “El euskera es parte del código genético del PNV”. Continúa después con un recorrido histórico de las vicisitudes de esta lengua destacando previamente la gran labor de Sabino Arana para sacarla de su postración y alcanzar un “objetivo que pocos podían imaginar”.

Pues bien, tras cuarenta años de enseñanza obligatoria en los colegios, de exigencia para el acceso a la función pública y de cientos de millones de euros públicos invertidos, los objetivos alcanzados, teniendo en cuenta que no se partía de cero, no parecen muy satisfactorios. Antes de exponer con brevedad los resultados conviene aclarar que, si la situación del vascuence a mediados de los años setenta del siglo XX era casi residual, no lo era solo como consecuencia de razones exógenas, las preferidas de los nacionalistas vascos, sino también endógenas, aunque prefieran ocultarlas.

El nacionalismo se ha empeñado siempre en responsabilizar a la dictadura de Franco como culpable de la postración del vascuence y no les falta razón, aunque no digan toda la verdad. Durante cuarenta años no estuvo permitida por el régimen franquista, si bien es igual de cierto que nunca dejó de hablarse en los lugares en los que se utilizaba y que también a mediados de los sesenta, comenzaron ya a funcionar las primeras “ikastolas” para su enseñanza en estos centros.

Pero por mucho que se empeñen, aunque en cuarenta años pueda perjudicarse su avance, no se consigue acabar con una lengua si está verdaderamente arraigada. Para entender su debilidad, además del recurrente “enemigo exterior” deben analizarse también los factores endógenos, aunque resulten incomodos para el nacionalismo. Los “de casa” algunas veces también podemos resultar culpables. Factores como el desinterés de quienes la hablaban por conservarla, por vergüenza a veces al considerarla una lengua de aldeanos, su falta de utilidad fuera del ámbito rural o en otros por simple desconocimiento al no haberse utilizado nunca en su entorno como ocurría en la mayoría de Álava y en núcleos importantes de Vizcaya y Guipúzcoa. Un dato interesante al respecto, el propio Sabino Arana (1865-1903) aprendió el vascuence siendo ya mayor y su desconocimiento inicial no creo pueda achacarse al Franquismo, a la muerte del fundador del PNV el luego General Franco apenas tenía once años.

Pero volvamos al presente, según la última encuesta sociolingüística elaborada por el Gobierno Vasco, un 34% de la población vasca -740.000 personas- se declara vascohablante. En territorios como Álava a duras penas alcanza el 19% de la población. Curiosos porcentajes cuando el artículo seis de nuestro estatuto afirma que “el euskera es la lengua propia del pueblo vasco”.

En mi opinión la razón fundamental de la situación que atravesamos es consecuencia de la utilización política que el nacionalismo ha hecho del vascuence desde siempre y de manera singular en sus casi cuarenta años al frente del Gobierno Vasco. Una lengua convertida en instrumento político de adoctrinamiento está condenada al fracaso, máxime si nunca en su historia tuvo una masa crítica suficiente para convertirla en lo que debe ser: un instrumento de comunicación, una lengua para el comercio, para el progreso, para la ciencia o para la literatura.

El español, hablado por 580 millones de personas en docenas de países y tan propia de los vascos como el vascuence, no alcanza esa cifra mediante la imposición. El esplendor del castellano llegó y se mantiene de la mano de la integración. Los vascos, pese a contar con la suerte de tener también como propia una lengua de este potencial, nos encontramos con que su presencia ha sido proscrita en nuestro sistema educativo. El nacionalismo gobernante ha optado por repetir los errores del pasado. Hoy la realidad nos enseña que resulta casi imposible encontrar un centro educativo, público o concertado, en el que poder matricular a los alumnos en modelo A (todas las asignaturas en castellano salvo la de vascuence). Y otra realidad es que muchísimos padres hemos optado por matricular a nuestros hijos en el modelo D (todas las asignaturas en vascuence salvo lengua castellana) no por gusto, sino para evitar perjudicar su carrera profesional si en el futuro deciden continuar en el País Vasco.

Mientras los nacionalistas vascos no asuman que solo la libertad y la utilidad de una lengua aseguran su continuidad estarán arruinando nuestro futuro. De la imposición y la exclusión solo se deriva la descapitalización de nuestro mejor recurso como sociedad, quizá el único: las personas y su talento. Este es el gran drama que han provocado y cuyas consecuencias ocultan.

Una Comunidad de dos millones de personas necesita del aliento y el empuje de los más próximos para avanzar, la apuesta por la endogamia solo garantiza el páramo intelectual ¿Qué catedráticos de otros lugares van a venir a enseñar a nuestras facultades si el vascuence se convierte en una barrera imposible de franquear? ¿Vamos a poder retener algún talento para el futuro si en los colegios dedicamos más tiempo a estudiar vascuence que matemáticas, lengua o física?

No es necesario ser lingüista para intuir como un gran error fiar el progreso de una lengua a la militancia política. El fanatismo, tarde o temprano, lleva siempre aparejado el fracaso. Pero incluso aunque triunfara la imposición, la lengua no sería amada y lo que no se ama no se conserva, se acaba perdiendo. El desaguisado, al menos para una generación, ya está hecho, y precisamente por ello debemos exigir a nuestros gobernantes que sean capaces de recapacitar y reconducir esta situación. Recordar algo tan elemental como que los derechos son de las personas y no de las lenguas sería quizá un buen comienzo.

En memoria de Alberto y Ascen
El 30 de enero de 1998, ETA asesinó al concejal sevillano Alberto Jiménez-Becerril y a su esposa, Ascensión García
Teresa Jiménez-Becerril ABC 30 Enero 2021

Decía el escritor Elie Wiesel, superviviente de uno de los campos de exterminio del régimen nazi, que «lo que más duele a la víctima no es la crueldad del opresor sino el silencio del espectador».

No podemos permitirnos ser espectadores, por eso este 30 de enero recordaremos ese trágico día en el que tres terroristas de ETA dispararon contra el teniente alcalde del Ayuntamiento de Sevilla, Alberto Jiménez-Becerril, y, sin piedad, mataron a su mujer Ascensión García, asegurándose de que tres niños se quedaran huérfanos.

Me gustaría decirle a la portavoz de Bildu que ha dicho que «el daño de ETA está reconocido, que fuese injusto o no depende de cada relato», que le pregunte a mis sobrinos si fue justo o no perder a su padre y a su madre con cuatro, siete y ocho años de edad. Las muestras de desmemoria, indignidad e injusticia, no solo hacia las víctimas del terrorismo sino hacia todos los españoles que reconocen el sacrificio extremo de tantos inocentes, son continuas, impulsadas por un Gobierno que le debe demasiado a un partido que no condena los crímenes de ETA.

Ante esta avalancha de acercamientos y beneficios a los terroristas como los que acabaron con la vida de Alberto y Ascen. Ante la permisividad frente a los cientos de homenajes que reciben los asesinos de ETA por parte de una sociedad enferma que prefiere glorificar a los verdugos y humillar a sus víctimas, hoy más que nunca, aunque hayan pasado veintitrés años del vil asesinato de mi hermano y su mujer, debemos honrar su memoria, defendiendo los valores por los que ellos y tantas víctimas de ETA fueron asesinadas; la libertad y la unidad de España, cada día más amenazadas.

No permitamos que se cumpla lo que escribió De Juana Chaos, viendo el dolor de mi familia cuando asesinaron a mi hermano y a su mujer: «En la cárcel sus llantos son nuestras sonrisas y acabaremos a carcajada limpia». Transmitamos de padres a hijos el recuerdo del terror y el dolor al que ETA sometió a España para que no se confundan el bien y el mal, para que no triunfe el olvido y para que nuestros jóvenes sepan quienes eran Alberto y Ascen.

Recordemos para que no sean los terroristas, sus cómplices y aquellos que prefieren olvidar para vender su alma al diablo quienes sonrían y nosotros, que no hemos perdido la dignidad, los que lloremos. Recordemos para ganar la más importante de las batallas, la de la memoria.

* Teresa Jiménez-Becerril es diputada del Partido Popular y hermana de Alberto Jiménez-Becerril



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