AGLI Recortes de Prensa   Martes 2  Febrero  2021

Propaganda y verdad
EDITORIAL https://gaceta.es 2 Febrero 2021

Propaganda y verdad están librando un combate apasionante en España desde principios de marzo del año pasado, cuando en un ejercicio de comunicación política (eufemismo) que se estudiará dentro de cien años, un supuesto experto gubernamental en epidemias aseguró que no habría más de un caso o dos de covid-19. A día de hoy, entre 85.000 y 100.000 cadáveres nos contemplan pasmados junto a 622.600 puestos de trabajo destruidos, cuatro millones de parados, 755.000 trabajadores en unos ERTE prorrogados sin horizonte final, 350.000 autónomos en cese de actividad, un millón y medio de familias sin trabajo, 100.000 autónomos empleadores sin presente alguno ni empleados a los que pagar y el PIB hundido a niveles de posguerra.

Que no haya pasado nada, que el supuesto epidemiólogo, como el dinosaurio, siga ahí; que el filósofo que gestionó el desastre sanitario tenga excelentes perspectivas electorales; que los españoles acepten impasibles —salvo algún rápido desahogo en privado— que se cargue en ellos la responsabilidad del desastre porque a ‘los expertos’ invisibles no se les toca, que España sea el único país donde la Fiscalía se niega a que se investigue la gestión del Ejecutivo, que los golpes en las cacerolas de un pequeño grupo de rebeldes fuera acallado por la masa acrítica buenista que cantó el ‘Resistiré’ y aplaudió hasta desollarse las manos a unos sanitarios abandonados por el Gobierno de la Nación y por todos los gobiernos de las ínsulas baratarias españolas, sólo significa una cosa: la propaganda (retórica y miedo a partes iguales y pagada con nuestros impuestos) le ha doblado el brazo a la verdad.

A una verdad que ni es poliédrica, ni tiene mil caras, ni depende de por dónde se mire, ni es una manzana. La verdad es una. La verdad que conoce usted que nos lee, los hosteleros, los ancianos de las residencias, los sanitarios, los funerarios, los emprendedores, los operadores turísticos, las pequeñas empresas, las gestorías, los rectores, los colegios concertados, los encuestadores del CIS y millones de españoles más que se sienten desamparados ante la victoria propagandística del peor Gobierno que podríamos haber tenido en el peor momento posible.

La antaño heroica nación española se está echando una larga siesta. Y ya va siendo hora de despertar.

España supera los 90.000 muertos por coronavirus
Carlos Cuesta okdiario 2 Febrero 2021

Más de 90.000 muertos por Covid. Este es el tenebroso contador del coronavirus en España. Más en concreto, 90.161 personas que han fallecido y que han situado de forma habitual a España como el país con mayor tasa de mortalidad de todo el planeta. Un contador al que hay que añadir la expresión «por ahora».

Porque cada día sigue aumentado la cifra de fallecidos con datos dantescos: el último fin de semana, en nada menos que 762 muertos por Covid Y todo ello, mientras el Gobierno continúa negándose a tomar las riendas, coordinar la lucha contra el coronavirus y dar más poder a las comunidades autónomas para luchar contra el Covid.

El dato de muertos siempre ha ido a años luz de los datos oficiales. En estos momentos, de hecho, las muertes por Covid que admite el Ministerio de Sanidad del Gobierno de Pedro Sánchez no llegan a 60.000 (59.081). A cierre de 2020, el dato real medido por el Instituto Nacional de Estadística (INE) reflejaba ya más de 82.000 fallecidos. Y no ha dejado de crecer hasta ahora a niveles escalofriantes.

Última actualización
Hay que recordar que la actual cifra de 90.000 muertos por Covid se obtiene por medio de las mediciones del INE. Ese dato refleja el exceso de muertos con respecto al mismo periodo del año anterior. Puesto que la única causa extraordinaria y adicional de muerte frente al 2020 es el coronavirus, con una probabilidad prácticamente total ese aumento de fallecimientos corresponde al Covid. Es más, la cifra de 90.000 muertes ha sido tomando el dato INE hasta la última actualización, la que alcanza hasta el 17 de enero. Y esa cifra ha sido sumada a los datos del Ministerio de Sanidad hasta este pasado lunes. Teniendo en cuenta que los datos oficiales suelen ir por detrás de los reales es probable que el volumen de muertes total hasta hoy sea superior incluso a los 90.161 contabilizados.

Pese a todo ello, Pedro Sánchez sigue mostrando su aversión a dar explicaciones de lo ocurrido hasta el momento. De un desatarse que ha llevado a España a una inexplicable posición de cabeza en la clasificación de muertos por millón de habitantes. El presidente ha esquivado, de hecho, los momentos más críticos de la tercera ola sin dar explicaciones en el Congreso de los Diputados sobre su cuestionada gestión. Su última intervención fue el pasado 16 de diciembre, cuando dio cuenta de la gestión del estado de alarma y defendió sus medidas, que se han revelado claramente ineficaces.

Sánchez, incluso, se jactó entonces de que la incidencia acumulada se había reducido en las últimas semanas, pese al repunte en aquellos días. El estado de alarma, enfatizó el socialista, «está salvando vidas, empleos y empresas». Desde esa comparecencia, 969.829 personas se han contagiado, según datos de Sanidad. Las UCI de varias comunidades autónomas están al borde del colapso.

Sánchez, pese a ello, se resiste a acudir a la Cámara baja. Aunque enero es inhábil a efectos parlamentarios, PSOE y Podemos sí impulsaron, por ejemplo, que se facilitasen en este mes los trabajos de dos comisiones que nada tienen que ver con la materia sanitaria: la de Justicia, para avanzar en su asalto al Consejo General del Poder Judicial, y la que investiga la Operación Kitchen. En ambos casos, el propósito es claro: presionar al Partido Popular.

Sin embargo, el presidente del Gobierno se escabulle de dar explicaciones ante el hemiciclo. De hecho, la Diputación Permanente del Congreso de los Diputados, con los votos de PSOE, Podemos y sus socios, rechazaron el lunes la iniciativa del PP para que el líder socialista compareciese de urgencia ante el Pleno de la Cámara y diese cuenta de la respuesta de su Gobierno ante la pandemia desbocada.

Sánchez, cabe recordar, ya intentó evitar las comparecencias en el Congreso al blindar el estado de alarma con una prórroga única, lo que le libraba de solicitar la autorización del Pleno. Sin embargo, tras las críticas, aceptó finalmente acudir cada dos meses. No lo hará hasta pasadas las elecciones del 14 de febrero. Ni siquiera el empeoramiento de la pandemia altera sus planes e intereses.

De baja 67.837 pensiones de jubilación
Y no es el dato del INE el único que delata la brutal mortalidad. En el periodo que va de febrero a noviembre de 2020 se dieron de baja 67.837 pensiones de jubilación y viudedad, más que presumiblemente, por los estragos causados por el Covid en la población de mayores de todo el país, ya que la causa para dar de baja este tipo de prestaciones es, básicamente, una: el fallecimiento.

La cifra todavía podría ser mayor, ya que cuando se hizo público ese dato, aún no se había contabilizado el mes de diciembre. Y al ritmo de los últimos datos, eso supondría sumar unas 2.000 muertes a ese cómputo macabro y que dejaría la cifra en 70.000 pensionistas muertos por Covid. Esta cifra corresponde con el exceso de bajas detectado con respecto a 2019.

Profundizando más en los datos, esa estadística muestra otro hecho dantesco ante esta cifra de bajas: 44.549 muertes corresponden a pensionistas en concepto de jubilación y 23.288 son pensiones por viudedad. Los números son los que son, por mucho que Pedro Sánchez, Carolina Darias o Fernando Simón se empeñen en ocultarlos o manipularlos.

Si yo fuera catalán
Fernando Sánchez Dragó https://gaceta.es 2 Febrero 2021

En cierto modo lo soy ‒catalán, digo‒, pues el universo es un fractal, un holograma, una metonimia. una sinécdoque, y en ese orden de cosas y amalgama de factores el todo está en la parte y la parte está en el todo. O sea: que, si todo catalán es español, de ello se deduce que todo español es catalán.

Si yo fuera catalán, decía, y residente en Cataluña, me negaría a intervenir, ya fuese por activa, como votante, ya por pasiva, como miembro de una mesa electoral, en el inminente paripé democrático (y oclocrático) del Día de san Valentín. Y actuaría así no movido por motivaciones políticas, éticas o estéticas, y filosóficas, en definitiva, sino estrictamente sanitarias. Existe una ley natural, superior a todas las leyes del Derecho Positivo, que legitima la defensa propia en aras del instinto de conservación. ¿No creen?

Convocar elecciones en un momento como éste, con todo el país malherido por la pandemia y en el punto más delicado de ella, es una iniciativa incompatible con otra ley sacrosanta del Derecho Natural: la del sentido común, en francés bon sens… Precisamente ese seny del que tanto se presumía en Cataluña antes de que la ponzoña del separatismo envenenara las instituciones, incendiara las calles y convirtiera poco a poco en tercermundismo económico, social y cultural lo que durante tantos siglos fuese una de las zonas más ilustradas, razonables, razonadoras y prósperas del diablo mundo.

Los virus se frotarán los élitros, si lo tienen. ¡Menudo ventilador de microbios, miasmas, citoquinas y aerosoles!

Nos dicen, por una parte, quienes mandan en nosotros desde el salpicadero de la política, la medicina, la economía y la ciencia que la famosa curva del virus se ha tornado pared vertical y que ésta alcanzará su máxima altura precisamente a mediados de febrero; por otra, queda archidemostrado que la incidencia de la pandemia se dispara cada vez que nuestros compatriotas se juntan para intervenir en manifestaciones de cualquier índole, arracimarse en las zonas de shopping y chicoleo, codearse en los bares de copas y compartir humo de cigarritos en las tarrazas, organizar cuchipandas navideñas, soplar velitas en días de cumpleaños, jalear los triunfos deportivos del club local o perrear en botellones más o menos clandestinos; y, por último, es evidente que en la convocatoria electoral habrá aglomeraciones, largas colas e inevitables contactos de proximidad entre los votantes que depositen su papeleta en la ranura de las urnas y quienes revisen su Documento Nacional de Identidad. Los virus se frotarán los élitros, si lo tienen. ¡Menudo ventilador de microbios, miasmas, citoquinas y aerosoles!

Tras semejantes premisas sólo cabe llegar a la triste conclusión de que el 15 de febrero se convertirá en una fecha tan luctuosa por sus mecanismos de contagio como lo fue la del 8 de marzo, la del Black Friday, la del puente de la Inmaculada y las de las recientes fiestas navideñas.

Así las cosas, ¿no es pura insensatez, venga de quien venga y aválela quien la avale por muchas togas que lleven los avaladores, la decisión, primero, de convocar esas elecciones, y de sostenella, después, en vez de enmendalla y posponerla, tal como incluso los partidos políticos (no todos, claro) proponían en una inusual muestra de cordura?

Pues sí, lo es, y encima para que casi todo siga casi igual después de las elecciones. Puro gatopardismo.

¿Se producirá tan ruidosa campanada que resonaría no sólo en Cataluña, sino en todo el país, y dejaría en la cuneta nacional, vistos para la futura sentencia de las urnas generales, a los herederos de la funesta gestión de Rajoy?

Ahora bien; quede constancia, la mía, de que en ese doble casi del párrafo anterior está el único quid, a mi juicio, de la fúnebre convocatoria. ¿Llegará el sorpasso de VOX y tendrá más diputados ese partido en constante alza que los del PP, cada vez más desacreditado por su parentesco ideológico con el PSOE, su adscripción a la socialdemocracia y su tibieza con el secesionismo? ¿Se producirá tan ruidosa campanada que resonaría no sólo en Cataluña, sino en todo el país, y dejaría en la cuneta nacional, vistos para la futura sentencia de las urnas generales, a los herederos de la funesta gestión de Rajoy?

Sea como fuere, algo es seguro: el coronavirus va a ser el partido que ganará las elecciones catalanas. Queda por ver el porcentaje alcanzado por sus diferentes sensibilidades: la de origen chino, la británica, la brasileña, la sudafricana… Gajes de la globalización.

Lo «urgente» es sortear el Congreso
Editorial ABC 2 Febrero 2021

A estas alturas es inexplicable que la «ley de nueva normalidad», muchas de las ayudas «urgentes» a la economía, o el «ingreso mínimo vital» sigan sin desarrollarse en el Congreso

De veintitrés leyes urgentes comprometidas por Pedro Sánchez como imprescindibles para salir de la pandemia «más fuertes», el Congreso solo ha tramitado tres de ellas con premura. Y para colmo, una es la reforma de la ley orgánica del poder judicial para impedir al CGPJ hacer nombramientos, lo cual no tiene nada que ver con la gestión del Covid. Esta es la consecuencia directa de que el Congreso sea rehén de los ritmos impuestos por La Moncloa, y cómplice de una estrategia consistente en manipular a la ciudadanía haciéndole creer que el Gobierno ha puesto en marcha medidas solventes -el famoso «escudo social»-, cuando en realidad casi todo es un proceso vacío de contenido que sigue empantanado. Son leyes sometidas a una parálisis exasperante consentida por la presidenta de la Cámara Baja, Meritxell Batet, quien no solo socava su papel institucional como tercera autoridad del Estado, sino que se ha convertido en la subalterna de lujo de Sánchez para actuar, ella sí, como un escudo que retenga las normas en función de los deseos de La Moncloa, o como un filtro que las agilice si esa es la necesidad táctica del PSOE. Objetivamente, esa veintena de leyes bloqueadas no están perdidas en un enjambre administrativo y legislativo. Si no tienen impulso alguno, es solo porque Sánchez y Pablo Iglesias no quieren.

A estas alturas, es inexplicable que siga sin estar aprobada la llamada «ley de nueva normalidad» anunciada en junio; tampoco lo están las medidas urgentes avaladas en mayo para paliar las pérdidas económicas de sectores básicos de nuestro país como el comercio, la hostelería o el turismo; y lo mismo ocurre con la ley del ingreso mínimo vital o con la normativa de respaldo al sector cultural. Todo es una fantasía de Sánchez y dos decenas de normas flotan en un limbo con nula eficacia. En cambio, sí ha tenido prisa Batet, tan solícita con las instrucciones del presidente del Gobierno, para tramitar con toda urgencia la reforma del poder judicial sin siquiera escuchar al órgano de gobierno de los jueces, o para constituir una comisión parlamentaria del «caso Kitchen» contra el PP pese a que este sumario se encuentra en plena fase de instrucción.

La mayoría de esas leyes abandonadas a su suerte provienen de decretos que sí están vigentes, pero cuyos aspectos esenciales siguen sin desarrollarse a través de nuevas normas como impone la lógica. Para ver convalidados esos decretos, Sánchez se comprometió con los grupos parlamentarios a tramitarlos como leyes urgentes para que la oposición pudiese introducir enmiendas, o al menos para que se pudiesen debatir públicamente. Pero casi todo está varado. Ya lo advirtió en otoño el Tribunal Superior de Justicia de Madrid, cuando reprochó al Gobierno haber dejado en el olvido toda una batería legislativa indispensable contra la pandemia.

Aquí solo se agilizan una ley sectaria de educación, una norma contra la vida como la eutanasia, un ataque a la separación de poderes, mucha «memoria democrática» y, desde luego, una prolongación anómala del estado de alarma con el que justificar el sometimiento absoluto del Congreso y una «cogobernanza» autonómica averiada. Después, Sánchez y sus ministros presumen de democracia, cuando en realidad el grueso del «plan de reconstrucción y resiliencia» es una farsa arrumbada en los cajones de la mesa de Batet para administrarlo con cuentagotas, porque ni hay voluntad política, ni hay dinero. Los Presupuestos ya han quedado obsoletos en el primer mes del año, pero Sánchez solo paraliza el Congreso y se refugia en el engaño sistemático a los ciudadanos.

******************* Sección "bilingüe" ***********************

Quien avisa no es traidor
Rosa Díez. okdiario 2 Febrero 2021

Pongamos que vivimos en un país presidido por un tipo que llegó a la Presidencia del Gobierno de la nación de la mano de los enemigos de la nación constitucional de ciudadanos libres e iguales

Pongamos que los socios de la primera investidura de Pedro Sánchez, el presidente en cuestión, no sólo niegan la nación española sino que trabajan para derruirla y liquidar el orden constitucional que nos hizo ciudadanos a todos los españoles.

Pongamos que ese presidente que mintió para llegar a serlo (“convocaré elecciones inmediatamente”) una vez logrado se apalancó en el poder contando con la ayuda de los representantes de Maduro en Europa, los golpistas, los proetarras, los comunistas…. , con todos los enemigos jurados de la democracia española.

Pongamos que ese presidente se presentó a las elecciones legislativas prometiendo endurecer el Código Penal y castigar con mayor dureza a los golpistas para evitar nuevos actos de sedición; pongamos que una vez elegido ha iniciado una reforma del Código Penal para suavizar las condenas de los delincuentes mientras estos prometen que volverán a delinquir.

Pongamos que ese presidente se presentó a las elecciones prometiendo que NUNCA gobernaría con Podemos porque eso le “impediría” dormir tranquilo “como al noventa por ciento de los españoles”; pongamos que veinticuatro horas después de cerradas las urnas ese tipo presentó su coalición de Gobierno con Podemos y selló la traición a su palabra (y a sus votantes) abrazándose a Iglesias y haciéndole vicepresidente del Gobierno de España.

Pongamos que ese presidente negó rotundamente que fuera a hacer cualquier tipo de acuerdo con Bildu, partido prescriptor y defensor de ETA: “¿Cuántas veces se lo tengo que decir? ¿Se lo digo otra vez? No, no pactaré con Bildu…”. Pongamos que pasadas las elecciones entregó el Gobierno de Navarra y otras instituciones de la Comunidad Foral a Otegi, el jefe del cotarro. Pongamos que, además, el presidente explicó el acuerdo con los proetarras calificándolos de ”progresistas”. Pongamos que ese mismo tipo eligió suscribir pactos con el grupo de Otegi en el Parlamento Nacional y otorgar expresamente la consideración y el trato de “partido de Estado” a una formación que reivindica la historia de ETA y llama a sumarse a su grupo a los terroristas encarcelados por crímenes de lesa humanidad.

Pongamos que ese presidente negó que fuera a establecer cualquier tipo de acuerdos con los golpistas condenados en firme y encarcelados por uno de los delitos más graves contra la democracia, superado únicamente por el delito de terrorismo; pongamos que una vez elegido presidente se dedicó a cultivar su amistad, a rebajar políticamente la percepción de sus delitos calificándolos como “errores”, a iniciar el proceso para indultarlos, a constituir una Mesa con ellos que niega la soberanía nacional.

Pongamos que ese presidente designa como candidato para unas elecciones en Cataluña -el lugar desde donde se gestó el golpe contra la democracia- al ministro de Sanidad. Y que lo hace en plena ola de pandemia, en el momento más álgido desde hace un año. Pongamos que se niega a retrasar las elecciones a pesar de la gravísima situación sanitaria para favorecer que se celebren en el momento en el que a su candidato le va mejor.

Pongamos que las elecciones autonómicas en Cataluña se celebran en un momento en el que los contagios y las muertes están desbocados en esa comunidad autónoma. Pongamos que, a pesar de ello, los golpistas encarcelados salen a la calle a hacer mítines.

Pongamos que en ese clima de muertes y contagios los ciudadanos no pueden visitar a sus padres, no pueden visitar a sus abuelos, no pueden salir a dar un paseo por la calle de noche, no pueden reunirse con su familia, no pueden ir a tomar un café…. Pero pueden ir a votar incluso si están infectados; pueden ser miembros de una mesa electoral y atender a los infectados, pueden ir a los mítines que celebran el candidato Illa o los golpistas.

Pongamos que Illa dice que en su Gobierno no habrá independentistas. Pongamos que ese candidato es el mismo que dijo que no había riesgo de contagio, que no había que suspender actos multitudinarios, que no había que hacer test masivos, que las mascarillas no servían para nada y podían ser perjudiciales, que no había que cerrar Barajas a los vuelos con Reino Unido porque la cepa británica iba a ser, en todo caso, “marginal”…

Pongamos que los catalanes van a las urnas y votan a estos mentirosos redomados, a esa gente que ha puesto siempre el interés de su partido – o sea, su poder- por delante de la vida de los ciudadanos. Pongamos que después, en coherencia con todos sus antecedentes, los protagonistas vuelven a formar en Cataluña un Gobierno que trabaja para subvertir la democracia, arruinar el país, quebrar la igualdad entre españoles, y romper la convivencia entre catalanes.

Pongamos que eso ocurre. Entonces no podremos echar la culpa sólo a los falsarios y a los traidores, porque ellos se limitarán a hacer lo que ya han demostrado que quieren hacer, lo que ya están haciendo. Si eso ocurre la responsabilidad también será de aquellos que lo permitan con su voto o su silencio.

El voto es la herramienta más poderosa que tenemos en nuestra mano, la que aún no nos han podido arrebatar. Si no lo usamos para defender la democracia no podrán decir que no estaban avisados.

Cinco a la semana
Cayetano González Libertad Digital 2 Febrero 2021

Sánchez quiere meter una cuña en la relación entre PNV y Bildu.

El caos y la confusión provocados por este Gobierno en la gestión de la pandemia tienen como resultado que prácticamente todas las demás cuestiones del día a día pasan a un segundo plano informativo, o simplemente no existen. Para conseguirlo, el Gobierno cuenta con la inestimable colaboración de los medios de comunicación amigos o subvencionados, que llenan horas y horas de programación con un popurrí de noticias sobre el coronavirus que lo único que consigue es agotar al sufrido ciudadano, bastante castigado ya por las restricciones que trae la pandemia y por sus consecuencias económicas.

Así, una noticia significativa acaecida estos días ha pasado casi inadvertida. Sucedió el pasado viernes en el Parlamento vasco. Se debatían las enmiendas a la totalidad a los presupuestos de la comunidad autónoma para este año presentadas por los grupos de la oposición. Para dar la réplica a Bildu intervino en nombre del PNV Joseba Eguíbar.

Eguíbar es un veterano dirigente nacionalista, presidente desde hace años del PNV de Guipúzcoa, representante del sector del partido más independentista –aunque en el fondo todos lo son– y partidario del entendimiento con la izquierda abertzale si fuera necesario. La conoce bien y sabe qué tecla tocar cuando se dirige a los herederos políticos de ETA.

En su intervención, Eguíbar afeó a Bildu que se opusiera a los presupuestos del Gobierno de coalición PNV-PSE cuando en el Congreso había apoyado los de Sanchez e Iglesias. En un momento determinado dijo: “Ustedes han cambiado el campo de juego, están atendiendo sus propias urgencias, no los intereses del país”; y añadió: “Para que nos entendamos todos, es el denominado ‘acuerdo cinco a la semana’. Punto. Y ahí lo dejo”.

¿A qué se estaba refiriendo Eguíbar con eso del “denominado ‘acuerdo cinco a la semana’”? Pues sencillamente al acercamiento de presos de ETA a cárceles ubicadas en el País Vasco o cercanas a la comunidad autónoma que desde hace meses, de forma constante y como un goteo, viene haciendo el Ministerio de Interior. ¿Significa eso que Eguíbar o el PNV están en contra de esos acercamientos? De ninguna manera. Esa ha sido una reivindicación histórica –al menos desde 1996, cuando el PP llegó al Gobierno de España– del partido presidido en la actualidad por Andoni Ortúzar. Y eso a pesar de que el PNV apoyó la dispersión de presos etarras que pusieron en marcha en la década de los ochenta los Gobiernos del PSOE de Felipe González, siendo ministro de Justicia el difunto Enrique Múgica.

El problema es que al PNV le preocupa que una bandera tan sensible para un sector de la sociedad vasca como es la de los presos de ETA la capitalice en exclusiva Bildu, y que además lo haga como consecuencia de un acuerdo político con el PSOE en Madrid. Pero en ese juego nada ni nadie es inocente, empezando por Pedro Sánchez, que ha visto en esa cuestión, apoyado por Pablo Iglesias, una manera de ganarse el apoyo parlamentario de los herederos políticos de ETA y de paso meter una cuña en la relación entre PNV y Bildu.

El PNV es plenamente consciente de que, en un escenario electoral en el que la suma de escaños de Bildu, PSE y Podemos dé para conformar una mayoría parlamentaria, es muy probable que, si sigue al frente del Gobierno y del PSOE, Sánchez dé luz verde para materializar ese acuerdo y echar al PNV del poder, aunque eso conlleve hacer lehendakari a Arnaldo Otegui.

Mientras tanto, ¿qué lugar ocupan las víctimas del terrorismo en todo esto, cuando ven cómo los asesinos o colaboradores en los asesinatos de sus seres queridos son acercados al País Vasco so capa del cumplimiento de la legislación penitenciaria, cuando todo el mundo sabe el trasfondo político que subyace en esa decisión? Pues ocupan el lugar del olvido y el de la indiferencia, al menos de los poderes públicos. Así de triste y así de crudo.

Lo que sea, menos volver al pujolismo, por favor
Alejandro Tercero cronicaglobal 2 Febrero 2021

Ya los tenemos a todos en la calle. Junqueras, Forcadell, Romeva, Cuixart, Bassa, Forn, Rull, Turull y Sànchez pasean a sus anchas y lanzan proclamas incendiarias en los mítines de la campaña electoral del 14F.

La Generalitat ha vuelto a desafiar al Tribunal Supremo y les ha concedido el tercer grado. No han pasado ni dos meses desde que el alto tribunal advirtiera de que no se cumplen los requisitos para aplicar ese beneficio penitenciario, pero al Govern se la suda.

Es probable que, en breve, vuelvan al presidio --ahora solo van a las celdas a dormir entre semana-- pero, de momento, los nueve sediciosos actuarán de acicates para animar el voto independentista. Únicamente han pasado tres años entre rejas pese a sus largas condenas --aunque, a todas luces, insuficientes-- por uno de los delitos más graves que hay en una democracia (y cuatro de ellos, también por malversación).

Visto lo visto, no me negarán que tiene guasa que todavía haya terceristas bienintencionados que se opongan a que el Gobierno recupere la competencia sobre prisiones que se transfirió a la Generalitat en 1983. Fue uno de los primeros botines que se cobró Pujol​ y que hoy se antoja incomprensible.

En todo caso, todas las formaciones constitucionalistas que se presentan a estos comicios coinciden en lanzar críticas implacables al independentismo catalán. Y no les falta razón. El procés, además de todas las ilegalidades que ha comportado, ha roto la convivencia en Cataluña, ha tirado a la basura una década y ha causado una decadencia económica y social sin precedentes, a la que será difícil darle la vuelta.

Sin embargo, la mayoría de los líderes secesionistas siguen emperrados en sus mensajes rupturistas (sin renunciar a la independencia unilateral), amenazadores (“lo volveremos a hacer”) y supremacistas (el desprecio hacia el resto de España y hacia los catalanes castellanohablantes o los que rechazan la secesión es una constante).

Ante este panorama, sorprende que haya una parte del constitucionalismo que apueste por tratar de desinflamar la situación, evitar polémicas, esquivar los choques. La sociedad catalana --y también la del resto del país-- da muestras evidentes de cansancio y hartazgo, y estas almas cándidas entienden que lo mejor para todos es sentarse a negociar una salida, una reconciliación, un reencuentro. Esto es, volver a la estrategia de cesiones para ver si de una vez por todas los radicales se calman un poco. En algunas ocasiones, hasta confiesan su deseo de recuperar la pax pujolista.

Craso error.
Fue precisamente Pujol quien inoculó el virus del nacionalismo en todos los ámbitos de la sociedad. Fue Pujol quien alumbró la figura del català emprenyat (que después engordaron y aprovecharon indignados editorialistas para divulgar el victimismo). Fue Pujol quien llevó a extremos nunca vistos el chantaje --sin mucha oposición de PSOE ni de PP, todo hay que decirlo-- a los diferentes gobiernos nacionales. Y fue el heredero de Pujol, Artur Mas (aunque ahora, de forma vil y cobarde, proclame su inocencia) quien dio a Cataluña el último empujón hacia el precipicio.

En definitiva, la etapa pujolista --con los paños calientes que se aplicaron a sus iniciativas-- instauró las bases del procés. El precio de su efímera e ilusoria estabilidad ha sido muy alto y lo pagaremos durante mucho tiempo. ¿De verdad alguien en su sano juicio cree que la salida pasa por recuperar aquel supuesto oasis? ¿Es razonable contemporizar con quienes aseguran que destruirán el Estado en cuanto tengan oportunidad? ¿Es prudente tender la mano a los que prometen morderla? ¿Es sensato insistir en el mismo proceder y esperar un resultado diferente?

Repetir las equivocaciones del pasado nos lleva inexorablemente al mismo callejón sin salida. Estamos a tiempo de evitarlas.

Vox y las calles de Cataluña
Pablo Planas Libertad Digital 2 Febrero 2021

El control del espacio público es uno de los ejes del separatismo. En lo más duro del golpe de Estado, hasta los más irresponsables e imbéciles de entre los directivos de banca salieron a cortar la avenida Diagonal al grito de "Els carrers seran sempre nostres!", banda sonora del cambio de domicilio de miles de empresas, incluida la banca local.

A los observadores menos avezados les puede parecer que la tensión ha bajado en Cataluña, que el proceso separatista está en una fase terminal y que el ambiente pandémico no da para arrebatos independentistas. Que prueben a plantarse con una carpa y una bandera de España en cualquier esquina de la región. No tardarán ni cinco minutos en ser increpados, insultados, amenazados y probablemente agredidos.

Si en vez de ir a visitar La Vanguardia Pablo Casado se pusiera a repartir pasquines sin escolta en la calle Mallorca de Barcelona, le iba a durar dos minutos la idea esa de que el proceso es historia y todos cometimos errores. Pero eso ya lo sabe, aunque parece que se le haya olvidado. Todos los dirigentes regionales de su partido y los nacionales también han sido atacados, antes del proceso, durante el proceso y en esta especie de hibernación del proceso.

Saben muy bien qué es eso Inés Arrimadas y las gentes de su partido, vejadas, escupidas y apedreadas ya fuera en el pueblo de Puigdemont o a las puertas del Parlament. Y lo llevan comprobando los dirigentes, militantes y simpatizantes de Vox desde que comenzaron a tener un cierto protagonismo primero en el resto de España y ahora en Cataluña, donde todas las encuestas predicen su irrupción en la cámara autonómica.

Que Vox vaya a entrar en el Parlament es algo insoportable e intolerable para todos los partidos separatistas y para quienes asumen su marco mental, como los comunes, versión catalana de Podemos, y el PSC de Salvador Illa. De ahí que se les marque el terreno con agresivas manifestaciones de autoproclamados antifascistas, puntas de lanza de los Comités de Defensa de la República (CDR).

En el PP y Ciudadanos, caladeros de votos de Vox, temen que los separatistas les estén haciendo la campaña y alfombrando a base de pedradas la entrada en el Parlament. Puede ser. Lo que no tiene sentido es que sólo Toni Cantó y Cayetana Álvarez de Toledo hayan mostrado su solidaridad con los dirigentes de Vox y condenado los ataques que sufren.

En la deteriorada situación catalana, con la convivencia rota, se entiende perfectamente que los partidos separatistas y quienes aspiran a gobernar con ellos miren para otro lado y actúen como si esos ataques no existieran. Son los partidos separatistas quienes orquestan esas agresiones, quienes han creado el caldo de cultivo para los ataques, quienes dieron las órdenes para tomar el control de las calles y quienes se benefician de ese dominio del espacio público, un dominio que les permite negar la existencia de una parte de la sociedad, la no independentista, que en su gran mayoría y dado el abandono del Estado prefiere no protestar, no meterse en problemas y no significarse.

La manifestación del 8 de octubre de 2017 en Barcelona que reunió a más de un millón de personas con banderas de España fue el factor determinante para sofocar el golpe de Estado. El discurso del Rey del 3 de octubre fue importantísimo y crucial, pero aquella manifestación le demostró al separatismo que las calles podían parecer suyas, pero no lo eran, que había una parte significativa de la población que no se iba a dejar pisotear sin ofrecer resistencia, que no se iba a rendir por las buenas adormecida por la delictiva estulticia del Gobierno de Rajoy y Sáenz de Santamaría. Tras aquella manifestación, a los líderes golpistas no les quedaba más remedio que huir o entregarse, como así fue.

Desde entonces el separatismo no ha hecho otra cosa que reconquistar el control de las calles, que tiñó de amarillo hasta que el coronavirus le hizo apretar el botón de pausa. La reconquista se vio favorecida por varios factores: la traición del PSOE, empeñado en desmontar todos los focos de resistencia del constitucionalismo, como Sociedad Civil Catalana (SCC), la fuga de los principales dirigentes de Ciudadanos a Madrid, hartos del acoso cotidiano en Cataluña, y el hundimiento del PP provocado por la inconsistencia de Rajoy y su equipo.

El principal empeño de los socialistas desde 2018 ha sido destruir todos los resortes que hicieron posible el 8 de Octubre, cosa que han hecho ante la mirada lanar de Ciudadanos y el PP. Vox, que en octubre del 17 no era una formación significativa, es ahora el gran rival del separatismo. De ahí los ataques, los insultos, las amenazas y las agresiones. Harían bien Ciudadanos y el PP en volver a las calles para que no sólo les partan la cara a los de Vox. Así estaría aún más claro quiénes son los fascistas en Cataluña.

La foto de la vergüenza: los presos en la calle y los ciudadanos confinados
El Gobierno ha puesto una alfombra roja a los presos por sedición que adelanta el pacto del PSOE con ERC, denigra a la Justicia y se burla de la ciudadanía.
Editorial ESdiario  2 Febrero 2021

La reunión pública de los políticos condenados por el Tribunal Supremo, con Oriol Junqueras a la cabeza y los Jordis a su vera, resume el indecente agravio que se vive en España y muy en particular en Cataluña.

Todos ellos sobrellevan condenas firmes, con un grado de incumplimiento mínimo, por delitos tan graves como la sedición y la malversación, cometidos en su reiterada intento de separar a Cataluña del resto de España por la fuerza. Y desde las instituciones.

Pero, pese a ello, todos ellos han salido de prisión pese a la oposición del Supremo, que frenó inicialmente la cacicada de la Generalitat de soltarles aplicándoles el régimen penitenciario más benévolo pero, al final, no ha podido pararla: una simple consejera, del mismo partido que Junqueras, fue suficiente para hacer claudicar a la Justicia española.

PSOE y ERC pactarán porque Sánchez es presidente ya por Junqueras. Y mientras, humillan ambos a España

El contraste existente entre la imagen de miles de ciudadanos confinados, sin contacto familiar o incluso con sus negocios cerrados a la fuerza y la de presidiarios dando mítines, reunidos, rodeados de seguidores y repitiendo en público los mismos discursos y actitudes que les llevaron a la cárcel, resulta insoportable.
Junqueras dio mítines rodeado de personas en plenas restricciones en toda España

Pero también muy indiciario de qué ocurrirá en Cataluña al día siguiente de las Elecciones: por mucho discurso impostado que Pedro Sánchez o Salvador Illa sostengan durante la campaña, su complicidad con el independentismo catalán y su dependencia de él dejan claro lo que pasará el 15F: un acuerdo claro, similar al ya vigente en Moncloa, que sitúe al frente de la Generalitat al vencedor y al otro partido de apoyo externo decisivo.

La laxitud del Gobierno ante la liberación de los presos y todas las ayudas precedentes que les dio ahonda en la misma sensación, premia el exceso, denigra al Poder Judicial y constituye una invitación a la reincidencia. Porque lo grave no es ya que los Junqueras y Puigdemont ejerzan de lo que son, sino que este Gobierno y este presidente les pongan una humillante alfombra roja.

«Tenemos claro quiénes son nuestros héroes»
Ertzainas crean la asociación «Mila Esker» para homenajear a los compañeros víctimas de actos terroristas

C. S. Macías larazon 2 Febrero 2021

Han pasado 25 años desde que el ertzaina Jon Ruiz Sagarna recibiera el impacto de un cóctel molotov que unos encapuchados lanzaron contra la furgoneta en la que viajaba junto con sus compañeros. «Con el aspecto que tengo, no creo que pueda hacer en los próximos años una vida normal» relató en 1996 después de sufrir quemaduras de hasta el 55 por ciento de su cuerpo. Por él y por muchos otros compañeros un grupo de ertzainas han constituido la asociación «Mila Esker» (Mil gracias) con la que se pretende desactivar el olvido, recabar los datos de ertzainas víctimas de actos terroristas y en actos de servicio y mirarlos a los ojos para decirles «mil gracias». El presidente de dicha asociación y miembro de la Brigada Móvil, Julio Rivero explica que se trata de una «necesidad imperiosa dentro del colectivo para no caer en el olvido y agradecer a muchos compañeros su buen trabajo y sacrificio».

¿Y cómo le cómo les explican a los jóvenes lo que fue ETA y la kale borroka? No hay aulas ni clases, es el día a día la escuela del pasado. Los ertzainas más veteranos son los encargados de despertar la memoria. «Se lo explicamos desde el máximo respeto y a nivel policial, por su propia seguridad. Tienen que conocer a qué riesgos se exponen». Será a través del material de protección que ahora tienen desde donde seguirán las huellas. «Es de justicia que sepan el por qué tenemos un buzo ignífugo que nos permite estar protegidos si nos lanzan cualquier tipo de coctel molotov; porque hubo un compañero que resultó quemado en el 55 por ciento de su cuerpo. También la mejora de los elementos de dotación personales tiene nombres y apellidos y «siempre hay un sufrimiento detrás, también familiar». Los chalecos antibalas de ahora llevan implícitos el recuerdo de Javier Mijangos o Ana Arostegui» tras su asesinato a tiros por la banda terrorista o los blindados de ahora por los atentados; «porque que antes falleció nuestro compañero Totorika».

Rivero asegura que a los nuevos ertzainas «se les nota en sus ojos la admiración, el orgullo y las ganas de querer conocer aquello que vivimos».

También, los ertzainas de la asociación «Mila Esker» están dispuestos a explicar a aquellos jóvenes que no saben ni quien era Miguel Ángel Blanco lo que supuso para la sociedad y para la policía vasca cuando se liberaron aquel día de sus pasamontañas. «Si podemos contribuir también para que la sociedad y los más jóvenes se conciencien y sepan que hay cosas que se vivieron en este país y que no se tienen que repetir, es una buena experiencia de dedicación, cultural, y de reconocimiento».

Desde el Gobierno vasco aún no se han puesto en contacto con la nueva asociación, pero han pronunciado sus respetos por la misma. Dice Rivero que serán ellos los que lo hagan para presentarles su proyecto.

¿Existe esa sensación de impunidad en el País Vasco cuando se les convierte en héroes a los que han salido de prisión? «Nosotros tenemos claro quiénes son nuestros héroes y por eso hacemos un reconocimiento y agradecimiento a los que lo fueron y por eso les damos las “mil gracias”. Cada uno sabe quiénes son sus héroes que no pueden ser otros que aquellos que velaron por proteger la seguridad, los derechos de todas las personas y los que no vulneraron ningún derecho humano; y no hay derecho humano más importante que el derecho a la vida. Creo que la sociedad tiene también claro quiénes fueron los villanos».

Rivero recuerda que ejerció siempre su labor «sin miedo» pero tomando medidas de autoprotección como no colgar la ropa a la vista, no decir los destinos en los que estaban, proteger a la familia... «La discreción te salvaba la vida», recuerda.

¿Le preocupa el regreso de la kale borraka? «La verdad que tenemos una preocupación porque sí que parece que estos movimientos -que se han producido durante la pandemia- de rebelión están orquestados» y, destaca, «emplean técnicas y tácticas que nos recuerdan a aquellas épocas». Además, «tenemos una preocupación de que esto no vuelva a ocurrir y también como sociedad. Creemos que la sociedad vasca es madura y no permitirá que se produzca esa lacra de la violencia que vivimos aquellos años en las calles».

¿Y qué le parecen que Bildu no lo condene? «Cada uno se retrata como quiere».

Ahora, la asociación prepara nuevos homenajes: a compañeros emboscados en un enfrentamiento armado en el que uno perdió un ojo. «La idea es llegar a todos ellos y que sientan el calor y darles las gracias. No los olvidamos».


Recortes de Prensa   Página Inicial