AGLI Recortes de Prensa   Viernes 5  Febrero  2021

España pide ayuda a Europa
Abel Hernández larazon 5 Febrero 2021

La deriva totalitaria del Gobierno de izquierdas en España, cada día más pronunciada, está obligando a pedir ayuda a Europa. Las denuncias a las instituciones europeas se multiplican. El intento de controlar al poder judicial es, a todas luces, el que más preocupa en Bruselas, pero no dejan de observarse también con inquietud allí los oscuros manejos de La Moncloa para distribuir a su antojo los ingentes fondos de la pandemia, en vez de ocuparse de ello un organismo independiente o controlado desde fuera. No es buen síntoma que se intente ocultar, a este propósito, el informe del Consejo de Estado. Los principales dirigentes europeos, que tienen que tomar las decisiones, pertenecen al PPE (Partido Popular Europeo) y están al cabo de la calle informados por sus colegas del PP de Pablo Casado, al que el presidente Sánchez ignora y, si viene al caso como ahora, persigue con malas artes. Constatan que en España la transparencia, tanto en los datos oficiales de la pandemia como en sus demoledores efectos sobre la economía, brilla por su ausencia. Los ataques a los periodistas críticos desde los antedespachos del poder, que han obligado a manifestarse a la Asociación de la Prensa, son una prueba más de esa deriva autoritaria.

Las alarmas no cesan. Una amplia plataforma plural, de la que forman parte sindicatos, asociaciones católicas y diferentes organizaciones educativas, registraron el pasado miércoles ante la Comisión Europea un escrito denunciando que la “Ley Celaá”, con sus restricciones a la enseñanza concertada, “pone en grave riesgo de vulneración derechos fundamentales y libertades reconocidas en el Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea” y “supone, en definitiva, una amenaza al Estado de derecho”. Mientras tanto, aprovechando el estado de alarma, el Gobierno procura aprobar con urgencia, sin el debido debate social ni atención a las observaciones de los expertos en bioética y sin apenas discusión política, leyes que afectan de lleno a la conciencia ética, como la eutanasia o el cambio de sexo. En eso consiste, por lo visto, el progresismo. A la vista de ello, no faltan los que empiezan a advertir que la ideología de género, en la que se basan las actuaciones de este Gobierno, es el movimiento ideológico más pernicioso y totalitario después del fascismo y el comunismo. Sea como fuere, el prestigio de España está hoy de capa caída, esperando que, como hace cuarenta años, Europa nos eche una mano.

Previsiones económicas: entre la pandemia y la burbuja
Luis Riestra. vozpopuli  5 Febrero 2021

Normalmente presentamos las previsiones a finales o principios de año, pero esta vez, dada la gravedad y la excepcionalidad de la situación, hemos preferido esperar a que los organismos que las realizan tuvieran más tiempo para ello. Por otro lado, las preparábamos pensando en los exportadores, ya que, dada la mala forma de gobierno que padecemos, lo mejor para todos es que nuestras empresas estén diversificadas al máximo y hoy, al estar más centradas en salvar su actividad o consolidando lo existente, tampoco es tan importante entrar en tanto detalle ni en economías menos importantes (de África, América Latina, Europa del Este, Próximo Oriente, etc.) a las que, además, dichos organismos dedican menos esfuerzos predictivos.

Así que lo que haremos hoy será empezar por el ciclo global, pasando luego a ver actores de interés para terminar con nuestros principales mercados, dejando para una ocasión futura las previsiones con mayor detalle. Utilizaremos las previsiones del FMI, pues al ser las terceras que hacen desde que comenzó la pandemia china ya deberían haber solventado muchas de las dificultades analíticas de la pandemia. Veámoslo.

El Ciclo Covid-19
Lo pueden ver en la siguiente gráfica, donde además se muestra casi de forma perfecta las dos fases del ciclo, que son, la recesión y la recuperación, recordando, una vez más, que la "recuperación" no significa que vuelva lo de antes, sino que se consolidan crecimiento y expectativas positivas, haciendo posible la "expansión" (siguiente fase) económica, que es en la que se reducen de forma importante el desempleo y mejora la riqueza de la mayoría; lo previsto es que la expansión comience, a nivel global, en 2022.

Destaca que son las economías avanzadas (línea azul, anterior gráfica), donde están Estados Unidos, la UE, Japón, etc., las que peor se comportan y esto se debe, en buena parte, a que sigue considerándose a China entre las economías emergentes o en desarrollo (línea marón), país que además se va de rositas (¿Para cuándo el arancel covid-19?); también destacan los fuertes movimientos de las exportaciones de bienes y servicios (línea gris). En conjunto, las economías desarrolladas deberían estar fuera de la recesión a finales de este año.

Actores externos
Fuera de la UE, además de haber todo un mundo (suena obvio pero se pasa por alto), tenemos tres actores determinantes del devenir internacional, que son, por orden de importancia, Estados Unidos, China y Rusia, y uno de interés que es India. Del caso chino destacaría que, aún siendo el causante de la desgracia global, es el que menos la padece, incluso casi que sale fortalecido; sin embargo, tras el gobierno de Trump, el mundo ha visto quienes son realmente y, a partir de aquí, debería empezar su declive, poniéndose de manifiesto sus debilidades graves -incluso su banco central reconoce la evidencia de la burbuja de activos -, y dirigiéndose a una más que merecida crisis sistémica.

De India, muy afectada -como todos los competidores de China- por la pandemia, decir que, desenmascarada China, aparece como gran alternativa a ese imperio depredador, ya se empiezan a ver productos sustitutivos (por ejemplo móviles) y su crecimiento medio de largo plazo (flecha marrón, siguiente gráfica), como pronosticamos aquí hace años, ya supera al de China (flecha amarilla). De Rusia, destacar que han pasado la etapa de despegue del ciclo generacional y ahora entran en otra más convulsa, cosa que advertimos, con lo que el orden y pensamiento dominante se harán más represivos, dificultando los negocios a empresas no corporativas o extrañas al Establishment.

Finalmente, Estados Unidos, cuya crisis secular analizamos recientemente en dos entregas, que entra en un impase adverso - o reaccionario - que anuncia menor crecimiento. Su presidente, un sujeto al que quitan votos negativos en YouTube como si fuera un dictadorzuelo de tres al cuarto, conduce por el retrovisor prometiendo más progresismo y medidas anti Trump con el dogmatismo propio de un fanático. Acusado varias veces de plagiarismo ahora intenta, con toda una batería de "órdenes ejecutivas", algo parecido a los primeros cien días de F.D. Roosevelt,.

Aparte de favorecer a China, entre otros errores graves más propios de alguien del Viejo Mundo, este salto atrás se hace gobernando para las minorías y dañando a las mayorías, como ocurrió con la relativa a los transexuales y el deporte femenino, o con la suspensión del alquiler de terrenos federales para explotaciones petrolíferas, que ya aumentó los precios del petróleo, o con su fanatismo verde (¿para ponerse morado?) que encarecerá la electricidad, dos facturas que, junto con las anunciadas subidas de impuestos para pagar su fiesta, cabrearán aún más al electorado; todo esto tendrá consecuencias, no como aquí, que la factura "verde" es "criminal" y no pasa nada pues no se eligen representantes.

Tal vez lo peor de Biden no sea que sus medidas anuncian un menor crecimiento, una mala noticia para Europa y sobre todo para Alemania, sino que su equipo y sus acciones podemizan al Partido Demócrata, al Gobierno Federal y a los propios Estados Unidos.

Nuestros mejores clientes
Que somos nosotros mismos, los españoles (la precisión no es casual), y lo países grandes de la UE. Después de que hiciéramos el peor dato de crecimiento desde la última guerra civil, una caída del 11.1%, el FMI, tras revisar a la baja la previsión anterior, espera que crezcamos este año un 5,9% y un 4,7% en 2022, con lo que dentro de dos años (finales de 2022) estaremos al 98,6% de donde estábamos 2019 y podríamos tardar hasta 2024 en recuperar el empleo del 2019, ya que al aumento sistémico de la productividad se suma la de los cambios productivos por la pandemia.

Al drama humano que significa todo lo anterior hay que añadir al destrozo en los balances de particulares y pymes, por el tsunami de quiebras agravados el ejército de parásitos que nos gobierna y que, delirios aparte, en su psicopatía, detestan al sector privado y fríen a subidas de impuestos (uno de tantos) a los ciudadanos, siendo los más afectados los autónomos. Toda una desgracia para un país con récord europeo de paro desde 1980 y de vividores de "lo público".

El segundo peor es Gran Bretaña, que rebotaría bien, metido además en el cambio estructural que requiere el Brexit, algo que aumentará la competencia industrial europea y que, probablemente, sea el único beneficiario de la elección de Biden, consiguiendo unas condiciones más favorables en el tratado comercial que negocian.

Le sigue por la cola Francia, nuestro mejor cliente exterior, con esa preocupante media de crecimiento potencial a largo plazo (flecha azul, gráfica anterior), por debajo del 1%, y que hace a su vez de media del Club Med; es la italianización del sur, la UE zombi. Mientras, en Italia, y en la UE, todo la casta cruza los dedos para que no haya elecciones y gane Salvini, llegando incluso a imponer a Mr. "whatever it takes"Mario Draghi como nuevo Primer Ministro.

Finalmente, en Alemania, Merkel impulsó su sucesión mientras iba gestionando relativamente bien la pandemia y se negociaba un tratado comercial de la UE con una China que estaba ablandada por Trump, hasta que todo cambió; tras eso, su mandada, doña Úrsula von der Leyen, copia a Trump y pide a China reciprocidad comercial. En cuanto a la sucesión, tal y como predijimos en "Merkel y el sexo de los ángeles", el intento de sustituir a Merkel por Annegret Kramp-Karrenbauer llevó a una regeneración fallida, que ahora vuelven a intentar con el melifluo Armin Laschet, supuesto miembro del Pacto Andino, que no promete ninguna mejora de la gestión existente, sino todo lo contrario.

Ese es el horizonte general que se perfila para el futuro próximo y que, a pesar de enormes estímulos fiscales y monetarios, filtrados por los intereses del establishment (piensen en los oscuros aprovisionamientos sanitarios españoles), seguimos dependiendo de que el virus no mute imparablemente, de que el experimento de las vacunas exprés promovidas por el complejo burocrático-farmacéutico no nos den ningún disgusto y de que los sufridos ciudadanos tengan suficiente confianza y capacidad de consumo represada que se libere con fuerza, y todo sin contar con el enorme riesgo de las burbujas de activos por el mal gobierno que padecemos. Así de empinada es la cuesta del medio plazo y de esta Charocracia de portadas Vogue, que a ver cuándo acabamos con ella.

Sánchez se paga el puesto aceptando negociar autodeterminación y amnistía
El presidente concede al separatismo su mayor victoria histórica al reconocer el inexistente derecho a negociar la autodeterminación y la amnistía, las logre finalmente o no.
Editorial ESdiario 5 Febrero 2021

La hipoteca que Pedro Sánchez firmó para lograr la Presidencia no ha dejado de extender sus facturas desde junio de 2018, cuando aprovechó una sentencia menor de la trama Gürtel para justificar una moción de censura contra el rival que le había ganado las Elecciones Generales dos veces en apenas seis meses.

Entonces aceptó la doble intervención del populismo de Podemos y el separatismo de ERC y no ha dejado de abonar facturas que, para lograr un beneficio personal, se cargan en los intereses estructurales de España.

Desde las nefandas leyes ideológicas que asolan las garantías y libertades del Estado de Derecho hasta las cesiones al nacionalismo, todo ha sido un cúmulo de despropósitos agravados por la peor crisis sanitaria y económica de la historia reciente: cuando más consensos transversales hacían falta y más concentración se requería en las prioridades; más sectaria, divisoria y contraproducente ha sido la agenda de Sánchez.

El equilibrismo político de Pedro Sánchez hace mella en la bancada del PSOE

Pero si las leyes Celaá, de asalto al CGPJ, de transexualidad, de memoria histórica o de eutanasia son inaceptables e incompatibles con la libertad individual y colectiva inherente a una democracia; las cesiones al independentismo son además un ataque frontal a la mismísima Constitución.

La independencia no solo debe ser ilegal, también debe considerarse ilegítima. Y Sánchez la ha blanqueado para pagarse su cargo

Y eso supone aprobar en el Congreso la reanudación de la "Mesa de Gobiernos" que avala una inexistente bilateralidad entre España y Cataluña y oficializa la negociación del proscrito "derecho" a la autodeterminación y de la lamentable amnistía de los nueve políticos catalanes condenados por sedición que, lejos de arrepentirse, se reafirman en su comportamiento.

Blanquear lo más siniestro
Que la independencia de una parte de España sea inviable no resta relevancia a la infame cesión del Gobierno, que sienta un precedente ya imborrable de legitimación de unos objetivos que, simplemente, deben combatirse y desautorizarse.

Sánchez no puede dar lo que no está en su mano, pero sí puede hacer pedagogía política en su sentido o en otro: las ideas separatistas se combaten o se alimentan, en prevención de escenarios futuros, y lo que ha hecho este Gobierno es blanquearlas. Y eso ya es una victoria del nacionalismo, que ya siempre podrá alegar un reconocimiento de sus postulados y esperar a que se den las condiciones debidas para hacerlos prosperar.

La decadencia de Cataluña
Francisco Marhuenda La Razón 5 Febrero 2021

Los datos demuestran que Cataluña se ha instalado, desgraciadamente, en una lenta decadencia desde que el independentismo se echó al monte y comenzó su guerra para destruir a España. Las elecciones del 14 de febrero son decisivas, porque se dirimirá si se sigue ahondando en este proceso o si se podrá formar una alternativa constitucionalista. La continuidad de la coalición formada por JxCat y ERC sería un auténtico desastre, pero también si el partido de Junqueras forma un tripartito con los socialistas y los comunistas y antisistema de Ada Colau.

Durante estos años, la estrategia del gobierno catalán ha sido la ruptura y por eso emprendieron un proceso unilateral de autodeterminación vulnerando el ordenamiento constitucional y estatutario. Esta decadencia económica y, por supuesto social, es fácilmente perceptible tanto por los indicadores como por el sentimiento generalizado en las encuestas. El nacionalismo sustentó su estrategia en el victimismo y el lema «España nos roba». Era bochornoso leer o escuchar determinadas declaraciones donde se arremetía con lo que consideraban autonomías «subsidiadas» por los catalanes. Los impuestos no los pagan los territorios, sino las personas. Es una realidad hacendística que el nacionalismo ignoraba para manipular a la opinión pública.

Es un clásico buscar el enfrentamiento entre zonas ricas y pobres, aunque a los nuevos ricos nacionalistas se les llenaba la boca hablando de la solidaridad con los países pobres de África o Asia. Era muy pijo hacerles una visita en verano mientras se arremetía, por ejemplo, contra Andalucía y Extremadura. Ahora, la realidad es que es el proceso independentista el que nos roba a los catalanes, como muy bien dice Ferran Brunet en un interesante video, «el trabajo, el dinero, las inversiones, las libertades y el futuro. El desafío separatista ha descompuesto la política, la sociedad y la economía catalanas».

Las palabras de este prestigioso profesor de Economía son muy inspiradoras sobre la necesidad de un cambio en Cataluña, que permita recuperar la convivencia, acabe con las pertinaces mentiras de los independentistas y se forme un gobierno preocupado por todos los catalanes y su bienestar. La política de confrontación del independentismo ha sido tan estéril como perniciosa provocando una decadencia que todavía es reversible. El retroceso es muy evidente y hemos dejado de ser el gran motor de la economía española. Estos años de separatismo han enriquecido a muchos patriotas de la billetera, pero han servido para repeler la inversión y han favorecido la deslocalización de numerosas empresas.

La inmigración descabellada
EDITORIAL https://gaceta.es 5 Febrero 2021

Desde un punto de vista académico, hay cientos de trabajos serios, documentados y objetivos sobre los efectos de la inmigración ilegal en los Estados Unidos y en el Reino Unido. De estos efectos, uno de los menos conocidos es la perniciosa polarización de la sociedad que ciertas políticas migratorias descabelladas han causado. Por desgracia, en España, como en otros países de la Unión Europea, la izquierda no permite que lo académico entre en el debate. El principio de causalidad explica que el efecto de la inmigración ilegal de origen africano en Europa no es espontáneo, sino que es fruto de la ausencia de planes de fomento de la natalidad por cuestiones ideológicas, del fracaso palmario de los países de origen de la inmigración y del desprecio, fruto del consenso socialdemócrata que gobierna esta Europa decadente y avejentada, de conceptos positivos tan importantes como son pueblo, nación y Estado, que han quedado diluidos en la conciencia de los gobernados por la irresponsabilidad ideologizada de los gobernantes que agitan la bandera blanca del multiculturalismo para defender su mal gobierno.

Los efectos de esta inmigración ilegal los conocemos y los padecemos, pero también los padecen cientos de miles de inmigrantes que se hacinan en barrios periféricos de las grandes ciudades europeas y que han encontrado en la radicalización una forma de paliar la enorme frustración que han generado, en ellos también, las irresponsables políticas migratorias. El resultado es evidente: miedo, inseguridad y violencia. También en España, frontera sur de Europa, a la que los datos (como que una cuarta parte de todos los templos religiosos ya son musulmanes) niegan el eslogan machacón de que somos una nación de paso de la inmigración ilegal.

De entre todas las regiones españolas, es en Cataluña donde con más intensidad se observa el rastro de la irresponsabilidad, en este caso la de los políticos nacionalistas catalanes que alentaron la inmigración musulmana por encima de la hispanoamericana por evidentes y lamentables motivos ante la pasividad de todos los Gobiernos de la Nación.

La presencia abrumadora de salafistas en Cataluña con respecto a otras regiones, sus mensajes radicales que prenden en una juventud frustrada, el fenómeno de la disparada ocupación ilegal consentida e incluso alentada por ayuntamientos socialcomunistas desleales con sus ciudadanos como el de Barcelona… El descontrol, en suma, ha generado un clima de inseguridad en muchos rincones de Cataluña ante el que los políticos del establishment prefieren no actuar. Obligados por la corrección política socialdemócrata que nos devora como sociedad, pronuncian discursos sentimentales, multiculturales e hipócritas sobre el fin de las fronteras y las ciudadanías del mundo con desprecio del drama que supone el tráfico de seres humanos y la acción delictiva de las mafias que operan en desiertos no tan lejanos y cuyos resultados vemos a diario en la invasión que sufre Canarias y en los asaltos a las ciudades españolas de Ceuta y Melilla.

No nos cansaremos de exigir que la inmigración, y si España y sus regiones lo necesitan ahí tienen hermanos hispanoamericanos dispuestos a integrarse desde el primero minuto y trabajar duro en condiciones que les permitan progresar, debe ser legal, ordenada, segura, en origen y sujeta a un contrato vitalicio de integración que exija al inmigrante el cumplimiento permanente de las leyes y la defensa de los valores superiores de nuestro ordenamiento jurídico: igualdad, libertad, justicia y pluralismo político. Que los políticos del consenso socialdemócrata desprecien estos valores no es razón para no exigirlos.

Sólo entonces, el encuentro con culturas ajenas y lejanas nos hará mejores como sociedad. Hasta entonces, Cataluña es el ejemplo, nos pone en peligro.

Estas son las consecuencias del disparate de convocar elecciones en plena pandemia
OKDIARIO 5 Febrero 2021

Ante la posibilidad de que la Junta Electoral reclute voluntarios para las mesas electorales del 14-F en Cataluña, después de que uno de cada cuatro ciudadanos que tenían que asistir haya presentado recursos (la mayoría relacionados con la pandemia de coronavirus), los expertos jurídicos subrayan lo insólito de una medida que no tiene cabida en la Ley Electoral. Lo de los voluntarios es un disparate más que se añade al disparate de haber convocado unas elecciones autonómicas en plena pandemia. En suma, estas son las consecuencias de dar el visto bueno a unos comicios que, por razones obvias, no se van a poder celebrar con garantías para la salud pública.

Era de prever que miles de personas plantearan recursos justificando su imposibilidad de formar parte de las mesas. La pandemia afecta y complica la vida de un gran número de personas que, objetivamente, tienen razones más que suficientes para excusar su presencia, sin entrar a valorar la mayor razón de peso: que no se le puede obligar a nadie a participar en una jornada electoral si ello supone un riesgo para su salud.

Por muy desinteresado que fuera el ofrecimiento de los supuestos voluntarios -ciudadanos que se apuntaran para suplir a los formalmente convocados que no pudieran asistir-, su figura no está contemplada en nuestro régimen normativo. Y es lógico: ¿quién podría garantizar su neutralidad? Podría darse el caso de que los partidos políticos movilizaran a un legión de ‘voluntarios’. Lo que mal empieza, mal acaba: convocar unas elecciones cuando los indicadores sanitarios demuestran que las concentraciones multitudinarias representan un evidente peligro para la salud es un delirio.

Alguien con sentido común debió pegar un puñetazo encima de la mesa y decir: «¡Estamos locos, cómo vamos a ir a votar en estas circunstancias!». Pero como los intereses políticos de algunos, con el PSOE a la cabeza, han primado sobre el bien común, hemos llegado a una situación surrealista. De aquellos polvos, estos lodos.

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El independentismo y su desprecio a los catalanismos
Manuel Peña Díaz cronicaglobal 5 Febrero 2021

Es un error admitir como únicas acepciones de catalanismo las que ofrece el diccionario del Institut d’Estudis Catalans, a saber: la lingüística (forma de expresión catalana usada en otra lengua), la emocional (devoción a las características y a los intereses nacionales catalanes) y la política (movimiento que defiende el reconocimiento de la personalidad de Cataluña o de los Países Catalanes). Además de estas existen otras acepciones que aún no han sido reconocidas.

El catalanismo hispánico es, según Roberto Fernández en su Combate por la concordia (2021), una corriente progresista en lo social y no soberanista en lo nacional, una suerte de doble patriotismo que exige un respecto al “hecho diferencial” de la nación catalana dentro la pluralidad española. Es un catalanismo no nacionalista “que piensa que Cataluña es una nación cívico-cultural (y no étnico-cultural) y también un sujeto político (el demos catalán es el que aprueba sus Estatuts y actúa en el Parlament) que no precisa acudir al soberanismo ni crear un Estado exclusivo porque vive como propiamente suyo al Estado-nación España”.

Otro tipo de catalanismo sería el cultural como forma de dedicación al estudio de las lenguas, literaturas o culturas catalanas. Hay que admitir que en esta corriente hay profundas diferencias entre sus practicantes, están los puros o excluyentes que consideran que el catalán es la única lengua propia de Cataluña y por tanto ignoran la producción literaria que está escrita en castellano, frente a los mestizos o inclusivos que niegan esa aberración. Una variante colorista es el catalanismo culé que practican las peñas barcelonistas o aficionados afincados fuera de Cataluña, una admiración que en los últimos años ha optado por el silencio ante el manoseo independentista del Camp Nou y ha encontrado como refugio la devoción al icono Messi.

Otra forma bien distinta de identificación con la realidad catalana es el catalanismo étnico, muy arraigado entre los procesistas, aunque sólo se manifieste en círculos de amigos o en las redes sociales como signo de “lucidez”, distinción o pureza ante los seguidores. Habría que distinguir también entre el catalanismo popular y el burgués, entre el republicano y el monárquico, entre el franquista y el demócrata, entre el arrelat o católico-excursionista y el charnego o converso, etc. La tipología es amplia y, puesto a ser puntilloso, infinita.

Existe, no obstante, una forma de catalanismo light o admirador al que no se le ha prestado atención y que, en la actualidad, está muy próximo a la extinción. Durante años, para muchos españoles, Cataluña fue sinónimo de modernidad. Todo lo que llevaba el sello de haber sido manufacturado, diseñado o pensado en Barcelona y alrededores tenía un plus de calidad, procediera de la industria textil, del urbanismo, del mundo editorial, del teatro, de la política, de la filosofía, de la medicina, de la pedagogía, de la universidad, del deporte…, fuera un sindicalista o un vendedor de porteros automáticos.

A partir de 2010, el procés ha sacado del armario al catalanismo hispanófobo, lo ha reconvertido felizmente en independentista y ha encerrado dentro y con llave al resto de catalanismos. La apuesta arrogante y atrevida de este catalanismo sectario ha dilapidado la enorme herencia inmaterial acumulada en los dos últimos siglos por una Cataluña que fue fábrica de España y puerta de Europa, y que tanta admiración despertó entre la ciudadanía española más liberal y progresista.

El último episodio del catalanismo hispanófobo fue la exhibición que hicieron varios líderes políticos durante el pasado debate de TVE, cuando se negaron a hablar en la lengua común, pese a que así se acordó porque ser emitido para toda España. El fanatismo enfermizo de Laura Borràs, Pere Aragonès, Ángels Chacón y Carles Riera --con el beneplácito de Jèssica Albiach y algún guiño puntual de Salvador Illa-- dejó al descubierto la imposibilidad de cualquier diálogo con individuos que desprecian a la mitad de la población catalana y al resto de la ciudadanía española. El ridículo mayúsculo lo protagonizó el moderador, Xabier Fortes, ninguneado una y otra vez por los intervinientes.

El catalanismo light, si aún queda algo, pudo constatar que el catalanismo independentista sigue enrocado en su idea de la separación, aunque eso suponga arrastrar tras sí y ante todo el mundo el cadáver corrupto del procés. Son unos estultos o pagados de sí mismos si olvidan que, sin el catalanismo hispánico y sin la España catalanista, su viaje será siempre a ninguna parte, aunque para alcanzar la mayoría absoluta les baste con el apoyo de tan sólo una tercera parte del electorado. En fin, desavenencias familiares e historias de un armario.

Illa y la incongruencia de los catalanes
Juan Francisco Martín Seco republica 5 Febrero 2021

¿Qué les pasa a los catalanes? Todas las encuestas arrojan el resultado de que, aunque con oscilaciones, el número de los ciudadanos que se inclinan por la independencia es inferior al de los que la rechazan. No obstante, el panorama cambia cuando llegan las elecciones, el sesgo hacia el nacionalismo es mayoritario, no solo porque los partidos secesionistas son los que obtienen más escaños, lo que puede explicarse como consecuencia de los defectos de la ley electoral, sino porque gran parte de los catalanes que se declaran en las encuestas en contra de la independencia terminan votando a partidos que, si bien no se proclaman nacionalistas en la práctica, su simpatía e incluso complicidad con el nacionalismo resulta innegable.

No es infrecuente escuchar de muchos catalanes, de esos que se confiesan anti independentistas, el lamento de que el Estado les ha abandonado, se ha inhibido, dejándoles en manos del nacionalismo. Tienen su parte de razón, desde la Transición los partidos nacionales se han preocupado sobre todo de sus intereses, permitiendo que los nacionalistas campasen a sus anchas por Cataluña y el País Vasco, a cambio de conseguir su apoyo en el Parlamento español. De esta manera, poco a poco, el nacionalismo ha terminado apoderándose de todas las instituciones en sus respectivos territorios y, lo que es peor, ha impuesto progresivamente su discurso y su punto de vista a toda la sociedad.

Pero no es menos cierto que todo esto no hubiese sido posible sin el silencio, la pasividad, e incluso en muchos casos la complicidad, de la población no independentista. En cierto modo, las reivindicaciones nacionalistas y su victimismo beneficiaban a toda la sociedad en cuanto significaban obtener ventajas evidentes frente a otros territorios. Por otra parte, el conformismo era más cómodo y la aceptación de las reglas de juego podía acarrear beneficios inmediatos, quizás nada despreciables.

Buen ejemplo de ello lo ha constituido gran parte del empresariado, de los medios de comunicación y de otras muchas entidades que han visto recompensada su fidelidad al régimen (este sí que ha sido y es un régimen) de manera muy generosa, pero es que este modo de actuar se ha extendido también a muchos ciudadanos particulares a los que tampoco les iba mal el paraguas del victimismo. Muy pocos han sido los que han plantado cara. La mayoría han optado por amoldarse y recolectar los beneficios.

Solo cuando la situación subió de nivel y se dio un salto cualitativo, cuando el nacionalismo se declaró ya en franca rebeldía y se convirtió en golpismo, cuando vieron que los secesionistas estaban dispuestos a declarar la independencia unilateralmente, sonó la señal de alarma, la mayoría de los empresarios se asustaron. Vivían bien en la ambivalencia, pero el envite era demasiado fuerte. Gran parte de ellos se situaron en la tercera vía, “sí, pero no”, y la mayoría silenciosa de ciudadanos salió por primera vez a la calle de forma masiva. Un partido que había sido hasta entonces cuantitativamente secundario en Cataluña, Ciudadanos, se alzó como la fuerza política más votada.

Pero el tiempo pasa y parece que lo borra todo, lo que en el caso de Cataluña resulta un poco incomprensible, porque durante cuatro años se ha extendido el caos; y la violencia se ha adueñado con frecuencia de las calles de toda la Comunidad Autónoma. Los golpistas continúan sin arrepentirse de nada y afirman que están dispuestos a repetir el golpe. El Gobierno ha sido desgobierno, más pendiente del procés y de su propaganda secesionista, que de la gestión y de los problemas de los administrados. Por eso resulta tan difícil comprender los resultados actuales de las encuestas, no ya que el voto independentista se mantenga (el fanatismo suele dar razón de casi todo), sino que gran parte de la sociedad silenciosa se inclinen por formaciones políticas que mantienen cierta complicidad con el secesionismo. ¿Dónde están las izquierdas catalanas?

Es cierto que, en Cataluña, desde hace tiempo, al menos desde el inicio del procés, el enfrentamiento político no se plantea en términos de izquierda y derecha, sino de independencia o no independencia. No hay más que considerar el extraño matrimonio entre Convergencia -o lo que queda de ella- y Esquerra. Llevan gobernando juntos casi una década. Incluso cuentan siempre con el apoyo de la CUP cuando la necesitan en el Parlament. Pero precisamente por eso se entiende mal la traslación de votos que las encuestas arrojan de Ciudadanos al PSC, porque si hay un partido que en Cataluña ha defendido a esa más de la mitad de ciudadanos humillados y ofendidos ha sido la formación naranja.

Sin duda, Ciudadanos cometió un gran error, convertirse en partido nacional, y no quedarse en Cataluña, que es donde tiene un sentido y un perfil propio. He criticado a Ciudadanos en bastantes artículos y también en mi último libro “Una historia insólita, el gobierno Frankenstein”, pero estas críticas iban dirigidas a su comportamiento en la política nacional, no en Cataluña, donde han mantenido una posición bastante digna. Aunque hayan podido cometer alguna equivocación ¿cómo compararles con el comportamiento errático y torticero seguido por el PSC?.

Lo más que se puede esperar del PSC es la constitución de un tripartito, y conviene no olvidar que todo este fregado catalán comenzó precisamente con el anterior tripartito y la alianza de Zapatero con Maragall. Fue el primer intento de cambiar la Constitución por la puerta de atrás. Ciertamente no en rebeldía como lo hicieron en 2017 los independentistas, pero sí arteramente aprobando un estatuto anti constitucional, estatuto que en el fondo nadie demandaba. Solo hay que considerar la enorme abstención que se produjo en el referéndum de su aprobación. De aquellos polvos vinieron estos lodos. Resulta, por tanto, bastante incomprensible que aquellos que se quejan del independentismo, terminen votando a un partido que entre otras cosas pretende indultar a los golpistas para que prueben de nuevo, a ver si tienen éxito.

Lo más inconcebible es que parece que las buenas perspectivas del PSC se deben a presentar como candidato a Salvador Illa. Es difícil de entender. Se desconoce cuáles son sus gracias. Lo mejor que se puede decir de él es que es educado, modoso, de buenos ademanes y palabras. Claro que todo esto también podría interpretarse como amorfo, ni chicha ni limoná, y que cuando habla no se le entiende nada porque parece que está rezando. Pero más allá de todo esto, como ministro de Sanidad no ha brillado con luz propia. Ha sido tan solo una marioneta en manos de Sánchez, transmitía lo que este decidía. Su permanencia al frente del Ministerio de Sanidad se ha caracterizado por la inoperancia más absoluta. Tomó posesión de un medio ministerio (Sanidad) que era parte de otro casi sin competencias (Sanidad y Consumo). Un ardid para que tuviera un sitio en el Consejo de Ministros y desde esta plataforma se dedicase a su auténtica misión, servir de cemento a ese maridaje espurio que Sánchez pretende mantener con el nacionalismo golpista.

El hombre propone y Dios dispone. Así que se ha tenido que enfrentar con la pandemia más grave de los últimos cien años. Sin preparación y sin medios no es de extrañar que su gestión haya sido un desastre, tanto más cuanto que desde el comienzo se echó en manos de un chisgarabís, locuaz y frívolo, que no tenía ni siquiera la categoría de subdirector general y que toda su “expertitud” (que diría Calvo) consiste en haber entrado en la función pública por la puerta de atrás, gracias a un importante pariente del PP.

Las dificultades con las que se encontró Illa al comienzo de su mandato son notorias. La distribución de competencias y medios entre las Comunidades Autónomas hacían del Ministerio un gigante de barro y dificultaban gravemente la gestión. Pero su languidez y su carencia radical de experiencia no solo sanitaria sino en la Administración Pública le convirtieron en una marioneta en manos de Sánchez. La subordinación de los criterios sanitarios a las conveniencias políticas cerraba toda posible solución.

El sometimiento a los intereses políticos estuvo presente desde el primer momento. Se reaccionó tarde. Había que mantener las manifestaciones feministas. “El machismo mata más que el coronavirus”, lema de los carteles, parece ahora una broma macabra. Se permitió la entrada por los aeropuertos de todos los italianos que quisieron pasar cuando en Italia la epidemia estaba ya desbocada. En una semana se pasó de asegurar que en nuestro país no había ningún problema a decretar el estado de alarma e imponer el confinamiento más duro de toda Europa.

Se adoptó un sistema de mando único, lo que a todo el mundo le pareció bien dada la gravedad de la situación. El problema surgió cuando ese mando único, el Ministerio de Sanidad y el señor Illa, comenzaron hacer aguas por todas partes. Pretendieron centralizar todas las compras, pero resultó un auténtico desastre. Los suministros no llegaban y muchos de los contratos eran fraudulentos y adjudicados sin el menor rigor, y aún está por conocerse qué hubo detrás de todas esas contrataciones. Al final cada Comunidad, a pesar de no tener competencias (estaban atribuidas al mando único), tuvo que apañarse como pudo.

No es el momento de relatar la inmensa acumulación de desatinos cometidos a lo largo de toda la pandemia. Los engaños y las rectificaciones han estado presentes en todo el proceso. “Donde ayer dije digo hoy digo diego”. Las mascarillas pasaron de no convenientes a ser obligatorias. Y las FFP que ayer se consideraban improcedentes e incluso egoístas resulta que son las que ahora Alemania considera como las únicas aceptables. La desescalada fue caótica y llena de prejuicios políticos, sin informes y al margen de todo criterio científico, y con un comité de expertos fantasma o inexistente.

Ante la catástrofe, el Gobierno optó por descargar la responsabilidad en las Comunidades Autónomas -pero sin darles al mismo tiempo los medios y la autoridad necesarias-, que ha pretendido mantener en sus manos para intervenir cuando por sus conveniencias políticas le pareciese necesario. Buen ejemplo de ello fue el sainete de Madrid que para demostrar quién mandaba no dudó primero en fabricar un engendro jurídico tumbado por los tribunales y al final decretar un estado de alarma reducido a una sola provincia con el que hizo el ridículo más absoluto, demostrándose que la Comunidad Autónoma tenía razón en su estrategia. La llamada “cogobernanza”, una de tantas palabras elaborada por la fábrica de la Moncloa, ha sido un caos, convirtiendo el mapa de España en la lucha contra la epidemia en un espectáculo de lo más heterogéneo y variado. Illa aseguró que no habría diecisiete navidades distintas y lo cierto es que si nos descuidamos acaba habiendo cincuenta.

A su vez, el Gobierno ha sido totalmente reacio a utilizar las competencias que permanecían exclusivamente en sus manos. A pesar de la petición de las Autonomías afectadas, se negó siempre a establecer en los aeropuertos y en las estaciones de ferrocarril controles efectivos, incluso cuando después de la aparición de la cepa británica y casi todos los países habían anulado ya todos los vuelos con Inglaterra Sánchez, rechazó hacerlo. El Ministerio del Interior, tan presente en la primera etapa incluso con entorchados en todas las ruedas de prensa, desapareció posteriormente como por asomo, con lo que la mayoría de las Autonomías se han encontrado sin medios para asegurar que se cumplían las medidas que iban adoptando.

El último escándalo, por ahora, lo ha constituido el de la vacunación. Como es habitual, el Gobierno ha lanzado la responsabilidad hacia fuera. En este caso a la Unión Europea, que, como es habitual, está demostrando lo que es, un bodrio burocrático incapaz de dar solución eficaz a cualquier problema. No obstante, Sánchez intentó ponerse las condecoraciones y venderlo a bombo y platillo, colocando en el primer envío un cartel monumental, que decía “Gobierno de España”. Algo infantil ciertamente, pero muy revelador de su finalidad de representación y propaganda. Ahora, ante las dificultades, echará balones fuera y trasladará todas las culpas a la Unión Europea.

Se dirá que todo esto es imputable principalmente al Gobierno y no a Illa. En alguna medida es verdad, pero el ahora candidato a la presidencia de la Generalitat ha sido el hombre de paja, el instrumento, el medio del que se ha valido Sánchez para implementar esta política tan desastrosa y para intentar vender como triunfos y aciertos los mayores descalabros. “No se arrepiente de nada”, ha manifestado en la despedida el hasta ahora ministro, y aleccionó a su sucesora anticipando que lo va a pasar bomba. La mayor prueba de la insignificancia de Salvador Illa consiste en que se ha considerado que puede dejar el Ministerio en el momento más crítico de la epidemia sin que pase absolutamente nada. Lo cual es cierto.

¿Es este personaje anodino el que quieren los catalanes para presidente de la Generalitat? Lo cierto es que Salvador Illa nunca va a serlo. Primero porque lo más probable es que se vuelva a formar un gobierno independentista y segundo porque, aunque diesen los números y se intentase constituir un tripartito, Esquerra nunca aceptaría no presidirlo y tener que votar de presidente a un hombre del PSC. ¿Entonces a qué tanto interés en colocar a Illa de candidato? Me da la impresión de que la finalidad ha sido otra, nombrar a Iceta, no en un ministerio cualquiera, sino en el de Administración Territorial. Pero eso merece quizás otro artículo.

www.martinseco.es

Las identidades colectivas existen
Jesús Laínz Libertad Digital 5 Febrero 2021

La más grave enfermedad política que sufre España desde la muerte de Franco es la inflamación identitaria. Para ser exactos, microidentitaria. Cuanto más microidentitaria, más progresista. Y cuanto más progresista, más inatacable. Y con el agravante de que la izquierda, en teoría internacionalista y ajena a estas cuestiones, se apuntó a la inflamación desde que compartió trinchera y exilio con los separatistas vascos y catalanes.

Como reacción contra esta inflamación, algunos derechistas –e incluso unos pocos izquierdistas que conservan un resto de lucidez–, de esos exquisitos que se admiran a sí mismos por considerarse eternamente incomprendidos, pontifican que las identidades colectivas son perniciosas. Algunos, los más aguerridos, hasta se lanzan a proclamar que no existen, como si todos fuésemos apátridas.

Pero si no existiesen, inexistente lector, estas líneas no estarían siendo el vínculo que, por unos minutos, va a unirnos a usted y al abajo firmante. Porque, si las identidades colectivas no existen, ni el abajo firmante ni usted hablaríamos la lengua que hablamos, ésa que nos fue impuesta por nuestros padres desde el momento en el que empezaron a hablarnos mientras nos cambiaban los pañales. ¿O acaso sus liberalísimos progenitores le pidieron su consentimiento para hablarle en la lengua que desde entonces, y hasta el día de su muerte, se convirtió en su lengua materna? ¿O quizá no le dirigieron la palabra hasta que cumplió dieciocho años para que, con la mayoría de edad, eligiese libremente la lengua en la que iba a expresarse? He ahí la primera identidad colectiva que les es impuesta a todos los hijos de Adán: su familia. Y la segunda, su lengua y, por lo tanto, la porción de la Humanidad con la que se va a comunicar en ella. Y junto a la familiar y la lingüística, un montón de identidades colectivas concéntricas, yuxtapuestas y acumuladas: unas costumbres, una estirpe, una tradición cultural, una tradición artística, una tradición religiosa, una tradición moral, una tradición jurídica, una tradición histórica… una tradición nacional, en suma. Porque eso es lo que quiere decir tradición: transmisión, entrega, paso de una cosa de unas manos a otras. Y en eso consisten, exquisitos desarraigados, las inexistentes identidades colectivas. Porque el mundo no vuelve a comenzar de cero cada vez que nace un bebé.

Pero ahí siguen, erre que erre, esos ciegos ilustrados empeñados en convencerse, y en convencer a los demás, de que entre los individuos y su común pertenencia al género humano no hay escalones intermedios. Y en eso consiste toda su crítica a los separatismos vasco y catalán. Por eso nunca han podido ni podrán hacerles el menor rasguño en su acorazada superficie.

Porque si la crítica a los separatismos se hace por defender una identidad colectiva, sacando de ello la conclusión de que toda identidad colectiva es perniciosa, se estará haciendo un diagnóstico erróneo de la enfermedad, por lo que lo único que logrará su tratamiento será debilitar aún más el organismo del enfermo, en este caso España.

A los separatismos vasco y catalán no hay que criticarlos por ser identitarios, sino por ser falsamente identitarios y, por lo tanto, los peores enemigos de la verdadera identidad vasca y catalana. Ya lo sentenció hace un siglo el guipuzcoano Pío Baroja, que sabía muy bien de lo que hablaba: “Para un verdadero vascongado, el bizkaitarrismo es una farsa”. La pretendida existencia de las naciones catalana y vasca como comunidades humanas ajenas y hostiles a España es insostenible se mire por donde se mire. No es otra cosa que la construcción de sentimientos falsificados mediante mentiras de una necedad que aturde y una campaña sistemática de incitación al odio que, en cualquier país menos acomplejado que el nuestro, habría pasado sin duda hace ya décadas por los tribunales. Y sin haber tenido que esperar a un golpe de Estado.

Además, para atacar a las identidades colectivas falsas, clónicas, totalitarias y agresivas, esos ilustradísimos apátridas se ríen hasta de las verdaderas; y abominan de las patrias (Fernando Savater tituló uno de sus libros Contra las patrias) hasta el punto de considerarlas caspa paleolítica. E incluso emplean sus preclaras neuronas en escribir pedanterías contra cualquier cosa que tenga que ver con el patriotismo.

Dirigente derechista ha habido, y no de los más lerdos, que llegó a afirmar que España no es más que un espacio de derechos. Como si lo que nos hace españoles fuera solamente la sujeción a las leyes españolas y no una herencia cultural milenaria. Cualquier cosa que vaya más allá de la defensa de la ciudadanía española como aséptica condición jurídica es peligrosa, pues implicaría adentrarse en los malolientes terrenos de la patria. Y el patriotismo sólo es aceptable –y a regañadientes– con la condición de que vaya acompañado del atenuador adjetivo, también proveniente del vocabulario jurídico, constitucional. Lo que, dicho sea de paso, es el equivalente derechista del izquierdoseparatista Estado español para no decir España, esa nación a la que hay que privar de la condición de tal para reducirla a mera cáscara jurídica. De ahí no debe pasar.

Pero este humilde juntaletras, harto de clamar en el desierto durante muchos años, refrena aquí su pluma y le cede el sitio al egregio Joseph Conrad, que juntó letras infinitamente mejor:

El patriotismo es un sentimiento desacreditado debido a que la delicadeza de nuestros humanitaristas lo ve como una reliquia de la barbarie. Hace falta cierta grandeza de alma para juzgar al patriotismo como merece; o bien una sinceridad de sentimientos que le está negada al vulgar refinamiento del pensamiento moderno, incapaz de entender la augusta sencillez de un sentimiento que procede de la naturaleza misma de las cosas y de los hombres.

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El conflicto vasco; un mito creado por ETA para intentar justificar el terrorismo al que también se sumó Ibarretxe
JOSEAN IZARRA. Vitoria. El Mundo 5 Febrero 2021

22 expertos en la historia reciente de Euskadi elaboran, por encargo del Centro Memorial de Víctimas y la Fundación Fernando Buesa, un glosario con 66 conceptos sobre los que ha girado la violencia etarra

El conflicto vasco, un binomio repetido hasta la saciedad en el discurso independentista, constituye un "mito político" articulado por ETA y por su brazo político y social para justificar la violencia terrorista en España. El historiador y miembro del Centro Memorial de las Víctimas del Terrorismo Raúl Romo sintetiza en apenas dos minutos un concepto central en el soberanismo vasco dentro del glosario con hasta 66 términos elaborados por una veintena de especialistas en Historia Contemporánea y Derecho. El manido conflicto vasco no sólo fue, como asegura Romo, un concepto impulsado por la banda y su entorno sino que hasta el lehendakari Juan José Ibarretxe lo hizo suyo para justificar el derecho a decidir de Euskadi.

Romo sitúa la apuesta de ETA y la izquierda por el denominado "conflicto político" como un recurso dialéctico a partir de la detención en Bidart en marzo de 1992 de la cúpula etarra conformada por José Luis Álvarez Santacristina 'Txelis', José Javier Zabaleta Elósegi 'Baldo', Francisco Múgica Garmendia 'Paquito' y José Arregi Erostarbe 'Fitti'. Una operación policial que descabezó a la banda terrorista pero no impidió su reactivación con métodos aún más sangrientos y la aplicación a partir de la aprobación de la ponencia Oldartzen o "socialización del sufrimiento" que se activó por la izquierda abertzale y aplicó ETA a partir de 1994.

"El conflicto vasco fue un mito político para atribuir al otro el inicio de la violencia y, de ese modo, justificar una violencia defensiva", constata el historiador vasco. Un concepto que tuvo su "etapa dorada" a partir de los años 90 y cuyo uso se extendió. De hecho, el lehendakari Juan José Ibarretxe recurrió al "conflicto político" para defender su propuesta de Nuevo Estatuto vasco o 'plan Ibarretxe' que fue aprobado por el Parlamento Vasco y desestimado antes de su tramitación en el Congreso en el año 2005. El lehendakari condenaba el terrorismo de ETA y entendía que perjudicaba en la resolución del "conflicto político" entre Euskadi y el "Estado español".

El Centro Memorial de Víctimas dirigido por el periodista e investigador Florencio Domínguez ha habilitado en glosariovt.com no sólo detalladas explicaciones de 66 conceptos fundamentales para conocer la historia más cercana sino, que además, facilita referencias bibliográficas para profundizar en ella. Domínguez ha explicado en la presentación de este glosario audiovisual que son "66 términos de uso cotidiano o en medios de comunicación", cuya precisión quieren difundir "pensando en los más jóvenes que no conocieron el terrorismo".

PNV y PSOE despiden a los Reyes Magos de Vitoria porque no hablan euskera
JOSEAN IZARRA. Vitoria. El Mundo 5 Febrero 2021

El presidente del PP de Álava, Iñaki Oyarzabal, ha acusado al "nacionalismo del PNV" de rozar "lo paranoico"

El alcalde de VitoriaGorka Urtaran(PNV) y su concejal de Cultura Estíbaliz Canto (PSE-EE) convocaron en la tarde de ayer a los tres Reyes Magos para despedirles por no saber euskera. Los tres vitorianos que representan durante las últimas décadas a Melchor, Gaspar y Baltasar nunca habían tenido problema alguno en sus apariciones públicas en las que, como asegura José Miguel Zaldivar -el rey Melchor- también hacían breves intervenciones preparadas en las dos lenguas oficiales del País Vasco.

Urtaran ha apelado al "cambio generacional" como argumento con el que justifica el despido fulminante de los tres Reyes Magos de Vitoria. "En materia lingüística los niños y las niñas de hoy no son los de antes", ha ofrecido como explicación tras la polémica desatada por la decisión de prescindir de estos tres voluntarios que desinteresadamente participan en las cabalgatas y recibimientos a los niños pero también en la visita a hospitales y residencias de ancianos.

La decisión del PNV y del PSOE vasco se produce tras la presión ejercida por EH Bildu y Podemos para reclamar la sustitución de los tres Reyes Magos. Zaldivar, que empezó hace 52 años haciendo de paje y lleva 45 de Rey Melchor, sólo tiene palabras de agradecimiento para los miles de vitorianos a los que ha hecho felices. " No nos han dado otra alternativa", ha confesado en medio de la polémica que intenta evitar haciendo gala de la bondad infinita del personaje que ha representado durante 4 décadas.

Y eso que Zaldivar junto con sus compañeros ha mantenido siempre una relación exquisita con el Olentzero, el personaje basado en la tradición euskaldun, que las instituciones nacionalistas han mimado restando protagonismo a los Reyes Magos. El Santa Claus vasco, además, prácticamente sólo utiliza el euskera y EH Bildu denunció tras las pasadas navidades la televisión pública vasca eligió a una actriz para hacer de Mari Domingui -personaje femenino con la misma función- que no sabía euskera. Aunque Mari Domingui no realizó ninguna declaración, EH Bildu consideró insuficiente las dos palabras en euskera utilizadas en la cuenta de Twitter del personaje.

La obligación de utilizar el euskera con los niños también fue impuesta desde el Ayuntamiento de Lejona (Vizcaya) que remitió una carta atribuida al Olentzero en la que advertía a los menores que ni él, ni Mari Domingui ni el burro que les acompañan saben correctamente hablar en castellano por lo que sólo se garantizaban conseguir sus juguetes si escribían las cartas en euskera. El PSOE vasco, que respalda esta "normalización lingüística", también ha apoyado que en el único canal de la televisión vasca en español se introduzcan declaraciones en euskera con subtítulos, especialmente cuando se realicen por jóvenes o sean contenidos dirigidos a ellos.

Según los datos del Departamento de Educación del Gobierno vasco, el 81,2% de los niños vascos entre 3 y 5 años reciben las clases sólo en euskera mientras que el 3,2% lo hacen en castellano con el euskera como asignatura para su conocimiento. Entre los chavales de 6 a 11 años, los que estudian en castellano con un asignatura en euskera son el 4,1% y el 76,7% quienes son instruidos únicamente en vasco.

La portavoz del PP de Vitoria Leticia Comerón ya ha reclamado al alcalde Urtaran que "rectifique" en su decisión de prescindir de los Reyes Magos para "centrarse en lo que se tiene que centrar, en recuperar empleo y reactivar la economía".

Esta decisión ya ha provocado algunas reacciones como la del presidente del PP de Álava, Iñaki Oyarzabal, quien ha acusado al "nacionalismo del PNV" de rozar "lo paranoico".
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