AGLI Recortes de Prensa   Sábado 6  Febrero  2021

Escrache, sabotaje, terrorismo
Javier Somalo Libertad Digital 6 Febrero 2021

Otros sabotajes como estos contra el Zendal son ya lo más cercano al terrorismo porque peligran vidas de forma indiscriminada.

En junio de 2013, Pablo Iglesias dijo desde la televisión iraní Hispan TV que "los escraches son el jarabe democrático de los de abajo".

Todavía no existía Podemos, Pablo lucía coleta floja y no sacaba las manos de los bolsillos. Vivía en Vallecas. Su ejemplo era Hugo Chávez y así lo dijo en una arenga callejera mientras administraba dosis de su jarabe a algún político:

"De alguna manera, Chávez había sido un escrache permanente contra los poderosos. Los escraches no son más que la expresión de la democracia cuando se hace digna de los de abajo".

Mirando hacia su izquierda y hacia arriba, apuntando quizá hacia algún balcón, añadió: "Y eso es lo que creo que estamos haciendo ahora: escrachar a esta gentuza". Cuando a él le tocó una cucharadita del jarabe, recordó que la patente es suya:

"Hoy es gente de derechas manifestándose en la puerta de mi casa. Mañana puede ser gente de izquierdas manifestándose en frente del apartamento de Ayuso, de la casa de los Espinosa de los Monteros o de Abascal".

Mañana no, que todo eso pasó ya, pero le faltó mandar un whatsapp con la ubicación de los objetivos mencionados.

Y de escrache en escrache, forjado en la universidad —"sóviet complutense", lo llamaba Rita Maestre cuando despertaba "miradas lujuriosas"— en la que coordinó el ataque sufrido por Rosa Díez, nació Podemos. Y por las gracias y desgracias de muchos medios de comunicación y por lamentables estrategias políticas de la era Rajoy, el de la coleta floja se apretó un moño pasionario y llegó a vicepresidente del Gobierno para imponer, poco a poco, su modelo violento de asalto a los cielos no sin antes agenciarse una casa digna, que la vivienda es un derecho y el comunismo no entra en detalle de metros, muros o lagos.

El escrache bien entendido no ha de reducirse a caceroladas o a rondar los balcones ilustres. Si en el curso de una jornada de jarabes democráticos se agarra del cuello a un cámara, como sucedió en noviembre de 2019 durante un acto de la diputada de Vox Alicia Rubio, son cosas del directo pero ahí quedan. Y si vuela una piedra, como sucedió en Sestao también contra un acto de Vox y le abre una ceja a otra diputada, es un bulo que sólo necesitó "ketchup", según Pablo Echenique, pero ahí queda también. Y, por supuesto, Soraya Sáenz de Santamaría, Cristina Cifuentes o Esperanza Aguirre inauguraron el marcador revolucionario. Curioso, de haber sido al contrario todavía estaríamos coleccionando hashtags contra el machismo de la derecha heteropatriarcal.

Con la llegada de la pandemia, y siguiendo la doctrina chavista en Vargas y la que expresó el propio Iglesias, el comunismo encuentra nuevas oportunidades de consolidación. Es cierto que desde el poder se necesitan menos excusas pero una vicepresidencia y varios ministerios requieren todavía de fórmulas callejeras para ir forjando el asalto completo y la excepcionalidad puede cubrir esas expectativas de sobra.

Del escrache y sus variantes más o menos violentas se evoluciona naturalmente al sabotaje. Y aquí el hospital Isabel Zendal se ha convertido en objetivo prioritario. La dificultad de montar una campaña contra un hospital público desde la izquierda se supera tirando de clásicos, como hizo el coordinador general de Podemos en la Comunidad de Madrid, Jesús Santos: "La historia se repite. Como si de Esperanza Aguirre se tratase, Isabel Díaz Ayuso vuelve a inaugurar un hospital que es puro decorado y pelotazo inmobiliario, sin terminar, sin personal, apenas a un cuarto de la capacidad que había anunciado y, sobre todo, con unos sobrecostes que superan el cien por cien". Público, sí, pero no suyo.

En el programa de Jesús Cintora en TVE (este sí que tiene sobrecostes del cien por cien) una enfermera denuncia que el hospital "no ofrece las condiciones para trabajar así como la seguridad del paciente". Dice que se negó a ir a trabajar allí pese a que se lo solicitaron. Que "se ve en las imágenes —no ha estado— que es una estructura diáfana que no tiene intimidad para el paciente, que los enfermeros no tienen información de dónde están las cosas ni se les explica cómo funciona la unidad, lo que puede dar lugar a errores, que no tienen material necesario… y un montón de etcéteras". Es de suponer que entre el montón de etcéteras entrará algún baño atascado, un grifo roto, suciedad… De momento, sólo eso. Habla la enfermera objetora de supuestas irregularidades grabadas en móvil por una "compañera". Cintora dijo de pronto que él no conocía de nada a la enfermera. A lo mejor es que lo parecía. Por supuesto, la entrevista apareció destacada en la web de Podemos.

Otro enfermero, también en TVE pero esta vez en el programa de Mónica López y también destacado en la web de Podemos, dice que "nadie en su sano juicio acudiría al hospital Zendal". Se llama Ernesto y, según la reportera que lo entrevista "no ha durado ni un día dentro del hospital". Además de cuestiones sindicales varias, el enfermero dice que comprobó que "se vulneraba la seguridad del paciente sistemáticamente". Marta Nebot, muy afectada, por lo "terrible" del testimonio, pregunta: ¿Tienen miedo los pacientes, cómo es posible que haya pacientes que pidan ir a ese hospital? Pero Ernesto… no tuvo "la oportunidad como tal de hablar con esos pacientes" aunque supone que si van allí es "por desconocimiento". ¿Lo vas a denunciar, Ernesto?, apunta incisiva Mónica previendo una gran borrasca mediática. "Bueno yo ya me he quejado y hemos hecho un llamamiento a los sindicatos". Vamos, que le preocupa mucho.

Poco después, el mismo Ernesto aparece en el programa Todo es Mentira, de Cuatro. Su testimonio se ha hecho viral, según dicen, mala figura para el caso. ¿Por qué dimites el primer día? Pues porque "se vulnera la seguridad del paciente sistemáticamente". Tras repetir exactamente la frase que usó antes en TVE concluye diciendo que el Zendal "no es un hospital porque no cumple los requisitos y que los pacientes empeoran en cuestión de horas". Y muy pocas, a juzgar por el tiempo que pasó el enfermero allí.

Uno de los medios más combativos contra el hospital Zendal es el que le puso Pablo Iglesias a su exasesora Dina Bousselham en medio del escándalo de la tarjeta telefónica. La web presume de no llevar publicidad porque es "independiente". Tanto que, a efectos registrales, fijó su sede en el despacho profesional de Enrique Santiago en la calle Jorge Juan. Son estos y los de Neurona los que señalan amiguismos y cajas B. Desde la web de Dina-Podemos se hacen gracias como la de la existencia de un "Comando Zendal" y hasta se adentran en los paralelismos con el 11-M para que la burla sea un poco más asquerosa. Por cierto, sería curioso conocer con más detalle la hipótesis de Bousselham al respecto de aquellos días de marzo.

El caso es que Podemos ha alimentado, con ayuda de TVE y de los brigadistas habituales, una campaña infame contra un hospital público de apoyo que trata a enfermos de coronavirus. La sanidad privada es demoniaca y debe sacar sus manos de la pandemia, de las vacunas y de "la gente". Las farmacias deben ser nacionalizadas y llevar la cruz morada. Y el Isabel Zendal, o el Simón Bolívar, sería una obra de arte de lo público si la izquierda estuviera en el poder en la Comunidad de Madrid. Todo estaría justificado. Como lo estaba el silencio ante las imágenes de los hospitales venezolanos, repletos de mugre y, lo que es peor, de cadáveres. No morían, ni mueren, por otra pandemia que no fuera el comunismo. Ya se sabe, "un escrache permanente", la "expresión de la democracia". Hay un informe detallado de Naciones Unidas que es una llamada desesperada de auxilio pero, por alguna oculta razón, es más popular Donald Trump que Nicolás Maduro.

Tras negarse a asistir a la inauguración del hospital Zendal, Podemos dijo que Isabel Díaz Ayuso iba a "derivar millones a sus amigos". Sí, sí, lo dijo Podemos-Neurona-CEPS. También denunció que en el hospital del demonio había atascos en los baños y "cortes de luz y de agua". Claro, y hasta de cables, que ya no se cortan sin un poquito de ayuda. Y aparecen empapadores metidos en los inodoros. Y saltan alarmas de desalojo de madrugada. Y se desconectan equipos necesarios para monitorizar constantes vitales de los enfermos. ¿Denuncian lo que provocan? Si dejan de suceder desgracias después de la denuncia interpuesta por la comunidad de Madrid y de la instalación de cámaras, la respuesta es sí.

Sabotear la inauguración de una fuente pública probablemente no ponga en peligro la vida de nadie pero otros sabotajes como estos contra el Zendal son ya lo más cercano al terrorismo porque peligran vidas de forma indiscriminada. Además, es la penúltima parada habitual —la última es el poder— cuando se empieza el viaje con "jarabes democráticos" dentro de una democracia.

Como se dejan ver, pues los miramos. Hablan mucho, más de la cuenta, y van tan contentos cargando vigas en el ojo propio y lanzando briznas al ajeno. Es el comunismo de siempre, sin complejos. Y, también como siempre e inexplicablemente, sin apenas resistencia.

La nurse de los señoritos leninistas
Carlos Dávila okdiario 6 Febrero 2021

En algo no se parecen, fíjense, Lenin, el siniestro asesino Vladimir, y sus fervorosos seguidores en España de ahora mismo, Pablo Iglesias y su acompañante Montero. A Lenin le daba por trabajarse, para su manejo habitual, lo privado, incluso lo familiar, y sobrevivió ejemplarmente durante bastante tiempo atizando sablazos a su desgraciada mama (madre en ruso) y, cuando ésta flaqueaba porque su pecunio de funcionaria no daba para mayores dádivas, desangraba Lenin a su propia hermana a la que le rebañaba de cien en cien rublos para poder asegurarse la pitanza ya que por su despacho de abogado no pasaban otros clientes que las arañas. En su vida, tan ejemplar, apuntaba ya a un homicida cruel que no respetaba tampoco a las mujeres, a las que venía a odiar porque francamente con ellas no se comía una rosca, era más bien flojito el canalla. Existió, preparando la revolución, de prestado; en un principio desvalijando a su progenitora y después a todos los camaradas a los que sumió en el pavor.

Pero al dúo de la bencina Iglesias-Montero le va mejor el aprovechamiento público. Pregunto: ¿estamos o hemos estado los españoles pagando el solícito cuidado que la enchufada Teresa Arévalo ha depositado en los retoños de la pareja? Tras lo publicado en este periódico ya no hay dudas de que efectivamente haya sido así. Lo cierto es que la señora o señorita Arévalo, sin jerarquía alguna que la avale, goza ahora de un sueldo que su patrona, la ministra Montero, le ha adjudicado en su Ministerio para cambiar la especie humana. Lo cierto también es que la citada empleada suele viajar con su doméstica mecenas cada vez que ésta se traslada a sus comparecencias externas. No es imposible, es más: es más que posible que la pareja leninista del Gobierno ya no tenga que abonar a su niñera Arévalo, la percepción que a ésta le tienen que corresponder por vigilar que a los tres niños, inocentes de todo lo que perpetran sus papás, no les suceda absolutamente nada. Dios no lo quiera. Arévalo ya tiene soldada en el prescindible Ministerio de Igualdad, y a ella le paga el Estado, o sea nosotros. Buena martingala para evitar un dispendio oneroso en la misma casa de la pareja.

En las laderas de la sierra madrileña, el personal aún se hace lenguas por otra parte del auténtico valor de la mansión en que mora la pareja. Con sólo preguntar a dos personas, de apellidos Herrero y Domingo respectivamente, podríamos suponer que el chaletón de nuestros gobernantes, podría haber costado más allá de los ochocientos mil euros, doscientos mil más de los que se han publicado como efectivos. Todo en la pareja es más comprometido que el porvenir en esta Liga del Real Madrid. Hay un personaje fatuo que pulula por los alrededores de esta casa modo Hollywood, y que ha dejado de manifestarse ante ella porque no está recibiendo parabienes precisamente de los celadores que vigilan la humilde morada de los leninistas. El hombre, ahora apesadumbrado porque ya se le ha acabado la visita diaria al predio, se indigna cada vez que uno de los habitantes ofrece lecciones de pobreza y denuncia al público en general que no pertenece a su estirpe. “Lo que más me fastidia -dice el tipo- no es que practiquen con nosotros la sodomía política, sino que me larguen su aliento en el cogote”. Véase que el cronista ha suavizado a posta el grafismo de esta sentencia, por otra parte muy habitual en nuestro argot doméstico, pero ella revela hasta qué punto el país y sus habitantes están hasta el referido cogote, de la diferencia habitual que existe entre las prédicas cursis de los susodichos y las prácticas de los referidos. O, ¿es que alguno de nuestros jóvenes lectores guarda la posibilidad de que un alto cargo de la Administración, segunda jefe del Gabinete para la transformación del género humano, cante nanas a sus hijos cuando ellos están todavía trabajando?

Lo curioso es que esta escandalera, la enésima que han desatado nuestros leninistas de cabecera, apenas produzca una indignación de desayuno en nuestros votantes españoles. Recuerdo con envidia y nostalgia a dónde puñetas fue a parar un secretario del Gobierno alemán que se dejó invitar a un helado creo que en Roma? Hoy debe estar destripando terrones. En España, casos como el referido sólo producen un espontáneo: “¡Hay que j…….!” y nada más. Algunos periódicos, pocos, se llenan de quejas veinticuatro horas y después se olvida el episodio, quizá porque, al cabo de ese tiempo, aparece otro más que nubla la vistosidad grosera del anterior.

Es curioso y sobre todo exasperante: de este caso y de la oscura financiación de Podemos, la venida desde regímenes asesinos como Irán y Venezuela y la endógena de aquí mismo, no se deriva en este país conmoción alguna. La izquierda, la ultraizquierda para el menester, sale aliviada de todo como si ella tuviera derecho a la disculpa, porque ella, la pobre, ha sufrido tanto, y nadie se va al Parlamento para pedir cuentas. En el Congreso, Iglesias triunfa como si fuera el salvador de los desfavorecidos y en los medios, salvo en unos pocos (¿tengo que hablar de lo que ocurre con éste en el que escribo?) se guarda un silencio sepulcral, cómplice. ¿Puedo recordar cómo esta jauría de la izquierda puede amenazar con que sabe a qué colegio llevas a tus descendientes? Por denunciar estas desvergüenzas, los leninistas de Podemos, los fanáticos del criminal Lenin con Iglesias a la cabeza, deslizan sin pudor que van a por nosotros y que día llegará en que clausuren nuestras informaciones y opiniones. Y lo horrible: ¿qué responde la sociedad civil española? Pues terriblemente nada: que ahora sólo está ocupada con el virus, que poco le importa la nurse del leninista dúo de Galapagar.

Españoles sin nación ni género
Cristina Casabón. vozpopuli  6 Febrero 2021

Qué mala leche hablar de raíces y poderío, como hace una Lola Flores resucitada, porque reivindica la España tradicional, la España en sepia, conservadora. La España castiza. Hay una España quejumbrosa del “antes era mejor”, una España que considera que las modas identitarias se llevarán por delante nuestra cultura. El libro de Ana Iris Simón lo resume bien en una frase: “Estaba siendo testigo del fin de España, del fin de la excepcionalidad. Y no me daba cuenta”. Hay una clase media que se ha petrificado en la nostalgia, se ha vuelto conservadora, no porque se resistan a toda novedad, sino porque se niegan a una ruptura radical con los valores y a verse desarraigados.

Hay también una nueva España que da la espalda a la monarquía, a la idea de nación, que dice que los jueces son "reaccionarios" togados o es transigente con el independentismo catalán. Las guerras de identidad no se limitan al ámbito político, cualquier moda woke que suponga una ruptura de valores e identidades es parte de la agenda política. Esta semana anunciaban un proyecto de ley que permitiría que el género se elija, lo cual pone en riesgo los criterios de identidad de género. No se admite ninguna trascendencia del modelo de familia tradicional y se hace tabla rasa con el pasado. La cultura se vacía, se despoja de sí misma y el vacío se llena con nuevas agresiones conceptuales y agravios identitarios. La pseudocultura woke se opone a la España tradicional y mira con condescendencia enternecida cualquier modelo de vida o valor tradicional o arraigo.

Hoy España parece vivir un periodo de desorientación en lo cultural y en lo político. Es una España menguante, desorientada en la búsqueda del tiempo presente, con conceptos borrosos de nación, de identidad. Se debate entre avanzar por el camino heredado de la Transición o por una ruptura basada en política identitaria, y este problema afecta a toda la vida cultural y política, a nuestra identidad como individuos, como país. Juan Claudio de Ramón en un artículo titulado ¿Queremos que haya España? decía que “hoy sabemos que esas cadenas de transmisión son más precarias de lo que cabría suponer. Albures de la historia las interrumpen y pueden revertir”. Así las cosas, si se estigmatiza lo común como si fuera un elemento de opresión y no un recurso, todo lo que nos une como país y como nación va perdiendo peso y se diluye.

Nos alejamos cada vez más de la cultura y la tradición para adentrarnos en el adoctrinamiento moral de los críticos posmodernos, los bufones y los tertulianos, los catalizadores de agravios identitarios. La distorsión de la cultura, o “el hombre deformado por la cultura” (Jūnger) debería preocuparnos porque conduce a la estandarización del pensamiento. Debemos hablar claro: la pseudocultura identitaria quiere controlar los temas y el debate público, tirar abajo todo lo que huela a tradición o a pertenencia, usos y costumbres… incluso da una patada al humor, a la parte cómica de algunas ofensas que no son tan obvias y que solo tienen por objetivo la victimización o la grandilocuencia moral. Anular la identidad individual por la pertenencia a un colectivo que adopta un estilo de política de populacho desenfrenado y se entromete con su fiesta de las identidades en la vida de la gente es un experimento arriesgado.

La cultura es siempre impredecible, complicada, heterodoxa y tiende a producir incomodidad. Nos hace replantearnos algunas verdades e integrar otras ideas en nuestro marco de pensamiento. Es lo más parecido a la experiencia directa de las cosas y lo más alejado a las limitaciones del pensamiento dogmático. Decía el escritor Ferran Toutain que la diferencia que separa a Shakespeare de los críticos posmodernos es que éstos “no pueden reproducir la vida humana o las ideas en toda su complejidad”. La pseudocultura identitaria piensa que la cultura es lo “políticamente correcto”, que es lo que algunos críticos del posmodernismo como Paglia denominan cultura corporativista y aquí algunos llaman la España Movistar.

Un deber ciudadano
España vive en un momento de búsqueda del presente, de confusión identitaria y de pérdida de referentes culturales. Este vacío se sustituye por unas batallas culturales basadas en el moralismo que recuerdan más a la tradición religiosa que a una perspectiva humanista. De toda la variedad de términos vaciados de significado que se usan con glotonería en estas batallas mi preferido es reaccionario. No me cabe duda de que intentar poner en valor la cultura, la idea de nación y lo común no es ser reaccionario sino un deber ciudadano, en el momento en el que nuestra cultura y valores se vacían y se atacan por lo que representan. Dentro de poco no sabremos ya si tenemos nación ni cuál es nuestro género, y las posibilidades de éxito son escasas, pero como diría Rilke, “lo perecedero nos reclama y tiene necesidad de nosotros”.

La revista 'Time' desvela el complot que dio la victoria a Biden: "Trump tenía razón"
Elena Berberana Libertad Digital 6 Febrero 2021

El reportaje narra que personas poderosas, activistas y corporaciones urdieron el plan en la sombra para cambiar las leyes electorales.

La revista americana Time abiertamente pro-Biden ha reconocido que hubo un complot secreto para amañar las elecciones y dar la victoria al candidato demócrata. Sin ningún tapujo y con total descaro, los editores han titulado el reportaje "La historia secreta de la campaña en la sombra que salvó las elecciones de EEUU". Lo cierto es que no se han cortado ni un pelo en admitir la conjura que hubo por detrás y que medios como Libertad Digital han ido narrando, pese a que los mismos que ahora revelan la gran trama fraudulenta tachaban dichas informaciones de conspiranoicas.

El reportaje desvela que cientos de importantes empresas estadounidenses se volvieron contra Donald Trump. "Todo fue muy, muy extraño", dijo el expresidente republicano el 2 de diciembre. "A los pocos días de las elecciones, fuimos testigos de un esfuerzo orquestado para ungir al ganador, incluso cuando todavía se estaban contando muchos estados clave. En cierto modo, Trump tenía razón", reza uno de los párrafos.

Lo más escandaloso viene a continuación. El Time asume con orgullo que se perpetró esta conspiración por el bien de la nación. Según transmiten, gente poderosa y corporaciones de la élite estadounidense urdieron el plan dirigiendo a los medios de comunicación, influyendo en la opinión pública y cambiando las reglas y leyes electorales para así salvar la democracia americana. Todo fue fruto de un pacto entre los activistas de izquierda y las grandes empresas:

"Se estaba desarrollando una conspiración entre bastidores, que redujo las protestas y coordinó la resistencia de los directores ejecutivos. Ambas sorpresas fueron el resultado de una alianza informal entre activistas de izquierda y titanes empresariales. El pacto se formalizó en una declaración conjunta concisa y poco notoria de la Cámara de Comercio de Estados Unidos y la AFL-CIO publicada el día de las elecciones. Ambas partes llegarían a verlo como una especie de negociación implícita, inspirada por las masivas, a veces destructivas protestas por la justicia racial del verano, en la que las fuerzas laborales se unieron con las fuerzas del capital para mantener la paz y oponerse al asalto de Trump a la democracia".

Pero aún hay más. El reportaje confirma que la victoria artificial de Biden "fue un extraordinario esfuerzo en la sombra de los activistas de izquierdas con el apoyo de las empresas. "Consiguieron que los estados cambiaran los sistemas de votación y las leyes electorales. Así ayudaron a asegurar cientos de millones en fondos públicos y privados. Se defendieron de las demandas por supresión de votantes, reclutaron ejércitos de trabajadores electorales y consiguieron que millones de personas votaran por correo por primera vez", refleja la revista.

Nuevamente, en los párrafos siguientes vuelven a insistir en que todo se hizo para salvar la democracia, dando la razón así al equipo legal de Trump, y al arsenal de pruebas presentadas por Rudy Giualiani y Jenna Ellis, en las diferentes audiencias celebradas en los cinco estados del campo de batalla. En todos ellos se paralizó el conteo en mitad de la noche de forma simultanea y más de 1.000 testigos bajo pena de cárcel juraron en sus testimonios que vieron fraude, como ya publicara Libertad Digital. Cabe recordar que las evidencias y los testigos fueron ignorados por la Corte Suprema y todos los tribunales menores.

Para rematar, y por si aún no quedaba claro, el Time continúa exponiendo los detalles del complot: "Esta es la historia interna de la conspiración para salvar las elecciones de 2020, basada en el acceso al funcionamiento interno del grupo, documentos nunca antes vistos y entrevistas con docenas de personas involucradas de todo el espectro político. Es la historia de una campaña creativa, decidida y sin precedentes cuyo éxito también revela lo cerca que estuvo la nación del desastre", aseveran.

Por último, justifican el comportamiento delictivo de los participantes en la trama, porque ellos mismos quieren que se de a conocer "la historia secreta" de las elecciones de 2020. Y concluyen: "Aunque suene como un sueño febril paranoico: una camarilla bien financiada de personas poderosas, que abarcan industrias e ideologías, trabajaron juntas detrás de escena para influir en las percepciones y cambiar las reglas y las leyes. Al dirigir la cobertura de los medios y controlar el flujo de información, no estaban manipulando las elecciones; la estaban fortaleciendo. Y creen que el público debe comprender la fragilidad del sistema para garantizar que la democracia en Estados Unidos perdure". O lo que es lo mismo, para defender la democracia dieron un golpe contra ella por detrás.

******************* Sección "bilingüe" ***********************

Illa, otra pesadilla
Jimmy Giménez-Arnau okdiario 6 Febrero 2021

Tezanos, falseador de encuestas, olvidó decirle a Salvador Illa que una estatua con gafas no da el pego. Las urnas prefieren líderes solventes antes que pusilánimes. Tras fracasar como ministro de Sanidad y haber conseguido el récord de muertos por cien mil habitantes en la UE durante la pandemia, este inútil se deja querer por tres kamikazes del abuso (Iceta, Marlaska y Sánchez), aceptando todo tipo de ridículos elogios que le brindan sus mentores para que asalte la Presidencia de Cataluña con el fin de humillar a millones de catalanes que juran ser españoles. ¡Qué poco sólida es la respetabilidad de dicho candidato! Illa, más que una solución de urgencia, resulta ser otra pesadilla. Tan impávido títere aguanta lo que le echen y hace de don Tancredo, o lo que sea y convenga, según las consignas del amo, el maniquí de La Moncloa, que ha transformado su reducto palaciego en un bazar prêt-à-porter, fabricando políticos multiuso en serie.

Escribir para gente heterogénea sobre dos males que nos preocupan a todos, el incontenible virus y la abortada recuperación económica, no es tarea fácil. Pero el Banco Central Europeo me echa un cabo y autoriza a que digamos que España, con su calamitoso y esquizoide Gobierno al frente, es el país de la eurozona que menos ha ayudado a sus conciudadanos. Autónomos, hoteleros, sanitarios, trabajadores del campo y de la pesca, fuerzas del orden, etc., se ven desasistidos por Pedro Sánchez que, plagiando el estilo dictatorial de Maduro, dinamita el Estado, pues sólo busca perpetuase en el poder. Por eso da vía libre a Iglesias y separatistas para que difamen nuestras instituciones cada vez que quieran o estime oportuno el socialcomunismo.

De la Suramérica marxista rescato un audio aterrador que explica cómo piensan los compinches del vicepresidente. Una voz ebria y muy agitada, repite: “¡Eso da sólo a la gente blanca! Eso da sólo a gente…, cómo es, blanca, gente fina. Que ustedes dicen que ese hijo de puta qué. ¡Les va a dar nada, chucha! Ni rabia no les ha dado. Va a darles ahora… ¿coronavirus?”. Si Illa no fuera un hombre educado y fuera este salvaje, hoy diría lo mismo, en otros términos, porque el cinismo es su moneda de cambio. Illa es un peligro público y ahora, después de haber ocultado miles de muertos, pretende ser elegido presidente de Cataluña. Sánchez, el estadista, manda a Barcelona un objeto volador no identificado para que active el revival del 8-M y que se contagie todo quisqui.

A Salvador Illa, la nueva pesadilla, le vale cualquier cosa para obtener votos, desde perdonar la deuda autonómica y rifar indultos entre quienes le apoyen, a prometer que España entera “parlarà català”.

Inadmisible desorganización electoral
El independentismo busca una baja participación que le favorezca
Editorial larazon 6 Febrero 2021

A una semana de la celebración de las elecciones catalanas, la sensación es, por lo menos, de asombro ante el desconcierto organizativo, que se está convirtiendo en el mayor inconveniente para que los comicios autonómicos se puedan realizar con normalidad. Cataluña no es el único lugar del mundo donde se ha ido a las urnas durante la pandemia –incluso se han celebrado EE UU–, ni siquiera de España, en Galicia y País Vasco. Con las medidas adecuadas y la debida prevención sanitaria se llevaron a cabo y no se pude decir que en ninguno de estos casos el resultado se viese afectado en nada por celebrarlas durante la epidemia de la Covid-19.

Sin embargo, hay un factor a tener muy en cuenta en el caso catalán: los partidos independentistas gobernantes en la Generalitat, ERC y JxCat, quería retrasar la convocatoria por el puro interés electoralista de desinflar la irrupción de Salvador Illa como candidato del PSC. Demoraron aspectos organizativos y supeditaron la decisión final a una sentencia de Tribunal Superior de Justicia de Cataluña que, el pasado 29 de enero, confirmó la celebración el día 14 de febrero, en contra del recurso presentado por el gobierno de la Generalitat. Todo el aparato nacionalista trabajó en dirección contraria a la celebración de las elecciones y, sin que exista una causa directa, ahora se encuentran con que las juntas electorales de zona sitúan en 20.579 el número de personas que han pedido ser eximidas de formar parte de las mesas electorales –el 25% del total de 82.251– alegando cuestiones médicas, lo que, de entrada, y a falta de una semana, es un inconveniente para que en muchos puntos se pueda ejercer el voto. Si la constitución de las mesas es el trámite necesario para que se pueda llevar a cabo la votación, se abre una incógnita con los miembros que ya han pedido ser sustituidos, incluso con los que el mismo día aleguen tener síntomas del coronavirus, tal y como está previsto. Pese a que los dos suplentes por los tres miembros de la mesa –un presidente y dos vocales– asegure la puesta en marcha del proceso, no se descarta que haya muchos puntos de votación cerrados.

Se abre, por lo tanto, una situación inédita: que en muchas mesas se deba retrasar el día de votación, con el consiguiente efecto electoral en el resultado final. Hay que tener en cuenta que sólo en Barcelona capital se han presentado más de 8.000 alegaciones. Si a estas incidencias se le suma el protocolo establecido, con horarios de votación según la edad, riesgo de contraer la enfermedad y personas que guardan cuarentena, no es extraño que en estas circunstancias se produzca una baja participación, o por lo menos lejana al 79% del año 2017, cuando gano Cs. Si, además, se parte de que un 39% del electorado –según el CIS– no tiene decidido el voto, el independentismo puede salir beneficiado de esta inadmisible desorganización.

14-F: un perfecto test de estrés para medir la resistencia política
¿Hasta cuándo pueden mantenerse la fragmentación de partidos y los vetos cruzados?
Alejandra Clements larazon 6 Febrero 2021

Los 9.519,76 kilómetros que separan Lima de Madrid no son suficientes para evitar que los ecos de la mítica pregunta escrita por Mario Vargas Llosa, hace más de medio siglo, en la que se planteaba «¿En qué momento se había jodido el Perú?» lleguen a nuestra realidad política. Sin que el nivel de desolación de Conversación en La Catedral sea aplicable a España, sí conviene plantearse cuál fue el punto concreto que cambió el ritmo habitual de la vida pública y la sometió a una especie de parálisis institucional: con pocas reformas y avances. Como dando vueltas en un laberinto sin encontrar la salida. Podríamos fijarlo en la Gran Recesión, la terrible crisis económica que en 2008 doblegó al mundo y alteró el paso del crecimiento también en España, o podríamos apuntar a que fue el procés el que condicionó hasta la exasperación los asuntos sociales, económicos y hasta judiciales (primero con la agitación que comenzó en la Diada de 2012 y después con la explosión unilateral consumada en 2017). Y probablemente sea una conjunción de ambas circunstancias (en una especie de juego de causa-efecto) la que nos ha traído hasta donde estamos, pero para completar el puzle es necesario recurrir a otro factor que catalizó la distorsión: la irrupción de nuevos partidos a partir de 2014. Una atomización ideológica enquistada en bloques que ha dejado desorientado el modo cotidiano de hacer política y que lo aboca más a perderse en los matices que a centrarse en lo importante.

Práctica imperfección
Hubo un tiempo en que la diversidad de siglas en la política catalana (o incluso en la vasca) suponía un exotismo para la placidez nacional del bipartidismo (imperfecto, sí, pero profundamente operativo). Ahora la complejidad del tablero ideológico es compartida prácticamente por todos los parlamentos y conecta de manera directa lo que ocurre en la Carrera de San Jerónimo con el resultado de las elecciones del 14-F. La noche electoral en Cataluña (con sus inevitables días siguientes de negociaciones) se transformará en un perfecto laboratorio para comprobar si la dinámica de los partidos de situarse en bloques se rompe o sigue avanzando en su inercia paralizadora.

Si nos fijamos en la tensión permanente que viven PSOE y Podemos, la campaña catalana ya nos revela la esquizofrenia propia de su relación: mientras el candidato Salvador Illa apela a reproducir el «exitoso modelo del Gobierno» (obviando las mil y una crisis del primer año y, sobre todo, que los números en los sondeos no dan para reproducir esa coalición), su hasta ahora socio, Pablo Iglesias, le devuelve a la realidad al cuestionar su labor como ministro. Ambos partidos miden sus fuerzas con el Palau de la Generalitat de fondo, conscientes de las consecuencias en los equilibrios de poder del Consejo de Ministros: en la Moncloa ya temen que el vicepresidente se radicalice ante un mal resultado electoral. Y si ese pulso es duro y complicado, la pugna entre PP, Ciudadanos y Vox adquiere tintes de auténtica tragedia griega: sobre todo para el partido de Inés Arrimadas, que ganó los últimos comicios catalanes y ahora se juega casi su supervivencia bajo la amenaza de ser absorbido (oficial u oficiosamente) por el de Pablo Casado.

A la feroz rigidez de estos dos bloques, se suma la existencia de un tercero que no solo es determinante para Cataluña, sino que extiende su influencia a la política nacional: el independentista. Ensimismado en su propio laberinto, le ha llegado el tiempo de decidir si mantiene una unidad más forzada que real (la base social e ideológica que va de la CUP al PDeCAT es tan amplia como inverosímil) o rompe con nueve años de procés y alguno de los socios sacrifica su alianza para imponerse en la órbita soberanista (como en esa jugada de ajedrez en la que se entrega a un peón para lograr el control, tan de moda por la serie Gambito de Dama). Y ante este escenario de vetos cruzados y pactos imposibles para lograr conformar un gobierno en Cataluña, el 14-F parece abocarnos al bucle del inmovilismo: ¿Hasta cuándo puede una sociedad soportar el freno que genera un multipartidismo anclado en bloques?

El espejo italiano
Estos días hemos asistido a lo que podríamos llamar la lección italiana. Ante la incapacidad de sus políticos para tejer acuerdos y el riesgo cierto del vacío de poder, Italia recurre a un gobierno técnico, con un primer ministro, Mario Draghi, que no ha salido de las urnas pero que garantiza una cierta estabilidad ante una situación crítica. Y como esta solución extrema (que ya les funcionó en 2011 con Mario Monti) se contempla desde España como una salida difícil de encajar en nuestro sistema (aunque todo se andará), nos queda una única posibilidad para dinamizar la política: la flexibilidad en la negociación para romper bloques.

En este sentido, se entrevén ya algunos movimientos de toma de contacto. Mientras Carmen Calvo abre la puerta a un acuerdo con ERC, en Ciudadanos se estarían planteando un tripartito con PSC y Podemos. Algo se mueve. Muy sutilmente, eso sí, porque las campañas son el mejor momento para convertir los posibles pactos en secretos. Aunque el movimiento más sorprendente (que va mucho más allá de la geometría variable) ha sido la conexión entre Pedro Sánchez y Santiago Abascal que solo se entiende en clave demoscópica: Vox necesita marcar perfil frente al PP (en plena búsqueda de su espacio pos-Trump) y el PSOE se mantendrá en el Gobierno mientras el centroderecha y la derecha estén divididos. Sánchez y Abascal juegan su particular partida de ajedrez. Esperemos que el peón sacrificado no sea el bien común.

Desprecio innecesario a las víctimas
Editorial ABC 6 Febrero 2021

Mientras Interior beneficia a etarras con su acercamiento a cárceles vascas y excarcela a Troitiño, discute la razón de las ayudas a las víctimas y las señala por su «desunión»

El Ministerio del Interior no solo ha «felicitado» a la AVT por su cuarenta aniversario con un incesante acercamiento de etarras a prisiones vascas -ayer mismo cinco más-, o con la excarcelación por «razones humanitarias» del etarra Antonio Troitiño, sino que además dedica a las víctimas del terrorismo una orden ministerial repleta de reproches, quejas y recelos sobre su gestión de las subvenciones públicas que reciben. Desde luego, el titular de Interior, Fernando Grande-Marlaska, que pertenece a un Gobierno empecinado en elogiar la visión «política» de Bildu, no tiene ya nada que ver con aquel juez de la Audiencia Nacional comprensivo con las víctimas y redactor de sentencias ejemplares contra ETA.

Ahora Marlaska se dedica a sembrar dudas sobre las víctimas y sobre los proyectos anuales por los que solicitan -y justifican- ayudas del Estado, y además exige que a cambio de recibir esas subvenciones, Interior esté presente en los actos organizados por las asociaciones con el fin de blanquear su imagen. Una vez más, se pone el dinero público al servicio de la reputación de este Gobierno y es presentado como una coacción a las víctimas: si quieren cobrar subvenciones, deben dejar de criticar la política de Interior y mostrar públicamente complicidad y connivencia de intereses. Y todo, con un lenguaje tan sutil como descarnado. Mejor haría Marlaska en cuidar y abrazar a las víctimas que en aplaudir fervientemente las votaciones que el Gobierno gana en el Congreso gracias a Bildu. Y mejor haría en dar explicaciones públicas sobre su política de beneficios y privilegios a etarras que en cuestionar la desunión de los colectivos de víctimas porque, a fin de cuentas, con ETA hablamos de terroristas y delincuentes, y con las víctimas, de personas a las que se ha destrozado la vida. Tanta sensibilidad humanitaria para unas cosas, y tanta soberbia despreciativa para otras, no casan bien con ningún Gobierno en una democracia. Su comportamiento y su tono son difícilmente comprensibles.

Se queja Interior en su orden ministerial de que muchos de los proyectos que presentan los colectivos de víctimas para hacerse merecedores de una ayuda de apenas un millón de euros están «desfasados» y carecen de la «actualización» necesaria. El argumento no es solo subjetivo, sino manifiestamente injusto. Por desgracia, un colectivo de víctimas del terrorismo puede tener exactamente las mismas necesidades de por vida sin tener que justificarse demasiado, o sin verse obligado a «actualizar» sus circunstancias y proyectos. Es obvio que fue ETA quien se encargó de que muchas víctimas jamás necesiten volver a «actualizar» nada porque el daño hecho va a ser invariable en el tiempo: nadie les devolverá a sus seres queridos asesinados. E insinuar, como insinúa Interior, que algunas juntas directivas de asociaciones se convierten en selectos núcleos de gestión exclusiva de los fondos, como sugiriendo opacidad y favoritismo, no es de recibo. Si hubiese cualquier sospecha de irregularidad, Interior tiene la obligación de investigarla. Y si no la hay, porque en realidad no existe indicio alguno de ello, generar sospechas es innecesario y ofensivo.

Garriga apela al votante del PP y afirma su voluntad de acabar con el maldito procés
Redacción https://rebelionenlagranja.com 6 Febrero 2021

El candidato de Vox a la presidencia de la Generalitat, Ignacio Garriga, se ha dirigido este viernes a los votantes «defraudados» del PP y les ha dicho que «siempre tendrán a Vox», «pensando en defender la libertad» en Cataluña y «la unidad de la nación».

En una rueda de prensa organizada por EFE con motivo de las elecciones catalanas del 14F, Garriga ha afirmado que los votos de su formación a una posible investidura están supeditados a que el candidato tenga «la firme voluntad de acabar con el maldito ‘procés'».

«Quiero lanzar un mensaje a los votantes del PP que se puedan sentir defraudados, que ven como ese bipartidismo que lleva décadas tenía un claro objetivo, que era preocuparse de sus problemas (del de los partidos) y abandonar los problemas reales de los catalanes y los españoles».
Estas declaraciones llegan después de que el extesorero del PP Luis Bárcenas haya remitido una confesión a la Fiscalía Anticorrupción en la que asegura que Rajoy se deshizo en una máquina «destructora de papeles» de la documentación que reflejaba la contabilidad en B del partido.
«Estoy convencido de que los votantes del PP se sentirán defraudados, les quiero lanzar un mensaje y es que siempre tendrán a Vox pensando en defender la libertad, la unidad de la nación, garantizar los derechos y las libertades usurpados en Cataluña por la mafia separatista»

Garriga ha evitado entrar a valorar si esta confesión acabará teniendo como consecuencia un posible ‘sorpasso’ al PPC en las elecciones autonómicas: «Venimos a irrumpir con fuerza en el Parlament de Cataluña para dar voz a esa Cataluña silenciada», se ha limitado a comentar.

Ignacio Garriga también ha arremetido contra el candidato del PSC a la presidencia de la Generalitat, Salvador Illa, al que ha acusado de ser «un radical disfrazado de moderado», y ha denunciado la «convergencia en torno al poder del partido socialista y del separatismo».

«El PSOE no quiere derrotar al separatismo, el PSC en ningún caso se presenta a las elecciones para derrotarlo, al revés, viene a reeditar el pacto con el separatismo», ha apuntado.

Y ha dicho que el apoyo del PSOE en el Congreso de los Diputados a una moción de ERC en favor de impulsar la puesta en marcha de la mesa de diálogo es «el paso previo a la rúbrica en el palacio de la Generalitat con el separatismo».

«Estoy convencido de que esa mesa de diálogo y ese proceso rupturista que ha asumido como propio el partido socialista no podrán llevarlo a cabo porque siempre habrá un puñado de valientes españoles que se pondrán enfrente», ha remachado.

Por este motivo, Garriga ha afirmado que Illa y el PSC forman parte «del problema que están sufriendo los catalanes corrientes».

«Illa y el PSC comparten una agenda con separatismo y, por tanto, Vox en ningún caso estará apoyando al PSC ni a Salvador Illa», ha señalado.

En todo caso, Vox apoyará «aquellos pactos que puedan facilitar una investidura» de un presidente que no sea ni socialista, ni Salvador Illa, ni independentista, siempre y cuando cumpla «unos mínimos» de la agenda política de la formación de extrema derecha, lo que pasa de manera «irrenunciable» por poner fin al proceso soberanista.

Por ello, se ha mostrado confiado en que Vox pueda ser «decisivo» a partir del 14F y facilitar un Govern que tenga la voluntad de acabar con el ‘procés’.
Recortes de Prensa   Página Inicial