AGLI Recortes de Prensa   Viernes 12  Febrero  2021

‘Operación Illa’ o cómo pegarse un tiro en el pie
OKDIARIO 12 Febrero 2021

Pedro Sánchez lanzó la ‘Operación Illa’, cuya primera premisa consistía en que las elecciones catalanas se tenían que celebrar a toda costa el 14-F, pese a la expansión de la pandemia. Su objetivo era utilizar la figura del ministro de Sanidad como catapulta para frenar al independentismo, pero la estrategia socialista se enfrenta a un escenario de alto riesgo. Según las encuestas, la participación podría no llegar al 50%. Con ese porcentaje, quien sale ganando son las formaciones independentistas, porque sus votantes están mucho más movilizados. Un regalo al separatismo que puede arruinar la estrategia de Pedro Sánchez y que perjudica de forma notable a las fuerzas constitucionalistas.

La situación, a tres días de las elecciones, se complica: más de 25.000 de las 70.000 personas llamadas a formar parte de las mesas han recurrido y es posible que eso obligue a retrasar la apertura de algunos colegios y la validación de los resultados. Aunque desde La Moncloa quieren «ser optimistas», lo cierto es que la ‘Operación Illa’ puede resultar un fiasco si el independentismo aprovecha en las urnas la bajísima participación que anticipan los sondeos. En ese caso, y por mucho que el PSC crezca en escaños, lo cierto es que el golpismo puede salir reforzado frente a un constitucionalismo dividido.

Hasta ahora, la cifra de participación más baja en un proceso electoral en Cataluña se registró en el referéndum estatutario de 2006, celebrado tras el pacto de José Luis Rodríguez Zapatero con Artur Más. Entonces, sólo votó el 49,94% de los catalanes, un porcentaje que el domingo puede superarse a la baja. En este escenario, la estrategia de Pedro Sánchez con la «Operación Illa» puede terminar en un rotundo fracaso por mucho que el PSC recupere buena parte del territorio perdido. Si al final el independentismo sigue ocupando el poder, para este viaje no hacían falta alforjas.

En La Moncloa cruzan los dedos y algunos ya advierten que las cuentas de la lechera de Sánchez es posible que salten por los aires. Pronto sabremos si el lúcido estratega que nos gobierna se ha pegado un tiro en el pie

Iglesias tiene razón: con él en el Gobierno, no hay «democracia plena»
OKDIARIO 12 Febrero 2021

Pablo Iglesias viene dando la matraca con el rollo de que en España «no hay democracia plena». Por una vez, tiene razón. Obviamente, los motivos que arguye para justificar la falta de democracia -la situación de los golpistas catalanes o la inminente cárcel para un rapero que suple su nula creatividad artística injuriando a la Corona o a las víctimas del terrorismo- son una solemne estupidez. Si en España «no hay democracia plena» no es por los motivos que expone el vicepresidente segundo, sino por el hecho de que un personaje que no tiene más afán que demoler el régimen del 78 y acabar con la separación de poderes ocupe la vicepresidencia segunda del Gobierno de España y la utilice, además, para socavar las instituciones del Estado con métodos totalitarios. Por eso «no hay democracia plena», porque con Pablo Iglesias es sencillamente imposible.

Como informa OKDIARIO, Pablo Iglesias lleva ya un año dentro del Ejecutivo. Tiempo en el que no ha planteado ni una sola queja o petición de reformas relacionadas con la falta de “democracia plena” en España. El mantra que ahora utiliza de forma hipócrita obedece al hecho de que estamos en campaña electoral y quiere marcar territorio para distanciarse del PSOE. Ni uno sólo de sus ministros ha pedido nada parecido a reformas por la supuesta ausencia de democracia en España. Lo que busca desesperadamente es pescar votos en el caladero de la izquierda independentista, pero lo lleva claro.

Y, sin embargo, lo que ha planteado el líder podemita: que España «no es una democracia plena» se presta a la reflexión y al análisis. Porque es verdad que desde que el socialcomunismo gobierna, la calidad de nuestra democracia se ha deteriorado a una velocidad de vértigo. La democracia española está amenazada por la pulsión totalitaria de un Ejecutivo que, con Iglesias en la vicepresidencia segunda, se enfrenta al riesgo de ir menguando a medida que pasa el tiempo y el secretario general de Podemos sigue haciendo y deshaciendo a su antojo.

Desfigurar la democracia
Editorial ABC 12 Febrero 2021

Iglesias se ha reafirmado en que España no es una democracia plena, y lo grave no es que lo diga, sino que Sánchez se lo consienta por lo que conlleva de degradación moral del Gobierno

El agravamiento de la crisis política e institucional causada por Podemos no solo está arrastrando al PSOE, sino que señala a Pedro Sánchez como el causante último de un deterioro democrático como nunca se había vivido en cuarenta años. El PSOE es el cómplice permisivo que consiente a Pablo Iglesias arrastrar por el barro nuestro sistema político y la imagen de España en el extranjero, y es el máximo responsable, con su pasmosa pasividad, de que el socialismo esté poniendo en jaque su condición de partido constitucionalista. En este contexto, Sánchez se halla en una disyuntiva crucial porque la aventura con Podemos está llegando a un punto de no retorno. Si sigue gobernando con Iglesias, la descomposición de España en lo económico, lo político, lo institucional o lo judicial incrementará la degradación moral del populismo de extrema izquierda hasta convertir al propio Sánchez en un presidente antisistema, si no lo era ya de fábrica.

Ayer Iglesias se reafirmó en que España no es una democracia plena. Quiere que gobierne una minoría de sediciosos, separatistas y terroristas, y eso no es solo un eslogan propio de campaña electoral para combatir la previsible debacle de Podemos en próximas citas electorales. Es su manera inexorable de destruir nuestro sistema de convivencia. Desde el seno del propio Ejecutivo, dinamita a diario la acción de gobierno y nos acerca a los regímenes más autoritarios, como si fuesen modelo de algo más que de causar miseria y destrozar libertades. La campaña de acoso a la Corona, ante la que Sánchez calla y otorga con una irresponsabilidad inédita, ha vivido su último episodio en RTVE, de la que se ha apropiado Iglesias con la connivencia de La Moncloa. Las ofensas a la Familia Real son tan descarnadas como manipuladas y alimentan una estrategia basada en la inoculación de odio. No son episodios ocasionales, ni equivocaciones puntuales de edición de un rótulo de un programa. Es la filosofía que se ha instalado en el ente público a las órdenes de Podemos, con la sumisión del PSOE. Pero esto ha llegado ya demasiado lejos y el despido de editores sin escrúpulos ya no es suficiente. Lo grave es la utilización de la televisión pagada por todos los españoles para sembrar una discordia cainita y crear el caldo de cultivo para que el sistema político sucumba. No hay errores, sino una atmósfera destructiva. Lo mismo ocurre con la política exterior, boicoteada inmoralmente desde dentro del propio Consejo de Ministros, donde se pone como modelo de democracia a la Rusia de Putin, y en cambio se retrata a España como un país represivo porque encarcela injustamente a Oriol Junqueras o a Arnaldo Otegui. Es inaceptable pero Sánchez lo acepta. De nada sirven sus peroratas de que el PSOE no gobernará con separatistas. Como si lo hace constar ante notario. Seguir gobernando con Podemos solo aniquilará una parte de nuestra democracia.

La segunda opción que tiene es romper con Podemos. Pero esa no es una alternativa para Sánchez. Fracturar la coalición de gobierno supondría convocar elecciones y arriesgarse a perder el poder. Entre mantener su obsesión por gobernar a toda costa y que España deje de degradarse, o entre seguir durmiendo en La Moncloa o demostrar un mínimo aprecio por la democracia, Sánchez ya ha elegido. El relativismo de los ministros y barones socialistas que tanto se quejan es caso aparte porque solo demuestran que su alto concepto del poder pesa mucho más que su dignidad política. El problema de España ya no son solo las distorsiones de Podemos, sino el plan premeditado de Sánchez y de todos sus ministros para desfigurarla.

Iglesias será destituido
Emilio Campmany Libertad Digital 12 Febrero 2021

La manera de librarse de tener comunistas en el poder no es demandar la destitución de Iglesias, sino exigir la dimisión de Sánchez.

En su momento. En el Gobierno y en Podemos se da por hecho. Pero no será por las obvias razones que alega La España que Reúne, esa asociación presidida por Nicolás Redondo Terreros, ese ser rarísimo que reúne, valga la redundancia, las condiciones de español y socialista. Será cuando electoralmente proceda. Iglesias no se opone al Gobierno desde el Gobierno por no saber dónde está. Lo hace para conservar su bagaje electoral. Cuando finalmente se convoquen las elecciones, tiene que poder alegar ante su electorado que hizo lo que pudo para aplicar su programa extremista y revolucionario, pero que no le dejaron. Sánchez hace lo mismo. Las excentricidades de Podemos, tanto las que no pasan de propuestas como las que acaban en el BOE, le servirán para distanciarse del partido bolivariano cuando las elecciones se acerquen y lo escenificará destituyendo a Iglesias. Mientras tanto, ambos disfrutan de lo único que les importa: el poder.

Por eso, la exigencia de La España que Reúne es tan pertinente como ingenua. A nadie se le escapa que la destitución que exige es una necesidad perentoria para cualquiera que, como sus miembros, esté preocupado por el futuro de España. Y es una ingenuidad por creer que entre aquellos a quienes les preocupa ese futuro pueda estar la única persona con el poder de destituir al comunista de su cargo de vicepresidente del Gobierno: Pedro Sánchez. Sólo cuando a los intereses electorales del PSOE convenga lo hará el presidente del Gobierno. Lo único que pretende Iglesias es, para cuando llegue ese momento, que no depende en absoluto del daño que pueda estar haciendo, presentarse lo mejor colocado posible ante su electorado. En el fondo, este rigodón de mohínes, enfados y enfrentamientos sin que la sangre llegue al río que interpretan ambos dirigentes no es más que eso, una farsa que no tiene otro objeto que el de convencer a sus respectivos electorados de dos cosas. La primera es que Sánchez, no obstante gobernar aliado con un totalitario comunista, además de los golpistas catalanes, sigue siendo el socialdemócrata europeo y moderno que se supone ha de ser quien sea secretario general del PSOE. La segunda es que Iglesias, no obstante haber aceptado ser vicepresidente de un Gobierno burgués, sigue siendo el revolucionario comunista que aspira a darle la vuelta al régimen del 78, heredero del de Franco, democrático sólo de nombre. La destitución o dimisión que en su día llegue, y que sin duda llegará, no tendrá otro objeto que dar credibilidad a esos dos disfraces. Pasadas las elecciones, si la aritmética lo exige, volverán a aliarse y a gobernar del mismo modo que lo están haciendo ahora.

De todo lo que hace Podemos desde el Gobierno no es en absoluto responsable Iglesias, sino Sánchez, que es quien lo nombró y que es quien lo mantiene en el Gobierno. La manera de librarse de tener comunistas en el poder no es por tanto demandar la destitución de Iglesias, que no llegará mientras electoralmente no convenga, sino exigir la dimisión de Sánchez o, dada la imposibilidad de conseguirlo, lograr que el Grupo Socialista del Congreso de los Diputados apoye una moción de censura que haga presidente a cualquier socialista que, como Redondo Terreros, reúna esas dos cualidades que es tan extraño que coincidan, la de ser socialista y español.

La izquierda mediocre
EDITORIAL https://gaceta.es  12 Febrero 2021

El pudor, entendido como modestia, debería ser una condición exigible en política, sobre todo cuando, con una mirada honrada, uno contempla la ideología que informa su acción política y puede hacer un repaso de los fracasos de los correligionarios que le antecedieron y aprender de ellos para corregirlos.

Ayer, en una declaración impúdica, el presidente del Gobierno español, el reconocido doctor (?) Pedro Sánchez, redefinió la ideología de la que es parte, el socialismo, asegurando que «es la izquierda con experiencia». Esta insoportable levedad del presidente español nos da la medida del hombre que dirige los restos estupefactos de la nación española.

La experiencia sólo puede ser un grado cuando se aprende de los fracasos y no se insiste en ellos. Lo contrario es idiocia. El socialismo español tiene la experiencia de haber gobernado durante casi un cuarto de siglo de los pocos más de 42 años que han pasado desde la Transición a la democracia, y el Gobierno del doctor Sánchez es el paradigma perfecto de que no sólo no ha aprendido nada de ninguno de los desastres de sus predecesores, sino que, y ahí resalta la impudicia del ignaro vanidoso, persevera en ellos y los aumenta para desgracia de los españoles.

Los desastres del socialismo, que darían para una serie de pinturas negras, son demasiados para enumerarlos aquí y los conoce el lector. Baste recordar los cuatro millones y medios de empleos perdidos en todas las legislaturas (sin contar esta), una corrupción sistemática bajo la perversión de que «el dinero público no es de nadie» y el permanente contubernio con las fuerzas nacionalistas a las que el socialismo ha dado, y da, alas para romper España. Cada una de estas ‘experiencias’ debería haber conseguido el efecto de que el socialismo español, como ha pasado con el francés o el griego, hubiera desaparecido como opción política por el bien de España, de Europa, de Iberoamérica y del Cosmos en su conjunto. Es una suerte para el socialismo que haya millones de españoles que cada cuatro años decidan no respetarse a sí mismos ni a la nación.

Pero sobre todos los errores políticos del socialismo que conducen al desastre social español, el que con inquietante perseverancia se va agudizando de una manera evidente es su apuesta decidida por la mediocridad que comenzó como error en 2004.

Un doctor (quizá) mediocre, que preside un Gobierno de mediocres adictos, que escucha y se deja influir por un expresidente mediocre a sueldo del socialismo criminal iberoamericano, que consiente una alianza con incapaces desleales con la democracia, que gestiona una pandemia nacional con un ministro mediocre (siendo generosos) que fracasa de una manera estrepitosa y que, como recompensa, recibe el encargo de liderar un partido mediocre en una región como Cataluña que malvive en una ruptura social sin precedentes, convierte al socialismo español del siglo XXI en la izquierda mediocre. Eso sí, con experiencia.

Y, lo que es peor, la izquierda mediocre y su excelentísima mediocridad saben que sólo tienen futuro en una España mediocre. Y a eso dedican todos y cada uno de sus mediocres esfuerzos.

La izquierda cancerígena
Nota del Editor 12 Febrero 2021

España sigue sufriendo una destrucción sistemática, por mediocres, traidores, inútiles, últimamente agravada por una izquierda cancerígena, que no son otra cosa el dr cum fraude y sus quates.


Un caso de vergüenza nacional
José T. Raga Libertad Digital 12 Febrero 2021

¿Qué usted tenga 22 ministros no le dice nada, señor presidente? ¿Y pretende que le condonen la deuda?

Los españoles no nos merecemos esto. Hacemos todo lo que podemos, pese a los abusos de los que mandan. Además, pagamos impuestos, sabiendo el despilfarro que se hace de lo recaudado.

Cada persona y cada familia se las arreglan como pueden para sobrevivir y para cumplir con los compromisos adquiridos, entre los que está no acostarse ningún día sin reducir la deuda contraída, como corresponde a las personas de honor y de bien.

Por eso no nos merecemos que las dos ideologías visibles del Gobierno, las de los coaligados PSOE y Podemos –quizá quepa lo de tanto monta, monta tanto–, acorraladas por lo mucho dicho del nivel de endeudamiento público, hace una semana firmaron una propuesta al Banco Central Europeo de condonación de la deuda española. Así solucionaban el endeudamiento. Antes de las cuarenta y ocho horas, el BCE negaba tal posibilidad.

El resto de coaligados guardan el más profundo silencio, más preocupados por la elección de sexo, o por facilitar a los okupas sus pretensiones, que por lo que importa al país. El presidente, ni está ni se le espera. Sólo la vicepresidenta económica ha desautorizado a los firmantes alegando que no está permitida la condonación. Para mí, lo que importa no es que esté prohibido condonar, sino que me avergüenza la petición.

¿Seguirán todos con sus prebendas, después de semejante propuesta? ¿Puede España pedir un trato propio de los países más pobres, de los que nada tienen? ¿Podemos presentarnos como Madagascar, República Democrática del Congo, Burundi, Malawi, Guinea Bissau, con más del 70% de la población viviendo con menos de 1,25 dólares/día? No se puede ser tan cruel con los pobres, con los que nada tienen; no son una mercancía más.

Nosotros, España, no es que no tengamos, es que lo gastamos mal, muy por encima de nuestras posibilidades, y ese es el origen de la deuda. Y pensemos que eso de que los Estados, las naciones, no quiebran es falso. Quiebran como los particulares, y generalmente, salvo casos de pobreza, lacerantes para los que vivimos en la abundancia, por gastar más de lo que tienen. Porque siempre que se gasta más de lo que se tiene se gasta mal, tanto en el sector privado como en el público.

Ya sé que el presidente atribuye la deuda –124% del PIB, o sea 1,35 billones de euros– al covid, pero me pregunto: ¿no se le ocurre que algo tendrá que ver el macro Gobierno que ha creado, con veintidós ministros, de los que cuatro son vicepresidentes? En la España democrática, sólo Felipe González durante cinco meses tuvo 18 ministros –uno, vicepresidente–; después, él y Rodríguez Zapatero tuvieron Gobiernos con 17 ministros; y Rajoy, el censurado, osciló entre 11 y 13 –uno, vicepresidente –.

¿Qué usted tenga 22 ministros no le dice nada, señor presidente? ¿Y pretende que le condonen la deuda?

Crisis del coronavirus
Seguridad Nacional constata el fracaso de Sánchez con la inmigración: baja en la UE y sube en España
Todo un barrio de Las Palmas se echa a la calle contra Sánchez por los altercados con inmigrantes
El Gobierno admite que ha trasladado a más de 2.500 inmigrantes ilegales de Canarias a la Península
Luz Sela okdiario 12 Febrero 2021

La inacción de Pedro Sánchez para contener la crisis migratoria, en cifras de récord en 2020, la pone en relieve incluso Seguridad Nacional. En uno de sus recientes informes de situación sobre el Covid, el departamento adscrito a la Presidencia del Gobierno destaca que, mientras las entradas irregulares se han reducido en la Unión Europea debido a la pandemia del Covid, en España la inmigración ha subido.

«En España, el impacto de las restricciones del Covid-19 sobre las llegadas irregulares se considera temporal: desde agosto de 2020, el número de llegadas a España fue mayor que en 2019», señala Seguridad Nacional.

Un total de 41.861 inmigrantes en situación irregular llegaron a España por vía terrestre y marítima entre el 1 de enero y el 31 de diciembre de 2020, un 29% más que el año anterior, cuando llegaron 32.449.

Ese incremento se debe sobre todo a las llegadas a las Islas Canarias, desbordadas por la crisis migratoria. En 2020, arribaron a las islas 23.023 inmigrantes, un 756,8% más que en 2019, cuando lo hicieron 2.687, según datos del Ministerio del Interior. En cuanto al número de embarcaciones, el pasado año llegaron al archipiélago canario 745 cayucos frente a los 129 de 2019.

Seguridad Nacional incide en que, según datos de la UE sobre asilo y cruces fronterizos irregulares en los primeros diez meses de 2020, «se percibe el impacto de la pandemia en la migración a la UE». «La UE en su conjunto registró una disminución interanual del 33% en las solicitudes de asilo y los cruces fronterizos irregulares alcanzaron su nivel más bajo en 6 años».

Sin embargo, a continuación destaca que «en España, el impacto de las restricciones del Covid-19 sobre las llegadas irregulares se considera temporal» porque «desde agosto de 2020, el número de llegadas a España fue mayor que en 2019».

Principal puerta de entrada
España se colocó el año pasado como principal puerta de entrada de la inmigración en Europa, por delante de otros países que tradicionalmente se han visto también afectados por crisis migratorias, como Italia o Grecia. La razón principal ha sido la reactivación de la ruta migratoria de Canarias, considerada por Bruselas como la más mortal para alcanzar el continente.

Según la agencia de Naciones Unidas para los refugiados, ACNUR, España superó el año pasado a ambos países en llegadas irregulares, al aumentar un 30% frente a 2019. Cabe recordar que ese año el Ministerio del Interior se jactaba de haber reducido a la mitad las llegadas en relación a 2018.

En diciembre, en plena polémica por la crisis migratoria en Canarias y el traslado de inmigrantes a la Península, Pedro Sánchez afirmaba en una entrevista que, desde que gobierna, los flujos de inmigración irregular han bajado un 50% con respecto a cuando gobernaba el PP. Una afirmación falsa ya que, por entonces, las llegadas eran un 14% superiores bajo el mandato del socialista.

Crisis en Canarias
En los últimos meses, el Gobierno se ha demostrado además incapaz de gestionar la llegada de inmigrantes por Canarias. El Ministerio del Interior negó durante semanas que estuviese llevando a cabo traslados de irregulares a la Península. OKDIARIO, sin embargo, reveló las pruebas que demostraban estos desplazamientos. El Ejecutivo acabó admitiendo que habían sido trasladados más de 2.500 inmigrantes a la Península, con Madrid, Málaga y Sevilla entre otros destinos.

Esa incompetente gestión ha convertido además a las islas en un polvorín. En las últimas semanas son habituales las peleas y altercados protagonizadas por una minoría de inmigrantes ilegales que recurren a la delincuencia como modo de vida, al no disponer de recursos. Estos inmigrantes, que viven en la calle, provocan momentos de gran tensión con los vecinos.

Otra de las críticas ha venido por el descontrol del Gobierno sobre el riesgo de contagio de los inmigrantes en los traslados. El Ejecutivo defendió que se trataba de un colectivo seguro, aunque nunca aclaró si a los inmigrantes se les realizaban pruebas PCR antes de los viajes. Como publicó este periódico, el Ministerio del Interior admitió desconocer el número de pruebas realizadas.

Cesar en la infamia: Pablo Iglesias debe ser destituido
El autor es uno de los firmantes del manifiesto que 200 personalidades han firmado pidiendo la salida del vicepresidente segundo del Gobierno.
Teo Uriarte esdiario 12 Febrero 2021

A lo largo de su historia, la democracia española ha tenido gobernantes buenos, malos y mediocres, idóneos y vulgares, ejemplares y corruptos. Gobernantes con sentido de estado y gobernantes que antepusieron sus intereses al bien común.

Lo que no había tenido nunca hasta ahora es un gobernante que no creyera en la dignidad democrática de su país, y así lo aventara al mundo para afrenta de la ciudadanía y desprestigio del nombre de España. Un gobernante que se pusiera del lado del crimen.

Nos referimos al actual Vicepresidente de Gobierno y Ministro de Asuntos Sociales del Gobierno de España, Pablo Iglesias Turrión. Ya fue doloroso el ultraje de comparar la situación de Carles Puigdemont y su holgada estancia balnearia en Bruselas, fugado de la justicia española tras su fallida agresión al orden constitucional, con la de miles de compatriotas que dieron en el exilio, casi siempre miserable, a menudo atroz, tras la victoria franquista.

La reacción de asco que sintió entonces la sociedad española, y en particular la parte que se le podía suponer ideológicamente más afín, hubiera debido de propiciar un momento de reflexión para el Sr. Iglesias y para quienes le hicieron vicepresidente y le mantienen en el gobierno.

Iglesias se reafirma y presume de decir la "puñetera verdad" desde el Gobierno

Lejos de ello, el aún Vicepresidente se permite, en plenas elecciones catalanas, declarar que en España «no hay una situación de normalidad democrática plena», socavando la imagen de nuestro país en un momento en que sus credenciales democráticas se ven oportunistamente puestas en duda por un ministro extranjero.

A la injuria se suma así la deslealtad, con sus propios compañeros de Gobierno , con todas las instituciones del Estado y con una inmensa mayoría de españoles, que seguimos apostando por la democracia nacida en 1978, dispuestos siempre a cambios y reformas que la mejoren, haciéndola más integradora y participativa.

La torrencial chabacanería intelectual y moral que ha derrochado el Sr. Iglesias en su carrera política merecería un inventario detallado que no haremos aquí. Admitimos sin embargo que él nunca ha engañado a nadie.

Pedimos el inmediato cese del Vicepresidente Iglesias. Los patéticos intentos de disculpar su conducta comprometen a todo el gobierno

Se ha presentado siempre como lo que es: una persona socializada en el rencor e incapaz de comprender la importancia histórica y la altura moral del gesto de reconciliación entre españoles que, en una Transición que desprecia, fundó nuestra régimen de convivencia democrático. Deshacer aquel abrazo entre españoles ha sido siempre su objetivo declarado.

Las bofetadas a las víctimas del terror y los halagos a los criminales forman parte sin sombras y ocultaciones de su escaso bagaje. Como en aquella ocasión en que, buscando el aplauso de los fanáticos, alabó la perspicacia de ETA, por haber sido la primera en «darse cuenta» de que nuestra Constitución del 78, mero «papelito» a su decir, no había traído ninguna democracia digna del tal nombre, avalando así implícitamente la larga historia de terror de ETA.

No, Pablo Iglesias no ha engañado a nadie, aunque cabe preguntarse por qué forma parte del gobierno de un Estado que él mismo no considera plenamente democrático y de una nación que cree artificial y opresora (cuyo nombre, «España», según confesión propia, le cuesta pronunciar).

Si realmente cree que España no es una democracia su deber es combatir a su gobierno gallardamente desde la oposición, sacrificando su generosa nómina de Vicepresidente en el altar de sus ideales.

La responsabilidad de Sánchez
Pero la impostura de quien aspira a gobernar un país que desprecia es una curiosidad que no debe importarnos. Lo que nos importa es su presencia en el Gobierno de España, a invitación del Partido Socialista Obrero Español, después de que durante la campaña electoral el entonces candidato Pedro Sánchez negara su intención de formar gobierno con Unidas Podemos, haciendo precisamente de la presencia de Iglesias en el gabinete el principal escollo.

Bien, el experimento ha agotado su curso. Ningún logro, ningún esfuerzo loable se le conoce al Sr. Iglesias en el ejercicio de su cargo. Hacer declaraciones imperdonables y ver series de televisión mientras parecen ser los únicos contenidos de su cartera y de su “amplio propósito” para la legislatura.

Echenique desbarra e insinúa que envenenarían a Pablo Iglesias si pudieran
Por todo ello, pedimos el inmediato cese del Vicepresidente Iglesias. Los patéticos intentos de disculpar su conducta comprometen a todo el gobierno –un órgano, recordemos, colegiado–. Si su destitución no se produce, el coste electoral que pueda sufrir el Partido Socialista será lo de menos.

Más debería preocuparnos el precedente de haber llevado al gobierno a una persona cuya única virtud conocida es la demagogia y cuya única vocación es el frentismo. Las palabras tienen consecuencias. La democracia española no se puede permitir la presencia de un pirómano en el Consejo de Ministros. Ante la historia quedará la responsabilidad de quien lo nombró.

Errar el tiro

Nota del Editor 12 Febrero 2021

Muy joven fui a cazar palomas y en cuanto se acercaó la bandada, no dudé en apuntar y disparar a la primera, con lo que provoqué la desbandada y recibí el consejo de un cazador experimentado y benevolente, tenía que haber esperado y disparar a la última. En otra ocasión, una película con Gary Cooper, utilizó la misma técnica, ir disparando al último y así recibió la admiración de todos.

Por ello, el foco debe dirigirse al dr cum fraude, que tira de los hilos de la banda desde el último puesto, así consiguió Franco derrotar a los comunistas, socialistas, independentistas, terroristas, asesinos y nos libró de ellos durante mucho tiempo, y que han regresado por la cobardía y traición de otros.

Illa no es de fiar
EDITORIAL Libertad Digital 12 Febrero 2021

Cabe preguntarse por qué Illa ha asumido el coste de una decisión completamente innecesaria. ¿Qué está ocultando? ¿De qué tiene miedo?

Pese a su incomprensible prestigio en ciertos ámbitos, el exministro Salvador Illa no sólo es responsable de la peor gestión de la pandemia de toda Europa, con decenas de miles de muertos como consecuencia, sino que miente de una manera que quizá sólo esté al alcance de sus semejantes Pedro Sánchez y Pablo Iglesias.

Su negativa a hacerse las preceptivas pruebas de detección del coronavirus para participar en los debates televisivos de estos días puede parecer una anécdota, pero, muy al contrario, es harto relevante.

Y lo es por varias razones. En primer lugar, vuelve a constatarse que Illa y el PSOE siguen moviéndose en la más completa impunidad. Pueden hacer lo que quieran y cuando quieran, porque sus medios afines les permitirán salir del trance sin mayores problemas y sin afrontar ningún coste. La prueba fue la reacción de la organizadora del primer debate, TV3, que no tuvo el menor problema en vulnerar las reglas que ella misma había establecido para permitir participar en el mismo a un candidato sobre cuyo estado de salud no se tenía ninguna certeza y que, por lo tanto, puso en riesgo a los trabajadores de la cadena y a los otros participantes en el encuentro.

La segunda razón son las excusas que Illa y su entorno han ofrecido: es ridículo intentar hacer creer que cuando se le plantean las normas para ir a un debate el exministro actúa en virtud de la supuesta posición que ha mantenido durante la pandemia, sobre todo porque ha cambiado continuamente: las mascarillas eran desaconsejables y al final son obligatorias, las farmacias no podían hacer test y ya los están haciendo y, por poner un último ejemplo, una comunidad autónoma debía intervenirse a partir de una determinada incidencia, pero después otras han doblado esa cifra y no ha habido intervención.

Por otro lado, no se olvide que fue el mismo Gobierno del que formaba parte Illa el que estableció que en determinadas circunstancias –por ejemplo, antes de viajar– un ciudadano individual debe realizarse pruebas de covid sin formar parte de un cribado masivo. Pero está claro que Illa no se siente concernido por las normas que él mismo ha establecido para todos los demás.

Después, para colmo, y siguiendo lo que ya casi es una tradición en el PSOE de Sánchez, a las primeras explicaciones les siguieron otras contradictorias: que no quería "privilegios como político". Es exactamente al revés: como político, y sobre todo como político de izquierdas, establece sus propias normas, elude las comunes y, en suma, disfruta de los privilegios que él mismo se otorga.

Por último, cabe preguntarse por qué Illa ha asumido el coste de una decisión completamente innecesaria. ¿Qué está ocultando? ¿De qué tiene miedo? Aunque probablemente se acabará sabiendo, es algo que los ciudadanos deberían conocer antes de acudir a las urnas este domingo.

Jusapol se concentra hoy para denunciar el abandono a las fuerzas de seguridad en Cataluña

Agencias. DiarioSigloXXI 12 Febrero 2021

Jusapol, Jupol y Jucil han convocado una concentración hoy en Barcelona para protestar por el abandono del Gobierno a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado en Cataluña, coincidiendo con la celebración el domingo siguiente de las elecciones autonómicas.

La concentración será a las 11.30 horas en la Plaza Sant Jaume de Barcelona para pedir la declaración de Cataluña como Zona de Especial Singularidad y "en protesta por el abandono que viven en esta región los miembros de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado por parte del Gobierno de España".

Las tres organizaciones denuncian el "clima creciente de hostigamiento, ataques, odio y rechazo hacia los agentes de la Guardia Civil y de la Policía Nacional, así como la tensión que sufren sus familiares, desde el inicio del proceso independentista. Un clima hostil que se ha intensificado en los últimos días, con motivo de las próximas elecciones catalanas".

"Recientemente, representantes de partidos políticos independentistas, no han dudado en utilizarnos en sus campañas electorales, recurriendo al insulto y a promesas de expulsar a los agentes. Proclamas políticas que buscan alentar el odio y aumentar los ataques hacia los policías", aseguran.

Por ello, solicitan a los partidos "que dejen de politizar el trabajo y la labor encomiable realizada diariamente por Policía Nacional y Guardia Civil en Cataluña, por la defensa del Estado de Derecho. Somos los garantes de pleno ejercicio, derechos y libertades del ciudadano, sin importar el territorio español en el que nos encontremos, reconocidos por la Constitución española".

También piden al Gobierno "que se comprometa en Cataluña, con esa sociedad catalana constitucionalista, mostrando su respaldo hacia las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado y el rechazo directo y sin ambages a la expulsión de los agentes de la Policía Nacional y de la Guardia Civil y sus familias de tierras catalanas".

La declaración de Cataluña como Zona de Especial Singularidad implicaría para el Ministerio del Interior aplicar "las fórmulas de incentivos para los agentes de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado que estén destinados en Cataluña de la misma forma que los destinados en el País Vasco o en Navarra, lo que incluye un complemento económico, días de permiso y baremación".

Explican que con esa declaración "se lograría el arraigo de los policías nacionales y los guardias civiles que prestan su servicio en esta comunidad autónoma, así como a los nuevos destinados. De igual modo, se reducirían de manera considerable los traslados a otras comunidades de los agentes y las vacantes que se producen por este motivo y con ello, conseguir un servicio continuado y eficaz, formado por agentes experimentados en su labor más allá del 'primer destino' o 'destino de paso' convirtiendo estas comandancias en destinos estables".

******************* Sección "bilingüe" ***********************

Cataluña decide entre libertad y dictadura
Sergio Fidalgo okdiario 12 Febrero 2021

Este domingo en Cataluña se deciden muchas cosas. Si sigue siendo una rémora para el resto de España, o si quiere trabajar para construir un país mejor con los compatriotas de todas las regiones que forman nuestra nación. Si quiere ser una comunidad autónoma que apueste por la libertad, o si sigue deslizándose hacia una dictadura totalitaria en la que los separatistas excluyen a los millones de ciudadanos que no piensan como ellos. Si apuesta por un gobierno autonómico que intente superar la grave crisis económica y sanitaria que padecemos, o si sigue hundida en el fango de un supremacismo nacionalista sólo preocupado por lo identitario.

Podríamos dar docenas de razones para ir a votar, pero mejor que escuchen los argumentos de plataformas cívicas como Consenso y Regeneración, Societat Civil Catalana o el Club Tocqueville, entre otras entidades, que han impulsado campañas para promover la participación del voto constitucionalista. El panorama no es halagüeño, algunos sondeos dan hasta diez puntos menos de participación prevista en el área metropolitana de Barcelona, donde se concentra la mayoría del voto no nacionalista, respecto a los feudos independentistas. El miedo a la pandemia es transversal, pero el fanatismo es un buen antídoto contra el temor, y eso le sobra a raudales al electorado secesionista.

El separatismo se siente muy fuerte. A pesar de que su desastrosa crisis de la pandemia ha causado una carnicería en las residencias de ancianos, miles de muertes en toda Cataluña y ha destrozado la economía, está convencido de que van a ganar las elecciones de calle, y que todo va a quedar en un reajuste de escaños entre los tres partidos independentistas con representación en el Parlament, CUP, JxCAT y ERC. Se sienten tan fuertes que, rozando la prevaricación, han liberado a los presos golpistas para que hagan campaña electoral sin cortapisas, y ninguna institución del Estado se lo ha impedido. TV3 ha desafiado a la Junta Electoral, y no para de quejarse que no les dejan decir “exiliados” y “presos políticos”. Y lo hacen diciendo que “no podemos hablar de exiliados y presos políticos”. Y aunque Cs es la primera fuerza de la Cámara autonómica, la televisión de la Generalitat le ha dado mucho menos tiempo de pantalla que a otras formaciones secesionistas con menos escaños.

Además, ERC ha impuesto a PSOE y Podemos una votación en el Congreso sobre la fantasmagórica “mesa de diálogo”, en plena campaña electoral. Los cachorros del separatismo han convertido los mitines de VOX en una especie de competición de tiro al candidato, ante la pasividad de las autoridades policiales. Y los voceros del independentismo se han hinchado de justificar la violencia separatista contra Garriga, Abascal, Monasterio, Olona, Ortega Smith y el resto de líderes de esta formación que han participado en actos electorales. También PP, PSC y Cs han tenido su cuota de intolerancia independentista, porque en Cataluña no se libra nadie que no lleve la estelada tatuada.

Como están muy crecidos, la única manera de bajar los humos a los fanfarrones del separatismo es yendo a votar y siendo más que ellos. Ya se sabe que Dios ayuda a los buenos, sobre todo cuando son más que los malos. Así que convendría no dar por sentado que algún día la divinidad nos ayudará, y acudir a las urnas para crear una nueva mayoría. Está claro que es muy difícil, que el separatismo juega con las cartas marcadas de una administración autonómica y municipal clientelar a su servicio y de un sistema electoral que les beneficia. Pero mientras no nos arremanguemos e intentemos vencerles, seguirán privando de derechos a los catalanes que nos sentimos españoles y nos seguirán considerando ciudadanos de segunda. Así que este domingo, con mascarilla, con gel hidroalcohólico y con un EPI si hace falta, pero todos hemos de ir al colegio electoral.

Ante el 14-F
Xavier Pericay vozpopuli.es 12 Febrero 2021

La política catalana ha tenido siempre un halo sentimental. Cosas del nacionalismo, sin duda, que todo lo impregna. Ya Josep Pla hablaba, en plena Segunda República, de “la mermelada sentimental que lo pringa todo”. Es verdad que no lo aplicaba de forma específica a Cataluña, sino que lo ofrecía más bien al por mayor. Pero también lo es, claro, que cuanta más mermelada, más pringue. Y de ese pringue tenía ya entonces en cantidad suficiente aquella Cataluña. Hasta el punto de que el propio Pla –a quien la cultura, los viajes y un antisentimentalismo notorio habían ido alejando del nacionalismo– afirmaba el 8 de marzo de 1933 en Las Provincias que “cuando llega la hora de votar el sentimentalismo del catalán busca más lo simbólico que lo verdadero”.

Acaso ese fuera el motivo por el que Josep-Lluís Carod Rovira, setenta años más tarde, en el mitin de final de campaña de las elecciones autonómicas que terminarían llevándole, a la zaga de Pasqual Maragall, al Gobierno de la Generalidad, pedía a sus huestes que “votaran con el corazón”. Un ruego que repetiría en la misma jornada electoral al ir a depositar su voto, y que tornaría en agradecimiento ya entrada la noche, tras conocer el resultado obtenido por su partido. Los catalanes habían sido valientes, habían votado con el corazón, habían votado más que nunca a ERC.

Desde aquel 2003 en que se conformó el primer Gobierno tripartito en Cataluña –“Pacto del Tinell” incluido– hasta el día de hoy, no sólo han pasado cerca de 18 años –con intento de golpe de Estado incluido–; también se han vertido en el ámbito público toneladas y toneladas de mermelada sentimental. Cierto es que ahora se habla más de emociones que de sentimientos, quién sabe si en justa correlación con el auge de los libros de autoayuda y de la llamada inteligencia emocional. Pero, al cabo, estamos en lo mismo. Los políticos, llegado el momento de pedirnos el voto, no acostumbran a apuntar a la cabeza sino algo más abajo y a la izquierda –lo que no excluye, sobra precisarlo, que algunos apunten incluso más abajo todavía y esta vez en el centro–. ¡Si hasta Ciudadanos, ay, nacido para combatir mediante la razón ese derroche sentimental del nacionalismo, ha acabado adoptando un corazón como emblema –eso sí, un corazón identitariamente tripartito–! Por no hablar de esa desdichada campaña de los abrazos, de infausto recuerdo.

Hoy faltan apenas cuatro días para que los catalanes con derecho al voto que no hayan optado por recurrir al correo y no piensen refugiarse en la abstención acudan a sus respectivos colegios electorales. Yo les pediría, si no lo han hecho ya, que lean 2017, el último libro de David Jiménez Torres (Deusto). El tiempo del que disponen de aquí al domingo les alcanza. Y ese libro, del que Juan Claudio de Ramón ha dicho con toda justicia que era “la crónica definitiva del procés” –sin que ello desmerezca en modo alguno, claro está, la calidad de cuantos títulos sobre el mismo tema le han precedido, entre ellos el del propio De Ramón–; ese libro, decía, les ayudará, estoy seguro, a discernir el voto bueno del voto malo. O si lo prefieren, el voto útil del voto inútil. No porque su autor exprese preferencia alguna en este sentido, por más que de sus palabras pueda desprenderse lo que él jamás votaría de poder hacerlo en Cataluña, sino porque constituye una magnífica exposición de por qué ocurrió lo que ocurrió en 2017 y por qué las secuelas han sido las que han sido.

Adiós a lo de Ortega
No es este el lugar para hacer una reseña de la obra. Pero sí me parece importante destacar un par de ideas que se infieren de su lectura. La primera: adiós a lo de Ortega. O sea, adiós a la famosa conllevancia. Lo que Jiménez Torres bautiza como “la Premisa” no es sino la creencia, compartida por una mayoría considerable de españoles –y en particular por su clase política– hasta el mismísimo 2017, de que los excesos y los aspavientos del nacionalismo no iban a poner en jaque el Estado de las autonomías, esto es, el marco constitucional. Por incómodos que manifestaran sentirse, por más que reclamaran y reclamaran un encaje del que a su juicio Cataluña carecía, por insignificantes que les parecieran cuantas compensaciones económicas y transferencias competenciales llegaran a ofrecerles los sucesivos gobiernos centrales, existía el convencimiento de que esos irredentos siempre terminarían por volver al redil, de que nunca romperían la baraja; de que bastaba, en definitiva, con saber conllevar el tan traído “problema catalán”. 2017 ha acabado con la ensoñación.

La segunda idea guarda relación con lo que ha venido después. O sea, con las consecuencias. Y aquí la carga de la prueba corresponde a los socialistas. Al PSC desde la Transición misma y, en particular, desde el primero de los gobiernos tripartitos, y al PSOE desde el primero de los gobiernos de Rodríguez Zapatero y, en particular, desde la moción de censura que permitió a Pedro Sánchez encaramarse al poder. Una carga de la prueba que no es otra que su constitucionalismo. En la España de 2021 –y esto también es un efecto de la crisis de 2017– ya no basta con proclamarse constitucionalista; hay que probarlo. En la política española actual, quien no defiende con hechos la Constitución no es constitucionalista. Y los socialistas, aunque de palabra sostengan lo contrario, no se han parado en barras a la hora de favorecer con sus hechos el desguace del Estado de derecho. Todo eso no lo dice, insisto, Jiménez Torres. Pero no creo que constituya ninguna adulteración de su pensamiento deducirlo de su ensayo.

Este domingo, como viene sucediéndome desde el día aquel de 2003 en que Carod Rovira pidió a los suyos votar con el corazón, no voy a poder votar en Cataluña. Pero si no fuera el caso, si pudiera participar en la cita electoral, tengo muy claro que, hoy más que nunca, sólo votaría a un partido que defendiese sin subterfugios ni medias tintas la Constitución. Es el único voto útil, decente y razonable que puede emitir quien crea que esa España de ciudadanos libres e iguales que nos dimos en 1978 sigue mereciendo la pena.

Fascistas y antifascistas
Antonio Robles Libertad Digital 12 Febrero 2021

No hay acto de violencia, coacción o acoso en Cataluña contra la libre expresión de ideas que no sea protagonizado por nacionalistas.

A esto se reduce el tablero político en Cataluña según el mundo nacionalista, a fascistas y antifascistas. No es de ahora, ni se reduce al catalanismo, comparte maniqueísmo con la izquierda reaccionaria, con el mundo abertzale y con todos los movimientos etnicistas que han nacido como setas por doquier. ¡Tiene bemoles que a un tipo como Otegui, a cualquier niñato de las CUP o a dirigentes de ERC con un historial repleto de apelaciones racistas se les infle el pecho con ínfulas antifascistas para eliminar del tablero de juego a cuanto huela a español!

Lo decía con exactitud el director de elcatalan.es, Sergio Fidalgo, con un zasca monumental a Oriol Junqueras: ”¿El fascismo entrará en el Parlament? No, ya está en él”. Lo representan los secesionistas.

Si en Cataluña hay tres partidos fascistas, son ERC, los partidarios de Puigdemont y la CUP, que en los plenos de la vergüenza celebrados el 6 y el 7 de septiembre de 2017 en el Parlament violaron todas las normas democráticas posibles y el reglamento de la cámara para amordazar a la oposición. Que es lo que hacen los fascistas”.

Efectivamente, es propio de fascistas empecinarse en imponer a los demás por la fuerza lo que el Estado de Derecho les impide por ley. Como hicieron en el referéndum del 1-O o en la declaración de independencia unilateral del 27-O.

No hay acto de violencia, coacción o acoso en Cataluña contra la libre expresión de ideas que no sea protagonizado por nacionalistas. Los últimos, contra Vox. Las RRSS están abarrotadas de imágenes de los años treinta grabadas en calles y universidades de la Lazitania de hoy. Hordas nacionalistas campan a sus anchas, amparadas por las instituciones, la prensa afín y una amplia parte de la sociedad, convencidas de que están salvando al mundo de la violencia que sólo ejercen ellas. Como diría Abert Soler, feixisme a la catalana, porque ocultan su fascismo con la excusa del antifascismo.

El problema no está en la violencia, sino en la indiferencia ante ella por parte de un amplio segmento de la población, y por quienes tienen la obligación intelectual de mostrar su toxicidad. Sean intelectuales, periodistas o ideologías que, de salida, dicen aborrecer al fascismo. Empezando por los propios representantes del Gobierno español, cómplices de deslegitimar la propia ley que sancionó un referéndum ilegal y condenó a los autores de un acto de sedición y corrupción. Ante esa dejación frente a los bárbaros, “cualquier acto de legítima autoridad democrática se considera ya un acto fascista”. Así de crudo lo describe Arturo Pérez Reverte en ”España es culpable”.

Es esta deformación ideológica propagada por el nacionalismo y el populismo la que incapacita al tonto útil para ver violencia fascista allí donde los nacionalistas la ejercen.

Ese perímetro de superioridad moral que otorgan los estamentos políticos de Madrid a los nacionalistas en general y al catalanismo en particular les impide ver lo evidente: el fascista es quien no tolera las ideas de los demás y actúa de grado o por fuerza para reducir la libertad a su libertad. Este es el mayor acto de exaltación del fascismo, ocultarlo bajo perros de paja según conveniencia. No sólo deja de señalar el mal, sino que, al no censurarlo, consiente que actúe y le consiente que sean otros los que carguen con el estigma del chivo expiatorio.

Si no logramos devolver a las palabras su sentido, los carroñeros de la política seguirán confundiendo a amplias capas sociales, atrapadas en viejas banderías y nuevos mantras. Empieza a resultar esperpéntico que quienes ejercen de matones, incumplen la ley e impiden ejercer la política a cuantos no piensan como ellos sean quienes repartan certificados de buena conducta democrática. No es una broma ni una anécdota, es la perversión de la misma esencia de la democracia. No sólo porque ejercen la violencia física y amedrentan, sino porque pudren la definición misma de la democracia en el corazón de adolescentes que la utilizarán después contra ella. Sin ser conscientes. De ahí nacen los fanáticos y los integrismos. Con ellos se echan a perder las sociedades.

Elecciones Cataluña
Abascal: «La desprotección a Vox ha sido ordenada por la Generalidad para que respondiéramos a los ataques»
Carlos Cuesta okdiario 12 Febrero 2021

Santiago Abascal recorre Cataluña tras días de campaña. Y de ataques. “Mientras los golpistas están en la calle haciendo campaña, a nosotros nos atacan unos violentos que nos llaman fascistas”, denuncia el líder nacional de Vox en su entrevista a OKDIARIO tras un día de campaña. “Pero esa no es la realidad de las calles. No dejan de acercársenos personas a animarnos y a pedirnos que sigamos”, añade. Abascal sabe que los focos están más puestos sobre su figura que nunca. Y sobre el resultado de Vox. Por ello “la Generalidad ha diseñado y ordenado la desprotección de los actos de Vox: lo ha hecho de forma intencionada buscando que algún militante o simpatizante respondiera a los ataques y así poder mostrar una foto con la que afirmar que Vox es violento”. Abascal da un aviso: “No nos dan miedo esos ataques. Sabemos a lo que venimos: a quitar el separatismo”.

Pregunta.- Santiago Abascal, muchas gracias por concedernos esta entrevista. Nuevo día de campaña. Hoy han caído menos pedruscos…
Respuesta.- Bueno, es verdad que hoy no ha habido lanzamiento de objetos. Supongo que es una consigna ¿no? Porque se ve que también les va mal y se están dando cuenta de que Vox convierte las piedras en votos. Pero hoy ha habido una presión extraordinaria, una coerción en realidad hacia el acto de Vox, a pesar de que precisamente hoy la Junta Electoral le ha dicho a la Generalidad que tenía que proteger a Vox y que durante todos estos días se habían producido actos de coerción. Y lo hemos vuelto a vivir. Hoy hemos tenido una turba insultándonos y amenazándonos a escasos metros de nosotros. Tan cerca que me he bajado del atril y los he contado. He caminado hacia ellos dando pasos para contarlos. Han sido 15 metros. A 15 metros uno no puede desarrollar un acto político. Hemos tenido que hacerlo entre gritos, insultos, amenazas y teniendo que levantar la voz para hacernos escuchar. Realmente vivimos en la anormalidad democrática…

P.- ¿Cómo se lleva esto de venir a un sitio de España, venir con un partido plenamente constitucional y encontrarte con una turba de elementos lanzando piedras? ¿Cómo lo lleváis vosotros? ¿Y cómo lo lleva la gente? Porque la gente tiene todo el derecho del mundo a ir al mitin que le dé la santísima gana.
R.- Pues mira, he de decir que yo vengo entrenado. Pero aunque vengo entrenado, tengo todavía capacidad de indignación. En ningún momento lo vivo con normalidad y de hecho, en esos instantes yo reacciono con vehemencia en mis intervenciones y en mis gestos, el otro día dirigiéndome al jefe del dispositivo, hoy contando los pasos hasta los que increpaban y amenazaban. Realmente, yo no lo normalizo en ningún caso. Pero es verdad que no me da miedo porque he conocido este tipo de totalitarismos en mi tierra. ¿Cómo lo vive la gente? Pues yo creo que de dos maneras muy distintas. Tenemos una parte de los militantes que acude a estos actos, que normalmente son declaraciones a la prensa no muy multitudinarias por las circunstancias sanitarias. Pero quienes vienen creo que lo viven con un gran orgullo, como si estuvieran protagonizando un acto de valentía que creo que es lo que están haciendo todas esas personas que acuden en su pueblo a vernos y después se quedan allí, porque nosotros nos vamos. Pero ellos se quedan allí y viven la presión social. Y luego hay otra gente que lo vive quedándose en su casa y lamentándose de no haberse atrevido a ir, sobrepasar el cordón policial, sobrepasar a la turba de energúmenos. Creo que mucha gente lo vive así, con verdadero miedo.

P.- ¿Tú crees que tiene efecto? ¿Crees que los violentos consiguen ese efecto o pueden conseguir incluso el contrario? Es decir, el de ‘oiga, si usted ha enfocado a estos señores, usted que tiene unas ansias totalitarias, a lo mejor es que estos señores pueden ser la solución’.
R.- Yo creo que es algo difícil de medir. No tengo ninguna duda de que hay gentes que por solidaridad o porque en ese momento los totalitarios nos ponen en el foco, se dan cuenta de que para ellos somos la solución en Cataluña. Pero también creo que el dibujar siempre a Vox en torno a un ambiente de violencia, de crispación, según algunos medios, de enfrentamientos que nunca se producen porque son ellos los que atacan, hace que algunas personas puedan retraerse, que prefieran optar por algo que parezca más normal, algo que no te dé problemas. Lo he dicho muchas veces. Creo que la gente necesita respetarse a sí misma y creo que habría mucha gente dispuesta a votar a Vox, pero que elige otra opción más suave y tienen que convencerse de que no lo hacen por miedo. Necesitan respetarse a sí mismos. Por lo tanto, no creo que a nosotros nos venga bien estar permanentemente rodeados de una bronca, aunque no seamos nosotros los que la protagonizamos.

P.- ¿Qué necesita Cataluña para poder cambiar este clima en el cual no se respeta que una persona pueda defender lo que quiera dentro de la ley y la Constitución? Y ello, mientras nos dicen a los demás que tenemos que respetar aquello que se defiende fuera de la ley y la Constitución.
R.- Cataluña necesita ley, Cataluña necesita orden y Cataluña necesita terminar con la impunidad en la que han vivido todos aquellos que se han corrompido, que han robado a los catalanes desde la Generalidad, que han roto la convivencia, que han enfrentado a la sociedad, que han dividido Cataluña en mil pedazos, que han enfrentado a las familias, que han incumplido las leyes. Cataluña necesita que todos esos paguen, que todos esos comparezcan ante los jueces, que sean juzgados, que paguen por sus responsabilidades políticas y penales, por el daño a las libertades y por el daño a la economía y a la prosperidad de los catalanes. Pero claro, esto no se arregla de la noche a la mañana. Vox no viene a resolverlo aquí con una varita mágica. Nunca hemos engañado a nadie en ese aspecto. Nosotros lo que decimos es que lo que se ha roto en Cataluña durante décadas, desde el golpe de Estado blando iniciado por Pujol hasta el punto álgido del golpe de Estado de Puigdemont, se ha producido durante mucho tiempo. No se va a resolver ni en una semana, ni en un mes, ni en unos pocos años. Reconstruir todo lo que ha dañado la convivencia, fundamentalmente extirpar el odio, va a ser una tarea gigantesca, una tarea de décadas en las que todos vamos a tener que poner mucho de nuestra parte. Eso no significa que yo esté tendiendo la mano. Pondremos todo de nuestra parte una vez que haya ley en Cataluña, una vez que la Constitución impere y una vez que quienes han cometido delitos paguen y asuman su responsabilidad.

P.- ¿Qué te parece el hecho, o la paradoja, de que tú hayas recibido los ladrillazos, las piedras, y, mientras, en la misma campaña, a quienes tenían que estar dentro de prisión se les haya concedido un régimen para poder salir de las cárceles y hacer campaña electoral?
R.- Bueno, es una paradoja que sólo demuestra la falta de escrúpulos de la izquierda y del separatismo en un contexto en el que a Vox se le acusa de ser un partido fascista que incita al odio porque es un partido que hace sus actos y que defiende su mensaje, que no va a interrumpir los actos de los demás ni va a amenazar a nadie. Y, sin embargo, tenemos delante a esos que nos llaman fascistas y que han estado pactando con el Gobierno socialcomunista. A esos tipos de ERC que traen aquí a Arnaldo Otegi, un terrorista, un secuestrador, y que, por lo tanto, lo que hacen es aplaudir el atentado de Hipercor. Es una sociedad puesta del revés, y unos medios de comunicación puestos del revés que llaman al bien mal y al mal bien. Nosotros desarrollamos una lucha política en ese contexto y es muy difícil. Y por eso creo que el resultado que Vox va a obtener va a ser especialmente meritorio. Que será un buen resultado para Vox. Pero yo no espero de estas elecciones un gran resultado para España. Creo que no vamos a poder aplaudir, por muchos escaños que saque Vox, por el resultado que arrojen las urnas. Aquí va a haber que trabajar mucho hasta que podamos aplaudir un resultado electoral en Cataluña.

P.- Nos vamos a meter en la furgoneta. La última vez que estuvimos en esa furgoneta venías con 12 diputados de Andalucía. ¿Te acuerdas?
R.- (Risas) Sí, es verdad. 24 después, luego 52…No sé cuántos serán en el Parlamento de Cataluña, pero estoy convencido de que va a ser una representación muy digna y creo que va a ser una representación que va a empezar a luchar perseverando. Lo digo porque sería un poco pretencioso decir que Vox va a decir o hacer en el Parlamento de Cataluña lo que no ha hecho nunca nadie. Es verdad que lo estamos haciendo en algunos aspectos, hablando de inmigración ilegal, de la seguridad de los menas, enfrentándonos a todos los partidos. Pero no vamos a ser los primeros en levantar la bandera de España, la bandera de la libertad, o en protestar contra la imposición lingüística. Pero sí que vamos a ser los primeros en perseverar y en aguantar hasta el final. Y lo digo y lo hemos repetido en esta campaña. El PP tuvo una mayoría absoluta. No la empleó para dar más libertad a los catalanes. No la empleó para poner en su sitio a los golpistas y para detener el golpe aplicando un 155 permanente. Ciudadanos ganó las elecciones aquí. Se le ha reprochado que no se presentó como candidata a la Presidencia de la Generalidad, eso entiendo que es discutible. Pero abandonó la plaza a la primera de cambio. Eso es lo que no se puede hacer. Yo estoy convencido, sé que Ignacio Garriga no va a hacer eso. Ignacio Garriga está aquí para quedarse y para luchar hasta el final todos los días de su vida mientras los catalanes confíen en él.

P.- El Gobierno que puede salir de estas elecciones, según las últimas encuestas, podría estar encabezado por Junts o por ERC, que ha firmado un documento diciendo que no va a pactar nunca con Illa. Pero sin Illa no salen las cuentas. ¿Va a pactar el separatismo con Illa? Es decir, Illa, el PSOE en Cataluña, ¿es el cómplice de ERC?
R.- Bueno, yo creo que estamos ante políticos que no tienen ningún escrúpulo, unos para romper el país y otros para mantenerse en el poder. Lo hemos vivido en el Gobierno de Madrid durante todo este tiempo. Hay un presidente del Gobierno que prometió, y hemos visto los vídeos miles de veces todos los españoles, que no iba a pactar con unos y con otros y pactó precisamente con esos unos y con esos otros. Ahora mismo el documento que han firmado todos los separatistas en Cataluña para decir que no van a pactar con Illa creo que es un papel mojado. Quienes no han tenido escrúpulos para atacar la legalidad, para dar un golpe de Estado, para robar a los catalanes -todavía vemos la impunidad de Pujol- no tienen ningún problema en firmar un papelito con intenciones electorales para arañar un voto más. Por lo tanto, este documento creo que no vale nada. A nosotros se nos ha dicho: ya veréis, entre ERC y el PSC qué decisión tomaréis… La decisión está tomada. El PSC y ERC ya son socios en el Gobierno de España y no tengo ninguna duda de que serían socios también en la Generalidad de Cataluña. Ya lo han sido. Lo fueron en la época de Maragall para dar el golpe de Estado, hablando del Estatut inconstitucional. Lo son ahora con Pedro Sánchez al frente de un Frente Popular, valga la redundancia, un Frente Popular apoyado por separatistas y terroristas, terroristas a los que pasean por Cataluña, insisto, y por lo tanto creo que no va a haber ninguna sorpresa. Estamos ante lo mismo.

P.- Ahí faltaría un tercer socio que sería Podemos, cuyo máximo representante, Pablo Iglesias, acaba de decir que España no es una democracia «plena» porque Puigdemont o Junqueras están presos. Y Pablo Iglesias es el mismo que llamó a la alerta antifascista contra vosotros.
R.- Bueno, la actuación policial parece que también le sobra a Pablo Casado, por lo que he escuchado estos días. Pero bueno, eso forma parte más de un desnortamiento político que de una posición firme, clara y nítida, como la de Pablo Iglesias. Firme, clara y nítida en la maldad y en el proceso de destrucción de España. A mí la anormalidad democrática me parece la campaña que estamos viviendo nosotros, que no podamos expresarnos en libertad, que se nos haya apedreado en Galicia, en el País Vasco, en Cataluña, que se nos haya amenazado sistemáticamente, que no nos hayan protegido en definitiva, ni las Consejerías de Interior, ni el Ministerio de Interior, ni las Juntas Electorales, y que por lo tanto estamos viviendo en inferioridad de condiciones al acudir a una campaña electoral. Esa es la gran anormalidad política de España, causada por el comunismo, que está hoy en la Vicepresidencia del Gobierno, y por el separatismo. Y con la complicidad, por supuesto, del Partido Socialista.

P.- ¿Tú crees que lo que habéis vivido en los mítines, esa indefensión, corresponde a una imprevisión de lo que podía ocurrir o a una decisión de ‘es mejor que ocurra’?
R.- La Generalidad de Cataluña, por escrito, dijo que los actos de Vox debían ser atacados, debían ser escrachados. Dijeron que había que ir a impedirlos y atacar ese tipo de actos. Hasta tal punto eso fue grave, que la Junta Electoral tuvo que amonestar a la Generalidad de Cataluña dos semanas antes del inicio de la campaña electoral. Es que lo han dicho por escrito. Después, lógicamente, cuando sucede no esperamos sentirnos muy protegidos. Ellos disimulan, los Mossos d’Esquadra están por allí. Eso sí, deseando intervenir y deseando disolver a porrazos todo ese montón de odio que se junta alrededor de nosotros para amenazarnos. Pero los mandos políticos no se lo permiten. Es más, les permiten que estén al lado de nosotros.

P: Y eso es una decisión…
R.- Yo estoy convencido de que es una decisión totalmente deliberada para ver hasta qué punto aguantamos, hasta qué punto asustan a los nuestros o hasta qué punto Vox, en un momento dado, no reacciona o no pierde los nervios. Nos salta un militante, un representante de Vox, que de repente, ante una agresión, ante una amenaza, se ve envuelto en una pelea. Eso ya sabemos lo que significaría: que ocuparía todo tipo de portadas, todo tipo de telediarios y aparecería como el partido violento, como el partido causante de los enfrentamientos.

P.- Tienes la sensación de que es posible que se haya buscado esa fotografía.
R.- Tengo la seguridad de que se busca esa fotografía. Y que se busca la provocación contra Vox para que Vox acabe deslegitimado.

Contundencia de la JEC: interior debe proteger los actos de Vox y detener a los violentos
Redacción https://rebelionenlagranja.com 12 Febrero 2021

La Junta Electoral Central (JEC), en una resolución que no deja lugar a dudas, ha instado al conseller catalán de Interior, Miquel Sàmper, a tomar las medidas necesarias para proteger los actos electorales de Vox en la campaña de las elecciones del 14F, para evitar nuevas agresiones, y pide detener a quienes «usen la violencia» para impedir esos actos.

La resolución llega después de que el pasado fin de semana se registraran violentas agresiones y ataques por parte de grupos independentistas y de ultra izquierda contra actos de Vox en Vic (Barcelona), Valls (Tarragona) y Salt (Girona), con el lanzamiento de objetos, asalto a caravanas y otras agresiones contra miembros de la formación.

La consellera de la Presidencia, Meritxell Budó, acusó este martes a Vox de montar durante esta campaña «provocaciones» que ponen en riesgo «no solo su propia seguridad sino también la de los manifestantes y la de los cuerpos de seguridad» que vigilan sus actos, pero el partido que lidera Santiago Abascal presentó una denuncia ante la JEC.

La JEC invoca el «derecho de reunión pacífica y sin armas» y el «derecho de participación política» recogidos en la legislación y advierte de las penas de prisión «de dos a tres años» si alguien intenta socavarlos «con violencia».

Según la JEC, es «la autoridad gubernativa con competencia en materia de orden público quien tiene la obligación de garantizar el ejercicio efectivo del derecho que todo candidato tiene a difundir su programa electoral mediante actos públicos».

Ante los «actos de intimidación y violencia» sucedidos en diversas convocatorias de Vox, la JEC constata que «los Mossos d’Esquadra, en coordinación con el Cuerpo Nacional de Policía, han adoptado importantes dispositivos de seguridad que han evitado o reducido los daños» de esas «actuaciones violentas».

Pero eso «no ha impedido que estos actos electorales se hayan celebrado en un ambiente de coerción contrario a lo que debe ser el ejercicio de este derecho fundamental«.

Por ello, la JEC insta al conseller de Interior a que «adopte todas las medidas necesarias que permitan la celebración de los actos públicos de campaña electoral de Vox y de cualquier otra formación política, evitando que se produzcan actuaciones violentas o intimidatorias como las denunciadas».

También pide a las fuerzas de seguridad que procedan a «identificar y, en su caso, detener y poner a disposición judicial a quienes empleen el uso de la violencia para impedir dichos actos».

La Junta Electoral da la razón a Vox y pone la cara roja al jefe de los Mossos
El órgano electoral cierra filas con el partido de Santiago Abascal y urge a la Generalitat a detener a los autores de los ataques contra la caravana electoral del partido verde.
ESdiario 12 Febrero 2021

La Junta Electoral zanja el enfrentamiento que mantienen Vox y los Mossos por la seguridad de la caravana electoral del partido de Santiago Abascal, agredida en varias localidades catalanas. Y mientras el departamento de Interior poco menos que culpa a la formación verde de buscar la foto de las agresiones, la JEC ha tomado posición este jueves.

La Junta Electoral Central ha constatado que Vox ha sufrido "actos de violencia" en esta campaña del 14-F y urge a la Generalitat a evitar esa coerción y a identificar a los responsables.

En una resolución dada a conocer este jueves, la JEC recuerda que "el derecho de reunión pacífica y sin armas está consagrado como fundamental en la Constitución" y que ese derecho "tiene una mayor trascendencia en los procesos electorales, pues sirve de cauce para que los candidatos puedan presentar a los ciudadanos su programa político".

Los Mossos culpan a Vox por ir provocando: "No han seguido las indicaciones"
Según constata en las imágenes facilitadas por Vox de diferentes mítines de campaña, "se han producido actos de intimidación y violencia que constituyen una vulneración de los derechos consagrados en los artículos 21 y 23 de la Constitución, y también del derecho de igualdad de todos los candidatos".

Tanto el Departamento de Interior de la Generalitat como la Delegación de Gobierno han asegurado que los Mossos d'Esquadra, en coordinación con el Cuerpo Nacional de Policía, adoptaron "importantes dispositivos de seguridad que han evitado o reducido los daños que esas actuaciones violentas podían haber causado a los candidatos de Vox y a los asistentes a los actos convocados", pero la JEC señala que ello "no ha impedido que estos actos electorales se hayan celebrado en
un ambiente de coerción contrario a lo que debe ser el ejercicio de este derecho fundamental".

Por ello, la JEC insta al consejero de Interior de la Generalidad de Cataluña, Miquel Sàmper, a que, como autoridad competente en materia de orden público, "adopte todas las medidas necesarias que permitan la celebración de los actos públicos de campaña electoral de Vox, evitando que se produzcan actuaciones violentas o intimidatorias como las denunciadas".

También reclama que, por las Fuerzas de Seguridad, "se proceda a identificar y, en su caso, detener y poner a disposición judicial a quienes empleen el uso de la violencia para impedir dichos actos".

Recortes de Prensa   Página Inicial